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Mudarse o desaparecer. Las propuestas de traslado de las iglesias de Santa María de Monfero y Santa María de Montederramo en Galicia

Fernández Martínez, Carla

Abstract

En este artículo se analiza una de las prácticas de restauración monumental practicada durante la segunda mitad del siglo XX, que no es suficientemente conocida: el traslado de edificios históricos. Concretamente, se muestran dos propuestas de desmonte planteadas en Galicia: la del monasterio de Santa María de Monfero, en la provicia de A Coruña, y la de Santa María de Montederramo, en la de Ourense. A mediados de la centuria pasada estos dos cenobios se encontraban en mal estado de conservación, debido a intervenciones poco respetuosas con sus valores históricos y a un abandono prolongado que se remontaba a los años de las Desamortizaciones decimonónicas. Por ello, siguiendo el modelo utilizado en otros monumentos nacionales, se propuso trasladar a las ciudades de A Coruña y Vigo las fachadas de sus iglesias. Entre los argumentos que apoyaban esta actuación destacó el que consideraba que solo su desmonte y reubicación garantizaría su salvaguardia, al mismo tiempo que contribuiría al embellecimiento de las urbes. A través del vaciado de la prensa de la época se han podido estudiar estas propuestas y la fuerte oposición que suscitó entre la comunidad local y entre algunos intelectuales que contribuyeron a que la idea finalmente no prosperase.

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e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 118# Intervención | Estudios Mudarse o desaparecer. Las propuestas de traslado de las iglesias de Santa María de Monfero y Santa María de Montederramo en Galicia Moving or disappearing. The transfer proposals of the churches of Santa Maria de Monfero and Santa María de Montederramo Carla Fernández Martínez Doctora en Historia del Arte. Contratada posdoctoral de la Universidad de Santiago de Compostela Resumen En este artículo se analiza una de las prácticas de restauración monumental practicada durante la segunda mitad del siglo XX, que no es suficientemente conocida: el traslado de edificios históricos. Concretamente, se muestran dos propuestas de desmonte planteadas en Galicia: la del monasterio de Santa María de Monfero, en la provicia de A Coruña, y la de Santa María de Montederramo, en la de Ourense. A mediados de la centuria pasada estos dos cenobios se encontraban en mal estado de conservación, debido a intervenciones poco respetuosas con sus valores históricos y a un abandono prolongado que se remontaba a los años de las Desamortizaciones decimonónicas. Por ello, siguiendo el modelo utilizado en otros monumentos nacionales, se propuso trasladar a las ciudades de A Coruña y Vigo las fachadas de sus iglesias. Entre los argumentos que apoyaban esta actuación destacó el que consideraba que solo su desmonte y reubicación garantizaría su salvaguardia, al mismo tiempo que contribuiría al embellecimiento de las urbes. A través del vaciado de la prensa de la época se han podido estudiar estas propuestas y la fuerte oposición que suscitó entre la comunidad local y entre algunos intelectuales que contribuyeron a que la idea finalmente no prosperase. Palabras clave: Patrimonio arquitectónico. Conservación. Galicia. Franquismo. Abstract In this article we analyze one of the monumental restoration practices practiced during the second half of the 20th century, which is not sufficiently known: the transfer of e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 119# historic buildings. Specifically, two proposals for clearing raised in Galicia are shown: that of the monastery of Santa María de Monfero, in the province of A Coruña, and that of Santa María de Montederramo, in the province of Ourense. In the middle of the last century these two monasteries were in a poor state of conservation, due to interventions that were not respectful of their historical values and to a prolonged abandonment went back to the years of the nineteenth-century disentailments. Therefore, following the model used in other national monuments, it was proposed to move the facades of its churches to the cities of A Coruña and Vigo. Among the arguments that supported this action was the one that considered that only its clearing and relocation would guarantee its safeguard, at the same time that it would contribute to the embellishment of the cities. Through the emptying of the press of the time have been able to study these proposals and the strong opposition risen between the local community and among some intellectuals who contributed to the idea finally not prospering. Keywords: Architectural Heritage. Conservation. Galicia. Francoism. e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 120# Carla Fernández Martínez Doctorada en Historia del Arte (Premio Extraordinario de Doctorado 2013/14) e investigadora del Grupo Iacobus (GI-1907) del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela. En la actualidad goza de un contrato posdoctoral con dicha Universidad y desarrolla un programa sobre arquitectura y terremotos en colaboración con la Università degli Studi di Napoli Federico II y con la Pontificia Universidad de Chile. Su formación se complementa con el Master Europeo di Conservazione e Gestione dei Beni Archeologici e Storici Artistici de la Università degli Studi di Siena. Ha realizado estancias de investigación en la Pinacoteca Nazionale di Siena (2009), en el Museo de Pontevedra (2009), en el Kunsthistorisches Institu in Florenz (2010) y en la Universidad de Porto (2015). Desde julio del 2017 es visiting research en la Facultad de Arquitectura de Università Federico II di Napoli, donde actualmente ejerce también como visiting professor. Ha participado y participa en diversos programas estatales y autonómicos de I+D+I y ha coordinado de cinco publicaciones colectivas y dos congresos internacionales en Santiago de Compostela (Simposio Opus Monasticorum IX y Tiempo de claustro. Arte, cultura y órdenes religiosas) y uno en Nápoles (La città altra, octubre 2018). Entre sus publicaciones destaca su monografía “Pontevedra. La memoria rescatada” y sus recientes contribuciones en revistas internacionales –Eikonocity, EDA, Spagna Contemporane, Procesos históricosy nacionales –Norba Arte, Semata, Quintana, Liño, De Arte, etc). Ha sido becaria predoctoral de la Xunta de Galicia, gozando también de becas durante su primera etapa posdoctoral del programa Iacobus y de la Diputación Provincial de A Coruña. Contacto: [email protected] e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 121# 1.- Introducción A mediados del siglo pasado, la sociedad española experimentó grandes transformaciones que afectaron, sobre todo, al ámbito económico y social. Se trató de un proceso que supuso nuevas formas de vida y de comportamiento y que estuvo condicionado por la necesidad de superar los propios límites estructurales impuestos por la dictadura. Sin embargo, un régimen como el franquista, que no había sido capaz de evolucionar con la suficiente flexibilidad, estaba condenado a subsistir con diversas crisis, como consecuencia de la ausencia de coherencia entre el sistema político y la realidad social. Así, en los años sesenta, España continuaba siendo un país en conflicto, con numerosas actitudes contrarias a la dictadura, protagonizadas, sobre todo, por el emergente movimiento obrero y estudiantil, al que se sumaron ciertos sectores de la Iglesia. En este contexto se incrementaron también las desigualdades entre el centro y la periferia, entre un campo despoblado y una ciudad sometida a un proceso de crecimiento urbano galopante. El éxodo rural creció notablemente y tuvo como secuela el abandono de su patrimonio histórico-artístico, objeto de intervenciones muy poco respetuosas con sus valores culturales. Una de la menos conocidas y estudiadas es aquella que abogó por el traslado de monumentos desde el campo a la ciudad. (Castro Fernández, 2007; Fernández Martínez, 2014; Morais Vallejo, 2002: 113-137). Galicia fue hasta bien entrado el siglo XX una región rural, con núcleos poblacionales asentados en las inmediaciones de importantes monasterios de origen medieval. Con los procesos migratorios hacia las urbes más industrializadas, como A Coruña y Vigo, muchos de estos cenobios fueron saqueados, abandonados y, en el peor de los casos, trasladados a otros emplazamientos (Andrade Cernadas, 2016; Fernández Martínez, 2014: 196-206; González Montañés, 1999). Además, hubo propuestas de desmonte de edificios que no pudieron efectuarse ante el elevado coste que acarreaban y, especialmente, por el rechazo y la resistencia de la población local y de los sectores más sensibilizados con la protección del patrimonio. Precisamente, la repulsa hacia esta práctica permitió salvar dos de sus monasterios más destacados: Santa María de Monfero, en la provincia de A Coruña, y Santa María de Montederramo, en la de Ourense. A través de la indagación en la prensa de la época se ha podido profundizar en este episodio de su historia contemporánea, poco conocido, que generó un fuerte debate, superando los límites regionales. Aunque nos limitaremos al análisis de estos dos ejemplos, se ha podido comprobar que la idea de desmontar arquitecturas emblemáticas fue habitual, pero, por lo general, se vio frustrada en su ejecución. 2.- Debates y conflictos sobre restauración arquitectónica en la España del siglo XX Durante la primera mitad del siglo XX, el mal estado de conservación de numerosas construcciones fue in crescendo y se agravó por las destrucciones y pérdidas ocasionadas por los acontecimientos bélicos (Fernando Pardo, 2007-2014). Sin embargo, los daños materiales producidos por la Segunda Guerra Mundial pusieron de relieve la necesidad de abordar criterios y procedimientos de intervención urgente en Europa. Hasta entonces, se habían aplicado los principios defendidos por los teóricos italianos partidarios de la restauración científica. La exigencia de emprender una reconstrucción masiva impuso un nuevo concepto, conocido como restauración crítica, que entendía la reconstrucción como e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 122# un trabajo de carácter crítico, pero también como un acto creativo1. En 1950 la UNESCO publicó el primer número de Museum donde Roberto Pane recogió, en su tercer volumen, las reflexiones acordadas en una reunión de expertos celebrada en París un año antes (Pane, 1950: 8-89). Dichas conclusiones incidían en la aceptación de la utilización de materiales y de sistemas constructivos modernos, sobre todo, en la reconstrucción de cubiertas, en la estabilización de las estructuras y en la sustitución de la ornamentación pétrea desmantelada2. En ámbito urbano resultó más complicado llegar a un criterio aceptado por unanimidad, admitiéndose dos alternativas: reconstruir los núcleos que habían sido profundamente alterados tal y como eran previamente, evitando cualquier innovación, o construir de acuerdo con la estética y la forma de la arquitectura contemporánea. Si nos centramos en el ejemplo español, la mayor parte de los investigadores coinciden en señalar que durante la dictadura se produjo un retorno a criterios de restauración obsoletos, como el de la unidad de estilo. En algunos casos fue la necesidad de propaganda política del régimen y su deseo de configurar un escenario monumental los principales factores de las medidas adoptadas, pero también es cierto que cada arquitecto introdujo modificaciones vinculadas con su postura teórica y cultural3. Por ello, es conveniente señalar que no todas las intervenciones siguieron este principio4, y que en algunas de las actuaciones realizadas con anterioridad también se aplicaron soluciones ajenas a las nuevas teorías y cartas sobre conservación y restauración. Además, se trató de una actitud generalizada en Europa e, incluso, en países con una larga trayectoria en el campo de la restauración, como Italia, se desarrollaron restauraciones estilísticas, se desmontaron numerosos elementos decorativos y se procedió a la reconstrucción mediante la eliminación de partes no homogéneas (García Cuetos, 2012). De todos modos, pese a que debemos ser cautelosos y no emitir juicios globales, es innegable que durante la posguerra española se plantearon modalidades de intervención poco respetuosas, entre las que destacó el traslado de monumentos. Esta práctica se solía justificar por el estado ruinoso en el que se encontraban los bienes, presentándose como una “posible solución” ante los problemas que generaba su conservación. En la actualidad, tanto la teoría de la restauración como los mecanismos legales están de acuerdo en que no se deben trasladar los monumentos, no solo por su carácter ilícito, sino porque como apuntó Cesare Brandi “el monumento, desmontado y reconstruido en otro lugar, se degrada, siendo un falso de sí mismo” (Brandi, 1999: 78). 1 La restauración crítica se fundó en la teoría de Benedetto Croce y fue seguida por Renato Bonelli, Roberto Pane y Cesare Brandi. Se basaba en la valoración de la riqueza estética, estilística, espacial, estructural y tipológica de la arquitectura. Defendía la restauración, tras eliminar los añadidos no originales que afeaban al edificio y que no le aportaban ningún valor documental. Para estos autores la reconstrucción solo era posible cuando se mantenía su calidad artística, con independencia del estado de conservación. 2 Fue en la catedral de Reims, poco tiempo después de la finalización de la Primera Guerra Mundial, donde se utilizó por primera vez el hormigón reforzado oculto a gran escala. Desde entonces, se investigó en su empleo con el objetivo de aligerar la estructura y disminuir el peso de las cubiertas sobre los muros. Algunos de los ejemplos más relevantes de este trabajo se realizaron en la iglesia de Santa Clara en Nápoles, en la catedral de Bolzano, en la iglesia de San Esteban en Viena o en San Pedro de Caen, entre otras (Castro Fernández, 2006: 107). 3 Hubo también arquitectos que trataron de primar las labores de conservación y consolidación, como Alejandro Ferrant, Luis Menéndez Pidal y Francisco Pons-Sorolla. 4 En este sentido, algunas de las investigaciones más recientes insisten en que el debate sobre la resaturación monumental no fue tan polarizado y que surgieron también una serie de teorías que trataron de buscar una solución intermedia y consensuada. (García Cuetos, 2016). e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 123# En España se había iniciado un interesante debate entre la escuela partidaria de la conservación —cuyo máximo exponente fue Leopoldo Torres Balbás (Villafranca Jiménez, 2013)— y la restauradora —representada por Vicente Lampérez Romea—; esta última, siguiendo la línea formulada en Francia por Viollet-Le-Duc, defendía la supresión de añadidos y la fabricación de elementos nuevos para recuperar la unidad estilística (Macarrón Miguel, 2013; Monterroso Montero, 2001; Ordieres Díez, 1995). La Guerra Civil y el régimen subsiguiente silenciaron todas aquellas voces que habían apostado por la conservación in situ, adoptándose posturas tradicionalistas e inclinadas a la reconstrucción monumental. La Ley sobre defensa, conservación y acrecentamiento del patrimonio histórico-artístico nacional promulgada en 1933 estuvo vigente hasta 19785, pero sus postulados fueron prácticamente ignorados. Había sido redactada por un gobierno ideológicamente opuesto, partidario de emprender medidas que garantizasen la conservación y la no intervención6. La vastedad de destrucciones y ruinas provocadas por la contienda revelaron la necesidad de concebir un organismo que se ocupara específicamente de la reconstrucción. El 30 de enero de 1938 se creó el Servicio de Regiones Devastadas y Reparaciones que supuso la participación del Estado en la reconstrucción con la constitución de oficinas comarcales, distribuidas en las zonas más afectadas. Solo un año después este servicio se transformó en la Dirección General de Regiones Devastadas (Andrés Eguiburu, 2015). Este nuevo organismo pretendía dirigir e inspeccionar los proyectos de reconstrucción del territorio “nacional”; no obstante, como ha señalado Almarcha Núñez-Herrador (Armarcha NúñezHerrador, 2017: 375-393), la mayor parte de los técnicos responsables tuvieron grandes dificultades para llevar a cabo los proyectos y su actuación estuvo alejada de los principios teóricos planteados, al enfrentarse a una realidad muy diferente a la de sus trabajos anteriores. De otra parte, mientras que las normas y recomendaciones que trataban de asegurar la defensa, la protección y la salvaguardia del patrimonio construido triunfaban en Europa, en España solo encontraron el respaldo de una minoría que no tenía fuerza política suficiente para hacerlas efectivas. Por el contrario, se defendió el traslado de monumentos como uno de los métodos válidos para preservar aquellos que estaban en estado ruinoso, aunque existían otras pretensiones acordes con la ideología dominante, que buscaba el embellecimiento de las urbes modernas que carecían de un centro histórico grandioso que sirviese como marca de identidad del régimen. Esta diversidad de modalidades adoptadas en las operaciones arquitectónicas del siglo pasado ha despertado el interés de un creciente número de investigadores y en los últimos años se han publicado sugestivas reflexiones. Destacan las aportaciones de García Cuetos, 5 La Ley de 1933 se inspiró en los principios de la Carta de Atenas y dotó al concepto de Patrimonio Histórico Español de una gran amplitud, incluyendo todos aquellos bienes que, dadas sus características, eran relevantes o significativos para el conocimiento de la historia del hombre debido a su valor histórico, artístico, arqueológico o paleontológico. 6 Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, y Ricardo Orueta, Director General de Bellas Artes, impulsaron algunas de las primeras medidas para proteger el patrimonio artístico durante la República. Además de incrementar considerablemente el número de declaraciones monumentales, redactaron la primera ley para proteger el patrimonio artístico: la Ley de 1933 (Tussel Gómez, 2003: 28-29; Esteban Chapapría, 2007). e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 124# Almarcha Núñez-Herrador y Hernández Martínez, quienes han favorecido la celebración de congresos y cursos sobre la temática (García Cuetos, Almarcha Núñez-Herrador y Hernández Martínez, 2012). Así mismo, es necesario citar los trabajos de Casar Pinazo y Esteban Chapapría (2008) y los de Biel Ibánez y Hernández Martínez (2009). Respecto al argumento del traslado de edificios, existe un riguroso análisis sobre León de Morais Vallejo, que constituyó un referente para este estudio. En el contexto de Galicia son relevantes las contribuciones de Castro Fernández y su investigación sobre Pons-Sorolla. Precisamente, en estos dos ámbitos de estudio, el del traslado y el del caso gallego, se enmarca este artículo, que pretende enriquecer el conocimiento historiográfico sobre una época y un método de intervenir que todavía no ha sido suficientemente tratado. 3.- Entre la continuidad y la apertura en los años 50 y 60 Como se expondrá en las páginas que siguen, las ideas de desmonte y traslado de las fachadas gallegas se plantearon en la década de los 50 y 60 del siglo XX. En esos años continuaban realizándose intervenciones dirigidas a la restauración de los bienes afectados por la Guerra, pero aparecieron nuevos factores políticos, sociales y económicos que provocaron un gran desajuste en la gestión patrimonial. Numerosos edificios singulares y conjuntos sufrieron profundas transformaciones por diversos motivos: manipulación ideológica y propagandística, desarrollo de la política de explotación del patrimonio como recurso turístico, monumentalización o recreación de conjuntos, etc. En el ámbito económico estas propuestas coincidieron con un momento en el que se fue poniendo fin a la autarquía para adentrase en la fase conocida como Desarrollismo. En realidad, 1950-1960 fue un decenio bisagra, que sentó las bases del despegue económico. La crisis que se manifestó a finales de los 50 rebeló que el modelo seguido estaba agotado y facilitó la entrada de nuevos políticos partidarios de la apertura de la economía española y de la integración en la CEE. Se impulsó, además, la reforma de la industria con el Plan de Estabilización de 1959, que favoreció el progreso financiero y dio comienzo a la tercera gran etapa de la economía franquista: aquella que abarcó desde el decenio de los 60 hasta 1973 (Velarde Fuertes, 2014: 53-74). En los años siguientes, se fue asentando el proceso de industrialización y el crecimiento del sector turístico (Sánchez Sánchez, 2001: 201-224)7. Gracias a este escenario más esperanzador se fue dejando atrás la época del aislamiento, surgiendo una clase media e instaurándose lo que se conocerá como sociedad del Bienestar. De hecho, el avance de la economía fue uno de los ejes principales para la cimentación de la legitimidad del régimen que se escenificó en 1962 con el nombramiento de una nueva clase política, en la que los tecnócratas cercanos al Opus Dei reemplazaron a los anteriores ministros de corte falangista y militar (Castro y Díaz, 2017). Este gobierno marcó como principales objetivos promover la modernización económica y normalizar las relaciones internacionales con los estados occidentales, configurándose un clima social, intelectual y cultural más abierto, en el que ejercieron un rol importante algunas publicaciones de prensa y revistas que se convirtieron en el reflejo, y también en el impulso, del cambio. Uno los síntomas de dicho cambio fue la reaparición en 1963 de la Revista de Occidente (Chuliá, 2009). El fomento cultural fue un objetivo muy demandado 7 En 1951 se había creado el Ministerio de Información y Turismo, con Gabriel Arias al frente. Su impacto sobre la Economía del país fue considerable y en el ámbito de la recuperación del patrimonio estimuló, por ejemplo, la conversión de castillos y construcciones de singularidad artística en Paradores Nacionales. e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 125# entre los sectores minoritarios de la sociedad, que en los años que nos ocupan se fue incrementando debido al aumento de titulados universitarios. Este renovado interés por impulsar el crecimiento y la modernización estuvo muy relacionado con la exigencia de supervivencia del régimen, en peligro por la crisis a la que ya hemos aludido. En cualquier caso, la revitalización económica no logró un apoyo constante ni tampoco contó con el consenso de todos los sectores de la sociedad, sino que, como ha señalado Sánchez Recio, “la modernización dejó al descubierto las limitaciones inherentes del régimen franquista y la ilegitimidad de su origen” (Sánchez Recio, 2003: 16). Los pretendidos enunciados políticos mantuvieron los “poderes excepcionales” que había asumido y ejercido el general Franco desde el 1 de octubre de 1936 y, pese a algunas novedades conceptuales introducidas con la promulgación de “Los Principios del Movimiento” del 17 de mayo de 1958, prevaleció la idea de continuidad8. Por lo que respecta a la conservación del patrimonio, esta fase ha pasado a la memoria colectiva como un período dominado por las destrucciones y por el crecimiento incontrolado de numerosas ciudades españolas. La gran mayoría de las restauraciones e intervenciones respondieron a una praxis alejada de los nuevos criterios difundidos por Europa, con teorías de restauración más próximas a principios formulados en el siglo XIX que a los planteamientos de los años 20 y 30, cuando, como ya se ha comentado, ciertos historiadores, entre los que destacó Manuel Gómez Moreno, habían apostado por la restauración crítica (García Cuetos, 2008: 8-23)9. 4.- La conservación del patrimonio en Galicia Hasta mediados del siglo XIX, el patrimonio arquitectónico gallego no sufrió pérdidas considerables por motivos bélicos. Sus ciudades y pueblos mantenían los bienes de origen románico y barroco, estilos dominantes en la comunidad. Fue a partir de la Desamortización y del desinterés de mediados de la centuria cuando se produjeron grandes daños que ocasionaron la destrucción de arquitecturas significativas. Uno de los principales problemas de los primeros años de la Desamortización fue el destino de los inmuebles sacros; aquellos emplazados en zonas rurales sufrieron con mayor intensidad los robos y destrozos y se vieron abocados al abandono y a la ruina por la ausencia de medidas eficaces de vigilancia y conservación. Los gobernadores civiles de las cuatro provincias gallegas recibieron con prontitud la Real Circular del 29 de julio de 1835 en la que se abordaba la necesidad de formar comisiones para examinar, inventariar y catalogar los bienes de los monasterios y conventos suprimidos. Sin embargo, como ha señalado Vigo Trasancos, “la ineficacia de las Comisiones, la lentitud y tardanza de la declaración oficial de monumentos, la falta de una debida catalogación de edificios de interés histórico, el aprecio distinto que cada época sintió hacia los estilos arquitectónicos del pasado”, fueron los principales factores que favorecieron la desaparición de 8 “Los Principios del Movimiento” se catalogaron como leyes fundamentales del Régimen. Su aportación más relevante fue la exclusión de los enunciados de “carácter totalitario” que fueron sustituidos por otros de significado autoritario y paternalista. 9 Conviene recordar que en 1964 se publica la Carta de Venecia. Este texto señalaba el carácter excepcional que debía tener la restauración, una intervención cuyo objetivo era la conservación de los valores estéticos e históricos del monumento, respetando todas las aportaciones de las distintas épocas presentes en los mismos y completando, en su caso, los elementos esenciales faltantes con el lenguaje de la arquitectura contemporánea para no falsificar el monumento. e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 126# interesantes edificios históricos (Vigo Trasancos, 2006: 7-32). No obstante, como ocurría en el resto del país, también se fue gestando una élite social preocupada por la investigación histórica y por la protección del patrimonio monumental a partir de la creación de instituciones que contribuyeron notablemente a la tutela del legado históricoartístico, como la Sociedad de Amigos del País, la Real Academia Gallega y el Seminario de Estudios Gallegos (Gaspar, 1996). Muchos de sus integrantes fueron especialmente sensibles en materia de restauración arquitectónica, mostrándose contrarios a prácticas agresivas, como el desmonte de edificios. Las finalidades de esta intervención fueron variadas: desde la construcción de un pantano hasta la venta a un particular o el reemplazo para custodiar un elemento de singular valor en un museo. En Galicia, el ejemplo más conocido y estudiado es el del traslado de monumentos e inmuebles de interés para evitar su naufragio con motivo de la construcción de varias presas hidroeléctricas en las cuencas de los ríos Miño y Sil, como ocurrió con San Xoán de Cova y San Estevo de Chouzán. De todos modos, el episodio más destacado y el que tuvo también una mayor repercusión mediática fue el del poblado de Portomarín, anegado por completo tras la obra de la presa de Belesar y reubicado en una zona más elevada. En este caso solo se trasladaron algunas de sus edificaciones más significativas: la iglesia de San Juan y la capilla de Santiago, que se montaron íntegramente, y la de San Pedro, de la que solo se reconstruyó la portada románica y el mausoleo de la familia Pimentel (Castro Fernández, 2010: 201-235; Fernández Martínez, 2014: 196-206; Varela Villamor, 1970). El antecedente español más cercano era el del templo visigodo de San Pedro de la Nave, en Zamora, trasladado para la construcción del pantano Ricobayo a orillas del río Elsa. El desmonte se realizó entre 1930 y 1932 por iniciativa de Manuel Gómez Moreno, según un proyecto de Alejandro Ferrant. En la elección de su nuevo emplazamiento se trató de garantizar las características ambientales del territorio original y la intervención fue aprovechada para su restauración. (Carballedo Zoreda, 2004; Ramos Pérez, 2001). En los ejemplos estudiados, el factor que impulsó la idea del traslado de los templos de Monfero y de Montederramo estaba relacionado con su estado de conservación. El deterioro que sufrían estas fábricas fue el principal argumento para defender la propuesta, con argumentos que afirmaban que era única alternativa para asegurar su salvaguardia. Con el Decreto de 22 de julio de 1958 se había instaurado la categoría de monumento de carácter provincial y local; en ella se incluían los monumentos menores con la finalidad de que el Estado prestase una atención preferente y más intensa a los grandes inmuebles de carácter nacional. Esta norma parecía otorgar una especial legitimación a las Diputaciones Provinciales y a los Ayuntamientos, pero la obligación de dichas administraciones de asumir la responsabilidad económica comportó el fracaso en la consecución de los objetivos (Macarrón Miguel, 2008). La tradicional escasez de recursos de las corporaciones locales hizo que se limitasen los procedimientos de declaración, especialmente en aquellas zonas con menos recursos, entre las que figuraba Galicia. En esta región existía un fuerte contraste entre el litoral occidental —concentrado en las provincias de A Coruña y Pontevedra—, con una base económica diversificada y unos niveles de urbanización superiores, y el interior rural, poco dinámico y agrario. La población residente en las siete principales ciudades solo suponía el 6’6% del total en 1900, el 9% en 1930 y el 16’8% en 1960, por lo que durante los sesenta primeros años de la centuria existía un escaso desarrollo de los núcleos principales y de aquellas actividades económicas que no se basaban en la explotación de los recursos de la tierra o del mar (Alonso Logroño, Lois González, 1997: 147-168). e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 133# El único obstáculo que presenta el proyecto es la oposición del pueblo de Montederramo que se resiste al traslado. Esta reseña hacía eco de las informaciones que desde hacia un mes se divulgaban en la prensa gallega. El 28 de agosto, José María Signo publicaba un escrito con el alarmante título de “Un grave naufragio monumental se ha producido en Montederramo” [Signo, 14 de septiembre de 1963: 10]. El periodista mencionaba la desatención de las diversas dependencias monacales y señalaba la falta de iniciativa para emprender las necesarias reparaciones16. Su reportaje se centraba, especialmente, en el aspecto del inmueble en la época [Ilustración 05]. Tres días después, el mismo autor insistía en la urgencia de construir nuevas viviendas para los vecinos que habitaban en el monasterio; de todas formas, lo más interesante es que en sus últimas líneas insinuaba la posibilidad del traslado de la iglesia a Vigo, presunción que días más tarde apareció en La Vanguardia, como ya se señaló: ¿No podría darse al edificio una función plena, con el rango que su historia venerable merece? ¿Acaso no hay ciudades que estarían dispuestas a adquirirlo y trasladar en su seno el Monasterio para sentirse orgullosos de su presencia? El problema queda ahí planteado para que alguien nos ayude en la búsqueda de una solución más justa. 16 Vicente Risco fue un intelectual gallego, miembro de la generación “Nós” y alma Mater del nacionalismo (Fernández Fernández, 2015). Ilustración 05. Claustro de la Hospedería antes de la restauraciόn. Museo de Pontevedra. e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 134# Salía a la luz una noticia que pronto dio lugar a una gran controversia. Lo que comenzó siendo un mero rumor acabó convirtiéndose en una idea difundida y simultáneamente criticada o apoyada por diversos sectores de la sociedad orensana y viguesa. En los días sucesivos, la prensa no solo anunciaba la posibilidad del traslado a Vigo, sino que se presentaban las opiniones de varios orensanos influyentes (Faro de Vigo, 14 de septiembre de 1963: 10). El director del Museo Arqueológico Provincial, Jesús Ferro Couselo, veía la opción como una solución extrema, al igual que el maestro y pintor Tomás Bóveda Gómez. Análogos juicios eran aportados por D. Segundo Alvarado-Feijoo Montenegro, D. Manuel Prego de Oliver, D. Ángel López Cid y D. José Martínez Seara. Por el contrario, tanto el alcalde de Vigo —Fontán González—, como el propio obispo de la diócesis de Tuy-Vigo —Fray José López Ortiz— veían en la intervención una solución para conservar el monumento y, al mismo tiempo, una oportunidad para la nueva ciudad viguesa. Es pertinente recordar que a partir de los años 60 Vigo se había convertido en uno de los principales destinos de emigración gallega, ejerciendo una gran atracción entre la población de la provincia de Orense. El crecimiento demográfico y las secuelas de la industrialización revelaron la necesidad de realizar un plan de ordenación urbana. La ciudad carecía de una zona monumental y, por ello, la construcción de una catedral en el llamado “Campo de Granada” podía contribuir a su embellecimiento urbano. En una entrevista al arquitecto municipal, Tomás Pérez-Lorente Quirós, se barajaba la posibilidad de crear una gran plaza dominada por la Casa del Conello y por esa hipotética nueva catedral (Pérez-Llorente Quirós, 16 de noviembre de 1965: 15): El señor Fontán habló de que su aspiración, tanto de alcalde como de vigués, sería hacer en el llamado Campo de Granada, una gran plaza en la que pudiesen situarse, además del edificio municipal, la catedral de Vigo, con la posibilidad del traslado del monasterio de Montederramo, y el Palacio de Justicia (…). El domingo 15 de septiembre, el Faro de Vigo publicaba unas declaraciones que ratificaban el rumor anunciado unas semanas antes. El obispo afirmaba que se trataba del inicio de unas gestiones que todavía no estaban formalizadas, aunque se mostraba partidario de las mismas. Como alegato a su favor, recordaba que era una práctica desarrollada habitualmente y citaba algunos ejemplos que ya se habían realizado (López Ortiz, 1963: 16). Sin salirnos de la región, aunque en medida más modesta, en estos últimos años se ha trasladado un bello pazo pontevedrés a Marín: la iglesia de Puerto Marín; y sabido es cómo piedras más difíciles, se están engastando, en una iglesia coruñesa. A lo largo del mes de septiembre de 1963, este periódico siguió incluyendo reseñas que confirmaban la propuesta del obispo y del alcalde vigués. Pero surgieron dificultades, pues a la resistencia de los vecinos del pueblo se sumaron algunas críticas que clamaban por la conservación del monumento in situ. Emilio Salgado Urtiaga, arquitecto municipal de Pontevedra, se posicionó desde el inicio en contra, no solo por el elevado coste de la obra, sino también porque aseguraba que las operaciones de desmontaje causarían numerosos daños al material constructivo que perdería parte de su pátina (Salgado, 1963: 10). e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 135# Por su parte, La Región de Orense, que hasta el momento se había mantenido en silencio, daba cabida en sus páginas a una carta del escritor Fernando Alonso Amat con el significativo titular “Contra el pretendido despojo de Montederramo”. El texto reproducía la noticia que ya había sido publicada en la prensa nacional, sin hacer alguna mención a las afirmaciones difundidas por el Faro. Amat planteaba algunas posibles soluciones, sugiriendo otros usos a los que podría destinarse el inmueble (Alonso Amat, 1963: 16). La construcción de un albergue, un pabellón de caza y pesca, la instalación de alguna Escuela de Maestría Industrial o de Prácticas Agrícolas y Ganaderas; algo, en fin, que remedie un abandono y penuria centenaria. Durante el mes de septiembre se continuó tratando el tema en reportajes, noticias y cartas de los lectores; pero, a partir del octubre se hizo un silencio estruendoso en toda la prensa como si alguien decretase el olvido para aplacar la controversia. Ese vacío informativo nos impide confirmar documentalmente las causas por las que, afortunadamente, el plan previsto no se llevó a cabo. Tal y como nos manifestaron los vecinos que vivieron aquel acontecimiento, fue la resistencia del pueblo y el apoyo de otros municipios limítrofes, así como la denuncia de arquitectos e historiadores, lo que impidió que no se consumase el traslado. 7.- Nota final Los ejemplos comentados ilustran una de las prácticas de intervención en un Monumento Histórico-artístico utilizadas durante el franquismo, ajena a las nuevas corrientes conservacionistas europeas. Sin abandonar Galicia, tan solo un mes después, en enero de 1964, el Faro de Vigo revelaba una nueva propuesta para remover otro monasterio abandonado, el de San Lorenzo de Carboeiro, defendiéndose su traslado a la ciudad de Pontevedra17. El proyecto de traslado de las fachadas de estas iglesias coincidió cronológicamente con la época de gran especulación inmobiliaria que produjo la demolición de muchos edificios monumentales. En las décadas centrales del siglo XX se realizaron intervenciones irrespetuosas con la conservación de los valores históricos de diversos bienes patrimoniales y a la, ya comentada, ausencia de legislación, se sumaron la politización de la cuestión arquitectónica y el acelerado crecimiento urbano poco programado. Hubo arquitectos, como Menéndez Pidal, que hablaron de las consecuencias perniciosas de este tipo de prácticas, pero, generalmente, muchas de las intervenciones se caracterizaron por actuaciones grandilocuentes dirigidas a crear un escenario monumental que respondiese a la ideología dominante. En la década de los sesenta, pese a la tímida “liberalización” que posibilitó la actividad de editoriales que permitieron una gradual recuperación de la 17 Rafael Campo Novas fue uno de los defensores del traslado del monasterio a Pontevedra rechazando su conservación in situ. En sus propias palabras: “debemos luchar y trabajar en su traslado, para poder conservar lo que en otro tiempo fue esplendor y belleza. Pues no soñemos con una reconstrucción in situ que no conduciría a nada práctico, pues no tendría objeto, ni artística, ni turística, ni espiritual o religiosamente. Yo creo que su reconstrucción tendría que ser con una finalidad determinada, y aunque se lograse dicha reconstrucción, que lo dudo, habría que hacer llegar a las gentes allí. No, no hay solución. Hay que trasladar el monasterio a Pontevedra, pudiendo conseguir, un emplazamiento maravilloso en el Polígono de Campolongo”. (Faro de Vigo, 09-01-1964: 10). e-rph Intervención | Estudios | Carla Fernández Martínez e-rph nº 24, junio 2019, pp. 118-141 DOI: htpp://dx.doi.org/10.30827/erph.v24i4 136# cultura del exilio y de nuevas corrientes de pensamiento, España seguía careciendo de un debate abierto y libre que afectó también al propio concepto de conservación. Los estudios alusivos a la restauración monumental en España durante la etapa franquista se han enriquecido considerablemente en las últimas décadas con publicaciones monográficas y artículos, así como en estudios comparativos sobre las prácticas realizadas en Italia y Portugal, como ya se ha comentado18. Los frustrados desmontes objeto de este análisis se enmarcan en el contexto del “patrimonio emigrado” y en los traslados parciales que pretendían asegurar la conservación. De acuerdo con Castro Fernández (Castro Fernández, 2006: 276), en algunos casos extremos de degradación por un exceso de contaminación es lícito su transporte a un ambiente menos nocivo, como un museo. La propia Carta de Venecia, en su artículo octavo, justificaba este tipo de intervenciones como último recurso ante la pérdida del patrimonio. Este interés por recalcar la idea del traslado como una operación inusual, debida a causas mayores, se reiteró en el Convenio para la Salvaguardia del Patrimonio Arquitectónico de 1985 y sigue vigente en la actualidad. Precisamente, en esta contribución se ha pretendido rescatar del olvido este caso gallego, poco conocido, para enriquecer el entendimiento de la práctica restauradora durante de las décadas centrales del siglo XX. Afortunadamente, no tuvo consecuencias trágicas y de él solo nos queda el recuerdo, reconstruido a través de la prensa, de una “peculiar manera de tutelar y valorizar” el patrimonio en un contexto político y cultural de nuestra historia contemporánea. 8.- BIBLIOGRAFÍA ALMARCHA NÚÑEZ-HERRADOR, E. (2017). “Como debe ser. Arquitectura y restauración monumental en Castilla-la Mancha durante el franquismo”. En CABAÑAS BRAVO, M. y RINCÓN GARCÍA, W. Imaginarios en conflicto. Lo español en los siglos XIX y XX. 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