De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias
Abstract
Agradezco los comentarios de Belén Liedo y Pablo García-Barranquero a una versión previa del manuscrito, así como a los revisores anónimos de la revista Isegoría y al público de Valencia, Santiago de Compostela y Málaga por sus aportaciones.
Full text
311 ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias From Transhumanist’s Morphological Freedom to Posthuman Corporeality: Convergences and Divergences JON RUEDA ETXEBERRIA* Universidad de Granada c * [email protected] / ORCID ID: https://orcid.org/0000-0001-5789-7515 Copyright: © 2020 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). [Recibido: junio 2019 / Aceptado: abril 2020] RESUMEN. Tanto el transhumanismo como el posthumanismo filosófico han prestado una atención especial a la corporalidad humana en relación al avance tecnológico. En el presente artículo, se comienza señalando cómo ambos movimientos difieren significativamente respecto a la herencia del humanismo. Posteriormente, se aborda la noción transhumanista de la ‘libertad morfológica’ de la mano de More, Sandberg y Bostrom. A continuación, se presentan casos paradigmáticos de modificaciones corporales mediante implantes cibernéticos. En último lugar, se problematizan las cuestiones de la identidad, la corporalidad y el desencuentro entre ambas corrientes respecto al ‘volcado de la mente’. Palabras clave: Corporalidad, libertad morfológica, posthumanismo filosófico, transhumanismo, volcado de mente. ABSTRACT. Transhumanism and philosophical posthumanism have paid special attention to human corporeality in relation to technological breakthroughs. This article begins by pointing out how the two movements differ significantly about the inheritance of humanism. Subsequently, the transhumanist notion of ‘morphological freedom’ is addressed from the proposals of More, Sandberg, and Bostrom. Then, paradigmatic cases of body modifications through cybernetic implants are considered. Finally, the issues of identity, corporeality, and the disagreement between the two currents regarding ‘mind uploading’ are problematized. Keywords: Corporeality, mind uploading, morphological freedom, philosophical posthumanism, transhumanism. 1. INTRODUCCIÓN El presente artículo tiene como objetivo principal abordar dos corrientes que han prestado una atención especial a la corporalidad humana. Tanto el transISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 311
Jon Rueda Etxeberria 312 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 humanismo como el posthumanismo filosófico nos invitan a repensar los límites de lo humano. La relevancia de la condición corpórea es, precisamente, uno de los focos de interés que comparten ambos movimientos, emparentados en cuanto a entender al ser humano como una entidad abierta, pero enfrentados en lo que se refiere a la forma de encarar las diferentes herencias del humanismo. En consecuencia, la corporalidad va a ser el hilo conductor de este artículo para señalar algunas de las similitudes que comparten ambas corrientes y algunas de las singularidades que los caracterizan. Se propone el siguiente recorrido. En primer lugar, se distinguirá a ambos movimientos partiendo de las diferentes visiones que muestran del humanismo y clarificando, asimismo, las diferentes acepciones que dotan al término ‘posthumano’. A continuación, nos ocuparemos del concepto de la ‘libertad morfológica’, una noción muy estimulante de la literatura transhumanista, que atenderemos de la mano de las propuestas de Max More, Anders Sandberg y Nick Bostrom. Este concepto servirá no solo para tematizar algunos de los presupuestos morales y políticos mayoritarios del transhumanismo, sino también para, posteriormente, arrojar algo de luz sobre varios casos de modificaciones corporales que están en liza con las limitaciones del cuerpo humano. En el cuarto apartado se presentarán ejemplos ilustres de modificaciones corporales mediante aplicaciones tecnológicas, prestando especial atención a los casos de ‘ciborgización’ más llamativos. Estas modificaciones tecnológicas de la corporalidad pueden verse amparadas tanto desde el transhumanismo como el posthumanismo. Ambas brotan de un clima cultural en el que el cuerpo humano se considera cada vez más plástico y dispuesto a enmienda, gracias al avance tecnológico-biomédico y a la superación de concepciones estrechas de la identidad corporal. La vinculación entre la corporalidad, la identidad humana y el controvertido caso del ‘volcado de la mente’ será, precisamente, la última parada de este itinerario para abordar las diferentes concepciones sobre el cuerpo que brotan de estas dos corrientes de imperante actualidad –en la escena académica tanto el transhumanismo como el posthumanismo, y en la arena mediática, especialmente el transhumanismo–. Ambos paradigmas nos interpelan a repensar la constitución corporal humana. 2. TRANSHUMANISMO Y POSTHUMANISMO: DOS HERENCIAS DESIGUALES DEL HUMANISMO Los proyectos humanistas son plurales y con opciones de continuidad abiertas (Molinuevo, 2004: 183-4). La pluralidad la encontramos en las diferentes ramificaciones del humanismo que han brotado desde la modernidad. La continuidad subsiguiente, asimismo, viene marcada por los proyectos filosóficos que se prestan a reclamar o a rechazar su patrimonio sucesorio. En este apartado se ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 312
presentarán dos legados divergentes. En primer lugar, se atenderá la recepción que el transhumanismo realiza del propósito humanista ilustrado. En segundo lugar, se mostrará cómo el posthumanismo filosófico difiere en lo que respecta a la acogida de dicho proyecto. Finalmente, trataremos de aparejar algunas de las similitudes que ambos comparten. El transhumanismo es principalmente un movimiento filosófico y científico, cada vez de mayor calado a nivel sociocultural, que defiende la aplicación de los avances tecnocientíficos para la mejora de la humanidad. Según Nick Bostrom (2005: 202), el transhumanismo es una extensión del humanismo secular y de la Ilustración. Ciertamente, el transhumanismo se ha erigido sobre uno de los trípodes en los que se sustentaba el humanismo ilustrado: la tríada razón, ciencia y progreso; por lo que estaríamos ante una profundización de dichos presupuestos. Max More (2013: 4-5), igualmente, reivindica las raíces humanistas de este movimiento, pero, por un lado, recuerda que estaríamos ante una ampliación y transformación del mismo –un humanismo llevado más allá (sobre todo en sus medios, que no se agotan en los educativos y culturales), esto es, un trans-humanism– y, por otro lado, si bien el humanismo consistía en una apología de lo humano, ahora nos encontraríamos ante un ensalzamiento del transhumano –es decir, ante un transhuman-ism–. El afán evolutivo que propugna el transhumanismo es de obligada atención. El ser humano es, según esta corriente, una entidad manifiestamente mejorable. No estamos ante ningún pesimismo antropológico, sino más bien ante el reconocimiento de que el ser humano es un decente punto de partida, pero de ningún modo un final de la evolución. Si la biología avanza mediante mutaciones sumamente lentas y bastante azarosas, de lo que se trata ahora es de autoempuñar y dirigir la propia evolución humana. Para ello, los transhumanistas preconizan el uso de las tecnologías emergentes (edición genética, nanotecnología, biotecnologías varias, ciencias computacionales y de la información, cibernética, etc.) para mejorar deliberadamente al ser humano en todas sus vertientes. Se pretende mejorar a la humanidad en su condiciones físicas, cognitivas, emotivas, morales y alargar la esperanza de vida. Si estas mejoras se produjesen hasta un punto ostensible que se hubiese hecho patente que estaríamos ante un humano notablemente mejorado, se podría decir que este sería un ‘transhumano’, un ser que estaría en un estadio evolutivo ulterior. Además, cabe resaltar que el transhumano tampoco constituiría ninguna conclusión del proyecto evolutivo transhumanista, sino más bien sería un ser transitorio y transicional camino del ‘posthumano’. El término ‘posthumano’ es una fuente de confusión debido a los diferentes significados que adquiere dependiendo de si se usa desde el transhumanismo o desde el posthumanismo filosófico. En lo que al transhumanismo respecta, un posthumano tendría unas capacidades que se De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias 313 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 313
encontrarían muy distanciadas del ser humano. Como consecuencia de la acumulación de mejoras en términos de longevidad, salud, autocontrol emocional, minimización del sufrimiento, resistencia física, creatividad, memoria, cognición, etc., sería una forma de existencia que difícilmente podríamos imaginarnos debido a nuestras propias limitaciones (Bostrom, 2008: 33). Esta dificultad puede ser parecida a la de un chimpancé que tratase de imaginarse, desde sus condicionantes cognitivos, emotivos y físicos, cómo sería una existencia humana (Bostrom, 2003: 494)1. En cuanto al posthumanismo, el concepto ‘posthumano’ adquiere un sentido harto distinto, como constataremos a continuación. El posthumanismo filosófico vuelve una mirada muy diferente a la tradición intelectual del humanismo. El prefijo post- (o pos-) señala la superación tanto temporal como filosófica de dicha corriente; es decir, vendría a significar lo que viene después del humanismo junto con el afán de distinguirse de este. El ajuste de cuentas se debe a que el humanismo colocó al Hombre en el centro del universo categorial desde el que se jerarquiza y ordena la realidad. El antropocentrismo que construye el proyecto filosófico humanista, según el posthumanismo, contiene un marcado carácter excluyente. El Hombre se convierte en la noción que da sentido al resto de jerarquías y que ha servido para subordinar a las mujeres, a personas racializadas, a animales no humanos y a la naturaleza. El posthumanismo surge, en consecuencia, para distanciarse del carácter sexista, racista, colonialista y especista del humanismo. El posthumanismo propugna, entonces, la descentralización progresiva del Hombre de nuestros marcos de pensamiento. En este sentido, se acepta la máxima foucaultiana de que el Hombre es una invención reciente cuyo rostro está presto a desdibujarse (Foucault, 1966/2010: 375). No obstante, cabe distinguir al posthumanismo del antihumanismo francés del siglo pasado (Ferrando, 2013: 31-2). Según una de las autoras de referencia, «el posthumanismo es la condición histórica que marca el fin de la oposición entre humanismo y antihumanismo, y que designa un contexto discursivo diferente, mirando de modo más propositivo a nuevas alternativas» (Braidotti, 2013/2015: 51). Lo que el posthumanismo trata entonces al desmantelar el sujeto unitario construido por el humanismo es abrir las puertas a la reformulación de lo humano para dar cabida, por un lado, a las exigencias teóricas crecientes del feminismo, animalismo y ecologismo y, por otro lado, a la relación que guardamos con artefactos y contextos cada vez más tecnologizados como una clave constitutiva de nuestras subjetividades cotidianas. El sujeto que surge, en consecuencia, es el posthumano. 1 Bradshaw y ter Meulen (2010: 676) lo han denominado el «reto del chimpancé». Igualmente, Kevin Warwick (2003) también recurre a la analogía entre el chimpancé y el humano, pero para señalar las notables diferencias que podría haber entre un humano y un ciborg. Jon Rueda Etxeberria 314 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 314
En este sentido, el posthumanismo filosófico viene a afirmar que ya somos posthumanos (Halberstam y Livingston, 1995; Hayles, 1999; Braidotti, 2013). La condición posthumana es el resultado del cambio en la propia autocomprensión humana, promocionando una subjetividad más abierta y relacional a nivel intraespecífico (entre seres humanos de diferente género, clase, raza, etc.), a nivel interespecífico (con otros animales no humanos), al igual que con los dispositivos tecnológicos con los que convivimos y con el planeta que habitamos. En consecuencia, cabe resaltar que este posthumanismo no está interesado ni por la evolución ni involución de la especie humana (Halberstam y Livingston, 1995: 10) en los términos que sí lo está el transhumanismo. A pesar de las notables diferencias que acabamos de constatar, hay que reconocer que la relación entre ambas corrientes no es antagónica, sino que también comparten algunos puntos en común. Ambas posiciones están explícitamente de acuerdo en que el ser humano no es una entidad fija, ni estable, ni inmutable2. La corporalidad humana tampoco lo debería ser, si seguimos sus postulados antiesencialistas. Igualmente, también es destacable en ambos movimientos la importancia de la animalización humana, es decir, la aceptación del ser humano como el animal que es, desvistiendo el disfraz de singularidad (humanolatría) que le habían tejido diversas tradiciones religiosas y seculares. Ello se debe a que ambas corrientes son permeables al conocimiento científico, pero los resultados de tal animalización distan de ser parejos. Si, por un lado, el posthumanismo ve en el animal humano la oportunidad para resignificar las relaciones entre los diferentes sapiens, animales no humanos y la comunidad biótica–continuum humano-animal-biosfera–; el transhumanismo ve, por otro lado, una razón de peso para consolidar los afanes evolutivos y avanzar hacia otras formas de existencia. 3. LA LIBERTAD MORFOLÓGICA EN EL TRANSHUMANISMO Conviene ahora, una vez presentado el carácter general del transhumanismo, abordar el tema de la libertad morfológica, noción que destaca por hacernos pensar la importancia del cuerpo en relación al desarrollo tecnológico. La Declaración 2 Tampoco tendría por qué serlo ni desde las posturas más idealistas del humanismo renacentista, como es el caso de Giovanni Pico della Mirandola. El humanista italiano pregonó en su Oratio de hominis dignitate (1486) que la condición humana es camaleónica, simbolizada por la figura cambiante de Proteo, caracterizando a la humanidad como una criatura capaz de transformarse a sí misma, siempre con la amenaza de degenerar en la feritas y con la promesa de acercarse a la divinitas. De hecho, Bostrom (2005b) señala que este es uno de los textos de inspiración del transhumanismo desde el que se justifica la raigambre humanista del movimiento. El «proteanismo» es, precisamente, según Molinuevo (2004: 218), el modo de identidad que se le ofrece al ser humano en la época en la que la identidad humana ya no es estable en nuestras sociedades tecnológicas. De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias 315 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 315
Transhumanista de 2012 (VVAA, 2012; recogida en More y Vita-More, 2013: 55) –reformulación de la original de 1998– establece en su octavo y último punto el apoyo a la libertad morfológica (LM). Esta defensa de la LM se funda en el derecho a modificar la propia corporalidad, mediante la utilización o no utilización de las tecnologías de mejora, de extensión vital, de preservación mediante la criogenización y del volcado de la mente. En este apartado se propone un rastreo de los orígenes del término en la bibliografía transhumanista. En esta breve historia conceptual atenderemos las propuestas de Max More, Anders Sandberg y Nick Bostrom, tres de los más conspicuos representantes del movimiento, para constatar la importancia no solo filosófica sino también ético-política de la corporalidad en relación al avance de las tecnologías emergentes. More3 acuñó la expresión ‘libertad morfológica’ en el artículo titulado Technological self-transformation. Expanding personal extropy publicado en 1993 en la revista Extropy. En el apéndice del artículo (disponible en línea en su página web), More (1993) define la LM como «la capacidad de alterar la forma corporal voluntariamente mediante tecnologías como la cirugía, la ingeniería genética, la nanotecnología, o el volcado de la mente»4. Del volcado de la mente nos ocuparemos, más adelante, en el quinto apartado. La LM preconizada por More (1993) trata de garantizar diferentes tipos de auto-transformaciones tecnológicas que, para ganarse tal nombre, deben ser necesariamente positivas, esto es, como cambios a mejor que se constituyen como prácticas virtuosas dirigidas hacia la extropía. Su apología del cambio y su sugerencia de superar la humanidad se deben a la defensa de la búsqueda individual, avalada por la LM, de alcanzar estadios más elevados a nivel físico, intelectual, moral y psicológico. Asimismo, otra particularidad resaltada por More es que estas modificaciones harían posible la redefinición personal, abriendo la puerta a la realización de anhelos identitarios y favoreciendo la materialización de las proyecciones ideales del yo. 3 Max More, de origen británico, originalmente se llamaba Max T. O’Connor (Diéguez, 2017: 32), pero al mudarse a EEUU cambió su nombre por el de Max More para simbolizar ese impulso de ir siempre a más (Bostrom, 2005b: 12). Es, igualmente, un célebre representante del extropianismo: una vertiente concreta del transhumanismo que se caracteriza por los principios de la tecnología inteligente, el optimismo dinámico, la expansión sin límites y el orden espontáneo (More, 1993), que van dirigidos a evitar la entropía —esto es, a sortear la tendencia hacia el caos y el desorden— y a conducir hacia la extropía: a estados de mayor excelencia. Según Antonio Diéguez (2017:38), «[s]e supone que la «extropía», un término ciertamente extraño y nada científico, sería lo «opuesto a la entropía». 4 El término que utiliza More es «(mind) uploading», el cual se traduce por «volcado de la mente», o, menos a menudo, por «transferencia mental». Tanto esta como las citas textuales siguientes que provienen del inglés son traducciones propias. Al ser esta publicación de More una edición online, cito sin la numeración de página. Jon Rueda Etxeberria 316 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 316
Una vez presentada la postura extropiana, conviene ocuparnos de la propuesta de Sandberg, que es la que está en el trasfondo teórico de la declaración con la que hemos comenzado este apartado. Pretende demostrar que la LM no solo es necesaria para el transhumanismo, sino también para las sociedades democráticas del siglo XXI (Sandberg, 2001; Tatchell, 2015). Sandberg expuso el derecho a la LM en una conferencia del congreso Transvision 01 en Berlín en 2001, que posteriormente sería publicada en The Transhumanist Reader (More y Vita-More, 2013). Según Sandberg (2001/2013: 56), la LM es «una extensión del derecho al propio cuerpo, no solo la autopropiedad, sino también el derecho a modificarse según los propios deseos». La argumentación de Sandberg va más allá de la defensa que hace More de la autopropiedad corporal o del derecho de auto-dirigirse y auto-definirse. El investigador sueco cree que la LM permitiría, por un lado, el acceso individual a las tecnologías emergentes que podrían modificar y mejorar la propia corporalidad y, por otro lado, garantizaría también el derecho a no hacerlo. Considero que esta apreciación es sumamente importante. En consecuencia, la libertad morfológica legitimaría las autotransformaciones tecnológicas de la constitución corporal humana y fundaría la mejora en elecciones individuales sobre el propio cuerpo. No obstante, al hacer hincapié en que estaríamos ante decisiones tomadas autónomamente, la LM actuaría como salvaguarda y aseguraría también el derecho a no modificarse en base a convicciones personales5. Cabe inscribir la propuesta de Sandberg dentro del pensamiento liberal y pluralista, y en cierto modo no muy alejado de la tradición libertaria con la que sintonizaba More en los ochenta y los noventa. Sandberg (2001) considera el derecho a la LM como un derecho negativo, es decir, como un derecho mediante el cual nadie puede impedir, forzar, ni prevenir la realización de la voluntad propia, ni tampoco verse obligado moralmente a apoyarla. Esta concepción sigue la senda de las «libertades negativas» que fueron cobrando fuerza desde la modernidad (Berlin, 1958). Podría decirse, así, que estamos ante la reivindicación del cuerpo como un campo de acción independiente, marcado por la no-interferencia, tal y como entendía Benjamin Constant (1819) –en aquel discurso pronunciado en el Ateneo de París– la libertad característica de los modernos. Igualmente, uno de los adalides más vehementes de la libertad negativa, como lo fue John Stuart Mill (1859), ya había señalado que el cuerpo es uno de los lugares preminentes de soberanía personal en los que no cabe la interferencia ajena6. 5 Esta concepción supondría, según Bradshaw y ter Meulen (2010), divergencias dentro del propio transhumanismo, ya que tanto en dicha corriente como en el debate académico sobre la mejora humana abundan postulados como el “imperativo de mejora” o “la obligación moral de mejora”. 6 Tal y como se ve reflejado en el siguiente fragmento: «[l]a única parte de la conducta de cada uno por la que él es responsable ante la sociedad es la que se refiere a los demás. En la parte De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias 317 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 317
Por último, cabe atender la postura de Bostrom respecto a la LM. Bostrom (2005a) asegura que el transhumanismo defiende mayoritariamente que las mejoras tecnológicas deben ser accesibles de dos modos principales. El primero sería mediante la LM, según la cual los individuos podrían aplicarse las mejoras a sí mismos, haciendo uso del derecho a modificar el propio cuerpo. La segunda sería mediante una mayor libertad reproductiva que permitiese a los progenitores mejorar a sus descendientes, especialmente a través de las tecnologías de edición genética. Según Bostrom (2005a: 210), las democracias liberales deben permitir tanto la LM como las libertades reproductivas, siempre y cuando estas libertades no se usen para dañar a terceros. En este sentido, la apelación por parte de Bostrom al principio del daño como mecanismo de justificación de la intervención estatal es destacable desde los textos seminales del liberalismo (Mill, 1859)7. 4. MODIFICACIONES CORPORALES, EJEMPLOS DE CIBORGIZACIÓN Y CLIMA CULTURAL POSTHUMANO En este cuarto apartado se focalizarán las prácticas de modificación corporal. Comenzaremos con el concepto mismo de modificación corporal, poniendo ejemplos actuales y extendidos que pueden considerarse bajo dicha categoría, pero también señalando la constante histórica que suponen muchos de ellos a lo largo y ancho de la humanidad. Posteriormente, nos centraremos en casos más excéntricos, pero mucho más apropiados para los objetivos de este artículo, que bien pueden considerarse como puestas en práctica de la libertad morfológica relacionadas con la implantación de dispositivos tecnológicos, mostrando una voluntad de “ciborgización” ligada a visiones que tratan de superar las limitaciones biológicas de la corporalidad humana. El término genérico ‘modificación corporal’ refiere a todo tipo de intervención dirigida a provocar cambios en la apariencia e integridad física (Rembold, 2014: 309). Esta expresión puede aplicarse a una larga lista de prácticas que buscan cambiar el aspecto y forma del cuerpo humano, como los tatuajes, las perforaciones, la cirugía cosmética, la inserción de implantes, la dietética, el culturismo, las escarificaciones, las amputaciones, el limado dental, los imque le concierne meramente a él, su independencia es, de derecho, absoluta. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano» (Mill, 1859/1984: 66, cursiva mía). 7 A pesar de que haya una manifiesta sintonía entre los planteamientos ético-políticos de estos tres autores, con ello no cabe concluir que esta es la posición unánime dentro del transhumanismo. Como el propio Sandberg reconoció en una entrevista con Diéguez (Sandberg y Diéguez, 2015: 377), el transhumanismo es una corriente heterogénea en lo que a los planteamientos políticos se refiere. Jon Rueda Etxeberria 318 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 318
plantes capilares, etc. (Featherstone, 1999)8. Estas modificaciones pueden tener características muy diferentes: pueden ser temporales o permanentes, reversibles o irreversibles, invasivas o no invasivas, rutinarias o no rutinarias (que requieren constancia y práctica). Si bien el cuerpo humano cambia “naturalmente” a lo largo de diferentes etapas vitales como el embarazo, la adolescencia o la vejez, con este término nos referimos a las modificaciones “artificiales” o buscadas intencionadamente a través de la acción humana. Muchos de los ejemplos previamente mencionados no suponen una novedad remarcable desde un prisma histórico. La historia de la humanidad da cabida a una gran cantidad de ejemplos de modificaciones corporales en base a razones estéticas, sociales, étnicas, tribales, religiosas, espirituales, culturales o sanitarias. Ha habido prácticas como los tatuajes o las perforaciones que se han repetido en muchas comunidades espacial y temporalmente muy distanciadas, pero también hay casos más excepcionales circunscritos a contextos singulares9. Sin embargo, sí cabe reconocer que en la actualidad existe un interés creciente por atender al propio cuerpo, dando lugar a un resurgimiento de las modificaciones corporales en Occidente en las últimas décadas (Featherstone, 1999). Ello se debe a que tenemos una visión cultural del cuerpo como algo cada vez más plástico y moldeable a voluntad propia, en parte a consecuencia de la influencia que ejerce la percepción de los avances de las ciencias biomédicas y de la tecnología (Williams, 1997: 1042)10. El posthumanismo es, como veremos en la siguiente sección, una de las corrientes académicas que más ha participado en la promoción intelectual de dicho enfoque. Conviene, ahora, ofrecer una serie de ejemplos insólitos de varias personas que están poniendo en jaque a las concepciones más estrechas de la corporali8 Véase Rodríguez-López (2021) para la relación entre las modificaciones corporales y la cuestión de la ‘mejora estética’. Según la autora, la mejora estética ha sido una problemática demasiado desatendida en el debate general de la mejora humana, aun cuando podría considerarse como uno de los casos más generalizados de la misma. 9 Pueden servir como casos ilustrativos el de las mujeres jirafa de la tribu Karen en Tailandia, en el que llevan anillas doradas para estirar el cuello, o el de los pies de loto en la cultura tradicional china, en la que se idealizaban los pies pequeños (de 7 cm de largura aproximadamente) también en las mujeres. Estos serían casos de modificaciones corporales que difícilmente podríamos catalogar como realizaciones de la libertad morfológica. Estas prácticas culturales se dan en comunidades poco pluralistas en las que la distinción entre la autonomía individual y la coerción social están desdibujadas, por lo que podríamos calificarlas de “restricciones internas”, siguiendo la terminología de Will Kymlicka (1995). 10 Las concepciones de la corporalidad pueden variar considerablemente en términos históricos. Por ejemplo, según Moreno Pestaña (2016), la idea de que el cuerpo es remodelable, comparada con la Antigua Grecia, es más bien moderna: en la medicina hipocrática se teorizaban explícitamente los límites del cultivo corporal. De la libertad morfológica transhumanista a la corporalidad posthumana: convergencias y divergencias 319 ISEGORÍA, N.º 63, julio-diciembre, 2020, 311-328, ISSN: 1130-2097 https://doi.org/10.3989/isegoria.2020.063.02 ISEGORIA 63 A-2.qxp_Maquetación 1 22/10/20 13:16 Página 319
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