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Los caminos de la integración. Las élites locales en la Hispania meridional entre la República y el Alto Imperio romano (ss. III a.C. - II d.C.)

Ortiz Córdoba, José,Morales Rodríguez, Eva María

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José ortiz Córdoba LOS CAMINOS DE LA INTEGRACIÓN: LAS ÉLITES LOCALES EN LA HISPANIA MERIDIONAL Entre la República y el Alto Imperio romano (ss. iii a.C. – ii d.C.) Granada, 2023 © Los autores © Editorial Comares, 2023 Polígono Juncaril C/ Baza, parcela 208 18220 Albolote (Granada) Tlf.: 958 465 382 www.comares.com • E-mail: [email protected] facebook.com/Comares • twitter.com/comareseditor • instagram.com/editorialcomares ISBN: ??? • Depósito legal: Gr.??? Impresión y encuadernación: Comares COMARES HISTORIA Director de la colección: Miguel Ángel del Arco Blanco envío de propuestas de publiCaCión Las propuestas de publicación han de ser remitidas (en archivo adjunto de Word) a la siguiente dirección electrónica: [email protected]. Antes de aceptar una obra para su edición en la colección «Comares Historia», ésta habrá de ser sometida a una revisión anónima por pares. Los autores conocerán el resultado de la evaluación previa en un plazo no superior a 90 días. Una vez aceptada la obra, Editorial Comares se pondrá en contacto con los autores para iniciar el proceso de edición. sumario IntroduccIón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . VII José Ortiz Córdoba Eva María Morales Rodríguez LA CONQUISTA ROMANA Y LA CONFORMACIÓN DE UNA NUEVA CLASE DIRIGENTE La oLIgarquía hIspanorromana deL aLto guadaLquIVIr (jaén): conformacIón e InterreLacIones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 Alejandro Fornell Muñoz Las éLItes LocaLes en eL sureste penInsuLar: La conformacIón de una cLase socIaL tras La conquIsta romana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27 María Juana López Medina LAS ÉLITES EN EL MARCO COLONIAL Y MUNICIPAL DE LA HISPANIA MERIDIONAL Las coLonIas romanas de césar y de augusto en La hispania merIdIonaL: una nueVa éLIte para un tIempo nueVo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 José Ortiz Córdoba La socIedad de Colonia patriCia (Corduba) en época aLtoImperIaL: Los grupos prIVILegIados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 Enrique Melchor Gil Antonio David Pérez zurita éLItes munIcIpaLes: IntegracIón, conVIVencIay promocIón en época fLaVIa . . . . . . . . . 103 Eva María Morales Rodríguez VI ClásiCos modernos de historia soCial FUNDAMENTOS ECONÓMICOS E IDEOLÓGICOS DE LAS OLIGARQUÍAS DEL SUR HISPANO aLgunos comentarIos sobre Las InscrIpcIones beta y delta de Las ánforas oLearIas dresseL 20 como fuente para eL estudIo socIaL de La bétIca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137 Juan Manuel Bermúdez Lorenzo accI, una ceca deL sur de La hIspanIa cIterIor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153 Helena Gozalbes García Ángel Padilla arroba IntroduccIón La expansión por el Mediterráneo favoreció el contacto de Roma con realidades sociales y políticas sumamente diversas. La creación de su enorme imperio territorial vino acompañada de la necesidad de unificar y administrar de forma estable esta enorme estructura. Roma debió asumir así el reto de unificar y amalgamar las diversas realidades que lo componían, dotándolas de procedimientos jurídicos y elementos comunes que generaran una conciencia colectiva y un sentimiento de unidad. Este modelo, que combinó las tendencias homogeneizadoras promovidas por el poder central con el mantenimiento de un alto grado de autonomía local, se sustentó principalmente sobre la ciudad, erigida desde muy pronto como el pilar básico sobre el que Roma articuló la vertebración de su amplia y compleja realidad histórica. La difusión del modelo de la civitas al territorio provincial se realizó a través de dos procedimientos complementarios. El primero de ellos fue el de la colonización, fórmula que implicaba la creación de nuevas ciudades; el segundo, el de la municipalización, procedimiento a través del cual se facilitaba la integración de los centros urbanos preexistentes mediante su adaptación a la nueva realidad romana. El origen de ambos modelos remite al mundo itálico, donde fueron ensayados por Roma en el transcurso de la conquista de esta península. La experiencia adquirida durante esos años fue decisiva para enfrentarse posteriormente al enorme reto que suponía la administración y el control de un vasto imperio territorial. La progresiva implantación a lo largo de todo el Mediterráneo de las fórmulas cívicas propias del mundo romano vino acompañada de la generación de una nueva aristocracia que monopolizó el ejercicio del poder. Su principal marco de actividad estuvo compuesto por la ciudad. Colonias y municipios recibieron estatutos jurídicos inspirados en la práctica administrativa romana y gozaron de un amplio grado de autonomía que ayudó al desarrollo de una fuerte conciencia cívica totalmente compatible con el respeto a la autoridad imperial. De hecho, la figura del emperador, protegida y ensalzada por la propaganda oficial, se erigió en garante de la unidad de un mundo VIII José ortiz Córdoba, Eva María MoralEs rodríguEz multiforme. En las ciudades se manifestaron claramente los procesos de integración y de promoción social que permitieron a muchos hispanos incorporarse a las filas de la nueva élite provincial. Sus miembros asumieron plenamente los marcos ideológicos y sociales promovidos por la Urbs, convirtiéndose rápidamente en destacados protagonistas de la actividad integradora desplegada por Roma. La estructura política del mundo romano, su organización social, su modelo de civilización, en definitiva, se sustentó sobre esta pujante oligarquía. Bajo este término se ha englobado tradicionalmente a aquellas personas que disfrutaron de una posición preeminente gracias a su riqueza, prestigio social y poder político. La composición y las características de esta clase dirigente fueron cambiando y evolucionando al compás de la expansión romana por el Mediterráneo. Durante este tiempo Roma fue asimilando e incorporando a todos aquellos componentes del mundo provincial que se mostraron dispuestos a aceptar el nuevo orden, en la medida en que éste les garantizaba un papel preeminente. Asimismo, el establecimiento en las provincias de grandes grupos de población itálica facilitó la profunda transformación social de las tierras conquistadas. Ambos mundos, indígena e itálico, confluyeron y se fusionaron en el marco de la ciudad. Abordar el análisis de esta nueva élite provincial es una labor ardua y compleja, pues abarca numerosos aspectos que van más allá del ámbito de las relaciones sociales. No podemos comprender sus estructuras y características sin conocer adecuadamente los procesos de integración y promoción social que se dieron en este periodo, que fueron claves en la génesis de esta oligarquía y para los que era necesario cumplir una serie de «requisitos» de índole jurídica, social, familiar y económica, además de haber adoptado las formas de vida y las pautas de comportamiento que demandaba la nueva realidad. Tampoco podemos aproximarnos al conocimiento de esta élite sin entender adecuadamente el papel institucional y la intensa actividad política desarrollada por sus miembros, que ejercieron un estrecho control sobre las instituciones de gobierno —senados y magistraturas— de sus respectivas ciudades, un monopolio que también se extendió a los cargos religiosos, que en el mundo romano gozaron de una enorme proyección pública. Igualmente importante resulta la comprensión de la forma en que los componentes de esta oligarquía asimilaron y aceptaron como propio el sistema de valores de la aristocracia tradicional romana. Este hecho se observa, por ejemplo, en el ámbito de la religiosidad, con la correspondiente asunción de la religión oficial romana y la aceptación del culto imperial, uno de los campos donde se manifestó más claramente la lealtad y adhesión al régimen imperial, pero también en las formas de autorrepresentación pública y en el desarrollo de una gran generosidad cívica manifestada en la práctica del evergetismo, que conforma una de las características propias de la ciudad romana. Todo ello no hubiera sido posible sin la posesión de unas sólidas bases económicas que permitieron sustentar el estatus social y la actividad pública de esta oligarquía, que mantuvo, en muchos casos, una estrecha relación con los sectores IX IntroduccIón productivos de su entorno. Fuente esencial de su riqueza fue la actividad agrícola, plasmada sobre todo en la explotación del olivar, que generó grandes riquezas a las familias del sur hispano, permitiendo incluso que algunas de ellas pudieran trasladarse a Roma para seguir ascendiendo socialmente. Sin embargo, tampoco deben olvidarse los beneficios generados por otros sectores económicos bien documentados en las fuentes literarias, epigráficas y arqueológicas, como el comercio, la minería o la producción y venta de salsas elaboradas a base de pescado, como el garum, que alcanzaron gran prestigio en el mundo romano. En el caso de la península ibérica el nacimiento de esta nueva clase dirigente fue consecuencia directa de la conquista, que transformó radicalmente la realidad hispana. Al establecerse en la región, Roma tomó contacto con las estructuras sociales de los pueblos peninsulares, dominadas por la élite indígena. Como en todas las provincias del mundo romano, esta aristocracia local fue progresivamente incorporada a la nueva organización política. La introducción de nuevos patrones de gobierno, adaptados a los cánones romanos, facilitó la transformación cultural e ideológica de los grupos dirigentes indígenas, que fueron progresivamente mutando hasta convertirse en aristocracias municipales plenamente adaptadas a las formas administrativas y a los valores culturales romanos. De esta manera, las categorías sociales romanas, la vida municipal y las instituciones cívicas fueron asumidas rápidamente por las comunidades del sur hispano en un contexto de profunda y temprana latinización. Durante esta primera etapa de la conquista el papel desempeñado por los emigrantes itálicos, principalmente soldados y comerciantes, fue fundamental para impulsar este proceso. Su presencia facilitó el desarrollo de la romanización y con ella la formación de una nueva clase dirigente en la que convergieron la oligarquía indígena y la población itálica. La colonización promovida por César y Augusto en la segunda mitad del siglo I a.C. contribuyó decisivamente a la aceleración de los procesos históricos iniciados tras la conquista. Sus consecuencias fueron notables y generaron grandes cambios en un periodo de tiempo relativamente corto, el que transcurrió entre la guerra civil y el cambio de Era. Las fundaciones coloniales realizadas en este contexto, que tuvieron un especial impacto en el valle del Baetis, reflejan los profundos cambios sociales derivados del proceso de crisis secular que sir Ronald Syme definió como Revolución Romana. Durante la misma se produjo la quiebra definitiva de las instituciones republicanas y el alumbramiento de un nuevo régimen político con el que Augusto puso fin a las guerras civiles. Este complejo contexto influyó decisivamente en la sociología de las nuevas fundaciones, donde fueron integrados miembros de la plebe romana y numerosos veteranos del ejército. En algunas ocasiones los censos coloniales se completaron con aportes procedentes de la emigración itálica y con la integración puntual de algunos individuos de origen indígena. El desarrollo de la colonización generó un nuevo marco ideológico y social que se refleja claramente en la monumentalización emprendida por las ciudades de la región y en las actividades públicas que llevaron a XJosé ortiz Córdoba, Eva María MoralEs rodríguEz cabo los miembros de sus élites. Este proceso de integración fue completado por los emperadores de la dinastía Flavia a finales del siglo I d.C. La concesión general del ius Latii realizada por Vespasiano a los hispanos durante la censura del 73-74 d.C. posibilitó la conversión de numerosos centros indígenas en municipios de derecho latino. Con ello se favoreció la incorporación de sus respectivas oligarquías al mundo romano, culminando de esta manera la integración socio-política y la homogeneización administrativa de los territorios hispanos. Las sólidas bases establecidas durante estos años de profundos cambios facilitaron el ingreso gradual de algunas familias provinciales en los ordines más altos de la sociedad romana, el ecuestre y el senatorial, permitiendo de esta manera que muchos hispanos se incorporaran a la gestión política del Imperio. Para ello debieron trasladarse a la propia Roma, donde muchos desarrollaron exitosas carreras públicas que impulsaron su incorporación al selecto círculo de la aristocracia romano-itálica, con la que compartían similares fundamentos ideológicos. Este proceso, con el que se completaba la integración de las provincias hispanas en el horizonte romano, no supuso, sin embargo, el olvido de las raíces locales, puesto que los caballeros y senadores hispanos siguieron manteniendo estrechos lazos con sus comunidades de origen. El libro que el lector tiene sus manos pretende profundizar en el conocimiento de las élites locales del sur peninsular desde una perspectiva amplia y diversa, buscando con ello satisfacer un doble objetivo: por un lado, ofrecer, desde diferentes ópticas, un estado de la cuestión sobre el tema objeto de estudio; por otro, generar una visión de conjunto sobre las dinámicas urbanas y sociales de la Hispania meridional en el periodo comprendido entre la conquista romana y el final del Alto Imperio. De esta manera, los trabajos incluidos en este volumen prestan especial atención a los procesos de génesis y formación de las oligarquías locales en la Hispania meridional, a los fundamentos económicos e ideológicos que sustentaron su posición y permitieron su integración en el mundo romano y a la promoción de algunos miembros de estas oligarquías hacia los ordines superiores de la sociedad romana. Asimismo, el análisis de la documentación literaria, epigráfica y numismática proporcionada por la región nos permite aproximarnos al esquema de valores de esta élite local, a su forma de ejercer el poder, al modo en el que se autorrepresentaron en el espacio público y a las relaciones sociales y familiares que establecieron entre ellos. El punto de partida de nuestro estudio está constituido por la llegada de Roma al sur hispano durante la segunda guerra púnica, que supuso el final del poder cartaginés en la Península y el inicio de la dominación romana. A partir de este momento la ciudad del Tíber puso en práctica diversos métodos de actuación con el objetivo de organizar el territorio anexionado y facilitar la progresiva integración de la heterogénea realidad sobre la que proyectó su dominio. Nuestro camino finalizará entre finales del siglo II e inicios del siglo iii d.C., cuando la llegada al poder de la dinastía Severa inaugura una nueva etapa histórica que presenta cambios sustanciales respecto al periodo anterior. XI IntroduccIón Algunos de ellos se manifestaron en el ámbito de la vida urbana y de la estructura social, donde la ciudadanía romana perdió su importancia como elemento estructurante de la sociedad tras la promulgación de la Constitutio Antoniniana. Respecto al ámbito geográfico elegido para realizar este estudio, la Hispania meridional, queremos reseñar el uso consciente de esta delimitación geográfica en lugar de la correspondiente al ordenamiento provincial romano, ya que esto permite incorporar a este volumen los territorios mineros del Alto Guadalquivir, la zona del altiplano granadino y el litoral almeriense. Estos sectores formaron parte inicialmente de la provincia Ulterior Baetica, de la que fueron desgajados con posterioridad para incorporarse a la Hispania Citerior. Pese a ello, siguieron conservando estrechos lazos sociales, culturales y económicos con su provincia original. De igual modo, queremos reseñar que la región elegida para este estudio constituye, por varios motivos, un marco privilegiado respecto a otras zonas de la península ibérica para abordar el análisis de los procesos de integración social y de formación de las oligarquías locales. En primer lugar, porque en ella la influencia romana se proyectó desde el siglo iii a.C., coincidiendo con la conquista y expulsión de los cartagineses, y se vio facilitada, además, por la existencia de una cierta tradición urbana entre los pueblos de la región, fruto de sus contactos con fenicios, griegos y cartagineses. En contraste con la relativa rapidez con la que fueron sometidos los pueblos del sur de la Península, la conquista y pacificación de las tierras del interior y del norte ocupó la actividad de Roma, de una forma constante pero no continua, durante prácticamente todo el periodo republicano y los primeros años del principado augusteo. Precisamente, el distinto carácter en el tiempo que presenta la conquista de los diferentes pueblos prerromanos de Hispania, al mismo tiempo que la desigual realidad histórica de la que partía cada uno de ellos, constituyó un factor decisivo que incidió en el diferente ritmo que adquirieron las transformaciones sociales y económicas experimentadas por las comunidades locales, que fueron mucho más tempranas e intensas en las tierras del sur. En segundo término, porque el valle del Guadalquivir, que acabó conformando el núcleo de la provincia Ulterior, constituyó un espacio preferente para la instalación de las poblaciones itálicas que acompañaron la conquista romana. Como escribió Séneca algunos siglos más tarde en su Consolatio ad Helviam (7, 7): ubicumque vicit Romanus, habitat. Cumpliendo esta máxima, que resumía perfectamente la forma de actuar de Roma respecto a los territorios y gentes sometidos a su dominio, la conquista de Hispania supuso la llegada de un importante número de inmigrantes que facilitaron el consecuente proceso romanizador de las primeras regiones ocupadas, esto es, las tierras costeras del mediterráneo y los fértiles valles del Ebro y el Guadalquivir. La naturaleza de esta primera emigración debe relacionarse con la composición de los contingentes militares enviados a la Península, aunque sobre ella también incidieron motivaciones de carácter económico, tal y como señalan las fuentes literarias, que