El Doctor Juan Muñoz Peralta
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EL DOCTOR JUAN MUÑOZ PEHALTA COMENZAl\tIOS apenas a valorar la ingente contribución de los descendientes de antiguas familias hebreas a nuestra cultura patria. El catálogo de ingenios probable o seguramente conversos aumenta con tal rapidez que el resumen que de ellos hice hace sólo cuatro aüos 1 casi podría ya duplicarse. Hoy !me place dar a conocer la figura del médico eminente cuyo nombre encabeza estas líneas) el último, juntamente con la de su compañero Mateo López Zapata, que debiera sufrir persecuciones por su estirpe ya en pleno siglo XVIII. Confio demostrar que es injusto el olvido en que se le tiene, y que se le debe considerar como uno de los artífices de la renovación intelectual de España en aquella centuria. Creo superfluo insistir en la estrecha vinculación que existió entre los judeoconversos y la profesión médica; sólo recordaré que, si en la Edad Moderna no tuvieron ya sobre ella un monopolio virtual como en la Media, su predominio, en cantidad y calidad, fue lo bastante grande como para hacer ineficaces las medidas legales que contra ellos se adoptaron. Los ejemplos son tan numerosos como elocuentes; hasta la Inquisición tenía que transigir con ellos a falta de otros. En 1575 el inquisidor de Logroño Mamique comunicaba a la Suprema : «Por tenerla Inquisición 1. En «La cIase socia, ,1<' JO$ conversos en Castilla en la Edad Moderna)}, Madrid, 1955; inserto también (sin apéndices) en el tomo 3.° de los «Estudios de Historia Socid de España». ' - 41 -
necesidad urgente de médico y no hallar ninguno que tuviese las calidades, se escogió el mejor y se le dio el salario sin título, el qual se llama el doctor Bélez.>i Y de Madrid le respondieron: «Que se disimule con él sin darle título hasta que haya alguno que sea cristiano viejo.» 2 Por tanto, no creo exagerado decir que, salvo prueba en contrário, sobre todos nuestros médicos famosos del Siglo de Oro pesa la sospecha de ser ex genere iudaeorum. En el siglo XVII la situación se fue modificando con lentitud, no sólo porque los cristianos viejc.s iban perdiendo su prevención contra los estudios de Medicina, sino porque el tiempo, en su rápido paso, banaba pruebas y recuerdos.: pero de vez en ,cuando se alzaban voces contra la presencia de médicos en la Real Cámara, a pesar de ser C05a prohibida por las leyes. Las quejas contra los médicos y boticarios judíos emitidas en la junta de obispos de Thomar (1629) fueron reproducidas durante la minoridad de Carlos 11 por el portugués Miguel Pais de Almansa en carta (impresa) dirigida a doña Mariana de Austria, en la cual reproducía las viejas necedades sobre médicos judíos que aprovechaban su arte para matar cristianos, como argumento contra la 'admisión de quienes no fuesen cristianos viejos en la honrosa categoría de médicos de la Casa Real de Ca!'> tilla 3. Cuesta trabajo admitir que tales cosas fuesen realmente creÍdas ya dentro del siglo XVIII. Es un hecho. sin embargo, que dos médicos de Felipe V padecieron por esta acusación. Es posible que los denunciantes procedieran de buena fe, porque la estupidez humana es inagotable; pero hay razones para suponer que el motivo real era más profundo y se relacionaba, no sólo con celos profesionales, sino con la polémica que, en torno a las novedades científico-filosóficas que introducía la Regia Sociedad Médica de Sevilla, estalló violenta entre tradicionalistas y novadores. La documentación reunida sobre este episodio es todavía incompleta, pero basta para dar a conocer los hechos esenciales. " * * Del Dr. Juan Muñoz Peralta sólo dió pocas e incompletas noticias Morejón en su Historia de la Medicina Española; su nombre 2. Simón Díaz, «La Inqtü~i.ci6n de Logroño, 1570-1580» (Berceo, I, 94). 3. Lucio d'Aze-,'ec1o, «Histori::t do;; Christaos novas portugueses», pá· gina 198. ' , ~ , -42 -
no figura en el mediocre opúsculo titulado «Médicos perseguidos por la Inquisición». Méndez Bejarano fue el primero que, basándose en datos tomados del archivo universitario de Sevilla, bosquejó una biografía 4 que puede completarse con las noticias que figuran en el expediente formado a consecuencia' de la denuncia de que fllé objete,. Si apareciese su proceso inquisitorial, dispondríamos de mayor material, biográfico, que también debe de existir en el Archivo del Real Palacio de Madrid. Concretándonos a lo esencial, ~o que sabemos actualmente de su vida es lo siguiente: Nació en la villa del Arahal, perteneciente al Reino de Sevilla, en fecha desconocida, pero que puede fijarse hacia 1665. Su padre, D. Francisco Muñoz Bravo, fue persona de cierto viso: colegial mayor de Osuna y gobernador del estado del marqués de Ayamonte; su madre se llamaba doña Isabel de Peralta 5. Según la información que se le practicó de orden del rector y consiliarios del Colegio Mayor de Santa María de Jesús, o sea, de la Universidad hispalense, sus padres eran, según los estatutos, «cristianos viejos, libres de toda mala raza», pero hacía ya mucho tiempo que estas informaciones no eran más que una formalidad que proporcionaba trabajo y dinero a los informantes. Los testigos examinados fueron solamente tres, naturales de Arahal, pero residentes en Sevilla; esta sola circunstancia da idea de la seriedad de aquellas pruebas. En 21 de noviembre de 1682 alcanzó el grado de Bachiller en Artes y en 24 de mayo de 1688 el de Bachiller en Medicina; poco después lo vemos ocupando la cátedra de Vísperas de Medicina (m Sevilla, y en 1697, como fruto de las reuniones que en su casa celebraba con varios colegas deseosos del contribuir al progreso científico, se constituyó la Sociedad de Medicina y Ciencias de Sevilla, que, a pesar de los ataques de que fue objeto, consiguió la sanción real, gracias a los esfuerzos de Muñoz Peralta y de su colega Mateo López Zapata, por cédula de 25 de mayo de 1700, es decir, reinando todavía . Carlos II, que murió el primero de noviembre. 4. Mario Méndez Bejarano. «Dicdonario biográfico y bibliográfico de autores de Sevilla y su provinr.ia», tomo lI. 5. Constan estos datos en el expediente abierto con motivo de la denuncia de que se habla más adehnte. Es el n.O 43 del legajo 5.813 (2.a, parte) de la Sección de Consejos del Archivo Histórico Nacional. -43 -
El cambio de dinastía ni) perjudicó los planes renovadores de la tertulia sevillana. Muñoz Peralta, su presidente, ya en julio del año anterior habla cursado instancia solicitando plaza de médico de Cámara, la cual fue entregada al Protomedicato por el Sumiller, conde duque de Benavente. El Tribunal del Protomedicato, integrado por los doctores D. Gregario Castel, D. Francisco de Ribas y D. Cristóbal de Contreras, informó que era «sujeto de gran literatura» y muy digno de la plaza.. que efectivamente se le concedió, y juró el 22 de febrero de 1700 en manos del Asistente de Sevilla, Marqués de Valdehermoso. Sin perder nunca de vista su querida Sociedad sevillana, se trasladó a la Corte y gozó del aprecio de Felipe V, como más tarde hubo de recordárselo en los momentos en que sufría persecución por sus émulos: « .. le eS preciso traer a la memoria de V. M. haber tenido la honra de asistir a la Real Persona de V. M. el año de 1710 en la enfermedad epidémica de disenterias que padeció en Cataluña, en que logró el suceso del cabal restablecimiento de V. M. con el método de curación que practicó el suplicante, distinto del que se habia 1kvado; asimismo el año de 1711 asistió a la Sra. Reina Doña María Luisa, en cuya enfermed~'d logró también feliz efecto, teniendo la singular honra de que .... l. M. asistiese a la consulta y que fuera de su real agr:ado el dictamen del suplicante, y después en Madrid, a tiempo que el infante D. Felipe (que está en gloria) se hallaba en grave peligro, y casi en los últimos de su vida, asistió a S. A. manteniéndose en su cuarto cuatro días y noches, y últimamente, después de su referido contratiempo 6, hallándose la majestad de D. Luis 1 en lo último de su enfermedad, asistido de dos médicos de Cámara, el suplicante tuvo orden de V. M. para visitarlo; y habiéndolo pulsado le halló en tal extremidad y agonía que le pareció que sólo podía durar dos horas, y así lo dixo y así sucedió. «Asimismo tuvo el suplicante la honra de visitar enfermo al Señor Luis XIV, glorioso abuelo de V. M. y pulsarle varias veces, habiendo sido llamado por S. M. Christianísima', y enviado un correo a París, donde estaba el suplicante, el cardenal Vici de orden de S. M., y t9.mbién, pasando por Bayona. vió y pulsó y dexó receta a la Señora Reina viuda Doña María Ana de Neoburg ... » Poco hay que añadir a estas palabras para comprender el cré6. Alude a la causa inquisitorial que se le siguió en 1724. - 44 --
dito de que gozó Muñoz Peralta; Méndez Bejarano añade que fué niédico de cámara del virrey de Cerdeña y qut", entre otras comisiones, se le envió a Bilbao a estudiar la epidemia que afligía aquella ciudad, y a Holanda para asistir en una grave enfermedad al duque de Osuna. Sin embargo, ::t pesar de las protestas que hacía de la limpieza y pureza de su sangre, su ascendencia conver· sa debía de ser un secreto a voces, y de ella se valieron sus émulos para acusarle, casi a] mi<:mo tiempo que a su compañero López Zapata, a la Inquisición. A éste se le siguió proceso por la de Cuenca. y salió condenado en abjuración y destierro, aunque pronto volvió a la gracia real y al ejercicio de su cargo 7. Del proceso que a Muñoz Peralta le siguió la Inquisición de Corte sólo tenemos vagas noticias.: el inte.:-esado se refiere a eJIa sólo de pasada, aludiendo a «su accidente» o «su desgracia». No cabe duda, sin embargo, que la acusación, CO¡110 en el caso de López Zapata, era !a de judaizar. También <;10' sabe que se libró de ella mejor que su compañero, pues a los pocos meses fue dado por libre y absuelto. Sin embargo, el mero hecho de haber sido encausado por el terrible Tribunal, aparte de la prevención que suscitaba, podía tener consecuencias legales desagradables; por eso Peralta solicitó y Gbtuvo, en 14 de agosto de 1724, un decreto en que se declaraba que la prisión y causa que contra él se había seguido no debía obstarle para obtener oficios públicos y de honra .. La rehabilitación de los dos ilustres médicos conversos no fue del agrado de todos sus colegas, ya les movieran miserias humanas o un celo religioso mal entendido. Este parece haber sido el móvil del Dr. Francisco José de Carvajal, médi.co de la Inquisición de Llerena, que con este motivo dirigió al monarca un largo memorial B. Comf'l1zaba haciendo un f'logio de la profesión médica en el que no escasean la:.: citas bíblicas. Penetrados, dice, de la nobleza de este arte, los Reyes Católicos ordenaron que los médicos hubiesen de ser libres de toda mala raza, apartando a los viles que desdoran la facultad, «y los protervos enemigos de los christianos, que son los judíos y sus descendientes, aunque sean bau7. Sobre Mateo López Zapata, cuya carrera tiene tanta analogía con la de Muñoz Peralta, véase la corta noticia que di en mi citada obra (pág. 176-77) Y otras que alH se citan. 8. Impreso en 4 fallos, sin año. Se halla en el expediente citado en la nota 5. - 45 -
tizados y convertidos, por su mala raíz.» A este propósito recordaba que las leyes 3.a y 4. a del título III libro VIII de la Nueva Recopilación los excluía de todo oficio público honroso, y la bula Alias del papa Gregario XIII, renovando los decretos de Paulo IV y Pío V para que los cristianos no llamen a médicos judíos, prohibiciones cuyos precedentes se hallan en el IV Concilio de Letran. El Dr. Carvajal sostenía que él hecho de la conversión no cambiaba nada esta merecida reprobación por ser sus conversiones falsas. «Bien 10 publican sus autos, tan frecuentes en todas las inquisiciones de España, en las cuales jamás faltan médicos, cirujanos o boticarios condenados por judíos o descendientes de ellos, como 10 a::reditan los muchos que ha celebrado la Santa Inquisición de esta ciudad (Llerena), en cuyo último salieron dos médicos con sambenito por judíos; y los que ha habido en.'la corte de V. M. que por ser tan ciertos y recientes omÍt'..> los exempIares, contentándome con referir sólo el último auto, en que se vió un médico quemado en estatua por judío que había sido de la Real Familia y Protomedicato de V. M. y cuarenta años médico del Hospital General de su Corte. Poco antes hubo otro médico, también de not0Iia raza de judíos y penitenciado por tal por el Santo Tribunal, por lo que se le borró la plaza que también tenía de médico de la Real Familia, y borrada consta en los libros del oficio de grefier de V. M., y no obstante logró pocos años después la honra de médico de la Real Cámara con ejercicio, que a esto llega su astucia y simulada malicia. ¿ Sería acaso por decir que son más doctos? No basta ni esto para ]a tolerancia ... » Terminaba pidiendo que todos los médicos, cirujanos y boticarios de raza de judíos o penitenciados, mientras no calificaran su inocencia, quedasen inhabilitados, y que las informaciones genealógicas se hicieran con todo el rigor' de las leyes. El mem01;ial fue remitido por el rey al Consejo de Castilla en 22 de marzo de 1725, pero hubo que hacerle recuerdo, y por fin, en 31 de enero siguiente emitió informe, reducido a que seguardasen las leyes, «y que las informaciones que se presentan en el Real Protomedicato se executen con citación de los síndicos generales de los pueblos donde deben hacerse.» Es posible que el precedente memorial influyese en el semiosl.racismo en que, a pesar de la absolución, se tuvo a Muñoz Peralta. Seguía ostentando el honorífico título de médico de la Real Familia, pero no entraba en las consultas de sus colegas ni había - 46 -
vuelto a asistir a las personas reales; sólo, como él mismo recuerda en las líneas copiadas anteriormente, cuando el efímero' rey Luis 1 se hallaba en la agonía, se le invitó a dar su dictamen. Incluso parece que su propia mujer no había vuelto a hacer vida marital con él, según se dice en el memorial de que a continuación hablaremos. Sin embargo, mediaba un precepto legal del que no se podía hacer caso omiso. Dentro-del numeroso cuerpo de médicos reales había una minoría escalafonada y con :retribución especia.l. En 1719, es decir, antes de su desgracia, Muñoz Peralta fue nombrado para esta categoría especial, con derecho a percibir obvenciones en el momento en que por antigüedad obtuviera una vacante. Este hecho se produjo en 1730, y el sumiller, duque de Frías, reconoció a Muñoz Peralta el goce de sus derechos, con gr~n despecho de otros dos médicos de Cámara más modernos, Alfonso Sánchez y Antonio Díaz, quienes elevaron memorial alegando «que el dicho Dr. Peralta desde que salió de la prisión del Santo Tribunal de la Inquisición se halla suspenso, así de hecho como por derecho, mientras no se califique, cuyo requisito es preciso para obtener honores, dignidades y cargos públicos, y se practica por el Santo Tribunal con los indemnes de culpa que se hallen procesados, siendo indispensable en el criminoso, por más que se halle arrepentido, necesitar de indulto que le califique y exima de la nota de infamia, con tal que no provenga de sangre infecta, en que no tiene lugar. Y no estando calificado el Dr. Peralta de uno ni de otro modo, se halla con la misma nota) y por consiguiente suspenso y inhábil por derecho común y canónico. «Alegaban también que el rey no había querido recurrir a él en los casos de enfermedad de los miembros de la familia real. «Por la referida nota y no estar calificado, es sin controversia que su propia mujer se halla separada y no cohabita con él; ¿y quiere el Sumiller de Corps conferirle los honores de criado de V. M. dándole entrada en su Real Casa sin calificarse, cuando su mujer en la suya no le quiere sin esta circunstancia? «Ultimamente, Señor, al tieIY'po que el dicho Dr. Peralta salió de la prisión mandó verbalment~ el Dr. Juan Higgins, del Consejo de V. M., su primer médico y Presidente de vuestro Protomedicato, que ninguno de los médicos de fama y honra, así de Cámara como de la Real Casa de Borgoña, concurriese a juntarse con él, 10 que se ha observado hasta hoy.» - IJ.} -
Remitido el memorial al Consejo en 28 de septiembre de 1730, Muñoz Peralta presentó en él otro del que hemos extraído parte de los datos biográficos copiados anteriormente. Exponía que, al vacar por muerte del Dr. Aquenza un puesto de médico de Cámara con los gages correspondjentes, h::lbía exhibido el decreto de 1719 al duque de Frías, el cual no había hallado motivo para no concederle el goce d~ los citados beneficios. Representaba que el tribunal de la Inquisición le había dado por libre de las falsas imputaciones que se le habían hecho, con restitución de bienes y honra, como constaba por certificación que exhibía, siendo la práctica, cuando era convencido de la culpabilidad aIg,ún miembro de la Real Casa, borrarle de los libros de la misma; recordaba los <;ervicios prestados a la Real Familia, las pruebas de limpieza, aprobadas por la Universidad y Protomedicato, «lo lustroso de su familia, contra 10 que no ha parecido . después la cosa más leve queriendo sin duda dichos médicos que una desgracia de la que nadie está exempto haya de hacer veces de delito», y terminaba pidiendo el castigo de los calumniadores. A propuesta del Fiscal, el Consejo acordó someter el asunto a la resolución de S. M. No tenemos noticia de cuál fuera ésta; pero debió de ser favorable, puesto que el último documento que existe en el citado expediente es una petición hecha al Consejo en 9 de agosto de 1737 por Lucas López Fonseca en nombre del Dr. Peralta ,«médico de Cámara más antiguo de S. M.» solicitando la devolución de los documentos que había entregado en 1731. Se le había mantenido, pues, en su título y cargo hasta dicha fecha, que no debió rebasar en mucho, pues para entonces ya era más que septuagenario. De todas formas, la ausencia de noticias suyas en estos años finales indica uml decadencia de su actividad y fama, causada, tal vez, más que por la edad, por los desengaños y pesadumbres originados por la persecución de que había sido objeto. i< * * Querríamos concretar ahora en unas pocas lineas la significación del Dr. Muñoz Peralta en la renovación científica de nuestra Patria. Sabido es que, por causas que no es del caso dilucidar aquí, el frondoso árbol de la ciencia española se anquilosó en la segunda mitad del siglo XVII, hasta el punto de que se pudo dudar si aun circulaba un resto de savia por su tronco. Gran parte - 48 -
de la culpa recaía en las Universidades y en las Ordenes regulares que casi monopolizaron sus cátedras, encerradas en un estrecho tomismo que no tenía de tal más que el nombre, pues nada podía ser más opuesto que el dogmatismo rígido y el horror a toda novedad a la mente amplia del Aquinatense. La Universidad de Sevilla no escapó a estas lacras, pero aHí, como en Cádiz, y en general en la Baja Andalucía, existía un fermento activo, un elemento de renovación debido ::\ la riqueza, la intensidad del tráfico y la presencia de una numerosa colonia extranjera. Como de costumbre, las corrientes comerciales servían también de vehículo al intercambio de libros e ideas. Exponente oe esta gené:rosa inquietud fué la fundación de la Regia Sociedad Médica Sevillana, cuyo papel aun no ha sido valorado debidamente, a pesar de los meritorios trabajos de los Srs. Barras de Aragón y Brígido Ponce de León 9. Los promotores de la renovación no fueron filósofos, literatos ni juristas, sino médicos; paradoja que tiene su explicación: Jos médicos estaban menos infeudados al sistema universitario y su fanático aristotelismo; ya lo había hecho notar en el siglo anterior el autor del ({ Viaje de Turquía»: «Questión es muy antigua, principalmente en España, que tenéis los médicos contra nosotros los theólogos, quereros hazer que sabéis más philosophía y latín y griego que nosotros. .. ¿ Qué es la causa porque yo he oído decir que los médicos son mejores philosophos que los teólogos?» Y responde el otro interlocutor: ({Porque los theologos siempre van atados tanto a Aristóteles, qUt;!. les paresce como si dijeren: El Evangelio lo dice, y no cabe ides contra lo que dixo Aristóteles, sin mirar si lleva camino, como si no hubiese dicho mil quentos de mentiras; mas los médicos siempre se van a viva quien vence por saber la verdad» 10. 9. D .. ,Francisco de las Barras escribió, entre otros trabajos sobre este asunto, «La Regia Sociedad d~ lVfedicinR y Ciencias de Sevilla y el Dr. Cervi» (Boletín de la Universidad de IvIadrid, 1930). El estudio, importantísimo, del Sr. PO·Jce de León, titubdo «La Química en la Real SOCIedad de Medicina de Sevilla» vjú la luz en <,Archivo Hi3palense», ]951-52, y en la misma revista apareció (n.!> 47) una Historia de dicha Sociedad debida al Dr. José Arriaga Cantuliera. 10. «Viaje de Turquía», pclg:. 86 de la ed. de Nueva Biblioteca de Autores Españoles. Si ei autor no es, como se creía, Villalón, sino el Dr. Laguna, como defiende Batil1on, alÍn cobran más significación estas palabr:l~. -49 -
