Canudos o la redención de los malditos: La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
Abstract
La sexta novela de Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo, publicada en 1981, no pudo ser más polémica. Al momento de su aparición, renombrados escritores y críticos literarios arremetieron contra ella. Sostengo que el personaje del Consejero y la novela en general descolocan, de diversos modos y con amplias repercusiones, las lecturas que ha operado la mirada colonial sobre Latinoa-mérica, constituyéndose en uno de los antecedentes, desde el discurso literario, de varias de las reflexiones del pensamiento descolonial latinoamericano.
Full text
Canudos o la redención de los malditos: La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa Canudos or the Redemption of the Damned: La Guerra del Fin del Mundo, by Mario Vargas Llosa Marcela Crespo Buiturón Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) ORCID: 0000-0003-2947-1984 RESUMEN La sexta novela de Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo, publicada en 1981, no pudo ser más polémica. Al momento de su aparición, renombrados escritores y críticos literarios arremetieron contra ella. Sostengo que el personaje del Consejero y la novela en general descolocan, de diversos modos y con amplias repercusiones, las lecturas que ha operado la mirada colonial sobre Latinoamérica, constituyéndose en uno de los antecedentes, desde el discurso literario, de varias de las reflexiones del pensamiento descolonial latinoamericano. Palabras clave: Descolonialidad; Violencia; Marginalidad; Mario Vargas Llosa ABSTRACT Vargas Llosa's sixth novel, La guerra del fin del mundo, published in 1981, could not have been more controversial. At the time of its appearance, prominent writers and literary critics attacked it. I consider that the character of the Counselor and the novel in general misplace, in various ways and with broad repercussions, the readings that the colonial gaze has operated on Latin America, becoming one of the antecedents, from the literary discourse, of several of the reflections of the Latin American decolonial thought. Keywords: Decoloniality; Violence; Marginality; Mario Vargas Llosa Date of reception: 16/12/2023. Date of acceptance: 26/06/2024. Citation: Crespo Buiturón, Marcela. “Canudos o la redención de los malditos: La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa”. Revista Letral, n.º 34, 2024, pp. 255-271. ISSN 1989-3302. DOI: http://dx.doi.org/10.30827/RL.v0i34.29760 Funding data: The publication of this article has not received any public or private finance. License: This content is under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International (CC BY-NC 4.0) license.
Nº. 34, julio de 2024 256 —¿Quieres saber de Joâo Abade? —balbucea su boca sin dientes. —Quiero —asiente el Coronel Macedo—. ¿Lo viste morir? La viejecita niega y hace chasquear la lengua, como si chupara algo. —¿Se escapó entonces? La viejecita vuelve a negar, cercada por los ojos de las prisioneras. —Lo subieron al cielo unos arcángeles —dice, chasqueando la lengua— Yo los vi. Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo La sexta novela de Vargas Llosa, publicada en 1981, no pudo ser más polémica. Al momento de su aparición, renombrados escritores y críticos literarios arremetieron contra ella. Dos casos paradigmáticos fueron los comentarios del escritor portugués José Saramago y del profesor universitario español Pablo del Barco. En un curso de verano sobre literatura portuguesa que este último dictó en la Universidad La Rábida, de Huelva, España, sostuvo que Vargas Llosa había "creado una mala novela a partir de uno de los mejores textos de la literatura brasileña: Los Sertones, escrita en 1902, por Euclides da Cunha" y que el hecho de que la obra de Da Cunha sea una “novela épica” en la que se narran hechos importantes que vivió el propio autor durante la formación política de Brasil “le otorga un atractivo especial, mientras que Vargas Llosa ofrece una épica descafeinada y una mala ambientación" (Bayon Pereda). Sorprende, desde luego, la razón que esgrime el crítico literario (el valor testimonial del texto del brasilero) para desacreditar la novela del escritor peruano, ya que esto supone, entre otras cosas, una jerarquización dudosa entre el testimonio y la ficción… Más ácidos fueron los comentarios de Saramago, quien tildó la novela de mala copia del texto de Da Cunha: “nadie puede intentar escribir de nuevo el Quijote…” y agregó que Miguel de Unamuno en su libro La vida de don Quijote y Sancho utilizó los personajes de Cervantes, “pero lo hizo bien y es muy distinto de lo ocurrido con Vargas Llosa” (Bayon Pereda). Aparentemente, Ángel Crespo le había facilitado a Vargas Llosa un ejemplar del texto de Da Cunha y el escritor peruano, como se sabe, dedicó su novela a la memoria del brasilero.Vargas Llosa era apoyado, sin embargo, por otros colegas, como el chileno José Donoso o el escocés Alastair Reid (Donoso 70 y ss.), quienes desde hacía tiempo se referían a él en términos elogiosos, considerándolo uno de los más jóvenes y talentosos escritores del
Marcela Crespo Buiturón Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 257 Boom Latinoamericano, debido, sobre todo, al éxito de su novela La ciudad y los perros, ganadora del Premio Biblioteca Breve, otorgado por la editorial Seix Barral, en 1962 y publicada al año siguiente. Recuerdo brevemente que La guerra del fin del mundo ficcionaliza el conflicto ocurrido entre 1896 y 1897 entre el ejército brasilero y los integrantes de un movimiento socio-religioso y popular liderado por Antônio Conselheiro. Pero me interesa detenerme especialmente en dos comentarios sobre esta novela que aparecieron no mucho después de su publicación: el del crítico británico Donald Shaw y el del uruguayo Ángel Rama. El primero sostiene que Vargas Llosa no logra sortear dos problemas, a su juicio, fundamentales: el hecho de que ofrece una interpretación de la rebelión de Canudos en términos diferentes de los socioeconómicos convencionales y su problemática convicción de que no se logra explicar nada a través de la literatura. Para Shaw, Vargas Llosa presenta una crítica al texto de Da Cunha a través del personaje del periodista miope 1 , quien sostiene en la novela del peruano: “en realidad, no vi nada… Se me rompieron los anteojos el día que deshicieron al Séptimo Regimiento. Estuve allí cuatro meses viendo sombras, bultos, fantasmas. Pero aunque no las vi, sentí, oí, palpé, olí las cosas que pasaron… y el resto, lo adiviné” (Vargas Llosa 2 457). El británico interpreta estas palabras, no solo como una crítica al escritor brasilero, sino que sostiene una suerte de homologación entre la postura de Da Cunha y de Sarmiento 3 , en cuanto ambos darían por sentado, bajo una óptica positivista, que los hechos pueden ser explicados en términos de causa y efecto fácilmente identificables (Shaw 150-151). Es decir que La guerra del fin del mundo pondría en tela de juicio, como otras novelas pertenecientes a la nueva narrativa histórica latinoamericana, la inteligibilidad de la realidad histórica y correría el riesgo de concluir, como otro de sus personajes, el barón de Cañabrava, que “nadie entiende lo que pasó” (458). Pero yo veo, en estas afirmaciones de Shaw, otro 1 Vargas Llosa incluye este personaje en la última expedición militar que pretende sofocar la rebelión, así como Euclides Da Cunha había participado de la histórica que, efectivamente, ocurrió a fines del siglo XIX. 2 Todas las citas pertenecen a esta edición. 3 Si bien podrían establecerse algunas semejanzas, hay un diferencia fundamental entre el texto del escritor brasilero Euclides Da Cunha, Los sertones, y el del argentino Domingo Faustino Sarmiento: en el segundo está ausente la explicitación y centralidad del genocidio originario ejercido por el Estado.
Canudos o la redención de los malditos... Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 258 problema: el crítico hace un recorte peculiar de citas, eligiendo frases de dos personajes que, en principio, no pertenecen a la esfera de Canudos… y eludiendo otras tales como: “[El Consejero] hablaba de cosas importantes […] Cosas que se entendían porque eran oscuramente sabidas desde tiempos inmemorables y que uno aprendía con la leche que mamaba” (21). A mi entender, en la novela de Vargas Llosa, además de poner en tela de juicio el ocularcentrismo característico de la cultura occidental, los personajes de Canudos no parecen tener dudas a la hora de interpretar la realidad histórica: solo desconfianza –y esto me parece fundamental en la novela– por las categorías que explican y ordenan el mundo conocido. Aunque algunos críticos le resten importancia al afán del Consejero por lograr que los sertaneros rechacen las estadísticas y el sistema métrico decimal, pienso que esto cobra un valor agregado si se considera que forma parte de un nuevo sistema de control estatal: Les iban a cobrar impuestos, la República les quería cobrar impuestos. ¿Y qué eran los impuestos?, preguntaban algunos lugareños. Como los diezmos, les explicaban otros. […]. El instinto animal, el sentido común y siglos de experiencia hicieron comprender a los vecinos que aquello sería tal vez peor que la sequía, que los perceptores de impuestos resultarían más voraces que los buitres y los bandidos (41). Asimismo, el narrador, insistentemente focalizado en personajes que adhieren a la causa del Consejero (especialmente Galileo Gall, el revolucionario escocés que al comienzo de la novela ya intenta publicar un artículo, en un periódico local, apoyando la insurrección de Canudos; y el periodista miope, que luego de volver a Salvador Bahía emprende una cruzada para explicar lo que sucedió “realmente” allí), no parece sostener que no se puede conocer la realidad de los hechos, sino que hay diferentes verdades que se enfrentan e intentan descartarse, en una evidente lucha de poderes socioeconómicos y partidistas, lo cual nos lleva al primer problema señalado por Shaw, en acuerdo con Rama. Pero, antes de pasar a ello, me gustaría enfatizar que las palabras del periodista miope bien podrían suponer otros lenguajes posibles (otros sentidos, otras formas de conocer) para hablar de la realidad, que no estarían basados solo en lo que “se ve” y lo que “se sabe”, es decir, en el discurso de la Razón, y que
Marcela Crespo Buiturón Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 259 significarían, tal vez, un cuestionamiento a posturas, entre otras, como la de Pablo del Barco y no supondrían tanta hostilidad hacia Da Cunha como varios críticos aseguran. Asimismo, las palabras del narrador con respecto al rechazo de los sertaneros al nuevo orden republicano parecen visibilizar herramientas del entendimiento (instinto animal, sentido común y siglos de experiencia) que no responden a teorías políticas foráneas, pero que son mucho más útiles a los sertaneros para saber de qué cuidarse. Ángel Rama, citado por Shaw 4 , pone en tela de juicio que La guerra del fin del mundo, “desplegando un tema histórico donde operan las fuerzas sociales, se lo deja de visualizar como el conflicto social que es” (Rama 103). Me sorprende nuevamente que Shaw solo haga referencia a esta cita de Rama y que no incorpore nada del trabajo publicado en 1982 por el crítico uruguayo, en el que propone un análisis muy exhaustivo de los personajes y técnicas narrativas del peruano, y además que Shaw acuerde con Rama, pero haciendo una salvedad: Vargas Llosa no aborda la cuestión socioeconómica, pero “subraya dos fuerzas metahistóricas: el fanatismo y la violencia” (Shaw 151), que de alguna manera deriva la cuestión hacia una cierta pretensión de universalidad. Para explicar esto, el británico recurre a una cita de La historia de Mayta, otro texto de Vargas Llosa, publicado en 1984 y referido a otra insurrección, en Jauja, como si la afinidad de ese hecho (ambas rebeliones) asegurara que la afirmación de un texto pudiera ser funcional al otro: “La violencia. La moral y la física, la nacida del fanatismo y la intransigencia, de la ideología, de la corrupción y de la estupidez que han acompañado siempre el poder entre nosotros…” (Vargas Llosa 123–124), además de suponer un nuevo recorte en su interpretación, ya que el peruano no habla solo de fanatismo como factor de violencia, sino también de intransigencia, ideología, corrupción y estupidez… Peor aún, pareciera que la insurrección trotskista en la ciudad peruana de Jauja, en 1962, fuera homologable a la de la villa brasilera de Canudos, a fines del siglo XIX, porque responden al mismo fenómeno de “fanatismo y violencia”... Shaw sostiene: “Lo preocupante de La guerra del fin del mundo y de La historia de Mayta tiene que ver con la sensación que transmiten al lector de que el fanatismo es una especie de epifenómeno misterioso que forma parte de lo esencial del carácter latinoamericano, una forma moderna de la “barbarie” 4 El original del texto de Shaw fue publicado en 1981 y revisado en 1999. Entiendo que esta parte la habrá agregado en esa segunda versión.
Canudos o la redención de los malditos... Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 260 postulada por Sarmiento” (Shaw 153). Me pregunto quién instala esa sensación en el lector: ¿Vargas Llosa con sus novelas, o Shaw, homologando ambos textos y recortando qué factor es el que propicia la violencia? Lo preocupante para mí, entonces, es que se quiera atrapar las luchas que tienen que ver con las construcciones nacionales latinoamericanas en un aura universal que las lee y las explica desde una mirada dicotómica y colonialista. Sin ánimos de defender al escritor peruano –cuya posturas políticas sobre Latinoamérica han sido y siguen siendo muy cuestionadas y cuestionables–, me parece, como poco, discutible que el crítico británico subraye la idea de barbarie latinoamericana con su “forma moderna de la barbarie…”, simplificando, además, la postura sarmientina, más cuando se me impone el recuerdo de la advertencia de Homi Bhaba en Nation and Narration (1990), sobre la tendencia a considerar a los países del Tercer Mundo dentro de una identidad homogénea. También resulta significativo que Shaw elija como “símbolo” de esa violencia física y moral latinoamericana la escena en la que el barón de Cañabrava viola a la criada Sebastiana en presencia de su esposa, cuando este personaje es el más europeizado de todos. Parece, asimismo, que los discursos de los habitantes de Canudos, desde el Consejero hasta los hermanos Vilanova, Joâo Grande, Joâo Abade, Pajeú, el Beatito, el León de Natuba, María Quadrado, etc., hubieran desaparecido en la lectura de Shaw, ya que las citas que utiliza en su argumentación pertenecen a la mirada burguesa y patriarcal (colonial), o bien, a frases descontextualizadas (como la del periodista miope). Tampoco incluye ninguna afirmación del republicano Epaminondas Gonçalves, por ejemplo. ¿Qué se desprende, entonces, de las palabras de Shaw?: Vargas Llosa muestra, peligrosamente, que la violencia física y moral de los políticos latinoamericanos y el fanatismo de la población pobre de sus países son rasgos esenciales de su carácter. De pronto, otra arista parece iluminarse: ¿Shaw considera que el discurso de un personaje en particular, entre otros muchos, es el que hay que atribuirle al autor? ¿Quién elegiría cuál de esos discursos es el que sería asimilable al del escritor peruano? ¿Tenemos que pensar la literatura en términos de verdad y de identidad entre el autor y el narrador o el personaje? A mí, personalmente, me hubiera parecido más literariamente enriquecedor que Shaw, como crítico literario, hubiera considerado
Marcela Crespo Buiturón Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 261 el discurso de varios personajes y pensado la forma en que el narrador los puso en diálogo, lo cual sí hizo Ángel Rama, arribando, pienso, a conclusiones iluminadoras. Allí, sin duda, podríamos encontrar claves de lectura más interesantes. Finalmente, hay que considerar que este texto de Shaw fue revisado y ampliado en 1999, a la luz de otros escritos posteriores de Vargas Llosa, cuando ya el escritor empezaba a transitar otros caminos. Muy diferente es la postura, entonces, de Ángel Rama sobre la novela de Vargas Llosa. A pesar de la ya mencionada (y recortada) crítica a la que alude Shaw, Rama había publicado unos años antes, en 1982, un artículo titulado “Una obra maestra del fanatismo artístico. La guerra del fin del mundo”, en el que no deja de alabar tanto a la novela como a su autor: “A la intensidad, amplitud y coherencia del proyecto y a la soberana sapiencia narrativa, debe atribuirse que América Latina alcance su Guerra y Paz, aunque con cien años de retraso, haciendo de su autor nuestro mayor clásico vivo” (Rama 8). En este trabajo, Rama destaca una elaborada red de oposiciones que forman parte de la técnica narrativa de Vargas Llosa y que explican, en gran medida, la complejidad de la propuesta, que se corresponde con la complejidad de los fenómenos sociales, políticos y religiosos aludidos y que no es tan clara y lapidaria como parecía verla Shaw: Abundan como casos extremos de una técnica de elaboración del personaje que consiste en poner dos fuerzas en discordancia: el fanatismo idealista de Moreira César y de Galileo Gall 5 , se contraponen a fuerzas secretas: en un caso la epilepsia y en el otro la abstinencia sexual y la frenología, siendo esta contradicción la que arma al personaje con espesor, con misterio, cuestionando, cuando no invalidando, su discurso intelectual. Sobre el mismo sistema opositivo se construyen los secuaces del Conselheiro, los yagunzos, cangaceiros, asesinos, en quienes, como hubiera dicho Glauber Rocha, Dios y el Diablo conviven, de tal modo que la más alta espiritualidad aparece como una respuesta a la más extremada materialidad, siendo ambas perfectamente intercambiables en un modelo cuya bipolaridad es de fuerzas equivalentes (10). 5 Queda claro que la lectura de Rama difiere de la de Shaw en cuanto al fanatismo como rasgo latinoamericano, ya que lo piensa en personajes que siguen modelos europeos…
Canudos o la redención de los malditos... Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 262 Rama concluye, entonces, que “este sistema de oposiciones en sus personajes contribuye a la neutralidad realista del tratamiento, pues tiende a corroer la basamentación firme de cualquiera de ellos, a suspenderlos en una perspectiva fluctuante que permite plurales lecturas valorativas” (10). Este mismo recurso lo identifica en la figura del narrador, en el que también oscila un mayor o menor conocimiento de los personajes y situaciones, y una complicidad o distanciamiento respecto de la acción narrada. A diferencia de Pablo del Barco, el crítico uruguayo destaca la elección novelesca de Vargas Llosa y pondera su destreza narrativa. La redención de los malditos Pienso que una de las estrategias narrativas mejor logradas en la novela de Vargas Llosa es el diálogo de diferentes –por momentos contradictorios; por otros, complementarios– discursos que permite, como ya entendiera Rama, plurales lecturas, no así, a mi entender, el relativismo que percibe André Jensen en la comunicación que presentara en el Octavo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, celebrado en Brown University, en agosto de 1983: “La guerra del fin del mundo postula, pues, el relativismo, la tolerancia y la condena de cualquier forma de fanatismo y de violencia” (42). Sospecho una lectura admirativa del texto de Shaw detrás de estas palabras. Es cierto, como sostiene Rama, que el narrador, en su mayor parte en tercera persona (salvo contados casos, por ejemplo, cuando se transcriben las cartas de Galileo Gall y este toma la palabra en la narración de los hechos), a pesar de que aprovecha su conocimiento de la interioridad de los personajes, elige una opción para el Consejero más que […] llamativa, máxime tratándose de una figura clave de la novela y la figura que los historiadores han discutido con mayor variedad de interpretaciones. Vargas Llosa resuelve mostrar sus acciones y los efectos de ellas sobre el medio social y jamás intentar una explicación 6 : 6 Lo cual sería coherente con la ya conocida idea que sostiene Vargas Llosa de que la literatura no explica nada…
Marcela Crespo Buiturón Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 263 también aquí se nos darán todas las versiones posibles, pero ellas quedarán a la cuenta de las subjetividades de los restantes personajes o los intereses de las diversas fuerzas en pugna (Rama 10). Puede no haber una explicación en boca del narrador para el accionar del Consejero, aunque hay especulaciones de otros personajes (por ejemplo, Galileo Gall y el periodista miope sospechan algún tipo de estrategia revolucionaria; los poderosos de Bahía especulan sobre una supuesta colaboración con el intervencionismo británico…), pero su posicionamiento con respecto al Consejero me parece un gesto claro: conservando su aura enigmática, que lo acerca así a la divinidad, pone de relieve sus principios: Fe, Amor, Sacrificio y Salvación, sostenidos insistentemente durante toda la novela. El narrador parece entender que su discurso, apoyado en los preceptos del Evangelio –no así en la práctica concreta por parte de los sacerdotes que se ven en los sertones, ni en la postura oficial de la Iglesia Católica– es el único que incluye a los pobres en sus objetivos 7 . También es el único que tiene claro que el estado de bienestar (que no entiende en los mismos términos colonialistas que sostienen sus oponentes) solo les llegará en otra vida… Esa es la clave. Por ello, el Consejero “les hablaba al fin, con esa voz cavernosa que sabía encontrar los atajos del corazón. Les decía cosas que podían entender, verdades que podían creer” (36). El Consejero no predica una religión abstracta, ni mucho menos, intelectualizada: hace carne sus palabras. Y sus soldados portan la bandera de la resistencia, con la imagen del Divino Espíritu Santo, pero tienen balas explosivas (Vargas Llosa 44). Podrán parecer fanáticos, pero desde la perspectiva del narrador, queda claro que prueban que otra forma de vida –comunitaria– es posible. Se llaman a sí mismos yagunzos, que quiere decir alzados. Asimismo, hay dos estrategias narrativas que resultan de relevancia para entender el posicionamiento del narrador: a) la descripción de los personajes y del paisaje; y b) las diferentes focalizaciones del relato. Las descripciones llaman a reflexión porque instalan permanentemente oposiciones que cuestionan la lectura unívoca de 7 Me pregunto cuánto pudieron incluir, no solo la lectura del texto de Da Cunha, sino la de los escritos de los ensayistas de la Teología de la Liberación, Rubem Alves o Gustavo Gutiérrez Merino por ejemplo, en Vargas Llosa…
Canudos o la redención de los malditos... Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 270 Volvió al balcón y miró, con un sentimiento creciente de perplejidad y de incomodidad. Sí, las barcas estaban allí, equidistantes de la isla de Itaparica y del redondo fuerte de San Marcelo, y, en efecto, las gentes de las barcas no estaban pescando sino echando flores al mar, derramando pétalos, corolas, ramos sobre el agua, y persignándose, y, aunque no podía oírlo —el pecho le golpeaba con fuerza— estuvo seguro que esas gentes estaban también rezando y acaso cantando (686). Tiran flores porque los militares y políticos bahianos habían arrojado la cabeza del Consejero a esas aguas… Nuevamente, la lógica vuelve a trastocarse por razones que son incomprensibles ante la mirada de quienes no pertenecen al sertón. Por todo lo dicho hasta ahora, entiendo que el narrador no se dedique a buscar explicaciones para el accionar del Consejero y se preocupe más por las actitudes de los otros personajes, así como yo he reparado más en la recepción de la novela, lo que esta ha provocado, que en la novela misma –inabarcable, por cierto–. Porque el Consejero y la novela descolocan –con diversos modos y repercusiones– las lecturas que operan desde la mirada colonial hacia Latinoamérica. Referencias bibliográficas Bayón Pereda, Miguel. “Saramago acusa a Vargas Llosa de mal imitador”. El País, 21 de agosto de 1990. https://elpais.com/diario/1990/08/22/cultura/651276008_850215.html Bhabha, Homi. Nation and Narration. London, Routledge, 1990. Donoso, José. Historia personal del “boom” (1° ed. 1972). Santiago de Chile, Aguilar, 2007. Jansen, André. “Al denunciar el fanatismo y la injusticia social, La guerra del fin del mundo (1981) propone el escepticismo y la condena de la violencia”. Actas del octavo Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas celebrado en Brown University, Providence Rhode Island, del 22 al 27 de agosto de 1983. Volumen II, Madrid, Ediciones Istmo, 1986, pp. 35–42.
Marcela Crespo Buiturón Revista Letral, n.º 34, 2024, ISSN 1989-3302 271 Méndez, Lourdes. Antropología de la producción artística. Madrid, Síntesis, 1995. Palermo, Zulma. (Comp.). Arte y Estética en la encrucijada descolonial. Buenos Aires, Ediciones del Signo, 2014. Rama, Ángel. “La guerra del fin del mundo”. Antípodas, n.° I, 1988. Rama, Ángel. “Una obra maestra del fanatismo artístico. La guerra del fin del mundo”. Revista de la Universidad de México, n.º 14, 1982, pp. 8–24. Shaw, Donald. Nueva narrativa hispanoamericana. Boom. Posboom. Posmodernismo (1° ed. 1981; 6° ed. ampliada 1999). Madrid, Cátedra, 2008. Vargas Llosa, Mario. La guerra del fin del mundo (1° ed. 1981). Buenos Aires, Alfaguara, 2016. Vargas Llosa, Mario. La historia de Mayta. Barcelona, Seix Barral, 1984.