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El Me'am Lo'ez de «Ester»

Pascual Recuero, Pascual

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"EL "ME·'AM LO'EZ» DE «ESTER» » 1 «(El dialecto judea-español conserva muchos ver~ »bos y nombres de los que usaron nuestros antepa- );sados y sirvieron para magnificar y lucir con gen- )tiJezas y donaires aquel precioso lenguaje de los )siglos XVI y XVII, cstünado desde ciertos puntos )dc vista como superior y preferible al actual nues- )Jlro) (A. Pulido) 2. EXISTE en el mundo un dialecto castellano hablado por varios -cientos de n1iIcs de personas, del que no se ha hecho gran aprecio hasta muy recientemente. Los judíos espaüo!cs, que hubieron de abandonar su patria originaria a raíz del edicto de 1492, junto con el bagaje cultural de la época, se llevaron también el castellano que hablaban en Espaüa desde haCÍa tiempo. Este lenguaje ha re· 1. Extracto de la tesis doctoral titulada ({El «M¡y-cam l(/'z;z ,Esten>, Introducción, estudio, texto transcrito y co!YwlZtario», calificada el 18 de mayo de 1961 con nota de SOBRESALIENTE cum laude, originalmente en tres "'VolÍlmenes (V, parte: «Introducción y estudio», J85 páginas; 2,11:: «Transcripción completa en caracteres latinos», 445 páginas; 3,a: «Apéndices», 278 páginas). El trabajo fue dirigido por el Doctor don David Gonzalo Maeso, Catedrático de Lengua y Literatura Hebrea de la Universidad de Granada, y el tribunal estuvo constituído por el mismo, como presidente, y el Docter don Luis Seco de Lucena Paredes, catedrático de la Universidad de Granada; Doctor don Federico Pérez Castro, catedrático de la Universidad de Aladrid; Doctor don Manuel Alvar López y Doctor P. DarÍo Cabanelas Rodríguez, ambos de la Universidad de Granada. Posteriormente se le adjudicó el Premi::'1 Extraordinario del Doctorado correspondiente a ese bienio, 2. P',lEdo FCl'nández, Angel: ,(Españoles sin Patria y la raza sefardú), \ladrid. 1905 (página 86). 66 PASCL'AL PASCUAl._ RECCERO Pl cibido entre enos el nombre de «judezmo» o «español»; el de "españolit» en el actual Estado de Israel; y en el lenguaje escrito se ha consolidado la denominación de «ladino», sinónimo de «español», pero en la forma dialectal hablada por los desterrados. En realidad, la mis adecuada sería la de «dialecto sefardí». Interesa a nuestro propósito por el momento el lenguaje escrito, el «ladino», tipo de aljamía que ya se usaba en España por escritores rabínicos en los últimos tiempos de la Edad Media 3. Se ,eñala el siglo XIII como el momento en que los judíos empezaron a escribir en español, antes de que este idioma fuese de buen tono o común., empleando caracteres hebreos del tipo ráSi s Escribir con esta modalidad hebraica no encierra dificultad mayor, si se conoce el valor que cada letra tiene en su representación escrita; como tampoco la tiene descifrarla, siempre que el contenido y todos los términos empleados sean completamente castellanos. No ocurrirá así en los textos posteriores, hasta la actualidad, cuando constituye casi una rama especial de estudio la técnica para llegar a comprender la totalidad de un texto escrito en este dialecto. Relaciones de viajeros españoles hay quc manifiestan su asombro al haber encontrado a ciertas personas que, en su peregrinar, se les acercaron blasonando de un origen común. Son los descendientes de las treinta o setenta mil familias desterradas, a quienes ha llegado, con el recuerdo imborrable de la patria que quedó atrás, el habla íntima del hogar, único patrimonio que nadie pudo impedir que se llevasen, ni ordenar medidas contra su exportación. El idioma se ha conservado por ejemplar adhesión de estos pr¿'scritos al habla de sus mayores a través de casi cinco siglos. Los sefardíes pasaron desde España a Portugal -y Países Baj os ; del Norte de Africa hacia América o el Oriente Próximo; de Italia a Europa Central 6. Se convirtieron en ciudadanos del mundo, extendiendo el saber español y los adelantos de la monarquía más 3. Viscasillas y Urriza, Mariano: «Nueva Gramática Hebrea)}. Madrid, 1895. 4. Roth, Cccil: ,(La contribución judía a la civilización>,. Buenos Aires, 1946. S. La «escritura riHb> es el tipo de letra rabiníca implantada por Rab· bi SeloI1l6h ben Yi.$l)áq, sabio francés del siglo XL 6. Vendryes, J.: «Les langues du monde». París, 1924, 1,'1 <~FT ,<\IT~, ':AlIf ¡_(¡'Tí'> nr ,--:[;;,n:r;:"· 67 prestigiosa de la época. Al obtener así el castellano categoría de lengua internacional, les sirvió para hacer menos desesperado su infortunio, ya que les brindab" ocasión de poder expresarse en su lengua familiar. Ellos han conservado el castellano del siglo XV, "el castellano de! rancio , a usanza de Castella la Viexa», que recoge algún novelista 7) y nos le devuelven hoy corno una f'Jues~ tra fósil de lo que fue nuestra lengua casi en sus albores, en un momento anterior a la evolución profunda sufrida en el siglo XVI. Estos sefardíes son los que constituyen actuahnente una gran masa de la población hebrea del Próximo Oriente, y adonde fueron, significaron una especie de aristocracia del judaísmo, imponiendo sus costumbres y su lengua a las comunidades. De ahí que h.ace diez años señalase la estadistica al grupo de judíos que ha- "lan el judea-español en segundo lugar en orden a la importancia en el censo de los componentes de esta raza con lengua propia, muy distantes en número a los que hablaban el hebreo. Y en el propio Estado de Israel hay ahora LInos trescientos mil judíos sefardíes que utilizan como habla familiar la «espaiiolit», aprendida por la costumbre hogareña de enseñarla a los hijos desde su más tierna infancia, Ya a principio de siglo izó bandera de sefardismo en España el doctor Pulido, quien tomó contacto con personalidades y núcleos sefardíes del mundo entero, y nos dejó impresos los pensamientos y comunicaciones de sus interlocutores. De uno de ellos 8 transCl'ibe: «El idioma que emplean los israelitas de rito sefaradí no »es ni el espagnol de Madrid, ni el castellano, ni el andaluz, »ni ningún otro dialecto, Ma el es todos estos dialectos »riunidos, tales que se hablaban al siglo 15, en la época »del desticrramiento de los judíos. Estos últimos traeron »)cün ellos el idioma que se hablaba en las provincias de )onde eran originarios Es mas tarde, cienes de anos des- "pues, que Jos judíos de Oriente viajaron, se estabilleron en ,>otros centros y formaron en cada ciudad una sola comu- ':.nidad y sus dialectos fusionaron)), A poco de .la expulsión escribían en un lenguaje semejante al castellano de la época. Pero siglos después, algunos sefardíes orien7. Blasco Ibái'iez, Vi-;:ente: «Luna Benamon>. Valencia, 1919. 8. Carta fechada el 3 de julio de 1904, por Sarnuel S. Levy, director del periódico {(La Epoca)}, en ladino. 68 PASCliAL IJASCUAL RECuERO [4] tales tienen en su léxico poco más de trescientos o cuatrocientos vocablos de origen netamente castellano. Fuc perdiendo la riqueza expresiva, a causa de la decadencia cultural de los judíos que le hablaban, para presentar hoy unas diferencias marcadísimas con el habla de España. La argamasa constituída por las palabras ele uso más corriente y las partículas del castellano, engarza infinidad de términos y giros, desusados unos) y los más originarios del hebreo o recogidos de los países en que han vivido las familias sefardíes, llevándose en su peregrinar a otras tierras nuevos ténnínos expresivos llamados a perdurar, sean turcos, árabes, portugueses, franceses, italianos, etc, aden1ás de los préstamos debidos al griego y latín, y aun de lenguas eslavas. La Biblia y el hebreo van a informar inmediatamente los préstamos manifiestos en el judeo-espaüol, salpicando los textos de palabras y frases hebreas, a pesar de que su contenido nada tenga que ver con los libros bíblicos. Así es la lengua que pervive, escrita en caracteres hebreos o btino$, incluso con una prensa diaria muy nutrida. * * * Hacia la mitad del siglo XVII conoció la judería del Próximo Oriente una época de calma, que aprovecharon las cOlTIunidadcs para organizarse. Justanlentc un siglo después se jnician sus año:) esplendorosos y fructíferos, cuando Turquía y Grecia dan cabida a la cultura occidental, incorporándose de nuevo a los destinos de Europa. Con la prosperidad reinante; con el espíritu tranquilizado y despuéS de tomar contacto los judíos cultos con la literatura de Occidente; y con el uso de! francés, se propaga también el uso del judeo-espaüol. En aquellos países se generaliza el arte tipográfico, que aprovechan los sefardíes para imprimir toda clase de libros, principalmente traducciones al ladino de obras científicas y de literatura rabínica. Y con esta oportunidad crean, recopilan y publican obras propias. A la ocasión surge y se imprim~ el "Me,oam 16 o ;;z»9, sobre el que Michael Molho, buen conocedor de 9. El título procede del Salmo 114 1, donde dice el salmista que sacó Yilvé a los israelitas ele Egipto, «de un pueblo bárbaro)} o «extranjero)}; es decir, que hablaba un idioma exótico, 1:l0 hebreo. 151 «'EL (~;\tE-,cAM L{)cEZ» DE «ESTER)) >1 69 la historia y tradiciones de los sefardíes griegos y turcos ae lo,; ultimos siglos, ha publicado últimamente interesantes trabajos!o. «Me.cam lócez», la obra original más importante y voluminosa que se ha escrito en ladino, fue concebida e iniciada por YaCiiq6b ben Me'¡r Kuli (1690-1732), rabino palestinense, quien intentó hacer un comentario midrásico sobre la Sagrada Escritura destinado a la formación religiosa y moral del sefardí de cultura medía. Su proyecto había de lograrse en siete partes o volúmenes, que comprenderían: 1. a: «Génesis»; 2.::1: «Exado}) y (Levítico»; 3 H: «Números» y «Deuteronomio»; 4.U: «Profetas prin1eros»; 5. B: «Profetas posteriores» (los tres "Profetas mayores»); 6.': «Doce profetas menores» y los «Cinco rollos»; 7. 11 : {(Escritos sagrados restantes}) 11. Pero Kuli S01:J.n1ente pudo concluir el comentario a ({Génesis» y llegó hasta el capitulo 24." de {(Exodo»12, La continuación de este gigantesco empeño del «M0'\uTI lócez» es una muestra sorprendente de adhesión perenne a una idea cuando se es capaz de renunciar a los propios proyectos y sumarse a uno ajeno si en él se reconoce mérito suficiente. Continuó el camino de Kuji el también rabino Yisl)aq ben M6séh Magriso, hasta el final de «Números». A él sigue la labor la YisJ;¡aq Behor Argel!, que se limita a comentar el «Deuteronomio», y que vio impreso (Constantinopla, 1773) como una dificultad más de las que atravesó en su vida. Mientras tanto, se han reeditado ya los comentarios a los tres primeros libros de la Ley. Setenta y cinco años de silencio hacen pensar que la empresa de Ku¡¡ quedaría limitada al "Pentateuco», hasta que aparece la exégesis de «Josué», en dos tomos, por obra de Me ná1-)ém Mitrani, de Adrianópolis (Salónica, 1849); al que sigue el de R'[a'el Hiya' Pontrémoli a «Ester», y de otros autores a los libros de «Rut)}, «Profetas primeros», «Isaías», "Eclesiastés)}, «Cantar de los cantares», «(DanieL> y «Lamentaciones» 13. 10. Son ellas: 1. a: «Le Meam Loez (Encyc!opédie populaire du sépharadísme levantin)>>, Thessalonique, 1945. 2. a: <~ Usos y costumbres de los sebrdícs de Salónica¡>, e, S. l. C., Madrid-Barcelona, 1950. 3. a: «Literatura sefardita de Oriente)" C. S. 1. C., Madrid-Barcelona, 1960 (un 2.0 tomo en preparación). 4. 11 : ((R. Ya'acob Hul~lI y su obra Méam Lo'eZl> (inédito). 11. Así lo expuso Killl en el Prefacio general al {(Me,cam 16C'eZ», fechado en el mes de Elul de 5490 (=agosto de 1730). 12. Murió en Constantinopla el 9 de agosto de 1732. 13. El coment.l.rio de YT:,d}5q I\:l'a1}yüh a 'd"ament8clones)} se perdió en el incendio de Salónica, en agosto de 1917. 70 l'J¡SCl.IAL PASCUAL H.ECUERO [6J El "Me-cam lócez», libro sin par en la literatura judía, sea en hebreo o en otros idiomas, con un estilo claro y de gran riqueza ,ic; vocabulario, cuenta con dos grupos de libros bíblicos: la "Torah », fundamental para la formación religiosa de los sefardíes; y los "Cinco m'gíl16!», interesantes y sugestivos para la masa del pueblo judío de origen español. Hasta la fecha consta de dieciocho tomos, compuestos sucesivamente por trece autores, destinados a comentar varios libros del T. H. La mejor prueba de su popularid"d se manifiesta en las varias ediciones que de estos comentarios se han hecho en el espacio de casi doscientos años 14. Por lo demás, hay noticia de la versión al árabe, por 'Abráham Leha;rl (Argcl, 1911-1914), de los cuatro primero tomos del ,'¡Vie-'am lü'cz>'; y un extracto de "Génesis» fue pubiicado (Esmirna, 1864) con el título de "CAqegá! Yisháq». * * * Una parte de esta monumental enciclopedia sefardí es b materia de nuestra consideración, precisamente la exégesis del "Libro de Ester» realizada por Rcfá'el Hiyü' Pontrémoli, que logró, sin 14. Esquematiz3mos cuantas ediciones recoge Barük Fricdbcrg en su !(Bef 'Eqe~J SeLirim) (Tel-Aviv, 1952), entre las 25 Ó 30.000 fichas de obras publicadas por judíos desde 1474 a 1950. El contenido de la ficha 2.747, tomo Ir, púg. 645-646, es el siguiente: 1Y: "Be-r¡]'.~·it))} de Ya'aClüb ben Me'ir K¡¡Ji: Constantinopla (1730 y 1748), SaJónica (1794), Liorna (1822), Arta·Qiyoi (?) (1823~25), Esmirna (1864) y SalóniC<.\ (1897), 2Y: <~ScmDt)J de Ya'aqüb bcn Me'íf Kúli (24 cap.): Constantinopla (1733). 3.°: ((Senú;{>¡, de Yi.:;l;áq ben 1\1 üséh Magriso (restante): Constantinopla (1746-47), Sal6nica (1753), Consl:H1tinopla (l763), Salónica (1799 y 1803), Liorna (1823), Satónica (1859), Es~ rnirnn. (18ó4-65) y Jcrusalem (1884). 4,": «Wa-yiqrll'}), de Yi~l).áq ben Móséh M.<1griso: Constantinopla (1747 y 1753), Snlónica (1802), Liorna (1822) y Sa16nica-Esmirna 1866), 5.°: «Bc-mulbdr}), de Yi$Daq ben Moséh Magriso: Constantinopla (1764), S:tlónica (18093 y 1815), Liorna (1823) y Esrnirna (1867). Ú.II y 7.°; «Dcbdril11», de Yi~J::laq Echar Argeti: Constantinopla (1773), Liorna (¡Tri y 1823), Salónica (1829), Esmirna (1868) y Salónica (1883). 8." Y 9.': « YchÚ.\~Úd') de Mená1)em Mitrani: Salónica (1849 y 1867) Y Esmirna (1870). lOY, 11,0 Y 12.": «N(bi'im ri'Xvnilm>, de Yit'hftq Yehúdüh 'Abbi': Salónicél (1888). 13.°: «Yda'yiihú}}, de Yi~l}aq Yehüdá 'Abba': Salónica (1892), 14.0; ,,'Iyú/))), de 'AbI'ilham ha-Kohen Bernardút: Salónica (1899). 15.°: «SIr ha- ;¡r]m", de Hayim YisJ¡aq 8aqi: Salónica (1899) y JerusaJém (1908). 16.0: 'J?íih, de Refá'el yj~l:)üq Me'ir Benveniste: Salónica (1882), 17.°: «Qohélet»), de Nisim Moséh' AbtJd: Constantinopla (1898). 18.0: {{ Estef"l), de RtHi.'e1 Hrya' Pontrémoli: Esmirna (1864), S"lónica (1867) y Constantinopla (1899), (71 <~EL «ME-'t:A\1 LOcEZl) DE «( ESTERI) j¡ 71 duda, la versión y comentario más extensos de él en judeo-español, aparecido en Esmirna el año 5624/1864 15. La popularidad del volumen sería tal, que movió a las jerarquías del judaísmo oriental a proporcionar nuevas ediciones de la obra, facilitando a sus correligionarios piadosas leyendas, ejemplos edificantes, interpretación de pasajes bíblicos con una exégesis ortodoxa, rodeando todo de un estilo fácil y de anécdotas que hiciesen accesibles sus enseñanzas. La mágica aventura de Ester en esta versión fue reeditada en Salónica en 5627/1867. Tres ediciones en 35 años demuestran el interés permanente que para los lectores suponía el contenido de este libro. Nuestro volumen del «Sefer Me-'am l(jc ez 'Ester» cs un tomo Cie 19 por 13 cm., con 438 páginas, procedente de la edición de CoTÍ,- tnntinopla (5659/1899), preparada por Nislm S. Sebiliya'; el librero y distribuidor fue Binyamin R. ben yóséf; su impresor, AL Numismatides 16. La obra está dividida cn dos partes, aproximadamente iguales: con 208 páginas, la 1.", y 232 la 2.', comprendiendo aquélla el comentario a 52 versículos (hasta Est 37 ), y la 2.', el resto del libro, con un total de 115. La proporción se evidencia únicamente en el tamaño de las dos partes; pero no así en cuanto al comentario, ajustado al interés exegético que se desprende, a juicio de Pontrémoli, del texto de los mismos. El libro conjunto está fraccio15, Hemos dispuesto de varias versiones del «Libro de Ester» en la .. dina ,todas del siglo pasado; y de un extenso comentarío, comprendido en el «Sefer 'arba'ah wc-'esrim)'I, COn el título de «Ester 'im targum ladino», Que traduce y comenta versículo por versículo el {(Libro de Ester». Estas publicaciones, ]0 mismo que nuestro original, son de la particular propiedad del Dr. Gonzalo Maeso, que tuvo ocasión de adquirir en sus viajes por paises donde, en los bazares de libros, se exhibían textos hebreos del más variado contenido, o bien comprándolos a particulares, no sin vencer, a veces, la obstinada resistencia de éstos. 16. La fecha de edición, por si hubiese dudas, figura en ambas portadas con cifras árabes: 5659; Y cinco veces más aparece en caracteres hebreos: en la primera portada (5659), siguiendo la cronología «desde la creación del mundo»; y en la 2, 208, 438 Y portada de la 2,n. parte, también en caracteres hebreos (año 659), «(desde la creación del mundo», sin unidaaes de millar; aprovechando para expresarlas, respectivamente, unas fra- ~es de Est 8u,:, Gn 4334, Est 816, Est 103 y Est ]03, en ningún caso las mis" mas, aunque del mismo versículo. Y aún también en turco se especifica el año, al incluir en caracteres árabes la autorización para imprímirse. 72 PASCUAL PASCUAL RECUERO 18í nado en 17 capítulos, que no coinclUcll con los canoUlCOS de la «M'gill;¡h». Lo explica el propio autor al final de la l." parte, diciendo: d siendo la M'gilláh »aremos de despartirla »kapítulo aparte, según está en 17 p,¡ras¡yót, lo mezmO en 17 'kapítulos, i deklarar kadu el rezo de los primeros J:¡alqím>~. El comienzo de cada capítulo está indicado por una separaClO!1 de un par de renglones en blanco, espacio donde el editor coloca el número del «kapítulo». No hay más indicio de títulos, subtítulos, índices, ni aclaraciones que marquen fracciones del comentario 17. Los puntos y aparte comienzan con una frase hebrea, en caracteres cuadrados destacados, a veces una sola palabra; y después la abreviatura wk.w (= etcétera). Esa palabra o pequeña f~ase es el comienzo de un versículo de! «Libro de Ester». Michae! Molho 18 indica que encabeza la obra «un poema en arameo sobre Purim, del tan renombrado escritor A. Benguiat », que falta en el ejemplar que hemos utilizado. En su aspecto tipográfico, nuestro texto es de una monotonía desconcertante, con tipo de letra ra.'i, que no hace diferencia en ks palabras o frases y pone al mismo nivel comprensivo a toda clase de términos, se trate de palabras castellanas, hebreas, turC2S, italianas, o de cualquiera de los idiomas que tienen cita en este ejemplar. En ningún caso hay, como es natural, el menor indicio de diacríticos. Aparecen los signos de coma, punto y dos puntos; pero mejor ha sido no tenerlos en cuenta para conseguir un sentidCJ lógico. Los trozos de correcta puntuación son pocos y breves. La presencia de innumerables abreviaturas dispersas en el texto, referidas a bendiciones o exclamaciones, no es novedad para los sefardíes. En cuanto al contenido, se observa el reflejo de un estilo expositivo marcadamente popular, aunque de tono severo como corresponde a la materia que trata: la salvación, gracias al favor divino, de uno de los más graves aprietos en que se vieron los judíos en toda su historia. Un tono más culto, sin embargo, puede notarse en las pocas «advertencias) y «aclaraciones» que contiene, 17. Teas de 18, Subdividir la obra con títulos y subtítu10s ha sido una de las ta- :i1.uestra tnmscripclón, en el 2.0 volumC'TI del tr:1bajo originaL «( Literatura sefarditJ de Orit:nte)), pág. 262, (9) (/'EL «ME-cAi\{ lQcEZl) DE «tSTERi} » '75 una dirigida a los lectores, al comienzo cid libro; y otr" para ciausurar la La parte, en que razona el capitulado de la «Megilláh ». El judea-español del texto. Se calcula que han sido escritas en ladino unas cinco mil obras, originales algunas, y la mayoría versiones de otros idiomas. Del hebreo también se han vertido las ob.ras fundamentales, como demostración de que para los miembros de aquellas nutridas juderías de sefardíes era acaso menos comprensible este idioma que el mismo castellano. Todas estas obras, principalmente las originales, ostentan unos caracteres estructurales semejantes a los que deducilnos del (d\¡lcC an1 lüc 0z 'Este!'» ; un aglutinante de términos corrientes originarios del castellano, conservados a través de los siglos, en el que los términos clave, compendio fundamental de las ideas que contiene, son de procedencia extraña, bien turca, italiana, griega o francesa; y los que aluden a facetas o expresiones religiosas, todos son hebreos. Por decenas de millares se contaban los sefardíes en aquellas comunidades europeo-asiáticas a partir del siglo XVII, como lugar de cobijo el más confortable de un mundo al margen del imperio español y de su influencia. Allí tuvo su origen el fruto mejor grao nado del judea-español. Y como símbolo de aquel afán creador en un idioma mixto, colocó el judaísmo sefardí un colofón grandioso a su literatura: el (,lVie",Can1 lóc 0z}), preocupación de los más doctos d~ las generaciones posteriores a YaCáqób Kúl¡, que espera aún artífices literarios que completen tan difícil monumento. Si los sefardíes han encontrado, a mediados del siglo XX, otro medio más eficiente para su formación general, el ciclo del «Me-cam 16"ez» ha concluído. Los competentes sefardíes de la actualidad, capaces de continuarle si se lo proponen, dejarán a su «enciclopedia popular» sin la exégesis de muchos libros bíblicos 19. El señor M. Molho, con su «Literatura sefardita de Oriente», ha cuidado de componer una antología del judeo-español, que pierde en densidad por haber querido darle mayor amplitud. Empleando también material fijado por escrito, distintos autores M 19. Carecen de comentario en el «M c..csl11 16cez» todos los libros del T, H. de ({Profetas)} (excepto ~(Isaías»), de los «Salmos», «Proverbios)), ({Es" dras», «Nehemias}), ((Crónicas) y «Lamentaciones) (perdido). 80 PASOJll[ PASCL;AL RECUP.EO [161 «probeza»), Hay vacilación en las contracciones «ah y «del», Aparte de las anteriores, notamos otras modificaciones (<<jaragancar», ((sibdad», «enbierno», «puerpo», «altigüeza»), explicadas sen~ cillamente e invariables en el texto. I) En el aspecto léxico se nos ofrecen novedades sorprendentes, como puede notarse en muchas palabras anticuadas y peregrinas (<< alebantar», «hidro », ({ endeCaf)} I <<fonsado» J « muciguan») {(aborisyón», «balentiría», «despartir», «penseryo», «sontrabaf», entre muchas otras), junto a algunos modernismos terminados en «- syón», «- tad» y «- dad». Grupo interesante es el constituído por una veintena de términos que tienen hoy, normalmente, significado distinto al que ostentan en el judea-español, como en estos casos; {( aparar» ({ kontenerse» «eskapar» «malatia» en el texto asomar creerse terminar I acabar enfermedad en general en español tonlar con las manos llevar en sí algo salir de encierro gafedad, lepra Las aportaciones de idiomas extraños al español y hebreo -bases del dialectoson manifiestamente numerosas y de origen diverso, como han llamado nuestra atención diversos autores 27, señalando en prin1cr lugar las de origen turco y árabe, como más numerosas (~(durbérp) = gemelos, prismáticos» «kuyu11I í» = joyero; {(yarxis» =mercados; ({,dcfter» = cuaderno ; «atemal'» = terminar ; etc.); a las que siguen las de origen italiano ({{dirito})¡ «(dopyo»¡ «kapa e», ({faksan», latín «<prekante}), <cttzanparan», portugués (<<aínda», «akabidar»), francés (<<trezoro») y griego (<<apotropoz», «papú», «pirón» = tenedor). 3. - Aspectos sintáctico y estilístico. Es indudable que un texto con las características externas del que nos ocupa, ya que no sea totalmente hebreo en su construc27. Así 10 hacen constar Pulido, Wagner y otros; Abraham Danon h~l. t;-:studiado concretamente las influencias de oI"ígen turco en el judea cspa~ LOl. f 171 I<EL .(..'.H2~CA"·1 LOcED_ DE "ESTEl't) J} 81 Clon, ha de estar influído por la sintaxis hebraica 28. Nos ofrece una lectura inteligible, pero plagada de casos especiales de construcción, giros y figuras desusados en el español actual, hebraísmos disfrazados con palabras españolas de uno u otro siglo. Su autor piensa y redacta en hebreo, virtiendo directamente al judeoespañol, comO puede comprobarse en numerosos casos de uso de preposición, que son traducción de mim, 'et o lamed hebreos; aquella sintaxis se refleja en la falta de agilidad al emplear los tiempos y modos verbales (<<bido ke no ba kedar de los enemigos»; «te lo agradesko ke me eskapastes»), en un remedo del «casus pendens» o «nominativo absoluto» (<<el mundo entero, su rezo es kon la rente ke ay enmedyo»), y en las mismas figuras gramaticales que sorprendemos: «Í fue del Dyo b.H rezido» (hipérbaton); "ke korasón de reyes en tu mano» (clip si s) ; «al ken kere entrar adientro» (pleonasmo); «tienen remedyo el pueblo de pasa,rsen» (silepsis); «se apanyaron muCa Jente dezmeolyados» (silepsis); «benga el rey i Hamán al konbite ke aré a él" (enálage). La misma influencia hebraica trasciende palpablemente en el profuso empleo de la conjunción ,<1» -traducción del WDW- (fenómeno común a las lenguas semíticas), pero aquí con valores adversativo, relativo, adverbial, normales en la lengua hebrea. También son hebraísmos la frecuentísima presencia de pronombres sufijos de nombres (<<alimpyaron sus korasón», ({kerían entrar kon sus beluntad»), y en general toda la sintaxis de los pronombres; la presencia del artículo pleonástico, traducción del ha hebreo (<<1os días los estos})} «el enemigo el éste»); «karas» y {(bielas», traducción de "piil1im» y "(1ayyim»; el infinitivo absoluto precediendo a futuro, construcción típicamente bíblica ("no ay remedyo ke kaer kaerás»); el acusativo interno, representado en abundancia (cebengar bengansa», <<ferir ferida», (untarse unturyos»); además del relativo con todos sus matices (<<ke su ladino es»; «ele! reino, ke estamos en sus tierras»). Todos ellos, aparte de los nunlcrosos y frecuentes giros especiales} como los siguientes: «algu28. Don Francisco de Quc\."et~ü, en <~Espaila ú:Co.::-ndida-'" e;":8;gcra ~~r afir- ¡n;.lr que «(nuestra gramátiC1.~ es la propia hebrea en declir;aciones de nüJ11- »bres y en conjugaciones de verbos. Y por eso más cJegsnte que muchas, y :Jmás copiosa por eso y por servirse para su copia y propiedad de la lengua ;)hebrea, de la ará.biga, de la cartaginesa, de la latina y de la griega, como ))se conoce en todas sus voces», 82 PASCUAl. PASCUAL. RECUERO : 18J nos i algunos» (= unos y otros); «kan todo kc» (= aunque); «más manko de» (= inferior a); {(mezmo ke .. " mezmo kc» (:;;;;: tan to si, como si); «sí porke, sí también» (= no sólo para que s.ino también); «tanto .. , tanto» (= tanto, como). 4.-Fondo y valores literarios. El estilo de Pontrémoli es de llaneza singular, aunque no en todo momento nos sea de total claridad. Para los lectores a que estaba destinada, su obra debía de ser fácilmente accesible, al menos para aquel personaje que había en toda familia sefardí, intérprete y entretenedor de las veladas hogareñas, que aportaría las aclaraciones convenientes. Con obras así se ilustraban los se· fardíes en los aspectos doctrinal y religioso 29. Todo el «J\t!c-Cam 16 céz», 'Ester» está en prosa narrativa, sin conlplicaciones literarias excesivas: repetición de palabras de uso ca·· rriente para aclarar las expresiones del "Libro de Ester», sin encontrar en todo ello más recursos literarios que escasas figuras v metáforas numerosas. Dentro de su prosa admite los diálogos, pro· pios del estilo de las escuelas rabínicas orientales, reflejado en el «Talmud», consiguiendo islotes de amenidad en el mar de opiniones, referencias a versículos bíblicos y relatos midrásÍcos 30 y junto a ellos, otros elementos literarios: discursos, anécdotas, refranes, descripciones y figuras, algunos de justo mérito; a la vez que una serie de cartas -los decretos canónicos, más otro o supuestosen torno a la destrucción y liberación de los judíos el 13 de Adar, como consecuencia del p"r que echó Hamán, que a.luden a la institución y organización del famoso servicio postal del imperio persa; y las oraciones y plegarias que tuvieron que pronunciar, real o supuestamente, los liberadores (Ester y Hamán). Tiene repercusión natural en el texto la alusión que la «Megillát 'Estenhace de las "Crónicas» de Persia y Media, toda la literatura efidal que a la sazón debía redactarse en aquel imperio. El refranero judea-español, sal de la sabiduría popular de habla 29. Vid. Molho, M.: «Literatura sefardita de Oriente», 30. «Las novelas de los judíos de esas edades hay que pescarlas frellcuentemente en el océano y en el mar; en el océano del Talmud, en el mar );de los midrasim)~ (Díez Macho, Alejandro: «La novelística hebraica medieva!>,. Barcelona, 1951). fl9J {! FL ( \IE~c.i\:-',! LOer:Z)) Dli <ES1 ER)' 8) castellana, tan ampliamente considerado 31, tiene su margen en el "Me·cam 16'e2" 'Ester,,: «Pozo ke bebites agua en él, no eces en él piedras»; «De la grandeza del esklabo se be la del amo», Algo semejante puede decirse de los "maCiHiyót", historietas y anécdotas recogidas para deducción ejemplar, a veces con valor piadoso manifiesto, siguiendo una tradición medieval y rabínica 3'. Dentro de la sencillez y naturalidad que, en general, se obser· van en el texto, destacan unos poco, ejemplos de lenguaje figura· do, como las perífrasis "artes de su boka" (= elocuencia), "lugar de los kabalyos" (= establo), «atkuendo de suziedad» (= vaso de 110che); algunas muestras de paralelismo y dualismo, fundamento de mucha parte de las literaturas orientales; anáforas variadas; exclamaciones (<<en bida de mi alma,,), prosopopeya ("el Dyo ko· nose los korasones»), descripciones tomadas de leyendas, como cuando representa el dolor y abatimiento de Hamán caído en desgracia, que «entró a trezoros del rey, i su altura korkobada i Sil boka »tuerta; su kabesa tapada kon lelnunyo i tristeza; i sus "besos temblando, i sus 020S eskuros i su korasón apre· }}tado; i sus bestidos razgados i sus atadores csfueltos; i »sus rodías batiendo una kon otra i se afloxaron sus »hientres i se aflakaron sus güesos». En sentido 111ctafórico representa la desespcracl0n diciendo que es ir "komo las obezas al degolyído"; el desamparo del huérfano es «kOlTIO árbol sin solombra»; con la akgría ({relumbran sus fases komo el sol». Con abundantes 111etáforas a base de «sidos» (.i'amáyim), "kaza» (báyit), kabcsa" (ró'§), «boka» (peh ), "mano» (yüd), «korasón» (li?b), «0205» (c¡j11áyim), «faca», «fases»! «karas~) (pa1Zim), reflejo indudable del hebreo original, se presentan nume· rcsísimos ejemplos: los ángeles son Jos «fonsados de los sidos»; (,alebantar kabes3;> es tanto como rebelarse; pedir es «demandar kon la boka»; «tender mano» vale Jo misn10 que nlaltratar; tran~ quiliza,se es "repozar el k01-asón», y «tener por ansya en el kora· són» es estar preocupado; desconocer una cosa es «ser enkubier~ 31. El refranero en ladino ha sido objeto de atención reiterada, comO manifiestan los trabajos y colecciones de Henry V. Besso, Abraham Danon, A'!)raham Galante, EnriqueSaporta, etc . .32. Vid. Diez Macho: Obra citada. 84 PASCUAL PASCUAL RECUERO ¡¡Ol ta en los CZOS}}; generosidad es « ser oze arto»); «( pedrer)} o «( are· bolber el meolyo», aturdirse; «robar e! meolyo», engañar; y «no tener meolyo» es estar loco. 3.-Exégesis. El propio YaCiíqob Kúli marcó con términos claros la intención de! «Me'Cam locoz», que tiene en cuenta estrictamente Pontrémoli en cuanto se refiere a la parte de «Esten 33, de cuyas palabras se desprenden los tres puntos fundamentales a que tiende: deleitar, moralizar y esclarecer las verdades de su fe, como aplicación también de las palabras del Apóstol de Tarso 31. La obra iba dirigida a una masa numerosa de gente, con mentalidad informe, enquistada en países de costumbres, leyes y lengua distintas a las suyas, a quienes había que enseñar, uni.ficando su formación dentro de las doctrinas tradicionales. De ahí que su contenido religioso sea el de mayor extensión, gnardando, en cuanto trate de la religión, una absoluta unidad de criterio. No ocurre así en cuanto a los datos científicos que aporta o cuando trate de las instituciones persas, que no se pueden considerar ele riguroso valor científico, porque muchas de ellas o nombres de medidas que incluye son propiamente anacronismos e inexactitudes, ya que pueden corresponder a sus semejantes turcas de la época del autor o a las que lT~ejor entenderían los lectores, Al. -Corno notas generales de la exégesis de Rcfii'el Hiya Pontrémoli, observamos que, junto a un término ladino o hebreo, 8fíade un paréntesis con otro sinónimo, generalmente tu.rco, corno en "komer pan de panagero (ikmekcC) goy»; «los ke trabazan en el trezoro (tarapjal1él del rey». O también indica la explicación o icterprctación literal de ciertos términos hebreos, mediante la Ílase «es ]550n de», con10 comprobamos en: ({sonlIn es lasan de 33. Ya('aqo!J Kúli deseaba con su obra cn.;;cúar {Id compurtamil..~nto de :>b vida del hombre y todo lo que pasa en el mundo" en habla que todos puc- }>c::n entender"., y tcrneis gusto de me1dar cualquier paso de este libro),. Refii'el H. Pontrémoli asegura que su libro, (ien meldándolo del prinsipyo »fin al kabo, ternán gran plazer y deprenderán dot.rina i reZos buenos kc )}óernán a konoser la grandeza del Pogerozo Dyo». 34, «Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, »3 fin de que por la paciencia y por la consoIación de las Esclituras este"> »rnos firmes en la esperanza) (Rm 15 4 ), [~lJ «};L «(ME-eAi\í LocEZ») DE «(ESTE!V) » ~5 asegundiar»; «Ester es bson de enkubrir}). Alguna vez es más explícito, como al decir: «tiró ei rey su anío, ke es el seo, ke lo tema en su mano». Sobre los nombres de los principales personajes que intervienen en la historia de Ester, Pontrémoli indica las etimologías correspondientes, fantásticas las más, procedentes de opiniones midrásicas. Por ejemplo, leemos: «Kóres, lo lyamaron por kabza ke se krió de perra, ke en lasún pars! yaman a el perro kóres». Sobre Mardoqueo dice que fue denominado Mordekay porque «su targúm de rnór-deror es mira dakya>; kere dezir aln1iskle limpyo». «Susán» se llamó así porque había en ella" de todo modo de rozas ». Anotamos algunas abreviaturas del tipo re¡' si! tibot (letras iniciales) y sofi! tJbút (letras finales) utilizando unas frases de la «M'gillah», como cuando señala implícito el nombre de Dios: por el pnmer sistema, en Est 5'; Y por el segundo, en Est 77• B). -Los datos científicos que aporta son de aceptación discutible; pero no obsta para que destaquemos las numerosas notiéias relacionadas con la historia contemporánea o anterior a los hechos narrados en el «Libro de Ester»; con la geografía en quc se desenvolvieron tales hechos; con la cronología sobre los mismos; y con las medidas que se mencionan en el texto. Entre anacronismos, hace la historia anterior al reinado de Ahasweros, busca la genealogía de éste, fecha de su coronación <--·,,«ke enreinó en anyo dt: 3392 la-yesir~·lh en lugar de Kores, su P;:'ldre»-35, su poderío inicial y causas dc la debilitación de su reino. Menciona más de cuarenta non1bres geográficos, encontrando junto a los de países modernos, otros auténticamente bíblicos de ríos, poblaciones e imperios. En el aspecto cronológico, el texto contiene una serie de fechas fundamentales en la historia del Pueblo de Dios, así como de los hechos que narra, incluso de cremérides destacadas y festividades y COlllnemoraciones en nleses y días determinados; al luisn10 tierrlpo presenta todos los rneses y fiestas del calendario religioso ju·· llaico. 35. Corresponde esta fecha al 368 a. J. C., en desacuerdo con el cómputo que la investigación actual asigna al rey Asuero. Si la exégesis cristiano y judaica convienen en que este rey persa corresponde a Jerjes 1 (485465), en la fecha hay un error de más de un siglo. 86 PASCUAL PÁSCTJ4L RFCt:BRO [221 Nos proporciona también un reducido esquema de medidas, misceláneo en su denominación, con algunos nombres de medidas hebreas, otros equivalentes a las de medidas castellanas primitivas, y la n1uyoría de las veces en1pleando denorl1inaciones turcas contemporáneas del auto)', se trate de itinerarias, de liquidos, peso, monedas o tiempo. e). -Todo cuanto se relaciona con las instituciones persas en el Me-Cam lo'ez 'Est~r» es impreciso, sin que podamos deducir un esquema completo ni de una de ellas. Sin embargo, puede apuntarse el material disperso que aporta alguna' información sobre fu vida de palacio en SUSil, la organización del imperio persa y su nobleza, el ejército y el correo, entre otros ejemplos, más los datos discutibles sobre impuestos y costumbres persas. D). -Una constante en la historia del judaismo de la Diáspora es su marcado nacionalismo de base religiosa, factor aglutinante durante siglos de un pueblo disperso, recurso al que se amarraron como única tabla salvadora. Al no quedar más que la esperanZá en Dios, había que mantener viva la llama de la fe ancentral por todos los medios; y de cada acontecimiento nefasto deducir llna enseJ1anza, una confirmación I un fortalecimiento para proseguir por la vida con la seguridad de que Israel continúa siendo el Pueblo Predilecto de Yavé, Estas particularidades religiosas se observan en la exégesis que hace el autor de nuestra obra con unas muestras fervorosas y sencillas de fe, con la providencia de Dios Todopoderoso interviniendo, como en rudimentario guiñol, en el movimiento más sutil de cada uno de los personajes del gran drama que dio materia al «Libro de Ester». Parece como si Pontrémoli hablase a niños, a los que hay que deslumbrar con la presencia permanente de Dios en el más nimio rasgo de los acontecimientos; da un muestrario nutrido de nombres para designarle y se extiende prolijamente en rasgos de la liturgia judaica, especialmente para la conmemoración de Purim. Afirma el odio secular contra este pueblo en todas las épocas y latitudes, no desperdiciando ocasión sus múltiples enemigos para denunciarle a los reyes y gobernantes de las ciudades en que habitaban, si contravenían la más insignificante norma social. Se manifiesta agradecido al país y sus eobernantes (Turquía), porque si no hacían mucho bien a los de su raza, al menos eran consentidos en cuanto hacían como SúbdilOS leales; no opina así de los antiguos persas. Según Pontrérnoli, el «Libro de Esten> es un puro milagro¡ co- [23] {<EL «ME-<cAM LOcEZ¡} DE «ESTER) ») ~7 IDO concluye después de haber expuesto casi un centenol' de transgresiones de la Ley natural: « Por esto es razón de .. meldar la M'gilláh, ke, mirando ,,¡ estucJyando en elya, berex ke en kada akontesimiento ay »n ssim i milagros grandes, de prisipyo de la M<gillah asta »alkabo, tanto en el kuento de Ahasweros en prisipyo de su "reinacJo, tanto en la matansa de Wastí, tanto en la grande- »za de Hamán, tanto en el konbite de Ester». El fenómeno es comprobación, ya señalada, de un hecho que hasta ahora ha sido bastante corriente, casi universal y aun persiste en la masa o personas de escasa cultura bíblica, consistente en aplicar a muchísimos pasajes escriturarios una interpretación sistematicamente taumatúrgica o infantilista en demasía 36. Ambas tendencias son patentes en la obra (lUe nos ocupa, y en gran pa¡'- te de la literatura haggádica. Los cinco personajes principales del «Libro de Ester» quedan en él perfectamente definidos. A su caracterización aportan el «M¿JaI1.1 lücc,z 'Est'?l'» y los rnidrasrm unas facetas de orden secundario, permanecie¡;do con las ~ismas reacciones y papeles dramáticos que dejó trazados la Biblia. Estos personajes fundamen:.ales y los restantes, tal como los presenta la obra de Pontrémoli, su engarce con el pasado de la historia de Israel y de aquellos imperios; sus relaciones mútuas; la vida de los judíos de Sus a ; el desarrollo de los hechos; diálogos, sucesos, ampíiación anecdótica y gloSQ a] ({Libro de Ester», todo, en fin, lo recopilado y presentado por Pontrémoli, ha sido considerado por menudo anteri o rmen te'7. I 6.- Valor formativo. Responde perfectamente la parte de "Ester» a la intención general dispuesta por todos los autores del ((l\;l0.- c am 16 c ¿>z», con10 certeramente señala Michael Molho, en su ya citada "Literatura 36. Cfr. D,G. Maeso: «Dos maneras erróneas de entender la Sagrada Escritura)}, en {(Cultura Bíblica)), 1949, pág. 146~149 Y 176-179. 37. «Los personajes del «Libro de Ester» e historia de los cinco principales, según la exégesis rabínica»! en el volumen anterior de esta «Miscelánea» (pág. n52), Granada, 1960. 88 PM~ClJAL PASCUAL RECUERO (24J sefardita de Oriente»": informar, ilustrar y enseñar a los lectores, in1buir en el espíritu de las generaciones judeo-espai1olas unClS enseñanzas del más variado tipo, cooperando a la tarea de ilustración nacional y religiosa que fue recurso de este pueblo en pos de su supervivencia. Al· -- En este punto hallamos una serie dispersa de experiencias de aportación personal de Pontrén1oli, en general rcfcr1ebs ¡) un D1cuio ambiente social elevado, muy distante y n1uy distinto de aquél en que se desenvolvían los sefardíes, que debió ser el que su autor vIvió. De una sociedad semejante ton1ó ensefíanzas pnra su obra, predominando las que se refieren al comportan1icll to de b mujer y las de ambiente de riquezCt; un grupo nutrido y bien definido de noticias alude a la vida palaciega, con sus costu111bres, exigidas por el tema que comenta: y un aspecto interesante lo constituyen las noticias de carácter Inr5dico: remedios de ení'crrnc" dades, datos de higiene, síntomas clinicos, que no dejan de IL::rmar b. atención, principaln1ETitc cuando no hubiese sido necesario en 3lgunos casos aludir a ello, a no ser porque el autor sintiest.: cierte. complacencia al respecto. Entre sus fuentes hallaría muchos puntos, que recoge, umplianlcnte desarrollados, si en todos los tiempos fue profesión predilecta y permitida para lTIuchos sabios judíos. Pero creemos que hubo unos motivos mús personales para tratar Pontrómoli estos temas. B). -Merecen mención indepelldiente las referencias que hal¡;emos sobre costumbres, coincidentes algunas con las actuales de todo pueblo; desconocemos si muchas otras se refieren a las de Turquía en tien1po que se compuso el libro, o bien a las monarquías orientales contemporáneas de Ester; y otras, en fin, son costumbres de los judíos de todos los tiempos. Tratadas en general, hay alusiones a la afición de las mujeres po,' los ungüentos' para sus tocados; a la presencia de intermediarios en las transacciones comerciales. Habla de que los judíos enviaban a sus hijos con frecuencia a las escuelas nacionales de los países en que vivían; la dificultad de observar estrictamente los preceptos y fiestas estipulados por su religión viviendo entre glly1nz; pennanecían en la circuncisión; etc. Tiene alusiones a las supersticiones y n1edicina pr{¡ctica/ exigidas por el mismo nrgunlento de] «Libro de Esic[», dado que Hamán --"como era nluy co38. Vid. nota 10. 125f «EL (11'l'JEJ'A1t LOcEZ» DE (d~STER» ); 89 rriente entre los antiguos orientales de religiones ajenasno perdía ocasión para consultar al {(destino», «la suerte »1 a magos y adivinos, sin que los judíos estuviesen incursos en el nzazzal, porque no creen en él/ pese a que cada hombre tiene su sino marcado, un destino e inclinación natural que ha de cumplir inexorablemente. e). -- Aparte de las manifestacion~s de alegría, preceptivas pal'Z\ celebrar «PúrÍ111)}¡ de que se hace mención en los capítulos 8.° y 9.1), a base de «banquetes y fiestas», «(días de festín y de alegría», en el "Libro de Ester» se hace referencia, cuando menos, a siete convl!es"_ Este balance de orgías y comilonas masivas harían afirmar a Pontrémoli que "to<:.Ios los akontesimientos de dita M'gilhi''' fuercon kon konbites», a los que tenía que aludir en los pasajes correspondientes y a las normas de trato social indispensables en convites y banquetes. Habla de preferencias entre los bebedores, clasificándolos según su afición por una clase de vino; etc. D). - Finalmente, atendemos a un grupo de máximas morales o pensamientos dispersos en el libro, que no se pueden catalogar como verdaderos refranes, si bien tienen el valor de tales, o glosCl de los mismos. Algun"s se refieren a Dios; mérito de la oración; caridad imprescindible en el mundo cuando se ha olvidado que ,dogos somos i~os de un pagre», y «no ay mizor alegría de tener i dar a otros». Autor y libro. Solamente en la segunda portada de la edición que hemos utilizado se indica la autoridad elel "j\¡lc-'am lÚ'ez 'Ester, personalidad de la que no hemos hallado rasgo alguno en las obras de tipo genelaL R,r"',,l Hiyá' PontrémoJi, natural y vecino de Esmirna, debió 39. Estos festines fueron: 1.0: El ele Ahaswcros, que duró siete meses, en el tercer aniversario de su coronación, dedicado «a todos sus princlpes y },servidores, los comandantes del ejército de los persas y de los medos) (1:'¡A). 2.": Otro del rey «<1 todo el pueblo de Susa, la capitab, que duró siete días (1':'). 3.": ({También la reina Vastí dio un festín a las mujeres» (19), quizá doble y simultáneo de los que convocó el rey. 4.0: Para celebrar la elección de Estcl' como reina, Ahasweros «dio un festín a todos sus príncipes y sus servidores}} (218 ), sin especificar más circunstancias. 5.0: Ante el éxito del negocio ultimado con el decreto de exterminio de los judíos, para celebrar1o, (Iel rey y Amán bebían)} (315). 6.0: Las dos invitaciones de Ester, en días sucesivos, al rey y Hamán, de las que se deduciría la perdición del perni~ cioso ministro (55 y 71»