scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Influencias bíblicas en el «Romancero de Don Alvaro de Luna»

Pascual Recuero, Pascual

Full text

INFLUENCIAS BIBLICAS EN EL «ROMANCERO DE DON ALVARO DE LUNA» El arlo mil cuatrocientos - cincuenta y dos ha pasado «del muy santo nacimiento -del Hijo .de Dios sagrado. «Pl esidenles y oidores -y todo el real senado,· :~e:-;tán viendo un proceso -de crimen muy sustanciado «contra don Alvaro Luna, -del rey don Juan gran privado» (Q93). Así comienza uno de los treinta y siete romances que recoglO don -\gustín Durán (del 986 al 1021, del «Romancero general», t. H. de 1'1 Biblioteca de Autores Españoles -el núm. 1011 es doble-) dedicados a don Ah aro de Luna. Del «Maestre Santiago, -de los privados ejemplo», que en la primera mitad del siglo XV fue la única cabeza que detentó la política de Castilla, el romancero no ha recogido nada anterior al hecho de su proceso y muerte. Incontables años al servicio de su rey y del reino que adop- ,:ó, no intere:;ar.:m a esta poesía exenta de la vanidad de una firma. E~ acontecimiento era sensa6onal. La privanza fue tan absoluta y duradera que nadie sabía, ni el mismo rey, cómo había de terIr,inar. Y cuando don Alvaro desaparece tan violenta, pavorosa y extrafiamente, habría de quedar en la mente del pueblo que presendó el cadalso de Valladolid una obsesión permanente durante siglo,>. LoE' afias de privanza y poder se olvidan; y queda la pesadilla, el momento de su muerte y los previos, para narrar y cantar. - 21 - Sobre el fin del personaje se han recogido estos «fragmentos de humanidad que vuela a través de siglos y de espacios», con palabras de Jarnés. Treinta ailos ;condestable de Castilla iera demasiado tiempo para no tropezar' con sinsabores y envidias, a pesar de que no siempre sería desacertac.!o en sus funciones. Conocería en su vida el De Luna tres destierros, y varios intentos de asesinato en su último año, hasta que Juan II arbitró la fórmula del «proceso», que fue algo así como un asesinato organizado desde la corona. PI~se a tantas advertencias, se portó don Alvaro como un insensato. No comprendió la veleidad del pueblo, que adula, pero, desagrade.::ido, olvida pronto. Hay que abandonarle para que conozca nuevas ge5tiones. Y seguirá el turno, salvando solamente la enfermedad monárquica del momento. El poeta, converlido en moralista a deshora, aconseja: «Las privanzas con los reyes - deben por cierto estimarse «cuando a cada cual se dan -cargos que al mundo no es- [ panten» (1002). E-;te privado debió darse cuenta de ello con tiempo; pero no quiso nunca desertar, abandonando a su rey. No comprendió que: «es un sueño la privanza, -y en sueños no hay que creer» [ 997). De la entrevista de Mayorga, donde se concertó la alianza matrimonial entre Castilla y Portugal, partiría la desgracia dei privado por Cal!s::t de inmiscuirse, quizá con honradhima intención, en pormenores de la vida privada del rey. Isabel de Portugal fue su enemigo más poderoso y definitivo. Ya pudo el condestable, solitario y aislado, considerar ·su causa perdida un año después de la boda real, cuando invitó a los reyes al mejor palacio de Castilla, que era el suyo de Escalona. Aún salvaría la vida del rey en Palenzucla, a riesgo de perder la propia. Dnn Alvaro de Luna fue quien más alto llegó en la corte castellana. Los romancistas le comparan con el ('ciprés» (986), »cohete» (1004). «yedra» (1012), «agua y espuma» (1019), y aún con la «luna», como su apellido, que llegó a emparejarse con la del cielo. -28 - Aquel (<real senado» comienza a actt.Íar, en presencia del rey, 'cuandoestaba el condestable recluido en Portillo. Y comienza ~u fallo: «Dan una cruel sentencia, - todos en uno acordando «que le priven de sus tierras, - que le quiten sus estados «de condestable en Castilla, -de Maestre de Santiago, «de conde de Santisteban, - a Trujillo y su ducado, '.<y que vuelva a la corona -del Rey, de do fue usurpado» [ 993). ¿ Cuarenta y tantos años de servIcIO a la corona no tuvieron la más mínima remuneración? Don Juan no aplazó mucho el tiempo p:'lra comenzar la rapiña, impunemente y en provecho pro~ pio, entre los bienes particulares de sU: condestable. Escalona tuvo la culpa: de haberse entregado su fortaleza y quedado a merced de la voracidad real, dejando ya a don Alvaro en la miseria, es posible que le hubiese perdonado. Entonces ordenó abrirle proceso. El procesado, en su intimidad, no puede suponer que honores. títulos, gloria, riquezas y bienestar, todo acabaría en un punto. Se creía muy cerca de las estrellas, como en la metáfora, donde no pueda dar «vuelta la rueda varia» (987). Sin embargo, el poeta anónimo pone en boca de un pajecillo que hablase al condestable: «Non vos fieis de fortuna, - que cuido que horrible os mira, «y es sin prudencia su rueda -y os puede abatir de arriba» [ 989). ElIde junio de 1453 llegó a la fortaleza de Portillo la orden de ejecución de don Alvaro de Luna, para ser cumplida en Valladolid. El era cristiano al modo que pudiera serlo un grande de la época. Los romances y la historia van a recoger los momentos trascendentes de su vida en esta situación. Cabalga silencioso, recelando de aquel viaje, aunque sin sospechar que se ha iniciado su calvario. A mitad de la etapa, se hacen los encontradizos dos franciscanos, encargados de confesar a un reo que desconoce su sentencia. Fray Alonso de Espina tiene que hacer surgir el tema con toda la delicadeza que le sugiriese su experiencia predicatoria y teológica, para hablar al Maestre de San- tiago de Id inconstancia con que se mueve la fortuna; de los reveses que prepara a los encum brc.dos; de la miseria de las cosas del mundo -señala César Silió y Cortes-o Muy sorprendido don Alvaro por el tema y por el tono de la conversación, tenía quepreguntar si aquello significaba que iba a morir. La contestación fue discreta: --Todos: mientras vivimos, caminamos hacia la muerte; pero el hombre preso está más próximo a ella, y vos, señor, estais ya sentenciado. La historia ha recogido unos pensamientos que reflejan su candencia de cristiano, que sabe que todo, bienes, belleza, poder, ha de quedar en la tierra cuando Dios dispone llevarse al hombre al polvo de que procede. De este tenor son las reflexiones que le hace su truhán: « .. pues que todo fue prestado, -la honra, vida y hacienda, ",justo es que agradecido, - a quien te lo dió, lo vuelvas» [ (1004). Desarnnarado de todos (1011), repasará con amargura muchos mom'.:!ntos de su vida, pese a los consejos del religioso, que le ex harté! a pensar sólo en la otra. En octosílabos se le hace decir algo muy expresivo: «Aquí verá todo el mundo, - que es el mundo tan cmel, «que hoy me baja la cabeza, -y un tiempo me alzó los pies. «Hasta aquí cual comediante -fui conde, duque y marqués, "y S0y lo que un hombre pobre -después que me desnudé» [ (997). Confesor y penhente no se apartaron hasta el último momento de é<;te. Los romances recogen el pensamiento y casi las palabras de ambcs personajes, todo ello impregnado, como el caso requiere, de catolicismo y escriturística. En trazos del romancero no son meras alusiones salpicando la producción: '3on, como en el romance 1008, cuando «Don Alvaro, puesto en capilla para morir, se encomienda a Dios», composiciones auténticamente plenas de estos ideales. El autor se concreta al trance del condestable; imagina el contorno y la actitud del sentenciado: - DO - «Err una oculta capilla, - a do está encerrado y preso, «el gran don Alvaro solo - aguardando el fin postrero, «en In tjerra arrodillado, -inclinado rostro y pecho, «adoraba lID crucifijo - que estaba en sus aras puesto» (1008). Fray Alonso le insta para que confíe en la misericordia infinita de Dios. Así se queda recogido: « ... pedid perdón muy humilde-y con el alma contrita «31 Omnipotente Dios, - que es lo que más os cumplía» (991). y además del de Omnipotente, aparecerán en los romances más atributos divinos, mencionados en el grupo que hemos escogido: Dios Juez mfalible (988, 1007, 1013, 1014), Sapientísimo (1002), Consolador (1008), Piadoso (1010); y la Virgen permanente interc.eSQra ante El (1013). , El rey olvidó su amistad y no ha querido verle desde antes de comenzar el {'proceso». Todo 10 ha perdido ante él, y en verso se pone en b0ca del condenado: «Tu misericordia es falsa, - tu justicia no la temo, «pues voy delante de un juez - más justo y más justiciero}) [ (988). En an~aneciendo, dice la «Crónica del Rey>', «oyó misa muy devotamente e rescibió el cuerpo de Nuestro Señ~r». Habrá pronunciado palabras semejantes a las del romance, frente a Dios: ({Dalhne la mano divina, - saldré d'este lago y cieno, «d'c<;a clemencia ayudado, - que me lleve a llano puerto» [ (1008). Dando así por olvidadas todas su dichas pasadas y el mal presente. Después llegó el trance final sobre el cadalso alzado en el centro de la plaza Mayor de Valladolid. Al subir al tablado, adoró la ..::ruz, hecho que dio lugar al JOmance 1014, titulado «Apóstrofe que hizo don Alvaro estando so~)re el cadahalso a la cruz de Santiago que lle\'aba en su pecho»: - 31 « ¡ Oh crnz, mil veces triunfante -del fuerte orgulloso libro! »¡ Mal aposEntada fuiste - en este mi pecho indigno, )'pnes debiendo derramar - esta sangre en tu servicio, »he wnido a que un verdugo - la vierta con un cuchillo!)} [(1014). Después, preparó por sí su cuello; se inclinó, rezando, y el cuchillo dd vel~.-lt1go segó aquella vida. El trance vital de este hombre, que relatan los romances, hace suponer que la influencia mayor que reciben proviene del Nuevo Testamento. El tema de meditación tiene sus raÍCes en un libro moralizador del Antiguo. No hay que profundizar en los numerados 100S, 1013 y 1014, más que en otros, para encontrar citas que comprenden desde el nacimiento del Hijo de Dios, hasta su muerte crucific::ldo. Del Nuevo Testamento hallamos ideas que son del dominio de t~du cristiano, aun del no muy versado en Sagrada Escritura. Así, la adoración del Crucifijo, nuestro símbolo, en el que está sacrificado JesÍls, el divino «Nazareno vendido» (1014), el «nazareo» ( = llazÍr = «consagrado»), de que se habla en Nm. 61_ 21 • Del tra:1ce de la inmolación de nuestro Salvador se alude a dos momf~ntos decisivos: aquél en que Cristo, entre los ladrones, ve inmediatú el tIe su tránsito (Lc 23 46 ): « Un fraile le quitó el Cristo, - don Alvaro bajó el cuello, «con voz altn dice a Dios: - En tus manos me encomiendo» (1013); ({ ... dulce Señor Mío, - mi alma se os encomienda») (1012); el otro instante del sacrificio de Jesús es Jn 19 34, cuando el centinela (unlls milltllm) da al Señor la lanzada: «Rompió el divino costado -el temple agudo del hierro, »y la gravedad del mío - otra vez lo ha descubierto» (1008). Para la M2.dre de Dios, hay las palabras precisas rogando el de,carg0 en el juicio supremo del alma; a Ella, concebida sin mancha, invoca (Mt 123, con antecedentes en 1s 714 ): «Vos. Virgen inmaculada -de la encarnación del Verbo, »aquél que en vuestras entrañas -fue a todo el mundo re· [medio, »rogad a vuestro Hijo ... » (1013). Por envidia fue tentado también Jesucristo (Mt 4 U1 ; Mr. p3; Le 44.1 3) : «. n0 te fíes - cuando traidores te cercan »pues aun el so] de justicia - no se esc.lpó de sus tretas>, (1004). D\~spués será tratar del Nacimiento, indicando el lugar; Belén (Mt 21: l.e 27 ): « bajado del cielo al suelo »a padecer por el hombre - muerte de cruz y tormento. »tan pobre en Belén naciste, -que desnudo al crudo hielo »os recostó vuestra Madre - entre dos animalejos» (h103). De hechos evangélicos, encontramos una alusión a la parábola del Buen Pastor (Mt 18 12•13 ; Lc 154.7; Jn 10 1U6 ): «(Alzud, pastor amoroso, -volved esos ojos bellos, »que soy la oveja perdida, - y a vuestra manada vuelvo» y seguidamente dice: {( y rues mundaste, Señor, -al pontífice San Pedro »tantas veces perdonase - cuantas se acusase el reo» (1008), de Mt !8 J1 _22, ul que parece seguir: Las pasior.es surgen apenas creado el mundo, y están repre~en tadas como un dragón -visiones de Ezequielo como una serpiente (G,; 31 ). El romance 1004 alude al Ap 127.1 2: «Ved de Luzbel la privanza, - que cayó por la soberbia, »ql'e aun los ángeles peligran - en la privanza y altE'za'>. f1004). También será factor importante en la tragedia humana del principio, apenas creado el hombre de la materia que a Dios pareció mejor (Gn 27 ): « De la más humilde tierra -el piadoso Dios nos hizo, »y. como mejor, al hombre -sobre todos dio dominio» [(1Í!07'. y después la segunda gran tragedia: el fratricidio cometido ('on Abel (Gn 41•4 ): «Fn el tablado do estoy - aguardando el cruel martirio, >Jhoy represento de Abel - la humilde inocencia al vivo» [(1007). Para Josué hay un recuerdo aislado, tomado del canto bélico a la victoria de Gabaón (Js 101U3 ), que muestra el contraste de situaciones: ({ En vencer mis enemigos - nada a J osu¿ me parezco, »pve5 él venció con la luz, - y yo con ella perezco» (986). y 10m'.) final de referencias generales que el romancero de don Alvaro de Luna anota de la Sagrada Escritura, baste indicar la repetición de la estatua con pies de barro del sueño de Nabucodonosor (N ebí1kac;!ne'sar), hecho semejante al que edifica en falso re· putación, bitncs, conducta. Perfectamente valía a don Alvaro tal ejemplo' ·:cFHbrkaste en mí una estatua -cual Nabucodonosor; »ID:lS fueron los pie'.> de barro - y al primer golpe cayó ,> [(1000) ; ({De Nabucodonosar - en mí la estatua contemplo »de oro y polvo levantada, - que deshecha viuf) al sue!o,> [986). * * * La tesis del «Q6héle!» o «Eclesiastés» es «vanidad de vanidades; todo es vanidad» (Ecls. 12); agregando: <,Hay un mal que yo vi debajo del sol y que pesa muy gra- »vemente sobre el hombre. Uno a quien Dios dió riquezas, }}hacienda y honra, y a quien nada le falta de cnanto su »deseo pueda desear, pero a qujen Dios no le deja gozar »de todo eso,· sino que lo gozan los extraños. Esto es va· »oidad y mal trabajo» (Ecls 61•2 ). -34 - Es el balance a deducir de la vida de don Alvaro de Luna, re- . flejada a lo largo de los treinta y siete romances que se ocupan de él, y que conc;ret::m, al par que hacen histeria de la caída del famoso valido, que: «El que cava una fosa, dentro de ella cae, y el que des- »hace una pared es mordido de la sierpe. El que rueda una »)piedra se hace mal con ella, y el que parte leña corre el »peligro ele herirse con ella» (Ecls 10 8 .!)). Si el detestable de don Juan II desconocía estas máximas, posteriormente el cantar popular supo sacar lección y hallar analogías de cuanto le sucedió con el profundo contenido del «Eclesiastés»; y representó a varios «q6hélet) en sus romances: fray Alonso de Espina (991), «un religioso» (1003); «un paje» (989) o el bufón del maestre: «el que fue truhán en burlas -es predicador en veras» (1004), y aun la propia víctima en sus diálogos (986, 997) o reflexiones (992, 1007, 1010, 1012). No hallamos en los 2500 octosílabos un resquicio risueño para la esperanza; desde los primeros: «Hablando están sobremesa - con puridad y silencio, »105 ojos enternecidos, -los ánimos inquietos» (986), .. en que don Alvaro presiente su ruina; hasta los remates de los Í1l~ timos: «Cortó, el astuto verdugo - de los hombros la cabeza·} [(1012) ;, «Entr~ la Inna y un paño, -llovió sangre, gritó el suelo» [(W19): lodo es un muestrado aleccionador para gobernantes advenedizos, entresacado del realísimo drama que fue la vida de «aquel "bastardo de apostura gentil ... , político avisado y habilísimo y un ,~terrib1e adversario de aquella nobleza que le aborrecía» (<<His~() ria» de Ballesteros, III 1."). Las ideas del «Eclesiastés» están esparcidas por todo el ron'.:-.ncero, limitándonos ahora a confrontar las referencias que nos parecen comunes, en muchos casos de semejanza sorprendente. - lIS -