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Apuntes para una Antropología lingüística. I.- Prosopología hebraica

Gonzalo Maeso, David

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APUNTES PARA :JNA ANTROPOLOGIA LINGüISTICA 1 l. PROSOPOLOGÍA HEBRAICA EN todos los tiempos y lugares el lenguaje hurr.iailO 'proPiamente dicho, prescindiendo del sentido lato ° metafórico en que tan a menudo se emplea este vocablo, ha sido de tipo esencialmente auditivo, es decir oral y articulado, que se destaca sobre todos los demás posibles por su mayor riqueza ele medios de expresión, dentro de la simplicidad de l.os elementos fónicos que utiliza. Es éste el lenguaje por excelencia, hasta el extremo que la mayoría de los lenguajes visuales usados hoy en día se derivan en definitiva del auditivo, o tienen con él evidentes relaciones. No se ha encontrado hasta la fecha ningún pueblo ni tribu cuyo lenguaje no sea de tipo auditivo, a base de sonidos articulados, ni hay memoria de que existiera en la antigüedad. Cítanse algunas agrupaciones salvajes que, además de éste, se sirven de un lenguaje de gestos, por lazones de utilidad o de interdicción; pero de todos modos no es más que un sucedaneo del auditivo, al cual en último término es preciso que se adapte. Sin embargo, es innegable que el sentido de la visión, tan rico 1 Véase nuestro arto Antropología lingüística y LingiUst-ica antr{,pológica, "'TI BOL. UNl\'. GR.f,.NADA, n.' 87 (1949). - 7 - en matizaciones y hondamente expresivo, el más espiritual de nuestros sentidos externos, no podía por menos de ejercer una preponderante intervención en el arte de exteriorizar nuestros estados psíquicos y captar los de nuestros semejantes, fundamento de esa intercomunicaci(;n que es el lenguaje. Prescindiendo de las dos modalidades más importantes de catácter esencialmente visual que se ofrecen como substitución o wmplemento del lenguaje auditivo, cuales son el de acción (gesto, ademán, mímica) y el de la escritura, dentro del mismo lenguaje articulado, en su formación y matización, así como en la intensireación de su potencia expresiva, el sentido de la vista ha ejercido poderosa influencia. La onomatopeya ha pasado por los dos extremos de superva10ración y descrédito tan frecuentes en las apreciaciones humanas de todo orden, y que llegan a límites inverosímiles, rayanos en la aberración, como es el caso en el aprecio de antaño y desestimación actual de la memoria. Análogamente, la onomatopeya se encuentra hoy en baja entre la generalidad de los lingüistas, a pesar ele que ella nos proporciona el substratum o clave formativa de r:.umerosos vocablos; pues no ha sido el azar ni tampoco la caprichosa arbitrariedad los factores primordiales en la creación de éstos. Fundamentalmente se basa en las sensaciones acústicas, pero también, si en menor escala, en las visuales, y a veces en la mezcla de entrambas. Voces «expresivas» suelen denominar, con término cauto pero ambiguo, los lingüistas actuales a las palabras que antes se llamaban onomatopéyicas, indicando su especial calácter sugestivo y evocador del objeto o fenómeno significado, mec!iante todos o algunos de sus fonemas componentes. No obstante, creemos que, al menos en muchos casos, sobre todo tratándose de veces básicas del lenguaje universal, como también algunas de formación artificial (v. gr. gas, kodak) debe reconocerse un valor gerltico a esos elementos «expresivos» de dichas voces. Aun cuando sea cierto que en parte considerable el lenguaje es un instrumento artificial, y esto en proporción directa de su lejada de las fuentes etimológicas, no deja, sin embargo, de t~ner un fuerte, sustentáculo en la naturaleza de las cosas. Es lógico que los homb~es, el1 esos estadios antiquísimos en que cristalizaron los primeros elenlentos lingüísticos, se fijaran en las cualidades de las cesas y fenómenos a los que daban nombre, según la impresión que - 8 - dejaban en sus sentidos. Así nos 10 demuestra la etimología de la mayor parte de los substantivos, v. gr. lato luna, duminosa», heb. fr.ésef, plata, de la raíz «palidecer». La psico-fisiología es de una importancia capital en el estudio de los hechos lingüísticos en genela] e incluso del estilo y manera peculiar de cada hablante o escritor de un idioma. Sobre todo, no hay que perder nunca de vista las particularidades tipícas del hombre primitivo y de los pueblos antiguos, así como de las tribus o núcleos humanos alejados de los focos más densos de la artificiosa civilización: su agudeza de observación y su hondo sentido de la naturaleza. Ambas e, m1idades -fuerza es confesarlose atenúan y tienden a atrofiarse en nuestro sistema de civilización, que huye de lo natural en pos de lo artificioso. Podrá ser este fenómeno una manifestaC10n del señorío sobre la materia crasa, uito de los fines humanos sobre la tierra, en el cual por cierto se asemeja al Creador, que hjzo al hombre a su imagen y similitud; pero en la forma que adoptn en casi todas las civilizaciones, sin excluir la nuestra, arguye un abandono de la fuente inmortal de la vida, que es y será siempre lá naturaleza, y un alejamiento de sus principios y normas, que sjempre ha sido de funestas consecuencias. En el lenguaje se refleja también visibl~mente la avasalladora preponderancia de lo artificial sobre lo natural; de ahí que para buscar en la semántica de las palabras la razón de ser de éstas, tengamos necesidad de retrotraernos a diversas etapas en la historia de las lenguas. El latín, por ejemplo, nos ofrece una visión más significativa de las palabras, más plástica y humana que el sentido reflejado por las misn1as en las lenguas románicas; así cralis, orare, lid-orare tenían para cualquier romano una dependencia etimológica tan obvia de os, que no podía pasarles inadvertida su relación semántica; en cambio, para un neolatino, la etimología de los vocablos correspondientes oral, orar, adorar queda obliterada, y su observación es fruto únicamente del estudio y sabia investigación, y por añadidura, tales voces se presentan mucho más alejadas de su primitiva significación etimológica. Igualmente, heb. bode.~, mes, novilunio (porque con éste daban comjenzo los meses hebreos) presenta inequívoca relación con la r. h. d s, renovar, restaurar, al modo como yare"l:z, luna, y yera1;z, mes, prr.:gonan su identidad ladical. Heb. lcébes, escabel. peana, deriva' 9 - de la r. k b s, pisar; eri. cambio, estas tres palabras en español no presentan nexo alguno familiar. En suma: el artificio y puro convencionalismo han extendido sus dominios a expensas de la irrauiación natural. Todavía si del .estadio del latín, en su época clásica, que nos sirve <.le punto de partida, retrogradamos a la prisca latinitas y mucho más si llegamos al período indoeuropeo, observaremos una complexión ver1:;ai en todos sus elementos, categorías, aspectos y modalidades cada vez más conectadas con la naturaleza. Uno de los encantos de la lengua hebrea es, a no dudarlo, su carácter arcaico y marcado primitivismo, estereotipados a través de los siglos, que son corno un vivo trasunto de épocas patriarcales, cuya vida rebosaba í:-encillez, calma, profundidad, verdad y lozanía. A pesar de 10 que antecede, es tal la fuerza conservadora del k!nguaje que, ai cabo de varios milenios y de tan varias y profundas evoluciones como acusan las lenguas, sobre todo, las de mayor pujanza evolutiva como son las: del grupo indoeuropeo, todavía conservan caracteres distintivos bien patentes de la impronta r:aturlsta en que fueron moldeadas. Vocablos como: boca, labio, diente, lengua, garganta, nariz, etc., siguen ostentando en el español del siglo XX inequívocos aunque ya generalmente inadvertidos elementos onomatopéyicos, que son como la célula primitiva que les día el seL Expuestas las consideraciones precedentes, que hemos creído indispensables para encuadrar conven;entemente f.l tema del prer,ente estudio, empezaremos por pUTlIualizar:"l sentido del substitulo que encabeza esta 1 parte. Entendemos por Prosopología lingüística (también podría llamarse Prosopografía, pero este término tiene ya en Retórica su slgnificación propia), el estudio semántico de los vocablos que designan las diversas partes del rostro y sus anejos, así como de las sugerencias que tales denominaciones encierran. La importancia del tema, aun restringido a uno o dos idiomas, como en el presente ensayo, y su trascendencia universal, se revelan ante la simple consideración de que todo el hombre, su alma y su cuerpo, sus facultades, sentimientos, pasiones, instintos, as- - 10 - plraclones y iuchas, salud y enfermedad, su cenestesia, en suma, se reflejan con toda claridad en el rostro. La voz Prosopología, compuesta de 'ltpdüOJ'ltov cara, y AOTía. estudio o tratado, es análoga a la docena de vocablos formados con el primer componente, que designan diversos estudios y modalidades relativas al rostro. Si Prosopografía es la «descripción del exterior de una persona o animah (Ret.); Prosopolepsia, la «lectura o adivinación del carácter por los rasgos nsonónncos»; Proi:>Oposcopia, el «estudio del aspecto de la cara, como medio diagnóstico y pronóstico», la Prosopología lingüística 'será el «estudio c.el rostro humano y sus diversas partes, a través de los nombres que éstas reciben en cada lengua». Speculum menús est facies dijerou los antlguos, apotegma que es moneda corriente en todos los idiomas. En efecto, «la cara es tI espejo del alma», pero lo es también del cuerpo y hasta la historia del individuo. Es lo que exteriormente nos distingue de los animales irracionales, ninguno de los cuales tiene faz, y lo que individualiza a cada uno entre los millones y millones de sus semejantes, habidos y por haber. El hombte es, por lo tanto, su rostro, Ji el rostro humano es la obra maestra de la cl'eación en el ámbito material. . La vida que irradia la faz humana, y la expresividad que en ella palpiia son conocidas de todo el mundo y constituyen desde la infancia la base primordial de la hunla.na convivencia, y no pocas vece:; del amor, del temor, del odio y demás pasiones que SP. relkjan en el claro y delatador espejo del rostro. Antes de que hable la lengua, ha hablado el rostro, y cuando parece ser triste ,·erdad qiJ~~ «el habla se le otorgó al hombre para ocultar su pensamiento», instintivamente interroga nuestra mirada inquisitiva el rostro del que habla, para observar si en él se trasluce la verdad que las palabras han pretendido disfrazar. Por otra parte, el lenguaje oral, aun siendo el más completo Y.. significativo de todos los modos de exteriorización del pensamiento e intercomunicación mental, resulta, no obstante, un instrumento ~vmamente imperfecto; al fin y al cabo, es un mecanismo materia] que inter.preta y plasma en la sutil elocución ese producto de] intelecto que son los pensamientos, y entre uno y otro media un abismo, que franquea audazmente la palabra. Por eso busca ~ tJ - ei hombre la manera de acrecentar la expresividad del habla, y a ello contrihuyen eficazmente los diversos órganos y músculos del rostro. ,~ * * Entre los menws y excelencias que avaloran la lengua nebrait a, hasta ahora más bien int'_lídos o vagamente encomiados, pero po detalladamente expuestos a la luz de la investigación lingüíst:ca, ocupa destacado lugar la extraordinaria expresividad que la caracteriza y que en múltiples aspectos aventaja incluso al habla misma helénica. Es tanto más notable esa cualidad cuanto que el hebreo dispone de escasos y sencillos elementos. En términos generales puede asegurarse que hasta ahora los más egregios cultivadores de la Lingüística no han sid o hebraístas u orientalistas, como tampoco han sido lingüistas de nota los é'studiosos o investigadores del semitismo. Los lingüistas más ilus- ~res han florecido en el campo fértil y dilatado del indoeuropcísmo. Consecuencia de esto ha sido el excesivo encumbramiento de ciertas lenguas de esa gran familia sobre todas las demás, cierto exclusivismo indoeuropeísta en algunos conceptos lingüísticos, cuyo absolutismo falla a la luz de las lenguas semíticas (v. gr. la preponderancia otorgada al verbo substantivo, inexistente en éstas), y a \eces palmario desconocimiento de las leyes, características y propiedades que informan estas lenguas. Todavía falta bastante camino que recorrer en la cuestión, de indudable trascendencia, relativa al parentesco que liga las lenguas ~f:.'míticas, o si se quiere camito-semíticas, con la familia indoeuropea. Tanto en el vocabulario como en la gramática, singular- :mente en la 111Orfología, verdadera piedra de toque para la elucidación de estas cuestiones, regístranse notables coincidencias, que yo l1amaría de dicción y de pensamiento (o intención), es decir identidad (o mera similitud, por las evoluciones sufridas) de ciertos morfemas de función bien determinada, v. gr. las aformativas vert-áles semiticas ofrecen algunas. semejanzas con las desinencias l,crsonales i. -e., o bien analogía en cuanto a la tendencia que presIde tal o cual fenómeno lingüístico en una y otra familia, aun cmndo no se aprecie absoluta identidad ni quizá muy marcada coincidencia en los elementos fónicos empleados al efecto. Este segundo punto de referencia, más delicado y abstruso que el pri- - J2 - mero, puede ofrecer, sin embargo, un hilo sutil pero seguro en la 8rdua' tarea de comparar y relacionar lenguas notoriamente diferenciadas, que, sin embargo, ofrecen sorprendentes afinidades. En el curso de nuestro estudio señalaremos algunas analogías, tanto de dicción como de intención, fonéticas y semánticas, dado que por no tratarse aquí de ninguna disertación gramatical no haya lugar a comparaciones morfológicas. Nos limitamos generalnlente al latín como punto de referencia, por vía de ejemplo, en el cotejo con los términos hebraicos objeto de nuestro estudio; dar entrada a otras lenguas supondría ensanchar demasiado y sin notoria utilidad el área de observación, ya que nuestro objetivo en el presente artículo es simplemente el acopio de algunos apuntes .::on vistas a la constitución de una Antropología lingüística, en su sección de Prosopología, con materiales suministrados por la lengua hebraica. * * * Circunscribimos nuestro estudio a los doce términos fundamentales siguientes: 1) boca, 2) labios, 3) dientes, 4) lengua, 5) nariz, 6) paladar, 7) garganta, 8) aire, (espíritu), 9) aliento. vital (alma), 10) oído, 11) ojo, 12) rostro. Sucesivamente serán estudiados en cada uno de los apartados siguientes, cuyos epígrafes indican claramente el contenido: l. Voces prosopológicas. II. Operaciones o fenómenos. III. Acepciones tropológicas. IV Nombres analógicos, derivados y compuestos. V. Verbos analógicos o relacionados. El apartado 1 es el único que realmente pertenece a la Prosopología lingüística, cuya base fundamental está constituída por el cuadro de voces que designan los órganos faciales, y de las cuales hemos entresacado los 12 términos susodichos. La irradiación múltiple ejercida por la Prosopología en él aspecto que nos ocupa, 10 propio que la Antropología en una área mayol', sobre el campo de la Lingiiística, origina la creación de diversos grupos de palabras, expresiones y giros, que acrecientan nomblemente el acervo lexicológico y semántico del idioma. Las operaciones propias de dichos órganos faciales, las innumerables 13 - acepciones tropológicas, que tanto enriquecen el vocabulario de las lenguas, los l10rnbres análogos, derivados y compuestos de ruc.hos términos básicos, los verbos análogos o de alguna manera relacionados con estas voces, constituyel1 otras tantas modalidades léxicas, que arrancan, como de su raíz, del núcleo prosopológko indicado. Este campo espacioso y fértil, cuajado de perspect~vas y sugestiones pertenece a una las ramas fundamentales de la ciencia de las lenguas, cual es la LingiHstica antropológica, que mús bien que sección de la ,Lingtiística es una manera especial de considerar ésta o uno de sus elementos constitutivos, siquiera n') hava sido hasta ahora suficientemente investigado ni haya adquirido el reJieve que otras formas de la Lingtiística, como es la sociológica, la estética, etc. Así, pues: el apartado I es la base de la Prosopología linp,:üfstica, en tanto que los cuatro restantes marcan los sectores corresDondÍentes a la LingUística prosopológica: una y otra son partes jntegrantes, respectivamente, de la Antropología lingüística y de h I-ingUística antropológica, J. Tloces prosopológicas. Son las doce preindicadas. con el análisis de su estructura fonética y la expresividad que ésta irradia, desde e1 punto de vista punitivo y visual, de conformidad con las observadones anteriormente formuladas, y con la mira de poner de relieve los valores de Jo Prosopología 1ingiHstica, tema fundamental del presente estudio. 1. l"l~ (pe o fe) (pansemitico: as. r tt . et 'af, ár. fa, fi, fa): boca. r a bilabial oclusiva sorda '" o el sonido labiodental de f, indican de 1ma manera tan clara la cosa expresada que aun sin la explosión de su sonido bastarían para indicarla a la vista. tato bucca, sinónimo familiar de os, panrománico, tal vez de origen céltico, «mot expressif, sans correspondant hors du 1ati11» (Ernout-Meillet) 2 ofrece a base de un fonema del mismo 6rgano (labial), aunque de distinto grado que las voces semíticas consig2 Emout...Meillet, Dictionnaire étymoJogiqt1e de la lang~le latine, Histoin! f!CS ¡¡tóJts, París, 1932, al que seguimos en las referencias latiné1.s, radas, adicionado con otro, completivo de la significación, un trasunto acertado y pleno del órgano significado. 2. ¡¡Elf::¡' labio, voz pan semítica, encierra como elemento fundamental onomatopéyico la letra !'.;:, labiodental, que señala al observador el objeto expresado. El § inicial sirve en cierto modo para Hamar previamente la ,üención, o tal vez denote la analogía de duplicidad (labio superior e inferior) con la voz correspondiente a dientes (Vid. 3, como el !iJ indica su relación con «boca»: {( Son tus labios un rubí Por gala partidos en dos ... }} dijo bellamente un poeta castellano. La. labia, lab"a, panrománico en clara conexión con el germ. lippe, ofrece mediante la b como elemento básico, la líquida (l) y ]a vibrante (1': repárese en la vibrac.i.ón de los labios a impulso de tIna fuerte expiración) como elementos complementarios, una ex- :~resión clara del objeto. Quizá como medio de aumentar la expresividad se haya duplicado en germ., al igual que en italiano, labb1'O, d fonema labial. También la labiodental v del fr. lev1'e, en substitución de la b etimológica pudiera haber sido motivada por semejante motivo, en fm:ma distinta. 3. )lC!' diente, voz pansemítica. Ambos fonemas expresan maraviiJosamente el objeto: la primera, s, con su fuerte articulación (lenta!, tan plena que parece extenderse a todo el aparato dental, y la segunda. 11 alveolar, nasal, sonora, articulada, por lo tanto, en los alveolos, o parte superior de los dientes. También existe el vocablo ,í"l',:;',¡I~t:l pI. fem. dientes «quibus mordetur (mordices dixit Plautus)>> (Winer), de la raíz heb. inus. y ár. latae, morder. Las dos primeras letras, sobre todo la 2.", y en parte también la 3. 11 encierran evidente valor onomatopéyico. Lat. dens, sansc. dan, g"!.". 'ocle;)'!. Pal1románico CM. L. 2556). TÍ<:ne como eJemer¡to destacado la letra dental por excelencia (d), articulada mediante el choque de la lengua contra los dientes, y la 11 CCJTIO elemento complementario, también dental, que sirve al mismo tiempo de prolongación y resonancia. Presenta, por lo tanto, una estructura muy semejante a la voz hebrea, a pesar de la difeleuda del primer elemento formativo en una y otra lengua. 15 - 3. Diente. Marfii (diente de elefante). Cumbre de mi monte. Escollo. Extremidad de la llave. Voracidad. Pujanza. Frecuente es en el Nuevo Testamento la expresión «llanto y c.rujir de dientes» y típico es el dicho «diente por diente» como :f .... ;rmula de la pena del talión. 4. Lengua (miembro del cuerpo). Habla, locución, idioma. Conjuro, maledicencia. Llama (o lengua) de fuego 3. Lámina de metal. Pequeño recodo marino O' lacustre (inversamente en esp. lengua de tierra). Con frecuencia indica la persona misma del que habla: «mi lengua» (= yo que hablo). Admite muy diversos significados específicos según los términos anelos. 5. Nari? (del hombre y del animal). Faz. Persona. Insolencia. Ira, indignación (cfr. esp. «hincharsele a uno las narices»). Curiosas son las locuciones en que precedido este substantivo de los adjetivos «largo» o «corto» toma el sentido de «longanimidad» e <<impaciencia» respectivamente. 6. Paladar. (Organo del) gusto. Discernimiento (cfr. lato sapere). (Organo del) habla. Boca. A veces asume significaciones de sensaciones o actos propios' de la boca o la lengua, v. gr. enmudecer, estar sediento, etc. 7. Garganta. (Organo de la deglución y del habla o fonación). Cuello. Vociferación (cfr. esp. «a voz en cuello»). 8. Soplo. Espíritu. Ira. Soberbia. Aire, viento, tempestad. Inanidad. Soplo vital, alma. Animo. Voluntad. Inclinación. Mente, intelecto. Espíritu divino. Potencia divina. Como puede advertirse, y por una de tantas curiosidades de las lenguas, perfectamente explicables en general, presenta la semántica de esta voz dos direcciones o valoraciones opuestas, de inaL¡dad y de sublimación. 'I/i r'n'¡ «mi vida es viento», es decir, cosa vana e inconsciente (Job. 77 ). «El espíritu (rw"I) del Señor, Yahvé, descansa sobre mí» (Is. 611). 9. Aliento. Aspiración. Alma humana. Id. animal. Vida, 1'ivien3 V. gr. Is. 5 24 • Quizá la expresión de Hech. 23: "lenguas de fuego" ten~a ,inlplemente esta acepción, y 1110 el de símbolo, que generdmente suele 2.¡plirarse. Siendo así, sería uno de tantos hwbra.ísmos del N. T. 'Cuya il1tcr~reta.. :dón resulta a veces errbne3., pOr no tener en cuenta el hebfaíStno latente. 22 ' .. ,' te, hombre, fncÚvlduo, alguien. Yo, tri, él, etc. Mismo. Cadáve:e. I.Jma vegetativa. Id. intelectiva. Exhalación, aroma. Deseo, apetito. Almque a veces resulten sinónimos, existe entre mi y ~ElJ una (liferencia semántica, que se pone claramente de manifiesto me-- diante las significaciones tropológicas y adventicias de uno y otro iéJmino. El primero, «aire, viento, soplo», tiene de por sí carácter t::.\trínseco, con respecto al hombre; sus diversas acepciones implican una exterioridad, una dirección ad intra, o bi.en son conceptos espirituales, a los que por analogía, siquiera remota, se ha aplicado el vocablo, que desde el punto de vista semántico se wrresponde con el lato spiritus. El segundo de dichos términos, <-aliento vital, exhalación)}, denota más bien una fuerza intrínseca, <;!ue anima al cuerpo, con dirección ad extra, pero limitada al ámbto de la persona, a la cual designa en sus diversas modalidades, y ..::orresponde a la voz lato aninza, contrapuesta originariamente a ,mimus (v. gr. sine anitno anima est debilisl», término que fue subs~ l.ituído en la época imperial por spiritus, trad. del gr. ,),('.IsufLa, el cual &!cabó de prevalecer en el lenguaje de la Iglesia. 10. Oreja, oído. Neoheb. mru"'1ecilla, asa; nombre de seis plantas (con el determinativo correspondiente). Semejantes aplicaciones a la botánica se dan también en castellallo con respecto a esta voz, así como también a otros órdenes de cosas. Es uno de los infinhos ejemplos en que ~e pone de manifiesto ti antropomorfismo que impera en el lenguaje, y que impone la nesecidad de una Lingü:ística antropológica en las investigaciones del lenguaje y de las lenguas. 11. Ojo (del homb,'c y del animal). Burbuja (de vino). Rostro, aspecto, vista. Forma, color. Superficie. Mente, inteligencia. Consideración. SOberbia, procacidad, malignidad, envidia, deseo, humilciad, esperanza, segíill la palabra aneja. Las relaciones entre causa y efecto, la visión corporal y la espiritual, así corno los diversos movimientos del alma que se reflejan de un modo especial en los ojos, tejen la trama semántica de esta palahra, llena de sugerencias psicológicas. 12. Cara. Parte anterior de algo. Superficie, aspecto exterior, anverso. Faz, rostro humano, y, por extensión, la parte correspond?ente de los a.T1imales. Semblante. Mirada. Presencia. Persona. lilismo. Faz de Dios (antropomorf.). - 23 - Entra en la composición de numerosas locuciones con nombres y verbos, y forma asimismo algunas expresiones adverbiales y prepcsicionales de uso frecuentísimo, por donde se ve la trascendencia que en el lenguaje ejerce la Antropología lingüística, hasta en los mismos dominios de las palabras sincategoremáticas. IlI.-Nombres analógicos, derivados y compuestos. La analogía, que ejerce tan avasalladora influencia en el área de la fonética basta el extremo de que {(POCOS procesos fonéticos hay que no estén más o menos alterados por ella» (Vendryes), y Ciue también en la morfología extiende su radio de acción, no pocas veces perturbadora del natural desenvolvimiento y empleo de los modernas, en el campo de la lexicología es donde quizá desempeña un papel más preponderante. Las acepciones tropológicas que hemos consignado se basan prjncipalmente en la metátora, es decir, en las leyes de la analo- !:,ia; esta es la analogía de significación. Pero existe también la de índole temática: voces de estructura estrechamente relaclOnada, a base de elementos fonéticos, que confirman en su significación ese parentesco radical. Existen asimismo no pocos substantivos de las· diversas clases que registra la moderna gramática hebrea, formados con reduplicación de algunas de sus letras -normalmente la segundao mediante alg(m prefijo, sufijo o infijo, pero cuyo radkal arranca totalo parcialmente de otras palabras. Notoria es la carencia de substantivos compuestos, como una de las c:aracterísticas del hebreo y restantes lenguas semíJicas; pero este fenómeno, perfectamente explicable en hebreo por el estado constructo, que forma una especie de vocablo compuesto entre el cteterminado y el determinante, sólo se refiere a los nombres comunes. Los propios, tanto onomásticos como topónimos, s·on muy numerosos, y en esta clase la intervención de nombres antropológicos es considerable. Siguiendo las normas de los apartados preced~:ates, consigna~ mos algunos nombres, a título de orientación nada más, y no co- ).110 elenco completo. 1. j'J'~ mo (de espada o puñal). m'ID'~ filos, dientes, bendi~ duras. Hay algunos nombres de persona y de lugar; cfr. gro Crisóstomo; esp. BocángeI o el topónimo Boca-de-asno. Citemos, p. e. Pinl:ás, boca de bronce, Pikol, boca de todos. 2. C!110 bar'ba labii, bigote. 3. c~~mlO den!>' elefantOtl-l111, marfil. iUl,l1!t dicterio, insulto. Cfr. varias locuciones castellanas, como «enseñar los dientes», «hin:- car el diente;>, «tomar o traer a uno entre dientes», etc. ! 4. 'i1O~ (:aliquid dulce quod lingitur vel lambitur» (Zorell), jugo, pan, dulce. Parece tener alguna analogía con 111Or, ; cfr. ár. lasada, larr.er y etióp. lasd, manteca. 5. li~~~ «nomen avis ab iracundia dictae», garza (?). r:¡u (?) eminencia, cima. Ji!).l id., región; criba . . 6. Fi~,m dedicación, iniciación. (Vid. supra, verbo correspondiente). li~li anzuelo, «sic dictus quod piscium faucibus (palato) infigitur» (Winer). I 7. Jii.'! «rumen», alimento rumiado; grano. Item, obolo (20'! parte del sido). I 8. t:¡lii bieldo. il'li espacio, relajación, liberación. Jirn¡ id. 9. 1.!"iJJ NafIs (n. pr.). 10. c\n~l.) balanzas (cfr. acepción de ponderar del v. in~. Quizá pueda haber influído asimismo la forma, por analog:a con las dos orejas. Varios n. pro 11. l~¡n~ fuente. Numerosos topónimos. ¡IJj envidioso, «obJiquis torvis oculis adspiciens, invldiose observans» (Winer). 12. j'J~ pI. C\l\:i:J ,piedras preciosas. ;2) ángulo. li.l:J ángulo piedra angular, torre mural. V.-Verbos analógicos o relacionados. Atmque en número menor que los substantivm, también pue~ den señalarse verbos de factura y significación analógica a las de los términos antropológicos estudiados (§ 1) o bien de los verbos que indican las operaciones correspondientes (§ JI). 1.' ¡=¡~!l (¿), (ár. fa'), divicllr, separai, escindir, romper (CÓn1!i. In fisura bucal). m!) (?), soplar, exhalar, quizá tenga alguna relación ori- [;inaria con /jji .¿No podría ser una fusión de los elementos como ponentes de li~ y m"1 ? 2. Coincidente con n!lt:! labio, en la 2. a y la 3. a radical, aun~ que ligeramente dispar de la 1.a (.~ en vez de $) 4 es el verbo l"l!lTO , Pi. hacer caer, decalvar, de significación totalmente remota. Ni ¡¡~i:l ni parecen tener relación alguna semántica, a pesar de las parciales coincidencias fonéticas, con el substantivo en cuest~ón. Algunos relacionan con éste la raíz mus. en heb., existente en etióp. li!)t:! I extender, derramar. 3. rtlt:! pasar cambiar, repetir. 4. No hemos encontrado ning(m verbo analógico del substantivo pt:!~ o de su denominativo arriba expresado. 5. /j~.'i soplar, excitar, suspirar, despreciar. ::lU (?), agitar, elevar. Item 2 rociar. 6. Quizá no sea un absurdo relacionar el verbo c.:;¡¡=¡ ,saber, ber sabio, con la misma raíz de 1li ,paladar gusto, sabor, con la cual coincide en dos radicales, al par que en el signHicado. 7. Con el substantivo il~ I que mencionamos a propósito de <'garganta);, se relacionan radicalmente los verbos VI" lamer y hablar inconsideradamente, y neoheb. in~ beber, tragar, chupar, tartajear. Item .:l.l7' balbucir, reirse de tartamudear. 8. m, ser laxo, espacioso, respirar. n,., beber largamente, saciarse, regar. 9. f!lJ (?) sacudir, quebrantar, dispersar. 10. F~ (?) pesar, sopesar, ponderar (cfr. ár. wazana). 11. j'Ell (?), cegar los ojos. 't!1 (?), vigilar, excitar, despertar 12 ¡J~ inus. heb., pero en ár. II fanna, distribuir en varias clases (¿caras?), ser variado. Deriv. 1:l\l\'lEJ y ¡EJ, vid. supra. Sin pretender adentlamos en los discutidos problemas de la 4 Téngase en cuenta que $ y s a:sí como tienen idéntica forma, "tout a l'ongille ne <représentaiellt <;.u'un meme son" (M" lMl1Ibett, Gram. n.o 24). También Sf'11 frecuentes his ~stitudornes de 1:) y t:!, - 26 iematología y raí'ces hebrákas, podríamos señalar c01no cáraderis.- tka sintética de cada uno de los siguientes ténninos prosopológi· (.O~ estudiados una letra especial: 1 Y 2. boc:.l y labios ~ 3, dientes; ~ 4, lengua, , 5 nariz, 1 6, paladar, i 7, garganta, l 8, aire, espiritu, ., Los cuatro restantes, 9-12, presentan menor grado de especifica- (i6n a base de un solo fonema típicamente expresivo; su exprcsi- ,,¡dad se completa con dos o con los tres fonemas consonánticos de que constan. También es notable el hecho de que en nueve de esos doce términos figura el fonéma nun, al menos etimológicamente; en algunos expresa la nasalidad, y en los restantes más bien actúa en fun- ¡;, j.'m de resonancia, con el fin de aumentar la expresividad. Recuérdese el oficio que dicha letra desempeña en los nombres aulJ1entados hebreos, así como en los aumentativos .:astelIanos. Buceando un poco más en la materia expuest<l, advertiremos que hay voces un poco más alejadas de la formackm o inmediata dependencia prosopológica, pero que, no obstante, reunen en sí varios fonemas típicamente prosopológicos para indicar actos de "vidente analogía con ciertas operaciones del aparato de la fonación. Particularmente instructivo es el ejemplo de liME.) » abrir, C'~lyas tres radicales indican los tres momentos del proceso c:.ue supone abrir el aparato bucal. De ahí los derivados petaJ:¡. puerta. pétab exposición, etc. El uso gramatical de esta misma raíz para la voz pátab ({tr. fatba) corrobora nuestra observa:ión. El breve estudio precedente demuestra con toda evidencia que el caudal lexicologico de las lenguas está sembrado de términos y expresiones ar,tropológicas. Una pequeña porción de éstos -la prosopologiaen la lengua hebrea, con algunas referencias al lat:in y, ocasionalmente, a algunas otras lenguas nos han servido de tase para el ful propuesto: despertar la atención hacia este campo de la Ungilistica lleno de floridas y copiosas sugestiones 5 5 Un ~re\e florilegio de frases castellaoo.s escogidas áJ azar baRtará pa" fa demostrarlo: metérsele a ¡uno por los ojos, volver lús ojos a alguien., saltar. - ~7 - Naturalmente, algunas ele nuestras incllcaclones, sobre todo ert punto a interdependencia de vocablos o raíces, tienen mero valor de insinuación o posibilidad; pero, no existiendo hasta la fecha ningún diccionario hebreo propiamente etimológico, del estilo, p. e. del de Ernout-Meillet, antes citado, para el latín, que contenga. como éste, la historia completa de las palabras, el haber iniciado modestísimamente un nuevo camino .:reemos motivo sufi- (:ente para que no. se enjuicien como conclusiones definitivas lo que no excede de la categoría indicada en el epígrafe, «Apuntes para una Antropología lingüística», limitados a la «Prosopología hebrruca». David Gonzálo Maeso ¡¡ele;a uno un ojo (sentir envidia), abrirle a uno los oja.s, llai1<!rle a uno los ojos, tener buen gusto o fino paladall", darle a uno en la nariz, ver palpaLlemente, metérsele a runo entre ceja :Ji ceja, tener algo entre pecho y espalda, ~r 11."1 deslenguar:lo, tener rr~a1a lengu:l., negar a. oídos de alguien, zumlarle a uno los 01dos. ett:. etc.