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Cortés y los hermanos Barbarrojas, vidas paralelas en los escritos de Francisco López de Gómara

Bunes Ibarra, Miguel Ángel de

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Revista de Indias, 1987, vol. XLVII, núm. 181 CORTES Y LOS HERMANOS BARBARROJAS, VIDAS PARALELAS EN LOS ESCRITOS DE FRANCISCO LOPEZ DE GOMARA Francisco López de Gómara sintetiza en sus escritos las dos empresas exteriores que protagonizaron los súbditos de la Monar quía Hispánica en los dos primeros siglos de Ja Edad Moderna. Aunque está comprobado que nunca estuvo en una de ellas, y en la otra sólo conservamos algunas frases alusivas que nos inducen a pensar que acompañó a las galeras que comandaba el Empera dor ( 1 ), de ambas ha dejado unos textos que son fuentes impres cindibles para un primer acercamiento a la situación en la que se encontraban el Nuevo Mundo y el Mediterráneo en los albores del siglo xv1. Comparar la Historia de las Indias y la Conquista de Méjico (2) con la Crónica de los Barbarrojas (3) es, en principio, bastante complejo por el diferente ámbito geográfico que analizan. El Norte de Africa y Turquía eran espacios más cercanos a los habitantes de la Península que América, donde el cronista se ve obligado a de finir desde los animales que pueblan este continente hasta los hombres que lo habitan y las religiones que practican. Pero como Francisco López de Gómara nunca llegó a conocer de una manera directa ninguno de los dos espacios que reseña, estas diferencias quedan mitigadas en sus obras. En la Conquista de Méjico y en la Crónica de los Barbarrojas le interesa más la descripción de los protagonistas de las acciones que narra que el medio físico donde se encuadran, por lo que resulta evidente encontrar un gran núme ro de paralelos entre ambas. El primero de ellos, y quizá el más conocido, es el que estable ce Gómara en la dedicatoria al Marqués de Astorga, justamente el ( 1) Sólo se puede deducir su presencia en Argel por una frase cuando narra el fracaso de la expedición: "e yo, que me halle allí, me maravillé", Conquista de Méjico, B.A.E. XXII, pág. 454. (2) Para el presente artículo he utilizado la edición que de estas obras en la Biblioteca de Autores Españoles, Tomo XXII, págs. 155-455. (3) Chrónica de los muy nombrados Omiche y Haradin Barbarrojas. Me morial Histórico Español, VI, págs. 331-529, 1853. · Miguel Angel de Bunes Ibarra Revista de Indias, vol. 47, nº 181 (1987) (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es 902 MIGUEL ANGEL DE BUNES IBARRA consuegro de Cortés, en la segunda de las obras referidas: «Ansi yo tambien escriviendo las maravillosas cosas de Cortés, quiero escrevir los hechos de Barbarroja para darle compañero» ( 4 ). Es cribir una obra dedicada a un corsario berberisco en un momento en el que las costas españolas e italianas sufrían sus azotes y en el que la presencia de las armas cristianas en el Norte de Africa iniciaba un período de recesión o de sostenimiento de sus intereses era, cuanto menos, una temeridad. Que este texto nunca fuera im preso en su época, aunque estaba preparado para este fin, es una demostración de la inoportunidad del mismo. Después de su lectu ra y a la vista de la Cédula del Consejo de Indias prohibiendo la reimpresión de sus relatos americanos da la impresión de que nos encontramos ante un escritor que provoca la polémica y la hostili dad de algunos sectores de la sociedad de principios del siglo xv1. Si para el caso americano esto se produce por la poca fiabilidad de algunas de sus informaciones y la parcialidad de sus juicios, pa ra el africano es por la propia materia de la obra. Gómara comien za esta última justificándose de que él, un religioso cristiano, se entretenga en narrar la vida y los hechos de unos infieles. Para acallar la conciencia de los lectores y de los posibles críticos pasa revista a los historiadores pasados que se han preocupado de ac ciones de ese tipo y expone que sus obras no fueron recibidas con el escándalo, sino con la comprensión, al ser el fin último de las mismas el conocimiento de los hechos (5). Aunque encuentra obras y autores adecuados para tal fin, lo que no se cuestiona nunca es la validez de sus planteamientos y la adecuación de sus escritos con la realidad. Al igual que hizo con Cortés, por lo que fue dura mente criticado por Bernal Díaz del Castillo (6), habla de los Bar barrojas con un entusiasmo desmedido y los describe como si fue ran los únicos protagonistas de los acontecimientos. En realidad no hace la historia del primero de los hermanos Horuch, sino que le convierte en el artífice de la expansión otomana por el Medite rráneo y en el responsable de la pérdida del protagonismo cristia no en sus aguas. Los hechos que relata son un medio para encumbrar a sus pro tagonistas a la categoría de héroes, lo que desencadena la aparición (4)lbidem, pág. 333. (5)"Si por ser yo christiano y clerigo; si por no �eñir espada, ni haberme hallado en las batallas y guerras que escrivo, no sé o no puedo de�ir verdad en la historia." Ibidem, pág. 333. (6) La obra de Berna! D1AZ DEL CASTILLO Verdadera historia de la con quista de Nueva-España, tuvo como objetivo combatir los excesos que había cometido López de Gómara en su crónica, y fundamentalmente en quitar el excesivo protagonismo de Cortés en los hechos descritos. (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es CORTES Y LOS BARBARROJAS EN LOS ESCRITOS DE GOMARA 903 de reacciones contrarias entre los lectores. Este sistema se lleva a cabo en un momento en el que !a situación en América y en Africa no lo permitía. En el caso concreto del enfrentamiento con los mu sulmanes este decantamiento por uno de los lados de los litigantes, el de los adversarios, estaba completamente condenado al fracaso y al olvido, que se traducen en que este escrito nunca pasara por las planchas de la imprenta. Aunque en el prólogo López de Góma ra reitera su imparcialidad ante lo narrado, esto no deja de ser más que una hipotética declaración de intenciones ante algunos de los pasajes y ante el plan general de la obra: «Si yo cayere en algun error destos, o no; o si a�ertare a d�ir la verdad por algun estilo de terminarlo con los que mejor lo entendieren, yo a lo me nos nunca me arrepentiré de aver escripto de Cortés, ni aun de Barbarroja tampoco, en cuya historia, muy illustre Señor, pienso satisfa�er a V.S.ª y a mi offi�io contando llanamente las cosas» (7). La Crónica de los Barbarrojas se confecciona teniendo muy presente las dos anteriores que había escrito, lo que va a condici nar el enfoque de las noticias y la estructura del relato. La inten ción de dar compañero e igual al conquistador de Méjico, idea que en un principio parece descabellada por el personaje elegido, es una sombra que pende a lo largo de todo el relato: « ... entienda y conozca muy bien en qué son yguales estos dos tan nombrados capitanes, Cortés y Barbarroja, y quan diferentes prin�ipios y su �essos tuvieron entrambos, y quan diversamente hoy dia vive cada uno con su Rey y sefior» (8). Aunque en el texto se refiere a los dos hermanos corsarios, sus simpatías se dirigen exclusivamente al primero de ellos, mantenien do una opinión más despectiva hacia el segundo. Históricamente, este comportamiento no responde a unas condiciones objetivas. Haradin Barbarroja es el que tiene un peso específico mayor en la historia del Imperio Otomano y el que deja una impronta más ní tida en la política y la milicia de los sultanes en el mar. Roruch es el que pone las bases de la misma, pero por su temprana muerte y la situación que viven las tierras recientemente conquistadas de ja la mayor parte de los problemas sin resolver, tales como la pre sencia de una guarnición española en mitad del puerto de Argel o el sometimiento de las diferentes facciones que pueblan el terri torio. Las razones en que se apoya la manifiesta inclinación del reli gioso por el corsario, aunque no exenta de críticas a la crueldad (7) Ver [3], pág. 332. (8) Ibidem, pág. 335. (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es 904 MIGUEL ANGEL DE BUNES !BARRA ola falta de honor, son de varios tipos. La primera de ellas es la consideración de que Barbarroja ha llegado al lugar que ocupa por su esfuerzo individual. De unos orígenes humildes, aunque honrados, y acuciado por las estrecheces de su familia logró con vertirse en el señor de un Estado y someter gran parte del Magreb a las autoridades otomanas: «Omiche era hombre de animo: o por no ver y sufrir tanta miseria como su padre y hermanos pasaban, o porque su espíritu le diese grandes cosas, como en esto despues las ovo, desamparó al padre, dejólo solo en cuidado y fatiga» (9). Dejar a la familia y a la tierra dond·e nace, al igual que Cortés, y salir a lo desconocido a buscar fortuna son comportamientos que igualan a los dos conquistadores y dignos de admirar. Pero este paso era relativamente frecuente entre los héroes de su generación: lo que les diferencia del resto es que no se conforman con sus pri meros logros. Al igual que el español deja su pedanía en la isla de Santo Domingo, Barbarroja utiliza la embarcación que tiene para emprender la conquista de un espacio. Son hombres que trascien den de la comodidad y de una situación relativamente estable pa ra aventurarse en la guerra y en los devaneos del destino. La conquista de Argel o el protectorado sobre el reino de Tre mecén no están exentas de acciones astutas y de una legalidad, cuanto menos dudosa, que recuerdan algunos de los episodios acae cidos en Méjico. Gómara presenta al mayor de los hermanos como un hombre que combate aislado, apoyado implícitamente por las autoridades pero no respaldado explícitamente en ningún momen to por ellas. Como se ha forjado a sí mismo, los éxitos y las accio nes son imputables exclusivamente a su personalidad y arrojo. Los que combaten junto a él quedan en la sombra, con la excep ción de algún personaje aislado, como si los eclipsara completa mente la figura de su comandante. Tampoco posee unos planes previstos de antemano sobre lo que va a ejecutar, sino que va adap tando sus objetivos a las situaciones reales, sacando de ellas los mayores beneficios posibles. Está inmerso en un mundo que des conoce en muchas de sus manifiestaciones y comportamientos, que en la mayor parte de las ocasiones le es hostil, pero que logra ven cer con astucia e inteligencia. Los progresos de las conquistas berberiscas en el Mediterráneo permiten incluso a Francisco López de Gómara mantener una pos tura más crítica hacia los responsables de la política española en este espacio. Mientras que en América sus juicios se quedaban en las autoridades locales, al ocuparse del Magreb alcanzaban inclu- (9) lbidem, pág. 340. (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es CORTES Y LOS BARBARROJAS EN LOS ESCRITOS DE GOMARA 905 so al monarca. Que la nación turca y sus aliados berberiscos sean cada vez más poderosos se debe al continuo descuido y a la deja ción de los principales cristianos. El «mare nostrum» es cada día más un lago turco porque no hay flotas lo suficientemente poder sas para oponerse a los enemigos. Para el caso español, los respon sables de estos son los religiosos que convencieron a los Reyes Católicos de que desmontasen las marinas para que no hubiera hombres condenados a galeras ( 10). Los corsarios son para Gómara el mayor azote que ha sufrido la Península ibérica en los últimos siglos: «No hic;ieran tanto mal a España los griegos y romanos que sacaron todo el oro y plata que en ella hallaron y descubrieron, quanto los Barbarroja han hecho. Los godos en comparac;ion bien hic;ieron a nuestras ante pasados: menos sangre española vertieron los alarbes en la destrui c;ion de toda España quando por fuerc;a de armas la ganaron, que los corsarios» ( 11 ). El Emperador, aunque ha tratado de poner fre no a sus desmanes, tiene tantos problemas que no es capaz de de dicar todo su poder en este fin: « ... hic;ieronlo saber a Su Magestad, que a la sac;on estaba en Ba�elona de partida para Italia a cor narse, suplicandole les mandase proveer y socorrer lo mas presto que se pudiese, si queria conservar aquella fue�a ... El Emperador los olvidó con otros muchos y grandes negoc;ios que entonces tra taba, que no ynvió el socorro que le pedian aquellos españoles» (12). Donde mejor se demuestra la admiración de López de Gómara por los Barbarrojas es cuando los define como militares y gober nantes. En la primera de las facetas los suele describir con los mismos adjetivos, por lo menos en sus caracteres generales, que al conquistador de los dominios aztecas. Su valor y arrojo es lo que mueve a sus hombres a que intenten emular sus hazañas y lo que les hace comportarse con valentía. Las semejanzas con Cor tés son en algunos momentos más que manifiestas, como es el caso del desembarco de los berberiscos para sitiar la ciudad de Bugía: « ... la primera cosa que hic;o en desembarcando la gente y punien do en tierar la vitualla y artillería, fue quemar todos los navíos que llevó; prometió de no partir de alli sin tomar el lugar o morir en la demanda; puso fuego a las fustas por quitar la libertad de no poder yrse de alli sin acabar la empresa, y tambien porque los ( 10) En el fondo de estas críticas está haciendo una revisión de la políti ca marítima de los Reyes Católicos y de Carlos V, al pensar que no se ponen todos los medios necesarios para acabar con el corso y la piratería. ( 11) Ibídem, págs. 333-334. ( 12)Ibidem, pág. 395. (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es ' ¡' 1 1 ' ¡ 906 MIGUEL ANGEL DE BUNES IBARRA suyos perdiesen la esperan�a de retirarse, y no tuviesen en qué, aunque los enemigos los pusiesen en nes�esidad» (13). De la misma manera que los dos Barbarrojas, Cortés se había comportado en la guerra como un hombre decidido, emprendiendo acciones de futuro incierto, de las que sale con bien por su entre ga. Son auténticos hombres de acción, que sienten las armas como su vida, y no los estrategas que ·únicamente atacan cuando ven cercanas las posibilidades de una victoria. Al igual que se adentra en el puerto de Mahón con sus naves el segundo de los Barbarro jas y asalta la ciudad, Cortés quiere comandar a los soldados para conquistar los muros que defienden la ciudad de Argel en la expe dición que dirigió Carlos V: «Mucho sintió Cortés la pérdida de sus joyas; empero más sintió que no le llamasen a consejo de gue rra, me.tiendo en él otros de menos edad y saber; que dio que mur murar en el ejército. Como se determinó en consejo de guerra de levartar el cerco e irse, pesó mucho a muchos ... Cortés entonces se ofrecía de tomar a Argel con los soldados españoles que había, y con los medios tudescos e italianos, siendo dello servido el Em perador. Los hombres de guerra amaban aquello, e loábanle mu cho. Los hombres de mar y otros no le escuchaban; y así, pienso que no lo supo su majestad, y se vino» (14). El destino deparó muy diferente suerte a los tres hombres. Mientras que Horuch murió como un soldado a manos de los es pañoles y Haradín logró ser uno de los generales más prestigiosos del ejército turco, Cortés pasó los últimos años de su vida en los pasillos de la Corte litigando por sus derechos con individuos que poco sabían de los esfuerzos de la guerra. Para Francisco López de Gómara los tres representan una de las páginas más honrosas de la historia militar de su época, que no se puede recorrer sin detenerse. Unos hombres que forjaron imperios con su iniciativa personal y que prestigiaron por ello a los reyes, a los cuales sir vieron y respetaron: «Desta manera acabó la vida Barbarroja, que tan mal la había empleado; bien que de un hombre barquero, có mitre y timonero, vino a tener una galera y quatro fustas suyas y ser capitan de otras, y mas que de jornalero y aun de ganapan vino a ser rey de Argel y de Túnez y tambien de Trem�én: de tan bajo prin�ipio emcumbró su nombre y fama en lo que hoy la tiene» (15). MIGUEL ANGEL DE BUNES IBARRA Opto. de Estudios Arabes. Instituto de Pilolo¡la ( 13) lbidem, pág. 365. (14) Conquista de Méjico [1], pág. 454. ( 15) Ibídem, pág. 379. (c) Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. Licencia Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0) http://revistadeindias.revistas.csic.es