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La Hermandad de Nuestra Señora de Covadonga, de asturianos y montañeses, de Granada (1702-1810)

López-Guadalupe Muñoz, Miguel Luis

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LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA, DE ASTURIANOS Y MONTAÑESES, DE GRANADA (1702-1810)* MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ RESUMEN La Hermandad de Nuestra Señora de Covadonga, de naturales de Asturias y la Montaña, constituye un ejemplo de cofradía grupal con connotaciones sociales específicas. Nació esta hermandad a comienzos del siglo XVIII, época de cierta presencia asturiana y cántabra en Granada. A lo largo del siglo, se convirtió en núcleo cohesionador de un reducido número de familias, a la vez que gozaba de un saneamiento económico que evidencia su escasa activi dad. Tras este proceso de agotamiento, desapareció en la época de la invasión francesa. Su existencia es el testimonio de la voluntad asociativa de personas nacidas en una misma re gión, que se traduce en una fórmula de amplio desarrollo en el siglo XVIII: la cofradía cerrada. SUMMARY The Brotherhood of Our Lady of Covadonga, whose members were originally from Astu rias and La Montaña (Santander), constitutes an example of a common brotherhood with specific social connotations. This fraternity was founded in Granada at the beginning of the 18th century, a time when there was a considerable Asturian/Cantabrian population in Gra nada. Throughout the 18th century, this community became the cohesive nucleus of a small number of families; however, its limited activity evidences the Brotherhood’s growing lack of economic resources. After this period of depletion, the Brotherhood disappeared altogether during the French occupation of Spain. Its existence is nonetheless a testimony to the com munity spirit of persons born in the same region, and exemplifies a social unit which would develop widely in the 18th century: the closed brotherhood. En la feligresía de Santa María Magdalena de Granada, “en lo mejor de ella y más poblado por averse aumentado mucho aquella parte y se au menta cada día”1, se habían avecindado numerosos castellanos, pues los conquistadores y repobladores prefirieron habitar en la llanura, acentuan- * El presente estudio es fruto de la labor realizada para la redacción del Trabajo de Doc torado, presentado en 1990 bajo el título de “Las Cofradías de la Parroquia de Santa María Magdalena de Granada en los siglos XVII y XVIII”. 1. HENRIQUEZ DE JORQUERA, Francisco: Anales de Granada. Ed. de A. Marín Ocete en 1934 (ed. facsímil en Granada, 1987), vol. I, p. 220. Chronica Nova, 18 (1990) 237-266 238 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ do el carácter cristiano de la “ciudad baja”, lo que confirman también los relatos de viajeros extranjeros2. En el siglo XVII, por ejemplo, la parroquia absorbió el 15% de la inmi gración total registrada en la ciudad (ocupando el tercer lugar entre las pa rroquias, tras Las Angustias y San Ildefonso), con un total de 1.309 inmi grados, de las siguientes procedencias: 40,7% del resto de la provincia de Granada, 30,2% del resto de Andalucía, 21,6% del resto de las regiones es pañolas y 7,5% del extranjero3. En esa época el barrio ofrecía una clara configuración en dos ámbitos: el primero, de poblamiento más antiguo, colindante a la plaza de BibRambla y con centro en la calle de Mesones, presentaba un trazado urba no irregular con reflejo de la estructura gremial (calles con nombres como Boteros, Cuchilleros, Montereros), siendo el centro económico del conjun to; el segundo, a continuación del anterior, desde al calle de Alhóndiga en dirección a la Vega, de poblamiento más reciente y con calles más anchas trazadas en cuadrícula, era la zona de expansión, donde abundaban los hornos y los corrales. Hacia 1717 la feligresía contaba con 4.412 habitantes, que aumentaron hasta 4.913 en 1752, 5,047 en 1768 y 6.868 en 17874. Desde el punto de vista económico, el barrio se sustentaba sobre cuatro ejes: los productos textiles, especialmente la seda, que se comercializaba en la cercana Alcaicería; los almacenes de materias primas, como la madere ría; las funciones de abasto de productos comestibles: alhóndigas, carnice ría y matadero, y las ocupaciones dedicadas a hospedaje y diversión, pola rizadas en los mesones y tabernas, el corral de comedias y la Mancebía. De los cuatro pilares, los dos últimos (abasto y hospedaje/diversión) debieron ser los más importantes. La movilidad de dinero favoreció a las cofradías. La de Nuestra Señora y Animas, por ejemplo, solicitaba en 1642 licencia para demandar de noche, como ya hacía alguna otra, porque era “de mucha edificación, exemplo y debocion... y en particular en la dicha parrochia, donde (h)ay muchos mesones donde los forasteros están recoxidos y, como se hallan 2. Andrés Navagero escribe en 1527 que “la parte de la ciudad que está en lo llano tiene buenas casas, y es donde habitan los españoles de varios lugares, que han acudido allí des pués de la conquista”. Antonio de Lalaing añade que los reyes “obligaron a los habitantes a hacer casas grandes, a la manera de las casas de España” (en GARCIA MERCAD AL, José: Viajes de extranjeros por España y Portugal Madrid, 1952, vol. I. pp. 856 y 474, respectivamente). 3. SANCHEZ-MONTES GONZALEZ, Francisco: La población granadina del siglo XVII. Granada, 1989, pp. 128-150. 4. Según los datos censales elaborados por SANZ SAMPELAYO, Juan: Granada en el siglo XVIII Granada, 1980, p. 307. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 239 fuera de sus casas, haçen bien por las ánimas de purgatorio dando limosna para la mejor disposición de sus negocios y caminos”5. Parroquia y cofradías La Parroquia de Santa María Magdalena se cuenta entre el grupo de las primeras erigidas en la ciudad, el día 15 de octubre de 1501, por decreto del arzobispo de Sevilla don Diego Hurtado de Mendoza. Se hallaba suje ta, como toda la Iglesia granadina, al patronato real, consagrado por las bulas uDum ad illam fidei” y “Ortodoxae fidei” de 1486. El decreto citado establecía la dotación humana: “en la Iglesia parro quial de Santa MARIA MAGDALENA de la dicha Ciudad, con la de S. Lázaro, que le es anexa, instituimos un Beneficio simple y una Sacristía” 6. Más tarde se le asignó un cura párroco7. A finales del siglo XVIII, el cura to tenía una renta de 4.375 reales y los beneficios de. 5.415 reales cada uno, por lo que el arzobispo Jorge y Galbán decidió unir a las rentas del curato las del primer beneficio que quedase vacante8. La dotación parroquial se incrementó con la existencia de “tenientes” y de variados oficios subalter nos en el siglo XVIII. Al párroco correspondían las tareas propias de la “cura de almas”, es decir, asistir a la iglesia parroquial, administrar los sacramentos (sobre todo confesión y eucaristía), preocuparse de la moralidad y de las necesi dades de sus feligreses y, ante todo, decir misa todos los domingos9. A los beneficiados correspondía la atención a las cofradías (tarea encomendada 5. En A(rchivo) E(clesiástico de la) C(uria de) G(ranada), leg. 16 F(A), pza. 3(2), fol. 4. 6. En Erección de la Iglesia Metropolitana de la Ciudad de Granada... Granada, 1803, p. 40. 7. En un informe de 1757 se daba cuenta de dicho aumento: “en las —parroquias— de San Matías, Santa María Magdalena, San Andrés, San Justo, Santiago, Santa Ana, y San Ilde fonso, puso el Erector un beneficio, y al presente tienen dos, sin averse podido averiguar, quien aumentó estos siete beneficios, ni para que sirven” (en A(rchivo de la) Qatedral de) G(ranada), lib. 81, pza. 9). 8. “Plan y decreto... para la dotación y erección de los Curatos de su Arzobispado...”, con fecha de 10 de mayo de 1787, p. 11 (en A(rchivo de la) P(arroquia de Sta. María) Magda lena), Caja 63). Se reiteraban además las funciones del cura, fortaleciendo su primacía sobre los beneficiados. 9. MORGADO GARCIA Arturo: Iglesia y Sociedad en el Cádiz del siglo XVIII Cádiz, 1989, p. 131. En realidad, la enseñanza de la doctrina era la obligación principal de los párro cos, según los decretos trentinos, las constituciones sinodales, la bula “Apostolici minister»” y, en general, el derecho positivo (MESTRE SANCHIS, Antonio: “Religión y cultura en el siglo XVIII español”, en el vol. IV de GARCIA VILLOSLADA, R. (dtor.): Historia de la Iglesia en España. Madrid, 1979, p. 628). 240 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ por lo general al de mayor antigüedad), así como el cumplimiento de me morias, fundaciones y capellanías. El templo se levantó sobre una ermita ya existente; fue ampliado a par tir de 1508; y profundamente remodelado desde 1626. La parroquia se tras ladó finalmente a la iglesia del convento de las Agustinas en 1843. El primitivo solar fue precisamente la ermita construida por los monta ñeses, “en los mismos tiempos que se ganó esta Cuidad”, con el título de Nuestra Señora y San Roque10. Los asturianos (el colectivo se designa in distintamente como asturianos o como montañeses), integrados en una pu jante cofradía, emprendieron las obras, que tuvieron lugar entre 1508 y 152011. La remodelación definitiva, por el contrario, significó la imposi ción de la estructura parroquial sobre el “patronazgo” de los asturianos, tras un largo litigio cuyo resultado fue que “la autoridad eclesiástica dispu so que la parroquia fuese para todos los habitantes de la collación”12 El ritmo de la vida cotidiana de la ciudad se definía en gran medida por la fiesta. El número de festividades era considerablemente elevado, si tuándose en torno a los 90 días (incluyendo los domingos). Si a ello se unen las celebraciones extraordinarias, como rogativas, festejos públicos, etc... nos encontramos con una extensión de la fiesta “que amenazaba con el abandono de las más urgentes e imprescindibles obligaciones públi cas”13. Las cofradías y hermandades del barrio fueron también protago nistas de las festividades religiosas. ¿Cuántas cofradías hubo en la iglesia de La Magdalena? Henríquez de Jorquera (a mediados del siglo XVII) sitúa en el templo parroquial tres her mandades “bien serbidas: la cofradía del Santísimo Sacramento y ánimas del Purgatorio y la grandiosa esclavitud y la de nuestra Señora de la Can delaria”14. El Padre Lachica menciona para su época (1764) un total de cuatro: la Hermandad de Ánimas Benditas, la del Stmo. Cristo de la Salud, la del Santísimo Sacramento y la de Nuestra Señora de Covadonga15. La documentación de archivo permite precisar con mayor exactitud: cuatro cofradías para el siglo XVII (añadiendo a las citadas la Concordia de la Natividad de Ntra. Señora) y un número muy superior, entre cinco y 10. LACHICA BENAVIDES, Fray Antonio de: Gazetilla curiosa o Semanero granadino, papel XXXII (12-XI-1764), hoj. 1 vta. 11. GALLEGO BURIN, Antonio: Granada. Guía artística e histórica de la ciudad. Grana da, 1982, p. 206. 12. LAPRESA MOLINA, Eladio de: “El barrio de la Magdalena. Sede de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada”, en Miscelánea de Estudios dedicados al Profe sor Antonio Marín Ocete, Granada, 1974, vol. I. p. 427. 13. MARAVALL, José Antonio: La cultura del Barroco. Barcelona, 1981 (2.a ed.), p. 487. 14. HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.: Op. cit., vol. I, p. 220. 15. LACHICA BENAVIDES, Fr. A. de: Op. cit.. Papeles IX, X, XV y XXXII. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 241 ocho según las épocas, para el XVIII (considerando las del Stmo. Cristo de la Esperanza, Ntra. Sra. de la Candelaria, Ntra. Sra. de la Concepción y Es clavitud del Santísimo, no mencionadas por Lachica)16. En general, las cofradías establecidas en templos parroquiales conocie ron un gran auge en el siglo XVIII, cuando la política eclesiástica de los Borbones fomentó el desarrollo de la institución parroquial en detrimento del peso de los regulares. En la parroquia de Santa María Magdalena se fundaron cinco nuevas hermandades en esa centuria. Perdura por entonces la cofradía barroca, dedicada principalmente a la celebración "procesional, festiva y hasta triunfal, en la que se tienen en cuenta casi exclusivamente los aspectos externos y formales, tanto en las imágenes y sus aderezos, como en los cofrades”17. La exteriorización del culto público alcanza por entonces su culmen. Pero la cofradía había entrado en un proceso de desnaturalización o incluso de especialización. Mientras la hermandad de socorros se volcaba en el plano asistencial preludiando el mutualismo y las prácticas de las compañías de seguros, la cofradía general o “popular” conocía una deca dencia progresiva, hasta el punto de que en muchos lugares “se había transformado en asociación festiva, que escondía bajo la apariencia reli giosa el verdadero móvil que reunía a los cofrades, que era una semifraternidad pagana de banquetes y libaciones so color de fiestas y romerías”18. Las medidas de control se incrementaron por parte de la administra ción real, a la vez que desplegaba un programa de asistencia y beneficen cia públicas, capaz de superar la atomización existente. En el equipo refor mista del reinado de Carlos III puede rastrearse una actitud en gran medi da hostil (especialmente por parte de Aranda y Campomanes). Por iniciati va del Consejo de Castilla se elaboró un abultado expediente sobre las co fradías del reino, tras lo cual se suprimieron muchas, de manera especial las gremiales. Los argumentos ideológicos estaban expuestos, sólo faltaba un brazo ejecutor y éste apareció en la coyuntura de final del siglo y co mienzo del siguiente: más moderado primero, como fue la política fiscal del Príncipe de la Paz, y más inflexible después, como ocurrió con las con fiscaciones de bienes por las autoridades napoleónicas. En la visita a la parroquia de 1812, realizada por el gobernador ecle 16. Según consta en el “Libro de decretos de visitas” de la parroquia, en A. P. Mag., Caja 45. 17. SANCHEZ HERRERO, José: “Las cofradías de Semana Santa de Sevilla durante la Modernidad. Siglos XV a XVII”, en VV. AA.: Las cofradías de Sevilla en la Modernidad. Sevilla, 1988, p. 95. 18. Así, al menos, lo denunciaron los ilustrados. Rumeu de Armas concluye con un con tundente: “este es un hecho real e ineludible” (RUMEU DE ARMAS, Antonio: Historia de la previsión social en España. Barcelona, 1981 (1.a ed. en 1944), p. 388). 242 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ siástico don Pablo de Andeyro y Aldao, no se encontró ningún libro de hermandades, “por estar todas suprimidas”. La centuria decimonónica será testigo de un nuevo resurgir, pero ya sobre bases y presupuestos dife rentes. Origen y evolución de la cofradía. Caracterización tipológica Once cofradías en total se contabilizan durante la Edad Moderna en la parroquia de La Magdalena. Entre ellas se establece un proceso de conti nuidad a partir de un núcleo común. Nos referimos a la más antigua de todas: la de Nuestra Señora y San Roque. En la segunda mitad del siglo XVI se convirtió en la de Ntra. Sra. de la Purificación y Animas del Purga torio, estando muy ligada a la del Santísimo Sacramento. Sucumbió a fina les del siglo XVII, con una escisión que dio origen a dos nuevas cofradías: la de Ntra. Sra. de Covadonga y la de Animas del Purgatorio. Miembros de ésta, finalmente, darían origen a la Esclavitud del Santísimo a fines del siglo XVIII. La Hermandad de Ntra. Señora y San Roque es el núcleo originario de la Hermandad de Covadonga. “En los mismos tiempos que se ganó esta Ciu dad —nos relata el Padre Lachica—, muchos de sus pobladores de nación “Montañeses”, erigieron en el sitio donde está hoi la Parroquia una Hermita, donde establecieron una Hermandad, tomando por Abogados a Ntra. Sra. y a San Roque”19. En 1567, según el mismo autor, perfeccionaron la hermandad “y dieronla el título de Purificación, y Animas del Purgatorio, dandola nuevas, y arregladas Constituciones”. La postración de la primitiva hermandad debe relacionarse con el establecimiento de la iglesia parroquial en la ermita fundada por los montañeses y con la disputa subsiguiente sobre la titulari dad o patronato de la misma, de la que salió vencedora la parroquia. Por otro lado, la Hermandad de la Purificación y Animas contó no solamente con miembros montañeses, sino también con trabajadores de la Plaza BibRambla y de las Alhóndigas Zaida y de Granos. Tenía altar (que después pasó a la Hermandad de Covadonga) en el colateral del Evangelio de la iglesia parroquial, con un retablo adquirido en 1665, que presidía la ima gen titular de la Virgen con el Niño y remataba un lienzo de Cristo Crucifi cado. En el seno de esta cofradía se perfilaron dos sectores. Uno de ellos (¿los trabajadores?) parece abogar por el culto a las Animas del Purgatorio, 19. LACHICA BENAVIDES, Fr. A. de: Op. cit., Papel XXXII, hoj. 1 vta. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 243 cuyas demandas reportaban grandes beneficios, a la vez que pretendía de sentenderse de un pleito (contra la Hermandad de la Candelaria), tan largo como costoso, cuyos resultados son evidentemente desfavorables para la hermandad. El otro, integrado por los montañeses, cada vez con mayor autonomía, no parece dispuesto a declinar sus derechos, a la vez que exige una posición de preeminencia, por su antigüedad. La situación desembocó en ruptura hacia 169920. Desde ese momento, la Hermandad de Nuestra Señora y Animas deja de existir, dando paso a dos nuevas hermandades: la de Animas y la de Ntra. Señora de Covadonga. La aparición de ésta debe relacionarse con la importante presencia de per sonas oriundas de Asturias y Cantabria en la Granada del siglo XVIII, muy superior a la estimada en el siglo anterior. Sanz Sampelayo constata, a través de las actas de desposorios de los registros parroquiales, la presen cia de un total de 315 asturianos y 49 montañeses en Granada durante todo el siglo21. Separados ya de la hermandad matriz, “a 24 de febrero de 1702 acorda ron los Montañeses hacer Congregación aparte, en la que lograron se les diesse la preeminencia de ser la primera Hermandad de esta Parroquia”22 Así consta del primer cabildo celebrado en la citada fecha, en el que se ob serva el deseo de continuidad con la hermandad anterior, por lo que la nueva se establece “baxo de las Constituciones que tienen del título de Candelaria, observándose en todo según y como en ella se declara y especi fica, sin ignobar en ninguno de sus capítulos en todo ni en parte”, y preten de disfrutar de “las (h)onrras, gracias, antigüedad, asientos y todo lo demás que (h)an gozado de tiempo inmemorial a esta parte con el título de Can delaria, sin permitir que ninguna otra (h)ermandad que después de las di chas Constituciones se (h)ubiere fundado en esta iglesia le presidan ni embarazen de manera alguna”23. Destaca esta hermandad por su carácter “nacional”, que se observa tanto en la procedencia de sus cofrades cuanto en la advocación titular, respecto a la que hace Lachica la siguiente reflexión: “más ellos acordán dose de su Patria, y de que fue la Restauradora de España Ntra. Sra. de Co vadonga, le quisieron dar aquel título, para digna memoria de la milagrosa 20. Según ALVAREZ, Tomás A.: Excelencias de Granada..., 1787 (ms.), p. 270. 21. SANZ SAMPELAYO, J.: Op. cit., p. 408. Se carece de datos relativos a su distribución parroquial. 22. LACHICA BENAVIDES, Fr. A. de: Op. cit., Papel XXXII, hoj. 1 vta. 23. En el Libro de Cabildos (1702-1820), en A. P. Mag., Caja 48. En algunos cabildos (como los de 1723 y 1725) incluso aparece el título de “Nuestra Señora de Covadonga y Ani mas Benditas”, reforzando la continuidad frente a posibles aspiraciones de la Hermandad de Animas. Pero sobre todo pretendía imponerse a la Hermandad de la Candelaria. 244 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ Batalla, que en el Valle de Cangas logró la Christiandad Española de las Lunas Mahometanas”24. Una economía desahogada les permitió adquirir enseres y objetos de culto (cañones de plata en 1723, cruz para el estandarte en 1724, paño de sobremesa en 1745...). En 1743 resucita el pleito con la hermandad de la Candelaria. La disputa concluyó con una escritura de concordia, sanciona da por auto del provisor don José Agustín de Uriarte con fecha de 20 de noviembre de 1744. Según ella, de las cuatro festividades sobre las que se discutía la preeminencia de una u otra cofradía, a los montañeses corres pondería la precedencia en las “funciones de ceniza, toma de palmas y procesión de ellas”25. Por los libros de la hermandad conocemos las visitas realizadas, que, a partir de 1730, son las siguientes: 1736, 1744, 1751, 1761, 1763, 1764, 1776, 1784, 1787 y 1790, lo que permite atisbar la importancia de este mecanismo de control26. Durante la primera mitad de la centuria el número de herma nos creció paulatinamente, aunque la hermandad atravesó momentos in ciertos, como lo atestigua la ausencia de cabildos en 1707-1709, 1711, 17131715 y 1717. En la segunda mitad del siglo, la reducida asistencia a los cabildos y los escasos y estables gastos, dejan entrever una vida lánguida, en parte por el corto número de hermanos. En 1790 el Visitador don Antonio Muñoz Patón animaba a los cofrades, resaltando “el mucho celo que se manifiesta en estos fervientes devotos”. Más tarde, los acontecimientos de 1810 la arrastraron consigo, como a las otras de la parroquia. En 1813 sólo queda ban doce cofrades (dos de ellos mujeres). El último cabildo, con asistencia de diez personas, tuvo lugar el 1 de noviembre de 1820, con la intención de “restablecer dicha (h)ermandad, que desde el año 1813 quedó ruynada (h)asta el presente”. El intento fue efímero y la cofradía desapareció definitivamente. Las cofradías son instituciones integradas por laicos, sujetas a la autori dad del ordinario (en virtud de su aprobación), autoridad reforzada por el Concilio de Trento, una vez superadas las trabas que la jurisdicción epis copal encontraba en la autonomía de cabildos, comunidades y asociacio24. LACHICA BENAVIDES, Fr. A. de: Op. cit., Papel XXXII, hoj. 1 vta. Continúa rela cionando Asturias con Granada, como principio y fin de la empresa restauradora, por lo que “fue un serio, y juicioso acuerdo el haverle dado a esta Señora aquel título”. 25. En A. P. Mag., Caja 48. La Candelaria la precedería en la fiesta de la Purificación y en la adoración de la Cruz el Viernes Santo. 26. Precisamente las “inspecciones ocasionales por parte de las autoridades civiles y reli giosas” mermaban la autonomía de las cofradías, que “no eran, en primera instancia, institu ciones eclesiásticas”, según CALLAHAN, William J.: Iglesia, poder y sociedad en España. Ma drid, 1989, p. 64. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 245 nés27. La de Covadonga fue aprobada por el arzobispo don Martín de Ascargorta. Sánchez Herrero ha definido la cofradía como “una asociación de per sonas, hombres y mujeres, pertenecientes o no a una misma profesión, gre mio o estamento social, en número mayor o menor, aunque generalmente limitado, que se unen movidas por diferentes causas o fines: piadosos, be néficos, profesionales, sociales, recreativos, políticos, etc..., bajo la advoca ción de o culto a un santo patrón o protector, no necesariamente con esta tutos, con o sin la aprobación o visto bueno real o episcopal”28. El culto público y la ayuda mutua son sus características distintivas. Atendiendo a la primera, la Hermandad de Covadonga es una cofradía mariana, observándose en la trayectoria previa a su fundación una paulati na postergación de la advocación de santo (S. Roque) y de ánimas, que ha bían centrado también la devoción del colectivo de asturianos y montañe ses. Desde el punto de vista de la previsión social, Rumeu de Armas distin gue dos fórmulas: la cofradía religioso-benéfica (de origen medieval), que puede ser a su vez general, profesional, gremial..., y la hermandad de soco rros (con mecanismos mutuales avanzados), que también admite esas sub categorias29. La que nos ocupa es del primer tipo. El mismo autor constató la existencia de cofradías caracterizadas por factores extrínsecos a su natu raleza (étnicas, de naturales, de extranjeros...), en los que ha profundizado más recientemente la Antropología. La Hermandad de Covadonga, al componerse de personas de una misma procedencia, es una cofradía grupal. La Regla: organización y funcionamiento de la Hermandad El valor de la Regla es fundamental, pues, además de dar a conocer la naturaleza propia de cada hermandad, diseña un modelo de funciona miento, proponiendo incluso pautas de comportamiento personal a sus co frades30. Aunque se trata de un texto legal, sin embargo su cumplimiento 27. SANCHEZ DE LAMADRID, R.: “El derecho tridentino”, en VV. AA.: El Concilio de Trento. Exposiciones e Investigaciones. Madrid, 1945, p. 235. 28. SANCHEZ HERRERO, José: “Las cofradías sevillanas. Los comienzos”, en VV. AA.: Las cofradías de Sevilla. Historia, antropología, arte. Sevilla, 1985, p. 10. 29. RUMEU DE ARMAS, A: Op. cit., pp. 204-206. Clasificación elaborada concretamen te para los siglos XVI y XVII. 30. La Regla utilizada es la de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Purificación y Animas del Purgatorio, aprobada originariamente el 16 de diciembre de 1566 y con posterioridad en 1643 y en 1657 (vid. su Libro de Reglas en A P. Mag., Caja 92, y un traslado fechado en 1673 en A E. C. G., leg. 15F, pza. 2(3)). En el cabildo fundacional de la Hermandad de Covadonga, como ya se indicó, se acordó adoptar dicha Regla. 252 MIGUEL LUIS LOPEZ MUNOZ serva en las funciones de la Purificación de María, Miércoles de Ceniza, Domingo de Ramos y Viernes Santo, funciones litúrgicas en las que los lai cos jugaban cierto protagonismo en las ceremonias de las candelas, impo sición de la ceniza, procesión de palmas y ramos y adoración de la Cruz, respectivamente. En torno a esta concurrencia se suscitó el pleito de 1743. Había también celebraciones extraordinarias, como la acaecida en 1740 en honor de la imagen de Ntra. Señora de Covadonga, trasladada a la iglesia tras su restauración, por iniciativa del mayordomo José Navio. Ade más realizaban ciertas prácticas devocionales, especialmente la oración, que era promovida en distintas circunstancias, como en la elección (“nie guen todos a Ntra. Señora les dé gracia y encamine y ponga en la voluntad a quién (h)an de dar el cargo de Hermano Mayor”). En relación con la asistencia al hermano en sus necesidades, “las cofra días recogieron un espíritu cristiano de hermandad y solidaridad mutua y lograron plasmarlo de una forma clara y sencilla”42. Los lazos de solidari dad que se buscan en estas y en otras asociaciones se explican en un socie dad marcada por la precariedad de la existencia, sujeta al ritmo que impo nían las crisis de subsistencia, las guerras y las epidemias43, y por la insufi ciencia y atomización de la estructura hospitalaria y de las medidas sanita rias en general44 Las acciones asistenciales que ofrece a los hermanos la cofradía religioso-benéfica presentan un alto grado de indefinición. La asistencia se presta a tenor de las necesidades, sin una reglamentación previa y exhaus tiva, siendo recibida “más a título de gracia que de derecho pleno, y siempre supeditado a la pobreza del cofrade... sin cuantía fija o determinada”45. Se 42. GARRIDO AGUILERA, Juan Carlos: Religiosidad popular en Jaén durante los siglos XV y XVI. Las cofradías. Jaén, 1987, p. 81. 43. La pobreza real era grande, pero la pobreza potencial afectaba a un número mucho mayor de personas, puesto que “cualquier caso que afecte al normal desenvolvimiento de la misma —vida—, amenaza con hacerle traspasar el umbral de la pobreza y caer en la indigen cia” (LOPEZ ALONSO, Carmen: “La acción social medieval como precedente”, en VV.AA: De la beneficencia al bienestar social Cuatro siglos de acción social Madrid, 1988. pp. 47-48). 44. “La relación oferta-demanda asistencial —escribe J. I. Carmona en relación a la Sevi lla de finales del siglo XVI— se hallaba desequilibrada claramente en contra de aquellos que necesitaban hospitalidad y cuidados sanitarios, de lo que venía a significar una relativa inefi cacia del sistema de beneficencia pública imperante” (CARMONA GARCIA, Juan L: El siste ma de la hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, 1979, p. 163). Además, las condiciones de los hospitales y centros similares no eran nada satisfactorias, produciendo pavor a gran parte de la población, siendo frecuente “el miedo al hospital como lugar donde se iba a morir” (SANZ SAMPELAYO, J.: Op. cit., p. 192). En el siglo XVIII, los hospitales, y sobre todo los hospicios, actúan en la frontera entre la ayuda al necesitado y la reclusión car celaria (vid. En TRINIDAD FERNANDEZ, Pedro: “Asistencia y previsión social en el siglo XVIII”, en VV. AA.: De la beneficencia..., op. cit., p. 93). LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 253 distinguen diversos tipos de “auxilios”: enfermedad, accidente, invalidez y vejez, paro, muerte, supervivencia (viudas y huérfanos), etc... El dispositivo asistencial es breve en la hermandad que nos ocupa. El auxilio de enfermedad se reducía a la compañía del hermano enfermo: “si algún hermano estubiere enfermo y llegare a el artículo de la muerte, el hermano mayor que fuere nombre a dos hermanos para que asistan allí y le vele(n). Y estos se puedan remudar hasta que Dios disponga del dicho enfermo o le conozca mejoría”46. Mayor trascendencia tenía la actitud ante la realidad angustiosa de la muerte, que constituye el punto nuclear de la religiosidad en la Edad Mo derna. La obsesión barroca por el más allá encuentra una perfecta expre sión en el ritual funerario. La asistencia al hermano difunto constituye una obra de misericordia que asumen los cofrades en dos vertientes: asegurar un entierro digno y ofrecer misas y oraciones en sufragio de su alma. Para Sánchez López, es “la máxima de las siete obras de misericordia definidas por el credo tridentino, recordándonos que las fundaciones de Hermanda des y Hospitales de la Caridad por toda Andalucía se debieron, entre otros fines piadosos, a esta substancial concepción de la presencia real de la muerte en las conciencias”47. Muerte y sepultura se rodeaban de un complejo ritual, que comprendía la mortaja, el velatorio, el doble de las campanas, la conducción del cadá ver y su acompañamiento, la función religiosa, la sepultura y los ciclos de misas. Las cofradías fueron protagonistas de ese ritual, asegurando un en tierro digno a los hermanos con menor capacidad económica y ofreciendo misas y plegarias por su alma. La Regla establece las siguientes atenciones: misa cantada, entierro, no venario y cuatro misas de ánimas. A principios del siglo XIX la Herman dad de Covadonga ofrecía a sus cofrades la mortaja (por valor de 4 reales), una misa cantada (6 reales), un novenario (36 reales) y el pago de los dere chos de colecturía (5 reales), desembolsando en cada entierro la cantidad de 51 reales48. Se contemplan ciertas circunstancias especiales. La Regla establece los 45. RUMEU DE ARMAS, A: Op. cit., p. 127. 46. En el capítulo 12 de la Regla (A. P. Mag., Caja 92). 47. SANCHEZ LOPEZ, Juan Antonio: Muerte y Cofradías de Pasión en la Málaga del siglo XVIII. Málaga, 1990, p. 106. El autor habla de las cofradías como instituciones garantizadoras del “tránsito al más allá”. Un ejemplo de esa actitud es la granadina Cofradía del Stmo. Cuer po de Cristo y Misericordia (Hospital del Corpus Christi), destinada a acompañar “a los ajus ticiados y los entierra y ansi mesmo haçe el domingo de Lázaro una solenisima procesión o entierro a los que (h)an hecho quartos o (h)an asaeteado, cuyas caxas lleva la mayor nobleza y cavallería de Granada” (HENRIQUEZ DE JORQUERA, F., Op. cit., vol. I. p. 258). 48. Según el cabildo de 8 de septiembre de 1807, en A P. Mag., Caja 48. 254 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ mismos beneficios para los hermanos que mueran en un hospital. En cuanto a los cofrades ausentes, caso bastante común en esta hermandad, gozaban de los mismos sufragios, siempre que tuvieran una antigüedad mínima de tres años en la cofradía. La asistencia funeraria es extensiva a la mujer del cofrade, con la condición de que éste haga dos demandas (en lugar de una) o, en su defecto, pague tres libras de cera. Algunas veces los sufragios derivan de una actitud de cortesía. La con cordia entre las hermandades de la Candelaria y Covadonga en 1744 con templaba esta medida de buena voluntad: “se (h)aya de celebrar una misa rezada por cada uno de los hermanos que fallezcan de la de Ntra. Señora de la Candelaria por la de Covadonga en su altar y capilla, y igualmente por el contrario”49. La muerte adquiere, en definitiva, la doble dimensión de rito religioso y ac(to de solidaridad. Los cofrades: número y obligaciones El número de cofrades evolucionó con el paso del tiempo, advirtiéndose en los primeros años una tendencia ascendente. Al primer cabildo asistie ron 31 personas (10 convocantes y 21 nuevos hermanos)50. Hacia 1723 eran ya 57 los miembros, pasando a 50 en 1729 y a sólo 41 en 174951. La asistencia a los cabildos, ya computada, no es a menudo significativa del número de hermanos. Al cabildo extraordinario de elección (por muerte del mayordomo) celebrado en noviembre de 1723 asitieron 18 hermanos y 33 al de 1729, es decir, respectivamente el 31,5% y el 66% de los hermanos 52. El ingreso en la cofradía era voluntario y no se encontraba al principio sujeto a requisitos (salvo el lugar de procedencia). En cabildo celebrado en 1748 se acordó, sin embargo, no admitir ningún hermano sin acuerdo de la 49. En A. P. Mag., Caja 48. Con esta concordia concluyó el pleito. 50. Los convocantes (esto es, los fundadores), todos cofrades de la Hermandad de Ntra. Señora y Animas, fueron: Domingo Fernández, Francisco García, Domingo de Mier, Cosme González, Pedro Conrado, Juan de Otero, Juan de Huertas, Pedro Posadas, Francisco Fer nández y Cosme García (en A. P. Mag., Caja 48). 51. En A. P. Mag., Cajas 88 y 48. Las cifras globales pueden resultar engañosas si no se considera la gran movilidad de este colectivo. De los 57 hermanos de 1723, 8 habían fallecido y otros 17 se encontraban ausentes dos años más tarde. 52. En las hermandades cerradas como ésta, el índice de asistencia suele ser relativamen te alto, puesto que el total de cofrades es a veces muy limitado. El alto porcentaje de asistencia en el cabildo de 1729, sin embargo, no parece usual, en parte porque no fue un simple cabildo de elecciones, ya que se tomaron importantes medidas en relación con las demandas y los su fragios para los hermanos difuntos. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 255 hermandad o de la mayor parte de sus miembros. En el ingreso intervienen móviles diversos: fines espirituales y materiales, cohesión social..., así como la tradición, heredada de padres a hijos53. También las mujeres formaban parte de la hermandad, asistiendo a las funciones religiosas, pero nunca a los cabildos. La sociabilidad que promueven las cofradías es inequívoca mente masculina, pudiéndose aplicar el concepto antropológico de “clubs de varones”54. Las obligaciones de los cofrades son asumidas libremente. El hermano se obliga a su cumplimiento, para lo que se establecen los pertinentes me dios coactivos. Las obligaciones pueden agruparse en preliminares o ini ciales, espirituales o morales, de asistencia personal y económicas. Las obligaciones preliminares son inherentes a la pertenencia a la her mandad y pueden sobreentenderse fácilmente: conocer y guardar la Regla, como guía de las actuaciones de la hermandad, y diversas cuestiones de procedimiento. Las obligaciones morales emanan de la misma naturaleza de la cofradía. Con ellas se perseguía mejorar la moralidad de los hermanos y se propo nían, con mayor o menor intensidad, ciertas prácticas piadosas y espiritua les. En la Regla se establecen algunas: no hacer juramentos en vano (“nin gún hermano jure, en mentira ni en verdad —se lee en el cap. 9—, si posi ble fuese, y el que dijere juro a Dios o a Santa María o qualquier santo o santa ociosamente, sin serle pedido, sea obligado a hazer una cruz en el suelo y hincarse de rodillas y besar la tierra y la cruz”), o poseer bula para oir misa en todo momento (ya que, según el cap. 4, “por nuestros pecados suele (h)aber muchas veces entredicho y otros impedimentos tales”). En cuanto a la asistencia a actos organizados por la hermandad, se obli ga a todos a asistir (salvo a aquellos actos de participación restringida ya citados) a: funciones religiosas, en especial la fiesta principal, pero tam bién las demás celebraciones e incluso la misa dominical55; entierros y honras fúnebres de los hermanos fallecidos, y cabildos y juntas generales. Frente a la, a veces limitada, asistencia a los cabildos, en las grandes ce lebraciones religiosas participaba, junto a la hermandad, gran parte de la feligresía, al adquirir las funciones cierto carácter parroquial. La asistencia 53. La actividad laboral constituyó una restricción en la Hermandad de Ntra. Señora y Animas: “ningún hermano mayor que fuere no pueda admitir por cofrade a ningún hermano que no sea de nuestro trabajo, por quanto somos pobres y pobres con pobres nos abenimos bien” (cap. 10 de su Regla). 54. MORENO NAVARRO, I.: Op. cit., p. 32. 55. “Todos los hermanos tengan obligación todos los domingos del año a acudir por la mañana a la Iglesia de la Magdalena a oyr una missa rezada... por las ánimas de purgatorio” (Regla, cap. 3). 256 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ a las honras fúnebres de los hermanos debió ser también destacada, pues la solidaridad ante la muerte constituye un móvil de mucho peso entre los cofrades. De todas formas, en la práctica existían hermanos cuya única vinculación a la cofradía era la satisfacción de las obligaciones económi cas, en parte por interferir los actos de la hermandad con sus ocupaciones laborales. El cumplimiento de las obligaciones económicas es primordial para la pervivencia de la cofradía. Esta precisa unos ingresos suficientes, que de penderán de la diligencia de los cargos directivos y del esfuerzo personal de cada uno de los cofrades. Se observan dos formas principales de contri bución económica: una directa, el pago de cuotas, bien sea en concepto de entrada o como cuota ordinaria; otra indirecta, la demanda, que se convir tió en la principal fuente de ingresos, si no la única. Era obligación de todos los hermanos “rezevir de buena boluntad la caja de dicha Hermandad, que se entiende de la demanda, sin dar escusa para ello, para que vaya en aumento tan santa obra” al menos una vez al año. La demanda se realizaba generalmente los días festivos, bien en la iglesia o bien por las calles de la feligresía. Fueron frecuentes las disputas por el lugar de colocación de las demandas. La obligación de demandar era a menudo incumplida, como lo muestran las disposiciones de los ca bildos de 1726, 1729 y 1748, en los que se fijó una multa de 16 reales y dos libras de cera. Esa obligación de los cofrades se corresponde también con una obra de misericordia de los fieles, en una sociedad en que la limosna estaba institu cionalizada, pues para pedir se requería una licencia eclesiástica o una cé dula municipal, lo que evidencia hasta qué punto “la caridad constituía una gran comodidad para todos dentro de la sociedad del momento”56. Otras formas particulares de obtener fondos son las limosnas canaliza das a través de cepos o cajas petitorias ubicadas en el interior del templo o en otros lugares públicos (como la que instaló la Hermandad de Purifica ción y Animas en la Alhóndiga Zaida), las derramas o contribuciones vo luntarias repartidas entre el conjunto de los cofrades (o de los oficiales) para afrontar un gasto determinado57, las donaciones de bienes, enseres o 56. Según expresión de L. Pfandl, cit. en CARMONA GARCIA, J. I.: Op. cit., p. 135. Man tenedora de la injusticia social, la limosna era, no obstante, una pieza fundamental para la supervivencia de numerosos indigentes y para la salvación eterna de los individuos de todas las clases sociales, pues “venía a ser considerada, no ya como llave, sino como un medio de forzar las puertas del reino de los cielos” (JIMENEZ SALAS, María: Historia de la asistencia social en España en la Edad Moderna. Madrid, 1958, p. 63). Para los cofrades era una fuente de ingresos, a la vez que un acto de humildad. 57. Como ocurrió con la procesión de traslado de Ntra. Señora de Covadonga en 1740, LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 257 dinero por cofrades y/o devotos, y los importes satisfechos por los herma nos en concepto de multas. Las disposiciones punitivas constituyen mecanismos coercitivos para el exacto cumplimiento de las obligaciones de los hermanos y, subsidiaria mente, una fuente de ingresos variable, aunque con una incidencia míni ma. Las “penas que van puestas en estas Constituçiones, van puestas y queremos y hordenamos sean para los gastos y cosas tocantes a la dicha hermandad”, sanciona el cap. 14 de la Regla. Las multas oscilaban entre medio real y dos ducados (cuantía excepcional en este tipo de sanciones) o entre una y tres libras de cera. Atendiendo a la importancia de la pena puede establecerse la siguiente gradación: faltas graves (no aceptar el nom bramiento de Hermano Mayor, contraer deuda con la cofradía, no guardar el secreto del cabildo, contradecir la elección sin motivo y rehusar la reali zación de la demanda), con penas de dos ducados o dos libras de cera; fal tas medianas (incumplimiento de la Regla o ausencia en las fiestas de la cofradía), con penas de una libra de cera, y faltas leves (decir votos a Dios o faltar a la misa dominical), con penas entre medio real y ocho maravedís. El mayordomo, encargado de llevar las cuentas, recoger los ingresos y disponer los gastos, presentaba los balances al cabildo para su aprobación al finalizar el ejercicio. Su obligación era no dejar “alcanzada” la cofradía; en ese caso cubría el déficit a su costa, lo que aseguraba cierto saneamiento económico, a la vez que el interés del mayordomo por evitar que los gastos excedieran en gran medida a los ingresos. Por el contrario., si el ejercicio económico terminaba con superávit, éste quedaba en las arcas de la her mandad, haciendo el mayordomo esa “graciosa” cesión en beneficio de la misma. Los gastos excesivos no perjudicaban tanto a la economía de la cofra día, como a la del mayordomo, extremo éste duramente criticado por los reformistas ilustrados58. Se atendía en primer lugar a los gastos ordinarios, destinados a la celebración de las funciones, incluyendo el gasto de cera y el cumplimiento puntual de las honras fúnebres y los sufragios por los di funtos, y a continuación a otros gastos. según consta en el cabildo celebrado el día dos de mayo de dicho año (en A. P. Mag., Caja 48). 58. Muchos mayordomos —exponía el conde de Aranda en 1773— consumen sus bienes “posponiendo el bienestar de su familia; y si no, se adeudan sacrificando sus posibilidades..., esperanzados de recompensarlas con la estrechez sucesiva o vender de sus raíces o aperos de labor, con la fe ciega de que Dios o el santo de la fiesta proveherán” (A. H. N., Consejos, leg. 7090). 258 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ Contamos con los balances económicos de la hermandad durante toda su existencia, que se resumen así por quinquenios59: Años Ingresos/Media anual Gastos/Media anual Balance 1703-1705 1.034 r. 517 1.651 r. 825,5 - 617 r. 1706-1710 1.305 r. 326,2 1.727 r. 431,1 - 422 r. 1716-1720 1.147 r. 382,3 1.375 r. 458,3 - 228 r. 1721-1725 4.782 r. 956,4 3.809 r. 761,8 + 973 r. 1726-1730 7.152 r. 1.430,4 4.279 r. 855,8 +2.873 r. 1731-1735 9.530 r. 1.906 4.649 r. 929,8 +4.881 r. 1736-1740 4.905 r. 981 3.658 r. 731,6 + 1.247 r. 1741-1745 9.705 r. 1.941 10.332 r. 2.066,4 - 627 r. 1746-1750 7.7517 r. 1.551,4 7.590 r. 1.518 + 167 r. 1751-1755 5.225 r. 1.045 5.340 r. 1.068 - 115 r. 1756-1760 4.429 r. 885,8 3.571 r. 714,2 + 858 r. 1761-1765 6.572 r. 1.314,4 3.290 r. 658 +3.282 r. 1766-1770 9.491 r. 1.898,2 2.731 r. 546,2 +6.760 r. 1771-1775 11.247 r. 2.249,4 2.909 r. 581,8 +8.338 r. 1776-1780 12.276 r. 2.455,2 3.343 r. 668,6 +8.933 r. 1781-1785 7.962 r. 1.592,4 3.092 r. 618,4 +4.870 r. 1786-1790 8.520 r. 1.704 3.508 r. 701,6 +5.012 r. 1791-1795 9.728 r. 1.945,6 4.373 r. 874,6 +5.355 r. 1796-1800 11.022 r. 2.204,4 3.782 r. 756,4 +7.240 r. 1801-1805 12.661 r. 2.532,2 4.952 r. 990,4 +7.709 r. 1806-1809 11.035 r. 2.758,7 3.380 r. 845 +7.655 r. El balance fue casi siempre positivo, gozando de un tranquilizador su perávit en los extensos períodos 1721-1740 (que oscila a menudo por enci ma del 20% de los ingresos) y 1755-1809 (largo período en que el superávit acusa una tendencia alcista, situándose desde 1763 por encima del 50% de los ingresos, y rozando el 80% en 1774 o en 1778, época de cómodo reposo). El déficit sólo aparece en esta hermandad en los años iniciales de su exis tencia y posteriormente en algunos del incierto período 1741-1755. La razón de este comportamiento estriba en la buena gestión económica de los mayordomos, así como en el hecho de reducir al mínimo los gastos ex traordinarios, comenzando por los suntuarios, es decir la adquisición de 59. Procedentes de los Libros de Cuentas de 1703-1731 (A. P. Mag., Caja 46), de 17321805 (id., Caja 48) y de 1806-1810 (id., Caja 47). Hay escasas lagunas: 1704, 1710-1715 y 17191720; en los respectivos quinquenios sólo se consignan los datos existentes. Todas las cantida des (incluidas las cifras medias de gasto anual por quinquenio) se expresan en reales, prescin diendo de las fracciones en maravedís. La columna “balance” contiene la diferencia entre los ingresos y gastos de cada quinquenio. LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 259 nuevos enseres, ya que heredó muchos enseres de la Hermandad de Ntra. Señora y Animas. Además, el sistema de administración contribuía a la perpetuación de balances positivos, a través de la acumulación de los sobrantes, lo que se traduce, especialmente en la segunda mitad del siglo en un débil esfuerzo económico por parte de los cofrades60. Controlando el gasto, se lograba mantener siempre un remanente e incrementarlo progresivamente (el su perávit rebasó los 2.000 reales en 1807 y en 1809). Ese saneamiento económico no implica automáticamente un auge de la hermandad, sino únicamente una cómoda labor de gestión y una falta de capacidad para incrementar los enseres y obras de arte o para dotar a las celebraciones religiosas de mayor pompa y solemnidad. Así, los años en que la hermandad contó con un número mayor de hermanos (primer cuarto del siglo), los balances son deficitarios, lo que supone mayores gas tos, algunos de ellos destinados a enriquecer su patrimonio. Conclusión: una cofradía cerrada Variados fines se entrecruzan en la existencia de las hermandades y co fradías; la de Ntra. Sra. de Covadonga es un ejemplo de ello. ¿Por qué dife renciar entre fines explícitos e implícitos (latentes)?; ¿no se trata básica mente de asociaciones de seglares orientadas al culto público y a la asis tencia benéfica? o ¿acaso estos “otros” fines añaden algo a la naturaleza de tales asociaciones? El tema es harto complejo, la casuística enorme y la respuesta precisa análisis particulares. Evidentemente, si la naturaleza de todas las cofradías viniera determinada por los fines explícitos, el mundo de esas corporacio nes sería muy homogéneo, y probablemente su número y variedad bastan te más limitados. El mismo afán de las autoridades civiles y eclesiásticas por “reconducir” el mundo de las cofradías, por eliminar de ellas adheren cias nocivas, afán que se plasma en reiteradas quejas y a veces en ataques virulentos, permite plantear la hipótesis de que “algo” más que los fines ex plícitos configuraba su naturaleza. La pertenencia a una u otra hermandad no era un acto tan libre como podría suponerse. En numerosos casos existían restricciones para la admi 60. Por ejemplo, en 1776 se obtenía un superávit de 1.963 reales y 4 maravedís. Según la costumbre de los mayordomos de renunciar a los beneficios de su ejercicio en favor de la co fradía, esa cantidad se acumuló a los ingresos de 1777, de manera que de un total de ingresos de 2.560 reales y 11 maravedís en ese año, tan sólo 597 reales y 7 maravedís (es decir alrededor de un 23%) fueron de nueva adquisición. 260 MIGUEL LUIS LOPEZ MUÑOZ sión de hermanos. Aún más, a lo largo de la Edad Moderna se observa un paulatino proceso de “cerramiento”, como lo muestra la multiplicidad de mecanismos restrictivos, tales como la disuasión (bien por coacciones esta blecidas por la Regla, por requerir amplia disponibilidad de tiempo libre o por la necesidad de presentar cierto nivel económico o cultural), la selec ción (mediante informaciones, pruebas, etc...), la exclusión (en función de la sangre o del status social) y la limitación numérica (o “numeras clausus” de cofrades)61. Dichas medidas son emanación lógica de una sociedad que se entiende estructurada en estamentos (sociedad tripartita), grupos e individuos. El re lieve social de éstos se potencia, si no es que nace, mediante la pertenencia a un cuerpo o grupo. Este concepto social, fundamental para entender la estructura del tercer estado, ha sido poco estudiado, quizás por su generali dad y variedad, lo que haría necesarias continuas clasificaciones y matizaciones. Sin embargo, su consideración parece clave para comprender la so ciedad del Antiguo Régimen, así como los esfuerzos para eliminar u ho mogeneizar tales grupos lo son para comprender el advenimiento de la so ciedad liberal. El término “cofradía grupal” es una tautología o cuando menos una re dundancia (agrupación de un grupo), aunque hay una evidente diferencia de matiz, en atención al grado de organización. La cofradía de este tipo es un órgano previa institucionalizado, que aglutina a un grupo social con una definición no siempre nítida. Por eso, las cofradías gremiales se consi deraron por las autoridades como las más perjudiciales, puesto que en la práctica venían a reforzar la cohesión de un grupo ya institucionalizado (el gremio). Aplicando como criterios la forma de integración (según pertenezcan los asociados a la misma o distinta categoría social) y el modo de pertenen cia (grado de apertura o exclusivismo de la asociación), I. Moreno ha esta blecido, desde el ámbito de la Antropología, un modelo de clasificación de las cofradías grupales, que con la debida precaución se puede retrotraer en 61. Vid. por extenso en CHAUCHADIS, C.: Op. cit., pp. 83-105. Estos mecanismos restric tivos no eran exclusivos de las cofradías. Recuérdese, por ejemplo, la proliferación de pruebas de limpieza de sangre para el acceso a numerosos organismos eclesiásticos, cargos adminis trativos, centros de enseñanza, etc... Un caso paralelo al de las cofradías es el de los gremios, con mecanismos tales como el examen previo, las preferencias a los hijos de agremiados, e in cluso pruebas de limpieza de sangre y de oficios, cuya adopción no obedeció únicamente “al deseo de excluir a judeo-conversos y moriscos (bastante difíciles de detectar en el siglo XVIII) sino que fueron utilizados fundamentalmente como un instrumento para impedir la entrada de nuevas personas en el gremio” (MOLAS RIBALTA, Peré: “El exclusivismo en los gremios de la Corona de Aragón: limpieza de sangre y limpieza de oficios”, en Les sociétés fermées..., op. cit., p. 78). LA HERMANDAD DE NTRA. SRA. DE COVADONGA 261 el tiempo. Distingue las modalidades: vertical abierta (patrimoniales, de socorros), horizontal abierta (hermandad de clase), vertical cerrada (gre mial) y horizontal cerrada (étnica o nacional)62. Los tres últimos grupos son los que nos interesan por ahora. En la Sevilla de comienzos de la Modernidad, por ejemplo, además de las numerosas gremiales (sobre un 32% del total), había también cofradías de hidalgos (Ntra. Sra. de la Asunción, S. Hermenegildo, Sta. María del Pilar...), étnicas (Ntra. Sra. de los Angeles, de negros y mulatos...) o de per sonas procedentes de un mismo lugar (aragoneses con advocación del Pilar, catalanes con título de Montserrat, genoveses, etc...)63. También en Granada abundaron. Entre las gremiales y/o profesionales se encontraron las de altaristas, maestros zapateros, zapateros de viejo, pla teros, mercaderes de ropería, de lino, de especias, palanquines, comedian tes, sastres, torcedores de seda, abaniqueros, carpinteros, labradores, estu diantes, soldados de la Alhambra, ciegos, escribanos, procuradores de la Chancillería, cirujanos y boticarios, etc.,. De clase (aunque no totalmente horizontales) pueden considerarse las de Jesús Nazareno, Limpia y Pura Concepción, Stma. Trinidad, Corpus Christi y Caridad. Carácter étnico (negros) presentan las de la Paciencia de Cristo y San Benito de Palermo, y carácter “nacional” las de S. Antonio de Padua (portugueses), S. Luis (fran ceses) y Ntra. Sra. de Covadonga (asturianos y montañeses)64. La cofradía grupal refuerza la cohesión de un grupo preexistente y, por tanto, acentúa la defensa de sus intereses. En el caso de la cofrafia profesio nal esos intereses son patentes y se cifran tanto en aspectos económicos como de prestigio social. Por ejemplo, en 1733 la cofradía de los cocheros de Sevilla obtenía una ejecutoria “declarando la aptitud de los hijos de co62. MORENO NAVARRO, I.: Op. cit., pp. 42-55. La cofradía nacional presupone, para Chauchadis, un tipo de exclusión por la sangre; además “il s’agit de manifester l’honneur des origines géographiques souvent signifié par le choix du saint patron”, constituyendo a veces un mecanismo de cohesión frente a ciertos sentimientos de xenofobia (CHAUCHADIS, C.: Op. cit., p. 95). 63. SANCHEZ HERRERO, José: “Las cofradías sevillanas. Los comienzos”, op. cit., pp. 20-24. 64. Según se desprende de las citadas obras de Francisco Henriquez de Jorquera y de fray Antonio de Lachica Benavides. Las cofradías de extranjeros eran muy frecuentes. En Roma existía una de españoles bajo el título de la Resurrección. En Madrid hubo de italianos (S. Pedro), portugueses (S. Antonio), flamencos (S. Andrés) y franceses (S. Luis), cit. en RUMEU DE ARMAS, A.: Op. cit., p. 205. En Cádiz, de genoveses (Sta. María y S. Jorge), fla mencos (S. Andrés), portugueses (S. Antonio) e italianos (Ntra. Sra. de Loreto), según GARMENDIA ARRUBARRENA, José: “La Cofradía del Stmo. Cristo de la Humildad y Pacien cia de los vascos en Cádiz de 1700 en adelante”, en Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 3-4, 1978, p. 376.