Estudios sobre patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales, VII-VIII
Abstract
Conjunto de trabajos del grupo en la revista del mkis mo con trabajos de autores extranjeros y nacionales
Full text
1 La Revista: ESTUDIOS SOBRE PATRIMONIO, CULTURA Y CIENCIA MEDIEVALES Hace exactamente veintiún años el Grupo de Investigación HUM-165: Patrimonio, Cultura y Ciencia medievales, bajo mi dirección, decidió editar una revista que llevara el nombre del Grupo denominándose, por tanto: Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales. Así pues, en 1999 vio la luz el número 1 de esta revista coordinada por el profesor Juan Abellán Pérez, de la Universidad de Cádiz, y por mí de la Universidad de Granada. Aquella publicación financiada por el Grupo de Investigación fue editada en la Imprenta: Agrija Editores, de Cádiz. La revista contaba con su correspondiente Consejo de Redacción, al que pertenecían los miembros investigadores del Grupo, tenía sus coordinadores que recogían los trabajos y los preparaban para enviarlos a la imprenta, lugar de correspondencia y sobre todo tenía su correspondiente ISSN: 1575-3840 y su Depósito Legal: CA-312/99, imprimiendo el trabajo JIMENREZ-MENA (Cádiz). Era por tanto un gran paso en aquellos momentos en que las publicaciones todavía no requerían la cantidad de exigencias que poco a poco se han ido imponiendo, a veces sin justificación adecuada, pues hay autores de reconocidísimo prestigio que han publicado en revistas normales, aunque hoy tiraríamos sus trabajos a la papelera ya que no están en la lista de revistas denominadas tipo A o B. Hoy cuando ha pasado tiempo suficiente desde aquellas investigaciones queremos volver a recuperarlas pues la revista ha tenido dos etapas muy diferenciadas, una editada en imprenta y otra editada on-line. La primera a veces es casi imposible de consultar pues los escasos miles de números se fueron agotando y es a veces difícil encontrarla. Las publicadas on-line se pueden consultar en www.epccm.es de donde se pueden descargar ya que se editan en pdf, igual que los números editados en papel. A pesar de todo ello nuestra intención es colgarlas todas ellas en Digibud de la Universidad de Granada para que los investigadores puedan consultar todos los números de la Revista, así se puede uno hacer una idea global de lo que se ha logrado en el amplio espacio de tiempo de algo más de veinte años. Por todo ello hoy editamos los números 7-8 y 9-10, pronto continuaremos haciéndolo con los otros números siguientes hasta completar todos los ejemplares editados, unas veces son números simples que coinciden con el año y otras veces
2 son números dobles pues recogen dos años como máximo. Además, se han editado numerosos trabajos como son libros que constituyen un anejo de esta revista que se pueden consultar como librosEPCCM tanto en Digibug como en otros lugares. Sin otro particular, esperamos que los investigadores tengan a su alcance esta colección de trabajos de los investigadores del Grupo y de otros autores nacionales y extranjeros, en este caso muchos artículos se encuentran en la lengua original en que fueron confeccionados entre ellos francés, inglés, alemán. Espero que con esto hayamos cumplido con uno de los retos que nos propusimos cuando formamos aquel grupo destinado a investigar y dar a conocer nuestros avances en este tipo de ciencia como es la Historia medieval y algunos de sus caracteres sociales, patrimoniales, arqueológicos y de otro tipo. Ahora volvemos a editar los números 3-4 y 5-6, en que ya aparecen los directores desde el número 2, Secretaria y junto al Comité de Redacción el Consejo Asesor formado por especialistas de varias universidades españolas. El número 5-6 fue homenaje al prof. Dr. D. José Luis Martín Rodríguez, Catedrático de Salamanca y Madrid, gran medievalista, que formó parte del Consejo Asesor hasta su muerte. Ahora seguimos ofreciendo estos materiales fruto de investigaciones individuales y en grupo. Manuel Espinar Moreno. Director del Grupo HUM-165: Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales. Junta de Andalucía-Universidad de Granada (1999-2020…)
LOS ORÍGENES DE VEJER DE LA FRONTERA Juan Abellán Pérez Universidad de Cádiz Hum. 165 Biblid: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 7-18 Resumen: En este trabajo nos planteamos el origen de Vejer de la Frontera, uno de los núcleos de población de la cora de Sidonia, cuyo territorio fue limítrofe a Algeciras, la otra unidad políticoadministrativa con la que comparte el espacio de la actual provincia de Cádiz. A traves del análisis de las fuentes árabes hemos podido acceder a nuevas informaciones que permiten fijar los origenes de esta villa y de su fortaleza que se sitúan en la Antigüedad Tardía. Palabras claves: Vejer de la Frontera. Sidonia. Cádiz. Al-Andalus. Mozárabes. Abstract: In this work we considered the origin of Vejer of the Frontier, one of the population centers of the cora of Sidonia, whose territory he was bordering to Algeciras, the other politicaladministrative unit with which it shares the space of the present province of Cadiz. Through analysis of the Arab sources we have been able to accede to new information that allow to fix origenes of this villa and of their strength that are located in the Delayed Antiquity. Key words: Vejer of the Frontier. Sidonia. Cadiz. Al-Andalus. Mozárabes VEJER EN LA CORA DE SIDONIA Vejer (Bašīr) se inserta en la unidad político-administrativa conocida como la cora de Sidonia (kūrat Šadūna) que, grosso modo, comprendía el término delimitado por los siguientes distritos: al sur la cora de Algeciras (al-Ŷazīra al-Jad*rā’), al norte con la de Sevilla (Išbīliya) y con la de Morón (Mawrūr) y al oeste con la de Tākurūnna con centro en Ronda1. La villa y plaza fuerte de Vejer se ubica en la parte más meridional de la cora de Sidonia, constituyendo su territorio una zona de contacto con otra cora, la de Algeciras, con la que se reparte la totalidad espacial de la actual provincia de Cádiz. Sin embargo, la línea divisoria entre ambas coras es confusa si nos atenemos a la información que ofrecen las fuentes árabes escritas. Según al-‘Udrī (siglo XI), aquélla habría que situarla en el curso del río Barbate (wādī Barbāt*), desde su (1) J. ABELLÁN PÉREZ, Poblamiento y administración provincial en al-Andalus. La cora de Sidonia, Málaga, 2004, 21.
JUAN ABELLÁN PÉREZ 8 nacimiento en Montesanto (Munt Šant), cerca de Alcalá de los Gazules, hasta su desembocadura en Barbate (Barbāt*)2. Ibn Gālib (siglo XII) informa que la cora de Sidonia llegaba hasta la laguna de la Janda (al-Buh*ayra)3 donde, según Ibn Ḥayyān, solía acudir el emir ‘Abd al-Rah*mān II a cazar grullas4. A diferencia de al-‘Udrī e Ibn Gālib, la crónica anónima (siglo XIV o XV) conocida como Dikr bilād al-Andalus desplaza la laguna de la Janda más al sur llegando a afirmar que se hallaba muy cerca de Algeciras5, razón por la que algunos historiadores la incluyen dentro de su territorio. En líneas generales, los textos geográficos árabes son imprecisos y confusos. De su lectura se desprende que el río Barbate marca la separación entre Sidonia y Algeciras, o si se quiere el límite occidental de la Janda. Sin embargo, cuando Alfonso X conquistó Vejer y procedió a finales del siglo XIII al repartimiento de su término entre los pobladores castellanos, se puede comprobar por su Libro de Repartimiento que una buena parte de la Laguna de la Janda pertenecía a la Cora de Sidonia y más concretamente al territorio de Vejer: alquería de Manzanete, Retín, Gadea, Bullones y Casba o Casma (al-Našma)6. En esta última alquería pernoctó en el mes de febrero del año 1187 Ibn Ŷubayr, según el mismo recoge en su Rih*la, aunque no la vincula a Vejer sino que dice que era una aldea de la ciudad de Ibn al-Salīm (Medina Sidonia), lo que con toda seguridad se trata de un error, ya que lo correcto hubiera sido que hiciera referencia a la cora, máxime cuando Ibn Ŷubayr en el itinerario que lo llevó al Norte de África no pasó por la ciudad de Medina Sidonia. Entró en la cora por Šallabar (Jeliver), cerca de Montellano, de allí a Arcos de la Frontera (h*is*n Arkuš) desde donde se dirigió a la aldea de al-Našma7 para finalizar su viaje por territorio andalusí en Tarifa (Ŷazīrat Ṭarīf) donde embarcó. (2) R. VALENCIA: “La cora de Sevilla en el Tars ī‘ al-ajbār de Ah mad b. ‘Umar al-‘Udrī”, en Andalucía Islámica. Textos y Estudios, IV-V (1986)), 107-143. (3) IBN GĀLIB, Kitāb Farh(at al-anfus fī ajbār; tr. esp. J. Vallvé: “Una descripción de España de Ibn Gālib”, en Anuario de Filología, 1 (1975), 382. (4) IBN H(AYYĀN, Muqtabis II-1: al-Muqtabis min abnā’ ahl al-Andalus; tr. esp. M. ‘A. Makkī y F. Corriente, Crónica de los emires Alh(akan I y ‘Abdarrah(mān II entre los años 796 y 847 [almuqtabis II-1], Zaragoza, 2001, 221. (5) Dikr bilād al-Andalus; tr. esp. L. Molina, Una descripción anónima de al-Andalus, Madrid, 1983, II, 73-74. Al-Rāzī cuando se refiere a Algeciras menciona la laguna de la Janda como límite: “E a gran laguna … e yaze sobre el rio Barbate, aquel que quando fincho valio mucho a los de España. E esta entre una laguna a que non fallan fondo”. Crónica del Moro Rasis. Versión del ajbār mulūk al-Andalus de Ah(mad ibn Muh(ammad ibn Mūsà al-Rāzī, 889-995; romanzada para el rey don Dionís de Portugal hacia 1300 por Mohamad, alarife, y Gil Pérez clérigo de don Perianes Porçel; ed. D. Catalán y Mª Soledad de Andrés, Madrid, 1974, 308. (6) Véase cartografía en M. A. LADERO QUESADA y M. GONZÁLEZ JIMÉNEZ: “La población en la frontera de Gibraltar y el repartimiento de Vejer (siglos XIII y XIV)”, en HID, 4 (1977), 199-316. (7) IBN ŶUBAYR, Rih(la; tr. esp. F. Maíllo Salgado, A través del Oriente. El siglo XII ante los ojos, Barcelona, 1988, 47-48.
LOS ORÍGENES DE VEJER DE LA FRONTERA 15 cesarían en sus propósitos hasta hacerse con su control mediante la puesta en práctica de diversos métodos: bien accediendo a la propiedad de aquellas explotaciones que habían sido abandonadas por sus titulares tras la derrota de Rodrigo o bien mediante matrimonios. Según la teoría de Lévi-Provençal sobre el proceso de asentamiento de los conquistadores, basado fundamentalmente en criterios ecológicos, los árabes se establecieron en las grandes arterias fluviales donde el proceso de romanización había sido mayor, mientras que los beréberes lo hicieron en las tierras altas del interior donde reprodujeron su entorno originario. La teoría de Lévi-Provençal se adecúa perfectamente al espacio vejeriego: amplia romanización, abundantes acuíferos y existencia de la gran propiedad sujeta al pago de rentas agrarias (jarāŷ) que posteriormente serían la base económica del asentamiento de una fracción de los árabes ŷundíes llegados a al-Andalus a mediados del siglo VIII al mando de Balŷ. Durante la larga historia del Vejer andalusí, su estructura social no experimentó cambios sustanciales, al menos hasta el siglo X. Durante esa etapa, que se corresponde con el periodo omeya, la población de la zona fue mayoritariamente indígena y cristiana con la pervivencia de su estructura eclesial de la que son un buen ejemplo los templos rurales construidos en el siglo VII por el obispo Pimenio: San Ambrosio y La Oliva25. Sin embargo, a medida que la convivencia entre musulmanes y cristianos se fue deteriorando, el número de mozárabes fue disminuyendo, bien por su conversión al Islam o bien por su desplazamiento a zonas más aisladas y seguras del interior. Este proceso de movilidad se constata desde un punto de vista estrictamente arqueológico. Las dos direcciones posibles son hacia el macizo montañoso que se alza en la ensenada de Bolonia, conocido con el nombre de La Silla del Papa, y hacia el término de Alcalá de los Gazules, hacia la sierra de las Sepulturas. En cada uno de los casos las manifestaciones arquitectónicas de carácter religioso son diferentes26. Se parte de una construcción de tipo basilical de tres naves, como es el caso de San Ambrosio, con asociación de dos tipos de sepulturas que responden a cronologías distintas: los típicos enterramientos hispano-visigodos, cuyas fosas estaba delimitadas y cubiertas de grandes losas irregulares27, y los enterramientos situados a la entrada de cada una de las celdas de la comunidad monástica que se asentó posteriormente, ya en época andalusí, o como en el caso de La Mesa de Algar, donde se estableció un monasterio en época bizantina, asociado a una necrópolis con sepulturas magníficamente trabajadas y cubiertas de grandes losas que tienen esculpidas cruces griegas y en su interior excelentes materiales funerarios de vidrio, metalistería y cerámica. (25) J. ABELLÁN PÉREZ: “Urbanismo religioso en la cora de Sidonia”, en La ciudad en al-Andalus y el Magreb, Granada, 2002, 121-138. (26) J. ABELLÁN PÉREZ: “Espacios sagrados de la diócesis Asidonense”, op., cit. (27) F. GILES, A. SÁEZ y A. ÁLVAREZ: “Tumba visigoda de «El pabellón» en la ermita de San Ambrosio (Barbate)”, en Boletín del Museo de Cádiz, 1 (1980), 63-70.
JUAN ABELLÁN PÉREZ 16 Sin embargo, la comunidad mozárabe en sus desplazamientos y nuevos asentamientos generó edificios religiosos muy diferentes: el grupo que se ubicó en La Silla del Papa levantó iglesias de tipo rupestre y sepulturas excavadas en roca, mientras que el que se dirigió hacía las sierras interiores edificó iglesias más complejas y típicamente mozárabes, similares a las que había en las sierras malagueñas. Un ejemplo de ello es la iglesia del Jautor (Alcalá de los Gazules), de doble ábside y sepulturas exteriores, similares a las descritas para San Ambrosio, que puede datarse en torno al siglo X, lo que por otro lado, viene a demostrar la edificación de nuevos templos pese a la prohibición islámica. Esos desplazamientos no significaron que la comunidad mozárabe de Vejer desapareciera en su totalidad, sino sólo una dispersión que también se puede constatar a través de la toponimia. Todo ello nos permite afirmar la continuidad de la población indígena vejeriega, convertida o no al Islam, así como la presencia de grupos árabes. Sin embargo no tenemos constancia documental ni arqueológica que nos confirme la presencia de beréberes con anterioridad a la fitna del siglo XI, y, aunque tampoco tenemos datos de época posterior, creemos que con la llegada de los imperios norteafricanos, almorávides y almohades, la situación debió de cambiar como ocurrió en otras zonas similares de la provincia de Cádiz y, en general, en todo el territorio andalusí. Nuestra hipótesis es que la escasez de citas de Vejer en las fuentes árabes se debe a la presencia de un poblamiento mayoritario de mozárabes cuyas rentas agrarias fueron el sostén de los árabes ŷundíes, y por tanto, este espacio periférico, cuyos tributos no fueron a engrosar las arcas del estado omeya, no les preocupó hasta las revueltas muladíes y mozárabes de los siglos IX y X que tendían a la independencia. Luego, cuando Almanzor realizó la reforma del ejército y acabó con el sistema originario de los asentamientos ŷundíes, éstos, habían accedido ya a la propiedad de la tierra a través de diversos mecanismos como el matrimonio. Sin embargo, no sabemos nada de la etapa final del califato omeya en Vejer. El silencio de las fuentes se puede interpretar como que este espacio no participó en los acontecimientos bélicos derivados de la fitna o que se trataba de una zona de influencia espiritual, cristiana y musulmana (sufismo), a la que acudieron a retirarse temporalmente personajes como el célebre sufí Ibn ‘Arabī de Murcia, pero de escasa relevancia política y económica.
LOS ORÍGENES DE VEJER DE LA FRONTERA 17 Plano de Vejer de la Frontera (Alfonso Jiménez)
TETUÁN, LA OTRA ORILLA DE AL-ANDALUS M´hammad Benaboud Universidad de Tetuán Biblia: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 19-30 Resumen: Se analiza el nacimiento de la medina de Tetuán reconstruida por andalusíes en el siglo XV, así como los factores que inciden en la personalidad de sus elementos arquitectónicos y urbanísticos, a la que contribuyeron otros grupos étnicos autóctonos y la comunidad judía asentada en esa ciudad típicamente mediterránea. Palabras claves: Tetuán. Medina. Andalusí. Arquitectura. Urbanismo. Sociedad. Siglos XV y XVI. Abstract: The birth of the medina of Tetuán reconstructed by andalusíes in century XV, as well as the factors that affect the personality of their architectonic and city-planning elements, to that is analyzed contributed other native ethnic groups and the seated Jewish community in that typically Mediterranean city. Key words: Tetuán. Medina. Andalusí. Architecture. Urbanism. Society. Centuries XV and XVI. INTRODUCCIÓN Tetuán es una medina marroquí reconstruida por andalusíes. Es una de las medinas de Marruecos que mejor reflejan la continuación del desarrollo cultural y artístico del patrimonio cultural andalusí a partir de la conquista cristiana de la última ciudad andalusí en 1492. Esta continuación no se refleja únicamente en la conservación del legado andalusí sino en la continuidad de su creación y desarrollo después del final de la entidad política y militar andalusí. Es más, Tetuán y otras ciudades marroquíes de origen andalusí también representan la continuidad de la convivencia, puesto que el urbanismo y la arquitectura andalusí de Tetuán fue debido al contacto de esta ciudad con otras culturas que le permitieron desarrollar su personalidad y su patrimonio tan original y especifico. Tetuán es literalmente la otra orilla de al-Andalus, y aunque el Estrecho de Gibraltar no favoreció el florecimiento de la cultura andalusí en la totalidad del territorio Marroquí, las relaciones marítimás y comerciales que Tetuán mantuvo con la Península Ibérica permitieron la influencia andalusí en el transcurso de los siglos. Esa continuidad de elementos andalusíes en Tetuán se refleja en la arquitectura de la ciudad, la mentalidad de sus habitantes, sus tradiciones, los nombres de familias tetuaníes de origen andalusí como Sordo, Torres, Medina, Páez, Raghon y Martín. ¿En qué consiste la llamada Paloma Blanca y que se puede hacer para conservarla y cultivarla?
M´HAMMAD BENABOUD 20 I. PEQUEÑA EVALUACIÓN BIBLIOGRÁFICA La bibliografía para el estudio de la medina de Tetuán es interesante si se consideran las publicaciones en árabe, español, francés e inglés que han aparecido a partir de la década de los noventa. Existen estudios sobre diversos aspectos de la ciudad como la historia, la arquitectura, la cultura, la literatura y las artes tradicionales, lo que permite que la investigacón científica pueda abordarse desde un perspectiva pluridisciplinar. Es significativo que una parte importante de las bibliografía que hemos seleccionado es fruto de la labor realizada por investigadores contemporáneos y son la continuidad de un interés que comenzó a partir de la segunda mitad del siglo XI como se recoge en la publicación del primer tomo de la Historia de Tetuán de Mohammad Daúd en 1956. No se trata aquí de presentar una bibliografía exhaustiva sobre la medina de Tetuán, sino simplemente de selectiva. Los libros que presentare reflejaran el interés particular que tiene esta bibliografía. Primero, existen para la historia de Tetuán unas fuentes de carácter primario de un valor incalculable como: FUENTES HISTÓRICAS Los historiadores tetuaníes de la primera mitad del siglo XX han sido los que más han escrito sobre la historia de Tetuán. Los diez tomos de Umdat ar Rawin fi Tarij Tittawin de Ahmed Rhoni y los quince tomos de Tarij Tiwan de Mohammad Daud han sido los más importantes. Sidi Thami al-Wazzani es el autor de una novela bibliográfica que refleja la vida social de la zaouia harrakiya de Tetuán. AnNaim al-Muqim de Mohammed Morer es un diccionario biográfico de los intelectuales desde Tetuán hasta Ghumara cubriendo gran parte del Norte de Marruecos. Además de estos trabajos de carácter global, existen otros en español, francés e inglés. MANUSCRITOS INÉDITOS Hay trabajos de gran importancia para la historia de Tetuán cuyos manuscritos no han sido editados y publicados. Cito como ejemplos los tres tomos de una historia de las familias de Tetuán que son una fuente única para la historia social de Tetuán, cuatro de los ocho tomos del Naim al-Muqim de Mohammad al Morer, o el Tafsir de Abdeluahab Lukach. Cinco tomos de la Historia de Tetuán de Daud no han sido editados aun, cuatro tomos del Naim al-Muqim. No se trata aquí de presentar una bibliografía completa de los manuscritos relacionados con la historia de Tetuán, pero habrá que señalar que existen muchas obras inéditas relacionadas con diferentes dimensiones, inclusive la historia política, la historia social y cultural, la jurisprudencia, las finanzas, la música, el misticismo, la literatura y las artes tradicionales. El proyecto de la catalogación de las bibliotecas privadas de Tetuán que lleva a cabo el Grupo de Investigación para la Historia de Marruecos y de alAndalus del departamento de Historia de la Facultad de Letras de Tetuán es muy
TETUÁN, LA OTRA ORILLA DE AL-ANDALUS 21 interesante porque nos ha dado una idea clara de la importancia de los autores tetuaníes de los siglos XIX y XX. . DOCUMENTOS Hay una gran abundancia de documentos de excepcional valor en las bibliotecas públicas y privadas de Tetuán que los historiadores no han explotado para la historia de Tetuán. Además de los miles de documentos de familias cuyos miembros representaron el Majzen como las familias Bricha, Ganmia, Rkaina y Torres y de comerciantes como la familia Erzini, existen fondos documentales de gran importancia en archivos que pocos historiadores han consultado como el de los archivos habices de Tetuán. Para el siglo XX, hay documentación grafica como las fotos en blanco y negro, documentales y otros tipos de fuentes gráficas. Hemos podido identificar algunos de los archivos en las bibliotecas privadas de Tetuán como parte de los documentos políticos del siglo XIX de la familia Bricha en las bibliotecas de Abdeslam Seffar y Mammad Bennuna, los documentos políticos de la familia Torres de finales del siglo XIX y la prima mitad del XX en la Biblioteca Abdeljalaq Torres y en la Biblioteca General de Tetuán, los archivos de la familia Erzini de los siglos XVIII, XIX y XX en la Biblioteca Abdelqader Erzini, los archivos legales y literarios de la familia Afailal del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, los documentos de la familia Bennuna de la primera mitad del siglo XX en la Biblioteca Taieb Bennuna actualmente en posesión de su hermano Abu Bakr Bennuna, los documentos legales de los habices de Tetuán en la Oficina de los Habices de Tetuán, los documentos políticos de la familia Benaboud y documentos sociales de Ben Ider en nuestra posesión además de los archivos de otras familias como la familia Rkaina, Lebbadi, Ghanmia, etc… Además de los documentos existen en las bibliotecas privadas y públicas de Tetuán, se conservan otro tipo de fuentes como las magnificas colecciones de fotografías en blanco y negro en los archivos de las familias Mghara, Medina, Benaboud, Bennuna y Daud entre otras. FUENTES SECUNDARIAS Los estudios publicados a finales del siglo XX y comienzos del XXI son de un gran interés por su carácter científico, ya que han sido elaborados por grupos de investigación como el mencionado Grupo de Investigación para la Historia de Marruecos y de al-Andalus de la Facultad de Letras de Tetuán que ha publicado las actas de los siguientes coloquios sobre la historia de Tetuán: Tetuán durante el Protectorado, Tetuán antes del Protectorado, Tetuán durante el siglo XVII Tetuán durante los siglos XVI y XVII, La nueva serie de coloquios inéditos,
M´HAMMAD BENABOUD 22 Tetuán y la documentación (2004) Tetuán y el desarrollo urbanístico y arquitectónico, (2005) Tetuán y la sociedad (2006) La Asociación Tetuán Asmir que cuenta con más de 70 títulos publicados durante la última década. Las publicaciones de esta Asociación se editan en tres idiomás, incluyen estudios de historia, literatura, derecho islámicos, urbanismo y arquitectura, Los trabajos recientes más serios se incluyen en las actas de los coloquios sobre la historia de Tetuán que versan sobre los últimos cinco siglos de su pasado histórico. Hasta la fecha se han realizado varios coloquios en los que han participaron historiadores de renombre internacional. Sobre urbanismo y arquitectura, la Guía de Arquitectura de la medina de Tetuán es un trabajo ejemplar. La Guía del Ensanche es menos profunda. El último trabajo colectivo serio sobre Tetuán y otras ciudades del Norte de Marruecos, Tetuán entre la especificidad y el patrimonio universal, incluye estudios interesantes sobre el desarrollo urbanístico y arquitectónico de Tetuán. Los trabajos publicados sobre Tetuán durante los últimos quince años han sido de una gran importancia, destacando por su buen nivel académico, su diversidad y su profundidad. II. TETUÁN, CIUDAD MARROQUÍ Y ANDALUSÍ Poco antes de empezar una visita a la medina de Tetuán con un representante del Ministerio de Turismo, este último me dijo que quería saber lo que tenia Tetuán de andalusí. Yo le respondí con otra pregunta, qué es lo que no tenía Tetuán de andalusí. Me explico que su jefe le había encargado que respondiera a esta pregunta para organizar una campaña publicitaria para la promoción de la medina de Tetuán. Después de la visita le pregunté yo si Tetuán tenía elementos andalusíes. Me dio las gracias por la visita y me dijo que la respuesta era evidente. Sin embargo a pesar de esta evidencia, reflexionando de manera seria, cabe plantear la pregunta, ¿que significa una ciudad andalusí? ¿Cuales son algunos elementos fundamentales para considerar una ciudad como andalusí? Para responder a esta pregunta hay que plantear otra, ¿cómo definir lo andalusí? La gran complejidad de al-Andalus y su universalidad resultan en una concepción que solo toma sentido a partir de un enfoque pluridisciplinario y concreto aplicado a una situación especifica y bien definida. La medina de Tetuán declarada patrimonio cultural mundial por la UNESCO en 1997 nos parece un ejemplo excepcional de una ciudad andalusí del siglo XXI. Como entidad política al-Andalus existió durante ocho siglos, del comienzo de octavo hasta finales del quince. Como cultura y civilización al-Andalus tuvo una extensión temporal más allá del siglo quince hasta nuestros días. Como entidad geográfica la evolución de al-Andalus tomó formás muy distintas, por ejemplo desde la época omeya hasta la época nasrí pasando por los periodos de los Taifas
TETUÁN, LA OTRA ORILLA DE AL-ANDALUS 23 almorávides y almohades. Como desarrollo urbanístico y arquitectónico la ciudad andalusí conoció una gran variedad de orientaciones entre la parte Sur de alAndalus, el Algarbe o la parte oriental o Sharq al-Andalus. Si partimos de que una ciudad andalusí es una ciudad que se desarrollo en la Península Ibérica, Tetuán no encaja como ciudad andalusí. Pero si partimos de la idea de la transmisión de la cultura andalusí más allá del territorio andalusí, Tetuán es una ciudad andalusí por excelencia. Es una de esas ciudades construidas en Marruecos como fruto de la inmigración andalusí. En Tetuán, como en Chauen, Rabat, Salé, Fes y Mequinez, la cultura andalusí se desarrollo después del final de la entidad política andalusí. Este desarrollo esta claro en el urbanismo, la arquitectura, las tradiciones, la cultura y las artes de la medina de Tetuán. La presencia de elementos andalusíes de Tetuán destaca en sus monumentos históricos. A las referencias acerca de Tetuán que hizo Abu Ubayd Al-Bakri en el siglo XI podremos añadir los mausoleos de dos granadinos que se instalaron en esta ciudad durante el siglo XII: Sidi Abdelkader Tabbin y Sidi Abdallah al Fajjar. Los monumentos más impresionantes son los que fueron construidos durante la época del granadino Ali al-Mandari a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI como los mausoleos del Mandari y las tumbas de los muyahidin en el cementerio de Tetuán, la alcazaba del Mandari en Suq al-Hut que representa un magnífico ejemplo de la arquitectura militar granadina, la Mezquita Yamaa alKasba primer modelo de la mezquita tetuaní que se desarrollo de manera original a lo largo de los últimos cinco siglos y el arco de la Justicia construido por alMandari. El cementerio judío destaca por las tumbas originales de los primeros sefardíes que inmigraron en Tetuán. El impacto de al-Andalus también esta claro en la mentalidad de los tetuaníes. Al-Andalus vive aun en la conciencia y en la memoria colectiva de muchísimos tetuaníes. Forma un elemento fundamental de la composición y la definición del patrimonio cultural de la ciudad. Sin embargo, no hay que pensar que la medina de Tetuán era exclusivamente andalusí. Como al-Andalus, Tetuán es una ciudad mediterránea. Como tal recibió corrientes culturales muy diversas que asimiló progresivamente a lo largo de los últimos cinco siglos. La sociedad tetuaní recibió inmigrantes de al-Andalus tanto musulmanes como sefardíes, de Oriente, de otras ciudades marroquíes y muy especialmente Fés, de las tribus de las regiones del Norte de Marruecos tanto del país Yebala como del Rif, y de otras regiones del Sur de Marruecos. Esta sociedad era un melting pot compuesta de una diversidad de elementos étnicos y culturales aunque en lo esencial era andalusí. Por su originalidad y su autenticidad, la medina de Tetuán fue declarada patrimonio mundial por la UNESCO en 1997. Su dimensión multicultural justifica esta decisión pero ese mismo patrimonio esta amenazado por numerosos factores que han aparecido en la ciudad y que trataremos de identificar y de analizar en esta comunicación.
M´HAMMAD BENABOUD 24 III. LA SOCIEDAD TETUANÍ A TRAVÉS DE LOS ÚLTIMOS CINCO SIGLOS La sociedad tetuaní es una clave importante para comprender la historia de esta ciudad en sus múltiples dimensiones. Hay varias preguntas que se pueden plantear en este contexto: ¿Cómo podemos concebir el modelo de la sociedad tetuaní? ¿Cuales son los elementos que destacan en la sociedad tetuaní? ¿Cual es la relación de al-Andalus con la sociedad tetuaní? ¿Qué influencia ha tenido y tiene alAndalus sobre Tetuán? La reconstrucción de Tetuán por el granadino al-Mandari y las sucesivas oleadas de inmigración andalusí en Tetuán es la clave para comprender la importancia de la influencia de al-Andalus sobre Tetuán. Tetuán renació como ciudad andalusí pero su desarrollo a lo largo de los últimos cinco siglos estuvo a cargo de varios elementos étnicos y culturales. Daúd, en la introducción de su obra manuscrita Las familias tetuaníes, planteó la pregunta del modelo de la sociedad tetuaní y presentó elementos para una respuesta. Los andalusíes que fundaron la ciudad coexistieron con los rifeños de diversas regiones del Norte de Marruecos, los fassis, los argelinos, gente de diversas regiones de Marruecos, los judíos y los europeos cristianos. Podremos añadir otros grupos como los yebala o tribus de habla árabe que ocupan las regiones más cercanas de Tetuán. Si reflexionamos sobre estos componentes de la sociedad tetuaní, podremos sacar estas conclusiones: 1) El desarrollo social de Tetuán es el producto de su historia porque la sociedad tetuaní se desarrollo de manera distinta a lo largo de cada uno de los últimos cinco siglos. Por ejemplo, los andalusíes eran los pioneros que fundaron la ciudad a finales del siglo XV y comienzos del XVI y la gobernaron a lo largo de este último siglo. Sin embargo la influencia andalusí no se limito al siglo XVI. Las numerosas familias tetuaníes de origen andalusí enriquecieron el desarrollo social, económico y político de la ciudad a lo largo de los siglos. Para el siglo XVIII destacan los nombres de Omar Luqach quién gobernó la ciudad y de Hay Mohammad Luqach quién construyó la famosa Madrasa Luqach que esta restaurando en la actualmente del Ministerio de Asuntos Islámicos. Los judíos jugaron un papel importante en el desarrollo comercial de la ciudad como puerto mediterráneo importante hasta la segunda mitad del siglo XIX y tuvieron un papel primordial en su desarrollo económico durante el Protectorado. Los argelinos inmigraron a Tetuán como consecuencia de la ocupación de Argelia por Francia, enriqueciendo la ciudad con la cultura otomana. Los fasis jugaron un papel importante en el desarrollo de la ciudad a partir del siglo XVII construyendo varias ramás de zauias de Fés en Tetuán como la Zauía al-Fasiya en el siglo XVII y las Zauías Qadiriya, Kettaniya y Tiyaniya que junto a otras zauias como la Raisuniya y la Haraqiya caracterizaron la vida cultural y espiritual de la ciudad.más 2) El factor geográfico era determinante para el desarrollo social de Tetuán dada la situación estratégica de la ciudad en el Mediterráneo y dada las relaciones marítimás y comerciales de la ciudad con otras ciudades mediterráneas.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES PROCEDENTES DE LA CALLE SANTIAGO (CÁDIZ) Francisco José Blanco Jiménez Francisco Cavilla Sánchez-Molero Hum. 165 Biblid: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 31-54 Resumen: Las excavaciones realizadas en un solar del barrio de Santiago nos proporcionan información sobre el poblamiento musulmán de Cádiz, fuera del área de la madina, situada en el barrio del Pópulo, y han permitido recuperar un significativo conjunto cerámico de época almohade y, en menor medida, cristiana bajomedieval. Palabras claves: Cerámica almohade. Cerámica cristiana bajomedieval. Cádiz. Abstract: The excavations carried out in a plot in the district of Santiago provide us with information about the Muslim settlement of Cádiz, outside the area of the madina in the district of Pópulo, and they have made possible to recover a significant pottery set from the Almohad period and, to a lesser extent, Christian early-medieval. Key words: Almohad pottery. Christian early-medieval pottery. Cádiz. 1. RESULTADOS DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA En el año 2003 se procedió a la excavación de un solar sito en el barrio de Santiago de Cádiz, correspondiente a las fincas situadas en la calle Santiago número 11 y parte de la antigua panadería “El Laurel”, en la calle Barrocal número 5(1). Su excavación permitió obtener la siguiente estratigrafía: Nivel 1. Estrato de escombros y rellenos contemporáneos (entre la cota 0 y - 0,20/0,30 m). (1) BLANCO JIMÉNEZ, F. J. Informe preliminar correspondiente a los sondeos realizados y el control de movimiento de tierras llevado a cabo en el solar de la calle Santiago número 11 de Cádiz. Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2004.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 32 Nivel 2. Estrato de arena dunar castaño clara con fragmentos cerámicos de época moderna y contemporánea. Se recuperaron lebrillos, bacines, platos, ollas, pipas y otras formas cerámicas, con una cronología de los siglos XVIII y XIX, pertenecientes al momento de construcción de la antigua vivienda demolida. Asimismo se detectaron restos de estructuras consistentes en cimentaciones de muros y un aljibe adosado a la medianera con las fincas 5 y 9-7 de la calle Barrocal, datados en la misma época. La cota media de este estrato se encuentra entre -0,30 y -0,80 m (U.E. 1). Nivel 3. Estrato de tierra orgánica muy compacta de uso antrópìco y de una coloración gris oscura, formado por cenizas, carbones, ripios de piedra caliza y cantos rodados marinos, asociados a abundantes fragmentos de tejas y material cerámico. Este material pertenece fundamentalmente al periodo almohade (primera mitad del XII), aunque se han recuperado algunas producciones de época cristiana bajomedieval (siglos XIII y XIV) y unas escasas cerámicas tardorromanas. El espesor medio del estrato es de unos 0,30 m, encontrándose a una cota situada entre -80 y -1,10/1,20 m de profundidad respecto al nivel de la calle (U.E. 2). Nivel 4. Posible suelo, en un pequeño sector de la superficie ocupada por la U.E. 2, formado por una capa de tierra arcillosa prensada y de una coloración ocreamarillenta de unos 5 mm de espesor. Nivel 5. Relleno de arena dunar de un coloración castaño clara, muy suelta y bastante limpia, con restos de malacofauna y cerámicas bizcochadas y vidriadas, producto de la colmatación del cauce del antiguo canal Bahía-Caleta. Dicho nivel ha sido detectado, al menos, hasta la cota de -3,50 m, cuando comienza a aflorar el nivel freático. La localización de tejas y piedra menuda no asociadas a estructuras edilicias de viviendas con muros y pavimentos consistentes, nos hace pensar en la existencia de un hábitat aislado y temporal de reducidas dimensiones y de época almohade. Con un tosco pavimento de arcilla prensada, de apenas 5 mm de espesor, las caracteresticas que presenta este hábitat es el empleo de materiales efímeros y de escasa consistencia (madera, cascotes de piedra y tejas). Esta edificación quedaría ubicada en el borde del canal Bahía-Caleta, debido a que en estos momentos ya se había colmatado en gran medida este antiguo cauce y, por lo tanto, era un espacio ganado al mar por sucesivos aportes de colmatación sedimentaria. No sabemos qué utilidad debió tener; sólo conocemos que en un momento determinado quedó destruido por un incendio que lo arrasó por completo, quedando los fragmentos de teja y cascotes de piedra revueltos con las cenizas y restos de maderas calcinadas. Los descubrimientos arqueológicos realizados en los últimos años en el barrio del Pópulo(2) -el núcleo de la madīna musulmanaestán proporcionando los prime- (2) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade de la isla de Cádiz (Ŷazīrat Qādis). Cádiz, 2005, pp. 39-50; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “El Cádiz medieval”, en Cádiz al fin del milenio. Cinco años de Arqueología en la ciudad (1995-2000). Catálogo de la Exposición,
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 33 ros datos sobre el entramado urbano del Cádiz musulmán y la ubicación de sus edificios públicos. Poco podemos decir sobre la existencia de posibles arrabales en los actuales barrios de Santa María y de Santiago, a ambos lados del barrio del Pópulo. Las excavaciones practicadas en distintos solares de la parte alta del barrio de Santa María, concretamente en las calles Viento(3), Botica(4) y Jabonerías(5), sólo han permitido documentar un enterramiento y pequeñas fosas con vertidos, con cerámicas del periodo almohade mezcladas con materiales romanos, sin relación con ningún tipo de estructura de la época. Se ha podido comprobar que estas fosas afectan a niveles de ocupación romana con estructuras murarias, restos de pavimentos, cimentaciones de los mismos y rellenos de abandono, relacionados con edificaciones ubicadas en el extrarradio de la Neapolis de los Balbos. Estas edificaciones se encuentran a una escasa profundidad del nivel actual del terreno y muy deterioradas por la existencia de tubos de alcantarillado, arquetas, aljibes y cimentaciones de época contemporánea. Además, durante la Edad Moderna se procedió a realizar numerosos desmontes, que han afectado gravemente a las estructuras medievales y romanas. En el barrio de Santiago, concretamente en el solar situado en la calle Barrocal, esquina con la calle Obispo Urquinaona, se realizó una intervención arqueológica de urgencia en 1997(6). En esta excavación, apareció un estrato, de una tierra de color gris-verdoso con cerámica musulmana, que formaba la base de dos pozos ciegos, destruidos al edificar una casa en el siglo XIX. No se pueden hacer más precisiones sobre el hábitat musulmán en este punto de Cádiz, pues las construíMuseo de Cádiz, 2002, pp. 59-68; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “La ciudad musulmana de Cádiz”, en Ateneo. Revista Cultural del Ateneo de Cádiz, 3, 2003, pp. 102-110. (3) MATA ALMONTE, E. Intervención arqueológica de urgencia en calle Viento, n.º 4. Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1988; BLANCO JIMÉNEZ, F. J. Informe de la intervención arqueológica (segunda fase) realizada en el número 4 de la calle Viento (Cádiz). Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2000; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 50-52. (4) BLANCO JIMÉNEZ, F. J. Informe preliminar de la excavación arqueológica en la calle Botica número 26 de Cádiz. Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1995; BLANCO JIMÉNEZ, F. J. Informe preliminar de la excavación arqueológica en la calle Botica números 31-33, esquina con calle Concepción Arenal, número 5 (Cádiz). Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1977; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 52-54. (5) En un solar de la calle Jabonerías, excavado recientemente, aparecieron varias fosas de vertido, según la información facilitada por la directora de la excavación Doña. María Eugenia García Pantoja. (6) GENER BASALLOTE, J. M. Informe de la intervención arqueológica de urgencia en la calle Barrocal esquina Obispo Urquinaona (Cádiz). Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 1997; CAVILLA SÁNCHEZMOLERO, F. La cerámica almohade…, p. 55.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 34 ciones medievales relacionadas con estos dos pozos ciegos quedaron arrasadas por los trabajos de explanación acometidos al levantar el edificio contemporáneo. El asentamiento islámico se encontraría situado a una cota ligeramente superior a la actual y sobre una duna que desciende en dirección N hacia el canal “BahíaCaleta”, por entonces ya cegado. En definitiva, es difícil confirmar, por el momento, la existencia de arrabales islámicos en torno al recinto del barrio del Pópulo. Podríamos hablar mejor de un hábitat disperso, que englobaría al resto de la isla de Cádiz y dedicado a la pesca, la ganadería y la agricultura, pues, aunque el Dikr(7) menciona que toda la isla es un arenal llano, Ibn Sa‘īd(8) habla de cultivos y huertos y al-Himyarī(9) de cultivos de rica vegetación. 2. ESTUDIO DE LA CERÁMICA ALMOHADE Y CRISTIANA BAJOMEDIEVAL 2.1. INTRODUCCIÓN La excavación del solar de la calle Santiago ha proporcionado un significativo conjunto cerámico de época almohade y, en menor medida, cristiana bajomedieval, cuyo estudio es el objeto de este artículo. Frente a los primeros estudios basados preferentemente en una clasificación de la cerámica musulmana según sus atributos formales o decorativos, nuevos trabajos intentar aunar los criterios morfológicos con los de uso, estableciéndose de esta manera series funcionales y formas específicas dentro de dichas series. Con estos criterios, presentamos la siguiente sistematización tipológica de la cerámica musulmana recuperada en la calle Santiago: vajilla para colocar sobre el fuego en la preparación de alimentos (cazuelas y ollas), vajilla para el almacenamiento, transporte y conservación de productos sólidos y líquidos (cántaros, orzas y tinajas), vajilla de mesa para la presentación y el consumo de los alimentos (ataifores o zafas, jarritas, jarritos y redomas), contenedores de fuego (anafes y candiles), objetos de uso múltiple (alcadafes) y objetos de uso complementario (reposaderos y tapaderas). Dentro de las escasas producciones de época cristiana bajomedieval recuperadas, contamos con algunos fragmentos de cántaros y cuencos. (7) Dikr bilād al-Andalus. Editada y traducida por Luis Molina, Una descripción anónima de alAndalus, Madrid, 1983, II, p. 71. (8) Ibn Sa‘īd al-Magribī, Kitāb al-Mugrib fī hulà al-Magrib. Ed. Šawqī Dayf, El Cairo, 19531955, II, p. 309. (9) Al-Himyarī, Kitāb al-rawd# al-mi‘t#ār fī habar al-aqt#ār. Trad. por M. Pilar Maestro González, Valencia, 1963, p. 290.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 35 2.2. VAJILLA DE COCINA PARA LA PREPARACIÓN DE LOS ALIMENTOS CAZUELAS Se documentan tres tipos de cazuelas. El primer tipo es una cazuela de base convexa, diferenciada de las paredes del cuerpo mediante una carena muy marcada, cuerpo de paredes curvas o rectas divergentes, borde recto con un engrosamiento exterior de sección semicircular o triangular y dos asas que arrancan de la boca y terminan en la parte inferior del cuerpo(10). Estas cazuelas, elaboradas con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño mediano, pueden presentarse bizcochadas o con una cubierta vítrea melada en la superficie interior, chorreando al exterior. Los motivos decorativos se reducen a grupos de impresiones digitales en la cara exterior del borde (fig. 1:A). El segundo tipo es un recipiente de gran tamaño con una base plana, cuerpo de paredes rectas divergentes, borde recto con un ligero engrosamiento exterior de sección semicircular y dos asas, de sección plana, que arrancan de la boca y terminan en la parte central del cuerpo(11). Fabricadas con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño medio, disponen de una cubierta vítrea de impermeabilización melada en la superficie interior (fig. 1:B). El último tipo es un recipiente de base convexa, diferenciada de las paredes del cuerpo mediante una acusada carena, cuerpo de paredes rectas divergentes y borde señalado por una arista y con inflexión interna, terminado en un labio de perfil redondeado. Son piezas que se caracterizan por una decoración plástica mediante la aplicación de unos nervios de sección triangular, dispuestos verticalmente en la superficie exterior, que además refuerzan las paredes del cuerpo. Esta decoración explica la calificación de estos recipientes como cazuelas de “costillas”(12). Los (10) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 128-129; figs. 11-16; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de Mértola - Portugal (ss. IX-XIII)”, en Actes du VIe Congrès International sur la Céramique Médiévale en Méditerranée (Aix-enProvence, 1995), 1997, p. 314; fig. 4:21; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo históricoarqueológico do Bairro da Alcáçova (séculos XII-XIII). Mértola, 1996, p. 117; fig. 4.25; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica islámica”, en Arqueología y rehabilitación en el Parlamento de Andalucía. Investigaciones arqueológicas en el Antiguo Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, 2003, p. 272; fig. 1:7-8. (11) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 127-128; fig. 10. (12) Junto con las cazuelas de perfil hemiesférico y borde exvasado con pequeño pico vertedor, estos recipientes constituyen las típicas cazuelas vidriadas del menaje de cocina en el área suroccidental de al-Andalus. CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 120-124; FERNÁNDEZ GABALDÓN, S. “El yacimiento de La Encarnación (Jerez de la Frontera): bases para la sistematización de la cerámica almohade en el S. O. peninsular”, en AlQant*ara, VIII, 1987, p. 461; fig. 4:6; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en el casco urbano de Jerez. Año 1987. C/ Larga 21-25 y C/ Lancería 3-7”, en Anuario Arqueológico de Andalucía, 1987, 1990, tomo III, p. 105; fig. 4:13; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade en Sevilla” en El último siglo de la Sevilla islámica (1147-1248), 1995, p. 290; fig. 1:3; lám. IV; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 314; fig. 4:23; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cocción de los alimentos. Aproximación al menaje de cocina de una casa islámica (siglo XIII)” en Arqueologia Medieval, 4, 1996, p. 178; figs. 3:4, 4:3; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do Castelo de
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 36 nervios, con poco o mucho relieve, se distribuyen regularmente, muy separados o juntos. Estas cazuelas presentan unas pastas rojizas, bien decantadas, con desgrasantes minerales de tamaño mediano, y cuentan con un acabado consistente en una cubierta vítrea de color melado y de muy buena calidad en ambas superficies (fig. 1:C-E). OLLAS Abundan los recipientes de gran tamaño, con una base convexa, arista en la unión base-cuerpo, cuerpo globular achatado con acanaladuras en la parte central e inferior, cuello cilíndrico de paredes muy bajas, borde recto con un pequeño engrosamiento de sección semicircular o triangular y dos asas, situadas entre el hombro y la zona más ancha del cuerpo(13) (fig. 2:A-E). Estas ollas están elaboradas con barros rojizos que poseen un alto valor refractario y un desgrasante mineral de tamaño pequeño o mediano; pueden aparecer bizcochadas (fig. 2:E), aunque la mayoría tienen un acabado consistente en un vedrío interno de impermeabilización, de color melado o, en menor medida, verde, que chorrea al exterior (fig. 2:A-D). La decoración, muy simple, consiste en espirales y grupos de dos trazos, verticales u oblicuos, de pintura blanca, que recorren las paredes del cuerpo (fig. 2:C-D). Menos frecuentes son las ollas de gran tamaño con base convexa, cuerpo globular con acanaladuras en la parte central y estrías en la parte superior, borde exvasado con un labio biselado al exterior y una acanaladura al interior, a modo de pestaña, ofreciendo así una cavidad muy apropiada para el apoyo de una tapadera(14). Se trata de ollas bizcochadas, con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño pequeño, y, al igual que los ejemplares del tipo anterior, con una decoración pintada en blanco, dispuesta en la parte superior del cuerpo (fig. 2:F). 2. 3. VAJILLA PARA EL ALMACENAMIENTO, TRANSPORTE Y CONSERVACIÓN DE PRODUCTOS SÓLIDOS Y LÍQUIDOS CÁNTAROS Silves”, en Actas do IV Congresso Internacional A cerâmica medieval no Mediterrâneo Ocidental (Lisboa, 1987), 1991, p. 393; fig. 27. (13) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 136-140; figs. 30-35; lám. I:B; FERNÁNDEZ GABALDÓN, S. “El yacimiento de La Encarnación…”, p. 452; fig. 3:2; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 106; fig. 4:15; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, pp. 289-290; fig. 1:1; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 314; fig. 3:15; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cocción de los alimentos…”, p. 175; figs. 1:2-3, 3:1; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo histórico-arqueológico…, p. 116; fig. 4.24. (14) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, p. 141; fig. 37; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “Cerámica medieval”, en El Real Monasterio de San Clemente. Una propuesta arqueológica, 1997, p. 109; fig. 39:9.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 37 Todos los cántaros recuperados en el yacimiento son recipientes de gran tamaño con cuerpo ovoide muy estilizado, cuello estrecho, de paredes altas y de perfil troncocónico, que termina en un borde con una inflexión externa a modo de abocinamiento, rematado en un labio redondeado o apuntado; poseen dos grandes asas, de sección trapezoidal, que arrancan de la parte inferior del cuello y se elevan hasta la altura del centro de éste, bajando, tras una marcada inflexión, a los hombros del recipiente(15) (fig. 3:A-B). Aparecen elaborados con barros amarillentos o anaranjados y un desgrasante mineral de tamaño pequeño o mediano. En el exterior o en ambas superficies, los cántaros con pastas anaranjadas suelen recibir un baño de engalba amarillenta. Estos cántaros tienen una decoración pintada en óxido de hierro o manganeso, aplicada, a pincel o por impresión digital, sobre el barro fresco o una capa de engalba amarillenta (fig. 3:A-B). En este último caso, la decoración ofrece un fuerte contraste con el fondo, resaltando los diseños ornamentales. Los motivos consisten en grupos de tres trazos digitales, distribuidos en el cuello en sentido horizontal y en el cuerpo en forma vertical, todos ellos con trazos gruesos, algo característico de las producciones almohades; en la boca y en las asas aparecen, por el contrario, largas pinceladas. Los motivos de grupos de tres trazos digitales se relacionan con la representación de la “mano de Fátima” y del nombre de Allāh. Los trazos, que tratan de asemejarse a la grafía del nombre Allāh, representan los tres dedos centrales de la mano, instrumento del poder de Dios, como dispensador de todo bien. La asociación de estos motivos a recipientes destinados a contener agua, indicaría una finalidad profiláctica para evitar que las aguas se contaminaran(16). Otros fragmentos son producciones cristianas de época bajomedieval, pudiéndose reconstruirse como unos cántaros con base convexa, cuerpo ovoide con numerosas acanaladuras, cuello troncocónico de paredes bajas y borde abocinado con inflexión externa y rematado en un labio redondeado, disponiendo de dos asas que arrancan en la zona de unión del cuerpo con el cuello y terminan en los hombros del recipiente (fig. 3:D-F); están elaborados con barros anaranjados, recibiendo, a veces, un baño de engalba amarillenta. Fechados en el siglo XIV, estos cántaros -catalogados como tinajas en otros trabajos y tratándose de “gerres vinaderes” (para el transporte de vino)- se documentan en otros solares de la ciudad (15) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 145-147; figs. 48-50; KHAWLI, A. “Introdução ao estudo das vasilhas de armazenamento de Mértola islâmica”, en Arqueologia Medieval, 2, 1993, pp. 73-74; núms. 12-13, 17; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo histórico-arqueológico…, p. 111; fig. 4.16. (16) SANTOS GENER, Samuel de los. “Cerámica pintada musulmana”, en Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales, VIII (1947), 1948, pp. 105-106; ETTINGHAUSEN, R. “Notes on the lusterware of Spain”, en Ars Orientalis, I, 1954, p. 153.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 38 de Cádiz, al igual que en Algeciras y Ceuta(17), siendo muy parecidos a los repertorios publicados en la Corona de Aragón(18) . ORZAS Aparecen únicamente orzas de pequeño tamaño con cuerpo bitroncocónico con carena baja y borde exvasado(19), presentando una pasta rojiza, un desgrasante mineral de tamaño pequeño y una cubierta vítrea melada en ambas superficies. TINAJAS Un primer tipo corresponde a una tinaja de base estrecha y plana, cuerpo ovoide, cuello troncocónico invertido, bien diferenciado de las paredes del cuerpo, y boca de sección octogonal con un borde recto con engrosamiento externo de sección cuadrangular y con una moldura y una acanaladura central; presenta dos asas en forma de aleta, con escotaduras semicirculares, que arrancan de la mitad superior del cuerpo, con un valor puramente decorativo (fig. 4). La superficie exterior de estas tinajas puede aparecer bizcochada o con un baño de engalba amarillenta, sobre la que se realiza una profusa decoración impresa, incisa, excisa y/o aplicada; también, están vidriadas parcialmente, con un vedrío de color verde, muy espeso y de gran calidad, que se reduce a la boca, cuello, hombros y asas del recipiente. La capa de engalba servía para resaltar la cubierta vítrea y favorecer la nitidez de los distintos motivos decorativos. Las tinajas, con sus correspondientes tapaderas, reposaderos y pilas de abluciones, se convierten, al estar emplazadas en las estancias principales de la vivienda islámica, en el soporte y el marco idóneo de una rica y compleja decoración que combina motivos impresos, incisos, excisos, calados y/o aplicados. La utilización de distintas técnicas decorativas tiene por objeto enriquecer el repertorio ornamental, reduciendo la sensación de monotonía que provoca la reiteración de las estampillas, y, junto con la profundidad que adquieren éstas, acentuar los contrastes de luces y sombras. (17) HITA RUIZ, J. M. y VILLADA PAREDES, F. “Una aproximación al estudio de la cerámica en la Ceuta mariní”, en Cerámica Nazarí y Mariní. Transfretana (Revista del Instituto de Estudios Ceutíes). Monografías, 4, 2000, pp. 304-305, 326. (18) AMIGUES, F. et alii. “Los envases cerámicos de Paterna/Manises y el comercio bajomedieval”, en Actes du 5ème Colloque sur la Céramique Médiévale (Rabat, 1991), 1995, p. 35; fig 2:VIII a; DÍES CUSI, E. y GONZÁLEZ VILLAESCUSA, R. J. “Las tinajas de transporte bajomedievales y sus marcas de alfarero”, en Actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española (Huesca, 1985), 1986, tomo V, p. 616; fig. 5. (19) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 150-152; figs. 56-57. Además de utilizarse para el almacenamiento y conservación de productos alimenticios, estas orzas de pequeño tamaño podrían haber servido también como tinteros o elementos de iluminación a modo de pequeñas lamparillas que dispondrían de una mecha sujeta a un corcho flotante sobre el combustible.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 39 En las piezas recuperadas, los motivos decorativos estampillados se aplican con un cuño o matriz directamente sobre la superficie del recipiente y se estructuran en bandas o fajas horizontales de igual o desigual altura, cubriendo las partes más visibles de la tinaja, concretamente el cuello, la parte superior del cuerpo y las asas de aleta. Los registros están delimitados por molduras con incisiones realizadas a punta de cuchillo. Estas molduras dejan un estrecho espacio rehundido que también se aprovecha para una decoración estampillada de carácter geométrico y muy simple. En las zonas de unión del cuello con la boca y con el cuerpo y en la parte superior de las paredes del cuerpo, aparecen una o dos bandas aplicadas con dentado, formando una crestería. Además, el cuello aparece recorrido por unas finas columnillas aplicadas, rematadas por pequeñas volutas que llegan hasta la boca. Los motivos estampillados son de carácter geométrico, vegetal y epigráfico (figs. 4-5). Los temas geométricos consisten en triángulos concéntricos, estrellas de ocho puntas y sogas. Los triángulos concéntricos se sitúan sobre las zonas rehundidas que aparecen entre las molduras o cintas de refuerzo horizontales. La soga o trenza, de cuatro ramales, es un tema que aparece asociado a las ideas de “ligazón”, “continuidad”, “vida”, “eternidad”, teniendo también, con un valor mágico, la capacidad de proteger contra cualquier maleficio o enfermedad. Las estrellas de ocho puntas forman una red de lacería, representándose en su interior una roseta de ocho pétalos. Los motivos vegetales reproducen palmetas digitadas contrapuestas, mientras que los epigráficos consisten en la representación, en caracteres cursivos y con un relleno de temas vegetales, de la eulogia al-yumn (la “fortuna”, la “felicidad”), palabra que tiene un sentido simbólico, al favorecer la conservación mágica de los alimentos. En la parte inferior de las paredes del cuerpo, aparecen motivos vegetales excisos(20). También, tenemos un fragmento perteneciente a una tinaja de gran tamaño y paredes gruesas, con base estrecha y plana, cuerpo ovoide, cuello cilíndrico, bien diferenciado de las paredes del cuerpo, y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(21). Se trata de un recipiente bizcochado, de pasta anaranjada y un desgrasante mineral de grano grueso. (20) Para un estudio de los paralelos de este tipo cerámico y sus motivos decorativos, vide CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 155-157, 287-319; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “Tinajas almohades de Iptuci (Prado del Rey, Cádiz)”, en Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales, II, 2000, pp. 41-72; TORREMOCHA SILVA, A. y OLIVA CÓZAR, Y. (Ed.). La cerámica musulmana de Algeciras. Producciones estampilladas. Estudios y catálogo. Cádiz, 2002. (21) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 157-158; figs. 82-84.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 40 2.4. VAJILLA DE MESA PARA LA PRESENTACIÓN Y EL CONSUMO DE LOS ALIMENTOS ATAIFORES O ZAFAS Se han encontrado cuatro tipos de ataifores o zafas. El primer tipo corresponde a un recipiente de pequeño tamaño y con una cubierta vítrea verde en ambas superficies, que presenta un desarrollado pie anular, cuerpo hemiesférico con carena baja poco marcada, cerrándose las paredes en la mitad superior, y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(22) (fig. 6:A). El segundo tipo es un ataifor con pie anular, cuerpo de paredes curvas muy abiertas y borde ligeramente exvasado, con pasta rojiza, desgrasante fino y una cubierta vítrea blanca en ambas superficies. Una variante de este segundo tipo dispone de un borde exvasado muy saliente(23) y de una cubierta vítrea interior y exterior de color verde (fig. 6:B). El tercer tipo se puede reconstruir como un recipiente de mediano tamaño, con un desarrollado pie anular, cuerpo de paredes curvas que terminan verticalmente en la boca y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(24). Elaborados con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño pequeño, reciben un baño de vedrío melado en ambas superficies (fig. 6:C). El último tipo, el más abundante, es un ataifor con pie anular de escaso diámetro, alto y robusto, cuerpo de paredes rectas divergentes con una carena alta muy marcada, paredes rectas verticales en la parte superior del cuerpo y borde recto con engrosamiento externo de sección triangular(25). Son ejemplares que presentan unas pastas rojizas, un desgrasante mineral de tamaño pequeño y una cubierta vítrea de impermeabilización, melada y de muy buena calidad, en las dos superficies (fig. 6:D). Estos ataifores suelen contar con una decoración pintada con motivos muy esquemáticos de óxido de manganeso, dispuestos bajo o sobre la cubierta vítrea, que representan cuatro semicírculos que se cruzan y recorren toda la superficie interna de la pieza, en alusión a los cuatro árboles del Paraíso (fig. 6:E). (22) Ibídem, pp. 177-179; figs. 107-112; lám. III; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do…”, pp. 391-392; fig. 9; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 318; fig. 8:59. Junto con los ataifores carenados, son los ataifores almohades más característicos de la región del suroeste peninsular. (23) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 175-177; fig. 105. (24) Ibídem, pp. 172-175; figs. 102-104. Se trata de un tipo de ataifor muy abundante en los yacimientos de finales del siglo XII y la primera mitad del XIII y con una amplia difusión por todo el territorio andalusí. (25) Ibídem, pp. 159-164; figs. 85-92; lám. II:A; FERNÁNDEZ GABALDÓN, S. “El yacimiento de La Encarnación…”, p. 457; fig. 4:4; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 105; fig. 4:14; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do…”, pp. 391-392; figs. 9, 13; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, p. 293; fig. 3; láms. I:2, 7, II:2; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 320; fig. 9:63; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo histórico-arqueológico…, p. 119; fig. 4.29.
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CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES PROCEDENTES DE LA CALLE SANTIAGO (CÁDIZ) Francisco José Blanco Jiménez Francisco Cavilla Sánchez-Molero Hum. 165 Biblid: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 31-54 Resumen: Las excavaciones realizadas en un solar del barrio de Santiago nos proporcionan información sobre el poblamiento musulmán de Cádiz, fuera del área de la madina, situada en el barrio del Pópulo, y han permitido recuperar un significativo conjunto cerámico de época almohade y, en menor medida, cristiana bajomedieval. Palabras claves: Cerámica almohade. Cerámica cristiana bajomedieval. Cádiz. Abstract: The excavations carried out in a plot in the district of Santiago provide us with information about the Muslim settlement of Cádiz, outside the area of the madina in the district of Pópulo, and they have made possible to recover a significant pottery set from the Almohad period and, to a lesser extent, Christian early-medieval. Key words: Almohad pottery. Christian early-medieval pottery. Cádiz. 1. RESULTADOS DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA En el año 2003 se procedió a la excavación de un solar sito en el barrio de Santiago de Cádiz, correspondiente a las fincas situadas en la calle Santiago número 11 y parte de la antigua panadería “El Laurel”, en la calle Barrocal número 5(1). Su excavación permitió obtener la siguiente estratigrafía: Nivel 1. Estrato de escombros y rellenos contemporáneos (entre la cota 0 y - 0,20/0,30 m). (1) BLANCO JIMÉNEZ, F. J. Informe preliminar correspondiente a los sondeos realizados y el control de movimiento de tierras llevado a cabo en el solar de la calle Santiago número 11 de Cádiz. Informe entregado en la Delegación Provincial de Cádiz de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, 2004.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 32 Nivel 2. Estrato de arena dunar castaño clara con fragmentos cerámicos de época moderna y contemporánea. Se recuperaron lebrillos, bacines, platos, ollas, pipas y otras formas cerámicas, con una cronología de los siglos XVIII y XIX, pertenecientes al momento de construcción de la antigua vivienda demolida. Asimismo se detectaron restos de estructuras consistentes en cimentaciones de muros y un aljibe adosado a la medianera con las fincas 5 y 9-7 de la calle Barrocal, datados en la misma época. La cota media de este estrato se encuentra entre -0,30 y -0,80 m (U.E. 1). Nivel 3. Estrato de tierra orgánica muy compacta de uso antrópìco y de una coloración gris oscura, formado por cenizas, carbones, ripios de piedra caliza y cantos rodados marinos, asociados a abundantes fragmentos de tejas y material cerámico. Este material pertenece fundamentalmente al periodo almohade (primera mitad del XII), aunque se han recuperado algunas producciones de época cristiana bajomedieval (siglos XIII y XIV) y unas escasas cerámicas tardorromanas. El espesor medio del estrato es de unos 0,30 m, encontrándose a una cota situada entre -80 y -1,10/1,20 m de profundidad respecto al nivel de la calle (U.E. 2). Nivel 4. Posible suelo, en un pequeño sector de la superficie ocupada por la U.E. 2, formado por una capa de tierra arcillosa prensada y de una coloración ocreamarillenta de unos 5 mm de espesor. Nivel 5. Relleno de arena dunar de un coloración castaño clara, muy suelta y bastante limpia, con restos de malacofauna y cerámicas bizcochadas y vidriadas, producto de la colmatación del cauce del antiguo canal Bahía-Caleta. Dicho nivel ha sido detectado, al menos, hasta la cota de -3,50 m, cuando comienza a aflorar el nivel freático. La localización de tejas y piedra menuda no asociadas a estructuras edilicias de viviendas con muros y pavimentos consistentes, nos hace pensar en la existencia de un hábitat aislado y temporal de reducidas dimensiones y de época almohade. Con un tosco pavimento de arcilla prensada, de apenas 5 mm de espesor, las caracteresticas que presenta este hábitat es el empleo de materiales efímeros y de escasa consistencia (madera, cascotes de piedra y tejas). Esta edificación quedaría ubicada en el borde del canal Bahía-Caleta, debido a que en estos momentos ya se había colmatado en gran medida este antiguo cauce y, por lo tanto, era un espacio ganado al mar por sucesivos aportes de colmatación sedimentaria. No sabemos qué utilidad debió tener; sólo conocemos que en un momento determinado quedó destruido por un incendio que lo arrasó por completo, quedando los fragmentos de teja y cascotes de piedra revueltos con las cenizas y restos de maderas calcinadas. Los descubrimientos arqueológicos realizados en los últimos años en el barrio del Pópulo(2) -el núcleo de la madīna musulmanaestán proporcionando los prime- (2) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade de la isla de Cádiz (Ŷazīrat Qādis). Cádiz, 2005, pp. 39-50; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “El Cádiz medieval”, en Cádiz al fin del milenio. Cinco años de Arqueología en la ciudad (1995-2000). Catálogo de la Exposición,
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 39 En las piezas recuperadas, los motivos decorativos estampillados se aplican con un cuño o matriz directamente sobre la superficie del recipiente y se estructuran en bandas o fajas horizontales de igual o desigual altura, cubriendo las partes más visibles de la tinaja, concretamente el cuello, la parte superior del cuerpo y las asas de aleta. Los registros están delimitados por molduras con incisiones realizadas a punta de cuchillo. Estas molduras dejan un estrecho espacio rehundido que también se aprovecha para una decoración estampillada de carácter geométrico y muy simple. En las zonas de unión del cuello con la boca y con el cuerpo y en la parte superior de las paredes del cuerpo, aparecen una o dos bandas aplicadas con dentado, formando una crestería. Además, el cuello aparece recorrido por unas finas columnillas aplicadas, rematadas por pequeñas volutas que llegan hasta la boca. Los motivos estampillados son de carácter geométrico, vegetal y epigráfico (figs. 4-5). Los temas geométricos consisten en triángulos concéntricos, estrellas de ocho puntas y sogas. Los triángulos concéntricos se sitúan sobre las zonas rehundidas que aparecen entre las molduras o cintas de refuerzo horizontales. La soga o trenza, de cuatro ramales, es un tema que aparece asociado a las ideas de “ligazón”, “continuidad”, “vida”, “eternidad”, teniendo también, con un valor mágico, la capacidad de proteger contra cualquier maleficio o enfermedad. Las estrellas de ocho puntas forman una red de lacería, representándose en su interior una roseta de ocho pétalos. Los motivos vegetales reproducen palmetas digitadas contrapuestas, mientras que los epigráficos consisten en la representación, en caracteres cursivos y con un relleno de temas vegetales, de la eulogia al-yumn (la “fortuna”, la “felicidad”), palabra que tiene un sentido simbólico, al favorecer la conservación mágica de los alimentos. En la parte inferior de las paredes del cuerpo, aparecen motivos vegetales excisos(20). También, tenemos un fragmento perteneciente a una tinaja de gran tamaño y paredes gruesas, con base estrecha y plana, cuerpo ovoide, cuello cilíndrico, bien diferenciado de las paredes del cuerpo, y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(21). Se trata de un recipiente bizcochado, de pasta anaranjada y un desgrasante mineral de grano grueso. (20) Para un estudio de los paralelos de este tipo cerámico y sus motivos decorativos, vide CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 155-157, 287-319; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “Tinajas almohades de Iptuci (Prado del Rey, Cádiz)”, en Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales, II, 2000, pp. 41-72; TORREMOCHA SILVA, A. y OLIVA CÓZAR, Y. (Ed.). La cerámica musulmana de Algeciras. Producciones estampilladas. Estudios y catálogo. Cádiz, 2002. (21) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 157-158; figs. 82-84.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 40 2.4. VAJILLA DE MESA PARA LA PRESENTACIÓN Y EL CONSUMO DE LOS ALIMENTOS ATAIFORES O ZAFAS Se han encontrado cuatro tipos de ataifores o zafas. El primer tipo corresponde a un recipiente de pequeño tamaño y con una cubierta vítrea verde en ambas superficies, que presenta un desarrollado pie anular, cuerpo hemiesférico con carena baja poco marcada, cerrándose las paredes en la mitad superior, y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(22) (fig. 6:A). El segundo tipo es un ataifor con pie anular, cuerpo de paredes curvas muy abiertas y borde ligeramente exvasado, con pasta rojiza, desgrasante fino y una cubierta vítrea blanca en ambas superficies. Una variante de este segundo tipo dispone de un borde exvasado muy saliente(23) y de una cubierta vítrea interior y exterior de color verde (fig. 6:B). El tercer tipo se puede reconstruir como un recipiente de mediano tamaño, con un desarrollado pie anular, cuerpo de paredes curvas que terminan verticalmente en la boca y borde recto con un engrosamiento externo de sección triangular(24). Elaborados con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño pequeño, reciben un baño de vedrío melado en ambas superficies (fig. 6:C). El último tipo, el más abundante, es un ataifor con pie anular de escaso diámetro, alto y robusto, cuerpo de paredes rectas divergentes con una carena alta muy marcada, paredes rectas verticales en la parte superior del cuerpo y borde recto con engrosamiento externo de sección triangular(25). Son ejemplares que presentan unas pastas rojizas, un desgrasante mineral de tamaño pequeño y una cubierta vítrea de impermeabilización, melada y de muy buena calidad, en las dos superficies (fig. 6:D). Estos ataifores suelen contar con una decoración pintada con motivos muy esquemáticos de óxido de manganeso, dispuestos bajo o sobre la cubierta vítrea, que representan cuatro semicírculos que se cruzan y recorren toda la superficie interna de la pieza, en alusión a los cuatro árboles del Paraíso (fig. 6:E). (22) Ibídem, pp. 177-179; figs. 107-112; lám. III; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do…”, pp. 391-392; fig. 9; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 318; fig. 8:59. Junto con los ataifores carenados, son los ataifores almohades más característicos de la región del suroeste peninsular. (23) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 175-177; fig. 105. (24) Ibídem, pp. 172-175; figs. 102-104. Se trata de un tipo de ataifor muy abundante en los yacimientos de finales del siglo XII y la primera mitad del XIII y con una amplia difusión por todo el territorio andalusí. (25) Ibídem, pp. 159-164; figs. 85-92; lám. II:A; FERNÁNDEZ GABALDÓN, S. “El yacimiento de La Encarnación…”, p. 457; fig. 4:4; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 105; fig. 4:14; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do…”, pp. 391-392; figs. 9, 13; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, p. 293; fig. 3; láms. I:2, 7, II:2; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 320; fig. 9:63; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo histórico-arqueológico…, p. 119; fig. 4.29.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 41 El ataifor carenado perdurará en las producciones cristianas bajomedievales(26), pero evolucionará, como se observa en un cuenco recuperado en el yacimiento, hacia nuevas formas con diferencias morfológicas y técnicas. Así, se documenta el aumento de la altura del recipiente, la forma más abierta de las paredes en la parte inferior del cuerpo, la pérdida del engrosamiento del labio y la existencia de una moldura en la base anular, mientras que el acabado de la pieza presenta diferencias con los ejemplares musulmanes al recibir una cubierta vítrea melada de peor calidad (fig. 7). JARRITAS Y JARRITOS Destacan las jarritas pertenecientes al grupo de las cerámicas “de paredes finas”(27), con barros bien decantados y unas superficies muy bien acabadas con un baño de engalba amarillenta, casi blanquecina, que cubre unas pastas de color anaranjado. Estos recipientes pueden ser considerados objetos de lujo al imitar piezas metálicas. Han aparecido fragmentos correspondientes a pies anulares, muy altos y abiertos, cuerpos de forma globular con estrías en la parte superior, cuellos de paredes altas y abombadas que terminan en un borde recto adelgazado o de perfil troncocónico invertido y asas geminadas (fig. 8:A, C). Un fragmento presenta una decoración de pequeñas estampillas con motivos geométricos y florales. Se han encontrado también varios fragmentos con decoración esgrafiada(28). El esgrafiado es una técnica mixta que combina la pintura y la incisión. Elaborada la pieza se aplicaba una pintura de óxido de manganeso en los lugares a decorar y, a continuación, se rasgaba, mediante punzones de distintos grosores, la superficie pintada cuando todavía estaba fresca, todo ello antes de la primera y única cochura. La utilización de la técnica del esgrafiado y, en especial, la manera de ejecutarla, con la policromía que genera y el parecido con la técnica del nielado, constituyen un claro testimonio de la existencia de modelos metálicos. Además, su aplicación en piezas que destacan por la extremada delgadez de sus paredes, refuerza la idea de que algunas jarritas esgrafiadas serían imitaciones, tanto desde el punto de vista morfológico como decorativo, de piezas de metal. Los motivos (26) MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 106; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, p. 293. (27) Las jarritas de “paredes finas”, que destacan por la calidad de sus pastas, la cuidada elaboración y por servir de soporte a numerosas técnicas decorativas, son características de las producciones almohades del suroeste peninsular. CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 199-200; figs. 153-155; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 104; fig. 2:8; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, pp. 294-295. (28) Para la difusión de cerámicas esgrafiadas procedentes de la región levantina en el área suroccidental de al-Andalus, vide CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “Las cerámicas esgrafiadas de Cádiz y la difusión de las producciones esgrafiadas en el suroeste peninsular y el Magreb”, en Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales, V-VI, 2003-2004, pp. 37-54; CRESPO PASCUAL, A. “Cerámica esgrafiada: estado de la cuestión”, en Anales de Arqueología Cordobesa, 12, 2001, pp. 353-370.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 42 consisten en espirales incisas, encuadradas por líneas horizontales y verticales, y grupos de espirales incisas, dispuestas horizontal y verticalmente, acompañadas por bandas verticales con puntos pintados (fig. 8:E-F). Tenemos también una jarrita con cuello de perfil cilíndrico y borde recto adelgazado con una cubierta vítrea verde en ambas superficies (fig. 8:B) y un jarrito bizcochado con base ligeramente rehundida y pie indicado (fig. 8:D). REDOMAS Los fragmentos recuperados de redomas corresponden a recipientes con pie anular o base convexa y pie discoidal y cuerpo piriforme, presentando unas pastas rojizas, un desgrasante mineral de tamaño pequeño o mediano y un vedrío melado de una tonalidad oscura en ambas superficies (fig. 8:G). 2.5. CONTENEDORES DE FUEGO ANAFES Un primer tipo se puede reconstruir como un anafe de gran tamaño y de factura grosera, con doble cámara y perfil bitroncocónico. El cenicero, de pequeño tamaño, presenta una base plana y un cuerpo troncocónico de paredes cóncavas y con un orificio para la extracción de las cenizas. El brasero u hogar, de paredes curvas con acanaladuras en la parte superior y, a veces, con una escotadura en la unión con la boca, termina en un borde recto y biselado al interior o, preferentemente, exvasado y con una moldura interior para el apoyo del recipiente con la comida que se quiere cocer o calentar y, por consiguiente, careciendo de los apéndices de sujeción que presentan otros tipos de anafes, al igual que de orificios de oxigenación. La parrilla tiene forma de cúpula con orificios circulares. Cuenta con dos asas, dispuestas en el brasero, que pueden estar decoradas con apéndices plásticos de forma cónica(29) (fig. 9:A-B). El segundo tipo es un anafe de cámara única que presenta una base convexa, diferenciada de las paredes del cuerpo mediante una marcada carena, con tres apéndices de forma cónica a modo de pies, modelados independientemente; el cuerpo es de paredes rectas divergentes(30). Ambos tipos están elaborados con barros rojizos y un desgrasante mineral de tamaño medio. (29) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. “Anafes musulmanes de doble cámara de Sancti-Petri (San Fernando, Cádiz)”, en Estudios sobre Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales, III, 2002, pp. 42-43, 48; fig. 8; CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 216217; figs. 187-191; lám. IX:A; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, p. 291; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Contenedores de fuego en el Garb al-Andalus”, en Actas del 3.º Congresso de Arqueologia Peninsular (Vila Real, 1999), vol. VII, 2000, pp. 422-423; tipos 2-3; fig. 1:2-3; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 317; fig. 3:20; MACÍAS, S. Mértola islâmica. Estudo histórico-arqueológico…, p. 114; fig. 4.22. (30) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, p. 221; figs. 197-202; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Contenedores de fuego...”, p. 424; fig. 1:6; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica islámica”, p. 278; fig. 8:1, 3.
CERÁMICAS ALMOHADES Y CRISTIANAS BAJOMEDIEVALES 43 CANDILES El único tipo documentado en el yacimiento es el candil de cazoleta abierta. Con una cubierta vítrea melada, tiene una base plana, cuerpo de paredes rectas divergentes y con parte del borde vuelto y pinzado para formar una piquera de pellizco, a modo de mechero, creando la característica forma trilobulada de la cazoleta de este tipo de candil; en el extremo opuesto al de la piquera, cuenta con una pequeña asa de cinta dorsal, de sección oval, que arranca del borde de la cazoleta. 2.6. OBJETOS DE USO MÚLTIPLE ALCADAFES Los alcadafes encontrados son recipientes de gran tamaño, con base plana, cuerpo troncocónico invertido de paredes gruesas, en ocasiones con una pequeña escotadura en la unión con la boca, y borde recto con engrosamiento externo de sección semicircular(31) (fig. 9:C-E). Están elaborados con barros amarillentos o anaranjados y un desgrasante mineral de tamaño muy variado. Algunos ejemplares con barros anaranjados cuentan con un acabado consistente en un baño de almagra, aplicado, en la superficie interna y en la cara externa del borde, mediante pinceladas gruesas y largas sobre el barro crudo, antes de la única cochura. El baño de almagra se complementa con un alisado realizado con un objeto duro, madera o cuero, como forma de impermeabilización para eliminar las porosidades de la cerámica. El gran tamaño y peso de estos alcadafes explica la aplicación de cuerdas, testimoniada por las improntas en el cuerpo y en el exterior del borde, en un intento de evitar las deformaciones y la rotura de los mismos durante el proceso de secado. 2.7. OBJETOS DE USO COMPLEMENTARIO REPOSADEROS Los reposaderos presentan una forma circular y un cuerpo de paredes gruesas y de perfil bitroncocónico con una moldura central y una plataforma interior plana; el cuerpo tiene en sus extremos un engrosamiento externo de sección cuadrangular para formar la base y el borde. Este engrosamiento es más acusado en la base para evitar problemas de equilibrio al reposadero cuando éste recibe la tinaja(32). Estos reposaderos están fabricados con unos barros anaranjados o amarillentos y un desgrasante mineral de tamaño mediano o grande, disponiendo de un acabado mediante una cubierta vítrea verde, que suele reducirse, en algunos ejemplares, a simples goterones. Están decorados con motivos estampillados de carácter vegetal, muy esquemáticos (fig. 10:A). (31) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 245-247; figs. 230-237. (32) Ibídem, pp. 253-255; figs. 245-247; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica islámica”, p. 273; fig. 8:10; lám. 2; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 311; fig. 1:3.
FRANCISCO CAVILLA SÁNCHEZ-MOLEROFRANCISCO JOSÉ BLANCO JIMÉNEZ 44 TAPADERAS Un primer tipo es una tapadera de pequeño tamaño y escasa altura, con una base ligeramente rehundida, cuerpo de paredes abiertas, borde exvasado con un labio redondeado y un pequeño asidero dispuesto en el centro del fondo(33) (fig. 10:B). Se trata de tapaderas bizcochadas, de pasta amarillenta y un desgrasante mineral de tamaño pequeño, que servían preferentemente como cierre de cántaros y jarritas. Más abundantes son las tapaderas de forma cóncava con resalte horizontal que servía de tope y pie anular para facilitar el engarce, cuerpo hemiesférico y asidero anular de forma troncocónica invertida(34) (fig. 10:C-D). Están fabricadas con barros amarillentos y un desgrasante mineral de grano pequeño, contando con una cubierta vítrea de color verde en ambas superficies o verde en la superficie interior y transparente en la exterior. Estas tapaderas disponen de una decoración incisa, situada entre el resalte horizontal y el asidero anular y bajo la cubierta vítrea, con motivos geométricos consistentes en trazos dobles largos, dispuestos de manera oblicua y delimitando grupos de cuatro trazos verticales más pequeños (fig. 10:C), o reticulados (fig. 10:D). 2.8. CONCLUSIONES La cerámica musulmana aparecida en la calle Santiago se sitúa cronológicamente en la primera mitad del siglo XIII. Sus formas, acabados y decoraciones son característicos de las producciones almohades del suroeste peninsular, una región que, al menos desde el siglo XI, contaría con varios centros alfareros dispersos, pero con una producción muy estandarizada, bien diferente de las de otras regiones del territorio andalusí. Será a partir de la dominación almorávide y, sobre todo, almohade, cuando aparecen nuevas formas cerámicas de uso cotidiano y de clara influencia norteafricana que sólo encontramos en los asentamientos del área suroccidental de al-Andalus, frente a otras formas ampliamente difundidas por todo el territorio de dominación andalusí. Además, estas cerámicas también están documentadas en los centros magrebíes, lo que indica la homogeneidad cultural y la existencia de fluidos contactos comerciales a ambos lados del Estrecho de Gibraltar, al mismo tiempo que se intensifican las relaciones con otras regiones de al-Andalus, como lo demuestran las jarritas esgrafiadas, importadas del Levante peninsular. (33) CAVILLA SÁNCHEZ-MOLERO, F. La cerámica almohade…, pp. 256-259; figs. 249-254. (34) Ibídem, pp. 260-263; figs. 257-262; lám. III; FERNÁNDEZ GABALDÓN, S. “El yacimiento de La Encarnación…”, p. 457; fig. 4:10; MONTES MACHUCA, C. y GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, R. “Excavaciones arqueológicas en…”, p. 106; fig. 4:17-18; LAFUENTE IBÁÑEZ, P. “La cerámica almohade…”, p. 294; fig. 4:4; GÓMEZ MARTÍNEZ, S. “Cerámica decorada islámica de…”, p. 320; fig. 9:68; GOMES, R. V. “Cerâmicas almoadas do…”, p. 392; fig. 15.
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ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL JEREZ PREALMOHADE Y PREISLÁMICO (CERIT) Miguel Ángel Borrego Soto (*) Biblia: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 55-70. Resumen: El legado documental y arqueológico de que disponemos hasta la fecha establece un origen prealmohade para Jerez de la Frontera. No obstante, el presente trabajo intenta dar respuesta a la cuestión de la existencia de una región o enclave anterior llamado Cerit del que derivaría el topónimo Šarīš, luego Jerez. Palabras clave: Jerez prealmohade. Jerez preislámico. Cerit. Abstract: The documental and archaeological legacy gives a prealmohad origin to the city of Jerez de la Frontera. However, the present article tries to answer the question of the existence of a preislamic area or village called Cerit, from which would derive the place-name of Šarīš, later Jerez. Key words: Prealmohad Jerez. Preislamic Jerez. Cerit. 0. INTRODUCCIÓN Los orígenes de Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz, han sido desde antiguo tema muy debatido y sobre el que existen diversas y variadas hipótesis. Una de ellas defiende que Jerez procede y está situado en el solar de la romana Ceret o Cerit, tesis ya clásica y enfrentada tanto a la idea de aquellos investigadores que respaldan una fundación islámica para Jerez, como a la teoría que, partiendo de esta última, mantiene que la ciudad es producto de la progresiva evolución de una supuesta alquería o población hispanorromana de nombre desconocido y escasa relevancia, colonizada por los musulmanes a partir del año 7111. (*) Licenciado en Filología Semítica (opción árabo-islámica) e Hispánicas por la Universidad de Granada. E-mail: [email protected]. (1) Vid. al respecto, entre otros, ABELLÁN, Cora; BORREGO SOTO, “Sabios”, AM, 11, 7-66; CHIC GARCÍA, “Jerez”, 20-30; ESTEVE GUERRERO, “Ceret”, 423-34; GONZÁLEZ RODRÍGUEZ y RUIZ MATA, “Prehistoria”, 139-43; MONTERO VÍTORES, “Interpretación”, RHJ, 6, 61-83; PAVÓN MALDONADO, Jerez; o VEGA GEÁN y GARCÍA ROMERO, “Ocupación”, RHJ, 6, 37-59.
MIGUEL ÁNGEL BORREGO SOTO 56 Es cierto que, a pesar del empeño de algunos historiadores locales por dar a Jerez un pasado ancestral y remoto, casi legendario2, el legado documental y arqueológico de que disponemos evidencia que la ciudad carece de esa pretérita historia, aunque no así su entorno, aspecto que retomaremos a la hora de valorar la posible existencia de un núcleo urbano anterior a la conquista musulmana donde actualmente se levanta Jerez. Habría que añadir, no obstante, que la nula o escasa información con la que contamos sobre esta cuestión dificulta enormemente la tarea de refutar el testimonio de la crónica anónima ikr bilād al-Andalus (segunda mitad s. XIV ó XV), que hace de Jerez una población moderna, una de las que se construyeron en tiempos del Islam3. Es más, las fuentes históricas y geográficas árabes suelen especificar, llegado el caso, el origen preislámico del lugar que describen, algo que nunca ha sucedido, por ahora, con Jerez. Y aunque parece fuera de toda duda que el germen de la ciudad debe rastrearse, efectivamente, en época andalusí, es también cierto que desconocemos la fecha exacta de ese asentamiento y si éste tomó el nombre de algún enclave preexistente de origen romano o visigodo. 1. EL JEREZ PREALMOHADE Hasta hace bien poco, los hallazgos arqueológicos situaban el origen de Jerez en el siglo XII. Es incuestionable que el esplendor político y cultural de la ciudad llega en esos años de dominación almohade4, pero las últimas excavaciones en puntos claves del centro histórico jerezano corroboran las alusiones que sobre el Jerez de los siglos IX al XI aparecen en algunas de las más importantes fuentes históricas y biográficas árabes. Esta circunstancia demuestra que el Jerez prealmohade existió y nos obliga, por tanto, a retrotraer la fecha de fundación de la ciudad a los primeros años de la presencia del islam en la Península. El Profesor Juan Abellán justifica esta aseveración basándose en los restos cerámicos encontrados recientemente en varias zonas del casco antiguo de Jerez -datados entre los siglos X y XIy en dos textos fundamentales5: a) El primero es la Crónica de Amad al-Rāzī (m. 344=955), que hace la siguiente descripción del Jerez de su tiempo: … Et Xerez Sadunia (Jerez, de la cora de Sidonia) es nombrada entre todas las cibdades de Espanya, et en ella ha todas las bondades de la tierra et de la mar; que si vos yo quissiese contar todas las bondades della et de su termino, non (2) Por ejemplo, BERTEMATI, Discurso; FLÓREZ, España, X; MESA GINETE, Historia; RALLÓN, Historia, etc. (3) ikr, 2, 70-71 (trad. de Luis Molina). (4) Vid. BORREGO SOTO, “Sabios”, AM, 11, 7-66. (5) ABELLÁN, Cora, 50-51.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL JEREZ PREALMOHADE Y PREISLÁMICO 57 podria. Et las aguas non se dannan como otras, et la su fruta dura mucho. Et Xerez es tan buena que le non puede escusar en lo mas de Espanya…6 No olvidemos que el original árabe de al-Rāzī se perdió y que el presente pasaje -traducción castellana del siglo XV de la versión portuguesa de los años 1279 a 1325presenta algunas adaptaciones y anacronismos. Con todo, hay que tener en cuenta la verosimilitud de los datos que aporta la parte geográfica de esta obra, algo que Pascual de Gayangos ya dejó claro en su momento7. b) El segundo texto pertenece al volumen II-1 del Muqtabis de Ibn ayyān (m. 469=1076), en concreto el fragmento referido a las defensas del suroeste de alAndalus frente al ataque normando del año 230 (=844-5) en tiempos del emir ‛Abd al-Ramān II (m. 238=852), donde se habla de vestigios de ciudades, fortalezas, castillos y atalayas conexas y próximas, hasta que, al llegar a Qal‛at Gazwān, esas fortalezas conectan con Itálica y Coria hasta Sevilla, y luego se extienden desde ella hasta Qal‛at Ward, Jerez [de la cora de Sidonia], y As fi ah, hasta Cádiz y aquella zona costera; no tengo la menor duda de que los antiguos hicieron estas fortalezas y atalayas sólo como defensa contra este enemigo normando que habrá estado llegándoles en distintas épocas…8 Para Juan Abellán el documento revela no sólo que Jerez existía en el siglo IX, sino también antes de la conquista musulmana9. Otro texto que confirma estos extremos es el Ta’rīj ‛ulamā’-al-Andalus (Historia de los ulemas de al-Andalus) de Ibn al-FaraǺī (m. 403=1013), obra en la que se esboza el retrato de siete destacados sabios que vivieron y ejercieron sus oficios en Jerez entre los siglos IX al XI. A partir de estas biografías se deduce que la capital de la cora a mediados del X era Jerez, ciudad en la que la vida religiosa y cultural comenzaba a tener cierta importancia. Se nombra al muftí y maestro Hišām b. Muammad b. Abī Razīn, Abū Razīn, de origen beréber, que nació a finales del siglo IX y falleció ةﺓﺮﺿﺎﺤﺑ ﺶﯾﻳﺮﺷ (bi- ā ! irat Šarīš), es decir, en la capital, Jerez, el año 336 (=947-8); y a los jatibes Sulaymān b. Muammad b. Sulaymān al-Ša!ūnī, nacido a principios del siglo X y muerto el jueves 14 de ! ū l-qa‛da del 371 (=jueves 11 de mayo de 982), que se ocupó de dirigir la oración en Jerez desde el 337 (=948-9); Yazīd b. Asbāfi al-Majzūmī, que tal vez sucediera al anterior; y Asbāfi b. Yazīd b. Asbāfi alMajzūmī, hijo del anterior, quien relevó a su padre en el cargo hasta que murió en 392 (=1001-2). (6) Vid. AL-RĀZĪ, Crónica, 57-8. (7) GAYANGOS, Memoria, 5-30. (8) IBN AYYĀN, Muqtabis, II-1, 316-8 (trad. de Mamūd ‛Alī Makkī y Federico Corriente). (9) ABELLÁN, Cora, 51.
MIGUEL ÁNGEL BORREGO SOTO 58 Junto a ellos, Ibn al-Fara!ī hace igualmente alusión a otros habitantes del Jerez califal: Firās b. Amad b. ‛Umar b. Yūsuf, Abū l-Manāzil al-Majzūmī, nacido seguramente a finales del siglo IX y que aún vivía el año 324 (=935-6); Mun!ir b. ‛Umar b. ‛Abd al-‛Azīz, Abū l-akam al-Ša!ūnī, que debió de nacer hacia el último tercio del siglo IX, muriendo el año 334 (=945-6); y ‛Abd Allāh b. Muammad b. Amad b. Abī ‛Awsaŷa, Abū Muammad, fallecido el 376 (=986-7)10. Por otro lado, para Maribel Fierro y Manuela Marín el proceso de islamización de las ciudades andalusíes a través de sus ulemas comprende dos etapas11: - Desde el siglo VIII hasta comienzos del IX, el grado de islamización de la población autóctona es prácticamente nulo, debido al escaso número de musulmanes que entró en la Península durante la conquista. Los sabios que mencionan los diccionarios biográficos son para este período escasos, con nisba árabe en su mayoría y concentrados en Córdoba, en un momento de formación y de introducción del derecho islámico y el mālikismo en al-Andalus. - Entre el siglo IX y comienzos del X, el aumento de musulmanes por conversión o debido a la llegada de nuevos conquistadores se refleja en las crónicas con noticias sobre la ampliación de mezquitas y la construcción y fundación de nuevas ciudades: Murcia, Úbeda, Badajoz, Madrid o Talamanca. El crecimiento urbanístico que se produce durante esta etapa es paralelo al de las semblanzas de ulemas en las fuentes. Éstos proceden ya de puntos cada vez más diversos y tienen en muchos casos un origen muladí. En este período se introduce en al-Andalus la ciencia del hadiz y el šāfi‛ismo. Veíamos más arriba cómo el Muqtabis de Ibn ayyān alude a Jerez en una noticia del año 230 (=844-5). Por desgracia, el dato no revela con claridad el origen preislámico de Jerez, al contrario de lo que asegura Juan Abellán, pero también resulta arriesgado, a partir de esta misma información, afirmar que la fundación de Jerez fuera reciente. El caso es que los primeros nombres de algunos de sus habitantes aparecen relacionados con los años finales de esa centuria, coincidiendo con las tesis de Fierro y Marín. Así, de los siete ulemas jerezanos nacidos entre finales del IX y la primera mitad del X, y fallecidos a lo largo de este último siglo, cuatro poseen nisba árabe (de la tribu de Majzūm y de Hamdān); uno beréber, Abū Razīn; y dos son probablemente muladíes, ‛Abd Allāh b. Muammad b. Amad (10) Para ampliar la información de cada uno de estos ulemas, vid. IBN AL-FARA"Ī, Ta’rīj, I, 106 (nº 281), 221-2 (nº 565), 280 (nº 740), 396 (nº 1046); y II, 141-2 (nº 1453), 172 (nº 1546), 196 (nº 1610), II, 206-7 (nº 1636). Vid. tb. BORREGO SOTO, “Sabios”, AM, 11, pp. 33, 48, 34, 4950, 53, 21 y 33, respectivamente. (11) FIERRO y MARÍN, “Islamización”, GVIAM, 65-97, donde ambas autoras plantean, además, la posible relación entre el asentamiento de población conquistadora en una ciudad o región y los orígenes étnicos y sociales de los ulemas localizados en ellas, así como su número.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL JEREZ PREALMOHADE Y PREISLÁMICO 59 b. Abī ‛Awsaŷa y Mun!ir b. ‛Umar b. ‛Abd al-‛Azīz. Eso sí, todos tienen la misma procedencia según Ibn al-FaraǺī: Medina Sidonia12. Parece evidente que las autoridades envían a Jerez intelectuales y hombres expertos en ciencias religiosas del entorno para acelerar la arabización e islamización de los habitantes de la ciudad. Contamos de este modo con un secretario, ‛Abd Allāh b. Muammad b. Amad b. Abī ‛Awsaŷa; un celebrado maestro, muftí y experto en “cuestiones del derecho” (masā’il al-fiq ), Abū Razīn; un prestigioso gramático y poeta, Mun!ir b. ‛Umar b. ‛Abd al-‛Azīz; y cuatro jatibes, uno de los cuales -Sulayman b. Muammad b. Sulaymānfue nombrado þ ā ib alþ alāt de Jerez por el propio califa al-akam II. Todos los indicios apuntan a un nuevo centro urbano en progresiva ascensión, de cuyos orígenes no sabemos apenas nada. Pudo ser una ciudad completamente nueva que tomó el nombre de la zona donde se construyó, Ceret o Cerit, lo que parece probable, o bien el resultado de la colonización de una pequeña aldea hispanorromana de análoga denominación. No debemos obviar, por significativas, las palabras de Casiri al referirse al jerezano Abū l-‛Abbās Amad al-Šarīšī (m. 619=1223). Decía el sabio maronita que Jerez debe su nombre al persa Xiraza, en cuyo honor, la colonia del mismo origen allí asentada –parte tal vez de los aŷnād del sirio Balŷ b. Bišr enviados a la Península en el 741– llamó a la ciudad13. De este modo, reiterando lo dicho en nuestra introducción y a la vista de los testimonios arqueológicos y documentales, Jerez es construcción islámica de los siglos VIII o IX, no siendo hasta el X cuando la ciudad adquiere en la región una innegable notoriedad. Esta trascendencia alcanzará su máximo apogeo dos centurias más tarde, durante el gobierno de la dinastía almohade en al-Andalus14. 2. CERIT, EL JEREZ PREISLÁMICO Sin embargo, sabemos que en los alrededores de lo que hoy es el casco antiguo de la ciudad hubo explotaciones rurales de origen romano o visigodo, muchas de (12) No obstante, al afirmar Ibn al-Fara!ī que estos personajes son (de la gente de Sidonia), se plantea un problema advertido ya por FIERRO y MARÍN en el mismo trabajo (p. 67): el de saber hasta qué punto el topónimo se refiere a un núcleo urbano, Medina Sidonia, o a toda una región, la cora de Sidonia. (13) CASIRI, Bibliotheca, I, 143 (nº 493). (14) Como hemos visto ya, Ibn al-Fara!ī cita a Jerez como capital de la cora en la segunda mitad del siglo X. Si bien durante los reinos de Taifas perdería esta condición en favor de Arcos, volverá a ostentarla de nuevo entre principios del XII y la segunda mitad del XIII, momento en el que es reconquistada por el rey castellano Alfonso X. Cf. IBN AL-FARA"Ī, Ta’rīj, II, 172 (nº 1546); IBN GĀLIB, Far a, 382; y YĀQŪT, Mu‛ŷam, III, 340. Vid. tb. BORREGO SOTO, “Sabios”, AM, 11, 7-66.
MIGUEL ÁNGEL BORREGO SOTO 60 las cuales pervivieron en época islámica. Algunos autores han puesto en relación los numerosos restos conservados con Ceret o Cerit, topónimo latino de la hipotética antecesora del Šarīš andalusí15. Dado que esto último está todavía por demostrar, podría pensarse también que Ceret/Cerit se corresponde en realidad con la comarca agrícola (ager ceretanus) que Marcial y Columela mencionan en sus respectivas obras y que estaría conformada por un buen número de villas, aldeas y alquerías del entorno actual de Jerez16. Es igualmente posible que la génesis del posterior Šarīš musulmán se halle en alguna de estas heredades romanas, posesión de algún prohombre de la zona que fue colonizada tras la entrada del islam en la Península y que evolucionaría hasta convertirse, a mediados del siglo X, en la nueva capital de la cora de Sidonia y, por ende, de todo el agro citado, del que habría tomado el nombre, Ceret o Cerit, en árabe Šarīš. Por su parte, el Profesor Joaquín Pascual17 cree que la región pudo contar con un embarcadero o taller de alfarería público, a modo de silo o vicus –no una villa particular ni un centro urbano– que sería conocido como Seriensis, “el sitio donde [se almacenan] las tinajas (sērias)”, y del que se derivaría el arabizado Šarīš, luego Jerez. Tras dar respuesta a varios de los interrogantes que nos plantean la arqueología, la epigrafía y la numismática preislámica de la región, Montero Vítores identifica Ceret con los restos hallados en Gibalbín, al norte de la provincia de Cádiz, y concluye que aquélla nada tiene que ver con Jerez, de la que dista unos treinta kilómetros. Una de las claves se encontraría en la moneda del siglo I a. C. que se expone en el Museo Arqueológico Municipal de Jerez, cuyo tipo y borrosa inscripción CER… en el reverso –similares al CERI… de otra pieza citada por Vives y Escudero18– prueban la existencia de una ceca en este lugar19. El propio Montero Vítores cree que este emplazamiento, con estructuras tardorrepublicanas y altoimperiales, se despobló en época bajoimperial (s. III d. C.) ruralizándose y dispersándose por la campiña circundante, donde los restos de villas tardorromanas son ciertamente copiosos. Fue de una de estas nuevas poblaciones de la que pudo originarse Jerez, de etimología incierta según este autor. (15) Entre otros, GONZÁLEZ RODRÍGUEZ y RUIZ MATA, “Prehistoria”, 139-43; MONTERO VÍTORES, “Interpretación”, RHJ, 6, 61-83; y VEGA GEÁN y GARCÍA ROMERO, “Ocupación”, RHJ, 6, 37-59. (16) PEMARTÍN, Diccionario, y GONZÁLEZ GORDON, Jerez, identifican este ager ceretanus de Marcial con la comarca jerezana. Lo mismo hace TOVAR, “Columela”, con la alusión de Columela. Por su parte, VEGA GEÁN y GARCÍA ROMERO, “Ocupación”, y MONTERO VÍTORES, “Interpretación”, no descartan esa posibilidad. (17) Del Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Cádiz y a quien agradezco la información facilitada. (18) VIVES y ESCUDERO, Moneda, 78 y ss. (19) MONTERO VÍTORES, “Interpretación”, RHJ, 6, 61-83.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL JEREZ PREALMOHADE Y PREISLÁMICO 61 Desde la época del bajo imperio romano y hasta el siglo VII, el eje de la economía local siguió siendo, en efecto, la explotación de la tierra en un régimen de propiedad latifundista que perduró durante el islam20. Los nombres de algunas de esas villae, aunque arabizados, nos han llegado a través de las fuentes andalusíes y cristianas. Así, la ajīra de Ibn Bassām (m. 542=1147) cuenta que, en los albores de los reinos de taifas y el ocaso del poder de los Banū ‛Āmir, el cabecilla de la fitna en la cora de Sidonia, ‛Abd al-‛Azīz b. Muammad Ibn al-Murjī, se refugió en una aldea ( ! ay‛a) de su propiedad que dependía de madīnat Ša ! ūna21. Aunque Ibn Bassām no facilite el nombre de este lugar, los autores posteriores que se basaron directa o indirectamente en la ajīra, lo identifican con la alquería (qarya) de Šarāna (el actual Barrio Jarana) y, además, interpretan la voz ﺔﻨﯾﻳﺪﻣ /madīnat/ como una alusión a la capital de Sidonia en aquellos días, Jerez, hecho por el que, tal vez, Šarāna se ha relacionado tradicionalmente con esta ciudad22. Lo interesante en todas estas alusiones es que el vocablo empleado por Ibn Bassām, ! ay‛a, difiera del generalizado qarya del resto de fuentes. Esto nos da a entender que, en los años que describe Ibn Bassām –principios del siglo XI–, Šarāna era una heredad cuyo origen se remontaría a una de esas antiguas villas romanas de la supuesta región ceretana a la que nos venimos refiriendo23. Curiosamente, en el verano de 2004, durante las obras de la autovía de circunvalación de Puerto Real (Cádiz), aparecieron junto al Barrio Jarana los restos de una villa romana que habrá que poner en relación con esta propiedad de ‛Abd al-‛Azīz Ibn al-Murjī. J. M. Pabón, en su estudio ya clásico sobre la villa romana en Andalucía, enumera varias alquerías de la comarca jerezana cuyos topónimos derivan de los gentilicios o cognomina de sus antiguos propietarios romanos. Entre éstos se encuentran la mencionada Šarāna, de Serus o Serius, y muchos otros como el caserío de Burujena, de un posible Burius o Burilius, antropónimo celta; Calcena, la Qalsāna andalusí, de Calcius; Trebujena, que es la #arbašāna árabe, de Trebicius; Barbaina, de Barbatus; Bonaína, de Bonatus, citada por Ibn ‛Abd al-Malik como Bawnīna o Būnayna, cerca de la alquería de Kirnāna y en la que enseñó (20) Vid. MONTERO VÍTORES, “Interpretación”, RHJ, 6, 61-83; vid. tb. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ y RUIZ MATA, “Prehistoria”, 169-70. (21) IBN BASSĀM, ajīra, II/4, 398. Sobre la familia de los Banū l-Murjī, vid. BORREGO SOTO, “Jarana”, AM, 12, 19-38. (22) IBN DIYA, Mu fi rib, 208-9; IBN AL-ABBĀR, Mu‛ŷam, 26 (nº 13); y 140-3 (nº 120); IBN SA‛ĪD, Mugrib, I, 307-8 (nº 220). (23) Sobre esta terminología, vid. MAZZOLI-GUINTARD, Ciudades; “L’apport”, MEAH, 47, 233250; y “La ville”, LMA, CIII/3-4, 485-505. Vid. tb. EI2, sub voce “qarya” y “!ay‘a”; y OLIVER ASÍN, “Maŷšar”, AA, X/I, 109-127.
MIGUEL ÁNGEL BORREGO SOTO 62 algún tiempo el sevillano Ibn Sayyid al-Nās24; Caulina, de Caulius; Crespellina, de Crispillus; Espartinas, de Spartus; Frontín, de Frontius o Frontenus, etc25. Sobre Jerez y su posible constitución a partir de alguna cortijada de este tipo, no se menciona nada. ¿Pudo ser otro Serius o Serus, como en el caso de Šarāna, su primitivo propietario? Cualquier hipótesis parece admisible. Sabemos que el Jerez que Alfonso X arrebató a los musulmanes poseía un rico alfoz con alquerías y aldeas unidas a las biografías de los ulemas andalusíes que nacieron o vivieron en las mismas. De esta manera, Alcalá Jawlān fue el hogar del poeta Abū ‛Imrān Mūsà b. Sālim al-Qal‛ī al-Jawlānī26; Duŷŷa (Ducha), donde nació Abū Mūsà ‛Īsà b. ‛Abd Allāh al-Lajmī al-uŷŷī al-Šarīšī27; Fīsāna o Faysāna28, la población en la que supuestamente murió Naŷaba b. Yayà alRu‛aynī al-Išbīlī, de quien también se dice que finó en Birkat Qamara, del distrito de Jerez29; Pūnas, el sitio de origen de Ibrāhīm b. ‛Alī al-Pūnasī30; Rūfia (Rota), donde se crió Ibrāhīm b. Ŷāmi‛31; Šallabar (Jeliver), la localidad de la que fue cadí ‛Alī b. Muammad b. ‛Alī al-Ru‛aynī Ibn al-Fajjār al-Išbīlī32; Šarāna, de la que proceden los Banū l-Murjī, etc33. Del siglo X conocemos otros enclaves del entorno (24) IBN ‛ABD AL-MALIK, ayl, V, 653-662 (nº 1245). (25) PABÓN, “Villa”, EEMP, IV, 87-165. (26) IBN SA‛ĪD, Mugrib, I, 310-1 (nº 222). (27) IBN AL-ABBĀR, Tu fa, 248 (nº 109); IBN ‛ABD AL-MALIK, ayl, V, 497-8 (nº 910); ALRU‛AYNĪ, Barnāmaŷ, 212 (nº 112). (28) Sobre Fīsāna o Faysāna, vid. ABELLÁN y CAVILLA, “Fīsāna”, AA-M, I, 13-49. Este topónimo lo menciona ABŪ L-JAYR AL-IŠBĪLĪ (s. XI) en su ‛Umda, 358, como Qīsāna o Qaysāna, alquería del distrito de Jerez. (29) AL-AHABĪ, Ma‛rifa, 564 (nº 520); IBN AL-ABBĀR, Takmila, ed. F. Codera (BAH, 5), 4235 (nº 1216); IBN AL-ŶAZARĪ, Gāya, II, 334 (nº 3719); IBN AL-ZUBAYR, # ila, III, ed. alHarrās y A‛rāb, 80-1 (nº 109); AL-SUYŪ#Ī, Bugya, II, 312 (nº 2056). (30) IBN AL-ABBĀR, Takmila, ed. Bel y Ben Cheneb, 209 (nº 453); IBN AŶAR, Tab þ īr, IV, 1510; AL-PŪNASĪ, Kanz, 23-46 (biografía), 69, 78, 82, 97, 108, 116, 120, 143, 165, 194, 202, 222, 259, 271, 296, 305, 377, 394, 408, 411, 422, 475, 505, 519, 590, 604, 623, 647, 672, 676, 693, 708, 717, 719, 755, 771, 782, 836; KAĀLĀ, Mu‛ŷam, I, 63; AL-ZIRIKLĪ, A‛lām, I, 45; FÓRNEAS Y RODRÍGUEZ, “Al-Burnūsī”, DAOA, I, 138-9 (nº 68). (31) IBN AL-ABBĀR, ulla, II, 239-40, n. 4; AL-MARRĀKUŠĪ, Mu‛ŷib, 256-9. (32) AL-RU‛AYNĪ, Barnāmaŷ, – ; 24-6 (nº 9); 90-91 (nº 33); 99-101 (nº 37); 122 (nº 49); 123 (nº 50); y 212 (nº 112). (33) Para una completa información sobre otras alquerías de la cora jerezana, vid. ABELLÁN, Cora, 67-78; y TOLEDO JORDÁN, Cádiz, 143-50.
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL JEREZ PREALMOHADE Y PREISLÁMICO 63 de Jerez como la alquería de Barīša34; Bāfiarya o Bāfiariyya, tal vez la actual Paterna de Rivera35; al-Buayra36; o al-Qanāfiir, hoy El Puerto de Santa María37. Son muchos nombres para una rica comarca cuyo centro administrativo era Šarīš. Buena parte de esa riqueza se debía a una fecunda agricultura, punto en el que coinciden las distintas fuentes árabes, que nos informan de que la economía de la ciudad se fundamentaba en el cultivo y beneficio del cereal junto al del olivo, la viña o la higuera. Al-imyarī (m. después del 726=1325-6), por ejemplo, apoyándose en al-Idrīsī, señala que los cereales crecen bien en este territorio y dan excelentes rendimientos […] Jerez es una ciudad mediana; está fortificada; sus alrededores son agradables; está rodeada de numerosos viñedos, olivares e higueras. También se cultiva el trigo en abundancia38. Los restos analizados de ánforas romanas procedentes de esta zona delatan la preeminencia de estos mismos cultivos en época preislámica, algo que también reflejan las inscripciones de la susodicha moneda del Museo Arqueológico Municipal de Jerez, relacionadas con la diosa Ceres. Surge entonces la duda de si Ceret era el núcleo urbano principal de esta región y si, a diferencia de lo que piensa Montero Vítores, su localización era la misma que la Šarīš musulmana, el Xeres cristiano. Vega Geán y García Romero suponen una modesta Ceret o Cerit romana donde hoy se alza Jerez. Esta pequeña ciudad, eclipsada en su tiempo por las urbes importantes de la región, Hasta Regia, Asido o Gades, debía de ser sin embargo el eje económico del término circundante. Sin descartar tampoco que el ager ceretanus de Marcial se refiera a unos agrupamientos menores llamados villae, estos historiadores añaden que Ceret o Cerit es la base etimológica de la demoninación del asentamiento urbano que desde la Edad Media a nuestros días (y no en la Antigüedad) articula el territorio39. Desde una perspectiva filológica, esta última consideración no es en absoluto descabellada. Dando por hecho su existencia y su mayor o menor trascendencia, la pronunciación de Ceret /kĕrēt/ a inicios del siglo VIII tuvo que ser [ĉęr$ŝ], [ŝęr$ŝ], o [ĉęrŝ], [ŝęrŝ] si damos por válido Cerit /kĕrīt/. El vocalismo del latín clásico experimentó diversos cambios fonéticos en su paso al romance; por ejemplo, en el caso que nos ocupa, la /ĕ/ dio paso a una /ę/ de timbre abierto y la /ī/ a una // (34) IBN AL-FARA"Ī, Ta’rīj, I, 117 (nº 306). (35) IBN AL-FARA"Ī, Ta’rīj, I, 373 (nº 974); y II, 205 (nº 1631). (36) IBN AL-FARA"Ī, Ta’rīj, I, 25-6 (nº 36). (37) YĀQŪT, Mu‛ŷam, IV, 400. (38) AL-IMYARĪ, Raw ! , 211-2 (trad. de Mª Pilar Maestro González). (39) VEGA GEÁN y GARCÍA ROMERO, “Ocupación”, RHJ, 6, 37-59.
MIGUEL ÁNGEL BORREGO SOTO 64 cerrada que en árabe andalusí tuvo un alófono [$] en entornos faringo-velares40. Además, como apunta Rafael Lapesa, en latín clásico, /ce/, /ci/ sonaban /ke/, /ki/ […] Durante la época imperial las oclusivas /c/, /g/ situadas ante /e/, /i/ sufrieron un desplazamiento de su punto de articulación: la vocales palatales las atrajeron hacia la parte delantera de la boca. La [ć] llegó a pronunciarse de modo semejante a [ĉ] (nuestra ch), grado que ofrecía el romance de la España visigoda […] y avanzando más aún, se hizo /ŝ/ (esto es, como ts) alveolar o dental […]41. La solución árabe en estos casos era شﺵ /š/, vocalizada con fat a /a/ al ser éste el sonido más cercano a la /ę/ abierta de la primera sílaba de Ceret, realización que tal vez nunca perdió. La kasra larga /ī/ de la sílaba segunda tiene su origen en la // (cerrada), y para la –t final, que se perdió en esta posición como norma general en latín vulgar, debemos suponer una previa e hipotética realización /ŝ/ alveolar o dental, si queremos explicar la شﺵ /š/ árabe implosiva de Šarīš. Parece pues plausible relacionar el nombre de Ceret con Šarīs, si bien a la luz de lo expresado anteriormente y la leyenda de las piezas monetarias referidas más arriba, el topónimo probable es Cerit. Dice el geógrafo Yāqūt (m. 626=1229) acerca del Jerez de principios del XIII: Šarīš: su primera letra es igual que la última, con fata la primera y kasra la segunda, seguida de yā’ –con dos puntos diacríticos debajo–. Ciudad grande de la cora de Sidonia y capital de la misma. En la actualidad se la denomina Šereš (شﺵﺮﺷ [šęr$š])42. Este último eslabón nos hace suponer la cadena etimológica siguiente: Cerit /kĕrīt/ (siglo I a. C.) ↓ Cerit [ĉęrŝ] o [ŝęrŝ] (siglos III al VIII d. C.) ↓ Šarīš [šęrš] (siglo VIII) ↓ Šereš [šęr$š] (s. XIII)=Xeres de las crónicas castellanas ↓ Jerez Aunque la filiación entre estos étimos pueda resultar convincente, Montero Vítores niega que Ceret sea el antecedente de Jerez de la Frontera, al menos desde (40) CORRIENTE, Árabe, 39. (41) LAPESA, Historia, 80. (42) YĀQŪT, Mu‛ŷam, III, 340.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ A FINES DEL MEDIOEVO Y COMIENZOS DE LA MODERNIDAD Gumersindo Bravo González Archivo de la Catedral de Cádiz HUM. 165 Biblid: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 71-92 Resumen: En este artículo se analiza el mundo de los libros litúrgicos utilizados en las diversas celebraciones en la Catedral de Cádiz durante el siglo XVI, a partir del primer Libro de Fábrica conservado en el Archivo Histórico Catedralicio: la tipología de los libros, los maestros, los procesos de elaboración, los precios de los materiales utilizados, los salarios y el comercio de libros. Palabras claves: Libros litúrgicos. Libreros. Encuadernadores. Cádiz. Jerez de la Frontera. Sevilla. Talleres. Siglo XVI. Abstract: In this article the world of used liturgical books in the diverse celebrations in the cathedral of Cadiz is analyzed during century XVI, from the first Book of Factory conserved in the Cathedral Historical File: the tipologia of books, the teachers, the processes of elaboration, the prices of the used materials, the book wages and commerce. Key Words: Liturgical books. Booksellers. Book binders, Cadiz. Sherry of the Border. Seville. Factories. Century XVI. INTRODUCCIÓN El Cabildo Catedralicio desde su creación al unísono con la diócesis de Cádiz y Algeciras, ha sido el órgano corporativo más importante puesto al servicio del prelado. Sin embargo, su constitución quedó configurada en una época en la que los prebendados optaron por abandonar la vida regular a favor de la secular1. Esta renuncia a la vida en comunidad no afectó al desarrollo de los deberes capitulares, (1) G. BRAVO GONZÁLEZ: Vestiduras y Ornamentos Litúrgicos de la Catedral de Cádiz (del Medioevo a la Modernidad), Tesis Doctoral inédita, Universidad de Cádiz, Cádiz, 2005, p. 76.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 72 entre los que sobresalían las celebraciones litúrgicas, en especial, el rezo de los Oficios divinos en el coro de la catedral, tal como se estipulaban en los estatutos y sínodos diocesanos refrendados por los prelados de la diócesis a lo largo de la historia de la Iglesia gaditana2. La constitución definitiva del Cabildo quedaría establecida por Bula de Pío II en 1464 a seis dignidades: Deán, Arcediano de Cádiz,Arcediano de Medina, Chantre, Tesorero y Maestrescuela, a once canónigos, cuatro porcioneros (racioneros) mayores y cuatro menores; pero años más tarde, durante el pontificado del Papa Alejandro VI se remodelaría nuevamente, quedando constituido el número total de prebendados a veinticinco3. El rezo de los Oficios divinos era dirigido por el deán, pero en su ausencia, otro, por orden de antigüedad, ocuparía su presidencia4, aunque todas estas celebraciones necesitaban de la participación de otros prebendados para dotarlas de la solemnidad que requería. Entre el personal eclesiástico contamos con el Chantre, el Maestro de Ceremonias del Coro, los Beneficiados, el Maestro de Capilla; y del personal secular, tenemos: los sacristanes menores, los campaneros mayores y menores, los músicos, el organista, los ministriles y en determinadas ocasiones, cuando la celebración lo requería vemos la presencia del pertiguero5. De esta forma de cumplía a diario con lo predispuesto en los Estatutos y en el Ceremonial catedralicio, que en cierta medida, estaban basados en los de la Catedral Metropolitana de Sevilla. Para la celebración de los ritos litúrgicos en la Catedral fue necesario el acopio por parte del Cabildo de libros litúrgicos en forma manuscrita o impresa. Por eso, en las siguientes páginas, intentaremos recuperar, en la medida, que las fuentes nos lo permita, la pequeña y nutrida biblioteca de libros litúrgicos, y en especial los libros propios del rezo de las Horas Canónicas, los cuales eran los más expuestos al deterioro por su continuado uso. I.- LOS LIBROS LITÚRGICOS Históricamente, se entiende por libros litúrgicos aquellos que contienen los textos, fórmulas y prescripciones rituales que han servido a la Iglesia, desde sus (2) Contamos con varias documentaciones que insistían en la importancia de celebrar las horas canónicas en la Catedral de acuerdo con las normas litúrgicas del momento. Entre ellas destaco las Constituciones del primer Sínodo celebrado en la Iglesia de Cádiz y Algeciras en tiempos del obispo don Juan, el 7 de agosto de 1435; en la Reforma del Estatuto del Cabildo por el obispo don Gonzalo de Venegas el 1 de Enero de 1471, y finalmente, con los Estatutos nuevos del Cabildo Catedralicio aprobados por don Pedro Fernández de Solís, el 16 de Enero de 1493. (3) G. BRAVO GONZÁLEZ: Vestiduras y Ornamentos …, pp. 76-77. (4) J. SÁNCHEZ HERRERO: Cádiz la ciudad medieval y cristiana (1260-1525), 2ª. Edición, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Córdoba, 1986, p. 276. (5) G. BRAVO GONZÁLEZ: Vestiduras y Ornamentos…, pp. 78-100.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 73 orígenes para las celebraciones litúrgicas llegando hasta nosotros en forma manuscrita o impresa. Dichos libros han evolucionado a lo largo de la historia eclesiástica, y no sería hasta la celebración del Concilio de Trento, cuando se calificasen de libros litúrgicos por el organismo competente de la Santa Sede. Su origen está ligado a los primeros tiempos del cristianismo y a las celebraciones litúrgicas de la primitiva Iglesia.6 El principal libro litúrgico de todos los tiempos fue la Biblia, de su lectura se extrajeron los textos específicos utilizados en la liturgia, de los que nacieron los primeros Libelli o Libros litúrgicos en torno a los siglos V-VI. Así, durante la Edad Media, y como fruto del monacato y de la formación de las iglesias locales en torno al obispo, a su catedral y a las parroquias, el uso de éste libro sagrado en la liturgia de la misa y del oficio divino adoptó unas características especiales. En el siglo VII surgieron las listas de los llamados capitularia de pasajes o perícopas de la Biblia que se leían en las celebraciones litúrgicas, especialmente, los textos referidos a las epístolas y evangelios. Es así, como progresivamente irán surgiendo los primeros libros denominados epistolarios y evangeliarios, conteniendo el texto completo de las perícopas o textos que debían leerse en la celebración eucarística a lo largo del año litúrgico. La Biblia sería el libro fundamental en las pequeñas bibliotecas de las iglesias locales, en las ricas y abundantes bibliotecas monásticas y catedralicias. Constituyó el libro de la lectura comunitaria en reuniones no litúrgicas y se convirtió en una fuente de inspiración artística, como se demuestra en el arte paleocristiano de las catacumbas continuando hasta nuestros días.7 1.- ORIGEN Y FORMACIÓN DE LOS LIBROS LITÚRGICOS Los libros litúrgicos surgen como exigencia de la propia liturgia cristiana, nacida de la celebración conmemorativa de la Cena del Señor y del repertorio eucológico8 de origen judío enriqueciéndose con nuevas fórmulas que culminarán en los primeros libros litúrgicos llamados sacramentarios. (6) J. Mª FERNÁNDEZ CATÓN: ‹‹El libro litúrgico hasta el Concilio de Trento››, en Historia Ilustrada del Libro Español. Los Manuscritos. 2ª. Edición, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Biblioteca del Libro, 1996, p. 401. (7) M. RIGUETTI: Historia de la Liturgia, Vol. I, Biblioteca de Autores Cristianos (B.A.C.), Madrid, 1955, pp. 180-190. Podremos adelantar la inexistencia de cualquier información sobre la adquisición o encuadernación de algún ejemplar de las Sagradas Escrituras existente en la biblioteca capitular. (8) El término eucológico procede de eucologio que alude al devocionario que contiene los oficios del domingo y principales fiestas litúrgicas del año.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 74 La unidad litúrgica de la primitiva Iglesia persistirá hasta finales del siglo II; sin embargo, diversas circunstancias influirán en la diferenciación de ritos9 vinculados paralelamente a los primeros libros litúrgicos surgidos en las iglesias locales, tales como las Iglesias de Roma, Milán y Norte de África10. A lo largo de los siglos V y VII surgieron los sacramentarios, los evangeliarios, y los epistolarios, nacidos de la celebración y para la celebración de la eucaristía. La Iglesia, con anterioridad al siglo IV poseía códices o libros litúrgicos, pero el Decreto de Dioclesiano ordenaría destruir todas las obras cristianas; aunque, para estas fechas debemos hablar más de textos litúrgicos en vez de libros. En la Iglesia primitiva muy pronto aparecen perfectamente diferenciadas tres celebraciones litúrgicas: la misa o celebración de la Coena Domini, con la lectura de la Sagrada Escritura y de los escritos apostólicos, y el canto de himnos; las reuniones catequéticas de la Comunidad cristiana, y las reuniones en torno al sepulcro de los mártires. Pero cada una de estas celebraciones se utilizaba varios libros litúrgicos de contenidos diferentes. Paralelamente, los cristianos comenzaron a celebrar sus propias reuniones para la celebración de la eucaristía, la lectura de la Biblia y el canto de los himnos. La parte principal la constituía la anáfora o canon,11donde el celebrante pronunciaba el texto eucarístico de la Última Cena, pero desde el siglo II existían colecciones de fórmulas eucarísticas recogidas en los denominados libros de prefacios. En torno a los sepulcros de los mártires de la primitiva iglesia también surgen unas celebraciones litúrgicas. El culto a los mártires está basado en la plegaria y en el recuerdo de su vida y de su martirio. La plegaria, los himnos y la lectura de la Passio o relato de su martirio, constituyen los actos principales de estas reuniones litúrgicas. Las pasiones de los mártires tienen como prototipo la Passio de Cristo de los cuatro evangelios. Si inicialmente cada Passio era leída en las reuniones que la comunidad cristiana celebraba en torno al mártir o mártires que en vida habían formado parte de la misma, más tarde estas Pasiones se van a agrupar en un libro, el Pasionario, que se convertirá en libro litúrgico y servirá también de libro de lectura para la edificación de los fieles. Estas celebraciones conmemorativas de los mártires daría lugar a la aparición de los primeros calendarios litúrgicos, origen del posterior martirologio, como uno de los principales libros litúrgicos de la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II. Con el transcurso de los siglos, se produjo una difusión de la cultura y del libro religioso y litúrgico, que marcará las directrices de las celebraciones litúrgicas en las iglesias occidentales; se formarán en cada una de las iglesias locales las primeras bibliote- (9) Los ritos fueron el alejandrino, el galicano, el milanés, el romano, y más tardíamente, el visigodo. (10) M. RIGHETTI: Historia de la Liturgia …, pp. 137-136. (11) La voz anáfora procede del latín anaphora, en la liturgias griegas y orientales, parte de la misa que se corresponde al prefacio y al canon en la liturgia romana; su parte esencial es la consagración.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 75 cas eclesiásticas, surtidas de obras religiosas y paganas. Pero lo fundamental, es que se produjo una verdadera difusión del culto, y gracias a la existencia de los escritorios de clérigos y monjes se abastecían las pequeñas bibliotecas eclesiásticas, a partir de los siglos V y VI, alcanzando su mayor difusión a raíz de la invención de la imprenta en el siglo XV12. 2.- LIBROS DE LAS LITURGIAS ROMANA Y OCCIDENTAL Roma constituyó, junto con el norte de África, el centro de irradiación del cristianismo hacia Hispania durante los seis primeros siglos de su existencia. Por las vías del Imperio corrieron y se difundieron la lengua, la cultura, el arte y las milicias romanas, si bien es verdad que en cada provincia romana estas manifestaciones se fusionaron con las culturas propias de los pueblos conquistados. De ahí que con la difusión del cristianismo se implantasen su culto y sus celebraciones litúrgicas, y naturalmente, los instrumentos que sirvieron para estas celebraciones: los libros litúrgicos. 2.1.- LIBROS UTILIZADOS EN LA CELEBRACIÓN DE LA LITURGIA SACRAMENTAL SACRAMENTARIOS Se llamaban sacramentarios en el lenguaje litúrgico medieval, a los libros que contenían los formularios o textos que el celebrante (obispo o sacerdote) utilizaban en la celebración de la eucaristía y de los sacramentos. Constituyen los incipientes misales y rituales. En un solo libro se reunían las fórmulas litúrgicas que se habían ido creando y utilizando en siglos precedentes y los de nueva creación litúrgica. Su finalidad era doble: la de conservar agrupados estos textos o formularios y la de proporcionar un instrumento que facilitase al celebrante la recitación de la anáfora. Sin embargo, los más conocidos en el Occidente son: el Leoniano, el Gelesiano y el Gregoriano. Su nombre se debe a que su autoría recopilatoria se atribuye a los papas León I (440-461), Gelasio I (492-496) y Gregorio Magno (590-604). Paralelamente van a surgir en la misma época otros sacramentarios en las iglesias locales, como es el caso de España., con el sacramentario mozárabe13. LECCIONARIOS Y EVANGELIARIOS De la lectura de la Biblia en la sinagoga y en las primitivas reuniones cristianas, en las que se celebraba la Fractio panis o eucaristía, se pasará a la lectura en estas reuniones de textos previamente elegidos del Antiguo Testamento, especialmente de los profetas, y de las cartas apostólicas, por un lado, y de los evangelios, por otro. El concilio de Cartago del 397 establece la lista de libros sagrados que habían de ser leídos en la Iglesia, atestiguados por la existencia de textos de la época. (12) J. Mª FERNÁNDEZ CATÓN: ‹‹El libro litúrgico…››, p. 405. (13) M. RIGHETTI: Historia de la Liturgia …, pp. 254-273. FERNÁNDEZ CATÓN, J. Mª.: Op. Cit., p. 406.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 76 Los leccionarios y epistolarios contenían los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, excepto los evangelios, que se recogían en los evangeliarios. Los leccionarios y epistolarios eran utilizados por los lectores y subdiáconos; los evangeliarios por los diáconos, mientras que los sacramentarios, eran los libros propios del celebrante. El evangeliario tendrá la misma veneración y honor que la Biblia, porque ambos son el símbolo de la presencia de Cristo en la Iglesia. Dicha veneración ha quedado plasmada en la decoración de estos libros litúrgicos y en el mismo ceremonial litúrgico de todos los tiempos14. LIBROS LITÚRGICOS PARA EL CANTO Y LOS RITOS El canto de salmos e himnos formó parte de las primeras reuniones litúrgicas de la comunidad cristiana. A partir del siglo IV, la liturgia de la misa comienza a estructurarse, surgen también los textos que son cantados entre las diversas lecturas, en el ofertorio y en la comunión por el coro, el pueblo y los ministros. Los salmos del Antiguo Testamento, constituyen básicamente los textos cantados. Será el papa san Gregorio Magno a quien, además de atribuírsele la reorganización de la liturgia, se le concederá la paternidad de la música gregoriana y del llamado antifonario gregoriano. Su disposición adquirió una gran difusión en las iglesias locales de Occidente, de forma que, salvo pequeñas variantes, hay que hablar del antifonario como del primer libro litúrgico unificado; a su importancia y difusión del canto gregoriano se debe también la expansión y difusión del canto gregoriano, como música sacra de la iglesia occidental, salvo, en la Hispania visigoda, donde se creará una melodía, hasta hoy no descrifrada. Los textos cantados en las celebraciones litúrgicas se comenzaron a reagrupar en otros libros, además del antifonario, los llamados cantatorium, liber gradualis o responsalis, alleluiarium, que contenían los salmos, responsorios y alleluia, que el cantor ejecutaba y dirigía desde la primera grada de la escalera del ambón después de las lecturas, al que respondía el pueblo y el coro o schola cantorum. El processionale contenía las antífonas que se cantaban en las procesiones, muy numerosas en las procesiones, por su carácter penitencial e impetratorio. El prosarium o sequentiarum contenía las secuencias que se cantaban en la misa. El troparium estaba compuesto con los tropos o composiciones literarias que se insertaban en los textos litúrgicos de la misa. También, las prescripciones de los ritos y ceremonias del culto, que habrían de observarse en las celebraciones litúrgicas, tanto de la eucaristía, como de los sacramentos y sacramentales, se reagruparon en los llamados Ordines15. (14) IBÍDEM: Op. Cit., pp. 274-280. IBÍDEM.: Op. Cit., pp. 406-407. (15) M. RIGHETTI: Op. Cit., pp. 294-306.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 77 MISAL PLENARIO Todo este conjunto de libros litúrgicos evolucionan en el siglo VII hacia la unificación y simplicidad. En el siglo IX, el papa León IV (847-855) recomienda la formación del Misal Plenario, en el que se agruparán los textos del sacramentario, el leccionario y el antifonario. Su causa era doble: por un lado, se había iniciado en la Iglesia, en el Medievo Carolino, la costumbre de la celebración privada de la misa; por otro, razones económicas aconsejaban la simplicidad de los libros litúrgicos. El Misal Plenario entrará en España con la desaparición de la liturgia hispana y la implantación de la liturgia romano-galicana a finales del siglo XI16. 2.2.- LIBROS LITÚRGICOS PARA LA ORACIÓN DE LA IGLESIA Una de las misiones encomendadas por Cristo a sus apóstoles y discípulos y por éstos a los primeros cristianos fue la oración en común. El cristianismo heredó de la sinagoga la práctica del cántico del salterio. La oración comunitaria se realizaba en la mañana y en la tarde. En esta oración comunitaria ven los liturgistas el origen del oficio divino de la Iglesia, es decir, de la oración oficial de la Iglesia. Se atribuye a San Benito y a sus monjes la estructura y difusión del oficio divino y la distribución de los 150 salmos a lo largo de la semana. Así es como surgió el salterio, que después pasaría al clero. Junto al salterio se utilizará en el oficio comunitario los capitularia, que consistían inicialmente en un elenco de los textos bíblicos que, tomándose de la Biblia, tenían que leerse en cada oración comunitaria. Mas tarde, los capitularia pasarían a contener y agrupar estos textos bíblicos sustituyendo a la Biblia. Un tercer libro era el oracional, colección de oraciones que se recitaban al final de cada hora litúrgica u oración comunitaria. Esta estructura originaria del oficio divino dará origen en la Iglesia Medieval, pero no antes del siglo XI, al breviarium. Durante la Edad Media, este nombre viene a ser exclusivo del códice que contiene ya agrupados todos los textos que se recitan en el oficio divino, significando con ello la fusión de otros libros litúrgicos en éste que servirá exclusivamente para el rezo en los monasterios y en las catedrales del oficio divino u oración oficial de la Iglesia17. 3.- LA LITURGIA ROMANO-GALICANA EN ESPAÑA (SIGLOS XII-XVI) 3.1.- LIBROS LITÚRGICOS MANUSCRITOS DE LOS SIGLOS XII-XV La abolición del rito hispano-mozárabe y la imposición del rito romanogalicano supuso una honda transformación litúrgica y codicológica en España, con (16) IBÍDEM: Op. Cit., pp. 307-314. (17) IBÍDEM: Op. Cit., pp. 289-294.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 78 la supresión de la rica variedad de celebraciones litúrgicas y la pérdida de fórmulas y de libros litúrgicos. Esto motivó la intensificación de trabajo en los escritorios monásticos y episcopales, en especial a finales del siglo XI y durante la primera mitad del siglo XII, para proporcionar nuevos libros litúrgicos a sus monasterios e iglesias. En este tiempo, tenemos como esencia el origen de los nuevos libros litúrgicos. La presencia de los oficios de Tempore, de festividades y del santoral en un calendario supone la presencia también en el mencionado libro litúrgico de su misa y oficio. Por otra parte, de la incorporación a estos calendarios de unas u otras festividades y santos se originará la gran variedad de libros litúrgicos (misales y breviarios especialmente) que, si en su estructura orgánica vienen siendo todos iguales, se diferencian entre sí en cuanto a su contenido; así nacerán los misales y breviarios en cada una de las diócesis, monasterios u órdenes religiosas. Nacen nuevos calendarios litúrgicos bajo la normativa romano-galicana, pero se incrementan a medida que transcurren la Baja Edad Media; calendarios, por otra parte, que permanecen inéditos en su mayoría, pero que ofrecen la pauta para el estudio del culto litúrgico en España hasta el concilio de Trento, siendo los de mayor importancia los pertenecientes a los siglos XII y XIII, porque en ellos, se puede estudiar el proceso de absorción e integración de ambas liturgias. El número de calendarios y de libros litúrgicos que se conservan de los siglos XII-XV crece progresivamente, siendo muy difundidos a partir del siglo XVI con la aparición de la imprenta y la impresión de los misales y breviarios diocesanos, monásticos y religiosos. Los libros litúrgicos que con nombres romano-galicano van a utilizarse en la liturgia de la Baja Edad Media en España, ofrecen tres vertientes distintas: libros para la liturgia monástica, libros para la liturgia en las catedrales e iglesias parroquiales, y los que desde el siglo XIII utilizaron las órdenes mendicantes; unos y otros se reducen a determinados tipos de libros litúrgicos, que son los que citamos a continuación: sacramentarios, misales, breviarios y libros de oficio, Pontificales y Ordines, Calendarios litúrgicos, Martirologios18. 3.2.- LIBROS LITÚRGICOS IMPRESOS DE LOS SIGLOS XV-XVI Figura importante en el mundo de la investigación de los libros litúrgicos impresos en España hasta el Concilio de Trento fue don Antonio Odriozola. Nuestro país también se vio afectado por la presencia de la corriente humanista a partir de la segunda mitad del siglo XV. La invención de la imprenta supuso una revolución total en la difusión de la cultura y de las obras manuscritas que se conservaban en los archivos y bibliotecas medievales. La Iglesia, desde el primer momento, se sumaría a este movimiento. La imprenta supuso la difusión de sus propios libros litúrgicos, y de todo tipo de libro religioso; por otro lado, conllevó la supresión de los escritorios monásticos y eclesiásticos, con el consiguiente ahorro de material y personal. El culto se vio favorecido por la amplia difusión de los libros litúrgicos impresos llegando a todas (18) J. Mª FERNÁNDEZ CATÓN: Op. Cit., pp. 423-427.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 79 las parroquias, monasterios. Así todos los clérigos y monjes podrían disponer de sus breviarios para el rezo individual del oficio divino; incluso los cantores dispondrían también de libros litúrgicos de música impresos, con lo que se facilitaría la partitura en las composiciones polifónicas. Los obispos, cabildos, monasterios y órdenes religiosas toman acuerdos precisos para contratar con impresores extranjeros y nacionales la impresión de los libros litúrgicos. El misal y el breviario fueron los libros litúrgicos que más se imprimieron, además de otros como: el misal parvo, en los que aparece abreviada la parte del misal, o en otros casos el manuale, también con características semejantes, como es el caso de las diócesis de León, Burgos, Zaragoza, Toledo, Pamplona, de los que existen ediciones de los siglos XV y XVI. El pontifical Desde la primera edición romana en 1485, se constituyó como un libro litúrgico prácticamente uniforme para toda la iglesia de Occidente en sus dos versiones del romano de curia y de Durango. El ordinarium o manuale Como libro litúrgico para la celebración de los sacramentos, recibe también otros nombres como rituale, liber sacramentorum, manipulus. Carece de una estructura uniforme. Presentan, inclusive, más variantes entre sí que los misales y breviarios, pues las costumbres y tradiciones litúrgicas de cada lugar se ven reflejadas en ellos. Cantorales No existen libros litúrgicos musicales con características uniformes en la iglesia española en esta época; libros que figuran con el mismo título contienen textos diferentes en uno u otro lugar. Sin embargo, son abundantes los ejemplos de este tipo de libro, que recibe los nombres de intonarium, himnarium, officiarium, processionarium, manuali chori. Durante varios siglos se siguieron escribiendo y confeccionando en los escritorios monásticos y eclesiásticos grandes libros para el canto en los coros de las catedrales y en los monasterios; son los llamados cantorales; libros que cayeron en desuso y descrédito, y a pesar de su abundancia no quedaron privados de ser un material pergamináceo fácil y barato para otros menesteres. La riqueza de libros litúrgicos incunables e impresos en España en la primera mitad del siglo XVI debió ser incalculable, si nos atenemos a los pocos datos que se han ido publicando, entresacados de las actas capitulares o monásticas de aquella época y de los que todavía han llegado hasta nosotros. En España, los libros litúrgicos impresos son los breviarios de las diócesis de Lérida y Zaragoza (1479), Burgos y Orense (1480), Toledo y Vich (1482). Los benedictinos, jerónimos y
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 80 dominicos fueron las primeras órdenes monásticas y religiosas que en España editan en el siglo XVI sus propios libros litúrgicos19. 4.- EL CONCILIO DE TRENTO Y LOS LIBROS LITÚRGICOS La reforma pretridentina, además de en otros campos, también en el litúrgico, propició en España, ya con el Cardenal Cisneros, una revisión de la liturgia y de sus libros litúrgicos. No tanto la variedad de libros litúrgicos, sino la diferenciación de su contenido en los que figuraban con el mismo nombre, estaba creando un gran confusionismo. El Concilio de Trento trató este asunto en su última sesión (5-121563) con la intención de unificar los ritos y los libros que se venían utilizando en la iglesia latina por las diversas iglesias locales y familias religiosas. En la sesión XXV, cap. XXI, se aprobó el Decretum super indice librorum, catechismo, breviario et missali. El breviario romano, en 9 de julio de 1568 promulgaba san Pío V, mediante la bula Quod a nobis postulat, el nuevo Breviarium Romanum, que permanecería en vigor hasta que San Pío X aprobó y editó una nueva edición típica en 1914. Pío XII, a su vez, aprueba una nueva edición del Breviarium Romanum con modificaciones rituales en 1948 y 1960. El Misal Romano, en 14 de julio de 1570 san Pío V promulgaba el Missale Romanum por la bula Quod primum tempore. En las bulas de aprobación del breviario y del misal romano se resume la evolución de los trabajos llevados a cabo hasta ver publicados los dos nuevos libros litúrgicos, ofreciéndolos a la Iglesia e imponiéndolos como obligatorios. A los misales y breviarios romanos tridentinos se les añadirá, a partir de esta fecha un apéndice con las misas y oficios propios de cada diócesis u orden religiosa. Son los llamados, y así conocidos desde entonces, con el nombre propium sanctorum, que también se editan independientemente. En España, se implantó desde el primer momento el Misal Romano y el Breviario Romano, y se iniciará, como había sucedido siglos antes con los libros litúrgicos mozárabes, el abandono, el olvido y la desaparición, no ya de los libros litúrgicos manuscritos, conservados en ricos códices miniados, sino también de los libros litúrgicos impresos. El calendario litúrgico y el martirologio romano Gregorio XIII se propuso también, dentro del movimiento tridentino de reforma litúrgica, coronar la obra de corrección del calendario juliano y la redacción de un nuevo martirologio, adaptado a la reforma del calendario. El nuevo calendario gregoriano quedaba aprobado por bula pontificia del 24 de febrero de 1582, y entraba en vigor el 15 de octubre de aquel mismo año, pasándose, como es sabido (19) IBÍDEM: Op. Cit., pp. 427-431.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 87 culto litúrgico de la Catedral38. El mismo iluminador llevó a cabo la restauración de otra pintura relativa al Te Igitur del libro viejo de prefacios por valor de 986 maravedíes39. Justo una década después en 1557, el Cabildo tuvo la necesidad de encargar un nuevo epistolario y evangeliario a un escritor de libros llamado Espinosa. Desconocemos donde tenía asentado su escritorio, aunque suponemos que estaría en Sevilla. Este libro realizado en pergamino tuvo un coste total de 9.559 maravedíes, los cuales fueron pagados en dos plazos: el primero de 5.059 maravedíes,40y el segundo por un valor de 4.500 maravedíes pagados al año siguiente41. El típico manuscrito litúrgico del siglo XVI imitaba al del siglo anterior en todos los procedimientos de preparación y ejecución. La página se encuadraba a tinta de color granate, violácea o marrón, frecuentemente con una línea doble, igualmente, se traza a tinta el rayado. La escritura se realizaba entre dos líneas de rayado, sin tocarlas, en gótica caligráfica, muy redondeada, también se utiliza la redonda humanística, ambas con influencia de la letra de imprenta. Se siguen utilizando los reclamos y signaturas, las iniciales se dibujan a pluma, y para ello, se utiliza el pergamino, mostrando gran diferencia de color entre la cara del pelo y la de la carne.42 Respecto a los misales como libros de Altar sus precios son mucho más asequibles por el uso de la imprenta que abarató notablemente su costo. Un misal en 1555 costaba 295 maravedíes43, mientras que uno enriquecido o de lujo sobrepasaba los 1.000 maravedíes44. Dichos precios no se pueden comparar con los 10.000 maravedíes que costó el epistolario y evangeliario realizado en pergamino. Otras de las particularidades que encontramos es que la ciudad de Sevilla era el centro editor del Reino de Castilla en la Baja Andalucía a finales de la Edad Media y comienzos de la Modernidad. De hecho, los libros litúrgicos de la Catedral de Cádiz fueron adquiridos en su mayoría en la ciudad del Guadalquivir. La segunda parte de este apartado lo dedicamos al estudio de los Libros de Coro de la Catedral de Cádiz. Partiremos afirmando, que la biblioteca de libros corales era mucho más nutrida que la de Altar. Su composición era muy variada: Libros de versos, libros de procesiones, breviarios, salterios, antifonarios, vesperales, libros de oficios, calendas, libros de réquiem, libros comunes, santorales, libros pasiona- (38) ‹‹Mas DCCL por pintura del cruçifixo en el Te Igitur en el libro nueuo de prefaçios›› (A.C.C.: L.F.I., 1547, fº. 5vº.). (39) A.C.C.: L.F.I., 1547, f°. 7v°. (40) A.C.C.: L.F.I., 1557, f°. 2r°. (41) A.C.C.: L.F.I., 1558, f°. 4v°. (42) M. SÁNCHEZ MARIANA: ‹‹La pervivencia del códice en España››, en Los Manuscritos, 2° Edición, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Biblioteca del Libro, 1996, pp. 275276. (43) A.C.C.: L.F.I., 1555, f°. 18r°. (44) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 6r°.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 88 rios y libros de oraciones. La mayoría de estos libros eran denominados cantorales, es decir, por ser aquellos libros utilizados por los ofician-tes en las celebraciones litúrgicas propias de la Catedral, y se constituyó a partir del siglo XV un fondo imprescindible en todas las catedrales y monasterios. Estos libros se guardaban en el coro, es decir, fuera de la biblioteca, donde no tenían cabida por su gran tamaño, constituyéndose como objetos que podrían califacarse casi más de instrumentos del culto, o incluso de obras de arte, que de manuscritos, ya que a veces, las letras del texto no se escriben, sino que se pintan, utilizando para ello el procedimiento del estarcido o plantilla perforada con las figuras de las letras. Por norma, se utilizaba mayoritariamente el pergamino, en vez del papel. El papel era más frecuente para la edición de los libros propiamente de música, tal como veremos más adelante. Para la realización de estos libros de gran formato, destacaron los escritorios de Guadalupe, Toledo, Ávila y Andalucía. En esta última región, las grandes sedes se proveyeron de ricos cantorales desde comienzos del siglo XV, donde un claro exponente fue la Sede Metropolitana de Sevilla, en cuya catedral encontramos obras del llamado Maestro de los Cipreses, para en el siglo XVI contar con miniados de Alejo Fernández y de la conocida Familia Orta, donde sus obras denotan una clara influencia del arte renacentista45. Los libros de Coro de la Catedral fueron realizados en Sevilla y en Jerez de la Frontera. Sevilla, a pesar de actuar como Sede de la Archidiócesis contaba con escasos artesanos relacionados con la producción, reparación y encuadernación de libros46. Esta escasa relevancia debió ser una de las causas por las que ni los copistas de libros, ni los iluminadores, ni los encuadernadores y libreros constituyeron cofradías gremiales, y por tanto, carecían de una regulación de sus oficios. De esta forma, el copista podía ser también iluminador, el encuadernador podía ser también copista y el copista podía ser iluminador y encuadernador47. A continuación mostraré una cata de precios de los diversos libros de Coro de la Catedral de Cádiz. A pesar de la abundante documentación, difícilmente podemos saber con exactitud el precio por unidad de los libros inventariados en el cuadro número dos. La mayoría de la veces, aparecen en los descargos de la Fábrica el precio unidos a otras labores librarias. En 1564, tenemos constancia que se gastaron 2.244 maravedíes por la adquisición de doce procesionarios traídos directamente de Sevilla, el precio de cada uno ascendió a 187 maravedíes48. A fines de la centuria, una vez reorganizado el culto catedralicio en la recoleta iglesia del Hospital de San Juan de Dios de la capital, por encontrarse en plenas labores de reconstrucción el templo principal, el racionero don Cristóbal de Costilla, encargó (45) M. SÁNCHEZ MARIANA: Op. Cit., p. 286. (46) J. ABELLÁN PÉREZ: Op. Cit., p. 406. (47) E. E. RODRÍGUEZ DÍAZ: ‹‹La Industria del libro manuscrito en Castilla: fabricantes y vendedores de pergamino (ss. XII-XV)››, en Historia Instituciones Documentos, n°. 28, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2001, pp. 331-334. (48) A.C.C.: L.F.I., 1564, f°. 10r°.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 89 una serie de libros litúrgicos en Granada. En concreto fueron unos salterios y unos procesionarios por un valor de 8.024 maravedíes. Desconocemos el número de ejemplares adquiridos de cada clase, imposibilitándonos a conocer el precio correspondiente a cada uno49. En el caso de los breviarios las noticias son más concisas en relación con el precio. Se trataban de obras impresas adquiridas en Sevilla. Así, en 1563 se compró un ejemplar para el coro por valor de 748 maravedíes50; en 1564, otro por 408 maravedíes51; en 1569 otro por valor de 13 reales (442 maravedíes)52, y finalmente, en 1584 el canónigo Álvaro Arias compró un breviario grande para el servicio del coro por valor de 38 reales (1.292 maravedíes)53. Los salterios estaban escritos sobre pergamino, y su tamaño era mayor que los libros de altar, y se colocaban sobre el atril del coro, en vez del facistol. En 1569, se pagó por un cuaderno que se hizo para un salterio la cantidad de 30 reales (1.020 maravedíes), que junto a su encuadernación (22 reales), su precio total ascendió a 2.428 maravedíes54. En 1571 volvemos a tener constancia del coste total de un libro de salmos y de cantoría grande que se trajo ex profeso de Sevilla para el servicio del coro por un coste de 42.024 maravedíes55. Este precio nos sirve de precedente para conocer más o menos el coste de los libros de facistol, cuyas noticias económicas son muy escuetas. Su precio estaba en relación con el número de cuadernos escritos, así el costo total suponemos que podría rondar entre los 50.000 y los 80.000 maravedíes. La escritura de los cuadernos era lo más costoso en la confección integral de estos libros. Un claro ejemplo lo tenemos en 1590 cuando se gastaron 11.133 maravedíes (324 reales y medio) en la escritura de los quadernos de los salmos de Maitines de Nauidad y Resurreción56. También, en dicho año, se compró un salterio de Maitines conformado por 52 hojas a 204 maravedíes la escritura de cada una de ellas, ascendiendo el precio total a 11.424 maravedíes57. (49) A.C.C.: L.F.I., 1599, f°. 19r°. (50) A.C.C.: L.F.I., 1563, f°. 5v°. (51) A.C.C.: L.F.I., 1564, f°. 9v°. (52) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 14r°. (53) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 9r°. (54) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 20v°. (55) A.C.C.: L.F.I., 1571, f°. 14r°. (56) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (57) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°.
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 90 CUADRO 2 LIBROS DE ALTAR LIBROS DE CORO LIBRO DE PREFACIOS DOS LIBROS VERSETI1 LIBRO DE PREFACIOS UN LIBRO DE PROCESIONES2 MISAL UN LIBRO PEQUEÑO DE PROCESIONES3 MISAL CIERTOS CUADERNOS DEL OFICIO DE LA PRESENTACIÓN DE NTRA. SRA.4 TRES MISALES UN BREVIARIO PARA EL CORO5 EVANGELIARIO Y EPISTOLARIO UN BREVIARIO6 CINCO MISALES DOCE PROCESIONARIOS7 CUADERNOS DEL EVANGELIARIO DOS LIBROS GRANDES DE CORO8 MISALES VIEJOS UN LIBRO DE CALENDAS9 MISAL UN LIBRO DE RÉQUIEM10 MISAL SEVILLANO UN BREVIARIO PARA EL CORO11 MISAL DORADO UN LIBRO GRANDE12 DOS SACRAMENTARIOS UN SALTERIO13 MISALES NUEVE LIBROS GRANDES14 MISAS DE FESTIVIDADES UN LIBRO DEL OFICIO DE SEMANA SANTA15 UN SALTERIO16 UN LIBRO DE SALMOS Y CANTOS17 UN VISPERAL18 DOS LIBROS DE COMUNES19 UN BREVIARIO GRANDE PARA EL CORO20 UN BREVIARIO GRANDE PARA EL CORO21 UN OFICIO DE NUESTRA SEÑORA22 UN ANTIFONARIO DEL TIEMPO23 UN LIBRO CON LA VIGILIA DE NAVIDAD24 UN LIBRO DE CONMEMORACIONES25 UN KYRIAL26 UN LIBRO DE MAITINES DE NAVIDAD Y RESURRECCIÓN27 UN VESPERAL28 UN SANTORAL29 UN VESPERAL30 UN LIBRO DE SALMOS DE MAITINES31 UNA CALENDA32 UN CALENDARIO33 UN LIBRO PASIONARIO DE SEMANA SANTA34 UN ANTIFONARIO DE LAS VÍSPERAS DE LA TRINIDAD35 UN BENEDICTUS36 UN LIBRO DE ORACIONES37 UN SALTERIO38 UN LIBRO PROCESIONARIO39 NOTAS: (1) A.C.C.: L.F.I., 1538, f°. 3r°. (2) A.C.C.: L.F.I., 1538, f°. 4r°. (3) A.C.C.: L.F.I., 1546, f°. 5v°. (4) A.C.C.: L.F.I., 1546, f°. 5v°. (5) A.C.C.: L.F.I., 1548, f°. 10v°. (6) A.C.C.: L.F.I., 1563, f°. 5v°. (7) A.C.C.: L.F.I., 1564, f°. 9v°. (8) A.C.C.: L.F.I., 1564, f°. 10r°.
LOS LIBROS LITÚRGICOS DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ 91 (9) A.C.C.: L.F.I., 1565, f°. 14r°. (10) A.C.C.: L.F.I., 1565, f°. 14r°. (11) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 13v°. (12) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 14r°. (13) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 14v°. (14) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 17r°. (15) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 18r°. (16) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 20r°. (17) A.C.C.: L.F.I., 1569, f°. 20v°. (18) A.C.C.: L.F.I., 1571, f°. 4r°. (19) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 6r°. (20) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 6r°. (21) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 6r°. (22) A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 9r°. (23) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (24) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (25) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (26) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (27) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (28) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (29) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (30) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (31) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (32) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (33) A.C.C.: L.F.I., 1590, f°. 12r°. (34) A.C.C.: L.F.I., 1595-1597, f°. 4v°. (35) A.C.C.: L.F.I., 1595-1597, f°. 4v°.(36) A.C.C.: L.F.I., 1598, f°. 3r°. (37) A.C.C.: L.F.I., 1598, f°. 3r°. (38) A.C.C.: L.F.I., 1598, f°.5v°. (39) A.C.C.: L.F.I., 1598, f°. 19r°. 4.- LOS LIBROS DE MÚSICA DE LA CATEDRAL DE CÁDIZ Los libros Corales nunca estuvieron al servicio de la Capilla de Música de la Catedral ni bajo la custodia de su Maestro de Capilla, sino al servicio del Coro de los sochantres y salmistas. Sin embargo, siempre el Cabildo se nutrió de obras musicales compuestas por los principales Maestros de Capilla para solemnizar el culto. Por ello, tenemos constadas obras de los principales músicos españoles de la polifonía del siglo XVI, los cuales fueron los Maestros Cristóbal de Morales58 y Francisco de Guerrero59, ambos Maestro de Capilla en la Catedral de Sevilla. Así en 1589 en sesión capitular del 21 de noviembre se trató la adquisición de obras de Francisco de Guerrero cuyo encargo recayó en don Diego de Alarcón, que por aquel entonces era el Maestro de Capilla de la Catedral60. (58) Cristóbal de Morales fue otra figura importante de la polifonía española del siglo XVI, muy vinculada desde su niñez a la Catedral de Sevilla. Se formó bajo la dirección del Maestro Pedro Fernández de Castilleja, enseñanza que no abandonaría hasta que en 1526 ganó la plaza de Maestro de Capilla de Ávila, a la que seguirán Plasencia, San Martín de Salamanca y Roma. En 1545 regresó a España siendo cantor en Toledo, Maestro de la Capilla del Duque de Arcos en Marchena, y finalmente de la Catedral de Málaga, donde falleció en 1553. (J. E. AYARRA JARNE: ‹‹La música en el culto catedralicio Hispalense››, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, Sevilla, 1991, p. 728.) (59) Francisco de Guerrero fue uno de los grandes polifonistas religiosos del siglo XVI español. Sevillano de nacimiento sería aleccionado por otro sevillano, el Maestro Cristóbal de Morales. En 1542 ganó una cantoría para la Seo sevillana, en 1546 ocupa el cargo del magisterio de Capilla en la Catedral de Jaén, cargo que desempeñó durante tres años para regresar nuevamente, a la Catedral de Sevilla. Su producción musical fue muy abundante. (IBÍDEM: Op. Cit., pp. 708-709.) (60) ‹‹Luego subio Diego de Alarcón, Maestro de Capilla y traxo ciertos libros que Francisco de Guerrero, Maestro de Capilla de Sevilla a compuesto, uno de motetes y otro de canciones a lo diuino que compone se hagan encuadernar y se le paguen los libros, y asi mando librar quatro ducados de la fabrica para que se envie al dicho Guerrero y que se encuadernen los libros y se pongan con los demas de laYglesia.›› (A.C.C.: SECC.: I, Ser. I Actas Capitulares, Lib. 1, f°. 270v°. 1589-NOVIEMBRE, 21.)
GUMERSINDO BRAVO GONZÁLEZ 92 Los libros de música de la Catedral de Cádiz a lo largo del siglo XVI se basaban en obras de órgano61, de canto62 y de música63. El precio medio de cada uno de los ejemplares oscilaba entre los 1.000 y los 1.200 maravedíes al tratarse en su mayoría de obras impresas. Estos libros de música eran impresos, y surgieron serias dificultades a la hora de imprimirlos. Los procedimientos utilizados por los impresores de la época eran varios: dejar en blanco los espacios necesarios para incorporar de forma manuscrita la música, utilizando la fórmula del grabado xilográfico; o acudir al sistema mixto imprimiendo el pentagrama o tetragrama y añadiendo a mano las notas. Sin embargo, en la década de los años veinte se desarrolló en Paris una técnica que evitaba la impresión múltiple; la fundición de tipos en los que se cincelaban las notas junto a una pequeña porción del pentagrama, haciendo posible la impresión única, aunque su éxito dependía en gran medida de la calidad del taller tipográfico. Esta nueva fórmula de impresión fue muy mal vista por los copistas e iluminadores porque, a sus ojos, era una mala imitación64. CONCLUSIÓN Como conclusión podemos afirmar que, el Cabildo Catedralicio de Cádiz siempre mantuvo el celo por dotar de una mayor solemnidad todos sus cultos mediante el encargo y la adquisición de los libros litúrgicos a destacados copistas e iluminadores de Jerez de la Frontera y de Sevilla. Sin olvidarnos que durante la Baja Edad Media y comienzos de la Modernidad, todos los centros religiosos de importancia se surtieron de todas clases de libros en los talleres sevillanos, a pesar del escaso desarrollo existente en la ciudad a favor de las actividades artesanales relacionadas con el mundo del libro. (61) ‹‹Mas 2U009 que costaron de adobar los libros de canto de organo.›› (A.C.C.: L.F.I., 1547, f°. 7v°.). (62) ‹‹Mas 1U020 que costo la enquadernacion de un libro de canto.›› (A.C.C.: L.F.I., 1548, f°. 10r°.). ‹‹ En 15 de Mayo de 600, quarenta reales a Diego de Quesada, librero, vezino de Xeres, a quenta de lo que va escriuiendo en los libros de canturia para esta SanctaYglesia mostro la libranca y carta de pago.›› (A.C.C.: L.F. I., 1599, f°. 16v°.). (63) Los libros de música fueron los adquiridos en Sevilla con obras de Cristóbal de Morales y de Francisco de Guerrero. (A.C.C.: L.F.I., 1554, f°. 15r°.; A.C.C.: L.F.I., 1560, f°. 12v°.; A.C.C.: L.F.I., 1563, f°. 5v°.; A.C.C.: L.F.I., 1581-1583, f°. 7v°.; A.C.C.: L.F.I., 1584, f°. 6r°.). (64) C. ÁLVAREZ MÁRQUEZ, y M. GÓMEZ GÓMEZ: ‹‹Un pleito para la impresión de libros corales con destino a las Indias››, en Historia Instituciones y Documentos, nº. 25, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1998, pp. 16-17.
SOBRE UN TIPO DE LADRILLO LLAMADO MAZARÍ Antonio Caro Bellido Universidad de Cádiz Biblid: [1575-3840] 7-8 (2005-2006) 93-114. Resumen. En el presente artículo estudiamos un modelo de ladrillo de tradición medieval denominado mazarí, procurando aclarar cuestiones referentes a su cualidad, medidas y funcionalidad, hasta ahora confusas, la voz, derivada del ár. masri – egipcio, la recoge el humanista Antonio de Lebrixa (1444 – 1522). Palabras clave: Ladrillo. Adobe. Tabla de medidas. Abstract. In this article we develop a research on a kind of brick of medieval tradition, called mazari. We have tried to make clear some doubts concerning its quality, size and usefulness which, until now have not successfully been explained yet. The term, coming from the Egyptian Arabic word masri has been collected by the Spanish humanist Antonio de Lebrixa. Key words. Bricks. Adobe measures. I. EL LADRILLO COMO ELEMENTO CONSTRUCTIVO El Diccionario de Autoridades dice que ladrillo es “pedazo de tierra amassado y cozido, de un pie de largo y algo menos ancho, de tres dedos de gruesso, que sirve para las fábricas de casas, murallas y otras cosas”, mientras que DRAE lo define como “masa de barro, en forma de paralelepípedo, que, después de cocido, sirve para construir muros, solar habitaciones, etc. Sus dimensiones ordinarias son de 28 centímetros de largo por 14 de ancho y 7 de grueso”1. Llubiá indica que se trata de una “masa de barro o arcilla cocida, generalmente en forma de prisma rectangular que se ha empleado en la construcción de edificios , especialmente para reparar sus interiores o bien para el solado de pisos” (Llubiá, 1973: 21)2. Desde el punto de vista tradicional, podríamos decir que se trata de una pieza maciza de (1) La medida dada por el DRAE para el espesor , la de 7 cm., resulta a todas luces errónea. El ladrillo común, corriente u ordinario español, llamado también de España, mide 28 x 14 x 4 cm. (Soroa, 1915:15; Esselborn, 1952:56; Reverté, 1946:16); se trata del ladrillo de un pie castellano de largo por medio de ancho. Tradicionalmente fueron de uso generalizado el del Jarama (27 x (2) Mejor, se emplea, dada la actualidad del ladrillo en obras públicas y privadas, aunque hoy los más usados sean los perforados, llamados huecos y superhuecos.
ANTONIO CARO BELLIDO 94 arcilla en forma de paralelepípedo rectángulo, hecha a partir de un molde manual llamado gradilla, doble o sencillo, pieza que ha sido cocida, después de orearse, y que se utiliza en ciertas construcciones, particularmente en el ámbito rural; se trata, por tanto, de un producto cerámico (Fig. 1.1). Las caras de cualquier prisma son las superficies planas que lo delimitan; el paralelepípedo rectángulo - que es un prisma recto - tiene seis caras rectangulares, iguales dos a dos. En el caso concreto de los ladrillos, y a pesar de lo dicho, suelen distinguirse convencionalmente las caras en sentido propio, que son los rectángulos mayores, de los laterales o cantos, tanto los cantos menores como los mayores (Fig. 1.2). Aunque las voces pared y muro no son asimilables, en cuanto que la primera es siempre de menor grosor que la segunda, se emplean indistintamente, y así lo haremos en el presente trabajo. La cara de un muro (superficie vista) recibe el nombre de parámetro, que es siempre doble: exterior o de fuera e interior o de dentro; a la parte superior se le llama cresta y a la inferior basamento. El espesor de un muro tiene que ver directamente con las medidas de los ladrillos y con la forma en que se colocan; así para el ladrillo ordinario español se habla de: • Tabique (del ár. tasbik, que dio taxbique y , a partir del s. XV, tabique), la pared delgada levantada con los ladrillos colocados longitudinalmente sobre sus cantos mayores, de modo que en el paramento vemos las caras de las piezas; no sería para soportar carga, sino separar habitaciones; tiene cuatro cm. de espesor, el mismo que tiene el ladrillo ordinario. • Citara, acitara (del ár. sitarah) o media asta (coincidente en el ladrillo de España con el medio pie). Responde a una disposición longitudinal, de modo que en el paramento vemos hiladas con los ladrillos de canto en su mayor extensión; tiene el muro entonces un espesor de 14 cm. • Asta o de un pie de espesor (= 28 cm.) con las variantes de soga y tizón. Se le dice también citarón. • Asta y media o de pie y medio (= 42 cm.), con las variantes que el modelo de asta. • Doble asta o de dos pies (= 56 cm.). • Dos astas y media o dos pies y medio (= 70 cm.). Por otra parte, en el caso de que los ladrillos de colocan de canto, se dice que están a sardinel. Diferenciamos también las paredes interiores, que no han de soportar carga (tabiques y citaras) y que son elementos divisorios, de los llamados muros perimetrales o de fachada, que tienen una cara al exterior y otra bajo cubierta; si en el medio rural es común el edificio aislado, en el ámbito urbano resulta frecuente la existencia de muros o paredes medianeras, que separan dos fincas distintas (Esselborn, 1952:76-78; 112-114). Señalar, por último, dentro de este apartado
SOBRE UN TIPO DE LADRILLO LLAMADO MAZARÍ 95 introductorio, que tradicionalmente los muros y tabiques solían revestirse por razones prácticas y estéticas; el revestimiento puede afectar a las juntas entre los ladrillos o más corrientemente ser completo; los principales materiales de revestimiento son el mortero de cal, usado tanto para exteriores como para interiores, y el de yeso, cuyo empleo se reduce a paredes interiores. En Roma, el ladrillo de barro cocido (coctus later, testa) no se generalizó hasta la época imperial, habiéndose usado anteriormente en Campania, en tiempos de Sila (García y Bellido, 1972:51 ; Marín, 2000:180). En los días de Vitruvio3 que fueron los de Augusto, no se había difundido (Robertson, 1981:29), por lo que cuando el tratadista latino habla de ladrillos, se está refiriendo a unos prismas de bases rectangulares y caras bien cuadradas o bien rectangulares, según el tipo concreto, de adobe o barro deshidratado, desecado al sol pero no cocido (later, crudus later). Vitruvio dirá lo que sigue: “Se hacen tres clases de ladrillos [de adobe], una a la que los griegos llaman dídoron, que nosotros [los romanos] usamos [...] las otras dos, con las que edifican ordinariamente los griegos, son el pentádoron y el tetrádoron. Designan los griegos con la palabra doron al palmo de la mano [...]. Se hacen además medios adobes, y para edificar se pone una hilada de adobes enteros y otra de medios” (De Arch. II, 3, 12). En la fabricación de adobes y ladrillos cerámicos, así como de tejas, se empleaba tierra arcillosa mezclada con marga de la misma naturaleza. Se extraía del barrero la arcilla necesaria, tradicionalmente con azadones y palas; el material era cargado en espuertas de esparto trenzado y en ellas era llevado hasta las caballerías (por lo general mulas o borricos), que estaban a poca distancia, para rellenar los serones de las mismas, también de esparto, para su acarreo hasta el “ladrillar de ladrillos y tejas”4. Ibn Abdun señala que “los dobles serones para el transporte de tierra deberán ser un poco mayores , y el largo de las tomizas no será inferior a una braza y un palmo [...] los cofines o esportillas para el acarreo de greda y tierra deberán estar reforzados con tiras cruzadas, para que resistan y duren más” (García Gómez y Lévi-Provençal, 1981:115-116)5; con la arena se actuaba del mismo modo en lo tocante a la extracción y acarreo, si bien en este caso el material era llevado hasta el mismo pie de obra, ya que no había que transformarlo, a diferencia de lo que ocurría con el barro. La arcilla recogida era desterronada y expuesta durante varios meses a la acción del aire, del sol y de la lluvia, luego se (3) Marco Lucio Vitruvio Polión o M. Vitruvio Polión, nacido en Formio o en la misma Roma, quien dedicó a Augusto su tratado Los diez libros de Arquitectura. Manejo la ed. de J. Ortiz y Sanz (Madrid 1787). (4) Hoy diríamos ladrillería al centro de fabricación de ladrillos o de ladrillos y tejas. Nebrija dice que ladrillar es “donde se hazen “[los ladrillos], dando su equivalencia el latín: lateraria, que según Plinio es el sitio donde se hacen los ladrillos. Laterarius es, también siguiendo a Plinio, el que fabrica ladrillos o ladrillero. (5) Ibn Abdun habla solamente de cribas o cedazos para el trigo, que eran de “anena, amplios y con fuerte aro de caña” (García Gómez y Lévi-Provençal, 1981:166) aunque las mismas u otras similares se utilizaron para cerner la arcilla, la cal y el yeso. Sobre los últimos: García Gómez y Lévi-Provençal, 1981:119…).
ANTONIO CARO BELLIDO 96 trituraba con mazas de madera o pisones, sometiéndola a criba o tamizado para retirar así las impurezas; el barro pulverizado era depositado en una balsa o estanque, al que también se le llama pila, pilón o alberca, donde se mezclaba con agua, facilitando la operación el uso de una batidera manual, que solía ser una simple tabla; la masa era sacada de la balsa cuando tenía la consistencia idónea para su manipulación; se amasaba luego a mano o con los pies descalzos y se moldeaba en la gradilla, una especie de cajón de madera, sin fondo, que con frecuencia disponía de una o más agarraderas; en Andalucía y en buena parte de Hispanoamérica llámase gabera (gavera, según el DRAE) cuando se trata de el molde para ladrillos propiamente dichos, y adobera cuando se destina a la fabricación de adobes, por lo general de mayor tamaño. Las gradillas pueden ser simples o de un solo hueco, teniendo forma rectangular, y dobles adoptando entonces forma cuadrangular o de rectángulo alargado, según el modelo. (Fig. 2). La gabera, previamente mojada, era rellenada, quitando el operario la arcilla sobrante con una tablilla de enrasar o un fleje de hierro; incluso la propia mano podía servir de rasero. Los ladrillos eran extendidos en las eras para que allí se secaran, colocándose primero de canto, más tarde verticalmente y, por último, formando pequeñas torres, llamadas rejales, donde se sometían a un segundo oreo, sobre todo si la región o comarca gozaba de clima húmedo o si la estación era lluviosa; en dichas pilas los ladrillos se disponían de canto y cruzado unos sobre otros, teniendo la torrecilla una cubierta a una vertiente conformada a base de materia vegetal impermeable, de junco o similar, o de tejas de barro cocido. Si el tiempo era bueno, bastaban unas horas para que los ladrillos pasaran de las eras a los rejales, ubicados éstos cerca del lugar donde las piezas tenían que secarse. La cochura en su conjunto constaba de tres fases: caldeo, cocción propiamente dicha y enfriamiento. La primera consiste en calentar el material haciendo que el aire se renueve constantemente hasta que los ladrillos tomen una temperatura de unos 100ºC. desapareciendo la humedad que podía estar retenida en ellos, a pesar del secado previo; en la segunda fase debían rebasarse los 400/500ºC. después de poner los paralelepípedos al “rojo vivo”, convirtiéndose entonces en piezas cerámicas en sentido propio; el tiempo empleado en la cochura, que podía durar una o más semanas, siempre dependía del tipo de arcilla, así como del grosor de los ladrillos: por otra parte, la cocción se realizaba bien al aire libre, formando unas grandes torretas de forma troncopiramidal y base cuadrada llamadas “hormigueros” o bien en hornos propiamente dichos, denominados ladrilleras, de planta circular o más corrientemente cuadrangular, de altas y gruesas paredes, no teniendo cobertura superior abovedada, o sea, que responden al modelo de horno de tiro superior abierto. Por su parte, los hormigueros son hornos de campaña, sin lugar fijo, y se montan con los mismos ladrillos crudos, aunque sobre base de piezas ya cocidas con anterioridad, dejando unos huecos inferiores para llenarlos de combustible, al que en su momento se le pega fuego; dicho material combustible debe también intercalarse entre las capas superiores; antes de la cochura, las caras del hormiguero deben cubrirse con arcilla o con ladrillos puestos de canto. El sistema
SOBRE UN TIPO DE LADRILLO LLAMADO MAZARÍ 103 de azulejos” (Morgado, 2001, I, 121). La combinación de ladrillos de 28x14 cm. y olambrillas vidriadas, decoradas con motivos generalmente geométricos, será muy frecuente en el mudéjar andaluz, llegando a nuestros días14. En la documentación de la Baja Edad Media y con posterioridad a ella hay constantes referencias a especialistas en la colocación de pavimentos cerámicos a los que les llama “moros soladores”. La materia prima para el vidrio de la cerámica en general, así como para las fábricas de vidrio, se obtenía al menos desde el dominio norteafricano en al – Andalus a partir de la combustión o “quema de las yerbas marítimas” o de marisma, fundamentalmente de los almajos o armajos de la amplísima comarca existente en el Bajo Guadalquivir, llamada por los musulmanes alMadâ´in, tras la conquista Marisma o Marismas de Lebrixa y, a partir del siglo XV, La Albina (Caro y Tomassetti, 1997:52-59; Caro 1998:27, 28, 138-147). La actual Marisma del Guadalquivir constituyó desde la última transgresión marina (Flandriense en el Atlántico; Versiliense – Mellahiense en el Mediterráneo) un amplio golfo y, donde la formación del cordón dunario de Arenas Gordas y el proceso de aluvionamiento, el llamado Ligustinus lacus (Caro, 1998:36 y sig.). III. EL LLAMADO LADRILLO MAZARÍ Es el humanista Antonio de Lebrixa o Lebrija15 el primero que recoge la voz mazarí (del ár. masri – egipcio) y lo hace en su Vocabulario español – latino16, así como en el reformado Vocabulario de romance en latín (Sevilla 1512). Junto a su “ladrillo mazarí” cita Elio Antonio el “ladrillo de barro cozido” (later –eris) y el “ladrillo pequeño” (laterculus –i ). Los tratadistas posteriores hablan de “medios ladrillos”, que según don Esteban de Terreros tenían “8 pulgadas de largo y la mitad de ancho” (Terreros y Pando, 1787, III, 413); como la pulgada castellana mide 2,33 cm., la pieza tendría aproximadamente 18,6 x 9,3 cm., mientras que los ladrillos romanos pequeños (laterculi) oscilan en la Bética entre 8 y 8,5 cm. de largo por 4 de ancho y unos 2,5 de grueso. El Diccionario de Autoridades se olvida del humanista andaluz, señalando que la voz “la trahen el P. Alcalá, en su Vocabulario, y Tamarid en su colección de voces desta Lengua”. En efecto fray Pedro de Alcalá recoge en su obra el término en cuestión (Layura mazariyya; layur mazzaryy), así como los correspondientes a ladrillo grande y ladrillo pequeño, tomándolos literalmente de Antonio de Lebrija. (14) Actualmente ladrillos y olambrillas siguen fabricándose en Sevilla y otros lugares de Andalucía. (15) Llamado así por su ciudad natal Lebrija (Sevilla). Así se firmaba cuando escribía en castellano y Aelius Antonius Nebrissensis cuando lo hacía en latín. Su verdadero nombre era el de Antonio Martínez de Cala (1444-1522). Nebrija, como hoy se le conoce y cita, es una mala castellanización del topónimo Nabrissa (en Estrabón, Plinio y Plotomeo) o Nebrissa (en Silio Itálico). Para mayor detalle: Caro y Tomassetti, 1997. (16) Con Covarrubias, debemos admitir la fecha de 1495 (Salamanca) y no la de 1492, como algunos pretenden, entre otras razones porque el Vocabulario recoge la palabra canoa de claro origen amerindio.
ANTONIO CARO BELLIDO 104 Por otra parte, la mayoría de los autores (Corrientes, Casares, Alonso, Morales, Martín, etc.) identifica el ladrillo mazarí con “baldosa”, “baldosa cuadrada”, o “ladrillo cuadrado”, a pesar de que morfológicamente se trata de piezas distintas; el ladrillo tradicional tiene, como adelantamos, forma prismática, bases o cantos rectangulares y caras también rectangulares; la baldosa es igualmente un prisma de bases rectangulares, pero de caras cuadradas, por eso dice Rejón de Silva: “Y siendo baldosa (ha de tener) un pie en quadrado y tres dedos de gruesso” (Rejón de Silva, 1788:33), o sea, 28 x 28 x 5,25 cm. Pero si quedase alguna duda, convendría destacar que es el propio humanista, buen conocedor de la industria ladrillera de su villa natal17, así como de todo lo relacionado con las medidas, quien en sus vocabularios da la equivalencia: el ladrillo mazarí es el ladrillo lidio (lydiorum –i en el Vocabulario de 1495; Lydion –i en el de 1512) longum pede, latum semipede; además nuestro autor en De Mensuris, al tratar del doron y de los ladrillos – o adobes – tetrádoron y pentádoron, dice que sus fuentes son Vitruvio y Plinio [De Arch. II, 3,3 y Nat. Hist. XXXV, 171]. Así el mazarí no puede ser otro que el que sigue el módulo almohade (28 x 14 x 4), precisamente el que llamamos ladrillo español o de España. Es la medida que tienen los de la mezquita de Tinmal, en Marruecos (Golvin, 1979:98; Azuar, 2004:66), así como los de Saltés (Huelva) y Sevilla, igualmente de época almohade (Golvin, 1979:98; Azuar, 2004:66), acercándose mucho a los de Rabat (28 x 13,5 x 4,5) y Marrakech (29 x 14 x 5 y 27 x 13 x 4 cm.). Sobre su origen Pleguezuelo, atendiendo a lo recogido en un escrito de 1606, dice que los ladrillos “massaries” eran llamados así por fabricarse “en el lugar de Massia, cerca de Puebla del Río” (Sevilla) (Pleguezuelo, 2000:98), añadiendo lo dicho por J. Gestoso quien, al hablar de ellos, señala que tenían “30 centímetros cuadrados por 9 de espesor” (Pleguezuelo, 2000:98). Lo correcto sería de 30 x 30 cm., lo que coincide con el pedalis o ladrillo romano de un pie de lado , si bien extraña el grosor, ya que los de mayor espesor rara vez superaban los 7 cm. En las Antiguedades de Sevilla R. Caro señala que “los massienos tomaron el nombre de una ciudad, que llamava Massia, donde se hazia un genero de ladrillos, que secos al sol, no se hundían en el agua, como refiere Plinio en el libro 35. cap. 14”. (Caro, 1634: fol. 12). Otros autores en vez de Massia leen Maxilua: “En Pitane, en Asia, y en Maxilua y Callet, <<civitates>> de la Hispania Ulterior, se hacen ladrillos que, ya secos, flotan en el agua, su materia es una piedra porosa, excelente cuando se la puede amasar” (García y Bellido, 1977:196); en el comentario al texto pliniano [Nat. Hist. XXXV, 171), García y Bellido señala que la noticia aparece también en Estrabón (Geog. XIII, 1, 67) y en Vitruvio (De Arch. II, 3, 4) y que Callet debe (17) En el grabado de Lebrixa que se incluye, de G. Hoefnagle u Hoefnagel (1565) vemos en primer término dos hornos alfareros del tipo de bóveda de media naranja y varias eras para secar al aire libre los ladrillos antes de cocerlos. El grabado es de la obra Civitates Orbis Terrarum, de G. Braun y F. Hogenberg, editada por vez primera en Colonia en 1572.
SOBRE UN TIPO DE LADRILLO LLAMADO MAZARÍ 105 situarse cerca de El Coronil (Sevilla) y Maxilua no lejos de la primera (García y Bellido, 1977: 225–226, 279-280)18. Que los almohades difunden el ladrillo mazarí, de 28 x 14 x 4 cm., tanto en al – Andalus como en el norte de África, es algo evidente, al igual que entre ellos no fue producto propio, como se deduce del nombre (masri), voz que permanece viva gracias a los mudéjares, debiendo destacar que en “Sevilla y su término vivió un grupo de alarifes que conservó celosamente el arte almohade [...] A pesar de las emigraciones de 1255 y 1263, no debieron ser pocos los musulmanes que se quedaron conviviendo con los cristianos, pues en 1292 y 1294 pagaron la cuantiosa suma de 8.000 maravedíes al rey Sancho IV” (Cómez, 2001 a: 100-101). Resulta, a nuestro juicio, bastante probable que la adopción del ladrillo que nos ocupa tuvo que ver con las intensas relaciones mantenidas a partir del siglo XI entre la España islámica y el Oriente musulmán, relaciones culturales y económicas. Aunque contamos con bastantes testimonios, hemos elegido el siguiente texto de Lévi-Provençal: “Estas últimas [las relaciones económicas] habían tomado, con el tiempo, un desarrollo verdaderamente notable; las flotas mercantes de los puertos andaluces -Sevilla, Málaga, Valencia, Almería principalmentetransportaban por todo el Mediterráneo los productos de exportación procedentes de suelo español o de los talleres industriales de las ciudades musulmanas andaluzas [...] Estas relaciones fueron especialmente permanentes con Egipto, cuya influencia sobre España, muy activa a partir del siglo XI [...] De aquellas relaciones comerciales, hasta en la epigrafía árabe hallamos una confirmación de su existencia” (Lévi-Provençal, 1982:71). BIBLIOGRAFÍA CITADA ALONSO, M (1986). Diccionario medieval español. Desde las Glosas Emilianenses y Silenses (s. X) hasta el siglo XV. Salamanca. 2 vol. ANGULO, D. (1973)): Historia del Arte. Sevilla. 2 vol. AZUAR, R. (2004): “Técnicas constructivas y fortificación almohade en al – Andalus”, Los almohades. Sevilla: 57 – 74. BORRÁS, G. (1999): El Islam. De Córdoba al mudéjar. Madrid. BOSCH, J. (1984): La Sevilla islámica, 712 – 1248. Sevilla. CARO, R. (1634): Antiguedades, y Principado de la Ilustrissima Ciudad de Sevilla. Y Chorographia de su Convento Iuridico, o Antigua Chancilleria. Sevilla. CARO, A. y TOMASSETTI, J.M. (1997): Antonio de Nebrija y la Bética (sobre arqueología y paleogeografía del Bajo Guadalquivir. Madrid. (18) Ello es posible; los ladrillos amasados con desgrasante orgánico, con paja de cereal normalmente, al cocerse arde el desgrasante y confiere a la masa cerámica una considerable porosidad, así como poco peso; por eso estos ladrillos ligeros eran los utilizados en las cubiertas de los edificios (Reverté, 1946:249).
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HERENCIA LINGÜÍSTICA DE MUDÉJARES Y MORISCOS EN LA LENGUA CASTELLANA 119 su contacto con los nuevos pobladores castellanohablantes, obedecerían, según esta novedosa interpretación, algunos rasgos típicos observables en la pronunciación andaluza oriental. Nos referimos, en primer lugar, a uno de los fenómenos más llamativos de la fonética del andaluz oriental: la debilitación, aspiración, confusión, caída y empleo ultracorrecto de todas las consonantes implosivas o finales de sílaba, tanto en posición interior como en final de palabra, rasgo este característico y predominante en la pronunciación de los moriscos de antiguo reino de Granada y que puede meridianamente comprobarse a través de una simple selección de las fuentes más representativas de la época como Repartimientos, Libros de Habices, Libros de Visitas o el mismo Memorial de suplicas que el morisco granadino F. Núñez Muley redactara en 1567. En el capítulo toponímico granadino-almeriense Pocklington señala, entre otros, los siguientes testimonios: Huercar por Huércal, El Fondol por El Fondón, Lobril por Lubrín, Gado por Gádor, Valos por Válor, Murta por Murtas, Cajayar por Canjáyar. También tendrían correspondencia con el árabe granadino tardío algunas otras peculiaridades dialectales de las hablas orientales andaluzas. Así, la conversión de –a final átona en /-e/, detectada esporádicamente en diferentes puntos de Andalucía Oriental y de manera sistemática en el granadino Valle de Lecrín, que es igualmente característica de ciertos dialectos árabes y que parece haber ocurrido en alguna medida en el árabe granadino, según se desprende del análisis de los datos proporcionados por los materiales onomásticos y toponímicos: Mahomad Caçile por Mahomad Caçila, Çad Çuaye por Çuaya, Abenexme por Abenexma, etc. Incluso el ensordecimiento de las consonantes que siguen a una –s implosiva anterior aspirada (lah fótah ‘las botas’, dehfán ‘desván’, rehfalá ‘resbalar’), proceso que tiene lugar en las provincias orientales andaluzas y en Murcia, posee asismismo antiguos antecedentes hispano-árabes en claro paralelismo con el fenómeno dialectal andaluz. 1. 3. Mención especial merece el problema del supuesto yeísmo morisco o conversión de la palatal lateral /l/ en /y/ africada. El yeísmo andaluz, así como el toledano, queda sin duda asegurado, según los diversos testimonios recogidos por R. Lapesa y otros autores11, para los siglos XVI y XVII, contradiciendo así el planteamiento inicial de Amado Alonso12 que señalaba la modernidad del fenómeno en todo el dominio lingüístico español, datable tan sólo desde las últimas décadas del siglo XVIII en Andalucía. Por su parte la literatura aljamiado-morisca, como han puesto de relieve los estudios de Galmés de Fuentes sobre el manuscrito de la Historia abreviada de la doncella Arcayona13, confirma a través de su autor, un morisco expulsado de España en 1609 y posiblemente residente en Túnez, que el abundante yeísmo del relato (yorando, yegándose, yamando, yorase) podría transmitirnos una confusión real de los hiaspanohablantes del siglo XVII entre los fonemas /l/ y /y/, reflejando, por consiguiente, el estado de la lengua española en el momento de abandonar su patria, en torno al año 1609. En palabras del profesor (11) LAPESA (1988), pp. 382-385. (12) ALONSO (1954), pp. 41-89. (13) GALMÉS DE FUENTES (1957), pp. 389-416.
JUAN ANTONIO CHAVARRÍA VARGAS 120 Galmés de Fuentes “el lle-yeísmo del autor de La doncella Arcayona no representa ningún peculiarismo de la jerga morisca, y debe de reflejar, por lo tanto, una realidad del habla de alguna región, sin duda andaluza, en que nuestro morisco habitaba con anterioridad a su expulsión de España”14. Frente a la consideración del supuesto yeísmo morisco como un peculiar fenómeno fonético hispano-árabe15, puesto que el árabe no posee el fonema palatal lateral /l/ y, en consecuencia, mudéjares y moriscos araboparlantes tenderían a confundirlo en castellano con algún otro fonema semejante, los testimonios de la literatura aljamiada coetánea a la expulsión reflejan más bien un estado real del habla de alguna región española, y no simplemente un mero “morisquismo” fonético. Téngase en cuenta además que el yeísmo no figura en absoluto entre los rasgos característicos del habla morisca parodiada por nuestros dramaturgos del Siglo de Oro, aunque sí reproducen, en cambio, su peculiar manera de pronunciar la ll española como –li-, es decir, con l ! m sukunado seguido de un y ! ’, continuando así la tradición gráfica hispanomusulmana para transcribir los mozarabismos y romancismos del árabe andalusí. Todo ello nos indica, pues, que las abundantes manifestaciones yeístas del relato aljamiado de la doncella Arcayona no pueden sino reflejar un estado real de la lengua castellana al principiar el siglo XVII, situación precisamente puesta al descubierto por una fuente morisca que no participaba del prejuicio antidialectalista de nuestros escritores españoles del Siglo de Oro, lo que le permitió reproducir por escrito el fenómeno yeísta del castellano de su infausta época. 1. 4. En el orden fonético, la literatura aljamiada de mudéjares y moriscos, tan atenta a recoger fielmente las realizaciones del habla, nos ofrece datos relevantes para aclarar importantes problemas de la evolución del español en el periodo que representa el paso de la lengua medieval a la lengua moderna, aproximadamente desde los siglos XV al XVII. En este sentido, como ha advertido A. Galmés de Fuentes, la comparación entre los sonidos del romance y los del árabe de los textos aljamiado-moriscos es fuente valiosísima para fijar la pronunciación castellana en la época en la que tiene lugar la conocida revolución fonética de nuestra lengua16. Así comprobamos, entre otros ejemplos, gracias a las grafías árabes que transcriben los fonemas castellanos, que la oposición medieval entre v/b era ciertamente entre bilabial fricativa y bilabial oclusiva (ambas se grafían mediante b"’); que se mantenía firme, excepto en casos tardíos de yeísmo, la oposición entre /l/ y /y/; que a partir del primer tercio del XVII la j española tenía ya la pronunciación velar moderna y que existía una perfecta distinción en el complejo sistema de sibilantes del romance castellano medieval, basado en una triple oposición de parejas de sordas y sonoras. (14) GALMÉS DE FUENTES (1957), p. 395. (15) Consideración que comparte POCKLINGTON (1986), pp. 85-88 y 94-99, al señalar el yeísmo indirecto de los moriscos como posible causa contaminadora del yeísmo dialectal de la Andalucía Oriental. (16) GALMÉS DE FUENTES (1965), p. 362.
HERENCIA LINGÜÍSTICA DE MUDÉJARES Y MORISCOS EN LA LENGUA CASTELLANA 121 1.5. Dialectalismos fonéticos aragoneses. También la documentación no literaria y la literatura aljamiada de origen aragonés reflejan importantes fenómenos fonéticos dialectales que han podido ser documentados tempranamente gracias a estas fuentes de indudable interés. Es el caso de la conservación aragonesa de finicial latina por /h-/ castellana (farina y fabbas), de la característica confusión entre r y l (aranbbre por alambre, Alpartil por Alpartir), o de la confusión, oscilación y alternancia de las consonantes en posición implosiva (Madril por Madrid, como escribía el morisco granadino Alonso del Castillo, o Almonazil por Almonacid de la Sierra, en Aragón)17. En cuanto al vocalismo destacan el típico desarrollo de una yod antihiática (seyan, kreyencia, veya, creyo, rretrayeron) y la pérdida común de –e y –o finales después de –nd-, -nty –st- (así: delant, jent, akest, fuert o relumbrant). Asimismo en el plano consonántico hallamos importantes procesos dialectales como la evolución característica aragonesa del grupo latino –cten –it- (feyto, dito, muita), la tendencia al ensordecimiento de la consonante final (klaredat, eskuredat, verdat, piadat, cibdat), la conservación de los grupos consonánticos iniciales latinos pl-, kly fl- (plegaron, plorar, klamaba, flamas) o la evolución de los grupos –lyy –k’l- > /l/= ll, rasgo distintivo del dialecto aragonés frente al resultado velar castellano (vieillo, filla, eskollido, mulleres, semellaban)18. 2. MORFOLOGÍA Y SINTAXIS 2.1. Tanto mudéjares como moriscos fueron transmisores y difusores de sufijos mozárabes tan característicos y extendidos como –acho, procedente del lat. –aceus o aculu y presente en conocidos romancismos del árabe andalusí que han pasado al castellano como hornacho (furna ˛ < lat. fornaceus) ‘concavidades que se hacen en las montañas al escavar minerales’; tablacho ‘compuerta’, usado especialmente en Murcia y zonas meridionales; coracha (lat. coriacea) ‘saco de cuero’; capacho (lat. capaceum) ‘espuerta, clase de cesta’; cenacho (þann !˛ /çanach< lat. cenaculum) ‘espuerta de esparto o palma, con asas’; gazpacho (de la raíz latina caspa) ‘género de sopa fría propia del Mediodía español’. Otros sufijos típicamente mozárabes también difundidos en mayor o menor medida por los moriscos son: –uto/-uta (canuto< qanflt, falluto ‘falso’, langaruto ‘larguirucho’) y -uz (lat. –utium), reconocible, por ejemplo, en capuz (qapfls/kapfls< lat. caputium) ‘vestidura larga, con capucha, que se ponía encima de la ropa’19. 2.2. Fueron transmisores asimismo del característico hibridismo morfológico árabo-románico, sobre todo el concerniente a todas aquellas voces que aglutinan el artículo árabe a raíces prerrromanas y latino-romances. Dicho hibridismo puede (17) GALMÉS DE FUENTES/SÁNCHEZ/VESPERTINO (1994); VIGUERA MOLINS (1991 a), pp. 129-141. (18) BEN JEMIA (1987), pp. 40-45; MENÉNDEZ PIDAL (1952); GALMÉS DE FUENTES (1975); CARDAILLAC (1972). (19) GALMÉS DE FUENTES (1983 A), pp. 326-327; MARTÍNEZ RUIZ (1972), pp. 81-83, 88.
JUAN ANTONIO CHAVARRÍA VARGAS 122 comprobarse fácilmente en el campo de la toponimia y la antroponimia, pero también en buena parte del léxico mixto árabo-románico heredado por la lengua española. Nos referimos en particular a formaciones léxicas como las que siguen, presentes y documentadas por lo general en fuentes documentales y literarias moriscas de los siglos XVI y XVII: alpargate/alpargata ‘tipo de calzado’; alconcilla (lat. conchilium) ‘tinte purpúreo’; almodrote (derivado latino de moretum) ‘especie de salsa’; albarrada (relacionado, sin duda, con el andalucismo parata y descendiente del lat. parare) ‘pared de piedra seca’20. 2.3. La literatura española aljamiado-morisca, en su mayor parte procedente del antiguo reino de Aragón, constituye, como ya sabemos, una fuente de primer orden para el estudio lingüístico de los dialectalismos aragoneses aún vigentes entre los siglos XV y XVI. En el plano morfológico, los textos aljamiados moriscos nos aportan el conocimiento de diferentes procesos dialectales que generalmente no suelen aparecer en las fuentes castellanas y aragonesas modernas. Entre estos aragonesismos morfológicos transmitidos por la literatura aljamiado-morisca destacaremos los siguientes: formas dialectales muy representativas de los verbos haber, ser y hacer (como la 2ª persona singular del presente de indicativo tú yes o el infinitivo fer por hacer); abundantes testimonios de gerundios y participios formados sobre el tema de perfecto (ubiendo, supiendo, ubido, supido, etc.); formas de 3ª persona de plural del pretérito perfecto simple de verbos en -ar con la característica desinencia aragonesa –oron (se levantoron, entroron, tomoronlo); las habituales contracciones verbales de futuro (morrá/murrá por morirá, naçrá por nacerá o vivrá por vivirá); cambios de conjugación de determinados verbos (leir por leer y kogir por coger); y también algunas construcciones con pronombres personales completamente aragonesas (delante de tú, kon tú y kon ti)21. 2.4. Por su arcaísmo la lengua de los moriscos, representada por sus escritos aljamiados, se aproxima a la lengua de las obras españolas antiguas y nos ofrecen numerosos rasgos de conservadurismo. Este hecho, el arcaísmo lingüístico de los textos aljamiados, constituye uno de los caracteres más destacados de la producción escrita de mudéjares y moriscos. Los casos de conservadurismo arcaizante se muestran en los diferentes planos de la lengua. En el nivel morfológico podrían señalarse, entre otros, los siguientes: alternancia del adverbio donde y su variante arcaica do; formas arcaicas de posesivos (nueso/a, nuesos/as, vuesas); resistencia de ciertos determinativos antepuestos a la ley de la apócope (kualquiere persona, el primero día); persistencia de las formas verbales so por ‘soy’, bo por ‘voy’ y estó por ‘estoy’; variantes arcaicas del verbo ‘ver’ (vido ‘vio’, vidieron ‘vieron’, beyo ‘veo’) y formas verbales de 2ª persona de plural con –dintervocálica ya desaparecida en el castellano de la época (pudieredes, sirvades, oyerades, ubiesedes, sodes, tenedes)22. Todo ello parece deberse al complejo (20) Galmés de Fuentes (1983 A), pp.327-328; Martínez Ruiz (1972), p. 54. Ejemplos de hibridismo toponímico árabo-romance en Andalucía pueden hallarse en Chavarría Vargas (1997), p. 224. (21) GALMÉS DE FUENTES (1986), pp. 51-53; BEN JEMIA (1987), pp. 4547. (22) BEN JEMIA (1987), pp. 32-37.
HERENCIA LINGÜÍSTICA DE MUDÉJARES Y MORISCOS EN LA LENGUA CASTELLANA 123 proceso de transmisión y reproducción de estos manuscritos desde estadios lingüísticos anteriores. 3. LÉXICO, ONOMÁSTICA Y FRASEOLOGÍA 3.1. Quizás uno de los aspectos más sobresalientes del legado lingüístico de mudéjares y moriscos al léxico castellano sea la transmisión y primera documentación de un considerable conjunto de arabismos a través de textos moriscos o de tradición morisca, donde aparecen empleadas con notable asiduidad diversas voces de etimología árabe que han pasado finalmente a engrosar el caudal léxico de la lengua castellana. En efecto, el profesor Juan Martínez Ruiz, que fue maestro en estas lides, logró reunir, rastreando pacientemente en inventarios de bienes moriscos granadinos del siglo XVI y en otras fuentes documentales del antiguo reino nazarí, un buen puñado de primeros testimonios escritos de arabismos léxicos. De esta larga relación, que se halla recopilada en las diferentes publicaciones científicas del profesor Martínez Ruiz, nos limitaremos tan sólo a presentar algunos ejemplos23. Son arabismos con primera documentación escrita en fuentes moriscas granadinas, entre otros, los siguientes: alcuzcuçero (1568) ‘vasija para hacer alcuzcuz’; alfarjía (1526) ‘madero que se emplea para marcos y largueros de puertas y ventanas’ (del ár. al-far Ð ‘piso, tarima’), azache/hazache (1562-1568) ‘seda de calidad inferior’ (derivado despectivo mozárabe del ár. jazz ‘seda’); farda (1562) ‘contribución, impuesto’ (del ár. farda ‘id.’); mauraca/moraga (1595) ‘acto de asar al aire libre frutas secas y peces’ (del ár. muhraqa, derivado del verbo haraq ‘quemar’); tarima (1565) ‘estrado, lecho entablado para dormir’ (del ár. fi ar ma ‘id.’); zalea (1562) ‘pelleja de cuero de oveja o carnero que conserva la lana’ (ár. sal ja ‘piel de animal, cuero’). 3.2. Lo mismo puede afirmarse con respecto a la transmisión de mozarabismos en las fuentes literarias y documentales ligadas a mudéjares y moriscos. De igual forma, en los mencionados inventarios de bienes moriscos del reino de Granada, el propio Juan Martínez Ruiz pudo registrar, con idéntico celo, primeras documentaciones de importantes mozarabismos hispánicos como cenacho (ár. þ ann !˛ /çanach< lat. cenaculum) ‘espuerta de esparto o palma, con asas’, o pleita (ár. pl $ jta< lat. plicta ‘tejido, entrelazamiento’) ‘faja o tira de esparto, palma o pita trenzada’. El mismo autor, utilizando en esta ocasión el Libro de Habices granadino de 1527, documenta un total de 35 mozarabismos, entre ellos algunos tan sumamente interesantes como cortina (derivado de corte ‘corral, establo, aprisco’) que en árabe granadino significaba ‘corral cercado’ y que figura en el vocabulario arábigo-castellano (1505) de Pedro de Alcalá como ‘portal de fuera’, o bien el caso de nagüela/nigüela ‘choza, casa pajiza y pobre’, del ár. granadino naww $ la, con imela de primer grado y base etimológica latina, que registra el vocabulario de Alcalá con los significados de ‘casa pagiza o pobre’, ‘casilla (23) MATÍNEZ RUIZ (1963 a), pp. 461-463; (1972), pp. 205-208; (1980), pp. 285-290.
JUAN ANTONIO CHAVARRÍA VARGAS 124 pagiza’, ‘chibital de cabritos’ y ‘çahurda’24. Otros mozarabismos presentes en la documentación morisca granadina han perdurado como dialectalismos en el habla local. Recordemos, por ejemplo, el granadinismo cauchil ‘arca de agua’, desarrollo mozárabe del diminutivo del latín calice ‘cauce, canalización’, o el valencianismo barchilla (ár. bar ˛ ila< lat. parcella) ‘determinada medida de capacidad y superficie’25. Finalmente, otras formas mozárabes introducidas en la lengua española desde ambientes moriscos y documentadas desde finales del siglo XV y principios del XVI, son parata ‘bancal, murete de tierra’, servilla ‘zapatilla’< lat. servilia ‘calzado propio de esclavas’, jurel ‘clase de pescado’< ár. Ð ur $ l a partir del diminutivo latino de saurus, paulilla ‘polilla, palomilla, mariposa nocturna’< lat. papillla, y breca ‘clase de pesacado’< lat. perca26. 3.3 Por otra parte, en la lengua de la literatura aljamiado-morisca, variante islámica del español, en atinadas palabras de O. Hegyi, aparecen registradas innovaciones léxicas o creaciones léxicas propias, sobre bases romances castellanas, que tienen gran interés para la lingüística histórica y que como tales deberían figurar entre los materiales del futuro Diccionario Histórico de la Lengua Española. Aportaremos algunos testimonios extraídos de las fuentes recogidas por el Glosario de voces aljamiado-moriscas de Galmés de Fuentes, Mercedes Sánchez y Antonio Vespertino: nuevos compuestos sintagmáticos (dormida mayor ‘sueño eterno, muerte’); derivados nominales sobre bases verbales (prometimiento ‘promesa’, recontamiento ‘historia, narración, leyenda’, meritanza ‘acto de merecer’); creaciones verbales sobre sustantivos (ritar ‘celebrar ritos’); sustantivos a partir de adjetivos (terribleza ‘maldad, fiereza’); o creaciones adjetivales sobre sustantivos (orançioso ‘rezador’)27. 3.4. Esta sorprendente literatura nos depara todavía otras sorpresas de profundo calado lingüístico. Es el caso de la conservación de formas, variantes históricas y arcaísmos castellanos escasamente documentados en otras fuentes. Dada su transmisión tradicional manuscrita, la lengua que nos ofrece sus textos tiene un carácter muy conservador y aparece teñida de preciosas reliquias léxicas de nuestro pasado medieval. Los arcaísmos castellanos que contienen los manuscritos aljamiados podrían responder al conservadurismo general, también lingüístico, de la propia comunidad morisca, aunque más bien parece tratarse de un estadio anterior de lengua correspondiente al momento de las primeras traducciones. Estas formas, desusadas ya en los siglos XVI-XVII, contribuyen en muchas ocasiones a explicar y atestiguar usos decadentes o poco documentados del castellano antiguo. Asi, por ejemplo, entre los señalados por Galmés de Fuentes y sus discípulos: (24) MARTÍNEZ RUIZ (1971), pp. 1149-1150; (1972), pp. 88, 162; (1988), pp. 154-155; (1992), pp. 1208-1209. (25) MARTÍNEZ RUIZ (1971), pp. 1148-1149. (26) GALMÉS DE FUENTES (1983 A), pp. 323-324. (27) GALMÉS DE FUENTES/SÁNCHEZ/VESPERTINO (1994); Aljamía. Boletín de Información Bibliográfica, Universidad de Oviedo, nº 7 (1995), p. 35.
HERENCIA LINGÜÍSTICA DE MUDÉJARES Y MORISCOS EN LA LENGUA CASTELLANA 125 açeñar ‘guiñar, hacer señas con los ojos’; regalar en el sentido de ‘derretir’; consograr ‘emparentar por matrimonio’; afer ‘asunto, negocio’; chozno ‘cuarto nieto’, etc28. Y entre los aportados por Ben Jemia en su estudio del manuscrito nº 1163 de la B.N.P., destacaremos los siguientes: walardon por recompensa; la forma arcaica vegada, que en ocasiones convive con vez en los textos aljamiados; el participio pasado lexado por dejado; barragán ‘valiente’, palabra desusada ya a fines del siglo XIV; o humildança, arcaismo de la forma moderna humildad/humildez29. 3.5. Además los textos de literatura aljamiada de mudéjares y moriscos, pertenecientes a los siglos XV y XVI, cuando todavía conservaba su vitalidad el dialecto aragonés, nos ofrecen un abundante léxico de origen dialectal, acogido sin problemas por los moriscos, ajenos del todo al prejuicio castellanizante de la España cristiana. En este sentido cobran singular importancia voces aragonesas, ya documentadas en otros textos, como aplegar ‘juntar, reunir’, arret ‘red’, tremolar ‘temblar’, péñora ‘prensa’, guello ‘ojo’, fruita ‘fruta’, canbra ‘cámara, habitación’, lonbo ‘lomo, espalda’ o güerdio ‘ordio, cebada’. Nuestro admirado don Alvaro Galmés de Fuentes y sus discípulos de la afamada escuela oventense han logrado documentar además otro nutrido grupo de aragonesismos léxicos que sólo se encuentran en la literatura aljamiado-morisca y en ninguna otra fuente. Son voces de carácter dialectal tales como brollador '‘manantial, surtidor de agua’, chanfar ‘ensuciar, manchar’, escalfar ‘calentar’, estajo ‘hato, pequeño grupo de ganado’, fachal ‘pañoleta, mantilla’, goyoso ‘alegre, gozoso’ barrunta ‘celada, emboscada’ y otras tantas30. 3.6. Capítulo de especial relevancia y significación es el de la expansión, sobre todo a raíz de la primera gran oleada de moriscos expulsos en 1609, del léxico, toponimia y onomástica hispánicas por todo el Norte de África, principalmente en Marruecos, Túnez y Argelia, donde fueron acogidos, no sin recelo en muchos casos, estos últimos descendientes de al-Andalus, ya ciertamente hispanizados31. Nos detendremos, por tanto, en este punto en las abundantes huellas de la onomástica romance castellana que la diáspora andalusí del XVII trajo consigo hasta la ribera mediterránea del continente africano. Así, por ejemplo, en la antroponimia morisca de origen “andaluz” de Argel, mayoritariamente levantina o “tagarena”, se observan numerosos apellidos hispánicos que aluden a oficios, tales como Boticario, Bonetero, Sedero, Tintorero, Pescador, Platero, Mercader, (28) GALMÉS DE FUENTES/SÁNCHEZ/VESPERTINO (1994); Aljamía. Boletín de Información Bibliográfica, Universidad de Oviedo, nº 7 (1995), p. 33. (29) BEN JEMIA (1987), pp. 37-38. (30) BEN JEMIA (1987), pp. 51-55; GALMÉS DE FUENTES (1983 b), pp. 445453, (1986), pp. 53-54; VESPERTINO/FAILDE/FUENTE (1985), pp. 69-77. (31) Afirmaba OLIVER ASÍN (1939), p. 133, al respecto que “refugiados los moriscos en territorio tunecino y marroquí, conservaron tan vivo el recuerdo de su patria, que recitaban de coro poesías de Garcilaso y Lope, cantaban canciones populares españolas y recordaban asuntos y pasajes enteros de las comedias que en los corrales de España vieron representar”.
JUAN ANTONIO CHAVARRÍA VARGAS 126 Jabonero, Herrero, Carpintero, Sastre, Barbero, Confitero, Zapatero, precedidos siempre de un Hamete o un Alí, de un Brahim o un Mahamet, o de cualquier otro nombre propio personal de raigambre árabe. Este hecho parece indicarnos que muchos exiliados abandonaban sus antiguos gentilicios de la época de cristianización y tomaban el de sus propios oficios o el de sus antepasados32. En Túnez, otro lugar de destino para los expulsados y donde los descendientes de los moriscos conservaron la lengua española hasta la primera mitad del siglo XVIII, las comunidades de exiliados andalusíes mantuvieron largo tiempo sus apellidos españoles en poblaciones como Bizerta, Testur, Solimán o Túnez capital. Mikel de Epalza, que ha reunido una extensa nómina de más de trescientos moriscos avecindados en Túnez a raíz del edicto de expulsión, recoge en el índice onomástico de su “Moriscos y andalusíes en Túnez durante el siglo XVII” nombres tan característicos y representativos como los de Mahamet Cuevas (Muammad Cuevas), Aly Ferrero (‘Al Ferrer), Mousa Padilla (Mfls" Padilla), Haisa Ernandez (AyÐa Hernández), Mahamet Gomys (Muammad Gómez), Ramadán Toreu (Ramad"n Torre), Sidi Alli Moreno (Sd ‘Al Moreno) o el poderoso Mustafá de Cárdenas, jeque de la colonia tunecina de moriscos andaluces y tagarenos (aragoneses) por espacio de más de 30 años33. En Marruecos, fueron Fez, Rabat, y sobre todo Tetuán, las ciudades que recibieron el mayor contingente de exiliados procedentes de la península ibérica. Guillermo Gozalbes Bustos, uno de los grandes investigadores del tema que nos ocupa, ha dedicado un sugerente estudio a los personajes moriscos más notables en el Tetuán del siglo XVII. Menciona, entre ellos, a un secretario y antiguo escribano (Cacimi de Cárdenas); a ricos traficantes de cautivos, como Hamed Burdán y Hamed Tagarino, a otros secretarios moriscos (Alí Soria y Alí Ramírez) y a un mediador en la redención de cautivos cristianos (Alí Maldonado)34. Tetuán fue, en efecto, un gran núcleo de moriscos “andaluces” en Marruecos. Son sumamente ilustrativas las siguientes consideraciones del profesor Ibn Azzuz respecto a la cuantificación y desaparición de apellidos tetuaníes de origen español: “... el número de familias tetuaníes con apellido español era de 365, de las cuales se han extinguido 258, las mayoría de ellas con ocasión de la peste que asoló Tetuán el año 1677, no quedando en la actualidad más que 107 familias, entre las cuales se encuentra la del restaurador de la ciudad, Al-Mandari”35. En el listado de 1028 nombres, recopilado por Gozalbes Bustos, sobre antroponimia morisca de origen hispano en Marruecos aparecen patronímicos típicos españoles (Belaxcu, Bargach, Garsía, Paes o Ramires), (32) GOZALBES BUSTOS (1995), pp. 353-380. (33) EPALZA (1969), pp. 307-327; EPALZA (1978), pp. 427-446; EPALZA/GAFSI SLAMA (1999), pp. 633-641. (34) GOZALBES BUSTOS (1991), pp. 151-170. (35) IBN AZZUS HAKIM (1988), p. 123. Gozalbes Busto, por su parte, señala que desaparecieron en el año trágico de 1677 apellidos tan hispanos como Bayo, Bravo, Bernal, Palomino, Serrano, Chamorro, Hernando, Tello, Ramiro, Rubio, Morán, Almansa, Guzmán, Cabello, Montero, Grande y otros más hasta un número de 79 (Vid. Gozalbes Bustos, 1992, p. 91).
HERENCIA LINGÜÍSTICA DE MUDÉJARES Y MORISCOS EN LA LENGUA CASTELLANA 127 nombres propios de pila (Luqas, Guzmán, Ramón, Luis o Juan), nombres de origen geográfico (Aragón, Ávila, Balensianu, Biscaino, Cordobés, Fornacho, Granada, Murcia), apodos o sobrenombres (Bermiyu, Gayyu, Gordo, Al Ruxu, Al Sordu) y apellidos toponímicos referidos a nombres de poblaciones (Maquida, Requina, Kastiliu, Karmuna, Marbilia)36. 3.7. En la paremiología castellana de origen árabe podemos apreciar igualmente la impronta mudéjar y morisca en dichos, refranes y frases proverbiales. Entre los inventariados por Correas cabría destacar los siguientes: Más vale ser horro (libre) de Hamete que cautivo de Alí, o bien, Si vos Aja, yo Alí. Algunos más remiten a la tradición andalusí sobre la mencionada Aja, Aisa o Haxa, transcripción romance del nombre femenino AiÐa, mujer demente y ridícula, pero generosa: Haja no tiene qué comer y convida a güéspedes; Hácelo Haja y azotan a Mazote; Por esto perdió Haxa su casa, por ser luenga y ancha; Haja la enlodada, ni viuda ni casada.37 La toponimia, por su parte, refleja la presencia de la comunidad morisca y su dispersión por la geografía peninsular e insular después de la sublevación de los granadinos en 1568. Asi hallamos, por ejemplo, Pico Moriscos en la isla de Gran Canaria, el municipio salmantino de Moriscos, el arroyo de los Moriscos que corre por la Hoya de Guadix (Granada), el río Morisco de Carcabuey (Córdoba), el lugar de El Morisco (Cádiz), Camino Morisco en las Hurdes extremeñas y Morisco, lugar de Burgohondo (Ávila). En cuanto a los gentilicios populares que lograron perdurar y han conservado este nombre, destaquemos morisqueños, propio de los naturales de Camino Morisco (Cáceres); moriscos, gentilicio popular correspondiente a la población malagueña de Casarabonela; y también moriscos, aplicado a los nacidos en el municipio aragonés de Moros (Zaragoza). 4. BIBLIOGRAFÍA GENERAL ACIÉN ALMANSA, M. (1974), “Dos textos mudéjares de la serranía de Ronda”, Cuadernos de Estudios Medievales, II-III, pp. 245257. ALARCÓN, M. (1915), “Carta de Avenaboó en árabe granadino”, Miscelánea de estudios y textos árabes, Madrid, pp. 691-723. ALONSO, A. (1946), “Las correspondencias arábigo-españolas en los sistemas de sibilantes”, Revista de Filología Española, VIII, pp. 12-46. ALONSO, A. (1947), “Trueques de sibilantes en antiguo español”, Nueva Revista de Filología Hispánica, I, pp. 2-12. ALONSO, A. (1951), “Historia del ceceo y del seseo españoles”, Thesaurus, VII, pp. 111-200. ALONSO, A. (1954), “La ll y sus alteraciones en España y América”, en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, II, Madrid, pp. 41-89. (36) GOZALBES BUSTOS (1992), pp. 65-89. (37) TEJERO ROBLEDO (1996), pp. 306-307, siguiendo el Vocabulario de Gonzalo Correas.
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ALGUNOS TOPÓNIMOS ANDALUSÍES DE LA TIERRA DE ANTEQUERA 231 después d e l a t oma d e A ntequera, el 2 8 d e se ptiembre d e 1 410, el i nfante D on Fernando ordenó c onquistar l as t res f ortalezas a ntes m encionadas81. A znalmara cayó pronto, quedando en poder nazarí las otras dos, Cauche y Gébar. Tras un duro combate la fortaleza de Gébar fue conquistada, siendo Pedro Sánchez de Escobar el encargado de recibirla para su Católica Majestad. Sin embargo, unos días después, a mediados del mes de octubre, fue recuperada por los musulmanes82 En 1414, por una merced real se otorga a la villa de Antequera los términos y fortalezas de Coche, Xébar y Aznalmara, con lo que se consiguió alejar la frontera granadino-castellana d e l a ciudad d e Antequera, a segurando su abastecimiento y seguridad. No obstante, si damos crédito a la campaña de mediados del siglo XV, el objetivo no se consiguió dado que por aquellas fechas la ciudad estuvo a un paso de ser tomada por los granadinos. Unos años después, en 1455, aparece su alcaide Juan de Guzmán al frente de la fortaleza en un documento de traslado de obligación . Como indica S. Fernández López, con ello los nazaríes pretendían partir de una situación lo más ventajosa p osible c uando se d ieran las negociaciones p ara la f irma d e la t regua. Inmediatamente, el a lcaide de Antequera procedió a su r econstrucción, d ejando entre sus muros 100 caballeros y 100 peones. 83 La f ortaleza c onstaba, a juicio d e S . Fernández L ópez, de dos r ecintos poligonales b astante r egulares, o rganizándose e l c entral e n t orno a l a t orre d el homenaje a la manera de donjon (LÁM. III). La torre central se comunicaba con el resto a t ravés d e u n p aso d e r onda. E n la a ctualidad, e l castillo d e G ébar se encuentra en un estado de palpable deterioro . 84 La consideración q ue en la d ocumentación del X V tiene a veces l a f ortaleza como “ atalaya de Xebar” . 85 En el Repartimiento de Antequera, al relatar la propuesta de edificación de una iglesia e n e l lugar ha cia 1 498, f igura la m ención de una efímera t oma d e l a fortaleza p or los n azaríes, en l a q ue s e p rodujo el f allecimiento d e v arios c astellanos, como la que se describe en la Ŷanna: “Por quanto bos Lorenço Hernández de Padilla, vezino de la çibdad de Antequera, contino de nuestras guardas, nos heçistes relaçión que en término de la dicha çibdad de Antequera está una torre despoblada que se dize Gébar que solía ser atalaya en el tiempo qu’el reino de sólo a nuncia e se d eterioro, i niciado e n f echas tan tempranas. E n realidad, al preservarse ú nicamente su torre central, podía p arecer una simple torre más que una fortaleza. (81) Crónica de Juan II: 39 2-394. Estos acontecimientos de la conquista de Gébar están relatados prolijamente por ALIJO HIDALGO, 1983: 20-22 y FERNÁNDEZ LÓPEZ, 1987: 338-341. (82) Crónica de Juan II: 401. (83) Sobre esta noticia, FERNÁNDEZ LÓPEZ, 1987: 340. (84) FERNÁNDEZ LÓPEZ, 1987: 341-342. (85) Por e jemplo, e n e l Repartimiento, e d. ALIJO HIDALGO, 1983: 1 5v ( “atalaya de Jeba”), 2 0r (“sierra del atalaya de Xébar”), 9 4v (“ torre despoblada que se dize Gébar”); “ Fortaleza de Xébar” en 71r. Asimismo, FERNÁNDEZ LÓPEZ, 1987: 340-341.
VIRGILIO MARTÍNEZ ENAMORADO 232 Granada era de moros, la qal perteneçe a nos, e la tubieron vuestros padres e abuelo mucho tiempo e gastaron por sostenerla mucha parte de su haçienda, por estar como estaba en la frontera de los moros e çerca de la dicha torre mataron los dischos moros al dicho vuestro padre e cautivaron a otros vuestros tios y parientes, e que agora por serviçio de Dios e memoria d’ellos queriades fazer i idificar una ermita çerca del sitio de la dicha torre donde se dixesen missas y se çelebrasen los divinos ofiçios, e nos suplicastes e pedistes por merçed vos fiçieseos merçed de la piedra y sitio d’ella para edificar y hacer la dicha ermita…”86 Llegados a este punto, conviene advertir que en las cercanías de Zalía existe un lugar llamado o casionalmente Xabar, aunque suele aparecer bajo la forma Çabar (actualmente ha perdurado el topónimo en el río Sabar). En una relación simple de tierras de regadío y de secano, se especifica que “ay mas, en una alcaria despoblada que se dice Çabar, ciento o ochenta fanegas, entra con ellas cincuenta e cinco fanegas que fueron dadas a Maymon, judío, las cuales vendió a Don Sancho cuando se fue…” 87 La etimología propuesta por Chavarría Vargas excluye para este Çabar/Xabar la relación c on el Šabar de l a Ŷanna, pues, e n e fecto, procedería d el é timo á rabe Ṣabbār, “ zábila, áloe”, p or m ás q ue l a f ácil p ermutación e ntre l as silabantes castellanas de finales del siglo XV motivará una excepcional evolución hacia la /x/ del topónimo axárquico . 88 Existe el étimo árabe-andalusí šabar, plural ašbār, para denominar a la “palma de la mano medida” . 89. N o o bstante, t ambién o bservamos q ue l a raíz de o rigen latino “suber”90 En su Rawḍal-Qirṭās deriva hacia soluciones toponímicas en al-Andalus como Xubrique y otras que también pueden ayudar a explicar Šabar/Xabar, habida cuenta de que la comarca al pie de El Torcal es seguro que presentaba una importante masa forestal de quercus. 3. ¿JIMĀR AL-WARD, UN TOPÓNIMO DE LA TIERRA DE ARCHIDONA? 91 (86) Libro de Repartimiento, ed. ALIJO HIDALGO, 1983: fols. 94v y 95r. (87) Archivo de la Catedral de Málaga (A.C.M.), leg. 61, pieza 28; CABRILLANA CIÉZAR, 1993: 95, nota 57. Este autor cita el lugar en la relación de despoblados del Libro de Composiciones, nº 5 bajo la forma Xebar, aunque no descartamos que se trate del Gébar emplazado al pie de la Sierra del Torcal. (88) Véanse los distintos ejemplos que este investigador aporta; CHAVARRÍA VARGAS, 1997: 243-244. (89) P. DE ALCALÁ, 1883: 340, II, 29; PEZZI, 1989: 621. (90) Sobre estos topónimos, OLIVER ASÍN, 1962. (91) Rawḍ al-Qirṭās: 427; trad. HUICI MIRANDA, 615. , Ibn Abī Zar‘ menciona un topónimo con grafía Jimār al-Ward que e n l a e dición d e ‘ Abd a l-Wahhāb al-Manṣūr se acompaña d e l a expresión min bilād Šadūna (= d e l as comarcas d e Sidonia). A llí se p rodujo e l encuentro entre el sultán nazarí Muḥammad II y el meriní Abū Yūsuf en Ŷumādà I
ALGUNOS TOPÓNIMOS ANDALUSÍES DE LA TIERRA DE ANTEQUERA 233 de 67 6/Noviembre de 12 77. Como se ñala M . A . M anzano92, “ aunque el texto árabe sólo ofrece Šidūna, resulta mucho más acertada la propuesta de Huici [de reem-plazar Sidonia por Archidona93]”, afirmando a continuación que esta versión queda c orroborada p or los te stimonios d e ‘Abd a l-‘Azīz al-Malzūzī94 e Ib n Jaldūn95 Jimār al-Ward será, p or c onsiguiente, u n l ugar d el a lfoz a rchidonense. P or supuesto, n o p uede t ratarse d el Ḥiṣn al-Ward , a utores q ue e n e fecto e mplazan el e ncuentro e n l as c ercanías d e Archidona. La siguiente etapa de expedición a cude a confirmar la hipótesis de Huici y Manzano, pues desde allí se dirigieron a Benamejí (Banī Bašir). 96 Lamentablemente, poco se puede afinar sobre la ubicación y el significado de este Jimār al-Ward. No f igura n ingún t opónimo parecido e n l os r epertorios documentales de la tierra de Archidona (= ¿Montemayor?), d emasiado alejado d el e scenario g eográfico d e l a V ega a ntequerano-archidonense. Como Manzano se ñala, t ampoco a yuda mucho e l hecho d e q ue e n l a o tra e dición d el Rawḍ al-qirṭās, la de C. J. Tornberg de Upsala (1843) aparezca la grafía Ŷinān alWard, unos imprecisos “Jardines de la Rosa”. 97 (92) MANZANO RODRÍGUEZ, 1992: 48-49, nota 53. (93) En árabe Šidūna y Aršidūna. (94) Naẓm al-sulūk: 105. (95) ‘Ibar, VII: 260; trad. SLANE, Berberes, IV: 87. (96) La m ención, muy conocida, p ertenece a la Marqaba al-‘ulyà de a l-Bunnāhī, analizada por MARTÍNEZ ENAMORADO, 2003: 259, 260, 379, 395, 396, 404, 473 y 600. Existe otra propuesta de ubicación d istinta p ara Ḥiṣn al-Ward de GOZALBES CRAVIOTO, 1996. U na h ipótesis pa ra e l término Ward en PASCUAL BAREA, 1996: 100-101. (97) Por ejemplo, ESPEJO LARA y MORALES GORDILLO, 1998, donde se recogen varios topónimos de los alrededores de Archidona. . La etimología procede del árabe, aunque no acertamos a desvelar un sentido claro para el topónimo.
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EL MERCADER CONVERSO FERNANDO RÓQUEZ 247 Mateo Sánchez, padre del mercader Diego Róquez.14 Si todos éstos no eran familiares directos, al menos, mantenían una estrecha relación profesional, así, cuando en 1513 este Mateo Róquez vendió un majuelo a Juan de Torres sedero y a Leonor de Baeza, su mujer, actuaron como testigos este Diego Róquez, hijo de Mateo Sánchez, Fernando de Úbeda, hijo de Martín Róquez, y Sancho Fernández.15 A mediados de la misma centuria hallamos a otro Diego Róquez mercader (quizá el mismo), actuando como fiador de Luis de Balboa en la compra de la escribanía de la Hermandad de Baeza y como beneficiario de una obligación por venta de paño a unos vecinos de Iznatoraf y Villacarrillo.16 En 1516 consta en Baeza un Diego Róquez, padre de Alfonso Pérez, otorgando una obligación por compra de paños.17 En la Baeza de 1561 documentamos a Mencía Róquez, mujer de un conocido mercader de paños, Antón de Navarrete,18 a Alonso Róquez mercader,19 a Juan Róquez procurador,20 a otro Juan Róquez, de oficio mercader, cuñado de su colega Francisco de la Torre,21 y a Luis Róquez mercader.22 A pesar de todo lo dicho, Fernando Róquez resulta un personaje muy poco documentado si prescindimos de la información que nos suministran sus testamentos y codicilos, de hecho, sólo tenemos un documento de 1491 por el que da a censo una casa-tienda en la calle de la Rúa, inmueble que aparecerá de continuo en sus testamentos.23 (14) En varios documentos de 1514 y 1518 aparece el mercader como testigo de escrituras de arrendamientos urbanos y compraventas de fincas rústicas (AHMU, Protocolo 766, sin foliar). (15) AHMU, Protocolo 766, sin foliar. (16) AHMU, Protocolo 382, fol. 97r-v y 134v. (17) Archivo Histórico Municipal de Baeza, Protocolo 3/1/1, fol. 82r-v. He regestado los documentos de este fragmento de protoco en mi artículo «El protocolo más antiguo de Baeza (enero-febrero de 1516)», Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, Homenatge a la Prof. Dra. Carme Batlle i Gallart, XXVI, 2005, pp. 1.123-1.140. Realmente, sin embargo, el fragmento de protocolo baezano más antiguo es de 1512 y se halla dentro del protoco 3/1/2, que tengo actualmente en estudio. (18) Ambos compran una casa en la collación de San Salvador a Francisco de Jaén carpintero (AHMB, Protocolo 3/1/2, fol. 825v-827r). (19) Era socio de Cristóbal Sánchez Granados mercader en el arrendamiento de rentas reales (AHMB, Protocolo 3/1/2, fol. 413r-v y 796r-798r). (20) Consta en 1561 como testigo del testamento de Miguel Díaz de Navarrete (Ibidem, fol. 262r263v) y en 1563 como procurador, en unas ocasiones asociado con Alonso Pérez, en otras en solitario, representando en todas ellas a personas caracterizadas, como Francisco de León el Viejo o Luis de Navarrete, hijo de Antonio de Navarrete, todos ellos vecinos de la collación de San Andrés (AHMB, Protocolo 3/1/3, fol. 260v, 263r y 263v). (21) Ambos cuñados celebran en 1561 un contrato de compañía para beneficiar lana (AHMB, Protocolo 3/1/2, fol. 409v-410r). (22) Lo documentamos en 1561 como acreedor por paño suministrado y como deudor de un difunto (Ibidem, fol. 743r y 907v-909r). (23) El 7 de febrero de 1491 Fernando Róquez da a censo a Luis Cevico correero y a Marina Ruiz, su mujer, todos vecinos de Úbeda, dicha casa-tienda (lindes, otra tienda del censualista y casas del Licenciado Pedro de Orozco) por vida de ambos y de un hijo de ellos, designado testamentariamente, a partir de Carnaval, pagando anualmente 2.000 mrs., pagaderos por tercios, so pena del doblo; deberían mantener las casas bien reparadas. Fernando se obligaba a mantener la situación pactada. Fueron testigos Martín Sánchez de Santisteban zapatero, Diego de Cózar zapatero y
PEDRO ANDRÉS PORRAS ARBOLEDAS 248 Sin embargo, los distintos documentos de últimas voluntades son suficientes para saber algo de la personalidad de Fernando, cuyo oficio de trapero no debe engañar a nadie, pues se refiere a un mercader de pañería, en este caso, acaudalado, lejos del sentido peyorativo que tiene en la actualidad. Nos han llegado cinco testamentos de Fernando Róquez, amén de dos codicilos, pero no son los únicos que dictó, lo que sabemos por referencias indirectas. El primer testamento conocido lo dictó Fernando el último día de enero de 1491, en vida de su esposa, aunque no es descartable que existiera alguno anterior, toda vez que más tarde se produce la revocación de una donación mortis causa a favor de su sobrino Esteban, sin que conste ésta en ningún testamento conocido.24 El cinco de marzo del mismo año aprobó un codicilo por el que alteraba algunos legados para sus sobrinos.25 Fallecida su esposa, otorga su segundo testamento el 13 de diciembre de 149426 y justamente tres meses después deshace el anterior y dicta otro nuevo.27 Entre el tercer y el cuarto testamentos Fernando y su sobrino Esteban llegaron a una avenencia sobre el contenido del legado de éste, acuerdo escriturado ante el escribano público Juan de Alcaraz.28 El cuarto fue otorgado el 5 de mayo de 1495, esto es, no habían transcurrido ni tres meses del previo.29 El quinto y último testamento conservado procede del 25 de enero de 1497.30 Hay que esperar al cinco de abril de 1498 para que Fernando rehaga ligeramente ese testamento, dictando un nuevo codicilo para favorecer a Juana de Santa Cruz, como llevo dicho.31 Todos estos documentos fueron protocolizados por el escribano público Andrés Fernández Franco. Tenemos noticia, no obstante, de otro testamento posterior, por ser mencionado en el último codicilo: ése había pasado ante el escribano Alonso Fernández Redondo, no conocemos, por tanto, la verdadera última voluntad de Fernando Róquez.32 Fernando de Baeza trapero, todos vecinos de Úbeda, otorgándose ante Andrés Fernández Franco, escribano del número (AHMU, Fondo Municipal, legajo 50, expediente 66). (24) María González fue presente al otorgamiento, consintiendo todo lo dispuesto por su marido. Fueron testigos de este primer testamento Pedro Caro, Rodrigo de Castro, hijo de Pedro de Castro, y Marco Mercador. (25) Fueron testigos de este primer codicilo Diego Carrasco, Diego de Raya, hijo de Alonso de Raya, y Pedro de Angulo, criado de Lope Cherino. (26) Testigos Juan del Campillo, Alonso de Sevilla escribano, Luis Cevico cintero y Diego de Alcaraz. (27) Testigos Día Sánchez Blanco escribano, Juan Marín, Juan del Horno, hijo de Rodrigo del Horno, y Juan Sánchez de la […]. (28) Así se menciona en el último de los testamentos conservados. (29) Testigos Martín Sánchez de Santisteban, Diego Sangilero zapatero, Andrés López de las Vacas el Viejo y Luis Cevico cintero. (30) Testigos Lorenzo Fernández de Murcia y Manuel González, escribanos reales, Gonzalo de Medina y Juan Alfonso vainero. (31) Testigos de la primera disposición del codicilo, Pedro de Sabiote, hijo de otro Pedro de Sanbiote, Rodrigo Róquez trapero, Rodrigo Mercador y Fernando de Baeza sedero, y de la segunda parte, Diego Sánchez Blanco escribano, Rodrigo Róquez trapero y Alonso Aseo. Otorgado, además, en presencia de Juana de Santa Cruz, beneficiaria del contenido del codicilo, y de Maestre Juan de Secilla. (32) Las menciones al último testamento en este segundo codicilo son contradictorias; por un lado, se dice que el reciente testamento que deja en su fuerza y vigor fue otorgado ante Andrés Fernández
EL MERCADER CONVERSO FERNANDO RÓQUEZ 249 De todo lo dicho hasta ahora no es posible aún deducir los motivos de esta reiterada manía testadora de nuestro personaje, aunque sí hemos apuntado alguno de ellos: el fallecimiento de su mujer, su tempestuosa relación con el primogénito de su hermano Alfonso, escogido éste como heredero, y la aparición en escena de un hijo bastardo posiblemente póstumo. Como documento formulario, el testamento consta de una serie de partes, que podemos desglosar, con la finalidad de aclarar este enigma que nos hemos planteado. En el encabezamiento constan menciones a Dios, la Virgen y la vida del más allá, incorporándose en esta sección los datos personales del testador (nombre, nombre del padre, profesión, vecindad, collación incluida, y, en caso de ser menor o mujer, nombre del progenitor o del esposo, respectivamente), así mismo, se añade el estado de salud del testador, tanto de cuerpo como de mente.33 En todos los casos mencionados el estado de salud del testador es bueno, salvo en el último codicilo en que se dice: dentro en las casas onde fase su morada Fernando Roques, hijo de Estevan Gonçales Roques, vesino de la dicha çibdad, las quales dichas casas son en la collaçión de Santa María, estando ende el dicho Fernando Roques doliente, echado en una cama de ropa… A continuación se incluyen las mandas piadosas, que se repiten prácticamente a la letra en los testamentos de esta época: — dos mrs. al maestro de penitencia del testador, — un maravedí a las siguientes instituciones religiosas: la Trinidad, Santa María de la Merced y la Santa Cruzada, para ayuda a la redençión de los christianos que están cabtivos en tierra de moros. — un maravedí (o 5 dineros) para las obras de la Colegial de Santa María, las parroquias, órdenes, monasterios, casas de San Salvador, San Lázaro y San Gil y ermitas del término municipal. — 5 mrs. para las obras de los adarves de la ciudad. Las siguientes disposiciones hacían referencia al entierro, exequias y misas. En este caso particular, estas cláusulas cobran importancia, por haber fundado el testaFranco y, por otro, se dice que lo fue ante Alonso Fernández Redondo. Hemos de quedarnos con esta segunda afirmación, dado que corrigió el codicilo antes de pasada una hora, en ese preciso sentido. (33) La fórmula utilizada en esta ciudad por este escribano en aquellos años es la siguiente, repetida con ligeras variantes: «A honor del muy alto Señor Dios e de la Bienaventurada Virgen gloriosa Señora Santa María, su madre, sea, amén. Sepan quantos esta carta de testamento vieren cómo yo Fernando Roques, fijo de Estevan Gonçales Roques, vesino de la muy Noble çibdad de Úbeda, estando sano del mi cuerpo e en mi buen seso e entendimiento natural, qual Dios, nuestro Señor, tobo por bien de me dar, e creyendo firmemente en la santa Trenydad, Padre e Fijo e Spíritu Santo, tres personas, un solo Dios verdadero, e aviendo en mi propio conoçimiento cómo todas las cosas en este mundo bivientes por tienpo feneçen e han acabamiento, e las del otro sý que lo duran e permaneçen syn fin, por ende, hordeno este mi testamento en fecho de mi ánima en que demuestro mi postrimera voluntad e parto de los bienes tenporales que Dios, nuestro Señor, en este mundo me encomendó. Primeramente, ofresco mi ánima a Dios, nuestro Señor, que la fiso e crió, e encomiéndola a la Bienaventurada Virgen gloriosa Señora Santa María, su madre, que sea mi abogada e rogadora por ella al su preçioso fijo que la quiera perdonar…».
PEDRO ANDRÉS PORRAS ARBOLEDAS 250 dor y su esposa una capilla para su enterramiento en la iglesia Colegial de la ciudad. No se transcribe el texto del contrato firmado por éstos con los clérigos, si bien se parafrasea para darle toda la fuerza posible en la última voluntad. Dicho contrato había pasado en su momento (no especificado) ante el notario Juan Sánchez de Torres, ya difunto. La parte sustancial del contrato establecía que el cabildo de dicha iglesia debía decirles perpetuamente cada lunes una misa en la capilla por sus almas y las de sus antepasados, así como ponerles candelas cada lunes y cera y pan el día de Todos los Santos. Estipulaban que, fallecida primero su esposa, se satisfarían 220 mrs. anuales; si él la premuriese, les pagarían 400 mrs. anuales; fallecidos ambos, se les abonarían perpetuamente 620 mrs. Ahora revalidaba lo dicho en el contrato y situaba para el pago de esos estipendios una casa-tienda de la propiedad del matrimonio, sita en la calle de la Rúa (lindes, casas del Lcdo. Pedro de Orozco y casas de herederos de Nicolás zapatero), que quedaría bajo patronato de su familia, con cargo de pagar cada año las mencionadas cantidades al cabildo de la Colegial. Tras fallecer ambos cónyuges, quedaría como patrón y gobernador de dicha fundación su hermano Alfonso Róquez vitaliciamente, con obligación de tener en pie y reparada la casa-tienda, de cobrar las rentas que generase su arrendamiento y de pagar con ellas a los clérigos. Prohibía expresamente enajenarla bajo ningún título. El patronato de la misma pasaría a los hijos varones de Alfonso (Esteban y Rodrigo), sucesivamente, de varón a varón nacidos de matrimonio legítimo, y en esta forma vaya de grado en grado por vía rata. Mientras la esposa viviese, ella cobraría para sí la renta, con cargo de pagar lo correspondiente a las misas. Esto dejó de mencionarse en el segundo testamento, pues Mari González ya había fallecido al otorgarse éste. La única diferencia con lo dicho en primera instancia es el apartamiento de Esteban Róquez, hijo mayor de Alfonso, del patronato de la capilla. El tercer testamento vuelve a incidir en este punto: Rodrigo Róquez y su esposa, Constanza González, sucederían a Alfonso y se quedarían con el remanente de la renta de la casa-tienda; añade que, si dicho matrimonio sólo tuviere hijas, éstas sucederían en el patronato, aunque serían sucedidas por sus hijos varones; en caso de no tener Rodrigo y Constanza descendencia, el patronazgo pasaría a Diego de Alcaraz, sobrino del testador, también, y a su descendencia. En el quinto y último testamento conservado se innova una vez más el orden sucesorio del patronato: reconciliado el testador con su sobrino Esteban, ordena que, fallecidos Rodrigo y Constanza, les suceda Fernando Róquez, hijo de Esteban, y luego el pariente más cercano de Alfonso, hermano del testador, aviendo varón o, en defecto de varón, a la fija mayor que oviere, e así vaya suçediendo por línea derecha para en sienpre jamás. Mari y Fernando ordenaron ser sepultados en el interior de su capilla; el día del fallecimiento de Fernando deberían acompañar su cuerpo el cabildo y clérigos de la Colegial, diciéndole, además, un oficio completo de misa, vigilia y letanía; debían salir con la cruz sobre el sepulcro, llevándole ofrenda de pan, vino y cera, al tercer día, y diciéndole cada uno de esos días dos misas. Así mismo, debían decir tres misas en honor de la Trinidad, siete por los siete gozos de la Virgen, cinco por la
EL MERCADER CONVERSO FERNANDO RÓQUEZ 251 pasión de Cristo y 12 por los Apóstoles, todas ellas rezadas y pagadas de sus bienes. Acto seguido, se constituía heredero: declaró Fernando que no tenía sucesión legítima, ni ascendientes ni descendientes, de modo que dejó todos sus bienes, muebles y raíces, en usufructo vitalicio a su esposa, para que ella biva en su honor y estado los días de su vida. Los muebles podría usarlos sin límite y, si se perdiesen, no debería dar cuenta por ellos; respecto a los raíces, debería tenerlos en pie y de manifiesto, sin poder enajenarlos en modo alguno, cobrando, eso sí, sus rentas y sirviéndose de ellos. Tras el fallecimiento de Mari González, todo el remanente debería pasar a sus herederos, que habrían de recibirlos sin quejarse, so pena de ser privados de ellos. Designa como heredero, en todos los testamentos, a su hermano Alfonso Róquez. Probablemente, lo más significativo de estos testamentos sea, junto con la sucesión del patronato de la capilla, el listado de los legados ordenados. Habida cuenta de que en 1491 la esposa del testador estaba viva, no ha de sorprender que el elenco de legados del primer testamento no sea muy amplio; tan sólo cuatro: ― a Esteban Róquez, primogénito de su hermano y heredero, Alfonso Róquez, 50.000 mrs. para que los tuviera como cosa propia; a entregar una vez falleciese Mari González. ― a Isabel, hermana de Esteban, 20.000 mrs. ― a Fernando Róquez, vecino de Baeza, sobrino también del testador, 5.000 mrs. ― a Beatriz González, hija de Rodrigo Róquez, viuda de Mateo Sánchez tintorero, 3.000 mrs. Si Beatriz premuriese a Mari González, dicha cantidad se entregaría a las hijas del primer matrimonio de dicho Rodrigo. Esta manda fue anulada en el primer codicilo (de cinco de marzo), por causas no especificadas; en su lugar, dejó 5.000 mrs. para ayuda al casamiento de las hijas de Rodrigo. Así mismo, dispuso que fueran entregados 3.000 mrs. a Blanca, hija de Juana González, hermana del causante, vecina de Yeste. El pago se haría efectivo tras el fallecimiento de la mujer de Fernando. Ocurrida esa eventualidad, en el segundo testamento (de 13 de diciembre de 1494) el testador pudo disponer de forma totalmente libre de sus bienes, aumentando, consecuentemente, el número y cantidad de los legados. Resulta evidente que el puesto eminente que había ocupado anteriormente Esteban Róquez es ahora reservado a su hermana Isabel; respecto a las cantidades asignadas, diríase que, salvo remuneraciones a terceros por sus servicios, los 5.000 mrs. se destinan a los sobrinos, hijos de los hermanos varones del testador; los 3.000 a los sobrinos, hijos de sus hermanas, y los 2.000 para los hijos de primos hermanos: ― a Isabel, hija de Alfonso Róquez, una heredad de majuelo e higueras en la Atalayuela (término de Úbeda), entre majuelo de Pedro de Raya y haza de Santa María, en propiedad, tras la muerte del padre de la legataria. ― a la misma, 30.000 mrs. en dinero y muebles, esto por el buen debdo e amor que con ella tengo e serviçios que fiso a mí e a la dicha mi muger; a entregar tras la muerte del causante.
PEDRO ANDRÉS PORRAS ARBOLEDAS 252 ― a María, también hija de Alfonso, unas casas en la collación de Santa María (entre otras casas del testador y otras de Juan cerero), que estaban gravadas con un censo anual de 250 mrs. a pagar a los hijos de Juan Ruiz de Salamanca; en propiedad. ― a Fernando Róquez, vecino de Baeza, sobrino también del testador, 5.000 mrs. ― a Beatriz, hija de Rodrigo Róquez, 5.000 mrs. ― a Mateo, hijo de Rodrigo, 5.000 mrs. ― a Blanca, hija de Juana González, 3.000 mrs. ― a Diego de Alcaraz, también sobrino del testador, 11.000 mrs., además de los 20.000 mrs. que le mandó su difunta esposa en su testamento, por serviçios que nos fiso. ― a Diego de Secilla, su sobrino, hijo de otro Fernando Róquez, 5.000 mrs., por cargos que d’él tengo. ― al maestro Juan de Secilla, 5.000 mrs., por cargos que d’él tengo. ― a Rodrigo, su sobrino, hijo de Sancho Róquez, 2.000 mrs. ― a Martín Peláez sedero, 2.000 mrs. ― a Martín Róquez trapero, su sobrino, 2.000 mrs. ― a Rodrigo, hijo menor de su hermano Alfonso, la mitad de un corral con árboles, en la collación de San Juan Apóstol; la otra mitad la había adquirido ya Rodrigo por el testamento de Mari González; el corral completo lo recibiría a la muerte de su padre. ― a Diego, hijo de Juan de Quesada, 2.000 mrs., por cargo que d’él tengo. ― a la mujer de Alonso Aseo, 2.000 mrs., por cargo que le tenía. ― a Martín de Secilla, 2.000 mrs. ― a Alonso de Baeza tintorero, 2.000 mrs. ― a su criado Alonso, hijo de Alonso García, vecino de Villanueva, 8.000 mrs., por serviçio que me ha fecho e fase. ― a Juan, criado de Alfonso Róquez, 2.000 mrs., por cargo que d’él tengo. ― a los hijos del difunto Fernando de Jaén, vecinos de Jaén, 4 doblas de oro castellanas, que los devo e soy en cargo de los pagar. En el tercer testamento, dictado tan sólo tres meses después del anterior, se repite casi a la letra el elenco de legados, sin embargo, se anotan dos variantes: por un lado, se duplica hasta 4.000 mrs. el dinero antes atribuido a Martín de Secilla, y, por otro, y esto es lo que parece haber motivado el nuevo documento, Isabel sólo va a verse agraciada con 30.000 mrs. en metálico, para ayuda a su casamiento, pero no así con la finca rústica arriba mencionada. Al mismo tiempo, añade una nueva cláusula revocando expresamente una donación que había hecho a su sobrino Esteban, consistente en una casa-tienda en la calle de las Armas (collación de San Pablo, junto a casas de Alonso de Segura trapero) y en una mitad de casas principales del testador, donde moraba, cuya otra mitad era de su hermano Rodrigo Róquez (collación de Santa María, entre casas de Alonso González mercader y otras del testador, que tenía acensuadas de los hijos de Juan Ruiz de Salamanca). Y ello porque es asý mi voluntad de la bolver a tor-
EL MERCADER CONVERSO FERNANDO RÓQUEZ 253 nar a mí e para mí, esto porque el dicho Estevan me ha seýdo yngrato e desconosçido e por otras justas causas que a ello me mueven. Pero es que antes de que transcurriesen dos meses Fernando volvió a cambiar su testamento. De nuevo, las relaciones con su sobrino Esteban están mediatizando su última voluntad. Se vuelve a repetir el listado de legados, con ligeras variantes: desaparecen del elenco Martín Peláez sedero y Alonso, criado del testador; en su lugar, Juan, nieto de Rodrigo el Tío, ahora es designado como criado del causante y recibe 10.000 mrs. por cargo de serviçio que me ha fecho e fase e por el debdo que le tengo, e porque es mi voluntad que sea asý. De este modo, recibirá en solitario las cantidades antes reservadas a ambos domésticos. Pero la principal variante se produce al final del documento, cuando, luego de repetir la cláusula revocatoria antes mencionada, a la letra, se tacha la frase: porque el dicho Estevan me ha seýdo yngrato e desconosçido e por otras justas causas que a ello me mueven. En su lugar, se añade al margen: Y, dexando como dexo en su virtud y fuerça otra donaçión que le yo fise al dicho Estevan Roques, después de la susodicha primera donaçión, de la dicha mi meytad de casas prinçipales, que alindan con las dichas casas asensaladas, e de un majuelo con sus árboles e dos faças en el Atalayuela, término desta çibdad, para que vala e pase en la forma que en ella [se] contyene e fase mençión. A comienzos de 1497 dicta Fernando Róquez su último testamento conocido. Nuevamente, se anotan variaciones en los legados, pues desaparecen de la relación Beatriz, hija de Rodrigo Róquez, Diego de Alcaraz, el maestro Juan de Secilla y Diego, hijo de Juan de Quesada (éste, tachado en el documento). De Diego de Alcaraz se vuelve a hacer mención, puesto que manda se le respete el legado de 20.000 mrs. que le había dejado su difunta esposa.34 También se menciona al maestro Juan de Secilla: E otrosí, revoco una donaçión que yo e la dicha mi mujer fesimos a maestro Johán de Çesilla, en que cobrase çiertos mrs. de las casas tyenda que así dexo en el dicho patronadgo, e quiero que no vala en tienpo alguno, ni por rasón della le finque derecho ni acçión ni recurso alguno. Al margen del documento se añade una manda novedosa a favor de María Ruiz, mujer de Andrés de Aragón carpintero, de 2.000 mrs., por cargo de serviçio que me fiso. De nuevo, vuelve a referirse a su sobrino Esteban expresamente: revoca especialmente la donación que le hizo de la casa-tienda de la calle de las Armas, por quanto en remuneraçión e satysfaçión de la dicha donaçión que yo de las dichas casas tyenda le tenía fecha, le dy mi heredad de majuelo e figueras e faças que yo tengo en El Atalayuela desta çibdad, que es a linde de faça de Santa María e de faça de herederos de Johán de Úbeda, e fue entre mí e el dicho Estevan Roques por convenençia que la dexase la dicha heredad suso nonbrada e la meytad de las casas de mi morada, que son a sulco de casas que yo tengo asensaladas de (34) Tal vez la razón de excluirle del testamento radique en haber hecho algo censurable; en la última voluntad de Martín Róquez (1520) se menciona que Diego de Alcaraz tenía en Granada a una nieta de Sancho Róquez, a la que se le debían 500 mrs. de sus servicios.
PEDRO ANDRÉS PORRAS ARBOLEDAS 254 los herederos de Johán Ruys de Salamanca, la qual pasó en pública forma ante Johán de Alcarás, escrivano e vesino de la dicha çibdad. Quince meses más tarde Fernando dictará un último codicilo conocido, estando postrado enfermo en el lecho: tras declarar que pocos días antes había otorgado otro testamento ante Andrés Fernández Franco, al que deja en vigor, estipula que hace cesión a Juana de Santa Cruz, moradora en Úbeda, de las mencionadas casas pequeñas, que tenía acensuadas de los herederos de Juan Ruiz de Salamanca, para que ella e el fijo o fija primero que della nasçiere bivan e moren e se syrvan dellas durante el tienpo de la vida suya e del dicho su fijo o fija que ella pariere e de cada uno dellos, e que las no puedan vender ni enajenar, e después de sus días e de cada uno deloos, que las dichas casas buelvan e sean de maestre Juan de Seçilla, sobrino del dicho Fernando Roques, y de sus herederos; el censo de 250 mrs. que lo gravaba ordena que se cargue sobre las casas suyas, linderas de éstas, que había legado a Esteban Róquez, de modo que Juana no pagase nada. Pasada menos de una hora de lo anterior, volvió a requerir la presencia del escribano para dejar constancia de que el testamento otorgado recientemente lo había sido ante Alonso Fernández Redondo, texto este que no nos ha llegado. Terminaban los testamentos con la designación de albaceas35 y herederos, la revocación de cualesquier testamentos y codicilos, verbales o escritos, anteriores, la data tópica y cronológica, los testigos y el escribano público que suscribía. Así pues, y como conclusión de lo dicho, resulta algo evidente que los motivos que antes anunciábamos como hipótesis son los que llevaron a esta manía testadora por parte de Fernando Róquez. En un momento indeterminado, anterior a 1491, Fernando y su esposa decidieron, además de fundar una capilla en Santa María de los Reales Alcázares, para honra de su estirpe, dejar la parte más sustancial de sus bienes a Alfonso Róquez, hermano predilecto de Fernando, y, consecuentemente, al primogénito de éste, Esteban Róquez, toda vez que ellos no habían tenido descendencia. Esteban heredaría las casas principales, en la collación de Santa María, donde moraba el matrimonio (que debían representar la mitad del hogar familiar del padre de Fernando, pues la otra mitad la tenía su hermano Rodrigo Róquez) y una casa-tienda en la calle de las Armas, lo que le garantizaba una vida relativamente cómoda, pues residiría en casa propia sin gravámenes y tendría un local comercial donde dedicarse al negocio familiar, que era fundamentalmente el comercio de paños. Al propio tiempo, Esteban heredaría el patronato de la capilla de la Colegial (que, en realidad, lo era de la casa-tienda en la calle de la Rúa, que quedaba vinculada al pago de los estipendios correspondientes a las misas dichas en esa capilla), colocándose, así, a la cabecera de su linaje. Estas previsiones sucesorias fueron mantenidas en el testamento de 1491, en el que Isabel, hermana de Esteban, recibía 20.000 mrs. para su casamiento, en tanto que éste se preveía que obtuviera bienes por valor de 50.000 mrs. No había más legados, pues contaban con la supervivencia de Mari González, esposa de Fernan- (35) En todos los testamentos es designado albacea el heredero único, su hermano Alfonso Róquez, además, en el primero consta Esteban Róquez, primogénito de Alfonso; en el de 1494 este es sustituido por Fernando Rodríguez Javalí, que seguramente sea el mismo que aparece en los documentos sucesivos como Fernando Rodríguez, mayordomo del obispo de Jaén.
EL MERCADER CONVERSO FERNANDO RÓQUEZ 255 do. Unos meses después, por vía de codicilo, se intentó contentar a los hijos del resto de los familiares directos con pequeñas cantidades. Sin embargo, María falleció antes que su cónyuge, lo que forzó a éste a volver a reclamar el concurso del escribano. En este segundo testamento, de 1494, lógicamente se suprimen todas las referencias a la difunta, pero resulta evidente que Esteban, por razones que desconocemos, ha caído en desgracia frente a su tío: es eliminado de la sucesión del patronato de la capilla y de la lista de legatarios, en beneficio de su hermana Isabel, que recibe la finca rústica de la Atalayuela y 30.000 mrs. en metálico. Al mismo tiempo, se amplía notablemente la lista de familiares, criados y acreedores a los que se destinan distintas cantidades, en cuya determinación se tienen en cuenta la afinidad de sangre y los servicios prestados. Una última referencia del testamento recoge que se anulan todas las últimas voluntades anteriores, en especial, las mandas hechas a Esteban, porque me es yngrato. Justamente tres meses después (marzo de 1495) Fernando vuelve a testar: por un lado, da entrada en la sucesión del patronato a Diego de Alcaraz, en previsión de que Rodrigo Róquez no tuviera descendencia, y, por otro, retira a Isabel el legado de la finca de la Atalayuela; así mismo, para mayor firmeza en la revocación de las cláusulas que antaño habían beneficiado a Esteban Róquez, incluye una expresa anulación de las mismas, en términos de censura muy duros contra éste. Algún efecto debieron surtir esas censuras en tío y sobrino, pues, en menos de dos meses, llegaron a una avenencia, puesta por escrito ante el escribano Juan de Alcaraz, por la que Fernando perdonaba a Esteban y le volvía a introducir en sus previsiones sucesorias; Esteban renunciaba a la casa-tienda en la collación de San Pablo (calle de las Armas) y, a cambio, recibía la finca de la Atalayuela y se le confirmaba la sucesión en las casas principales de Santa María. Así quedó, además, plasmado en el cuarto testamento (mayo de 1495), en el que seguía quedando fuera de la línea de sucesión del patronato. En el último testamento conservado (enero de 1497) Esteban ve confirmado lo antes conquistado y, así mismo, consigue que su hijo Fernando (tal vez, nacido en el ínterim de la disputa y que ha recibido el nombre de su tío-abuelo) entre en la sucesión del patronazgo, a falta de descendencia en la línea de Rodrigo Róquez, su otro tío-abuelo. También se aprecia en este documento cómo algunos de los familiares del testador han fallecido o han caído en desgracia ante él, pues son eliminados del listado de legatarios. En cualquier caso, no es posible saber si todo esto llegó a buen fin; todo parece indicar, a tenor de lo que se puede leer entre líneas del último codicilo (abril de 1498), que el hijo posiblemente póstumo de Fernando no fue legitimado, sino que prefirió dejar a la madre del niño y a éste instalados junto a la casa que acabaría siendo de Esteban Róquez y, suponemos, que bajo su protección. Vemos, pues, que no se trataba de una manía la de Fernando Róquez por acudir ante el escribano para testar, sino que las cambiantes circunstancias de la vida familiar le llevaron a dejar por escrito todos esos vaivenes, si bien es cierto que podía haber conseguido los mismos efectos, en la mayoría de los casos, dictando sucesivos codicilos; seguramente, las disponibilidades económicas de que disfrutaba le aconsejaron que, para mayor firmeza, era preferible hacer tabla rasa y otorgar tes-
PEDRO ANDRÉS PORRAS ARBOLEDAS 256 tamentos nuevos. En cualquier caso, salvo sorpresas en la investigación en curso, no sabemos qué fue, finalmente, de la sucesión del trapero Róquez. Queda por demás, finalmente, añadir que estamos en presencia de personas que, por sus dedicaciones profesionales, por sus reiterados y caracterizados apellidos y por sus ocasionales tropiezos con el Santo Oficio, pertenecieron a las comunidades judeoconversas de Úbeda y Baeza, que desarrollaron sus vidas en los momentos de mayor auge artesanal y comercial de esas ciudades gienenses.36 (36) Recientemente he redactado una investigación más compleja sobre estas realidades, en mi trabajo, aún inédito, Las comunidades conversas de Úbeda y Baeza en el siglo XVI, donde no recojo los resultados del presente estudio. Efectivamente, una vez terminado el presente trabajo, la continuación de la investigación nos ha permitido hallar algunos nuevos datos de interés sobre este linaje. La supuesta manía testadora de Fernando fue heredada también en parte por su sobrino Martín Róquez mercader, que dictó tres testamentos, incluyendo el que comentamos más arriba (17 de mayo de 1520), en 4 de marzo de 1522 y 22 de agosto de 1523 (Protocolo 1.466). Documentamos, además, a Marco Róquez en 1512 (prot. 1.466); entre 1518 y 1523 a Juan Róquez, hijo de Diego Róquez mercader, escribiente del escribano público Pedro Fernández de la Puebla, con una letra excelente (prot. 283 y 1.466); a Diego Róquez cambiador entre 1517 y 1526 (prot. 283); a Rodrigo Róquez, hijo de Francisco Róquez en 1527 (prot. 1.466); a Juan Róquez cambiador entre 1530 y 1544 (prot. 130 y 264); a Diego Róquez mercader en 1544, que probablemente sea el apodado «el Viejo» en su testamento (prot. 1.466) y a Luis Róquez, mercader de Baeza, en 1552 (prot. 12 y 39). No obstante, los datos más relevantes a la hora de establecer sin duda la filiación conversa de esta familia los hallamos en 1547, cuando consta como reconciliada Elvira Alonso, mujer de Juan Róquez, vecinos de Baeza (prot. 271), y en 1553, cuando hallamos a Diego Róquez mercader compensando al receptor del Santo Oficio, Juan de Contreras, por el alcance de los depositarios judiciales de sus bienes (155.000 mrs. resto del alcançe que se les hizo a mis secrestadores), Alonso de Segura Alférez y Juan Redondo, hijo de Fernando Redondo, conversos probablemente también (prot. 268, fol. 327-328).
EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. ESTADO DE LA CUESTIÓN 263 El cementerio ha sido constatado por varias excavaciones de urgencia dentro del casco histórico de Lorca. En la calle Rojo nº 2 se hallaron 92 inhumaciones10.En la calle Rubira nº 12 las excavaciones proporcionaron una amplia secuencia cultural que abarcaba restos pertenecientes desde la época moderna hasta época prehistórica, documentándose parte del cementerio islámico con el hallazgo de 97 sepulturas distribuidas en tres niveles distintos de enterramientos11. En esta misma calle en confluencia con calle Alburquerque, se exhumaron 12 sepulturas en zanja, documentándose una de ellas doble. Estas sepulturas se habían visto afectadas por las construcciones posteriores, apareciendo parte de los materiales constructivos de las tumbas, como ladrillos, lajas de piedra y bloques de yeso, fuera de contexto12. También en la misma calle Alburqueque se documentó un conjunto de tumbas también afectadas por construcciones posteriores, en las que se documentaron dos tipologías distintas de enterramiento: en inhumaciones delimitadas con adobes y en fosa simple sobre el terreno13. En esta misma calle esquina con calle Núñez de Arce, se documentó en un estrato de limos varios restos óseos humanos inconexos que posiblemente estaban vinculados a la maqbara14. En la Plaza de España nº 2 se exhumaron dos sepulturas15. En la calle Cava nº 20-22, se documentó una sepultura infantil16. En esta misma calle a la altura del nº 11, se hallaron los restos de un panteón funerario, qubba o morabito fechado en el S.XII, el cual estaba formado por cuatro dependencias17. En la Glorieta de San Vicente justo en la mitad de la plaza y próxima a la calle Corredera, se documentaron 22 sepulturas dispuestas en varios niveles de enterramientos18. En la calle Núñez de Arce nº 11, se exhumaron tres enterramientos en fosa (10) MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés: “Excavaciones de urgencia en la calle Rojo, nº 2, Lorca. Memorias de Arqueología, 5. Murcia, 1996. pp.629-656. (11) PONCE GARCÍA, Juana: “Excavaciones en el cementerio islámico y necrópolis ibérica de C/ Rubira, nº 12 (Lorca,Murcia)”, Memorias de Arqueología, 6. Murcia, 1997. pp.328-362. (12) ÁLVAREZ QUINTANA, J.J.: “Excavación arqueológica de urgencia en calle Rubira confluencia con calle Alburqueque (Lorca)”, XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2005. pág.336. (13) SAN VICENTE, F.J. y MARTÍNEZ GARCÍA, J.J.: “Excavación arqueológica en la calle Alburqueque de Lorca”, XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2005. pp.337-338. (14) PUJANTE MARTÍNEZ, Ana: “Excavación arqueológica en calle Núñez de Arce esquina calle Alburqueque (Manzana 28-Finca 4), Lorca (Murcia)”, XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2005. pág. 346. (15) PONCE GARCÍA, Juana: “Excavaciones arqueológicas de urgencia en la Plaza de España, nº 2 (Lorca, Murcia)”, Memorias de Arqueología, 9. Murcia, 1998. pp.346-350. (16) PONCE GARCÍA, Juana: “Excavaciones arqueológicas de urgencia en la calle Cava, 20-22 (Lorca)”, Memorias de Arqueología, 7. Murcia, 1998. pp.277-288. (17) MARTÍNEZ RODRIGUEZ, Andrés y MONTERO FENOLLÓS, Juan Luís: “La Qubba islámica de la calle Cava, nº 11. Lorca”, Memorias de Arqueología, 5. Murcia, 1996. pp.615628. (18) GARCÍA BLÁNQUEZ, L.A., MARTÍNEZ SÁNCHEZ, C. y PONCE GARCÍA, J. Memoria
RUBÉN SÁNCHEZ GALLEGO-MARÍA CHÁVET 264 simple, así como diversos restos óseos humanos localizados por todo el solar debido a la construcción de las cimentaciones modernas19. En esta misma calle, en el nº 9, en un solar de reducidas dimensiones, se documentaron 13 sepulturas20.En la calle Rincón de Moncada con calle Núñez de Arce, se documentaron 27 estructuras funerarias con tumbas excavadas en fosa simple y algunas con adobes21. Y finalmente en un solar paralelo al nuestro entre las calles Juan II y Leonés, se documentaron 11 sepulturas, que aunque han sido fechadas cronológicamente en el S. X, se deben encuadrar por su situación espacial y por los datos arqueológicos que tenemos de esta parte del casco urbano, dentro de la maqbara de los S.XI-XIII. Las sepulturas exhumadas presentaban dos fases con tipologías en fosa simple, en fosa con adobes y enterramientos en fosa con tapadera de adobes. En uno de estos enterramientos en fosa simple, perteneciente a una mujer, apareció un pendiente, cosa poco habitual en los enterramientos musulmanes22. IV. LOS RESULTADOS DE NUESTRA INTERVENCIÓN La excavación arqueológica de urgencia en el solar sito en la calle Corredera esquina con calle Juan II de Lorca (ver ubicación marcada en Lám.1), realizada entre febrero y marzo de 2004, aportó resultados y por tanto datos que nos permitieron documentar la existencia de niveles de época prehistórica, islámica y contemporánea en el solar intervenido, así como su entidad y su relación con los datos documentados a través de las diversas intervenciones arqueológicas que se han realizado en este sector del casco histórico-artístico de la ciudad de Lorca23. En cuanto a la fase de ocupación más antigua documentada, perteneciente al periodo eneolítico antiguo, la ocupación antrópica de esta zona estaba representada por la aparición de una estructura de hábitat perteneciente a un fondo de cabaña, de la cual se pudo documentar alguno de los hoyos de poste. Tras el abandono de uso de Inédita. (19) CHÁVET LOZOYA, Maria: “Excavación arqueológica de urgencia en la calle Núñez de Arce, nº 11, Lorca”, XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2005. pp. 348-349. (20) MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés: “Aportaciones al cementero islámico de Lorca. Excavaciones en la calle Núñez de Arce, nº 9 (Lorca)”, Memorias de Arqueología, 6. Murcia, 1997. pp.377-384. (21) GARCÍA RUIZ, Mario y RAMOS MARTÍNEZ, Francisco: “Noticia sobre un enterramiento calcolítico en cueva en la ciudad de Lorca (Murcia)”, Alberca. Revista de la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Lorca. Núm. 3. Lorca, 2005. pág. 41. (22) VERDÚ BERMEJO, J.A.: “Excavación “Marianela”, Lorca”, XV Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2004. pág. 31. (23) CHÁVET LOZOYA, Maria: “Excavación arqueológica de urgencia en calle Corredera-Juan II, Lorca”, XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia. Murcia, 2005. pp.350351.
EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. ESTADO DE LA CUESTIÓN 265 esta zona de hábitat, quizás por el desplazamiento de la población hacia otro lugar, se produce un segundo período de aprovechamiento del terreno adaptándose al relieve originario en ladera con la construcción de numerosos silos de almacenamiento de grano excavados sobre el estrato geológico, que se distribuían irregularmente a lo largo de toda la zona intervenida (incluso dentro de la cabaña), superponiéndose unos a otros, cortándose y conteniéndose entre sí, documentándose con diversas tipologías como circulares, acampanados, etc… . En la segunda fase documentada perteneciente al eneolítico medio/final, se produce una reestructuración del espacio, construyéndose un muro de aterrazamiento o contención para evitar el desnivel del terreno. Este muro construido quizás con los materiales provenientes de los derrumbes de la cabaña, delimitaría la nueva zona de uso del terreno también como en el periodo anterior, como zona de almacenamiento de grano. En este caso, se excavan los silos sobre un nivel de uso social prehistórico, nivel en el que también se hallan gran cantidad de restos cerámicos con una datación similar al material documentado en el interior de los silos. Estos silos de almacenamiento son más pequeños que los documentados para el periodo anterior, y aparecen totalmente enlucidos con una capa de adobes. De cronología islámica se documentó un silo de grandes dimensiones, excavado en el terreno geológico y que presentaba forma circular en la parte superior, y que se iba haciendo mas estrecho según se hacía mas profundo. La construcción de este silo de almacenamiento podría remontarse a los SS. IX-X, y estaría en relación con los resultados estratigráficos obtenidos en intervenciones de los solares paralelos al nuestro, los cuales indican una constante evolución del poblamiento en este sector del casco antiguo desde las estructuras de almacenamiento localizadas (SS. IX-X) hasta la reorganización espacial de este sector como zona en donde se ubicaría la principal necrópolis de la ciudad durante los SS. XI-XIII, de la cual se pudieron documentar 21 enterramientos dispuestos en dos niveles distintos. Los cuerpos fueron introducidos, bien directamente en estrechas fosas (de unos 35 cm de ancho) excavadas en el terreno, o bien en sepulturas con paredes de adobes. La identificación de las fosas, en la mayoría de los casos, fue muy difícil porque apenas se diferenciaban del terreno en que estaban excavadas. Y finalmente, para el periodo contemporáneo documentamos parte de las correas de cimentación del edificio demolido y algunas de las infraestructuras sanitarias de este edificio. En el primer nivel de enterramientos mas reciente documentado, se localizaron un total de 13 sepulturas con unas características tipológicas y formales que pasamos a describir a continuación: Enterramiento nº 1. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho, con las piernas ligeramente flexionadas. Parte de los brazos y las manos habían desaparecido. La cabeza estaba orientada al suroeste, los pies al noreste y el rostro al sureste. La tierra que cubría al cadáver estaba muy compactada y a la altura del tórax contenía gran cantidad de yeso. Parte
RUBÉN SÁNCHEZ GALLEGO-MARÍA CHÁVET 266 de la cadera había desaparecido y bajo ella presentaba unas piedras dispuestas a modo de cuña. El lateral izquierdo del cráneo había desaparecido por las construcciones modernas. Enterramiento nº 2. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un niño. El cráneo, la tíbia, el peroné, los pies y las manos se habían perdido. Se documentó en posición decúbito lateral derecho con las piernas ligeramente flexionadas. Presentaba orientación este. La tierra de la fosa estaba muy compactada y los huesos aparecían bastante deteriorados. Enterramiento nº 3. Fosa excavada en la tierra, muy compacta y endurecida por la gran cantidad de yeso que contenía. Sólo se conservaban las piernas y una mano. El cadáver aparecía orientado al este. Enterramiento nº 4. Fosa excavada en la tierra. En este caso sólo se conservaban los pies, orientados al noreste. FOTO 1. Panorámica de enterramientos del primer nivel. Enterramiento nº 5. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un individuo adulto colocado en posición decúbito lateral derecho, con las piernas ligeramente flexionadas, la cabeza orientada al sur, los pies al norte y el rostro al sureste. La tierra que cubría al cadáver era de una textura muy fina. Este cadáver apareció en el perfil norte del Sector I, así que se procedió a la ampliación del perfil para poder excavarlo. A la altura de la cabeza se documentó un molino barquiforme de arenisca. Enterramiento nº 1 Enterramiento nº 2 Enterramiento nº 13 Enterramiento nº 3
EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. ESTADO DE LA CUESTIÓN 267 Enterramiento nº 6. Sepultura realizada en fosa de adobes, documentada entre dos muros del S. XIX. Contenía los restos de un individuo adulto. Esta sepultura fue alterada al construir las dos fosas de cimentación de ambos muros, por lo que los restos óseos aparecían muy movidos dentro de la fosa. La cabeza estaba orientada al suroeste, aunque se había perdido gran parte. FOTO 2. Detalle del enterramiento nº 6 en el primer nivel. Enterramiento nº 7. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un individuo adulto en posición decúbito lateral derecho del que sólo se conservaban las piernas, la cadera y las manos; el resto del cadáver había desaparecido por las construcciones modernas. Los pies estaban orientados al noreste. La tierra de la sepultura era de una textura suelta, de color marrón oscuro y contenía piedras de pequeño tamaño. Enterramiento nº 8. Sepultura en fosa de adobes y enlucido interior de yeso, que presentaba forma rectangular. La cabecera de la tumba presentaba forma semicircular. La parte inferior izquierda de la tumba estaba destruida de ahí que la zona inferior de la pierna derecha no se pudo documentar. El cadáver que contenía era el de un adulto colocado decúbito lateral derecho, con la cabeza orientada al sur, los pies al noroeste y el rostro al sureste. El interior de la sepultura contenía gran cantidad de fragmentos de yeso, posiblemente de la cubierta, y algunos restos de cerámica islámica fruto de la remoción de tierra para la elaboración de la fosa.
RUBÉN SÁNCHEZ GALLEGO-MARÍA CHÁVET 268 Enterramiento nº 9. Sepultura en fosa de adobes, que se documentó destruida casi en su totalidad, por lo que fue imposible identificar si se trataba de un adulto o un adolescente. Se conservaba parte del cráneo y de los hombros pero en muy mal estado. En un lado de la tumba aparecieron gran cantidad de adobes esparcidos, posiblemente de la cubierta de la tumba. El cadáver aparecía orientado al este, como mandan los preceptos coránicos, la cabeza al sureste y el rostro al sureste. La tierra a la altura del tórax está muy compacta y contenía gran cantidad de yeso. Enterramiento nº 10. Sepultura en fosa de adobes de forma rectangular, que se documentó en paralelo al enterramiento nº 9. Contenía los restos de un adolescente, con la cabeza orientada al sur, el rostro al sureste. Las piernas no las conservaba porque la fosa había sido destruida. Alrededor de la cabeza y de los hombros presentaba unas piedras colocadas intencionalmente, siguiendo el rito funerario, para que conservara la posición decúbito lateral derecho. Enterramiento nº 11. Fosa excavada en la tierra. La sepultura contenía los restos de un niño/adolescente, colocado decúbito lateral derecho. Las piernas habían desaparecido, el resto del cuerpo había sido desplazado, dejando la columna vertebral y las costillas in situ. La cabeza aparecía orientada al sureste y el rostro hacía el norte al estar desplazado. La tierra de la fosa contenía cerámicas prehistóricas debido a la remoción de tierra para excavar la fosa. Enterramiento nº 12. Fosa excavada en la tierra. Contenía los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho. Había perdido un pie, la cabeza y la caja torácica, el resto conservado, estaba en muy mal estado. Enterramiento nº 13. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho, con las piernas rectas y las manos unidas sobre la zona púbica. Presentaba parte del cráneo alterado por una construcción moderna de cimentación. La cabeza estaba orientada al suroeste y el rostro al sureste, los pies habían desaparecido. Presentaba unas piedras, a modo de cuña, a la altura de la cadera. En este primer nivel de enterramientos, también se pudieron documentar numerosos restos humanos alofisos (un fémur y una cadera), sin conexión anatómica, debido a la remoción del terreno en épocas posteriores al uso del cementerio. En el segundo nivel de enterramientos, el más antiguo, se pudieron documentar 8 sepulturas: Enterramiento nº 14. Fosa excavada en la tierra que contenía los restos de un adolescente en posición decúbito lateral derecho. La cabeza estaba orientada al sureste, los pies al noroeste y el rostro al sureste. Las piernas estaban algo flexionadas. El cúbito y el radio del brazo izquierdo los tenía seccionados. A la altura de la cadera y de los hombros presentaba unas piedras colocadas para sujetar el cadáver en la posición correcta.
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EL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. ESTADO DE LA CUESTIÓN 271 Enterramiento nº 15. Sepultura en fosa de adobes de forma rectangular, localizada exactamente debajo de la tumba nº 8 documentada en el primer nivel de enterramientos. Contenía los restos de un adulto colocado en típica posición decúbito lateral derecho. La cabeza orientada al suroeste, los pies al noreste y el rostro al sureste. Las piernas estaban algo flexionadas y las manos apoyaban en la región pélvica. Al igual que el enterramiento nº 8, había perdido de la rodilla hacia debajo de la pierna derecha, ya que la sepultura había sido destruida parcialmente. A la altura de la cabeza presentaba unas piedras, a modo de cuña, para mantener la posición deseada del cadáver. La tierra del interior de la sepultura aparecía con cerámicas prehistóricas. Enterramiento nº 16. Fosa excavada en la tierra, contenía los restos de un individuo adulto en posición decúbito lateral derecho. Había perdido la parte superior del cuerpo (de cadera hacía arriba). Los pies estaban orientados al noreste. Las piernas las tenía colocadas totalmente rectas. En el interior de la fosa la tierra era muy arcillosa y de color oscuro, y contenía cerámicas prehistóricas. Enterramiento nº 17. Fosa excavada en la tierra, contenía los restos de un individuo adulto/adolescente, en posición decúbito lateral derecho. Se documentó en muy mal estado de conservación, ya que había perdido las piernas de rodillas hacia abajo y en la parte superior del cráneo presentaba algunas piedras de gran tamaño, posiblemente las que habían roto el cráneo. A la altura de la cabeza y de la cadera tenía unas piedras a modo de cuñas. La cabeza aparecía orientada al suroeste y el rostro al sureste. Enterramiento nº 18. Fosa excavada en la tierra, contenía los restos de un individuo adulto del que sólo se conservaba la cabeza, orientada al sur y el rostro orientado al este, y el tórax. Se documentó colocado en posición decúbito lateral derecho. Presentaba unas piedras a la altura de la cabeza y del tórax a modo de cuña. . Enterramiento nº 19. Fosa excavada en la tierra, contenía los restos de un individuo adulto en posición decúbito lateral derecho, con las piernas algo flexionadas. La cabeza orientada al sureste, los pies al noreste y el rostro al sureste. Había perdido la cadera y la parte superior de las piernas, ya que el cadáver había sido movido, aunque conservaba la posición anatómica. Destaca que este individuo presentaba la mandíbula inferior, muy desplazada hacia abajo, quedando con la boca muy abierta. Enterramiento nº 20. Fosa excavada en la tierra, contenía los restos óseos de un individuo adulto sin cráneo aunque conservaba parte de la mandíbula. Se documentó en posición decúbito lateral derecho, con los pies orientados al norte. El resto de cuerpo estaba desplazado hacia el este, quedando la cadera en su sitio, adoptando una posición extraña con la columna retorcida y presentando artrosis en algunas vértebras. Las manos descansan sobre la zona púbica,. La tierra de la fosa contenía restos de carbones y yeso.
RUBÉN SÁNCHEZ GALLEGO-MARÍA CHÁVET 272 Enterramiento nº 21. Fosa excavada en la tierra, el cadáver aparecía muy alterado por la construcción de una zapata de cimentación moderna. Se documentó en posición decúbito lateral derecho, con la cabeza orientada al sur y el rostro al este. No se conservaba de la caja torácica hacia abajo, aunque se documentaron los restos de las extremidades cerca (fémur, falanges). La columna también aparecía desplazada. También en este segundo nivel de enterramientos se documentaron restos humanos fuera de contexto y alofisos, así como fragmentos de la cubierta de yeso del enterramiento número 8. V. CONSIDERACIONES FINALES En resumen, y a modo de conclusión, podemos decir que todos los enterramientos documentados en esta excavación, presentan las mismas características que los exhumados en las distintas intervenciones arqueológicas realizadas en el entorno del cementerio, dado que todas las sepulturas, siguen los preceptos coránicos. Los cadáveres se depositaban en el interior de las fosas excavadas directamente en la tierra como ocurre con los enterramientos documentados como número 1, 2, 3, 5, 7, 11, 12, 13, 14, 16, 17, 18, 19, 20 y 21; en enterramientos de forma rectangular, con la fosa excavada en la tierra y las paredes forradas con adobes, con unas dimensiones de entre 30-40 cm. de longitud, 15 cm. de anchura y 10 cm. de grosor24, documentados en los enterramientos número 6, 9, 10 y 15; y enterramientos en los que la sepultura se ha realizado excavando una fosa en la tierra que posteriormente se ha revestido con yeso25, como ocurre con el enterramiento número 8. Todos los individuos se documentan colocados o depositados decúbito supino lateral derecho, extendidos y con las extremidades inferiores ligeramente flexionadas. Los brazos aparecen desplegados o un poco flexionados con las manos colocadas en la zona púbica. En cuanto a la disposición de los cuerpos, estos se presentan en la mayoría de los casos con orientación suroeste-noreste y con el rostro vuelto hacia el sureste, como en todos los enterramientos islámicos, aunque en algún caso (como creemos ocurre en el enterramiento número 20), la orientación del cuerpo puede variar notablemente pero la posición de la cabeza sigue cumpliendo los preceptos coránicos de orientación hacia la Meca. Otra característica que se aprecia en estos enterramientos y que es una de las principales del rito funerario, es la de la inmovilización del cadáver para que el cuerpo permaneciera en la posición en la que fue depositado en la fosa de enterramiento. Para ello se usan técnicas simples como (24) Estas dimensiones también se documentaron en las excavaciones de la calle Rojo nº 2. Ob. Cit. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés: “Excavaciones de urgencia …”, pág.647. (25) Este tipo de sepulturas también han sido localizadas en otras excavaciones del cementerio. Ob. Cit. RAMÍREZ ÁGUILA, J..A. y GONZÁLEZ GUERAO, J.A.: “Dos intervenciones en la maqbara…”, pp.116-120. Y también ha sido constado en las excavaciones del Cerro del Castillo. Ob.Cit. PONCE GARCÍA, Juana: “Los cementerios islámicos de Lorca…”, pág.131.
LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRA Y LA SERRANÍA DE RONDA 279 sus casas abiertas de par en par los viernes, los sábados y los días de fiesta para que se pudiera comprobar que habían abandonado los ritos musulmanes y hacían uso de los cristianos6. En estas condiciones, el alejamiento y el odio entre ambas comunidades fue creciendo, favoreciendo la aparición de grupos que no aceptaban la asimilación y que no hallaron otra salida que la voluntaria marginación y la rebeldía. Aunque no toda la comunidad morisca participó en los levantamientos, a los que luego se hará mención, sí alentaba y apoyaba a aquellos sectores que se alzaron contra la opresión y aspiraban a restaurar el Islam en las tierras del sur. Y entre los hombres más activos en la lucha, los que formaban la punta de lanza de la resistencia y, frecuentemente, los que desencadenaron y promovieron las hostilidades, se hallaban los monfíes7, grupos de moriscos violentos que no aceptaban la asimilación y que, desde sus apartados refugios, representaban, para las autoridades cristianas, la expresión del bandolerismo más deshumanizado, pero que para una gran parte de los antiguos mudéjares eran luchadores por la libertad y protagonistas destacados de la resistencia frente a la opresión cristiana. Según el Diccionario de la Real Academia, monfí es el moro o morisco que formaba parte de las cuadrillas de salteadores de Andalucía después de la conquista del Reino de Granada. Para Bernard Vincent, el significado de la palabra monfí -del árabe munfies el de desterrado o exiliado8. El término, por tanto, tiene distinto significado según sea empleado por moriscos o por cristianos. Cierto es que los monfíes -moriscos rebeldes y huidos de sus habituales lugares de residenciaestaban desterrados por propia voluntad, en un principio por una causa noble, como era la resistencia frente a la injusticia y la opresión, puesto que las Capitulaciones habían sido rotas de manera unilateral por los conquistadores; pero, al mismo tiempo, sus cuadrillas se veían forzadas a asaltar y robar, es decir a delinquir -al menos en las etapas más activas del conflicto-, como único medio de subsistencia en las agrestes e inaccesibles sierras donde habían buscado refugio y donde eran perseguidos por las milicias del Rey9. No obstante, las actividades de los monfíes (6) En una carta que Aben Daud envió en 1568 a los musulmanes del Norte de África, para que éstos la remitieran al Sultán de Constantinopla, hace referencia a cómo los cristianos “nos han mandado quitar la lengua arábiga..., que descubramos las caras vergonzosas, que no nos saludemos... Hannos abierto las puertas para que entre nosotros haya males y pecados; hannos acrecentado el tributo y la pena, y han intentado de mudar nuestro traje y quitar nuestras costumbres.” (Véase Apéndice Documental, Doc. nº 1). (7) De acuerdo con lo recogido por las fuentes de la época, los grupos más activos en la resistencia/bandolerismo estaban constituidos por los monfíes, los piratas o corsarios y los gandules. Estos últimos eran los miembros -como refiere B. Vincentde una milicia urbana, forma-da por hombres jóvenes y de carácter violento. A diferencia de los monfíes, que se movían especialmente en las zonas rurales, los gandules lo hacían en el medio urbano. Mármol Carvajal, al describir los alzamientos, hace frecuentes referencias a los mofíes, que aparecen siempre como promotores y mantenedores de las revueltas. (8) VINCENT, B., Minorías y marginados en la España del siglo XVI, Diputación Provincial de Granada, Granada, 1987, pág. 176. (9) Sin embargo, es necesario despojar a los monfíes del halo heroico que algunos autores, quizás dando muestras de una excesiva maurofilia, le otorgan. Mármol cita a dos famosos capitanes
ANTONIO TORREMOCHA SILVA 280 -al menos en la primera épocase han de considerar, al margen de su connotación delictiva, como el resultado de una estrategia político-militar cuyo objetivo principal era provocar la desmoralización de las fuerzas del orden y de los poderes feudales que les hostigaban: la Iglesia, el Estado y los representantes del poder económico. Desde el punto de vista de la legislación castellana de la época, por tanto, el monfí ha de ser considerado como un bandolero, un salteador de caminos, un individuo situado al margen de la ley. Este carácter delictivo de los monfíes fue desplazando, con el paso de los años, la imagen noble de defensor de la comunidad que, en un principio, parece que tuvieron10. Sin embargo, para gran parte de la población morisca no asimilada o falsamente conversa, el monfí era un héroe de la libertad, un defensor de sus derechos y quizá -como dice Bernard Vincenthasta un hombre santo. De ahí el prestigio de que gozaron muchos de ellos entre la comunidad morisca11. El problema morisco, en el que se encuadra el fenómeno monfí, debe ser considerado, pues, como una situación límite de autodefensa o, como apunta Vernaldo de Quirós, como un conflicto entre civilizaciones. 2.- LOS ANTECEDENTES DEL FENÓMENO MONFÍ La reciente investigación está de acuerdo en que la sublevación de los moriscos de la Alpujarra en 1568 y algo después en la Serranía de Ronda, tuvo sus orígenes en la actitud intolerante de las autoridades cristianas desde los tiempos de la conquista de Granada, acrecentada con la llegada a la ciudad de Jiménez de Cisnemonfíes, los hermanos Lope y Gonzalo Seniz que habían cometido numerosas fechorías y que habían matado, antes de la general sublevación, a un mercader llamado Enciso y a cuatro cristianos más que volvían de una feria. Gonzalo, antes de dedicarse al bandolerismo había estado cuatro años preso en la cárcel de Granada por homicidio. (Citado por J. CARO BAROJA, Los Moriscos del Reino de Granada, Edic. Istmo, 2ª Edición, Madrid, 1976, pág. 168). (10) Con frecuencia los campesinos moriscos que eran objetos de abusos por parte de alguna autoridad, recurrían a los monfíes para que éstos, al frente de sus cuadrillas, intervinieran y se tomaran la justicia por su mano. Un ejemplo de ello nos lo presenta Mármol Carvajal. Refiere el cronista que “como saliesen el martes 22 dias del mes de diciembre Juan Duarte y Pedro de Medina, y otros cinco escribanos y alguaciles de Ujíjar con un morisco por guia, y fuesen por los lugares haciendo desórdenes..., llevándose las bestias de guia, unos moriscos cuyas eran, creyendo no las poder cobrar mas.., acudieron a los monfíes, y rogaron al Partal y al Seniz de Bérchul que saliesen a ellos con las cuadrillas y se las quitasen; los cuales no fueron nada perezosos, y el jueves en la tarde, 23 dias del dicho mes, llegando los cristianos á una viña del término de Poqueira, salieron a cortarles el camino y las vidas juntamente...., y matando los seis dellos, huyeron Pedro de Medina y el morisco”. (LUIS DE MÁRMOL CARVAJAL, “Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada”, en Historiadores de sucesos particulares, I, Biblioteca de Autores Españoles, 1946, Edición facsímil, Edit. Arguval, Málaga, 2004, pág. 89). (11) Capitanes famosos de monfíes fueron Esteban Partal, los hermanos Lope y Gonzalo Seniz, Bartolomé el Fetén y el Nacoz de Nigüeles.
LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRA Y LA SERRANÍA DE RONDA 281 ros y, sobre todo, por las medidas tomadas durante el reinado de Felipe II12. La política aplicada por la Corona, la Iglesia y los poderes feudales que esperaban su cuota de beneficios territoriales como pago a su intervención en la empresa conquistadora, fue de asimilación forzosa, cuando no de abierta persecución religiosa y anulación de los elementos de identidad cultural13. Hasta el momento de su conversión, los mudéjares granadinos eran súbditos de la Corona de Castilla, aunque unos súbditos recién incorporados que profesaban la fe musulmana, como la habían profesado los musulmanes que aceptaron permanecer en territorio castellano o aragonés en los siglos anteriores. Pero una vez forzados a abrazar el cristianismo, se convertían en reos de la Inquisición si continuaban usando costumbres tan inocuas como bañarse a menudo o portar ropa morisca o, simplemente, eran acusados por algún cristiano viejo de retornar a sus antiguas prácticas religiosas14. Las autoridades eran conscientes de que las conversiones en masa no formaban cristianos convencidos y que los moriscos aceptaban el bautismo sin oponer resistencia, pero continuaban ejerciendo su religión secretamente, circuncidando a sus hijos, casándose bajo el rito musulmán y enterrando a sus muertos mirando a la Meca. A través de diversas fatwas emitidas por alfaquíes de la época, se sabe que existía cierta tolerancia, por parte de las autoridades religiosas musulmanas, para que los moriscos continuaran ejerciendo secretamente su religión aunque, de cara a sus convecinos, fueran buenos cumplidores de los preceptos cristianos. Estas fatwas llegaban, incluso a permitirles beber vino y comer carne de cerdo si se veían en la necesidad de ello15. Los intentos de hacer desaparecer los linajes y con ellos los lazos de solidaridad mediante los destierros o las persecuciones no tuvieron éxito. El principio de asabiyya o solidaridad agnática -casi desparecido en al-Andalus en la Baja Edad Mediavolvió a reaparecer conservándose en las comunidades moriscas casi intacto, siendo uno de los aglutinantes de las rebeldías y de la oposición a la asimilación forzosa. Aunque, por otra parte, esta misma fuerza de los linajes -algunos de (12) Véase: J. CARO BAROJA, op. cit., pág. 48 y sigs. (13) MÁRQUEZ VILLANUEVA, F., “El problema historiográfico de los moriscos”, en Bulletin Hispanique, LXXXVI, 1984, pág. 86. En opinión de A. Domínguez Ortiz y B. Vincent la política de asimilación resultó un rotundo fracaso, siendo el detonante de los levantamientos y desencuentros de las décadas siguientes (DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., y VINCENT, B., Historia de los moriscos, Alianza Editorial, Madrid, 1985, pág. 28). (14) CARO BAROJA, J., op. cit., pág. 49. (15) Desde le punto de vista moral, los moriscos que aspiraban a vivir en paz con sus vecinos cristianos, pero que no querían abjurar de sus creencias y costumbres, se enfrentaban a un gran dilema. La fatwa emitida por el Mufti de Orán en 1563, recomendaba a los musulmanes que permanecían en España que simularan la conversión, incluso que bebieran vino o comieran cerdo, pero que no abandonaran sus tierras hasta que los musulmanes volvieran a ocupar de nuevo al-Andalus (AHMED BENRENDAME, “Del exilio voluntario de los moriscos a la expulsión definitiva o la emigración hacia Marruecos y el deseo de volver a España: Estudios de algunas fatuas de los alfaquíes de la época”, Actas del Encuentro “La política y los moriscos en la época de los Austrias”, Sevilla la Nueva, Madrid, Consejería de Educación y Cultura, Comunidad de Madrid, 1999, pág. 70).
ANTONIO TORREMOCHA SILVA 282 ellos profundamente enfrentados16fue una de las causas de las enemistades surgidas entre los cabecillas de las revueltas, de las frecuentes traiciones y de la derrota final de los moriscos en el año 1570. La creciente opresión ejercida por la Inquisición17, la Iglesia y la administración real obligó a muchos moriscos a aceptar la asimilación como un mal menor, y a otros, que se opusieron a abandonar sus modos de vida tradicionales y vivir como criptomusulmanes, a encastillarse en las sierras, ponerse fuera de la Ley y convertirse en desterrados o monfíes, como refiere Mármol Carvajal18. Aunque la rebeldía morisca se detecta a partir del momento de la conquista de Granada, desde mediados del siglo XVI el problema morisco tomó un nueva y perocupante dimensión al integrarse, como un elemento más, en la pugna surgida entre el Imperio Turco y la Cristiandad occidental de la que el Imperio Hispánico de Felipe II constituía el baluarte fundamental. Los ataques de corsarios turcos y berberiscos a las costas andaluzas y levantinas y los contactos documentados entre los moriscos y sus correligionarios otomanos y norteafricanos, hicieron temer la preparación de una “quinta columna” en el interior de España con la finalidad de organizar una sublevación general que facilitara la invasión otomana de la Península. Estos temores condujeron a incrementar la presión ejercida en torno a la comunidad morisca, cuya absoluta y definitiva asimilación se consideró como una cuestión “de Estado”, como un factor de primer orden en la defensa de España y en el efectivo control del litoral mediterráneo. La sociedad cristiana, sobre todo la asentada en las costas andaluzas y levantinas, tenía miedo y el Rey respondió, al fin, a sus demandas: en 1567 se proclamó una pragmática real prohibiendo una serie de costumbres moriscas y sometiendo a los conversos a una vigilancia continua por parte de los cristianos viejos que debían denunciar a los criptomusulmanes a la Inquisición19. A partir de esa fecha se constata que el número de los monfíes aumentó y que sus acciones de asalto y saqueo en caminos, aldeas y cortijos se incrementaron hasta tal punto que (16) CARO BAROJA, J., op. cit., pág. 78. (17) La actuación de la Inquisición sobre los moriscos, en tiempos de Felipe II, es equiparada, por Gamal Abdel Karim, como de auténtica “limpieza étnica” (GAMAL ABDEL KARIM, “Algunas reflexiones sobre la política inquisitorial de los monarcas de la Casa de Austria y los moriscos”, Actas del Encuentro “La política y los moriscos en la época de los Austrias”, Sevilla la Nueva, Madrid, Consejería de Educación y Cultura, Comunidad de Madrid, 1999, pág. 14). Pueden consultarse otras obras relacionadas con la Inquisición y los moriscos. Véanse, por ejemplo: B. VINCENT, Los moriscos y la Inquisición (1563-1571), Revista Chronica Nova, Granada, 1982; H. CHARLES LEA, op. cit., (sobre todo, las páginas 341 a 408); J. CARO BAROJA, Soliloquio sobre la Inquisición y los Moriscos, Madrid, 1976; M. GARCÍA-ARENAL, Inquisición y moriscos. Los procesos del tribunal de Cuenca, Madrid, 1987 y J. I. GÓMEZ ZARRAQUINO, La Inquisición y los moriscos de Aragón en la segunda mitad del siglo XVI, Zaragoza, 1980. (18) MÁRMOL CARVAJAL, L. de, op. cit., pág. 66. (19) El contenido de la pragmática es recogido por CARO BAROJA, J., op. cit., págs. 158 y 159.
LOS MONFÍES DE LAS ALPUJARRA Y LA SERRANÍA DE RONDA 283 estas actuaciones se consideraron, por una parte de las autoridades, como el aviso de una inminente sublevación de todos los moriscos del Reino de Granada. 3.- LA SUBLEVACIÓN DEL DÍA DE NOCHEBUENA Y EL POSTERIOR LEVANTAMIENTO GENERAL DE LOS MORISCOS Y así era. Una insurrección generalizada estaba en marcha en los primeros meses de 1568. Sin embargo, los notables moriscos de la capital granadina, que temían que una rebelión armada perjudicara el status social que habían logrado alcanzar, esperaban que con el inicio de los disturbios, el rey interviniera y se suspendiera la pragmática de 1567. Pero los cabecillas de la rebelión -casi todos monfíesaspiraban a algo más que mejorar su situación como súbditos de la Corona de Castilla: con sus propias fuerzas y la ayuda solicitada a turcos y berberiscos esperaban conseguir el control de las ciudades y aldeas y reinstaurar el dominio musulmán en Granada. La insurrección, preparada para el día 15 de abril, hubo de retrasarse porque el Capitán General del Reino de Granada, Marqués de Mondéjar, había sido informado del complot. Pero el temor y la certeza de que algo se preparaba provocó que los cristianos intentaran saquear el barrio morisco del Albaicín20. Mondéjar logró interceptar dos cartas que el cabecilla Muhammad Aben Daud dirigía a los berberiscos norteafricanos solicitando su ayuda21. Remitió estas misivas a Felipe II comunicándole la inminencia de una rebelión en el Reino de Granada y rogándole que le enviara refuerzos de tropa o que suspendiera la pragmática de 1567. Sin embargo, en la Corte no se creía en la inminencia de tal sublevación, atribuyéndose la alarma existente al temor de los cristianos frente a las acciones esporádicas de los monfíes en los pueblos y caminos de la sierra y de los corsarios berberiscos en la costa. Al fin se acordó iniciar el alzamiento en el día de Navidad. Como refiere Diego Hurtado de Mendoza, “...acordaron que fuese en la fuerza del invierno...., la noche de Navidad, que la gente de todos los pueblos está en la iglesia, solas las casas, y las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados, desarmados, torpes con el frío, suspensos con la devoción, fácilmente podían ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta y acostumbradas a asaltos semejantes...”22. Previamente, y con el fin de predisponer a los moriscos de la ciudad de Granada en favor de la insurrección y animarles a participar en ella, se había hecho correr el rumor por los jefes de la revuelta de que se esperaba un desembarco de turcos el día de Nochebuena para unirse al alzamiento. Varios miles de moriscos de la Vega y la Alpujarra entrarían en la capital vestidos con atuendos turcos para (20) MÁRMOL CARVAJAL, L. de, op. cit., págs. 82 y 83. (21) Véase el Apéndice Documental. Doc. nº 1 y 2. (22) HURTADO DE MENDOZA, D., Guerra de Granada hecha por el rey de España don Felipe II contra los moriscos de aquel Reino, sus rebeldes, Clásicos Castalia, Valencia, 1970, pág. 110.
ANTONIO TORREMOCHA SILVA 284 hacer creer a la población morisca de la ciudad -poco proclive al levantamiento, como ya se ha referido23-, que el éxito de la conjura estaba asegurado y atraerlos así a su causa24. El día 23 de diciembre se adelantó la rebelión en la Alpujarra, donde una partida de monfíes atacó a un grupo de funcionarios de Ugíjar que volvían de Granada. Aquella misma noche otra partida, en connivencia con Fernando El Zaguer, alguacil morisco de Cádiar, emboscó y mató a unos soldados que pernoctaban en las casas del pueblo. Después de esta acción, El Zaguer y uno de los jefes monfíes reunieron a todos los moriscos de los pueblos vecinos y los concentraron en Ugíjar. Los días 24 y 25 partidas de monfíes fueron de pueblo en pueblo extendiendo la rebelión, atacando a los vecinos cristianos y saqueando sus casas y las iglesias. El sábado 25 algunos moriscos llegados de Órgiva informaron al Marqués de Mondéjar de que la Alpujarra se había alzado en armas. En la noche del 25 al 26 entró en al Albaicín el cabecilla de la rebelión, Faray ibn Faray, acompañado de ciento cincuenta monfíes con la intención de convencer infructuosamente a los jefes moriscos de la capital de que se unieran a la rebelión25. Según Mármol, se situaron en un cerro ubicado sobre el Albaicín y proclamaron el levantamiento con estas palabras: “No hay más que Dios y Mahoma, su mensajero. Todos los moros que quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho a sus personas y ley, vénganse a juntar con estas banderas, porque el rey de Argel y el Jerife, a quien Dios ensalce, nos favorecen, y nos han enviado toda esta gente y la que nos está aguardando allá arriba. Venid, venid; que ya es llegada nuestra hora, y toda la tierra de los moros es levantada”26. Finalmente, Mondéjar salió con sus tropas en persecución de Faray y los monfíes, entretanto éstos alcanzaban los pueblos de la sierra y los alzaban en (23) Parece suficientemente demostrado que los moriscos más acomodados que habitaban en las zonas urbanas no intervinieron en las insurrecciones. Como refiere J. Caro Baroja, “llevaban una vida muelle, y aunque en el fondo tuvieran odio a los cristianos, procuraban no sólo ocultarlo, sino también paliarlo con el confort” (CARO BAROJA, J., op. cit., págs. 93-94). (24) Está documentada la presencia de contingentes de turcos y berberiscos entre las tropas rebeldes y que estas milicias extranjeras no estaban bien vistas por la población morisca. Así lo recoge Mármol Carvajal en su narración de la revuelta. Refiere este autor: “Y porque (Aben Humeya) no se fiaba de los turcos ni estaba bien con ellos, ó por ventura no tenía con qué pagarles el sueldo mientras estuviesen ociosos, por apartarlos de sí los había enviado á la frontera de Órgiba á orden de Aben Aboo. Sucedió pues que como estos hombres viciosos eran todos corsarios, ladrones y homicidas, donde quiera que llegaban hacían muchos insultos y deshonestidades, forzando mujeres y robando las haciendas á los moros de la tierra.” (MÁRMOL CARVAJAL, L. de, op. cit., pág. 199). (25) Una descripción de la rebelión en Granada puede hallarse en la obra clásica de H. CHARLES LEA, Los moriscos españoles. Su conversión y expulsión, Universidad de Alicante, Alicante, 2001, pág. 289 y sigs. (26) MÁRMOL CARVAJAL, L. de, op. cit., pág. 91.
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