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D.ª Isabel de Correa, traductora y poetisa sefardí

Cabezas Alguacil, Concepción

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DOÑA ISABEL DE COFRE/\, TRADUCTORA y POETISA SEFARDI e ONTINUANDO esta sección iniciada brillantemente con tres ) nombres ilustres por el finado don Jerónimo Rubio 1 sobre ,,1gunas figuras de literatos hispano-judíos, que se proyectaron con caracteres propios en el extranjero durante los siglos XVI y XVII, hemos elegido para el presente número la traductora y poetisa D.' Isabel de Correa, que hacia 1693 dedicaba en Bruselas su versión espaüola del Pas/or Fido del italiano Bautista Guarino a don rvranw:l Bchnonte, Conde Palatino. Quizá no estén fuera de lugar, como preámbuJo, algunas pinceladas sobre el ambiente soci21 y cultural en que vivió esta ilustre dama, Desde la época de la expulsión de Espaüa (1492) se habían establecido en Amsterdam, Amberes y Bruselas multitud de familias judías, las más distinguidas de Portugal y España, que se hicieron famosas en aquellas ciudades, tanto por sus opulentas haciendas como por su atrayente afabilidad, Muchos de sus miembros llamaron la atención al mismo tiempo por la claridad de su ingenio y sus afanes de cultura, El espaüol era para ellos el idioma oficial y el. portugués, el lenguaje casero 2, Fundaron allí sinagogas y alja1. Véase en esta MISCELANEA DE ESTUDIOS ARABES y HEBRAICOS: Jerónimo Rubio, Allíollio Enriquez Gómez, el poeta jwlai::,aJlte (1955), págs. 187-217; Notas sobre la vida y obras del capitán ¡'-'ligue! d~ Bardos (1956), págs. 199-22.3; 10([,0 (Moisés) Pinto Delgado y la situacióll de los judio!: en Portugal en los s. XVI y XVII (1957), págs. 159-187. Vid. ítem t. VIII (1959), págs, 141-2, In memoríanz. :(, L8 rnnyüría de las actas notariales que se otorg,yron en Arnsterdam 11 Z C. CABEZ.\S Al ';CACIl, I~I L1US, distinguiéndose sobre todas la de Anlstercl<:.nn que rec.ibió el ro éticü nonlbrc de Los siete 1nontes sagrados! por su l11agnilud y pintoresca situación. Es sabido que esta ciudad llegó a ser el centro más activo de los sefardíes, y su enorme superioridad sobre los askehenacíes, revelada lo mismo en realizaciones materiales que en creaciones espirituales, perduró a través de los siglos 3. PrcciS2.- mente en aquel punto neurálgico de la Europa del siglo XVII que eran los Países Bajos, los I?zarranos se 1110straban particu1arn1cntc influyentes. Ilustres rabinos allí radicados se dedicaron al estudio de las ciencias y letras, poniendo de Dlanifiesto que no se había apagado en sus corazones el fuego anLal10 habido en sus antepasados de la Península Ibérica. Hemos de recordar que muchos de estos sabios hispano-judíos fueron contemporáneos e incluso pudieran haber conocido a algunas de nuestras prirneras figuras del Siglo de Oro, NUlnerosas imprentas'" se establecieron en estas ciudades con el fin de sostener el con1ercio de libros con los judíos de Le'vantc, que, dedicados n1ás exclusivaI11cntc a otras tareas, no podían consagrarse a esta clase de trabajos con tanta asiduidad y en1peüo. Durante los siglos XVI y XVII se distinguieron entre lodos los establecimientos tipográficos las casas de Moseh Diaz, David de Castro Tartaz, Josepb Atías, S.:;nnuel ben Israel Soe11'o , .P\1enaseh (!nlrc judios sefardics están redactadas en castellano. efr. A. van Praag. Restos de los idiol1lü.S lIi!:panolusitrmos entre los sefardies de Amsterdam. Bol. R. Academia Española, XVIII (1931), púg. 180. 3. H. Graetz.-Gesc1l. del' hAde1l, IX. Cecil Roth, Historia de los marrallos. Trad. esp., 1941; Príns, Isac: De vcstigirls der nWITalZCIl in NoordNederland in de XVleeulV, 1927 y J. S. Da Silva Rosa: Gesclliedenis der Portugee::che Joden te Arnsterdmz, 1925. 4, Los judíos se dieron cuenta pronto de las posibilidades del arte de imprimir. Ya en 1444, seis o.i1os antes de b fecha del comienzo de las activjdades de Gutenbcrg, se formo.JizÓ en AV1J"lól1, entt-c un artificc a(em~b ;;m1bu1ante y un miembro de la Comunidad local, eJ nUevo J.rte de escribir. Por desgracio.. no han quedado vestigios de esa irDprcnta prünitin1, de cuya desaparición pudo ser respoJ.1sabie la persecución de que era objeto la literatura hebrea. Pero poco tiempo después los tipógrafos judíos van a la cabeza en muchas partes del mundo. Así, en Portugal, de los veinticuatro libros conocido:;, impresos antes de 1500, los once primeros están en hebreo. Vid. Cecil Rotb, La contribución judFa a la civilización, Buenos Ajres 1946, pág. 73), ¡,31 !)()"RA J8..H3E1, DE CORRE,", 1'[{ADUCIORII y roEn::;,\ SEF:\l{Dr 117; ben Joseph ben Israel, BoJ!?sar Vivien, Tomas Van Gecl, Jacob Alvarez Soto, etc. 5, Fa1110SaS fueron en esta época algunas Acaden1ias, corno la de los Sitibundos y la de los Fioridos, donde los escritores tenían sus tertulias literarias, ~.. * -:. En este ambiente culto se desenvuelve D," Isabel de Correa, Conocedora de los modos y gustos ele su época, quiso seguir las tendencias de su generación, llena de ambición de novedad, en la atmósfera de un gusto clásico denso de estudios y preocupaciones aristotélicas, pero con presentimientos barrocos, Esta nueva tendencia literaria busca la expresión lírica en un nuevo mundo de ¡,fectos, tratados con gracia ligera, casi exclusivamente decorativa, Hacía cerca de un siglo que Guarini habia puesto mano a su obra, En 1580 inba el Pastor Fido, durante una fiesta de corte, tal vez en correspondencia a la Anúnta del Tasso. Se publíca diez años dt.~spués en Venecia, tras un largo trabajo de lima. A seguida de 1, priruera representación, se multiplican las ediciones, En 1602 se realiza la vigésinla en Venecia; unas cuarenta se llevan a cabo durante todo el siglo XVII y otras tantas en el XVIII 6, Asistimos ante esta trayectoria de extensión publicitaria a una fácil victoria de los elementos descriptivos y decorativos, El elogio del beso, la exaltación del a1110r, que se c0111place en su propio refinamiento, ese sentido oscuro y artificioso, que desde un principio acom_paña a la representación del mundo pastoril y arcádico, conceptuado como un mero pretexto para la fusión de la nostalgia idílica y cortesana del hU1l1anista, son los n1oti\'os más intensos y frecuentes eu esta clase de poesía '!. 5. A, de los Ríos' E,,.f¡¡di,.Js lriSIÓ!'ico,..;, político:_: y literarios SO!HC los jiulíos de España, 1'vladrid 1848, pág. 474. 6. CL N. Sapcgno, Compendio di Storia della LcUera/lIra ltaliallfl, Vol. Ir, Firenzc 19:)5, pág. 203-205. B. Rossi, Cuarirú e [1 Pasto!" [ido, Torino 1836. G. BrognoEno, Ii Pastor fido e i1 compendio deUa poesia tragicomica, I-bxi_ 1914. SoHeri, Le Origilli del melodrama, Roma 1936. 7, A. de ros Ríos, E<;tudio5. pág. 518, dice refiriéndose a la búsqueda (!e no'edad de lemas en esta época que ,(H~lbían trocado la cota ele malla p0r el pellico y la esp;:lda por el cayado, en un lenguaje muelle de refinados e invcl"UsfmiJes pastores. }L;bían salido al campo p:J.ra corOD<u'se de bek:ño y de adormideras, pero no !es fue posible 1131121' el aire de que en todas par(e~ ~~~Iredan.» lid C. CABEZAS ALGt"ACIL [4 J Era natural que el Pastor Fido obtuviese gran aplauso y fortuna en el ámbito de la nueva sensibilidad y en el gusto barroco que se estaba elaborando. Lo confirman una larga serie de imitaciones a través de todo el siglo XVII y su rápida introducción en todas 12s literaturas modernas de Europa. D.' Isabel de Correa, conocedora de las ediciones italianas y francesa, enamorada de la obra -no olvidemos que Guarini había nacido en Ferrara " donde existía una floreciente colonia judaica y con él pudo haber tenido relaciones más directasquiso ser de los primeros en verterla a la lengua castellana. En la Biblioteca Nacional, figura esta obra en la Sección de Raros y aparece titulada en sus dos ediciones: El Pastor Fido, Poema de Baptista Guarino. Traducido de Italiano en Metro Espafíol, y illustrado con Reflexiones por D." Isabel Correa. Dedicado a D. Manuel Belmonte, Barón de Belmonte, Conde Palatino, JI Regente de su Majestad Católica. En Amsterdam por Juan Ravenstein. Año MDCXCIV 9. La otra edición es de Amberes por Henrico y CorneJio Verdusscn, Mercaderes de Libros, Año MDCXCIV lO Como el título indíca, la obra contiene algunas reflexiones de 12 autora, a más de la dedicatoria a D. Manuel Belmonte y un prólogo al lector. Nos ha parecido oportuno reproducirlo porque es lo único propiamente original de D" Isabel que ha llegado a nosotros, aunque escribió téunbién Varias poesías, de las que habla Kayserling con referencia a Miguel Barrios y ella misma nos lo participa en el prólogo del Pastor Fido. Am,adüt' de los Ríos tenía conocimiento de ello y afirma que «no se sabe que las hayan dado a la estampa», si bien las tenía preparadas para la publicidad. Esta inquietud literaria en la mujer hispano-judía no se 111a8. Allí es donde en 1477 Rabí Abrahám ben Yayjn de Pesaro fundó una imprenta, aJ p::trccer la primera hebrea, y donde se irnprimió la cdebre Biblia de FeTara, en español (1553). 9. Sección de Raros, con la Sigo 12370. 8.0 m. 149 hojas, Port.-V. en bI. Dedicatoria suscrita del autor. Prólogo. - Argumento. Soncto del autor. Personas. Erratas. Texto. En la contraportada leemos: Gayangos, Londres. Agosto 21, 1831 Y el «Ex libris» de la BRYNK1NALT LIBRARY. La letra es evidentemente de Gayangos, indicándonos la fecha y el lugar de adquisiciÓn, 10. También en la Sección de Raros con la sigo 3241. S.o 296 pág. Varía de la an terior solamente en la colocación de la página de Erratas, que está al final. Lleva un seno de la Librería DELEXMO. S. b. A. G. DURAN indicando que fue adquirida por el Gobierno en 1863, ; (] l DO!\Í'\ TSJ\R(L TJE COrmE!\, TRADUCTOR.\ y POETl:-; .. \ SfT¡\Rnf 11,", ¡lijjcsla como caso único y aislado en la obra de D." Isabel de Correa. En su época habían adquirido fama similar antes de ir a Holanda otras escritoras que nos dejaron algunas muestras de sus obras, tales como Manuela Núñez de Almeida y Bienvenida Cohen Belmonte ", quienes, con D.' Sarah de Fonseca Pinto y Pimentel, se apresuraron a rendir tributo de admiración a Daniel López Laglma por su traducción de los Salmos, la que con el título Espejo fiel de vidas imprimió en Londres en 172ú 12. Conocemos también el nombre de J sabel Enríquez, poetisa concurrente en Madrid a varias academias literarias, tal vez enpareniada con el poeta Enríquez Gómez 13 Los datos biográficos que hemos podido hallar acerca de D.' Isabel de Correa son escasísimos. En general todos los que de ella se han ocupado brevemente se limitan a seguir los ya aportados por Amador de los Ríos en la citada obra, y las biografías modernas no ofrecen la suficiente precisión, ni sus asertos están lo bastante comprobados para aceptarlos como definitivos. Trataremos de ordenarlos y añadir algunos otros que puedan ser de interés. Según Serrano y Sanz 14, D." Isabel debió de nacer en Lisboa, ~poyándose tal vez en la existencia de una familia de poetas portugueses que vivieron en Lisboa en ese tiempo, entre ellos, José Correa de Brito, al que se le atribuyen varias poesías y la tragicomedia El Capitán Lusitano, Viriato 15, así como Fernando Correa 11. Hija de la anterio;- y hcr~lana de JVIonkcai Núüez de Almeida, protectores de las Artes y de la Literatura. Tenía gran inteces por las colonias judías 1l0rk'1.111l'rican<:\s. Sus sonetos cantan a Daniel López Laguna :/ a Samuel Cohen Nassy. (Kayserling) Bicn. Esp.-Pürt. Judaica, p. 55, Sepllardil1l., p, 231 Y Jiidiscl!c? FfCllf(!Il, p. 174. 12. Fue tal el juicio que los más doctos judíos formaron de esta (lbEl, que :-: la trnc!ucción de Laguna preceden multitud de composiciones escritas en latiD, inglés, por~ugués y c8stellnno en elogio de la misma. A, de los Ríes, Estudios ... , pág. 628-629. 13. el'. J. Rubio, Antonio Enrique::, Gómez, el poeta Judaizante, MISCE. L-\!:--XA DE Esr. AR:\BES y HEBRc\JCOS (1955), pág. 187-217, Isaac Cardoso la dedicó su ("lbra ~d)el color verde», 14. ApuHtes para una biblioteca de escritoras españolas desde 1401 (} 1833, T. l. Madrid, 1903. págs. 281-282. 15. floreci6 en. el último tercio del siglo XVII, versificó en castellano y portugué'~. Cayetrtno Alberto de la Barrera y Leirado, Catálogo bibliográfico y biográfico de! Teatro antiguo espai1ot, desde sus origen es hosta mediados ciel $. XVIII. Madrid, 1860, pág, 103, 116 C. CAEEZ¡\S ALGt'M'U. 161 de Fonseca de Andrade, natural de Montemor el Viejo, hijo de Antonio Fonseca de Andrade, que dejó manuscritas obras históricas, poéticas y varios autos sacramentales. Con este mismo nombre encontramos a un fraile del convento de San Bernardo de Avís, profeso de esta Orden en 1651, que fue procurador de ella en la Curia Romana y compuso loas y comedias. Según Barboa, otro judío portugués fue Juan Antonio Correa, que aunque nació en Lisboa vivió mucho tiempo en Castilla. Todos estos datos pudieron influir en la creencia de Serrano y Sanz acerca de un posible origen portugués, en la familia de nuestra escritora. Mas este juicio se contradice con el resto de sus biógrafos, que en general aseguran fue española, pero sin seÍlalar el lugar ni la fecha de su nacimiento. En el Archivo Históneo Nacíona1 se conserva un proceso contra Justa Correa, descen- [¡iente de judíos portugueses y vecina de Pastrana (Guadalajar<t)) donde ejercía el oficio de estanquera del tabaco. Con ella vivía una sobrina suya, llamada Isabel Correa, soltera, la cual ignoramos si debe identificarse con nuestra poetisa. Podríamos encontrar talnbién cierta re1aóón con Juan Correa, natural de Toledo, comediante y autor famoso o director de Compañía de tiempos dc Lope de Rueda. Alábale Rojas Villandrando, ilamándo1c damos o autor de Jos que dieron principio a las comedías>}, Aunque basTante tiempo antes, es posible que en la familia de D." Isabel existiese un ambiente propkio de afanes e inquietudes literarias. No hay duda que vivió en Bruselas y Amberes y fijó despu"~ su residencia en Amsterdam, refugio predilecto de judíos persegui· dos, donde se había co;".cc;ri.rrdo la dite de los sefardíes más ricos e influyentes. No conocemos las causas de su salida de España, que pudieran ser el ponerse a cubierto de la persecución religiosa, o simplemente su matrimonio con D. Nicolás de Olliver y Fullana, nacido en Mallorca, en donde llegó al grado de capitán y parece que vivió hasta mediados del siglo XVII. Fue sargento lnayor en la guerra de Cataluña 16. Marchó a Bélgica para ingresar en el ejército y allí alcanzó el grado ele Coronel de infantería al servicíc> (te Holanda contra Francia. 16. En esta campaña intervienen las Ordenes Militares, Calderón se :::lista t;..TI cGmpañía del Conde-Duque de OJival'es, poco antes de acnb<td~1 de terminar, por orden de FelIpe IV su obra, Certamen de Amor y Celos, rara representarla en los Estanques del Buen Retiro. Su hermano José Calderón también intervino en esta lucha. [7) DO~A ISABEL DE CORRE."., TRADtTCTORA y POETlS:\. SEL\R1JÍ 117 Tal vez por descender de judíos se circuncidó y tomó el nombre de Daniel Judá, lo que no le impidió gozar de la protección de Carlos II, a quien ofrecía casi todos los años un opúsculo, ele los que escribí" sobre los asuntos más diversos". Los rasgos físicos de D." Isabel nos son superficialmente conocidos. La Jewish Encyclopedia afirma que «era famosa por su belleza». Su temperamento, formación y trato social se deducen con amplitud del antes mencionado prólogo. Se muestra mujer ingeniosa, que no se arredra ante las dificultades, aunque a veces se llegue a considerar «errante navecilla, combatida por encontrados vientos)}, Sí la sentencia del Rey Sabio «Mil hombres encontré con ciencía y entre todas las mujeres ninguna con ella», la llena de (cmor hasta confesarlo ingenuamente, también es cierto que la dedicatoria a D. Manuel Belmonte, del que más adelante hablaremos, demuestra su delicada intnición en saber buscar protección bajo buena sombra. Cierta ironía, casi infantil, la hace exclamar dirigiéndose al lector: «Ya oigo que me dices entre dientes (sin mostrármelos, no porque no los tengas, aunque todo puede ser)>>. No olvidemos que D." Isabel vive una época próxima a Ruiz de Alarcón y Quevedo. Inquieta y andariega, sus largos viajes y espíritu aventurero la llevan a buscar un cambio de trabajo en su cotidiano quehacer: «Cambiándome lo enfadoso de la aguja por lo recreable de la pluma». Pero especialmente se ve obligada a realizar su obra movida pOl' un deseo ardiente de adquirir fama y hallar una distracción en sus ocios, escribiendo do que dictan las musas con graciosísirno alivio y un sabroso entretenimiento», Sus relaciones sociales con personas influyentes de la política de su tiempo se deducen de su matrimonio y de las alusiones que hace en la traducción del Pastor Fido, obra que, como ya de17. Los enumera él mismo en el síguiente folleto: Memorial genealógico de treinta principales recuerdos, presentado a la Sacra Catholica Real Majestad del Rey Don Carlo.';- Segundo Nuestro Señor, para la solemni..¡ dad del feliz cum}'limicnto de seis lustros de su edad perfecta. Por el Sargento Mayor D. Nicolás ele Olliver y FulIana, Consejero cronista y cosmographo suyo en los Países Baxos, Año 1691. En Bruselas y Emprenta do.:; Dobbeleer, 11 pág, en 4.(> B, NacionaL Sección de Varios (364, n.U 51), Redactó gran parte de 18 Geografía Blaviana, rotulada Atlas del Mundo, vasta compilación que se publicó en Amsterdam en Jos años 1659 a 1672 y consta ele diez vo'lúmcnes. i IR c. CABEZAS i\LGU!\CIL [8) jamos dicho, está dedicada a D. Manuel Bclmontc, Barón de Be!- monte, Conde Palatino y Regente de su Majestad Católica. Este estadista holandés llegó de Madeira a Holanda en 1614 '3 . Si pertenecía a la familia de marranos lusitanos holandeses se podría trazar su linaje remontándolo a D. Yago y Sampeyo, aquél a quien, en 1519, el rey Manuel de Portugal donó la ciudad de Belmonte, permitiéndole adoptar ese nombre y transmitirlo a su posteridad. La historia de la familia de los Belmonte muestra que algunos de .sus miembros volvieron al judaísn1o, mientras que otros perrnar,ecieron neocatólicos. Llegaron a alcanzar altos puestos en el mundo diplomát!co. Isaac Núñez de Belmonte ocupó desde 1664, un puesto de agente general y desde 1674, de residente del rey de Es1"","a en los Países Bajos. Fue nombrado Comes Palatinus en 1693 por el emperador de Alemania e hizo mucho para conservar buenas relaciones entre España y los Países Bajos". Su actuación en favor del bienestar de sus correligionarios fue notable aunque se le conoce mejor como aficionado a la literatura y autor de un poema sobre el martirio de Abraham Núi1ez Berna!. En 1685 fundó la academia poética de los Floridos. De Barrios le dedicó en 1683 su Triumpho del Gobierno Popular 20 • D." Isabel de Correa en 1694 afirma que «no le ofrece la Brújula del acierto otra persona, a quien con más debida proporción pucdá y deba dirigir y consagrar su obra», hecho que explica por razonamientos, ya de una manera subjetiva: «es de nobles amparar a quien de ellos se vale», u objetivamente, buscando una imagen en la antigüedad, la existencia en Roma de un templo consagrado a Apolo, durante la época del César, sobre el monte Palatino, al que los poetas dedicaban sus versos, comparación que aprovecha para calmar al mecenas de loores y alabanzas. Tenemos también conocimientos de que D.' Isabel era amiga 18. Parece que no fue hijo de Jacflbo Belmontc, uno de los fundadores de la Beth Jacob, que en su poema Jacob, canta en cien octavas los sufrimientos de los judíos en Espaüa. Vid. E. J. C. t, n, pág. 132, Kayserling da esta afirmación señalando que no hay mención alguna de él en los regístros de la comunidad portuguc::.a de Amsterdam. 19. En la Biblioteca Nacional de Madrid, Ms. ce. 50 msc. 899 y 900 se consenrn su correspondencia con el gobjerno español, durante los años 1667 hasta 1691. 20. Kayserling ('n ]cll'lsll Quar!. Rcview, XII p, 712, Da Costa, Israel en de Volkcl1 2. 11 cd., p. 237. Kayserling, Seplwrdim, p. 291 Y BiN. Esp. Port. p. 27, 191 DO&:\ ISJ\13EL DE CORHJ:::t"J TRADt'C1ÚH.l\ y POH1SA bCFARDÍ 1 í9 del poeta Daniel Leví de Barrios 21 , que inserta en el comienzo de su gran colección de poesías el Coro de las Musas, las acostumbradas poesías laudatorias, que imponía la moda de la época. Entre estas encontramos las de D. Nicolás de Ollíver y su esposa, unidas a otras alabanzas de conocidos poetas judaizantes como MaEuel de Pinto, D. Juan de Feria, Antonio del Castillo, etc. Intercala también en esta obra un soneto castellano, traducción de un anagrama latino del erudito D. Nicolás de Oliver, dedicado a D. Francisco de Mela, a quien va dirigida la obra. D.' Isabel, rodeada de este clima cultural que llevaban consigo amigos y familiares, es indudable que había alcanzado una profunda formación li· teraria, puesta de manifiesto ante todo en sus logros lingüísticos, por lo que se ha dicho que comprendió casi todos los idiomas de Europa. Extendiendo este conocimiento a las lenguas muertas, por las que, según parece, sentía especial predilección. Sen·ano y Sal17. afirma que sabía la lengua griega, latina, francesa, italiana y casteFana, más sobre todo entendía de maravilla a los autores clásicos. Nada se nos ha dicho de sus conocimientos del hebreo, la lengua de sus antepasados; pero las nnmerosas citas que hace de la Sagrada Escritura denotan al menos su amplia formación bíblica. Sabemos que pertenecía a la Academia de los Floridos, fundada el 1685 y presidida por Isaac Orabio de Castro, de la que también eran miembros Barrios y su hijo. Es evidente que tenía afición a la Historia Antigua y sus conocimientos de Mitología le suministraron copiosos materiales para sus poesías. Como ejemplo podemos citar la larga lista de mujeres famosas que le precedieron. Sus huellas "le ofrecen ardien- ¡isimo estímulo» (Prólogo); «Respondan testigos de esta verdad las celebradas P.raba Falconía y Eudoxia en sus Cantores, siendo admiradas por los doctos en sus poemas. "La memorable Temistoclea, hermana de Pitigoras en su OpúsLulo doctísimo. La plausible Diotima en la pluma de Sócrates. La famosa Comelia, etc., etc. En el prólogo repite D." Isabel unas sentencias de Escuderi, que parece conocía de lnenlOria, A lo largo de estas páginas toda su erudición se va confirmando más y más. No desperdicia mo21. Cfr. Jerónimo Rubio, Notas sobre la vida y obras del capitán Mi~ guel de Barrios, MrscEL;"NF,\ EST. ARAB. y HEBRAICOS 1956, págs. 199-224. 126 e, CABEZAS ALGUACIL (16) mente, los míos deben como tributarios a su esclarecido titulo acoger:)c a la inmunídad de tan decantado asilo: Habiendo pues este experimentado el gracioso recibimiento, que esperaba sin temer Zoilos, ni detractores, ni de" sear el escudo de Milciades, para su defensa, sale tercera vez al teatro del mundo, ostentando a todas luces el agrado y patrocinio de V. S. cuya vida guarde Dios muchos y felices años. Amberes 15 de noviembre de 1693. Servidora de V. S. que Su mano besa D,a Isabel Correa PROLOGO AL BENIGNO LECTOR Tomo la pluma, aunque de poco tomo en mano de mujer, confieso ingenuamente, que entre la intención, y determinaciones fluctúe procelosos mares, y naufrague tormentosos Caribes; aquellos de }ustísimos receJos, estos ele temidos detractores; unos despiertan la sentenciosa voz del Sapientísimo Rey, diciendo «en mil hombres hallé uno con ciencia, y entre todas las mujeres ninguna encontré con ell~-t>'. Otros fomentan la siempre irascible Aglml~ ros, de quien cuenta Ovidio se alimenta de venenosas serpientes; los primeros, cortan el Zéfiro a mi cálamo, para impedirle su elevación, los segundos acobardan mí impulso en la pretendida empresa, para que no llegue a la meta deseada. De suerte que por entrambas partes parezco errante navecilla, cüm"" batida de encontrados vientos. Aquí hiciera curso según el discurso pretende echar áncoras temerosos al suyo comenzado; pero, como suele en instantáneo momento conmutarse la más desesperada tormenta en dulce, y tranquila bonanza, despejado el cielo de condensadas nubes, el aire de horrísonos uramidos, )' el mar de empolladas olas, Q la interpectiv3 v¡st~t de los dos lucientes hermanos, tal le sucedió a mi contrastado espíritu, disolviendo las premeditadas dudas, los contingentes recelos y los cínicos temores al momentáneo punto que se vio Iluminado elel siempre inspiran te Apolo, y co· mo herida de Jos primitivos rayos desde la estatua de 1\·1enón deseaba al viento armónicas consonancias; así tocado de su influencia mi compuesto Numen alterna conceptuosas cadendas; a esta últimas parece que me dice tBc-né\'o!') Lector) que como mujer que pica en dIscreta, soy jactanciosa con punta de Bachillera; a lo qUe n::sponclo sinceramente que en lo primel'O nunca despunté, en Jo segundo no he dado puntada y en lo tercero ja~ más hice punta; 2ntes protesto humildemente, (conociendo mi insuftcicncia) que de cuantas desearon saber y supieron soy la que menos sabe, aunque b que más desea saber. Decoroso estímulo, que ardientísÍmo me inflama, a que siga por la literaria palestra las siempre vertiginosas huelbs de tantas, que con incansables recursos ganaron de las manos del aplauso el Vic- fl7J DOÑA ISM¡EL PE enRm:,\, TRI\Dl'CTOI~'\ y POETISA SEFARDÍ 127 torioso Patio de las letras. Re:;polldall testigos de esta verdad las celebradas Praba Fa1conia; y Eudoxia en sus Centones, siendo admiradas de los doctos en aquellos Poemas; tanto que de la primera dice Lanctancio Fir~ mi3.no, que no pudo obrarlo sin particular asistencia del espíritu soberano. La memorable Temistoclea, hermana de Pitágoras, en el Opúsculo doctÍsimo que escribió de varias sentencias. La plausible Diotima en la pluma de Sócrates, venerada por eminente; la famosa Cornelía mujer de Africa~ no, en las Epistolas familiares que dictó con suma Elocuencia. La discretísima Aspano en las muchas lecciones de Opinión, que hizo en las Academias. La decantada Argentina, mujer del poeta Lucano, en tantos versos que metríficó con primoroso aseo de forma conceptuosa, que juzgaron por hechos en la turquesa de su dignísimo esposo. La victoria da Zenovia en el Epítome que escribió de historia oriental. La Excelentú{Ima Duquesa de Aveíro, que hoy vive y viva muchos años para ser heroico timbre del Bexo: en el que está componiendo de la China, y otras ínfintas tanto veteranas, cuanto modernas en sus memorables escritos, Ceso en el epílogo y asi mismo en sus loores porque no suene a pasión particular, lo que es mero discante de tan merecidos elogios. Ya oigo que me dices entre dientes, (sin mostrármelos, no porque no los tengas, ~lunque todo puede ser, sino por tu afable benignidad), Válgate Dios, mujer, en qué ha de parar tanta antidpada precaución, tanto tempestuoso concepto, y tanta encadenada erudición; cuando has de ser como la tierra, estremecerse y parir un ratón. Lector amigo, de tierra soy hecha, y cuando le imitare no degeneraré como í'.Jguno de sus padres, pero por dar alguna satisfación a tu curiosa deman~ da, te responderé metódicamente; tres motivos consitaron del beleñoso lelargo en que Y8.cia mi casi sepultado ingenio, el primero virtuosamente ú¡ll, pues como aconseja Escuderi en las reflexlones, que hace en su libro de las Mujeres Ilustres, debe toda la que lo es, o aspira a serlo, por bcnc~ mérita adquisición, examinar todo el Piélago de sus fuerzas, y ver hasta que punto son capaces de la sonda del discurso, buscando entre las profundas aguas del estudio (infatigables buzanos) para enriquecerse la prec.losísin1Zl margarita de la Sabiduría; pues pondera ella misma de sí en los Divinos Cantares, que no hay oro ni perlas que la igualen, El segundo su~ mamentc honesto, cuando no anima otro ali.ento que el de adquirir el que. b Fama respira, por cuyo dilatado espacio se derrama en inmortales hechos, c1 nombre de quien busca en el suyo su renombre, porque, como Tulio es' cribe en la primera Tusculana, la honra cría las artes, y todos nos ülcitamos al estudio por codicia de la Gloria. El tercero, y último hermosamente deleitable, si:~ndo en las más laboriosas tareas de cualquier ministerio el escribir lo que dictan las musas con graciosisimo alivio, y sabroso entrete~ nimiento. Crédito de estas ra:wnes el campeón Julio Cesar, de quien reci~ 1an varios autores, que descansaba en lo suave y métrico del calámo lo robusto y penoso de las armas, babiéndose pues algunas veces suministrado el precipitado terno el tiempo para la meditación, la ocasión para el aplauso, y la ventura para el logro, cambiándome lo enfadoso de la aguja por lo recreable de la pluma; no me negó al presente sus auxiliares socorros. El Postor Pido, poema singular ele Bautista Guz:rino, de quien dcscri~ 118 C. CABEZAS ALGUACIL [1 [1] be Manuel de Faria y Souza en su Fuenlc de Aganipe este encomiástico período, fue,dice este celebérrimo ingenio, el que Íl!VO más dicha en sus Silvas, composición en que le quiso ser émulo al gran Taso con su Aminta, y aunque la imita, a veces le traslada, y merece estimación, le queda atrás por mucho espacio, ni hay que admirar, porque Guarino parece que nació para aquel poema, en que nunca será vencido, y puede ser que ni iguaJado. Hasta aquí Sousa. Habiéndolo, en fin, leído con atención y agrado, tanto en su primer idioma italiano, cuanto en la versión francesa, enamorada de sus elegantes episodios, discretas alusiones, conceptuosas sentencias y amantísimos afectos, encendió en los míos su gallarda dispo- ~!ción, el ardientísimo deseo de traducirlo en el nuestro castellano, y aunque Cristóbal Suárez de Figueroa se adelantó en el intento, y 10 consiguió, no por eso desmayé en la trabajosa empresa; an tes me puso espuelas a la ejecución el ver estaba con muchas quiebras de valor, por carecer de 10 dulce y grave deI ritmo, esmalte que tuvo por imposible dar a su lraducción este autor, y que yo le di a la mía, venciéndola con metrificadas cadencias, lisonja que atrae al más insípido oído; y porque no te canse, gratisimo lector, lo que acontece a quien come siempre de un repetidO manjar aunque sea exquisito, procuraré p-óvida imitar ]0 que hace un banquete espléndido y gustoso, que es lo sabroso de las carnes, lo de· licado de las aves, lo apetitoso de lo salado, lo agrio de los inccntl\'os, lo regalado de lo dulce y lo agradable de las frutas. De la misma forma soli· cité en esta mí obra, que no te engendrase enojoso fastidio lo continuo de un género de verso, ofreciéndote liberal y graciosa para que piques el gusto con la diversidad, 10 heroico de la octava, lo grave de la décima, lo agudo de la quil1tilla, lo Jibre del romance, lo alternado de la HCcllciosa silva, y Jo entretegido de otros metros, creo no dejan'i de agradarte su hermosa diversión, atendiendo al proverbio toscano, que dice: per troppu variar natura e bella; pcrrnítame la osadía, sin que me r111a la modestia, el que me atreva a decir que excedo el original en parte, (si no me engaña el serlo en juicio propio) por haberlo ilustrado con algunas reflexiones que me ocurrían al propósito y asimismo por Jo que intima QuintHiano, en 10 que afirma ser de limitado ingenio, no saber decir más de lo que otros dijeron, van notadas a la margen con una estrella, cuyo influjo se difunde Jlasta que termina en dos paralelas ra~vas, tambiép. advierto que de veintidós hechos que tiene el original, versó la tradu~ción francesa ül~Cet Y la de CóstóbaI Suárez de Figueroa diez y ocho. Yo la exprese todos completos. El orden que observé en la propuesta traducción, es la que síguieron los que la hicieron QucnÍsimas sujetas a rima ele Ovidio y Estacio en italiano; aquélla por Anquilara; ésta por Jerónimo Balbazoni, yendo ceñidas al concepto: a las palabras, pues no tuvieran In felicidad que lograron si fueran atadas (1 Jos originales, siendo propiameh11e ilustraciones, que van por donde quieren y no pisando los vestigios que estamparon sus dueños. Conozco que es exponerme a la crítica y censura de tantos, que unos por hallar en que otros por sus caminos naturales morderán la obra, aunque ya puede ser, que aunque la juzguen insensible, por insensa ta rompa en ella cual en piedra dura los afilados colmillos de su mali- [19' DOÑ:'\ rSABEL DE CORRE.-\, TR¡\DLCTORA y rOETTS.\ SEfARDí 129 da, pero paciencia, muerdan ya que no tuve dicha de nacer en los Psilos, que en Lidia, segün antiguos monumentos, tienen privilegios de no ser in .. fectados de crueles denfelladas de jndómit.% bestic.5, aunque bien puede t.er me dispense la jnmunjdad del nobilísimo Sex.o femenIDo, de :.us \'Cl'ífc" ros diente!l. En fin, :'.m está echada hi suerte, salga, ruede el mundo. Pastor (!S, lo robusto del ministerio le servirá para que pueda n::~ístir a !as jnclemolcias del siglo. No le acobarde el \'erse disfrazado con vestido tan tljeno del :'>uyo e.atura!, que, si 110 le forma gentil, lo njustado de éste, a lo menos le ilus~ tra; aunque no tan ceílido lo pomposo del quC' ostenta siempre un pere~ grino, aunque 10 tengón pUl" bárbaro, mereció la primera vista llevándose la atención cuando no por lo hermoso del adorno, por lo peregrino del traje. En efecto, amigo lector, terccnJ. Yr.:Z sale al mundo metamorfeado el Pastor Fido, confío (aunque me gradlw de necia la misma confianza) que le servirá de tercera discrda para granjearle el general agrado. Si t:s1.o logra de ti, como espero, me alentaré a darte por mano de la Imprenta obras propias de diferentes asuntos, donde tu halles tu gusto y yo mi provecho. Vale. Ingenua confesió11 de la autora en la uadllcción del Pastor Fido SONETO Como deben al SOL los esplendores Los que a]Ulnbran a TELL1jS por la esfera, Como deben a EOLO su carrera Músicos ramilletes de colores; Como a SlBlUS debe sus verdores, La vegetable turba lisonjera; Como a TETTS, la vida pI8centera, Deben sin respirar sus moradores, TaJ el que alterno nUD1croso c.'\~rro, Al modularlo PLECTRO GASTALlNO, Cambiando en nupcial rifa el mortal LL,\C;TO sin alterar su ASUNTO peregrino, Aunque es mía la voz de Aliento tanto, Deben sus locuciones a GUARIKO,