Instrucciones sanitarias contra el cólera / redactadas por los doctores Ramón Félix Capdevilla y Carlos María Cortezo
Full text
INSTRUCCIONES SANITARIAS C! O N T U A EL COLERA REDACTADAS POR LOS DOCTORES DON RAMÓN FÉLIX CAPDEVILA Y D. CARLOS MARÍA CORTEZO Consejeros de Sanidad del Reino, EN VIRTUD UE ENCARGO DEL MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN MADRID IMPRENTA DE ENRIQUE TEODORO Amparo, 102, y Ronda de Valencia, 8. — Telófozxo 552 - 1892
BIBLIOTE G j Sala: ___ j Estante: j Numero: \ i
a. no CONTRA EL CÓLERA REDACTADAS POR LOS DOCTORES DON RAMÓN FÉLIX CAPDEVILA INSTRUCCIONES SANITARIAS D. CARLOS MARÍA CORTEZO Consejeros de Sanidad del Reino, EN VIRTUD DE ENCARGO DEL MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN - < ^ c'r'roT ( UNIVERSITARIA' N i Bfc MADRID IMPRENTA DE ENRIQUE TEODORO Amparo, 102, y Ronda d3 Valencia, tí. — Teléfono 552 — 1892 ■
BIBLIOTECA HOSPITAL EAL GRANADA Sala: Estante: O o -i Numero: o r e í7ñ
a. i io 3 i CONTRA EL CÓLERA REDACTADAS POR LOS DOCTORES INSTRUCCIONES SANITARIAS DON RAMÓN FÉLIX CAPDEVILA Y D. CARLOS MARÍA CORTEZO Consejeros de Sanidad del Reino, EN VIRTUD DE ENCARGO DEL MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN l a ? ( u n iv e r s it a r ia ' Qt Cíe.ArsrA'Oj -- MADRID IMPRENTA DE ENRIQUE TEODORO Amparo, 102, y Honda d3 Valencia, b. — Telefono 552 — 1892
A D V E R T E N C I A Al procurar cumplir el honroso encargo que por real orden del Ministerio de la Gobernación se nos confiara, nos hemos propuesto sintetizar y resumir los estudios que se estiman como más concluyentes respecto á la profilaxia del cólera, adoptando la forma concisa y sencilla que la ín dole y objeto del trabajo imponen: téngase, pues, en cuenta que el tono preceptivo y aforístico que pudiera notarse en este trabajo, no nace de la in tención , sino de la forzada brevedad, tanto más, cuanto que algunos de los consejos, en especial los referentes á profilaxia marítima, no cabe pre tender que sean inmediatamente atendidos por no ajustarse á las prescripciones de la vigente ley de Sanidad. R. F. Ca p d ev il a . C. M. Cortezo. Agosto 30 de 1892.
id
INSTRUCCIONES PREVENTIVAS CONTRA EL CÓLERA I El cólera morbo asiático, según las afirmaciones ■actuales de la ciencia, se caracteriza como epidemia por: Un solo foco de origen: el delta del Ganges y sus ¡países limítrofes. Un solo vehículo de propagación: el hombre y sus medios de comercio. Un solo elemento de contagio ó de infección: el ger men contenido en las deyecciones de los coléricos. Cada foco accidental creado por la importación en cualquier país representa un peligro análogo al foco originario respecto á los países sanos. Estos focos accidentales son muy frecuentes en las comarcas del extremo Oriente, en las demás sólo se presentan cuando la enfermedad transitoriamente adquiere un poder difusivo que ha producido y produce las gran des epidemias.
12 este plazo antes de desembarcar ni entrar en relaciónsus tripulantes, pasajeros, ni mercancías, aun las nocontumaces, con el puerto. Pasados los ocho días se cumplirán las precauciones precitadas. 3 a Si el barco tuviere accidentes á bordo, ástfe llegada serán desembarcados en un lazareto los en fermos y los sanos separadamente; se desinfectará. el barco, los equipajes y mercancías contumaces, y siempre, después de transcurridos diez días sin sos pecha de accidente, será admitido á libre plática. 4.a Todo viajero procedente de un buque en cual quiera de las tres anteriores condiciones, debe, al des embarcar, adquirir patente de Sanidad en las condi ciones y sometiéndose á las reglas que se proponen más adelante para los pasajeros de tierra, sin excep tuar ninguna. Precauciones de iierra. -— Debe procurarse en lo posible el colocar las fronteras terrestres en condi ciones análogas á las costas, es decir, limitar los pun tos de comunicación sin interrumpir ésta en absolu to, como se hacía por los procedimientos antiguos. Puede esto obtenerse interrumpiendo los tránsitossecundarios en cada frontera, y obligando á las mer cancías y viajeros á penetrar exclusivamente por dos,, tres ó cuatro puntos importantes, según la frontera. Para esto deben naturalmente preferirse las comu nicaciones ferro • viarias, las carreteras importantes, etcétera. En cada uno de estos sitios se establecerá una es tación sanitaria de observación é inspección, que pro cederá al reconocimiento de los pasajeros, detendrá los sospechosos y enfermos, y desinfectará los géne ros contumaces.
13 1.0 Á la llegada de un tren ó carruaje procedente de país infectado, los médicos reconocerán los viaje ros en el coche mismo, é invitarán á los sospechosos á retroceder ó los obligarán al aislamiento en los loca les adecuados: los sanos que les quieran acompañar durante el tiempo de observación no podrán estar menos de cinco días sin haber tenido novedad des pués del último accidente sospechoso á que hayan asistido. 2.° Siempre se desinfectará antes de su salida el equipaje y ropas de los enfermos y de los sanos que voluntariamente les hayan acompañado en su aisla miento y observación. B.o Toda la ropa sucia será desinfectada por el calor, aunque sus dueños no presenten síntoma al guno de cólera. 4.0 Los pasajeros sanos permanecerán tres horas en local aparte del restaurant ó fonda de la estación sin mezclarse con el personal de la misma; si duran te este tiempo ofrecieran síntomas sospechosos, in gresarán en la anterior categoría. 5.0 Terminada la desinfección de sus ropas su cias y la inspección médica, podrán proseguir los sanos su camino en las condiciones siguientes: a) Provistos de pateóle de sanidad dirigida á la autoridad del punto á donde se encaminen. b) En departamentos especiales, en cuyas dos portezuelas se pondrá un cartel con el nombre del país de origen. c) Sometiéndose á la observación médica duran te los cinco días siguientes á su llegada al punto de clarado por ellos. 6.0 Si en cualquiera de los períodos de esta ob servación sobreviniesen fenómenos coléricos, siquie
14 ra benignos, las autoridades de la localidad procede rán al inmediato aislamiento del enfermo, rodeándo le de los cuidados y precauciones que más adelante se detallan para evitar el contagio individual. 7.o Los sujetos que por enfermos hayan perma necido en un local de observación, así como los sanos de su familia que voluntariamente los hayan aten dido y los enfermeros que estuvieren á su cuidado, no podrán dejar el local sin tomar un baño general en las condiciones .que el médico disponga por mi ramiento á su salud, dejando toda prenda de ropa que no haya sido lavada, las de lienzo, y desinfecta das las demás.
IV Estas precauciones que de país á país se recomien dan, son las mismas que deben tomarse de pueblo á pueblo ó de provincia á provincia. Están reconocidas como suficientes por el acuerdo unánime de los hombres de ciencia más eminen tes de todos los países europeos y responden á una verdad que es conveniente repetir con insistencia, pues es el fundamento de la defensa individual y colectiva contra el cólera. Á sa.ber: el colérico no es contagioso; de su cuerpo no se exhala ningún háli - to, miasma ni vapor que signifique el menor riesgo para los que se ponen en contacto con él ó atienden al alivio de su mal y su desgracia. Es el sólo vehículo del mal la secreción anormal que constituye su diarrea y su vómito. Una salpica dura de estas materias, una pequeña porción seca y pulverulenta arrastrada por el aire ó llevada al agua por la alcantarilla que abre en un río ó por el pozo negro que comunica por terrenos permeables con otro pozo, depósito ó cañería de aguas potables, envenena
16 todo un pueblo, pues su multiplicación es rápida y prodigiosa en el tiempo y en la extensión. De esta afirmación sencilla se desprende toda la profilaxia del cólera con respecto al agente, á lo que puede llamarse la semilla. Ahora bien; esta semilla puede caer en terrenos muy diversos: fértiles y abonados los unos, indife rentes los otros, estériles algunos. Estos terrenos son, desde el punto de vista colec tivo, las poblaciones; desde el individual, los dife rentes sujetos. Tal población, alta, asentada en terreno impermea ble, con sus aguas garantidas de la posibilidad de la infección, ve á su alrededor diezmados otros pueblos, sin que en ella ocurran más casos que los que van ya declarados y que mueren ó curan allí sin determinar foco de contagio en su seno; tal otra, próxima á río, lago ó arroyo donde vierten los residuos fecales de sus habitantes, ofrece en estas aguas un líquido de cul tivo excelente para el germen fatal y envenena á sus habitantes por centenares, sin que limite la epidemia mas que el hecho de no hallar ya sujetos infect'ables, librándose sólo los que son individualmente inmunes. Ocioso es decir hasta qué punto la aglomeración en las viviendas, la escasez de aguas, el abandono y la suciedad, favorecen la contaminación por la pro pagación de un agente de reproductibilidad tan exa gerada, y que dentro y fuera del cuerpo humano se multiplica y fomenta en todo medio de humedad, suciedad, materia orgánica descompuesta y atmósfe ra confinaba. De aquí los cuidados de las autoridades urbanas: l.° Limpieza y pureza de las aguas potables; vi gilancia exquisita de los depósitos; revisión de los
17 conductos; clausura de toda fuente, algibe, pozo ó manantial que ofrezca la más pequeña sospecha de contaminación ó de filtración con los conductos ó depósitos de materias excrementicias. 2.0 Vigilancia en las fuentes públicas, impidien do que de ellas se tome agua sin intervención de un ■empleado del Municipio exclusivamente dedicado á ellas. Á igual vigilancia deberán someterse los arro yos y cañerías descubiertas, los vertederos y conduc ciones de aguas para el lavado ó la alimentación. De no poder cubrirse estos canales, deberán limpiarse con frecuencia, aumentar su caudal y favorecer su ■curso. 3.0 Obligación de los vecinos de entregar la ropa sucia de toda la familia en que hubiese caso decla rado ó sospecha de infección para ser lavada y desin fectada en lugar marcado por el Municipio y com pletamente alejado del agua que beba la población ó de las corrientes que la lleven á otras inmediatas. 4.0 Diseminación de la población pobre sana á locales á propósito ó á campamentos adecuados, de los que se alejará y aislará todo colérico ó sospecho so. Prohibición en las casas de depósitos de basu ras, trapos y materias orgánicas en descomposición, imponiendo la limpieza diaria de los establos y cua dras, así como la diseminación de los animales que estuvieren en ellos en número excesivo. 5. ° Provisión de alimentos sanos y abundantes á las clases menesterosas para colocar á sus indi viduos en las condiciones de resistencia particular que se recomiendan más adelante. 6. ° Los estercoleros, mataderos, cementerios, fá bricas de curtidos y demás depósitos de materias orgánicas ó industrias que las tienen por base, no son
18 por si peligrosos mientras no son infectados por el germen que á ellos lleve el agua, el descuido de un enfermo ó la mala disposición de los servicios urba nos ; pero si esto ocurre, multiplican y refuerzan al germen. Por regla general, debe impedirse en tiem po de epidemia que las deposiciones se hagan ó mezclen en los estercoleros y muladares, aun en los privados. 7.0 Los urinarios públicos, los retretes limpios é incomunicados con la alcantarilla ó el pozo en que vierten, tampoco ofrecen riesgo alguno; pero la inco municación es condición indispensable. Esta inco municación se obtiene mediante sifones y aparatos de válvula; pero se improvisa con un cacharro que adapte á la taza y que se llena de disolución de sul fato de hierro al 10 por 100, 8.° Las aves, las carnes, las frutas, los pescados, conviene qne se pongan á la venta en condiciones excelentes por los trastornos de indigestión que pue den determinar en otro estado, predisponiendo en alto grado al cólera; pero por sí son incapaces de produ cirle. 9.0 Las campañas de preferencia enderezadas contra los cementerios, los urinarios y las aves de corral, son completamente empíricas y rutinarias, y distraen los recursos y la atención de otras cosas más peligrosas y cuyo remedio se descuida. Las aves y los animales domésticos pueden ser peligrosos por su pluma y su pelo si se revuelcan en sitios donde hubiese deyecciones coléricas, y las gallinas y aves de corral si picotean en estas deyecciones. 10.a Aparte las Autoridades, los médicos y las personas que entiendan su deber de conciencia como hombres, ciudadanos y cristianos, debe favorecerse
19 la emigración de los tímidos y aprensivos, con lo que se aminora la aglomeración urbana y se des embaraza el peso moral del pánico exagerado. En cambio, deben ponerse los posibles inconvenientes á Ja inmigración de los fugitivos hasta tener la certeza de haber desaparecido todo fenómeno sospechoso. 11. a Para los fines de interpretación de este tér mino, fenómeno ó accidente colérico, no debe olvidarse, en punto á preservación internacional, colectiva ó individual, que la más leve diarrea colérica (si es tal), la colerina y el cólera fulminante, son igual mente temibles para la propagación ; del germen de una diarrea colérica benigna, transportado á otro su jeto, nace un caso fulminante, una colerina ú otra diarrea benigna, y viceversa. 12. a Durante los tiempos de epidemia, ó de ame naza de ella, deben prohibirse las ferias, romerías, maniobras militares, etc. 13. a Todas estas medidas de precaución deben extremarse en los lugares y habitaciones que hayan sido más castigados en análogas epidemias anterio res, para lo cual conviene que las Autoridades los vi siten personalmente. 14. a Debe imponerse la obligación formal á los jefes de establecimientos y de fuerzas, á los de Corpo raciones de cualquier índole, civil ó religiosa, á los dueños de hospederías y fondas y á los cabezas de familia, la obligación de dar cuenta del menor acci dente sospechoso que ocurriera en sus subordinados.
V PRESERVACIÓN INDIVIDUAL De las premisas sentadas en un principio y de las reglas dadas después, se deduce fácilmente la profi la xia individual. El aparato digestivo es el punto preferido para la infección del germen colérico, y la disposición indi vidual para la resistencia ó el contagio está subor dinada á la susceptibilidad enfermiza de la extensa membrana mucosa que reviste este aparato desde la boca á los intestinos. La conservación en estado de integridad de esta mucosa y la pureza de los alimentos y las bebidas, son las garantías de la resistencia á la adquisición del mal. Los enfriamientos, las indigestiones, las irritacio nes por alimentos mal condimentados ó malsanos,, son como la remoción de un terreno disponiéndole para la siembra. La contaminación del agua, la de los alimentos por el agua misma, por los insectos que en ellos se
21 posan procediendo de un punto infectado, bastan para llevar la semilla al terreno dispuesto. Los grados de variación entre la susceptibilidad del terreno y la cantidad de la semilla son innume rables; de aquí las formas leves ó graves en sujétos sanos, las fulminantes en los enfermizos, las inmu nidades en muchos que se aventuran al contagio, y los ataques en los que creen precaverse. Las reglas que de esto se desprenden, son : 1. a Dada la destrucción por el calor de los gér menes, debe hervirse el agua y someterse al calor todos los alimentos. 2. a Durante la epidemia debe evitarse cuidado samente todo enfriamiento durante la digestión, toda transgresión ó trastorno del régimen habitual; el tomar bebidas espirituosas, si de ello no hay hábi to, y el excederse en el empleo de legumbres y fru tas indigestas. 3. a La cocción del agua no debe limitarse á la que se usa en bebida, sino extenderse á la que se em plea para el lavado del cuerpo, especialmente de las manos y la cara, y á la que sirve para lavar las car nes, pescados y demás alimentos. 4. a Les vinos que se beban, á ser posible, serán de los embotellados ó guardados desde fecha ante rior á la epidemia, por la mezcla que pudieran tener con agua contaminada. La leche se hervirá por aná logas razones. 5. a La pesadez gástrica que el agua hervida pro duce para algunas personas se neutraliza mezclán dola con una pequeña cantidad de agua carbónica (Seltz) preparada con las sustancias adecuadas en agua también hervida. 6. a Las frutas que no puedan tomarse en com
FORMULARIO DE DESINFECCIÓN Los medios aprobados por unanimidad por el Co mité técnico de la Conferencia Internacional Sani taria de Venecia celebrada este año, han sido: 1.0 Las estufas de vapor y presión fijas para los grandes establecimientos, estaciones sanitarias, hos pitales, etc.; movibles ó portátiles para las pablado nes y el servicio á domicilio; fijas en pontones para los puertos de importancia. 2.0 Las disoluciones de sublimado corrosivo (bi cloruro de mercurio), de ácido fénico y la lechada de cal en las formas que á continuación se detallan : Las estufas deberán ensayarse para comprobar por medio de un termómetro de máxima que se puede por ellas obtener en el centro de las ropas y colcho nes una temperatura de 105 á 110° centígrados, que se estima hoy como suficiente para matar los micro organismos patógenos conocidos. Para asegurarse de la eficacia de la operación, de-
'29 berá mantenerse esta temperatura por lo menos de diez á quiuce minutos. Disoluciones desinfectantes. — 1.a Disolución de bi cloruro de mercurio (sublimado, sublimado corro sivo) en la proporción de 1 de sublimado por 1.000 de agua, adicionando 5 gramos de ácido clorhídrico. Esta disolución debe colorearse con cualquier sus tancia (fuschsina, etc.), y no conservarla en vasos me tálicos. Es venenosa, y no se deben desinfectar con ella los objetos de metal. 2. a Disolución de ácido fénico puro cristalizado en la proporción de 5 por 100 de agua. Esta disolu ción es preferible para los objetos metálicos y para el lavado de los vasos de noche. 3. a Lechada de cal: se prepara tomando cal de buena calidad y regándola poco á poco con la mitad de su peso de agua. Una vez terminada la delitescencia, se guarda el polvo en un recipiente cuidadosa mente tapado y se le pone en sitio seco. Como 1 ki logramo de cal que absorbe 500 gramos de agua en la delitescencia ha adquirido un volumen de 2 litros 200 gramos, basta diluirla en el doble de su volumen de agua, ó sea 4 kilogramos 400 gramos, para obtener una lechada de cal al 20 por 100. Se sumergirán en la disolución de sublimado la ropa blanca, los vestidos y los objetos manchados por las deyecciones de los enfermos. Se lavarán ó pulverizarán con la disolución de su blimado los objetos que no puedan sufrir sin dete rioro la temperatura de la estufa, ó lo que no pueda introducirse en ella, como objetos de cuero, madeias, suelos, etc. El ácido fénico servirá para desinfectar los objetos
30 que ni soportan la temperatura de la estufa ni el contacto con la disolución de sublimado. La lechada de cal se recomienda especialmente para la desinfección de las deyecciones de los coléri cos y los vómitos; si falta, puede sustituirse con el ácido fénico. Para desinfectar rigurosamente un local ocupadopor un colérico (camarote de barco, departamento de ferrocarril, alcoba, etc.) se vaciará en lo posible, se desinfectarán las paredes pulverizándolas con la di solución de sublimado, adicionándola un 10 por 100 de alcohol con objeto de que se adhiera á las partes grasientas. Esta pulverización se hará comenzando, por las partes altas y .siguiendo líneas horizontales, sucesivamente descendentes, hasta cubrir toda la su perficie de una capa de gotitas menudas. Los suelos deben lavarse con la misma disolución. D03 horas después de esta pulverización y lavada puede hacerse otro con gran cantidad de agua clara. Para la desinfección de las calas de los barcos debe inyectarse primeramente una cantidad sufi ciente de disolución de sulfato de hierro, se vacia después el agua de la cala, se lava con la mayor can tidad posible de agua de mar y después con la diso lución de sublimado. El agua de la cala no debe verterse en los puertos. En las localidades pequeñas donde no se posea estufa de desinfección, se quemarán todos los obje tos, ropas, etc., que puedan quemarse sin grave per juicio, y los que no, se someterán ála ebullición en grandes calderas ó barreños, poniendo en el agua sal común en la proporción de un 1 por 100. Entiéndase que esta disolución no se aconseja porque la sal tenga propiedades desinfectantes (aun ■ É
31 que en gran cantidad para las carnes, por ejemplo, las tenga antipútridas), sino porque, retardando el grado de ebullición del agua, hace que -los objetos estén sometidos á una temperatura más alta. Las demás sustancias recomendadas como desin fectantes (ácido bórico, timol, sulfatos de zinc, cobre y hieiTO, cloruro de zinc, cloruro ó hipoclorito de cal, etc.), aunque tengan virtudes desodorantes, an tipútridas y desinfectantes, no son tan seguras como las recomendadas antes, y su enumeración podría confundir en vez de ilustrar á las personas no peritas.
K %
f