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Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Consolación Baranda Leturio (*) (*) https://orcid.org/ 0000-0002-5585-1107. Instituto Universitario Menéndez Pidal. Universidad Complutense de Madrid. [email protected] Dynamis Fecha de recepción: 3 de abril de 2022 [0211-9536] 2024; 44 (1): 179-204 Fecha de aceptación: 26 de mayo de 2022 http://dx.doi.org/10.30827/dynamis.v44i1.30730 SUMARIO: 1.—De Luis Núñez de Ávila a Luis Lobera de Ávila. 2.—Libro de anatomía. 2.1.—Relato alegórico 2.2.—Hombre como microcosmos 2.3.—El tratado en latín. 3.—Conclusiones. RESUMEN: Los dos primeros tratados de anatomía en castellano, el breve Libro de anatomia de Lobera de Ávila (1542) y el Tratado de anothomia de Montaña de Monserrate (1551) ofrecen, además de un tratado anatómico, una representación alegórica del hombre: una torre o una fortaleza habitada por una doncella, en la que cada uno de los elementos y moradores contribuye a su funcionamiento hasta que, con el paso del tiempo, se desmorona y cae, mientras la doncella —el alma— sale en dirección desconocida. Estas páginas se centran en el Libro de anatomía. Desde una perspectiva filológica, la ficción alegórica muestra rasgos incongruentes y cierta tosquedad en el manejo de los recursos literarios; la identificación de la fuente del tratado latino —que, a modo de glosa (sin ser tal, en realidad) rodea la alegoría— confirma el escaso interés de Lobera de Ávila por los cambios que se estaban produciendo en los estudios anatómicos en ese momento. El propósito de su libro parece ser divertir a unos lectores no cultivados con recursos humorísticos bastante triviales. PALABRAS CLAVE: Lobera de Ávila, ficción alegórica, anatomía, hombre como microcosmos, Renacimiento. KEYWORDS: Lobera de Ávila, allegorical fiction, anatomy, man as a microcosm, Renaissance.
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 180 1. De Luis Núñez de Ávila a Luis Lobera de Ávila Los datos biográficos de Lobera de Ávila (c. 1480-1551) son escasos y ambiguos 1; la imprecisión afecta al propio nombre del autor. Sus dos primeras publicaciones aparecen bajo la autoría de Luis Núñez de Ávila. De la primera solo se conservan dos hojas: Regimen cum curatione contra peste. Compositum per doctissimum hac nobilissimum doctorem Ludovicum Nuñez de Auila. Nouiter Impressum. Barcelona, Pere Posa, 1519 (15 de diciembre) 2; estaba dedicada a Luigi Merliano, famoso humanista, médico y consejero de CarlosV, obispo de Tuy en 1517 y protomédico desde 1518 3. El año siguiente se publica lo que parece una traducción del mismo libro: Regimiento preservativo compuesto por el doctor Luis Núñez de Ávila, médico cirujano de la cesárea Católica Magestad, dirigido al muy ilustre e muy magnífico y muy Noble señor el S. Don Pero Ruiz de la Mota, obispo de Palencia, conde de Pernia y del consejo del emperador (Almania in civitate Wurmatiae, per Joannem Erffordianum [1521]). El título precisa la condición de “médico cirujano” 4 y el comentario de la última hoja, antes del colofón, parece también referirse a esta categoría profesional: “y pues vuestra muy ilustre y muy reverenda y muy magnífica señoría está siempre donde hay tan excelentes médicos, no me quiero entremeter en el remedio curativo, pero mandándomelo vuestra 1. Casi todos los datos proceden de sus propios textos, como sucede en la mayor parte de las biografías de los médicos renacentistas. 2. Obra no citada entre las suyas hasta ahora; el cotejo permite comprobar que el Regimiento de 1521 es la traducción de este, según indica Oscar Lilao Franca en “La 2.ª Adenda de Postincunables ibéricos de Julián Martín Abad y algunos raros impresos conservados en la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca”, Salamanca, Biblioteca General Histórica, 2016; respecto a la obra, Lilao señala con cautela la posibilidad de que no se hubiera llegado a imprimir el libro: “la edición de 1519, en octavo —si realmente existió como tal y no se trata solamente de una prueba—, tendría, por tanto, poca extensión”. http://bibliotecahistorica.usal. es/fr/ressources/actualite/17-nuestras-colecciones/178-post-incunables-2o-adenda. 3. Fue protomédico junto con el maestre Liberal, el maestre Juan Eberate y el doctor Juan González de la Parra. Véase el documento de 16-1-1518 en Elena García Gallardo, La documentación Carolina en el Archivo Municipal de Murcia (1516-1525), Edición y Estudio Socio Institucional, Tesis Doctoral, Universidad de Murcia, 2017, p. 227. 4. “Título de cirujano de la Casa Real de S. M. del Dr. Luis Núñez de Ávila con 60.000 mrs. de salario al año. En Barcelona a 20 del 1 de 1520”, en Juan Manuel Jiménez Muñoz, Médicos y cirujanos en “Quitaciones de Corte” (1435-1715), Valladolid, Cuadernos de Simancas de Investigaciones Históricas, Universidad de Valladolid, p. 23; nótese que el nombramiento se produce pocas semanas después de la fecha del colofón del Regimen cum curatione contra peste. Los datos del ejemplar de 1519 indican que ya en esta fecha tenía el título de doctor, aunque había entrado al servicio de la corte como cirujano.
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 181 reverendísima señoría, con solo su favor y mi buen deseo me atreveré a hazer lo que supiere en este caso, y sobre todo ayudándome Dios nuestro Señor, al cual suplico que sea en utilidad y provecho de todos aquellos que se quisieren aprovechar dél” 5. Entre 1525 y 1526, durante la estancia de la corte en Toledo, tuvo lugar un “Pleito del doctor Juan de Ponte, protomédico, con el doctor Luis Núñez de Ávila, nombrado coadjutor del protomédico Liberal, sobre uso de este cargo” (PARES, Archivo General de Simancas, CRC, 79, 1); todos los documentos consultados —los escritos del doctor Ponte, las alegaciones del protomédico, las de Lobera de Ávila y las sentencias— se refieren al “doctor d’Avila”; no figura el apellido Lobera. En el siguiente libro desaparece el apellido Núñez, y se presenta como médico de su majestad, no solo como cirujano: Vanquete de nobles caualleros e modo de biuir… e trata del regimiento curatiuo e preseruatiuo de las fiebres Pestilenciales e de la Pestilencia… por el doctor Luys de Auila, médico de su magestad (Augsburg, Heinrich Steiner, 1530). El apellido Lobera figura por vez primera en las piezas preliminares: “Nos Carolus […] privilegio […] ego doctor abulensis a lobera medicus caesarea maiestatis do licentiam”, pero no lo hace de forma sistemática 6. Junto al ascenso de cirujano a médico real encontramos un dato nuevo, su condición de ‘discípulo’ del doctor López de Escoriaza: “De prestantissimo doctore D. Ferdinando Scoriacio, prothomedico cesarea… qui autoris huius quondam fuerat preceptor (f. B2v y B3r), como confirma el índice final: “Scoriacio […] su primer maestro del autor” 7. El libro 5. La frase es ambigua, no está claro si solo es un elogio a los médicos del dedicatario o se refiere al hecho de que al desempeñar el cargo de cirujano no debía prescribir remedios curativos. Marliano murió en Worms a causa de la peste, en octubre de 1521, antes de la publicación del segundo libro; Ruiz de la Mota, obispo de Palencia desde 1520, fue otro de los consejeros más poderosos e influyentes de Carlos V, también moriría poco después, a mediados de 1522. 6. Alternan Ávila de Lobera y Lobera de Ávila. En los encabezamientos de los textos prologales leemos: Luisius abulensis a Lobera a Christophoro a maluenda, pero también Ludovicus doctor abulensis […] Francisco Covio, y en un grabado, “doctor Dávila e de Lobera”; un texto preliminar menciona también la nobleza del linaje Lobera: “Epistola Francisci Cervantes in recomendationem operis lectori”: “Nec aliis illustrissimus Cardinalis Hispalensis patronus meus se tutius conmittit, cuius familia eius sapientiam in periculo optime cognouerit: & multi huius curie magnates, in qua tam celebre est eius nomen, quam eiusdem opera & nobile genus antique familie Loberarum testantur” (+3r), el autor del elogio es Francisco Cervantes de Salazar, entonces secretario de cartas latinas del Cardenal García de Loaysa, dedicatario del Remedio de cuerpos humanos. 7. Fernán López de Escoriaza (c. 1480-1441) ejerció la medicina en la ciudad de Vitoria entre 1508 y 1514 y desde 1515 hasta 1527 fue médico de Catalina de Aragón en Inglaterra; cuando volvió a España se incorporó al servicio de Carlos V y recibió el nombramiento de Protomédico; no
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 182 incluye varios grabados de calidad, algunos a página completa 8; uno de ellos representa al “doctor Dávila e de Lobera” 9 con el ropaje característico de los médicos observando un frasco de orina, y, quizás, a López de Escoriaza que como protomédico habría intervenido en su nombramiento de “médico de su majestad”. El Regimiento preservativo (1521) estaba redactado solo en castellano, pero desde el Banquete de nobles caballeros (1530) Lobera empieza a incluir en la mayoría de sus obras numerosos pasajes en latín y los textos adoptan una composición tipográfica peculiar: una parte de las páginas está redactada en castellano, con letra gótica, la otra está ocupada por abundantes escolios latinos —en letra cursiva con fuente más pequeña— que se distribuyen en columnas paralelas o en forma de cebolla rodeando el texto castellano; en ocasiones hay páginas enteras redactadas solamente en latín. Este recurso facilitará el remozamiento de las ediciones sucesivas de un mismo libro. Cuando en 1542 publica el Vergel de sanidad fija definitivamente el orden de sus apellidos y, ya en el título, destaca su propio prestigio profesional con cierta inmodestia: Vergel de sanidad, que por otro nombre se llamava Banquete de Cavalleros y orden de vivir […] Nuevamente corregido y añadido por el mismo autor que es el doctísimo y excelente doctor Luis Lobera de Ávila médico de su Magestad. Las portadas de sus obras muestran un progresivo encumbramiento profesional y social, en el que pasa de cirujano a doctor en medicina, de Luis Núñez a Luis Lobera de Ávila, de linaje noble. El volumen está integrado por varios textos agrupados en tres libros que tienen portadas consta que hubiera impartido clases en ninguna universidad. Véanse Jiménez Muñoz, Médicos y cirujanos en “Quitaciones de Corte” (1435-1715), pp. 59-61, Julio-César Santoyo, “El doctor Escoriaza, médico de Enrique VIII de Inglaterra”, en El Dr. Escoriaza en Inglaterra y otros ensayos Británicos, Vitoria, Institución “Sancho el Sabio”, 1973, pp. 13-57, y Antón Erkoreka, “Fernán López de Escoriaza”, Diccionario biográfico español, Real Academia de Historia, https://dbe.rah. es/biografias/35675/fernan-lopez-de-escoriaza 8. Para los grabados, José María López Piñero, introd. a El vanquete de nobles cavalleros (1530), de Luis Lobera de Ávila y la higiene individual del siglo XVI, Madrid, Ministerio de Sanidad y Consumo, 1991, pp. 25-30. 9. El apellido Lobera corresponde a un linaje aragonés, no abulense; lamentablemente, no ha sido posible encontrar la vinculación del doctor Luis Núñez de Ávila con dicho linaje ni una explicación para este cambio en los apellidos. Tampoco consigue establecer tal relación, en el capítulo dedicado a Lobera de Ávila, Modesto-Pedro Bescós Torres, Biografías aragonesas del Siglo de Oro. Personajes del linaje Lobera, sus afines y su relación con las grandes figuras de la época, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2005, pp. 235-250, que se apoya fundamentalmente en la dedicatoria del Libro de experiencias de medicina a Luis Cabeza de Vaca, cuyo linaje estaría emparentado a su vez con los Lobera de Calatayud.
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 183 y paginación independientes: Vergel de sanidad […] nuevamente corregido y añadido por el mismo autor, Libro de pestilencia curativo y preservativo y de fiebres pestilenciales, y Remedio de cuerpos humanos y silva de experiencias; el colofón, único, aparece al final de este último libro (Alcalá, Juan de Brocar, 1542) 10. 10. Posteriormente publica el Libro de las quatro enfermedades cortesanas que son: Catarro, Gota arthética, Ciática, Mal de Piedra y de Riñones e Hijada, e mal de buvas: y otras cosas utilísimas junto con el Libro de experiencias de medicina y muy aprobado por sus efectos (con portada y
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 184 Al mismo tiempo se incrementa la presencia del latín; si el Banquete de caballeros (1530) incluía bastantes escolios latinos, el Vergel de sanidad (1542) ofrece notables amplificaciones respecto al Banquete tanto en romance como en la parte redactada en latín, hasta el punto de que en varios lugares remite a los lectores interesados al texto latino. Más llamativo aún es el caso del Libro de pestilencia pues, a diferencia del texto incluido en el Banquete de caballeros, contiene solo una pequeña parte en castellano (ff. 1r-8r) y el resto está redactado exclusivamente en latín (ff. 8v-34v). La parte del volumen con aportaciones nuevas respecto a obras anteriores —Remedio de cuerpos humanos— se caracteriza por el amplio predominio del castellano. La convivencia de ambas lenguas —que se destaca mediante la disposición textual y tipográfica— es una característica acusada y poco común, sobre el cual se tratará más adelante 11. 2. El Libro de anatomía El Libro de anatomía (f. 1r-11r) precede al Remedio de cuerpos humanos y silva de experiencias, ambos dedicados a García de Loaysa, entonces Cardenal de Sevilla. En el prólogo de la obra, como es habitual en libros de materia científica, alude al tipo de destinatarios para quienes escribe y justifica el empleo de la lengua vulgar, en referencia al Remedio y Silva de experiencias: Y porque, como a todos es notorio, la pobreza es más continuada en la mayor parte de la gente, a cuya causa no puede ser ni es proveída de las medicinas ni de médicos para su salud corporal, acordándome que muchas vezes lo he esperimentado por vista de ojos, desseando ayudar a los que poco pueden, paginación propias), Toledo, Juan de Ayala, 1544, y el Libro del regimiento de la salud y de la esterilidad de los hombres y mugeres, de las enfermedades de los niños y otras cosas utilísimas, Valladolid, Sebastián Martínez, 1551. 11. Alude superficialmente a la abundancia de textos latinos en el Vergel de sanidad Michael R. Salomon, “Spectacles of Erudition: Physicians and Vernacular Medical Writing in Early Modern Spain”, Digital Proceedings of the Lawrence J. Schoenberg Symposium on Manuscript Studies in the Digital Age, 1 (2009), https://repository.upenn.edu/ljsproceedings/vol1/iss1/. Muestra ejemplos concretos sobre la variada relación entre el texto castellano y los escolios latinos Andrea Baldissera, “Pisando las huellas de Luis Lobera de Ávila: de un Banquete a un Vergel”, Scripta, 18 (2021), pp. 195-210, sin llegar a una conclusión definitiva sobre los propósitos de semejante procedimiento textual.
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 185 solo con este zelo, sin desseo ninguno de gloria, he querido hazer este tratado de medicina para que no solamente los ricos, pero los pobres se aprovechen y participen de lo que yo con harto trabajo he sacado y adquirido […] si yo fuere reprendido por no la haber hecho en latín, digo que la causa que a ello me movió fue porque todos generalmente la pudiessen gozar, y no por huir el trabajo, que a la verdad fuera menor mucho para mí (a2r) 12. Conocido fundamentalmente por sus tratados dietéticos y de higiene dirigidos a cortesanos y caballeros, en este caso Lobera dice querer ampliar el horizonte de destinatarios a otros estamentos sociales —los pobres— con su renuncia a escribir en latín, presentada como un esfuerzo adicional 13. Sin embargo, la obra sobre anatomía que abre el libro incluye una parte en latín más extensa que el texto en castellano. El Libro de anatomía lleva el siguiente subtítulo: “Declaración en suma breve de la orgánica y maravillosa composición del microcosmos o menor mundo, que es el hombre, ordenada por artificio maravilloso en forma de sueño y ficción”, que da paso a un texto de disposición parecida a la del Vergel de sanidad. El centro de la página, en letra gótica, se reserva para la “declaración en suma”, un relato alegórico en castellano, rodeado por un texto 12. La necesidad de justificar el uso de la lengua vulgar en vez del latín es un lugar común en los prólogos de la literatura científica de la época; Monardes afirma que había redactado su Pharmacodilosis (Sevilla,1536) previamente en latín; dice lo mismo Garcia de Orta en sus Coloquios (Goa, 1563); Pedro de Mercado y Jorge Henrico Anríquez presentan la renuncia al latín como una especie de sacrificio reputacional en aras de un beneficio más amplio; la progresiva utilización de las lenguas vulgares para materias técnicas y científicas es un fenómeno europeo que cuenta con amplísima bibliografía; puede verse un resumen en Consolación Baranda Leturio, “Ciencia y diálogo literario en lengua vernácula en el Renacimiento español: los diálogos de materia médica”, Studi Ispanici, XLV (2020), pp. 11-38, pp. 13-15. 13. La intención de destinarlo a los pobres choca con el precio de un infolio voluminoso como este, pero también alcanzaban una extensión respetable los denominados “Tesoros de los pobres”, obras de medicina que utilizaban la lengua vernácula y se siguieron publicando hasta, al menos, el siglo XVIII. Repetirá los mismos argumentos en la dedicatoria del Libro de experiencias de medicina a D. Luis Cabeza de Vaca, Obispo de Palencia (Toledo, Juan de Ayala, 1544): “Y porque mi zelo y desseo es que no solamente los ricos, pero todos los pobres participen y se aprovechen de algunas cosas, de que muchas vezes por falta de posibilidad y dineros dexan de se ayudar y yo he adquirido con mucho trabajo, he provocado de hazer esta obra […] si alguno dellos [los mordaces] dixere por qué no la hize en latín digo, reverendísimo señor, que la pudiera hazer con más facilidad y menos trabajo. Pero por que todos los que la obra quieran leer gozen della, con más dificultad determiné de hazella en lengua castellana” (f. 2r). Como indica la licencia de impresión que precede a la dedicatoria, el Libro de experiencias se publicó junto con el Libro de las cuatro enfermedades cortesanas, con paginación y portada independientes.
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 186 latino de materia anatómica, en cursiva y fuente más pequeña, como glosa envolvente; añade, además, un segundo nivel de apostillas marginales para indicar en castellano las partes del cuerpo humano a las que se refieren los personajes y espacios alegóricos. Es la disposición acostumbrada en los textos con glosas o comentos 14, pero aquí el latín no sirve de glosa, sus términos no coinciden en ningún momento con los alegóricos. La ficción ocupa el lugar central, privilegiado, en consonancia con los destinatarios del libro, y el texto científico en latín discurre de manera paralela e independiente, como después se verá. Esta disposición da la impresión de posibilitar una doble lectura: un texto latino dirigido a profesionales y una interpretación alegórica útil para divulgar algunos conceptos básicos de forma accesible para romancistas y lectores no cualificados. 2.1. Relato alegórico El autor narra en primera persona la visión que le sobreviene durante un estado de duermevela 15; en ella ve una torre formada por tres bóvedas superpuestas en la que vive prisionera, pero feliz, una doncella a quien todos obedecen. El relato está dividido en dos secciones: las primeras páginas proporcionan una descripción alegórica de las partes del cuerpo siguiendo un orden jerárquico descendente desde la cabeza; la segunda (que ocupa un tercio de la alegoría) es un relato protagonizado por la doncella —el alma—, una narración de sucesos asociados con la vejez y la muerte. Las tres bóvedas de la fortaleza están gobernadas por tres capitanes que tienen varios tipos de servidores: privados, familiares, mayordomos, y criados de diversos oficios: atalayas y escuchas (ojos y oídos), moscadores 14. Para la disposición y funciones de las glosas, véase Jesús Rodríguez Velasco, “La Biblioteca y los márgenes. Ensayo teórico sobre la glosa en el ámbito cortesano del siglo XV en Castilla. I: códice, dialéctica y autoridad”, eHumanista 1 (2001), pp. 119-34. 15. Para una perspectiva amplia, desde la historia de la medicina, véase Josep Lluís Barona Villar, “El cuerpo alegórico. Claves renacentistas para una interpretación de la naturaleza humana”, Medicina e Historia, Revista de estudios históricos de ciencias médicas, 47 (1993), pp. 1-16. Miguel Vicente Pedraz analiza el carácter onírico de estas dos representaciones alegóricas en “Saber médico e ideología en el Libro de la anatomía del hombre de Montaña de Monserrate: tradición y modernidad en la alegoría onírica del cuerpo social”, Bulletin of Hispanic Studies, 86.5 (2009), pp. 593-609.
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Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 194 hay evidencias de que la dignidad del hombre asociada a la microcosmía alcanzó una amplia difusión que se extiende a textos en lengua vulgar. En algunos casos remiten a la idea del hombre como fábrica, alcázar o edificio; las correspondencias analógicas coinciden con las de Lobera de Ávila, pero difieren radicalmente en el desarrollo del tratamiento alegórico. La mejor síntesis de las implicaciones de la idea del hombre como microcosmos es, sin duda, la que ofrece Pérez de Oliva en su Diálogo de la dignidad del hombre, redactado antes de su muerte en 1531 31: Considerando [...] la composición el hombre [...] me parece que tengo delante los ojos la más admirable obra de cuantas Dios ha hecho, donde veo no solamente la excelencia de su saber más representada que en la fábrica del cielo, ni en la fuerza de los elementos, ni en todo el orden que tiene el universo, mas veo también como en espejo claro el mismo ser de Dios y los altos secretos de su Trinidad (p. 138). El lugar privilegiado del hombre en el mundo se debe a que tiene alma, porque ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza: […] así como Dios tiene en su poderío la fábrica del mundo, y con su mano la govierna, así el ánima del hombre tiene el cuerpo sujeto, y según su voluntad lo mueve y lo govierna, el cual es otra imagen verdadera de aqueste mundo a Dios subjecto. Porque, como son estos elementos de que está compuesto la parte baxa del mundo, así son los humores en el cuerpo humano, de los cuales es templado. Y como veis el cielo ser en sí puro y penetrable de la lumbre, así es en nosotros el leve espíritu animal, situado en el celebro y de allí a los sentidos derivado, por do se rescibe lumbre y vista de las cosas de fuera. Por donde es manifiesto ser el hombre cosa universal que de todas participa: tiene ánima a Dios semejante, y cuerpo semejante al mundo; bive como planta, siente como bruto y entiende como ángel. Por lo cual bien dixeron los antiguos que es el hombre menor mundo cumplido de la perfección de todas las cosas (pp. 141-142). Entre las pruebas de la excelencia del hombre aducidas por estos discursos ocupaban un lugar destacado la proporción, hermosura y dignidad puede verse en M.ª José Vega, “Aurelio o el epicureísmo. Una lectura crítica del Diálogo de la dignidad del hombre en su contexto europeo”, Studia Aurea, 3 (2009), pp. 105-138, en especial pp. 119-122, y “Miseria y dignidad del hombre en el Renacimiento: de Petrarca a Pérez de Oliva”, Ínsula, 674 (2003), pp. 6-9. 31. Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. Razonamientos. Ejercicios, ed. M.ª Luisa Cerrón Puga, Madrid, Cátedra, 1995.
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 195 de las partes de su cuerpo. Pérez de Oliva, en su elogio, identifica al cuerpo con un alcázar: […] los ojos, como ventanas muy altas del alcáçar de nuestra alma, […] la boca […] es la puerta por do entra nuestra vida, que es el mantenimiento de que nos sustentamos y la puerta por do salen los mensajes de nuestra alma, publicados con nuestra lengua (p. 147) 32. El primer tratado de arquitectura en lengua vulgar, Las medidas del romano de Diego Sagredo 33 (Toledo, Remón de Petras, 1536), afirma que “como los primeros fabricadores no tuviesen reglas para traçar, repartir y ordenar sus edificios, parecioles devían imitar la composición del hombre, el cual fue criado y formado de natural proporción”, y por ser la cabeza el miembro más eminente, de ella “sacavan el compás” para formar los demás miembros; así, a partir de la imagen del hombre como microcosmos, concluye que “todo edificio bien ordenado y repartido es comparado con el hombre bien dispuesto y proporcionado” (a5r). La Silva de varia lección de Pedro Mexía salió de la imprenta en 1538, con tal éxito que el mismo año hubo una segunda edición; fue un auténtico best-seller europeo hasta finales del siglo XVI. En un pasaje elogia el lugar principal que ocupa la cabeza en el cuerpo humano y lo relaciona con la metáfora del pequeño mundo del hombre: […] la fábrica y compostura del cuerpo humano es como treslado o semejança del mundo todo; que, así como el cielo es lo más eminente y principal y son inferiores los aires y los otros elementos, así es la cabeça del hombre superior a los otros miembros, y principal y señora dellos; y es como la fortaleza en la ciudad, y que en ella moran las potencias y sabiduría con que se gobiernan los otros miembros 34. Estos textos en lengua vulgar son una pequeña muestra de la difusión de la metáfora, indican que los términos utilizados en las alegorías de Lobera de Ávila y Montaña de Monserrate no son una novedad, como tampoco la que utilizará Vesalio en su obra De humani corporis fabrica. 32. Nótese la rotunda diferencia con la alegoría de Lobera de Ávila, aun con las mismas analogías; destaca especialmente cómo todo conduce a reforzar la excelencia del alma, de la que carece la doncella del relato alegórico de Lobera. 33. Cuenta con más de diez ediciones en castellano y francés. 34. Pedro Mexía, Silva de varia lección, ed. Antonio Castro, Madrid, Cátedra, 1989, I, XVII, p. 333.
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 196 Cabría pensar que, como el objeto de estudio de la anatomía es solamente la parte material del hombre, Lobera de Ávila y Montaña de Monserrate recurren a un relato alegórico para destacar la importancia del alma y su función de gobernar la materia del cuerpo. Sin embargo, la poderosa metáfora del microcosmos está presente también en la obra de Vesalio, que no olvida aludir a la inmortalidad del alma en la dedicatoria a Carlos V: En verdad, puesto que es imposible que os ocupéis únicamente de la ciencia del universo, también os deleitaréis alguna vez al apreciar la estructura de la más perfecta de todas las criaturas, y tendréis el placer de considerar la posada y soporte del alma inmortal: una morada que, puesto que se corresponde admirablemente con el universo en muchos de sus nombres, era llamada microcosmos por los antiguos, no sin razón 35. El subtítulo del Libro de Anatomía de Lobera de Ávila recoge una afirmación que era moneda común en la cultura de la época, los términos de las analogías entre una fortaleza o torre y el cuerpo humano tampoco son originales; sin embargo, su relato no se amolda a las expectativas anunciadas. La presencia de detalles jocosos en la descripción del cuerpo y la caracterización del alma como una doncella caprichosa que vive “a su placer y voluntad,” entretenida por una “vieja trujamana”, medrosa ante las contrariedades, produce como resultado una desconcertante trivialización del alma y con ello de la metáfora del hombre como microcosmos 36. 35. Tomado de Amparo Pérez Gutiérrez, “Traducción al español del Prefacio del De Humani Corporis Fabrica”, Ars Medica. Revista de Humanidades, 3.1 (2004), pp. 96-106, p. 106. “Adeo, ut haud fieri queat, quin ut mundi scientia unice teneris, ita etiam aliquando omnium creaturarum absolutissimae fabricatione expendenda delecteris, et immortalis animae diuersorio ac instrumento considerando uoluptatem capias: quod domicilium, quia permultis nominibus mundo egregie correspondet, ueteribus haud ab re microcosmus nuncupabatur” en Andreas Vesalius, De humani corporis fabrica, Basileae, Ioannis Oporini, 1543, f. 4r-4v. El texto también recuerda la importancia del alma en un pasaje citado por Pedro Laín Entralgo: “único entre todos los animales dotado de la facultad de pensar. Y, por esto, prosigue Vesalio, “cantando himnos, expresamos nuestro agradecimiento a Dios, autor de todas las cosas, porque nos concedió con largueza el alma racional que tenemos común con los ángeles; por cuya virtud, si no nos falta la fe, gozaremos de la felicidad eterna, cuando no sea necesario inquirir la sede y la sustancia del alma mediante la disección del cuerpo y con una razón soterrada en el vínculo corpóreo y dependiente de su buena salud y constitución”“ (Fabrica, VII, 6), en Anatomía de Vesalio, Archivos Iberoamericanos de Historia de la medicina, III, 1 (1951), pp. 85-147, n. 22. 36. No es un caso único, como señala Otis H. Green: “[the image of microcosmos] can serve to provide learned ornamentation for themes and concepts that are trivial or satirical or scatological”, en “El pequeño mundo del hombre: Varia fortuna de una idea en las letras españolas, Madrid,
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 197 En la ficción de Lobera predomina la intención de divertir con detalles chistosos a partir de materiales literarios de amplia difusión en lengua vulgar, algunos de ellos ya desde el siglo XV. Ciertamente, el humor era rasgo que muchos consideraban necesario para el ejercicio de la medicina, y más en la corte 37; sin embargo en ninguna de las obras de Lobera hay rastro de humor, ni siquiera de cierta ironía. Por otra parte, el ingenio reside en saber utilizar el humor de manera adecuada a las circunstancias y el destinatario; en este caso el intento se materializa en la incongruencia entre los recursos de ficción empleados y los discursos sobre la dignidad del hombre que se apoyaban en la metáfora del microcosmos. 2.2. El tratado en latín El texto latino que rodea al relato alegórico es un tratado anatómico independiente por completo de la ficción; cabría suponer que se dirige a profesionales o, al menos, lectores con cierto nivel de formación interesados en esta especialidad que despertaba nueva atención en algunas universidades europeas. Cuando Lobera de Ávila publica este libro —en 1542— la práctica de disecciones anatómicas era común en la universidad de Paris y en varias universidades italianas, incluso se habían creado las primeras cátedras de la especialidad. En 1538 Vesalio había publicado seis imágenes anatómicas (Tabulae anatomicae sex, Venecia, Bernardino Vitalis, 1538) que fueron repetidamente plagiadas y alcanzaron gran difusión, y en 1543 saldría a la luz el De humani corporis fabrica libri septem (Basilea, Ioannes Oporini); poco tiempo después la anatomía alcanzará una notoriedad social que va más allá de la profesión médica con la construcción de teatros anatómicos. En las universidades de la península ibérica se manifiesta curiosidad creciente por la anatomía; en Valladolid se crearía una cátedra de anatomía a cargo de Rodríguez de Guevara en 1548, lo que indica el apoyo de los poderes Castalia, 1970”, Hispanic Review, 41 (1973), pp. 434-436, p. 436. La trivialización de Lobera es manifestación de una corriente misógina tradicional, por ser el alma personaje femenino. 37. El humor se consideró una exigencia de la vida cortesana durante las décadas iniciales del siglo XVI y una cualidad conveniente para los profesionales de la medicina en su trato con los pacientes; véase Consolación Baranda, Epistolario de Villalobos, Salamanca, SEMYR & IEMYR, 2017, pp. 53-68.
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 198 públicos a estos estudios 38. Quizás tales circunstancias impulsaran a Lobera de Ávila a incluir tal ‘novedad’ en el volumen; lo cierto es que este tratado es ajeno a las materias sobre las que había escrito previamente, limitadas a medidas preventivas contra la peste, dietética e higiene. Una serie de coincidencias afortunadas —y la inestimable ayuda de internet— han permitido localizar este texto latino y comprobar que Lobera —que había entrado al servicio de la corte como cirujano— se limita a reproducir un texto de cabecera para cirujanos desde el siglo XIV: la Cirugía Magna de Guy de Chauliac, cuyo primer tratado versa sobre anatomía; obra ampliamente difundida que “se imprimió siete veces antes de 1550” 39. El cotejo realizado muestra que Lobera de Ávila copia literalmente el capítulo primero de la Doctrina I, omite los capítulos siguientes, y hace una selección más breve, pero también literal, de los capítulos de la Doctrina II 40. Solo aporta de su cosecha el procedimiento de formular los apartados en forma de preguntas: Quod est …? Qualis,…? Ex quo compositur …?, etcétera 41. De aquí surgió el equívoco —repetido recurrentemente desde Anastasio Chinchilla hasta hoy 42— de que Lobera de Ávila había estudiado en París con un maestro llamado Bertucius, cuando quien lo afirma es, en realidad, Guy 38. Para los estudios de anatomía y la construcción de teatros anatómicos en España, véase Álvar Martínez-Vidal and José Pardo-Tomás, “Anatomical theatres and the Teaching of Anatomy in Early Modern Spain”, Medical History, 49 (2005), pp. 251-280. 39. José María López Piñero, “La disección y el saber anatómico en la España de la primera mitad del siglo XVI”, Cuad. Hist. Med. Española, 13 (1974), pp. 51-110, p. 59; López Piñero considera que se ha concedido un interés desmesurado a esta obra de Lobera de Ávila, p. 62. En 1537 se había publicado la traducción de Juan Pascual de otro de los manuales más difundidos en Europa, el Tratado de Cirugía de Giovanni da Vigo (Valencia, Juan de Jofre). 40. Para el cotejo he utilizado la Chirurgia Guidonis de Cauliaco, Ludguni, Vincentio de Portonariis, 1537; la reproducción de Lobera de Ávila comienza en el f. 16v: “Est autem anathomia…” 41. Como me ha indicado un anónimo revisor —a quien agradezco la observación—, este cambio “no es más que una reproducción y reflejo del método escolar medieval, basado en preguntas y respuestas y origen del género literario a que dio lugar, el de las quaestionesresponsiones, para las cuales el campo de la anatomía resultaba muy apropiado (cf. Montero Cartelle, Tipología de la literatura médica latina, Porto, Brepols 2010, p. 87)”. 42. Anastasio Chinchilla, Anales históricos de la medicina en general, y biográfico-bibliográfico de la española en particular, Valencia, Imprenta de López y Compañía, 1841-1846, Vol. I, pp. 162, 171, 173, 235. Antonio Hernández Morejón, Historia Bibliográfica de la Medicina Española, Madrid, Imp. Vda. de Jordán e Hijos, 1843, Vol. II, pp. 303-330; Josep Lluís Barona Vilar, “Luis Lobera de Ávila”, Diccionario biográfico español, Real Academia de Historia, https://dbe.rah.es/ biografias/19554/luis-lobera-de-avila
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 199 de Chauliac 43. Tal equívoco se veía reforzado seguramente por un pasaje en el que Lobera afirma haber estudiado en Francia: […] viniendo de Francia del estudio y de otras partes, en mi juventud, vine a parar a la villa de Ariza a encomençar a platicar y allí rescebí tantas mercedes y favores del muy magnífico señor don Juan de Palafox, que sea en gloria, y después del muy magnífico señor don Rodrigo de Palafox, su hijo primogénito, que como son de sangre tan limpia y tan generosa, y ellos tan generosos, me dieron ocasión de estar allí más de un año, que nunca mejor vida tuve 44. La sucesión de Rodrigo de Palafox en el mayorazgo tuvo lugar en 1515, lo que permite precisar la fecha de estancia de Lobera de Ávila en Ariza en torno a ese año 45. La ambigüedad respecto a su procedencia y motivos del viaje es deliberada, ¿por qué elude mencionar dónde ha realizado sus estudios, cuando en 1542 ya ha alcanzado una situación profesional privilegiada? De haber sido en una universidad prestigiosa, es razonable suponer que la habría mencionado. Sabemos que en 1515 empieza a practicar —“platicar”—, que en 1519 se encuentra en Barcelona ya con el título de doctor, a juzgar por las hojas conservadas del libro impreso por Pere Pose, y en enero de 1520 obtiene el nombramiento de cirujano de la Casa Real. Desconocemos dónde obtuvo el título ni el grado de doctor y por qué vías llegó a relacionarse con Marliano —el dedicatario de esta primera obra— y a conseguir tal posición profesional. 3. Conclusiones En el Libro de anatomía, Lobera de Ávila presenta un texto médico ajeno junto con un relato alegórico de elaboración propia. Quizás considerase innecesario aclarar la procedencia de los escolios latinos por tratarse de 43. “… quod tractat Mundinus Bononum qui supra hoc scripsit et ipsam fecit multoties, et magister meus Bertucius per hunc modum, situatum corpore mortuo in banco faciebat de ipso quatuor lectiones…”, en Chirurgia Guidonis de Cauliaco, f. 17r. 44. Vergel de sanidad que por otro nombre se llamava Banquete de cavalleros, Alcalá, Juan de Brocar, 1542, fs. 54v-55r. No menciona el episodio en la versión previa del Banquete de cavalleros, de 1530. 45. Miguel Ángel Castán y Alegre, “Historia nobiliaria de la villa de Ariza. La Casa de los Palafox. Estudio genealógico-nobiliario”, Hidalguía, 316-317 (2006), pp. 399-440, p. 410.
Consolación Baranda Leturio Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 200 una obra que un profesional identificaría sin dificultad 46, pero en sus prólogos no alude nunca a sus colegas como destinatarios hipotéticos. Por otra parte, la mayoría de los cirujanos carecían de formación académica, eran romancistas que desconocían el latín, razón por la que se multiplican en Europa los tratados de cirugía en lenguas vulgares durante la segunda mitad del siglo XVI; este tratado anatómico no era de utilidad alguna para ellos 47. Tampoco parece razonable deducir que, reproduciendo la obra de Chauliac a la altura de 1542, Lobera pretendiera exhibir conocimientos anatómicos ante los colegas. En conjunto, este pequeño Libro de anatomía ofrece a unos receptores no cualificados un relato de ficción, cuyas intenciones divulgativas se someten al afán de amenidad y humor, rodeado por un envoltorio científico redactado en latín; es una forma oblicua —y en cierto modo engañosa— de mostrar a legos en medicina su competencia profesional en una materia sobre la que empezaba a mostrarse gran interés en el ámbito de la cirugía y la medicina. La convivencia de textos en castellano y latín es práctica habitual en la obra de Lobera que —como veíamos al comienzo del trabajo— ha llamado la atención en estudios previos. Aunque las citas de autores o textos latinos en los libros de medicina redactados en lengua vulgar son comunes —sirven para proporcionar una garantía de formación académica y de solvencia profesional—, hasta donde alcanzo, ningún autor compagina ambas lenguas de la misma forma que Lobera. Bertha Gutiérrez Rodilla considera que, en su caso, con la presencia de textos latinos no solo pretendería: […] conseguir credibilidad al autor ante el lector profano […], sino más bien ante sus propios colegas, quienes seguro no verían con buenos ojos tanto empeño en divulgar medicina: así les mostraba que ese empeño no estaba reñido con 46. Su apropiación del texto de Guy de Chauliac no cabe ni en el concepto más amplio de la imitatio practicada como forma de creación literaria en la época. 47. Baste recordar cómo Valverde de Amusco argumenta su renuencia a escribir en lengua vulgar: “Considerando, ilustríssimo señor, la gran falta que la nación nuestra tiene de hombres que entiendan la anatomía […] y visto el daño que desto se sigue a toda la nación española, parte por los cirujanos (a quien más falta haze no entenderla) saber poco latín, parte por aver escrito el Vesalio tan escuramente […] pareciome cosa muy conveniente escrivir esta historia en nuestra lengua […] Pero mirando por otra parte la poca autoridad que entre españoles las cosas de romance tienen, no se me alçavan los braços a hazerlo, hasta que el mandado de vuestra señoría ilustríssima […] me forçó”, Historia de la composición del cuerpo humano, Roma, Antonio de Salamanca y Antonio Lafrerii, 1556, f. *ii.
Medicina y ficción: el extraño caso del Libro de anatomía de Lobera de Ávila (1542) Dynamis 2024; 44 (1): 179-204 201 tener un excelente conocimiento de las grandes autoridades médicas, así como una formación tan sólida como la de cualquiera de ellos 48. Los escasos datos biográficos de Lobera de Ávila muestran un rápido ascenso en un medio extraordinariamente competitivo y un claro afán de reconocimiento profesional. Después de lograr el título de médico de la corte en 1529, sustituye el apellido Núñez por el de Lobera y exhibe en sus obras conocimientos de fuentes latinas de una manera creciente. Faltan estudios detenidos sobre la relación entre las partes redactadas en lengua vulgar y los escolios latinos; en el caso concreto que se analiza en estas páginas —el Libro de anatomía— el latín parece servir para impresionar a esos destinatarios de la corte que eran su público fundamental; Guy de Chauliac seguía leyéndose a lo largo del siglo XVI, pero en 1542 no se puede considerar que constituyera una muestra de especial competencia profesional en anatomía. Aquí el texto latino sugiere, en cierto modo, un ejercicio de impostura; parte de sus lectores, caballeros o miembros de la nobleza, desempeñaban cargos administrativos que exigían formación académica (oidores, secretarios, miembros de consejos, etc.) 49 y conocimientos de latín, pero no de medicina; es plausible que el empleo de la lengua culta estuviese pensado para ellos —pacientes potenciales sin formación médica— y no para colegas de profesión que difícilmente encontrarían relevante la información que proporciona el libro. Agradecimientos Agradezco a Milagro Laín y a Lucía Sanz Gómez sus lecturas minuciosas y las observaciones sobre el original de este trabajo. œ 48. Berta G. Rodilla, “La antineología de la medicina renacentista en castellano: los textos instructivos y de divulgación”, Foro hispánico. Revista hispánica de Flandes y Holanda, 41 (2010), pp. 41-56, p. 52. 49. A este respecto es muy ilustrativa la nómina de los 37 destinatarios a los que responde acerca de varias preguntas de medicina, incluida en su última obra —Libro del regimiento de la salud y de la esterilidad… (1551), ff. 13v-32v—, figuran en ella esos lectores ideales a quienes se dirige: algunos nobles de menor rango, licenciados, eclesiásticos, doctores en derecho, miembros del consejo de su majestad y de su cámara, secretarios, etc.; no figura ningún médico ni tampoco personajes de la alta nobleza.
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