La civilización como modelo de vida en el Madrid del siglo XVIII
Abstract
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Full text
La civilización como modelo de vida en el Madrid del siglo XVIII JOAQW~ ÁLVAREZ BARRlEhTOS CSIC, Madiid No pretendo en esta ocasión descril3ir usos y costiriribres --que se pueden encontrar en diversas fuentes, sino acercarme a la vida de la ciudad de Madrid para estudiar, en una primera y rápida aproximación, cómo cambian algunos de esos usos y costumbres, empujados por la fuerza de la moda, por eso que hoy se llania -globalización- (y que ya existía por entonces con otro nombre) y por el influjo de los nuevos procesos ideológicos que, a pesar de los refractarios a los cambios, eran conocidos en la capital. Si observamos las costumbres de la clase alta vemos que sus miembros se reunían en salones y testuiias mientras los otros lo hacían en las cocinas y en las casa puerta; unos y otros frecuentaban los teatros y tenían a menudo gustos similares. En los recientes cafSs y en las botillerías se mezclakan, mientras que las tabernas parecen haber sido casi de uso exclusivo de los más pobres. En fondas y mesones tampoco era difícil encontrarlos juntos, puesto que aún, cuando estaba acabando el Antiguo Régimen, las diferencias y distancias no eran tanto espaciales como morales, de reconocimiento de la condición. Había una forma de vivir, tanto entre los pudientes como entre los que no lo eran, que se valoraba colno la correcta, confomie a la condición social de cada uno y al hecho de ser español y madrileño. Lo castizo no es un invento de zarzueleros tardodecimonónicos; viene de más atrás, aunque el término se acuña en el siglo ~II, y no sólo para referirse a un tipo de lenguaje que se considera el correcto y cabal: la indumentaria, las formas de conducta, los valores éticos, los gustos musicales y estéticos, alimenticios y de todo tipo tenían su marchamo castizo l. Por ' En La comedia espanola defendida, Luis Jayme escribía: -He victo una disertación contra nuestras comedias y una comedia nueva, para ejemplo de cómo se han de famar según arte. Uno y otro me enfadó y diome la gana de escribir esta carta. Y nada se me dará de que no agrade a los críticos, porque no tengo genio ni tiempo