Judios y conversos en el "Cancionero de obras de burlas provocantes a risa" (Valencia, 1519) Barra lateral del artículo
Full text
JUDIOS Y CONVERSOS EN EL "CANCIONERO DE OBRAS DE BURLAS PROVOCANTES A RISA"(VALENCIA, 1519). JUAN ALFREDO BELLON 1.-Introducción No hace mucho tiempo que A. Domínguez Ortiz afirma ba, con motivo de las Jornadas de Estudios Sefardíes de Cáceres, que "nos sigue faltando la obra definitiva sobre judíos conversos" ( 1), y añadía a continuación que "para conocer aquella minoría en sus exactas dimensiones, se requiere la colaboración de especialistas en historia políti ca e institucional; de economistas y demógrafos; teólogos, filósofos, críticos literarios e historiadores de la ciencia, pues todos estos campos cultivaron los conversos". (2) Comparto plenamente la justeza de estos planteamien tos, que también son aplicables a cualquier tarea científica de una cierta entidad, pues en nuestros días ya no es pensable la investigación in di vid u alista, aunque razones de tipo ideológico y psicológico estén contribuyendo a que esa práctica se venga manteniendo entre nosotros mucho más de lo que sería deseable. Pero también entiendo que la formación y consolidación de equipos de trabajo sobre temas como el que nos ocupa no debe ser exclusivamente promovida ni dirigida desde ninguna clase de cuspides, sino que estas, si existen -y existen en nuestro caso-, deben aprovechar también las iniciativas individuales para saberlas integrar en un todo armónico y pluralmente ordena do. Tal es el caso de esta modesta aportación, que nace de mi práctica filológica y se conforma a partir de la edición que el Cancionero de Obras de Burlas Provocantes a Risa hicimos P. Jauralde y yo en 1975 (3). Con ocasi6n de
134 J.A.BELLON aquel trabajo tuve oportunidad de reflexionar sobre un buen número de composiciones poéticas de carácter satírico que estuvieron en pleno auge entre la segunda mitad del siglo XV y los comienzos del XVI. En ellas me sorprendió comprobar que el tema de las burlas antisemitas era uno de los moti vos centrales, no sólo en la sección que ostenta tal nombre en el Cancionero General de Hernando del Castillo (4), sino aun en toda la obra. Poca novedad tendría, sin embargo, hacer un simple cotejo y ejemplifica ción del tema en el Cancionero, aunque conozco varios trabajos de este tipo que tienen un innegable interés, como el de Francisco Cantera Burgos sobre el Cancionero de Baena ( 5) y los más recientes de M e Angeles Hermosilla so bre el antisemitismo en la literatura popular (6) y Cristina Arbós sobre los siglos XIII y XIV ( 7). En mi caso he intentado conjugar el aporte de datos y de textos extraídos principalmente del Cancionero con una cierta interpretación monográfica de algunos poemas, en línea con los análisis que sobre el tema han podido avanzar hasta el momento investigadores como A. Domínguez Ortiz, Julio Caro Baroja o J. M. Maravall. He procurado partir siempre de textos concretos que guarden alguna relación con el problema judío y judeoconverso y puedan iluminar algunos aspectos del mismo que aún no han sido suficientemente resaltados o sistema tiza dos. Asumo así una triple responsabilidad, como filólogo, crítico literario y amador de la historia, y (por lo que de atrevimiento pueda Tener) pido excusas a quienes practican y defienden la investigación superespecializada, recordán doles sin ningún tipo de acritud aquello que Antonio Machado hac1a decir a Juan de Mairena sobre lo que ocurre· cuando el saber se especializa y crece el volumen total de la cultura (-Eso es lo que sabemos entre todos. -Eso es lo que no sabe nadie). 2.-El marco histórico Dice Mª Angeles Hermosilla, en su ya citado análisis sobre las referencias antisemíticas en la literatura popular del siglo de oro, que, "en general la literatura popular prersenta una hostilidad a los judíos que no puede compren derse fácilmente sin aludir a razones históricas". (8) No es mi intención repetir aquí los argumentos más recientes y admitidos sobre las causas del antisemitismo hispano. Superada como hoy está la dialéctica entre Améri ca Castro y Sánchez de Albornoz, ya nadie duda de cuáles son los términos generales de problema, y hay precisiones recientes que aún lo centran más, como la de Domínguez
CAN CION ERO DE OBRAS DE BURLAS 135 Ortiz, cuando afirma que "uno de los elementos que suelen olvidarse es que el problema converso no se planteó siempre en los mismos términos; su mentalidad, sus reaccio nes, en el medio en que se movían eran muy distintos a raíz de la expulsión de los judíos, una generación des pués, en el siglo XVll o en el siglo ilustrado, cuando la cuestión no era ya más que un recuerdo y una rutina" (9). Pues bien, en el caso que nos ocupa nos movemos en la época que abarca desde mediados del siglo XV hasta 1519, y estamos por tanto a uno y otro lado del decreto de expulsión y en uno de los momentos de mayor efervescencia de la acción inquisitorial. España estaba entonces surgien do como nación a costa de un proceso enormemente complejo y doloroso, lleno de acontecimientos sangrientos y de lu chas intestinas que conducían a una fórmula histórica, étnica, social y cultural que en parte respondía al plantea miento y resolución de una serie de contradicciones arras tradas desde siglos. En cierta medida, el modo como estas contradicciones se resolvieron no fue la manera más modéli ca que cupiera desear, desde una visión retrospectiva de nuestra historia. A) En primer lugar, se resolvió la contradicción Islam/Cris tiandad, y se resolvió en el sentido que ya se apuntaba como irreversible desde mediados del siglo XIII: con la expulsión de los árabes y la permanencia de un residuo morisco de carácter netamente rural. B) Se resolvió también la contradicción existente entre los diferentes reinos peninsulares en favor del reino de Casti lla (con la sola excepción de Portugal) en línea con 19. hegemonía que también se venía apuntando desde los tiem pos de Fernando III. C) Se resolvió asimismo la contradicción Monarquía/Nobleza merced a la acción enérgica y sin comtemplaciones de los Reyes Católicos en orden a la instauración de un estado de corte absolutista. El resultado del mismo fue, no obstante, mucho menos contundente que el de las dos contradicciones anteriores, aunque su contribución a la formación de la nacionalidad española resultó igualmente fundamental. D) Y también se resolvió de forma francamente expeditiva la cuestión religiosa, en un sentido autoritario y excluyen te, a favor de la más pura y tradicional ortodoxia católica y en contra de la sociedad civil que ya apuntaba en otras formaciones sociales europeas. E) Y no se resolvieron tampoco de manera moderna, en un mínimo correlato con las fórmulas europeas de la epoca, ni
1 3 6 J.A.BELLON la contradicción entre el medio urbano y el rural ni la cuestión étnica. En las tres ultimas estaban implicados de lleno los judÍos, que habían sido el tercium datur de las tres primeras en las que habían sabido nadar y guardar la ropa. Aquí hay que repetir lo dicho más arriba a propósito de D): el modo como se resolvieron estas contra dicciones, y en especial la étnica, estuvo lejos de consti tuir ningún punto de síntesis. Primero los judíos y luego los conversos fueron un fermento importante en las socieda des peninsulares hasta bien entrado el siglo XVI para terminar convertidos en el chivo expiatorio de otras crispa ciones, en un proceso largo y complicado pero inexorable, que no puede darse como causa única ni principal de la decadencia hispana y que algunos historiadores han compa rado con una montaña rusa ( 11) cuyo primer badén habría que situarlo en el pogrom de la judería sevillana, en 1391. Julio Caro Baroja ha trazado una fina caracterización del problema y nos ha recordado el papel que en el mismo desempeñaron siempre ciertos sectores eclesiásticos y el hecho de que las persecuciones y matanzas eran sin duda una válvula de escape de una sociedad compleja y llena de resentimientos. ( 12) Claro que todas estas explicaciones no bastan si no se insertan en el marco de un análisis económico y social ( 13) de las clases y capas sociales que pugnaban por conseguir una nueva hegemonía histórica. Por eso hay que señalar, si se quiere situar el problema de judíos y j udeoconversos en sus justos límites, que aquéllos fueron desde siglos una colectividad eminentemente urbana y que ello les capacitó para escalar puestos claves del incipiente aparato burocrático del estado, en las finanzas, en el aparato cultural y aun en la misma Iglesia, lo que no podía ser bien visto por las facciones más conservadoras de la nobleza y de la burguesía. Fruto del creciente sentimiento antisemita, de carácter netamente popular ( 14), es la configuración ideológica de un personaje arquetípico que pasará a la literatura y actuará en ella, como más adelante veremos. ] ulio Caro Baroja (15) ha definido así sus rasgos pricipales: "En suma, el judío de fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna era odiado a causa de cuatro clases de argumentos que podemos sintetizar con breves palabras: I) Argumentos de carácter religioso: deicidio; II) Argumentos de asuntos económicos: la usura; III) Argumentos de carác ter psicológico: inteligencia particular y soberbia; IV) Argumentos de carácter físico: diferencia física y aspecto ingrato. ( ... ) Es difícil determinar en qué grado de proporción el odio de la raza, el odio religioso y el odio económico, fundados en los argumentos dichos, han sido causantes de las persecuciones contra los judíos".
CAN CION ERO DE OBRAS DE BURLAS 1 3 7 Con estas puntualizaciones queda, en mi opinión, suficientemente caracterizado el problema y libre el camino para comprobar cómo estas contradicciones actuaban en las obras literarias de finales del siglo XV y comienzos del XVI y, en particular, en ese libro de éxito en la época que fue el Cancionero de Obras de Burlas Provocantes a Risa. 3.-El marco literario Tras la aparición del fenómeno cultural de los cancio neros que proliferaron en la segunda mitad del siglo XV estuvo sin duda la invenc10n y generalización de la imprenta, si bien los primeros fueron copias manuscritas y decoradas según los diferentes estratos sociales a que fueran dirigidos: "desde monarcas -para quienes se confec cionan ejemplares lujosos con tintas de varios colores y hermosas letras capitalesa lectores burgueses". ( 16) Así aparece el Cancionero de Baena ( 17) , compilado por un converso, y otros muchos cuyo colofón -ya en pleno apogeo del uso de la imprentalo contituye el Cancionero General de Hernando del Castillo, recogido por su autor en la ultima década del siglo XV y publicado por vez primera en Valencia (1511) en edición de 1.000 ejemplares que se agotaron muy pronto, lo que provocó sucesivas y numerosas re ediciones ( 18). Hernando del Castillo reunió en él "cuan tas composiciones pudo hallar desde el tiempo de Juan de Mena hasta sus días" y ordenó el material -copiosísimoen nueve apartados, el último de los cuales era el de "Obras de Burlas provocantes a risa" ( 19). Esta sección adquiere pronto vida propia y autónoma cuando en 1519 aparece como edición aparte con ese mismo nombre, impresa en Valencia, en casa de Juan Viñao. Rodriguez Moñino la ha definido como "una sección perfectamente delimitada, en la que hay gracia, chocarrería y hasta brutal rijosidad; no creemos que en el siglo de oro se haya estampado un conjunto tan obsceno como el que integra estos folios" (20). Si complicada fue la historia de las sucesivas edicio nes del Cancionero General, la del de Obras de Burlas resultó mucho mas azarosa, sobre todo por la implacable persecuc10n de que fue objeto por parte del Santo Oficio. Una reseña detallada de estas vicisitudes la hice yo mismo en el Prólogo a la edición (Madrid, 1975) citada en la nota 3. Desde 1519 hasta bien entrado el siglo XIX nadie se atrevió a imprimir el Cancionero. Fue precisamente un curioso personaje, falsamente· tachado de cuáquero por Me néndez Pelayo, D. Luis de Usoz y Río, quien preparó una edición de venta reducida y semiclandestina, fechada en
138 J.A.BELLON Londres, en 1841-43. A su frente colocó unas interesantísi mas Advertencias en las que, entre otras cosas, sostenía la tesis de que la España de los Reyes Cátolicos fue un reino desconcertado, tal y como textualmente se dice enel Aposentamiento en ]uvera, primera compos1c10n del Can cionero. Segun Usoz, las numerosas procacidades y blasfe mias que en él se contienen son debidas a la pluma de -numerosos autores eclesiásticos, los mismos que reprimieron a los que ellos llamaban herejes y apóstatas haciendo uso despiadado de las torturas inquisitoriales. Qué duda cabe de que Usoz supo ver una de las facetas más sobresalientes del Cancionero: la crítica religio sa que en él se contiene, cumpliendo con ello una función saludable, pues con su edición contribuyó a romper el cerco a que la censura lo venía sometiendo. Pero, en mi opinión, no es esta la única faceta digna de ser tenida en cuenta. El Cancionero presenta -como mínimodos vertien tes profundamente relacionadas pero claramente diferen ciables: la crítica religiosa y la crítica social. D. Luis de Usoz, mediatizado por su obsesión neorreformadora y por sacar el texto a la luz para arrojarlo como un arma contra Roma, no supo o no pudo ver la otra, la aguda crítica social y, dentro de ella, la aparición casi obsesiva del tema de los judíos, conversos, marranos y tornadizos, sus costumbres y sus desventuras. Porque esa sí que es -quizá antes que la crítica religiosa preluteranala principal obsesión que latía en las mentes de los españoles de finales del siglo XV y, desde luego, en la de los poetas que integraron la nómina del Cancionero. Parece claro pues que, tras estas composiciones sa tí ri cas y aparentemente jocosas, alienta toda una serie de inquietudes que trascienden el plano de lo meramente literario. Puede aceptarse la teoría de que las obras de burlas no presentan tanta intencionalidad como algunos han querido ver y de que, en el fondo, trataban sobre todo de hacer reir al lector. Pero tales afirmaciones sólo se sostienen en pie a condición de que esa función lúdica sea entendida como complementaria de la función crítica (en lo religioso y en lo social) sin la que la mayor parte de su humor no podría comprenderse ni apreciarse. 4.-El antisemitismo en el "Cancionero" A continuación paso a examinar distintos textos del Cancionero que ilustran con detalle tres aspectos nodales del problema judío y judeoconverso en la época anteriormen te delimitada. En el primer apartado me referiré al tipo de humor corrosivo e inconformista que ejercitaron los autores
CAN CION ERO DE OBRAS DE BURLAS 139 conversos con cierta frecuencia; en el segundo, a la descalificación de que fueron objeto quienes se opusieron a las campañas inquisitoriales contra los conversos, y en el tercero, a la delación de los cristianos nuevos en base a sus costumbres gastronómicas. 1) El humor del Ropero Empezaré por referirme a la composición n 9 29, Coplas que hizo el Ropero a un aparato de guerra, donde se satiriza abiertamente el espiritu belicista y preimperial de la época. El poema empieza así: O qué pompa y qué arreo, o qué aparato de guerra, tres blancas tengo de tierra pagadas por jubileo; ( 21) ¿Quién sino un converso amargo y desenfadado pudo utili zar con tanto provecho el humor de un alegato antimilitaris ta y antiimperialista tan abiertamente corrosivo? Véanse de pasada las concomitancias de tono y forma con el famoso y también mordaz soneto de Cervantes al túmulo de Felipe 11. Antón de Monto ro, el Ropero de Córdoba, es uno de los más famosos y prolíficos poetas del Cancionero. Sastre y converso, sufrió en sus propias carnes la angustia de cuantos tuvieron su mismo origen y circunstancias en aquellos tiempos revueltos. Al fin de sus días, con setenta años, el Ropero dirige a la reina Isabel una petición versificada donde se retrata tan abierta y descaradamente, que la composición puede provocar escalofríos hasta en un lector actual, con sólo leer sus primeros versos: O Ropero amargo, triste, que no sientes tu dolor! Setenta años que naciste y en todos siempre dixiste lnviolata permansiste! y nunca jureal Criador. Hice el credo y adorar, ollas de tocino grueso, torreznos a medio asar, oir misa y rezar, santiguar y persignar, y nunca pude matar este rastro de confeso. Los hinojos encorvados y con muy gran devoción, en los días señalados, con gran devoción contados
140 J.A.BELLON y rezados los nudos de la Pasión. Adorando a Dios y hombre por muy alto Señor mío, por do mi culpa se escombre, no pude perder el nombre de viejo, puto y judío. (22) Kennet R. Scholberg ha caracterizado el humor de el Ropero a propósito de esta composición haciendo notar que "las minorías oprimidas, y especialmente la judía, siempre se han refugiado en la risa para no caer por completo en la desesperación. Este humorismo amargo, dirigido contra sí mismo, es a la vez una máscara para ocultar los verdaderos sentimientos ante ojos hostiles y un mecanismo defensivo para mantener el equilibrio en un mundo perverso y enemigo". (23) Para recalcar la certeza del comentario, transcribo el final del poema, donde puede leerse lo que sigue, referido a la persecución de su raza: Pues, reina de autoridad, esta muerte sin sosiego, cese ya por tu piedad y bondad ... hasta allá por N a vi dad, cuando sabe bien el fuego. (24) Si se lee de nuevo el poema dedicado a un aparato de guerra a la luz de lo visto en este segundo, se comprenderá su dimensión satírica concreta y se comprobará que en él aparecen gran parte de las características que Américo Castro asignaba a la literatura de los conversos: espíritu crítico, amargura, insatisfacción, desprecio por las normas aceptadas y búsqueda de un sentido más profundo a la religiosidad y a la vida. 2) El loco de Baltanás Otro caso altamente significativo de lo que acabo de indicar es una composición jocosa, basada en un juego de palabras, que poco o nada parece añadir a la simple invectiva de llamar loco a un personaje del que, en principio, nada se sabe. Es el poema nQ 55 de nuestra edición del Cancionero, se titula llamado Balta nas y empieza así: Locos haze her hazañas, Baltanás, mi buen amigo, locos mata, locos daña, De Cartagena, a un loco
CAN CION ERO DE OBRAS DE BURLAS locos dizen, locos digo. Locos fuer�a, locos ciega, locos faze her tal obra y locos el seso niega y locos dexa, os llega por locos falta y no sobra. (25) 1 41 En una primera lectura, nadie podrá observar poco más que el artificio lingüístico (lo que os = loc'os =locos) parecido a aquél del chascarrillo popular donde Quevedo ganaba una apuesta por conseguir llamar coja a la reina, sin que ésta pudiera reprochárselo: "Entre el clavel y la rosa 1 Su Majestad escoja." Pero nada más lejos de la realidad que una interpretación tan sencilla. Por lo pron to, el tal Cartagena puede ser Pedro de Cartagena, quiza hermano del famoso obispo de sangre judía Alonso de Carta gena, con quien a veces se le ha confundido (26). Y el loco Baltanás puede ser Fray Domingo de Baltanás o Valtanás, personaje importante en la orden dominicana, natural de Villanueva del Arzobispo, fundador de numerosos conventos de Andalucía y miembro del primer núcleo intelec tual de la Universidad de Baeza, donde tuvo relación con numerosos conversos entre los que estaba Juan de 1\vila. Valtanás desarrolló su carrera eclesiástica posterior en Sevilla, donde profesó en el Colegio-Universidad de Santo Tomás y fue preso por la Inquisición en 1561 y condenado por fuertes sospechas de herejía y alguna cuestión moral en 1563. Murió desposeído de las órdenes sagradas y preso en el convento dominico de Alcalá de los Gazules en 1565. Escribió una obrita titulada La discordia de los linajes donde se mostraba abiertamente favorable a la integracion de los judíos conversos, de acuerdo con las tesis sostenidas por la Compañía de Jesús en su etapa fundacional: "Si algunos de ellos se hallan ambiciosos e inquietos, muchos más son los que se precian de humildes y caritativos y amigos de obras de cristiandad. No es pequeño el agravio que se les hace notándolos y excluyéndolos de los comercios y oficios de cristianos". (27) Domínguez Ortiz comenta a propósito de esta obra del dominico que "el párrafo más notable del escrito de Valta nás es aquel en que enumera varones insignes de su tiempo que procedían de linajes conversos. Cita como tales a Fray Herhando de Tala vera, Maese Rodrigo de Santaella, funda dor del Colegio de Santa María de Jesús (cuna de la Universidad Hispalense), don Baltasar del Río, Obispo de Escalas, que dejó rentas para casar doncellas, y el Doctor Rodrigo López, fundador de la Universidad de Baeza". (28) No he podido confirmar que este personaje sea exacta mente el mismo al que se· refiere Cartagena en la composi ción objeto de este comentario. Si nació, como dicen unáni-
148 14. La mayor parte de quienes tratan el tema -p. e. Domínguez Ortiz, Caro Baraja, Mª A. Hermosilla y otroscoinciden en afirmar que el sentimiento antisemita fue más un estado de opinión de las clases popula res que un modo general de comportarse por parte de la realeza y los sectores más poderosos. Lo que parece también claro es que tal sentimiento fue en cierta medida inoculado desde fuera del pueblo o, ·por lo menos, fomentado en él por razones de interés. 15. J. Caro Baraja: Op. cit, vol. I, pág. 104. 16. Carlos Blanco Aguinaga, Iris M. de Zavala y Puértolas: Historia Social de la Literatura Española, Castalia, Madrid, 1978, vol. I, págs. 118-119. Julio Rodríguez (3 vols.) Ed. 17. Cf. de nuevo el artículo de Feo. Cantera citado en nota 5 . 18. Vid. el Prólogo al Cancionero, págs. VII y ss. 19.Ibid., pág. IX. 20. Vid. A. Rodríguez Moñino, Introducción a su ed. del Cancionero General citada en nota 4). 21. Cancionero, págs. 125-127. 22. Versión de Kennet R. Scholberg, España Medieval, Ed. Gredas, Madrid, 1971. comentario al poema. en Sátira e Invectiva en la Interesa muy especialmente el 23. K. A. Scholberg, op. cit., pág. 320. 24. K. A. Scholberg. Continúo transcribiendo su verslon del texto. Como se comprenderá, este poema no forma parte del Cancionero. 25. Cancionero, pág. 163. 26. Cf. la nota 1) de la pág. 163 del Cancionero. 27. Citado por Domínguez Ortiz, op. cit. en la nota 2 de este trabajo, pág. 88. 28. Citado por A. Domínguez Ortiz en la misma página. 29. En la fecha del nacimiento coincide A. Dominguez Ortiz con Alvaro Huerga (O.P.), de quien evidentemente la ha tomado. El referido dominico es autor de varias obras relacionadas con Val tanás: Val tanás y su apología de la comunión frecuente, en "La vida Sobrenatural", 55 ( 1953), pp. 182-193; El Beato Juan de Avila y el Maestro Val tanás: Dos criterios distintos en la cuestión disputada de la comunión frecuente, en "Ciencia Tomista", 84 (1957), pp. 425-457, y en "IV Congreso Eucarístico Nacional", II, "Estudios", Granada, 1958, pp. 541-554 y Domingo de Val tanás, proto tipo de las inquietudes espirituales en España, al mediar el siglo XVI, en "Teología Espiritual", 2,(1958) pp. 419-466; ib. 3 (1959). En cualquier caso, el trabajo de A. Huerga que más he tenido que consultar es El proceso de la Inquisición de Sevilla contra el maestro Domingo de
149 Val tanás, ( 1561: 1563), en el "Boletín del Instituto de Estudios Jienen ses", nº 17, 1958, págs. 93-140. 30. A. Domínguez Ortiz, op. cit. en nota 2, pág, 22. 31. Bernáldez: Historia de los Reyes Católicos, cap. 43, cit. por A. Domínguez Ortiz en Los Judeoconversos en España y America, pág. 22. 32. A. Domínguez Ortiz: ibid. pág. 22. 33. en Cancionero, pág. 246. 34. Vid. Cancionero, pág. 154. 35. Composición nº 18 del Cancionero, págs. 104-109. 36. J. Caro Baroja: op. cit., vol. I, pág. 411. 37. en la pág. 160 del Cancionero. Advierto una errata en el título: donde dice "SE RODILLO" debe leerse "SE ARRODILLO". 38. A. Domínguez Ortiz escribe al respecto: "La ascendencia conversa del poeta sevillano Baltasar del Alcázar, celebrado autor de la Cena Jocosa, fue negada por Rodríguez Marín, pero Ruth Pi k e, después de una intensa investigación documental, no sólo ha dado fundamento sólido a esta opinión, sino que ha mostrado los lazos familiares de la familia Alcázar con la de los Jáureguis y otras destacadísimas en la vida política, mercantil e intelectual de Sevilla en la Edad de Oro". Vid. Los judeocon versos en España y América, págs 183-184. Dejo para otra ocasión el cotejo de la dieta de Don Lope con la de los judíos, que bien pudiera arrojar material para un comentario que ya no cabe en estas breves notas.