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Averroes (1126-1198) y Maimónides (1135-1204), dos glorias de Córdoba. (Paralelo)

Gonzalo Maeso, David

Abstract

Comunicación leída en las VI Sesiones de Cultura hispanomusulmana, octubre de 1967, en Córdoba.

Full text

COMUNICACIONES Y CONFERENCIAS AVERR,oES (1126-1198) Y MAIMONIDES (1135-1204), DOS GLORIAS DE CORDOBA (Paralelo)* SUMARIO 1. IPreámbulo.~ II. !Paralelo enumerativo.- nI. l\verroes: esbozo biográfico.- IV. Maimónides: id. id.- V. Consi· deraciones paraleIisticas entre Averroes y Maimónides, sus escritos )' doctrinas.- VI. Averroes Ji averroísmo entre los judíos.- VII. Maimónides y maimonidismo ,en el Islam.~ VIII. Conclusión l. PREÁMBULO HONRA y blasón de los pueblos y naciones, al par que gloria perdurable de la humanidad, son los grandes hombres, esas figuras esclarecidas que, como astros refulgentes, iluminan periódicamente el cielo de la Historia, y a veces también concurren dentro de una misma época en animada competencia o ejemplar solidaridad, dejando tras de sí una estela radiante de superioridad y excelsitud. Pero entre esa gran falange de varones conspicuos, los viros gloriosos que cantó Ben Sirá (EccIo. 44\ LXX Y Vulg.) y cuantos rememora la Historia universal, merecen especial y aun diría yo exclusiva admiración y gratitud los que fueron al mismo tiempo "hombres de bien" Canse 1;esed, según el TH original de esa Cita), aureolados con el nimbo de la fama por la luz bienhechora, los raudales de verdad y sabiduría, la nobleza de carácter o el heroísmo de su conducta *, Comunicación leída en las VI Sesicmes de Cultura hispancnnusulma,na, octl.l,bre de 1967. en Córdoba. DA VID GONZALO MARSO [2] que irradiaron pata bien de sus contemporáneos y de las gene~ raciones posteriores. De dos personajes, verdaderamente grandes y benéficos, de esa categoría, quiero hablaros, o más bien encarecer sus méritos y desplegar sus excelencias en sugestivo parangón, para mejor aquilatar su valía y su prosapia espiritual. La infinita sabiduría y omnipotencia de Dios, que tan generosamente prodiga sus dones y gracias a los hombres, muestra una variedad inexhausta de creaciones en todos los reinos de la naturaleza, particularmente en el más noble, la humanidad. Es raro, por consiguiente -mejor diríamos imposible-, que se repitan idénticamente dos ejemplares, como tampoco hay ni siquiera dos hojas iguales en los árboles. Muy distintos fueron, sin negar sus afinidades, Homero y Virgilio, Píndaro y Horado, Tucídides y Salustio o Tácito, Alejandro Magno y César, Demóstenes y Cicerón, Carlomagno y Abderramán III.Pero cuando, como en el caso que nos ocupa, se presentan en ambientes claramente diferenciados por múltiples aspectos, aunque con fuertes sedimentos comunes, unos ancestrales, otros más recientes, dos personajes coincidentes en cualidades personales, talentos variados, actividades, profesión, circunstancias de sus vidas, formación intelectual, directrices mentales en las ciencias humanas y divinas, nuestra admiración, avezada a las diferencias, sube de punto ante el espectáculo grandioso y encantador de tantas y tan sugestivas concordancias en latitudes tan distantes y coyunturas tan dispares. Dentro de la línea de uno de mis cotidianos que;haceres en el campo de la investigación universitaria, cual es la relativa a las cuantiosas relaciones e importantes conexiones de la literatura hispanojudía con la hispanoárabe, que forman, ambas a dos el vasto complejo de la literatura hispano-judeo-árabe, espléndidO florón de nuestra ~ultura medieval, y precisamente en el deleitoso campo, est,a vez, de la gran urbe cordobesa, que nuevamente nos acoge con hidalga generosidad en estas VI Sesiones de Cultura hispanomusulmana, qUiero ofrecer a vuestra admiración las dos figuras tan conocidas y famosas, primerísimas e,n más de un aspecto, en la España islámica y judía, y tan similares por su genio filosófico-teolÓgiCO, profesión y dtversi- A~ERROES' y MAIMÓNlDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA dad de escritos, dos glorias inmarcesibles de Córdoba: A verroes y Maimónídes. y quiero presentarlas en honorífico paralelo, que sea además, por imperativo de la realidad, amistoso parangón, lejos •. por tanto, de esas comparaciones comúnmente reputadas como. oditosas. Notaremos, además, que en todo cotejo paralelístico hay que - resaltar las analogías y marcar asimismo las diferencias, con dos factores resultantes de toda comparación. Hay una cuestión previa, que importa plantear, ya que sería :improcedente resolverla de modo apriorístico; preferible es fluya de por sí la solución, al menos hipotética, tras la exposición de hechos y premisas. Tratándose de dos coetáneos -como, unilateralmente, en los demás casos-, ante las similitudes ideológicas en las producciones del ingenio humano, surge espontáneamente el interrogante de posibles influencias, de una u otra parte, o bien recíprocas. En nuestro caso, no ha dejado de sugerirse, y aun de afirmarse, la interdependencia de ambos genios, o, como más probable, el pOSible influjo de Averroes sobre Maímónides l. Veamos los varios puntos de vista. El talmudista e historiador David Conforte (naCido en Salónica, 1617, y muerto en Constantinopla, 1690) en su Qoré 00dorót, afirma sencillamente que Maimónides fue discípulo de dos hombres eminentes: R. Yosef ibn MigáS, gloria de la Academia de Lucena, que le instruyó en el Talmud, y A verroes, que le enseñó filosofía. Tal aseveración suele rechazarse como ,errónea alegando que Maimónides era todavía niño cuando murió el primero (1141), y muy entrado en años cuando llegaron a su noticia los escritos de Ibn RuSd (1190, vid. infra). GonzálezPalencia ,en su "Historia de la literatura arábigoespañola" (p. 228) quizá se exceda al afirmar paladinamente que "Maimónides, siguiendo las hueu'as del filósofo musulmán, trató de conciliar el peripatetismo con la religión mosaica". Por nuestra parte sugerimos que pudieron conocerse en Cór1 Brevemente tocamos esta cuestión, encuadrada en un marco más amplio" en nuestra comunicación presentada en as 1 Sesiones de Cultura hispanomusulmana celebradas en Granada (1962): "Los árabes. maestros de los ¡judíos en la España medieval». Vid. en Revista del Instituto de Estudios Islámicos en Madrid, vol. xn,xn~' (I963-64h pp" 16 9179. DAVID GONZALO MAESO dOba, de donde Maimónides emigró a los 13 años, o incluso des·- pués, en el constante peregrinar de éste, como criptojudío, de ciudad en ciudad, hasta los 25, en que abandonó para siempre la Península (1160). Por 10 menos es muy verosímil, dado su extraordinario amor a la ciencia y la actividad intelectual de que ya había 'dado pruebas, a pesar de las adversas circunstancias en que se veía envuelto, llegaran a su noticia los escritos del filósofo musulmán, bien en España o durante el quinquenio de su permanencia en Marruecos. En 1165 A verroes, ya cuarenteno, había pUblicado varias e importantes obras científicas y filosóficas y gozaba de prestigiosa fama entre las personas ilustradas. El rabino alemán, Dr. A. Loewenthal, autor del razonado artículo que a Averroes dedica TheJewish Encyclopedia (VoL II), afirma, quizá con alguna parcialidad hacia su correligionario o porque así lo creyera honradamente, que las relaciones científicas entre Maimónides y Averroes no han sido correctamente interpretadas, puesto que, a su juicio -que, por lo demás, es opinión bastante generalizada, sobre todo entre los judíos-, ni Maimónides puede ser considerado como auténtico discípulo de Averroes, ni menos aún éste, diSCípulo de aquél. La razón en 'que se sustenta ese criterio es la suposición de que los escritos de A verroes no llegaron a conocimiento de Maimónides hasta -el año 1190, demasiado tarde, por consiguiente -ya en el sexto decenio de su vida-, para que pudieran influir en su formadón intelectual o incluso en la composición de sus obras. Menos aún cabría admitir, sentado ese supúesto, la influencia inversa, es decir de las obras o el pensamiento maimonidiano en ¡el filósofo musulmán, dado que las circunstancias políticas del judaísmo lespañol cambiaron radicalmente al advenimiento de los almohades a la Península, quedando despobladas las aljamas andaluzas. En aquella Córdoba de la segunda mitad del siglo XII. dominada por los almohades, probablemente ni s\ería conocido (por suerte suya) aquel cordobés, fugitivo de ciudad en ciudad con toda su familia y genial polígrafO, a quien un hado misterioso arrancó de un polo del Islam para qUe floreciera en otro, asentándolo en Egipto, donde llegaría a ser médico de la corte y componer obras maravillosas, tan múltiples como variadas. AHi:RROES y MAIMÓNlDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA Como quiera que sea, yo diría que entre Averroes y Maimónides hay algo superior a esas relaciones intelectuales o artísticas, generalmen~e tan beneficiosas, entre maestros y discípulos, y fu.e la c'oincidencia mental y actitud espiritual en puntos básicos die la Filosofía y la Teología. En algún sentido y proporción pudiera atribuirse tal similitud de complexión intelectual a que ambos próceres del pensamiento eran heriederos del saber científico bisecular atesorado en la dar al-culüm cordobesa. Se ha pensado incluso -por lo que en otros casos ha ocu·- rfiooen algún autor o precedente desconocidos; pero, a nuestro juicio, parece más lógico atribuirlo, en parte no exigua, a las enseñanzas que uno y otro, con diferencia de pocos años. bebieron en la fuente viva de las Academias cordobesas en los decenios centrales del s. XII, lentre 1140 y 1160. Ni las luchas intestinas que ensangrentaron los últimos años del Califato, ni las a veces turbulentas vicisitudes de los l1einos de Taifas, ni la dominación de los pueblos africanos, almorávides y almohades, que se asentaron sobre aquellas imponentes ruinas, pudieron aventar los fuertes sedimentos culturales y artísticos de las épocas anteriores. No son raros len la Historia los casos de ciudades de alta cultura que han superado felizmente crisis semejantes y han salvado los restos brillantes dje precedentes siglos de esplendor. Si Averroes pudo beneficiarse con más tranquilidad de esos estratos culturalles, Maimónides, al emigrar de la Península (circ. 1160), tras varios años de criptojudaismo, primero a Marruecos, donde siguió en semejante actitud, luego a Orjen~e y por fin a Egipto, pudo decir: Omnia mea meC1.lm porto, pues llevaba ya una completa formación intelectual e incluso cultural y varias obras terminadas o en curso de elaboración. ijero, sobre todo, la aportación de esos dos grandes polígrafos fue el fruto maduro de dos inteligencias próceras, con las que debie relacionarse -aparte del famosísimo AVieena, en el terreno filosófico y médicouna tercera, posterior en un siglo, en el orden filosófico-teológico, Tomás de Aquino, que tanto se benefició de las doctrinas de aquéllos. Estas tres mentalidades cumbres tuvieron como meta de sus lucubraciones el noble afán die armonizar la fe y la razón, las creencias religiosas y la ciencia humana. 144 DAVID GONZALO MAESO [61 II. PARALELO BIOGRÁFICO Y PE.RSONAL Toda una cadena de circunstancias, analogías, concomitancias y coincidencias favorecen y destacan el paralelo que deseo esbozar ¡entre Averroes y Maimónides. Señalemos primeramente, en vuelo rápido, las más visibles, grandes y pequeñas, de gran alcance unas, de menor escala otras, dle carácter biográfico, personal y familiar. Ambos son cordobeses de nacimiento y educación intelectual, y murieron len Africa, occidental el uno, oriental el otro, lejos de su ciudad natal y tal vez añorándola, al lado de poderosos sultanes amigos. Fueron coetáneos, de familia de jurisconsultos, y dotados de talento extraordinario, abierto a todos los esplendores de la vlerdad. Médicos de profesión, que forma, con el magisterio y el sacerdocio, la más noble tríada de las actividades humanas; médicos die reyes, del cuerpo y del ama, puesto que fueron a la vez consejeros reales. AverrQles, de ilustre linaje de juristas, desempeñó el cargo de cadí en Sevilla y Córdoba, y compuso al menos un tratado de Derecho malequí; el padre y primer maestro de Maimónides lera daY'!Ján ("juez") de la comunidad cordobesa y prestigioso talmudista, dos aspectos estrechamente relacionados entre sí, que confieren la ejecutoria de ac~editado jurista; el Derecho judaico, al que el gran pOlígrafo levantó un monumento aere perennius con su Misné h Tora\ apartle de otras varias obras de gran envergadura, tenía en la familia amplia solera. Uno y otro, fecundos escritores y polígrafos eminentes, enamorados de la Ciencia pura y cultivadm;íes de la Ciencia práctica, casi refractarios, por lo mismo -pese a las excepcionesa los ensueños poéticos; filósofos de encumbradas concepciones y teólogos ansiosos de elevar las altas lucubraciones de la razón humana hasta los pies del trono de Dios. Ambos escribieron. y, por lo tanto, pensaron, en la dúctil y opulenta lengua árabe, con alguna salvedad en la abigarrada producción maimonidia-: na, y fueron, por natural inclinación y afinidad mlental, no por imperativo de escuela, adeptos a las doctrinas del más excelso y rigurosamente racional de los filósofos griegos, hasta el ¡extremo de,que se les podría otorgar, y de hecho más o menos literalmente así se ha proclamado, el título, respectivamente, [7] A\ERROES y MAIMÓNIDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA de "el Aristóteles del Islam" y '~Iel Aristóteles judío", de los siglos medievales, y aun de los posteriores. Ambos fueron entusiastas y admiradores, ;estudiosos seguidores y comentaristas del celebérrimo médico y filósofo persa Avicena (980-1037), siglo y medio anterior a enos, autor de numerosas obras científicas, médicas, filosóficas y fiel intérprete die la sabiduría aristotélica. Lo mismo A venoes que Maimónides mostraron una decidida oposición a los mutakal-limiln o adeptos al kaZam, el escolasticismo musulmán y judío, "malos defensores die la religión y malos filósofos", dice M. Pelayo, sobre todo respecto a la teoria de los átomos y la inexistencia de ley)es naturales. Tanto el musulmán como el judío, aunque en diversa forma, fueron tildados de excesiva y peligrosament1e racionalistas, y por ello sufrieron, el uno en vida, el otro después de muerto, la sañuda y tenaz persecución de sus correligionarios ultrarreligiosos, fueron estigmatizados con la nota de "herejes excomulgados", y quemadas públicamente sus obras. Pero, afortunadamente, pudo más ,que 'ese fuego virulento el amor y la admiración de otros amplios sectores, y esas obras no perecieron. Los dos han ejercido positiva influencia en la Filosofía y, de rechazo, en la Teología del cristianismo, de los dos se ocupó y los cita en sus escritos el doctor Angélico, cuyos precursores fueron :en la noble empresa, tan necesaria entonces como hoy, a ocho siglos de distancia, de armonizar plenament'e lacieno>ia humana con la divina, misión la más alta a que puede aspirar un sabio. Coinciden igualmente en el espíritu observador de la naturaleza, cualidad esencial en todo médico -ambos fueron insignes en esa profesión-, según puso de relie~e, por lo que a A verroes se refiere, el P. Manuel Alonso en documentado ¡estudio publicado en Al-Andalu8 (V, 1940, pp. 215-230: "Averroes, observador de la naturaleza"), y s,e desprende claramente de la lectura de sus obras, 10 propio que ocurre en las de Maimónides, fiel reflejo de la mirada intuitiva y espíritu inquisitivo de su autor. Sin duda uno y otro, a fuer de prestigiosos médicos, tendrían un estupendo "ojo clínico". En cuanto al sentimiento patrio de los dos ilustres exilados de Córdoba, en circunstancias diferentes, pero en algún mOdo coincid,:entes -la intransigencia almohade-, de A verroes escribe el citado articulista: "Apasionado de su patria, prodiga en sus obras elogios de AI-Andalus DAVID GONZALO MAESO [8] yel cariño que sentía por Córdoba, cabeza del Islam español y ciudad que mereció su cuna" (ibid. 217), Y del judío consta, a pesar del amargo recuerdo de su emigración y penalidades que la precedieron y subsiguieron, que encontrándose rodeado de honores, dignidades y bienestar en su nueva patria, Egipto, siempre tuvo a gala llamarse y firmar "el sefardí", prueba inequívoca del no extinguido amor a su patria natal. En el señorial recinto actual de esta ilustre urbe, cuna de las dos celebridades a que nos reflerimos, todavía podemos señalar otros paralelos curiosos y edificantes: ambos son rememorados en los· fastos cordobeses con análoga admiración y Simpatía; tienen su gallarda efigie; cual vigilante símbolo para el nativo y forastero; su memoria perdura en el abigarrado nomenclator histórico de las calles, en los anales y centenarias l'Iecordaciones de la ciudad y es vívido acicate para los más generosos anhelos de superación cultural. Finalmente, i curiosa aunque explicable coincidencia!, la filatelia nacional quiSO unir también recientemente a estos dos ínclitos personajes en dos emisiones recientes, como prueba del honor rendido a su inolvidable y señera grandeza. Pero ahondemos algo más en las bases. científicas de este paralelO centrando primeramente nuestra atención en cada uno, mediante un sucinto bosquejo biográfico, a fin de resaltar segUidamente sus mutuas afinidades y conexiones. Y advertimos, ante todo, que el parangón de los dos egregios personajes que nos ocupan no se limita a sus dotes y circunstancias personales, de pasmosa coincidencia, como se ha podido observar; nuesrto ángulo de visión abarca otros aspectos más importantes, cuales son el paralelismo doctrinal y hasta bibliográfico, y las irradiaciones de uno y otro en el campo opusto, como también en ámbitos más dispares. IIl. A VER ROES ; ESBOZO BIOGRÁFICO Abü-l-WalId Muhammad ¡bn Ahmad Ibn RuSd, Averroes entre los escolásticos y en el mundo europeo, por corrupción fonética de este último nombre, nació en Córdoba (1126) Y murió en Marrakus (1198); vivió, por tanto, 72 años. Procedía de . A"iERROES y MAIMÓNIDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA 147 linajuda familia de jurisconsultos cordobeses y estudió Derecho islámico y también Medicina en las academias de la antigua corte califal. Sus primeros escritos versaron asimismo sobr~ estas dos ramas, pero debió de aficionarse pronto a los estudios filosóficos, que habían de constituir su actividad primordial ducante el resto de su vida. Aunque no consta publicara obra algu:" na filosófica antes de 1162, algunos datos y anécdotas, tan del gusto árabe, demuestran ya por entonces su competencia en filosofía y precisamente en su parte más abstrusa cual es la Metafísica. Fue presentado por el filósofo Ibn Tufayl (1110-1186) al califa almohade Abfi Yacaqub 2, no ajeno a la filosofía, que gustaba rodearse de sabios, el cual le sugirió, por mediación de dicho filósofo introductor, conocido en el mundo erudito por la única obra que de él seconserva, lJayy ben Yaq?iin (o Secretos de la filosofía iluminativa, popularizado con el título del traductor al latin, Philosophus autodlidactu8, 1671, P:ococke), la idea de comentar a Aristóteles, que ya era conocido entre los musulmanes hacía más de un siglo por las obras del turco AIFarabi (m. en 950), ,el primero, crpnológicamente, entre los laliisija aristotélicos y, sobre todo, por los escritos de Avicena (980-1037), el celebérrimo filósofo y médico persa antes citado. Desempeñó el cargo de cadí en Sevilla y posteriormente en la 2 Para mejor situar sucesos. "1 fechas, recordaremos que Abii Yacaqu¡b V,üsuf era hijo y sucesor de cAbd al-Mu'min (II29-u62), el cual había sucedido a I>bn Tumart al-Mahdi, fundador de los almohades (II22-II29), los al-muwabJ:¡idün (se. los que profesan el tawJ;¡id o (<unicídad de Alá!»). Su exacerhado sentimiento religioso los lanzó a la ludia contra los no creyenlt,es, loo antropomof,fistas y, sobre todo, contra los 11morávides. acusados de corrupción, a los que expulsaron de la Península. El imperio almohade duró en España un siglo y en Africa <.Siglo y medio (1122-1268). Caracterizóse. sobre todo en su primera época, por su en.carnizada persecución -el «azote» le llaman Jos cronistas he~ breos-, allende "1 aquende el Estrecho, contra los judíos "1 cristianos (mozárabes), a los que pusieron en tr<.nce de apostasí", muerte o fuga. Las aLjamas hebreas de Andalucia quedaron despd,bladas "1 gran número de sus moradores buscaron asilo en los reinos cristianos del Norte, con lo cual se inauguró una nueva era en los fastos del judaísmo español. No pocos intentaron un8 convivenci~ con los nuevos invasores, penosa y difícil d la larga, aparentando 'su adhesión al llSlam, pero continuando de corazón "1 en el sagrado del hogar familiar adictos d la ley mosaica. Entre estos criptojudíos 'figuró hasta 1160 en Esp:tña. "1 1 r65 en Fez la familia de Maimónides. Su resistenCia a abandonar la' Península demuestra el gran amor "1 apego que sentían hacía Sefarad; pero .el mortal peligro que los é·cechaba hubo de sobreponerse. 154 DAVID GONZALO MAESO [161 (tratado de Derecho malequí: edito en El Cairo a fines del primer cuarto del siglo). Maimónides, hijo de un dayyan, "juez", de la comunidad,_ que por su profesión y vocación ha de ser necesariamente jurisperito, hubo de sentir desde la infancia ese ambiente familiar, y nevó a cabo con su Misne h Torah, llamado "Código de Maimónides", su opus magnum en el campo del Derecho judaico, una verdadera reconstrucción, sistemática y ordenada del Talmud, el gran Digesto judaiCO en la Diáspora. La codificación de Maimónides se impuso por su autoridad a todas las que anteriormente habían realizado otros talmudistas judíos, y vino a ser la gran fuente de inspiración de los posteriores. e) Obras de Medicina Numerosas son las obras de Medicina cQmpuestas por A venoes, como son: la titulada Kul· liyat, "Generalidad",el ColUget de los escolásticos que es un tratado completo del arte· médica, y otros de tipo monográfico sobre enfermedades diversas. Maimónides igualmente escribió gran cantidad de tratados sobre los temas médicos más variados, g'enerales o particulares, de tal .mérito que bastarían por sí solos para granjearle la inmortalidad, todos ellos en árabe, tales como PirqéMoSé ("Capítulos", Aforismos médicos del autor), obra que abarca en 25 capítulos todo el campo de la Medicina y es como complemento de su Perus al pirqe Abukrat ("Comentario a los aforismos de Hipócrates"), el Régimen de salud, Libro del as·ma, Tratado de los venenos y sus· antídotos, Composición de los medicamentos, etc., etc. El libro II del Kul ·liyyat contiene una enu-. meración alfabética de medicinas, con la descripción y efectos de cada una. Ambos yatrólogos comentaron a Galeno: Averroes, eligiendO varias obras de éste, y Maimónides, en su Compendio o Comentario de los 16 libros del famoso médico griego. Por su parte, A verroes también se ocupó de la Arfjuza de A vicena, cuyas obras médicas y filosóficas fueron una de las fuenteS prinCipales del polígrafo judío. Señalaremos, por fin, otra coincidencia, y es que uno y otro tuvieron un hijo que ejerció tambIén la Medicina; el de Maimónides fue sucesor de su padre en· el medicato de palacio. A\ERROES y MAlMÓNlDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA 155Recapitulemos diciendo que tanto Averroes como Maimónides fueron dos auténticos y eminentes polígrafos, que compusieron una cantidad asombrosa de obras, sobre las más variadas materias, de las cuales solamente se nos ha conservado una, parte, no sin dificultades de diversa índole, mucho más numerosa la del escritor judío. Pero, como acertadamente advierte A. Bonilla a este respecto, "la originalidad en filosofía es más relativa que en ninguna otra esfera" (Hist. Fil. esrpañ., n, p. 415). De los dos se ha dicho, pese a su reconocido talento, que no fueron propiamente originales. "A todos los filósofos arábigohispanos -escribe Menéndez y Pelayo CHist. heter., 1, p. 468)- excedió en fama, fecundidad y método, ya que no en originalidad e ingenio, el cordobés Averroes". Y el P. 'Llamas, en su libro Maimónides (Madrid, M. Aguilar, s.f., 1935) enjuicia a éste diciendo: "No es Maimónides propiamente un genio original, que descubra ideas nuevas y horizontes intelectuales desconocidos, pues su ciencill; es principalmente la ciencia de los filósofos griegos y árabes; pero es el talento colosal, de juicio lúcido, vigoroso, robusto, personal e independiente ... Es, además, un talento finamente analizador y claramente sintético." (Páginas 39-40). Los dos pensadores rebasaron el área exclusiva de su religión y de los pueblos de su raza, circunstancia que contribuyó a la conservación de sus escritos en la' medidaen que han negado a la posteridad, sobre todo por lo ,que a A verroes se refiere, al par que motivó una mayor irradiación de sus doctrinas y teorias, con caracteres ecuménicos. Tres aspectos particulares queremos destacar en el plano comparativo que nos hemos trazado en el presente estudio, en relación con los escritos de los dos eminentes cordobeses: l.", el relativo a la lengua en que se compusieron y diversas vicisitudes o curiosidades lingüísticas; 2.°, particularidad referente a la conservación de gran número de esas obras; 3.°, la oposición que algunas de las doctrinas filosófico-teológicas expuestas por ambos maestros encontraron en ciertos sectores y reacciones que se, provocaron. 1.° En términos generales podríamos afirmar que las obras de ambos científicos y filósofos se escribieron en árabe -con la indicada excepción en Maimónides-, se vertieron muy pronto al hebreo, en gran parte, tanto las de éste como las del DA VID GONZALO MAESO [18] musulmán, y posteriormente, al latín, y en los dos últimos siglos algunas de las principales, a las lenguas europeas representativas de más alto nivel cultural. Que Averroes escribiera en árabe, es lógico y perfectamente natural; pero el caso de Maimónides, que no es excepcional, sino común a todos los judíos medievales, por 10 menos hasta el siglo XII, en España, requiere una explicación. A todo el que conozca, siquiera sumariamente, los avatares del judaísmo medieval y su literatura, no le extrañará que tanto en Oriente, a partir del siglo VII, como en Occidente, a partir del X,en que alborea la literatura hispanojudía, los escritores hebreos compusieron sus obras en lengua árabe, oficial y vernácula en los países que habitaban e instrumento más adecuado para la exposición científica que el viejo idioma bíblico, a la sazón necesitado de una profunda ren.ovación y acrecentamiento léxico. Así se creó esa gloriosa literatura jUdeoárabe de tan relevantes valores, respecto a cuya plasmación gráfica es curioso advertir que generalmente se escribía con caracteres hebraicos, por diversas razones, algunas de índole criptográfica, costumbre seguida hasta nuestros días en algún grado por los judíos radicados en los países de habla árabe, p. e., Marruecos. 2. 0 Leemos en la Encyclopédie de l'lslam que Ibn Maimün escribió todas sus obras en árabe, sau! une, afirmación que puede aceptarse con sólo agregar a esa "única" (que es la famosísima Misne h Torá h ("Repetición de la ley", verdadera sistematización de todo el Talmud), algún otro escrito y sus pocas poesías, que, cuantitativamente, al lado del cúmulo ingente y variadisimo de su producción arábiga, bien poco representan. Pero se da el caso curioso que numerosos tratados de Averroes, cuyo original árabe se perdió, por injuria del tiem¡po o de los hombres, se nos han conservado en la versión hebraica que oportuna y tempranamente realizaran doctos judíos, con lo cual tenemos una nueva e inesperada concatenación entre estos dos personajes y sUS respectivos correligionarios medievales, de importantes consecuencias para la influencia e interacción que ejercieron sus doctrinas. "De la mayor parte de sus obras -dice M. Pelayo refiriéndose a Averroesno queda el texto árabe, sino traducciones hebreas y latinas, hechas generalmente del hebro" (Ob. cit. pá- A\ERROES y MAIMÓN!DES, DOS GLORiAS DE CÓRDOBA 157 gina 469). Páginas dspués insiste el insigne maestro: "El demonio de la filoso.fía se había apoderado de los judios, y a ellos se debió la traducción y conservación de la mayor parte de los libros árabes ya mencionados" (Ibid., p. 478), entre ellos precisamente los de Averroes. "Pocas de sus obras subsisten en su original árabe", leemos en la ISlamología y lo propio conigna González Palencia (ob. cit.) refiriéndose a los Comentarios sobre las obras de Aristóteles: "Existe la versión latina de todos esoscomentaríos y la hebrea de muchos. En árabe se conservan pocos" 7. The Jewish EncyclOpedia (art. Averroes, Vol. II, p. 348), dice algo más, de especial interés: "Debido a sus admira'dores judíos, disponemos hoy de sus obras, pues solamente en el marco de las versiones hebreas o por la transliteración del texto árabe en caracteres hebraicos "did they escape to fanaticism 01: the Moors." Sólo nos queda agregar que con todas esas traducciones y retraducciones no es extraño que a veces se haya falseadoel pensamiento del autor. El arte de la traducción, siempre arduo y complicado, resultaba más todavía tratándose de materias abstrusas. 3.° El tercer punto relativo a las obras de los dos audaces filósofos sobre el que hemos de llamar la atención, especialmente interesante, es el de la tenaz opOSición que determinadas opiniones y enseñanzas suyas despertaron en núcleos influyentes de alfaquies y ulemas, de rabinos y pietistas, hasta el extremo de motivar la prohibición, condenación e incluso quema pública -suponemos .más bien simbólicade esas obras. Ya hemos indicado en el esbozo biográfico las consecuencias personales que tal actitud ocasionó a Averroes, y las acres controvresias desarrolladas en pro y en contra de Mamónides. , Quizás exagere M. y Pelayo cuando dice: "A decir verdad, 7 Conviene advertir que en las últimas décadas se han dado a la estampa varias obrras de Averroes en su texto árabe. inédito en algunos casos, p.e.: MAURICE BOUYGES, S.!.: In'ventaire des textes arabes d'A'lIerroes. Mélanges de ¡'Université de Sto Joseph. Beyrouth. V1H (1922) Y ~X (1924). Id. id.: Talktü$ Kitab aVMaqoulat. Texte ara,'be inédilt. publié par-, Beyrouth. 1932. Td. id.: Tahafot al4:ahajot, texte arabe établi par-o LEÓN GAUTHIER: Ibn Rochd (Averroes). Traité clécisif sur ¡'accord de la religion et de la philosophie. Fac;l al maqál... Texte atabe, trad. fr.par--, A}ger, 1942. DAVID GONZALO MAESO [20J A verroes, como casi todos los filósofos de su raza, había sido muy mal creyente, que profesaba absoluta indiferencia, aunque no odio, respecto del islamismo. En su opinión el filósofo podía aventurarse cuanto quisiera, siempre que en lo externo respetara el cuíto establecido. Pero esta hipocresía no engañó a los teÓo logos muslimes. Ya en tiempo de los almorávides fueron quemados y destruidos muchos libros. Los almohades trajeron mucho más vivo el fervor de proselitismo ... " (Ob. cit., p. 470). Como colofón de este tercer aspecto que consideramos, hay que recordar asimismo que semejante reacción se manffestó también entre los cristianos cuando el averroísmo invadió el ámbito de la escolástica cristiana. "Santo Tomás ~consigna González Palencia (ob. cit., p. 228-229)- es el más serio adversario de la doctrina averroísta y a la vez el primer diSCípulo del Comentador, incluso en la forma misma de sus escritos. Asín ha demostrado la relación de dependencia en que el Doctor Angélico est$, respecto de Averroes en el punto culminante de la Teologia, en la armonía entre la ciencia y la fe ... Después de Sto. Tomás, toda la escuela dominicana se opone a Averroes . ., Los defensores de las teorías averroístas hay que buscarlos en la escuela franciscana (Rogerio Bacon) y en la Universidad de París (Siger de Brabante). Paralelamente a la acogida que los Comentarios de Averroes tuvieron en las escuelas cristianas, se fue formando desde principios del siglo XIV la leyenda del Ave": rroes incrédulo ... Se le atribuía la tesis "de las dos verdades", la verdad teológica y la verdad filosófica, en mutua contradicción, pero siel1doverdad las dos: tesis que era más bien de S1ger de Brabante y de los averroístas latinos. El señor Asín sostiene que esta doctrina de las dos verdades, jamás sostenida por Averroes, que intentó conciliar la fe y la razón, puede derivar de Mohidín Abenarabí, por cuyo conducto o por el de los fHósofos de la dirección neoplatónica, pasaría a Siger y sus secuaces". Así resume el autor de la Historia de la literatura arábigo-española esta debatida y espinosa cuestión. También Maimónides fue víctima de la intransigencia o incomprensión de algunos de sus correligionarios, al socaire de la pureza de la fe, principalmente por ciertas teorías y orientaciones contenidas en el Guía de Los perplejos. DespUés de su A,ERRORS y MAIMÓNIDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA 159 muerte estalló una verdadera polémica entre maimonidistas y antimaimonidistas. "Los talmudistas franceses quemaron públicamente sus obras, considerándole como hereje y destructor del jUdaísmo y hasta se dice fue sustituido el encomiástico epítafio que primeramente ostentaba su tumba en Tiberíades por otro en que se le estigmatizaba de "excomulgado y hereje" (Man. Hist. lit. hebr., pp. 518-519; cfr. ítem., p. 526). Vemos, pues, que si bien la animadversión parcial contra Maimónides no revistió los caracteres que acompañaron a la sufrida por eI filósofo musulmán, ni le perjudicó en vida, es del mismo orden, motivada por la supuesta -o fundadaheterodoxia y espíritu racionalista del pensador judío, que se creía podria minar los cimientos de la fe mosaica. Por lo que a sus relaciones con la Escolástica cristiana se reft.ere, remitimos al documentado capítulo de A. Bonilla en su Historia de la Filosofía española (II, Siglos VIII-XLL, Judíos), donde en 18 apartados señala las principal~s coincidencias, -aceptaciones y opugnaciones que Sto. Tomás hace de las doctrlnas de Maimónides. Y termina diciendo: "Es indiscutible, por tanto, que !el Angel de las Escuelas hacía frecuentísimo uso de la Guía de Maimónides, y que este libro le merecía singular atención. Si se exceptúa el Antiguo Testamento, ninguna producción de la literatura hebrea influyó más en la doctrina del ·Príncipe del escolasticismo que la gran obra del que el mismo Sto. Tomás llama "Moisés egipcio" (pp, 406-410). VI. A VERROES y AVERROÍSMO ENTRE LOS JUDÍOS Patentes son las numerosas y profundas conexiones ideológicas y culturales establecidas entre el Islam y el Judaísmo español, a lo largo de una convivencia, más que secular, milenaria, sobre todo por sus antecedentes. Yeso no solamente de una manera general, sino también entre escritores, sabios, filósofos, poetas y las producciones de su genio. Las r,elaciones entre Averroes con todo lo que él representa por sus escritos, y Maimónides como filósofo, teólogo y pensador, han quedado manifiestas; solamente queremos añadir algunos detalles. En una esfera más amplia importa poner de reliev,e, aunque ya en 160 DAVID GONZALO MAESO [22} algún aspecto se ha insinuado, lo que Averroes ;¡ el averroísmo representan dentro del judaísmo. Ateniéndonos únicamente a los datos concretos que poseemos, y sin rechazar las razonables hipótesis' que anteriormente hemos apuntado, cabe recordar una carta de Maimónides a su discípulo predilecto ben yehudá cAknín, fechada en El Cairo, 1190, en la que le dice textualmente: "He recibido hace poco una obra de Ibn Rusd sobre Aristóteles, la titulada "De sensu et sensato" y he leído lo bastante para cerciorarme de que ha captado la verdad con gran precisión"; pero ahora no tengo tiempo para hacer un estudio sobre ese libro." Respecto a un pasaje de una carta dirigida a Semuel ibn Tibbón en 1199, donde el sabio recomienda los Comentarios de Averroes, no está del todo claro. En otra misiva dirigida por el susodicho cAknín a su venerado maestro, en estilo alegórico, se habla de "nuestro maestro Ibn RuSd", testimonio, dentro de su absoluta brevedad, de inestimable valor. Se ha citado como terminus a qua del primer contacto de Maimónides con los escritos de Averroes la mencionada fecha 1190, pero los términos mismos de la carta en cuestión parecen denotar claramente ya le eran conocidos con anterioridad,cosa p·erfectamente verosímtl, e dgualmente a la inversa, dada la posición relevante que uno y otro ocupaban en sus respectivos países, su insaciable afán de ilustración y el intercambio cultural existente, desde siglos atrás, entre el Islam oriental y el occidental. Si los Comentarios de Averroes a las obras del Estagirita fueron conocidos y ejercieron influencia en los medios judaicos, mayor importancia revisten las obras originales del filósofo musulmán en el área del pensamiento hebraico medieval y aun posterior. El tratado sobre La relación de la fe con el conocimiento parece haber inspirado a Sem Tob ibn Falaquera su Iggeret ha-wikku«l!. La famosa réplica al Tahiifut de Algazel fue vertida al hebreo en 1328 por Kalonymus ben David ben TOdros, y existe otra versión anónima. Algunas contradicciones que parecen advertirse en la Tahiifut al-tahiijut, no infrecuentes en las obras del filósofo musulmán dieron lugar a la leyenda, que sólo a título de tal recogemos, de que Av·erroes profesó sucesivamente el judaísmo, cristianismo e islamismo, y que compuso la obra A,ERROES y MAIMÓNlDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA 161 "De tribus impostoribus" (Moisés, Jesús, Mahoma). Aparte de todo, lo indubitable es que la importancia de Averroes cOmo fllósofo fue universalmente reconocida por los pensadores judios, y ni siquiera fueron óbice para tal admiración las opIniones antijudaicas del polígrafo islámico. Añadiremos que si por una parte Averroes debió la conservación de algunos de sus escritos a las traducciones judías, la literatura hebraica, a su vez, le es deudora, directa o indirectamente, de estimables aportaciones, pues, aparte de la~ susodichas versiones, en los siglos XIII, XIV Y XVI apareCieron numeroso tratados y ensayos elaborados por escritores judíos, inspirados en el averroísmo. El primero que lo introdujo en la literatura judaica fue Semuel ibn Tibbón, el traductor del More", Añadamos los nombres de traductores como Abba Mari AnatoJi, yerno de aquél, Mosé ibn Tibbón, el granadino Salomón ben Yosef ben Job, el barcelonés Zeral).ia ben IShaq, Kalonymus ben Kalonymus, y otros muchos más. Dos docenas largas consigna The Jewish Encyclopedia de traductor,es y demás escritores. Como se ve, es éste un tema de gran envergadura, digno de tratarse en una tesis doctoral de alto nivel. VII. MAIMÓNIDES y MAIMONIDISMO EN EL ISLAM Si la influencia de Averroes y sus escritos entre los judíos fue grande en el espacio y el tiempo, no podría decirse otro tanto respecto al influjo recíproco e irradiación de las obras filosóficas y teológicas de Maimónides en el área del Islam, pese a la redacción original en árabe y el ámbito y ambiente arábigoislámicos en que vivían el autor y sus correligionarios, asiduos Iector,es y admiradores de esas obras. Sin embargo, no es un campo yermo; hay influencias palpables, que debemos destaca'r, tanto más que es éste uno de los varios aspectos menos conoci~ dos en el tema que nos ocupa, Respecto a los escritos de carácter jurídico, relevantes entre la inmensa producción de Maimónides, ,la explicación de esa falta de irradiación al Islam es obvia, puesto que se contraen al Derecho talmúdico, de interés casi exclusivo para los judíos. En cuanto a los de exégesis escrituraría, como es en gran parte el Moreh, y otros tratadOS, hay r6z DAVID GONZALO MAESO que distinguir entre lo que hay en ellos de específicamente bíblico y lo muchísimo que se proyecta en el campo de la Filoso.., fía y la Teología general. No podemos olvidar que entre los numerosos comentarios, por autores judíos y no judíos al Daliilat al-ha'irfn, figura uno del filósofo árabe Abü Bakr al-TabrizI, del siglo XIII, el mismo en que murió el autor de la obra. Pero, sobre todo, de las obras médicas nadie puede dudar que serían muy leídas y aprovechadas en el mundo árabo-islámico. Bastaría la razón potíSima de su extraordinaria utilidad práctica, la alta reputación de que gozaba su autor como médico de la corte,el interés de los árabes por la ciencia médica y la veneración que siempre han sentido los musulmanes hacia la figura del tebib, cualquiera que sea su nacionalidad o religión. Por otra parte, ahí no cabían escrúpulos ni interdicciones de tipo religioso ni filosófico. Consta, además, que algunos de esos tratados de Medicina -de otros puede suponersefueron escritos expresamente para determinados personajes del mundo árabe, como p. e., el Régimen de salud o consultas sobre higiene, dedicado a Malik al-Fadl, hijo de Saladino, o el titulado Fi 'al-ya maca ("Sobre el comercio sexual"), escrito para Nur al-Din, sultán de Siria y sobrino de Saladino. VIII. CONCLUSIÓN En ceñido al par que amplio paralelo, torpemente trazado por un gran admirador de estos dos grandes personaj es, a base de los datos bio-bibliográficos recogidos en no pocos autores, los juicios formulados por conspicuos investigadores y las obras mismas de los escritores en cuestión, hemos procurado del1near la figura prócer de Averroes como la más importante e influyente del mundo arábigo-musulmán, y a su lado la eminente de Maimónides, "Doctor MáXimo de la Sinagoga", una de las grandes lumbreras del Medievo, y "la mayor del hebraismo, desde que faltaron los profetas", en frase feliz de M. Pelayo. Hemos procurado poner de relieve sus extraordinarias afinidades y concordancias de todo orden. Ciertamente no llegaría" mos al extremo de considerarlos como hermanos gemelos intelectualmente; al lado de sorprendentes analogías hemos desta;- [2$] A~ERROES y MAlMÓNIDES, DOS GLORIAS DE CÓRDOBA 163 cado asimismo notables diferencias. Son dos personalidades tan ricas que, al par de extraordinarias y múltiples coincidencias, se reservan también en su poderosa individualidad zonas privativas e inconfundibles. Si alguien escéptico y refraCtario a estos paralelos, arguyera diciendo que, pese a las coincidencias y concordancias entre Averroes y Maimónides, sería inútil buscar con ese propósito comparativo, entre la enorme producción del primero, nada que se parezca en su conjunto al Moré h nebuk/in, Misné h Torá h o Misnayyót por no citar sino las tres obras máximas del doctor judío, aparte de otros muchos tratados, y que, inversamente, tampoco sería factible hallar entre la cuantiosa prodUCCión maimonidiana obra alguna comparable, por su similitud, con ,los Comentarios mayores, medio y menores sobre ¡las obras de Aristóteles, la Armonía entre la ciencia y la religión, el Kul'liyyat y otras numerosas obras del doctor musulmán, yo le diría que es cierto, pero sólo aparentemente, en cuanto a la estructura formal de esas creaciones científicas, pero no lo es en modo alguno en cuanto a gran parte del contenido, ideología, orientaciones y principios básicos de las mismas. Naturalmente, hay profundas y hasta irreductibles diferencias entre esos dos mundos que son, por una parte, Islam y JufI"laísmo y, por otra, la personalidad de Averroes y la de Maimónides; pero las analogías y similitudes tanto en las personas y sus circunstancias, como entre los escritos y su irradiación son palpables. Por lo demás, tal actitud negativa no haría sino confirmar en parte 10 que respecto a diferencias dejamos dicho, a prevención, al principio de nuestro estudio. Fueron ambos a dos, astros de primera magnitud en el cielo de las ciencias, que alumbraron en vida latitudes distintas y distantes, pero cuyos destellos se fusionaron en la esfera luminoa del humano saber universal y siguen figurando con honores de primiceriOS en la Historia de la Ciencia. LástIma que sus obras -como se dijo de las de Medicina de Maimónidessean más citadas, pero como dato de erudición a veces frívola y presentuosa o a lo sumo de segunda mano, que leídas y aprovechadas para el común beneficio y progreso de las ciencias, a pesar de la benemérita labor de no pocos expositores e investigadores.