Discusión: Museos y bibliotecas histórico-médicos
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Discusión: Museos y bibliotecas histórico-médicos Moderadora: Pr@ Teresa Ortiz. J. L. Carrillo. A mí me parece que se ha presentado un modelo de museo que está sicndo sometido a ciertas críticas en este momento. El asunto es si el museo tiene quc ser un lugar donde, con más buena intención que mala, se van salvando y acumulando piezas de interés desinsertadas del contexto real en que fueron usadas. De manera que podemos presentar algo muy agradable a la visión, pero con una ruptura entre el lugar de uso y el lugar donde están colocadas dichas piezas. Parece que ahora se está tendiendo a una propuesta alternativa: en lugar de museos centralizados que tienen un espacio fisico concreto, un tipo de museo disperso que serían niuchos museos. De manera que las piezas, en la medida de lo posible, no pierden su vinculación con el medio en que fueron usadas. Porque realmente creo que se pucden decir muchas más cosas de las instituciones y su funcionamiento, si conocernos dónde se usaron esas piezas y en qué momento. Y esto nos llevaría también a completar la pieza con el estudio de la experiencia de adquisición. En ocasiones determinadas instituciones conservan sus expedientes de compra, el informe de porquC se hizo esa adquisición, lo que costó, la fecha de recepción, etc. E: Cid. Yo creo que lo que ha dicho Juan Luis Carrillo es muy interesante, pero cxisten unas connotaiiohes terribles, tremendas. Indudablemente, el contexto en el cual se desarrolló el aparato, .su ambiente, su hogar científico, es realmente muy importante. Pero en el momento actual, y por lo que se refiere al museo de Barcelona, nosotros no hemos depredado sino que hemos indultado de una muerte inmediata a una serie de aparatos, los cuales de otra manera ya no existirían. Sobre este particular tengo que decirte que previo a la ejecución del museo yo empleé siete años de mi vida, a cuatro horas diarias, para tratar dc localizar los fondos que más o menos subsistían en Cataluña. Tuve una experiencia rnuy entrañable porque en aquel momento, sin posibilidades de hacer un museo, llegué a reunir en mi casa 134 piezas que la gente me daba y que no sabía donde ponerlas; tenía una serie de prevenciones, porque eran piezas'valiosas, pero rnc decían «mire usted, esto se lo dejo porque si no, no se va a conservar)). Puedo decirte que de todo el material con que se efectuaron las prácticas en el Colegio de Cirugía de Barcelona, apenas queda nada. Eran unas piezas pedagógicas interesantísimas, en las cuales, por ejemplo, se daba razón de como se operaba una hernia. Pues de las 74 plataformas, porque eran preparaciones en cera, hemos podido conservar sólo cuatro.
36 Discusi6n: Museos y bibliotecas hist6rico-mtdicos Diría que donde existe una auténtica depredación es por parte de los ingleses. Los laboratorios Wellcome, por ejemplo, con un fondo destinado expresamente para ello, envían representantes por todo el mundo para comprar piezas médicas antiguas.. Ni más ni menos, hace muy poco tiempo querían comprar unas piezas extraordinarias del material utilizado por Larrey que estaban en el Hospital militar de Val de Grace, y que el hospital tenía que vender porque necesitaba el dinero. De todas formas existe otro aspecto que también quisiera remarcar, y es que, yo creo que eso que tú dices en relación con la inserción de las piezas en su lugar de uso, puede ser posible en aquellos lugares en los cuales se ha originado la técnica. Nosotros estamos ,dentro de una medicina de influencias, es decir, nos llegan las cosas de Europa. Lgs grandes novatores o los grandes adelantados fueron los primeros que adquirieron estas piezas para experimentar. Un caso, por ejemplo, muy claro en Barcelona es el de Pi i Sunyer, el cual se adelantó dentro de toda la fisiología experimental, como Gómez Ocaña en Madrid, que hicieron mangas y capirotes para encontrar todo este instrumental en ocasiones, incluso, desplazándose directamente a Francia para hallarlos. Por lo tanto, indudablemente es extraordinario poder conservar el instrumento en lo que antes hemos llamado su hogar científico. Pero el destino tiene muchas ironías y hay cosas que hacen mucha gracia, se ha descubierto que el instrumental de esos grandes cirujanos ingleses del XVIII-XX, lo iban a buscar a Francia. Los maestros cuchilleros franceses les ofrecían mayores garantías y los ingleses operqron con material francés . Indudablemente, en la medida de lo posible, no se debe depredar. Y esto yo creo que sería factible si cada centro fuese respetuoso con su pasado. Yo, por ejemplo, vi un hospital infantil en Gijón, que era una cosa extraordinaria. El propio edificio era, es, una maravilla y tenía muchísimo material, pero no existía ni siquiera un pequeño reducto en el cual se conservase un pequeño resumen de su pasado. G. Olagüe. Dentro de la problemática que tiene que tratar este Symposium existe un aspecto qu,e creo importante. Me refiero a cómo podemos contribuir a la defensa del patrimonio, instrumental o bibliográfico. Cómo nosotros, en las comunidades en las que nos encontramos insertos, podemos hacer algo, con el objeto de que, o bien esos instrumentos no se pierdan o bien recuperar esos fondos bibliográficos que siempre acaban vendiéndose de mala manera. Se trata de un problema grave. Tenemos tres modelos de resolución hasta este momento en España. Uno puede ser el modelo de Barcelona, otro puede ser el de Valencia y otro es el intento que han empezado a hacer los asturianos con el museo de la tecnología sanitaria. Los tres casos, en última instancia, tienen detrás un hecho importante y es que en mayor o menor grado cuentan con un apoyo económico. Habéis planteado antes el problema de la ubicación y del espacio. Cuando Felipe Cid decía que nosotros, aquí en Granada, que tenemos unos aparatos, podíamos empezar a hacer algo, lleva razón; pero, por ahora, tenemos que ponerlos en la parte superior de las estanterías porque no nos caben de otro modo: carecemos de medios. Yo creo que el planteamiento de una museística lleva consigo la exigencia de unos recursos económicos y una infraes-
Discusidn: Museos y bibliotecas histdrico-médicos 37 tructura considerables. Aquí en Granada es importante decirlo, porque un proyecto que creaba el Museo de la Ciencia, que en su momento pareció que iba a cuajar, se aparcó totalmente porque era tan caro que no podía ser financiado por la Universidad, y otras instituciones se inhibieron. Entonces, el Museo de Barcelona es un modelo que ha tenido un apoyo institucional importante a nivel del gobierno catalán. Cuando no hace mucho estuvo aquí la persona responsable de la Consejería de Salud del Principado de Asturias, dijo que se habían gastado unos 50 millones de pesetas en muy poco espacio de tiempo y que tenían no sé cuantas toneladas de haterial disponible para su Museo respectivo. En definitiva, en el caso de una comunidad como Andalucía, donde hay muchos profesionales de la Historia de la Medicina, mientras las autoridades no lo quieran apoyar es imposible realizar un museo. Ahora, ;cómo defender el patrimonio científico?, ;qué otra alternativa hay si no es la institucional? No lo sé. J. Micd. Quisiera contestarte, diciéndote que existe una ley europea bastante rigurosa en cuanto a la protección, no del patrimonio histórico artístico en general sino en cuanto a la protección del patrimonio instrumental y científico. En el caso de Valencia, a través del Consell de Cultura, se ha creado una ley de patrimonio en la que se contempla la protección del histórico científico. En ella se establece que existan penas pecuniarias y judiciales, tan fuertes como puede haber en el caso de vender o desperdigar el patrimonio de tipo artístico. Eso es lo primero que hay que potenciar, la creación de unas leyes de tipo autonómico que defiendan el legado científico. Y en segundo lugar, el concienciar a los políticos que en este momento ostentan el poder en las distintas comunidades, que ese patrimonio es de todos y que hay que protegerlo y hay que crear unos fondos museísticos y que necesitamos dinero, claro. P. Marset. Sería interesante que hubiese una resolución en la que se lleve, a cada Comunidad Autónoma, no solamente a los que están gobernando sino a todos los grupos parlamentarios, la sugerencia de que en la redacción de la ley se contemplen las conclusiones a las que lleguemos en este Symposium. F. Cid. Creo que en este momento se está produciendo un ligero interés por la museología de las ciencia médicas en España. Yo creo que en lugar de museos son almacenes, a pesar de que sean muy bonitos y no lo digo con un afán peyorativo. Según parece, en el País Vasco han hecho un museo. Existe también este museo de Asturias, del cual ya hablaremos privadamente luego; lo conozco muy bien y sé sus orígenes porque la persona que lo lleva, digamos ya que por razones de la triste edad, es discípulo mío. También Angustias Sánchez Moscoso está tratando de llevar este asunto en la Universidad de Alcalá de Henares y está también ese intento de Museo de la Ciencia que se llevó a cabo en Granada. El museo de Granada, desgraciadamente, no se pudo llevar a cabo. Recuerdo perfectamente que le dije a Ramón Gago que se necesitarían 500.000 millones de pesetas para llevarlo a cabo ... En fin, creo que hay tres vías para crear un museo de este tipo: la universitaria, la gubernamental con participación de los gobiernos autonómicos y la tercera, que es por la
38 Discusión: Museos y bibliotecas histórico-m&icos que yo he optado, la fundación privada. Esta última es la más difícil, aunque yo ya he renunciado a las otras vías. Con la Universidad de Barcelona ni intentarlo, porque en el rnomento en el cual se lo propuse, ni me respondieron. A nivel autonómico, depende de cada autonomía, eso ya es una cosa en la que no quiero entrar porque no soy político. Pero hay otro punto importante y es que en el concepto de cultura que se tiene en general, el concepto de cultura científica no entra por ninguna parte. O sea, cualquier persona cuando habla de cultura o cuando habla de museo, te habla de museo pictórico, de museo de cerámica, de museo de escultura, pero cuando le dices de ciencia, esto no les cabe en la cabeza. No les cabe en la cabeza que exista una cultura científica. Desde luego, yo me comprometo a mostrar las conclusiones a que lleguemos al correspondiente consejero de la Generalitat. E. Red-uez. Quería simplemente adelantar algo de lo que hablaré en mi ponencia y es que esa legislación de que se habla existe en España. Hay una ley del patrimonio histórico español de 1985, en la cual la descripción del patrimonio incluye no solamente lo artístico sino lo pale~gr~co, etnográfico, científico y técnico; es decir, una descripción absolutamente amplia de lo que se considera patrimonio histórico, a lo que se aplican toda la serie de precauciones de defensa, de amenazas contra los que lo mal usen, etc., etc. Pero ya veremos que hay problemas, porquc se está esperando todavía el reglamento de la ley, que es lo que permite que esto eche a andar. Por otra parte, quería preguntar a Joan Micó si hay alguna defensa posible frente a los riesglos de tipo químico que él ha mencionado. J. Micó. En los factores químicos hay defensa, pero tendría que ser a través de personas ya especializadas. Por ejemplo, para restaurar un libro, me imagino que habrá técnicas para reducir el efecto del óxido. En cuanto a la desintegración del papel producida por la humedad, o sobre todo por las colonias de hongos que se producen por esta, comentaré cómo nosotros hemos resuelto este problema en un caso muy concreto. En Valencia teníamos un libro afectado, y lo llevamos al servicio de restauración del Archivo del Reino de Valencia. Allí lo han tratado. Primero han paralizado el proceso de destrucción a través de los hongos y una vez limpio, han forrado cada hoja entre dos papeles de seda muy finos, que le dan una consistencia que antes no tenia el ejemplar. Me imagino que en el caso de la oxidación por untas, y en el caso de la oxidación a través de factores químicos, habrá algún tipo de neutralización. Pero, repito, eso ya son cosas muy especializadas. J. M. Pérez. Me uno totalmente a lo que han expuesto el Prof. Cid y el Prof. Micó y quiero hacer una exposición de mi experiencia. Una primera cosa es sobre las obras duplicadas que hay en las bibliotecas. Cuando se quiere hacer un intercambio, para que todo el mundo se beneficie, parece ser que en cada centro tienen los duplicados como si fuesen heredados de sus bisabuelos y no los sueltan. A veces resulta que con posterioridad, se van a consultar y han desaparecido. En segundo lugar, quiero dejar testimonio de una experiencia que tuve en Madrid con D. Valen-
Discusión: Museos y bibliotecas histórico-médicos 39 tín Matilla, secretario de la Real Academia de Medicina. Enfrente del antiguo Hospital de San Carlos, en la calle Atocha, había un edificio en el cual yo desde pequeño había visto una placa que decía: el Prof. Molina, anatómico, vivió aquí en el siglo pasado. Aquel edificio se vendió, quedó en el esqueleto y como tabla de salvación quedó su placa en una pared. Inmediatamente se lo dije a D. Valentin, que escribió uria carta al entonces alcalde Tierno Galván y hoy se conserva la placa. En tercer lugar, parece que hay una última noticia de que entre las nuevas áreas de los planes de estudio, hay una de Historia de las Ciencias de la Salud. Creo que los historiadores de la medicina, como grupo mayoritario, deberían lograr que hubiera una rriayor conexión entre las tres profesiones, pues todos tenemos un gran patrimonio quc salvar y conjuntamente se haría mejor. J. Mzcó. Sobre la cuestión de los duplicados que existen en las bibliotecas, yo descaría decir dos cosas. En primer lugar, debe existir en todas las bibliotecas bien organizadas un fondo de duplicados. Pero hay que tener unos conocimientos, vamos a llarriarlcs histórico-médicos, en este caso histórico-bibliográficos, o tener una persona detrás, que nos informe del valor de esos ejemplares para ver si es factible o no el intcrcarribio. Porque, por ejemplo, en nuestro caso, tenemos dos ejemplares de la segunda edición de Vesalio. Como usted comprenderá intercambiar uno, a no ser quc sea por otra obra de igual categoría, no se debe hacer. Nosotros paralizamos uria cosa muy curiosa en la hemeroteca de la Facultad de Medicina de Valencia donde había muchísimos duplicados de revistas del XIX, que se querían intercambiar por revistas del siglo XX. Claro, eso no se puede permitir nunca. Otro problema que plantea el intercambio bibliográfico es el siguiente, por cjcrriplo, nosotros estábamos hablando ahora del estudio de los fondos bibliográficos eri sí mismos, o sea, de las colecciones, que nos aportan una serie de conocirnicntos respecto al creador. Si tenemos una serie de duplicados y nos dedicamos a liaccr intercambios sin un conocimiento previo, puede llegar el momento en que criipecernos a reconstruir la biblioteca de una persona, que ha sido mutilada por este procedimiento. Supongamos que la biblioteca de Chinchilla y de Morejón tiene duplicados algunos ejemplares. Ese libro duplicado no tiene ya un valor por sí niisrno, por el hecho de ser un libro, a lo mejor del XIX o del XVII o del XVIII. Ticnc uri valor por haber sido utilizado por un personaje importante dentro de la historia de la medicina. Tiene, pues, un valor añadido que hace que la biblioteca que lo posee no se pueda desprender de él, sin tener ese hecho en cuenta. Una sección de duplicados tiene que estar controlada. No puede ser una habitación llena de libros inservibles, amontonados, como suelen ser muchas, sin ordenar, siti catalogar y sin saber lo que contiene. Porque entonces nos exponemos a que cualquier persona entre allí y haga su colección particular a través de los duplicados. Otra cosa que suele ocurrir con las colecciones bibliográficas es que señores que tienen bastante fuerza en momentos determinados dentro de las Facultades, hacen su biblioteca pcrsonal a base de colecciones vivas. Sucede un hecho muy curioso, que
40 Discusion: Museos y bibliotecas historico-mkdicos hemos comprobado en Valencia, y es que como estos señores suelen ser catedráticos y a su muerte legan su biblioteca; algunos libros ya no llevan un ex libris sino que llevan dos: El de primer donante y el del segundo, más el cuño de la Facultad. Afortunadamente, vuelve otra vez el material a su sitio. F. Cid. Se ha llegado, realmente ya, a la idea de tratar de establecer una normativa respecto a los intercambios. En este punto los problemas referidos a los instrumcntos son bastante parejos a los de los libros, por ejemplo, microscopios hay muchísimos. En nuestro caso tenemos uno de D. Pedro Sancho, el cual perteneció a D. León Cardenal. Pero aunque lo tenga duplicado no procede el intercambio. Por otra parte hay instrumentos que aunque parezcan iguales son totalmente distintos. Así, un gastroscopio fabricado por la casa Mathieu o la casa Colin, son totalmente diferentes. En fin, estos condicionantes heurísticos son realmente muy importantes. J. L. Barona. A propósito de lo que ha planteado Guillermo Olagüe sobre la existencia o no del apoyo institucional, hay un aspecto que tampoco hemos de dejar dc lado en estos momentos, y es que creo que la oferta que podemos hacer a lo mejor no casa exactamente con los intereses concretos que suelen guiar las iniciativas actuales de creación de instituciones de este género por parte de los políticos. No es solamente una cuestión de penuria económica sino que, probablemente, nosotros no somos capaces, en un momento dado, de ofrecer iniciativas que signifiquen 1 .O00 millones de pesetas. A lo mejor sería más fácil que subvencionaran un proyccto de 1.000 millones de pesetas que no una ayuda concreta, particular, para la conservación de un patrimonio específico. Y a este respecto, pues, una vez más valen los ejemplos y si he tomado la palabra ha sido para dársela a Joan Micó, porque también en este tema me parece que él debería explicar la situación que se ha suscitado en Valencia a propósito de un proyecto general, que tampoco viene al caso comentar mucho, de crear un macromuseo o una macrociudad de la ciencia, imitación de La Villette de París. Me gustaría que lo explicara Joan Micó porque vicne al hilo. J. Mzcó. Bueno, lo que ocurre en el caso de Valencia es que la Generalitat tiene ahora el proyecto de crear una especie de «Villette» para el 92. Valencia va a ser la ciudad de la ciencia en dicho año. Como Sevilla es una cosa y Barcelona otra, pues aquí había que sacar algún proyecto. Claro, hay una especie de reticencia por parte de todas las pequeñas colecciones de tipo histórico-científico, s de tipo científico, mejor, que se han creado a lo largo de los años en Valencia y que no es únicamente la nuestra; por ejemplo, en los Jesuitas hay un museo de ciencias naturales y en Onda hay otro. En Castellón se ha protegido en el Instituto Ribalta el patrimonio de fisicoquímica y de ciencias naturales y hay una colección maravillosa, catalogada a base de, como decía el Prof. Cid, las espaldas y del esfuerzo callado de los profesores que quitando horas a otras cosas, sin ningún tipo de remuneración, cstán haciendo ese trabajo. Lo que hemos formado, simplemente, es una asociación de museos y colecciones científicas de la comunidad valenciana, con la iniciativa del Jardín Botánico de
Discusión: Museos y bibliotecas historico~m~dicos 41 Valencia, del Museo de la Historia de la Medicina, también del Museo Paleontológico. Una serie de instituciones en la ciudad que creen que las colecciones -como habíamos comentado antesdeben permanecer donde se han creado, siempre que las condiciones de conservación lo permitan. Unicamente en aquellos casos en que vayan a perderse, podría hablarse de su ubicación dentro de un museo más amplio de Historia de la Ciencia o de su incorporación a colecciones ya existentes. Creemos que siempre que exista una institución o exista una colección que ya cstá en marcha, donde hay una serie de personas y un esfuerzo, no debe moverse de su lugar de origen. V. L. Salavert. Creo que si se ha planteado ahora la realización de un Museo de la Ciencia, es porque en este país se han hecho siempre las cosas siguiendo hechos consumados. A nadie se le habría ocurrido hacer un Museo de Historia de la Ciencia en Valencia si no hubiera existido una colección como la de Historia de la Medicina, que se sacó a fuerza de cabezonería. Guillermo Olague y Rosa Ballester lo saben muy bien. O si no hubiera habido un Museo Paleontológico, que por cierto ahora se está cayendo, y que fue posible también por el tesón de un profesor que un buen día lo legó. Quizás una de las formas más factibles de seguir salvando nuestro patrimonio científico sin contar con apoyo institucional, sea a través de estos pequeños pasos, de los cuales el profesor Felipe Cid nos ha dado buena cuenta. Hay que crear el producto, aunque sea a fuerza de espaldas y buena voluntad. Otra cosa que quería comentar es el tema de las exposiciones científicas, una cosa que, como dice el profesor Mariano Peset, inventó López Piñero y a las que le están sacando un gran pr~vecho político los socialistas. Se están haciendo muestras de libros que se ponen unos detrás de otros, fuera de contexto y de toda explicación. Se está llegando a una mercadería barata del libro, lo que puede ser muy peligroso a la hora del enriquecimiento de 102 fondos públicos. Si la cultura imperante es una cultura humanística y no una cultura científica, y encima resulta que los historiadores que tienen buena relación con los políticos cometen este tipo de desatinos, pues no vamos a ningún sitio. Podría ser una conclusión de esta reunión que no sólo se hicieran exposiciones con los fondos de los museos, sino que también se vigilasen csas exposiciones. i F. Cid. Completamente de acuerdo y además podría abundar que este año, por ejcmplo, estamos frente a cinco exposiciones que han hecho porque les han convenido. Porque ahora resulta que Carlos 111 es un monarca aprovechable políticamente. ¡Y venga Carlos III! A. Sánchez-Moscoso. Bueno, perdón, porque voy a contrariar un poco lo que se acaba de decir aquí. Creo, desde mi punto de vista de espectadora, que es buenísimo que haya exposiciones y museos. Es una llamada maravillosa a los alumnos de . Universidad y de Institutos y a cualquier persona que los vea. Es una forma de que tengamos un papel en la sociedad. A mí me parece que en nuestra asignatura, a
42 Discusión: Museos y bibliotecas histórico-médicos nivel docente, y en nuestra investigación, el éxito o no éxito radica en la estructura de la comunicación. Si comunicamos cumpliremos un objetivo que de rebote nos va a favorecer. F. Cid. Creo que las dos cosas son perfectamente conciliables y estoy totalniente de acuerdo con lo que dices. Realmente, la exposición es un modo de manifestarnos, pero que no nos los impongan los políticos. L. Monlzel. Voy a dar una información que muy delicadamente ha pedido el Prof. Micó y a cambio le voy a pedir a él, a los otros ponentes y a quien sepa, que me dé consejo sobre el problema que ahora mismo tenemos en Madrid en relación con los fondos bibliográficos. Durante mucho tiempo no hemos podido ni tener un Museo ni gestionar adecuadamente el fondo bibliográfico de la Complutense, que como sabéis es muy serio, porque no teníamos otra condición que la de usuarios del mismo. En los últimos cuatro años, y después de muchas peleas, hemos conseguido, en principio, una biblioteca de fondos antiguos. Cuando se hizo el proyecto se nos iban a conceder los fondos antiguos de la biblioteca hasta el siglo XIX, incluido el siglo XIX. Hasta aquí la información, ahora viene la petición de consejo. Con la obra prácticamente hecha, no se nos dice pero se nos da a entender, que está en marcha un proyecto de creación de una biblioteca interuniversitaria de fondos antiguos. La pregunta es qué derecho tenemos, si lo tenemos, a seguir peleando por la creación de una bvblioteca de fondos antiguos en medicina, que estuviese atendida por personal bibliotecario en colaboración directa con nosotros. J. Bernabeu. A mí lo que me gustaría es insistir en algo que ha apuntado Joan Micó en su exposición y enlaza con lo que ha planteado Luis Montiel, sobre todo desde mi condición de miembro de una Universidad de nueva creación, por tanto, sin una tradición universitaria y sin la posibilidad de contar con fondos importantes que conservar. Me refiero a lo positiva que sería la incorporación de otras bibliotecas histórico-médicas a la iniciativa llevada a cabo por Valencia, junto con la empresa comercial de Barcelona ETD, de microfilmación sistemática de todos los fondos bibliográficos. Creo que esto, además de salvaguardar dichos fondos, los pondría a la disposición de toda la comunidad científica. Me gustaría que se recogiera esto en las conclusiones. J. Amzabalaga. Debo insistir en que las intervenciones que ha habido hasta ahora están planteadas desde la perspectiva del poseedor de un fondo museístico o de un fondo documental bibliográfico, pero no se ha incidido lo suficiente en el aspecto del usuario. Algunos de los participantes en este Symposzum son gestores de fondos bibliográficos y museísticos importantes, pero todos nosotros somos usuarios. Por otra parte, no podemos olvidar la magnitud de los problemas que implica la conservación de todo el patrimonio documental y la confluencia necesaria que tiene que haber en la lucha por la conservación del patrimonio entre muchísimos profesionales de las más variadas áreas. Ahora bien, desde el ángulo del usuario deben tenerse bien presentes las enormes dificultades con que nos topamos todavía hoy día en
Discusión: Museos y bibliotecas histórico-médicos 43 nuestro país para el manejo de los fondos de archivos y bibliotecas. En relación a las bibliotecas creo que estamos en un país en el cual hay deficiencias estructurales muy graves y necesidades muy básicas del usuario sin atender. Creo que hay que hablar y que hay que incidir sobre ellas y a la hora de las conclusiones hay que subrayar problemas tan elementales como horarios pintorescos de bibliotecas, inaccesibilidad a los fondos, la falta de agilidad de los servicios de reproducción, la inexistencia, salvo cxccpcioncs, de servicios de préstamo interbibliotecario, todos ellos aspectos que nos afectan de una manera muy primaria. F. Bulosa. Quisiera hacer una pequeña reflexión quizás un poquito a contra corriente. Hay una parte que me preocupa porque creo que en este debate se están produciendo unas ideas que responden, cómo no, a distintas situaciones. Evidentemente aquellas personas que tienen una riqueza de patrimonio con la que pueden trabajar son más conservadoras. Aquí hay otras personas que tenemos que acudir a la dcpredación, porque somos menos ricos. Pero creo que hay alguna palabra muy importante o un concepto que creo que es clave y es el del contexto. Los fondos dcbcn conservarse en un contexto. Pero, voy a poner un ejemplo, los conejos que hacen falta en investigación, ;también deben conservarse en su contexto o se deben trasladar al laboratorio? La ciencia, irremediablemente, necesita trasladar las cosas. Por tarito, yo no sé si esta excesiva conservación dentro del contexto nos va a impedir la actividad, porque necesitamos trasladar las cosas para estudiarlas. Deberíamos coritrarrestar este excesivo énfasis en el contexto, con la necesidad también que tiene un científico de trasladar las cosas. P. Marset. Mi primera pregunta es si en el Museo de Barcelona incluís la presentación dc historias clínicas de epoca significativas. Y la segunda pregunta, a los dos ponentes, era lo que cuesta al año el mantenimiento; este año pasado, por ejemplo, dcuál ha sido el presupuesto que habéis manejado para mantenimiento y adquisición de fondos? F. Cid. No puedo contestar a la segunda pregunta porque no lo sé, a mí no me 1 concierne ese tema, pero si quiero decir que los museos no están exentos de Hacienda. De la ubicación del Museo se han pagado, exactamente, 375.000 pesetas a Hacienda. Respecto al primer punto me concierne mucho porque es una cosa cientifica. Nosotros hemos reunido y tenemos una exposición de historias clínicas referidas l a la década de los 20. Son historias clínicas de lo que hoy en día se entiende porpatholo~ o anatomía patológica. En Barcelona hay también una colección de historias clínicas, que son las del Hospital de la Santa Cruz, cinco o diez km. de historias, que por fortuna se han salvado y están en el Archivo Nacional de Cataluña. Volviendo a la segunda pregunta, no es que no quiera contestarla, pero en este momento yo no sC la cifra exacta, pero creo que será alrededor de unos 6 millones de pesetas anuales. Pero es interesante decir que las cerca de 3.000 piezas que tenemos son todas donaciones. Que quede claro.