scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La Aurora de Vallivana

Segura Cardona, Ramón

Full text

LA AURORA ©I BLUWB LEYENDA HISTÓRICA POR 1). RAMON SEGURA CARDONA. IMP. DE F. JAVIER SOTO, ALMUDI, 19. XB83, A l públícar en 1880 la Revista de las fiestas sexenales que Morella dedicaba á su patrona Alaria Santísima de Vallivana, nos pareció in  citar al joven autor de la presente leyenda para que nos enviase alguna composición en prosa ó en verso, ofreciéndole dar cabida en las pagi  nas de nuestra publicación. No desconocíamos, que serios compromisos le tenían ocupado en su profesión sin dejarle un momento de descanso; pero sabíamos también, que al dejar los pinceles tomaba los libros ó la pluma y servíale de solaz una ocupación variada, pero útil y que alentaba su corazón anido de saber. Nosotros le pedía  mos unas lineas, y la imaginación de un jóven busca un campo mas dilatado para que su pluma corra con . desembarazo; le pedíamos una breve composición y sin pensarlo, tal vez, se encontró con unpoemítaque hubiera ocupado algunas en  tregas de nuestra Revista. Pero al llegar el manuscrito a nuestras ma  nos se habían cumplido los compromisos, dando fin a la Revista de las fiestas sexenales. Dolía  nos, sin embargo, el que se quedase sin publicar un trabajo, que no solo el público morellano, en  tusiasta por las glorias de su pa tria y de sugpa- trono,, sino todos los amantes de la literatura recibirían con agrado; pero nuestros deseos no pudrieron cumplirse por entonces, á no abrir de nuevo la suscricion. Lo hacemos hoy instados por algunos amigos, venciendo la repugnancia de su Autor, sin cuyo permiso estampamos su nombre en la portada, porgue somos de parecer, que nadie debe retraer  se de ofrecer al publico el fruto de sus tareas literarias por temor de desagradar a los de gus  to muy delicado. El Editor, F rancisco j J. ^ oto « LA AURORA ide mmMo INVOCACION. Plácidas auras que en el mes florido Cruzáis las sierras de la patria mía, Libando vagorosas mil esencias De aroma embriagador; suave gemido, Sino dulce raudal de melodía Y armónicas cadencias, Arranquen á mi lira desacorde Vuestros giros sútiles y ondulantes. Humildes florecillas, Que con bellos matices del Bergantes, Bordando sus orillas, Os miráis en la límpida corriente; Vosotras, sí, mi frente Ceñiréis, y con rústico atavío Será mi pobre lira engalanada. De inspiración sublime y claro númen. Sufre total desvío — 6 — Mi mente de tinieblas inundada, Y mis roncos acentos no presumen Altivos remontarse á tal altura, Cual merece el asunto de mi canto; No, no mi lengua impura Llegar pretende á tanto; Mas cuando dulce advocación se aclama Y gratitud el corazón rebosa Sintiendo de amor puro ardiente llama, Mi lengua no reposa; Y aunque al asunto mi cantar no cuadre Tú ves mi voluntad, Divina Madre. Diga Morella que eres tú, Maria, Su norte de esperanza, su consuelo ...... Proclámete á porfía Gloria del mundo y esplendor del cielo. Proclámete mas bella Que la fúlgida Aurora cuando inunda De nácar el oriente y de carmines, Y mas encantadora que la estrella Tranquila y rutilante Que al astro rey circunda, Trasponiendo de ocaso los confines. Cante Morella tus gradezas; cante, Que eres mas pura que la blanca rosa — 7 — Cuando desata hermosa Sus castos broches perfumando el viento, Por el primer fulgor acariciada, Luciendo el atavio De perlas trasparentes y sin cuento De que amoroso la vistió el rocío.... Yo, dulce Madre, quiero De otros tiempos recuerdos venturosos Y glorias evocar: la dicha inmensa Conque el amor sincero De nuestros ascendientes tan piadosos Tu maternal cariño recompensa. ¡Ah! Rendido á tus plantas virginales, Un pobre vate implora De tu amor los influjos celestiales; ¡Mírale, pues, benigna, gran Señora! I. La multitud que errante y fugitiva, Después del Guadalete el moro acosa, Hasta los riscos del Pirene arriba Y se guarece en la región fragosa; Pero no en esto su esperanza estriba Pues es gente esforzada y belicosa — 14 — ¿Qué noticias puedes darme De Don Blasco de Alagon? Al punto el pastor de hinojos Puesto, con trémula voz Asi responde:= Muy alto, Muy poderoso Señor. =Apenas rayaba el alba, Ya de mi rebaño en pós, Aquellos altos collados Huyendo abandoné yo. Allí vi, si mal no vide, Las gentes del de Alagon, Según pregona la fama Prevenidos contra vos. Esto es cuanto decir puedo __ Sino digo, mi Señor, Que hace muy pocos instantes Escuché vuestra razón. ¡Ah! Morella vuestro enojo Hasta aquí no mereció: Morella es fiel; si sus hijos Siguen rebelde pendón, Sabed que á su rey adoran Y ser del rey es su honor. — 15 — Por la Virgen, á quien tanto Diz que amais, no queráis, no, Mostrar enojo á Morella Ni usar con ella rigor. =Si es fiel y por su ventura Franquea sus puertas hoy Sirviendo al rey, que por suya Siempre la consideró, Ya desde aquí la prometo Mercedes y distinción. Así dijo el rey y al punto Su camino continuó. III. Hay un monton de ruinas Sobre un penacho encumbrado, Que fué castillo avanzado Sin duda en remota edad, Según revelan vestigios De redondos torreones Y vetustos paredones De notoria antigüedad. Hacia allí pues, se dirige — 16 — Por empinado sendero Con paso firme y ligero, Con visible precaución, Un hombre ¿Qué grave asunto Le lleva con tal premura Por la intrincada espesura A tan desierta mansión? Bien, de su atezado rostro Los rasgos, su erguida frente Y el gallardo continente, Permiten adivinar, Que es joven y vigoroso; Que el arte marcial cultiva, Que es de condición altiva Y de la raza de Agar. Ya estaba junto á la cumbre Y los escombros hollando Cuando su planta fijando Débil silvido lanzó, Y entonces en la abertura De un récio bastión hendido, Su rostro grave y curtido Un viejo al punto asomó. Viejo Úlit, guárdate Alhá, — 17 — Salud, unión y esperanza. Dice aljayan cuando avanza: ¡Oh Zaen! guárdate á tí, Responde el viejo; Tu acento Me reanima; ya barrunto Gratas nuevas; ¿dime al punto Que traes, que intentas...,, di? Y al joven tomando el brazo Por que al interior le siga, A que.se siente le obliga Y á que razone también. Según el viejo importuno Grande ansiedad le devora; Por eso sin mas demora, Va asi diciendo Zaen: =Por fin, Ulít, llegó el dia En el que un pueblo oprimido Rompa el yugo aborrecido, Recobre su libertad. Por todas partes se agita Y el noble ardor manifiesta, Y á santa lucha se apresta Con impaciente ansiedad. Azadrah, bravo guerrero Que en múltiples ocasiones — 18Mostró raras condiciones Peleando con valor, Será el gefe á cuyo mando Nuestro oprobio vengaremos, Al tiempo que recobremos Patria, libertad y honor. Sobre ese peñón querido Que cobijó nuestra cuna, De nuevo la media luna Veráse luego ondear. Y los del hogar lanzados Y á esclavitud reducidos, En señores convertidos Su cuna sabrán guardar. =Tu intento aplaudo, Zaen, Y tu valor que no niego; Mas ¡ay! modera ese fuego, Fuego de la juventud. Cuando esa tu frente surque La edad, que todo lo sorbe; Cuando tu cuerpo se encorve Por la fria senectitud..... =¿Dudais Ulít?=Siempre dudo. ¿No es mi Opinión lisonjera, ¡Ojala yo no entreviera — 19 — La sombra densa y fatal, Que vela mis esperanzas Y mi temor perpetua! Pero, Zaén, continua. ==Siempre dudáis ¡voto á tal! Por estas sierras campean Don Jaime y sus infanzones, Para arrollar los pendones De Don Blasco de Alagón; Y presto, según presumo, Entre aquellos altos cerros Nos brindarán esos perros Muy oportuna ocasión, Alba potente destruya A todo ese pueblo odioso: Escuchad: si victorioso Fuera Don Blasco en la lid, Luego Azadrah, con la gente Que el ansiado grito espera, Junto, al Jucar su bandera Tremolará, buen Ulit. Y á ese Rey aquí vencido Y á nueva lucha obligado, Tendrán sin tregua acosado — 20 — Las haces de nuestra, ley; Y sin que nuestra pujanza Contrastar pueda ninguno, Los castillos uno á uno ..... =Pero si hoy venciera el rey? ¿Entonces, Ulít, su gente No debe entrar en Mordía; Y mientras pugna y se estrella Contra ese fuerte peñón, ¿Quién á Azadrah'se le opone? ¿Quién detener un instante Podrá la marcha triunfante De nuestro santo pendón.? Ya veis la empresa gloriosa Que se nos fia; yo os dejo La utoridad y el consejo; La ejecución toca á mí. Hombres tengo prevenidos Que en cualquier evento ó suerte Sabrán arrostrar la muerte Por introducirse allí. Vamos, Ulit; de las trompas El eco marcial se escucha Que el principio de la lucha — 21 — Pregonan, con ronco son.... Vamos; ¡Alhá nos proteja! Y al momento con premura Dejaron ambos la altura De Mor ella en dirección. V. Plácidas auras que en el mes florido Cruzáis las sierras de la patria mia; Murmurio seductor, que en escondido Rincón del bosque ó de la selva umbría, Acentos misteriosos Simulas á mi espíritu arrobado; Arroyos bulliciosos, Que límpidos lleváis al verde prado Los líquidos cristales Que vierten por doquiera Mil frescos manantiales; ¿Podréis contar la historia lastimera De dos opuestos bandos, que empeñados En lucha fraticida Tuvieron á esta tierra dolorida? ¿Y como de sus hijos desdichados La sangre derramarse vió á torrentes — 22 — Podréis decir? Y cuantos entre horrores Su espíritu exhalaron inocentes? !Ah¡ no, fugaces auras, Dulces murmurios y corientes puras; Vosotros los furores De Marte no diréis, ni desventuras, Pues solo tierno encanto y poesía Sabéis siempre inspirar al alma mia. Soberbio Aben Sitona; Y tu Mons-acre altivo, Cuya atrevida cumbre Parece que estas sierras engalana Con azul techumbre, Vosotros ¡ah! sin duda Testigos fuisteis de la lucha ruda ...... Y veríais también el ardimiento, Los lances, peripecias y accidentes De aquel choque sangriento ..... Pudisteis contemplar cual de corage Poseído Don Blasco al ver se gente Perdiendo campo, lánzase atrevido Sin que humano poder su furia ataje, En medio de enemigos escuadrones. Y después le veríais circuido De infinitos, mortíferos aceros, — 23 — La muerte derramando Con terribles mandobles, tajos fieros. ¿Y no le visteis cuando Su rojo humor vertía, Y en tanto que aquel brazo tan potente Perdía su vigor visiblemente La sudorienta faz palidecía? ¿Cuando exhalaba su postrer aliento Del fogoso corcel viniendo abajo, Cual roble corpulento Que el huracán furioso Tronchó en redondo ó arrancó de cuajo, Haciendo el monte retemblar selvoso? Sí; cayó el adalid.... Aquel magnate De grande corazón y ánimo entero, Si ambicioso algún tanto y altanero, Cayó; y esta caída presto abate Los bríos y pujanza De su gente, que el campo abandonando, Rindióse sin tardanza Los rebeldes pendones humillando. Aun se escuchaba el lamentable ruido De las armas, y horrible gritería, Y acentos de agonía — 30 — Nuestro pendón se enarbola, Los clarines y las cajas Marciales el aire rompan. Adentro pues, no perdamos La ocasión ..... sonó la Lora! Esta mal trabada arenga, Zaen, que fuego rebosa, Dirige á sus compañeros Que surgen de entre las sombras, Y en pos del jóven caudillo Del muro á un porton se agolpan. No les falta el ardimiento, Si temeridad les sobra, Y al punto por todas partes Su intento osados pregonan, Apellidando defensa Lo que es rebelión notoria. j _ .. Los tranquilos moradores Y la reducida tropa Que allí Don Blasco dejara Para defensa y custodia. Quedáronse sorprendidos De novedad tan insólita. < Se apodera de los ánimos La indecisión y zozobra, i — 31 — Pues el trance en que se miran No es trance de poca monta. De Don Blasco y de sus gentes La suerte fatal no ignora, Y duélense de sus hijos Que entre mortales congojas, Tal vez en aquel momento Su postrer aliento arrojan. Temen que el rey á Morella Duro castigo la imponga Si el amor que le consagran Por mas desventura ignora. ¿Y consentirán acaso Manchar su nombre, su historia, Dejando que la morisma Con vil sedición odiosa, Al paso del rey amado Tan torpemente se opongan? No; jamás. Ya el mundo sabe Que en cien empresas gloriosas, Contra la hueste agarena Lucharon con fé, con honra. Dígalo sino Borriana Cuando libertad recobra; Cuando sus muros guarnecen =32= Las mesmadas valerosas De estas sierras sin dar treguas A las gentes de Mahoma. Diganlo Valencia y Murcia, Y las riberas frondosas Del Júcar, donde á los moros Arrebataron victorias. No, jamás... ya no vacilan, Ni su ansiedad se prolonga;. Presto la serena calma Sus nobles pechos recobran Y al grito de ¡Viva el rey l Sobre la turba se arrojan. Perdidos las sidiciosos Entre las nocturnas sombras, Del pueblo primer arranque Con dificultad soportan; Y al mirar la muchedumbre Que amenazante se agolpa En rededor luego arredran Y á la fuga se abandonan. Por doquiera constreñidos Al mismo porten retornan, Y al campo se precipitan En confusión espantosa — 33 — Las tropas del rey entanto, Ya el pié de la cuesta tocan, Donde su marcha detienen Y á nueva lucha se aprontan, Notando el rumor siniestro De gente y armas qne chocan. Mas súbito, del castillo Sobre la alta plataforma, En almenas y ventanas Brillan'cien rojas antorchas, Formando en breves instantes Luminaria esplendorosa. Ardientes aclamaciones Al rey, el aire alborotan, Y en las vecinas montañas Nutridas resuenan y hondas. Junto á la puerta se observan Grupos de gente que ansiosa Rebulle, clama y aguarda Del rey la llegada pronta. No dudando ya el monarca De la afección tan notoria Que le consagra Morella Y el favor con que le honra, 3. — 31 — Manda proseguir la marcha Batiendo cajas y trompas, Y entra en ella prontamente Con tan impensada pompa. IX. Un gran concurso, y asaz numeroso, El ámbito ocupa de rico salón, Donde en preferente sitial suntuoso, Se sienta Don Jaime, el rey de Aragón. Y brillan entorno, su corte formando, Mitrados ilustres, caudillos de prez; Barones, hidalgos, que al rey acatando Van puesto en la estancia tomando á su vez . Allí, las personas de mas pró y valía Que cuenta Morella, reunidas están Que á dar homenage y hacer pleitería De fieles vasallos solícitos van. Ya el ancho recinto la gente llenaba; Silencio profundo de pronto reinó, Y un hombre hasta el fondo resuelto avanzaba Y al pié del monarca su frente rindió.