La revuelta de las Comunidades en la Mancha (1519-1531)
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LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) The revolt of Communities in La Mancha (1519-1531) MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO * Aceptado: 16-12-95. BIBLID [0210-9611(1996); 23: 135-169] RESUMEN A través de una documentación en buena parte inédita hasta la fecha, arrojamos luz sobre la geografía del movimiento comunero en tierras manchegas, determinando su incidencia en los maestrazgos de las Órdenes Militares de Calatrava y Santiago, así cómo en el priorato de San Juan y sus aledaños. Fruto de esta investigación, desvela mos el alcance del conflicto en un medio mayoritariamente rural. Así, podemos afirmar que la rebelión fue pronto sofocada en el realengo ciudarrealeño, aplastados los tumultos menestrales por la oligarquía urbana; que Calatrava y San Juan se mantuvieron en líneas generales fieles a Carlos I; en tanto que el santiaguista Campo de Montiel se alzó en armas, al contagiarse de las convulsiones murcianas y las del Adelantamiento de Cazorla. Palabras clave: La Mancha, España, Comunidades, Órdenes Militares, Carlos I. ABSTRACT We study the Comunero Movement in the area of La Mancha and its incidence in the Maestrazgos of the Military Orders of Calatrava and Santiago, as well as in the priorship of San Juan, through unpublished documents. We show the impact of the conflicts in a mainly rural enviorment: the rebellion was soon crushed in Ciudad Real, Calatrava. San Juan remained faithful to Charles I and Campo de Montiel (Order of Santiago) took up arms due to the revolt in Murcia and the Adelantamiento of Cazorla. Key words: La Mancha, Spain, Communities, Military Orders, Carlos I. “el tiempo de las Comunidades, que cien caballeros armados y diestros no osaban acometer a cinquenta labradores desarmados por que abia miedo que se levantarían las piedras y los elementos a favor de la canalla; mas luego como comenzaron a las manos con ellos, sin lança ni espada eran derribados los villanos comuneros”1. * Doctor en Historia Moderna (Universidad Complutense de Madrid). 1. Fragmento de la Carta dirigida por el doctor López Villalobos al General de la Orden franciscana (1535-1540); publicada por DOMÍNGUEZ ORTIZ, A.: La clase Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
136 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO INTRODUCCIÓN En las décadas de 1960 y 1970, una renovada comente historiográfica, espoleada por el clima político aperturista en el umbral de la transición española y el halo de movimiento seudemocrático otorgado por los autores decimonónicos, polarizó su interés en torno a una cuestión hasta la fecha postergada: la revuelta Comunera2. Abordaron un proceso de extraordinario calado sociopolítico consi derándolo como un acontecimiento de corta duración, en virtud del cual el sacralizado poder del monarca se había cuestionado en el corazón mismo de sus extensos dominios. No obstante, estas sólidas y bien documentadas aproximaciones a un fenómeno histórico tan complejo pusieron de manifiesto, además de la riqueza de matices potenciales de su interpretación, la falta de estudios locales y comarcales que ayudasen a comprender en toda su profundidad el auténtico significado histórico de la subversión encarnada por la Santa Junta, permaneciendo en la sombra su repercusión real en la Castilla rural. Posteriormente, éstos y otros autores han ido colmatando el vacío existente. La investigación ha avanzado sobre todo en la dirección de desentrañar la geografía de la insurrección en la periferia del Reino, desde Tierra de Campos a Andalucía, Murcia o Canarias3, siendo más recientes las aproximaciones al proceso en Castilla la Nueva, como son las reflexiones sobre la causa comunera en las ciudades de Madrid, social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1958, apéndice VI, p. 251. 2. Nos referimos, entre otras, a las excelentes obras, ya clásicas, de GUTIÉRREZ NIETO, J. I.: Las Comunidades como movimiemto antiseñorial: la formación del bando realista en la guerra civil castellana de 1520-1521, Barcelona, 1973; MARAVALL, J. A.: Las Comunidades de Castilla, una primera revolución moderna, Madrid, 1963 y PEREZ, J.: La Révolution des Comunidades de Castille (1520-1521), Burdeos, 1970, (ed. castellana, Madrid, 1977). 3. A este respecto, ver FERNÁNDEZ MARTÍN, L.: El movimiento comunero en los pueblos de Tierra de Campos, León, 1979; DOMÍNGUEZ ORTIZ, A.: Alteraciones andaluzas, Madrid, 1973; EDWARS, J.: “La nobleza de Córdoba y la revuelta de las Comunidades”, VI Coloquio de Historia Medieval de Andalucía: las ciudades andalu zas (siglos XIII-XVI), Málaga, 1991, pp. 189-199; PORRAS ARBOLEDAS, P. A.: La ciudad de Jaén y la revolución de las Comunidades de Castilla (1500-1523), Jaén, 1993 OWENS, J. B.: Rebelión, monarquía y oligarquía murciana en la época de Carlos V, Murcia, 1980, y ANAYA HERNÁNDEZ, R. A.: “El movimiento comunero en Canarias: su incidencia en la conflictividad grancanaria de 1524-1526”, en IX Coloquio de Historia Canario-Americana, Las Palmas, 1993, II, pp. 401-436. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 137 Cuenca, Guadalajara o Toledo4. Tampoco faltan las inevitables puestas al día, integrando el proceso en la evolución general castellana del tránsito hacia la Modernidad5; se ha dilucidado la dimensión renacentista de conceptos ideológicos claves en el momento, como el significado de los términos comunidad y libertad6; menudeando las novedosas aporta ciones sobre el funcionamiento de las instituciones durante las confla gración castellana7, e incluso la trayectoria biográfica de algunas figu ras señeras en los años previos a la crisis8. Todas estas publicaciones han ensanchado el horizonte de nuestros conocimientos, aunque todavía se adolece de monografías y trabajos sistemáticos que hagan posible un balance historiográfico más completo del estallido comunero en la Castilla carolina. En este sentido, nuestro deseo es contribuir a desvelar la incidencia del levantamiento en el antiguo Reino de Toledo, que comprendía buena parte del territorio meridional de la Mitra Primada, en tanto que los maestrazgos de Órde4. Una visión decimonónica de la revuelta desde la óptica de un servidor de la Monarquía en RODRÍGUEZ VILLA, A.: Don Francisco de Rojas, embajador de los Reyes Católicos. Noticia biográfica y documentos históricos, Madrid, 1896. Inspirado en la sugerente obra de S. de MOXÓ, Los antiguos señoríos de Toledo, Toledo, 1973, hace unos años publicó MARTINEZ GIL, F.: Toledo en las Comunidades de Castilla,Toledo, 1981. Por su parte, otros historiadores se han aproximado al rol desempeñado por la élite urbana manchega de la época, como es el caso de DIAGO HERNÁNDEZ, M.: “La alta nobleza en la vida política de las ciudades castellanas en las décadas precomuneras: el ejemplo de Cuenca (1506-1507)”, Cuadernos de Historia Moderna, 15 (1994), pp. 121-141. 5. HALICZER, S.: Los comuneros de Castilla. La forja de una revolución (1475-1521), Valladolid, 1987. 6. GUTIÉRREZ NIETO, J. I.: “La idea de libertad en Castilla durante el Rena cimiento”, SOLANO, F. y PINO, F. del (eds.), América y la España del siglo xvi, Madrid, 1983, II, pp. 11-26 y “Semántica del término Comunidad antes de 1520: Las asociaciones juramentadas de defensa”, Hispania, 37 (1977), pp. 319-367. 7. ARRIBAS ARRANZ, F.: “La organización de la cancillería durante las Co munidades de Castilla”, Hispania, 10 (1950), pp. 61-63; y RUIZ RODRÍGUEZ, J. I. y LÓPEZ, C.: “Poder jurisdiccional en el territorio de las Órdenes Militares en el tiempo de Hernán Cortés: el Consejo de Órdenes frente a las Chancillerías”, Congreso sobre Hernán Cortés y su tiempo, I, Mérida, 1987, pp. 345-351. 8. Arranca esta trayectoria de la aportación de PORSCHMANN, A.: “El cardenal Guillermo de Croy y el arzobispado de Toledo”, Boletín de la Real Academia de la Historia, 75 (1919), pp. 182-201, hasta llegar al artículo de FERNÁNDEZ, L.: “El obispo comunero, Don Antonio de Acuña, defensor de los bienes de la mitra zamorana (1509-1518)”, Hispania Sacra, vol. 36, 77 (1984), pp. 485-508, matizando la obra de GUILARTE ZAPATERO, A. M.: El obispo Acuña, Valladolid, 1979. Un modélico replanteamiento de la cuetión en COOPER, E.: “La revuelta de las Comunidades. Una visión desde La Sacristía”, Hispania vol. 56/2, 193 (1996), pp. 467-495. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
138 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO nes Militares atenazaban al pequeño enclave de realengo ciudarrealeño, junto a desperdigados señoríos laicos, eclesiásticos y urbanos. Es preci samente la submeseta inferior la zona menos estudiada, tal vez por predominar un medio rural esporádicamente salpicado de núcleos semiurbanos de influencia poco mayor que comarcana. Sin duda, ha coadyuvado a este olvido tanto su falta de protagonismo en los acontecimientos capitales desarrollados en Castilla la Vieja, o la firme reacción realista de Andalucía frente a las episódicas adhesiones comuneras en Jaén, Sevilla, Úbeda y Baeza, cómo la dispersión, cuando no ausencia, de fuentes adecuadas para su estudio. Lo cierto es que siendo Simancas el archivo más consultado por los estudiosos sobre el tema, entre sus repertorios escasean las noticias referentes a la evolu ción del conflicto en La Mancha. Para solventar en lo posible esta parquedad documental, hemos espigado las alusiones al respecto en otros lugares, examinando minuciosamente dos fondos que hasta la fecha habían pasado casi des apercibidos: el del Consejo de las Órdenes Militares9 y el de la Santa Hermandad Vieja de Ciudad Real10, custodiados ambos en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. Tampoco hemos pasado por alto la fértil consulta de la documentación perteneciente a la Casa Osuna, ubicada ahora en el flamante Archivo de la Nobleza de Toledo, sondeando incluso las causas de fe del Santo Oficio toledano y el prácticamente virgen Archivo Diocesano de la Ciudad Imperial. Pues bien, las fuentes exhumadas aportan nuevos datos, aunque tan sesgados como cabe colegir de la visión coercitiva propia de los archi vos de la represión. Sin embargo, creemos que estas pinceladas, aparen temente deshilvanadas, tras pasar por el necesario tamiz de la crítica histórica, nos brindan una visión aproximada del significado del fenó meno comunero en La Mancha ciudarreleña y sus aledaños. 9. El personal vinculado a la Sección de Órdenes Militares del Archivo Histó rico Nacional de Madrid se ha volcado en una orientación documental que no puedo sino agradecer desde estas páginas, en especial a Esther García Guillén, compañera y amiga. 10. Entre los fondos del Archivo Histórico Nacional (AHN), concretamente en su sección de Diversos Hermandades (Div. Herrn.), se hallan los pertenecientes a la Hermandad Vieja de Toledo, prácticamente inutilizables para la cuestión que nos ocupa, ya que sus series de pleitos criminales, libros de cuentas y libros capitulares adolecen de un notable vacío documental para el periodo objeto de nuestro estudio. Por otra parte, los fondos pertenecientes a su homónima de Talavera, infrautilizados hasta la fecha, se conservan el Archivo Municipal de Talavera de la Reina. En todo caso, tanto de uno como de otro, hemos rescatado determinadas noticias puntuales. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
la REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 139 1. PANORAMA GENERAL DE LA MANCHA A INICIOS DEL QUI NIENTOS La antigua provincia de La Mancha de las primeras décadas del siglo XVI nos ofrece un abigarrado panorama jurisdiccional cuajado de tensiones, larvadas unas, explosivas otras, pero todas ellas potencialmente desestabilizadoras del débil status quo alcanzado en la zona. Así, el maestrazgo de Calatrava estrangulaba la expansión territorial del enclave de realengo ciudarrealeño. Mientras que por un lado la ciudad lograba de los tribunales supremos un marco de respeto a sus derechos de aprovisionamiento de leña y pastos, por otro la Santa Hermandad Vieja de Ciudad Real (asociación apícola privada que man tenía un tupido dispositivo de seguridad en el área) entraba en conflicto con las autoridades de la Orden radicadas en Almagro, así cómo con la mancomunidad concejil vertebrada en torno al combativo Común de Calatrava11. Por entonces, el priorato de San Juan se extendía por las actuales provincias de Toledo y Ciudad Real. En detrimento de su capital en Consuegra, prosperaba el poderoso enclave de Alcázar de San Juan enclavado en pleno páramo castellano. Sin embargo, todavía no había terminado de ajustarse su base territorial, a tenor de las pretensiones esgrimidas frente a los pueblos limítrofes santiaguistas y calatravos. El poder de la Mitra toledana, estaba muy mediatizado en el Campo de Montiel (declarado “nullius diocesis” y por lo tanto espiritualmente dependiente del Prior de Uclés y judicialmente del Consejo de Órde nes). En los dominios calatravos, sólo ejercía un moderado control sobre las rentas decimales12; en tanto que sus Vicarios Foráneos y Visitadores (radicados en Ciudad Real desde principios del siglo XVI giraban visitas protocolarias por los alrededores de su sede, fiscalizando sólo a los presbíteros diocesanos y tomando cuentas a algunos mayor domos eclesiásticos en pueblos como Ballesteros y Fernáncaballero 13. 11. GÓMEZ VOZMEDIANO, M. F.: Almagro y la Hermandad Vieja de Ciudad Real: Historia de un conflicto (ss. xv-xvi), Almagro, 1995; y “Repúblicas campesinas: el Común en los Campos de Montiel y Calatrava (s. XVI)”, Congreso Internacional sobre las Ordenes Militares en la Península Ibérica (ss. XII-XX), Ciudad Real, mayo de 1996 (ambos en prensa). 12. LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J. y MARTÍN GALÁN, M.: “La producción cerealista en el Arzobispado de Toledo, 1463-1699”, Cuaderno de Historia Moderna y Contemporánea, 2 (1981), pp. 21-103. 13. La dinámica jurisdiccional entre la Orden Militar y la dignidad episcopal toledana en GÓMEZ VOZMEDIANO, M. F.: “Entre Dios y el Diablo: los freiles Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
140 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO Inmersos en una espiral asfixiante, los conflictos del Vicario Forá neo o el Arcediano del Campo de Calatrava con sus homólogos calatravos o el Vicario de Montiel son constantes, llegándose a una serie de concordias con ambas instancias (Calatrava, 1482 y Santiago, 1487) que permiten entrever un entramado jurisdiccional bastante confuso en sus límites competenciales cotidianos. La Ciudad Imperial es el referente directo para el área objeto de nuestro estudio. Sus diputados en Cortes habrían de hacerse eco de las pretensiones de las oligarquías manchegas, cada vez más encastadas, endogámicas y celosas por conservar su privilegiado status. Malas cosechas, hambrunas y epidemias asolan buena parte del área en 1500, 1506-1507, 1515 y 1521. Las anegaciones de las lagunas circundantes de Ciudad Real justifican el traslado de la Real Audiencia a Granada en 150514, privando de un foco de atracción social a un casco urbano muy castigado durante la transitoria implantación del Santo Oficio (1483-1485)15. Erradicada la próspera aljama judía, se persiguió a su nutrida comunidad mudéjar y conversa, constituyendo el colofón a la crisis la coyuntural decadencia de las manufacturas textiles locales que abocó a la ruina a sus prósperos negociantes. Los cultivos de colonización prendieron en las extensas tierras de secano (cereales, vides, olivos), ocupando las tierras más fértiles. Se extendieron por valles y llanuras amplios pastizales, herbajeados duran te todo el año por la cabaña estante y por la trashumante en otoño e invierno. Buena parte del territorio estába en pleno proceso de ocupa ción y explotación 16, predominando los espacios sin roturar y los den conventuales y prebendados exclaustrados en el Campo de Calatrava (1500-1575)”, IV Reunión Científica de la Asociación Española de Historia Moderna, Alicante, mayo de 1996 (en prensa). 14. CORONAS GONZÁLEZ, S. M.: “La Audiencia y Chancillería de Ciudad Real”, Cuadernos de Estudios Manchegos, 8 (1978), pp. 47-139. En todo caso, parece que la decisión de su traslado ya estaba tomada por la Corte, a tenor de lo apuntado por GAN JIMÉNEZ, P.: La Real Chancillería de Granada (1505-1634), Granada, 1988. 15. BEINART, H.: Conversos on Trial. The inquisition in Ciudad Real, Jerusalén, 1981 (ed. castellana, Barcelona, 1983) y Records of the the Trials of the Spanish Inquisition in Ciudad Real, Jerusalén, 4 vols, 1977-1985; BLÁZQUEZ MIGUEL, J.: Ciudad Real y la Inquisición (1483-1820), Ciudad Real, 1986; y DEDIEU, J. P.: “Les morisques de Daimiel et l'inquisition (1502-1526)”, Les morisques et leur temps, Paris, 1983. 16. A tales conclusiones llegan, entre otros, GUERRERO VENTAS, P.: El Gran Priorato de Castilla y León de la Orden de San Juan de Jerusalén en el Campo de La Mancha, Toledo, 1969; LÓPEZ PITA, P.: “La sociedad manchega en vísperas del Descubrimiento”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV. Historia Moderna, 7 (1994), I, Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
la REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 141 sos montes bravos que la presión ejercida por el “hambre de tierras” auspiciada por el aumento demográfico ayudan a reducir progresiva mente. También por entonces se acelera la dinámica privatizadora del régi men de propiedad de la tierra a costa de los comunes, concentrándose heredades antaño dispersas y estimulándose la producción agraria du rante el periodo 1510-1530. Este proceso estuvo arropado por el incre mento de los precios de la lana entre 1504-151617. Asimismo, en esta zona agropecuaria por excelencia, desde el siglo XV arraigó una pujante artesanía pañera rural que se desarrolla gracias a las especiales circunstancias concitadas: una abundante mano de obra excedentaria no agremiada; la disponibilidad de lana barata y de buena calidad; junto a la receptividad de la población para trabajar en labores tradicionales que pudieran aportar ingresos complementarios, en el marco general de una producción familiar estimulada por la demanda. Las actividades mineras se concentraban en el Valle de Alcudia y su entorno: azogue en Almadén, Chillón y Almadenejos; plomo argentífero en Sierra Madrona y estribaciones de Sierra Morena; multiplicándose las pequeñas prospecciones de cobre por la franja meridional del Campo de Calatrava. La base social estaba integrada por labradores, pastores y pequeños menestrales, cristianos o mudéjares, que constituían el núcleo medular de la fuerza laboral en un medio eminentemente rural o semiurbano. Los hacendados, se convirtieron en arrendatarios y administradores de bie nes o derechos fiscales, tanto señoriales cómo regios, ocupando impor tantes parcelas de poder en la gestión local. Los conversos, mediante su estrategia de integración a traves de inversiones patrimoniales, su incorporación a las redes clientelares, al clero o a los oficios tenidos por honrosos, se introdujeron en los puestos clave de la comunidad, sobre todo en las finanzas (comercio, préstamo) y en los oficios concejiles18. pp. 349-366; así cómo VILLEGAS DÍAZ, L. R. y MENDOZA GARRIDO, J. M.: La villa de Chillón en el tránsito a la Modernidad, Ciudad Real, 1991. 17. PHILLIPS, C. R.: Ciudad Real, 1500-1750. Growth, Crisis and Readjustment in the Spanish Economy, Cambridge-Londres, 1979; CARRETERO ZAMORA, J. M.: “Fiscalidad y presión fiscal en La Mancha durante el reinado de Carlos I (1519-1554): el servicio ordinario y el estraordinario” Cuadernos de Estudios Manchegos, 21 (1991), pp. 29-91, y LÓPEZ-SALAZAR PÉREZ, J.: Estructuras agrarias y sociedad rural en La Mancha (ss. XVI-XVII), Ciudad Real, 1986. 18. Un modelo prototípico puede constituirlo Almagro, analizado en su doble Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
142 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO Los hidalgos, miembros de la élite social, no permitieron ser des bancados como estamento dominante, acaparando valores refugio (tie rras, cargos y honores), enfrentándose con los denostados conversos para defender sus intereses estamentales, segregándolos de ayuntamien tos, oficios prestigiosos y determinadas cofradías exclusivistas, incrementando en definitiva el grado de oligarquización y patrimonialización de los resortes del poder fáctico rural. Por su parte, el estamento eclesiástico seguía monopolizando con mano férrea la dirección espiritual de sus feligresías. Aunque de cara al exterior su unidad parece monolítica, en La Mancha la cizaña estaba sembrada entre los clérigos diocesanos o de San Pedro (dependientes del Arzobispo de Toledo) y los freiles beneficiados de las Órdenes Militares (freiles formados en los conventos de Calatrava la Nueva, Uclés o Santa María del Monte), quienes copaban parroquias, prioratos y las más fructíferas capellanías. La existencia de mecanismos internos compensatorios también con tribuyeron a mantener una cierta estabilidad socioeconómica. Aunque las controversias supralocales se resolvían preferentemente en los tribu nales regios; intermediarios neutrales (a menudo clérigos) intercedían en la resolución extrajudicial de litigios privados; además, cuando los problemas sobre términos se eternizaban en las procelosas aguas lega les, se propiciaban soluciones de compromiso. Reflejo social de las tensiones existentes, las cofradías, solidaridades religiosas de laicos y/ o eclesiásticos, vertebraban fervores y caridades públicas. Pese a su infradotación financiera, dichas asociaciones hicieron gala de una nota ble actividad devocional y asistencial, corporativizando a los fieles. No obstante, con demasiada frecuencia el monopolio de la violencia escapaba del ámbito de los poderes públicos. La trasgresión era un recurso esgrimido casi siempre en el plano individual y los escasos tumultos rurales no pasaron de ser testimonios esporádicos del descon tento popular frente los desmanes de los señores o a la extenuante carga fiscal que planeaba sobre los pecheros castellanos19. vertiente sociopolítica y religiosa por LOPEZ-SALAZAR PEREZ, J.: “Limpieza de sangre y división de estados: el municipio de Almagro durante el siglo xvi”, Studia Historica. Historia Moderna, 12 (1994), pp. 157-188, y GOMEZ VOZMEDIANO, M. F.: “Devociones religiosas colectivas y conversos en Almagro: la cofradía de Nuestra Señora de Mirabuenos (ss. XV-XVII)”, Hispania Sacra, (en prensa). 19. RODRÍGUEZ LLOPIS, M.: “Protesta popular y conflictos de clase. Los levantamientos campesinos de Yeste (Albacete) en el reinado de Isabel I”, I Congreso de Historia de Castilla-La Mancha, Ciudad Real, 1985, VI, pp. 141-146. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 143 Ya se tratara de pequeños delitos rurales o de insumisiones de los caballeros, la Corona acudió a la Hermandad ciudarrealeña para reconducir tales excesos. Así, en 1511, durante 20 días los cuadrille ros persiguieron hasta Murcia a Martín, hijo de Pedro Alonso, por asesinar al alcaide del Sacro-Convento de Calatrava, que “en contravención a la Reina Nuestra Señora... se alço con la fortaleza”, escapando de los ballesteros disfrazado de fraile hasta acogerse al sagrado de un convento frasciscano, librándose así de una ejecución segura. Asimismo en septiembre de dicho año, bajo la mando del algua cil mayor Diego de Villaquirán, los ballesteros hermandinos anduvieron tras Gaspar Pacheco, traidor a la Reina, hasta prenderlo en el descam pado20. A pesar de estas acciones puntuales, las tensiones sociales raramen te trascendieron al plano político, siendo soslayadas por una secular autarquía campesina siempre recelosa de toda influencia foránea. Hicie ron el resto la relativa prosperidad de una economía expansiva, el estrecho control ejercido por los poderosos locales y la presión conjunta del omnipresente conglomerado de instituciones de contrastado presti gio con intereses en la zona: Corona, Arzobispado de Toledo, Órdenes Militares, Honrado Concejo de la Mesta, Inquisición y las Santas Her mandades Viejas de las Ciudades Imperial y Real. Centrando nuestra atención en una de las dimensiones menos cono cidas hasta la fecha, la vertiente espiritual, durante el primer cuarto del siglo XVI los resultados arrojados en un primer sondeo son clarificado res. En La Mancha ciudarrealeña, mientras que la Mitra toledana, a través de su Vicario Visitador General, ordenó girar visitas canónicas (con una cadencia que oscila entre 1 ó 3 años) supervisando las rentas eclesiásticas, así cómo la moral de clero y pueblo en los lugares com prendidos en su extenso distrito eclesiástico, durante los años 1504, 1507, 1509, 1511, 1513, 1516, 1517, 1520, 1522 y 1523; en el Campo de Calatrava, sus freiles homólogos, hicieron otro tanto en 1499-1500, 1501-02, 1505, 1508-10 y 1518-19. Es decir, casi siempre en años alternos y evitando coincidir en los mismos lugares, de lo que puede colegirse que se trata de resortes de control cronológicamente comple mentarios, cubriendo cada institución distintas facetas de una misma realidad, cuando no fiscalizaban ambas instancias el mismo espacio jurisdiccional. 20. AHN. Div. Herm., leg. 56/15, sf. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
150 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO CUADRO II Fortalezas de la Orden de la Calatrava en la Corona de Castilla durante la Revuelta Comunera localización y nombre de la plaza fuerte Peones en 1520 la guarnición 1521 Partido de Andalucía Abanilla 10 15 Arjona 15 15 Bélmez 55 Lopera 66 Martos 10 10 Peña de Martos 55 Porcuna 12 12 Sabiote 6 6 Torre Benzala33 — 1 Partido de Calatrava Almodóvar del Campo — — Calatrava la Nueva — — Guadalerza 12 12 Malagón 6 6 Manzanares — — Partido de Zorita Zorita de los Canes 12 20 Días después se convocaba a los caballeros de hábito y comendado res de Calatrava y Alcántara para que asistiesen personalmente al alarde general con sus armas, caballos, lanzas y peones, poniéndose a dispo sición del Consejo de Regencia34. En la actual provincia de Guadalajara, los principales altercados acontecieron en los últimos meses de 1520. En noviembre, el Consejo de Órdenes mandaba que se restañaran los daños hechos en Zorita de los Canes cuando la villa volviese a la obediencia, indultando a quienes tornasen a ponerse bajo la autoridad de la Corona. Los resultados de este perdón fueron mediocres, ya que en enero de 1521 todavía se les conminaba a que no aportasen dinero, gente o armas a las ciudades de Segovia, Toledo y Madrid, recordando la gratitud debida a los leales y 33. O Torre Bezalón, torreón de vigilancia situado entre las villas jiennenses de Porcuna y Torredonjimeno. 34. Ibidem, ff. 109r-lllr. Ver ANEXO. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 151 el castigo a los traidores, congratulándose del ofrecimiento de Pastrana para reforzar la plaza de Zorita de los Canes35. De forma simultánea, brotes comuneros se extendían por todo el maestrazgo de Santiago, el adelantamiento de Cazorla se pronunciaba contra los realistas y Andújar secundaba a los alborotadores. Mientras tanto, entre octubre de 1520 y marzo de 1521, la ciudad y tierra de Jaén engrosaba la Junta de la Rambla36. A fines de 1520 don Pedro Girón, primogénito del conde de Ureña, era nombrado capitán general de los levantados. En los primeros meses de 1521, mientras que los comuneros intentaban tomar Corral de Almaguer, se expulsaban a los alzados del Partido de Alcántara, pacificándose las villas de la Serena gracias a la coordinación entre las justicias calatravas, el gobernador del sañtiaguista Partido de León y el corregidor de Trujillo37. El 28 de diciembre de 1520, en medio de la confusión general, la Junta del Reino escribía a Ciudad Real para conocer su postura. La respuesta no sería demasiado alentadora, pues todavía en enero del año 35. 10-XI-1520, Medina de Rioseco y 19-1-1521, Tordesillas. Ibidem, ff. 113v y 117r-v. 36. Una minuta sin fechar, en que se contemplan las aspiraciones de las ciudades y nobleza andaluza leales a la Corona, puede encontrarse entre los ricos fondos familiares de la Casa de Osuna, de la que aquí ofrecemos una transcripción: “Lo que ha de contener la liga y confederacion. Que todos se junten y prometan de estar unanimes y conformes en el servicio del Rey y procurar que en esta tierra no aya alteraciones ni escandalos asi en las ciudades e tierra de Andalucia y Reino de Granada como entre los grandes y caballeros della y qualesquiere personas. Que estaran juntos y conformes para no consentir que exercito ni gente de querra ande ni entre en la tierra de Andalucia ni Reyno de Granada syno fuere por mandado del Rey nuestro Señor o de sus governadores e que de otra manera alguna gente viniere, que la resistiran con todas sus fuerças. Que toda esta capitulacion se dara parte a las ciudades y billas de la tierra e que si quisieren entrar en ella que sean reçibidos, e si algo quisyere suplicar a sus magestades que seremos en suplicar todo lo que fuere justo y en su tiempo. Que explicitamente jure y prometa estar todos juntos, con sus casas y gentes, para pacificar qualquier alteraçion e levantamiento que uviere en el Reino de Granada asy de los moriscos que agan ay en el y estan, como sy moros de afuera vinyesen, a lo qual todos yran personalmente con todo su poder a los resistir e allanar e favorecer iran al marques de Mondejar como capitan general de Su Alteza en el reyno de Granada.” AHN. Osuna, leg. 1.635, 3/52, sf. (catalogación antigua). 37. 1-II-1521, Tordesillas. AHN. OO.MM. Consejo, lib. 324C, ff. 118r-v. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
152 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO siguiente el Consejo Real se oponía a que el Honrado Concejo de la Mesta se reuniese entre sus muros, por considerar la plaza insegura38. Una fuente indirecta, la memorias históricas de Ciudad Real su puestamente redactadas a principios del siglo XVIII por un párroco local, nos ofrecen algunas de las claves del conflicto. Parece que menestrales y bajo pueblo, estimulados por el desarrollo de los acontecimientos en Castilla, se quejaron del desgobierno al que les conducía el malquisto Consejo de Regencia. La presión de los agitadores provocaron la deserción del corregidor. El vacío de poder alentó a los radicales; así, cuando los corrillos de los desleales se juntaban en la plaza, un caballero principal llamado Sancho de Mora se atrevió a gritar “¡No trate ninguno de levantar al pueblo!, ¡Viva el Rey y el Emperador Nuestro Señor!”, escapando de las iras populares al retraerse en la iglesia de San Pedro. Determinados los artesanos insumisos a quemarle su casa solariega, sus propios parientes se encargaron de apaciguar los ánimos de los exaltados, pudiendo el proscrito abandonar el sagrado. A la mañana siguiente, los alzados reclamaron del licenciado Martibáñez que asumiese la dirección del movimiento, sin embargo el prudente letrado se mostró tibio a tomar partido por los sublevados. A pesar de lo cual insistirían en su intento pues, cuando salía por la calles a lomos de su cabalgadura, el vulgo volvió a suplicarle amparo a su causa diciéndole “Licenciado Martibáñez, daznos concejiles”, mostrán dose de nuevo negativo39. Sofocados los tumultos de principios de año, en febrero de 1521 es conjurada la sublevación en la ciudad manchega, encabezada por las gentes del común (tundidores, cardadores y bataneros) pero falta de líderes cualificados. La oligarquía urbana daba muestras de su fortaleza al acabar por sí misma con quienes pretendían alterar el equilibrio de fuerzas, pronunciándose inequivocamente a favor de los realistas, por el continuismo. En cuanto al clero, parece olvidar su enfrentamiento con el corregimiento y el cardenal flamenco40, aliándose con el patriciado de cuyo seno proceden sus elementos más significados. 38. Un hispanista de reconocido prestigio como J. Pérez admitía desconocer el desarrollo de los acontecimientos en la ciudad con estas palabras: “Ciudad Real semble ralliée à la Junta, mais nous ignorons jusqu'à quel point”, dedicando apenas dos páginas a los alborotos acontecidos en el medio rural del Reino de Toledo. PÉREZ, J.: op. cit., pp. 430-431. 39. DIAZ JURADO, J.: Singular idea del Sabio Rey Don Alonso, dibujada en la fundación de Ciudad Real, A. VÁZQUEZ MORCILLO y F. RUIZ GÓMEZ (eds.), Ciudad Real, 1986, pp. 181-182. 40. Si en 1497, un edicto del Vicario ciudarrealeño estigmatizaba a quienes no Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 153 Mientras esto pasaba en este enclave de realengo, Badajoz se alzaba contra el conde de Feria, alcaide de su castillo. La Comunidad estallaba en Úbeda y Baeza, saliendo a hurtadillas su corregidor Fernando de Rojas, para refugiarse en su encomienda del Campo de Criptana. Diego de Carbajal, al mando de las tropas realistas, era sorprendido a la altura de Villanueva de Andújar por los baezanos rebelados bajo la dirección del bando de los Benavides, causándole sólo 3 bajas, pero robándole 11 caballos y bagajes por balor de 6 millones de maravedís. La escaramu za, aunque incruenta, impidió por el momento que se reforzase el contingente levantado en Consuegra por el prior de San Juan, don Antonio de Zúñiga (capitán general de los realistas manchegos), que tenía la intención de avanzar sobre Toledo41. Hacia febrero o marzo de 1521, Diego de Carbajal burló el dispo sitivo militar montado por los sediciosos jiennenses, participando en la batalla de El Romeral y en el cerco a Mora. Por su parte, el contino regio Francisco Sedeño (vecino de Arévalo) de Córdoba pasó a Jaén para acabar con el tumulto. El 18 de marzo entraba en la ciudad, aboliendo los últimos vestigios de la Comunidad. Al mismo tiempo, en Toledo, Pero Laso se desmarcaba de los comuneros gracias a los buenos oficios del general de los dominicos, fray García de Loaysa. La radicalización de la revuelta se hizo ostensi ble cuando el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, llegó desde Valla dolid a la Ciudad Imperial para ocupar la vacante del arzobispado toledano. Poco tiempo estuvo el belicoso clérigo usurpando tan alta dignidad, pues junto a numerosos peones y jinetes arrasó el castillo de Villaluenga de la Sagra (señorío de los Silva, afectos a Carlos I), imponiendo su autoridad en Alcalá de Henares (cuyo Vicario General estaban velados y quebrantaban las fiestas; en 1518, mientras que los alguaciles des armaban a los colaboradores del Fiscal eclesiástico, se pedía al corregidor que no obstaculizase la labor de la audiencia vicarial. Por su parte, cuando en 1519 el Cardenal de Croy solicitase a su Vicario Foráneo que remitiese matrícula de la feligre sía, el procurador general de Ciudad Real se opondría al empadronamiento, respondien do la Mitra impeliendo al cabildo de clérigos para que no comprase alhajas sin su autorización (1520), suscitándose el enésimo pleito entre un notario local y el Vicario. Archivo Diocesano de Toledo (ADT), lib. 2.088, ff. 695r-696v. 41. Antonio de Zúñiga compartía tal dignidad con don Diego de Toledo, hijo del duque de Alba, en virtud del pleito que mantuvieron por su posesión. Ambos se repartieron rentas y bailías, quedándose el primero con el castillo de Consuegra y mostrándose predispuesto a demostrar su fidelidad a la Corona con el fin de consolidar su delicada posición en el Gran Priorato. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
154 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO había sido expulsado en los primeros compases de la revuelta), Uceda y otros lugares que estaban bajo la órbita jurisdiccional de la Mitra. Al dejar paso las reivindicaciones nacionalistas a las posturas antiseñoriales, algunas de las figuras señeras de la revuelta abandonaron a los Comuneros. Don Pedro Girón, quien hacía tiempo mantenía con versaciones con el Almirante de Castilla y con su tío el Condestable, desertó para refugiarse en Peñafiel, lugar de señorío de su padre. Con el signo de la derrota en el horizonte todo un procurador de la Santa Junta, como el caballero toledano Pero Laso de la Vega, se pasó con armas y bagajes al campo realista, logrando el amparo regio tras la ardua mediación de su hermano, el poeta Garcilaso. En el bando imperial, un prior sanjuanista reforzado por las huestes de su hermano Diego de Zúñiga (señor de Jódar), al mando de 6.000 infantes y caballeros, lograba la adhesión de las santiaguistas villas de Corral de Almaguer y Villanueva de Alcardete. La lealtad a la Corona de estos pueblos condujo a la muerte en combate del comendador Diego de Molina, el licenciado Villanueva y bastantes de sus moradores, segadas sus vidas por las fuerzas del obispo de Zamora. Por entonces se libró la batalla de El Romeral, que terminó con el triunfo parcial de los realistas, atrincherándose el grueso de las fuerzas comuneras en Ocaña. Los vecinos de Mora interceptaron un comboy de víveres del ejército regio, siendo represaliados con el incendio de su iglesia, donde se habían refugiado multitud de mujeres y niños 42. El 22 de febrero de 1521, los hermanos Vozmediano escribían a Carlos I asegurando que los rebeldes tenían serios problemas para conseguir pólvora, pues don Antonio de Zúñiga había cortado los sumi nistros de salitre procedentes de las tierras de Órdenes43. Con la batalla de Villalar, la causa de los alzados estaba sellada. Los principales cabecillas comuneros serían ejecutados, manifestando el ejercito imperial su superioridad operativa frente a las desorganizadas milicias urbanas. Muchos de los derrotados cambiaron sus distintivos rojos por las cruces blancas de los imperiales para salvarse, en medio del fragor del combate. Como quiera que se seguía temiendo por el rebrote del alzamiento y quedaban importantes bolsas de Comuneros en el Reino de Toledo, los realistas de la zona siguieron con las levas, esta vez facilitadas por 42. FERNÁNDEZ POMBO, A. y R.: Mora en la guerra de las Comunidades, Madrid, 1979. 43. Cit. HALICZER, S.: op. cit., p. 254. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 155 la clara supremacía militar del poder establecido: Ciudad Real contribu yó con 55 caballeros44; Almagro con 29 hidalgos, entre los que estaba la flor y nata de los linajes locales; Almodóvar del Campo aprontó 7 soldados; el Viso proporcionó 6 milicianos; Calzada de Calatrava 4; 2 hombres de armas salieron, repectivamente, de Villamayor, Aldea del Rey, Argamasilla de Calatrava y Pozuelo; en tanto que sólo movilizaron 1 recluta las villas de Miguelturra, Villarrubia de los Ojos, Alcolea, Valdepeñas y Santa Cruz de Mudela45. La nobleza comenzaba a reclamar recompensas y subsidios cuando no había hecho sino defender sus propios intereses. Toledo resistió varios meses, gracias a la valentía milenarista de Antonio Acuña corres pondida con la perseverancia personal de María Pacheco, viuda de Juan de Padilla y sus partidarios. En octubre de 1521, la ciudad capitulaba y se franqueaban sus puertas a las tropas del marqués de Villena. En medio de este maremagnum de acontecimientos, la Santa Her mandad Vieja de Ciudad Real dio un ejemplo de lealtad inquebrantable a la Corona. Refrendados sus privilegios por Carlos I en Valladolid, el 25 de enero de 1518, en enero de 1521 la mayor parte de sus efectivos partían por orden de Su Majestad hacia et puerto del Muradal, corriendo caminos y yermos para velar por el mantenimiento del orden público. No obstante, lo que aparentaba ser una diligencia rutinaria se convirtió en la primera de sus salidas dirigidas contra los rebeldes comuneros. A principios de dicho año, los ballesteros ciudarrealeños giraban visita al Campo de Calatrava, cruzaban Sierra Morena y andaban por tierras de Vílches, Úbeda, Granada, Baeza, Porcuna, Bujalance, Belmonte, Castro del Río y ventas de los Pedroches, retornando por Almadén, valle de Alcudia y Almodóvar, hasta llegar a Ciudad Real semanas después. Días más tarde, otra partida de cuadrilleros transitaba el camino de Toledo, pasando por Yébenes, Orgaz, Ajofrín, Layos, Ventas con Peña Aguilera y Fuente del Emperador, en seguimiento de malhechores. En realidad, estaba suplantando a su homonima de Toledo en ésta su área actuacional tradicional, en un momento en que la dinámica interna de la Ciudad Imperial ataba las manos a sus dirigentes apícolas (por otro lado tibios a la causa comunera) y el alcaide de la fortaleza de Guadalerza (don Fernando de la Sierra) perpetraba multitud de desaguisados, to mando las bolsas a caminantes y carreteros, aprovechándose de los tumultos del Reino en beneficio propio. 44. DÍAZ JURADO, J.: Singular idea..,, op. cit., p. 182. 45. 6-V-1521, Medina del Campo. AHN. OOMM. Consejo, lib. 324C, ff. 145v-146v. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
156 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO Las mismas rentas de la Hermandad se vieron perjudicadas por la falta de una autoridad fuerte en la zona46. Así, cuando unos cuatreros robaron en el puerto de Villarta a los recaudadores de la asadura, el comendador de la Puebla de Don Rodrigo impidió prender a los pastores y maltrató con total impunidad a los cuadrilleros. Tal actitud será justificada por el cabildo apícola “por estar el tiempo revuelto”47. En mayo de 1521, se visitó la cuadrilla de la ermita del Espíritu Santo en Malagón y la vera toledana. Lejos del protocolo habitual, a los acostumbrados alcaldes, alguacil, escribano, mayordomo, cuadrillero mayor y capellán se sumaron un número indeterminado de peones, escopeteros y ballesteros por esperar disturbios a su paso48. En el estío de dicho año acontecieron algunos sucesos, bastante esclarecedores de los azarosos tiempos que corrían. En junio, un domi nico ultrajado y robado clamaba justicia a los alcaldes de la Hermandad Vieja ciudarrealeña porque sus agresores se habían refugiado en la fortaleza de Almonacid de Toledo. Un mes después, y a instancia del capitán general don Juan de Ribera, unos salteadores de caminos que habían robado dos mulos a unos frailes franciscanos madrileños eran perseguidos conjuntamente por las Hermandades Generales de Madrid y de Santa Cruz, junto a la Fraternidad Vieja de Ciudad Real, encargán dose los cuadrilleros apícolas de salir en descubierta por los términos de Almagro, Bolaños, Moral, Santa Cruz y Venta Heruela. Que la identificación entre partido realista y fuerzas hermandinas era total lo ejemplifican los festejos corporativos, celebrados el día de San Juan de junio, con motivo de la coronación de Carlos V como emperador de Alemania; la quema intencionada de los palos de Peralbillo (picota de la corporación apícola ciudarrealeña), el 30 de julio de 1521; así cómo el proceso fulminado contra un raptor de mujeres casadas en Villanueva de los Infantes que, no contento con resistirse a la justicia, osó injuriar a Sus Majestades. Por si su lealtad no estubiese suficiente mente contrastada, en las primeras semanas de septiembre de 1521 ya petición del prior de la Orden de San Juan, partieron de Ciudad Real 46. Afectando negativamente tanto a sus ingresos inmobiliarios como a sus percepciones sobre el tránsito ganadero. Ver GÓMEZ VOZMEDIANO, M, F.: “Rentas pecuarias de las Santas Hermandades Viejas de Ciudad Real, Toledo y Talavera de la Reina durante la Edad Media”, Hispania, LV/190 (1995), p. 527-546 y VILLEGAS DÍAZ, L. R.: “Sobre la financiación de la Hermandad de Ciudad Real. Sus ingresos (1491-1525)”, La Ciudad hispánica entre los siglos xm al xvi, Madrid, 1985, pp. 911928. 47. 10-1-1521, Ciudad Real. AHN. Div. Herrn., leg. 56/19, sf. 48. 16-V-1521, Ciudad Real. Ibidem, sf. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 157 100 cuadrilleros bien pertrechados, cubriendo el despoblado salpicado de desafectos a la causa imperial, por tierras de Yepes, Ocaña y demás encomiendas santiaguistas de la provincia de Castilla49. La otra cara de la moneda puede rastrearse en las posesiones de la Orden de Santiago de La Mancha y Murcia. En efecto, una cata selec tiva en las reales provisiones despachadas por el Consejo de Órdenes en el periodo 1519-1531 pone de manifiesto conductas generales y com portamientos particulares que sus descendientes cuidaron mucho de borrar de los archivos municipales y de la memoria colectiva lugareña: la implicación directa del Campo de Montiel en la revuelta Comunera. En efecto, con los escasos datos de que disponemos sabemos que los alborotos se iniciaron en el antiguo Reino de Murcia. Presionados por la Santa Junta castellana, por los disturbios protagonizados por los agermanados valencianos, por la enquistada rivalidad con los poderosos marqueses de Villena y por la sangría tanto fiscal cómo militar que suponía ser frontera frente a los piratas berberiscos, está totalmente contrastado que, avanzado el 1520, parte del territorio se puso en armas para defender sus maltrechas libertades. Si en la ciudad de Murcia se había expulsado al corregidor, en Caravaca, Martín de Robres se erigió en capitán de la Comunidad, promoviendo la anarquía durante los 13 ó 14 meses que la villa estuvo fuera de la ley. El 12 de junio de 1521, el gobernador de Villanueva de los Infantes le condenó a muerte, junto a los síndicos y oficiales de la Hermandad, acusado de extender los tumultos al Campo de Montiel, “aunque ellos burlaban dello”. Usurparon varas de justicia y notarías, dándoselas a quienes querían, despojando de sus atributos a los alcaldes ordinarios locales, nombrando alguaciles y jurados. Asistió en Huéscar (Granada) a la junta de los 8 capitanes de la Comunidad, siendo allí apresado por los realistas. Fugado junto al resto de los implicados, volvió a Caravaca, donde sedujo a los jóvenes para hacer volver a la infidencia a Yeste, Socobos y Huéscar, villa que toma a sangre y fuego. Todavía en agosto de 1521 Martín de Robres tenía bajo su mando a un nutrido contingente de fieles, protagonizando salidas con banderas y tambores, repicando las campanas a son de apellido, detentanto la jus ticia, tomando las rentas y los propios de Caravaca contra la voluntad del regimiento, propugnando 49. La salida costó no menos de 28.201 maravedís a las arcas de la Hermandad Vieja; 15-IX-1521, Ciudad Real. Ibidem, leg. 56/20, sf. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
158 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO “que las alcabalas del Rey mandavan que no se pagasen, que ellos no usavan dellas, diziendo que de ser libres, que no la avian de pagar e de los propios de la billa que usaban de ellos como concejos e ansy de mayor que despues vino les hizo pagar treynta e syete mill maravedís por mal gastados”50. Meses después de Villalar, inspiraba ordenanzas concejiles. El 5 de junio de 1521 obligó al vecindario a jurar los capítulos de la Santa Junta; semanas más tarde, fortificó la villa, tapiando calles y poniendo guardas; luego se confederó con los lugares próximos de Cehegín, Letur, Liétor, Férez y Moratalla, reuniéndose los sublevados en el pa raje de Las Carrascas (camino de Moratalla), donde acordaron impedir la entrada del gobernador, negando la obediencia a Su Majestad y a su Cardenal Gobernador. Entre sus desmanes también estaba el homicidio de su paisano Gonzalo Martínez Yeste, conspirando para asesinar al bachiller Esquivel durante el juicio de residencia (quien escapa al refu giarse en la ermita de San Sebastián, en Caravaca) y saldando sus diferencias con muchos de los vecinos mediante espaldarazos infamantes. El proceso judicial tramitado contra este traidor al rey nos propor ciona inestimables noticias sobre la extensión de la revuelta en el flanco sudoriental de La Mancha. Los testimonios recogidos coinciden en señalar que: “al tiempo de la dicha Comunidad estavan en Comunidad Montiel ques de la Horden de Santiago hasta dos leguas de Villanueva, a ansymismo estaba en Comunidad Almedina ques de la dicha Horden a seis leguas de Villanueva, e ansymismo estaba en Comunidad Villamanrique ques tres leguas de la dicha Villanueva e también de la dicha Horden de Santiago, e la Torre de Juan Abad ques de la dicha Horden tres leguas de la dicha Villanueva e Coçar ques de la dicha Horden a dos leguas de la dicha Villanueva e Alcubillas e la Solana e la Membrilla e Alhambra de Carriçosa, lugares todos de la dicha Orden e están a cinco e quatro leguas e menos”51. Lo cierto es que efectivos comuneros saquearon los alrededores de Montiel, tomando las aldeas de La Puebla y Santa Cruz de los Cáñamos. Medio millar de soldados cruzan el puerto del Muladar, bajo las órdenes del Adelantado de Cazorla, tratando infructuosamente de que Valdepeñas 50. AHN. OOMM. AHT., leg. 25.725, sf. 51. Ibidem. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 159 tomase partido contra la capital del campo de Montiel. Tras una refriega en su castillo, los realistas recuperan posiciones en Villahermosa, aban donando a su suerte La Ossa. Montiel había resistido en solitario la ofensiva rebelde. Si estas poblaciones sirvieron simplemente de correa de transmisión de los tumultos, toleraron a los sediciosos o se dejaron llevar por la oleada de turbulencias de la época, nunca lo sabremos con certeza 52. Lo cierto es que, en la primavera de 1521, se despachó una Real Cédula a los comendadores del Campo de Montiel para que acudieran con sus tropas a socorrer a don Fernando de Rojas (gobernador del Partido santiaguista de La Mancha y Ribera del Tajo), debido a las “alteraçiones y desacatamientos que las Comunidades de algunas ciudades e villas e lugares destos nuestros Reynos an fecho e cometido”53, lo que puede indicar o bien que la rebelión había acabado o que la Regencia desco nocía su verdadero alcance de la zona. No acababan de apagarse los rescoldos de la insurrección cuando algunos de los regimientos supuestamente más leales comenzaron a pedir compensaciones a la Corte por los agravios sufridos. Así, la oligarquía de Torres de Albánchez (encomienda santiaguista del Campo de Montiel) se decía sumida en la miseria por las correrías de los Comuneros de la vecina Segura de la Sierra, que le obligó a repartir una derrama entre los pecheros para financiarlos, solicitando a la Corte amparo54. Esta sería la primera de las peticiones en tal sentido cursadas por las villas de Montiel para excusarse de la tibieza mostrada hacia los realis tas y recuperar parte de lo irremisiblemente perdido. En el horizonte se vislumbran años duros para los cómplices de la causa perdida e incluso para quienes no se habían pronunciado inequivocamente por el empera dor. La represión auspiciaría venganzas personales y haría aflorar viejos odios familiares o litigios clientelares. 52. Los informes posteriores son, a menudo, contradictorios. Así, un año más tarde de terminar el conflicto, Membrilla decía que la villa había permanecido neutral hasta que de los lugares cirunvecinos fueron “con boz de comunidad e con sus banderas por la alterar e poner en Comunidad”, tomándoles sus capitanes pan y vino durante 4 días, esquilmando sus graneros y despensas, por todo lo cual pedía justicia al Consejo de Órdenes; 20-III-1523, Valladolid. Ibidem, leg. 43.418. 53. 30-IV-1521, Tordesillas. AHN. OOMM. Consejo, lib. 324C, f. 143r-ss. 54. 28-XI-1521, Burgos. AHN. OOMM. Archivo Histórico de Toledo (AHT), leg. 57.177, sf. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
166 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO participado en los desórdenes pasados, menospreciando desde entonces a los representantes de la autoridad regia75. Sólo quienes nada tenían que perder o poco que temer (respaldados en las redes familiares y clientelares rurales) seguirían empeñados en su cruzada personal de insumisión al poder real, sirviendo cualquier gesto mal interpretado o palabra malsonante pronunciada en un foro poco propicio para acabar con sus huesos en la cárcel. Tal es el caso del almagreño Diego Hornero que en 1526 caía en las redes inquisitoriales porque, en medio de una discusión doméstica sobre la posible venta de una casa de sus sobrinos que era contradicha por un medianero, exclamó que “por vida del Emperador que la avia de vender”, siendo penitenciado por palabras escandalosas76. La contestación al monarca estaba dema siado presente para que pasase desapercibido tal exabrupto. Muchos hubieron de emigrar, comenzando una nueva vida lejos de su lugar de origen, evitando mencionar su oscuro pasado o reiventándolo de acuerdo a unos cánones menos problemáticos. Por lo que atañe a la noción de Comunidad, como el la Germania, pronto se impregnaría de una connotación peyorativa. Los vencedores impusieron una ideología pretendidamente uniforme que prejuzgaba toda disensión nociva para el cuerpo de la república, de forma que ambos vocablos serían asimilados a las vilipendiadas ligas y monipodios. En áreas tan distantes como Extremadura, incluso en 1550 se aludían a comunidades y universidades en las escaramuzas suscitadas por las inva siones de términos entre La Solana y Acebuchal o entre Puebla del Conde con sus vecinas Montemolín, Fuente de Cantos, Calzadilla y Valencia de las Torres77. Tampoco faltan las veladas noticias de agermanamientos en las parcialidades suscitadas tanto en Murcia (Caravaca, 1531 y 1560) cómo en Andalucía (Baza, 1538 y Segura de la Sierra, 1545-1546). En cambio, mientras en estas áreas había calado hondo entre las gentes las conmociones del periodo 1519-1522, tal concepción no había tenido tanta fortuna en La Mancha ciudarrealeña, geográficamente próxima pero políticamente distante de la convulsión que arrasó las comarcas 75. 31 -III-1531, Ocaña. AHN. OOMM. AHT., leg. 52.326, sf. 76. AHN. Inquisición, leg. 204/31, sf. 77. En dicha ocasión, las fuentes aluden a que se levantó “una muy grand junta de gente de mas de cient personas con sus cavallos y otros a pie con armas ofensivas y defensivas, coraças y coseletes y cotas de malla y lanças y adargas y arcabuzes y vallestas con vandera y a manera de comunidad y asonada” s.f., si., 1550 (?); AHN. OOMM. AHT., leg. 22.859, sf. Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 167 circunvecinas. Las respuestas vertidas y los ostensibles silencios refle jados en las Relaciones Topográficas de Felipe II dan buena cuenta de la noción que del levantamiento se tenía en la Castilla filipina. Así, en las villas envueltas en el bando comunero se pasaba por alto el asunto, aludiéndose de forma excepcional bien a errores ya superados, bien a los abominables excesos protagonizados en medio de la anarquía gene ral por la turba o el populacho. Lo cierto es que 50 años después de los hechos, algunos pueblos todavía atesoraban los nombres de valerosos soldados del bando realista o la fidelidad de que hizo gala todo el vecindario, a veces blasonada en el escudo de la villa. Tal es el caso de Almodóvar, donde se asegura haberse ofrecido al gobernador de Almagro más de 400 hombres para luchar contra la tiranía de la Junta, cifra a todas luces desproporcionada para la población de la época. En Campo de Criptana dicen haberse enrolado más de 100 infantes, con su capitán y alférez, que luego lucharían en las batallas de El Romeral, Ocaña, Dos Barrios y Toledo, respaldando siempre a su señor, frey Hernando de Rojas, frente a los desafectos al soberano, enviándose desde allí al párroco santiaguista Pero Ramírez para que el Condestable y el Almirante permitiesen hacer levas contra la Comunidad. En esta línea, desde Manzanares se cifra su fidelidad a la Corona en que nunca se dejó entrar a los Comuneros, amparándose los vecinos en su castillo por orden del comendador Rodrigo Manrique78. Por contraste, la ausencia de toda referencia a la cuestión en los informes remitidos desde el Campo de Montiel es prueba fehaciente de su deslealtad pasada a la monarquía, irrefutable mientras vivieran ancia nos que testificaran en tal sentido. Sin embargo, paulatinamente se fue diluyendo el halo popular que estigmatizaba las Comunidades, recordadas como último intento de los castellanos de escapar a la tiranía según los creadores de la Leyenda Negra. No obstante, su condena implícita o explícita se mantuvo vigente en los escritos de los defensores a ultranza del poder monárquico. En todo caso, a lo largo de las centurias nunca dejó de evocarse cuando se trataba de exaltar la heroicidad de una localidad79 o bien la 78. VIÑAS Y MEY, C. y PAZ, R.: Relaciones Histórico-Geográfico-Estadísticas de los puenlos de España hechas por iniciativa de Felipe II. Ciudad Real, Madrid, 1971, pp. 71, 169 y 298. 79. Cuando, a inicios del Siglo de las Luces, el concejo de Manzanares reclame la restitución de la jurisdicción ordinaria para sus alcaldes, expondrá que “esta villa a sido la que con mas lealtad a servido a Su Magestad y Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
168 MIGUEL FERNANDO GÓMEZ VOZMEDIANO fidelidad de una familia, pero también para descalificar a tal o cual linaje, al albur de los intereses esgrimidos. Como siempre, la historia sería escrita por los vencedores. Para terminar, solamente recordar que el presente artículo pretende ser una sugerente aportación que abra camino a futuras monografías y marque pautas a nuevas líneas de investigación, abordando una cuestión que parecía postergada. Desde estas páginas hemos querido reivindicar un aspecto de nuestro pasado que hasta ahora permanecía documentalmente difuso e historiográficamente evanescente. Todavía queda mucho cami no por andar, pero los cauces pueden estar trazados. ANEXO Movilización militar de los caballeros de la orden de Calatrava (1520-1521) 80 Nombre del Freile Dignidades anejas Efectivos 1520 1521 Alejo de Guevara Clavero 32 17 Fernando de Silva Comendador de Otos y de Guadalerza 27 13 Francisco de Rojas Comendador de Almodóvar del Campo y de Aceca 24 12 Juan Pacheco Comendador de Castilserás 10 5 Juan de Hinestrosa Comendador de Herrera y Valdepeñas 94 Gonzalo Hernández de Córdoba Obrero, comendador de las Casas de Córdoba 94 Alonso Téllez Comendador de Alcolea y de Villafranca 84 Fernando de Córdoba Gobernador del Campo de Calatrava, comendador del Viso y Santa Cruz 815 Juan de Lanuza Comendador de Piedrabuena 83 García de Padilla Comendador de Malagón y Lopera 8 1 Fernando de Aragón Comendador de Caracuel 7 3 Rodrigo Manrique Comendador de Manzanares 63 Diego López Padilla Comendador de Abanilla 5 3 Juan Vázquez de Guzmán Comendador de Fuentelemperador 4 2 Fernando de Rojas Comendador de Moratalaz 4 2 Hernán Brabo Zayas Comendador Peña de Martos 3 2 Diego de Cabrera Comendador de Villarrubia 31 García Alvarez Osorio Comendador de Torres del Cañaveral 3 1 Gonzalo del Arroyo Gobernador de Zorita, comendador de Daimiel 3 2 señores reyes sus progenitores y con excesivos donativos, carruages, trigo, zebada, y soldados para la defensa de la Corona, desde el tiempo que vino el señor emperador Carlos V y se esperimentaron las Comunidades” 13-VI-1705, Manzanares. AHN. OOMM. AHT., leg. 47.230, sf. 80. AHN. 00. MM. Consejo, lib. 324C, ff. 109r-110r Chronica Nova, 23, 1996, 135-169
LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES EN LA MANCHA (1519-1531) 169 ANEXO (Continuación) Movilización militar de los caballeros de la orden de Calatrava (1520-1521) Nombre del Freile Dignidades anejas Efectivos 1520 1521 Juan Alonso Palomino Comendador de Mestanza 32 Fernando de Castilla Comendador de Víboras 2 1 Juan de Mendoza Comendador de Ximena 21 Sancho Cabrero Comendador de Puertollano 2 1 Pedro de Espino Comendador Montanchuelos 21 Rojas Comendador Casas Toledo 2 1 Francisco Bobadilla Comendador de Auñón 21 Fernando de Angulo Comendador de Castellanos 2 1 Diego Vélez de Jaén Comendador de Calatrava la Vieja 2 1 Antonio de Torres Comendador de Torroba 2 1 Tello de Guzmán Comendador de Almagro 2 1 Gómez Manrique Comendador de las Casas de Plasencia 2 1 Alonso de Carbajal Comendador de Torres 2 1 Francisco de Córdoba Comendador Casas Talavera 2 1 Alonso de Angulo Comendador de Zorita 1— Fernando de Ay ala Comendador de Ballesteros 1 1 Pedro Barba Comendador de Pozuelo 1 1 Francisco de Balboa Comendador Casas C. Real — — Lope de Hinestrosa Caballero de hábito — — Esteban Cuello Caballero de hábito — — Pedro de Godoy Caballero de hábito — — Rodrigo Pérez Medina Comendador Vállaga — — Alvar Pérez Guzmán Comendador de Bélmez — — Rodrigo de Guzmán Caballero de hábito — — Francisco Agustín Caballero de hábito — — Gonzalo de Córdoba Caballero de hábito — — Juan Blázquez Caballero de hábito — — Enrique de Acuña Caballero de hábito —— Juan de Merlo Caballero de hábito — — Diego del Águila Caballero de hábito — — Alonso Ponce Dábila Caballero de hábito — — Diego de Baldivia Clavero — — Alonso de Velasco Hernán Brabo Caballero de hábito Comendador de la Huerta de — Valdecarábanos — — Rodrigo de Gamboa Caballero de hábito — — Francisco Carrillo Comendador de Almoguera — — Juan Godínez Caballero de hábito — — Juan de Tovilla Caballero de hábito — — Hernán Álvarez Pisa Caballero de hábito — — Alonso Alburquerque Caballero de hábito — — Ramón Núñez Aguilera Caballero de hábito — — Luis de Paz Gutierre Lopez de Padilla Caballero de hábito Comendador de las Casas de — — Sevilla y Niebla —3 Chronica Nova, 23, 1996, 135-169