scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Estudios históricos, artísticos y bibliográficos referentes a las provincias de Castellón y Tarragona

Del Arco, Luis

Full text

' LUIS OEL ARCO O. de la Real Jln4e1nia de la Hi storia ESTUDIOS Hfstór l ccs, Art í stic os y Bl bll o grá fl cos referentes a las provincias de Oastellón y Tarragona Obra ilustrada con numerosos fotograbados C A S TE L LÓ N Imp . de .Joaquín Barberá 19 13 ESIUIIIOS H1Sf0RJCOS , ARrlSTICOS Y BI BUOGRAFICOS LUI S DEL AR CO C! . de la f:t ea l Acad em ia de la Hi st oria ESTUDIOS Histór i cos, Artísticos y Bibliográ fi cos r ef e rel\ tes a las provi l\c ias de C!astellól\ y Ta rra gol\a Obra ilustrada con nu merosos fotogr aba d os CASTELLÓN Imp . de .Joaquí l\ B ar berá 19 13 E S PROPIEDAD Ln imprentn - en~!gorbe EN EL SIGLO XVII m L estudio do los orígenes y desarrollo del arte tipográfico en las diversas regiones de nuestra peninsula, ha tomado un incremento tan extraordinario en las dos últimas décadas, que hoy día son muy pocas las ciudades donde no se ha intenta.do escudriñar las primeras huellas que dejó en su suelo el maravilloso invento de Gutenberg. Por lo que se refiere á la provincia de Oastellón, nada se ha escrito hasta a.hora, que yo sepa, acerca de este punto, tal voz porque era opinión generalizada que las primeras manifestaciones del arte de imprimir databan en esta. -6comarca de fecha asaz recient e; y si á esta creencia, no del todo equivocada, se añade la escasez de datos relativos á la expresada. cuestión, no es de extrañar que algunos escritores hayan ca.ido en yerros disculpables, como el an ónimo autor de la obra Noticias de Segorbe y de su obispado, qne pone en el año 1849 el establecimiento de la primera impronta en aquella localidad. Precisamente á dicha cindad, ilnstre por más de un concepto, voy á referirme en este sucinto trabajo, utilizando algunas viejas notas qn e obraban en mi cartera, para dar á conocer la existe.ocia de su imprenta en el primer tercio del siglo XVII, doscientos años antes do que la viesen implantada en su recinto las restantes poblaciones castellonenses. Corto fué, Rin embargo, el lapso ne tiempo qu e la vetusta ciudad segobricense estuvo albergando entre sus muros las prensas tipográficas, y aún hubo en él algunas interrupciones, pero hay que tener en cuenta el carácter ambulante que en aquella época tenia la imprenta, de cuya contlnua presencia solo podían gozar entonces las grandes poblaciones. Cuatro son los impresores de Segorbe de quienes he hallado noticias. El primero, que inaugu - ra en 16 12 la historia de la imprenta en aquella ciudad, fué Agustin Martinoz, pariente á lo que croo, del impresor del mismo apellido que en- ' -7 - cuentro establecido en Murcia desde 1605 á 1612. 1rrasladado éste á Orihuela en el último de los citados años, tal vez entonces, separándose aquel por cuenta propia, llegó á Segorbe con su imprenta, bien llamado por el Cabildo para encomendarle algún trabajo, ó bien con ánimo c lo probar fortuna á la sombra de la silla episcopal. En uno ú otro caso, lo que si tengo po_r seguro es que ·no debió estampar muchas obras, porque sola.mente le he visto citado con referencia al año 1612. El segundo impresor que estuvo establecido en Segorbe fné Juan Pitarch, de quien tampoco he logrado hallar grandes noticias, porque, lo propio que el anterior, solo tuvo montado alli su taller durante el expresado año 1612. Atendiendo á esta rara. circunstancia, y fijándome en su apellido (que el Sr. Serrano y Morales (1) no menciona entre los impresores valencianos ), le creo hijo del pais, y me atrevo á sospechar qu, debió quedarse, en calidad de dueño, con la imprenta del Martinez, pues de este último no he hallado vestigios posteriores á la indicada fecha. Solo he visto, impresa por Pitarch , la siguiente obra: Vicente Pablo Tri.stán. - Suma,-ia ,· elaci6n <le la vida y muerte del angélico sacerdote Moss en Francisco Jerónim<J Sim61i, natuml de la Ciudad ( r) Díc(iQ,u,ri,, tú la, ÚHj,rtHlaJ i¡ut ¡,,,,. t.rúfido ,,. Va/1,ccio dueu la mlrodu«ül• del art, li) orráfieo l,aJ/a ti a,1o 1868. Valeocia, 1898•99, -8 - <le Valencia.-En Segoroe. vm· Juan Pitarch, 1612 ' (Ximeno: Escritores del reino de Valencia, tomo I, .pág. 239 ). El tei·caro y más importante de los impresores segobricenses fué el valenciano Francisco Felipe Mey, miembro de una que pudiéramos llamar célebre dinastía de impresores y literatos, ·1a E sc udo tfJ>Ográfl co de t' e ll1>e M ey cual, por espacio de cerca de dos siglos, estu \·o enalteciendo su apellido con el ejercicio de su noble profesión á través de las ricas comarcas levantinas. - 9 - Era hijo del famoso impresor y librero Jua n Felipe Mey, uuo de los más laboriosos y peri tl - simos maestros que registran los anal~s de la tipografia española, y que de modesto oficial del taller de su pad1·0, el flamenco Juan Mey, llegó, por sus propios merecimientos, á. desempeñar las cátedt· a.s de Prosodia y de J;,engua griega en la Universidad de Valencia, sin que por ello , abandonara los trabajos peculiares de su establecimiento. Habiendo ocurrido la J'Ouerte de aquel hombre ilustre el 17 de Octubre de 1612, quedó su hijo Fmncisco Felipe como sucesor y heredero de la imprenta , con la cual al aüo siguiente se trasladó á Sego1·be, seguramente llamado (como lo fué tambi én el pintor Ribalta ) por el benemé rit o -obispo de aquella diócesis D. Pedro Gin és de Casanova, valenci11,110 y entusiasta de las lotras y las artes, porque de otro modo no me explico aqu el viaje, contando como contaba en su ciudad natal con trabajo suficiente. Basta indicar que on aquel mismo año de 1613, y antes de salir de Valencia, llevó á. cabo la impresión de dos obras una de su hermano Sebastián y otra del P. Jua n de Alba. La permanencia de :Mey en Segorbe fu é casi tan efimera como lo habían sido las de sus anteeesores, pues solo estuvo alll dos años, 1618 y 1614, regresando en 1615 á ,·alencia, donde con - tbrnó trabajando bnsta 1627 en que tuvo lugar su -16 - á los primitivos Ibe1·os. l os cuales poblaban una región bastnnto extensa al norte de dicho río. Otros geógrafos posteriores, griegos y latinos, PUlRJA PRIMITIVA DE LAS MURALLAS apoyan lo dicho por aquellos autores, y por esto ha sido creencia generalizada entre los historia.- . ·- -17 - dores de 1'arragona que la fundación de osta ciu dad fué ob1 ·a do los !boros, y que e ll ús levantaron el basamento~~ de la muralla c¡ue desde su ori gen dobió hacer inexpugnable á la vetusta Coflse, metrópoli do toda la Cossetania. Pero no faltan autores, tauto antiguos como modernos, quo discrepen do esta opinión gene ral y o.tribuyan l o. con strncc ión do aqu ol di scut ido basamento á biAn disUntos pueblos (libio-fenices, hotoos, pelasgos, etruscos, helenos, latinos, otc.), sin que pueda aceptarse en con <; reto, como ahsolu tamento cierta, tal ó cnal opinión, porquo Oíl muy dificil sentar jn icios incontrovort.ibles al tratar de monumentos tan remotos. Cualquiera que focsti el pueblo que erigió la primitiva muralla do Tarragona, hay que convenir en que indudnblomente debió pertenecerá una raza vigorosa; so lo n,;Í so exp li ca que pudie - ran ser amontonados aquellos bloqnos eno rmes , haciéndoles ascondc-r por planos inclinados. con palancas y á. brazo, hnsta colocarlos unos sobro ot1·os á considerabl" nlturn. Por esto 111. tradi ción popula1· ha cali fi cado dicirns muros de cicló peos , cllindo ti entender quo fuern11 ob rn. de cidopes, personajes fabu)o.,os do qu,• nos habla la mito· logia. Los que admiton il los ib~ro,i como fu udadores do Tarragona, croen quo ,i aqnolln raza debió su - ceder, on el dominio de la <'iu,l:vl, otra do origen helénico, tal voz micc-niano. fJUO so mezcló con tJ - 18 - el puoblo indígena, tomó su nlfnbcto y fué la. que levantó sobre ol basamento primitivo la serio do bloques quo se pres e ntan almohadillados y con ciertos signos ó letras dol alfabeto ín digoTORR[ O[l ARZOBISPO Y CONIRA-MURA L LA -19 - na, (1) cuya parte de muralla revela desde luego cierta comunidad de origon con las construcciones de Tyl'into y de Micenas. Después de estas dos civilizaciones, es opinión unánime que no se descubre en las murallas la mano de ningún otro pueblo hasta que dominaron en Tarragona los romanos, siendo éstos los que restauraron sus muros y levantaron sobre el basamento ibérico y los i<illaros de construcci<>n helénica. otra sorie de bloques labi·ados, hasta completar la. muralla como actualmente se presenta, excepción hecha del hormigón snp<1rior, quo es obra de la Edad media. y aun de Liempos posteriores. Hoy d!a se conserva. de estos m11ros algo más de un kilómetro, habiendo sido destruida toda la parte Sm· para dar ensancho á la ciudad por aquel lacio; pero antiguamente el perímetro de las mU1·allas era do más do dos, y formaban un polígono frregular, desan·ollado sogún las exigencias do la colina que habían de defender. En cada uno de los ángulos de este pollgono ~e levantaba una torre cuadrada, do las c11ales solo quedan tres, siondo la más importante, por lo (•) La aparición de estos si gnos 6 letras ibéricas en aquello s blo<¡ues almohadillados, ha sido uno de los íundamootos en que se ban apoyado algunos autores para atribuirá los iberos dicha J)Arte df.! muralla y considerar el basamento COUlO obra de lo s griegos; si1) ve,. que con esta opinión, además de alterar la c,o. oologia histórica, adjudican al pueblo indígena mayor pcrfcc· ción artística que ti. los colonizadores heli:oicos. -20 - bien conservada, la To1n del .d t·z, Jb ·ispo, llamada. a.si porquo forma pal'to del palacio arzobispal. Su basamento es ibérico; sobro él continuaron la edificación los romanos, y on Jn Edad media se terminó con almenaje, ballesterns y matacanes, corno las fortalezas de la reconquista, También se conse1·van en mu.v buen estado varias de las puertas primitivat1 quo servian de ingreso á Ja cindad, las cuales ct1tttn constituidas invariablemente por ouormos peñascos, il. guisa de sillares , sin niHguna cluso do argamasa 6 traPUERTA DE SAN ANTONIO - 21 - bazón que los ajuste, lo mismo que ocurre en todo el basamento ibérico. Sus jambas están constituidas por trPs 6 cuatro grandes bloques, y el dintel por otro bloque gigantesco, sin que se observen eo dichas entradas vestigios de haber tenido puertas do hierro ó de madera en sns primitivo s tiempos, lo que hace suponer 6 que nunca so cerraban (e s ta ndo en este caso encargada de su custodia una guar dia permanente ), ó que so cerraban solo en épocas de lucha, por medio de ot ras piedras, troncos de árboles, tierra acumulada ú otro modio semejante. Además de estas puertas primitivas, de las cual es tal vez en todo tiempo se ha servido la población tcomo se sirve de una en la actualidad), existen otras dos, que fuer on abiertas en fechas re la tivamente muy modernas para dar mayor desahogo á la ciudad ; una es la llamada del Rosario, en la parte do la muralla que mira á la carretera do Lórida, y la otra la de Sa,t Antonio, que se abrió en 1757 para dar entrada á la ciudad por la port o de la carretera. de Barcelona. A pesar del ru do azote <le los tiempos, aún son las murallas do 1'anagona un monumento tan formidable como lo eran en su época primitiva. Atrnídos por su fama, millarrs de e xtranjeros, de todos los puntos del orbe, ncnden anualmente al pie de sns tor reones pat·a contemplar rxtátfoos la gigantesca silueta do aqurll os mur os seculares. )íns , á d es pecho de sn µrn11deza , es posible - 2'2 - que las modernas necesidades de expansión 6 embellecimiento de las poblaciones, que ban dado al traste con tantos monumentos, hubieran privado también á Tarragona de este elocuente testimonio de sus pasadas glorias, si el Estado, percatado de su grandísima importancia, no hubiese declarado las murallas monumento nacional, poniéndolas por consiguiente bajo su tutela. Los tslos Columbretes Frente á la provincia de Castellón, á cuya jurisdicción civil pertenece, y á la distancia. de unas 30 millas do la costa, se halla situado este pequeño archipiélago, formado por uu grupo dé catorce 6 quince islotes que, rodeados de un peligroso cortejo de bancos de lava y escollos, elevan sus menguados picos sobre la superfici0 del Medí ter ráneo. En l a. nomenclatw·a oficial, estos islotes se denominan Coluro.brote grnndo ó Monte Colibre, Forrara., Galiano (l 1, V'a ldós, Mulaspina, Navai-roto, Hauzá, Espinosa, Cerquoro, Churruca, et- (1j Este islote se llaana también el BergnHJln, · porque su pico más alto se ele,·a, á manera de columna, 32 metros sobre <ti nivel del mar, y nvarccc á lo l <'jos como la silueta de u~ bcrgaotin á la vela. 24 - cétera¡ pero el vulgo ha sust ituido osta noroenélntnl'a por otra mucho más gráfica y popular, bautizándolos en dialecto del país con los nombres do el .Morr o t, el Fumat, la Siiio1 ·eta, la Foradá. el Caballot , el Mascarat y otros varios, con los cualos son conocid1Js on toda la región valenciana. T<>dos los islotoo de las Columbrotos !lO tienen juntos una extensión superficial do más de modio kilómetro cuadrado, ni su posesión puede reportar utilidad de ninguna especie, porque, apar to do su s cortas proporciones, c asi todos son inaccosibles, y su suelo, de orig en volcánico, os abi-upto y estéril, hasta el punto do no existir en ellos agua potable. Por eJO el Gobiorno ospaiiol se ha limitado á colocar allí, para aviso do los navegantes, una torre-faro de primera clase en la is la do Monte Colibre, quo merced á esta circunstancia es la única que está habitada. Esta isla 08 la mayor dol archipiélago, y ju nto con alguna otra puede verse en ellas despojados desde las montañas do la costa. Tiene la forma de una media luna , abierta por la parto quo mira á Levante, y se compone do dos colinas unidas entre si por un basamento de lavas y escorias, de las cuales la más septentrional y redonda 80 elevan unos 70 metros sobre el nivel del mar, y 011 ello. está situado el faro. Al pié do ambas colinas hay una ensenada en forma de -25 - herradura, que es el ere.ter de un antiguo volcán. Hoy sirve esta ensenada. de fondeadero, y' IS LA DE MONTE COLIBRE en elle. se be.lle. el llamado puerto de Tofiño, que no es mas que une. escalinata. te.lle.de. en la roca volcanice., de donde arranca el tortuoso sendero qne conduce á la cúspide del monte. Los a nti guos conocieron estas islas, aunque es de creer, por el relato que de ellas nos hacen -82Nuestra humilde opinión acerca de este discutido arco, es bien distinta de las que quedan indicadas, s in que esto sea querer sentar plaza. de criticos, y si solamente oficiar de meros descriptores de un monumento que, como á todos, noa in .teresa, por ser un herm,>so recuerdo artístico de aquella época de nuestra historia. Respecto á la fecha de su construcción (punto· sumamente düicil de precisar en estos casos) no nos parece tan posterior como la cree el Principe Pio, y menos tan remota como la suponen Beuter y demás historiadores, pues no es admisible que se levantara el arco en una época en que nuestro suelo se veía agitado por continuas luchas, y para conmemorar una victori~ que no era definitiva ni mucho menos. A nuestro entender , la erección del arco debe colocarse en tiempos de loe emperadores españoles; ya en el de Trajano, bajo cuyo reinado se realizaron casi todas las obras de carácter público que hoy conservamos, y con ellas muchos arcos triunfales, como el de Mérida (que lleva su nombre) el de Bará, en Tarragona, etc.; ó ya bajo el reinado de Adriano, que visitó el paie, y á quien tal vez la diligente' Ild1mi, 6 alguno de loe próceres romanos que en ella residieran, quiso rendir perpétuo homenaje, levantando aquel arco triunfal junto á. la Vía Máx i ma , que entonces tocaba á la población (1). (1) A6 11 se di,tingue a lu bue ll u de e11a·v ia 1 que lu ,cot es --831 rodo el arco es tá construido con sillares de granito, de las canteras del pais, y no con bloques de mármol, como han da.do en decir algunos autores; y por lo qne so refiero á su estado actnnl, no creemos que ol arc o quedara sin termin:w, como supone Balbns, pues ni ello era frecuonte en aquel pueblo eminentemonto práctico y severo, ni es do presumir dicha circunstancia dndn. fa clase de monumento. Antes bien, la existencia do los agujeros que se ven sobre los bloques centrales de la única hilera de dovelas que existo, demuestra claramente que en ellos y sobre las i~posta s hoy vacías habiá de apoyarse la parte superior del a.reo, el cual debió quedar rematado on todn. su esbeltez y belleza arqt1itectónicas. Lo que hay es que ol monumento debió sufrir, andm1do ol tiempo, alguna mutilación, y los siliaros s up eriores, que completaban su silueta, del país 'eñnlan con el nombre de 11nda 6 ctt mi d~ls romnns. Ju nio :l ella, y en et áugulo en que corta :í este camino la c a• rretcra de Borriol, ~e encuent ra situado el arco, no lejos ta l vez: de donde antiguameutl" estuvo cmplaiada la ,•illa, por'que CD aquellos paraj~s se hnn rlcscubicrto en distintas ocas ion es J:íphlas, monedas, ohjctos rle cerámica, troios de antiguas cdi6cac ioncs1 y otro, res to~ Arqueológicos que in ducen á sospec har <-n la e,dscencia de un núcleo de pob13.ción. H oy se halla és ta situada á la distancia de mc<lia legua. del arco, y en aquel dila1ar1o valle de 25 kilómetros cu adrad os, qu e se llama Pió d1l Arel,, solo descuella la oscura sil u eta del monuntento que ha dado nombre á la llanura. -84fuoron arrancados por la mano del tiempo 6 más probablemente de los hombres. H.ecuórdese, á esto efecto, que también ol arco de Mérida hubo de sor restaurado, y lo propio ol de Tarragona, que llegó á estar en cierta ocnsión lo mismo casi que ahora se encuentra o! do Cabanes. Por oso creemos conveniente divulgar todo lo posible la importancia qno estos recuerdos do pasadas edades entrañan para el arte y la historia de nuestra patria, á fin de ponerlos á cubierto de ulteriores profanaciones y que pnednn ser on todo tiempo objeto de admiración y <le estudio por parte de propios y extraños. ta CattdraJ dt Tarragona Tiene la votu~ ta 'l'nrragona tros mouumentos que co11densa11 su historia: las murallas ib6ricoromanas · ya descritas en uno de los números anLl'riores , que encil' rran los orígenes de la ciudad y llegan con su histo ria hasta la dominn-- ción romana; el famot10 Palacio de Augnsto (del que hablaremos tal vez en otro articulo), que eucarna toda la civilización roma.na y ~ra.n parte de la visigoda; y, por último, la soberbia Catedral metropolitana, que os uu testimonio elocuente de toda la cultura artistica de la Edad media. Do esta última vamos á d1uaqui una ligera reseña, por ser, como las murallas, uno de nuc st ,ros monumentos nacionales. La Catedral do Tarragona se considera como una de la s más antiguas de España. Dió comienzo su construcción apona.s fueron arrojados de la ciudad los árabes, que la habian habitado por -36ospacio de cuatro siglos, y echó sus cimientos San Olegario, primer arzobispo de Tarragona r"IICMIID/1 De L/1 CI\TeDrtl\L De Tl\!Utl\GON/1 dcspnés dll la. reconquista. do] terl'itorio, ol cnnl quiso quo fuese cdi6cada sobre las mismos rninns do! colosal templo en quo los romanos hablan tributado culto á .Jt'tpitor. -S7Fué consagro.da y abierto. al culto en el año 1331, y como dura.oto su construcción-tuvo lugar on nuestra peniusula la transición del orden románico ó bizantino al gótico ú ojival, fácilmen-· te se explica que su arquitectura participe de ambos órdenes ó estilos. Unido á esto que en los siglos postorioros se han ido agregando al cuerpo del odificio diferentes ca.pillas y dependencias, construidas bajo la influencin del gusto dominante en su respectivo tiempo, no resulta aventurado que se haya califico.do este templo de verdadero mnseo del arte cristiano. hí11chas cosas dignas de mención encierra la Catedral de 'l'arragona, pero como no permite otra cosa la bre\·o reseña qne queremos hacer de ella en este articulo, solo indico.remos aquellos dotalles más sobresalientes. Una de lns cosas que más llaman la atención del visitante, os la monumental fachada, mandada conRtrufr á fines del siglo XIII por el arzobispo D. Bernardo Olivello., quien, con objeto de reunir los recursos neceso.rios. renunció á favor do olla las pompas de su alta jerarquía eclesiástica y se retiró humildemente al Monasterio de Eseornalbou. La fachada, no obstante, quedó sin terminar, y asi continúa, siendo lo notable más de olla el inmenso rosetón circular, de estilo gótico y artisticos culados. La planta do la Catedral es ovidentemente románica, y tiene la acostumbrada forma de unR. crnz latina. El cuerpo contra! del edificio lo -88 componon tres naves: In dol centro, nito. y majestuosa (!.12 metros) y mucho mtis bajas las rosto.otos (l!l m. ), hnstn ol punto do quo desentonan bastnnto dol conjunto. La anchura. totnl dol templo (s in contar lnR capillas lntorafos, quo Ul5TII DC:L ÍID51DC: Y CLlltJ5TRO DC: LI\ CI\TC:DRIIL DC: TIIRRI\GOHI\ tienon bl\8tnnte longitn1l) os clo unos 34 mot1·os, corrcspo1HliC'nclo 17 d<' olios á. la nnvo contrnl¡ y su lon¡;iLml 6 sea la distancia que media onlro 51LL~Rill D~L CORO - 39 ·_ el gran pórtico do outrada y el fondo del ábside, QS de 104, dimensión importante para los tiempos on que empozó ñ coustruirso la Catodr¡I, que por este concepto nvontaja á lo.a do Pisa, Santiago, Loón, Ovictlo y otras mu c has de España y dol extranjero. Al oxtromo do 1n navo ce ntral se halla el grnn ábaicle scmicircnlnr, quo remata la planta del edificio por su parto postel'ior. Su estructura es también románica, y puede decirse que indudablemente füé la primera parto que se construyó del templo, á principios del siglo XII, viviendo todavia el santo arzobispo do Tarragona. Visto por In pa •·t o exterior, su aspecto os fo rmidable, y su amarillento muro má s parece el torreón do feudal castillo que· construcción piadosa destinada á guardar las sagradas reliquias del culto. Sus vontanalos son tan estrechos que scml'jau aspilleras, y le coronan una se ri e de arqnitos sostenidos por canecillos ( ador - no caracteristico do la épocn), cortados de trecho en trocho por ot ros mayores que se destacan del muro á manera de parapeto, con todas las apari encias do barbacanas para la def"nsa de la parto inferi o r. (1) (1) Como los tiempos en que cm petó :i edific 1tr sc la Catedral de Tarragona. eran de c(\nsrantc lucha conlr:\ los árabes, que intentaban en ocasiones recuperar el perdido territorio, nada más r,atural que los constructores trataran de dar ñ la ob ra aspCC'tO y condiciones de fottalc~a. Lo mismo ocurr ió en el Monast erio de Santas Creus y ot ros edificios religiosos de la parte meridional de Cataluña. en los cuales aúo se ven las wurallas almenadas y otras defensas. -40Entre los restantes detalles de la. hermosa. basllica .tarraconense que son dignos de mención, dosc~lan principalmente los siguientes: la capilla del baptisterio, de estilo gótico purísimo, en la que existe una expléndida pila bautismal, do mármol blanco de una sola pieza, que la tra.- dición supone que sirvió de baüu á Augusto, por haber sido encontrada entre las ruinas del palacio do aquel emperador; el altar mayor, cuyo precioso retablo, de rico alnbastro y exquisita labra, os una verdadera maravilla del arte gótico florido; las dos artísticas puertas de estilo ojival qu e hay á. los Indos de este retablo¡ las tres capillas del brnzo derecho dol crucero, notables por los calados que adornan su rornate y la decoración do sus portadas; In capilla de Santa J.farla, llnmada vulgarmente de los Sastres, cuya clocoración ojival os vordad,,ramonto expléndidn; la. del SanLisimo SacramonLo, r¡ue ocupa una lle las dopondencins dol antiguo ,free romano ó Capitolio y tuvo á un arzobispo por arquitecto; la dol Santo Sepulcro, digna de mención pc,r los precioso!! arcos couopialos do su portada; el ¡;•·on<lio :, o coro, r¡uo sit·vo de panteón á nuevo arzobispo~ y es notablo por sn hermosa sillería do rol>l o do Flanrlos; el pendón que hay sol>re ol coro, µendiento <le JI\ bóvodo, quo fué tremolado por el nrzohispo D. Pedro do Urron en la n::i.vo caµiLnna cuando on 14.56 dirigió una armada contra los turcos, por orden del papa Cnlixto IU; ln s cuatro pilas para agua beudiln, do labra bi- - -16 - mejor vigilMcia y dMensa, de un enjamb1·e do torreones y atalayas, por Jo que a partir de esta ép oca y no desde el tiempo de los romanos, como dicen ?!!andina y otrvs historiadores, se la conoció con el nombre de ciudad ó castillo de lcis tresc: ientas to,ns. Algunas de estas torres todavía se conservan. Durante el gobierno de los 1·eyes de Aragón, fué uno de los más firmes baluartes de la Corona y los mona.rea.e la tuvieron en gran estima, llegando á decir Pedro IV el Oeremonioso, cuando la visitó á su regreso del dlu ·o cautiverio que le hicieron sufrir on Valencia los iinionistas, que si sus reinos abundaran en fortalezas como la de Onda, la autoridad real no se verla escalnecida y atropellada. En las guerras de la Edad modema y en las luchas civiles del pasado siglo, también jugó el castillo de Onda un importante papel. eligiéndole los franceses durante l a. gue r ra de la. In dependencia como punto est ratégico y lugar de estancia y de relevo para las tropas que se dirigian desde Valencia á Cataluña.. oooooooo~ooooooooooee-0-0eE>oeoo ~~...-.-..-~-~ La Cartuja de "Scala Dei" EN 'f ARRAeiONA • ,:-:- - A la distancia do unos 40 kilómetros de Tarragona, ascondicndo por la accidontada canetera quo desdo Reus cundnce a las Vilellas, se llega á la abrupta siorra del Montsant, que corre de N. áS. por la parto más sopt13ntrional del partido de Falsot y tiene una altura de mns de mil metros sobre el ni val del mar. Pocos lugares hay en la provincia de 'ra rrn.- gona. tan agrestes y pi1)toresoos como el territorio de esta sierra, cuaje.da en sus vertientes de esplé1,1didos bosques y lozana vegetación, que contrasta notablemente con la muralla de peladas rocns que eoronnn las montañas. Desde aquellas elevadas cumb res se domina todo el Prioi·ato, con sus siete puoblos diseminados por las profundas laderas; se divisa el azul Mediterrá- -48 - neo, en una extensión de mucbas millas, Tarragona con sus viejas murallas, ol Ebro y la parte de provincia que baña este río, las llanuras do a:: 3 ... "' a:: V a:: .., c., o V\ a:: z. ~ o:: :2 .., c., o .., a:: o:: u z: u e, ~ V\ 5 Urge!, Lérida con su antigua cat edral, y mas al N. los nevados picos de los Piriueos. En un frondoso vallo de este ag1·este tei-ritorio, - 49 - que bordea por su parte KK el ri achuelo ó ba. rranco <lo Prc-bonn y donde reina de continuo la soledad más augusta, fuó levantado h mediados del siglo XII el famoso cenobio de 'cala Dei. el primero que estableció la Orden cartusiana on el territorio de Catnluña (1 ). Dobióse la fundación do esta Cartuja 6 la pi!"!dad dol rey D. Alfonso II de Aro~ón. quien on el verano de llG2 escribió al Padr o Basilio, Prior de la Oran Cnrlujn de Grenoblo y uno do los fundndoros de la Ordon, anunciándole su propósito do <>stablecer on sus Estados un convent.o de aquella regla y pidiéndole con gran interés ol onvio do algunos religiosos. No tardaron on ll eg ar t1stos, prosontfmdoso 1,1 año siguiente. en número clo siete, on Earcolona, dond e ñ la so.zón residía ol monarca, y una voz qno huhieron ol<'gido o! lugar conveniente en las vertiontos dol ya entonces apollidndo 1l [onl - sant (21 (casi en los mismos limite s de Arngón con Catnluiia). les codió D. Alfonso aquellos terrenos y les en\rogó adomf.ls los recursos pecuniarios para que procedieran ñ la construcción del monaste rio. Aumentóse bic-n pronto la comunidad con la (,) El segundo y único otro que hubo en territorio catAlá11 fué la Cartuja de lllontealegre, aituada ea el término de Tiana (Barcelona), que •e pobló coa monjes de Scala Oci. (•) Llamóse asi por el ¡rrao número de ascetas qt.e badao vida eremítica en 1'1f('ttnO$ santuarios y cue,·as de aquellas mootaiia,. muchos de In~ cuale!o1 por 1u1 virtudc1 y los milagros que 1e lea atribuían, 1cni1n fama cic Santos entre los habita.01e1 de los ¡>utblos comareanos. - 5( -- incorporación á la Cartuja do nume1·osQs cremitas ó doirndos, que hacía.u vida asc ét ica en los santuarios y cuevas del Montsnnt, y á quienes ·1a seve ra 1· egla do aquellos monjes recion llegados «: 3 .... 11:: «: V «: ....1 permiUa vi,ir on mancomún siu tener quo ab:\udonar sus austeras .costumbres. Co n esto y las nuevas dádivas del augusto protector se lo gró levantar el primer cuerpo de edificio y termutnl' -- 51 - la iglesia, que fué dedicada al misterio de la A.sunción de la Virgen (1¡. Pedro II el (Jatólico, en 1203, ratificó la donación de su antecesor, añadiendo nuevas rentas á las que ya disfrutaba el cenobio y ensanchando los limites de sus posesiones hasta encerrar dentro de la jurisdicción de la Cartuja un extenso territorio, inclusos varios pueblos, que fué la comarca que desde entonces se llamó P,·iorato, porque dopendia del Prior de la Cartuja. Dosde est:i ópoca se empezó a citar el monasterio en los documento~ coa el nombre de Santa .Ma,·ia de Sea/a Dei. Todos los monarcas subsiguientf>i.> ratifü;uron y aumentaron aquellas donaciones y preeminen· cias: Jairno I les cedió el lugar do La :Morera, Alfonso III les otorgó nuovos privilegios, y muchos reyes, además de favorecer al cenobio con su µrotección, le honraron con su presencia, hospedándose en él y pasando alli largas temporadas, entro ellos Jaime II, Martín el Humano, Felipe ll, etc. De este modo llegó á gozar la Cartuja de Scala Dei de los mayores honores y privilegios, y poseyó grandes rentas, que destinaba en su mayor parte á reparto de limosnas á los pobres comarcanos, para lo cual cada puoblo del Priorato formabii una listn. de las familias más necesitadas y ln. entregaba al monasterio. (1) A cosa de medio kilómetro de la Cartuja, en dir ección NE. y en la falda de la formidable montaña rocosa que cierra el valle por aquella parte, vésc todavia la cantera de piedra arenisca, ó a,potón, que cx ·plotaron los monjes con destino á I• labra de sillares para la coostrucetóo del templo -62Iloy no queda más que ol recuerdo de toda aquella grandeza, y lo que fué antiguamente artístico cenobio no es en la actualiilad sino un enorme solar de ruinas, semejante ó. una ciudad abandonada, donde crecon espesos matorrales rllCNIID/1 Dt' U\ IGLt'5111 que sirven de guarida á numerosas alimañas. Los muros y restos de sus dependencias que hoy quedan en pio, ocupan una extensión considerable y dan idea do las enormes dimensiones de 111 -58 -· Cartuja; po1·0 os muy dificil hacer u.na exacta. y ordenada descripción de las diversas dopondonoias do que se componía el edificio, porque al oxoui·sionista so pierdo y se confunde en aquel dédalo de ruinas, verdade ro laberinto que no es posible visitar sin que so sienta la más hond& pena á la vista do tanta desolación y despojo. El benemé rito P. Ba r raque r, en su hermoso y nunca bien ponderado libro Las casas de religi-Osos e,~ Oatal"ña dw·atlte el pi-im~r tercio del siglo XIX, publicó un croquis ó dibujo de las actuales ruinas y el plano do la Ca rtuja; nosotros publicamos aqui una vista panorámica que logramos tomar, por modio Je la fotograflo, de todo el solar que ocupaba el convcuto, junto con algunas otras vistas de los restos mejor conservados, las cuales pueden dar al lector una idea de lo que debió sor el monnst('rio en la época de su mayor esplendor. 'l'iene la Cartuja, oproximadam"nte, la forma de un rectángulo. Po r la parte meriilonial se halla el arco de entrada al recinto de la clausura , junto al cual sa hallaba la capiUa pública, y después de un buen trecho se 111.'ga á la monumental fachada do ingreso al cenobio, sobre cuya puerta. y dont1·0 do una hornacina exi!!tió hasta hace pocos años una imagen de la Virgen, en piedra del país, que ah o ra está 011 Tarragona, en la casaco n"Vento de los PP. Cartujos (1 ). Pasada osta. (1) En la fotografía qu e nosotros publicamo~, aún se vé 1,a refetitla imar;cn en el nlismo sjdo qué ocupaba. -5-! - pnertn, ¡¡e encuentra en.seguida el ,. isitant.e con la antigu\\ hospetlerla á la faquierd11, á la dere c ha las ofioin"s, y en frente la oolda prio ra\ y otras varias depenQencias. Tenla la Cartuja dos grandes claustros, uno ni S. del edificio y otr o al X., co nt eniendo est.e últ imo, qne era enorme, In part o de stinada á ocmen- - 55 - te ri o de lus monjes, on cuyo centro descuella todavla un enorme cruci fi jo model'no, de hierro, quo s c-iinla la tumba en que descansan los restos do ! veno1·able D. Juan Fort, uno do loe varones más esclarecidos que tu vo la comunidad. Rodea-- ban á ostoe claustros, por tres de eue lados, las celdas de loe religioeoe, y éstas á eu vez estaban circundadas por loe jardines del convento, que eran ext ensos y frondosos, exiatiendo además un di lat ado huerto adosado al extremo S. de todo el edificio. El claustro septentrional, ósea. el que contenía el cementeri o, fué construido f'n ti empos del fundador do la Cortuja, Alfonso II, por iniciativa del mismo y á sus expensas El meridional ee cons tr uyó dos siglos después, á expensas del arzobispo de Tarr agona D. Juan de Arngón, que fué religioso do aquella ca sa, terminándose el año 1888. Entre los dos claustros mencionados se ha llaban en clavadas las princirnlce depe nd enci as do! e<Jnvento, tales como la iglesia que, era. muy espaciosa y do una sola nave, ol eag~ario, la sa c ri stia, las espillas ad,>sadas á la parte izquie rda del templo, y un pequeño claus tro gó ti - co, adosadu l la iglesia por el lado derecho y te niendo con olla comunicación. Este claustro comen zó ó. edificane en 1408, por inieiativ!!, del noble D. Beren gue r de Ga llart, que costeó las obras. Las reparaciones y revocos q ue han euf'rid o estos claustros, con motivo de las mejoras y reformas impo rtan te s qu e en si glos posterio-