¿Estuvo "Akra Leuké" en Carmona?
Abstract
Ejemplar dedicado a: Serta Palaeohispanica in honorem Javier de Hoz
Full text
PalHisp 10 201 La ciudad de Ákra Leuké es citada por Diodoro (25,10,3) como la capital fundada por Amílcar Barca muy poco después de su desembarco en Iberia en el 237 aC. La ciudad sólo vuelve a ser mencionada con ese nombre en ocasion del relato de la muerte del general, quien pide a sus hijos Aníbal y Asdrúbal que huyan y se refugien en Ákra Leuké. Allí acude su yerno Asdrúbal al conocer la noticia (D.S. 25,18). Luego, y durante toda la historia de la segunda guerra púnica (II GP), existe un absoluto silencio en las fuentes literarias a propósito de este enclave, lo que ha originado diferentes propuestas científicas para su emplazamiento que, dada nuestra ignorancia, se ha llevado a cabo en territorios muy variados aunque siempre dentro de la mitad oriental peninsular. Las propuestas más aceptadas han sido la de su homologación con Alicante que defendió García y Bellido en 1942 y la de Sumner de 1967 que la buscaba cerca de Cástulo.1 Su busqueda en la region oriental de Iberia ha sido efectivamente una constate historiográfica, no porque las fuentes lo determinen así, sino porque toda la historia de la II GP en Hispania se ha llevado prioritariamente al levante mediterraneo y, a ser posible, a las regiones de costa. Es cierto que Carthagonova ha tenido una fuerza de atracción muy grande por la novelesca conquista de Escipión y por el protagonismo posterior en época romana de la ciudad, todavía hoy con su mismo nombre fundacional. A su alrededor ha girado la II GP antes y después del 209 en que cae en manos romanas. Las otras Serta Palaeohispanica J. de Hoz Palaeohispanica 10 (2010), pp. 201-218 I.S.S.N.: 1578-5386. ¿ESTUVO ÁKRA LEUKÉ EN CARMONA? Mª Paz García-Bellido 1García y Bellido 1942, 63 s.; Sumner 1967, 209 s.; García-Bellido 1982, 34 s.; Bendala 1987, 145. Hoy, las excavaciones en Tossal de Manises (Alicante) están sacando a la luz una importante ciudad púnica, destruida a finales del s. III aC. Debo la información y bibliografía a la amabilidad de Feliciana Sala y Francisco Prado: Olcina 2005, 157-165.
202 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido ciudades importantes en esta contienda, Tarraco y Sagunto, están también en el Mediterráneo y se han constituido en hitos de la historiografía romana. Es así que tanto las fuentes literarias griegas y romanas como la historia posterior han determinado nuestra interpretación de los acontecimientos de la contienda al dar protagonismo a la mitad oriental peninsular y silenciar en gran parte la mitad occidental. Una de las causas es el hecho de que las fuentes no nos hayan proporcionado suficientes nombres de ciudades y lugares hoy vivos para poder seguir el curso de la guerra en esa zona, pero es indudable que parte principal de la política de ocupación bárquida, con miras a los recursos económicos y humanos tuvo como objetivo el dominio y la explotación de zonas occidentales, allí donde los fenicios ya habían dejado importantes huellas e incluso asentado grupos de población en época tartésica, como es el caso en la provincia de Huelva, Sevilla, Extremadura o el curso medio del valle del Guadalquivir. En los últimos años se han recogido datos suficientes como para revalorizar el papel que estas zonas de la Andalucia occidental, Extremadura o del Algarbe jugaron en la dominación cartaginesa y sobre las poblaciones que dejaron asentadas en esa zona.2Recordemos que es en la Beturia y en las zonas interiores de Huelva y del valle del Guadalquivir donde se establecerán comunidades que acuñan moneda con leyenda púnica, aunque en diferentes formas de escritura, mucho más numerosas que en la mitad oriental. Los datos en estos casos han venido de la Arqueología, de la Numismática y, menos, de una nueva lectura de las fuentes y de los hallazgos monetarios que dejan, sobre todo en tiempos de guerra, un reguero de moneda que delinea rutas y señala los asentamientos militares (fig. 1). Quizás, con toda esta documentación podamos defender la propuesta de la localización de Ákra Leuké en la zona central de Turdetania, donde los cartagineses no sólo han contado con poblaciones de cultura fenicio-púnica sino que han creado ciudades nuevas y repoblado otras, han levantado campamentos militares o acuartelado sus tropas en habitats ya existentes, y han dejado tesoros con moneda traída con sus tropas o acuñada aquí en ciudades o en campamentos, yacimientos todos que se concentran más a occidente y al interior que, como venimos buscándolos, al oriente y en la costa. Mi pregunta, como consta en el título, es si Ákra Leuké ha de encontrarse en alguna importante ciudad de Turdetania, como en la actual Carmona, la ciudad llave de Andalucía como afirma Harrison.3 2Una espléndida presentación en Bendala de 1987; id. 2000, 75-88. Para el curso de la guerra es imprescindible Corzo 1975. 3Harrison 1989, 136.
PalHisp 10 203 ¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona? ÁKRA LEUKÉ Es recurrente la noticia de que Amílcar desembarca en Gades con tropa (D.S. 25,10,1), soldados que naturalmente hubieron de acampar en el territorio, fuera de esa pequeña ciudad, cuyos habitantes se veían obligados a vivir en los barcos porque faltaba espacio en tierra. Appiano (Iber. 5) dice que tras cruzar el Estrecho hasta Iberia se dedicó a debastar el territorio de los íberos, lo que podría significar que no penetró muy al interior al comienzo y que desde luego no llegó hasta Levante. No sabemos donde estuvo el o los campamentos pero muy posiblemente se montaron en el mismo Hinterland de Gades en la primera fase, ciudad donde Amílcar acuñó su primera serie de moneda hispano-cartaginesa de plata (Villaronga 1973,1-4), y región donde se concentrarán muchas de las cecas “libio-fenicias” como veremos. Amílcar penetra más al interior y lleva a cabo una política de diplomacia y de guerra (D.S. 25,10,1-2). La primera, imaginamos que con ciudades amigas y posiblemente “hermanas”, dada la honda influencia humana y cultural que los fenicios habían dejado en muchas de las ciudades del valle del Guadalquivir y, la segunda, nos precisa Diodoro que fue necesaria con algunos pueblos “iberos, tartessios y celtas”.4En el mismo hilo de la narración el autor griego nos señala que funda su capital que “él” llama Ákra Leuké por la topografía alta y aspecto blanquecino de la ciudad. Esta capital de Amílcar se debió de levantar sobre una ya existente a pesar del término éktise que utiliza Diodoro, como ocurrió con Carthagonova, con Cordoba o con otras tantas fundaciones. Pero sobre todo hubo de concebirse como una ciudad clave de cara a la dominación territorial de la Iberia meridional que Amílcar parece haber tenido como objetivo siguiente tras su desembarco en Gades. Es asumible que la fundación se lleve a cabo cerca o en ciudades amigas y entre tartessios, iberos y celtas, territorio que de momento la narración no ha abandonado. Sin duda fue ciudad interior puesto que el mismo Diodoro (25,12) líneas después aclara que Asdrúbal funda una capital en la costa, contraposición entre Ákra Leuké y Carthagonova que fue ya argumento enarbolado por Sumner al proponer la búsqueda de Ákra Leuké en las cercanías de Cástulo. Es seguro que la importancia de la primera capital no se vió mermada por la fundación de Asdrúbal de Carthagonova, pues éste tenía el claro objetivo de la creación de una gran escuadra que era ya imprescindible para el enfrentamiento con Roma, aunque el conflicto se presentaba de momento en el plano 4Esta confluencia puede señalar la zona de la Beturia céltica y del Algarbe, zonas rallanas, más bien rodeadas, por tierras tartésicas. No sabemos bien que quiere expresar con “iberos”. En esta zona del SO se concentran, como veremos, las cecas púnicas y “libiofenices”.
204 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido político. Ákra Leuké hubo de mantenerse durante toda la guerra como la segunda capital de los Barca, con acuartelamiento militar fijo y con taller monetario estable para abastecer al ejército de la zona occidental, como lo había tenido Gades en la primera fase. Es de suponer sobre todo que la primera capital se estableciera en un punto estratégico políticamente, entre población amiga o parental, y con un claro objetivo económico, agrario, pero también minero. Amílcar había venido a conseguir oro y plata para pagar y acumular moneda con la que saldar la deuda de guerra cuanto antes, como se le dice a Roma cuando ésta envía sus emisarios (D.Cas. 12,46), y enriquecer después en tercios iguales a Carthago, a sus amigos de Carthago y a sus tropas para contentar así a las fuerzas principales, como sabemos por Appiano (Iber. 5). Sumner supuso bien que la primera capital, Ákra Leuké, hubo de asentarse muy cerca de una zona minera y por ello, llevado como todos por el atractivo de la region oriental, la situó en Cástulo. En esta region sin embargo no hay oro, ni estaño, dos minerales básicos para el envío de dinero a Carthago, para el pago a sus amigos y para la alimentación monetaria de un ejército.5Hemos de recordar que 1 g de oro era el quivalente de 12 g de plata y que el estaño era imprescindible para el bronce, metal con el que se paga el mantenimiento cotidiano del ejército y, no solo la facilidad del transporte sino la dignidad del oro recibido a la hora de la contracion de mercenarios suponía una enorme ventaja de este metal sobre la plata. La necesidad de aunar todas estas condiciones políticas, sociales y económicas para el dominio y explotación, si no de un territorio, sí de enclaves nucleares para obtener medios y hombres, se ofrecía en estas tempranas fechas, sin ninguna duda, como más fructifera en la zona occidental andaluza que en la oriental. Las minas de Rio Tinto, Tejada la Vieja, Huelva y Cordoba ofrecen una riqueza y variedad de metales que no se encuentran en otra región de Hispania. Más aún, la zona occidental es la puerta del camino de entrada al oro y del estaño del NO, donde Aníbal años más tarde y dentro de los preparativos de la guerra en Italia, penetra hasta Helmantiké y Arbucala (Liv. 21,5,6), que sepamos. Es indudable que esta incursion hacia el NO tenía como objetivo el mejor conocimiento y real consecución de los veneros de oro de esas zonas noroccidentales y creo que sin duda también del estaño. Supongo pues que la capital Ákra Leuké hemos de buscarla mejor en el medio-bajo Guadalquivir, entre célticos, tartessios e íberos, no lejos de Oretania (teniendo en mente que Oretania se extiende hasta el occidente de Extre5Las monedas de Carthago se caracterizan por ser de cobre puro, no de bronce, dada la escasez de estaño disponible por su armada. El estaño era para ellos, como el oro y la plata, un mineral esencial.
PalHisp 10 205 ¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona? madura y norte de Córdoba) puesto que Amílcar lucha y muere a manos de los oretanos o, según nos dice Cornelio Nepote (Hamilcar 4), de los vettones, el pueblo que hoy sabemos ocupaba gran parte de la Extremadura oriental y el occidente de Ciudad Real. Esta referencia se ha silenciado y por su precision deberíamos tenerla más presente, habida cuenta de que los vettones son limítrofes por el O. precisamente con los oretanos, los culpables de la muerte del general. Con estos datos la identificación del río en el que muere Amílcar con el Ebro o con el Segura me parece gratuita. CARMO/CARMONA Como he dicho la ciudad de Ákra Leuké no vuelve a ser mencionada en la narración de la guerra, sin duda porque se la denomina con otro nombre. Si, como dice Diodoro (25,10,3), fue Amílcar quien le puso ese nombre, éste no trascendió la muerte de aquél y el asentamiento sobre el que se levantó Ákra Leuké recuperó su topónimo anterior. Estos cambios de nombres de ciudades célebres son muy habituales y, como Corduba/Colonia Patrica, Celsa/Colonia Lépida o Jerusalem/Colonia Aelia Capitolina, acaba siendo la denominación tradicional la que se mantine en el uso común. De manera que el nombre de Ákra Leuké ni volvemos a leerlo en las fuentes, ni la tradición oral lo mantiene vivo. Se ha dicho muchas veces que sería el mismo que el Castrum Album de Tito Livio (24,41) pero la homologación no es probable y el lugar es igualmente desconocido. Sabemos que Carmona era sin duda la ciudad más importante de Turdetania, puerta principal de toda Andalucía que unía Gades a Hispalis y Cástulo por la via Heraklea. Es muy probable que si su filiación cultural y su tendencia filo-cartaginesa no hubiera sido tan acusada se hubiera convertido en la capital de la provincia romana ulterior. Pero recordemos que poco después de terminada la guerra hanibálica, en el 197, tiene lugar una gran rebelión de pueblos turdetanos y túrdulos contra Roma (Liv. 33, 21,6-9) y que son Carmona, Bardo, Malaca, Sexi y la Beturia, centros de la rebelion que se han calificado por muchos autores de filo-cartagineses.6Este papel principal de Carmona en Andalucía lo suplanta Córdoba a la que se le adjudicará la capitalidad de la Ulterior en detrimento de Carmona. El alineamiento de Carmo con los púnicos tendría su justificación en el carácter histórico de la ciudad y en el papel que juega hasta el final de la derrota de los Barcas en Hispania. Los acontecimientos que se suceden una vez perdida Carthagonova en el 209 muestran la importancia de Carmo en la política bárquida. Tanto Polibio (11,20-24,9) como Appiano (25, 96) y Tito Livio 6García Moreno 1986, 209 s.; Bendala 1987, 148; García-Bellido 1991-92, 91s.
206 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido (28,12,10-16) reiteran que es en Carmo donde Asdrúbal reune a todo el contingente cartaginés, compuesto por los tres ejércitos gobernados por los dos Asdrúbal y Massinissa a quien acompaña Magón. Es en Carmo donde los cartagineses buscan dar la batalla final al ejército de Escipion. Pero hay que recordar que también Escipión acude a Carmo como punto principal de la buscada derrota final de los cartagineses, pues sabe que sin la conquista de esa ciudad la guerra no está ganada. Se trataba del segundo enclave fuerte de los Barca. Si la batalla del 206 tuvo lugar en Carmo o en Ilipa es importante pero no trascendente para el tema que nos ocupa. Creo sin embargo con Corzo, y por las razones que este autor esgrime, que el acontecimiento hubo de tener lugar al sur del Guadalquivir y no al norte como se ha defendido al localizarla en Ilipa, y que la batalla hemos de suponerla no muy lejos de los lugares campamentales púnicos que hoy conocemos cercanos a Carmo, desde donde los cartagineses se retiran a Gades, lo que hubiera sido imposible desde Ilipa.7 MONEDA Y CAMPAMENTO La concentración de moneda cartaginesa en esta zona es, como Villaronga, Chaves, Pliego y Ferrer han explicado, anómala pero justificada por el emplazamiento de campamentos en la zona.8Reproduzco el mapa de F. Chaves del año 1990 pero los hallazgos no han hecho sino multiplicarse (fig. 2). Esta bundancia es un argumento más para buscar aquí un núcleo militar estable que provoque la pérdida y el atesoramiento de tanto numerario. Es éste un fenómeno que conocemos bien por la documentación que la presencia de contingentes romanos en tiempos de Augusto ha dejado, por ejemplo, en el limes germánico y en la zona de las guerras cántabras en el NO de Hispania. En el caso de los Barcas, como en los del ejército romano mencionados, las tropas se asentaron en una zona desmonetizada, con una economía protomonetal en la que la moneda no se conocía o no tenía la función de dinero, por ello en este caso la abundancia de moneda sólo puede estar atestiguada por la entrada de militares. Los rastros de moneda militar se suelen encontrar de varias formas: entre las poblaciones civiles anejas donde los soldados han gastado parte de su salario en los días de paz; en un campamento como moneda perdida en el uso diario de ella o por el abandonado del recinto por fuerza mayor dejando detrás tesorillos y cajas militares, o por los restos desperdigados de un campo de batalla.9 7Corzo 1975, 234-240 y Richardson 2000, 127 quien se adhiere a Corzo. 8Villaronga 1983; Chaves 1990; Pliego 2003 y 2004; Ferrer 2007, 207-213. 9Es el caso de la batalla de Teotoburgo en Kalkriese (Lehmann y Wiegels 2007) y de la caja militar de Arvarelhos (García-Bellido 2004, 75-78; ead. 2009, 629 s.).
PalHisp 10 207 ¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona? Para todos estos casos tenemos espléndidos modelos de comportamiento en la historia militar romana, sobre todo en las largas campañas augústeas en las que el ejército se aloja en zonas que desconocen el uso de la moneda, como ocurría en la Andalucía del s. III aC. Es cierto que en los casos de historia romana las monedas se han hallado junto a una documentación arqueológica que ha ayudado mucho a su justo diagnóstico. Desgraciadamente, en el caso de los conjuntos monetarios que vamos a comentar aquí no existe un contexto arqueológico cerrado, sino sólo global del yacimiento donde se han recogido miles de monedas, la mayoría con detectores de metales y sin ninguna fiabilidad de selección y registro como muy bien señalaba Collantes.10 Pero es una documentación importantísima que merece conclusiones como las que se están haciendo por parte de la escuela de la Universidad de Sevilla. Los tres conjuntos importantes que más nos afectan ahora son los de El Gandul, Montemolín y el del Puerto de Melilla. Los dos primeros vienen de sendos campamentos. Las monedas halladas en El Gandul (Alcalá de Guadaira) son en su conjunto anteriores a las de Montemolín (Marchena) y Melilla, pero entre ellas también aparecen otras del horizonte de la II GP. Proceden de dos conjuntos diferentes: un tesorillo cuyos ejemplares más modernos son de principios del s. III aC. y moneda perdida de los ss. IV, III y de la II GP. Además, las de El Gandul son en su mayoría ejemplares de cecas extrapeninsulares, sículas y sardas, aunque también las hay hispánicas, mientras que las de Montemolín son más modernas y en su mayoría hispano-cartaginesas, aunque también las haya sardas. Esta clara disparidad ha llevado a Pliego a defender una presencia en El Gandul del ejercito cartaginés ya en el s. IV aC. y, puesto que en esas fechas no hay un horizonte de conflictos bélicos en la Península, la autora justifica la concentración de numerario por el reclutamiento en el lugar de mercenarios hispanos para las guerras cartaginesas en el Mediterráneo.11 El problema mayor en esta interpretación es la alta cronología que se adjudica al conjunto pues, aunque en minoría, tenemos también monedas sardas del s. III, muy frecuentes en los hallazgos hispanos del contexto de la II GP, y moneda propiamente hispano-cartaginesa, composición que había llevado a otros autores a catalogar el material de El Gandul dentro del horizonte bélico de la II GP (fig. 2).12 Sin embargo, Montemolín sería para Pliego un campamento de esta última campaña por la alta cantidad de moneda hispano-cartaginesa. Pero de hecho 10 Collantes 1980, 29 s. donde señala la selección de 10,10,10 de cada tipo, lo que invalida cualquier conclusión basada en la estadística. 11 Pliego 2003; ead. 2004. 12 Villaronga 1983; Chaves 1990.
208 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido no conocemos de Montemolín más que las notas que nos dejó Collantes sobre el rescate de 45 monedas de cobre y cuatro de plata, entre miles de ejemplares hallados en el yacimiento, al parecer ninguna de ellas extrapeninsular, no porque no las hubiera, sino porque el azar del coleccionismo así lo quiso. Se trata de divisores de cobre muy pequeños de c. 1.60-2.10 g, cuyos tipos son los muy conocidos que ilustran una cabeza femenina en anv. y un casco en rev., ejemplares que son muy abundantes en los hallazgos hispano-cartagineses Marchena (Montemolín) y Alcala de Guadaira (El Gandul) son dos yacimientos casi equidistantes de Carmona con 27 y 25 km en vías oblícuas hacia el SO y SE de la ciudad. El Gandul está en la vía que desde Cádiz penetra hacia el Guadalquivir por Hispalis, y Montemolín en la que llegaba desde el Hinterland de Gades donde se concentran las ciudades “libiofenicias”. Son, efectivamente, dos yacimientos idóneos para el control del territorio. Ambos parecen haber sido habitats, cuyo carácter civil confirma la Arqueología que muestra el largo desarrollo de una vida ciudadana y cultural previa al momento de la llegada de los Barcas, quienes han podido utilizarlos para albergar tropa, posiblemente como dicen Chaves y Pliego, preparándolos como campamentos.13 Con los datos estudiados por Pliego parece evidente que El Gandul nos proporciona una actividad ya en fecha anterior a Montemolín y al resto de los hallazgos monetales del horizonte de la II GP, de tal manera que habríamos de datarlo en el tránsito de los ss. IV-III e interpretarlo como punto de contratación de mercenariado en fechas prebárcidas. Es una propuesta muy atractiva y justificada por los datos literarios que poseemos en cuanto al gran capital humano que salio de Iberia para ser incluído en el ejército cartaginés de los ss. IV y III. Sin embargo ha de explicarse la presencia de monedas posteriores que en minoría acompañan el conjunto. Por ello, no me atrevería a defender una fecha de finales del IV o principios del III para su primer establecimiento pues creo que su recomposición como campamento pudo tener lugar en ocasion de la llegada de Amílcar al interior de Turdetania c. 237, a la vez que reconvertía ¿Carmona? en Ákra Leuké. Las monedas que nos han llegado a las manos serían primordialmente los restos de la caja militar que Amilcar ha traído consigo a Iberia para las primeras campañas peninsulares. Esta caja militar, como todas las que conocemos por ahora, está compuesta por moneda muy vieja, a veces de dos y tres siglos, que el ejército atesora y reutiliza.14 A ella se van añadiendo las emisiones locales, monedas que normalmente constituyen el pago más directo y que antes que en caja, entran en circulación, distribuyéndose lenta13 Cf. el vol. de Bendala y Belén 2007. 14 Wolters 2001, 587; García-Bellido 2009, 634.
PalHisp 10 209 ¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona? mente por el territorio cercano. Por ello la caja militar se renueva sólo en una minoría y sus ejemplares viejos siguen constituyendo el stock principal. Es así que, cuando encontramos una concentración de moneda vieja con un complemento menor de ejemplares recientes, podemos decir que estamos ante una caja militar que ha llegado poco tiempo antes, perdida sin tiempo suficiente a que su contenido se disperse. Si éstas fueran las interpretaciones de los conjuntos de El Gandul deberíamos suponer que bien existió aquí un campamento cartaginés del s. IV-III, como suponen Pliego y Ferrer, testimonio de una presencia militar que siempre hemos esperado poder testimoniar;15 o que bien llegó aquí uno de los primeros componentes de la tropa de Amílcar que ha dejado esa masa antigua de su caja militar originaria, con moneda extrapeninsular a la que se ha ido sumando moneda posterior, durante la II GP, que es la que antes sale del campamento.16 En cualquier caso, la presencia de moneda del s. III, y sobre todo la de la II GP, atestigua que en estas últimas fechas el campamento estaba todavía en activo. Posiblemente más tarde, como propone Pliego, se habilitaría militarmente Montemolín donde esencialmente tendría lugar la parte más belicosa del segundo tramo de la contienda. Por los pocos ejemplares publicados de esos “miles de monedas” podría atestiguarse que efectivamente una mayoría son tardías, contemporáneas a las que conocemos de las otras campañas militares e hispano-cartaginesas.17 Otro hallazgo importante es el ocurrido en Melilla durante los dragados de su puerto en 1953 y 1981. De este último salió una cifra de ejemplares que se cuenta entre 5000 y 10000, ejemplares de los que sólo conocemos los 244 publicados por C. Alfaro, aunque la autora pudo revisar 700.18 Con ellos se atestiguan los mismos horizontes cronológicos que los de El Gandul pero con diferencias importantes. 1º) Una moneda de finales del s. IV-comienzos del III de la misma serie que las cien de El Gandul. Los hallazgos de esta serie en Iberia se acumulan en la zona de Gades hasta Carteia;19 2º) Primera mitad s. III. Cerdeña. Cuatro monedas, también representadas en El Gandul. La serie vuelve a acumularse en Cadiz y Sevilla; 3ª) Segunda mitad s. III. Posiblemente Cartago, escasas en Iberia; 15 Pliego 2003 y 2004; Ferrer 2007, 207-212. 16 Los campamentos tienen una circulación muy arcaizante. Cf. este patrón en Schubert 1986, 253-261, gráfico de p. 259 y García-Bellido 2004, 35. 17 Collantes 1980, 31. 18 Alfaro 1993, 25, nota 78. 19 Recojo la documentación de Alfaro 1993, 14-26.
216 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido Solá Solé 1980: J. Solá Solé, El alfabeto monetario de las cecas libiofenicias, Barcelona 1980. Schubert 1986: H. Schubert, “Beobachtungen zum frührömischen Münzumlauf am obergermanisch-rätischen Limes”, XInternational Numismatic Congress, London, 253-261 Sumner 1967: G.V. Summer, “Roman Policy in Spain befor the Hannibalic War”, HSCPh 72, 1967, 205-246 Richardson 2000: J.S. Richardson, Appian. Wars of Roman in Iberia, Warminster 2000. Villaronga 1973: L. Villaronga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona 1973. Villaronga 1983: L. Villaronga, “Diez años de novedades en la numismática hispano-cartaginesa. 1973-1983”, RSF 11, 1983, 57-73. Wolters 2001-02: R. Wolters, “Bronze, silver or gold? Coin finds and the pay or the Roman army”, Zephyrus 53-54, 2001-02, 579-588. Mª Paz García-Bellido CSIC, Madrid e-mail: paz.gar[email protected]
PalHisp 10 217 ¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona? Fig. 1, mapa de hallazgos monetarios de la segunda guerra púnica (DCYP, 158).
218 PalHisp 10 Mª Paz García-Bellido Fig. 2, procedente de Chaves 1990, 619.