Tratamiento del descenso uterino : conferencia dada en el Colegio Médico de Málaga el 17 de julio del presente año
Abstract
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Full text
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fi. t i O < f TRATAMIENTO DEL DESCENSO UTERINO por el Dr, Gómez Torres, Catedrático de la Facultad de Medicina de Granada. (1) Señores: Debo ante todo dar las más expresivas gracias al Sr. Presidente por las galantes frases que me lia dirigido, las cuales vienen á ser la expre sión no de mis merecimientos, sino de su benevolencia; debo además aprovechar estos momentos para felicitaros por la creación de este cen tro científico, que viene á demostrar que si las artes, la industria y el comercio se encuentran en Málaga á envidiable altura, no por eso des cuidan los hijos de esta privilegiada tierra el cultivo de las ciencias. Cumplidos estos deberes, que no revisten el carácter de actos de mera cortesía, me parece oportuno dar á conocer los motivos que me han obligado á molestar vuestra atención, siquiera sea por cortos ins tantes. Hablando ayer con dos queridísimos amigos y compañeros, me dieron noticia de la fundación de este Colegio y me invitaron para dar una conferencia acerca de un punto cualquiera de la especialidad á que, por deber y por afición, estoy consagrado desde el principio de mi vida profesional. Me negué repetidas veces; pero insistieron de tal modo que, aun con la seguridad de defraudar todas sus esperanzas, accedí al fin contando con vuestra benevolencia, compañera inseparable de la verdadera ilustración. Sin estos precedentes seria temeridad injus tificable venir aquí, sin preparación alguna, con la pretensión de de cir algo que pueda interesar á un público tan respetable como ilus trado. Sentados estos precedentes que justifican mi penosa situación, paso, sin más exordio, á ocuparme del tema que es, sin género de duda, uno de los más interesantes de la ciencia ginecológica; voy á hablaros, se ñores, del Tratamiento del descenso de la matriz. Pero antes de abordar la cuestión terapéutica me permitiréis hacer algunas indicaciones, que considero importantes, acerca de la patoge-
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( I J Q o s C k $ i 5 r TRATAMIENTO DEL DESCENSO UTERINO por él Dr, Gómez Torres, Catedrático de la Facultad de Medicina de Granada. (1) Señores: Debo ante todo dar las más expresivas gracias al Sr. Presidente por las galantes frases que me lia dirigido, las cuales vienen á ser la expre sión no de mis merecimientos, sino de su benevolencia; debo además aprovechar estos momentos para felicitaros por la creación de este cen tro científico, que viene á demostrar que si las artes, la industria y el comercio se encuentran en Málaga á envidiable altura, no por eso des cuidan los hijos de esta privilegiada tierra el cultivo de las ciencias. Cumplidos estos deberes, que no revisten el carácter de actos de mera cortesía, me parece oportuno dar á conocer los motivos que me han obligado á molestar vuestra atención, siquiera sea por cortos ins tantes. Hablando ayer con dos queridísimos amigos y compañeros, me dieron noticia de la fundación de este Colegio y me invitaron para dar una conferencia acerca de un punto cualquiera de la especialidad á que, por deber y por afición, estoy consagrado desde el principio de mi vida profesional. Me negué repetidas veces; pero insistieron de tal modo que, aun con la seguridad de defraudar todas sus esperanzas, accedí al fin contando con vuestra benevolencia, compañera inseparable de la verdadera ilustración. Sin estos precedentes seria temeridad injus tificable venir aquí, sin preparación alguna, con la pretensión de de cir algo que pueda interesar á un público tan respetable como ilus trado. Sentados estos precedentes que justifican mi penosa situación, paso, sin más exordio, á ocuparme del tema que es, sin género de duda, uno de los más interesantes de la ciencia ginecológica; voy á hablaros, se ñores, del Tratamiento del descenso de la matriz. Pero antes de abordar la cuestión terapéutica me permitiréis hacer algunas indicaciones, que considero importantes, acerca de la patoge-
justipreciar los diversos medios basta el dia empleados para conseguir su curación. El útero se encuentra sostenido en su posición normal por varios vínculos, entre los cuales merecen especial mención los ligamentos útero-sacros, llamados por Huguier ligamentos útero-sacro-lumbares, porque su inserción postero-superior se prolonga frecuentemente basta las últimas vértebras lumbares; por los ligamentos anchos y redondos; por el mal llamado ligamento útero-vexical y por la vagina. Todos estos medios de sustentación, exceptuados los ligamentos anchos, se fijan próximamente en el punto de unión del cuerpo con el cuello, y unos más, otros menos, todos influyen para evitar que la matriz descienda; la mayor parte de ellos sirven además para que este órgano conserve su dirección normal, paralela con el eje del estrecho superior. Por lo que respecta á la vagina, no ha faltado quien le niegue este uso; pero bas tará medir la distancia á que el hocico de tenca se encuentra del orifi cio vulvo-vaginal y repetir la mesuracion después, de haber dilatado di cho conducto con un speculum bivalvo, para que no nos quede la menor duda acerca del importante papel que la vagina desempeña como medio de sustentación de la matriz. Para que la acción de estos vínculos sea eficaz, es indispensable que conserven su tono y dimensiones normales y que el órgano que sostie nen no aumente considerablemente su peso medio; si los ligamentos se relajan ó el peso de la matriz traspasa ciertos límites, se altera el equi librio que debe existir y el útero desciende. Prescindiendo ahora del descenso repentino y fijándonos únicamente en el que se opera de una manera lenta y gradual, vemos que las condiciones en que se encuen tran los agentes de sustentación y el órgano sostenido después del par to, son sin duda alguna las más abonadas para que, mediante cualquiera infracción del severo régimen higiénico á que debe estar sometida la mujer durante el puerperio, se inicie el descenso. Efectivamente; con motivo de la gran hipertrofia fisiológica de que es asiento el útero du rante el embarazo, la mayor parte de los ligamentos se prolongan y en el momento del parto el conducto vaginal sufre una relajación invero símil: por otra parte el útero, después del alumbramiento, principia á reducirse mediante un movimiento regresivo, que no hay inconvenien te en designar con el nombre de atrofia fisiológica, llegando á alcanzar su volumen y peso normales dentro de un plazo que oscila entre 30 y 60 dias según diversas circunstancias entre las cuales figura, como prin cipal, el número de partos y la frecuencia con que estos se han sucedi — 2 —
— 3 — do. Bastará, pues, que la mujer abandone prematuramente el lecho ó se consagre á sus ocupaciones habituales antes de tiempo, para que se inicie el descenso; puesto que por una parte los ligamentos se encuen tran relajados y por otra el órgano que han de sostener tiene el duplo ó el cuadruplo del peso que normalmente le corresponde. Iguales efec tos se producirán cuando la matriz sea asiento de una metritis parenquimatosa, de fibromas, hipertrofia, etc. Una vez iniciado el descenso, los vasos se desvian de su dirección normal y este cambio de dirección de los conductos vasculares produce necesariamente una perturbación circulatoria, cuyo resultado es entor pecer el retorno de la sangre por los vasos venosos; de aquí ese estado de congestión permanente que favorece el desarrollo de la metritis y de otros trastornos morbosos, si es que ellos no existían antes que el descenso, en cuyo caso se agravan. Estas ligeras indicaciones acerca de la fisiología patológica del des censo, que no explano porque vuestra ilustración puede suplir con ven taja cuanto yo pudiera decir, nos dan razón de la frecuencia con que se observa este padecimiento, sobre todo en las multíparas, y han de servirnos á la vez para fundamentar el tratamiento. Pero antes de pre sentar á vuestra consideración el plan curativo que desde hace algunos años vengo empleando, séame permitido hacer un ligero análisis crítico de los diversos medios recomendados por los más ilustres ginecólogos contemporáneos. Dividiremos el tratamiento en preventivo y curativo. El primero pue de decirse que está reducido á la escrupulosa observancia de un buen plan higiénico durante todo el período puerperal, el cual debe tender principalmente á evitar toda perturbación física ó moral capaz de en torpecer el proceso atrófico ó regresivo, que se inicia en el instante mis mo del alumbramiento, y termina más ó menos tarde según el número de partos y algunas otras condiciones individuales. El segundo com prende el empleo de ciertos agentes mecánicos y las operaciones qui rúrgicas. El empleo de los agentes mecánicos para corregir el descenso uterino data de la más remota antigüedad; y se comprende bien, puesto que la primera idea que debió ocurrirse á la vista de un prolapsus, hubo de ser la de restablecer el útero á su posición normal y sostenerlo por medio de un pesarlo más ó menos ingenioso. Así sucedió en efecto, se gún puede verse en las obras de nuestros más ilustres predecesores; mas si examinamos con la debida atención este importantísimo punto
de terapéutica ginecológica, nos chocará desde luego el número casi in finito de pésanos que sucesivamente se lian ido inventando y desechan do, sin que en la actualidad sea posible encontrar uno que, en mayor ó menor grado, no presente todos los inconvenientes que obligaron á desechar los pesarios primitivos. Examinemos, señores, el modo de obrar de estos agentes mecánicos y nos convenceremos fácilmente no solo de su inutilidad, sino también de su inconveniencia y acabaremos por adquirir el convencimiento de que cuanto se haga en esta línea ha de ser completamente infructuoso. Quizá os parezca demasiado atrevida esta afirmación, que pugna abier tamente con cuanto se consigna en las obras' de los más eminentes gi necólogos; pero me prometo dejar tan perfectamente demostrado mi aserto, que si, entre los que me dispensan la honra de escucharme, hay algún partidario de tan peligrosos medios, ha de decaer mucho su en tusiasmo. Entre los pesarios hay unos que para sostener la matriz toman su punto de apoyo en el conducto vaginal y otros que lo buscan al exte rior por medio de aparatos más ó menos ingeniosos; sobre unos ú otros ha de descansar forzosamente la matriz, cuyo órgano sostienen, ya por medio de un anillo que abrace el cuello uterino, ya por me dio de un tallo que penetre en el conducto cervical. En ambos casos la matriz es asiento de compresiones y roces que mantienen en ella un estado de excitación constante, capaz á la larga de provocar flegmasías y otros accidentes ó de exacerbarlos si anteriormente existían. Si el pesario encuentra su punto de apoyo en la vagina, relajará necesaria mente este conducto y, en la parte donde descansa, se producen pertur baciones circulatorias, contusiones, flegmasías y ulceraciones que pue den llegar á destruir las paredes vaginales, penetrando á veces el pesario en la vejiga, en el recto ó en la cavidad pelviana, de lo cual regis tra la ciencia numerosos hechos. Veamos ahora si al lado de tan graves inconvenientes existen algu nas ventajas. Demostrado, por el ligero estudio patogenético anteriormente hecho, que la causa del descenso lento es siempre la falta de relación entre el peso de la matriz y la resistencia de los vínculos que la sostienen; pro bado también que la presencia del pesario nada puede hacer para toni ficar los ligamentos, y antes por el contrario relaja el conducto vaginal que, á manera de una columna, sirve para sostener el útero; y siendo por ríltimo evidente que la presencia de estos aparatos lejos de disminuir — 4 —
— o — el peso del órgano dislocado, provoca ó agrava las flegmasías ya exis tentes, resultará demostrado, por estas ligeras pero importantes consi deraciones, que del empleo de los pesarlos no podemos prometernos el menor beneficio, y en cambio pueden ellos dar origen á gravísimos tras tornos. , Por lo que respecta á las fajas abdominales, por esmeradamente que se bagan, tampoco es posible que eviten la gravitación de las visceras sobre el fondo ó sobre la cara anterior del cuerpo del útero; pero e em pleo metódico de estos aparatos no ofrece el menor inconveniente y a - gima vez podrá reportar alguna utilidad disminuyendo la presión miraabdominal. . La mayoría délos ginecólogos contemporáneos fian la curación de descenso, en cualquiera de sus diversos grados, á las operaciones quirúr gicas más ó menos ingeniosas ó arriesgadas; examinémoslas á la ra diante luz de la anatomía patológica y veamos lo que de ellas podemos temer ó esperar; vamos, señores, á pasarles ligera revista. Los métodos operatorios tienen casi todos por único objeto el es recliamiento ó la oclusión de la vagina ó del orificio vulvar; con alguno de estos fines emplean unos el pelliscamiento, otros la cauterización y otros la excisión seguida de sutura. De todos vosotros son bien conoci das estas diversas maniobras operatorias, en cuya descripción no íay para qué entrar, y todos comprendéis al mismo tiempo, que estrechando la vagina, esta hará el papel de un pesarlo; pero como nada hemos he cho contra la causa del descenso, sucederá forzosamente que la matriz gravitará sobre el punto estrechado y dentro de un plazo variable, pero nunca largo, vendremos á parar en que el útero habrá relajado el pun to donde existia el angostamiento y la enferma se encontrara en idén ticas condiciones que la víspera de la operación. Lo que he dicho de los casos en que provocamos artificialmente una estrechez del conducto vacinal, es aplicable también á aquellas operaciones que tienen por objeto la completa oclusión de la vagina ó de la vulva, puesto, que si en estos casos la matriz no sale al exterior, formará un tumor hermano Y quedará además expuesta á los graves accidentes que siempre ocasio na la retención de los ménstruos y de otros productos segregados por la mucosa útero-vaginal. Basta, señores, reflexionar por un momento acerca de la etiología y patogenia del descenso, para adquirir el convencimiento de que ningu no de los procedimientos operatorios que hemos mencionado podra ja más restablecer el equilibrio que debe existir entre el peso del útero y ./La? J.OT f 5 / ^ V; w?r