Don Manuel Sotomayor y sus aportaciones al conocimiento del mundo romano y el primer cristianismo en Andalucía
Abstract
AGRADECIMIENTOS Agradezco la ayuda prestada por las Dras. Elena H. Sánchez y Gisela Ripoll en la redacción de este escrito. La revisión final ha sido realizada por la Dra. Auxilio Moreno. Sin sus aportaciones en determinados temas, referencias bibliográficas, así como la revisión en la redacción, este texto no sería lo que ha acabado siendo. Y, cómo no, al propio Don Manuel. Una persona que admiré académicamente y que aprecié personalmente. Gracias a toda la documentación que me pasó en vida he podido redactar este escrito.
Full text
487 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 * Catedrática honoraria de Arqueología; Universidad de Granada. Fecha de recepción: 08-05-2022. Fecha de aceptación: 30-09-2022. http://dx.doi.org/10.30827/CPAG.v32i0.24598 DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO Y EL PRIMER CRISTIANISMO EN ANDALUCÍA Manuel Sotomayor and his contributions to the knowledge of the Roman world and early Christianity in Andalusia MARGARITA ORFILA* Ignorar qué es lo que ha ocurrido antes de nuestro nacimiento es permanecer perpetuamente niño Cicerón, Orator ad Brutum, 38,120 RESUMEN En este escrito se reflejan las líneas de investigación de Don Manuel Sotomayor Muro y las más que notables aportaciones realizadas a la arqueología clásica dentro del territorio andaluz. Se incide especialmente en su labor científica con la serie de actuaciones arqueológicas desarrolladas en ciudades, asentamientos rurales y complejos alfareros de época romana, como a su legado en temas fundamentales para el conocimiento de ésta época, cómo la sistematización de las piezas de vajilla romana fabricadas en la Bética o la repercusión del cristianismo en el ámbito social establecido, desde su introducción y desarrollo durante sus primeros siglos, acompañado de un estudio iconográfico exhaustivo. Se ofrece un apartado dedicado a la picarescas actividades de D. Juan de Flores y Oddouz, presbítero de la catedral de Granada, en el entramado de falsificaciones históricas que vivió la ciudad en el s. XVIII. Por último, se reserva un apartado en el que se evoca la figura de D. Manuel Sotomayor como persona y amigo, para finalmente reunir el grueso de su producción bibliográfica. Palabras claves: Sotomayor Muro, Cristianismo, Granada romana, Falsificaciones, Iconografía cristina, Vajilla de cerámica.
488 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 ABSTRACT This paper gathers the lines of research of Don Manuel Sotomayor Muro and the more than notable contributions made to classical archeology within the Andalusian territory are reflected. Special emphasis is placed on his scientific work with the series of archaeological activities carried out in cities, rural settlements and pottery making complexes from the Roman period, as well as his legacy on fundamental issues for the knowledge of this period, such as the systematization of Baetican ceramic tableware are highlighted or the repercussion of Christianity in the established social sphere, from its introduction and development during its first centuries, accompanied by an exhaustive iconographic study. The next section addresses his work in clarifying the historical falsifications suffered by the city of Granada, and the special role played by Juan de Flores and Oddouz, priest of the Granada Cathedral, in the XVIII century. Finally, a section is reserved in which the figure of D. Manuel Sotomayor is evoked as a person and friend, to finally gather the bulk of his prublications. Keywords: Sotomayor Muro, Christianity, Roman Granada, Forgeries, Christian iconography, Ceramic tableware. INTRODUCCIÓN Encabezar este artículo con esta cita de Cicerón tiene un gran sentido para mí, al ser la que el Dr. Don Manuel Sotomayor Muro pronunció allá por el año 1993 al despedirse de la docencia reglada en la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús en Granada. Una frase muy significativa que además, lo define personalmente. Pese a no estar presente en aquella ocasión, la costumbre de esa institución de publicar la última lección de quién se jubila, nos ha permitido conocer de qué modo él quiso hacerlo (Sotomayor, 1993a:240). Nacido en Algeciras en el año 1922, tierra a la que siempre se sintió enraizado, falleció en Salamanca en el año 2020. Su trayectoria investigadora la forjó en diversos destinos como Madrid, Roma, Andújar y especialmente en Granada. Persona de fuertes convicciones, ingresó en la Compañía de Jesús en Algeciras con sólo diecisiete años, trasladándose posteriormente a Madrid para continuar su formación. Concluidos tres cursos de Filosofía en la Facultad de Filosofía del S.I. de Chamartín de la Rosa, pasó a obtener el magisterio sacerdotal en Las Palmas de Gran Canarias, extendiendo sus estudios en Roma a partir de 1949. En el año 1953 se licencia en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y dos años más tarde, en 1956, obtiene una nueva licenciatura, en esta ocasión en la Facultad de Historia de la Iglesia de la misma universidad de la ciudad eterna. Estos estudios le confirieron una sólida formación teológica e histórica que, posteriormente, se verán reflejados en la serie de publicaciones que reunió a lo largo de su trayectoria vital en la revista de la Compañía de Jesús: Proyección: Teología y mundo actual, de la Facultad de Teología de Granada. Se ordenó sacerdote en 1952 bajo el rito ortodoxo católico (fig. 1), con la ilusión de ejercer esta doctrina en Rumanía. Pese a haber aprendido la lengua rumana, el proyecto se truncó finalmente debido al control ejercido por parte de la Rusia soviética sobre esas tierras (Bendala, 2021), lo que provocó un nuevo giro en su vida, su traslado a Granada en 1956. Fue en ese año cuando empezó su andadura
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 489 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 docente en la Facultad de Teología de esta ciudad. En esos momentos ya había encauzado muchas de sus inquietudes investigadoras hacia los inicios de la historia de la Iglesia y sus primeras expresiones, contextualizándolas en la cultura en donde se desarrollaron, la romana. Reflejo de ello sería una primera tesis doctoral, defendida en 1962 en la Universidad Gregoriana de Roma, que versaba sobre la iconografía de San Pedro, dentro del marco de Historia de la Iglesia (Sotomayor, 1962a). Su segundo doctorado, esta vez en Historia, versó sobre datos históricos sobre los sarcófagos romano-cristianos de España (Sotomayor, 1973), defendida en 1969 en la Universidad de Granada. Dos tesis que, como podemos observar, se complementan. El mundo romano y la historia del cristianismo fueron, insisto, las dos grandes líneas de investigación a las que se dedicó el padre Sotomayor a lo largo de su vida. Materias que se fueron desarrollando en paralelo y entrelazándose, tal como se apreciará en estas líneas que estamos redactando. Pero no fueron las únicas, su curiosidad le llevó a interesarse por otras disciplinas y temáticas. Recordemos su trabajo sobre la Historia eclesiástica de Granada (Sotomayor, 1996), las magníficas conferencias sobre la biografía del jesuita italiano de Macerata, Matteo Ricci (15521610), en su labor por la cristianización de China, impartidas en la conmemoración del cuarto centenario de su muerte en ese país oriental. Tampoco podemos olvidar los trabajos en donde D. Manuel reflejó su preocupación por el patrimonio histórico Fig. 1.—Don Manuel Sotomayor oficiando misa bajo el rito ortodoxo católico.
490 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 en general y arqueológico en particular (Sotomayor, 1993b, 1998b). Una preocupación que trasmitió en sus intervenciones como integrante de la Comisión Andaluza de Arqueología entre los años 1984-85 (Loza, 2019:303), y de la que dimitió por no estar de acuerdo con algunas de las decisiones alcanzadas. Más concretamente en el caso Cercadilla, en Córdoba. Defensor a ultranza de su postura en defensa del yacimiento de Cercadilla, un espectacular conjunto del mundo romano que fue destruido ante la ejecución del proyecto de obra de la estación de tren de Alta Velocidad y su playa de vías. El esfuerzo por buscar soluciones que salvaguardasen el magnífico monumento romano, entre ellas optar por un desvío como apoyaba Sotomayor, no se tuvieron en cuenta dado que, según los responsables, no había tiempo para plantear otra opción ante la prioridad de conectar Madrid con Sevilla en AVE para la fecha de inauguración de la Expo Universal de Sevilla 1992. Como es lógico, al ser de Algeciras, algo de lo que hacía gala constantemente y que llevaba con mucho orgullo y cariño, y vivir en Granada desde mediados de los años 1950, hicieron que la mayoría de sus trabajos e investigaciones estuvieran focalizadas en estas tierras meridionales hispanas. A pesar de lo variada de esta casuística de hechos, el objetivo del texto que firmo no es escribir una biografía de este investigador, de las que se han publicado ya varias desde su deceso (Rodríguez Oliva, 2021/2020; Bendala, 2021; Orfila, 2021) y algunas otras previas (Aranda, 2009b), sino, humildemente, lo que se pretende es destacar las aportaciones de Don Manuel para la comprensión e interpretación de una parte importante de nuestro pasado, el correspondiente al período histórico romano como del proceso de cristianización en Andalucía. Por otra parte, el presente artículo no podría redactarse sin incluir referencias biográficas sobre su personalidad, ya que quedaría incompleto y falto de sentido. De hecho, sus publicaciones tienen ese punto que las hace reconocibles aún antes de ver su firma en ellas. Lo que es debido justamente a su peculiar forma de ser y de afrontar cualquier acción a lo largo de su vida. Una personalidad que marcó a todos los que lo conocimos y que tanto se echa de menos. Fue un lujo haber podido disfrutar de su sabiduría y conocimiento, y especialmente de su amistad. Recordemos la frase de Cicerón con la que he iniciado este escrito. Esas palabras reflejan claramente las actividades que seguiría Don Manuel, siempre en pos del conocimiento del pasado para así entender y asumir el presente, ensalzando la importancia del conjunto de legados anteriores a nuestras vidas, y de tal manera que, sin el conocimiento del pasado, sin una buena interpretación del mismo hecha con criterio, sería muy difícil entender el presente. Ese fue el posicionamiento y propósito desde el que trabajó, en la línea de lo que se expresa en estas frases de Marín Gelabert: La Historia no es el pasado, como tampoco la Física es la materia o la Biología la vida. La Historia es el estudio y la explicación del pasado. Es decir, la interpretación racional y científica … de un pasado que, pretérito o no, debe servirse a la ciudadanía con el objetivo de su compresión en el presente. (Marín Gelabert, 2006:7).
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 491 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 Hecha esta introducción, la continuación de este escrito está estructurado en cuatro partes; las dos primeras dedicadas a analizar sus aportaciones tanto al período romano como a la introducción del cristianismo en Andalucía, además de el devenir histórico de las primeras centurias de esta religión en general. Un tercer apartado dedicado a la serie de falsificaciones históricas que tuvieron lugar en Granada entre los siglos XVI y XVIII, y cómo ello influyó negativamente en el conocimiento del período romano de la ciudad, para, finalmente, cerrar con unas pinceladas sobre su personalidad. ANDALUCÍA Y LA ÉPOCA ROMANA A lo largo de los años, la investigación de Don Manuel Sotomayor focalizada geográficamente en el territorio andaluz y dedicada al período romano, se fundamentó en tres grandes pilares: el mundo rural, la actividad artesanal referida a la producción alfarera, y el mundo urbano. Su vasto conocimiento de las fuentes clásicas literarias como base del estudio del período romano, unido a su inmersión en la arqueología como ciencia histórica durante su estancia en Roma, repercutieron muy positivamente en el conocimiento de esas temáticas. Ese acercamiento de Sotomayor a la ciencia arqueológica se acrecentó por la llegada a la ciudad de Granada del que fue el creador del Departamento de Prehistoria de dicha Universidad, mi maestro, el Dr. Don Antonio Arribas i Palau (Orfila, 2011), quién obtuvo la Cátedra en Prehistoria en 1965. A partir de ese momento surgió una sincera amistad entre ellos que se prolongó hasta el final de sus vidas. En aquellos años de las décadas de 1960 y 1970, colaboraron con Don Manuel algunos de los alumnos que cursaban la asignatura de prehistoria en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, como Fernando Molina, Enrique Pareja, Pedro Aguayo, Francisco Contreras, etc. Estuvo también muy conectado al Museo Arqueológico y Etnológico de Granada, y a su directora, Ángela Mendoza, quién, siguiendo la tradición familiar, sustituyó en el cargo a su tía Joaquina Eguaras (Aranda, 2009a), una pionera en el mundo de la arqueología y del mundo académico. Quiero pensar que, dado que Don Manuel estaba al día de la bibliografía existente, a buen seguro leyó el magnífico artículo de J. Maluquer de Motes de 1971, en donde, en sus primeros párrafos, marca lo que tanto influyó para muchos de los arqueólogos de la época, como fueron las líneas a seguir en cualquier investigación, conjugando datos procedentes de las fuentes literarias clásicas con los de la arqueología. El párrafo que transcribimos aquí resume claramente esta idea: “En realidad, vemos que ambos grupos de fuentes se necesitan y se complementan [literarias y arqueológicas], tanto para lograr una visión histórica más próxima a la realidad como para facilitar la propia crítica de las mismas fuentes” (Maluquer de Motes, 1971:125). Sobre los tres bloques de estudios indicados al inicio de este apartado, el referido al mundo rural romano llevó al padre Sotomayor a trabajar en varios yacimientos
492 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 arqueológicos. Su incursión en este tema fue en parte debido a su interés por el primer cristianismo y en parte al deseo de identificar en este tipo de asentamientos algún vestigio de esa religión, aunque en realidad le sirvieron para bastante más. Gracias a estas actuaciones pudo aportar nuevos datos sobre la importancia, para la economía de la Bética, de las actividades agropecuarias llevadas a cabo en las distintas instalaciones de los establecimientos, y en las que las ganancias acumuladas eran visibles en la parte misma del hábitat. Igualmente hay que subrayar que este tipo de intervenciones abrieron el campo del mundo rural a muchos otros investigadores. Durante tres años, 1969, 1970 y 1971, fue director de las intervenciones arqueológicas en la villa romana del Cortijo de Armas del Pago de Bruñel en Quesada, Jaén (Palol y Sotomayor, 1972; Sotomayor, 1985a, 1999). Este asentamiento rural fue descubierto, y en parte excavado, en 1924, retomándose las intervenciones en 1965 bajo la dirección de del Nido, a quien se sumaría al equipo ya en 1967 A. Arribas, M. Riu, J.M. Pita y P. de Palol. Sin embargo, fueron las excavaciones llevadas a cabo por Don Manuel entre 1969 y 1979 las que permitieron tener una visión de conjunto del establecimiento así como reconocer las diferentes fases de uso y transformaciones que tuvo el edificio, aportando datos relevantes en cuanto a las funcionalidad de cada una de las estancias (Hidalgo, 2016). A este respecto hay que aclarar que fue a raíz de la intervención de Sotomayor cuando quedó definitivamente descartada la hipótesis de que una de esas estancias, con ábsides contrapuestos, tuviese una función religiosa cristiana, como se había insinuado (Sotomayor, 1985a). Las decoraciones de esta villa fueron el estudio central, por otro lado, de la tesis doctoral de L. Muñóz (1999), un trabajo intenso, muy del agrado de Sotomayor. Con posterioridad, en 1976, intervino, junto a Enrique Pareja, en la villa de Gabia la Grande, en el término municipal de Granada (Sotomayor y Pareja, 1979a). Un establecimiento rural, descubierto en 1920, que nuevamente había sido interpretado de manera errónea al considerar que una de las estancias estaba relacionada con un elemento cristiano, un baptisterio. Años más tarde a su descubrimiento, Pedro de Palol propuso una nueva interpretación en base a la documentación gráfica del yacimiento: “Como puede verse por las plantas y secciones que damos, la impresión del monumento es de que se trata del extremo de un criptopórtico romano, con una dependencia quizá termal” (Palol, 1967:157-158). Sin embargo, fue la actuación arqueológica de Sotomayor y Pareja la que finalmente pudo corroborar esta nueva propuesta además de determinar que la superficie ocupada por las diversas estructuras era mayor que la afirmada en su inicio. En paralelo al trabajo de campo, fueron relevantes las pesquisas de Sotomayor en la identificación del número de parcelas, del total que abarcaba el yacimiento, que tenían tramitados correctamente su expropiación. Intervenciones en la última década del siglo XX han ampliado aún más la superficie ocupada por este complejo establecimiento rural romano, aportando información relativa a la zona de transformación de bienes agrícolas, identificándose especialmente la zona de prensado y los depósitos en donde acumular el producto procesado, el aceite (Gutiérrez et al., 2016).
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 493 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 Otra de las excavaciones que llevó a cabo Sotomayor, de nuevo en colaboración con Enrique Pareja, fue en la villa romana de Torralba (Huéscar, Granada), en 1978 (Pareja y Sotomayor, 1979b). La intervención documentó un establecimiento rural en una zona en la que el periodo romano era prácticamente desconocido. El establecimiento constaba de la vivienda del propietario, con magníficos mosaicos, y otra como pars rustica, con una estancia claramente destinada a almacenaje en dolia. Sin esas aportaciones iniciales sobre el mundo rural, basadas en la documentación obtenida a través de excavaciones arqueológicas sistemáticas, hubiese sido muy complejo para los investigadores posteriores realizar un análisis de la explotación agraria en lo que fue Andalucía en épocas romana y romana tardía. Si nos centramos en las investigaciones de Sotomayor sobre las ciudades romanas andaluzas, en orden cronológico la primera en la que trabajó, aunque al inicio no directamente sobre su estructura urbana, fue en la Iliberis/Iliberris ibérica, transformada toponímicamente en Florentia Iliberritana en época romana, en el actual barrio del Albaicín de Granada. En ese caso su acercamiento fue a través de la intervención arqueológica que, en la década de 1960, estaba realizando en el alfar romano, en la zona de Cartuja de la capital granadina. Podemos asegurar que su iniciativa e interés por la ciudad romana de Granada abrió una línea de investigación que ha propiciado que en la actualidad se tengan unos conocimientos sobre el tema, impensables en los inicios de sus indagaciones. Sirva como muestra de sus aportaciones las referencias bibliográficas que incorporamos en estas líneas, sumadas a las que forman parte del elenco bibliográfico al final de este escrito. Del Municipiumn Florentinum Iliberritanum se tenía conocimiento tanto a través de las fuentes literarias y de algunos bienes muebles, especialmente epigráficos, que habían ido apareciendo en el citado barrio granadino desde el siglo XVI. Sin embargo, debido a una serie de falsificaciones históricas habidas desde el siglo XVII, referidas al período romano granadino (Sotomayor 1996b), se había ido generando una controversia en torno a la existencia o no de la propia ciudad y en su caso, sobre el lugar que ocupó Iliberri/Illiberis Es evidente que, si uno es tendencioso, el propio devenir del topónimo, cambiante a lo largo de las centurias, pone el tema en bandeja: Ildurur, Iliberri, Florentia Iliberritana, Eliberis/Ilbira, Garnatha/Garnàta al Yehùd o Agarnata, Medina Garnatha, además de Castela o Castilia (Kastiliya), hasta derivar en Granada (Sotomayor, 2008a:24-25). El topónimo, y las acciones falsarias, ayudaron a que se pusiera en tela de juicio cualquier bien de época romana que hubiera sido recuperado en el subsuelo del Albaicín. Es más, en el siglo XIX se extendió la creencia de que la ciudad romana se ubicaba en Sierra Elvira (Atarfe), con detractores y loadores de ambas opciones: los llamados elviristas frente a los alcabazistas que defendían su emplazamiento en la Alcazaba Granadina y más concretamente en el Albaicín (Sotomayor 2008a; Sotomayor y Orfila, 2011). Dado el talante del Padre Sotomayor y sus modos de trabajo, interesado como estaba por esta ciudad desde su traslado a la misma, no debe extrañarnos su esfuerzo y dedicación en aclarar dudas tan absurdas. Como él mismo escribió: “Cinco siglos han tenido que transcurrir para que quede excluido de la verdadera historia
494 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 todo intento mínimamente justificado de situar la antigua ciudad ibero-romana de Iliberis o Iliberri a varios kilómetros al NO de la actual ciudad de Granada” (Sotomayor, 2008a:23). En este sentido, continuó con la tradición iniciada primero por Gómez-Moreno en el siglo XIX, y seguida posteriormente por su hijo (Gómez-Moreno Martínez, 1949), en aportar nuevos datos que resultasen contundentes frente a aquellos que planteaban, para Florentia Iliberritana, una ubicación distinta a la colina del granadino barrio del Albaicín (Sotomayor, 2008a:25-27). Su interés por Granada en época romana se vio compensado al desarrollar las excavaciones arqueológicas en el Carmen de la Muralla. Sus palabras lo dicen todo: Llegar a excavar en la zona más antigua de la ciudad de Granada fue para mí ilusión acariciada durante años. Y digo bien ilusión, porque durante muchos años no hubo manera de que aquellas inquietudes investigadoras hallasen eco alguno en quienes hubieran podido convertirlas en realidad. (Sotomayor, 1988b:7). La rehabilitación de una de las torres de la muralla medieval localizadas en ese solar propició que se realizase una campaña de excavación en 1982, como apoyo al proyecto, que se prolongaría en dos campañas más, en 1983 y 1984 (Sotomayor et al., 1984). Sus trabajos e investigaciones sistemáticas fueron pioneras en la ciudad de Granada, abriendo el camino a otras muchas realizadas desde entonces en numerosos solares granadinos. Nuevos proyectos e investigadores las han liderado, como el que dirigió una de sus alumnas más apreciadas, la añorada Dra. Mercedes Roca, quien, a su llegada a Granada como profesora de nuestra universidad, recogió la antorcha en las excavaciones en el Carmen de la Muralla, junto a M.ª Auxiliadora Moreno (Roca et al., 1988). En este solar se ha podido documentar una secuencia cronoestratigráfica de ocupación que va desde la edad de Bronce hasta la actualidad, identificándose, entre otros bienes inmuebles, varias estancias, parte del lienzo de muralla de época ibérica, reestructurada posteriormente en épocas romana y medieval, junto a un horno romano de producción alfarera, además de algunos elementos provenientes de las actuaciones del siglo XVIII realizadas por el falsario Juan de Flores y Oddouz, de quien hablaremos más adelante. El hecho de que sea de propiedad municipal facilitó la programación y planificación de las intervenciones. Granada, como ocurre con la mayoría de ciudades andaluzas, es una ciudad histórica que conserva en su subsuelo restos arqueológicos de innegable valor patrimonial. Pero también es un yacimiento con vida, por lo que la posibilidad de desarrollar una actividad arqueológica está supeditada, entre otros, a los proyectos de obra nueva o de reestructuraciones de los inmuebles existentes en este barrio del Albaicín o en cualquier otra zona de la ciudad. Los resultados de la suma de todas las intervenciones con registros de época romana, desde las realizadas por Sotomayor hasta la actualidad, han permitido apreciar la evolución en concreto de este ente urbano desde época ibérica al cambio observado en época romana, adquirida ya la categoría de municipio antes del cambio de Era. Unas etapas que se consideran son el germen de la sociedad
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 495 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 iliberritana que, como consecuencia de la intensa explotación agraria de la vega, adquirió una riqueza tal que propició el surgimiento de una élite con suficiente poder económico como para permitir que algunos de ellos llegasen a ser personajes de suma importancia, llegando incluso a alcanzar puestos de alta responsabilidad en la propia Roma capital (Roca et al., 1988; Jiménez, 1999; Sotomayor, 2000a; Rodríguez, 2001; Orfila, 2011). Si bien el trabajo arqueológico llevado a cabo por el Padre Sotomayor y sus colaboradores en el Carmen de la Muralla fue importante, no menos lo fueron sus incursiones en los archivos históricos en pos de reunir el máximo de datos referidos a las intervenciones llevadas a cabo en el siglo XVIII por parte del ya citado Juan de Flores, en un intento por diferenciar entre los bienes originales que éste recuperó y las burdas falsificaciones que se inventó (Orfila et al., 2012). Un punto y aparte a la vez que una gran alegría, fue para Sotomayor la adquisición, ya en el presente siglo y por mediación de un particular, de la documentación realizada por Flores. Entre ella, una serie de planos a mano alzada con las ubicaciones concretas de los verdaderos descubrimientos, y el lugar donde se podía intuir la localización exacta en que estuvo ubicada la plaza del foro de Florentia Iliberritana y su estructura urbana entre otros (Sotomayor y Orfila, 2004; 2006; 2011) (fig. 2). Esa alegría la pude vivir personalmente un domingo, a primera hora de la mañana, en Fig. 2.—Restitución de la planta del foro romano de Florentia Iliberritana (Sotomayor y Orfila, 2011).
502 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 De nuevo y reiterando lo ya expuesto, hay que decir que Sotomayor fue pionero, a nivel autonómico, nacional e internacional, en la manera de trabajar sobre uno de los bienes muebles indicadores arqueológicos por excelencia, los artefactos realizados en base a arcilla cocida. Es más, al focalizar especialmente sus trabajos en los lugares productores, aún es más destacada su importancia pues no era habitual en los tiempos en que él trabajó que las investigaciones se centraran sobre la cerámica en los alfares, sino en donde los utilizaban, es decir, en los lugares receptores, además de tratar de alguna manera las comercializaciones de esas producciones. Esta actividad suya centrada en esos centros alfareros llevó a que, de manera muy simpática y cariñosa, se le adjudicara el sobrenombre de “Padre Hornos”, hecho que aceptó de buen talante y, diría incluso que con orgullo, nada extraño dada su fina ironía. Es importante señalar igualmente que sus investigaciones dentro del mundo romano se centraron mayoritariamente sobre la base de que la sociedad romana pudo alcanzar el nivel al que llegó gracias a una fuerte economía. Un trabajo muy novedoso en los años en el que Sotomayor investigó ya que no era habitual dedicarse al estudio de actividades cotidianas. ANDALUCIA Y EL INICIO DEL CRISTIANISMO Un simple repaso al currículo del Padre Sotomayor deja claro su gran dedicación al análisis y estudio del cristianismo en las primeras centurias de su existencia. Una dedicación que ha tenido sus frutos como gran maestro en esta materia, y que nos ha dejado un legado difícil de superar, tanto a nivel bibliográfico como en lo que respecta a su actividad docente. “El gran especialista español en la arqueología cristiana, el “jesuita, arqueólogo e historiador”, como se le denomina en la Gran Enciclopedia de Andalucía, tal como lo recoge Rodríguez Oliva (2021-2020:322). Quienes hemos tenido el gusto, directa o indirectamente, de asistir a sus clases, siempre las echaremos de menos y nunca olvidaremos lo que aprendimos de él. Recordemos, que a parte de sus años de docencia en las que impartió las asignaturas de la Licenciatura de Teología de la Facultad de Granada, “Historia de la Iglesia”, “Arqueología cristiana” e “Iconografía paleocristiana”, su disciplina se ha podido seguir como Profesor extraordinario en el Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana de Roma, en los años 1973 y 1974. También fue Profesor invitado en la Universidad “Rafael Landívar” de Guatemala en el año 1991. A ello se suman los múltiples seminarios y cursos que impartió en la Universidad de Granada, ya fuera en el doctorado como en el máster, en donde los que éramos responsables de las asignaturas que lo tuvimos como profesor invitado nos sentábamos cual alumno a disfrutar de su oratoria. Otros lugares en donde ha desempeñado su actividad docente fue en la Universidad de verano Menéndez Pelayo, en la Facultad de Teología de Cataluña, en Barcelona, o en la Fundación Pastor de Estudios Clásicos en Madrid, entre otros lugares. Los inicios de esta dedicación de Sotomayor a la historia del cristianismo quedan reflejados en publicaciones donde la iconografía está muy presente, introduciendo
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 503 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 progresivamente en sus investigaciones temas relativos a la propia historia de la religión, su proceso y evolución y su penetración en la sociedad romana, además de contar siempre con apartados centrados en la península Ibérica. Su formación, con su base teológica y sus conocimientos sobre iconografía, en la que destaca la de San Pedro especialmente, queda patente en su primera tesis doctoral defendida en 1962, y que fue ampliando hacia otras vertientes, como los relacionados con los sarcófagos paleocristianos. Publicaciones éstas que constituye una lección de cómo tratar y cómo reconocer cada una de las figuras y escenas que aparecen en ellos. Su estancia en Roma tuvo mucho que ver con esta línea de investigación, en la que de hecho, observó de primera mano en determinadas intervenciones como las que se llevaron a cabo en el subsuelo de la basílica de San Pedro del Vaticano, de la mano de Engelbert Kirschbaum, profesor suyo de Arqueología Paleocristiana en la Universidad Gregoriana y de Antonio Ferrua, jesuita y profesor del Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana. Sotomayor fue un gran divulgador de los hallazgos de estas actuaciones, tratadas especialmente en la serie de conferencias que impartió en España (Rodríguez Oliva, 2020:397; Rodríguez Oliva, 2019-2020:324). En relación a sus estudios sobre iconografía, cabe recordar que en 1959 obtuvo una beca de la Fundación Juan March para estudios en el extranjero cuyo destino eran Roma y Arlés respectivamente y el tema solicitado, los sarcófagos paleocristianos. De entre sus múltiples trabajos, con notables artículos editados en revistas de prestigio (Sotomayor, 1958a; 1959a; 1959b; 1961c; 1962b; 1963a y b; 1964a; 1967b; 1967c), destacamos los libros Datos históricos sobre los sarcófagos romano-cristianos de España de 1973 y Sarcófagos romano-cristianos de España. Estudio iconográfico de 1975 (fig. 4). Publicaciones elaboradas estando ya Sotomayor viviendo en Granada. La recopilación y documentación de los sarcófagos identificados en ese momento en Andalucía forma parte de esas investigaciones, con trabajos específicos de algunos de ellos, como por ejemplo el dedicado al sarcófago paleocristiano de la ermita de los Mártires de Córdoba (Sotomayor, 1964a), o el referido a los hallados en la zona de Toledo (Sotomayor 1968a, 1971c). Estos trabajos fueron la base, como siguen siéndolos en la actualidad, para quienes quieran adentrarse en la identificación y significado de cada una de las figuras y escenas iconográficas del primer cristianismo que aparecen reflejadas especialmente sobre sarcófagos. Fue él quien estableció los grandes momentos cronológicos, que continúan estando vigentes, entre preconstantinianos, constantinianos y postconstantinianos, algo sobre el que ningún investigador más ha hecho nuevas propuestas, ni tipológicas ni cronológicas (Sotomayor, 2003f). No hace falta decir nada más. En cuanto a la historia del cristianismo, estudió y escribió básicamente sobre sus primeros siglos de existencia, véanse “Historia de la Iglesia en la España romana”, en el tomo 1 de la colección Historia de la Iglesia en España, dirigida por R. García-Villoslada de 1979, o la obra que coordinó junto a J. Fernández Ubiña, El Mundo Antiguo, en Historia del Cristianismo, del año 2003. Dos libros que están separados por décadas y que siguen siendo imprescindibles para quién
504 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 quiere acercarse, introducirse y documentarse en los siglos en que se gestaron las bases de lo que es en la actualidad el cristianismo. Unas obras generales que han marcado los estudios de numerosos investigadores por su impresionante aportación crítica a ese proceso. No es de extrañar que en 1967 colaborara en la edición de la Enciclopedia Luso-Brasileira Verbo con la redacción de 71 entradas referentes a la Historia de la Iglesia. Relativo a la introducción del cristianismo en Andalucía, sigue siendo imprescindible acudir a su publicación de 1991a. Dentro de esta línea de estudio a la introducción del cristianismo, centrada en el ámbito andaluz, sus aportaciones sobre el análisis del Concilio de Elvira, han marcado un antes y un después. Resulta lógica su dedicación a este sínodo iliberritano al ser, por una parte, el primer concilio cristiano documentado, y por otra parte por el hecho de haberse celebrado en la ciudad de Granada, donde él residía. De hecho, parte de su discurso de entrada en la Real Academia de Bellas Artes de Granada versó sobre este tema (Sotomayor, 1988d). De sus múltiples publicaciones, evocamos aquí de nuevo la que coordinó junto a J. Fernández Ubiña, El concilio de Fig. 4.—Portada del libro Datos históricos sobre los sarcófagos romano-cristianos de España. Figura en color en la edición electrónica.
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 505 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 Elvira y su tiempo, de 2005. Una obra que ha de ser considerada como la edición crítica, esperada desde hacía décadas, tanto en lo referente a presentar una buena versión latina de sus textos, como una traducción en castellano, y un análisis del significado de los cánones que lo componen. Dicho concilio, datado a inicios del siglo IV, es el primero del que se conocen sus actas, aunque se sabe de la existencia de otros conclaves previos de los que no se tiene constancia escrita. De estas actas se desprenden datos sobre la fuerza de convocatoria que tenían dada la cantidad de comunidades representadas en su celebración, como lo que llegó a irradiar o el dinamismo y la fuerte expansión que tuvo el cristianismo en esas fechas. Fiel reflejo del significado de los concilios, son considerados como instrumentos eficaces en donde se unificaban pautas de comportamiento, se fijaban disciplinas, se comentaban cuestiones doctrinales o se juzgaban las conductas determinadas de algunos fieles. Maravillosa es la aportación inicial a la publicación sobre las actas, firmada por Manuel Sotomayor y Teresa Berdugo con una edición crítica de los textos (Sotomayor y Berdugo, 2005a), y, un poco más adelante, la parte dedicada a hacer una valoración de las actas (Sotomayor y Berdugo, 2005b). Previas a éste libro, Sotomayor había publicado otros trabajos sobre este mismo concilio (Sotomayor, 1989a, 1990a, 1990b). A este respecto debemos dedicar un párrafo a las polémicas que suscitó su estudio, en este caso entre Don Manuel Sotomayor y Josep Vilella y en parte también con Barreda. La controversia se centró al indicar estos dos últimos que los cánones 1 y 59 se referían al mismo pecado, pero que, al castigarse con diferentes penas, implicaba que el concilio era una recopilación de disposiciones de diferentes momentos (Vilella, 2005; Vilella y Barreda, 2002, 2006).Tanto en los escritos de Sotomayor como los redactados junto a Berdugo, dejan claro que los cánones recogidos en los que se consideran como pertenecientes al concilio, formaron realmente parte de él (Sotomayor y Berdugo, 2008a, 2008b; Sotomayor, 2007b). Como historiador crítico no rehuyó la polémica, abordándola con elegancia y con esos modos que lo caracterizaban como persona e investigador, siempre desde el mayor de los respetos hacia los defensores de otras hipótesis o interpretaciones, pero fiel a si mismo y a sus convicciones, siempre basadas en la documentación. En ese sentido, otra de las discusiones científicas relativas al cristianismo tuvo que ver con el origen del “cristianismo hispano”, que lo llevó a argüir, en el buen sentido de la palabra, con el Dr. J. M.ª Blázquez, quien defendía un origen africano, en discrepancia total con el padre Sotomayor (1982a, 1987a, 1989c, 1990b, 1991a, 1994a, 2002d, 2005a). La polémica quedó zanjada con la frase siguiente: “No se puede comprender, por consiguiente, qué significado pueda darse a ese ‘cristianismo hispano’, al que, sin ser unitario ni como cristianismo ni como hispano, se le quiere buscar un origen único” (Sotomayor, 1989b:277). Demostrando que los caminos se recorren en ambas direcciones, no sólo en una, en línea con su estimado colega francés Noël Duval. Muy interesante resulto la discusión científica referida a la iconográfica de la cúpula de la sala del monumento de Centcelles (Tarragona), ya fuese mausoleo o aula de representación. El estudio de esos mosaicos es difícil dado el precario
506 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 estado de conservación en que se hayan, con grandes vacíos, lo que lleva a que la interpretación de sus escenas sea compleja ¿son imágenes en donde están representados el dominus y la domina propietarios de la finca? o ¿son escenas episcopales? Debido a las interpretaciones que R. Warland (2002), J. Arce (2002b) o A. Isla (2002) presentaron en sendas aportaciones en una monografía dedicada a este sitio, Sotomayor publicó un artículo en la revista Pyrenae, con un título muy sugerente “La iconografía de Centcelles. Enigmas sin resolver” (Sotomayor, 2006a). Como era de esperar, Javier Arce respondió en el siguiente volumen de esta misma revista (Arce, 2006), en donde también aparece una réplica del propio Sotomayor al respecto (Sotomayor, 2006b), en la que apostilla que sigue siendo un enigma sin resolver. De nuevo tenemos a Don Manuel como siempre sin escapar a las críticas y reflejando sus discrepancias. Un tema ese que sigue vigente por cierto en la bibliografía científica, como puede verse en el trabajo de Arce y Ripoll de 2017. Su conocimiento sobre el Concilio de Elvira, los textos conciliares en su globalidad y los datos sobre el cristianismo urbano, le facilitaron establecer los criterios sobre cómo se difundió y penetró el cristianismo en el ámbito rural (Sotomayor, 1979a, 1982b, 2004a, 2004b), marcando las bases de las futuras investigaciones, como la publicada por Gisela Ripoll e Isabel Velázquez de 1999, referida al origen de las parroquias en Hispania en la antigüedad. GRANADA Y LAS FALSIFICACIONES HISTÓRICAS Un capítulo importante en la actividad investigadora del Padre Sotomayor fue su dedicación al análisis de las falsificaciones históricas. El tono que él aportó a esta cuestión marcó un punto de no retorno, dejando muy claro en sus publicaciones el daño que hicieron tales actividades al período romano de la historia granadina. Sotomayor analizó cuales habían sido los orígenes de esas falsificaciones en base a la documentación existente, lo que le serviría para tener un criterio fehaciente sobre el tema. Ello le permitió confeccionar, con la capacidad que tenía para transmitir conocimiento, una narración clara y concisa de los hechos, desmontando absurdas teorías como las indicadas en párrafos anteriores. Dichos episodios falsarios llamaron la atención igualmente a otros investigadores, como a Don Julio Caro Baroja, quién dedicó al tema un capítulo de su magnífico libro de 1992, Las falsificaciones de la Historia. Recomendamos la lectura de la página 117 del mismo, pues resume el porqué de esa “tradición” de falsificaciones históricas en Granada. Recordemos que Granada se había convertido en el símbolo del triunfo del cristianismo sobre el islamismo en el Occidente europeo, a lo que contribuyó evidentemente la caída de Constantinopla a manos de los otomanos en 1453 (Orfila et al., 2012:8-9). A partir de esos momentos se comenzó a generar en la ciudad la necesidad imperiosa de documentar un origen cristiano anterior a la llegada del contingente musulmán a la Península en el año 711. Necesidad que incluso los más altos responsables del gobierno de la ciudad, políticos y eclesiásticos especialmente, estuvieron implicados en la tarea de bus-
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 507 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 car, en la antigua capital nazarí, los orígenes de un glorioso pasado sagrado que la igualara al resto de ciudades hispanas, lo que haría a sus habitantes partícipes de la recién lograda unidad religiosa de las tierras hispanas. Sentimiento al que se unía, por otra parte, el de las élites moriscas —pertenecientes a familias musulmanas ya bautizadas y cristianizadas—, que buscaban o inventaban elementos que les librasen de la expulsión. Los “hallazgos” en la Torre Turpiana, la aparición en las cuevas del antiguo Monte de Valparaiso, hoy Sacromonte, de los “Libros Plúmbeos”, son de por sí significativos (Orfila et al., 2012:12-21). Diferente es el caso de lo ocurrido en el siglo XVIII y protagonizado por Juan de Flores y Oddouz, quien excavó con permiso oficial bajo el encargo de la monarquía, dentro de un plan de ayuda en pos de la recuperación del pasado histórico de España. Ello nos revela que en un principio no fue falsario, como comentaré más adelante, lo que lo distingue del resto de falsificadores de la época. Las “obras” de Flores y sus colaboradores llevaron a crear una expectativa tan grande en torno al tema, que incluso rebasaron las fronteras expandiéndose por Europa, aunque, eso sí, con más dudas sobre lo que se estaba encontrando en el Albaicín que con certezas, tal como lo analizó Rodríguez hace unas décadas (Rodríguez, 1992). Don Manuel ha sido sin duda quien mejor ha sabido plasmar todo lo acontecido en el solar albaicinero en donde tuvieron lugar los hechos, como el largo proceso posterior por el que fue juzgado el personaje. Un texto que resume magníficamente esta serie de acontecimientos es el que escribió para el catálogo de una exposición centrada en la Granada Romana, en 2008 en Granada (Sotomayor, 2008a). Títulos de algunas de sus obras anteriores son por ejemplo “Fraude arqueológico y entusiasmo religioso en Granada”, en que se aprecia cómo nuevamente y con pocas palabras se puede resumir unos actos tan vergonzosos (Sotomayor, 1996b), o el que publicó para otra exposición, en este caso la que tuvo lugar en esta misma ciudad, en 2012 en la Casa Ángel Ganivet de la Diputación de Granada, “La Granada Falsificada: el pícaro Juan de Flores”, que fue la excusa perfecta para ver reunidos nuevamente textos relativos al tema, como la ocasión idónea para poder mostrar documentos realizados por el mismo Flores, inéditos hasta entonces, que habían sido recuperados por un particular de un archivo también particular, tal como se ha comentado un poco más arriba (Orfila et al., 2012). Como es habitual, las palabras de Sotomayor recogen a la perfección lo que hemos querido trasmitir: El segundo fraude, el de Flores en el Albaicín, relacionado en buena parte con el del Sacromonte, e influido por una misma ideología subyacente, exige más detenida consideración. Sus engaños llegaron a interesar e incluso a mantener en vilo a Granada y a una parte de la nación durante diez años. Pero la ficción quedó al final tan clara y tan oficialmente probada, que lo que fue en un día admiración y entusiasmo para muchos, se trocó pronto en desengaño e indignación. Los objetos hallados fueron en su mayor parte destruidos, los dos grandes cortes de sus excavaciones, colmados de tierra; y los respectivos solares, tapiados. Sólo quedó el desprecio hacia el autor y el desprestigio de sus hallazgos; desprecio
508 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 que, hasta en nuestros días, ha seguido sirviendo de causa o excusa para no tener en cuenta que, en el fraude de Flores, a diferencia de el del Sacromonte, no todo fue inventado. Muy al contrario, Flores halló importantes estructuras arquitectónicas auténticamente romanas, y nueve inscripciones de ningún modo fingidas, tres de ellas con mención expresa del topónimo Iliberri. (Sotomayor, 2008a:29). En la actualidad conocemos el desarrollo y trasfondo de aquellos acontecimientos gracias a la dedicación del padre Sotomayor, en una tarea casi detectivesca, para lo que no dudó en sumergirse en los archivos de la Real Chancillería de Granada, en la Real Academia de la Historia en Madrid, en el Archivo de la Catedral de Granada, o consultar algunos documentos conservados en el archivo Municipal de Granada o el de la Real Academia de Bellas Artes de esta misma ciudad. Su esfuerzo quedó final y magníficamente reunido en un libro que vio la luz en 1988 (Sotomayor, 1988b), y que fue reeditado por la Universidad de Granada en 2007, con revisión del mismo autor (2007a) (fig. 5). Libro en el que describe cómo fue la búsqueda de todos los datos referidos al proceso que se llevó a cabo en el siglo XVIII en Fig. 5.—Portada del libro Don Juan de Florez y Oddouz. Pícaro y mártir. Edición 2007. Figura en color en la edición electrónica.
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 509 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 contra de Juan de Flores y Oddouz, beneficiado de la Catedral de Granada, en relación a las excavaciones que inició en un solar del Albaicín en el año de 1754. De todo el periodo de duración de las actuaciones de Flores, solo las del primer mes fueron realizadas de manera correcta. Solo un mes, posiblemente presionado por todo su entorno. La investigación de Sotomayor incidió en clarificar los productos inventados de los originales, fáciles de descubrir por la torpeza con que fueron hechas. En su trabajo pues quedan claramente descritos la totalidad de los bienes inmuebles y muebles auténticos de los inventados. Así, por ejemplo, la localización del foro de la ciudad romana, Florentia Iliberritana, junto a los datos aportados por las intervenciones realizadas hasta la actualidad, confirman la importancia de Granada como municipio en toda la zona de la Bética romana. Resulta curioso señalar cómo Don Manuel, tras tanto tiempo de dedicación y estudio a este tema, llegó a encariñarse con el autor de tamaña farsa. Un cariño que quedó explícito en el título de uno de sus artículos “Juan de Flores, un embustero maltratado” (Sotomayor, 1998b). SU PERSONALIDAD Coherencia es la palabra que para mí define la personalidad de Don Manuel, coherencia en su postura frente a la vida y a los avatares a la que nos suele conducir. No creo errar en este sentido, su actitud frente a determinados temas lo demuestra. A nivel académico, no dudaba en defender su postura a ultranza ante cualquier debate histórico. Coherencia en sus creencias religiosas. Coherencia en sus decisiones. Fue Académico Numerario de la Real Academia de Bellas Artes “Virgen de las Angustias” de Granada desde 1988. En el año 2000, ya con 80 años, creyó que debía rehusar de su condición al considerar que era una buena edad para irse retirando de determinadas actividades y dar paso a gente más joven. Y así lo hizo, pasando a Supernumerario. Coherencia a la hora de renunciar como miembro de la Comisión Andaluza de Arqueología ante la polémica suscitada en Córdoba con las obras del paso del tren de alta velocidad (AVE), como se ha comentado más arriba. Un evento que me consta que le produjo dolor, igual que a muchos otros arqueólogos e historiadores. Coherencia al decidir trasladarse a Salamanca sabiendo que lo hacía para pasar los últimos años de su vida (fig. 6). Aprovechaba todas las oportunidades que salían para hablar rumano, y se ejercitaba en ello leyendo cuanto podía en ese idioma. Fue una espinita que tuvo siempre clavada en su corazón, no poder oficiar la doctrina ortodoxa en Rumanía. En ese sentido, sí tuvo la alegría de poder visitar el país gracias a una invitación recibida desde la jerarquía de la iglesia ortodoxa rumana después de la caída de Ceaucescu, en 1993, para participar en un congreso internacional sobre ecumenismo (Sotomayor, 1994b; Rodríguez Oliva, 2019/2020:322).
510 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 Me encantaba cuando decía que, frente a un chicarrón del norte, por poder soportar el frío; estaban los chicarrones del sur al soportar el calor extremo. Conducir le dio libertad de movimiento, especialmente utilizado para ir a excavar a la villa de Bruñel, en Quesada, Jaén. Feliz con su Citroën 2CV, no tan felices quienes viajaban con él, pues como conductor, según los testimonios que me transmiten, no hubiese ganado ningún premio. Sí doy fe de lo que le gustaba ir y venir en coche, era un placer avisar al padre Sotomayor unos días antes de tener yo que hacer alguna visita a algún yacimiento y ciudad por si podía venir conmigo y con quienes hiciéramos esa excursión; rara vez dijo que no. Y doy fe de cómo le gustaba la velocidad. En ese sentido, un día en el que conducía un prudente Pablo Casado, de Porcuna…, a una velocidad que no era para nada comparable a un velocista…, con el paso de los minutos el Padre Sotomayor se empezó a poner un poco nervioso, y simplemente preguntó si llegaríamos a la hora convenida, o tendríamos que llamar para avisar que nos retrasábamos, ya no sabía cómo decir: “Pablo, corre un poco más, que vamos a paso de tortuga”. Era una persona muy familiar, en particular con sus hermanos y sobrinos. Una de sus satisfacciones familiares fue cuando su sobrina Nieves Sotomayor, afincada en Cataluña, siguió su estela como arqueóloga, aunque finalmente acabara Fig. 6.—Fotografía del día en que viajó de Granada a Salamanca, año 2017. Por orden de izquierda a derecha, de pie Mario Gutiérrez, Purificación Marín, Elena Sánchez, M.ª Auxiliadora Moreno, Margarita Orfila, Francisco Contreras, Trinidad Nájera, José Fernández Ubiña y Fernando Molina. Sentado, Manuel Sotomayor Muro. Figura en color en la edición electrónica.
DON MANUEL SOTOMAYOR Y SUS APORTACIONES AL CONOCIMIENTO DEL MUNDO ROMANO... 511 CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 como ceramista. Era también una persona que le gustaba estar al día en las nuevas tectologías. De hecho, tal era su inquietud y ganas de aprender que utilizaba la plataforma Skype para conversar y verse con su familia, o navegar por internet para poder ver ciudades a través de las cámaras instaladas en sus calles. Incluso, más de una vez en que fui a verlo a su despacho de Cartuja lo encontraba delante del ordenador y te explicaba algún descubrimiento como te enseñaba su colección de fotos de aves. Fue él quien, cuando redactábamos uno de los artículos sobre el foro de Granada en época romana, se bajó un programa de la web y elaboró la imagen que aparece en dicha publicación, y que sería la portada de la revista (Sotomayor y Orfila, 2011). Incluso en sus últimos años, con 95 años, cuando lo visité en su residencia de Salamanca, me enseñó a trabajar en WhatsApp desde el ordenador. Recordemos que nació en 1922, con lo que en 2022 hubiese cumplido 100 años. Era presumido y buen comedor. Uno de los mejores regalos que se le podían hacer era invitarlo a comer o regalarle una corbata, como yo hacía cada 10 de diciembre, día de su cumpleaños. Aficionado a los deportes, era gran seguidor del futbol y del tenis en especial. Personalmente, tengo mucho que agradecerle, especialmente me emociona las palabras que me dedicó en mi ingreso, en 2002, en la Real Academia de Bellas Artes de Granada: “… que Margarita Orfila, conforme a la definición del tiempo de Aristóteles, y a las palabras del libro de la Sabiduría, en breve, en pocos años, ha vivido mucho tiempo” (Sotomayor, 2002c:94). He encabezado este escrito con su frase de despedida de la docencia en la Facultad de Teología, y lo cierro con las primeras palabras que aparecen en el artículo recopilatorio de esa última lección en la misma facultad: “La Historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, heraldo de la antigüedad” (Cicerón, De orat. II, 9, 36) (Sotomayor, 1993a:225). De alguna manera imagino estar “escuchándolo” con ese acento de Algeciras que nunca perdió. AGRADECIMIENTOS Agradezco la ayuda prestada por las Dras. Elena H. Sánchez y Gisela Ripoll en la redacción de este escrito. La revisión final ha sido realizada por la Dra. Auxilio Moreno. Sin sus aportaciones en determinados temas, referencias bibliográficas, así como la revisión en la redacción, este texto no sería lo que ha acabado siendo. Y, cómo no, al propio Don Manuel. Una persona que admiré académicamente y que aprecié personalmente. Gracias a toda la documentación que me pasó en vida he podido redactar este escrito.
518 MARGARITA ORFILA CPAG 32, 2022, 487-522. ISSN: 2174-8063 de Prehistoria de la Universidad de Granada 10, pp. 335-366. SOTOMAYOR MURO, M. (1985b): “Homenaje andaluz a la mozarabía”, Proyección: Teología y mundo actual 139, pp. 267-274. SOTOMAYOR MURO, M. (1986a): “Excavaciones arqueológicas en la Alcazaba de Granada (1754-1763)”, Miscelánea Augusto Segovia, Granada, pp. 243-283. SOTOMAYOR MURO, M. (1986b): Arqueología, historia y picaresca, Granada, siglo XVIII, Discurso leído en la solemne apertura del curso académico 1986-1987 en la Facultad de Teología de Granada, Granada. SOTOMAYOR MURO, M. (1987a): “El Cristianismo en la Tingitana, el África Proconsular y la Bética y sus relaciones mutuas”, Actas I Congreso Internacional del Estrecho de Gibraltar, Ceuta, pp. 1069-1077. SOTOMAYOR MURO, M. (1987b): “La cultura en la Andalucía visigótica”, Proyección: Teología y mundo actual 34, pp. 55-67. SOTOMAYOR MURO, M. (1987c): “La cultura en la Andalucía visigótica”, Proyección: Teología y mundo actual 144, pp. 55-67. SOTOMAYOR MURO, M. (1987d): “Una eclesiología basada en una ofuscación histórica”, Proyección: Teología y mundo actual 146, pp. 277-290. SOTOMAYOR MURO, M. (1988a): “Fondos de sigillata de Andalucía con marcas interiores de entalles”, Gerión 1, pp. 253-264. SOTOMAYOR MURO, M. (1988b): Cultura y Picaresca en la Granada de la Ilustración. Don Juan de Flores y Oddouz, Universidad de Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, Granada. SOTOMAYOR MURO, M. (1988c): “El cristianismo en la Tingitana, el África Proconsular y la Bética y sus relaciones mutuas”, Actas del I Congreso Internacional El Estrecho de Gibraltar, UNED, Madrid, vol. I, pp. 1069-1077. SOTOMAYOR MURO, M. (1988d): Albaicín, Ilíberis y el Concilio de Elvira, Discurso pronunciado por el Ilmo. Sr. Don Manuel Sotomayor y Muro en su recepción académica, Granada, Real Academia de Bellas Artes Nuestra Señora de las Angustias. SOTOMAYOR MURO, M. (1988e): “Fondos de sigillata de Andalucía con marcas interiores de entalles”, Gerión 1, pp. 253-264. SOTOMAYOR MURO, M. (1988f): “Sarcófagos paleocristianos en Murcia y zonas limítrofes”, Antigüedad y Cristianismo V, pp. 115-184. SOTOMAYOR MURO, M. (1989a): “Las actas del concilio de Elvira. Estado de la cuestión”, Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino 2.ª época 3, pp. 35-67. SOTOMAYOR MURO, M. (1989b): “Influencia de la Iglesia de Cartago en las Iglesias Hispanas (A propósito de un artículo de J. M.ª Blázquez)”, Gerión 7, pp. 277-287. SOTOMAYOR MURO, M. (1989c): “Leyenda y realidad en los orígenes del cristianismo hispano”, Proyección: Teología y mundo actual 154, pp. 177-198. SOTOMAYOR MURO, M. (1990a): “Romanos pero cristianos. A propósito de algunos cánones del Concilio de Elvira”, Antigüedad y Cristianismo VII, pp. 11-17. SOTOMAYOR MURO, M. (1990b): “Los primeros tiempos del cristianismo en Andalucía”, XX siglos 1, pp. 4-22. SOTOMAYOR MURO, M. (1991a): “Consideraciones sobre las fuentes para el estudio del cristianismo primitivo en Andalucía”, La Bética en su problemática histórica, Universidad de Granada, pp. 299-311. SOTOMAYOR MURO, M. (1991b): Consideraciones a cerca del alfar romano de Cartuja, Texto manuscrito inédito, Granada. SOTOMAYOR MURO, M. (1991c): “Enculturación y aculturación en la Andalucía tardorromana”, Proyección: Teología y mundo actual 38, pp. 295-308. SOTOMAYOR MURO, M. (1991d): “Prólogo”, Terra sigillata hispánica de los alfares de Singilia Barba (E. Serrano Ramos), Málaga. SOTOMAYOR MURO, M. (1991e): “El camino de la inculturación en la evangelización de los jesuitas”, Proyección: Teología y mundo actual 162, pp. 219-233. SOTOMAYOR MURO, M. (1992a): “La Granada romana”, Nuevos paseos por Granada y sus contornos 1 (M. Titos, coord.), Granada, pp. 53-66. SOTOMAYOR MURO, M. (1992b): “La presencia del cristianismo. Los sarcófagos de Temes y
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