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Armonía y expresividad, dos leyes esenciales de la lengua hebrea

Gonzalo Maeso, David

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ARMONIA y EXPRESIVIDAD LEYES ESENCIALES DE LA LENGUA HEBREA La Filosofía de las lenguas. A UNQUE la Filosofía del lenguaje, de helénico abolengo en sus prinl.eras intuiciones o atisbos7 es una ciencia que va tomando cuerpo, como tal, desde principios del pasado siglo, y son ya muchos los tratadistas de diversos países que de ella se han ocupado, la Filosofía de las lenguas en particular aún está en ciernes y quizá no exista todavía ningún tratado Jilosófico completo sobre ninguna lengua, ni siquiera dentro del campo indoeuropeo, el mejor estudiado en tantos aspectos y con creces sobre los demás grupos lingüísticos. Sin embargo, son innumerables los estudios realizados sobre determinados aspectos y cuestiones de los idiomas y dialectos, en general y en particular, sobre su gramática y las diferentes partes de la misma, sobre la Semántica o la Lexicología en sus líneas directrices como en sus detalles y pormenores. En torno al árbol frondoso del lenguaje hasta se han ido constituyendo algunas ciencias subalternas, aunque fuertemente entroncadas en la Lingüística, cuales son la Fonética y la Semántica, ya «définitjvement constituées», como escribia Dauzat hace 'varios decenios (1927), si bien tampoco podría afirmarse se hayan aplicado sus principios íntegramente a todas las lenguas cultas, y son muchas las que todavía no tienen su Fonética y su Semántica bien estudiadas y científicamente sistematizadas en tratados completos y definitivos. La Filosofía de las lenguas está mucho más atrasada que esos 4 DAVID GONZALO MAESO 12) otros estudios lingüísticos pardales y, sin embargo, solamente ella puede darnos una visión profunda, luminosa, exacta y, por decirlo de una vez, humana, de un idioma, al presentarnos concatenadas sus leyes y sus fenómenos en unos cuantos principios fundamentales. Entre tanta dispersión y complejidad de aspectos estudiados o por estudiar y de lucubraciones realizadas, de todo orden, acerca del lenguaje, en general, o sobre las lenguas o grupos de éstas, se impone absolutamente la necesidad de inquirir la unidad de factores que las informan, los elementos primordiales que las regulan y les prestan cohesión: su principio vital, en suma, la raíz o principio de su individuación, el secreto de su íntima estructura. Aun cuando sean infinitamente numerosos los agentes y determi- .1antes que concurren en la formación y evolución de una lengua, en el tiempo y el espacio, los factores estáticos y dinámicos obedecen a leyes fijas y constantes, que se perpetúan con admirable persÍstencia a través de siglos y milenios. «Tout se tient dans la structure du langage», como dijo sabiamente A. Meillet, y sería desatinado empeño atribuir simplemente al azar lo que está determinado por razones, a veces misteriosas, pero con más frecuencia claramente perceptibles al investigador u observador. Esencialmente una lengua está constituída por sonidos y sentidos (les sons et les sens), fonemas y significaciones, que son la materia y la forma de todo idioma. Es decir que en esto, como en todos los fenómenos de la existencia y la vida humana, hay que distinguir un factor físico, material, que son los elementos del lenguaje y un factor vital, espiritual ideológico, constituído por los elementos significativos, sin los cuales el lenguaje no pasaría de ser simples gorjeos de aves o gritos de otros animales. ¿ Cuáles son, pues, los principios reguladores que integran el genio de una lengua? No pretendemos, naturalmente, que éstos sean del todo distintos en cada idioma: necesariamente habrá coincidencias en tal o cual aspecto, como las hay en los rasgos psicológicos de los pueblos, por diferentes que éstos sean entre sí. El alma humana es esencialmente la misma en todos ellos, y esencialmente similar es también el lenguaje humano de todos los tiempos y lugares. Sin embargo, es evidente que las características materiales y formales de las lenguas, comparadas unas con otras aun las del mismo grupo de familia, son notoriamente dispares, [;JI ARMONÍA Y EXPRESIBIDAD, LEYES ESENCl:\LES DE LA LENGUA HEBREA 5 hasta el punto de formar cada agrupación un cuadro de acusada policromía. Ante todo, importa aclarar, o más bien rectificar, una creencia demasiado generalizada prácticamente: la Fonética, Morfología, Síntaxis, Estilística, Semántica y aun la Lexicología no constituyen compartimentos estancos en una lengua científicamente considerada, como a través de una exposición didáctica ° filosófica pudiera parecer, sino que, al igual del alma en el cuerpo, todo lo que en las lenguas implica «espíritu de vida», significación ideológica, está todo en todas esas partes, como el alma está substancialmente toda en cualquier parte del cuerpo. Considerando, pues, todos esos factores determinantes del carácter de un idioma, los principios que le informan y matizan, observaremos que, aparte la complexión familiar, a la que jamás podrá sustraerse, hay dos o tres fermentos que parecen ser la fuerza motriz de todos los fenómenos y tendencias que en él se acusan, el polo magnético hacia donde éstos se orientan, el ropaje de que se reviste toda su elocución, cualquiera que sea el estilo empleado y la categoría de los hablantes. A guisa de ejemplo y considerando la estructura y la significación, como bases fundamentales, diríamos que el latín se distingue por su majestuosidad e i.mperio, el griego, por su belleza, perspicuidad y lucidez; y en las neolatinas se reconoce unánimemente al español robusta sonoridad y meridiana claridad, en tanto que el italiano se destaca por su musicalidad y énfasis, y el francés por la finura de elocución y la agudeza ideológica; el inglés se caracteriza por la concisión y sobriedad, y el alemán por la dureza y avasallamiento. A ese tenor, fijándonos en los dos aspectos básicos anteriormente indicados, materia y forma, en sus varios aspectos, que no se circunscriben cada una a determinada parte de la Gramática, sino que ambas extienden su radio de acción a todos los ámbitos oc la elocución siendo inseparables en sí, aun cuando la didáctica, por comodidad, necesidad o quizá error de enfoque, las separe y fraccione en diversos apartados, como queda dicho, podemos distinguir en el organismo lingüístico las peculiares características de cualquier idioma, reflejo de la psicología de sus hablantes al par que irradiación sobre la misma y troquel mental de las sucesivas generaciones. ti DAVlD GONZALO MAESO ¡4¡ Las dos leyes esenciales de la lengua hebrea. Después de las consideraciones precedentes, podríamos ya preguntar, entrando en materia, ¿ cuáles son las notas o caracteres esenciales de mayor alcance que, paralelamente a lo apuntado en esas otras varias lenguas, informan el genio de la lengua hebrea? A nuestro juicio -lo diremos en dos palabrasno son otras sino la ar111onía¡ por lo que se refiere a los elementos n1aterjales que constituyen su estructura, con sus diversas matizaciones, y la expresividad en cuanto atañe a los aspectos semánticos, la luz espiriiual que fulgura en los fonernas mismos, pero sobre todo, en las palabras, locuciones, frases y estilo. Armonía y expresividad SOD, por lo tanto, las dos leyes esenciales, o tend.encias sobresalientes: si se prefiere este concepto, de la lengua hebrea, que marcan la impronta de su genio y la distinguen notoriamente de las demás, aparte de las notas "familiares» que la asemejan a las de su grupo y otras de más lejano origen, hoy todavía no plenamente dilucidado, que se refieren a su ren10to parentesco con grupos más distanciados. No hace falta aclarar que nos referimos a su inmediato parentesco semítico, a la anterior comunidad camito-semítica y al posible entronque primordial, hoy no afinnable aunque tampoco negable, con las lenguas indoeuropeas. A fin de dar ma"or cohesión y convergencia a nuestra exposidÓl1¡ en vista de los angostos límites de una breve ponencia en que hemos de cX:;,J0ner y razonar nuestra tesis, examinaremos conjuntan1ente anlbas características de armonía y expresividad a través de los distintos elementos y categorías gramaticales y lexicológicas. * * * Entendernos por armonía verbal la acordada proporción y disposición entre los varios elementos C0111pOnentes de la palabra, la frase y el período, su enlace con fluidez y eufonía, unidad y variedad, eliminando Jos sonidos, grupos fónicos y engarces que ofrezcan mda resonancia y dificultosa combinación_ Es el equilibrio estático y dinámico de fuerzas que actúan en la palabra y conjuntos elocutivos¡ el ritn10 suave al par que enérgico de los sonidos articulados p¡,rfectamente hermanado con el ritmo interior del alma, a fin de bcilitar y abrillantar la exteriorización de los estados psíquicos propios de cada hablante. La expresil'idadn elocutiva, In fuerza ideológica y sentimental de lci J ARi\,ION.ÍA Y EXPRESIBIDAD, LEYES ESENCIALES nF LA U::\GUA HEBREA 7 un idioma, se define como viveza y multipiicidad de recursos toréticos y verbales en los medios de exposición de las ideas, sentimientos y complejos psíquicos de toda especie de que dispone una lengua, o, en su caso, cualquier sujeto hablante, la riqueza de colorido/ sugerencias, sensaciones e impresiones, evocaciones y demás factores del mundo espiritual que encierra el lenguaje, plasmados en el molde de un idioma como vehículo de intercomunicación, al par que espejo y motor de la psicología de un pueblo, No hace taIta recordar que lo más propio y consubstancial de un pueblo, como factor de aglutinación y voz de la sangre, de la cultura, historia y solidaridad humana es el idioma, La religión podrá ser en ocasiones -y sin duda alguna lo fue en 1sraeluna fuerza más poderosa, íntima, vibrante; pero al extender sus irradiaciones sobre los individuos y la masa social en alas del lenguaje, queda también en cierto modo prendida en las mallas del idioma peculiar de esos individuos y esa comunidad de hablantes, Véase el siguiente juicio general, bastante completo y exacto sobre ia lengua hebrea bíblica, formulado por un gramático: «Israd avait hérité de l'idiome de ses cncetres sémites, du cananéen spécialement et plus directement; mais avant que no ftit écrit aucun de nos Iivres hébralques, la langue parlée avait amenuisé les mots et spontanément adapté la murpholugie et la syntaxe a sa mentalité prapre, Cette évolution de la langue parlée et, par suite, de la langue Iittéraire, ne put pas ne pas continuer au cours des n1illiers d'années ou enviran que notre hébreu fut idiome vivant,» y añade, estampando un juicio de valoración jerárquica: "Cette langue, la plus importante a bien des égards de tout le groupe sémitique, est conservée surtout dans la Bible» " Un estudio sobre la armonía y la expresividad de la lengua hebrea implica en realidad y nada menos que el análisis completo Gel genio y estructura de la misma, un examen de toda su gramátoca, de modo especial, ya que no único, la Fonética para la armonía, y la Sintaxis y Estilística para la expresividad; es un estudio 1. Charles F. Jean. Grammaire hébra'ique élémentaire, París:> 1945 «Avant-propos»J p, 8. 8 DAVID GONZALO MAESO (61 de la lengua, de su naturaleza y estructura, vistas a través de esas dos cualidades, que matizan y explican muchas otras. Es el pro· ceso que van10S a intentarl breven1ente, en nuestra exposición. Pero antes recordaremos las juiciosas palabras de P. Joüon en el Avant-propos de su excelente Grammaire de l' hébreu biblique: «Une langue sémitique comme l'hébreu donne l'impression d'un monde nouveau. Le systeme phonétíque a des va- ¡eurs inconnnes dans nos langnes; la morphologie et la syntaxe ont des procédés tout différents des notres. Pour pénétrer I'organisme et le génie de I'hébreu, il faut se défaire de ses habitudes phonétiques el grammaticales, comme aussi de certaines idées suggérées par nos Iangues.)} La Fonética hebrea. La armonía fonética en nn ¡di ama requiere multiplicidad de sonidos, para evitar la enojosa monotonía, indicio, además, de penuria. Pues bien, la lengua que estudiamos, pese a la aparente brevedad de su alfabeto -22 letras o signos gráficos, número tenazmente conservado, cual si encerrara algún misterio, o en gracia a una mayor compenetración fonológica-, es, en realidad, rica en fonemas, pues, como tuvimos ocasión de poner de manifiesto cn otro estudio 2, frisa en los 70, «cuantía -decíamos allíque muy T"JCas lenguas alcanzarán». Prescindiendo de los sonidos vocálicos que, pese a su especial conceptuación en las lenguas sen1íticas con vistas a la lVlorfologia ~v a la Ortografía no dejan de ser auténticos fonemas, los 30 sonidos consonánticos que aparecen clasificados en el siguiente cuadro¡ tomado de la Gramática de M. Lambert, se matizan por su formación orgánica (guturales, labiales, etc.), su timbre (simples, enfáticas, vibrantes) y su grado (sordas y sonoras). NotClllOS, pues, junto a la inciicada riqueza numérica la variedad de sonidos, timbres y grados: 2. Puede verse nuestro estudio: «¿Es el hebreo bfblico rma lengua pohre?)) en Mi.~celáJ1ea de Rstlltlios Arabes y Hebraicos, IX (1960:), fasco 2.0, p 3.16. [7) ARl'vfONÍA Y EXPRrSIVID:iD, LEYES r:SD:¡CIALES DE LA LENGUA HEBREA 9 Gu/urales \ oc}, Labiales ¡ rric ¡ net Pilla/a/es ¡ fr le ) oc! Den/alf?s (frie . S I M rü S ~- Slllloras i Sordés i - !~,;¡ ;: 1 !l :; i !) :l , :l I :l ~ I - '1 l"1 ; r1 1 I el ,i.:n I Silbantes . . ":--_::::..~~-:::.-=::::;::;;":::=--=:-_~ -_._--_ .. . [NI'lICAS V 1 8 R A ---........--- _.~ SOlO as 1 Sor~as Semi voc ! Na~ -1- -- I~-' ¡; I i'l -- I - - - i ~ ---._1' uidas \i) - ~ 1- , - - - t) - ~ \il - - ::; -·,tI, .. -- observaremos que el dagués fuerte, al duplicar los 18 fonem3s consonánticos restantes -exceptuadas las letras guturales, ind,,· guesables por su naturalezaenriquece con un nuevo matiz fonético esas 18 consonantes. Las vocales, partiendo de las tres semíti~as que vemos en el árabe, se amplifican hasta formar un cuadro de 15, en el que la ,hversidad fonética (órgano, timbre, grado, intensidad) es grande. En resumen: la variedad de sonidos y matices, tanto consonán· ticos como v;Jcúlicos, corre parejas con el número de dementos básicos en que se manifiestan, y ofrece un magnífico estrato y recursos inesperado~ para la eufonía, que las leyes y fenómenos estudiados por la Fonética ponen de relieve. Por otra parte, todos estos factores confieren a la elocución del idioma gran riqueza de expresión en su matización ideológica, y son la fuente de copiosísimas posibilidades de formas y cambiantes en las palabras de que se reviste la proyección verbal. Cuando sen escasas las posibilidades de esta índole, la idea, al surgir del intelecto y buscar la matización conceptual o sentimental, no halla cauce adecuado y tiene forzosamente que atenuar su vigor y loza' nía, acabando por embotar la inteligencia de los hablantes de esa lengua o tiñendo de cierta pesadez y torpeza sus facultades mentales, nota que viene a ser congénita en ese pueblo. Claro está que en éste como en tantos otros fenómenos, siempre puede conside· rarse la causa y efecto como actuando en un circulo cerrado. Comparando el precedente cuadro fonético con los correspondientes en griego y mucho más en latín, vemos que los sonidos guturales, de tan acusado valor espiritual (en su sentido etimoló·· !O UAVID GONZALO MAESO [SI gico: spiritus = SOJ.JI0, a.nento) y sentimental, están copiosalnente representados, cinco frente a uno o a lo sumo dos, contando el esfumado espíritu suave, carente de valor fónico en realidad, que haHarrlOs en el griego, y ninguno prácticamente en el latín, puesto que la h perdió su aspiración en época temprana, aun cuando se haya conservado con increíble tenacidad en la escritura. En cuantu al timbre enfál ico, de relevante expresividad, es totalmente desconocido en la fonética de esos dos importantísimos idiomas ir aun en los demás grupos indoeuropeos_ La inexistencia de diptongos propiamente dichos en la lengua hebrea, podría interpretarse como una prueba del valor entitativo que otorga a cada sonido y la preocupación porque no se pierda ni aminore ningún valor fónico, que es lo que en algún grado ocure al fusionarse dos vocales en un diptongo y mucho más tres en un triptongo. Hasta en el aspecto gráfico que presenta una página cualquiera escrita en hebreo se advierte esa regularidad y armonía simétrica que ponderamos, entre las palabras, de extensión poco variable, oscilante entre un mínimo de 3 elementos (consonante + vocal + consonante, o consonante con vocal larga), y un máximo de 12, rarísima vez sobrepasado. Y, sin clnbargo, a pesar de la normal brevedad de las dicciones hebreas, júntanse generalmente en una misma varios elementos, tres y cuatro con gran frecuencia, y a veces en algunas hasta siete, cada uno con su función bien explícita. Estos semantemas y modemas hállanse tan perfectamente ensamblados, que no se resiente lo más mínimo la eufonía ni tampoco la expresividad, antes bien se acrecientan. En este terreno quizá no haya lengua de mayor flexibilidad y capacidad aglutinante que la hebrea; ello implica, naturalmente, una fuerza expresiva extraordinaria, pues cada palabra así constituída ofrece una visión caleidoscópica de múltiples ideas armoniosamente enlazadas. Entre las leyes que rigen la sílaba hebrea, la llamada cronometría silábica; que requiere en toda sílaba un mínimo de tres tien1pos (o moras), que se cumple sin excepción en todo el Antiguo Testamento (sólo aparente es la excepción del dagués fucrte implícito en la gutural fuerte i1 ), revela un gran sentido elel equilibrio silábico en la economía general ele la palabra, de cualquier categoría gramatical que ésta sea. Hasta nos sentimos tentados a hacer extensivo a esta tríacla fónica 10 que Wright, refiriéndose al trilite- [9) ARMONÍA Y EXPRESIBlDAD, LEYES ESE.\!C1ALES DE L'\ L'E:'\GUA HEB.RL\ 11 ralismo de las raíces, llamó el gran misterio de las lengnas semíticas. Pasemos a las leyes fonéticas de consonantes y vocales. Las cuatro modificaciones que pueden afectar a las consonantes (sustitución, asimilación, supresión, metátesis) tiende a suavisal' el choque o encuentro de fonemas, facilitando su pronunciación, eliminando asperezas, simplificando grupos y también reforzando sonidos tenues que podrían pasar casi inadvertidos pero que convenga destacar. Todas las leyes fonéticas de la lengna hebrea eotán basadas fundamentalmente en un fino sentido de la armonía, el equilibrio, la eufonía, la suavidad elocutiva. Recordemos igualmente la importancia capital que en la lengua sanscrita tienen las reglas del sanhi (o eufonía), en sus tres clases, etimológico, smtético y sintáctico, tanto de vocales como de consonantes. Los tres principios que caracterizan a las guturales; indaguesabilidad, tendencia al i;~wá cc-mpc,esto y atracción al sonido de a, que lllotivan respectivmnente el alargan1iento de la vocal precedente como compensación, la sustitución del sewá simple (equivalente a la auscncia de vocal) por un sonido vocálico tenuísimo, y el cCd11bio por a de cualquier otra vocal que a tenor de las reglas generales de la temato]ogía y la flexión pudieran corresponder, son claros ejemplos de la preocupación por la eufonía y el equilibrio v"rbal, así como también medio eficaces de salvar y reavivar la expresividad atenuada o en trance de desaparecer. Las cuatro letras débiles (guturales ~, ;¡ y semivocales ¡. '1) del a!efato hebreo se caracterizan por una extremada movilidad, y están, por lo mismo, sujetas a frecuentes cambios y elisiones, sobre tc.do cuando carecen del soporte de una vocal o cuando se atenúa su sonido por caer entre dos vocales (p. e q"wam > qiim) o bien resulta innecesaria su presencia si, en función de mero instrumento gramatical y llevando un sonido vocálico, lo cede al prefijo antepuesto (v. gr., ;; artículo, precedido de partícula monolítera, infecto y participio de Hifil, Hofal y Hitpael, nombres teóforos con 11 , inicial, etc.). Su escasa substantividad y el hecho de quedar ya atendida su función justifican en tales casos la plena desaparición; la expresividad lingüística queda sobradamente salvada. En otras circunstancias, sin embargo, en vez de perderse alguna de esas letras débiles, se sustituye por otras de mayor resonancia (por yod en los verbos' ';) primitivamente 1 'v), en pro de una mayor armonía y, sobre todo, de una mayor expresividad, Es muy 18 DAVID GONZALO MAESO [161 dos en más de 700 apartados, en los que se analizan y exponen di- ",rsos aspectos y particularidades. Examinaremos algunos de estos puntos, a fin de poner de relieve también en el campo de la Sintaxis las dos leyes esenciales de la lengua hebrea que estamos' estudiando. No interesa a nuestro propósito establecer comparaciones con otras lenguas ni siquiera dentro del grupo semítico; solamente diremos qne la imprecisión temporal en las formas verbales, así como la vaguedad en la expresión modal de las ideas del subjuntivo, optativo o potencial y el escaso relieve subordinativo en la construcción oracional, que suelen señalarse como defectos principales en la sintaxis hebrea, se suplen en la práctica con diversos e ingeniosos procedimientos muchas veces ignorados u olvidados por los traductores y seudo-hebraístas. Hablando Joüon de la cuestión de los tiempos y los modos, "la más importante y la más delicada de la sintaxis hebraica, tan descuidada por los antiguos gramáticos», ai1ade esta juiciosa observación: «Ciertos autores, exegetas y traductores, principalmente antiguos, parecen haber tenido sobre esta materia no más que ideas vagas; al traducir se guían más bien por una especie de instinto que no por un conocimiento preciso del v2Jor de ~as formas») (n," 11 1) y, podríamos afíadir, de los múltiples recursos expresivos que posee esta lengua. La s(upresión del articulo, signo de la determinaCIón del substantivo, cuando éste ya va determinado de cualquier manera, es un procedimiento perfectamente lógico, que no suele darse en las lenguas que lo poseen, la cual aminora el valor de esta categoría gramatical, que muchas veces queda reducida a cero, sin que ello aumente, más bien disminuye con su presencia, la expresividad del substantivo. Particularidades tan típicamente hebraicas y tan elementales en su forma como son la aposición o la repetición de nombre prestan a la frase hebrea matices y modalidades múltiples; pluralidad, diversidad, especificación, contraposición, cte. Los plurales de composición (v. gr. D12terla especial), extensión, excelencia o majestad, intensidad, abstracción, enderran asimismo evidente complejidad ideológica. Los diversos casos de determinación nominal que presenta el hebreo, como son: el substantivo por sí mismo (tal, p. e., el nombre propio), el sufijo, el complemento adnominal, el artículo, el numeral, algunos indefinidos, demuestran otra faceta de ,la múltiple expresividad hebrea. [17) ARMONíA Y EXl'RESIBIVAD, LEYES ESE!\:CIAíJ:S nE LA Lt;-.,rCPA HEBREA 19 La claridad se basa muchas veces en la concisión por la eUmin"ción de elementos innecesarios, que oscurecen la dicción, y siempre que no se incurra en el brcvis esse laboro, obscurus fio; pero también es verdad que otras veces se consigue mediante la repetición; tal es el caso, p. e., de las preposiciones que se repiten genernlmente delante de los complementos que acompañan, o del substantivo igualmente reiterable detrás de cada número en los numerales complejos (cf Gn 23': cien años y veinte años y siete años), S1 bien, a la inversa, puede omitirse también, COlno a menudo ocurre con ciertos nombres de medida. La escasez de adjetivos, que na deja de tener, a nuestro juicio, sus razones filos'óficas, pero que se remedió considerablemente en el hebreo postbíblico, se suple normalmente mediante el complemento adnominaL Por mucho que se haya encomiado la gracia y elegancia de los epítetos u otros adjetivos en ciertos poetas, p. e., Horacio, hay que reconocer que la superabundancia de esta categoría gramatical en la frase resta energía a la expresión, suplantando la idea substantiva por otras meramente «adjetivas», que es tanto como decir accesorias, aüadidas. El mecanismo del comparativo es, dentro de su sencillez, de neta diferenciación, aun cuando no posea un tipo morfológico particular al estilo del griego, el latín o incluso el árabe, dado que su formación es simplemente sintáctica, análoga a la del ablativo latino, reductible en definitiva al de origen (cw,didior nive, «notablemente blanco a partir de la nieve, incluída ésta»). Por otra parte. él adjetivo cOll1parativo puede ir ínsito en el verbo cualitativo, que, en consecuencia) llevará su término de comparación, exactamente como si se tratara de un adjetivo calificativo cualquiera (cfr. Rt 11'), particularidad que no se da en otras lenguas. En cuanto al superlativo, que en el absoluto suele ser de análoga construcción que en castellano y demás lenguas neolatinas, a base de algunos adverbios de cantidad aunque presenta también otros dos tipos (grupo genitival de dos substantivos sinónimos, p. c., Sal. 434, y con el determinativo 'Elohim), ofrece en el relativo hasta cinco modalidades particularidades de curiosa formacíón altamente sugestivas (1.n con el artículo J 2.(\ con un nombre determinativo, 3.:1 con un sufijO, 4.(1 adjetivo + término de la comparación con ::, , 5.:' lnedjante la aposición del plural del mismo substantivo). • * * 20 DAVID GONZALO ?ltI\ESO fJ A} Análogas relaciones de semejanza entre sí o similitud de funciones a las apuntadas anteriormente en la Morfología, podemos también señalar en el terreno de la Sintaxis entre el nombre y el verbo. El infinitivo, por su carácter nominal, sin abdicar por ello su condición verbal, actúa a veces de sujeto o complemento de un verbo, y puede asimismo ser considerado -lo es efectivanlente cuando lleva a su vez un complemento directocama formando oraciones substantivo-completivas de cualquier clase. El infinitivo segundo ü constructo cumple con respecto al primero fundón análoga a la del gerundio latino en relación con el infinitivo: es como una flexión de éste y en tales casos se acomoda a las reglas de la declinación nominaL A veces incluso, como en el caso del infinitivo';~;;, cuando presta a otro verbo con el que va construído la idea de gradación o paulatinidad, y sobre todo, en los verbos acertadamente llamados «adverbiales», e1 verbo entra en funciones de verdadero adverbio. La enálage presenta en hebreo numerosas y peregrinas formas de gl"an fuerza expresiva y fina matización. Por estar tan patente y distinta -muchídrno más que en griego o latínla idea pronominal en las aformativas verbales, no se usa normalmente el pronombre sujeto, y cuando éste se antepone ,,) verbo, confiere a la persona un marcado carácter enfático (v _ gr. yo, sí; yo lnisn-zo), que no puede tener I de ningún modo J en knguas como el francés y el inglés, donde se precisa a todo trance e,e instrumento de persona!ización de la forma verbal, por haberse perdido u obliterado el de la desinencia, el cuaCaumenta de modo tan senciílo la expresividad elocutiva, sobre todo, cuando, como es el caso del hebreo, designa claramente el tiempo o aspecto/ la persona, el número y el género. El orden habitual de los elementos básicos de la frase hebreobíblica (pues en el hebreo postbíblico este orden evolucionó en el sentido grecolatino) es el siguiente: verbo + sujeto + complemento, en la oración verbal. Este orden no carece de significación, a nuestro juicio} pEes realza la acción sobre el sujeto o agente de la misma, aspecto filosófico y hasta lección de humildad dignos de meditarse, sobre todo, a través de nuestra moderna egolatría. En la oración Dorninal cualitativa es frecuente asin:..isrno ]a j:'rioridad del p:redicado; en cambio, cuando éste no implica unE! cualidad sino más bien cualquier circunstancia) v. gr,¡ de lugar; [19J ARMONÍA Y EXPRESTBIDAD, LEYES ESE,xCIALES DE LA L'Ei':GUA HEBREA ~¡ 18 palabra ° parlicula que ia expresa va detrás dd sujclo, p. e. Cf!' ~m. Con todo, hay que advertir que la construcción hebrea posee suficiente elasticidad para alterar ese orden normal de la frase en uno u otro caso, cambiando la posición de sus elementos para poner de relieve un determinado miembro integrante de la misma, almque se trate de un complemento circunstancial, como vemos en el principio mismo del Génesis. Es lo que llama el gramático Mayer Lambert «anteposición». La llamada posición absoluta, o, según otros, casus pendens, si por una parte marca una especie de balanceo en la frase, a cuyos dos n1iembros presta especial simetría, es además, una manera de poner de relieve cierto térn1ino, persona 'O cosa, que en realidad de verdad es el sujeto del verbo que sigue, aunque gramaticalmente acompañe a éste un pronombre -correspondant lo llama M. Lambertque sirve de enlace entre dicho primer elen,ento y el verbo o la expresión que a éste sustituya (v. gr. da· tivo posesivo, pronombre personal sufijado con idea de posesión, etc.). El Ilan10do «acusativo interno» o «paronomástico»} tan pro- (ligado en hebreo con cualquier clase de verbos, y tan escasamente representado en español y lenguas modernas, por parecernos arguye pobreza de dicción, tiene en hebreo más bien e! encanto y claridad del estilo antiguo, en el que las repeticiones -pensemos en el lenguaje homéricono se reputaban como defectos. En cuanto al orden en 12 oración compuesta, hay que advertir existe una gran libertad, tanto como en español, en cuanto a colocación de la subordinada con respecto a su principal; la norma siempre es el mayor relieve que se desee dar a uno u otro elemento del período oracional. En definitiva, la ley de la expresividad y también las exigencias de la armonía, sobie todo en el estilo oratorio y el literario en general. Como casos particulares de construcciones típicamente hebraicas) que entran en la categoría de modismos, recordemos el de dos imperativos en función de prótasis y apódosis de! período hipotético (<<haz esto y vive» = si haces esto, vivirás), que COfr fieren a la frase una fuerza y colorido especiales. También las partículas dan a veces a las formas verbales, a los tiempos o aspectos, modos y demás categorías, sentidos particu· bres o matices que han de tenerse en cuenta para penetrar la 22 DAVID GONZALO MAESO (20] auténtica significación de la frase. La abundancia de esta categoría gramatical, principalmente de conjugaciones o locuciones conjuntivas en ciertas lenguas, p. e. en latín, tal vez ha aminorado la iúerza o matización coordinativa o subordinativa del verbo, hasta d punto de que parecen ser esos elementos secundarios los que determinan el carácter de cada oración para táctica o hipotáctica. Es una especie de usurpación de funciones, con mengua de la categoría jerárquica. En hebreo, por el contrario, con su escasez de conjunciones, son las formas y tiempos verbales los que matizan la coordinación o subordinación oracional, con lo cual el sentidú de la frase conserva una energía y exprcsividad mayores. La vitalidad de las lenguas se pone de manifiesto también en la plétora de sentidos encerrados conjuntamente, sin obstacularizarse, antes bien complementándose, en una palabra o locución. En hebreo esto es muy corriente. El infecto o el perfecto, precedidos de waw conversivo, contienen la idea verbal bien precisa, pero al propio tiempo encierran otra subsidiaria de efecto, consecuencia, resultado, etc., con respecto al verbo que encabeza la frase. El futuro cohortativo, además de la futuribilidad, implica la autoexhortación y propio enardecimiento o animación. El futuro yusivo, sin dejar de ser futuro, encierra toda la fuerza imperatoria del modo imperativo. El infinitivo antepuesto o pospuesto a un tiempo finito, añade especiales matices de significación, tales como énfasis, ponderación, perentoriedad, exclusividad u otras modalidades. La construcción asindética de oraciones, que pueden ser de muy variadas clases, no solamente copulativas (del tipo clásico veni, l'idi, vid) sino coordinadas el) sus varias formas y tmnbíén suborM (lm8das, demuestra claramente la fuer:e irradiación semántica de la frase hebrea. Todas las figuras gramaticales de dicción y de construcción de la gramútÍca griega o latina) o de las lenguas modernas, están ampliamente representadas en la lengua hebrea, a veces con un empIco más extenso y más frecuente. Como que no han sido invenÍ21dDS por los grmnáticos, sean griegos o indios, sino por el pueblo que habla un idioma. A esas figuras hay que añadir algunas otras peculiaridades expresivas de tipo oriental, semítico o específicamente hebraicas. Lo mismo se dign respecto a las figuras literarias de pensao 121J ARMONíA Y EXPRESmmW, LEYES ESENCIALES DE LA LE~GUA HEBREA ~D miento y de lenguaje, y los tropos, materia de subido interés, pero que cae fuera de los límites de nuestro estudiO'. Tal es la fuerza expresiva que atesoran en hebreo los eIementGS lingüísticos, que a menudo basta insinuar levemente la idea, y en ocasiones hasta se omite un verbo fundamental, que fáciimente se sobreentiende, como en la llamada cO'nstructio praegnans. Es la elipsis, de uso frecuentísimo y muy variado en la lengua hebrea, llevada en ese caso a su último grado. Hay figuras del lenguaje que, aun embelleciendo la dicción, oscurecen el sentido; otras, por el contrario, contribuyen efícazmenle a su mayor brillantez y claridad. En hebreo predominan las segundas, puesto que aun la concisión, gala suprema del estilo hebraico, difícilmente superable en ningún otro idioma, sin excluir el latín, tan orgullO'so de su romana brevitas, contribuye a destacar la idea, librando a la frase de rellenos y arrequives, que atenúan la fuerza de la significación verbal. 1.a Estilística hebraica. La Estilística, complemento natural de la Sintaxis, y tan esea .. samente estudiada en hebreo -y aún en general en las demás lenguas, aun en las mejor conocidas-, ofrece perspectivas del mayor interés para el conocimiento de la lengua, su poderosa virtualidad, su vida y movimiento, sus notas características. Solamente mencionaremos algunO's principios básicO's, sin descender a detalles, impropios de un estudiO' sucintO' como es éste. El sentimientO' vital, tan acentuado en la ideología hebreo-bíblica tanto del Antiguo con del Nuevo Testamento, originó la creación de numerosas locuciones a base de la terminología familiar: padre, madre, hijo, hermano, etc. De gran riqueza semántica y frecuente empleo son los vocablos que significan alma, vida, así como las partes más importantes del cuerpo, ojos, corazón, maII0S, pies, etc., que se han enriquecido con una cantidad extraordínaria de sentidos figurados de orden moral o espiritual verdaderamente asombrosa, que caracterizan Íuertemente el lenguaje hebreo,bíblico, único en este orden entre todO's los idiomas. Otras muchas expresiones están tomadas de la vida casera, del ('"mpO', enseres ordinarios, útiles de labranza, nsos y costumbres elel pueblo hebreo en las distintas épocas de su historia, primeramente nómada, dedicado al pastoreo, después sedentario y agri- 24 DAVID GONZALO MARSO [22) cola, y no ajeno tampoco a las artes fabriles e industriales. Los modismos hebreos o hebraísmos, materia no abordada modernamente en un estudio completo de conjunto, brindan uno de los aspectos n1ás sugestivos e instructivos de esta lengua tan rica en perspectivas' . La tendencia a 10 concreto, tan acusada en las lenguas primitivas, se manifiestan de modo claro en la lengua hebrea, lo cual in· dudablemente es un factor de diafanid ... ,d expresiva puesto que ele ese modo la mente se polariza mús fácilmente en el objeto de la elocución. La abstracción, en can1bio; cuando se lleva a extrelTIOS exagerados COTI10 los que vemos en nuestros días en el terreno de las artes, sin excluir la poesía, e incluso en el estilo rebuscado de ciertos escritores y hasta en obras didácticas, es un factor poco propicio para la fácil inteligencia y el matiz efectivo que debe colurear toda expresión hUDlana. Por otra parte ({ debemos guardarnos -advierte J. Vendryes en su obra El lenguajede considerar una lengua racional y abstracta porque tal sea la nuestra l CO1110 superior a una lengua concreta y luística. Se trata simplemente de dos mentalidades diferentes, que pueden tener cada una su mérito.» En consecuencia, la plasticidad es uno de los caracteres más destacados en la semántica del vocabulario hebreo y su frasco lo" gía; y como en todo lenguaje hay un fondo extraordinario de convencionalisn1o, no ciertan1entc arbit:::-a.:Ío sino razonable, fundado en la analogía, slmbcJisrnü¡ concomitancias, relaciones psico· físicas, las ideas y sentimientos se revisten de esas in1ágenes, figuras, ademanes que no solmnente las encuadran sino que son como el cuerpo en que se encarnan. Pero el hebreo -no podemos oIvidarloha sido el idioma vehículo de la revelación divina, del idealismo más sublime que ha iluminado las mentes humanas, y esto se refleja, naturalmente, en 4. Algunos jntentos o aportaciones de siglos precedentes podrían meno cionarse, p. e. B. WAl TO~: 1 diotismi linguae l¡ebracac el grcJecae qui sac- [Jiu,'; in Scripluris occurrt-mt en el t. 1 ele la Bib. PoligL (en LX parágrafos). J. F. FISCHER: De dialectis N. T. singulalim de eius hebraismis libellus (extracto del Philoiogus hebraC!IS de J. Leusden, Utrecht, 1656), Leipzig, 1754, 1792. T. SARTOTH: Hermencutica Harmol1ia U/rique Testamento,. Aug.sburgo~ 1783. 12~J ARMONÍA Y EXPRESIBTDAO, LEYES ESENCIALES DE LA LENGUA HEBREA 25 ~u léxico, copioso y expresivo en esa terminologia Lan usada por los grandes vates y escritores de Israel. Más todavía, si se quiere, en el orden puramente literario. El hebreo, en frase de Herder, es la lengua más poética de la tierra, y para comprobarlo basta con adentrarse en las páginas del texto sagrado y respirar ese hálito sutil de poesía que todo lo invade. Ahora bien, decir poesía es decir expresión vivaz, armoniosa, plena, cósmica y humana, pero sobre todo, en este caso, divina. "La lengun hebrea -se ha dicho acertadamentees demasiado poética de por sí, para pretender encontrar en ella un lenguaje peculiar de los poetas» (J. Touzar!. -Dict. Bibl.) La ¡vlétrica hebreo-bíblica. Esto nos lleva, naturalmente, a considerar ex profeso la envoltura rítmica y fraseo lógica de la poesía, su vistoso ropaje, es decir, la métrica como arte elocutivo de especial prestancia, que distingue al lenguaje poético, tan copiosamente representado en la literatura bíblica y la postbíblica, del propiamente prosado. Conviene advertir, sin embargo, que ha sido tan poderosa la influencia ejercida en la Biblia por el estilo poético en toda clase de obras, que bien puede asegurarse no hay ninguna literatura, ni antigua ni mo~ derna, en que los límites entre poesía y prosa sean menos marcados. Esto explica, en parte, el que basta hace pocos lustros, y aun todavÍa en ciertos sectores. se viniera repitiendo que la métrica hebreo-bíblica constituía un enigma poco menos que insoluble, sobre todo, teniendo en cuenta la extraordinaria proliferación de sistemas explicativos ideados o presupuestos a lo largo de veinte siglos, desde Filón de Alejandría basta nuestros días. Un centenar de autores o tratadistas recopiló un universitario español (J. J. Azpiazu, S. 1.) en su disertación doctoral sobre «El ritmo hebreo: sistemaS' que lo explican» (Bilbao, 1924). Hoy día los doctiores van aceptando la teoría acentual, única que permite escandir fácil y armoniosamente los versos bíblicos, pese a la falta de un texto críticamente depurado en el sentido moderno. Frente a la métrica cuantitativa del griego, el latín, el siríaco o el árabe, de índole más material y aun diríamos materialista, la acentual, basada en el elemento más intelectual y más puro de la palabra, el acento, ostenta un carácter marcadamente e~pirítualista; de ahí que este tipo de versificación convenga mejor 21> J)AVIb GONZALO MAESO 1241 a civilizaciones más espirituales, y en tanto que la cuantitativa -al igual que su base, la cantidad silábica de las palabrasse desvanece, la acentual va ganando terreno. Curioso es el fenómeno que se produce en la Edad Media a este respecto: la métrica clásica latina) netamente cuantitativa, se sustituye espontáneamente y no por ob,a de gramaticos o metricistas, por una de nuevo cuño, la acentual, en la que pudo inlluir la misma métrica o digamos el ritmo bíblico a través de la liturgia cristiana, pero que era también un pn:ducto natural de aquel mundo nuevo que fue surgiendo lentamente entre las ruinas del antiguo. El acento, después de imponerse en la lexicología y la sinta.xis, dominó también en la versificación. Pero no deja de ser significativo, admitido este valor espiritual del acento y de la métrica en él basada, que varios milenios antes de esa hegemonía general de la versificación acentual en las lenguas europeas, ya se manifestara con caracteres tan precisos y marcados en la lengua santa como vehículo de los más nobles y sobrenaturales pensamientos. Tenemos, pues, en primer lugar en la métrica hebreo-bíblica esa ley suprema espiritual que irradia el acento. Pero en las lenguas de este tipo de versificación hay muchos metro,,:; que carecen de ese seccionamiento par o in1par de la censura, que imprime su armonioso balanceo y equilibrio al rÍtmo del vers') y que es fnndamental en la métrica bíblica como elemento melódico moderador. Los pies me/ricos regulados por el acento presentan variedad de tipos. Aunque su número no llegue a los treinta de la métrica httina, por la índole especial de una y otrnJ 111Uy bien pueden contarse diez perfectamente diferenciados entre sí (agudo o monosílabo/ yalubo, troqueo, anapesto, dáctilo, anfíbraco y peón l. ü, 2::., 3." y 4."), de una, dos, tres y cuatro sílabas como máximo, cada uno de estos pies con su acento poético, que no es olro sino el mismo de la palabra. No hace falta decir que el concepto de vocal larga o breve propio de la versificación grecolatina, se sustituye en la hebreo-bíblica por el de tónica o átona. Teuemos como en griego o en latín, el genus par ( li,o,iJóv, 1 :1, anapesto y dáctilo) genus dUptUll1 l¿'¡(J'; ol1ti,áou¡'t, 2: 1, yalubo y troqueo) y genus sescuplwn (TÉ'lo, fr''';).'ov ,3 :2, peón y anfíbraco), con lo cual se salvan las leyes esenciales del ritmo y su variedad. El r!tIno de cualquier género que sea, por sn naturaleza lnisma Ü11~ plica diversidad y complejidad (breve y larga, lóníca y (¡tona, etc.), (25) t\1{:\Wl'\íA y L\ITESlBID\P. I.EiTS ¡;:-;¡:;';CL\Lr:S DE L\ LENGUA HEBREA 27 IlO sólo dentro de los pies métricos o del verso, por la combinación de los mismos, sino en el conjunto del poema o composición. Precisamente ésta es una de las características más destacadas de la métrica bíblica. Quizá no se encuentre una sola composición o fragmento poético en toda la Biblia en la cual todos los versos sean uniformes, del mismo metro, c.)mo tampoco hay ninguna, por breve que sea, en la que todos los pies métricos sean ig1.1ales dentro de cada verso. La Lexicología hebrea. Quizá donde más campea la expresividad, y también la armonía, de la lengua hebrea es en el terreno mismo de la Lexicología, no solamente como resultado de la aplicación de principios fonéticos y morfológicos como los anteriormente expuestos, sino en la ~structura íntima de los vocablos, o sea, en el campo de la Tematología y la Semántica. Muy significativa es la afirmación del traductor griego de la Sabiduría de Sirac, como excusa y petición de indulgencia siempre que «a pesar del esfuerzo puesto en la traducción, no hubiera logrado dar la debida expresión a las palabras», pues -añade-: {{ los ténl1inos hebreos no tienen igual fuerza al ser traducidos a (, tra lengua». Notemos que quien esto escribía comparaba el hebreo nada menos que con el griego, cuya lucidez y recursos expresivos no es menester ponderar. Múltiples razones de orden fonético, morfológico, sintáctico y estilístico contribuyen a esa enorme expresividad, como queda indicado. Pero hay algo -lo hemos expuesto ex profeso en otro en· sayo 5~_ que cala en la entraña misma de las palabras y sus primeros eJcn1entos y es el valor sen1llntico de cada fOtzel11a, que presta a cada uno de éstos reunidos en un haz para formar n0111bres, verbos y partículas, una luminosidad, transparencia e irisaciones diamantinas en el prislna del pensmniento. La onomatopeya, que tan frecuentes y felices efectos de armonia imitativa ofrece en la poesía bíblica, poniendo en este terreno también a los vates bíblicos a la altura, por lo menos, si no por encima de los mayores genios poéticos de la humanidad, es un 5. Puede consultarse nuestro estudio «( Valares semánticos de los fonemas hebreos», publicado en el t. VI (1957), pags. 127~137, de esta MISCE_ LANEA.