La exegesis rabínica en lengua sefardí. Fuentes para su estudio
Full text
LA EXEGESIS RABINICA EN LENGUA SEFARDI. FUENTES PARA SU ESTUDIO ENTRE las varias ramas todavía casi inexploradas, al menos para los eruditos e investigadores cristianos, de la Filología hebraica y la Escri turística, ambas tan íntimamente relacionadas y que constituyen el nú cleo principal del sector hebraico en los estudios de Filología Semítica cursados en algunas de nuestras Facultades de Letras, ocupa un lugar destacado la Exégesis rabínica, cuya investigación y cultivo ofrece vario e innegable interés. Consideremos, ante todo, que la Biblia es el monumento literario más grandioso de la humanidad, gloria inconmovible y perdurable del pueblo de Israel, cuya misión trascendental, historia interna y externa, instituciones e ideales están cifrados en ese Libro inmortal, dave al pro pio tiempo de toda la literatura judaica posterior. Escrito por hebreos y para los hebreos, primordialmente, a ellos compete en primer término, en el orden del tiempo, la adewada interpretacion del mismo ; de a:hí que la Exégesis. escrituraria, por lo que al pueblo de Israel se refiere, deba abarcar un período cronológico tan extenso como el de la data del primer libro bíblico hasta el día de hoy. Hasta la aparición del cris tianismo el pueblo hebreo fué, naturalmente, el único intérprete de su sagrado depósito. Al brotar del tronco milen<1;rio de la ·religión mosaica: una nueva y pujante rama que pronto se convertiría en á'rbol frondoso, la Iglesia de Cristo, los hagiógrafos del Nuevo Testamento, hebreos también de raza en su casi totalidad, incrementaron cuantiosamente las -15 -
página.si del divino Libra, y, establecida una ineductible divergencia· en fre ambas religiones en más de un punto capital, suirgió la hermenéutica cristiana que tan copiosos frutos ha producido durante veinte siglos. El pueblo hebreo ha seguido siendo en todo el curso de la era cris tiana, como lo 'fué anteriormente, el fiel depositario de la "verdad he braica" del Antiguo Testamento entre infinitos azares y dificultades; ha conservado asimismo a través de su doloroso historia las patrias tra diciones, los estatutos y costumbres ancestrales con piadosa veneración; y ha seguido imbuyendo su vida entera, su ideología y todas sus pr ducciones literarias en el es'Píritu de la Biblia. Por eso con justicia se le llama "el pueblo del Libro". Pero, aparte de esa irradiación universal con que el sol de la Biblia ilumina y fecunda el alma de Israel, éste ha dedicado en todo tiempo sus más ardorosos anhelos y las flores más exquisitas de su ingenio a esclarecer los insondables misterios de ese Libro singular. "La exégesis de la Biblia --consigna la Enciclopedia Judaica Castellana (I, 250)- ha sido el esfuerzo intelectual de mayor envergadura del pueblo judío en el exilio", especialmente durante los mil años que siguieron al agrupamiento y canonización de los diferen tes lib'ros que integran la Sagrada Escritura. Con todo, siglos antes ya. había empezado la preocupación exegética, a tenor de las nuevas nei:e sidades que su especial situación creaba: en el pueblo judaico. Y por lo que se refiere a épocas posteriores encuadradas en el� segundo mH�io de nuestra era, la constante meditación escrituraría, pábulo eterno del alma israelita y sabroso manjar espiritual de sus sabios, cristalizó en infinitos comentarios y supercomentarios de la Torá, los Profetas y Hagiógrafos. Como significativa muestra recordaremos solamente que del famosísimo comentario de Rasí (R. Selomó ben Isha.q, ro40-no5), el glorioso Rabino de Troyes, al Pentateuco, "el más popular quizá de todos los libros hebreos después de la Biblia", en frase de H. Cassuto, se han recontado cerca de doscientas elucidaciones. Las listas de auto res y obras sobre exégesis escrituraria que esmaltan las páginas de tas. enciclopedias judaicas y manuales liternrios, son interminables, constitu yendo la más espléndida aureola del amor de Israel aL divino Libro. Grandiosa es en verdad la actividad exegética desplegada en la Igle sia por los Padres. Apostolicos, Apologistas, Doctores e intérpretes sa grados en todos los tiempos, que llenan esos venerables infolios de la Patrología griega y latina y ocupan amplios anaqueles en las grandes bibliotecas de nuestras viejas Universida;.des y Seminarios; :pero ne> V1' -16-
muy a la zaga la inmensa labor desar.i;ollada por l\>S· sabios Ra;binQs y Doctores de Israel· en el florido campo de las. praderas bi'blicas. Refiriéndose el Sumo Pontífrce en su enckli� D.iv.ino adflante al estudio de las obras y comentarios de los Santos Pa<lres y Doctores .ca tólicos, se lamentaba en estos términos : "De doler es, ep verdad, que tan preciosos tesoros <le la cristiana antigüedad s�an demasiado .poco conocidos a muchos de los escritores de nuestros tiempos, y que todavía los cultivadores de la historia de la exégesis no hayan llegado a h<i<:er cuanto en cosa de tanta importancia parece necesario para conocerla y estimarla como ella merece. Ojalá sean muchos los que examinando dili gentemente los autores y las obras de interpretación católica, y oomo alumbrando las casi inmensas riquezas en ellas acumuladas, contribuyen efaazme1.ite a que cada día más aparezca en qué alto grado vieron ellos la doctrina de los Libros Santos, cuánto la ilustraron, y los intérpretes moáernos tomen de ellos ejemplo y oportunos argumentos" (n. 17). Idéntico reproche y semejante instigadón podrían hacerse igualmen te por lo que respecta a los doctores del judaísmo y· el inmenso acervo de sus obras exegéticas, y con tanta más .razón cuanto que durante dos milenios han vivido cristianos y judíos en una atmósfera de mutuo des conocimiento y recíproco desdén, principalmente en lo que atañe a la investigación de las Sagradas Escrituras y su adecuada hermenéutica. No podemos desplegar aquí el cuadro grandioso de la exégesis rabí nica en los distintos períodos y países, según las diversas escuelas o ten dencias, ni descender al estudio de la naturaleza y métodos de elucida ción escrituraría en uso entre los rabinos; solamente nos importa poner bien de relieve la magnitud del esfuerzo, la no interrumpida actividad durante tantos siglos y la extraordinaria importaneia que reviste para el mejor y más completo esclarecimiento de la verdad escrituraría. No ha sido el mencionado mutuo recelo la única razón de que esos tesoros exegéticos se hayan conservado hasta ahora en su máxima parte enigmáticamente cerrados bajo siete sellos para los escriruristas cristia nos. La difi.cultad .potísima para abordar su estudio seguramente ha sido la lengua en que fueron escritos, o más bien las lenguas, ya que son tni!s las que en la antigüedad y medievo sirvieron de vehículo a la ex presión exegética del pueblo judaico: el hebreo, el ar4111eo y el árabe, las tres de ardua comprensión para. la mentalidad latina y occidental, y que hasta nuestros días, pero sobre todo antes del Renacimiento, sólo tuvieron escasísimos cultivadores en los paises cristianos. Lo enrevesa do y enigmático de las escrituras hebrea y .arábiga, con su 'fuga de v<>- -11-
cales, han constituido una traba niás para la lectura e interpretación de eros textos, sobre todo en sus fuentes manuscritas. La aljamía judeo árabe, ya empleada por los hebreos en la Edad Media y conservada hasta hoy en los países de habla ará:biga, decuplica la dificultad susodi cha, ya que, aparte del perfecto conocimiento de ambas lenguas, requie re una gran práctica y expedición en tal sistema de escritura. El Targum, o más bien los Targumín, ya que son varias las recen siones de este tipo, ·constituyen, como es sabido, el primer intento de interpretación antiguo-testamentaria, y son versiones pa'rafrásticas en lengua aramea. La Misná, laboriosa recopilación de la Ley oral llevada a feliz término en las postrimerías del siglo II de nuestra era, represen ta el monumento más antiguo y completo del hebreo post-bíblico y rabí nico, y por su extremada densidad y concisión, multiplicidad de mate rias e infinitas alusiones, es uno de los libros de más dificultosa com prensión sin los auxilios bibliográficos necesarios. Basado y constante mente conectado, mediante innumerables referencias, con la Biblia, vie ne a ser también, en cierto modo, una elucidación exegética de nume rosos pasajes de ésta. El Talmud, o más específicamente la Guemará, complemento y exposición de la Misná, las dos partes que lo integran, es una inmensa amalgama de todos los conocimientos de su época en los países orientales donde fué elaborado durante el primer quingentenario de la era cristiana, y al igual de la Misná, cuya trayectoria sigue, está esmaltado de citas y referencias escriturarias, las cuales, al par que ilus tran las materias en cuestión, revelan, por el empleo que de ellas se hace, la interpretación exegética que se les da. Sabias e ingeniosas con sideraciones, máximas y sentencias, anécdotas, refranes, etc. aclaran y enriquecen copiosamente ese vasto elucidario de cuestiones .bíblicas que son, entre varias otras cosas, e1 Talmud palestinense y el Talmud ba bilónico. El lenguaje de uno y otro es abstruso y heterogéneo, predomi nando en el primero el arameo judaico de Palestina, muy semejante al arameo bíblico de Daniel y Esdras, y en el segundo el arameo oriental, afín deJ dialecto mandeano. La abundante y apocalíptica literatura apócrifa antiguo-testamenta ria, redactada en gran parte en hebreo o arameo a lo largo de los siglos inmediatamente anteriores y posteriores a la era cristiana; los piyutún o poesías litúrgicas de los paytanim que florecen hasta el afio mil y pau latinamente van siendo conocidas; la labor inmensa y duradera de los Masoretas, son otros tantos campos espaciosos· donde el exegeta cris tiano puede libar eX'quisitas mieles. -18 -
La nutrida falange de personajes judíos que en el período gaónico oriental mantienen el esplendor de las grandes academias de Sura, Pom bedita, Tiberíades, Kairawán y tantas otras, entre las que se destaca como astro de primera magnitud Sa 'adía ha-Gaón; las glorias excelsas del ciclo hispano-árabe, en el que la cantidad de cultivadores agregios de las letras hebraicas rivaliza con la alta calidad; los ilustres represen tantes de la escuela franco-septentrional, con Rasí a la cabeza, y los de la franco-meridional, prestigiada por la familia Qimhí, oriunda de Es paña: todos estos grandes escritores judaicos, que compusieron sus obras en lengua árabe o hebrea, ofrecen un repertorio de cuantía y valor incalculable para la investigación escrituraría. Gran parte de ellas no han sido todavía divulgadas en lenguas modernas; aun las traducidas al latín o alguna otra lengua europea son de difícil consecución; y, sdbre todo en lengua hispana, la penuria, que padecemos de versiones de esas obras, aun de las celebérrimas de primera fila, es lastimosa y descon soladora. Todas las grandes ramas de la literatura hebrea post-bíblica en la edad antigua y medievo participan largamente de la savia bíblica, y se reuucen directa o indirectamente, en último término, a una exposición del contenido escriturario o de sus obvias derivaciones. Los comenta rios propiamente tales sobre el Pentateuco en primer lugar, y sobre fos libros todos de la Sagrada Escritura, ya sean de carácter literal, ya ale górico, homilético, esotérico o cabalístico, o bien mixto y universal, destácanse de un modo extraordinario en el conjunto de la producción. En cualquier biblioteca, privada o comunal, netamente hebraica, como ias que pueden visitarse en las ciudades marroquíes o de otros países norteafricanos de fuerte contingente y tradición israelita, llama la aten ción la cantidad de comentarios bíblicos y obras exegéticas de doctores judíos de todas las épocas, muy superior a la de cualquier otra rama de las letras y las ciencias rabínicas. Pero aun éstas, sin distinción, insis timos, están saturadas del espíritu bíblico y cuajadas de citas escritura rías, desde el principio hasta el fin (portada y colofón), constituyendo, por lo tanto, un inmenso repertorio de sentencias y versículos del texto sagrado, de los cuales se nos ofrecen infinitas irisaciones semánticas, bien de carácter lite.ra.1 y objetivo, bien de tipo alegórico o místico, a través de la especial psicología y mentalidad de cada autor y tendencia, dentro de la ortodoxia judaica. ¿Qué se conoce de todo ese vasto ,piélago, donde hay tantísimo apro vechable, en el campo de la exégesis cristiana? Apenas nada. Alguna!1 -19-
de ·las obras cumbres de la literatu·ra judaica medieval fueron vertidas al latín po'r los grandes hebraístas europeos, tales como Arias Montano, los Buxtorf, Bias Ugolini y sus colaboradores del colosal Thesauruis an tiquitatum sacraru1n, etc. Pero aun estas versiones, escasas y anticua das, resultan <le muy difícil acceso. Urge, por lo tanto, en este resurgimiento de los estudios bíblicos a que asistimos hace varios lustros en diversos países, entre los que cabe muy honroso puesto a nuestra España, llenar cuanto antes esa laguna aprovechando sabiamente las meritísimas aportaciones de la exégesis judaica. El valor de esas obras e inmensa labor, cuyo conocimiento y ruiecua:. da apreciación inculcamos, en que tantas y tan egregias figuras del ju daísmo consumieron sus doctas y largas vigilias, poniendo a contribu ción su infinito amor a la T orá, la auténtica sabidurfa de Israel, es de muy diversos quilates, según la categoría intelectual de cada autor, como necesariamente habría de ocurrir en cualquier esfera. Ciertamente no podemos situar en primerísimo plano de la importancia a todos esos innumerables comentarios, a pesar de sus méritos esporádicos, que nun ca faltan, ni siquiera aeonsejar su traduceión y divulgación, pues no correspondería el esfuerzo requerido a su utilidad real. Mas tampoco sería discreto, antes argüiría vituperable ignorancia y menguado criterio, incidir en el extremo contrario, motejando desdeñosamente de "rabí nica'' en su acepción peyorativa esa magna labor exegétiea, empresa de titanes y obra tanto de la inteligencia como del corazón, cuyas flores no se marchitan. Por ese cauce caudaloso de la tradición judaica, que supo conservar incorrupto el sagrado texto, como ha reconocido la Iglesia, c0rren aguas cristalinas y torrenciales que pueden a;legrar la dudad de Dios. También aquí sería oportuna la referencia de analogía con la incon mensurable labor escrituraría y exegética de los doctores e intérpretes cristianos durante el mismo período de veinte siglos. D'esde un punto de vista estrictamente hermenéutico no sería acertada una valoración superior en masa de todos lós comentaristas patrísticos y bíblicos de toda especie, aun salvando sus méritos .parciales y esa "sua:ve perspica cia de las cosas celestiales" tan proveehosa para el fomento de la piedad con que Dios adornó a los Santos Padres y a muchos expositores sa grados y escritores ascéticos y místicos, de conformidad con el oficio que les <lió en la Iglesia, como agudamente afirma el Sumo Pontífice en la citada encídica. En todos los órdenes de la erudición, ante la ha- -e->-
¡ tumba de la produ�ión acrecida sin tregua a través de los s�glos y hoy a marchas forzadas, se impone como ley de vida Iai más severa y res trictiva selección. Como el mismo Pontífice -reconoce, dichos Santos Pa dres y doctores católicos "a veces estaban menos provistos de erudición profana y del conocimiento de las lenguas que los de nuestros tiempos '', e igualmente podría añadirse menos enterados de las antiguas costum bres patriarcales, instituciones, ritos y costumbres d,e la vida israelita, cuyo conocimiento es imprescindible para la perfecta interpretación de tantos pasajes oscuros y expresiones del texto sagrado. Todas estas en señanzas y cuantas integran el conjunto general de las ciencias judaicas y la vida israelítica, han constituído el pan espiritual desde la niñez en el pueblo judío, en todo tiempo y lugar, y, con raras excepciones entre los cristianos, nadie mejor que los hebreos, sobre todo sus doctores y hombres de letras, han dominado la difícil lengua santa, tan amorosa mente conservada y cultivada a través de las edades en los azares de una Diáspora bimilenaria. Rindamos, por lo tanto, al pueblo hebreo el merecido tributo de justicia y gratitud por su entrañable adhesión a la Sagrada Escritura en la "verdad hebraica" y el constante estudio y meditación que siempre la han prodigado, legándonos un tesoro inapre ciable en su labor exegética. • • • La dispersión del pueblo judío por todos los países del mundo civi lizado les impuso la perentoria necesidad de adoptar la lengua oficial o vernácula de cada uno, y su inclinación al cultivo de las letras los movió a emplear esos idiomas, rivalizando a menudo con los demás hablantes de éstos, en fas producciones de su ingenio. Así, además del hebreo, arameo y árabe, de que anteriormente hicimos mención, otras muchas fueron asimismo vehículo de su pensamiento, y en todas las lenguas europeas crearon los judíos una copiosa literatura de acusadas caracte rísticas. (Vid. EJC, VI, 635 y VII, ru-152). Además desarrollaron modalidades lingüísticas especiales, verdade ros dialectos dentro de ciertas lenguas, tales como el judeo-árabe, judeo persa, judeo-griego, etc. Pero entre todos existen dos de capital impor tancia, como especial representación de las dos ramas principales del judaísmo, la askenasí y la sefardí, y son: el idish o judea-alemán y el ladino o judea-español. Este último, todavía muy incompletamente es tudiado, y que apenas ha hecho acto de presencia en la Filología espa- - 2t -
ñola, reviste excepcional importancia en la cultura hispánica y es ob jeto de atención en el presente estudio, como expresión de una abun dante literatura exegética. Ta'1 es el desconocimiento y despreocupación que hasta hoy ha .exis tido en España con respecto a la lengua (como en los demás aspectos) conservada cual precios.a reliquia por los sefardíes descendientes de los judíos expulsad0s en 1492, tanto en el habla flllsual como en sus libros, que fa voz ladino, con que entre ellos se designa, ni siquiera figura en el Diccionario de la Academia, c-0mo tampoco en los demás, que tan de ceoca le siguen, con esa acepción. Ante todo conviene aclarar su significado y establecer una distinción. "Ladino --copiamos de la EJC-: romance o castellano antiguo y tam bién nombre del idioma o dialecto judeo-es.pañol que todavía se habla en los países balcánicos, en el Medio Oriente y en Africa del Norte. El nombre proviene de latino y se aplicaba por los judíos a la lengua del país, para diferenciarla del hebreo. Después de la expulsión de los judíos de España, ladino llegó a ser sinónimo de español, pero en la forma que lo hablaban los desterrados ... Entre los judíos sefardíes se designa con ladino, por lo general, el lenguaje de las traducciones de. los libros litúrgicos al judea-español, mientras que el idioma hablado se llama judezmo o espa1iol. '' Es decir, que diríase establecen, siguiendo antigua tradición, una diferenciación en cierto modo análoga a la del uso cristiano del latín, como lengua eclesiástica y la lengua vernácula (castellano o cualquier otro idioma, según el país). Si en la indicada restricción, en cuanto a la acepción estricta de ladino, reservado para dichas "traducciones de los libros litúrgicos", se incluye, como parece obvio, las traducciones de la Biblia (A. T.) realizadas por judíos y para los judíos, desde el siglo XII y perpetua das has.ta hoy, y los antiguos comentarios exegéticos del mismo carác ter, y aun las viejas versiones de ciertos libros de tema religioso (as céticos, místicos, de poesía sagrada, etc.), tendremos ya naturalmente acotado y sóbre una base lingüística bien destacada el campo de la in vestigación que preconi.zamos, es decir: el ladino religioso. Porque es de advertir qttie la lengua y literatura sefardí constituyen materia muy amplia y compleja;. basta:, para darse cuenta, con echar un vistazo al artículo correspondiente en las enciclopedias judías (v. gr. EJC). Va rias razones acrecientan esa dificultad, como son: los numerosos siglos que abarca, puesto que pa:rece segu'ro, y así lo admiten los autores, que
el dialecto judeo-español ya acusó ciertas particularidades y formas at:.. caicas con anterioridad a la expulsión; el f.uerte sedimento hebraico en raizado en su léxico, .locuciones y estilo; los muchos y dive'rsos ,países donde las comunidades sefardíes han venido usándolo, absorbiendo mul titud de vocablos del idioma oficial de cada uno o de otras naciones (v. gr. del francés); y la multiplicidad de temas tratados, puesto que, como l,engua escrita, ha servido para toda clase de géneros literarios. Para mejor resolver toda esa serie de complicaciones la investigación necesita ir acotando aspectos. El "ladino religioso" ofrece un carácter más uniforme y en ci�rto modo canónico en todos los países, por la influencia predominante de las antiguas versiones de la Biblia, conservadas fielmente ron ligeros retoques, durante varios siglos, en todas las comunidades sefardíes; arrastra un caudal mayor de términos hebreos y menor, en cambio, de las lenguas vernáculas; y gran número de vocablos y locuciones arcai cas, hondamente sugestivas y henchidas de sabor y casticismo, han que dado como estereotipadas resistiendo tenazmente la fuerza innovadora y evolutiva del lenguaje. Pero no es nuestro intento en el presente estudio exponer la natu ralleza y características de la lengua sefardí en ninguna de sus modali dades, ni siquiera en la religiosa, sino poner de relieve la importancia que encierra la literatura exegética plasmada en esa lengua y sieñalar las principales fuentes para su investigación. En el vigente plan de estudios univ�rsitarios de España, índice siem pre de las coetáneas corrientes ideológicas en cada especialidad y faro ilustrador de las tareas y preocupaciones investigadoras, aparte de la obvia atención, por lo que a la Filología hebraica se refiere, a todos los aspectos de la cultura hebrea, bí:blica y rabínica, existe una a·signatura de Exégesis lingüística bíblica y otra de Lengua y literaturra rabínica, ambas en el último año de la Licenciatura, como coronación de los estu dios hebraicos. Para una y otra reviste capital importancia el conoci miento de la copiosa literatura exegética compuesta por ieseritores ju díos en "ladino" o. judeo-español. En ella se recoge todo el inmenso caudal del saber judaico elaborado durante dos milenios en orden a la interpretación tradicional de los sagrados libros del Antiguo Testamen to, en cuanto al sentido literal y también el alegórico. N a<la absolutamente se ha escrito ni inV1estigado sobre este tema en nuestra patria, y muy poco por extranjeros. En los grandes centros mo dernos judaicos de cultura e investigación se viene realizando una me-
No se crea, sin embargo, que tal norma haya constituído el canon de todo traductor entre los hebreos; prueba palmaria de lo contrario son las pulcras traducciones a la lengua santa de las obras compuestas en árabe por los grandes escritores del judaísmo medieval, así como otras vertidas al ladino, aunque algo suelen resentirse del excesivo apego al original. Había, y aun perduran, algunas razones poderosas, para pre ferir ese férreo literalismo en las versiones del sagrado Libro. Todos sus destinatarios habían sido iniciados en el conocimiento de Ja lengua he brea (costumbre perpetuada hasta hoy) sobre el texto bíblico desde su infancia, de un modo empírico en la bet ha-séfer, a tenor de dichas traducciones y con vistas exclusivamente a una iniciación rudimenttaria en el hebreo lítúrgico y escriturario. Los que luego ingresaban en la yesibá adquirían un conocimiento más amplio y sólido. Con aquel ligero barniz, un traducción de tipo "interlineal", bien ajustada al texto he braico, constituía un valioso auxiliar para la lectura directa de éste. Por otra parte, la profunda veneración sentida hacia la Palaibra de Dios representaba un freno que reprimía fuertemente la libertad fraseológica del traductor, y obligaba así a mantener, como en la· Vul gata latina, declarada "oficial" por la Iglesia católica, un texto único vulgar, con más fortuna que en las traducciones realizadas por los cristianos en los respectivos países desde que éstas se autorizaron. Te nemos, pues, junto a la venerable versión de los LXX, que tan grande predicamento ha gozado siempre, peculiar de la Iglesia griega, y la Vulgata por antonomasia, como se ha venido llamando a la versión latina usada en la Iglesia occidental desde hace más de quince siglos, otra especie de vulgata sefardí, de ocho siglos de antigüedad, que re coge y refleja toda la prístina exégesis rabínica, y que, sin embargo, apenas ha sido tenida en cuenta en las traducciones y totalmente pre terida en los comentarios bíblicos reaJlizados por los exegetas cristia nos. Esta tercera "vulgata" comparte con las otras dos el privilegio de indisputada hegemonía y "oficialidad" en un gran sector humano, cual es el mundo sefardí. En confirmación de nuestros asertos, nos place estampar las si guientes conclusiones, aunque algo burdamente bosquejadas, del P. J. Llamas, que ha efectuado concienzudos estudios acerca· de las antiguas biblias judías medievales rnmanceadas 2: (2) Vid. Sefarad IV (1944), pp. 219-244, IX (1949) pp. 53-74, XI (1951) pp. 289-304. Item La Ciudad de Dios, 1947, pp. 560-562. -30-
"Con los resultados anteriormente señalados a la vista, el capítulo de la historia de la lengua y literatura españolas referente a la cultura judaica en España cuenta desde este momento con las dos siguientes conclusiones: a) El romance español en boga entre los judíos de Espa ña fué el castellano del siglo XIV, el cual, levemente modificado, per dura hasta hoy entre los hebreos que hace cuatro siglos continúan ha blándolo fuera de las fronteras de la nación ibérica. b) La Biblia cas tellana de los judíos ha sido siempre la misma a partir de su naci miento en la décima cuarta centuria medieval, pero sufriendo la m dificación recensional de la füblia ferrariense, que es la que sigue uti lizando la progenie sefardí." (Sefarad, IV (1944), p. 241). Así, pues, en las traducciones de la Biblia efectuadas por los judíos españoles y en las ediciones estampadas hasta hoy por los sefardíes se advierte una gran unidad, a partir de la "rica proliferación de versiones castellanas de la Biblia, trabajadas por judíos de España, a partir de la mayor edad del lenguaje de Castilla en los días de Alfonso X el 'Sa bio". (Sef. XI, 289). La citada Biblia de Ferrara ( 1553), en sus varias ediciones, entre las que se destaca la tercera, bilingüe (1762, Amsterdam), es heredera di recta de las biblias medievales judea-españolas, y ha gozado hasta hoy de universal veneración entre los judíos, tanto sefardíes como incluso askenasíes 3 •. Recuérdese, además, que apareció con la aprobación ecle siástica. Algunas versiones modernas (cfr. supra) introducen retoques y pulimentos de estilo, en gracia a la mayor claridad, pero substancial mente sigue siendo una la vulgata sefardí. Vfase, a título de ejemplo, el siguiente pasaje de Isacías (116-2º) toma do de la versión f errariense : "Lavadvos, limpiadvos, tirad maldad de vuestras obras de enfrente mis ojos : cessad de emalescer. Aprended bien hazer, requerid juie:io, adere�d el oprimido : juzgad huérfano, litigad (por) viuda. Andad ahora y razonemos dize .A. : si fueron vuestros pecados como la gra' na, como la nieve se emblanquecerán; si se embermejecieron como el carmesí, como la lana (blanca) serán. Si quisierdes y oyerdes: mejoría de la tierra comereys. Y sino quisierdes y rebellardes : a espada sereys afinados, que boca de .A. habló." U) En 1945-46 p-wblicóse en Buenos. Aires una nueva edición, también bi lingüe, de fa. misma en cuatro tomos, pero mode�nizand0 el estilo. Vid. reseña en Sef. VII (1947), 1pp. 427-429. - 31 -
II.--EL ME' AM LO' EZ ('¡ Quizá la obra de mayor envergaduta compuesta en ladino, al menos por lo que a exégesis bíblica se refieré, sea la titulada Me ' am lo 'ez 4, que abarca 13 tomos, elaborados por nueve autores, desde 1730 hasta 1899, y aun está sin terminar. Es un vasto comentario general a toda la Biblia, en el cual se da entrada a toda dase de materiales tom.ados de las obras clásicas del judaísmo, máximas, tradiciones, leyendas, saber popular, etc. "No existe obra parecida en la literatura judía, ya sea en hebreo o en otros idiomas. Podría calificársela de antología sefardí o hasta de enciclopedia popular. El estilo es claro, flúido y de gran riqueza de vo cabulario. " De la calidad y estimación de esta obra por los judíos da idea el si guiente juicio. A diferencia de un libro algo similar compu:esto en idish, "}Vf eam Loez no está destinado principalmente a las mujeres y a perso nas tota'lmente incultas, sino que pretende incluso suplementar los estu dios de la yeshivá, sin ser libro erudito propiamente dicho". (EJC, VII, 348). Inició su publicación el rabino Jab ben Meir HoUJlli, de Constanti nopla, en 1730, y preparó el conjunto de la obra basándose en el Tal mud, los Midrashim, el Zóhar y los escrito;es judíos medievales de ma yor renombre, tales como Rasí, Ihn 'Ezra, Bahya ibn Pa.quda, Qimhí, Gersónides, Nahmánides, Isaac Arama, Abravanel, etc., y utilizando asimismo la copiosa fuente de las tradiciones popúlares. Las numerosas ediciones totales y parciales de esta o!Jra en diversas poblaciones son una prueba elocuente de la gran popularidad de que ha gozado. Sobre todo en Turquía ha sido el libro más estimado y letdo en las comunidades judías desde su aparición hasta nuestros días, y el "que más ha contribuído a formar el alma sefardí" (lbíd.). Las precedentes consideraciones bastan para demostrar la utilidad que reportaría una edición de esta obra magna' con caracteres latinos, introducciones y notas, es decir, presentada al gusto del moderno lector europeo, pues ya se adivina que su interés rebasaría el ámbito meramen te espaiíol e hispano-americano. A continuación damos un espécimen ele esta obra, tomado del tomo pr:imero (Comentario al Génesis) : (4) El título, lllll poco arbitrario, está formado las dos últimas palabras de Sal. u41, y si,gnifican s.encillamepte "Del p:teblo extranjero". -32 - .....
Gén. r3 : "Wa-yo'mer 'Elohim yehí '-or , �te. Agora mos abiza la Ley de todo lo que se erió, día por d.ía ; y. i>abréis que hubo razona miento entre los sabios. Rabí Yehudá dize en 6 días se crió el mundo, y R. Nehemía diz.e 9 ue todo por entero fué crtado en un punto por comando dél S [ em j yit [bareK:], rna enbilunt6 de a�er creser cada. coza en su día:, aun-que ya estaba todo pronto del primer dia. Y en Nisán se crió el mundo, y ay quien dize en Tisri, y diien que todas las dos sebarot (opiniones) son verdaderas, que en Tisri tuvo enten sión de criarlo, ma no se crió asta Nisán, que ansí fué su. voluntad. " 111.-COMENTARIOS SUELTOS Aunque ha habido comentaristas, como Rasí o Abraham lbn 'Ezra, cuya vasta labor se ha extendido ai casi todos los libtos del A. T., lo normal es que se hayan limitado a ailguno en particular, o tal haya sido, en todo caso, su comienzo en la labor exegética, por más que después haya ido adquiriendo ésta proporciones universales. El Pentateuco, por su trascendental importancia, se lleva la palma en cuanto a comentarios y supercomentarios, como también en la: amplitud de tos mismos. El caudal de estas obras en ladino es grande ; unas fueron compues tas originariamente en esta lengua, y gran parte son traducciones del hebreo y hasta del idish. Aparte de estos grandes comentarios de mayor empeño y erudición acerca de un libro entero del A. T., de los más extensos o fundamen ta'1es por la envergadura de las cuestiones en ellos implicadas, son mu ch0s los de menor cuantía y más ligera exposición, elaiborados para la generalidad de los leetores o para ser leídos en las reuniones sinagoga· les. A e�te grupo pertenecen sobre todo gran número de sucintos c mentarios sobre los cinco M eguilkt, o sea Cantar de los Cantares, Rut, Trenos, Qohelet y Ester, especialmente leídos en determinadas l'esti vidades. En estas obritas se elucida, versículo por versículó, la signific�ón del texto, predominando las consideraciones alegóricas, sobre todo en el primero, donde se declara y pondera el amor de Dios a su pueblo Israel, que es la interpretación tradidonal dada por el judaísmo al Can tar de los Cantares. Numerosas son las ediciones sueltas de estos pe queños comentarios ; mas también se encuentran reunidos en las edicio nes completas y comentadas de la füblia. Tal ocurre, por ejemplo, en
la de Viena, 18r4, en varios tomos, que.lleva como· título Séfer 'arba 'ah we- 'esrim (Heilige Schrift) y comprende el TH, traducción del ladi no, comentario de Rasí y a continuaci{m de cada .uno qe ios Cinco Vo lúmenes su "Ta:rgum .ladino" o comentario, aparte de otros -�apéndi<:es. Transcribimos, a continuación, el principio del comentario a cada uno de los Cinco Meguillot : . Cant. "Cantares y alabasiones que diso Selomó el Profeta, rey de Israel, con espírito de prQf ezía, delantre Señor de todo el mundo, A:· Diez cantares fueron dichos en el mundo el éste ; cantar éste ala bado más que todos ellos. Cantar primero <liso Adam en ora que fué perdonado a él su pecad;0 vino el día de sabbat y mamparó sobre él abrió su boca y <liso salmo cantar para día de sabbat." Rut. "Diez ambres fuertes fueron esetensiadas de los sielos por seer en el mundo dezde el día que fué criado el mundo hasta que benga el rey el Mesiah, po� castigar con ellas a-moradores de la tierra. Am bre primera en el día de Adam ha-rasan. Ambre segunda en el día de Lamek. Ambre tresera en día de Abraham." Trenos. · "Diso Yirrrieyah el profeta y el cohen el grande como se asetensió sobre Yerusalayim y sobre su pueblo por juzgarse con quitamientos y por endechar sobre ellos 'Ekah al modo que se juzgaron Adarn y Hawah que se desteraron de gan 'Eden y endechó el Señor del mundo sobre ellos 'Ekah .. " Qoh. "Palabras de pwfezía que aprofetizó Qohélet el Selomóh ijo de David el rey que era en Yerusalayim. Cuando vida Selomóh rey de Yisrael con espírito de nebuah el reino de Rehaib'am su ijo que era aparejado por espartirse con Ya.rob' am ijo de Nabat y a Yerasalem y el bet ha-miqdas que ellos aparejados por destruirse y a el pueblo de ijos de Yisrael que ellos :aparejados por catibarse <liso con-su dicho: Nada de nadas el mundo el éste, nada <le nadas todo lo-que trabajé yo y David mi padre, todo él nada." Est. "Y fué en días de 'Ahasveros, el 'Ahasveros uno de diez reyes que enreinaron y aparejados en-el mundo, y éstos ellos los diez reyes : reino primero de .rey de los ·reyes A: Seba:'ot que con apresuransa se engrandesca su reino sobre ·nos. Segundo, de Nemrod. Trese ro de Far'oh rey de Ayifto. Cuarteno, de Yisrael. Quinto, de Nebukadnesar rey de Babel. Sezeno, de 'Ahasveros. Seteno de Yaván. Ocha vo, de Romí. Noveno de Mesiah ijo de David. Dezeno, de rey de los dies A: Sebaot que con apresuransa sea descubierto su reino sobre nos y sobre todos moradores .de la tierra." -M-
· IV:----COMP&.."'i'mos DEL A. T. La índole marcadamente popular y didáctica que caracteriza al ladi no y su literatura cristalizó en obras dirigidas a personas de poco densa· cultura, a las mujeres, cuya educación, sobre todo religiosa, no se des cuidó, y a la infancia. Tales son los compendios de la Sagrada Escri:.. tura reda'Ctados en judeo-español, similares a nuestros mat11Uales ·de Historia Sagrada para niños y para el pueblo, que en todo tiempo se han compuesto en los países cristianos. Aparte de este género de obras, son infinitos los pasajes, textos y referencias aducidos en los ritua·les, libros de rezo, de ascética y mí� tica, hasta el punto de que, parodiando a Menéndez y Pelayo (que lo aplicó al español), bien podría asegurarse que sería fácil elahorar una biblia en ladino con el florilegio de citas espigadas en la literatura sefardí. · Generalmente dichos compendios son un centón de párrnfos y frases entresacados de las traducciones, marcadamente literales como reitera damente queda indicado, del sagrado texto. El título suele ser, como de costumbre en toda la literatura hebraica, alguna expresión bíhlka ; la disposición concuerda �empre con la del libro correspondiente en el T M ; se conservan a menudo las secciones o pa·rasás de éste; y se encabezan los capítulos con el principio de la frase hebrea del texto a que se refieren. Eventualmente se intercalan asimismo oportuna·s ob servaciones y aclaraciones. También suele preceder alguna Introduc cióln. El siguiente fragmento que como ejemplo transcribimos, está to mado del Séfer léhem Yehitdá (Salónica, 1888), t. II, pág. 1, Séfer Yehosu' a: "El declaro de capítulo primo fin capítulo 6.-Wa-yehí 'ahare mot Moséh etc. Después que murió Moséh rabinu { 'alaw ha-salom =sobre él sea la paz1, le di so el S [ em] yit [barek J a Yehosu'a : Moséh mi sier vo murió, y tú saves que les tuve aprometid9 a Yisrael de darles a las tieras santas y juré que non tiene que entrar adientro de ella;;. Agora te nominí a ti en su lugar por que rijas a este pueblo y los agas pasar por este Yardén. Si estava bivo Moseh non puedía ser que tú los izieras pasar, por dos razones : prima, siendo sos su eli vo ( talmid = discípulo) non puedías regir a este puevlo en estando él bivo; segunda, por cabza de la jura que juré que non deví entrar a esta tiera santa, con esto im posivle que se iziera este pasaje por tu mano."
V.-ÜBRAS VARIAS ORIG'INALU 'CON REFERENCIAS O AMPLIO CONTENIDO EXEGÉTICO Én ladino se han escrito toda clase de obras, religiosas y profanas, si bien, como queda dicho, ocupárt un lugar preferente las traduccio nes, sobre todo del hebreo, por el especial prestigio de la lengua santa, y también compendios y arreglos de las obras más. famosas de la lite ratura judaica y universal. La Biblia es siempre la fuente principal e inextinguible de Israel en todas sus creadones, como lo fué también de modo preponderante en las literaturas y el arte de los países cristianos en pasadas centurias. . Aparte de los extractos de las obras "clásicas" del judaísmo, en todo tiempo se han escrito en ladino durante los últimos cinco siglos libros de apologética "en defensa de la religión menospreciada ", mo rales, educativos (v. gr. Medicina de la vida, por Isaac de Paz, Ams terdam, 1734), ascéticos, místicos y cabalísticos. Advertimos que mu chos de esos libros, cor:ppuestos en ladino, llevan el título en hebreo, V'. gr. el anteriormente estudiado Me' am lo' ez. Mención especial mer�cen las coplas y romances, entre los que abun dan los temas religiosos o escriturísticos, v. gr. Cantares para al,abar al Dio en la festividad de Purim (Livorno, 1820), las Coplas de J oseph, historia rimada: de este personaje bíblico compuesta por Abraham To� ledo en 1732, o el romance -por citar uno entre mil-Un hijo tiene el rey David, sobre el episodio de Amnón y Tamar. Como ejemplo ponemos la primera de una serie de C omplas de Purim insertas en una obrita titulada Séfer Alegrías de Pwrim (Livor no, Igo7). "Empezar quero contar, !jos del Dios alto, De lo que quero mentar Nada llo no falto Con rezo e-canto E con gran plazer, Porque Hamán el mamzer Mos quito matarnos También atemarmos." -&>-
I_ Vl • ..;.;...VEilSl-ONBS s�FAR.nf¡;,s ,nE'.DLVJUtSA.S. � JUi:>.AiC.!S ru: .. FONDO EXÉGÉTICO Ya indicamos la multiplicidad lingüí'stica que ofr�e la: literatura del pueolo hebreo considerada en su conjunto; maS! la porción qtie pódemos. llamár "clásica j' es la constituida pqr las venerables obras de los gttn ... des doctores de la antigüedad y medievo compuestas en hebreo o bien en árabe, pero traducidas al hebreo y más leídas en esta lengua. Destá canse de modo especial las producciones de esa época áurea de la lítern tura hebreá que fué la hispano-árabe, en la rual florecieron tan ilustres ingenios en todas las ramas del saber, singularmente en la poesía sa grada, exégesis en sus diversas formas y literatura religiosa en general. El Moré nebukim de Rambam, el H obot ha-lebabot de Bahya ibn Paquda, y las más selectas de esa pléya:de de escritores se tradujeron al ladino más de una vez, y los escasos ejemplares de esas antiguas versio nes los guardan como oro en paño sus a:fortunados poseedores. Tras laboriosas búsquedas y a altos precios hemos conseguido algún ejemplar de esas raras ediciones. Bonilla San Martín prestó un buen servicio a las letras hispanas edi tando la traducción al español (no al ladino) por Jacob Ahendana: del C uzarí, la famosísima obra apologéLica de Y ehudá ha-Leví; pero desde los _puntos de vista filológicos de que anteriormente hicimos mérito, mayor interés tendría la traducción anónima:, del siglo XIV, existente en la Bibliote<::a Nacional. Al dar a conocer a los lectores hispanos los tesoros de la literatura judaica sería de gran utilidad empezar por las traducciones antiguas y en ladino, si las hay, que al propio tiempo ser virían de firme base para un estudio completo ulteri�r, al par que <;le valiosa ayuda para la lectura del texto hebreo por su mayor literalidad. En las enciclopedias y manuales de literatura se mencionan a veces antiguas traducciones de la Misná, Talmud, Zóhar, etc., que nadie ha visto o son .por lo menos ina.ccesibles. Lo indudable, de todos modos, es que existen en ladino por lo menos algunos compendios (v. gr. Léqet ha-Zóhar (Selección del Zóhar, Belgrado 1859), comentari0s y versio nes de ciertos tratados como el Pirque 'Abot, del ritual de PésaJi y de no JXlCOS himnos y poesías litúrgicas. Todo ello constituye un fondo ladino muy estimable para la investi gación de la exégesis rabínica e.n esta lengua. Del popularísimo libro de Ibn Paquda hay una traducción por José -37 -
Formón (1713) y otra posterior de Israel ben Hayyim de Be1grado (Viena, 1822), de la cual extractamos el siguiente párrafo, con que da principio la Puerta primiera; capít. 1.0: "Dijo el Hasid que toda la arte o-la definisión de aunar a-el S[em] yit (barek] con corasón conplido es y debe desi.r a-que-sean la léngua _ y el corasón ig.uales, en aunar a-el S [em] yit [barek], después de haber entendido con prebas claras ay Dio, y-<:omo es uno berdadero y berdader:amente, .porque el aunar a el S [em] yit [barek] se reparte según 10s sezos de la gente y-sus _saberes o-conosimientos y entendi mientos siendo ay algunos que-lo aunan solamente con-la lengua: y es la razón que oía a-la gente decir que el S [ em] yit [barek] es uno." VIL-COMENTARIOS DE OBRAS "CLÁSICAS" JUDAICAS Aparte de la Biblia, que ocupa el lugar preeminente y excelso en la vida e historia de Israel, el Talmud (Misná-Guemará), segunda Biblia del judaísmo, y su libro más representativo en la Diáspora:, ha ejercido una influencia absorbente en la actividad intelectual judaica, en la legis lación y ciencias rabínicas. Por eso se le ha dedicado atención primordial en las eSiCuelas y academias superiores, se le ha comentado largamente, y de él ºha surgido una éopiosísima literatura:, que se pone de manifiesto con sólo pasar la• vista por cualquier biblioteca hebrea. Inspirándose en sus principios y máximas se han compuesto tratados de ética no sola mente en hebreo sino también en ladino. A la vista tenemos La vida. del judío según lo indica el Talmud de principios de siglo. Innumerables son las ediciones, comentarios, trnducciones, etc. del tratado 'Abot, la perla del Talmud, vademécum de moral de todo pia doso israelita, que contiene las máximas preferidas de los tannaítas o antiguos doctores. Otras muchas obras de famosos 'rabinos, como el comentario de Rasí sobre el Pentattuco y varias de Maimónides, aparte de los poemas de los grandes vates judíos incluídos en la liturgia sinagogal, han logrado la consideración de "clásicas'' dentro del judaísmo. Natural es, por lo tanto, que esa porción tan selecta de la literatura hebraica se haya puesto al alcance de los piadosos sefardíes en multitud de obras de divulgación y comentarios. De este orden es el Trezoro del -�8 -
judaízmo o Mille d¡ Abot, pór llayyím Yi.shaq Shaqui (Cairo, Jgo7)1 del cual extractamos el siguiente pái:ratfo (pág. I 1):_ "Uno de los prinsipios del judaísmo es la conbicsión Cíe, 'emunáh) de 1a recompensa y la pena (sakar we 'ones). Quere dezir que el Todo poderozo paga a cada uno según sus obras, buenas o malas, según <liso el profeta Yirmeyáh (32, r9) : Que tu providensia cata con ata:nsión so bre todos los rijos de las personas por dar a cada uno según su meresi· miento y según el fruto de sus obras. Este prinsipio es de los más inte resantes por la religión, por-que si no es el espanto que tiene el ijo de ombre de ser apenado del Dio se aze contra su biluntad y no obedese a los comandos de la ley, y si no es también la esperansa que tiene de ser recompensado del Dio por sus buenas obras, cualo es lo que lé obliga a combatir por benser a su apetito malo etc." A continuación transcribimos el § I de La Vida del judaísmo según lo indica el Talmud: "H a-hebrah -El bibir con la gente. Si llo no cuidare por mi echo, quen cuidará por mí? y cuando llo cuidare (solamente) por mí, qué sería de mí? ('Abot). Leisión por el ombre que se fatiga solo por su probe cho, es esemplado a los animales que no se fatigan uno por otro, ma que aquellos 11a se mantienen �in apreto y sin estrechura y sin ovrar ningún ofisio." VIII.-I--!OMILÍAS SINAGOGALES y T�XTOS StMILARES Una de las tres grandes ramas de la primitiva literatura .post-bíblica, con la halaká y la hagadá, son los ·midrdsim, originariamente formados a: base de la enseñanza impartida en las sinagogas, con independencia de las escuelas, y que después se recopiló para la lectura ·y estudio en pri vado. Las enseñanzas de los rnbinos y sus adoctrinamientos morales, tan eficaces para la• formación de la juventud y el mantenimiento de la piedad religiosa en Israel, constituyen parte destacada de su literatura. La savia que los anima es totalmente bíblica, de ahí su gran valor para la exégesis. El carácter complejo de esta rama literaria en los primeros siglos, que en el fondo se ha conservado religiosamente, está expresado por A. Cohén (El Talmud, introducción), en estos términos : - 09 -