Filosofía: el pensar in fraganti
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Revista de cultura, pensamiento y saberes Tehura Revista de cultura, pensamiento y saberes nº 8 nº 8 Tehura
Revista Tehura Nº 8 2www.tehura.es Revista Tehura: número 8, 2015. ISSN: 2254-0830 Edita: Tehura Asociación Cultural Iberoamericana. CIF: G85191617 Comité de Redacción Director: Darío Barboza Martínez Secretario: Antonio Heredia Fernández Vocales: Mariana Gema Sánchez Hernández, Santiago Úbeda Cuadrado, Nicolás Gálvez Montaño, María Ángeles Rubio García y Daniel GriloDaniel Grillo Bartolomé. Diseño: Gerardo Weiss Dirección postal: Paseo del Rey, nº 18, bajo A. 28008 Madrid, España Tel: 913559140 E-mail: [email protected] Página Web: http://www.tehura.es Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento, No Comercial, Sin Obra Derivada. 3.0 España (CC BY-NC-ND 3.0 ES) Términos de la licencia: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ Foto de portada: Portón de La Corrala (UAM) realizada por Cristina Calatrava; Contraportada: autoría Más Filosofía
Nº 8 3 www.tehura.es Revista Tehura 21 33 SUMARIO Presentación Manifiesto del Día Mundial de la Filosofía Más Filosofía Preguntando a los y las organizadoras ¿Por qué filosofía?: Una ocasión para el encuentro Sergio Martínez Botija, Pedro Herrero Díez, Jesús Pinto Freyre y José María Santamaría, Florentino Blanco La filosofía hoy: ¿por qué filosofía? ¿para qué filosofía? Concha Roldán, Roberto R. Aramayo, Txetxu Ausín, Francisco Blanco Brotons, Ricardo Gutiérrez Aguilar, Jordi Maiso, Reyes Mate, Victoria Mateos, María G. Navarro, Lorenzo Peña y Gonzalo, Eulalia Pérez Sedeño, Antolín Sánchez Cuervo, María Jesús Santesmases y Agustín Serrano de Haro El papel de la mujeres en la docencia y en la investigación de la filosofía Esperanza Rodríguez Guillén, Stella Villarmea y Concha Roldán Filosofía y videojuegos Gonzalo Laguarda Pozo Autoconservación, contractualismo, y lucha por el reconocimiento: el reto de Hobbes y la respuesta de Hegel Guillermo Flores La metafisica de Breaking Bad: lo bueno de volverse malo Ignacio González García Conócete a ti mismo: el juego de la identidad Myriam García Rodríguez Pensamiento y argumentación. La Logic-Based Therapy como modelo de transformación de creencias Omar Linares Huertas Sueño, creación y tiempo en María Zambrano Remo Ruiz Una propuesta reflexiva: por una ética humana de la animalidad Sara Martín Blanco Filosofía práctica y discapacidad Soledad Hernández Bermúdez La práctica filosófica y la radio como herramientas en la intervención psico-social en clave de humor Soledad Hernández Bermúdez y Javier Benito Palacios Taller de filosofía sobre la cuestión de “lo generacional” -materialesDarío Barboza Martínez y Daniel Grilo Bartolomé Atrévete a pensar: el lema de la Ilustración Luis María Cifuentes Pérez Necesidad de la Filosofía en la educación: #Salvemoslafilosofía Más Filosofía Sobre la felicidad como obra en lucha en el trabajo del conocimiento Nicolas Martino Directorio de talleres Más Filosofía 2015 Normas de publicación Fotografías del Dossier: Cristina Calatrava y Sergio Andres Garcia 47 5 7 10 73 83 95 107 115 125 131 141 151 159 167 169 173 177 185
Revista Tehura Nº 8 36 www.tehura.es filosofía se relaciona con este tipo de preocupaciones al menos a través de su tan molesta, para algunos, manía de cuestionar y examinar principios fuertemente establecidos, para ayudar al desarrollo de ciudadanos críticos que sean capaces de explorar y generar formas de organización política que puedan reconocer como suyas, adaptadas a su siempre renovada forma de entender el mundo y sus vidas. Desde mi punto de vista político, la filosofía tiene mucho que ver con la libertad. Como acabo de decir, mi terreno de estudio es la filosofía política, un ámbito reflexivo que intenta traer la filosofía más acá, ponerla en contacto con nuestros problemas reales surgidos de nuestra convivencia con otros. Hoy nos preguntamos aquí, ¿tiene la filosofía todavía algún sentido? Yo quiero añadir también la siguiente pregunta: ¿tiene la política todavía algún sentido? A esta segunda pregunta, Hannah Arendt le dio una respuesta contundente: “el sentido de la política es la libertad”. Quiero matizar aquí esta afirmación, pues es evidente que no todo lo que llamamos “política” tiene por sentido la libertad. Es difícil ver que ese juego de amiguismos, presiones, intereses electoralistas, etc, al que vemos jugar todos los días a nuestros políticos tenga por sentido la libertad. Creo que la frase de Arendt se vuelve cierta si consideramos una forma bastante peculiar de política, esto es, cuando ésta es atravesada de filosofía: la política adquiriría su sentido de libertad cuando es impregnada de filosofía. La buena política es filosófica, pues el sentido de la filosofía es la libertad. Quiero con esto reafirmar el potencial liberador, transformador o revolucionario de la filosofía: la filosofía se empeña, aún con fuertes vientos en contra, de cultivar contextos de reflexividad: espacios donde todos nosotros podamos cuestionarnos sobre el sentido del orden establecido, ponerlo a prueba y abrir la posibilidad de su resignificación, redefinir los referentes de sentido vigentes y las formas de cohesión social. Intentar establecer una distancia con los órdenes hegemónicos, distancia que aquí denominaré el espacio filosófico-político de la libertad. Para hacer posible este espacio es necesario que nos abramos a la pluralidad de los puntos de vista. La filosofía, en su potencial liberador, me parece que está estructuralmente abierta a la pluralidad de las personas, pues son sus diferentes formas de ver y de pensar de las que se alimenta la filosofía y la que permite abrir ese espacio de libertad. El impulso a la reflexión y al cuestionamiento de nuestros sistemas sociales y la aceptación de la pluralidad y la diferencia de las personas, tomar sus perspectivas y reflexiones en serio y de igual valor que las mías (o que las nuestras): ambos factores me parecen centrales en esta filosofía cuyo sentido es la libertad. La filosofía, desde esta perspectiva no pretendería darnos un sistema acabado de cómo el mundo debe en justicia ser, ni principios eternamente válidos de comportamiento, sino catalizar los movimientos que rechazan el orden hegemónico y elaborar los espacios de disenso para la producción reflexiva de nuevos ordenes más justos, esto es, órdenes más nuestros (de todos nosotros). Cuando alguien se pregunta sinceramente si la filosofía es algo que vale hoy en día para algo, o cuando nuestros gobernantes eliminan la filosofía de los planes de estudio de nuestros futuros ciudadanos, creo que estamos ante síntomas de un problema que demuestra, con fuerza renovada, que la filosofía aún es importante hoy y tiene mucho por hacer, precisamente porque la libertad está en crisis. Y a menos libertad, nuestra respuesta correctiva debe ser más filosofía. Por eso actividades como las de estos días son una buena iniciativa, aunque también pueden ser ecos de nuestros errores pasados, pues todo día debería ser día de filosofía. Filosofía: el pensar in fraganti. Ricardo Gutiérrez Aguilar (IFS-CSC, Grupo Theoria cum Praxi) En este raudo correr actual de los tiempos y de los planes de estudio, esos currículums que también vienen al fin y a la postre a correr como su propio nombre indica, la sospecha que pende como acusación sobre la actividad filosófica se ha vuelto decreto tras decreto más que evidente. In flagranti delicto, la Filosofía como actividad roza la inconveniencia. Un mal gesto en un mal momento. Es ahora mismo una costumbre superflua cuando no una mala costumbre. Más que lujo, clasificación esta que siempre tendrá defensores que la empujen hacia las alturas por esto del confundir precio con excelencia, sería la Filosofía una extravagancia. Superficial
Nº 8 37 www.tehura.es Revista Tehura sin más. Así visto, diríamos que a tiempo aún está el legislador de acabar decidiéndose y deslizándola desde lo incómodo para las buenas maneras –se comienza por filosofar y se acaba comiendo sin ayuda de cubiertos, maldiciendo, dejando de honrar la propia palabra y hasta faltando a misa algún que otro domingo– a lo peligroso y que atenta contra el sano orden social y la cosa pública. Ponerse a filosofar así tal cual sacaría poco menos que al individuo a un estado de excepción que no es que no pueda permitirse, sino que no debe tener derecho a permitirse. El Calicles platónico decía entonces bien: algo tiene de censurable aquél que se dedica cuando no tiene que, a actividades que no tienen porqué. La Filosofía es un juego sin obligaciones propio de los infantes. El adulto que quiere jugar criminaliza la misma actividad al sacarla de su contexto. Esto no, ahora no. No se nos entienda mal. Calicles siempre me ha resultado simpático porque junto a los borrachos y esos niños de que habla, creo que dice la verdad. Dice esa verdad que es la honestidad de las primeras respuestas y evidencias, la del sentido común. También creo sin embargo que le falta por decir algo más. Le falta una segunda navegación –que diría Platón. En el pensar nos hallamos en el medio mismo y dentro de la misma actividad, y por eso puede decirse sin ambages que en tanto inmediata es una original, y que en tanto original, es una primitiva. Aproblemática. No hay forma alguna de reducirla a una tarea anímica más esencial. No hay remonte, no hay momento previo. La descubrimos en flagrante delito. No hay forma alguna de negar éste ni de andar ocultándolo. Puede alegar uno también aquello de ser inocente respecto del mismo por ser trivial: nos descubrimos pensando. No tenemos más respuestas que esta evidencia, no somos responsables más allá de esto. No hacemos cuentas, no pagamos tasas y no tenemos deudas… y sí, con ello quizás queda la carga de la prueba para nuestro Calicles bien servida. No tenemos aquí más obligaciones. De persistir en semejantes actividades nos venimos a desentender de aquéllas. Es decir, que no entendemos que las tenemos, vamos. Resulta que al final –ironía– es un problema de entendederas. Pero la prueba de Calicles es una de muy liviano peso. Porque de que que no tengamos más aquí obligaciones no se colige que no las tengamos más allá. No por natural, no por primitiva, carece la actividad del pensar de una τέχνη, una técnica u órtesis para el buen desempeño de esta práctica. Y sí, esa técnica no es otra sino la filosófica. En determinado momento, Jaspers llega a decir preguntado por todo esto que sólo en ciertos enfermos mentales y en los chiquillos se da propiamente la excelencia filosófica. Solo ellos despuntan sin cuestionamiento. Por caminos no usuales, por caminos no hollados, deambulan aquellos extraños compañeros de viaje tomados de la mano. La certeza de las cosas particulares que reclaman la atención más urgente del adulto, la utilidad de corto recorrido no los importuna. Nada tiene que hacer ésta con el excéntrico y con el niño. En esto radica la patología, en el desvío de la ruta convenida. Así claro que la Filosofía es patológica. Es, de hecho, extravagante. Pero lo es porque cifrando su instrumento técnico en la duda, en la pregunta, en el dilema que se demora en cada curva del camino por abierta no puede no tener que serlo. Y claro, cada una de estas curvas requiere un tiempo de recorrido. Así de seria es la tarea. Es una actividad de segundo orden, una sobre lenguajes-objeto, claro que sí. Pero no por ello es superflua, pues en su extravagancia se pone sobre las espaldas una terrible exigencia: se compromete a tratar siempre sus objetos en su totalidad, en su universalidad, y esto vale tanto como decir que se responsabiliza por todas y cada una de las posibilidades del mismo objeto. Una tarea tan seria diríase que es desde luego encargo para un adulto. La seriedad del filósofo puede no ser la que desea Calicles para su ciudadano, ocupado como está en sus negocios frente al crío, que peca de no estar ocupado sino de estar entretenido. Ocioso. Pero la de este ‘niño’ es la seriedad mortal y esencial de la autonomía. La originalidad y responsabilidad primitiva de hacerse cargo del propio pensar y de los propios pensamientos… “No es necesario que una persona tenga una edad avanzada o que haya pasado por la universidad para que pueda dar cuenta satisfactoriamente de las respuestas que se le piden a los interrogantes corrientes sobre su pensar. Un niño que jamás
Revista Tehura Nº 8 38 www.tehura.es haya oído una sola palabra sobre el discurso psicológico o filosófico no se hallará en lo más mínimo avergonzado a la hora de que se le pregunte sobre lo que ha estado pensando mientras se balanceaba en su columpio […] Aún así, por muy familiar que nos sea la tarea de contar pensamientos, una muy distinta tarea nos pone en el siguiente aprieto, y éste aprieto es en el que nos meten el psicólogo y el filósofo, es la tarea, digámoslo así, de explicar en qué consistiría el hecho mismo de tener estos pensamientos” . (Ryle, G. “A puzzling element in the notion of thinking”, en Collected Papers. Vol. 2. Collected Essays, 1929-1968, Hutchinson & Co., London, 1971, p. 392). Por qué aún Filosofía Jordi Maiso (IFS-CSIC, Grupo JUSMENACU) Cuando un gremio –como en este caso el de los filósofos– se aúna para reivindicar la relevancia de su actividad, inevitablemente suscita suspicacias. En el horizonte de una crisis de civilización a nivel económico, socio-ecológico, político y de reproducción social, parecería sin duda que habría cosas más importantes de las que ocuparse, que intentar salvar, que una disciplina cuya funcionalidad ya no es evidente de suyo. De hecho, en las relaciones sociales actuales, la filosofía, con su insistencia en el trabajo del concepto y en pensar las cosas hasta el final parecería tener algo de anacrónico, de intempestivo. De hecho, las fórmulas que permiten augurar un futuro a la filosofía son aquellas que la permiten ajustarse a funciones –legitimadoras o decorativas– que le vienen asignadas desde fuera: su deriva es hacia el coaching, los comités de bioética o la obligada cita a Kant para ennoblecer un discurso político más bien menesteroso. ¿En qué medida es entonces aún posible una filosofía crítica? Su supervivencia en un medio académico cada vez más racionalizado es más bien incierta. Buena parte de la filosofía crítica reciente ha estado tan afanada en asegurar su fundamentación normativa que ha acabado volviendo la espalda a los problemas reales; en el mejor de los casos aspiraba a dirimir si las protestas sociales contaban con una legitimación sólida, pero no a esclarecer las causas del sufrimiento socialmente provocado. En las últimas décadas han surgido también planteamientos que han puesto el énfasis en lo simbólico y lo discursivo que han cimentado planteamientos críticos capaces de sobrevivir en las nuevas reglas del juego universitario, pero en cierto modo se han visto sobre pasadas por la dinámica social. Ante el recrudecimiento de las relaciones sociales, la filosofía tiene que enfrentarse a las condiciones materiales de la vida social, al modo de producción y reproducción del que depende la subsistencia de sus integrantes –y de la filosofía misma–. La filosofía hoy tiene que aplicar el trabajo del concepto al análisis de los callejones sin salida –ecológicos, económicos y sociales– a los que nos aboca una sociedad capitalista que supedita los intereses y necesidades humanas al único objetivo de valorizar el valor. Frente al creciente malestar difuso en sociedades que van descubriendo la creciente irracionalidad del mundo en el que viven, la filosofía puede enseñar que la crítica no es una pasión de la cabeza, sino la cabeza de la pasión. La crítica necesita de trabajo del concepto, de reflexión: porque la realidad no resulta comprensible ni transformable de modo inmediato. Pero el pensamiento crítico vive a su vez de un impulso pre-filosófico. Frente al sobrio realismo que se pliega a las relaciones de fuerzas, exige que el deseo vuelva a ser padre del pensamiento. Si el pensamiento se resigna a su impotencia real y mata a su padre, el deseo, éste se venga condenándolo a la banalidad. El joven Marx nos legó el imperativo de “derribar todas las relaciones sociales en las que el ser humano es una criatura degradada, esclavizada, desamparada y despreciada”. Por supuesto, la filosofía por sí sola no puede derribar ninguna relación social. Pero si pierde de vista este objetivo, por su lugar en la división social del trabajo, se pondrá del lado de la violencia con la que las relaciones sociales se imponen a los individuos. Mientras dicha violencia persista, la relación de la filosofía con los modos de actuar y las relaciones sociales solo puede ser de conflicto y crítica.