Caspe y el escultor Manuel Albareda
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~ GRUPO CULTURAL CASPOLINO ~. G INSTITUCION FERNANDO EL CATOLICO ~ SEPARATA DE CUADERNOS DE ESTUDIOS CASPOLlNOS V Caspe, Octubre 1981
PRESENTACION Es del saber' común que se necesita más fuerza para continuar una empresa útil, que para emprenderla. Hay muchos números uno en las estantedas de bibliotecas, en cuya justificación de existencia, se hace profesión de periódica continuación. Muchas veces los buenos deseus naufragan en tempestades personales o en temporales económicos. En el Grupo Cultural Caspolino tenemos suerte. Las personas col aboran cada vez con mayor entusiasmo. La ilusión por el trabajo bien hecho, genera nuevos trabajos. La decidida voluntad de ser útiles en la estructura cultural del entorno, va tomando forma en estos Cuadernos, en otras pub li caciones, y en otras activ idades. Las personas son nuestra mayor fuerza. La investigación requiere paciencia, tiempo, estudio, trabajo. Las más de las veces sin otro reconocimiento o premio que la satisfacción personal, que no es poco . Por otra parte la Institución Fernando el Cató li co nos alie nta moral y económicamente a continuar nuestra andadura. Andadura que hoy tiene un hito important e: El Quinto Cuaderno de Estudios. Obligado es comentarlo un poco. Para muchos la Historia es cosa muerta. Para Enrique Solano Camon es algo tan vivo que le hace vivir, sumergido e ilusionado en el siglo XVII. Nos reunimos en el Hotel Parí~ para comentar su trabajo, tras varios contactos previos. Era una suerte oirle en un tema que dominaba con erudición propia de más edad. Disfru taba, creo yo, enseñándome l os mapas de las batallas y de las acciones bélicas. Enrique conoce el Caspe de la primera mitad del siglo XV Il, mejor que muchos conocemos el Caspe que nos toca viv ir. Mucho de ese saber nos lo ofrece en el primer trabajo de este Cuaderno. Si la Historia puede ayudarnos a forjar nuestro futuro, aqu í hay claros ejemplos de la forma de ser y reaccionar de los caspa linos de hace doscientos cincuenta años. En la Bibl ioteca Municipal hay mucho y mucho bueno. Debíamos frecuentarla más. Un botón para muestra: el Madoz. Lea lo tratado en la sección de Geografía, y a lo mejor se sa ,ca la tarjeta de lector de la Biblioteca. Cien pesetas año. No quisiéramos que la investigación sobre temas caspolinos fuese únicamente basada en hechos y temas pasados. El nombre de nuestra Ciudad es sí mbolo y bandera. Nos emociona escucharlo y nos honramos en pronunciarlo. Por eso hemos querido dejar constancia que hoy, verano· del 8', una de las más céntricas ca ll es de Barcelona. se llama Caspe. Seguramente por méritos de algunqs de nues-
ARTE
CASPE y EL ESCULTOR MANUE L ALBAREDA Por WIFREDO RINCON y ALFREDO ROMERO No todas las ciudades pueden preciarse de tener famosos hijos cuyo nombre, unido siempre a su historia, sirve de eficaz reclamo para profundizar en los estudios y atenciones que merecen los más variados aspectos de su cultura, tradiciones y en definitiva de su pasado, ya sea o no prolijo en acontecimientos. Todos son importantes para la historia. Caspe, ciudad que puede presumir de haber dado ilustres personalidades al mundo de las artes, las ciencias y las letras, se suma a este generoso ejemplo Y, as(, presentando en estas páginas la figura del escultor Manuel Albareda Canttlvilla, nos acercamos con entusiasmo al apasionante mundo de las historias locales, paso indispensable para la reconstrucción de otras más ambiciosas y extensas por su general idad. MANUEL ALBAREDA CANTAVILLA La personalidad de este no muy conocido escultor aragonés ocupa casi un siglo de la historia de Caspe. Su figura y su ob ra son el arranque de una gloriosa dinastía de escultores e imagineros, pintores y restauradores que en su cuarta generación, formada por Miguel Angel y Jorge Albareda Agüeras, sigue manteniendo las mismas convicciones e inquietudes artísticas de su fundador. Nació Manuel Albareda Cantavi ll a en la ciudad de Caspe el día 1 de enero de 1828, en el seno de una familia acomodada de labradores, que ya tenía antecedentes artísticos en la figura de su abuelo, afamado constructor y realizador de numerosas obras de carácter plenamente barroco durante el último tercio del siglo XV 111. El escul tor del que nos ocupamos cursó sus primeros estudios en su ciudad natal y más tarde, animado por su padre, se trasladó a la villa de Quinto de Ebro para estudiar dibujo con un profesor de esta disciplina que, a la sazón, desempeñaba el cargo de Secretario de aquel Ayuntamiento. Su estancia en dicho lugar no debió ser muy prdlongada ya que hacia el año 1845, aprendidos los primeros rudimentos - 61 -
• de la profesión, marchó a M ir ambel (Teruel) para estudiar en - un antiguo taller de escultura en madera tan noble of icio. El taller de Mirambel, que llenó de esculturas religiosas todas las iglesias del Maestrazgo, estuvo ligado a la familia de los Ferrer, cuyos individuos más sobresalientes fueron Ramón y su hijo Pedro. Del primero, se conoce, como obra importantísima, la imagen del Santo Cristo de la ig lesia parroquial de Valdealgor·fa (Terue l' y, además, la escultu ra de San Ramón Nonato en la ermita de Nuestra Señora de lo s Pueyos de la ciudad de Alcañiz; también se le conoce como autor de las esculturas de San Fernando y Santa Cristina de la iglesia patriarcal del Buen Suceso de Madrid, mandadas colocar por Su Majestad, hacia mediados de aquel si: glo, para honrar el nombre de lo s reyes Fernando VII y María Cristina de Barbón. Posteriormente fue nombrado Académico supernumerario de mérito por la escultura de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando el día 5 de julio de 1835. De su hijo Pedro, conocido en todo el Maestrazgo por el sobrenombre de "Peret", se conocen menos obras, pero entre las que hay que citar el bajorrel ieve en yeso que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866, representando alegóricamente La Decadencia del Imperio Romano. La prensa madrileña se ' hizo eco de su muerte, en abril de 1875, "a resultas de los malos tratos de los Carlistas", cuando era teniente de alcalde de su pueblo de origen. Pero nuevamente el joven escultor Manuel A lb areda, con su continuo trasiego, iba a ver cambiada su residencia, una vez que se hubo adiestrado en los secre· tos de la talla en madera en el ta ll er de los Ferrer y, así, llegó a Zaragoza en el año 1849, siendo admitido como alumno de la Real Academia de Nobles y Bellas Ar· tes de San Lu is y autorizándosele, en el siguiente año, el paso al primer curso de Arquitectura bajo la experta dirección de don José de Yarza y don Joaqu ín Gironza. Un acontecimiento importante, como fue la venturosa llegada a Zaragoza del esc ultor murciano Antonio José Palao Marco en 1851, va ' a hacer reavivar en el joven estudiante de arquitectura la ll ama de su amor por el dibujo y la escultura de sus años de estancia en Quinto · de Ebro y Mirambel. Y as( pues, comienza a estudiar con gran brillantez este arte de la escultura ba jo el magisterio de Antonio Palao, quien supo ya en esos primeros momentos valorar la fuerte personalidad aro tíst ica y las enormes dotes del inquieto escult or caspolino, considerándole asímismo como su discípulo más aventajado y, desde un primer momento, su futuro y má!i íntimo colaborador. Concluyó los estudios de escul tura en el año 1854 y, tras lo cual, pasó a ser colaborador y ayudante fijo del escul tor Palao en su taller-estudio, viviendo incluso en la misma casa de su maestro, quienes por lo demás, maestro y alumno, Ite· vábanse tan solo cuatro años de d if erencia en la edad. La colaboración entre ambos escultores, fortalecida por una fraternal y larga amistad, fue muy importante; en consecuencia, es muy factible que Manuel Albareda ayudase en aquellas obras que el escultor murciano recibía como encargo. De entre todas la s obras que Palao rea liz ó en aquellos años en los que le tuvo como ayudante fijo, debemos de destacar la ejecución del ambicioso proyecto del -62 -
monumento a don Ramón Pignatelli; el primero que se alzaba en la cil!dad de Zaragoza en la llamada Glorieta (actual Plaza Aragón) y que cedió su lugar, en 1904, al novísimo monumento conmemorativo del Justiciazgo, al ser trasladado aquel a la "Playa de Torrero", frente al Canal Imperial de Aragón; la gran obra que los desvelos de Pignatelli consiguieron hacer realidad. La primera piedra de aquel monumento fue colocada en 1857. Hizo el boceto de la figura escultórica Antonio Palao que amplió a su definitivo tamaño (3 metros de altura) Manuel AIbareda, siendo fundida en bronce en los Talleres Ecky Durand de París y definitivamente colocada en 1859. Al cumplir los treinta años, en 1858, Manuel Albareda abandonó el ta lle r y casa de su maestro, muy a pesar de los deseos de Palao que estaba sumamente ilusionado en perpetuar la colaboración entre ambos escultores. Lo quiso así para retornar a Caspe, su ciudad natal, donde por espacio de muchos años, prácticamente toda su larga vida, se dedicó a la enseñanza de las artes en las que ya era un consumado maestro, y a la realización de obras escultóricas en su propio taller. A su ll egada a Caspe, envió a numerosas familias caspoHnas un anuncio impreso en la vecina Alcañiz ese mismo año, realizado en la imprenta de Urpiano Huerta, uno de cuyos ejemplares se conserva enmarcado en la oficina del actual taller de los Hermanos Albareda "Arte Cristiano". Su texto es el siguiente: uANUN_ CID. Don Manuel Albareda, alumno antiguo de la Academia de Nobles Artes de San Luis de Zaragoza, premiado en la misma como tal, por sus adelantos en el dibujo natural, desea establecer en la villa una sala de dibujo y adornos para que la juventud caspolina no carezca de una instrucción tan necesaria, principalmente la clase artista y sociedad de buen gusto; poniéndolo en conocimiento de Vd. y familia para que si gustan honrarlo con su l1sistencia, aprovechándose de sus adelantos conseguidos en fuerza de trabajos y estudios, con catedráticos de mayor nota, podrán verificarlo en la calle Morera núm. 11 (escrito a mano) para lo que será preciso e indispensable, convenirse en la hora que deban dar priQcipio y concluir dichos estudios. Seflor Don ... Alcañiz, 1858. Imprenta de Urpiano Huerta. El taller-academia como especificaba en su anuncio, lo 'abrió en la calle Morena núm. 11 y a él acudieron numerosos alumnos que aprend ían, fundamentalmente, dibujo, escultura y decoración. Entre los más aventajados se encontraba su propio hijo Jorge Albareda Cubeles que nació en Caspe el 23 de abril de 1865 de su matrimonio con María Cubeles, hija de una acrisolada familia caspolina. Además estudiaron con él otros incipientes artistas como Hermenegildo Estevan, Ramiro Ráfales y Agustín Lap. Poco tiempo tardó Manuel Albareda en recibir encargos tras su comp leta instalación en su Caspe natal, como lo demuestra el hecho de tener que esculpir las puertas del Ayuntamiento de la ciudad -de las que más adelante haremos especial incidenci afirmad as y fechadas en 1859; las cabezas y los brazos para los gigantes de 1as fiestas junto con Miguel Larrosa en mayo de 1861 y la caja de madera en la que fue depositado un curiosísimo documento que hacía una relación precisa de la vida de la ciudad en el año de entonces 1863,' para ser colocada en uno de l os machones de piedra construidos para el puente que se estaba haciendo en sustitución del que, sobre el río Guadalope, hab ía sido dest ruido por la riada ocasionada tras la tempestad de la noche del 29 de mayo de aquel mismo año. - 63 -
La catalogación y estudio de las obras de este escultor, aunque todavía sin realizar exhaustivamente, incluye muchos ejemplos tales como el paso procesional del Jueves Santo caspolino de Jesús ante Pilato; la pi la bautismal de la ex-colegiata de Santa María, cop ia de la existente en la catedral de San Salvador (La Seo) de Zaragoza, y la estatua y .retablo de San José de Calasanz para el mismo templo. Su taller de "Arte Cristiano" estuvo instalado en Caspe hasta poco después de que su hijo Jorge entrara a formar parte, en 1895, del claustro de profesores de la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, cuya dirección ostentaba el escultor zaragozano Carlos Palao Ortubia, hijo del eminentísimo maestro de su propio padré.-Dicho director convenció a Jorge para que trasladara a Zaragoza el taller paterno, debido a los pocos horizontes y perspectivas económicas que se .vislumbraban para el veterano taller en su ciudad de origen. Volvió a darse así el binomio Palao -A lbareda nuevamente, siendo este segundo caso no menos gratificante que lo fuera el predecesor, para bien de la escultura, no solamente zaragozana, sino también aragonesa, pues bajo el magisterio de las dos generaciones de Palao y Albareda, se han ido formando -en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragozatodos los escultores que esta región ha dado en los últimos tiempos. Queda por desvelar, por lo menos documentalmente, la participación de Manuel Albareda en dos de las obras más importantes de Antonio Palao: el paso procesional de La Entrada de Jesús en Jerusa lén (1862-1863) Y La Piedad (1871), ambos para la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza que deb ían figurar en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo. Parece ser que su colaboración "fue muy notable y significativa -aunque, repetimos, no probada documen - talmente-, y el hecho de encontrarse el boceto de La Piedad en posesión de la familia Albareda es un gran apoyo para mantener esta afirmación. La imagen de La Piedad se conservaactualmente, mientras que el paso de La Entrada de Jesús en Jerusalén fue quemado en abr il de 1935 desaparedEmdo en su totalidad, pero del que afortunadamente queda el boceto en madera policromada que pertenece a la colección particular de don Enrique Olivar, de Zaragoza. En 1915 murió en Caspe este egregio escultor, que fue maestro en su oficio y en su arte y que trabajó la talla en madera, la escultu ra en piedra; que dominó a la perfección la pintura y el dorado, y que demostró a lo largo de su vida sus buenas cualidades para la ebanistería y los trabajos de mec~nica. EL AYUNTAMIENTO DE CASPE De los edificios más singu lares que tiene la ciudad de Caspe hay que hacer mención forzosamente del que desempeña l as funcion es de Casa Consistorial. Sabido. es, que la inmensa mayoría de nuestros pueblos y ciudades alardean siempre de poseer unos bellos o soberbios edificios destinados a este fin, porque se representa con ellos el espíri tu y el orgullo de toda la comunidad; son el eje de toda la vida pública y administrati va de la ciudad, y el lugar donde se guardan los más importantes tesoros cívicos de su pasado histórico. Sus archivos son una de las -64 -
fuentes más ricas a donde hay que acudir para indagar los datos precisos de su pasado y reconstruir de esta forma las historias locales a las que antes hacíamos alusión. De esta forma pues, la ciudad caspolina representa con su magnífico ayuntamiento todo este sentir común, y aún podría afirmarse que en demasía, si es que estos edificios son la medida. Se al za majestuoso, con sus severas líneas clasicistas, en la plaza de España, junto al no menos maravilloso palacio de los Barberán, construido en 1627, como se puede leer en la cartela que figura sobre su bal· cón central. Domina con su monumentalidad toda la dicha plaza, frente a ,las antiguas arcadas góticas, de perfecta sillería, que en o tro tiempo la rodearon por completo; hoy apenas quedan visibles unas cuantas. Pero antes de entrar en su estudio, advertimos que no vamos a tratar de la historia del anterior edificio que fue ocupado por el ayuntamiento, sino establecer las bases que permitan la mejor comprensión de la historia del que existe en la actual idad. Las antiguas Casas Consistoriales fueron incendiadas en el mes de junio de 1837 durante uno de los episodios más crueles que se recuerdan de las guerras Carlistas y que tanta incidencia tuvieron en estas tierras. Quedaron prácticamente destruidas y con ellas desaparecieron los documentos de su antiquísimo archivo, incluso parte de él que hab ía sido trasladado el día 7 de marzo de 1836 al castillo para preservarlo de las tropas de don Carlos. Los planos del nuevo edificio fueron diseñados por el aquitecto provincial Pedro Martínez Sangrós, quien se encontraba en Caspe el día 8 de junio de 1848 para realizar los planos de las nuevas cárceles, y fue entonces cuando se aprovechó esta circunstancia para tratar con él sobre la realización de los planos y la dirección de la obra. Este arquitecto fue el promotor y autor de los planos del antiguo edificio de la Diputación Provincial de Zaragoza, proyectado en 1850 e inaugurado ocho años después. La comparación de ambas obras (el ayuntamiento caspolino íntegramente conservado y la Diputación Provincial zaragozana remozada y alterada en los años 40 de este siglo) hace ev id ente la misma autoría para las dos. Con el fin de sufragar los gastos que estas obras ocasionaron, se acordó el mismo día 8 de junio de 1848 imponer como sobretasa un real de vellón por "molada" de oliva, y esto por espacio de cuatro años. La situación de estas Casas Consistoriales debía ser extrema cuando el día 17 de julio de 1851 se juzga como cuestión apremiante el trasladar las dependencias municipales al antiguo convento de San Agustín, para lo cual se comunicó al Jefe Poi ítico (figura que actualmente encarna el Gobernador Civil) este deseo, que por lo que parece no se d.ebió llevar a cabo con la celeridad pretendida en su momento. Poco después, el día 8 de septiembre de ese mismo año, se realiza un trasiego de puertas Que alteran notablemente la fisonomía de algunos edificios; así, se puede constatar como las magn íficas' puertas del abandonado convento de Santo Domingo fueron llevadas y colocadas en el ayuntamiento; las de éste, trasladadas a la col'egiata e jnstaladas en la puerta ll amada del Caritatero, y éstas, a su vez, de pésima calidad, se destinaron al convento de Santo Domingo. -65 -
I En el mes de febrero de 1855 el ayuntamiento se había acomodado en el ex-convento de San Agustín, en donde también estaban las escuelas municipales. El día 22 de ese mismo mes, con el fin de poder reedificar las ant iguas Casas Consistoriales, se solicitó a la Diputación Provincial el poder vender una "Iámina" c0!1tra el Estado por val or de 265.500 reales de vellón para emprender la construcción de dicha fábrica, demanda a la que accedió la Diputación y permitió comenzar en breve dichas obras. De esta forma, el grueso de las obras estaba finalizado en el año 1858, si bien durante el año 1863 todavía quedaban pendientes de concluir algunas partes. Por los planos y la dirección de la obra, el arquitecto Pedro Mart ínez Sangrós percibió la cantidad de 2.000 reales de vellón. LAS PUE RTAS DEL AY UN TA MIENTO En el contexto de estas obras hay que situar unas de las más felices realizaciones del escultor y tallista Manuel Albareda: las puertas del ayuntamiento caspolino. En total hizo cinco puertas, todas ellas bellamente decoradas, de las cuales cuatro están instaladas en el piso pr in cipal, en lo que actua lm ente es el salón de sesiones; la otra, la mejor engalanada y la de más fina talla, es la puerta de acceso abierta a la calle; en ella el artista además de poner todo su esmero dejó constancia documental de su hacer, firmando y fechando su trabajo con una inscripción que se lee: Manuel Albareda fecit 1859. Iconográficamente en las puertas de l piso superior quedan representadas las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza, cuya sim· bología es muy usual en este tipo de edificios civiles; pensemos, por ejemplo en el Palacio de la Signaría de Siena, cómo alegóricamente se representan en unos magistrales frescos de Ambrogio Lorenzetti , realizados entre 1338 y 1340, "il buon governo" y, frente a él, "il mal gover'no" en la ll amada "Sala della Pace" donde se regulaba la vida de la república sienesa y todos los asuntos de su gobierno. En estas colosales pi nturas aparecen con clara significación iconológica las alegorías antes mencionadas, quiere ello decir que estas virtudes deber ían ser continuamente observadas por los representantes del poder de aquella repúbl ica; pero si hacemos una transposición a las representaciones que. de ellas se hacen en las puertas del ayuntamiento caspolino, las significaciones vuelven a ser las mismas: el deber inexcusable ~e los munícipes de ser virtuosos para con los ciudadanos, y la garantía de que en ese lugar se actúa con ejemplaridad. Ahora bien, no . estamos en condiciones de poder af i rmar si el contenido iconológico de estas puertas fue una li bre rea li zación del escul tor Manuel Albareda o si, por el contrario, fue una i mposición municipal estipulada en el encargo de la obra . Lo mismo puede decirse de la puerta principal; en e ll a se represénta, con un más Jico programa iconográfico y donde se puede constatar la destreza del escultor, la historia de la primiti va vi lla y la simbolog(a de su escudo . Decimos villa porque ésta no fue ciudad hasta el día 21 de abril de 1861, dos años después de la fabricación de d ichas puertas, y esto viene a colación porque más adelante, cuando expliquemos di- -66 -
I N O I e E PRESENTACION .. . . ...•. . Hi STO RIA ..... . .. .... . . . . La unión de Armas y la V il la de Caspe (1.626 ·1.652) Enrique Solano Carnon GEOGRAFIA ............ . La v oz "Caspe" en el Diccionario Madoz AC TU ALI DAD ........ . . . . La calle Caspe de Barcelona. JavieiPérez Senz y Alberto Serrano Dolader ARTE . .. ............ . . Caspe y el escultor Manuel Albareda. Wifredo Rincón y Alfredo Romero. El Mausoleo r omano de Miralpeix. Ricardo Centellas Sa/amero. ME DiCiNA . .... .. . .. . .. . . . ... ....... .. . . Sugerencias para la planificación sanita ria de la Comarca de Caspe. Manuel Albiac Guiu. MUSICA .......... . El Bolero de Caspe. Partitura. Comentario Ju an Pérez Ribes. Página 3 5 35 49 59 81 91
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