¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró (La Secuita, Tarragona)
Abstract
Este trabajo se ha realizado con el soporte del proyecto “Formes d’ocupació del territori i evolució del poblament a la Cessetània occidental durant la protohistòria (1er mil·lenni aC)” (QUAD2014/100926), financiado por el Dept. de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC).
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Copyright: © 2017 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Attribution (CC-by) España 3.0. TRABAJOS DE PREHISTORIA 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 ¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró (La Secuita, Tarragona)* Votive deposit or necropolis’ destruction?: the protohistoric silo of El Pontarró (La Secuita, Tarragona) Maria Carme Belarteab, Joan Canelab, Itxaso Eubab, Dani Lópezc y Sílvia Valenzuelad RESUMEN Se presenta el estudio de los materiales recuperados en el silo de El Pontarró, en La Secuita (Tarragona), amortizado a finales del siglo V o inicios del IV a.C. Entre ellos destacan un conjunto de elementos de ornamentación de bronce y unas 6.000 cuentas de collar de vidrio, junto a vasijas cerámicas, fusayolas, molinos, restos de fauna terrestre y malacológica (en su mayoría de Cypraea) y otros arqueobotánicos. Algunos de estos objetos son muy poco frecuentes y, en su mayoría, se vinculan con el mundo funerario o ritual. Ello sugiere que el silo se colmató en un acto ritual, tal vez tras la destrucción de una necrópolis. El carácter fortuito del hallazgo y el estado de arrasamiento del terreno donde, además, es difícil continuar la intervención arqueológica impiden obtener más información sobre el contexto y condiciones del depósito. No obstante este es el mayor conjunto de cuentas de vidrio, descubierto hasta la fecha, lo que le convierte en un unicum en la Protohistoria de la Península Ibérica. ABSTRACT This work presents the analysis of the materials recovered from the silo of ‘El Pontarró’, located in La Secuita (Tarragona), filled with debris at the end of the 5th century BC or the beginnings of the 4th century BC. Among them, a number of bronze ornaments and about 6,000 glass beads stand out, together with pottery, spindle whorls, querns, as well as faunal, malacological (mainly Cypraea) and archaeobotanical remains. Most elements are rare and related with funerary or ritual practices. This supports the hypothesis that the filling of the silo could correspond to a ritual action, perhaps after the destruction of a necropolis. The accidental discovery of the finding as well as the altered conditions of the field, where no further archaeological intervention is possible at the moment, prevent to gain more information about the context of the deposit. Nevertheless, the discovery constitutes the biggest assemblage of glass beads so far, and is thus an unicum in the Protohistory of the the Iberian Peninsula. Palabras clave: Península Ibérica; Protohistoria; Cultura ibérica; Silo; Ritual; Cuentas de vidrio; Isótopos de plomo. Key words: Iberian Peninsula; Protohistory; Iberian Culture; Silo; Ritual; Glass beads; Lead isotopes. * Este trabajo se ha realizado con el soporte del proyecto “Formes d’ocupació del territori i evolució del poblament a la Cessetània occidental durant la protohistòria (1er mil·lenni aC)” (QUAD2014/100926), financiado por el Dept. de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC). a Institució Catalana per a la Recerca i Estudis Avançats (ICREA). Passeig Lluís Companys 22. 08010 Barcelona. b Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC). Pl. del Rovellat s/n. 43003 Tarragona. Correos e.: cbelar[email protected] http://orcid. org/0000-0002-2293-0482; [email protected] http://orcid.org/0000-0003-4262-9774; [email protected] http://orcid.org/0000-0001-76075138 c ArqueoVitis SCCL. Av. del Pèlag 17, Esc A, 3º-1ª. 43700 El Vendrell Tarragona. Correo e.: danilopezrey[email protected] http://orcid.org/0000-0002-2165-4164. d Institució Milà i Fontanals - Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IMF-CSIC), C/ Egipcíaques 15, 08001, Barcelona. Correo e.: sv[email protected] http://orcid.org/0000-0001-9886-0372 Recibido 23-I-2017; aceptado 28-II-2017. 04-Prehistoria 2-17.indd 355 01/09/17 12:17
356 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 1. EL SILO DE EL PONTARRÓ: DESCUBRIMIENTO Y EXCAVACIÓN El Pontarró se sitúa en el término municipal de La Secuita (Tarragona), a unos 3 km al noroeste de la población y a unos 15 km de Tarragona (Fig. 1B y C), en la parte superior de una parcela en forma de media luna dedicada al cultivo de cereal, a 192 m s.n.m. (Fig. 2A). Corresponde al actual Camp de Tarragona (área entre el macizo del Garraf y el collado de Balaguer) y, en época ibérica, al territorio de la Cosetania o Cesetania. A finales del siglo V a.C. se documenta allí un poblamiento jerarquizado propio de las sociedades ibéricas, estructurado en distintas categorías de núcleos de hábitat controlados por ciudades o asentamientos principales (Asensio et al. 1998; Sanmartí 2004). Los núcleos urbanos más próximos a El Pontarró son El Vilar (Valls) y el asentamiento ibérico de Tarragona (Fig. 1C), con un horizonte fundacional de mediados del siglo VI a.C. En ambos y en los poblados de Els Garràfols (Vallmoll) y el Castell del Catllar se han documentado materiales fenicios descontextualizados. El asentamiento protohistórico más cercano al silo de El Pontarró es El Pontarró II (a 500 m de distancia), conocido solo por los materiales de época ibérica (siglos V-I a.C.) encontrados en superficie, que se ubica en un pequeño promontorio, arrasado parcialmente en época reciente por trabajos agrícolas (Canela 2015). En 2012, tras unos trabajos de rebaje del terreno, un aficionado local descubrió los restos objeto de este artículo que entregó a investigadores del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC). Consisten en elementos de ornamentación de bronce que parecían alterados por el fuego, unas 3.000 cuentas de pasta vítrea, tres fusayolas y varios ejemplares de Cypraea annulus. Salvo las fusayolas, los demás hallazgos son poco frecuentes en contexto de hábitat, en particular en las cantidades indicadas, y en cambio son característicos de los ajuares de las necrópolis del Período Ibérico Antiguo. El hallazgo tenía un interés científico indudable, ya que en el litoral catalán las necrópolis protohistóricas son prácticamente desconocidas. En el área cesetana sólo se conocen la de Milmanda en Vimbodí (Graells 2008) y la de Can Canyís en Banyeres del Penedès (Bea et al. 1999). Se notificó el hallazgo al Servicio de Arqueología de la Generalitat de CataFig. 1A. Localización de la zona de estudio en la península ibérica. B. Situación del yacimiento de El Pontarró (7. marcado con un círculo) y de los principales yacimientos mencionados en el texto: 1. Mas Castellar de Pontós; 2. Empúries; 3. Ullastret; 4. Turó de la Font de la Canya; 5. Can Canyís; 6. Alorda Park; 8. Milmanda; 9. Els Vilars; 10. Sebes; 11. El Molar; 12. Coll del Moro de Gandesa; 13. Mas de Mussols; 14. Mianes; 15. Les Esquarterades; 16. La Ferradura; 17. Sant Jaume; 18. El Bovalar; 19. La Solivella; 20. Puig des Molins (J. Canela). C. Principales yacimientos ibéricos en torno a El Pontarró (4. ■): 1. Asentamiento ibérico de Tarragona; 2. El Vilar de Valls; 3. El Castell del Catllar; 5. El Pontarró II; 6. Els Garràfols (J. Canela). Base cartográfica: B. Modelo Digital del Terreno 90 m del Consortium for Spatial Information (CGIAR CSI) SRTM 90. 2004. C: Modelo Digital del Terreno 5m del Instituto Cartográfico y Geográfico de Catalunya (ICGC). 2013. 04-Prehistoria 2-17.indd 356 01/09/17 12:17
¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró 357 Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 luña, cuyos responsables acordaron financiar una breve intervención de urgencia con el objeto de documentar algún resto de una posible necrópolis destruida, aunque el terreno había sido rebajado hasta el nivel geológico y no parecía probable que se conservaran restos de tumbas in situ. La empresa Àtics, bajo la dirección científica de uno de nosotros (J. C.), realizó los trabajos. Sus condiciones (con presupuesto y duración extremadamente reducidos y restringida a los puntos donde hubiera indicios de remoción de tierras) limitaron la intervención a sendos sondeos de verificación en dos puntos donde afloraban algunas piedras removidas (Fig. 2). El primero de los sondeos dio resultados negativos. En el segundo se localizó un silo cuya parte superior había sido arrasada (Fig. 3). Estaba delimitado por un recorte (UE 1002), que dibujaba una estructura de planta circular y paredes rectilíneas en la parte conservada, con diámetro de 2,20 m en la parte superior, y altura máxima de 1,60 m. En su relleno se distinguieron los estratos UEs 1003, 1005, 1006 y 1007. Entre las UEs 1003 y 1005, se diferenció la UE 1004, un paquete de cenizas (Fig. 3Ay B) con abundante material arqueológico. Contenía bronces y cuentas de collar de los tipos que se habían documentado en superficie (Fig. 4), junto a fragmentos de cerámica y material lítico, así como fauna terrestre y más ejemplares de Cypraea annulus. Destaca la ausencia de huesos humanos, de objetos de hierro y, entre la cerámica, de urnas funerarias. Cabe mencionar también las numerosas piedras, cenizas y restos carbonizados (Fig. 3A). Las piezas de la donación particular fueron atribuidas a la UE 1001 (nivel superficial), y consideradas como procedentes del silo, por la coincidencia tipológica de los objetos con los recuperados en la excavación. Al constatarse que el material procedía de un silo, una vez excavado, se dio por terminada la intervención de urgencia. Posteriormente, se incluyó el yacimiento en un proyecto más amplio de investigación del ICAC, que preveía la realización de prospecciones geofísicas y excavaciones para determinar si esta estructura formaba parte de un campo de silos, un sistema de almacenaje bien documentado en esta zona (Asensio et al. 2002: 126; Asensio 2015: 245). Desgraciadamente, a pesar de intentos reiterados y de la colaboración del consistorio municipal, no ha sido posible obFig. 2. El Pontarró (La Secuita, Tarragona): A. Vista aérea de la parcela con la situación del yacimiento. Base cartográfica: Ortofotomapa 1:2500 vigente del Instituto Cartográfico y Geográfico de Catalunya (ICGC). 02/02/2017; B. Planta de los sondeos realizados (Unitat de Documentació Gràfica - Institut Català d’Arqueologia Clàssica). 04-Prehistoria 2-17.indd 357 01/09/17 12:17
358 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 tener la autorización del propietario del terreno ni es previsible conseguirla en un futuro próximo, por lo que la investigación se ha visto limitada a estudiar los materiales que aquí se presentan. 2. ESTUDIO DE LOS MATERIALES ARQUEOLÓGICOS 2.1. Los materiales de vidrio Los objetos mayoritarios son de vidrio y, en su inmensa mayoría, son cuentas de collar. En total, se han recuperado 5.940 cuentas, procedentes de la UE 1001, el nivel superficial (3.054), y la UE 1003 (2.599). Las cuentas restantes proceden de las UEs 1004 (286) y 1006 (1). La determinación del material como vidrio se ha hecho mediante observación macroscópica y con lupa binocular. Se prevé analizar una selección de cuentas por espectrometría Raman, gracias a un convenio entre el ICAC y el Instituto de Ciencias Fotónicas, bajo la responsabilidad de Pablo Loza 1. Destacan la variedad cromática y la diversidad tipológica del conjunto de El Pontarró para cuya descripción hemos adaptado la clasificación de Encarnación Ruano (2000: 43) para las cuentas del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera. Hemos documentado los siguientes tipos: Cuentas monocromas anulares (Fig. 5.1): se han dividido en dos grupos según su tamaño. El primero tiene grosor de hasta 1 mm, diámetro de 2-3 mm y peso medio inferior a 0,01 g y el segundo grosor entre 2 y 3 mm, diámetro entre 4 y 6 mm y peso medio de 1 g. Los subgrupos se distinguen por su color: azul marino, turquesa, gris, negro, amarillo y blanco. Algunas blancas son casi transparentes y otras opacas y más porosas. En total se han recuperado 4.916 ejemplares. Cuentas monocromas esféricas (Fig. 5.2): los diámetros varían entre 2 y 4 mm, y el peso entre 0,03 y 0,2 g. Hemos distinguido un grupo de cuentas esféricas en sentido estricto de otro con cuentas de forma más irregular y alargada. Son de coloración clara (blanco, beige, rosado, naranja, 1 Proyecto Raman ArcheoPhotonics for Ancient Jewelry (RamArchPhoJew) https://www.icac.cat/wp-content/uploads/2016/04/G042.222.pdf (consulta 7-8-2017). Fig. 3. Silo de El Pontarró (J. Canela): A. Sección A (E-O); B. Vista en curso de excavación. Fig. 4. Detalle de las cuentas de collar en el sedimento de la UE 1003 del silo de El Pontarró (J. Canela) (en color en la edición electrónica). 04-Prehistoria 2-17.indd 358 01/09/17 12:17
¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró 359 Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 Fig. 5. Selección de cuentas de vidrio de la UE 1001 del silo de El Pontarró: 1. Anulares monocromas; 2. Esféricas; 3. y 4. Cilíndricas; 5. Estriadas; 6. Espiraliformes (Unitat de Documentació Gràfica –Institut Català d’Arqueologia Clàssica) (en color en la edición electrónica). 04-Prehistoria 2-17.indd 359 01/09/17 12:17
360 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 gris), azul turquesa, negro, azul marino, verde o amarillo, con un total de 839. Cuentas monocromas cilíndricas con perforación longitudinal (Fig. 5.3): tienen de 3 a 6 mm de longitud y de 2 a 3 mm de diámetro y un peso medio de 0,4 g. Se han distinguido tres grupos según su color: uno de color turquesa y el otro de coloración clara (blanco, gris, beige, rosado). En total corresponden a 39 ejemplares. Cuentas monocromas cilíndricas con perforación longitudinal (Fig. 5.4): miden entre 4 y 10 mm de longitud y su diámetro varía de 2 a 3 mm. El color varía del gris/negro al azul. Se han documentado 17 piezas. Cuentas monocromas grises de formas diversas, con estrías alargadas y perforadas (Fig. 5.5): miden de 2 a 4 mm de longitud y diámetro de 1 a 2 mm. Se han recuperado 34. Cuentas monocromas espiraliformes de tonos amarillentos (Fig. 5.6): de 1 a 4 mm de grosor y diámetro de 3 a 5 mm. Corresponden a 36 ejemplares. Cuentas agallonadas: su diámetro interior va de 3 a 5 mm y el exterior de 4 a 10 mm. Se disFig. 6. Selección de cuentas (1-3) y colgantes (4-5) de vidrio de la UE 1001 del silo de El Pontarró: 1. Agallonadas; 2. Fusiformes; 3. Oculadas (Unitat de Documentació Gràfica –Institut Català d’Arqueologia Clàssica) (en color en la edición electrónica). 04-Prehistoria 2-17.indd 360 01/09/17 12:17
¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró 361 Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 tinguen dos grupos según el color: uno de tonos amarillentos (Fig. 6.1) y otro azul marino, con un total de 21. Cuentas monocromas fusiformes de color turquesa con perforación longitudinal (Fig. 6.2): con longitud de 6-11 mm, anchura de 3-5 mm y espesor de 1 mm. Son 27 piezas. Cuentas oculadas con fondo turquesa y ojos de color azul marino y blanco (Fig. 6.3). Pueden ser de tendencia esférica o anular. Su diámetro interno es de 1-3 mm; el externo varía si son anulares (5-8 mm) o esféricas (4-5 mm). Su peso medio es de 0,3 g. Corresponden a un total de 11 ejemplares. Además de las cuentas hay colgantes de vidrio completos y fragmentados. Tres de los completos son monocromos, con forma de lágrima de color azul marino. Poseen un orificio en la parte superior para pasar una cadena o hilo (Fig. 6.4). Un cuarto es policromo, piriforme, con cuatro pequeñas protuberancias de vidrio blanco. Aparentemente le atraviesa un hilo de bronce que, en la parte superior, forma un engarce para pasar una cadena o hilo del mismo material (del que conserva restos), y que sobresale por la parte inferior de la pieza (Fig. 6.5). Los fragmentados corresponden a dos posibles colgantes esféricos de color azul marino y un tercero de vidrio blanco, translúcido, que sólo conserva la parte superior donde se sitúa el engarce por donde pasaría el hilo o la cadena. Muchas piezas de vidrio, como las de bronce, presentan claros indicios de haber sido sometidas a elevadas temperaturas. Algunas aparecen fundidas o alteradas por la acción del calor, y a veces están unidas entre si o adheridas a otros materiales, en particular, el bronce, con el que se combinarían en los adornos. Ello es coherente con los resultados de los estudios metalográficos (vid. apartado 2.3.2.). Las cuentas y colgantes de vidrio están escasamente representados en yacimientos protohistóricos de Cataluña y en general de la Península Ibérica, ya que por su reducido tamaño son muy difíciles de identificar sin cribar la tierra. Suelen provenir de contextos funerarios cuya cronología oscila entre el siglo VI y el II-I a.C. (Ruano 2000: 43). A menudo se atribuye a las cuentas una filiación mediterránea (en particular, las oculadas caracterizan el mundo fenicio-púnico). Sin embargo se documentan en yacimientos de la Edad del Bronce del nordeste peninsular anteriores a los contactos coloniales, y su procedencia se podría vincular con el mundo transpirenaico (Rafel et al. 2008). También aparecen en estas cronologías en las Islas Británicas (Henderson 1989) y sur de Francia (Ambert y Barge-Mahieu 1989). A diferencia de otros contextos mediterráneos, especialmente Egipto, Mesopotamia o Grecia (Shortland et al. 2007; Henderson et al. 2010; Smirniou y Rehren 2011), los análisis de composición escasean en la Protohistoria de la Europa occidental, incluyendo la Península Ibérica (Ruano et al. 1995a; García-Heras et al. 2005; Palomar et al. 2009). Hasta la fecha, las cuentas de vidrio de El Pontarró representan el mayor conjunto de este tipo de piezas hallado –o al menos publicado– en un yacimiento protohistórico del ámbito peninsular. De la excavación de varias necrópolis en la isla de Ibiza (entre las que destaca la de Puig des Molins) proceden 1.578 (Ruano 2000: 45). En la Cataluña meridional, las necrópolis protohistóricas suelen proporcionar un contado número de cuentas, según las publicaciones de yacimientos como Mianes (Maluquer de Motes 1987) o Mas de Mussols (Maluquer de Motes 1984), entre otros, y los fondos de los museos. En la necrópolis de Esquarterades, en Ulldecona (Belarte et al. 2016), excavada recientemente de manera meticulosa, incluyendo el cribado de tierras, solo se ha recuperado un ejemplar. Fuera del área geográfica considerada, en la necrópolis del Cigarralejo (Mula, Murcia), un estudio de 200 tumbas, datadas entre los siglos V y I a.C., de las que 87 tenían objetos de vidrio, cita un total de tan solo 1.018 cuentas (Ruano et al. 1995b: 190). En necrópolis de la Edad del Hierro del sur de Portugal (finales del siglo VI – inicios del siglo IV a.C.), las cuentas de vidrio son relativamente frecuentes: entre 80 y 190 en las tumbas con mayor número de ellas que corresponden a los personajes con estatus social más elevado (Gomes 2014: 435-436). 2.2. Los materiales cerámicos La fragmentación de las cerámicas ha impedido remontar vasijas completas: las 1.025 piezas (considerando globalmente todas las UEs identificadas en el relleno del silo) corresponden a un nú04-Prehistoria 2-17.indd 361 01/09/17 12:17
362 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 mero mínimo de 48 individuos. Tanto en número mínimo de individuos (NMI) como en número de fragmentos (NF), la mayoría es cerámica ibérica oxidada a torno (615 fragmentos y 29 individuos, un 60% en ambos casos) (Fig. 7.3 a 11), de los que un 5% de los fragmentos y el 14% de individuos están pintados con motivos geométricos (bandas paralelas y círculos concéntricos) (Fig.7.4 a 7). La cerámica a mano cuenta también con cantidades destacables: 408 fragmentos (39,8%) y 17 individuos (35,42%) (Fig. 7.12 y 13). Las importaciones son anecdóticas: el borde de una copa ática de barniz negro tipo Cástulo (0,1% del número de fragmentos y 2,08% del número de individuos) (Fig. 7.1). También se localizó un fragmento de borde de aríbalo de producción indeterminada (Fig. 7.2). El fragmento de copa Cástulo (UE 1006, 1) sitúa la amortización del silo entre el último cuarto del siglo V a.C. y el primer cuarto del siglo IV a.C. (425-375 a.C.), a finales del período Ibérico Antiguo o inicios del Ibérico Pleno. Este tipo de barniz negro ático es el más frecuente en la Península Ibérica en este momento, y precede la llegada de las cerámicas áticas de figuras rojas (Sánchez 1992: 328). El fragmento de borde de aríbalo (UE 1005, 20) (Fig. 7.2) podría remontarse a un momento anterior, pero sus características no permiten determinar si se trata de una importación (proto-corintia) o de una producción indígena. Este contenedor de perfumes está bien documentado como elemento de ajuar en necrópolis del Ibérico Antiguo del NE peninsular. En Tarragona aparece en la tumba 4 de Mianes (Santa Bàrbara) y la 10 de Mas de Mussols (Santa Bàrbara-Tortosa) y en Gerona en varias tumbas de las necrópolis de Empúries: inhumación 57 de Bonjoan, incineración 4 e inhumación 2 de la muralla NE, o tumba 4 de la necrópolis de Mateu, todas ellas oscilan entre el segundo cuarto y los finales del siglo VI a.C. (Graells 2008: 5960). La cerámica ibérica a torno incluye vajilla doméstica para conservar o servir productos líquidos, como tinajas con borde de cuello de cisne (Fig. 7.3 y 4) y jarras de boca trilobulada, y envases de almacenaje y transporte, sobre todo ánforas (Fig. 7.7, 10 y 11). Los vasos a mano, utilizados para cocinar y consumir los alimentos, en general, son de dimensiones reducidas. Tienen perfil ligeramente ovoide, sin borde exvasado, y a veces se decoran con incisiones paralelas o cordones digitados (Fig. 7.12 y 13). También resulta elevado el número de 16 fusayolas de cerámica a mano documentas en el silo, la mayoría de morfología bitroncocónica. A diferencia de los envases cerámicos, muchas presentan claros indicios de haber sido parcialmente quemadas (Fig. 8.1 a 16). La composición de los objetos cerámicos de este silo es similar a la de los contextos de otros yacimientos ibéricos de la Cesetania, aunque el porcentaje de importaciones en El Pontarró es menor. En Alorda Park, Calafell o Turó de la Font de la Canya, Avinyonet del Penedès, durante la segunda mitad del siglo V a.C., el volumen de importaciones (cerámicas áticas de barniz negro) es muy reducido: el 1% en Alorda Park. AumenFig. 7. Selección de cerámicas del silo de El Pontarró: 1. Ática de barniz negro; 2. Aríbalo de producción indeterminada; 3-11. Ibérica oxidada a torno; 12. y 13. A mano (J. Canela y M. C. Belarte). 04-Prehistoria 2-17.indd 362 01/09/17 12:17
¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró 363 Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 tan considerablemente durante la primera mitad del siglo IV a.C., hasta el 5% en Alorda Park (Sanmartí 2000: 311) y Turó de la Font de la Canya (Asensio et al. 2005: 189). Este período se caracteriza, en la cerámica a torno de producción local, por la reducción drástica de la proporción de envases con decoración pintada y la ampliación de su repertorio formal (Asensio et al. 2005: 189). La cerámica ibérica a mano supone en torno al 40%, entre la segunda mitad del siglo IV y la primera mitad del V a.C., por ejemplo en Alorda Park (Maese 2005: 212-213 y fig. 3), una proporción similar a la de El Pontarró. De todos modos, cabe considerar que, siendo un solo silo, la información procedente del mismo es muy parcial. 2.3. Los materiales de bronce 2.3.1. Estudio tipológico El silo ha proporcionado un importante conjunto de piezas de bronce: un total de 953 fragmentos de 1.373,31 g de peso. La mayoría (1.051,06 g) proviene de la UE 1001, mientras el resto (332,25 g) se reparte entre las UEs 1003, 1004 y 1005. Todos los objetos se relacionan con el adorno personal y, en su mayoría, con colgantes de los tipos descritos por Núria Rafel (1997), cuya clasificación hemos utilizado. Destacan los fragmentos de cadenas conservados en longitudes variables. Algunas se forman con simples eslabones enlazados pero es frecuente adornarlas con colgantes esferoidales (Fig. 9.1 y 6) y, a veces, alternarlas con eslabones simples o de hilo arrollado sobre un vástago con anillas distales. También se documentan anillas sueltas, colgantes aislados de apéndice esferoidal, eslabones de hilo arrollado sobre un vástago con anillas distales (Fig. 9.2 y 3), o anillas soldadas. Todos estos elementos debían formar parte de collares o cinturones de cadenas, extensamente documentados en yacimientos del Hierro I e Ibérico Antiguo (Rafel 1997: 100). Aparecen en especial en necrópolis tarraconenses como Mas de Mussols (Santa Bàrbara-Tortosa) (Maluquer de Motes 1984: 70), Mianes (Santa Bàrbara) (Maluquer de Motes 1987: 147-149; Esteve Gálvez 1999) o Santa Madrona (Riba-roja d’Ebre) (Belarte y Noguera 2007: 54) y, en Castellón, en la de El Bovalar (Benicarló) (Esteve Gálvez 1966: figs. 5 y 6). Son ocasionales en hábitats como Sant Jaume-Mas d’en Serrà (Alcanar, Tarragona) (Garcia i Rubert et al. 2016: 300-302) o Els Vilars (Arbeca, Lérida) (Junyent y Lopez 2016: 145, nº 88). En Mas de Mussols los eslabones de las cadenas están rematados por colgantes esferoidales que decoraban hebillas de cinturón (Maluquer de Motes 1984: 70 y lám. XII); en Mianes la longitud de las cadenas, que permitía varias vueltas (Esteve Gálvez 1999: 124, fig. 40), llevó a Joan Fig. 8. Silo de El Pontarró: 1-16. Fusayolas de cerámica a mano: 17. Pesa de telar de barro (J. Canela y M.C. Belarte). 04-Prehistoria 2-17.indd 363 01/09/17 12:17
370 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 interés, desde restos arqueobiológicos (por ejemplo, abundantes semillas en Turó de la Font de la Canya) (López 2004; López et al. 2015: 110115), a enterramientos (en el mismo yacimiento) (López et al. 2015: 97-99) pasando por depósitos rituales, como en Turó de la Font de la Canya (López et al. 2015: 100-109 y 116-136) o en Mas Castellar de Pontós (Pons y García Petit 2008; Pons et al. 2011: 209). En el yacimiento de la Secuita, no encontramos paralelos para la excepcionalidad de los materiales recuperados en los niveles de relleno del silo. Ya mencionamos que algunos –cuentas de vidrio, bronces, Cyperaceae– son muy poco habituales en contexto de hábitat. El que algunas piezas evidencien su exposición a elevadas temperaturas podría indicar que proceden de ajuares funerarios. Otros elementos que podrían asociarse a enterramientos son las fusayolas, el aríbalo o la copa Cástulo, así como los dos objetos líticos de función desconocida, tal vez ritual. La abundancia de cenizas y carbones también podría vincularse con la cremación de los cadáveres acompañados de ajuares. En contra de esta interpretación estaría la ausencia de restos óseos humanos así como de urnas funerarias. Los molinos o las producciones de cerámica ibérica a torno y a mano son coherentes con contextos domésticos, así como las semillas, carbones o algunos de los restos de fauna. El estudio arqueozoológico sugiere una colmatación de la estructura en dos momentos: los sedimentos del más antiguo contienen materiales procedentes de actividades domésticas y los del más reciente otros de carácter cultual. Esta segunda acción se acompañaría del depósito de una cabra muy joven (menos de 3 meses). Disponemos aún de pocos datos sobre el mundo de las creencias en el área septentrional de la cultura ibérica, a pesar de la intensa actividad arqueológica de las últimas décadas. En el territorio de la Cataluña actual los templos o edificios públicos de carácter religioso situados en el interior de asentamientos escasean (Almagro-Gorbea y Moneo 2000: 110; Arcelin y Plana 2011: 58-59) y se vinculan fundamentalmente a los núcleos urbanos, en un sistema de poblamiento que jerarquiza y estructura los asentamientos en diversas categorías, como ya hemos mencionado. En la Cesetania, territorio que nos ocupa, algunas cuevas-santuario (Ros 2005) tuvieron, tal vez, una función añadida de marcador territorial, pero la mayoría se conoce por excavaciones antiguas por lo que su función como lugar de culto y su cronología de uso tampoco son siempre evidentes. A la inversa están bien documentados los rituales celebrados en contexto doméstico (Belarte y Sanmartí 1997), en particular la deposición de animales o partes de los mismos (sobre todo de ovicaprinos pero también de cerdos, perros y aves), bajo los pavimentos de las casas (Belarte y Valenzuela 2013). Otras prácticas comunes son la inhumación de neonatos (Belarte y Sanmartí 1997; Gusi y Muriel 2008) o bien la deposición de pequeños vasos y otros objetos de carácter ritual (Belarte y Chazelles 2011). Cabe mencionar también el hallazgo puntual de restos de adultos en asentamientos (Belarte y Sanmartí 1997). Estos rituales abundan especialmente en las residencias de las élites, en contextos urbanos como Ullastret donde, en concreto, se conectan con la práctica celta de las cabezas cortadas (Codina et al. 2011), pero también en yacimientos de menor entidad, como Alorda Park o Mas Castellar de Pontós. A ellos se añade la ya mencionada práctica de los depósitos rituales en el interior de silos, en asentamientos de función económica especializada estrechamente vinculados a las élites. Junto a la escasa documentación sobre espacios de culto –y en contraste con la abundancia de lugares de hábitat– destaca el bajo número de necrópolis (Sanmartí 1992, 1995, 2010). En el área de Cataluña disminuyen en número a inicios del Período Ibérico, y durante el Ibérico Pleno (siglos IV-III a.C.) se reducirán a dos, vinculadas a sendos núcleos de primer orden. La investigación reciente asocia este fenómeno a la restricción del ritual a un sector de la sociedad (Sanmartí 2010: 98; Sanmartí et al. 2015: 123). La disminución del número de necrópolis podría haber implicado la destrucción de cementerios más antiguos. De haber sido así, tal vez ello explicara la presencia de materiales de posible origen funerario en el depósito de El Pontarró. Ya se ha comentado la excepcionalidad en términos cuantitativos del conjunto de El Pontarró, en especial en lo referido a las cuentas de vidrio. Constituye el mayor conjunto documentado hasta la fecha en este contexto crono-cultural y, si procedieran de tumbas, corresponderían a un número elevado de ellas. Ello es aún más excepcional cuando desconocemos prácticamente las necrópolis protohistóricas en el área de estudio. 04-Prehistoria 2-17.indd 370 01/09/17 12:17
¿Depósito votivo o destrucción de necrópolis?: el silo protohistórico de El Pontarró 371 Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 La gran variedad tipológica de las cuentas de vidrio contrasta con la homogeneidad de los objetos de bronce. Solo hay colgantes, faltando elementos característicos de los ajuares de las necrópolis del Ibérico Antiguo, como brazaletes, hebillas de cinturón, fíbulas o pinzas de depilar. También cabe subrayar la ausencia de objetos de hierro, en particular de armamento, también muy característico en los ajuares funerarios del momento. Todo ello nos lleva a plantear que los elementos depositados en la parte superior del silo no correspondieran a ajuares completos de tumbas sino a una selección intencionada de ciertos tipos de piezas con un fin específico, muy probablemente de carácter ritual. Ello podría explicar la falta de urnas funerarias (en particular las características urnas de cierre hermético) y de restos óseos humanos. En los últimos años se han documentado abundantes depósitos rituales en silos ibéricos, pero en la bibliografía no vemos otros ejemplos con composición similar a la de El Pontarró. Tal vez el paralelo más cercano sea un silo de la segunda mitad del siglo VII a.C. en Turó de la Font de la Canya, en cuyo relleno había numerosos objetos de bronce y cuentas de collar (López et al. 2015: 100-109). En este caso, los objetos de bronce son más diversos, aunque en su mayoría también tienen sus paralelos más cercanos en los ajuares funerarios de necrópolis coetáneas. Otra posibilidad es que El Pontarró se vincule a un depósito votivo del tipo favissa, tal vez realizado tras celebrar algún ritual que implicara el uso del fuego en alguna fase. Esta práctica está documentada en el mundo ibérico, por ejemplo en El Amarejo (Bonete, Albacete), aunque en un momento más tardío (siglo III-II a.C.). En este poblado un pozo contenía, entre otros materiales, muchos objetos de marcado carácter ritual (vasos ornitomorfos y fitomorfos, numerosas agujas de coser y punzones de bronce, hueso y marfil), interpretados como ofrendas asociadas a una divinidad femenina, quemados y arrojados al interior en aportaciones sucesivas (Broncano 1989). Sin embargo, la naturaleza de los objetos enterrados en el silo de El Pontarró es muy distinta y su carácter litúrgico no resulta evidente. Como última posibilidad cabe vincular los materiales a una actividad artesanal. Un paralelo por la similitud en el tipo de materiales documentados aunque más lejano (en Provenza) y tardío (siglo II a.C.), es un depósito procedente de la insula XXIX de Entremont (Aix-en-Provence). Consistía más de 800 cuentas de vidrio mezcladas con desechos de cocina y residuos de bronce que se ha propuesto asociar con un posible taller de producción local de vidrio (Willaume 1987: 135). La interpretación del conjunto de El Pontarró en relación a un taller de producción de vidrio y ornamentos no parece descabellada, y tal vez podría explicar la homogeneidad de los objetos de bronce vinculados, como los de vidrio, a colgantes. No obstante, los mencionados elementos de carácter ritual, muchos de ellos con evidencias de haber sufrido la acción del fuego no parecen confirmarla. En definitiva, consideramos que el conjunto documentado en El Pontarró, al menos en lo que concierne a los niveles localizados en la parte superior del silo, correspondería a un depósito votivo, que podría ser resultado de una destrucción de tumbas de cremación, previa selección de ciertos objetos de ajuar, o de la práctica de un ritual que implicara la intervención del fuego. AGRADECIMIENTOS A Ignacio Montero por la interpretación de los resultados de los análisis de isótopos de plomo. Los autores agradecen el apoyo técnico y humano de los SGIker de la UPV/EHU y la financiación europea (FEDER y ESF). A Marc Gener e Ignacio Montero por el estudio metalográfico de objetos de base cobre. BIBLIOGRAFÍA Allué, E.; Ollé, A.; Otiña, P.; Vallverdú, J. y Vergès, J. M. 2010: “Estudi arqueobotànic d’una sitja del segle IV aC a la plaça de Sant Andreu (la Selva del Camp, Tarragona)”. En M. Prevosti, J. Guitart y D. Gorostidi (eds.): Ager Tarraconensis 1. Institut d’Estudis Catalans e Institut Català d’Arqueologia Clàssica. Barcelona, Tarragona: 173-180. Almagro, M. 1953: Las necrópolis de Ampurias. 1 Introducción y necrópolis griegas. Seix Barral Barcelona. Almagro, M. 1955: Las necrópolis de Ampurias. 2 Necrópolis romanas y necrópolis indígenas, Diputación Provincial de Barcelona. Barcelona. 04-Prehistoria 2-17.indd 371 01/09/17 12:17
372 Maria Carme Belarte, Joan Canela, Itxaso Euba, Dani López y Sílvia Valenzuela Trab. Prehist., 74, N.º 2, julio-diciembre 2017, pp. 355-374, ISSN: 0082-5638 doi: 10.3989/tp.2017.12199 Almagro-Gorbea, M. y Moneo, T. 2000: Santuarios urbanos en el mundo ibérico. Bibliotheca Archaeologica Hispana 4, Real Academia de la Historia. Madrid. Ambert, P. y Barge-Mahieu, H. 1989: “Essai sur les perles en ‘verre’ antérieures à l’Âge du Fer en Languedoc et en Provence”. En M. Feugère (ed.): Le verre préromain en Europe Occidentale. Éditions Monique Mergoil. Montagnac: 7-17. Arcelin, P. y Plana, R. 2011: “L’expression monumentale des rites protohistoriques en Gaule méditerranéenne et dans la partie nord-est de la Péninsule Ibérique”. En R. Roure y L. Pernet (dir.): Des rites et des hommes. Errance. París: 25-62. Arribas, A. y Tosdal, R. 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