SOCIOCRITICISM ISSN 0985 – 5939 Depósito Legal Gr./2327-2007 Première époque / Primera época / First Period 1985 – 2006 vols. I, 1 – XXI, 1 Deuxième époque / Segunda época / Second Period 2006 – vol. XXI, 2 – Une publication de / Una publicación de / A Journal of Institut international de sociocritique Universidad de Granada (España) Editorial Universidad de Granada Antiguo Colegio Máximo Campus Universitario de Cartuja E-18071 Granada, España www.editorialugr.com
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Sociocriticism Vol. XXV - 1 y 2 2010 Institut international de sociocritique Universidad de Granada (España)
I. ESTUDIOS TEÓRICOS SOCIOCRÍTICOS Y DISCIPLINARES EDMOND CROS, Sociocrítica e interdisciplinariedad ................... KaSIMI DJIMaN, la sociocritique au pluriel ............................... aNthONy GlINOER, Sociocritique et médiations ..................... GENaRa PUlIDO tIRaDO, Estudios culturales y sociocrítica ... CaRMEN ÁVIla MaRtÍN y FRaNCISCO lINaRES alÉS, algunas nociones sociocríticas y la dimensión cultural de las palabras ...... EDUaRDO a. SalaS, Sobre la consideración socio-textual del sujeto ............................................................................................ MIRKO laMPIS, El texto artístico y la historia. Una mirada sistémica sobre la fijación y el devenir social de las estructuras significantes .... II. APLICACIONES SOCIOCRÍTICAS Y OTROS ESTUDIOS JEaNNE RaIMOND, Unas aproximaciones al sujeto cultural cristiano medieval: contornos delineados por la iconografía del mensaje cristiano ..................................................................................... JaCqUES SOUbEyROUX, Goya y la crisis del sujeto cultural en las postrimerías del antiguo Régimen .............................................. aSSIa MOhSSINE y VICENtE qUIRaRtE, Rito, sacralidad y fiesta: escenografías de la ciudad de México durante el Segundo Imperio ...................................................................................... ÍNDICE 11 27 41 67 93 119 139 157 177 197
SaRah MalFattI, Vasco Pratolini y la tradición del cuento boccacciano: un análisis sociocrítico de Le Ragazze di Sanfrediano ......... KaROlINa KUMOR y KataRzyNa MOSzCzyńSKa, Del amor romántico al amor efímero: hacia el monitoring del discurso amoroso en el teatro de Paloma Pedrero ................................................... haNS laUGE haNSEN, la memoria del diablo: la memoria colectiva en la novela La noche del diablo (2009), de Miguel Dalmau ........ MaRÍa ROSal NaDalES, Compromiso en la poesía española actual ............................................................................................ JOSÉ RIENDa, Compared literature and Thematology: Previous considerations for a Functional Reading of the Sea in literary Thematology .............................................................................. ClÉMENt aKaSSI, El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia: ¿hacia una crítica literaria para los estudios hispanoafricanos? .... aNtONIO J. alÍaS, la confabulación de Gilles Deleuze y Félix Guattari: escritura literaria contra flujos de poder ...................... JESúS MONtOya JUÁREz, Del simulacro a la virtualidad: ordenando algunos aportes teóricos de los noventa útiles al estudio comparado de la tecnoescritura .................................................................... aMElIa ROyO, El mito de Gardel, una constante histórica ......... ENTREVISTA La raigambre del teatro de Ricardo Pérez Quitt. Diálogo, por aSSIa MOhSSINE .............................................................................. RESEÑAS Edmond Cros, Le sujet culturel. Sociocritique et psychanalyse, pour yaNNICK llORED ................................................................ 227 247 271 285 311 329 353 367 399 423 439
Juan Fernando taborda Sánchez, El árbol de la literatura: poética en los ensayos literarios de Juan Goytisolo, por aNNIE bUSSIÈRE ......... Miguel Ángel García, Un aire oneroso. Ideologías literarias de la modernidad en España (siglos XIX-XX), por aNtONIO CÉSaR MORóN ESPINOSa ................................................................................. 443 455
I. Estudios teóricos sociocríticos y disciplinares
16 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 (del griego semeion, signo). Nos enseñaría en qué consisten los signos, qué leyes los gobiernan. ya que todavía no existe, no podemos decir lo que será; pero tiene derecho a existir, su sitio está determinado de antemano. la lingüística no es más que una parte de esta ciencia general, las leyes que ha de descubrir la semiología podrán aplicarse a la lingüística y esta resultará relacionada con un campo bien determinado en el conjunto de los hechos humanos [...] si, por primera vez hemos podido atribuir a la lingüística un sitio entre las ciencias es por haberla relacionado con la semiología. (Sausurre, 1915, en hollier, 1973: 566-567, esta traducción y todas las siguientes son mías, E. C.). Para dar a entender lo que es el problema semiológico «sería necesario ‒sigue diciendo‒ estudiar la lengua de por sí; pero casi siempre la hemos abordado con arreglo a otras preocupaciones, otros puntos de vista». En este mismo punto se me aparece otra ruptura epistemológica: Saussure aparta en efecto sucesivamente la concepción superficial del vulgo «que sólo ve en la lengua una nomenclatura», el punto de vista del psicólogo «que estudia el mecanismo del signo en el individuo», así como los análisis que se limitan a los rasgos de la lengua que se relacionan con las demás instituciones, las que dependen más o menos de nuestra voluntad y de esta forma damos de lado, soslayamos, la finalidad, haciendo caso omiso de los caracteres que solo atañen a los sistemas semióticos por lo general y particularmente a la lengua. En efecto el signo se escapa siempre de cierto modo de la voluntad individual o colectiva; es éste su carácter esencial pero es el que menos aparece a primera vista.
17 Sociocrítica e interdisciplinariedad Saussure rectifica pues los contornos de la lingüística como disciplina, insertándola en el objeto nuevo que es la semiología, articulándola con otros campos científicos: la psicología social y la psicología general, pero también con la etnología (Véase la mención de los ritos, las costumbres, etc.). 3. El psicoanálisis a. S. Freud es primero un médico y descubre la problemática psíquica en su experiencia clínica. Construye los fundamentos de su teoría del inconsciente a partir de sus observaciones y de las curaciones que logra de sus pacientes histéricas. En adelante esta teoría va a funcionar como verdadera terapia. b. así como Saussure quiere que la semiología obtenga el estatuto de ciencia, Freud, «apasionado por la racionalidad científica y el materialismo» (Mendel, 1998:19), desea que, con el psicoanálisis, la psicología venga a ser «una rama semejante a las demás de las ciencias naturales» (Freud, 1938: 21, apud Mendel, 1998: 19). Sienta su teoría sobre dos pilares que atañen a la biología: una concepción ampliada de la sexualidad y la herencia de los caracteres adquiridos. Nota Gérard Mendel que ya en Tres ensayos sobre la teoría sexual, lo psicológico y lo biológico no pueden separarse (Mendel, 1998:19); la sexualidad se extiende a todo el cuerpo y la pulsión sexual dependería de una sustancia química única secretada en todas las partes del cuerpo. Por su parte, la teoría genética de la muerte del padre permite relacionar la psicología individual y la colectiva. c. la terapia psicoanalítica cura el cuerpo por y con el lenguaje, ya que la terapia demuestra que las palabras te ponen enfermo, y que su análisis te puede curar. Se nota por lo mismo que el lengua-
18 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 je actúa de por sí. a partir de estas fundamentales observaciones, lacan crea una teoría del lenguaje organizada en torno a unos conceptos básicos: desaparición del objeto en el signo, significante, metáfora, metonimia, etc., una teoría cuyo alcance ha tenido y sigue teniendo un impacto manifiesto en el campo de los estudios sobre el lenguaje. d. la psicología se interesa por el hombre o el individuo, la psicología por el sujeto. Se trata de una ruptura epistemológica fundamental: « El hombre de la ciencia no existe, escribe lacan, sólo existe su sujeto.» (« la science et la vérité », en Écrits, Paris, Seuil, p. 659). El sujeto, o sea, este que habla, este a quien no se le puede definir por una esencia pero que resulta concebido como escindido entre el inconsciente y lo consciente. No se trata de comentar críticamente estas tres teorías que han tenido y siguen teniendo tanta influencia en las actividades de investigación y de enseñanza sino de notar que han provocado las tres en sus respectivos campos una reconfiguración radical de varias disciplinas ya constituidas e institucionalizadas y que de esta re-fundación han surgido juntamente nuevos objetos científicos y nuevas herramientas de análisis que han trastrocado bloques importantes de las ciencias humanas. Se han situado y se sitúan por encima o al lado de las diferentes disciplinas que atraviesan a veces de manera oblicua, sin lugar a duda porque su objetivo aspira a proponer la interpretación de una totalidad y que cualquier punto de vista estrechamente disciplinario haría levantar una serie de obstáculos en contra de esta finalidad. Esta postura y este tipo de funcionamiento, ‘fuera de la ley disciplinaria’ explican por qué el marxismo y el psicoanálisis tienen un estatuto de epistemes, o sea, de sistemas que organizan el saber. Para el que acepta entrar en uno
19 Sociocrítica e interdisciplinariedad de estos sistemas de interpretación cualquier fenómeno humano o social remite a un mismo esquema intelectual. Herencia y continuidad El proceso epistemológico no se detiene con esto. Estas imponentes reconfiguraciones y re-distribuciones de conceptos han también instituido interrelaciones entre sí, con la ‘Nueva crítica’, creando en este segundo nivel otros objetos nuevos en el contexto de una nueva ruptura. Esta ruptura, nos explica Roland barthes, se hace cuando lo adquirido por la lingüística y la semiología quedan expresamente colocados (relativizados, destruidos, reconstruidos) en un nuevo campo de referencia, esencialmente definido por la intercomunicación de dos epistemes diferentes: el materialismo dialéctico y el psicoanálisis [...] para que haya una ciencia nueva no es suficiente que se profundice o se extienda la vieja ciencia (lo que pasa cuando se pasa de la semiótica de la frase a la semiótica de la obra): es necesario que se produzca el encuentro de epistemes diferentes, y hasta ignorantes la una de la otra (es el caso del marxismo, del freudismo y del estructuralismo) y que tal encuentro produzca un objeto nuevo [...] es este objeto nuevo al que llamamos texto. (barthes). LO qUE SE SIgNIfICA CUANDO SE EMPLEA EL TéRMINO DE TExTO hasta ahora el texto era un objeto moral «relacionado históricamente con un mundo de instituciones: derecho, iglesia, literatura,
20 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 enseñanza». Con este objeto nuevo nace la problemática del sujeto y de su doble articulación con el significante y el contexto social. Desaparece el yo cartesiano, el sujeto se escinde: sujeto del inconsciente, sujeto transindividual, sujeto ideológico. ya la conciencia no es un espacio unitario, homogéneo en servicio del individuo, sino un espacio caótico de contradicciones (inconsciente, no-consciente, conciencia real y conciencia posible...) Este objeto nuevo está en el mismo centro del cuestionamiento sociocrítico. Una refundación epistemológica la misma intercomunicación ha producido una serie de conceptos decisivos que los autores del prefacio de Théorie d’ensemble (Tel quel, 1968: 7) reseñan de la forma siguiente: Es sin duda demasiado temprano, aunque ya es posible, para determinar con precisión la eficacia y la fuerza con que un avance teórico general se habrá manifestado en torno a ciertos conceptos decisivos, reutilizados, repetidos o construidos en los últimos años. Escritura, texto, inconsciente, historia, trabajo, producción, escena: ninguna de esas palabras-encrucijadas (sic) es de por sí una novedad teórica, ya que no se trata, en la manera como intervienen en adelante en regiones determinadas de nuestra investigación, de invenciones destinadas a agregarse al mercado del saber sino de una constelación reflejada que desempeña el papel de delimitación y transformación. (Tel quel, 1968: 7). Para precisar la dimensión histórica de lo que ‘ocurre’, sugieren que nos remontemos, más allá de los efectos localizables en los años 1920-1930 (surrealismo, formalismo, extensión de la lingüística
21 Sociocrítica e interdisciplinariedad estructural) hasta el fin del siglo XIX con lautréamont, Mallarmé, Marx y Freud. Notemos de esta forma los efectos indirectos de la intercomunicación de las tres epistemes que acabo de evocar: unos conceptos viejos cobran una nueva significación y una nueva eficacia cuando están insertados en un nuevo sistema que contribuyen a organizar o reorganizar. las refundaciones epistemológicas surgen cuando, en ciertas circunstancias y merced a nuevas nociones, lo adquirido resulta sometido a un proceso de transformación que hace cuajar lo que hasta la fecha no era posible ni siquiera imaginable. la Sociocrítica es la heredera de todo este capital pero ¿qué sociocrítica? Por mi parte sólo puedo comentar lo que no dejé de proponer, desde hace mucho, en tres libros de teoría y en una serie de aplicaciones que a veces completan, matizan o desarrollan algunos puntos teóricos. ATexto y sistema semióticos (que llamé antes sucesivamente, mapa léxico y campos léxico-semánticos). Recuerdo rápidamente los presupuestos. El sistema semiótico no se interesa por la aportación de los signos al enunciado sino por lo que significan sus relaciones con los demás signos del texto. Se trata de sacar a luz lo que transcribe la materia lingüística distribuida, lo cual supone que se haya determinado previamente el código implicado con arreglo a las tres coordenadas: espacio, tiempo y estructura social. En un manifiesto publicado en 1976 (Cros, 1976) estudié desde esta perspectiva el incipit del Buscón. las tres coordenadas eran: España, principios del siglo XVII, sociedad teocrática de órdenes y estados convocada por la expresión cristiana vieja, la cual remite a unos valores sociales determinados (ascendencia, ortodoxia religiosa). Este tercer ‘punto de anclaje’ orientaba la reducción semántica de
22 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 ciertos signos del texto como trabajos, caballo, o dama. Este tipo de sociosemiótica (o sociolingüística) no solo relaciona las dos disciplinas de sociología y semiología sino que también hace hincapié y pone de realce la historia, una historia además analizada en una perspectiva estructural. El sistema semiótico no es sin embargo de por sí una finalidad. Sólo lo contemplo como fenotexto en el contexto del funcionamiento de la morfogénesis. Se supone que transcribe en el nivel de la materia lingüística lo que transcriben los demás fenotextos en los demás niveles del texto. Desde el punto de vista heurístico su significación desaparece si no se contempla en este contexto morfogenético. De manera que no se puede reducir su análisis a un sencillo manejo sociolinguístico. BEl ideosema Una nota no firmada que sale en Internet (item Sociocrique) dice de mí que con el nombre de sociocrítica sólo manejo la pragmática. Se nota que el autor de esta notita alude a un artículo mío que salió en un número de Littérature, la revista dirigida por Claude Duchet, artículo en el que yo proponía el concepto de ideosema. Me deja bastante perplejo que el autor de esta muy breve presentación sólo haya leído, de entre las (más o menos) mil páginas que escribí, solo las diez correspondientes de Littérature y a partir de esta muy reducida prueba se permita extrapolar de esta forma. Pero vamos al grano. Cuando propuse la noción de ideosema, trataba de entender el tipo de mediación que interviene entre las estructuras de sociedad y las estructuras textuales al pasar del nivel de lo no-discursivo al nivel discursivo y textual. Dicho planteamiento implicaba el impacto de la ideología materializada. Por lo mismo, se tenía que hacer un análisis semiótico de estas prácticas y reorganizar las conclusiones según un esquema estructural; proceso imprescindible para que se
23 Sociocrítica e interdisciplinariedad pudiera al final articular juntos dos elementos originariamente tan heterogéneos. quienes me hayan leído se acordarán de que llamo ideosema a la estructura transferida directamente de la práctica social al proceso de la escritura. El texto que estudiaba como ejemplificación era La Vida de Guzmán de Alfarache, en el que el relato viene constantemente interrumpido por sermones o consideraciones morales. Relacionaba este tipo de organización con una práctica represiva vigente en aquella época: ante la muchedumbre que se había congregado con esta ocasión un clérigo despachaba un sermón que versaba sobre el crimen cometido por el reo a quien se iba a ahorcar: así como los oyentes podían contemplar la horca, el lector tiene presente en la mente que lo que está leyendo fue escrito por el protagonista desde las mismas galeras a las cuales lo han sentenciado. la lectura del excelente estudio de antonio Gómez Moriana sobre el impacto de las prácticas de la Inquisición en el Lazarillo de Tormes había llamado mi atención sobre este tipo de proceso. En la práctica ritual que yo estudiaba en el caso del Guzmán de Alfarache, el tema general consistía en afirmar que la misericordia de Dios se manifestaba por el rigor de su justicia. Se desprendía de esta observación una consecuencia importante para mí, ya que tal articulación realizaba una vez más la oposición entre la justicia y la misericordia que tanto papel desempeña en la morfogénesis del texto. Como lo habrán observado, convocar a la pragmática en este caso es poco pertinente: esta en efecto estudia la manera cómo dos interlocutores actúan el uno con el otro e implica dos sujetos que comparten la misma competencia lingüística. Eso no tiene nada que ver con mi hipótesis del impacto objetivo (que no atañe a la conciencia clara ni a la intención) de un práctica social no sobre el individuo/lector sino sobre el proceso textual de la producción de significación y más precisamente sobre la morfogénesis.
24 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 CLa morfogénesis Textos semióticos e ideosemas se han de considerar como herramientas al servicio de la noción de morfogénesis. Esta es el proceso por el cual el texto codifica el proceso de transformación de las estructuras de la sociedad en estructuras textuales, merced a una mediación sociodiscursiva. he tratado de demostrar varias veces cómo funciona este proceso. Este concepto es para mí un objeto nuevo que abre nuevas perspectivas de investigación. En ella interviene, como componente mayor, otro objeto nuevo, el sujeto cultural. No quiero comentar estos conceptos, bien conocidos, sino, para terminar, insistir en la manera como resultan fraguados por la interrelación de varias disciplinas y una concepción bien determinada de la interdisciplinariedad, tal como la presenté a principios de esta exposición. la noción de sujeto cultural procede de la herencia de la sociología y del marxismo por medio del estructuralismo genético (Sujeto transindividual goldmaniano) pero herencia reconfigurada por su articulación con la semiótica y el psicoanálisis. Por lo que se refiere a la morfogénesis, solo se puede entender en el contexto de esta nueva concepción del texto que evocaba más arriba; es el producto de la intercomunicación de las tres epistemes evocadas también más arriba, y su producción de sentido resulta de un proceso de codificación formulado en una serie de estructuras abstractas. REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS CROS, E. (1976), « Propositions pour une sociocritique », Les Langues modernes, 6, pp. 9-29. FREUD, S. (1938), Abrégé de psychanalyse, reeditado en 1949, Paris, PUF.
25 Sociocrítica e interdisciplinariedad hOllIER, D. (1973), Panorama des Sciences humaines, Paris, Gallimard, nrf, pp. 566-567. KRIStEVa, J. (1973), Les mutations sémiotiques, en Denis hollier. MENDEl, G. (1998), La Psychanalyse revisitée, Paris, la Découverte. SaUSURRE, F. de (1915), Cours de linguistique générale, Paris, Payot. tEl qUEl (1968), Théorie d’ensemble, Paris, Seuil.
32 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 comprend que l’étude du champ romanesque a ceci de spécifique qu’elle donne à lire une écriture de la socialité qui, selon Duchet, peut revêtir deux formes. D’une part, la socialité du texte romanesque renvoie au hors texte, à tout ce qui fait allusion à un contexte socio-historique reconnaissable à la lecture du roman. Dans The Sympathetic Undertaker de biyi bandele-Thomas (1991 : 100), le chef de l’exécutif a pour identité Platini. la parenté homonymique entre le chef de l’Etat et la légende du football français des années 1980 achève de convaincre que le texte ne dépayse pas, il participe de ce j’appelle une écriture de la familiarité au sens où il renvoie à un environnement qu’il est possible de décoder aisément. Ici, la diégèse romanesque plonge le lecteur dans un univers référentiel bien lisible, en occurrence le microcosme nigérian ou encore français. D’autre part, la notion de socialité a une dimension autarcique qui confirme l’autonomisation de la société du roman. Pour en revenir à l’exemple mentionné plus haut, le terme «Platini» qui sert à designer le chef de l’Etat est un signifiant pur, qui ne fait penser qu’à l’idée qu’on se fait du sportif, il n’est pas le vrai Platini, sa réalité ne se milite qu’à la société du roman. D’une autre manière, Platini ne désigne pas ici un référent bien particulier, mais il fait allusion à une référence, à savoir l’idée qu’on se fait des qualités techniques de ce footballeur dans un microcosme donné. Ici, la référence Platini, métaphore footballistique, est un discours social, un « discours tenu sur » (Duchet, 1973 : 453) l’homme politique africain dont la duplicité le dispute à la roublardise. En somme, pour Claude Duchet, la sociocritique part du texte pour en arriver à dégager sa socialité, à savoir ce qui fonde du « dedans l’existence sociale du texte » (Merigot, 1979 :134). Dans cette perspective, elle ne renie pas les ressources de l’analyse textuelle, comme veut le faire croire Marc Gontard à travers un commentaire
33 la sociocritique au pluriel qui vaut d’être rappelé en raison de son caractère doxique: « la sociocritique élude ... la dimension linguistique et textuelle qui constitue l’œuvre littéraire, qui détermine la « littérarité » d’un texte » (Gontard, 1984 : 23). le commentaire de Gontard est excessif dans la mesure où la démarche de Duchet prend en compte la notion même de « littérarité » mise en avant par les Formalistes russes. Seulement, au rebours de ces derniers, elle ne s‘arrête pas à cette dimension textuelle, l’objectif étant de mettre en évidence l’interdépendance entre le binôme texte-société, comme se propose également de le faire la démarche bien distincte de Pierre zima. Pour Pierre zima, la sociologie du texte a pour charge d’appréhender l’étude du texte au niveau du langage, notamment par l’étude des structures sémantiques et narratives. Ici, les différentes composantes du texte sont perçues comme des structures à la fois linguistiques et sociales qui articulent des intérêts collectifs particuliers. On arrive donc à représenter les conflits sociaux au niveau du vocabulaire. Dans The Sympathetic Undertaker, en présentant le chef de l’Etat, à travers une métaphore footballistique, Platini, le récit donne à voir les oppositions en présence. De ce point de vue, le chef de l’Etat n’est plus au service des masses qu’il est censé servir. Par l’usage de la terminologie empruntée au monde du football, la diégèse rend compte des intérêts conflictuels entre le Chef de l’Etat et les populations. au niveau de la base narrative du texte, le manque de linéarité qui caractérise le récit vient donner l’ampleur des pathologies qui empêchent la totalité de progresser. le récit principal est retardé par une série d’épisodes digressifs qui viennent rendre le déroulement de l’histoire principale saccadée. Il y a donc une corrélation étroite entre le dilettantisme qui affecte la narration et les nombreuses difficultés qui plombent le devenir de la collectivité. D’une autre manière, la technique de l’analepse aide à saisir l’état lamentable dans lequel
34 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 se trouve le corps social. Cette lecture de la technique narrative du « flash back » montre bien la différence entre la sociocritique et la narratologie, à travers la critique que zima fait à l’endroit de Gérard Genette lorsqu’il écrit que « Genette décrit les techniques narratives sans tenir compte des implications idéologiques de ces techniques » (zima, 1985 : 120). la sociocritique, dans la perspective de zima, va décrire les techniques narratives mais se donner surtout pour tâche d’établir leur rapport à la société. Sur cette base, on voit bien clairement que « l’art vient dire le social », selon le mot de Ruth amossy, (1992 : 29) formule que l’on peut aussi bien vérifier à travers une exégèse de la démarche crosienne. Edmond Cros, quant à lui, entreprend de définir une théorie sociocritique du sujet qui se propose de « mettre en oeuvre les modalités d’incorporation de l’histoire au niveau du texte littéraire, non pas au niveau des contenus mais au niveau des formes » (Cros, 2003 : 53). Nous sommes ici au coeur de la problématique de l’origine socio-idéologique des formes. Pour en revenir à l’exemple de Platini, comment peut-on expliquer le parallèle entre la figure de la métaphore et le chef de l’exécutif ? Par l’usage de la figure rhétorique de la métaphore, on voit bien que le texte acquiert ici une dimension translinguistique qui le situe dans un milieu sociohistorique donné. la réalisation phénotextuelle « Platini » nous plonge dans l’interdiscours où les pirouettes du chef de l’Etat dans le jeu politique sont comparées aux habiletés techniques du footballeur français. la réalité référentielle est ainsi transformée en ce sens que la surface sémantique n’est plus la même ; on passe aisément du football à la politique. l’usage du signifiant métaphorique s’explique dès lors par le caractère policier de ces régimes politiques africains dans lesquels il n’est pas toujours bon de critiquer ouvertement les pouvoirs publics. Sur cette base, il y a bel et bien transcription de l’histoire dans le texte littéraire.
35 la sociocritique au pluriel Comme il est possible de le constater, le rapport littératuresociété qui semble être le cordon ombilical qui unit les démarches sociocritiques ne semble pas être univoque. Derrière cette unité épistémologique, il se profile une pluralité qui semble être manifeste à l’examen de l’éventail notionnel. LE CHAMP CONCEPTUEL l’examen de la terminologie qui a cours dans le questionnement sociocritique permet de vérifier, encore une fois, cette pluralité d’approches, d’un théoricien à un autre. En guise d’illustration, il s’impose de s’appesantir sur quelques termes pour se rendre compte de cette hétérogénéité au sein même de l’homogénéité. l’analyse peut porter en premier lieu sur la « situation sociolinguistique ». Pierre zima utilise ces termes pour rendre compte de la situation sociale du langage, son caractère changeant à mesure que les intérêts des groupes en présence fluctuent. Dans The Man who came in from the Back of Beyond de biyi bandele-Thomas (1991 : 58 ), les masses populaires vivent une série de fragilités qui peuvent être résumées à travers cette phrase contradictoire: « The law is an enemy ». la loi à l’origine est censée être un instrument de protection, lorsqu’elle se mue en un bourreau, on comprend que les mots perdent leur sens. Or, la crise qui affecte les mots n’est pas sans importance, elle vient dire l’ampleur de la crise sociale. Il nous est permis de comprendre que les masses pauvres sont abandonnées à elles-mêmes par une justice injuste qui anéantit ceux dont la visibilité sociale est quasiment nulle. Cette réification du langage qui fait que les mots perdent leur sens originel et deviennent des antonymes est liée selon Edmond Cros (2003 : 196) à la « formation discursive », elle-même tributaire de la « formation sociale » subséquente. Pour le dire autrement, le
36 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 signifiant, voire le signifié n’a pas une valeur intemporelle, il change en fonction de l’idéologie dominante. Claude Duchet, pour sa part, aurait parlé ici du « discours social », défini comme « le déjà-dit d’une évidence pré-existante au roman et par lui rendue manifeste » (Duchet, 1973 : 453). a ce niveau, les fluctuations sémantiques en fonction des intérêts en présence enseignent au moins une chose : la totalité est en crise. le discours social vient donc porter la lumière sur un corps social problématique dont les pathologies sont à déceler au niveau de la crise qui affecte le sens des mots. Cet examen sommaire montre la diversité qu’il est possible de lire au niveau du champ notionnel sociocritique. En effet, pour designer une réalité quasi identique, des notions différentes sont utilisées. De la sorte, il est possible d’affirmer que les notions, notamment le sens des concepts, varie d’un auteur à un autre selon l’approche considérée. Cette pluralité qui affecte l’univers du métalangage sociocritique devient même importante dans la mesure où les auteurs ont une propre terminologie qui n’a pas une correspondance dans l’approche de leur alter ego. Pierre zima utilise le concept de sociolecte4 qu’il définit comme un « un répertoire lexical codifié, c’est-à-dire structuré selon les lois d’une pertinence collective particulière » (zima, 1985 :134). De la sorte, il est perçu comme un langage de groupe reconnaissable par une collectivité donnée. Dans le champ des analyses sociocritiques, ce terme semble lui est propre dans la mesure où il n’est pas repris par les autres théoriciens. Dans Devil on the Cross (Ngugi, 1980 : 39), on peut déceler un exemple de sociolecte, tel qu’il est compris par zima, par le rappel d’une des périodes historiques du Kenya : 4 Il importe de signaler que Pierre zima utilise le concept de sociolecte à la suite de Julien Greimas (Greimas, 1976).
37 la sociocritique au pluriel Great love I found here among women and children a bean fell to the groundWe split it among ourselves le texte littéraire ressuscite ici le discours anticolonial et son sociolecte nationaliste. On retrouve le langage de la rhétorique collectiviste utilisé par les peuples autochtones dans le processus d’émancipation politique contre l’intrusion coloniale ; Michel Naumann (2001 : 127) dirait « l’agression sorcière ». Edmond Cros, pour sa part introduit le terme de « sujet culturel » qu’il définit comme cette instance idéologique grâce à qui le texte littéraire fait sens. On comprend bien que l’activité herméneutique ne saurait être possible sans un investissement culturel du lecteur. Dans Wizard of the Crow ( Ngugi, 2006 : 45 ), le lecteur qui n’est pas coutumier de la langue swahili est forcément désarçonné face au terme « Karibu ». le sujet culturel que je suis, coutumier de la langue swahili, est plus à même de décoder ce terme qui est utilisé pour exprimer la bienvenue à l’étranger. Un autre terme que nous voudrions bien introduire ici est celui de « sociogramme » que Claude Duchet (1983 : 10) définit de la manière suivante : « ensemble flou, instable, conflictuel, de représentations partielles centrées autour d’un noyau, en interaction les unes avec les autres ». On peut illustrer ce terme à travers l’examen du sociogramme « patriote » dans la prose ngugienne. Chez ce romancier kenyan, le terme « patriote » subit sans cesse une reconfiguration en raison des luttes conflictuelles auxquelles il est attaché. a l’origine utilisé pour désigner ces nationalistes qui luttent pour l’indépendance du Kenya, il fait aujourd’hui son chemin dans l’incertitude en s’installant dans une perte de pertinence qui est liée, en réalité, aux conflits en présence. a l’époque postcoloniale, le patriote est désormais
38 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 celui qui milite pour la préservation du statu quo que gèrent les élites néo-coloniales. l’activité sociogrammatique autour du terme « patriote » vient donc rendre compte des oppositions qui résultent du conflit en jeu. CONCLUSION En définitive, il est permis d’affirmer que la sociocritique est une discipline qui inscrit en son sein la notion même de pluralité. Ici, nous avons voulu le rappeler en portant le regard sur ses diverses désignations, ses méthodes d’approches qui sont elles aussi plurielles et son éventail notionnel diversifié. C’est sans aucun doute ce caractère quelque peu hétéroclite qui fait la difficulté de cette théorie au point que Stéphane Vachon et Isabelle tournier peuvent écrire « qu’il restera du flou dans son emploi et son extension » (Vachon et tournier, 1992 : 251). Pour notre part, ces différentes démultiplications qui traversent le territoire de la sociocritique traduisent tout l’intérêt de cette théorie critique en cette ère postmoderne où les monopoles et les cloisonnements s’effacent au profit de la diversité et de la pluralité, comme veut le rappeler le présent congrès à travers sa thématique « sociocritique et interdisciplinarité ». REfERENCES bIbLIOgRAPHIqUES aNGENOt, M. (1989), « l’intertextualité: enquête sur l’émergence et la diffusion d’un champ notionnel », Revue des Sciences Humaines, No 189, Janvier-Mars 1983, lille. aMOSSy, R. (1992), « Sociocritique et argumentation : l’exemple du discours sur le « déracinement culturel » dans la Nouvelle droite, La Politique du texte : Enjeux Sociocritiques, lille, Presses universitaires de lille.
39 la sociocritique au pluriel baNDElE-thOMaS, b. (1991), The Sympathetic Undertaker, london, heinemann. baNDElE-thOMaS, b. (1991), The Man Who Came in from the back of Beyond, london, heinemann. CROS, E. (2003), La Sociocritique, Paris, l’harmattan. DUChEt, C. (1973), « Une écriture de la socialité », Poétique, 16, Seuil. DUChEt, C. (1979), Sociocritique, Paris, Nathan. DUChEt, C. (1983), « Entretien sur la sociocritique », Littérature du monde entier, Séoul. FUKUyaMa, F. (1989), The End of History, Cambridge, Cambridge University Press. GOlDMaNN, l. (1964), Pour une sociologie du roman, Paris, Gallimard. GONtaRD, M. (1981), La violence du texte, Paris, l’harmattan. MERIGOt, b. (1979), « le signifiant balzac: lecture de The Clockwork Testament d’anthony burgess », Sociocritique, Paris, Nathan. MIttERaND, h. (1979), « les titres des romans de Guy des Cars », Sociocritique, Paris, Nathan. NaUMaNN, M., (2001), Les nouvelles voies de la littérature africaine et de la libération: Une littérature « voyoue », Paris, l’harmattan. NGUGI, Wa t. (1980), Devil on the Cross, london, heinemann. NGUGI, Wa t. (2006), Wizard of the Crow, london, harvill Secker. VaChON, S. & tOURNIER, I. (1992), “Sociocritique: bibliographie historique”, La Politique du Texte : Enjeux sociocritiques, lille, Presses Universitaires de lille.
SOCIOCRITIqUE ET MéDIATIONS anthony Glinoer (Université de Toronto, Canadá) Palabras clave: Interdisciplinariedad, sociocrítica, mediación. Resumen: tras convertirse en centrales en la sociología del arte y la música, los conceptos de mediación y mediadores han recibido poco eco en el campo literario. a pesar de la apertura de algunos teóricos de la crítica social (Duchet, Cros, Viala), estas ideas han tenido un tiempo inactivo tanto entre sociólogos de la literatura —fuera de su atención a las mediaciones institucionales (precio, academias, salones)— como entre sociocríticos —más preocupados por las tendencias de lo «social» o «discurso» en la literatura. Este artículo aprovechará la aproximación entre la crítica social y los enfoques relacionados (análisis del discurso, la sociología de la literatura, el estudio de los mitos y del autor, la historia cultural, etc.) para poner en cuestión las uniones entre lo individual y lo colectivo en el campo literario. Su objetivo será comprender mejor conceptualmente las mediaciones, situándose en la triangulación entre el texto, las configuraciones discursivas y la configuración socio-histórica. a través del examen de las mediaciones del discurso, de las instituciones o el imaginario social, se esboza un programa de investigación cuyo objetivo final es reintegrar a la crítica social en una perspectiva interdisciplinaria. ¿la situación entre quienes hacen explícitas las mediaciones no está en el corazón del enfoque sociocrítico?
48 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la masse discursive contemporaine. Cette théorie et son outillage méthodologique ont permis de donner une base solide à l’étude du co-texte, pour reprendre le terme proposé par Claude Duchet, et a renouvelé en profondeur la sociocritique, en remettant en question, entre autres, le postulat de la singularité7. Par ailleurs, des recherches distinctes, en analyse du discours, ont introduit d’autres notions susceptibles d’éclairer les médiations, dont celles liées à l’ethos, à la scène énonciative ou à la paratopie (amossy et Maingueneau). De plus, de multiples travaux en sociolinguistique, dont ceux de labov et Milroy, ont exploré la modulation et symbolisation du social dans le matériau même des interactions orales8 ; on ne peut donc que regretter que, si leurs questionnements, méthodes et découvertes sont susceptibles d’éclairer ce que les discours font du social, l’ignorance semble générale et réciproque entre sociolinguistique et sociocritique. Par-delà la masse de l’imprimé, il faut aussi tenir compte des médiations spécifiques dues à la « sémiosphère », aux productions comportant une dimension symbolique. Des arts plastiques aux jeux vidéos en passant par la bande dessinée, le cinéma, la musique ou la culture numérique, ces dernières effectuent en effet des mises en forme du social qui sont en interaction avec celles des discours. À cet égard, les travaux sur l’intermédialité paraissent susceptibles d’enrichir les réflexions sociocritiques sur la médiation, dans la mesure où ceux-ci tiennent compte, dans leurs analyses de « l’entre-deux », 7 Il importe, cependant, de ne pas placer la théorie la tête à l’envers, en substituant à la recherche des régularités et reprises une enquête essentiellement occupée à éclairer les écarts et brouillages. 8 William labov, Sociolinguistic Patterns, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 1972 ; lesley Milroy, Language and Social Network, Oxford, blackwell, 1987.
49 Sociocritique et médiations du caractère indissociablement matériel et social, en même temps que sémiotique, des textes. Enfin, en même temps qu’englobé dans ces ensembles discursif et médiatique qui imposent déjà, avant toute écriture, des représentations du social et des modes de représentation, le texte les retravaille par le biais de ses propres médiations internes, celles de la forme. Déterminée à ne pas verser dans la sociologie du contenu, la sociocritique inspirée de Duchet a fait des médiations formelles son principal objet d’investigation sans parvenir toutefois à adopter une cohésion épistémologique forte. (b) Médiations institutionnelles Ce premier plan de médiations, opérées dans et par le langage, par les ressources formelles, rhétoriques, sémiotiques, etc., propres à chaque type de texte, est en quelque sorte dépourvu d’acteurs et de processus, très peu matérielle aussi, comme si tout se jouait dans un espace purement langagier. Or, la médiation du social a lieu dans le social, ou plutôt est liée à l’action d’instances médiatrices entre le texte et le social. De concert avec le Groupe de recherche sur les médiations et les institutions littéraires (Gremlin), je propose donc de distinguer un deuxième plan de médiations, dont la nature est double : d’un côté, leur implication dans la socialisation des textes, leur position d’interface entre des logiques internes à la sphère littéraire et les logiques externes (contraintes économiques, éthico-religieuses, politiques, etc.) rendent ces médiations abstraites et processorales ; de l’autre, en vertu même des processus qu’elles mettent en branle, leur effet se fait sentir de multiples façons dans les textes mêmes, dans le choix des formes, le travail sur l’intertextualité, le parcours de réécriture menant du désir d’écrire un texte précis à sa publication. les institutions de
50 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la vie littéraire9 non plus que le champ littéraire (bourdieu) dans son ensemble ne sont pas de purs lieux de détermination, extérieurs au texte, mais touchent de près au texte lui-même, à son écriture et à sa lecture. En amont et en aval de celui-ci, mais aussi en son cœur, les institutions (matérielles et immatérielles) ont partie liée avec le processus de textualisation du social. les étapes menant du manuscrit à l’imprimé mobilisent deux premières séries de médiations institutionnelles. D’une part, les médiations dues à la circulation des avant-textes entre les mains de plusieurs acteurs (conseillers, éditeurs, directeurs de revue, lecteurs professionnels, compagnons de cénacle), qu’une sociogenèse intégrant le rôle de ces médiateurs aux acquis de la génétique peut chercher à éclairer. D’autre part, celles dues aux supports (manuscrit, dactylogramme, polycopié ou imprimé ; type et format de papier, de caractères, jaquette, bandes, etc.) dont les travaux en histoire du livre et en bibliographie matérielle ont enrichi l’étude10. le texte est toujours tributaire d’un faisceau d’actions posées par une pluralité d’acteurs sociaux. les médiations dues aux médiateurs et à la matérialité sont d’ailleurs étroitement reliées, voire indissociables, car l’intervention des premiers s’avère souvent décisive dans la transformation du texte en livre. Imposer des corrections, apposer un titre, régler la marge de « blanc », opter pour un papier « de luxe » ou un « grand format » : ce sont là des opérations qui ne portent pas que sur une « surface externe » du texte, analysables selon des logiques commerciales, mais portent sur autant de dispositifs symboliques, générateurs de socialités spécifiques. 9 alain Viala, « l’histoire des institutions littéraires », in henri béhar et Roger Fayolle, dir, L’Histoire littéraire aujourd’hui, Paris, armand Colin, 1990, pp. 111-121. 10 Voir Donald F. McKenzie, Bibliography and the Sociology of Texts, Cambridge, Cambridge University Press, 1999, p. 23.
51 Sociocritique et médiations Une fois le livre publié et diffusé, il ne perd pas tout intérêt pour la sociocritique, qui laisserait sinon son sort aux sociologies de la lecture et aux études de la réception. Car, dans sa circulation sociale, le texte passe à travers de multiples médiations institutionnelles qui en sédimentent le sens, interposent entre celui-ci et le lecteur (« sociocriticien » compris), des couches de lecture. Si on pose, par ailleurs, que la sociocritique ne peut que faire sienne le postulat que le sens du texte n’est pas un « en-soi », indépendant de ses appropriations et interprétations, dès lors il faut tenter d’articuler réception et médiations. On s’interrogera ainsi, entre autres : a) sur les interférences entre le texte, le paratexte (dédicaces, épigraphes, frontispices, quatrièmes de couverture) et l’épitexte (Gérard Genette) généré par la médiatisation de la pratique littéraire (interviews, portraits photographiques, descriptions de maisons d’écrivains) ; b) sur le « triple jeu » qui se joue dans la littérature comme dans l’art11 entre les créateurs, les spécialistes et le public, par lequel se rétablit la chaîne entre la production et la réception du produit culturel ; c) sur les « instances de reconnaissance » (l’éditeur ajoutant tel titre à son catalogue ; la critique littéraire, neutre, polémique ou même de complaisance, choisissant de parler de telle œuvre ou au contraire de la passer sous silence) et les « instances de consécration »12 (prix et autres gratifications) grâce auxquelles se met en place un certain canon littéraire. 11 Nathalie heinich, Le triple jeu de l’art contemporain, Paris, Minuit, « Paradoxe », 1998. 12 Jacques Dubois, L’institution de la littérature. Introduction à une sociologie, bruxelles, Nathan-labor, 1978.
52 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 (c) Pratiques sociales Malgré l’importance déterminante des médiations discursives et institutionnelles, d’autres canaux « médiateurs », d’autres dialectiques pèsent sur la socialité du texte. ainsi, le foisonnement des recherches historiques et sociologiques sur les dimensions sociales de la culture ou les dimensions culturelles du social mérite de retenir l’attention. les recherches des Chartier, Corbin, Ginzburg, Kalifa, Ory et autres intègrent souvent la question de la représentation et brassent des corpus mêlant textes littéraires légitimes, littérature de masse, échantillonnages de la masse discursive, etc. l’analyse des pratiques sociales, comme axe de médiation, constitue peut-être le terrain par excellence des rencontres entre la démarche sociocritique et celles développées dans d’autres cadres, basées sur d’autres postulats. D’où l’exigence de développer une interdisciplinarité critique, soucieuse d’éviter le syncrétisme et les contradictions épistémologiques, en même temps qu’ouverte à un dialogue conceptuel et méthodologique ou à des collaborations portant sur des objets d’étude communs. tenter de dresser un portrait des médiations à l’œuvre selon cet axe est évidemment impossible, quand bien même se restreindrait-on à leurs principales formes. au demeurant, le choix des médiations à étudier dépend essentiellement de l’objet que se donne chaque chercheur. Je n’en relèverai que quelques-unes parmi les plus déterminantes. là où il y eut longtemps, sur le plan conceptuel, un hiatus, voire un abîme infranchissable, entre ce qui relevait des phénomènes censément les plus tangibles, les plus solidement enracinés dans le réel (les classes sociales, par exemple) et ce qui relevait tantôt du fantasme, tantôt du reflet (la littérature), divers courants en anthropologie et en sociologie ont conduit à combler ce fossé, entre autres en montrant l’importance des discours dans la construction des communautés
53 Sociocritique et médiations imaginées (la nation, pour anderson13) ou de la rhétorique dans les interactions sociales (herzfeld14), pour ne donner que deux exemples. la convergence ainsi ouverte avec la sociocritique, qui a elle aussi, de son côté, contribué à articuler autrement identités sociales et médiations formelles, doit évidemment beaucoup au « tournant linguistique » qui a marqué les sciences sociales et peut parfois camoufler les incompatibilités profondes des cadres épistémologiques. le chantier des études sur la construction socio-discursive des identités est en effet occupé par quantité de perspectives distinctes, du féminisme au postcolonialisme, de l’étude des lieux de mémoire aux déconstructions des narrations historiographiques. Il n’empêche que la sociocritique a sa partie à jouer, sur ce terrain, et pourrait chercher à identifier les approches avec lesquelles le dialogue serait plus fructueux, pour parvenir éventuellement, sur certains objets, à embrasser avec plus de netteté et de profondeur les niveaux de médiation qui modulent les clivages sociaux. De multiples autres pistes paraissent susceptibles de lester les analyses des médiations discursives et de la vie littéraire par une ouverture réfléchie aux médiations opérées dans le cadre même des pratiques sociales, ainsi qu’aux autres approches ou disciplines se penchant sur ces pratiques. Il pourrait être question ici de la ville, du travail ou encore des « communauté imaginées » (b. anderson), mais je n’emprunterai que la seule piste des sociabilités. le social, ce n’est pas que des déterminations abstraites, des masses anonymes, des catégories, des mécanismes transversaux, mais aussi des interac13 benedict anderson, L’Imaginaire national : réflexions sur l’origine et l’essor du nationalisme, Paris, la Découverte, 1996 [publication en anglais en 1983]. 14 Michael herzfeld, L’intimité culturelle. Poétique sociale de l’État nation, québec, Presses de l’Université laval, « Intercultures », 2007 [publication en anglais en 1997].
54 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 tions sociales concrètes, des « communautés » locales, qui servent de filtre entre le social et ses représentations, entre autres par le biais des « sociolectes » (zima)15. Il importe donc de tenir compte des sociabilités comme formes de médiation, entre autres parce que le rapport des écrivains au social passe par ce filtre, parce que le contact avec la littérature, les discours, les formes de capital, les divisions sociales, etc., est dans une certaine mesure canalisé, orienté, par les interactions avec autrui et par les configurations locales au sein desquelles les écrivains sont insérés (revues, maisons d’édition, cénacles, associations, réseaux plus ou moins formalisés). ainsi, il y a nécessairement des décalages entre a) la totalité de ce qui se publie, dans une société donnée, b) la part de cette totalité qui est objet de discours dans les médias ; c) les livres qu’on fait circuler et dont on parle, au sein d’un groupe donné. Or, ces décalages produisent des effets, entraînent certaines lectures, orientent vers une certaine forme d’écriture, introduisent, entre le discours social, le champ et les écrivains, des distorsions. En un mot : bien plus qu’un à côté anecdotique, la sociabilité opère une médiation significative entre la littérature et le social. (d) Imaginaire social beaucoup utilisée, théorisée depuis peu, la notion d’« imaginaire social » apparaît comme l’une des grandes médiations du social que la sociocritique doit continuer d’investiguer16. très liée au 15 Peter V. zima, L’Ambivalence romanesque. Proust, Kafka, Musil, berne, Peter lang, 1988. 16 l’article incontournable à cet égard est celui de Régine Robin, « Pour une socio-poétique de l’imaginaire social », Discours social/Social Discourse, vol. 5, no
55 Sociocritique et médiations développement des recherches sur le discours social, cette notion a toujours présenté une nature fondamentalement ambivalente, entre description et prescription. Il s’agit à la fois de ce dont rêve la société, et de ce qui a le pouvoir de faire rêver la société, pour reprendre certains termes de la définition qu’en a proposé récemment Pierre Popovic17. Son principal mérite tient peut-être au fait qu’elle cherche à rendre compte des effets propres de la fiction dans le monde social, des effets-retours, des déterminations qui influent sur le réel, marquent les sensibilités, voire commandent les gestes, cela dans une perspective quasi anthropologique : « le texte contribue, » écrivent angenot et Robin, « à produire un imaginaire social, à offrir aux groupes sociaux des figures d’identité (d’identification), à fixer des représentations du monde qui ont une fonction sociale »18. Il n’y a certes pas lieu de limiter l’imaginaire social à la littérature, même si sur la longue durée la littérature en a sans doute été un élément prédominant, et le roman tout particulièrement à partir du XIXe siècle. Il n’est pas non plus question d’un retour au solipsisme littéraire, à l’examen cloisonné du monde littéraire tel qu’il s’imagine être. Il s’agit plutôt de s’interroger sur une certain « efficace » des discours, et notamment sur les valeurs qui sont parties constituantes 1-2 (1993), pp. 7-32, qui ne propose toutefois aucune définition de l’imaginaire social. 17 Suivant Popovic, l’imaginaire social est « un rêve éveillé » que « toute société entretient à ses propres égard et usage » ; il est « composé d’ensembles interactifs de représentations corrélées, organisées en fictions latentes, sans cesse recomposées par des propos, des textes, des chromos et des images, des discours ou des œuvres d’art » (Pierre Popovic, Imaginaire social et folie littéraire. Le second Empire de Paulin Gagne, Montréal, Presses de l’Université de Montréal, « Socius », 2008, pp. 23 et 24). 18 Marc angenot et Régine Robin, « l’inscription du discours social dans le texte littéraire », Sociocriticism, no 1 (juillet 1985), p. 53.
56 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 de l’imaginaire social et qui assurent une bonne part de ces effetsretour sur le social et les pratiques. autrement dit, porter l’interrogation sur une certaine forme « d’inertie » de l’imaginaire de la littérature permet d’observer et d’analyser sa capacité à imprégner le monde social, à traverser l’histoire et à conférer aux sociétés des cadres d’appréciation et de jugement. En cela, l’imaginaire social se développe sans doute aux confins de ce que l’histoire culturelle a pour sa part proposé autour de la notion de représentation19. Ce survol des médiations cerne un vaste territoire, partagé par plusieurs perspectives et disciplines. Il ne constitue pas, en tant que tel, un programme de recherche, mais invite plutôt à penser l’articulation entre les recherches sociocritiques, menées en fonction d’objet spécifiques, généralement sur un horizon à court ou moyen terme, et l’entreprise de conceptualisation des multiples formes et axes de médiation, jamais aboutie, toujours remise sur le métier. De même, il cherche à penser ces recherches et cette conceptualisation en tenant compte des lieux de convergence, de dialogue et de confrontation entre les perspectives ou disciplines des sciences humaines. la sociocritique n’a pas à être diluée au sein de la sociologie de la littérature, de l’analyse du discours, de l’histoire culturelle, de l’intermédialité, de l’histoire du livre, mais elle doit assumer plus nettement le fait que ses domaines de recherche et jusqu’à certaines de ses interrogations les plus fondamentales sont « en garde partagée » avec ces approches, et que par conséquent, elle doit chercher à tenir compte de cette inévitable interdisciplinarité. À charge pour les chercheurs se réclamant de la sociocritique d’emprunter dans les 19 Dans une vaste bibliographie traitant de la question, on ne renverra qu’à la synthèse de Roger Chartier, « le monde comme représentation. Redéfinition de l’histoire culturelle », Annales ESC, no 6 (nov.-déc. 1989), pp. 1505-1520.
57 Sociocritique et médiations diverses boîtes à outils à leur disposition les instruments les mieux à même d’éclairer leur objet d’étude. quelques médiations d’IllusIons perdues Pour illustrer mon propos, sans viser à intégrer toutes les dimensions médiatrices qui ont été évoquées, je voudrais aborder rapidement le cas d’un roman emblématique, Illusions perdues. Illusions perdues, plus précisément sa deuxième partie Un Grand homme de province à Paris, a fixé pour longtemps l’imaginaire social de la littérature telle qu’elle se pratique ainsi que le modèle du roman d’une vie littéraire désormais soumise aux modes de production capitalistes. Il a été moins noté que balzac a donné vie et récit dans ce roman à une institution qui représente le contre-pied pour ainsi dire absolu de ces modes de production. Cette institution, aussi nouvelle que structurante, est le cénacle. qu’est-ce donc qu’un cénacle ? Il s’agit, à première vue, d’une assemblée d’écrivains et d’artistes réunis dans un espace privé, assemblée qui n’existe par nulle autre institutionnalisation qu’ellemême, par l’agrégation d’individus. Mais en même temps, parce qu’elle s’affirme dans l’espace public en tant que groupe solidaire disposant d’un capital collectif non réductible à l’addition des capitaux symboliques de ses membres, cette assemblée influe en retour sur la trajectoire de ceux-ci, voire sur la configuration générale du champ. Enfin, le cénacle est intimement associé, c’est sa raison d’être sociologique, à un ensemble de valeurs éthiques et esthétiques communes à ses membres, dont il vise, avec plus ou moins de fortune, la systématisation et l’explicitation. ballotté entre ces identités sociales différentes et complémentaires, le cénacle se caractérise encore par l’homogénéité professionnelle et sociale de ses membres et par une intense cohésion interne sous-tendue par
64 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 face du système littéraire, le chemin le plus long vers la postérité, les investissements symboliques qui n’ont de chance d’être rentables, s’ils en ont une, que sur le seul long terme. balzac l’écrit en toutes lettres : « [lucien] ne se savait pas placé entre deux voies distinctes, entre deux systèmes représentés par le Cénacle et par le Journalisme, dont l’un était long, honorable, sûr ; l’autre semé d’écueils et périlleux, plein de ruisseaux fangeux où devait se crotter sa conscience » [IP 278]. Illusions perdues donne à cette opposition architectonique un effet direct sur la narration. le Cénacle de d’arthez et la camaraderie de lousteau, considérés cette fois comme modèles sociabilitaires, sont chacun à leur manière une « cuisine de la gloire » [IP 330], mais de même que leur participation au monde se déploie sur des rythmes opposés, la narration leur réserve une temporalité et une spatialité spécifiques. le Cénacle, d’un côté, présente tous les aspects d’une résistance à la narration : dans le chapitre intitulé « le Cénacle », l’intrigue, contrainte de céder à l’étape du recensement de ses membres et à la description compacte de leurs caractères et positions, se trouve comme suspendue. Formant un bloc cohérent et homogène, donc réfractaire à toute distillation, le Cénacle n’admet qu’une exposition contrariant le flux diégétique. Passées les présentations, la succession ininterrompue de traits distinctifs du groupe poursuit à son tour cette suspension de l’histoire. En outre, on ne voit jamais le Cénacle en action, balzac maintenant ses faits et gestes dans le flou. En somme, débordant en amont et en aval le temps du roman, inscrivant son action intellectuelle dans un mode d’action sociale inaccessible à l’immédiateté du journalisme roitelet de Paris, le cénacle se définit donc comme un groupe sans histoires, dont l’irritante stabilité se voit encore renforcée par son exclusion volontaire de l’histoire. D’autant que le Cénacle n’existe pas hors les murs de la froide mansarde de d’arthez : c’est là seulement qu’il paraît
65 Sociocritique et médiations au complet, le lecteur ne le rencontrant ailleurs qu’en délégation. De sorte que si le cénacle échappe à la temporalité romanesque, il tend également à se dérober à sa spatialité. Retiré de l’espace social, le Cénacle est du même coup coupé de l’espace romanesque, où se déploie l’action. Il est un point fixe dans l’espace-temps romanesque, ou, pour paraphraser bakhtine, un contre-chronotope33 Rien ne s’y déroule, rien ne s’y joue : il existe seulement, en soi et pour soi, à l’état d’épure. De l’autre côté, contre l’ascèse cénaculaire, le chronotope privilégié de la camaraderie est celui de l’orgie littéraire. trois scènes de festin sont décrites et marquent des ponctuations fortes du roman : la première a lieu chez Matifat, vieux riche dont l’argent doit servir à financer la fondation d’un journal. Sous l’œil charmeur mais mauvais du « Journal attablé, buvant frais, joyeux, bon garçon » [IP 353], lucien écrit là son article sur L’Alcade dans l’embarras, splendide pastiche de Jules Janin qui lui vaudra son premier succès parisien. quelques chapitres plus loin, lucien joue cette fois les amphitryons et réunit chez lui tous les protagonistes du roman, y compris « ses amis du Cénacle ». la troisième orgie, « repas triomphal » qui réunit dans un restaurant « les coryphées de la presse royaliste » [IP 494], marque le passage de lucien à la presse politique et annonce son ultime palinodie — l’éreintement du roman de d’arthez — et la déchéance prochaine. Chacune de ces scènes d’orgie présente des codes narratifs inverses propres au deipnon grec34 quelques années plus 33 Rappelons que bakhtine définit le chronotope comme un « lieu d’intersection des séries spatiales et temporelles du roman » (Mikhail bakhtine, Esthétique et théorie du roman (1978 pour la traduction française), Paris, Gallimard, coll. « tel », 1987, p. 387). 34 Sur le travestissement du symposion (banquet) en deipnon (festin), voir Elisheva Rosen, « le festin de taillefer ou les “Saturnales” de la monarchie de Juillet », dans
66 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 tôt : l’excès de nourriture et de boisson, les déclarations à l’emportepièce (« la restauration du journalisme » puis la « guerre à mort » résolues à l’unanimité, « par les rédacteurs qui noyèrent toutes leurs nuances et toutes leurs idées dans un punch flamboyant » [IP 495]), les plaisanteries acerbes, les calembours, le déchaînement de paroles sans suite, puis enfin, les toasts se succédant, « les scènes grotesques par lesquelles finissent les orgies » [IP 361], le tout oscillant entre les modes du bouffon et du sordide. Deux systèmes, deux codes de conduite, deux modes de représentation, en somme deux médiations et médiatisations littéraires des médiations sociales à l’œuvre dans le champ littéraire du premier XIXe siècle. tout se passe donc comme si, par un effet de stéréoscopie, le conflit des positions, des prises de position et des postures s’exprimait non seulement par les voix (des personnages, du narrateur, etc.) mais encore dans la matière même du roman, dans sa temporalité et sa spatialité. Claude Duchet (éd.), Balzac et la Peau de chagrin, Paris, Sedes, 1979, pp. 115-126. Voir aussi anthony Glinoer, « l’orgie bohème », COnTEXTES. Revue de sociologie de la littérature [En ligne], n°6 (septembre 2009), URl : http://contextes.revues. org/index4369.html.
ESTUDIOS CULTURALES Y SOCIOCRÍTICA Genara Pulido tirado (Universidad de Jaén, España) Palabras clave: Sociocrítica, estudios culturales, alta y baja cultura, pensamiento crítico siglo XX. Resumen: Estudios culturales y sociocrítica aparecen en un momento del siglo XX en el que a la inquietud por el carácter complejo del discurso literario se une la preocupación por las metodologías implicadas en su análisis y el incuestionable carácter social de éstas. ambas corrientes emergen sobre una base sociológica y marxista claras y pronto hacen suyo como objeto de conocimiento tanto el discurso literario como otros tipos de discursos. Si frente a la pluralidad metodológica del momento la sociocrítica apuesta por encontrar su propia vía hermenéutica, los estudios culturales proclaman, en una fase avanzada, su carácter “antidisciplinar” o “adisciplinar”, el cual se traduce con mucha frecuencia en un eclecticismo metodológico, especialmente visible en américa latina a partir de los años ochenta; si la sociocrítica amplía su concepto más allá de lo puramente lingüístico para acoger, por ejemplo, discursos icónicos, los estudios culturales amplían tanto su objeto de conocimiento que el término “cultura” termina siendo equivalente de todo o de nada, según como se mire. Mots-clés : Sociocritique, les études culturelles, haute et basse culture, critique la pensée du XXe siècle. Résumé : la sociocritique et les études culturelles sont à la fois au XXe siècle que les préoccupations concernant la nature complexe du discours littéraire
68 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 rejoint les préoccupations sur les méthodologies utilisées dans l’analyse et le caractère social de ces incontesté. les deux brins apparaissent clairement sur un marxiste sociologiques et en firent bientôt l’objet d’une connaissance des deux discours littéraires et d’autres types de discours. Si face de la pluralité de l’offre méthodologique du moment la sociocritique tente de trouver leur propre voie herméneutique, les études culturelles demandent, à un stade avancé, son caractère «antidisciplinarire» ou «adisciplinaire», qui se traduit souvent par une méthodologie éclectique particulièrement visible en amérique latine depuis les années quatre-vingt, si le concept se développe au-delà de la sociocritique purement linguistique pour recevoir, par exemple, les discours emblématique, les études culturelles approfondissent la connaissance de son objet, le terme «culture» finit par être équivalent de tout ou rien. Keywords: : Sociocriticism, cultural studies, high and low culture, critical thinking twentieth century. Abstract: Sociocriticism and cultural studies come at a time in the twentieth century that concerns about the complex nature of literary discourse joins concerns over the methodologies involved in its analysis and the social character of such undisputed. both strands emerge on a clear Marxist sociological and soon made him the object of knowledge of both literary discourse and other types of discourse. If the face of methodological plurality of the moment sociocritical bid to find their own way hermeneutics, cultural studies claim, at an advanced stage, its “antidisciplinar” or “adisciplinar”, which frequently results in an eclectic methodological especially visible in latin america since the eighties, if the concept expands sociocriticism beyond the purely linguistic to receive, for example, iconic discourses, cultural studies extend knowledge of its purposes the term “culture” ends up being equivalent of all or nothing, depending on how you look. Estudios culturales y sociocrítica aparecen en un momento del siglo XX en el que a la inquietud por el carácter complejo del discurso literario se une la preocupación por las metodologías implicadas en su análisis y el incuestionable carácter social de estas. ambas corrientes emergen sobre una base sociológica y marxista claras (ver, sobre la relación de la sociocrítica con la sociología de la literatura, a. Chicharro, 2003-2004) y pronto hacen suyo como
69 Estudios culturales y sociocrítica objeto de conocimiento tanto el discurso literario como otros tipos de discursos. Si frente a la pluralidad metodológica del momento la sociocrítica apuesta por encontrar su propia vía hermenéutica, los estudios culturales proclaman, en una fase avanzada, su carácter “antidisciplinar” o “adisciplinar”, el cual se traduce con mucha frecuencia en un eclecticismo metodológico, especialmente visible en américa latina a partir de los años ochenta (ver, al respecto, Pulido tirado, 2009); si la sociocrítica amplía su concepto más allá de lo puramente lingüístico para acoger, por ejemplo, discursos icónicos, los estudios culturales amplían tanto su objeto de conocimiento que el término “cultura” termina siendo equivalente de todo o de nada, según como se mire. la relación de los Estudios culturales con las disciplinas establecidas ha sido vista por Jameson (1985: 2-3) con suma claridad: Sean lo que fueren los Estudios Culturales surgieron de la insatisfacción respecto de otras disciplinas, no sólo de los contenidos sino también por sus muchas limitaciones. En este sentido, los Estudios Culturales son posdisciplinarios; pero a pesar de eso, o tal vez precisamente por dicha razón, uno de los ejes fundamentales que los sigue definiendo es su relación con las disciplinas establecidas. (Jameson, 1985: 2-3). Sociocrítica y estudios culturales comparten, vistos desde la actualidad, no solo la misma época histórica y un común problema epistemológico de base, sino también el interés por esclarecer categorías determinantes como la de sujeto cultural, representación o identidad. ahora bien, frente a un concepto de lo cultural, presente en los estudios culturales, que lo engloba todo, en la sociocrítica de Cros el concepto de “cultura” queda claramente trazado:
70 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la cultura debe ser definida –entre tantas posibles definiciones‒ como el espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad. [...] la cultura funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia y, por consiguiente, es vivida oficialmente como guardiana de la continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de sí mismo que de ese modo recibe. (Cros, 1997: 11). Sin embargo, el término cultura ha sufrido un importante proceso de desestabilización que el sociocrítico no ignora, como tampoco sus consecuencias: Esta desestabilización transcribe el relajamiento de los lazos de sujeción nacional: las sociedades industriales resultan cada vez más integradas en la economía mundial y las clases dominantes ya no tienen por qué interesarse por el bienestar colectivo a nivel de la nación. ya se nota cuán claramente las rectificaciones sufridas por las estructuras del ideologema ‒en este caso, la pérdida de las representaciones de los lazos cívicos y nacionales‒ transcriben el desvanecimiento del poder de las burguesías nacionales en provecho de una verdadera burguesía mundial que está surgiendo. Estamos pues en un momento de transición en donde coexisten el ideologema del siglo pasado y el proceso de su deconstrucción, lo cual facilita todo tipo de manipulaciones. a nivel explícito, lo que está en disputa es el alcance y el valor simbólicos de la cultura, frente a una concepción esencialmente mercantilista que la transforma
71 Estudios culturales y sociocrítica en un producto de consumo, como los demás. Sin lugar a dudas, así es en la realidad, pero detrás de estas posturas se juega un enfrentamiento mucho más complejo y radical. Esta difracción entre el funcionamiento del ideologema y el funcionamiento del proceso de su deconstrucción, más allá de la portada lisa, inocente, y tranquilizadora del vocablo ‘cultura’, transcribe por lo mismo una de las fases más importantes del enfrentamiento geopolítico de la historia contemporánea. (Cros, 2005). Se trata de un proceso íntimamente ligado a lo que viene llamándose globalización que otro sociocrítico, gran conocedor de los estudios culturales, también señala correctamente: los términos ‘prácticas culturales’ y ‘productos culturales’ parecen ser los que más terreno ganan hoy dentro de esta sintonía, quizás por designar el doble ‘objeto material’ de los ‘estudios culturales’: el conjunto de las actividades culturales, por una parte; por otra, el de las realizaciones materiales que de ellas resultan en una época (diacronía), en una región geográfica (diatopía) o en un grupo social determinado (diastratía). la denominación ‘prácticas culturales’ abarca en su sentido más lato todas las actividades humanas: desde los ritos religiosos de una comunidad dada y sus ceremonias públicas ‒sean éstas civiles, militares, jurídicas o políticas‒ hasta los usos familiares más íntimos y privados; incluye igualmente tanto las actividades lúdicas y deportivas, como las de índole económica, industrial o comercial. Dentro de las ‘prácticas culturales’ se incluye también el conjunto de actividades artesanales y artísticas de una comunidad. De tales actividades derivan como
72 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 resultado los llamados ‘productos culturales’ propios a las mismas. (Gómez Moriana, 2003-2004: 100). El olvido, por parte de los practicantes de los modernos Cultural Studies, de que en la cultura la ideología se manifiesta con suma transparencia o, lo que es más, de que la cultura, al igual que la ideología, se plasma en manifestaciones concretas, es uno de los principales problemas que está teniendo esta corriente sociológicohumanística en plena postmodernidad donde, perdidas ya sus bases teóricas iniciales, se mueve entre el eclecticismo, las contradicciones y un “todo vale” que sume en la confusión y la incertidumbre, sobre todos a aquellos que estamos vinculados a los estudios literarios. ante la eclosión de objetos, la investigación literaria se halla en una redefinición de sus alcances. los estudios sobre la cultura y los estudios culturales desde una perspectiva literaria, los avances en la conformación de los campos disciplinares de los estudios del discurso o las semióticas, generan en este momento una red de interrelaciones entre diferentes teorías o perspectivas. asimismo, los métodos se desplazan entre las citadas teorías, después de la progresiva aceptación de los valores de lo heterogéneo en los corpus y de la heterogeneidad de los instrumentos de observación y análisis. las implicaciones del pensamiento sobre la postmodernidad, así como la conformación de estudios transdisciplinares en campos como la lingüística o la semiótica, o la aceptación de las rupturas de paradigmas, muestran una situación epistemológica difícil de evaluar en el campo literario. a esta situación se le suma la coexistencia de distintos modelos hermenéuticos en el análisis crítico. la situación es especialmente caótica en Estados Unidos, en relación al ambiente académico de este vasto país Mario Roberto Morales ha señalado lo que se entiende en ese ámbito por theory:
73 Estudios culturales y sociocrítica lo que en estos ambientes se entiende por ‘teoría’ es un amasijo de nociones fragmentarias entresacadas a discreción de un espectro cognoscitivo que abarca desde la semiología y la semiótica hasta el psiconálisis, el marxismo y el feminismo, incluyendo a veces (y aunque usted no lo crea) la teología tomista y agustiniana. (Morales, 2007: 1). De donde se deduce que la teoría no es teoría de la literatura, sino de las prácticas productoras y receptoras de sentido, prácticas mediante las cuales los sujetos se constituyen como tales construyendo sus identidades diferenciadoras frente a otros sujetos. Se trata, en definitiva, de prácticas culturales; en tal caso la teoría sería una teoría de la cultura. No extraña, en este contexto, que terry Eagleton (2003) haya titulado a su lúcido análisis de la cultura y estudios culturales Después de la teoría, título que esconde un engaño evidente: nunca podremos estar después de la teoría porque, como reconoce el mismo crítico, no puede existir ningún ser humano reflexivo sin teoría. El problema del objeto en los estudios literarios está señalando un campo con características peculiares, en el que las formas de manifestación y transferencia de los saberes presentan la misma ausencia de rigor que los métodos específicos. Sin embargo, la apertura de las opciones investigadoras permite moldear nuevos instrumentos que hagan posible abordar aquello que ha provocado la proliferación de esos objetos. De este modo, estudiar la literatura se ha vuelto una forma de estudiar la cultura a partir de la observación de los discursos que circulan en su seno y en torno a ella y, al mismo tiempo, la conforman. y esto porque, como señala oportunamente Gómez Moriana, la ‘creación’ literaria no es en este contexto otra cosa que una más entre las diferentes ‘prácticas culturales’ propias de
80 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 hacia finales de los años sesenta el proyecto original de los estudios culturales empieza a experimentar un cambio de orientación política y metodológica. El movimiento estudiantil del 68 y la creciente importancia de la cultura visual en el imaginario popular hacía necesaria una revisión de los presupuestos teóricos establecidos por hoggart, Williams y Thompson. Esta fue justamente la labor emprendida por Stuart hall, quien asumió la dirección del Centro en 1972. Como jamaicano negro, hall ya no podía mirar con nostalgia hacia el pasado de una Inglaterra impoluta frente al impacto de los medios de comunicación de masas. Su preocupación no era “recuperar” valores culturales del pasado, sino entender el presente en sus propios términos con el fin de articular una crítica de sus problemas. Por eso, la irrupción de la sociedad de consumo y la incidencia de los medios de comunicación en el imaginario colectivo, que hoggart, Williams y Thompson percibían todavía como amenazas contra los valores de la cultura popular, es tomada por hall como punto de partida de los estudios culturales. Su contribución radicó en haber mostrado la necesidad de plantear un diálogo creativo con la teoría social más avanzada de su tiempo: el estructuralismo. Con hall entramos, pues, en la etapa propiamente althusseriana de los estudios culturales (v., al respecto, Santiago Castro-Gómez, 2000). En efecto, con la llegada de Stuart hall a la dirección del Centro podemos hablar de un “cambio de paradigma” en la orientación de los estudios culturales: del paradigma humanista, inspirado en los estudios literarios, al paradigma estructuralista, inspirado en el psicoanálisis y la teoría social marxista. Esta contraposición podríamos conceptualizarla de la siguiente forma: mientras que en el paradigma humanista la cultura es vista como anclada en la subjetividad de los actores sociales, en su “experiencia vivida”, como decía Raymond Williams, en el paradigma estructuralista la cultura es un producto
81 Estudios culturales y sociocrítica anclado en “aparatos” institucionales y posee, por tanto, una materialidad específica. El punto de arranque de los estudios culturales ya no son los valores, las expectativas y los comportamientos de los obreros o de cualquier sujeto social en particular, sino los dispositivos a partir de los cuales los “bienes simbólicos” (la cultura) son producidos y ofrecidos al público como mercancía. El análisis de la cultura se convierte de este modo en una crítica del capitalismo. El mismo Stuart hall, para un público fundamentalmente norteamericano, y en 1992, echa la vista atrás para hablar de los legados teóricos de los Estudios Culturales. En todo momento es consciente de que se trata de “orientarnos acerca de la cuestión general de las políticas de la teoría” (1992:1). la complejidad de la corriente, su carácter plural e híbrido, se destaca en todo momento al calificarlos de “conjunto de formaciones inestables” (1992: 2) que encierran abundantes metodologías y posiciones teóricas en disputa, de ahí que se califique el trabajo teórico realizado en el Centro de Estudios Contemporáneos de “ruido teórico” (1992: 2). ante el mecanicismo del marxismo vulgar hall reconoce los numerosos estímulos teóricos de Gramsci (ver hall, 1986) así como dos momentos cruciales en los Cultural Studies marcados, primero, por la aparición del feminismo y, segundo, de la raza. Sin embargo, hay un factor que importa destacar especialmente por su importancia en el ámbito de los estudios literarios: “lo que descentró y dislocó el sendero tranquilo hacia el Centro de E.C., seguro, y hacia e.c. británicos hasta cierto punto, es lo que a veces se llama ‘el giro lingüístico’, el descubrimiento de la discursividad, de la textualidad” (1992: 7). y es en este punto en el que no puede negarse la relación con el estructuralismo y la semiótica. No extraña, pues, que el mismo hall distinga dos paradigmas en el seno de los estudios culturales: el culturalista y el estructuralista, y la diferencia entre ellos es importante:
82 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Se ha comentado que mientras el paradigma ‘culturalista’ puede ser definido sin necesidad de recurrir a una referencia conceptual al término ‘ideología’ (evidentemente la palabra aparece, mas no se trata de un concepto clave), las intervenciones ‘estructuralistas’ han sido en gran medida articuladas en torno al concepto de ‘ideología’: consecuentemente con su más impecable linaje marxista, el de ‘cultura’ no figura de manera tan prominente. (hall, 1994: 9). Sin embargo, con el paso de los años y la expansión transatlántica de los estudios culturales, a la par que con su relación con la postmodernidad y la academia, la situación se complica. la construcción de una teoría de la cultura “cabalmente materialista” que proclamaba hall no parece estar cercana. Se puede decir que la gran aceptación curricular que han tenido los estudios culturales en universidades norteamericanas de élite, así como su correspondiente éxito editorial, corren paralelos a este proceso de eliminación de sus elementos marxistas. Se trata ya de una etapa distinta (post-althusseriana) que está marcada por la influencia que empiezan a tener filósofos como baudrillard, lyotard y Derrida y, muy a pesar de estos autores, por un retorno insospechado del humanismo metodológico. En la era del supuesto fin de la ideología y de la historia los estudios culturales se convierten en un cajón de sastre en el que se tratan cuestiones muy dispares referentes a medios de comunicación de masas, género y sexo, raza, representación, nacionalismo, culturas populares y subculturas, artes, y un largo etcétera. lo que parece injustamente ignorado es un hecho nada baladí: la relación entre política y cultura es indisoluble ya que la cultura se entiende con referencia al concepto de experiencia o vida cotidiana. y además las ideologías son concepciones del mundo que penetran en la vida práctica de los hombres y pueden animar e inspirar la praxis social.
83 Estudios culturales y sociocrítica Jameson (1986) ha formulado la cultura como forma lógica constitutiva del capitalismo tardío, entonces la cultura es un campo de lucha simbólica donde se pone en juego constantemente la lucha por la hegemonía del significado. En este contexto surge el miedo de los representantes de los estudios literarios por la posible desaparición de esta disciplina toda vez que los estudios culturales parecen abarcarlo todo, sobre todo en el ámbito académico en el que la institucionalización ha conllevado una expansión que amenaza con eliminar o asimilar todo lo que encuentran a su paso. la literatura, por otra parte, no parece pasar por sus mejores momentos si nos atenemos a criterios cuantitativos (consumo escaso en relación a otros productos de baja cultura o cultura popular), aunque desde un punto de vista cualitativo el siglo XX nos ha dejado muestras realmente brillantes. Pero estudios culturales y estudios literarios no tienen por qué oponerse entre sí, el testimonio de Morales (2007: 2) es esclarecedor en este sentido: los Estudios Culturales no tienen pues por qué oponerse irreconciliablemente a los Estudios literarios, si es que somos capaces de hacer valer la especificidad literaria de entre otras especificidades significantes como las de la pintura, la escultura, el cine, la publicidad, la música ligera, las culturas populares y los muchos productos de la industria cultural. Por el contrario, nuestra capacidad de relacionar la obra literaria con estas producciones de sentido ampliará y enriquecerá los Estudios literarios, porque el análisis social realizado desde las especificidades de las diferentes prácticas de sentido arroja luz acerca de las mentalidades e ideologías de las diferentes clases y estratos sociales que posibilitan la acción intercultural.
84 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 además, no hay que olvidar que han sido las prácticas de lectura analítica propias de los Estudios literarios las que han hecho posible la evolución que nos ha llevado a los Estudios culturales, y de seguro aquéllas todavía tienen mucho que aportar a lo que algún día será el bagaje metodológico de éstos. (Morales, 2007: 2). Esta actitud encierra, sin duda, una alta dosis de idealismo. beatriz Sarlo, practicante de los estudios literarios a la par que de la crítica literaria ha sabido ver el problema de fondo que encierra toda esta problemática: la cuestión de los valores estéticos. hay que ser conscientes del impasse disciplinario que se constituye en trasfondo de esta situación, así como de la relación de las disciplinas con una ideología hegemónica (la nueva derecha en Estados Unidos). la negación de la dicotomía alta / baja cultura se inscribe, en cambio, en el seno de la Nueva Izquierda británica que ve en la reivindicación de la cultura popular una forma revolucionaria de enfrentarse al sistema. la aparición de la cultura de masas viene a hacer más complejo el panorama. Entonces, El futuro de la crítica literaria, en un mundo donde el lugar de la literatura está cambiando aún más velozmente, no puede hipotetizarse en los marcos de una vieja discusión de hace treinta o cuarenta años. la academia internacional ha percibido estas líneas de desarrollo y ha planificado sus propias respuestas. la popularidad creciente de los estudios culturales y del análisis cultural, que da trabajo a cientos de críticos literarios reciclados, es una de las respuestas. (Sarlo, 1996: 35-36). la crítica literaria no puede, pues, fundirse y perderse en la crítica cultural. haciendo un balance que no pretende negar la legitimi-
85 Estudios culturales y sociocrítica dad del estudio de la cultura, siguiendo a la autora argentina, hay problemas específicamente literarios que los estudios culturales no pueden solventar como la relación entre la literatura y la dimensión simbólica de la sociedad, las cualidades específicas de los discursos literarios y la idiosincrasia del diálogo que se establece entre textos literarios y textos sociales. la sociocrítica, en cambio, sí puede ofrecer respuestas acorde con los tiempos que vivimos, de ahí su validez en el ámbito de los estudios literarios. antes de terminar quiero destacar aquí, a manera de epílogo, la coincidencia teórica fundamental que se puede detectar entre dos destacados representantes, uno de la sociocrítica, Edmond Cros, y otro de los estudios culturales latinoamericanos –y también de la crítica literaria‒, antonio Cornejo Polar (hecho nada extraño, recordemos la importante presencia de la sociocrítica de Cros en el ámbito hispano que ha estudiado a. Chicharro, 2008). la noción de sujeto cultural ha sido desarrollada por Edmond Cros en El sujeto cultural. Sociocrítica y psicoanálisis. Según el teórico, esta categoría designa: “1-una instancia de discurso ocupada por Yo; 2la emergencia y el funcionamiento de una subjetividad; 3un sujeto colectivo; 4un proceso de sumisión ideológica” (Cros, 1997: 9). En otras palabras, el sujeto cultural se configura en la representación discursiva. Distinguiéndose del sujeto del deseo, que se expresa en el plano de la enunciación, el sujeto cultural se manifiesta en el plano del enunciado y, a la vez, se enmascara en él, constituyéndose por todos los integrantes de una misma colectividad que, sin embargo, dice Cros, son remitidos respectivamente a sus propias clases sociales Edmond Cros propone la noción de sujeto cultural y muestra, a partir del análisis de algunos documentos, cómo este opera en los textos lingüísticos o icónicos. Instancia mediadora entre el lenguaje y el discurso y, en cuanto señuelo del otro, entre el yo y lo semejante,
86 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 el sujeto cultural se manifiesta, en el marco de un sistema plurisistemático, como una instancia intrapsíquica que coincide con la del sujeto del no-consciente, sin reducirse a ella sin embargo. la coincidencia del autor de Montpellier con el peruano Cornejo Polar, crítico destacado del ámbito latinoamericano y productor de algunas de las nociones más operativas de los estudios literariosculturales de finales del siglo XX, es digna de mención. Dice el autor hispanoamericano: ...el sujeto individual o colectivo no se construye en y para sí; se hace, casi literalmente, en relación con otros sujetos, pero también (y decisivamente) por y en su relación con el mundo. En este sentido, la mímesis no se clausura en su función re-presentativa de la realidad del mundo [...]; más bien, en cuanto construcción discursiva de lo real, en la mímesis el sujeto se define en la medida en que propone como mundo objetivo un orden de cosas que evoca en ‘términos’ de realidad independiente del sujeto y que, sin embargo, no existe más que como el sujeto la dice [...] En otros términos, no hay mimesis sin sujeto, pero no hay sujeto que se constituya al margen de la mímesis del mundo. (Cornejo Polar, 1994: 22). Se impone revisar los orígenes de la entidad que sienta las bases para la construcción de lo que hoy conocemos como sujeto latinoamericano contemporáneo. Dicha revisión implica una vuelta a los textos coloniales que se producen a partir de la llegada de Colón a lo que más tarde se llamará Nuevo Mundo o américa. Dicho corpus textual descubre dos instancias: la noción de sujeto colonial en su amplia dimensión, y la interacción entre dos sujetos coloniales que se relacionan de manera jerárquica: el yo imperial y el otro ame-
87 Estudios culturales y sociocrítica rindio. la noción de sujeto colonial actuaría como agente cuya voz domina la producción y recepción del/de los discurso(s) coloniales. Se entiende por “agencia textual” una noción válida para revelar las voces indígenas en los textos colombinos. la noción del sujeto colonial también permite plantear sus diferentes posiciones, que se pueden extraer empleando las categorías de “yo” y el “otro.” Estas categorías se presentan como lugares jerarquizados de enunciación que se siguen reproduciendo en la actualidad. a su vez, las categorías de “yo” y “otro” revelan los conceptos de identidad y alteridad en tanto que lugares a partir de los cuales se ejerce o se recibe la “agencia” de un sujeto. a partir de esta perspectiva, podemos observar que lo que se considera el canon de las letras coloniales hispanoamericanas reproduce la visión del yo imperial y eurocéntrico. Esta visión cumple aún una función dominante en la producción textual latinoamericana contemporánea porque reafirma un sujeto criollo con ideología eurocéntrica y condiciona lo que el sujeto latinoamericano actual entiende, acepta, idealiza o reafirma como su identidad. las declaraciones de Cros al definir al sujeto cultural colonial son fundamentales en este punto: ...contradicciones fundamentales [...] caracterizan al sujeto cultural colonial. Despojado de sus derechos, exiliado para siempre de la que creía su patria [...] este sujeto descubre al mismo tiempo la vacuidad y la soledad que se venía ocultando a sí mismo detrás de los señuelos de un supuesto proceso de sincretismo. (Cros, 1997: 55). y esto porque el indio, al interiorizar categorías originales que le son extrañas y contradictorias en relación a las suyas primitivas interioriza una alteridad irreductible a sus propias normas y la
88 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 imaginación colectiva sólo puede producir figuras híbridas. Como puntualiza Cros (1997: 52): la ‘alteridad’ no puede representarse puesto que la identificación con el Otro sólo puede producirse a través de mis propios modelos discursivos, producidos precisamente para expresar lo que soy, lo que sé o lo que imagino y no han sido producidos sino por eso; de ahí, su incapacidad para dar cuenta de todo lo que me es exterior y exterior a mi universo. (Cros, 1997: 52). Pero no podemos olvidar lo que señala Roleana adorno (1988) sobre la alteridad y la semejanza: un término tiene sentido positivo, otro negativo; además, son términos extremos, esto es, no existen posiciones intermedias. la alteridad es necesaria desde cierta perspectiva puesto que “el sujeto se reconoce a sí mismo reconociendo al otro. la exigencia de definir el carácter del otro es el auto-reconocimiento por el sujeto de la necesidad de fijar sus propios límites. Como proceso cultural, la creación de la alteridad parece ser una exigencia y una inevitabilidad del sujeto, sea éste colonizador o colonizado” (adorno, 1988: 68). lo que se llama “sujeto cultural colonial latinoamericano” es el producto de la Conquista y Colonización no solo material, sino también de las subjetividades y de su modo de comprender el mundo. Como lo dice antonio Cornejo Polar, “la condición colonial consiste (...) en negarle al colonizado su identidad como sujeto, en trozar todos los vínculos que le conferían esa identidad y en imponerle otros que lo disturban y desarticulan, con especial crudeza en el momento de la conquista”, pero también a lo largo de los siglos posteriores. Sin embargo, esto no significa plantear la idea de un sujeto totalmente colonizado, impedido de toda agencia social. En
89 Estudios culturales y sociocrítica cambio, se trata de entender, en el plano latinoamericano, al sujeto colonial como un agente social que, a la vez que está “sometido” a una visión del mundo dominante, produce sus propios modos de entender de acuerdo a sus circunstancias históricas concretas. Esta situación se presenta como problemática y contradictoria en tanto el sujeto percibe su realidad, pero se ve impedido o carente de los instrumentos necesarios para hacer frente a ella y cambiarla. En cualquier caso, latinoamérica lleva, en sentido laxo más de medio siglo, en sentido más estricto tres décadas, batallando en el plano teórico (que algunos les niegan) para establecer una especificidad plural que contrasta con la visiones que desde distintas metrópolis se han venido dando a lo largo de la historia. Se trata de un proceso duro y apasionante, lúcido, aunque no exento de contradicciones, que ya ha producido resultados de innegable validez, como he estudiado en otro lugar (Pulido tirado, 2009). REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS aDORNO, Roleana (1988), “El sujeto colonial y la construcción cultural de la alteridad”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, 28, pp. 55-68. CaStRO-GóMEz, Santiago (2000), “althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología”, Revista Iberoamericana, 193, pp. 737-751. www.oei.es/salactsi/castro3.htm (Consultado en enero de 2008). ChIChaRRO, antonio (2004-2004), “Una introducción al estudio de las teorías sociocriticas y sus relaciones con los estudios sociológicos y sociales de la literatura o el ‘problema fundamental’”, Sociocriticism, vol. XVIII, 2-vol. XIX, 1. Monográfico Literatura y sociedad después de la caída del muro, eds. a. Chicharro y E. Cros.
96 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Este modelo ha demostrado que los lexemas de una lengua no funcionan de forma aislada, sino en una red de estructuras semánticas. Es decir, el vocabulario de una lengua consiste en una determinada cantidad de sistemas léxicos cuya estructura semántica puede describirse como relaciones de sentido paradigmáticas y sintagmáticas. hay que destacar que esas relaciones deben definirse en tanto que se mantienen entre datos léxicos y no entre sentidos independientemente considerados. Este último punto es la clave del estudio estructural del léxico, pues uno de los principios cardinales del estructuralismo, como movimiento desarrollado por Saussure y sus seguidores, es el de que todo dato lingüístico tiene su lugar en un sistema y que su función o valor deriva de las relaciones que entabla con otras unidades del sistema. la aceptación semántica de la concepción estructural tiene la ventaja de que permite al lingüista eludir todo tipo de compromiso en la controversia sobre las afirmaciones filosóficas y psicológicas de “conceptos” o “ideas”. En la estructura de la lengua, el sentido de una unidad léxica se entiende como el conjunto de relaciones que mantiene esa unidad con otras unidades del mismo sistema léxico. las expectativas que se crearon con la semántica estructural no han dado los resultados esperados y se pueden encontrar afirmaciones muy reticentes en lo que respecta a los logros conseguidos. En los últimos decenios el desarrollo del estudio del léxico ha tenido que ver con la semántica sintáctica (la noción de valencias, los conceptos de clase y clasema de la lingüística estructural) y especialmente se ha abordado desde el ámbito de la gramática generativa (Gutiérrez Ordóñez, 2003). la semántica generativa ha introducido modificaciones en su teoría que incorporan los valores semánticos del léxico en la configuración sintáctica. así a partir de los años setenta se introdujo la llamada teoría temática, y a partir de los años ochenta se considera
97 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras que “los predicados poseen propiedades aspectuales o eventivas que condicionan la jerarquía y que posibilitan o imposibilitan la presencia de argumentos no previstos en su valencia” (Gutiérrez Ordóñez, 2003: 132). las similitudes entre las teoría generativas y funcionales, salvando las diferencias metodológicas, vienen a corroborar el papel que el léxico está tomando como parte central del estudio lingüístico. De hecho en la actualidad el léxico se constituye en el eje de varias disciplinas que enfocan su estudio desde diversas perspectivas y los enfoques no parecen contradictorios sino complementarios, a pesar de las críticas de visión a uno u otro modelo. Más recientemente, la incorporación de la pragmática y de los estudios discursivos vino a desarrollar aspectos del estudio lingüístico que no se habían tenido en cuenta, por estar este demasiado centrado en el código. LA PALAbRA EN LA SEMIÓTICA Y EN LA TEORÍA DEL DISCURSO Desde una perspectiva del discurso, muy tempranamente bajtinVoloshinov en El marxismo y la filosofía del lenguaje3 (1992) y otros escritos propuso un acercamiento al lenguaje que tendrá una gran repercusión. Esta es una vía utilizada por la sociocrítica, disciplina que se forma cuando en los años setenta bajtin comienza a ser conocido en Occidente. Se constata en exposiciones generales de la disciplina efectuadas por Cros (1982) a principios de los ochenta. 3 la anterior versión, de 1976, se tituló El signo ideológico y la filosofía del lenguaje; esta de 1992 se ha traducido directamente del ruso por tatiana buvnova.
98 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 las teorías lingüísticas bajtinianas posibilitan una doble lectura que es importante no descuidar para entender el amplio juego que van a tener dentro de la sociocrítica: por un lado constituyen una teoría de la ideología; pero también son teoría de la cultura. En la teoría crosiana se percibe este paso hacia el interés por la cultura. la obra de bajtin concita una teoría del lenguaje, una teoría de la conciencia subjetiva y una teoría de la ideología-sociedad. atiende en el lenguaje precisamente la formación y comunicación de la conciencia subjetiva y social, en un proceso que debe ser entendido en su simultaneidad, y que Edmond Cros tiene en cuenta a la hora de completar el edificio de su sociocrítica. Pero no el lenguaje considerado como facultad ni la lengua como abstracción, sino el discurso o la palabra efectivamente proferidos, en situación, que en su repetición o citación portará la memoria de esa situación social y la incorporará a otras situaciones siempre nuevas. Por esta razón el discurso es interdiscurso y la palabra siempre está “pluriacentuada”. Cada palabra es portadora de las marcas de su adscripción social, y por tanto es medio de la incorporación de lo social en el discurso. Ni que decir tiene –y volveremos sobre esto‒ que la gran promotora del conocimiento de bajtin en Francia, Julia Kristeva, leerá en bajtin propuestas sobre el texto de las que son partícipes una serie de semiólogos y críticos literarios que, como barthes, se muestran descontentos con las limitaciones del estructuralismo y de una concepción estática del texto. Pero incluso en los heterodoxos, el estructuralismo seguirá siendo un habitus mental, y si nos remontamos a las fuentes del primer Cros, vemos que es la lingüística y la semiótica estructural –hoy podemos llamarla “clásica”‒ la que está haciendo fermentar los primeros estudios de Cros sobre El Buscón. aun con lo que tienen de revulsivo las teorías bajtinianas no podemos ignorar la implantación y viraje del propio estructuralismo.
99 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras EL POSTESTRUCTURALISMO la lingüística estructural pretextual, dominante hasta entrados los setenta, se centra en el concepto de signo, su selección a partir de un paradigma y su combinación en el sintagma (signo en el sistema y signo en el proceso). El máximo paradigma, el sistema de todos los signos lingüísticos en sus distintos niveles de utilización, es la lengua. Dentro del nivel morfo-sintáctico, determinados morfemas, llamados propiamente monemas o lexemas, eran considerados como signos de un paradigma si no ilimitado sí abierto, relevantes en el plano semántico de la lengua llamado precisamente plano léxicosemántico. ya desde el principio el estatismo del signo como miembro de un paradigma se vio relativizado por la mencionada atención al sintagma, al proceso o texto (hjelmslev), al discurso (buyssens) a la enunciación-enunciado (benveniste) al uso (Coseriu), etc. sin renuncia a la ascendencia saussureana. aunque Saussure afirmaba la dimensión social del signo, la desatendía sin embargo por exigencia científico-lingüística y, sobre todo, consideraba el signo como producto intercambiable, pero no era considerado en su producción y productividad. En lo que respecta a la crítica literaria, estos planteamientos repercutieron sobre todo en el análisis de las microestructuras del texto literario y tuvo que producirse el mayo del 68, que en lingüística da paso a las teorías del texto y del discurso, para que los planteamientos textuales literarios –los de “siempre”‒, tuvieran una base teóricolingüística e incluso se rebasaran críticamente estas bases –barthes en Leçon acaba defendiendo la “literatura” frente a la “gramática”‒. Resulta significativa la coincidencia entre la afirmación de Coseriu para quien el uso práctico de la lengua no es sino una reducción de su auténtico potencial que sólo se da en su utilización poética
100 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 (Coseriu, 1971: 185), y las afirmaciones de Julia Kristeva sobre la explosión del texto en La revolución del lenguaje poético. las críticas de Kristeva (Francia), augusto Ponzio (Italia) y Juan Carlos Rodríguez (España) a la tecnocracia de la lingüística suponen el intento de recuperar en el estudio del signo su productividad ideológica y social. la sociocrítica lo hará a su modo, pero en lo que a esto respecta, conviene considerar dos hechos: 1. En primer lugar, la vuelta al interés por la palabra. la palabra como entidad del lenguaje había sido desatendida por la lingüística estructural, a pesar de tener tanto peso en la tradición lingüísticofilológica y literaria, por no decir en la conciencia de los usuarios de la lengua –en un momento determinado la palabra es la entidad que se separa en la escritura, y por tanto la verdadera entidad inferior al texto‒. la palabra, entre otras razones, debido a lo que el lexema tiene de referencialidad a “cosas” exteriores a la lengua, no interesaba al estructuralismo. y por esa referencialidad tampoco interesa a la crítica literaria inmanentista. la vuelta al interés por la palabra viene de las teorías textuales y discursivas: la palabra reúne las dimensiones fónicas, morfosintácticas y semánticas de la lengua, y por sí misma es intervención lingüística plena (puede equivaler de hecho a una frase o enunciado). la palabra está íntimamente relacionada con el discurso –es discurso‒ y en el discurso adquiere su sentido (significación) y tiene por eso un ineludible carácter social4. En los últimos años, la recuperación del concepto palabra procede también del ámbito de la psicolingüística (por tratarse de una evidencia en la conceptualización del conocimiento) y de la lexicografía 4 “Palabra” en español reúne esa ambigüedad porque significa por un lado ‘discurso’ y por otro ‘vocablo’.
101 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras (por ser la unidad básica de funcionamiento de los diccionarios). El desarrollo de los modelos cognitivos y pragmáticos de la lengua ha propiciado además nuevos enfoques de análisis del significado de las palabras. la recuperación de la palabra y la incorporación de su significado cultural en un determinado nivel de conocimiento sobre la lengua están presentes en diversos autores. Por ejemplo, Wotiak (2006: 99) achacaba el estancamiento de los estudios estructurales del léxico precisamente a la rigidez de los principios coserianos sobre el análisis estructural, por lo que este autor propone el estudio de otras posibles estructuras, válidas también para una configuración general del vocabulario de una lengua. Para dicho autor, el auge de nuevas teorías como una lingüística de corte cognitivo, así como un creciente interés por las estructuras del conocimiento humano han hecho resurgir un interés por la semántica léxica. De este modo los estudios relativos al conocimiento léxico se consideran un componente importante del saber lingüístico y del procedimiento lingüístico comunicativo en su relación con otras formas interdependientes del conocimiento humano, a saber, el conocimiento socio-interaccional y sociocultural, por mencionar unas cuantas formas entre todas las posibles (Wotiak, 1992). Por otro lado, el también lexicógrafo l. Fernando lara (2006) señala la existencia de tres tipos de significados en las palabras, el perceptivo, que corresponde a un primer estrato de formación del significado; un segundo estrato lo constituye el estereotipo, en el que por una transmisión histórica del significado verbal, se destacan las características más importantes de un objeto para una comunidad lingüística particular; y, en tercer lugar, los significados que se crean en la cultura de una lengua particular. 2. la segunda cuestión que cabe considerar es la referida al análisis del componente léxico. Para ello nos podemos basar en el semantista y semiólogo Greimas, por su trabajo con textos tomados
102 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 de la cultura y porque se sitúa así en el límite de posibilidades del estudio estructuralista del léxico, ya que atiende al factor discursivo hasta donde este concepto de discurso puede dar de sí, sin llegar a una aproximación social. Mas aunque queda a las puertas de planteamientos como los de la sociocrítica, conceptualmente y metodológicamente es muy productivo. Expuesto de forma elemental5, Greimas, además de determinar en el texto lo que llama sintaxis narrativa y disposición figurativa (o sea, la lógica de las acciones y como estas se presentan a través de actores y comportamientos reconocibles) propone identificar en un nivel profundo del texto la llamada “gramática elemental”. En términos analíticos-semánticos, el contenido semántico de las palabras (de los lexemas) es descomponible en semas y se puede observar cómo en el código y –lo que interesa sobre todo‒ en el texto los semas forman agrupaciones (los sememas) bien a partir de semas nucleares (los que tienen una función diferenciadora de lexemas) o de semas contextuales o abstraídos (los que en algún aspecto relacionan lexemas diferentes). los primeros, son los que hacen posible la isotopía semiológica, también llamada figurativa, y los segundos, la isotopía semántica o temática. Esta isotopía semántica remite, en el nivel profundo del texto, o de gramática elemental, a una categoría sémica binaria describible mediante el conocido cuadro semiótico. El punto débil de este planteamiento, pensamos, es que si en la consideración de los semas contextuales no se tiene en cuenta las connotaciones de los lexemas en otros contextos extratextuales, la producción de sentido se da solo en el interior del texto –con la coherencia que le supone la lógica inmanentista, a pesar de que Greimas conciba la existencia de pluriisotopía‒ y no es posible verlo como hecho social. El mismo 5 Ejemplo neto de metodología greimasiana es la del Grupo de Entrevernes (1982), en cuyas publicaciones se puede observar este modo de proceder.
103 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras acto de la enunciación no es sino la representación en el interior del enunciado, de la “remisión” del “objeto” texto a un “destinatario”. En definitiva, no se aprovecha el concepto de connotación que el propio Greimas ofrece: Desde un punto de vista semántico la connotación podría ser interpretada como el establecimiento de una relación entre uno o varios semas situados a nivel de superficie y el semema del que forman parte y que ha de ser leído en un nivel más profundo (Greimas, 1982: 82). y no lo hace porque no se adentra en la explicación “social” de los sememas connotados. tampoco aprovecha por tanto la posibilidad que entrevé de que la sociosemiótica articule el estudio de los connotadores sociales: Una aproximación sociosemiótica [...] al elaborar modelos de previsión considerados como lugares posibles de las manifestaciones de connotación, ayudaría a circunscribir mejor el fenómeno connotativo y a articular, en parte, las connotaciones sociales (Greimas 1982: 83). UNA SEMáNTICA Y UNA SEMIÓTICA SOCIOCRÍTICAS: TExTOS SEMIÓTICOS E IDEOSEMAS la semántica y semiótica sociocríticas, tal como las plantea Cros, se manifiestan en buena medida en las primeras etapas bajo las formulaciones (vid. apartado 1.) sobre el texto semiótico-sistema semiótico y (vid. apartado 2.) sobre el ideosema. ambas propuestas teórico-metodológicas son compatibles con las “nuevas” teorías textuales y discursivas. y ambas, sin ser de la misma naturaleza, son complementarias, ya que a través de los textos semióticos es
104 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 posible reconocer la inscripción en el texto de trazados ideológicos, y el ideosema por su parte no es sino inscripción de lo ideológico en el texto: [Con los textos semióticos] se trata de intentar sacar a la luz los criterios de selección de los signos que nos permiten determinar, ya sea las características específicas del discurso de un sujeto colectivo, ya sea la inscripción eventual de algunos trazados ideológicos (Cros, 2006: 293). El presupuesto básico de Cros, enunciado ya en “Fondements pour une sociocritique”, es que la “estructura profunda” (la “semántica”) del texto se corresponde con la “estructura social” (la “historia”), de modo que la trasformación de la estructura social se acompaña con la transformación de la estructura profunda. la semántica –dice‒ se puede captar de manera simultánea a la historia. Este mismo principio se pone de manifiesto también en su teoría sobre (vid. el apartado correspondiente) el ideologema6. Pero volvamos a las primeras aportaciones. 1. El texto semiótico-sistema semiótico En lo que respecta al análisis léxico-semántico7, después denominado establecimiento de “textos semióticos”, la operación consiste 6 Cuando Cros propone este concepto, con el que plantea de nuevo que la estructura sémica de la palabra se altera en relación con la transformación de la estructura (ideológica y) social, refuerza más aún su gran hipótesis de partida sobre la semiotización de la ideología y la sociedad. Sorprende por eso que estudios tan documentados sobre el particular como el de Carlos Reis (1987) no lo hubieran tenido en cuenta. 7 Para acercarnos a las concepciones léxico-semánticas puestas en práctica inicialmente por Cros, tomemos en cuenta “Fondements pour une sociocritique”
105 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras en detectar a partir de lexemas, lexías y sintagmas fijos, un tipo de signo “que significa no solo por lo que expresa sino por lo que es y por lo que transcribe, por la manera como se combina con los demás signos y por la manera como funciona con arreglo al enunciado y con arreglo al código” (2006: 286). Con ello Cros muestra que determinadas iteraciones de semas reconocibles en el nivel superficial del texto (es, dice, “la sustancia del significante del texto”), pueden ser remitidos a sememas que no se corresponden con los sememas enunciados, sino que, posibilitados por el texto, son reconstruidos por la lectura. Esta remisión a sememas, que según Greimas pertenecerían a un nivel más profundo (Cros lo relaciona también con la estructura profunda) y lo entiende como connotación (Cros realmente está atendiendo a los connotadores históricos), es para el de Montpellier una función semiótica más que semántica8, y los signos así instituidos constituyen un sistematexto semiótico, considerable en principio independientemente del enunciado. iluminada por el cotejo con su versión última en apéndice II a El Buscón como sociodrama. Esta investigación, que versa sobre el Incipit del Buscón, dio un considerable refuerzo a lo que previamente había observado en L’aristocrate et le carnaval des Gueux. Efectivamente, el análisis léxico semántico pone de relieve cómo el nivel léxico-semántico (aunque no sólo) de un texto relaciona a este con la sociedad (él dirá que transcribe lo social). 8 aunque Edmond Cros a estas funciones semióticas las llama en algún momento semántica del texto, la terminología y el proceder no coinciden con los de Greimas. así, mientras que para este la isotopía semiológica queda limitada al nivel superficial y la recurrencia de semas contextuales o abstraídos representa la semántica subyacente, en el caso de Edmond Cros, sin embargo, los textos “semióticos” se detectan en la superficie pero son dispositivos genotextuales que interactúan con la semántica de dicho texto. Coinciden, como se ha dicho, en que en ambas propuestas, la semántica o semiótica contemplada tiene en cuenta las connotaciones y en que ambos contemplan lo que denominan “nivel profundo”.
112 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 a. aun en su heterogeneidad, son lexías (palabras o unidades léxicas compuestas) que representan nociones abstractas, permeables a las modificaciones de los diferentes discursos sociales, y no cabe pensar en lexías a partir de términos referidos a objetos concretos. b. aunque interesen para el análisis del discurso literario o artístico, como cualesquiera otros términos, son fundamentales para el análisis del metadiscurso, es decir, los discursos que a su vez explican o legitiman prácticas sociales más inmediatas. Por ejemplo, el estudio de cultura como ideologema es crucial para un entendimiento de las definiciones de cultura que dan las diferentes disciplinas que se ocupan de ella. la definición sociocrítica de cultura se sitúa por tanto críticamente dentro del debate (cf. El mito de la cultura, de Gustavo bueno). c. Son términos que hallan un gran calado social, de modo que el uso desplazado vulgar o corriente de términos que en sus campos de origen estaban claramente delimitados es inseparable de su función ideológica. d. Más allá de constatar su proliferación en los diferentes discursos, es muy difícil organizar lexicográficamente sus acepciones. Véase si no la discusión sobre la nueva redacción para el diccionario de la RaE de la entrada cultura. Esto es sintomático de la repercusión en los diccionarios de la constitución de los ideologemas, aunque en el diccionario no se recogen como tales, y explica la razón por la cual Edmond Cros investiga a partir de los diccionarios, además de sobre otros textos de interés para sus propósitos.
113 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras LA TRADICIÓN fILOLÓgICA CUENTA: EL COMPONENTE CULTURAL DE LA PALAbRA Por otro lado, dentro de la tradición filológica española se dan algunos ejemplos de análisis del componente cultural de algunas palabras que se convierten en clave de interpretación de cambios ideológicos en una época determinada. la tradición filológica ya se había planteado cuestiones semejantes sobre la interpretación y el sentido de las palabras en determinados contextos sociohistóricos. En este sentido citaremos a américo Castro, perteneciente a la escuela española de filología que se vio truncada con la guerra civil. Este autor se inició como filólogo en la lexicografía, haciéndose pronto cargo del Instituto de lexicografía, pero no se detiene en la definición de las palabras, trabajo propiamente lexicográfico, ni en su estudio etimológico, como historiador de la lengua, sino que su interés se centró en interpretar las claves culturales de una época y relacionarlas con el espíritu europeo. De este modo realizó en varios trabajos el estudio sobre el significado de la palabra honor en los siglos XVI y XVII. Para poder analizar este concepto del honor no parte de una sola palabra, sino que necesita analizar un grupo de palabras en torno a ese concepto: honor, honra, fama, deshonor, castigo, venganza... poniéndolas en relación con un contexto sociocultural determinado, es decir, reconstruye lo que más tarde se denominaría un campo semántico o nocional. En un trabajo posterior toma en consideración el funcionamiento de la sociedad española en los siglos XVI y XVII y el porqué de la aparición del tema del honor en el teatro, pues sin entender cómo funcionaba esa sociedad, no se puede entender el conflicto de la honra. Según este autor, ese conflicto fue llevado al teatro como
114 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 manifestación de la casta dominante, la de los cristianos viejos, frente a las demás castas: Este honor, en efecto, no era expresión de un sentimiento “humano y universal”, sino la faz social del español. El aldeano tuvo honra “dramática”, por ser cristiano viejo con más autenticidad que los señores, pues éstos no tuvieron reparo en emparentar con judíos (Castro, 1972 b: 29-30). Castro busca explicaciones al ser y el existir de los españoles de los Siglos de Oro. Esa mentalidad hace referencia a un contexto sin el cual no se puede entender correctamente el sentido de las palabras o el significado de algunos textos. Otro ejemplo anticipador de la distinción que se propone en la lingüística actual entre significado léxico y significado contextual, pero en sintonía también con el interés por la dimensión cultural y social de las palabras, nos lo presenta ya 1929 en un trabajo sobre Erasmo donde américo Castro decía: Es con todo imperdonable que se venga dando al término “humanista” un sentido bastante superficial. la definición del diccionario según la cual humanista es la “persona instruida en letras humanas”, es decir, en literatura griega y latina, no es falsa, pero es meramente exterior y no se hace cargo del sentido histórico implícito en aquella palabra (Castro, 1972 a: 193). y la constancia de esa preocupación ha sido teorizada por investigadores actuales que también proceden del campo de la filología. Por ejemplo, C. Segre, conocido semiólogo italiano, nos dice:
115 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras El significado debe ser analizado con especial atención en relación a la sociedad: utilizar una lengua significa también actuar, efectuar y establecer relaciones sociales, y por otra parte, al hablar comunicamos informaciones no solo referentes al “mundo externo” y a los “estados internos”, sino también a nuestra ubicación social en la comunidad, a los factores sociales que entran en juego en cada acto de comunicación, etcétera. la semántica, entonces, debe tener en cuenta la dimensión social de los hechos lingüísticos, e incorporar en lo posible los resultados de la sociolingüística, considerada en sentido general como la disciplina que trata todo aspecto de la estructura y del uso de la lengua que se refiera a sus funciones sociales y culturales (Segre, 1981: 25). Cros, que también tiene una formación filológica, al haber frecuentado además el conocimiento de la semántica estructural, cuenta sobre américo Castro con un mayor apoyo teórico para avanzar sobre esa tradición filológica que al mismo tiempo le hace superar las limitaciones del estructuralismo y avanzar en una semiótica cultural. CONCLUSIONES la lingüística estructural, y la semántica estructural en particular, cuyo concepto central es el de signo lingüístico, es una importante base teórico-metodológica para la sociocrítica pero debido a su limitación inmanentista no cubre las expectativas de análisis social de los textos por parte de esta disciplina. Sin embargo, desarrollos posteriores como el de los análisis discursivos, los de una renovada lexicografía o la incorporación de nuevas teorías como el cogniti-
116 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 vismo recuperan el interés por la palabra inicialmente postergada como unidad lingüística, y a través de la palabra, el interés por la dimensión socio-cultural de los signos léxicos. Serán las teorías de bajtin, y las versiones críticas del estructuralismo –todas ellas centradas ya en la problemática del texto y del discurso‒ las que sustenten lingüísticamente el proceder sociocrítico: las primeras como teorías sociológicas del discurso, y las segundas, tal como se observa en el caso de Greimas, con una forma de análisis semántico y semiótico del discurso, que a pesar de llevar al límite los presupuestos estructuralistas, no desarrolla sin embargo cuestiones como la de la “connotación social”. Edmond Cros indaga de manera muy productiva cuestiones de semántica y semiótica textual y verbal, en relación con la transcripción textual de lo ideológico y lo social. los conceptos de ideosema y texto semiótico serán centrales en esta fase de su aportación. Por mediación de Julia Kristeva la noción de ideologema surge en una fase más reciente de la aportación crosiana. El interés por el ideologema, con conexión estrecha con la cuestión de la dimensión social y cultural de la palabra, nos recuerda ciertas aportaciones sobre dicha cuestión, como las de americo Castro, de carácter preestructuralista, que nos ponen de relieve cómo desde la tradición filológica ya se venían dando estas preocupaciones, y cómo Edmond Cros, de formación filológica también, al introducir procedimientos de la lingüística estructuralista y del discurso, hace avanzar esta atención hacia la dimensión cultural de las palabras dentro de sus planteamientos sobre la naturaleza social del texto. REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS COSERIU, Eugenio (1971), “Thesen zum Thema <Sprache und Dichtung>, W. D. Stempel (ed.), Beiträge zur Textlinguistik
117 la noción de ideologema y la dimensión cultural de las palabras (Internationale bibliotek für allgemeine linguistik, 1), München, págs. 183-188. CaStRO, américo (1916) “algunas observaciones acerca del concepto del honor en los siglos XVI y XVII”, RFE, III, pp. 1-50 y 357-386. CaStRO, américo (1972 a) Teresa la santa y otros ensayos, alfaguara, Madrid, 1929. CaStRO, américo (1972 b) De la edad conflictiva, Madrid, taurus, 1961 (1ª ed.). CROS, Edmond (1976), “Fondements pour une sociocritique: propositions méthodologiques et application au cas du Buscón”, Les langues modernes, 6. CROS, Edmond (1977 y 1982), Propositions pour une sociocritique, Montpellier, Centre d’Etudes et de Recherches Sociocritiques. CROS, Edmond (1982), “Elements de sociocritique”, Imprevue, 1982/1, pp. 1-160. CROS, Edmond (1990), De l’engendrement des formes, Montpellier, Centre d’Études et de Recherches Sociocritiques. CROS, Edmond (1992), Ideosemas y morfogénesis. Literaturas española e hispanoamericana, Frankfurt, Vervuert Verlag. CROS, Edmond (2003), “Para una definición de la noción de ideologema”, en La sociocrítica, Madrid, arco libros, 2009, pp. 211-247. CROS, Edmond (2006), El Buscón como sociodrama, Granada, Editorial de la Universidad de Granada. CROS, Edmond (2009), La sociocrítica, Madrid, arco libros. GUtIÉRREz ORDóÑEz, Salvador (2003), “Semántica española en el fin de siglo”, LEA Lingüística Española Actual, 25, 1-2, 115-144. GREIMaS, a. J. y J. Courtés (1982), Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, Madrid, Gredos.
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SObRE LA CONSIDERACIÓN SOCIO-TExTUAL DEL SUjETO Eduardo a. Salas (Universidad de Jaén, España) Palabras clave: Sujeto cultural, sociocrítica, determinismo histórico, autonomía del sujeto, sujeto literario, consciente / inconsciente. Resumen: En un respeto absoluto por el concepto sociocrítico de “sujeto cultural”, se sugiere, sin embargo, un concepto más amplio que abarca las diversas dimensiones del sujeto y no solo la transindividual o colectiva, para permitir una mejor comprensión. Para ello, partimos de la consideración de la dimensión social del sujeto individual, más allá de un simple determinismo histórico, y con una mente capaz de combinar conceptos aparentemente contradictorios que aborda las múltiples facetas del ser humano y su manifestación textual. Mots-clés: Sujet culturel, socio-critique, le déterminisme historique, l’autonomie du sujet, sujet littéraire, conscient / inconscient. Résumé: Dans un respect absolu de la notion sociocritique de «sujet culturel”, il est proposé, cependant, un concept plus global qui englobe les différentes dimensions du sujet et pas seulement la trans-individuelle ou collective, de manière à permettre une meilleure compréhension. À cette fin, nous commençons par la considération sociale de la dimension individuelle du sujet, comme être au-delà du simple déterminisme historique, et avec une pensée en mesure de combiner les concepts apparemment contradictoires qui aborde les multiples facettes de l’être humain et de sa manifestation textuelle.
120 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Keywords: Cultural person, socio-criticism, historical determinism, autonomy of the individual, literary individual, conscious / unconscious. Abstract: From an absolute respect for the sociocritical notion of “cultural person”, it is proposed, however, a more inclusive concept that encompasses the different dimensions of the person and not just the trans-individual or collective, so as to enable a more global understand. to do this, we start from the social consideration that should be the individual dimension of the person, such as going beyond mere historical determinism, and from a thought capable of uniting seemingly contradictory concepts that permits to tackle the multifaceted nature of human being and of their textual manifestation. I Como es sabido, desde que Descartes expresara la existencia de dos mundos diferenciados: por un lado, el mundo de las ciencias y de las técnicas, concerniente a los objetos y relevante al conocimiento científico objetivo, y, por otro, el del espíritu, la sensibilidad y el arte, concerniente a los sujetos y aprehensible sólo a través de un conocimiento intuitivo y reflexivo, desde entonces –digo– no es posible encontrar asidero alguno para la noción de individuo en la ciencia clásica. Sin embargo, fuera del tradicional ámbito científico y considerado a la manera de Descartes, el sujeto se vuelve fundante de toda la verdad posible y nos encaramos entonces con ese ego trascendentalizado por Kant. Sin embargo, la orientación experimentada durante el siglo XX por las ciencias humanas y sociales hacia la cientificidad clásica cambió radicalmente dicha consideración, pues, cada uno a su manera, lacan, althusser o lévi-Strauss liquidaron en cierto sentido la noción de individuo. De esa manera se consigue expulsarlo, en primer lugar, de la historia, eliminando decisiones y personalidades para ver sólo determinismos sociales; en segundo lugar, de la antropología, para ver sólo estructuras; en tercer lugar, de la psicología, para ser reemplazado por estímulos, respuestas o comportamientos; y, en
121 Sobre la consideración socio-textual del sujeto cuarto lugar, también de la sociología. tal vez, convenga recordar que el término “sujeto” es, en su uso común, una reacción contra el privilegio del yo o del individuo en el pensamiento humanista. El concepto es en gran medida producto de la obra de lacan, para quien los sujetos son radicalmente distintos del yo, que es concebido como producto ilusorio del estadio del espejo, y de althusser, quien lo emplea para analizar la transformación de los individuos humanos en sujetos, gracias a los efectos imaginarios de la ideología. la tendencia general es concebir al sujeto como efecto de una estructura, y no como su fuente u origen. El sujeto no habla y no es el origen del sentido; antes bien, es hablado por la ley y la cultura. El significante es primario, y el sujeto es poco más que un soporte para el intercambio de significantes (Macey, 1996: 599-600). El yo, asegura el profesor Cros, es una máscara, un lugar-teniente, pues detrás de esta ilusoria subjetividad se oculta el sujeto cultural, o, en otras palabras, la noción de sujeto cultural implica un proceso de identificación, de manera que, en el sujeto cultural, yo se confunde con los otros, el yo es la máscara de todos los otros (Cros, 2002). El yo, por tanto, no se identifica con la subjetividad individual del sujeto, con el “sujeto del deseo” –por seguir con la terminología del profesor de Montpellier– sino que es un lugar-teniente suyo; “Instancia mediadora en cuanto señuelo del otro, entre el ego y el semejante, el sujeto cultural participa en el sistema que amordaza al sujeto del deseo” (Cros, 2002). Se trata, reitero, de la doble dimensión del ser humano, en la que sus dos constituyentes, ego y sujeto cultural, se manifiestan de forma diferente: el sujeto cultural se expresa en el enunciado mientras que el ego o sujeto del deseo sólo puede darse a oír en la enunciación; dos constituyentes, por otra parte, que emergen al mismo tiempo, habida cuenta que no es el sujeto quien se identifica con el modelo cultural, sino al contrario: es ese modelo cultural lo que le hace emerger como sujeto.
128 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 obvio ya en la Grecia antigua donde se creó y consolidó la actividad de la polis que ha estado en la base de la política de todo el mundo occidental bajo muy diversas formas, incluso con importantes periodos en los que la política se ha utilizado, contrariamente, para despojar al individuo del uso pleno de ese derecho que es, al mismo tiempo, un deber; y algo frecuente también durante el siglo XIX, cuando grandes porciones de la población se incorporan a la vida pública, llegando a fraguarse, incluso, un politicismo que iba en detrimento de otras posibles funciones que el hombre podía desempeñar en la sociedad. El mismo Ortega ponderaba la proyección social del individuo de la siguiente manera: “El que no se ocupa de política es un inmoral, pero el que sólo se ocupa de política y todo lo ve políticamente es un majadero” (apud lópez Frías, 1985). y recuérdese también que la noción de “compromiso” nace de esa proyección social del individuo; también la noción de “progreso”. Mi propuesta intenta, pues, considerar al individuo no sólo como un ser configurado o determinado por la sociedad, sino también como un ser configurador de la sociedad a partir de su ineludible proyección pública. Insisto en que no se trata de desconsiderar la dimensión colectiva del individuo, lo cual sería un enorme error, como la historia se ha encargado de poner de manifiesto; en el excesivo egocentrismo, en la salvaguardia de la propia identidad, en el ferviente narcisismo de los escritores románticos, como Keats o leopardi por ejemplo, reside el drama del yo romántico: al insistir hasta la saciedad en el yo, solo y autónomo frente al mundo entero, o al ceder a la fascinación exclusiva de la propia belleza, lo que hacen tales románticos es divinizar la propia carencia, la negatividad del yo contingente y su enorme vacío. y esto es precisamente lo que van a descubrir
129 Sobre la consideración socio-textual del sujeto un siglo después con estupor, y ya sin retórica, muchos escritores postrománticos: la nada del solipsismo. [...] y es que siempre que el individuo se aísla de los demás, por orgullo (lord byron) o por miedo (Kafka), se está separando de la única fuente que puede humanizarle del todo, la presencia de los otros. (blanch, 1995: 69). Pero, por el contrario, tampoco se deben olvidar los límites de una visión culturalista sistemática de la sociedad puesto que con ella se ignora, en buena medida, su carácter intrínsecamente problemático, las posiciones y reacciones individuales, que difícilmente pueden deducirse del “texto” cultural. III En base a esta disyuntiva, sería interesante acercarnos a la consideración del personaje o sujeto literario que, técnicamente, ha sido concebido desde diferentes perspectivas, entre las que destacan tres en particular: la perspectiva tradicional, que lo concibe como “imitación” de personas reales; la perspectiva sociológica, que lo interpreta según tipologías sociales; y la perspectiva semiológica que, bajo la denominación de “actante” lo estudia según la función que realiza en el texto. Me parece, sin embargo, muy acertada la propuesta de Carmen bobes, según la cual el personaje podría concebirse “como una construcción textual que puede proyectarse y ampliarse con todo lo que puede ser una persona humana, de la que es representación” (bobes, 1990: 49). asumiendo este carácter representativo de la persona humana propio del personaje literario, habrá que abordarlo desde diferentes perspectivas, por supuesto sociológicamente, pero, desde luego, considerando su multidimensionalidad.
130 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 tomemos como ejemplo El jinete polaco, una excelente expresión de la superestructura ideológica propia del momento histórico por el que atraviesa España durante su larga posguerra civil y durante el posfranquismo y que se erige como un extraordinario texto cultural de la mano, además, de uno de nuestros más interesantes novelistas actuales: antonio Muñoz Molina. “las palabras no cuentan, invocan” (Muñoz Molina, 1991: 172), dice Manuel, el protagonista, en algún lugar del texto, es decir, que al hablar inconscientemente exponemos o nos acogemos a una determinada costumbre o razón colectiva que nos insta a manifestarnos de una manera concreta. En ese sentido, los protagonistas son definidos como personajes habitados hasta la médula de su conciencia por las voces de sus mayores, herederos de un valor fracasado mucho antes de que ellos nacieran y modelados sin saberlo por hechos memorables o atroces de los que nada sabían, herederos involuntarios de la soledad, del sufrimiento y del amor de quienes los habían engendrado. (Muñoz Molina, 1991: 12). Son seres que nacen predestinados –condenados podríamos decir– a repetir la misma vida de sus mayores, como si para vivir sólo bastara dejarse llevar; innumerables detalles de la novela así lo muestran, como esos “cientos, miles de hombres deambulando como sombras por una accidentada extensión de rastrojos y olivos” (p. 107) que permanecen en la memoria del protagonista, o el miedo al hambre de su abuelo, que aún le dura, “como a todos ellos” (p. 85). Resulta imposible sustraerse al sentimiento del absurdo, a la incapacidad de comprender a la que se ven abocados los habitantes de Mágina cuya infancia había terminado tan prematuramente “que luego casi no recordaban haberla conocido” (p. 145) y para quienes
131 Sobre la consideración socio-textual del sujeto cualquier escape de la rutina supone “una irregularidad en el orden inmutable de las cosas” (p. 157). la presentación del protagonista ya en las primeras líneas es inequívoca: él venido al mundo en una noche tempestuosa de invierno y a la luz de una vela, crecido en las huertas y en los olivares de Mágina, destinado a dejar la escuela a los catorce o a los quince años y a trabajar en la tierra al lado de su padre y de sus abuelos y llegada una cierta edad a buscarse una novia a quien sin duda habría conocido desde la infancia y a llevarla al altar vestida de blanco después de un noviazgo extenuador de siete u ocho años, él torpe, enconado, silencioso, rebelde, escribiendo diarios de furiosa desdicha en cuadernos de apuntes y odiando la ciudad donde vivía y la única clase de vida que había conocido y que legítimamente tenía derecho a esperar... (Muñoz Molina, 1991: 11). lógicamente, el empleo del plural y de pronombres indefinidos en sus expresiones es bien significativo del peso de la colectividad en la conciencia de los personajes: y entonces, durante unos días, hasta que el terror se esfumaba igual que había aparecido, nadie se atrevía a quedarse en la calle después del atardecer ni a desviarse del camino hacia la escuela, y mirábamos con espanto los pocos automóviles que circulaban todavía por la ciudad. (Muñoz Molina, 1991: 77). El desasosiego y la rebeldía misma que dicha situación generan al protagonista, le hace percibir la alienación a la que se encuentran
132 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 sometidos cuantos como él descubren inalcanzable la posibilidad de una vida diferente: No sólo repetíamos las canciones y los juegos de nuestros mayores y estábamos condenados a repetir sus vidas –dice Manuel–; nuestras imaginaciones y nuestras palabras repetían el miedo que fue suyo y que sin premeditación nos transmitieron desde que nacimos, y los golpes que da el aldabón en forma de argolla sobre las grandes puertas cerradas de la Casa de las torres resuenan en mi propia conciencia al mismo tiempo que en la memoria infantil de mi madre. (Muñoz Molina, 1991: 46). Es más; es aquí donde descubre la inevitable doble dimensión de la persona –individual y colectiva–, la escisión del yo. Sólo así puede llegar a manifestar el importante sustrato socio-ideológico y cultural que soporta: “Oigo las voces que cuentan, las palabras que invocan y nombran no en mi conciencia sino en una memoria que ni siquiera es mía” (Muñoz Molina, 1991: 27). Según el profesor Cros, las diferencias entre los sujetos corresponden a la mayor o menor adecuación del individuo a los modelos de comportamiento y a los esquemas de pensamiento que le son propuestos, divergencias que reproducen en buena medida las diferencias de clase. Por ello a Manuel le parecen tan lejanas e inalcanzables las vidas de los de la zona norte de la ciudad: allí imaginaba yo que vivían misteriosamente los ricos, los médicos, como el padre de Marina, los abogados, los ingenieros, en casas ocultas detrás de tapias encaladas o de verjas de hierro y rodeadas de cipreses y setos de arrayán, casas con timbres y cuartos de baño y placas doradas en
133 Sobre la consideración socio-textual del sujeto las puertas; que esa gente invisible viviera tan lejos de mi barrio, en el otro extremo de la ciudad, era sin duda una prueba de la lejanía que les otorgaba el dinero. (Muñoz Molina, 1991: 274) las mismas donde en los anocheceres de verano se oía el rumor de los aspersores y de las máquinas de cortar el césped, y si uno daba vueltas por allí olía a jazmines y a celindas y a hierba mojada y lo sobresaltaban los ladridos de los perros: risas y voces, conversaciones tranquilas en sillones de hierro pintados de blanco, olor de cloro y chapoteo de cuerpos en las piscinas que no podían verse desde la calle. (Muñoz Molina, 1991: 274). la noción de sujeto cultural rinde cuenta, como se ve, de lo socioeconómico transcrito dentro de lo cultural. IV Este ejemplo de El jinete polaco pone, pues, claramente de manifiesto la utilidad de la perspectiva sociocrítica, en general, y de la noción de sujeto cultural, en particular, para el estudio de los textos literarios a partir de su capacidad para ir al núcleo mismo de la semiosis de la obra, dilucidando, en buena medida, la cosmovisión que encierra y mostrando de manera privilegiada el inherente carácter simbólico de la literatura. Pero, sin embargo, no abarca la manifestación textual del ser humano en su totalidad pues deja escapar su ya expuesta dimensión individual, que está en la base de las grandes obras maestras. Decía benveniste (1995) que el fundamento de la subjetividad se determina por el estatuto lingüístico de la persona,
134 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 por el ejercicio de la lengua, de manera que no hay más testimonio objetivo de la identidad del sujeto que el que este da sobre sí mismo al hablar. tal vez, ese sea, precisamente, uno de los grandes logros de Cervantes con su personaje Don quijote: haber conseguido compendiar la complejísima naturaleza humana y también ese apetito universal de idealismo –refutado por la pedregosa realidad– que enaltece nuestra existencia. tal vez, la aventura caballeresca no sea, después de todo, otra cosa, sino la manifestación del derrotero individual como fuente de expectativas y de esperanza. De ahí que la finalidad del caballero ejemplar sea alcanzar la perfección moral y espiritual, es decir, superar un itinerario de perfeccionamiento personal a través de la superación de obstáculos, pruebas y tentaciones. Posiblemente, el propósito de Cervantes fue el de alertar sobre dos graves errores en los que caía la sociedad del momento y en los que se puede seguir cayendo: el anacronismo y caducidad de algunos ideales, por lo que advertía sobre la necesidad de sustituirlos por otros modelos de héroes, sabios o santos, más eficaces para la vida del hombre contemporáneo; y, por otra parte, el error de una vida vacía, sin ideales, por lo que nos enseña en qué medida puede un ideal transformar a una persona: Esto fue precisamente lo que más impresionaba a Unamuno, el hecho de que alonso quijano descubriera, después de cincuenta años de aburrimiento, que el hombre necesita creer en algo trascendente, y que por ello se agarrara, descabelladamente, al único gran ideal que conocía, producto de sus anacrónicas lecturas. En consecuencia, aquel hidalguillo manchego, convertido ya en Don quijote, pasó a ser el mito del hombre que, pese a su vulgaridad, no puede dejar de ansiar (soñar en) una gloria personal, un amor ideal y una inmortalidad segura. (blanch, 1995: 98).
135 Sobre la consideración socio-textual del sujeto Volviendo a El jinete polaco, cabe señalar que, como consecuencia de la concienciación de ese proceso de confusión que afecta al sujeto de la enunciación y desde allí contamina todas las categorías textuales generando efectos que pueden compararse con el fundido encadenado en donde llegan a confundirse el personaje y el narrador, así como de la enajenación a la que se ve arrastrado el personaje por el peso de la superestructura ideológica, es, lógicamente, el intento de ruptura con cuanto de alguna manera le viene impuesto y le aboca al fracaso, con las costumbres de esa mezquina provincia –dice Manuel– donde no sólo el éxito era imposible, sino también el fracaso, al menos la categoría de fracaso que hubiera querido para sí, grande, sublime, con un énfasis de ópera y de suicidio romántico, sin esa modorra como de brasero y mesa camilla con que la gente fracasaba en Mágina. (Muñoz Molina, 1991: 96). Una reafirmación de la individualidad, un intento de huida que tiene lugar en distintas fases vitales; en primer lugar, al inicio de su juventud, y, por tanto, imposible y desde la imaginación, proyectándose como un héroe “sin lealtades ni raíces” (p. 261): en ese sentido se nos muestra al personaje buscando siempre voces y canciones extranjeras en la radio, imaginando que se iba con una bolsa al hombro y que la carretera de Madrid se prolongaba infinitamente hacia el norte, hacia lugares donde él vivía de cualquier modo y se cambiaba el nombre y hablaba sólo en inglés y se dejaba crecer el pelo hasta los hombros, como cualquiera de los héroes a quienes reverenciaba, Edgar allan Poe, Jim Morrison, Eric burdon, tan desesperado por marcharse y no
136 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 volver que no le importaría no ver más ni a sus amigos ni a la muchacha de la que estaba enamorado entonces, con un amor hecho más de cobardía y literatura que de entusiasmo y deseo, tan legendario, doloroso y ridículo, como su propia vida y sus sueños de huida. (Muñoz Molina, 1991: 12) intento este no solo por parte del personaje sino también de cuantos le rodeaban: mis amigos y yo [...] queríamos viajar en autostop al otro extremo del mundo y hacia el fin de la noche [...] o subir una tarde a la Pava y no regresar nunca, o volver varios años más tarde tan cambiados que nadie nos reconocería [...]. y nos sentíamos atrapados en la víspera interminable de la libertad y de la nueva vida” (Muñoz Molina, 1991: 203) vidas diferentes, como la del dueño del bar Martos, que había sido marino mercante y se había dedicado al contrabando en fronteras y puertos tropicales; o como la del comandante Galaz, implacable en el mantenimiento de la disciplina y la justicia; o, en fin, como la del corresponsal en Roma que bebía desengañadamente ginebra en una terraza de la Vía Veneto. Es el mismo intento que, años más tarde, se materializaría tras sus estudios de interpretación y posterior ejercicio de la profesión en diferentes partes del mundo y que le permite mantener una cierta distancia con sus raíces (“mis pies no arraigan en ninguna parte”, dice en algún lugar del texto (p. 520))1. 1 Sobre la noción de “sujeto cultural” en El jinete polaco, vid. Salas (2009).
137 Sobre la consideración socio-textual del sujeto V a tenor de lo expuesto y a partir de la consideración social que debe tener la dimensión individual del sujeto, como ser que va más allá del mero determinismo histórico, propongo, por tanto, para los enfoques sociológicos de los textos literarios y artísticos, una perspectiva más inclusiva que abarque las diferentes dimensiones del ser humano y no solo la transindividual o colectiva, de manera que permita comprenderlo más globalmente. la plasticidad antropológica, puesta de manifiesto por los nuevos conocimientos biológicos y sobre el desarrollo humano que ofrecen al individuo la capacidad de emprender su propia transformación, negando la concepción determinista para afirmar que el cerebro es permeable a la voluntad, nos remite a la idea de un sujeto multidimensional capaz de conjugar todas esas dimensiones en la construcción de la narrativa identitaria en las distintas condiciones a las que se enfrente. Creo, por tanto, que la noción de “sujeto cultural” debiera complementarse con otra que abordara la dimensión individual y ambas integrarlas en un solo concepto que, por ahora, no consigo acuñar pero al que dedicaré reflexiones posteriores. Como he señalado anteriormente, sólo desde un pensamiento capaz de unir conceptos aparentemente contradictorios podemos abordar la naturaleza poliédrica del ser humano y de su manifestación textual. REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS aUGÉ, Marc (1992), Los «no lugares». Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, barcelona, Gedisa, 1993. bENVENIStE, Émile (1995), Problemas de lingüística general, I, México, Siglo XXI.
144 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 pueden operar como agentes culturales si participan en y aprenden (es decir, se estructuran según) los sistemas modelizantes vigentes, las prácticas comunicativas y los intertextos, las redes sociales de significación. la propia práctica de considerar un texto artístico (o un género textual) como una entidad definida, “arqueológica”, cuya verdad formal y cuyas fronteras se garantizan mediante oportunas operaciones filológicas y críticas, no es, en efecto, sino un hábito cultural históricamente definido. Como es un hábito cultural la propia discriminación entre lo que es arte y lo que no lo es. Se trata, sin embargo, de hábitos culturales que vinculan el operar de todos los actores sociales implicados en el proceso comunicativo (garantizando, en última instancia, la propia existencia de una identidad cultural compartida). Cada época y cada cultura producen sus propios textos, seleccionan y reinterpretan los textos heredados del pasado y traducen los textos procedentes de las culturas foráneas según determinados patrones semióticos que configuran globalmente un complejo intertexto de relaciones significantes (intertexto que presenta cierta coherencia operacional, pero que no es ajeno a contradicciones y tensiones internas). luego, lectores procedentes de culturas y tiempos lejanos, de manera conforme a su propia enciclopedia cultural y a sus prácticas descriptivas, pueden intentar reconstruir determinados aspectos de ese intertexto gracias a las relaciones estructuradas que detectan en y entre los textos producidos y tramandados. textos, objetos significantes, que de esta manera entran en una nueva dimensión intertextual (son traducidos y asimilados por un nuevo sistema semiótico, diría lotman) y que por lo tanto preparan (pero no determinan) las futuras operaciones interpretativas y creativas. Muy acertadamente escribe Cesare Segre (op. cit.: 22) que todos los distintos planos de investigación (y todas las diferentes lecturas, añadiremos) de un texto son partes integrantes de una perspectiva
145 El texto artístico y la historia de significación (culturalmente fundamentada); por ello, “bajo la superficie del texto se desarrollan numerosos sistemas significativos que en una visión centrípeta colaboran en la institución del sentido de la obra, mientras que en una visión centrífuga se relacionan con el polisistema que es la cultura”. Pero sobre todo no hay que olvidar que todas las relaciones de tipo genético y hermenéutico que se dan entre el texto y su intertexto (y que hacen de todo texto, necesariamente, un co-texto) y entre el texto y los procesos sociales de significación (procesos dialógicos, discursivos, conversacionales), son relaciones de tipo sistémico. y que es desde una perspectiva sistémica, por ende, que deberíamos analizarlas. En el propio ámbito estructuralista, en efecto, y ya a partir de Saussure, han desempeñado un papel central las dos nociones de sistema y de relación; sin embargo, la práctica estructuralista está demasiado cercana al positivismo lógico y a sus principales instrumentos de análisis: la reducción (el sistema se explica a partir de sus partes) y la abstracción explicativa (se seleccionan los elementos y relaciones necesarios y suficientes y se abstrae y esquematiza el “nucleo profundo e invariable” del sistema). Pero existe otro paradigma científico que asigna a las mismas nociones de sistema y de relación un papel mucho más dinámico y complejo: es el pensamiento sistémico. ya bien consolidado en psicología, física y biología, hoy en día podemos constatar su creciente influencia también en al ámbito de las disciplinas semióticas. Para entender plenamente esta influencia, debemos considerar que nociones semióticas clave como semiosfera, intertextualidad, interdiscursividad, relaciones dialógicas o hipertexto ya apuntan a, y a menudo se inspiran en, una visión sistémica de los procesos y estructuras semiósicas. Consideremos, por ejemplo, la noción de semiosfera. Con ella, lotman extendió a los estudios semióticos y culturales, de manera firme y elegante, el principio fundamental
146 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 del pensamiento sistémico: el todo es más que la suma de sus partes, y estas se vuelven cualitativamente nuevas cuando participan en el todo. a pesar de esta poderosa intuición, según he podido comprobar, la dimensión sistémica del pensamiento lotmaniano aún no ha sido bien explorada. Claramente no es este el lugar y el momento adecuado para emprender tan compleja tarea, pero al menos quiero recordar que no se puede considerar ni casual ni contingente el interés de lotman por la obra de Vernadski y Prigogine, autores fundamentales en la historia del pensamiento sistémico (el término semiosfera, como es sabido, es un calco del término biosfera, acuñado por Vernadski; este fue un pionero de la ecología –literalmente, discurso sobre la casa–, una de las primeras disciplinas programáticamente sistémicas; asimismo, Prigogine es conocido por sus estudios sobre complejidad y autoorganización, el surgimiento impredecible del orden –de patrones ordenados, estructurados– en sistemas alejados de las condiciones de equilibrio). ahora bien, puede que nos sea útil, para entender la importancia de esta visión abarcadora, holística, ecológica de los sistemas significantes, considerar el ejemplo de uno de los procesos sistémicos más conocidos y estudiados: la vida. Con una advertencia: no se trata únicamente de una analogía explicativa, ya que el propio sistema de la cultura conforma, a todos los efectos, un específico dominio de existencia biológica, el dominio, precisamente, en el que los seres humanos vivimos, interactuamos y derivamos. Es interesante notar que ya lotman, en 1970, estrechó este lazo indisoluble entre vida humana y cultura al observar que, si para la supervivencia del individuo aislado es suficiente satisfacer determinadas necesidades fisiológicas, la vida de una comunidad humana cualquiera es imposible sin organización cultural, y que la cultura, por consiguiente, no es un suplemento facultativo a las condiciones vitales básicas,
147 El texto artístico y la historia sino una condición necesaria, sin la cual la propia existencia social parece imposible (lotman, 1970b). Pues bien, escribe el físico F. Capra: los sistemas vivos son totalidades integradas cuyas propiedades no pueden ser reducidas a las de sus partes más pequeñas. Sus propiedades esenciales o «sistémicas» son propiedades del conjunto, que ninguna de las partes tiene por sí sola. Emergen de las «relaciones organizadoras» entre las partes, es decir, de la configuración [del patrón] de relaciones ordenadas que caracteriza aquella clase específica de organismos o sistemas. las propiedades sistémicas quedan destruidas cuando el sistema se disecciona en elementos aislados. (Capra, 1996: 56). además de la importancia del pensamiento integrador (o reintegrador), este párrafo también nos sugiere otro importante principio del modus operandi sistémico: la necesidad de estudiar los sistemas observados en términos de conectividad, contexto y patrones relacionales. los objetos, según el planteamiento sistémico, son redes de relaciones conectadas con otras redes de relaciones. En una red relacional de tipo complejo (formada por un gran número de elementos cuyas interacciones dan origen a patrones globales de actividad) los procesos de causación raramente son lineales, sino circulares, constantemente retroalimentados y retroalimentantes, y es precisamente de esta complejidad de procesos relacionales y causales que emerge un orden, una estructura, patrones de conexiones relativamente estables que conforman un sistema relacional capaz de resistir y compensar tanto las perturbaciones fluctuantes del medio externo (definiendo por tanto una frontera) como los desiquilibrios internos (conservando un estado de homeostasis).
148 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Es difícil, en perspectiva semiótica, no pensar en los procesos intertextuales e interdiscursivos. las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, las relaciones de tipo sintáctico, semántico y pragmático, en suma: las relaciones semiósicas que a partir de materiales y patrones significantes social e históricamente productivos son organizadas –en pos de un proyecto creativo, añadiría Marina (1993)– en el texto artístico conforman, precisamente, un complejo entretejido o red significante, una red que se extiende dentro y fuera del texto. De hecho, como a menudo señaló lotman, texto, textura y tejido tienen un mismo origen etimológico. El texto puede así mantener su propia estructura significante porque es una red integrada de relaciones semiósicas dentro de redes de relaciones semiósicas más amplias de las que depende y que a la vez sustenta: formaciones discursivas, sistemas culturales, la semiosfera en su totalidad. todas las derivas interpretativas del texto, así como los cambios que experimenta el sistema de la cultura, emergen (y el de emergencia es otro concepto clave del pensamiento sistémico) como modificaciones, o deslizamientos, en los patrones significantes vigentes, es decir, como modificaciones (también explosivas) en los equilibrios internos del sistema de relaciones que define a aquel texto, aquel discurso, aquella cultura. y llegamos así a la última característica del pensamiento sistémico que me gustaría destacar: la constatación de que el observador (o la comunidad de observadores) que describe un sistema es necesariamente parte de él, y participa, por tanto, en las relaciones constitutivas del sistema mismo. al fin y al cabo, como nos recuerda Maturana: El observador, en tanto que ser humano, es un sistema viviente. Sus habilidades cognoscitivas son fenómenos biológicos, y surgen en su realización como sistema viviente. Por tanto, un observador carece de bases operacionales
149 El texto artístico y la historia para formular cualquier aseveración o afirmación acerca de algo como si éste existiera independientemente de lo que él hace. (Maturana, 1996: 17-18). El observador, en tanto que ser viviente y sistema físico de tipo relacional, aprende (se estructura) y opera en un número determinado de dominios sociales y culturales, lo cual no hace sino legitimar la afirmación de Maturana desde un punto de vista semio-cultural: si ya Saussure afirmaba que es la mirada la que crea al objeto, hoy podemos concluir que es el observador integrado en su comunidad cultural el que reconoce el texto, lo interpreta, describe y tramanda. De hecho, la atención dirigida al punto de vista del descriptor, a los sistemas y a los lenguajes de descripción y a la acción ejercida sobre el material experimental por las prácticas de observación y medición, es un dato muy consolidado en la reflexión científica contemporánea (lotman y Uspenski, 1973). Como la idea de que cualquier proceso descriptivo (e interpretativo) inevitablemente modifica al objeto examinado (lotman, 1984) y de que es imposible definir una forma significante sin ceñirla previamente de sentido: aislar unas estructuras formales significa reconocerlas como pertinentes con respecto a una hipótesis interpretativa (aun imprecisa) que se anticipa a los hechos observados y orienta la práctica de observación (Eco, 1979). todas las ciencias se nos presentan, pues, como sistemas de modelización que “no reflejan la identidad estática de una razón a la que habría que someterse o resistir, sino que participan de la creación de sentido con el mismo título que el conjunto de las prácticas humanas” (Prigogine y Stengers, 1988: 212), y podemos concluir, con barthes (1985: 225), que si las tareas de la semiótica crecen incesantemente, es porque “nosotros descubrimos cada vez más la importancia y la extensión de la significación en el mundo; la significación se convierte en la manera de pensar del mundo
150 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 moderno, un poco como el «hecho» constituyó anteriormente la unidad de reflexión de la ciencia positiva”. ya no podemos afirmar que existe un discurso absolutamente objetivo, queriendo con ello decir que a través de este discurso nos ceñimos a los datos incontrovertibles y universalmente válidos de la Realidad. lo cual, sin embargo, tampoco equivale a decir que es todo subjetivo, todo arbitrario: la objetividad existe, pero es, a decirlo con Maturana (op. cit.), entre paréntesis. los paréntesis biológicos de los procesos cognoscitivos, en los que la estructura cognoscente determina al objeto conocido y este perturba a la estructura cognoscente, y, en nuestro caso, los paréntesis semióticos de los procesos de validación cultural, que aseguran la cohesión e integración de las redes textuales y discursivas en las que operan (gracias a las que operan) los diferentes grupos y actores sociales. Incluidos los científicos. a propósito de la presunta objetividad de “su” conocimiento, comenta Verón: Este error es el del positivismo. Consiste en pensar que la objetividad funda la referenciación, cuando en verdad es lo contrario: el contrato social de referenciación, cuyos mecanismos son los de la red interdiscursiva de la ciencia y cuyo soporte es el de las instituciones científicas, determina la posibilidad de la objetividad. Se puede conservar la concepción que dice que la “verdad” de la referenciación consiste en la coincidencia entre una aserción y el “estado de cosas” que describe, a condición de comprender: 1) que esta relación no es jamás, en el caso de la verdad científica, una relación entre dos términos; ella se apoya enteramente sobre la red, compuesta por terceridades, de la discursividad científica; 2) que las operaciones referenciales del discurso científico no se limitan a describir simplemente
151 El texto artístico y la historia “estados de cosas”, sino un hacer complejo, inseparable de la referenciación, que define las condiciones de acceso al “estado de cosas”. En consecuencia, si se puede decir (con razón) que el discurso científico produce sus objetos, lo hace en la medida en que, sin él, no habría acceso a dichos objetos. (Verón, 1998: 214). No hay más que pensar en la operación de segmentar el texto en unidades sintagmáticas elementales o secuencias narrativas definidas (operación típicamente “estructuralista”), o en el problema del realismo artístico, de lo figurativo frente a lo abstracto, de lo prosaico frente a lo poético, etcétera. los textos están ahí y presentan inconfundibles marcas significantes (al menos desde un punto de vista filológico: no hay que olvidar que nuestra cultura es una cultura eminentemente “gramatical”). y, sin embargo, a menudo cambia nuestra manera de leerlos, de interpretarlos. Debemos considerar que las competencias lectoras no cambian solo de individuo a individuo, de cultura a cultura, sino que se transforman en el tiempo al compás de los cambios que se producen en las redes sociales de significación. y si las diferentes interpretaciones no son, naturalmente, todas igualmente válidas –existen los “abusos textuales”– también debemos decir que ninguna puede ser defendida como la única válida. Porque la validación es, en última instancia, un hecho cultural e histórico, es decir, depende de un dominio integrado de procesos de memoria, comunicación y creación textual y de la deriva de este dominio en el tiempo (deriva en la que el dominio conserva su organización transformando sus propias estructuras). así pues, el texto de arte se nos presenta como un elemento fuertemente vinculado y a la vez altamente vinculante con respecto al dominio cultural en el que se realizan sus condiciones de producción, interpretación y difusión. Vinculado, porque sus lecturas
152 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 (y creaciones) dependen de la red cultural de procesos semiósicos (textuales, discursivos, conversacionales) que garantizan su organización significante; vinculante, porque esta misma organización significante modifica el operar (no sólo interpretativo) de los actores sociales implicados en los procesos comunicativos que sustentan la red cultural. REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS baRthES, Roland (1985), La aventura semiológica, barcelona, Paidós, 1990. CaPRa, Fritjof (1996), La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos, barcelona, anagrama, 1998. ECO, Umberto (1979), Lector in fabula, Milano, bompiani. ECO, Umberto (1990), I limiti dell’interpretazione, Milano, bompiani. GONzÁlEz DE ÁVIla, Manuel (2002), Semiótica crítica y crítica de la cultura, barcelona, anthropos. GREIMaS, a. J., COURtÉS, J. (1979), Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, Madrid, Gredos, 1982. lOtMaN, I. M. (1970a), Estructura del texto artístico, Madrid, Istmo, 1982. lOtMaN, I. M. (1970b) «Introduzione», en: Ju. M. lotman y b. a. Uspenskij, Tipologia della cultura, Milano, bompiani, 1975, pp. 25-35. lOtMaN, I. M. (1981), “la semiótica de la cultura y el concepto de texto”, en: I. M. lotman, La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto, Madrid, Cátedra, 1996, pp. 77-82. lOtMaN, I. M. (1984), “la cultura e l’organismo”, en: Ju. M. lotman, La semiosfera. L’asimmetria e il dialogo nelle strutture pensanti, Venezia, Marsilio, 1985, pp. 77-82.
153 El texto artístico y la historia lOtMaN, I. M. (1989), “la cultura como sujeto y objeto para sí misma”, en: I. M. lotman, La semiosfera II. Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio, Madrid, Cátedra, 1998, pp. 140-151. lOtMaN, I. M. (1992), La cultura e l’esplosione, Milano, Feltrinelli, 1993. lOtMaN, I. M. (1994), Cercare la strada, Venezia, Marsilio. lOtMaN, I. M. y USPENSKI, b. a. (1973), «Ricerche semiotiche», en: Ju. M. lotman, Tesi per una semiotica delle culture, Roma, Meltemi, 2006, pp. 71-93. MaRINa, José antonio (1993) Teoría de la inteligencia creadora, barcelona, anagrama. MatURaNa, humberto (1996), La realidad: ¿objetiva o construida? II. Fundamentos biológicos del conocimiento, barcelona, anthropos. PRIGOGINE, I. y StENGERS, I. (1988), Entre el tiempo y la eternidad, Madrid, alianza, 1994. SEGRE, Cesare (1990), Semiótica filológica (textos y modelos culturales), Murcia, Universidad de Murcia. VaREla, Francisco J. (1988), Conocer. Las ciencias cognitivas: tendencias y perspectivas. Cartografía de las ideas actuales, barcelona, Gedisa, 1990. VERóN, Eliseo (1998), La semiosis social. Fragmentos de una teoría de la discursividad, barcelona, Gedisa, 2004.
256 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la acción de todas ellas transcurre en un tiempo y lugar limitado, reduciéndose a un encuentro entre desconocidos que casualmente comparten una noche y un espacio urbano. Siempre se trata de una situación inusual en que se enfrentan dos personajes, un hombre y una mujer, que experimentan un sentimiento de soledad abrumadora que se ha hecho insoportable. Como afirma la dramaturga, Me gusta condensar el conflicto, el tiempo y el espacio. Para mí el teatro es condensación y crisis. Es ese momento en que no hay ninguna posibilidad de que no estalle una relación, una situación, una agonía. Me atrae especialmente poner a un ser humano enfrente de otro y dejarles actuar. la noche es el momento en que las personas nos encontramos con nosotros mismos. Con la soledad, con la muerte, con los sueños, con los fracasos. la noche es poética en sí misma. Es mendiga, es oscura, es incitadora (Pedrero en Serrano, 2006: 43). En este ambiente nocturno surge el “amor efímero” –el único amor posible en el teatro de Paloma Pedrero– que busca “refugio en las promesas fugaces de una noche seductora y pasajera” (lamartinalens, 2006: 10). Siempre viene marcado bien por una situación límite (Solos esta noche, Los ojos de la noche, De la noche al alba), o bien por el uso de alcohol (La noche dividida) y droga (La noche que ilumina). Curiosamente, en un monólogo dramático: Yo no quiero ir al cielo (juicio a una dramaturga), una especie de confesión hecha en el imaginado Juicio Final, la autora admite que ha escrito Noches de amor efímero, porque “nunca [ha] conseguido saber amar de otra forma” (Pedrero, 2004: 328). ahora bien, ¿suponen las prácticas discursivas aplicadas en el ciclo de Noches una verdadera subversión, un desafío para la sociedad y su lógica cultural dominante?, o ¿es una
257 Del amor romántico al amor efímero mera repetición de clichés y del pensamiento estereotipado donde más se detecta el funcionamiento de la doxa? Para responder a las preguntas planteadas, intentaremos –siguiendo a Malcuzynski (1993: 18)– “contextualizar el discurso sociocultural (dominante) del amor [...] para colocarlo en otra posición dentro de un nexo heterogéneo lleno de tensiones “subterráneas” convertidas en historia”. En La noche dividida, vemos en el escenario a una joven actriz, “con un botella y una copa en la mano” (Pedrero, 1999: 161), que sola en su apartamento ensaya un papel. la protagonista atraviesa una crisis, cree haberse encontrado en una situación sin salida, porque ha reducido su existencia a la espera de la llamada telefónica de su novio de quien no sabe separarse: Sabina. [...] y todo porque estoy enamorada. Sí, estoy total y fatalmente enamorada de un fantasma que me llama los martes por la tarde, es decir, hoy. y yo, para que no me tiemble la voz, bebo un poquito (Pedrero, 1999: 164-165). aunque es consciente de que está en una relación tóxica y de que no debería dejarse manipular por su novio, pese a las reiteradas declaraciones de lo contrario, se siente incapaz de cortar la relación destructiva. Por puro azar, aparece en su casa un hombre desconocido, un vendedor de biblias, que se convierte en su cómplice. En una conversación los dos protagonistas revelan su desencanto y sus temores. Mientras que adolfo teme perder el trabajo, porque toda su familia vive en una situación precaria, Sabina siente miedo a la dependencia afectiva: “[c]on él nunca he tomado una sola decisión en mi vida. Me llama y voy, me aparta y me quito, me besa y me entrego. y eso no puede ser, ¿verdad? ¿y sabes por qué no puede ser? Porque a la larga se siente miedo. te sientes indefensa, frágil” (Pedrero, 1999: 170). Si bien la tensión sexual entre los dos se hace
258 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 cada vez más latente, los protagonistas acaban sumergidos en un profundo sueño sin que se llegue a consumar su deseo. así pues, el encuentro ha desencadenado una apertura y una búsqueda de comunicación auténtica que ha desembocado en un acercamiento verdadero, pero fugaz, es decir, una “noche de amor efímero”. Noche que en el fondo ha consistido en una confesión sincera hecha delante de un desconocido y que ha permitido darse cuenta de la situación en la que uno se encuentra aquí y ahora. En La noche que ilumina se realiza un encuentro nocturno en un parque infantil entre Rosi, víctima de violencia de género y Fran, su abogado. a pesar de que los dos protagonistas aparentemente no tienen nada en común, pues pertenecen a dos mundos distintos, entablan una relación de intimidad y de confianza mutua. Como resultado de ese excepcional acercamiento, en parte producido por el uso de éxtasis, se revelan secretos más íntimos de su vida que no han compartido con nadie. Para facilitar la confesión, Fran se inventa un juego: los dos deben montarse en un “sube y baja” y “el que esté arriba, tiene que decir una verdad. Una de esas cosas que no se atreve a decir en alto”: Fran. ¡Me gustaría pillar un pleito millonario! Rosi. ¡Me gustaría tener un chalé! Fran. ¡Soy cobarde! Rosi. ¡Soy ignorante! Fran. ¡tengo hemorroides! Rosi. ¡tengo juanetes! Fran. ¡Odio a mi padre! [...] Rosi. ¡No me gusta hacer uso del matrimonio! [...] Fran. ¡Mi padre pegaba a mi madre! Rosi. ¡No gozo en la cama! Fran. ¡tengo el pito enano! (Pedrero, 1999: 229)
259 Del amor romántico al amor efímero asistimos, pues, nuevamente a un encuentro de los protagonistas consigo mismos, a un proceso de tomar conciencia de la realidad en la que se encuentran aquí y ahora, proceso provocado por la experiencia de “la noche que ilumina” y “el amor efímero” que esta suscita. De la noche al alba se desarrolla al amanecer delante de un club nocturno: Vanesa, una prostituta tropieza allí con Mauro, un guardia del banco. Con el transcurso de la acción se hace evidente que no es un encuentro casual, sino planeado por el hombre que confiesa estar enamorado de la chica. la conversación que entablan es algo diferente a lo que está acostumbrada Vanesa, habitualmente maltratada por su proxeneta y abusada por sus clientes. aunque al principio la mujer se defiende de la intimidad que el hombre intenta forjar entre los dos, sucesivamente le permite acercarse a ella y hasta le confiesa lo “inconfesable”, es decir, le dice su verdadero nombre. Sin embargo, la sensación de proximidad que se experimenta es aún más breve y fugaz que en los casos anteriores, porque se interrumpe bruscamente con la llegada del proxeneta y su reacción violenta. Solos esta noche presenta otra situación poco común: un hombre y una mujer se ven encerrados en una estación de metro en la que ya ha pasado el último tren. Como en La noche que ilumina, aquí también se enfrentan personas procedentes de grupos sociales y generacionales muy distintos: ella es una ejecutiva de cuarenta años y él un joven trabajador, actualmente en paro. Si bien al principio Carmen actúa con desconfianza, hasta sospecha que el chico podría atracarla, a medida de que avanza la noche vence el temor inicial, se deja llevar por la emoción y empieza a buscar una comunicación verdadera, que una vez más desemboca en una confesión mutua. la mujer se queja de su vida matrimonial rutinaria, el hombre de haber sido abandonado por su novia tras perder el trabajo, ambos manifiestan su desilusión con el mundo materialista que les rodea:
260 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 José. [...] a un parado no le quiere nadie. [...] yo sé que el futuro no está en el puto dinero. aunque todo el mundo diga lo contrario, yo sé que el futuro no está en el dinero. [...] yo pienso que el futuro... está en el amor, en que la gente se quiera (Pedrero, 1999: 186). En estas frases resuena la opinión de la dramaturga, que –como decíamos– también busca una alternativa al mundo materialista en el amor. No obstante, el monitoring del discurso amoroso codificado en el teatro de Pedrero y de la ideología que se proyecta sobre la experiencia amorosa actual parece sugerir más bien lo contrario. El “amor efímero” propugnado por la dramaturga como la única solución posible al materialismo en realidad guarda una relación muy estrecha con la sociedad actual y el consumismo. El elogio de este tipo de amor se debe, pues, al fracaso del compromiso y de la fe en el amor duradero, así como a la refutación de las relaciones amorosas estables que, según el pensamiento hegemónico, necesariamente tienen que desembocar en la rutina. El mejor ejemplo de la mencionada proyección ideológica se halla en Los ojos de la noche. allí vemos a una mujer de negocios “de una edad indefinida y aspecto juvenil” (2006: 12), que, al igual que Carmen de Solos esta noche, se siente atrapada en una relación matrimonial insatisfactoria. No cabe la menor duda de que la actitud de la protagonista es paradigmática para la sociedad de consumo. lucía, pues, ha logrado satisfacer todas las necesidades materiales y posicionales al alcanzar un éxito profesional y financiero, así como al forjar la imagen de estar en una relación de pareja modélica. Cuando pese a todos sus logros sufre una crisis, decide aprovecharse de su dinero y en un acto de poder quiere “comprar” un sustituto de comunicación auténtica pagando a un ciego sin techo por escucharla
261 Del amor romántico al amor efímero en una habitación hostelera. Sin embargo, con el tiempo cambia la dinámica del poder y se establece una relación más equilibrada entre los dos protagonistas, que les permite darse cuenta de los orígenes de su malestar. lucía le comenta a este hombre desconocido los detalles más íntimos de su vida familiar y su incapacidad de tomar una decisión con respecto a su matrimonio: h. –¿Es verdad que no quieres a tu marido? M. –Es verdad. Pero no sé cómo romper con él. hago las maletas y las deshago. a veces, me voy sin maleta y me pierdo. Pero él siempre me encuentra. Me llama y yo vuelvo. h. –¿Por qué? M. –Porque... él es él y las cosas reales, y el transcurso de los años, y la casa, y los amigos. Él es él y la vajilla de todos los días, la taza esa de porcelana azul, el cubierto de alpaca, mi plato, su plato... la razón. h. –la rutina (Pedrero, 2006: 19). Como en otras “noches de amor efímero”, en el desenlace de la obra se sugiere la posibilidad de un acto sexual singular que constituye un final abierto, ya que nos deja con la duda sobre lo que va a pasar con los protagonistas una vez acabada la noche de pasión. la única Noche que se sale de este esquema es Esta noche en el parque, donde presenciamos una situación posterior a la típica “noche efímera”. la acción dramática de esta obra se desarrolla en un parque infantil de juegos, lugar de reencuentro de la pareja que la noche anterior mantuvo una relación sexual. yolanda, decepcionada por el trato del hombre que la esquiva, decide enfrentarse con él:
262 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Fernando. ¿Cómo estás? yolanda. algo cansada de buscarte. la primera noche me dijiste que me ibas a llamar el día siguiente. Fernando. he estado muy ocupado. yolanda. [...] ¿Esta noche no me la vas a dedicar? Fernando. No puedo. he venido hasta aquí dada tu insistencia aunque hubiera preferido quedar en una cafetería. yolanda. ¡qué poco romántico! Este es el escenario de nuestro amor. ¿O es que ya no me quieres? (Pedrero, 1999: 152). al ver el desinterés y el creciente desprecio del hombre, la protagonista intenta tomar riendas de sus relaciones y le reclama un orgasmo con la navaja en la mano: “Mi orgasmo. El orgasmo que me correspondía y no me diste. El orgasmo que me robaste poniéndome ojos de enamorado” (Pedrero, 1999: 154). así, repudia el rol tradicional de mujer pasiva y víctima de los engaños masculinos y del mito del amor romántico. No obstante, todo su esfuerzo para no sentirse víctima paradójicamente desemboca en una tragedia: su muerte. Como hemos podido observar, el “amor efímero” está concebido como una experiencia fugaz e ilusoria, que no ofrece ninguna solución salvo una toma de conciencia sobre el estado actual de las cosas. Dado su carácter huidizo, este tipo de amor se reduce a un síntoma más de la sociedad posmoderna, que aborrece todo lo duradero y comprometido. tanto lucía y Carmen, como María, la otra protagonista de El color de agosto, no saben forjar una relación satisfactoria, creyendo que el amor, o más bien la pasión, deben necesariamente traer la rutina y el desdén:
263 Del amor romántico al amor efímero lucía. ¿Cómo se puede desear algo que ha perdido todo el misterio? Un hombre con el que te acuestas y te levantas todos los días. Un hombre que ronca a tu lado [...] Si Romeo y Julieta hubieran logrado casarse, se habrían muerto a los pocos años, pero de aburrimiento (Pedrero, 2006: 13). María. [...] al principio de estar con un hombre su ropa tirada por el suelo de la habitación, el cinturón de sus pantalones al lado de una copa de champán derramada, es la escenografía de una gran fiesta. Después, si la copa llega al dormitorio y se cae, vas a buscar la fregona para que no se estropee la madera, y de paso te llevas los calzoncillos sucios para meterlos en la lavadora. [...] la convivencia mata el deseo, lo fulmina (Pedrero, 1999: 134). Curiosamente, este concepto del amor como algo efímero lo detectamos no solo en las opiniones de las protagonistas de Pedrero, sino que también en las intervenciones públicas de la misma autora: En relación al amor de la pareja [...] siempre me he sentido una aprendiza, quizá porque yo soy una neurótica y tengo dificultades con este asunto. Entonces al tener dificultades para amor, porque además el neurótico no sólo es el que tiene dificultades sino el que piensa que no puede, que no sabe amar y que tampoco es digno de ser amado. Entonces esto es algo que está mucho en mi historia y que yo lo reflejo mucho en mis obras, en estas historias de búsqueda del amor, del desamor, de cómo se hace, de que no se encuentra, de que te pierdes, del caos, de cuando tienes la pasión, no tienes la tranquilidad, de que es imposible
264 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 amar, es imposible hacer este amor, ese amor que yo he soñado, que me han contado que existe que es el amor total, pleno, en que está todo, puedes tener serenidad y deseo y a la vez complicidad, yo todo eso no lo he encontrado. Entonces es algo que me moviliza mucho y que me hace hablar del amor en mis obras [...] Ese tema de la invalidez para amor es algo que me inquieta, que me preocupa y que vivo día a día (Pedrero, 2004: grabación). De este modo, el monitoring de la codificación de las relaciones íntimas en las obras de Pedrero, relaciones que se vuelven cada vez más “efímeras”, pone de manifiesto la ideología actual proyectada sobre la experiencia amorosa en el seno de la sociedad posmoderna, sumergida en plena crisis de lo sólido y lo comprometido. En fin, parece cada vez más utópico planificar un futuro común que abarque la vida entera de dos individuos “libres” y “flexibles”. así, la pérdida de los valores propios de la modernidad sólida, experimentada actualmente en el ámbito público y privado, desemboca en la búsqueda del amor como factor salvador, el lugar del culto, que es cada vez más mitificado y vinculado al “proyecto reflejo del yo” (Giddens, 1995) y cada vez más efímero y huidizo. “El amor se hace más necesario que nunca antes y al mismo tiempo imposible. lo delicioso, el poder simbólico, lo seductivo y lo salvador del amor crece con su imposibilidad” (beck, beck-Gernsheim, 2001: 16) Mientras las esperanzas puestas en él siguen creciendo, aumenta también la decepción y traición de ideales, evidenciadas por el aumento de los índices de divorcios: las personas se casan y se divorcian por amor. la relación amorosa se practica de manera intercambiable, y no para deshacerse del peso del amor, sino porque lo pide así la ley
265 Del amor romántico al amor efímero del amor satisfactorio. Esta construcción tardía de la torre de babel, edificada por las cuotas de divorcios, constituye un monumento al amor decepcionado e idolatrado. (beck, beck-Gernsheim, 2001: 16). Esta crisis contribuye a que las protagonistas vivan sus relaciones amorosas como “efímeras” en términos de la dramaturga, o “líquidas” y no-comprometidas en términos de bauman (2003), planteándose muchas veces la separación como remedio para acabar con la vida matrimonial rutinaria. Para bauman, el cambio de actitud hacia el amor forma parte integral de una amplia transformación social: “Como antes, el sexo tiene una función; como antes, es fundamental; solo que la función ha cambiado, al igual que la naturaleza del proceso en el que el sexo reorientado desempeña su papel fundamental” (bauman, 2001: 183). De ahí que “[l]as agonías actuales del homo sexualis [sean] las del homo consumens. Nacieron juntas. y si alguna vez desaparecen, lo harán marchando codo a codo” (bauman, 2005: 71). En este sentido, las prácticas culturales determinan, pues, la manera en la que lucía, Carmen y María (¿o incluso la misma autora?) experimentan y describen el amor y sus relaciones íntimas. la ideología, (re)producida en la literatura e interiorizada por los sujetos, no se restringe a la naturalización del orden social ni a la concepción religiosa o filosófica del mundo. Puesto que genera nuestra visión del mundo, la ideología ejerce también influencia sobre la esfera que muchos creen –erróneamente– fuera de su poder, es decir, la esfera privada. tal y como afirma Giddens (1995: 26), “Cada uno [...] no sólo tiene sino que vive una biografía reflejamente organizada en función de los flujos de la información social y psicológica acerca de los posibles modos de vida”. Entre las fuentes de esta información destacan la producción literaria,
272 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 dans la société espagnole ou majorquine d’aujourd’hui. Prenant comme point de départ le concept de la mémoire collective de Maurice halbwachs, les concepts de “postmemoria” et la “mémoire prothétique” de Marianne hirsch et alison landsberg, respectivement, sont discutés face à l’approche dynanique et dialogique de James Wertsch. Keywords: Cultural subject, Miguel Dalmau, Spanish romance, civil war memory. Abstract: This article analyses the construction and subsequent deconstruction of the cultural subject (Cros) of the national catholic movement in Spain during the civil war in the novel La noche del Diablo, written by Miguel Dalmau in 2009. The purpose of the analysis is to discuss the contribution of literary texts to the collective memory of the civil war in the present day Spanish or Mallorcan society. taking its point of departure in the concept of collective memory of Maurice halbwachs, the article discusses the concepts of “postmemory” and “prosthetic memory” of Marianne hirsch and of alison landsberg respectively against the more dynamic and dialogic position of James Wertsch. Este trabajo no se puede considerar una contribución sociocrítica stricto sensu, sino un intento de entablar un diálogo con algunos conceptos claves de esta tradición teórica, sobre todo con el concepto del sujeto cultural (Cros, 2003). En el artículo no me propongo buscar impronta estructural en el texto de un sujeto cultural contemporáneo. lo que a mí me interesa es discutir cómo la literatura, entendida como un discurso social, contribuye a la construcción de una memoria colectiva en la sociedad que nos rodea. ENfOqUE Una parte importante de las novelas españolas que se publican en la actualidad sigue dedicándose al tema de la guerra civil y de la posguerra. la cuestión que quiero discutir en esta ponencia es en qué medida y cómo estas novelas contribuyen a la construcción de una memoria colectiva de aquel período. los estudios de la memoria
273 la memoria del diablo (memory studies) son un campo interdisciplinario emergente, en los cuales disciplinas humanísticas como los estudios de literatura e historia dialogan con disciplinas pertenecientes a las ciencias sociales tales como la sociología, la antropología y la psicología, o incluso con la ciencia cognitiva del cerebro. El concepto de memoria colectiva también desempeña un papel fundamental en el concepto del sujeto cultural de Edmond Cros, por lo cual la lectura de la novela nos puede dar conocimiento sobre la contribución de los textos literarios a la construcción social de identidades culturales. Dice Cros: la cultura funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia y [...] es vivida oficialmente como guardiana de la continuidad y garante de la fidelidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de sí mismo que de este modo recibe. (Cros, 2003: 11). En el artículo me propongo analizar la construcción y subsiguiente desconstrucción de la imagen del sujeto cultural del nacional-catolicismo en la novela La noche del Diablo (2009) de Miguel Dalmau, para después discutir la contribución que hace la novela a la memoria colectiva según dos diferentes marcos teóricos de interpretación: la postmemoria de Marianne hirsch y la memoria protética de alison landsberg. Publicada en 2009 la novela forma parte de una segunda ola de novelas históricas que tratan el motivo de la guerra civil, y la lectura que se va a realizar a continuación forma parte de un proyecto de investigación que se plantea describir el cambio en la forma de esta segunda generación de la llamada nueva novela histórica (Fernández Prieto, luengo, Moreno-Nuño, Oleza Simó). Narrada en primera persona por el moribundo cura Julián alcover en 1946, la novela expone los presupuestos culturales y prejuicios ideológicos que hicieron posible la participación de gente normal en
274 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 las atrocidades cometidas en Mallorca durante los primeros meses de la guerra civil. En este sentido la novela participa claramente en la negociación de la memoria colectiva de la historia española del siglo XX. la cuestión es cómo esta participación se realiza en concreto y cómo la podemos interpretar. LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA El libro está dividido en tres capítulos grandes. En el primer capítulo, el narrador se presenta a sí mismo y cuenta cómo fue vinculado como intérprete y secretario personal al fascista italiano aldo bonacorsi, también llamado el conde Rossi. Rossi, que es una persona histórica real, fue mandado por Mussolini a la isla de Mallorca para reforzar la organización de la Falange unas pocas semanas después de la rebelión nacional. Una vez allí, Rossi desempeñó un papel decisivo en la derrota del ataque de la flota republicana a la isla en agosto del mismo año. Rossi fue celebrado como el salvador de la isla por los nacionales, y es elogiado y hasta convertido en materia de mito por el narrador en este primer capítulo de la novela. En el segundo capítulo, Julián alcover narra los acontecimientos posteriores a la victoria, la llamada ‘depuración’ de la isla, durante la cual se calcula que un mínimo de 3.000 personas fueron asesinadas en el transcurso de cuatro meses, desde agosto de 1936 hasta diciembre. El máximo responsable de esta matanza y las repetidas violaciones y abusos sexuales de una infinidad de mujeres fue el mismo conde Rossi, y como su secretario e intérprete el narrador siente que comparte esta responsabilidad. Según lo que el narrador cuenta diez años después, él se estremeció, pero no protestó, ni intentó frenar la locura. En el tercer capítulo, el narrador cuenta lo que pasó en la etapa final de la estancia de aldo bonacorsi en Mallorca. Por razones
275 la memoria del diablo debidas a la desmesurada violencia y amoralidad del italiano, este pierde el apoyo de la élite nacionalista y falangista, personificada en la figura del Marqués de zayas, jefe de la Falange Española de Mallorca. Cuando además aparece un informe sobre aldo bonacorsi que comprueba que no tiene ascendencia noble, ni tampoco rango militar de general, la situación se hace insostenible. El italiano está desterrado de la isla por un decreto firmado por el propio general Franco el 16 de diciembre de 1936. a pesar del comportamiento totalmente descarado del italiano, Julián alcover le es fiel hasta el final, pero en esta última parte del libro la voz del narrador está fuertemente influida por el remordimiento y la falta de comprensión de sus propios actos. Representación del sujeto cultural del nacional-catolicismo Durante el primer capítulo, el narrador construye la imagen de un sujeto colectivo mallorquín como un sujeto cultural unido, y lo hace a través de la naturalización del tradicionalismo católico y la enajenación y diabolización del “otro” en forma de los republicanos. la naturalización del tradicionalismo católico se deja ver en frases como: PP • “los mallorquines no éramos políticos” [...] “éramos indiferentes, insisto, pero también comprensivos y adaptables” (14) • “Mallorca no quería ser republicana” (14) Como catalanista conservador necesita, desde luego, construir un “otro” que justifique su alianza con la rebelión nacional en nombre de España. y la estrategia discursiva que utiliza consiste en la enajenación, diabolización y criminalización de los republicanos:
276 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 • “desde el principio el Frente Popular se mostró como una criatura malaventurada y abyecta (diabolización). Esa criatura bolchevique trató de instaurar la revolución en el más cristiano de los suelos (enajenación)” (15). • “Finalmente se presentó Satán (diabolización). los criminales (criminalización) eligieron la festividad de Nuestra Señora para lanzarse a la conquista de la isla” (33). Experiencias traumáticas del segundo capítulo Después de la victoria sobre las fuerzas republicanas, la operación de “limpieza” de la isla suelta una ola desenfrenada de violencia en la isla. El narrador se estremece, pero sigue identificándose con el grupo de Rossi. Si el narrador al principio se sintió orgulloso por formar parte del pueblo mallorquín, a quién construyó a su propia imagen católica y conservadora, ahora en el segundo capítulo siente vergüenza por parte de su pueblo: “Nuestro rebaño no era mejor que ningún otro porque el hombre es igual en todas partes: cobarde, violento, mezquino” (207). En la etapa final del segundo capítulo las barbaridades cometidas van de mal en peor, pero como no queda ningún enemigo en la isla, la diabolización del “otro” ya no le sirve de marco de explicación, y se siente obligado a buscar otra estrategia de autolegitimación: empieza a aplicar la diabolización al contorno, al destino o a la suerte: • “a menudo el Diablo nos entregaba mujeres al borde del camino” (198). • “las torturas, los fusilamientos, los robos, los asesinatos, las violaciones eran etapas de un Vía Crucis concebido por el Diablo” (207).
277 la memoria del diablo Narración terapéutica y enajenación En el tercer capítulo desaparece la diabolización de los republicanos que caracterizó el discurso del primer capítulo, y se sustituye por unas reflexiones más equilibradas sobre las cualidades individuales y humanas de los condenados a la muerte. De este modo el lector se ve enfrentado con una figura de inversión: al final de la novela el narrador diaboliza la figura del conde Rossi que al principio del libro apareció como el salvador, y santifica a las víctimas republicanas que en el primer capítulo fueron diabolizadas. Personalmente el narrador ya no se siente una parte integral de ningún sujeto colectivo o cultural, porque como el cura fascista que fue, había contribuido a la destrucción de la inocencia y pureza del sujeto cultural del pueblo mallorquín: “Nuestros corazones (los mallorquines, hlh) seguirían siendo como aquellas calles frías, cerradas e inhospedas del barrio antiguo en las que me había perdido” (p. 322). Memoria y cultura Como novela histórica, La noche del Diablo contribuye a sacar a la luz del día los acontecimientos brutales que sucedieron en las islas baleares, y a convertir las cifras y estadísticas de los manuales de historia en tragedias humanas de carne y hueso. En este sentido la novela contribuye a mejorar el conocimiento de la historia del siglo XX para las nuevas generaciones de españoles y mallorquines. y aunque resulta pesado aceptar los presupuestos ideológicos del sujeto colectivo representado, la representación fiel del sujeto cultural del nacional-catolicismo y sus fronteras ideológico-mentales con el fascismo italiano pueden servir al público actual para comprender mejor la intrahistoria, y la historia de las mentalidades. Pero en qué sentido se puede decir que contribuye a la construcción de una memoria colectiva, y en caso afirmativo, ¿para quién?
278 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Según Mauricio halbwachs, el padre fundador de los estudios de la memoria colectiva, no existe una memoria colectiva universal porque toda memoria colectiva presupone el apoyo de un grupo delimitado en el tiempo y el espacio (halbwachs, 1992). basándose en los estudios del holocausto, la profesora de literatura comparada de la Universidad de Colombia en Nueva york, Marianne hirsch, ha elaborado el concepto de post-memoria (post memory). la postmemoria es la memoria de una segunda generación, para la cual el material de memoria no consiste en los acontecimientos reales, sino en representaciones en forma de textos de acontecimientos traumáticos vividos por sus antepasados. Estos textos comunican los relatos de testigo de la primera generación que pueden ser re-experimentados para una segunda o tercera generación de una determinada comunidad imaginada que se identifica étnicao culturalmente con esta historia. Entendido así, la post-memoria es un espacio intersubjetivo y transgeneracional de memoria, vinculado específicamente a traumas colectivos o culturales. los acontecimientos así transmitidos de generación en generación se convierten en historias seminales para el mantenimiento y desarrollo de la comunidad en cuestión, que transforma las experiencias traumáticas en cuestiones de carácter ético (hirsch, 2001: 10). En la primera parte de La noche del Diablo la voz del narrador insiste en la fuerte relación étnica-cultural que siente con el pueblo mallorquín, de manera que la novela – sobre todo en esta primera parte – invita al lector a interpretarla como una contribución a la post-memoria de una comunidad regional mallorquina. Pero tomando en consideración la última parte de la novela, donde el mismo narrador desconstruye tanto la esencia como la inocencia de la idea de semejante entidad, podemos preguntarnos si la invitación inicial a aplicar un marco de interpretación de pueblo o de raza o de tribu, no pertenece exclusivamente a la estrategia ético-estética del libro.
279 la memoria del diablo Frente a la posición de Marianne hirsch, la profesora de historia cultural de los EE.UU de la Universidad George Mason, alison landsberg, se pregunta si podemos mantener la idea de una memoria colectiva en el sentido de halbwachs en la época de la globalización. Dice: En una economía cultural global, la teoría de la memoria colectiva en el sentido que halbwachs le ha dado a la palabra, parece inadecuada porque la misma noción de flujos globales será un desafío para cualquier marco compartido y estable. (landsberg, 2004: 10). landsberg utiliza el concepto de “memoria protética” (prosthetic memory) para referirse a la manera en la que las tecnologías culturales a finales del siglo XX y el principio del siglo XXI permiten a personas individuales experimentar acontecimientos que no han vivido, como si fueran memorias personales. las memorias protéticas son de prótesis porque no están vinculadas de manera esencial a ninguna comunidad, y no pueden considerarse la propiedad exclusiva de nadie. Como comodidades en el mercado, son de acceso libre para todos, y cada individuo puede elegir si prefiere o no apropiarse de esta o de aquella memoria. Pero una vez apropiada, la memoria influye en la formación de la personalidad de este sujeto. Dice landsberg: “las memorias protéticas crean las condiciones para la reflexión ética, precisamente por animar a las personas sentirse relacionadas con el Otro, reconociendo a la vez la alteridad de éste” (landsberg, 2004: 9). la cultura de masas y la conversión de los productos culturales en productos destinados a un mercado global permiten a los individuos de diferente grupos étnicos, sociales y culturales servirse de las mismas memorias y experiencias imaginadas con raíz histórica, con
280 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 lo cual la memoria colectiva ya no simplemente sirve para reforzar la identidad cultural de un determinado grupo, sino puede servir para abrir el diálogo a través de fronteras culturales. tenemos así a dos posiciones bien diferenciadas que corresponden a diferentes posiciones sociológicas con respecto a los efectos actuales de los procesos de modernización y globalización (hansen, en prensa). Sin entrar en discusión sobre la validez de una posición frente a otra en términos generales, podemos constatar que La noche del Diablo, como cualquier otra novela histórica, trata sucesos y acontecimientos que no han vivido ni su autor, ni la mayor parte de su público lector, de modo que no es posible hablar de memoria –individual o colectiva– en el sentido de recuerdos. lo que sí tendrá sentido es discutir el efecto socio-cultural de la novela. las posiciones de hirsch y de landsberg son las dos aplicables a la recepción de las novelas dedicadas a la guerra civil como La noche del Diablo, pero parecen ser incompatibles. Si la aplicación del concepto de post-memoria de hirsch invita a hacer una interpretación de la novela que discute los presupuestos históricos de la formación del sujeto cultural del regionalismo mallorquín, la aplicación del concepto de memoria protética de landsberg tiende hacia interpretaciones más cosmopolitas y de índole ética y psicológica. Existe, sin embargo, también la posibilidad de buscar una posición intermedia entre la post-memoria y la memoria protética. Siguiendo a James Wertsch podemos distinguir entre dos tipos de comunidades textuales: comunidades implícitas y comunidades imaginadas (Wertsch, 2002: 62 ff). los dos tipos de comunidades se constituyen por el uso de los medios culturales, pero se diferencian por la manera en que la comunidad es concebida por los propios miembros. la comunidad implícita es un conjunto de gente que se sirve del mismo conjunto de medios, pero que no es consciente, ni siquiera desea, de formar una comunidad. En cambio, la comunidad imaginada,
281 la memoria del diablo concepto fundamentalmente divulgado por benedict anderson, es sobre todo imaginada como comunidad por sus propios miembros (Wertsch, 2002: 64). la ventaja de concebir la problemática en estos términos es que la distinción entre comunidades implícitas y comunidades imaginadas no es fija, ni rígida: (C)omunidades implícitas pueden ser trasformadas en comunidades imaginadas... Esta transformación no ocurre en todos los casos, pero algunas veces comunidades implícitas pueden ser consideradas como una forma de “materia prima” para la construcción de una comunidad autoconsciente o imaginada. (Wertsch, 2002: 71). Siguiendo la filosofía dialógica de la lengua de Mikhail bakhtin, James Wertsch afirma que el significado de una aserción lingüística depende del diálogo entre el emisor, el destinatario y esta tercera entidad sociocultural que siempre forma parte del significado de la palabra comunicada (Wertsch, 2002: 16-17, hansen, 2005: 49-52). Dice bakhtin: “(E)ntre la palabra y su objeto, entre la palabra y el sujeto emisor, existe un contexto elástico de otras palabras ajenas, palabras sobre el mismo objeto, el mismo tema” (bakhtin, 1981: 279). basándose en este concepto dialógico de la lengua, Wertsch distingue entre la función dialógica y la función referencial de las narraciones (Wertsch, 2002: 58-59). En el apartado de agradecimientos, es decir en el paratexto, el autor empírico nos ha dejado a los lectores una pista de cuáles son las voces más importantes que resuenan en la obra. Por un lado se trata de una serie de autores internacionales de diferente, y a veces muy dudosa, afiliación ideológica, como por ejemplo Giorgio bassani (judío italiano), Curzio Malaparte (fascista italiano), yukio Mishima (royalista japonés) y Ernest hemmingway (que no necesita
288 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 “Jueves de escarcha” (teresa Shaw), así como las desigualdades por razón de género, desde la marginación a los malos tratos. las poetas3 presentan una clara conciencia del momento histórico que les ha tocado vivir y se convierten en observadoras activas que denuncian las caras más agrias de la realidad. así lo expresa Julia Otxoa respecto a los papeles que desempeñan las mujeres en la sociedad actual: “Si hablamos de Europa o asia o EE.UU., queda mucho por hacer en todos los órdenes para la igualdad y eso influye de un modo directo en la obra de las escritoras”. En lo que también insisten otras poetas que han mostrado en su obra una clara conciencia cívica: “Soy testigo involuntario de mi tiempo: de la furia y la complicidad de mi tiempo” (Pérez Montalbán, 1998: 279). también en este sentido se manifiesta Julia Uceda con toda contundencia: Creo que no debe abandonarse el compromiso constante, primero con una misma y, por tanto, con los valores éticos respecto a nuestro propio tiempo y a los problemas de ese tiempo, sin fronteras ni dogmas, porque ahora no hay escapatorias ni coartadas y es preciso estar muy atentas, ahora más que nunca, a las tentaciones del doble pensamiento: el mundo está en la televisión del salón de tu casa. y es inmoral tomar el aperitivo o hacer zapping mientras presenciamos torturas, lapidaciones, destrucción de lugares en los que nació nuestra cultura, ablaciones, muertes y desesperación, y nos damos cuenta de que la mancha negra del poder, mezclado con el engaño, invade la pantalla. (Uceda, 2003: 59). 3 En este sentido aportamos fragmentos de entrevistas realizadas a las poetas en 2004. Parte de estas entrevistas cuentan con referencias y comentarios en Rosal Nadales, María, ¿Qué cantan las poetas de ahora?, arcibel, Sevilla, 2008.
289 Compromiso en la poesía española actual Compromiso compartido por los poetas, como denuncia Juan bonilla en un poema que estremece precisamente por esa crónica aparentemente fría y lejana de la realidad en la que lo cotidiano limita con el infierno real de cada día (Partes de Guerra, 1992). Fumar en Sarajevo, comer en Sarajevo pasa por la pérdida de la dignidad humana que es arrancada y pisoteada en un momento histórico en el que como en tantos otros la vida no vale nada y aún menos la de las mujeres que sufren además la humillación en su cuerpo. Fumar en Sarajevo Con cinco cajetillas de Marlboro le puedes susurrar obscenidades a una muchacha complacida sobre la que derramarás un hijo que no sabrá tu nombre. Con tres te agencias una lata de carne con un sello de la O.N.U. pero sin fecha de caducidad. El hambre es un barato alucinógeno que convierte los gatos en ternera. El tema de la guerra4 también es tratado por teresa Shaw (Jueves de escarcha), que insiste en los horrores de la guerra de bosnia, 4 antologías que han tratado el tema: Correyero, Isla (1998), Feroces: muestra de las actitudes radicales, marginales y heterodoxas en la última poesía española, barcelona, DVD. Falcón, Enrique (2007), Once poetas críticos en la poesía española reciente, tenerife, Ediciones baile del Sol. así como el estudio de bagué quílez,
290 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 retratando esas voces fantasmales que certifican la muerte en el acontecer diario de la cola del pan. El sol pudriéndose sobre los tomates. Un niño comía ayer en un mercado de Grozni. Su madre le abrocha el abrigo. Después se ha muerto [...] Oigo las voces de los hombres que comercian, pero sé que detrás no hay nadie. también antonio Orihuela retrata la Guerra Civil española con trazo firme, en versos lacónicos y certeros que dibujan una crónica escueta y amarga no exenta de ironía en los versos finales: “Este poema se llama / historia de España” (Edad de hierro, 1997). En 1936, a antonio Orihuela lo vinieron a buscar en camión. Delito: Ser amigo del alcalde socialista. haber abierto un Casino Popular. le pegaron dos tiros y en paz. Con frecuencia los poetas, lejos de la complicidad o del parapeto estético, denuncian, a veces con ironía o incluso con humor negro, pero siempre con los ojos abiertos, como señala Isabel Pérez luis (2006), Poesía en pie de paz: modos del compromiso hacia el tercer milenio, Valencia, Pre-textos.
291 Compromiso en la poesía española actual Montalbán (1998: 279): “Nunca los cierro ante la violencia, el hambre o la tiranía; nunca ante el amor y la entrega, el desamor y el vacío. Me considero víctima y partícipe de la injusticia”. Por lo que empuña la poesía como arma y enseña: “Deseo abanderar mi rebeldía: denunciar a los responsables; acusar a los pasivos, a los poderosos, a los vampiros sociales, a los dictadores, a los falsos demócratas, a quienes malgastan el amor o lo destruyen. y aceptar así mi compromiso” (Pérez Montalbán, 1998: 279). No en vano, en “Clases sociales” nos conmueve con esa figura del padre y su recuerdo de infancia, de miseria campesina tan cercana al niño yuntero de Miguel hernández: “Con seis años, mi padre trabajaba/de primavera a primavera./De sol a sol cuidaba de animales./El capataz lo ataba de una cuerda/para que no se perdiera en las zanjas”. El niño, quebrado por el frío y el trabajo, se convierte en símbolo del abuso y la injusticia social. Porque la infamia y los sinsabores crecen con él como crecen con toda una generación, con todo un pueblo hasta lastrar cualquier posibilidad de futuro: “En sus últimos años volvía a ser un niño:/ Se acobardaba del frío proletario/—porque era ya sustancia de sus huesos—/del aroma de salvia, del primer cine mudo”. El poema lo remata la autora con ironía y ternura, ternura que destaca en los versos finales donde el asombro del sujeto poético se apropia del dolor de toda una generación, de las limitaciones y los sinsentidos: “de aquella pulmonía/ con seis años, mi padre”. Por lo demás, la ironía irradia desde el adjetivo “bueno” que se contradice inmediatamente y dialoga con sus contrarios: con la suave aspereza, con la altivez de las botas y los guantes que lo mantienen, al menos aparentemente, al margen de la herrumbre de la miseria, en un retrato intimista (y quizás por eso más acusador) del caciquismo rural de la posguerra:
292 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Pero su señorito, que era bueno, con sus botas de piel y sus guantes de lluvia, una vez lo llevó, en coche de caballos, al médico. le falla la memoria del viaje: lo sacaron del cortijo sin pulso, tenía más de cuarenta de fiebre y había estado a punto de morirse, con seis años, mi padre, de aquella pulmonía. Con seis años, mi padre. (Isabel Pérez Montalbán, Los muertos nómadas, 2001) la denuncia es explícita también en las palabras de Julia Otxoa, poeta que ha mostrado reiteradamente que compromiso estético y social no son incompatibles en el poema, sino que, por el contrario, fundan una unidad necesaria e ineludible. he experimentado siempre un visceral rechazo hacia todas aquellas actitudes individuales o colectivas en las que pudiera detectarse algún tipo de discriminación ideológica, racial, sexual o de otra índole respecto a otros seres humanos. he tenido muy claro, por lo tanto, desde que tenía uso de razón, la absoluta igualdad de todas las personas. (Otxoa, 1997: 172). Posicionamientos políticos en sus diferentes manifestaciones, desde el feminismo a la ecología van a estar presentes en muchos poemas. así Julia Otxoa trata temas sociales desde nuevos y originales puntos de vista, desde las vacas radiactivas a las máquinas tragaperras, en el que la desconfianza en el género humano es manifiesta: “la depravación de esta raza maldita / de chacales”.
293 Compromiso en la poesía española actual yo no he visto nunca el bronx Pero sé de la desolación de un triste lugar de ríos amarillos donde abrevan las caballerías [...] un lugar de árboles de plástico y vacas radioactivas. Pero entiéndeme, no lloro la depravación de esta raza maldita de chacales, sino a sus hijos que dilapidan cigüeñas en vuelo, como juego y danzan afiebrados bajo la luna, ese oscuro concierto de máquinas tragaperras. Es frecuente en la obra de Otxoa la crítica social y el lúcido análisis de situaciones de dominio: “Me niego a creer / en un mundo regido tan sólo / por la persuasión de la espada, / en un tiempo cerrado y excluyente, / donde ondeen gloriosas banderas hechas de mortajas”. Cotiza en bolsa el miedo amor mío, amor mío, el tiempo de al Capone ya ha llegado, es otoño y martes y cotiza en bolsa el miedo (Julia Otxoa, Centauro, 1989)
294 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Porque lo que una persona desea es vivir, vivir sin miedo ni coacciones. así encierra Esperanza lópez Parada su postura vital: “lo que quiere una tórtola es fácil de decir:/ quiere un amplio desierto, una multitud de arena, /una extensión que atravesar y extenuarse./quiere visitar al sabio en su cuarto y llevarle noticias” (Los tres días,1994). así el papel de la mujer funciona simbólicamente encarnada en el emblema de la tórtola (ya no es la “tortolica” de la tradición lírica que necesita tutor y cuidados). quiere viajar, tener algo que contar, por lo que el viaje se plantea como extensión y conocimiento y la reivindicación del logos como autoafirmación y exigencia de igualdad. No en vano, en muchos poemas, en textos de reflexión y crítica, en entrevistas, las poetas se manifiestan contra el papel tradicional5 de la mujer: Creo que las mujeres, aunque con excepciones, claro, siguen teniendo menor consideración social que los hombres. Creo que la mujer tiene que seguir desempeñando el papel tradicional de ama de casa, aunque lo compagine como pueda con el trabajo fuera de ella. Personalmente, lo tengo asumido ya como inevitable, pero creo que hay que seguir luchado porque cambie esta situación injusta. No sé hasta dónde influye en mi obra, pero sin duda la falta de tiempo me impide concentrarme en ella todo lo que quisiera. (Ángeles Mora). Cristina Peri Rossi es otra de las poetas donde la denuncia social es más evidente. En el poema “Proyectos” retoma un tema que ya había tratado Ángela Figuera (El grito inútil, 1952) al reivindicar el 5 Son las mujeres poetas las que ofrecen numerosos textos en este sentido. a ello nos hemos referido en ¿Qué cantan las poetas de ahora?, arcibel, Sevilla, 2008.
295 Compromiso en la poesía española actual derecho a la maternidad, entendida como posibilidad de ofrecer al hijo una vida digna, sin falsas resignaciones: “Serán las madres las que digan: basta / [...] serán las madres todas rehusando / ceder sus vientres al trabajo inútil / de concebir tan sólo hacia la fosa” Podríamos hacer un niño y llevarlo al zoo los domingos. Podríamos esperarlo a la salida del colegio. Él iría descubriendo en la procesión de nubes toda la prehistoria. Podríamos cumplir con él los años. Pero no me gustaría que al llegar a la pubertad un fascista de mierda le pegara un tiro. (Cristina Peri Rossi, Diáspora, 1976) El tema de las difíciles relaciones en la pareja y los terribles y continuados malos tratos es otro de los motivos que han recibido atención en la poesía contemporánea, en la que la lucha contra el poder patriarcal está presente en muchos poemas, así como la desconfianza en el género humano que les lleva a posturas que no descartan el nihilismo posmoderno, aunque inciden en posiciones de denuncia. En el rechazo a la violencia social, y muy en particular a la violencia de género, coinciden hombres y mujeres en poemas muy recientes6. Destacamos en este sentido cómo cada vez más asistimos 6 Final de entrega. Antología de poet@s contra la violencia de género (2006), Córdoba, litopress.
296 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 a la construcción de imágenes de mujer por parte de los poetas, imágenes alejadas del machismo de otros momentos históricos, mucho más solidarias, en las que las mujeres aparecen como compañeras y en las que se denuncia el dolor y la violencia, el desprecio por razón de género: Me quedo acurrucada en un rincón del dormitorio esperando que vuelvas y sigas arrasando con gestos de desprecio, con golpes y con gritos aquel campo de amor que cultivamos juntos. (luis a. de Cuenca, “la maltratada7”) * * * Golpea la pared con el puño, muy fuerte, tanto que vibra toda la casa. Como un animal herido se tumba en la cama. Ella duda un instante pero se acuesta a su lado, con los ojos muy abiertos. ( Pablo García Casado, “animal8”) * * * haz con el miedo el último gazpacho y bebe a tu salud Pero no le perdones porque sí sabe lo que hace. (Enrique Gracia trinidad, “buena nueva9”) 7 Ibid. 8 Ibid. 9 Ibid.
297 Compromiso en la poesía española actual aunque hay casos en los que la mujer, cansada de ser víctima, se convierte en verdugo. así lo muestra el poema de Vicente luis Mora con un realismo que verdaderamente produce escalofrío por lo que tiene no de resolución de la violencia, sino de ajuste de cuentas, de escalada terrible del terror entre fieras humanas. ahora es ella la que acecha la embestida mortal del hombre para devolvérsela: Este cuchillo me dará firmeza Cuando él cierre los ojos para hundirse definitivamente en mí, tendrá entre mis piernas otro pene erguido [...] Oigo la puerta. Debo tener calma. Este cuchillo me dará firmeza. (Vicente luis Mora10) Para Álvaro Valverde la clave del dolor reside en la mirada: el ojo tumefacto que observa con pavor, las cicatrices, el silencio y la vergüenza, quizás también algo de esperanza al final del túnel. Su mirada, sólo veo el pavor de su mirada Observo, sí, su ojo amoratado, esa ceja partida, el hilillo de sangre que baja del oído 10 Ibid.
304 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 ción, muchas veces desde la denuncia de la esclavitud por cánones estéticos o bien desde el tratamiento de temas inéditos como la anorexia o la mutilación genital. Mutilación No se llama Veva. tampoco Carmen. Desconozco su nombre. El espeso abrazo de la yedra escalando su casa. Pero la imagino con el fruto jugoso de su cuerpo desgranando placer en el inabarcable instante del fuego que arde bajo la piel. lejos de la perversa cuchilla que ha segado su clítoris. a este lado del azahar y la alegría azul de las madres. Una dulce muchacha desnuda. (Carmen busmayor, Cuaderno de África, 2002) Frente a un mundo donde las mujeres siguen oprimidas por razón de género, además de por razones económicas o de pertenencia a clase social, igual que los hombres, las poetas proponen la
305 Compromiso en la poesía española actual denuncia y la solidaridad; posturas que van desde el ecofeminismo a lo que denominan sororidad o hermandad femenina. así lo hace notar Cinta Montagut al referirse al silenciamiento del cuerpo de las mujeres tras el burka. Kabul Cruza una sombra la sombra de la calle, inmóvil atraviesa la deriva del agua que súbita abandona su cauce y su sendero para habitar el cerco de la arrugada tela que oculta sus pisadas. [...] Mi hermana. (Cinta Montagut11) Pero la sororidad es una forma de denuncia que debe estar en permanente alerta y no solo en la imputación de las injusticias contra las mujeres, sino que debe crecer en la conciencia de la opresión de los seres humanos. así lo manifiesta Inmaculada Mengíbar al afirmar que las mujeres y en particular las escritoras han de estar atentas a la “única revolución permanente que vale la pena: la de la conciencia de la opresión” (Mengíbar, 1997: 442). De la misma manera que Mario Cuenca Sandoval en El libro de los hundidos (2006) clama por los más desfavorecidos, por los muertos bajo las aguas, por los arrasados por la injusticia, con poemas que se asoman a las grandes catástrofes naturales de nuestro tiempo como son el tsunami (2004) 11 Ibid.
306 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 y la terrible devastación que el huracán Katrina (2005) provocó en Nueva Orleans: “trece veces el mar habrá olvidado el nombre / y habrá olvidado el mérito de todos /Pero en algún espejo que no existe / o que no existe más que en la memoria / ellos siguen haciendo la colada / o peinando a sus hijos”. también el realismo social está presente en “Efecto mariposa” en una endiablada cadena helicoidal que parece sumida en el aDN de la estupidez humana. hombre pierde su empleo y golpea a su hijo avergonzado hijo insulta a una maestra [...] Inmigrante ilegal escupe en los zapatos de ciudadano Comunitario zapatos de ciudadano comunitario aplastan a pequeña Compañía fabricante de bolsos en tailandia [...] americano gordo paga en dólares Enferma a su regreso Muere el día de acción de Gracias Deja esposa y dos hijos El mayor mata niños en Iraq El menor morirá en un atentado. (Mario Cuenca, El libro de los hundidos) Porque poesía y compromiso no deben, no pueden ser realidades separadas no es superfluo recordar que, como avisa el poema anterior, la sociedad global ha generalizado sus injusticias y está perpetuando la marginación y la falta de oportunidades de gran parte de la sociedad, donde las discriminaciones por razón de género, de raza,
307 Compromiso en la poesía española actual de clase o de elección sexual son cada día manifiestas. Frente a esto no es posible el silencio de quienes escriben. REfERENCIAS bIbLIOgRáfICAS bagué quílez, luis (2006), Poesía en pie de paz: modos del compromiso hacia el tercer milenio, Valencia, Pre-textos. bonilla, Juan (1992), Partes de Guerra, Valencia, Pre-textos. busmayor, Carmen (2002), Cuaderno de África, Madrid, torremozas. Castro, Juana (2000), El extranjero, Madrid, Rialp. Correyero, Isla (1998), Feroces: muestra de las actitudes radicales, marginales y heterodoxas en la última poesía española, barcelona, DVD. Cuenca Sandoval, Mario (2006), El libro de los hundidos, Madrid, Visor. de Cuenca, luis alberto (2006), “la maltratada” en Final de entrega. Antología de poet@s contra la violencia de género, Córdoba, litopress. Falcón, Enrique (2007), Once poetas críticos en la poesía española reciente, tenerife, Ediciones baile del Sol. Figuera aymerich, Ángela (1986), Obras completas, Madrid, hiperión. García, Concha (2008), entrevista en Rosal Nadales, ¿Qué cantan las poetas de ahora?, arcibel, Sevilla. García Casado, Pablo (2006), “animal”, en Final de entrega. Antología de poet@s contra la violencia de género, Córdoba, litopress. Gracia trinidad, Enrique (2006), “buena nueva” en Final de entrega. Antología de poet@s contra la violencia de género, Córdoba, litopress. lópez Parada, Esperanza (1994), Los tres días, Valencia, Pre-textos. luque, aurora (2002), Portuaria. Antología 1982-2002, Cuenca, El toro de barro.
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COMPARED LITERATURE AND THEMATOLOgY: PREVIOUS CONSIDERATIONS fOR A fUNCTIONAL READINg Of THE SEA IN LITERARY THEMATOLOgY José Rienda (Universidad de Granada, España) Palabras clave: tematología, literatura comparada, el mar como tema literario. Resumen: los estudios tematológicos forman parte del amplio campo teórico de la literatura comparada. Como tal, cualquier lectura llevada a cabo desde este punto de vista literario requiere enfoques anteriores de tipo funcional y ontológico como conceptos nodales para entender la literatura. En este caso, el mar como tema literario es el elemento significativo de nódulos o específico en el que las consideraciones anteriores mencionadas se construyen. Mots-clés: Thématologie, littérature comparée, la mer comme un thème littéraire. Résumé : les études thématologiques font partie du vaste domaine théorique de la littérature comparée. En tant que telle, toute lecture réalisée à partir du ce point de vue littéraire nécessite des approches précédentes de type fonctionnel et ontologique comme concepts nodaux pour comprendre la littérature. Dans ce cas, la mer comme un thème littéraire est l’élément significatif de nodules, ou spécifique, sur lequel les considérations précédemment mentionnées sont construites.
312 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Keywords: Thematology, comparative literature, the sea as a literary theme. Abstract: The thematological studies are part of the broad theoretical field of comparative literature. as such, any reading carried out from the literary thematological point of view requires previous approaches of functional and ontological type as nodal concepts to understand literature. In this case, the sea as a literary theme is the nodule or specific significant element on which the previous mentioned considerations are built. ONE amongst many other things, «literature is an ideological speech» (Rodríguez 1993: 33), a revisionist axiom of the formalism and historicism which makes possible its understanding as an archaeological fallacy. literature is really an ideological speech subject to be structuralized given its nature based on the speech in and from the language. The linguistic submission of literature enables its widening on independent levels: levels both superficial and with depth, referential and referenced. From this point, therefore, a thematic structuralization is also possible. Definitively, literature is, amongst many other things, as I have already stated, an ideological speech subject to a thematic structuralization with an implied ideological burden, which is unavoidable among all the integrating parts of the communicative act, although in its most simple schematization: that is to say, structure formed by the three integrating parts: transmitter, message and receiver, or, in an equivalent way, author, work and receiver (meaning the public). From this last perspective, Soria Olmedo relapses into the ideological aspect of literature: If tynjanov thinks that the literary series must be related to the rest of the historical series, the literary aspect, according to h. R. Jauss, as a means of communication, passes, in its way to the receiver (meaning the public), through its confrontation with the expectative horizon of that public and, at that time, that horizon is formed
313 Compared literature and thematology by numerous material and mental systems, gestures, practices and institutions. In a few words, the text is a historical product, and these methods (or ways) try to catch it within its specific historicity [...]. In fact, an explicit literary work, related or not to politics, is a specific way of that social space called ideology and it works as a transmitter of specific knowledge embedded in the systems and institutions mentioned above1 (Soria 1983: 5-6). 5-6). TwO The sea as a literary theme. First of all, before starting any historical reconstruction from a thematic perspective, it is necessary to recognize that there is the risk of raising some doubts about the legitimacy of the conclusions that, in this case, can be shown concerning the symbolism of sea writing that appears in literary works. a certain degree of daring is also exposed when connecting the sea as written in literature with the form, class, social environment where the work is written, as if the thematic choice of the sea would not intervene at all in these aspects and its presence in narration was due to other questions not related at all with the ideological aspect. It must not necessarily be understood this way, 1 Si para tynjanov la serie literaria debe ser puesta en relación con las demás series históricas, para h. R. Jauss lo literario, como hecho de comunicación, pasa, en su camino hacia el público receptor, por su confrontación con el horizonte de expectativa de ese público, y a su vez, ese horizonte está conformado por una serie de aparatos materiales o mentales, gestos, prácticas, instituciones. En pocas palabras, el texto es un producto histórico, y estos métodos (o caminos) intentan apresarlo en su historicidad específica [...]. En efecto, una obra literaria explícita en su relación con la política o ajena a ella, es forma específica de ese espacio social llamado ideología, y funciona como portadora de unos saberes concretos que se integran en los aparatos e instituciones arriba mencionados (Soria 1983: 5-6).
320 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 course legitimate) is to work on new aspects or concepts that have not been tackled that much8» (Florit 1988: 17). fOUR. wHY THE SEA IN OUR LITERATURE? The sea, present throughout the centuries in literature, over all the centuries in all literature, appears strange precisely because of construye modelos casi matemáticos de su estructura, etc. Pero el planteamiento de fondo no varía: el poema dice lo que dice [...] y por tanto sobra toda explicación que no sea extraer sus elementos, materializarlos, hacerlos científicos, en una palabra: reconstrucción en abstracto de lo que ya está dicho en concreto en el texto. la única diferencia sería esta: la abstracción del lenguaje crítico –o científico– y la concreción del lenguaje poético. En el fondo, pues, los mismos perros con distintos collares: la crítica actual que critica al comentario, a la glosa, etc. –y con razón– como mera retórica inútil, no se separa un ápice sin embargo de la misma ideología de fondo que subyace en el comentario o en la glosa: esto es, la ideología de la poesía como escritura transparente en sí misma, presencia directa de sí misma [...]. Porque la poesía no es transparente ni directa. Ni siquiera dice nada que no sean huellas, rastros, distorsiones, contradicciones, etc. No las huellas o las contradicciones de la psicología o el alma de un autor, sino las contradicciones y las huellas de una ideología, de un inconsciente colectivo –que el autor vive, naturalmente, pero que también vivimos nosotros–. Por tanto he aquí el único valor real de la crítica [...]: contribuir al conocimiento objetivo de un texto, de su funcionamiento ideológico a la vez consciente e inconsciente». Palabras leídas por Juan Carlos Rodríguez en el Palacio de la Madraza de Granada el día 28 de noviembre de 1988 con motivo de la presentación del libro Troppo mare de Javier Egea, en: Antología de la joven poesía granadina, la General, Granada, 1990, edición de Miguel Gallego Roca, págs. 55-58]. 8 «No hace muchos días oír decir a un notable escritor norteamericano al iniciar una conferencia sobre el Quijote precisamente, cómo es útil muchas veces el regreso al lugar común, a lo muy conocido de un autor o una obra literaria que, por serlo tanto, olvidamos o hasta casi despreciamos en el deseo, muy legítimo desde luego, de trabajar en aspectos nuevos o menos trillados» (Florit 1988: 17).
321 Compared literature and thematology its absence in our literature. We cannot describe it in another way: «the forgotten sea of Spain» (Nadal 1981: 89-90). Certainly, the hispanic letters have not had great sea writers and it seems that sea has not found a specific accommodation in our literature to adapt it to a certain place within its discourses; the Spanish literary sea is shown as an easy piece to find, but with too many battles in its waters to fix it without problems in that ideological puzzle that is literature; battles that have suffered an erosion towards essentialism, spiritualism, intimism, as if the sea only exists as a horizon, at dawn, of song9, as if the sea has never held in its waves fishermen boats that were wrecked in early old age due to work efforts, for example... It is stated: «Spain, aircraft carrier of Europe anchored between the atlantic and the Mediterranean, so many times the launch pad for overseas adventures, country of long coastlines, of people who have earned their living, of emigrants, has not, paradoxically, been a literary republic of sea writers; as if an insurmountable shyness 9 In fact, almost all the studies carried out about this topic and that we have had the chance of analysing, have been tackled possibly, from the most appropriate perspective, due to that intimist or essentialist nature mentioned: we refer to the stylistic perspective. In addition to the works mentioned on footnotes from now on, some examples can be shown such as that of José María Fernández Nieto, El mar y la poesía. Epilírica del mar (Cajal, almería, 1987) or the article of Pedro Granados «The sea as structuring topic in the Fable of Polifemo and Galatea of luis de Góngora» (Lexis. vol. XVIII, 2, lima, 1944). but maybe, the most representative among these works, in our opinion, belongs to Manuel Criado de Val, Atlántico. Ensayo de una Breve Estilística Marina, with foreword written by Karl Vossler (Madrid, 1944), where likewise there are included some theoretical contributions about marine stylistics on one hand, and, on the other hand, an overall perspective about the Imagen atlántica and its aesthetic combination, passing through the mythology, psychology, history, etc.
322 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 stops the pen and discourages our people of words10» (Nadal 1981: 23). It is stated: «Surprisingly Spain, a Mediterranean country “coming out” onto one of the most culturally enriched seas, has not produced great men of words associated with the sea. a handful of poets, one or two novelists, nobody as important as Conrad or Julio Verne with respect to “sea breath” in their pages11» (Díaz Rueda 1981: 89-90). 89-90). It is stated: «It is possible, and it has been done partially, to trace a route of the sea topic in the Spanish writers, but this result is rather disappointing12» (Nadal 1981: 23). It is stated: «The poetry of the sea appears with a meaning of particular importance in the Spanish literature of the century XX [...]. The presence of this topic in the poetry of this present century highlights, even more, if we compare it in contrast with its relative absence in immediate previous periods13» (Correa 1966: 62). It is 10 «España, portaaviones de Europa anclado entre el atlántico y el Mediterráneo, tantas veces plataforma para aventuras ultramarinas, país de litorales prolongados, de gentes que en el mar han buscado su vida, de emigrantes, no ha sido paradójicamente república literaria de escritores del mar. Como si una timidez invencible detuviera la pluma y encogiera el ánimo de nuestras gentes de letras» (Nadal 1981: 23). 11 «Sorprendentemente España, país mediterráneo “asomado” a uno de los mares culturalmente más enriquecedores, no ha dado grandes hombres de letras asociados al mar. algún que otro poeta, uno o dos novelistas, nadie de la talla de un Conrad o un Julio Verne en cuanto a “aliento marino” en sus páginas» (Díaz Rueda 1981: 89-90). 12 «Es posible, y se ha hecho parcialmente, trazar un itinerario del tema del mar en los escritores españoles, pero el resultado es más bien decepcionante» (Nadal 1981: 23). 13 «la poesía del mar aparece con una significación de particular importancia en la literatura española del siglo XX [...]. la presencia de este tema en la poesía del presente siglo resalta, aún más, si la situamos en contraste con su relativa ausencia en épocas inmediatamente anteriores» (Correa 1966: 62).
323 Compared literature and thematology stated: «Certainly, if we had to set the Castilian literature under the sign of one of the four elements, this would not be water. Most of the main Castilian writers slaved away by luminous and harsh lands14» (Navarro 1962: 477). The forgotten sea of Spain, why? The sea, a natural element that, since homero (?), has never stopped beating strongly in time’s immortal works of literature, but its beat has become weak and unhealthy due to so much abstraction, internalization in Spanish literature. Why? What are the differences between our sea and the rest of the literary seas? What are the reasons –always ideological– that hide it, and bury it here, while the sea is stood up as main character in other literature? The answer to these questions seems to escape, in principle, from any annotation. however, we have provided some conclusions in this sense. . In previous works, we have offered keys that explained the ideological operation of the sea matter in contemporary Spanish poetry (vid., Rienda 2000) beginning our long voyage at two different moments of a crucial century of the social and literary series, the Spanish XIX, and following from that point our hindered visit to that huge museum where literature can be shown and in whose rooms, the reader, a «passenger in a museum», walks freely without the need for submitting to chronological arrangement: «One of the ways to present the anthology as genre has consisted of comparing it with a museum, in whose rooms the reader, the “passenger in a museum”, walks freely, subjecting to chronology or doing without it, if he wants to go directly to his favourite poem, since anthol14 «Ciertamente que si tuviéramos que situar la literatura castellana bajo el signo de uno de los cuatro elementos, éste no sería el agua. la mayoría de los principales escritores castellanos bregaron por luminosas y ásperas tierras» (Navarro 1962: 477).
324 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 ogy can space out time, making it pure present time, playing with affiliations and comparisons15» (Soria 1991: 11). 11). The Canción del Pirata of Espronceda as a sea paradigm of Romanticism; La pesca of Núñez de arce as a representative poem of Realism; the De Fuerteventura to Paris of above all a poet16 Unamuno; the atlantic fin-de-siècle enclave of Ramón Pérez de ayala, tomás Morales and alonso quesada offered in El sendero innumerable, Las Rosas de Hércules and El lino de los sueños respectively; the returning seas of Juan Ramón Jiménez in his Diario; the sea appointed by Contemplado of Salinas; and the material (and) historical sea of Troppo mare of Javier Egea were our object of study to establish that the ideological operation of the sea as a subject matter as an attempt at the first answer to the previous questions, and, in which, it is obvious that the symbolic adaptation of sea due to the functional multiplicity with which it has been written in the different historic moments, and, on the other hand, it makes it more suitable for study and analysis due to the scope for socio-criticism than the philology. however, before that, we also looked at some of the native seas of the universal literature to discover some fundamental keys that would become valid later, such as, firstly, the adaptation of the sea treatment to the special features of leisure time of the public 15 «Uno de los modos de presentación de la antología como género ha consistido en asemejarla al museo, por cuyas salas el lector –pasajero en museo– deambula en libertad, sujetándose a la cronología o prescindiendo de ella si se quiere acudir directamente al poema favorito –ya que la antología puede espacializar el tiempo, convertirlo en pura actualidad–, jugando a filiaciones y comparaciones» (Soria 1991: 11). 16 This is the description that Rubén Darío made of him in the foreword to Teresa (1924): «Miguel de Unamuno is above all a poet and maybe only that» (Miguel de Unamuno, Poesía completa. II, alianza, Madrid, 1987, p. 107).
325 Compared literature and thematology listener/reader that it is shown between the Odisea de homero (?) and El viaje de los argonautas of apolonio de Rodas; secondly, the first great ideological value of the sea in the literary texts, which is given by the bionomy of the sea and divine power found in an explicitly functional way in the Eneida of Virgilio as well as a deliberate patriotic demagogy; thirdly, the qualitative jump that brings about the demystification of the sea before the imperative of the didactic request in Las mil y una noches; and fourthly, the use in a game of literary fiction truth and lies about the sea as a literary topic to put it at the disposal of the rulings ordered by the established power, exemplified in an unquestionable manner in Os Luisiadas of Camoens (cfr., Rienda 2003: 89-104). 89-104). From now on, the sea as an object of literary study is presented so widely that it inevitably requires an endless nautical chart, due to the payroll of sea writers that we find significant in this respect: Shakespeare, Swift, Defoe, Melville, Conrad, Verne, Stevenson, Salgari, london..., shall be other ports to reach always equipped with these previous considerations, where literature is a form of knowledge and where the radical historicity of creative, constructive acts, makes it possible to view at any literary text from such a perspective. bIbLIOgRAPHICAL READINgS Historia de la lectura en el mundo occidental (1988), Madrid, taurus. albORNOz, a. de (ed.) (1988), Juan Ramón Jiménez, Madrid, taurus. blOCK, M.h. (1970), Nouvelles tendences en la littérature comparée, París, Nizet. ChIChaRRO, a. (1987), Literatura y saber, Sevilla, alfar. CORREa, G. (1966), «El simbolismo del mar en la poesía española del siglo XX», Revista Hispánica Moderna, XXXII.
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EL SUjETO CULTURAL (POS)COLONIAL Y DE LA POSCOLONIA: ¿HACIA UNA CRÍTICA LITERARIA PARA LOS ESTUDIOS HISPANOAfRICANOS? Clément akassi (Howard University, U.S.A.) Para Edmond Cros, por haber creado una teoría que, entre otras cosas, ayuda al ex sujeto colonizado a descolonizar su imaginario. Palabras clave: literatura hispanoafricana, literatura de Guinea Ecuatorial, sujeto poscolonial, sujeto de la poscolonia, sociocrítica y poscolonialismo. Resumen: ante la reciente emergencia de la literatura hispanoafricana (de Guinea Ecuatorial) y su particular contexto histórico, sociocultural y político, la pregunta pivotal que se plantea es: ¿cómo encontrar las clave de interpretación de la producción literaria ecuatoguineana si esta es precisamente una de las voces olvidadas; una de esas voces subalternas de las letras hispánicas? En este trabajo, trato de responder a este interrogante barajando dos propuestas epistemológicas y hermenéuticas estructuradas en torno a dos clave teóricas: el sujeto (pos)colonial de Edmond Cros y el sujeto de la poscolonia de achille Mbembe. ambos teóricos poscoloniales me brindan asimismo la oportunidad no solo de adentrarnos en la complejidad del poscolonialismo ecuatoguineano sino también de comprobar la eficacia de las herramientas críticas propuestas para interpretar Nambula de Maximiliano Nkogo y Cuentos crudos de Juan tomás Ávila.
336 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Cabe decir enseguida que este eje con varias entradas es la matriz ideológica misma de los discursos poscoloniales. El primer y central rasgo es que los discursos poscoloniales son una alternativa al discurso dominante y eurocentrista sobre la (pos)modernidad. los demás rasgos, que son consecuencias directas del primero, se estructuran en torno a las propuestas teóricas esgrimidas por los portavoces de tales discursos. aunque todas las propuestas me parecen pertinentes, solo las de Cros y de Mbembe dan algunas claras pistas de acercamiento a la literatura hispanoafricana. las razones para tal afirmación se encuentran en el contexto de producción de sus respectivas hermenéuticas. Mbembe es, entre las voces autorizadas de los discursos poscoloniales, el único historiador, filósofo de la política, pensador y teórico africano quien, además, escribió De la postcolonie (2000; On the postcolony, 2001), ensayo sobre la peculiaridad del poscolonialismo africano; mientras Cros, a mediados de los años 90, publicó D’un sujet à l’autre. Sociocritique et psychanalyse (1995; El sujeto cultural. Sociocrítica y psicoanálisis, 2003). Este libro no solo se podría insertar entre los materiales de obligada consulta en el campo de los estudios culturales sino también en el campo de los estudios poscoloniales. ya que Cros describe en él cómo la relación violenta (de irrepresentabilidad del Otro) entre el colonizador español y el colonizado de las américas españolas ‒y por extensión, añadiría yo, entre el colonizador español y el colonizado ecuatoguineano‒ ha cambiado para siempre la «identidad» de los sujetos de la Colonia. En efecto, del choque colonial, ha nacido el concepto operativo de sujeto cultural (pos)colonial11. Este, según 11 Cros habla extensivamente de “sujeto cultural colonial” y recurre al “sujeto poscolonial” al final de su capítulo “El sujeto cultural colonial: la irrepresentabilidad del otro” (41-57). Incluso, en la versión actualizada de La sociocrítica (2009), Cros discurre aún más sobre el poscolonialismo.
337 El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia Cros, ya no puede tener una identidad fija sino movediza, ambigüa, ambivalente (“crisis de identidad”) por el propio contacto colonial y viene a ser considerado como un sujeto cultural (pos)colonial «a la vez indisociable (colonizado y colonizador alternativamente) y sin embargo profundamente y para siempre difractado12 » (Cros, 1995: 53). Para Cros, la relación colonial ha producido un tipo de sujeto cultural (poscolonial) que, entre otras vertientes identitarias, es de tipo híbrido: sujeto colonizador y colonizado, indisociable para ser breve. Por su complejidad, el planteamiento crosiano de la hibridez del sujeto cultural poscolonial es interesante a la hora de acercarse a la literatura hispanoafricana. Pero aquí es donde se me antoja hacer hincapié en la particularidad de Cros ante la hibridez tal y como planteada por homi bhabha, uno de los más estudiados en el campo de los estudios poscoloniales. Es cierto que en su libro clave Location of culture (1994; El lugar de la cultura, 2002), homi bhabha prolonga una reflexión, empezada en la introducción a Nation and Narration (1990; Narrando la nación, 2000), donde afirma (como Cros) que el sujeto colonizador o/y hegemónico occidental ya no se mueve en un lugar poscolonial de cultura auténtica. añade que dicha cultura híbrida está contaminada por el Salvaje, el Sur, el Este, el Tercermundo, el Obrero, etcétera. Como se podría observar, uno de los problemas de la postura de homi bhabha es que lleva la hibridez hasta sus últimas consecuencias: es decir que la transforma en una hibridez idealizada (bhabha mismo temía que se le acusara de «voluntarismo burgués») donde se borran las diferencias y los conflictos vigentes en cualquier formación cultural, llámese poscolonial o no. todo pasa como si, en la tesis de homi bhabha, el colonizador y el colonizado estuvieran en una formación cultural 12 las cursivas son mías, C. a.
338 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 donde el ex sujeto colonizador no tendría prácticas culturales de dominación. Otra aporía es que homi bhabha queda alejado –a su pesar, quizás‒ de las preocupaciones del ex sujeto cultural colonizado por España, al sustituirlo por abstracciones/arquetipos como Salvaje, Sur, Este, tercermundo, Obrero. En este contexto, la complejidad del sujeto cultural poscolonial de Cros me ha parecido como una posible clave hermenenéutica para acercarse a la literatura hispanoafricana. ya que Cros no solo propone un sujeto cultural (poscolonial) históricamente modificado (“indisociable” del Otro) sino también alternativamente (en ciertos casos) dominante, como bien lo podría ser el criollo/blanco ante el sujeto negro en las américas; el negro colonial ante el «subalterno» (lingüístico) chombo/negro antillano de Panamá; el hombre africano ante la mujer africana o el poder africano ante el propio «subalterno» y «hermano» africano. además, la idea pivotal de Cros es que el sujeto cultural poscolonial es un sujeto en conflicto, en tensión (“difractado”) en la medida en que el sujeto colonizador (blanco) y el sujeto colonizado (negro) –que lo con/informan‒ están también en un proceso de conflicto/tensión permanente a la hora de construir la identidad y/o de representar al Otro. así del conflicto racial en las américas españolas; de la «protección» de la cultura nacional contra los «cayucos», «las pateras» u otras representaciones cosificadas del negro en España o en Europa; de la perversa relación entre la ex metrópoli y la ex colonia donde esta viene percibida, en las prácticas políticas y económicas, como la «subalterna» de aquélla. El planteamiento de Cros parece coincidir con las preocupaciones de Mbembe al dar una pista clave de respuesta a la interpelación de este: ¿qué hacer cuando el enemigo ya no es el colonizador sino el ‘hermano’, le frère?; entendiendo por «enemigo» y «hermano», el propio sujeto africano, detentor del poder poscolonial y reproductor de aquella violencia colonial hacia otros africanos (sus conciudadanos, sus «hermanos»). Digamos que
339 El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia la episteme de Mbembe es un eco de una de las tesis centrales de los discursos poscoloniales. y está expuesta de la manera siguiente: la violencia de la empresa colonial no radicaba sólo en la violencia del modo de producción esclavista o del trabajo forzado colonial sino también en la violencia de la colonización del imaginario y sus mitos. Es decir: universalismo del humanismo occidental, cristianismo civilizador, superioridad cultural de los conquistadores/colonos y el mito subsiguiente de que las «razas de color» (¿pero cuál de las razas no tiene color?)‒ son razas sin historia. Esta hipótesis de trabajo informa el ensayo de Mbembe cuyo concepto operativo de poscolonia nos interesa aquí. Para Mbembe, la poscolonia sugiere la violencia estructural de los poderes absolutos –donde los haya‒ como legado de la relación colonial misma (2000: 139-140). Incluso, como Cros, Mbembe piensa que la relación colonial había fomentado cierta no-representabilidad del Otro. Es decir que la única forma para el sujeto colonizador de representar al sujeto colonizado era mediante la violencia o la satanización/diabolización. De modo que para mí, la poscolonia de Mbembe hace advenir un sujeto (el «hermano-enemigo») que llamo el sujeto de la poscolonia, sujeto de poder y reproductor de la figura del sujeto colonizador. a éste se contrapone el sujeto cultural poscolonial13, pero el sujeto difractado, dominado y en proceso de resistencia y de subversión en el conflicto que le opone al sujeto de la poscolonia, sujeto de reproducción de las prácticas coloniales del sujeto colonizador. En resumidas cuentas: donde el sujeto de la poscolonia reproduce, el sujeto poscolonial subvierte. De ahí que pretendemos, por un lado, mostrar a continuación cómo los discursos del sujeto (del poder) de 13 a lo largo de este trabajo, he ido usando indistintamente el sujeto poscolonial por sujeto cultural poscolonial; sujeto colonizador por sujeto cultural colonizador y sujeto colonizado por sujeto cultural colonizado.
340 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la poscolonia ecuatoguineana se enmascaran ideológicamente bajo la autenticidad identitaria y ciudadana/política para reproducir y mantener la violencia estructural de la Colonia. Por otro, queremos hacer hincapié en el hecho de que el sujeto poscolonial entra en un proceso de transgresión que mediatiza una renegociación/alternativa política, ciudadana y sociocultural. EL sujeto de La posCoLonia VS sujeto posCoLoniaL EN LA LITERATURA HISPANOAfRICANA (ECUATOgUINEANA): CASO DE TOMáS áVILA LAUREL Y DE MAxIMILIANO NKOgO breves apuntes sobre el pensamiento de Tomás ávila en derecho de pernada (2000) El derecho de pernada es a la vez un concepto derivado de las prácticas feudales del medioevo europeo y el título de un ensayo del escritor ecuatoguineano Juan tomás Ávila (2000). Remite históricamente a la práctica señorial o despótica de poseer a los seres y a los bienes. Según Ávila, una de las mayores similitudes entre la Edad Media europea y la Guinea Ecuatorial poscolonial es el feudo o mejor dicho la finca y la servidumbre: todo el pueblo, desde niños hasta ancianos, estaba obligado a trabajar por el presidente y su familia. Guinea era una finca particular de Macías y sus familiares y amigos. hasta había desplazamientos desde puntos lejanos para trabajar por la patria, Macías. Pero era un trabajo sin remuneración, en el que se esperaba las muestras de liberalidad del jefe cuando entregaba un sobre de dinero a una comunidad. ya ni había rubor en convertir el palacio presidencial en
341 El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia banco. los créditos los daba personalmente el presidente, el dinero del pueblo acumulaba y se acumulaba, para sus gastos y los de su familia (Ávila, 2000: 14). El Estado-Nación guineano, en opinión de Ávila, se había convertido en Estado-Plantación (“finca particular”) del primer-SeñorPresidente de Guinea y sigue siéndolo14. Es de notar también que en el Estado-Plantación, el presidente tenía el derecho de «poseer» al pueblo guineano como quisiera, hasta el derecho de negarle uno de sus derechos sociales: el de ser pagado a cambio de trabajo. la fortuna –como suerte y como bien material‒ dependía de otro derecho del presidente: la de decidir sobre «la vida o la muerte» social del pueblo. De ahí, creo yo, venían y vienen por ende todas las prácticas perversas del funcionamiento de la nación y del Estado de Guinea Ecuatorial: represión militar y práctica política y económica de índole paternalista y de monopolio familiar. además, no sería de más incidir en el hecho de que el discurso sobre el nacionalismo o la autenticidad nacional había servido de acicate a Macías Nguema para rechazar la herencia española de la manera como se pudiera. Como, por ejemplo, condenar a la Iglesia Católica, cerrar la única biblioteca del país (la biblioteca Pública de Santa Isabel15), la Catedral de la misma ciudad y perseguir a muerte a algunos misioneros españoles, únicos encargados de la instrucción de los guineanos (Onomo & Otabela, 2004: 22). total que el derecho de pernada en los tiempos férreos de Macías Nguema era aquella visión del Estado-plantación, 14 la única evocación del siglo XXI basta para aludir a Obiang también que es presidente desde 1979. barajamos que Ávila elude el nombre de Obiang quizá porque siga viviendo en el país. 15 hoy, Santa Isabel es Malabo.
342 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 familiar y violenta. Visión que tampoco desapareció porque después del golpe de 1979 y de la promesa democrática, Obiang empezó emplazando el advenimiento –por lo menos formal16‒ del multipartidismo en la medida en que pensaba que sólo Él y a fortiori, su partido, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), tenían la sabiduría necesaria para mandar en el país (asangono, 1993: 96-97). había y sigue habiendo también una voluntad de omnisciencia paternalista llevada hasta sus últimas consecuencias, hasta la caricatura grotesca como por lo menos lo describe Donato Ndongo en una de sus entrevistas: y, como yo personalmente he sido durante casi cinco años corresponsal de la agencia de noticias EFE en mi país, puedo dar testimonio de las presiones y amenazas sufridas. algunos escritores, para publicar su obra, la pasan antes a la lectura del Presidente de la República para «curarse en salud». Si él lo permite, adelante. Si tuerce el gesto, el libro o artículo se archivan y no ven la luz. (Ndongo, 2008: 201). Como el poder paternalista pretende ser la única fuente de saber auténtico, todo saber entre las manos aniñadas del pueblo que no lleve su visto bueno está volcado a la nada. Nótese, al paso, que hasta los escritores ecuatoguineanos, unos de los supuestos depositarios del saber ilustrado, sufren este castigo paternalista. Es de recordar además que por mucho que Obiang hubiera dicho poco después de su golpe de Estado que «Guinea había carecido de bienestar y de normalidad 16 Finalmente los partidos fueron autorizados a expresarse –bajo custodiaa partir de 1992.
343 El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia bajo la dictadura de Macías» y que «abogaba por una Guinea mejor» (1993: 181), la verdad es que el despotismo económico es lo que sigue imperando en el país. Meramente porque el segundo recurso natural del país –la madera‒ está en las manos del primogénito de Obiang mientras el primero, el banquete petrolero, está a cargo del menor de los hijos que son ministros, desde luego. El derecho de pernada llevado a cabo sucesivamente por Macías Nguema y su sobrino Obiang parece ser una práctica política vigente en muchos países tal y como lo reconocen el propio Ávila y Mbembe. ambos, en efecto, están de acuerdo con que la violencia estructural de los poderes absolutos africanos no es solo un avatar tribalista17 sino más bien una herencia de las violentas prácticas del amo colonial (Mbembe) y de sus viejas prácticas feudales europeas (Ávila); además, ambos se sitúan en una corriente del pensamiento poscolonial que toma en cuenta los intríngulis de la realidad africana18. Sugieren que el sujeto poscolonial africano está ya en proceso de recuperación de su propia historia al vestirse de su propia memoria porque ya que no es aquel negro «desnudo» (Glissant) por la esclavitud y la colonización; trata asimismo de descolonizar su imaginario y tampoco acepta resignado el papel de subalterno impuesto por el sujeto de la poscolonia, ese hermanoenemigo africano. 17 Marvin lewis trata del tema también en su ensayo An introduction to the literature of Equatorial Guinea. Between colonialism & dictatorship (2007), 18 En De la postcolonie, Mbembe habla de un pensamiento « afrocentrista » en sus primeras páginas.
344 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 EL sujeto de La posCoLonia VS EL sujeto posCoLoniaL: TENSIÓN Y CLAVE HERMENéUTICAS PARA DESENMASCARAR LOS DISCURSOS DE (NO) REPRESENTACIÓN EN Cuentos Crudos Y nambuLa El paratexto19 de la dedicatoria en Nambula de Maximiliano Nkogo (2006) reza así: «a helen Fielding, Fundadora de Nambula» (3). helen Fielding es la autora inglesa del famoso Diario de Bridget Jones (1996), pero su verdadera primera novela era Cause Celeb (1994) traducida al español por Ricos y famosos en Nambula (1999). En el libro, Rosie, la protagonista, es una joven inglesa desengañada que se traslada a Nambula, un país africano, para trabajar en un campo de refugiados. Pero para acabar con una plaga de langostas, tiene que pedir la ayuda de ricos y famosos de su país. Ella se sirve además de un tono sarcástico para denunciar la relación de condescendencia entre Occidente y los llamados países del «Sur», subdesarrollados o en vía de desarrollo. En cuanto a la novela Nambula de Nkogo mediatiza desde luego una intertextualidad de ficción geográfica y al mismo tiempo nos prepara a leerla de acuerdo con el preconstruido ideológico20 de la relación poscolonial entre Occidente y los países africanos. ahora bien, según Cros, el intertexto no es sólo una mera filiación de un texto 2 a un texto 1 que lo precede sino entra en un mecanismo de reproducción o de desconstrucción operada por la estructura textual. En Nambula, tras la obvia intertextualidad 19 El paratexto se refiere a «títulos, prefacios, epílogos, advertencias, prólogos, etc.; notas al margen, notas al pie de página, finales; epígrafes; ilustraciones; fajas, sobrecubierta y muchos otros tipos de señales accesorias» (Genette, 1989: p. 11). 20 Como althusser o Cros, entiendo la ideología como representación; aquí, la representacion de las relaciones poscoloniales entre Occidente y países africanos o del Sur.
345 El sujeto cultural (pos)colonial y de la poscolonia geográfica está la descontruida intertextualidad ideológica ya que a la representación ajena y occidental de Nambula: En la prensa extranjera así como en los comentarios de las sedes diplomáticas muchas personas hablan de Nambula sin conocerla apenas, lo que hace que en ocasiones la pinten más negra de lo que es [...]. algunos, haciendo alarde de sus conocimientos geográficos, la sitúan intuitivamente en américa del Sur; otros en Europa del Norte, y no faltan quienes creen que se encuentra en algún punto cardinal de Oceanía (Nkogo, 2006: 5)21 se contrapone otra, expuesta por el narrador omnisciente: Sin embargo, Nambula es un pequeño país del África negra, una ex-colonia de varias potencias europeas, enclavada entre elevadas montañas, ríos caudalosos y árboles robustos y fornidos, convertida hoy en un mundo tan complejo y fascinante [...] (Nkogo, 2006: 5). Nambula redistribuye/desconstruye los discursos de representación del país africano porque entran en un conflicto que inscribe en el texto la presencia de dos instancias narrativas distintas ‒una del 21 Prueba de la arrogancia del discurso político u oficial occidental, discurso –por cierto heredado de la coloniade representación del mundo occidental como depositario del saber universal y absoluto, es la lectura que hicimos el día 15 marzo de 2009 en el Washington Post (EEUU) donde un hombre proclamado experto en asuntos del SIDa en África del Oeste, se puso a mencionar Kenya y zimbabwe como tales países de África del Oeste.
LA CONfAbULACIÓN DE gILLES DELEUzE Y féLIx gUATTARI: ESCRITURA LITERARIA CONTRA fLUjOS DE PODER antonio J. alías (Universidad de Granada, España) la vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir? Gilles Deleuze Palabras clave: Deleuze-Guattari, ‘literatura menor’, filosofía, devenir, fábula. Resumen: En este artículo se ponen en relación las concepciones de filosofía, literatura y poder con las que Gilles Deleuze y Félix Guattari crearon su particular modo de pensamiento. así es como, en contra de una hegemonía que se extiende desde el logos hasta el signo lingüístico, la literatura supondría, en algunos casos concretos de la literatura universal, un espacio político capaz de cuestionar el establecimiento de la historia oficial por medio de la ficción tantas veces subestimada. Mots-clés: Deleuze-Guattari, ‘littérature mineure’, philosophie, devenir, fable. Résumé: Cet article met en rapport les conceptions de philosophie, littérature et pouvoir avec lesquelles Gilles Deleuze et Félix Guattari ont créé leur particulier mode de pensée. C’est ainsi que, contre une hégémonie qui s’étend depuis le logos
354 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 jusqu’au signe linguistique, la littérature suppose que, dans quelques cas concrets de la littérature universelle, un espace politique capable de remettre en question l’établisement de l’histoire officielle grâce à la fiction très souvent sous-estimée. Keywords: Deleuze-Guattari, ‘minor literature’, philosophy, becoming, fable. Abstract: This article connect the conceptions of philosophy, literature and power with the conceptions with ones Gilles Deleuze and Félix Guattari created their particular way of thinking. like this, against the hegemony that extends from the logos until the linguishe sign, the literature would suppose, in some concrete cases of the universal literature, a politic space able to question the official history through fiction so many times undirestimated. Menos es más, decimos siempre que queremos valorar equitativamente algún aspecto, en principio sin importancia, respecto a una máxima muy considerada. lo que no vemos con tanta claridad de este menos es más, es que, simultáneamente, se trata de un ejercicio que subestima tales máximas en términos cuantitativos (pocos frente a muchos), pero también en aspectos cualitativos (oprimidos pero contentos). De alguna manera menos es más encierra una política de a pie que comprende una autoestima co-medida ante los estigmas, sean estos sociales, políticos o, sencillamente, existenciales. Por eso, menos es más suena a máxima política, aunque esta sea la expresión soberbia de una minoría que continuamente se postula ante una mayoría que le recrimina o infravalora. y es, precisamente, en esa relación donde la expresión obtiene su principal efecto, pues ¿qué sentido pueden tener, si no, estas palabras que las de aminorar o disminuir el poder al tiempo que propicia un estado de ánimo vital y colectivo? o dicho en otros términos, ¿no es también poderoso aquello que incomoda al poder mayúsculo? ¿No hay actos que se escapan siempre a la norma o ley? Desde luego, Gilles Deleuze, en amistad con Félix Guattari, se adhirió a esta revolucionaria expresión, “Nada más grande y revo-
355 la confabulación de Gilles Deleuze y Félix Guattari lucionario que lo menor” (Deleuze; Guattari, 1978: 48), con el fin de sumar fuerzas de pensamiento y, así, poder combatir a una institución tan cimentada en la cultura occidental como es –entre otras1– la filosofía (fuertemente academizada en disciplinas universitarias) a la que, paradójicamente, ellos mismos se adscriben. El resultado no es otro que una revolución expresiva que se fuerza desde este lugar de poder, es decir, desde la filosofía misma. Por tanto, el ejercicio de Deleuze junto a Guattari pone contra las cuerdas a una filosofía que se impone pero que no cubre. Siempre quedan los resquicios, las fugas, las fisuras o las grietas en la estructura que, de hecho, también forman parte de ella. Por denominarlo de alguna forma, lo que singularmente realiza esta alianza de pensamiento no es otra cosa que una derivación filosófica que parte de un centro definido y recorrido –lugar común, si se quiere–, al que pretenden voltear, zarandear hasta su refundición. Precisamente esto es lo que se ha dado a conocer, dentro de ciertos programas docentes –más como un modo de organización en el ámbito de la teoría y estudios culturales que en filosofía–, con el tan traído prefijo post: algo que es posterior a lo que ha sido y, por tanto, ya no es (que ya fue). Postfilosofía o no, lo cierto es que Deleuze no crea un sistema diferente de la filosofía, aunque sí constata, a través de algunos de sus grandes tópicos, su agotamiento como lugar de pensamiento (badiou, 2008: 56). así que menos es más bien pudiera trazar aquí un recorrido minimalista sobre ideas máximas en su devenir político hacia la literatura. 1 Es pertinente recordar que la obra de Deleuze y Guattari se forjó en contra del “imperialismo del significante” como lugar de representación y, por ende, al ejercer un régimen de control sobre cualquier tipo de expresión (también artística). Para este tema consúltese Deleuze, Gilles; Guattari, Félix, El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, barcelona, Paidós, 2009. p. 215.
356 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 la idea de realizar un artículo en el que se vinculan literatura y poder resulta, ya desde el principio, una empresa difícil cuando no imposible de abarcar. Dificultad porque, si bien las relaciones entre ambos ámbitos se antojan múltiples e, incluso, invisibles, al ostentarlas Gilles Deleuze sugieren un plus atención, más por lo personal de su planteamiento que por las materias tratadas en sí. Precisamente, es en el vínculo, en la conexión entre literatura y política, donde el filósofo francés hace pasar su ejercicio de pensamiento; un desplazamiento que él mismo ha declarado como devenir de la filosofía: hacer del pensamiento algo tan creativo hasta que se confunda con lo poético (Pellejero, 2007: 223). y de eso se trata, de atravesar territorios y espacios previamente definidos hasta alcanzar la poiesis inmediata entre algo nuevo por conseguir y algo distinto que decir. Propiamente, una invención que, epistemológicamente, reconocemos en lo interdisciplinar o –aproximándonos más a la herencia nietzscheana de Deleuze– en lo intempestivo, en lo inactual que vendría a caracterizar, pues, al pensamiento. De esta manera es como la filosofía muestra su doble cariz en tanto que actitud frente a una época y como búsqueda. y de ambas es de donde se desprende, entonces, su sentido crítico (resistencia, rebeldía) y creativo. Esto es, según el pensador francés, lo que convierte a la filosofía en un “arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos” (Deleuze; Guattari, 1996: 7) que cuestiona lo establecido a la vez que surge de esa fractura condicional. la conjunción entre filosofía (deleuziana) y literatura participa en ese desaforamiento de las verdades absolutas para hacerse equiparables en un envés que es mutuo, como dice Juan Carlos Rodríguez retomando al francés (Rodríguez, 1995). la atención a la literatura en Deleuze se ha de entender en la medida en que esta, como el arte en general, nos interrelaciona con el mundo o lo que es igual, lo que nos sustenta creativamente en el mundo y no simplemente
357 la confabulación de Gilles Deleuze y Félix Guattari como mera representación en él. Por eso, la literatura se realiza como proceso de individuación y acontecimiento donde Deleuze/Guattari establecen la relación (o agenciamiento) entre sujeto y objeto, –en este caso: la totalidad de signos mundanos que lo rigen pragmática y socialmente2–, y una vía por la que desarticular los clásicos presupuestos de la filosofía occidental. De hecho, ya antes –en su primer trabajo dedicado íntegramente a la literatura, Proust y los signos– el filósofo muestra, si no una política explícitamente en términos de poder o dominio, sí una política de intenciones estéticas basada en una violencia sobre el logos: Nadie ha insistido tanto como Proust en que la verdad es producida, que es producida por tipos de máquinas que funcionan en nosotros, extraída a partir de nuestras impresiones, hundida en nuestra vida, expuesta en una obra. Por esta razón, Proust rechaza con tanta fuerza el estado de una verdad que no sea producida, sino solamente descubierta o al contrario creada, y el estado de un pensamiento que se presuponga a sí mismo al colocar 2 “llamamos regímenes de signos a toda formalización de expresión específica, al menos en el caso en el que la expresión es lingüística. Un régimen de signos constituye una semiótica […] De ahí la necesidad de volver a una pragmática, en la que el lenguaje nunca tiene universalidad en sí mismo, […] en realidad, existe muchos regímenes de signos. Nuestra lista es arbitrariamente limitada. No hay ninguna razón para identificar un régimen o una semiótica con un pueblo, ni con un momento de la historia. En un mismo momento o en un mismo pueblo, hay tal mezcla que lo único que se puede decir es que un pueblo, una lengua o un momento asegura el predominio relativo de un régimen. quizá todas las semióticas sean mixtas, se combinen no sólo con las formas de contenido diverso, sino que también combinen regímenes de signo diferentes”. Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Valencia, Pre-textos, 2004, pp. 117-125.
358 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 delante a la inteligencia, reuniendo a todas sus facultades en un uso voluntario que corresponde al descubrimiento o la creación (logos) (Deleuze, 1972: 152). De esta idea de un arte productivo florecerá la ‘máquina literaria’, concepto creado a partir de la Recherche proustiana y que será el principio del personal giro pragmático de Deleuze al apuntar con éste que “la obra de arte moderna no tiene problema de sentido”, puesto que la interpretación es un acto de búsqueda perpetuo, sino que el suyo es sólo un problema de uso de esas interpretaciones ocasionales. la consecuencia de esta valoración propicia el cambio de rumbo en el pensamiento del francés. Se abandona así el interés muy fenomenológico de conocer cómo se producen las individuaciones (subjetivas) desde la literatura (hacia el mundo), para trazar un amplio mapa de procesos creativos, un régimen postsignificativo destinado a evaluar estas fuerzas artísticas en lo real, esto es, en cuanto a su implicación con todos los sistemas culturales y sociales. Esto que suena tanto a semiótica –no en vano coincidió con su explosión en el ámbito de los estudios literarios–, acabaría por ser un intento de hacer de la literatura una serie de casos concretos (pero no ejemplares) donde sus signos operan, no sin problemas, en el complejo relacional llamado mundo. y es que el de Deleuze es un pensamiento que parte de una ontología trascendental, pero que acaba poniendo pragmáticamente los pies sobre la tierra. En todo ello, desde luego, puede haber tenido que ver el trabajo compartido con Félix Guattari o las implicaciones políticas del Mayo del 68, ya que, desde entonces, su obra comporta una componente política evidente que servirá, no obstante, para redefinir las acepciones politizadas en la expresión del lenguaje literario. así, sumisión, dominio, condena u opresión pasan a ser, en el caso dedicado a la obra de Kafka, palabras con una carga política que
359 la confabulación de Gilles Deleuze y Félix Guattari en la fábula van a producir la expresión de otra política distinta, una política que deviene en la disposición colectiva de su enunciado como ficción: Nosotros no creemos sino en una política de Kafka, que no es ni imaginaria, ni simbólica. Nosotros no creemos sino en una máquina o máquinas de Kafka que no son ni estructura ni fantasma. Nosotros no creemos sino en una experimentación de Kafka; sin interpretación, sin significancia, sólo protocolos de experiencia (Deleuze, 1978: 17). De la misma manera que el plural mayestático de esta declaración es realmente una escritura a cuatro manos, la literatura entendida por Deleuze y Guattari no funciona en un ámbito aparte o inválido, todo lo contrario: va a formar parte de lo real desde el espacio de la fábula. Para ello tendríamos que tener en cuenta que la fábula o ficción de Deleuze es derivada de la función fabuladora bergsoniana, vinculante a la representación de lo real en cuanto que esta abre un necesario espacio virtual que equilibra las relaciones entre lo social y lo individual (Pellejero, 2007: 289). Resumiendo: fabular es una reacción defensiva que regula y cuestiona a la otra con la que tenemos que rendir cuentas. Esto último es importante para retomar la cuestión política en Deleuze, ya que nos lleva de nuevo a su idea primera donde la literatura funcionaba, sobre todo en la anteriormente mencionada centrada en Proust, contra una lógica imperante o una significación dada, ya que el escritor “inventa dentro de la lengua una lengua nueva, una lengua extranjera en cierta medida” (Deleuze, 1993: 9). De ser esto medible, lo sería en el impacto que supone la escritura literaria como correlato fabuloso respecto a las posiciones hegemónicas y ostentadoras de la verdad
360 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 de otros discursos. En esta relación crítica con los flujos de poder surge, ciertamente, la política deleuziana. antes era el logos, la representación o la razón, ahora la batalla se torna contra la historia (entendida ésta como representación de verdades establecidas) y a favor de lo inestable, lo poético y lo imperceptible que encarna ese desplazamiento atemporal llamado devenir. las resonancias metafísicas, que provienen de la desvalorización de lo histórico (consensuado, único), frente a una filosofía del acontecimiento (multiplicidad de singularidades), se entremezclan, pues, con un sentido propiamente político al darse este encuentro de fuerzas representativas y lo que propiamente no tiene representación; en otros términos: entre lo mayor y lo menor. la dicotomía señalada por Deleuze describe, si se permiten términos discursivos, el poder totalizador de la gran historia antepuesto a las liberadoras fuerzas creativas de la literatura como discurso menor e, incluso, residual. Como antes se dijo, hay en todo esto el empeño de deshacer las fronteras entre realidad y ficción que la lógica discrimina entre lo verdadero y lo falso, pero para Deleuze ambas categorías dejan de tener valía para dar cuenta de las expresiones artísticas. afirmar lo contrario sería negar el sentido inexplicable que se adhiere a lo lógicamente ordenado. El devenir, por eso, sería lo constitutivo de un mundo incompleto y, en ese sentido, siempre por realizar o realizándose continuamente. Si este devenir se desvincula de lo histórico, la política de Deleuze no puede ser propiamente una política, sino una micropolítica, una política de lo menor: Romper con la historia, en este sentido, es romper con esta política mayor que confisca todas las potencias del movimiento y de la creación, de la mudanza y del pensamiento, a cambio de una representación, del reconocimiento de un estado de (der)echo y un lugar en el status quo [...]
361 la confabulación de Gilles Deleuze y Félix Guattari Romper con la historia es también romper con la dialéctica del espíritu y su lógica de la alienación, con la idea de una realidad bien centrada y de un lenguaje postulado para la comunicación de los hombres (Pellejero, 2007: 230). la reivindicación de lo menor en Deleuze valdría, pues, para redefinir las relaciones entre categorías teóricas como centro y márgenes, canon o fuera del canon si no fuera por lo singular de sus apreciaciones, porque si no ¿cómo se entiende que literatura menor sea Kafka, artaud, Genet o lawrence? Estos nombres, que hoy reconocemos dentro de una literatura Universal son, paradójicamente, para Deleuze literatura menor por instalarse en una senda inconformista y que bien puede entenderse desde el atrevimiento de las vanguardias (pero sin caer en fines vacuos) o también por su disposición a la experimentación (sin abandonar lo cognoscitivo). la revolución micropolítca del arte lo será siempre respecto a la totalización de un arte institucional. Esto en literatura se expresa perfectamente con el verbo con-fabular. queda claro que la conspiración, siempre imperceptible y de una minoría, sea respecto a una mayoría, aunque en el caso de la literatura –y aquí lo interesante de las propuestas deleuzianas– sucede el seno de su propia escritura. De ahí que, en su obra sobre Kafka, el filósofo francés esclarezca que “una literatura menor no es la literatura de un idioma menor, sino la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor” (Deleuze; Guattari, 1978: 28), donde los problemas individuales no solo están expresados ante los poderes efectivos de un conjunto mayoritario, sino también determinados por un uso concreto de esa lengua mayor desterritorializada. Según Deleuze y Guattari: Kafka define de esta manera el callejón sin salida que impide a los judíos el acceso a la escritura y que hace de
368 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Non seulement ils ont à voir avec un changement dans le format cybertextuel et la conception de l’œuvre littéraire, mais aussi avec les thèmes de l’écologie des nouveaux médias avec la littérature imprimée. Deuxièmement, nous proposons à partir de ce cadre théorique le développement d’une recherche de l’écriture de la technologie que Poster appelle un deuxième âge des médias, dans la narrative actuel à partir d’un corpus de textes du Río de la Plata. Key words: Simulacrum, Postmodernism, Media Theory, technology, New literary Realisms, latin american narrative. Abstract: Firstly, the aim of this article is to order some of the most important theoretical advances in media theory throughout the nineties which can be useful to understand some of the transformations of literature from our present. These changes do not have to do merely with some formal changes in the format and modes of functioning of the texts (such as those implicated by cybertextuality), but also with the transcription of new media ecologies in literature. Secondly, I would like to propose a corpus of Uruguayan and argentinean texts in which I have tried to read the transcription and awareness of the Second Media age technologies. INTRODUCCIÓN: TEORÍA PARA IR MáS ALLá DE UNA TELEVISIÓN qUE IDIOTIzA Es de Enzensberger la afirmación autoirónica de que la mayoría de las teorías posmodernas sobre los procesos simulacionales de la cultura termina resumiéndose en un axioma que podría haberles ahorrado muchos esfuerzos, el de que, simple y llanamente, “la televisión idiotiza” (Enzensberger, 1991). En la provocación de Enzensberger hay una crítica de la teoría de la manipulación, de estirpe marxista y frankfurtiana, y de todos aquellos que, contra las recomendaciones de Umberto Eco, revelaban, a pesar de las salvedades hechas en sus prólogos, una cierta toma de distancia imposible respecto de los medios, la tecnología y la cultura de masas. Ello como si estos no fueran también, quizás más intensamente que otros muchos, usuarios de esta tecnología, consumidores ellos mismos de la cultura de masas, como si, en definitiva, y a pesar
369 Del simulacro a la virtualidad de sus visiones más o menos apocalípticas, el pensamiento propio –pero no el ajeno– pudiera escapar de la entropía (lyotard, 1993), lo metastásico (baudrillard, 1994) o no revistiera las cualidades del “postpensamiento” (Sartori, 1998). El espíritu revisionista de la posmodernidad también ha influido en el hecho de que, en los últimos años, se hayan evaluado las posiciones y formulaciones críticas en el ámbito de la reflexión de las humanidades acerca de la incidencia de la tecnología de los mass media en la vida social. aunque nada más lejos de la simplificación conscientemente irónica de Enzensberger, porque todo este tiempo no se trataba de un simulacro de simulacro. antes al contrario: la labor de la teoría en la descripción de la lógica cultural contemporánea ha sido rica y altamente valiosa. El simulacro nunca ha sido un simulacro, como ha postulado cierta crítica reaccionaria que se ha visto marginada por el posmodernismo en lo tocante a su reflexión sobre los mass media. “El simulacro es verdad” (baudrillard, 1988). Como ya señalaba Mcluhan, el rechazo o la negación de la incidencia de los medios en lo cotidiano, la resistencia ante los medios, solo acelera los cambios. No obstante, a pesar de que lo más irritante de una moda sea que incluso para criticarla se caiga en ella, lo cierto es que, ni completamente apocalíptico ni absolutamente integrado, el pensamiento, a pesar del nihilismo extático de cierto posmodernismo de izquierdas o la celebración acrítica de cierto otro posmodernismo neoconservador, no se ha agotado. Continúa, podríamos afirmar, oscilando entre ambos polos. Del simulacro del simulacro al fin de las metáforas. Teoría de los medios en los noventa El estudio de cómo los media inciden en el sensorium perceptivo y la configuración del sujeto observador de una sociedad han
370 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 recorrido un largo camino desde sus primeras formulaciones en el siglo XIX. En la primera mitad del siglo XX, en un contexto de fascismos y propaganda, sobre todo a partir de las teorizaciones de la Escuela de Frankfurt, la discusión crítica de los medios de comunicación de masas (de la que horkheimer y adorno son los más conspicuos representantes), se centra en cuestiones referidas a la manipulación. En paralelo a estas aproximaciones, otra visión (de la que los estudios de la instrumentalización de las tecnologías de la reproducción a cargo de benjamin o Enzensberger pueden constituir dos ejemplos), dan inicio a otra vía de análisis que pretende localizar en el magma del comportamiento alienante de los media las potencialidades o los posibles usos emancipatorios de la tecnología. Un tercer estadio emerge en los años cincuenta desde la perspectiva de unos incipientes estudios culturales. Estos estudios hacen especial hincapié en cómo las masas decodifican los mensajes según determinados fines y necesidades ajenos al control de la propia emisión. Eco y su “towards a Semiological Guerrilla” puede ser un ejemplo representativo de este enfoque (Shenassa, 2001). En un cuarto estadio, se encuadra una escuela de estudios más reciente, que podría denominarse “media-discourse analysis” (Shenassa, 2001: 251). Su aproximación al estudio de los media consiste en atender no solo la gramática de los medios, sus potencialidades para la alienación o para la emancipación como objetos tecnológicos, como dispositivos ajenos al ser humano objeto de la manipulación, sino integrando sistemas complejos de información en conexión con el ser humano y las fuerzas sociales. Esta teoría resulta más consciente tanto de cómo se produce materialmente la comunicación, atendiendo a las redes en que se integran los diferentes medios, como del “feedback” ambidireccional que se da entre los sujetos y lo que Deleuze llama las “máquinas sociales” (Deleuze, 1986), determinadas por tecnologías incardinadas en un momento histórico específico.
371 Del simulacro a la virtualidad los comienzos de esta aproximación pueden constituirlos los trabajos de la Escuela de toronto en los sesenta, donde coinciden teóricos relevantes como Mcluhan, Innis o havelock, y pueden extenderse a otros teóricos como Ong o Eisenstein. Esta perspectiva fue tempranamente considerada excesivamente tecnodeterminista (Shenassa, 2001). la actualización de esta corriente ha tenido lugar sobre todo en los años noventa, después del amplio debate alrededor de la cuestión posmoderna y, dentro de él, la importancia dada a la descripción de un sensorium radicalmente afectado por los medios de masas. los años noventa actualizan muchas observaciones de esta Escuela integrándolas con aportaciones de las humanidades. la relectura de Mcluhan en los noventa se combina con las aportaciones de Foucault y lacan (Winthrop, young and Wutz, cit. en Shenassa, 2001) en la lectura de teóricos como Kittler y su referencia a sus “Discourse Networks” (redes o sistemas discursivos). Giesecke, emplea el término “sistemas tecnológicos” (technological systems), para referirse a comunidades culturales y sociales que forman sistemas en los que su complejidad, dinámica, límites y autorrepresentaciones están fundadas en los medios de masas (Giesecke, cit. en Shenassa, 2001: 252). Ni apocalípticos... En este grupo de estudios podríamos encuadrar el trabajo de Mark Poster. El planteamiento de Poster puede leerse como posmoderno en un sentido “débil”, en la búsqueda de leer los efectos de los media por afuera de las bipolaridades que habían cristalizado en el debate de la modernidad-posmodernidad. En este debate podría alinearse a Enzensberger, benjamin o Vattimo, del lado de un cierto optimismo, frente a adorno, Debord o baudrillard, representantes de un pesimismo respecto de las posibilidades utó-
372 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 picas de los medios en la democratización en la producción de la información, la valoración de sus efectos en la transformación del sensorium perceptivo, en la identidad del sujeto observador y en su experiencia de la realidad. Poster parte del hecho de que comprender los nuevos sistemas comunicacionales requiere una evaluación del tipo de sujeto que potencian, al mismo tiempo, una articulación viable del posmodernismo debe, en su opinión, incluir una elaboración de su relación con las nuevas tecnologías de la comunicación (Poster, 1990). así, según Poster, lo que está en juego en las innovaciones técnicas, no es una eficiencia creciente en el intercambio, que habilita nuevas avenidas para la inversión, una productividad mejorada en el trabajo y nuevos dominios para el consumo, sino un amplio y extenso cambio en la cultura en la forma en que las identidades se estructuran (Poster, 2002). Poster hace ingresar una nueva periodización al debate sobre las transformaciones del sensorium a cargo de la tecnología. Para él, sería pertinente hablar de una “segunda edad de los media” desde fines de los años ochenta. Esta transformación en las dominantes tecnológicas parte de la liberalización global del broadcasting televisivo, y sobre todo, el desarrollo de lo que se ha denominado “autopistas de la información” (information superhighways), internet y la realidad virtual. Poster analiza las relaciones entre la tecnología y las transformaciones de la identidad en la época contemporánea. Mcluhan y Ong habían señalado, a propósito del medio impreso, cómo este establece una relación de codependencia con la transformación del modo en que los sujetos constituyen su identidad y configuran sus relaciones sociales bajo el capitalismo financiero e industrial en la medida en que la imprenta multiplica el grado de abstracción en la cultura y fomenta las relaciones humanas a distancia. Poster sigue
373 Del simulacro a la virtualidad una vía de reflexión que entiende que la imprenta implica la base cultural que disemina y potencia una identidad urbana capitalista. Su concepto de “modo de información” alude al modo dominante de intercambio simbólico en cada período del capitalismo. Del medio impreso, los últimos años dan testimonio de un salto definitivo a un modo electrónico que comienza a manifestarse a mediados del siglo XX. Para Poster los nuevos medios electrónicos sustentan una igualmente profunda transformación de la identidad cultural. El teléfono, la radio, el cine, la televisión, el ordenador y la integración de parte o todos ellos como multimedia configuran nuevos tipos de individualidad. Si la modernidad había diseñado un individuo racional, autónomo, centrado y estable (el hombre razonable de la ley, el ciudadano educado de la democracia representativa, el calculador hombre económico del capitalismo, el estudiante graduado de la educación pública, y éste finalmente habría colapsado, como numerosas lecturas de la tríada Nietzsche-MarxFreud, desde Foucault hasta lyotard o Vattimo, habían defendido, Poster se pregunta si de la sociedad posmoderna podrían emerger nuevas formas de identidad. Concluye que es pertinente responder afirmativamente: (…) nurtures forms of identity different from, even opposite to those of modernity, (…) electronic communications technologies significantly enhance these postmodern possibilities. (Poster, 2002: 614 ). las potencialidades democráticas de los media vislumbradas por Enzensberger tenían al teléfono como medio de comunicación modelo, en tanto en cuanto este implicaba una interactividad entre los sujetos y posibilitaba la alternancia entre el emisor y el receptor, que intercambian sus papeles (Enzensberger, 1996). De un modo análogo
374 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 cabe preguntarse si el desarrollo de nuevas tecnologías emergentes en los noventa relacionadas con las autopistas de la información puede encerrar nuevas potencialidades. El codificado digital de sonidos, textos e imágenes a través de la fibra óptica a las que se unen nuevas posibilidades de transmisión y compresión de información, con, en los últimos años, la ampliación masiva de la frecuencia para las transmisiones inalámbricas y las innovaciones en las tecnologías de la conmutación, entre otros avances, han multiplicado aún más si cabe, según señala Poster, la cantidad de información fluctuante y han descentralizado de manera inédita la emisión de datos. los años noventa acaban con la escasez económica en la inversión en el desarrollo de las autopistas de la información, justificada por la explotación capitalista de la transmisión de la imagen que hasta ese momento había seguido el modelo del broadcasting televisivo. hasta fines de los ochenta, al necesitar los emisores construir nuevas vías de información con nuevo broadcasting en una frecuencia dada o construir nuevas redes coaxiales, había pocos distribuidores de imágenes. En los noventa el panorama cambia por completo. Paralelamente al desarrollo de las autopistas de la información surge un intenso debate, que prolonga las miradas de la modernidad frente a toda nueva tecnología de la información. Como señala Kapor: (…) The crucial political question is “who controls the switches?” There are two extreme choices. Users may have indirect, or limited control over when, what, why, and from whom they get information and to whom they send it. That´s the broadcast model today, and it seems to breed consumerism, passivity, crassness, and mediocrity. Or, users may have decentralized, distributed, direct control over when, what, why, and with whom they exchange information. That´s the Internet model today, and it seems to
375 Del simulacro a la virtualidad breed critical thinking, activism, democracy and quality. (Kapor, 1993: 5). Se trata del cambio incipiente en la relación emisor-receptor del “few to many” al “many to many”. lo cual supone una vuelta a la posición de Enzensberger, es decir, una vuelta a poner el énfasis en el hecho de que un control de los media más democrático, una mayor cantidad de sujetos a los que sea posible generar y transmitir información, redunda en libertad, mayor ilustración, mayor racionalidad; mientras que un control capitalista y centralista redunda en pasividad, opresión, pasividad, irracionalidad. Pero la utopía democrática es difícil de sostener hoy. ya a principios de los noventa estudios como el de hotz (1993) atestiguaban cómo el gobierno estadounidense, a través del FbI, insistía en levantar mecanismos defensivos en las autopistas de la información. y si, como señala Poster, los derechos de propiedad son puestos en duda cuando la información se ubica libre de su soporte material para moverse y multiplicarse en el ciberespacio con muy pocas restricciones (Poster, 2002: 615-616), esta escasez de restricciones hace que dicha información sea imposible de validar como perteneciente a un autor, y más aún, implica a menudo que su “autenticidad” o “autoridad” sean categorías a punto de implosionar. Desde la perspectiva de Poster, la generación de las autopistas de la información supone un doble movimiento de expansión, como exige la propia lógica interna de cualquier mercado, y, simultáneamente, de contención, por el que se tratan de imponer desesperadamente nuevas leyes de propiedad intelectual, corriendo detrás del avance de las nuevas tecnologías de la transmisión y diseminación de la información. Un esfuerzo, en definitiva, para contener la palabra y la imagen: “(…) to bind them to proper names and logos when they flit about at the speed of light and procreate with the indecent
376 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 rapidity, not arborially, to use the terms of Deleuze y Guattari, but ryzhomatically” (Poster 2002: 618). la materialización de las teorías de la simulación más concreta que ha sido elaborada por la tecnología radica en la Realidad Virtual. Estrechamente vinculada al boom de las telecomunicaciones y al desarrollo en los noventa de las autopistas de la información es la Realidad Virtual, término que sugiere que la realidad puede ser múltiple o tomar varias formas. la frase está próxima a la de “tiempo real”, que tomó forma en el campo de la grabación: (…) while splicing, multipletrack recording and multiplespeed recording made possible other times, to that of clock time or phenomenological time. In this case, the normal or conventional sense of time had to be preserved by the modifier real. but again the use of the modifier only draws attention to non-reality of clock time. (Poster, 2002: 619). Esta realidad virtual se ha vinculado frecuentemente al término “ciberespacio”, acuñado por William Gibson en su obra Neuromancer, de 1981. El concepto de lo “virtual” o la “virtualidad”, como señala Marie-laure Ryan, tiene su origen en la Edad Media1, sin embargo ambos, ciberespacio y virtualidad, suelen desde mediados de los noventa conectarse o identificarse. En la novela de Gibson, el ciberespacio se describe como una “alucinación sonsensual” percibida a través de una consola de ordenador que conecta al usuario 1 Del latín virtus (fuerza, virilidad, virtud), virtualis, en el latín escolástico designa el potencial, lo que hay o es susceptible de haber en el poder. la imagen virtual está hecha de focos virtuales, puntos de los que parecieran emanar rayos divergentes de luz, aunque no suceda así. los usos modernos, señala Ryan, de lo virtual refieren con frecuencia a las mismas ideas que el concepto de “simulacro”, referido a lo falso y lo ilusorio (Ryan, 1999)
377 Del simulacro a la virtualidad con una matriz de una “complejidad inimaginable”, ubicándolo ante una extensión hiperreal que se asemeja a un paisaje urbano nocturno, representable espacialmente: “líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja (…)” (Gibson, 1989: 69-70). Marie laure Ryan extrae de la descripción de Gibson dos conceptos que se manifiestan en el desarrollo del espectro virtual y sus tecnologías: universalidad o globalidad –la red de Gibson abarca el mundo en su totalidad– y la de constituir una representación construida por la información (Ryan 1999). ambas características constituyen los signos de lo virtual, materializándose en las tecnologías de Internet y los sistemas de realidad virtual, respectivamente. Realidad virtual, Internet y ciberespacio, son tres términos que van progresivamente imbricándose hasta hacerse indiscernibles. En 1988, como sugiere Rheingold, el término “ciberespacio” pasa al dominio de la informática con su utilización por parte de los programadores del software Autodesk para hacer referencia a un entorno espacial tridimensional generado por ordenador (Rheingold, 1993: 184). Ryan señala el año 1990 como uno de los hitos en la historia del desenvolvimiento del concepto y su imbricación con los otros términos apuntados, con la celebración del primer “Congreso sobre el Ciberespacio” en la Universidad tejana de austin. En una conferencia pronunciada allí, el arquitecto Marcos Novak combina las diferentes acepciones que a lo largo de su corta historia había venido teniendo el término para dar la suya propia2. Ryan analiza la definición de Novak para detallar los rasgos del ciberespacio. 2 “El ciberespacio es una visualización completamente espacial de la totalidad de la información contenida en los sistemas mundiales de procesamiento de la
384 Sociocriticism 2010 - Vol. XXV, 1 y 2 Como señala zizek, el pensamiento de lacan, en 1954, anticipaba algunas ideas que se materializan en el desarrollo reciente de estos entornos virtuales. Para lacan la realidad quedaba constituida sobre el escenario de una especie de éxtasis o goce simbólico, a partir de la exclusión de un “real traumático”, sugiriendo así que “la fantasía es el soporte último de la realidad” (lacan, cit. en zizek, 1996: 290). la fantasía en el planteamiento lacaniano, señala zizek, lejos de prevenirnos de ver la realidad tal cual es, deviene parte constitutiva de lo que llamamos realidad: “(…) the most common bodily reality is constituted via detour through the maze of imagination. In other words, the price we pay for our access to reality is that something –the reality of the trauma– must be repressed” (zizek, 1996: 291). lacan apuntaba ya que el ordenador podía ser el paradigma de esa felicidad o éxtasis simbólico (“symbolic bliss”), una representación válida para la comprensión del inconsciente como máquina5. El 5 Aunque en la década de 1950 los ordenadores eran grandes aparatos equivalentes a gigantescas calculadoras del tamaño de toda una habitación, lacan captó la posibilidad de reducir esas gigantescas calculadoras a una cierta instrumentalidad, calificando ya en 1954 al ordenador como el caso paradigmático de goce simbólico (zizek, 1996). Según Müller, habría que entender la radicalidad de la afirmación de lacan no solo como una reacción contra cierto tecnodeterminismo, sino como anticipación de una concepción contemporánea del ordenador como una “máquina universal” (Müller, 2006). Calificado por lacan como una “máquina sintáctica” en su conferencia “Psicoanálisis y cibernética o la naturaleza del lenguaje”, el ordenador, a pesar de poder desarrollar múltiples funciones, no tiene ninguna tarea específica en esencia. Para Müller un ejemplo de ello lo constituye la esfera de lo “multimedia”: “No importa que haya sonido, texto, vídeo, imágenes o emisiones mediáticas tradicionales, todo ello converge en el ordenador en red y da lugar a un espectáculo multimedia en sentido extenso.
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