scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750)

Mendes Drumond Braga, Isabel M. R.

Abstract

El presente trabajo pretende contribuir al conocimiento de la coexistencia y la complementariedad entre la medicina popular y la medicina universitaria en el Portugal de la primera mitad del siglo XVIII. La exposición comienza presentando algunas noticias acerca de la formación universitaria de los médicos y la publicación de obras de medicina, y se centra en el estudio de los anuncios aparecidos en la Gazeta de Lisboa entre 1715 y 1750. Esos anuncios dan cuenta de las dolencias más comunes que padecían los enfermos, así como de la gran cantidad de remedios curativos que se ofrecían para curarlas, y constituyen una muestra del pluralismo de las prácticas médicas realizadas tanto por profesionales cualificados, portugueses y extranjeros, como por personas sin ninguna titulación.

Full text

DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA (*) BIBLID [0211-9536(2002) 22; 209-233] Fecha de aceptación: enero de 2002 SUMARIO 1.—Introducción. 2.—Críticas a la medicina y a los médicos. 3.—Los anuncios aparecidos en la Gazeta de Lisboa (1715-1750). RESUMEN El presente trabajo pretende contribuir al conocimiento de la coexistencia y la complementariedad entre la medicina popular y la medicina universitaria en el Portugal de la primera mitad del siglo XVIII. La exposición comienza presentando algunas noticias acerca de la formación universitaria de los médicos y la publicación de obras de medicina, y se centra en el estudio de los anuncios aparecidos en la Gazeta de Lisboa entre 1715 y 1750. Esos anuncios dan cuenta de las dolencias más comunes que padecían los enfermos, así como de la gran cantidad de remedios curativos que se ofrecían para curarlas, y constituyen una muestra del pluralismo de las prácticas médicas realizadas tanto por profesionales cualificados, portugueses y extranjeros, como por personas sin ninguna titulación. Palabras clave: Ejercicio médico, pluralismo médico, Portugal, Gazeta de Lisboa, siglo XVIII, profesionales sanitarios. Keywords: Medical practice, medical pluralism, Portugal, Gazeta de Lisboa, 18th century health professions. (*) Doctora en Historia. Profesora auxiliar. Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Rua Maria Andrade, 39, 3º dto. 1170-215 Lisboa. E-mail: [email protected]. 210 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. 1. INTRODUCCIÓN «(...) vi cirujanos fantasiosos, boticarios, barberos, sangradores, algebristas, albéitares, soldados, gitanos, judíos, idiotas, ladrones, extranjeros, alquimistas, curanderos, santiguadores, parteras, beatas, hechiceros y hechiceras, todas y todos revestidos de médicos y disfrazados de doctores vendiendo medicinas a medio mundo o vendiendo a todo el mundo con sus medicinas. En medio de tantos y tan diversos médicos, vi unos que jugaban con las vidas, otros que perseguían las bolsas, unos que dormían sobre los libros, otros que comerciaban con los enfermos, otros que murmuraban de éstos, otros que culpaban a aquéllos, unos que se regodeaban o se alegraban del mal de los otros que con el bien de otros engañaban, unos agitados, otros desvanecidos, unos suspirando por matar, otros muriendo por vivir»(1). Con esta mordaz descripción, contenida en el prólogo de Portugal Medico (Coimbra, 1726), su autor, Brás Luís de Abreu, se refería a los variopintos personajes que practicaban la medicina en el Portugal de principios del siglo XVIII. Como Abreu, otros autores portugueses —Sarmento, Verney o Ribeiro Sanches— expresaron sus críticas ante los juegos de intereses que se movían en torno a los enfermos. Durante el siglo XVIII, el progreso de las ciencias en general y, en concreto, los nuevos conocimientos en materia de salud contribuyeron a mejorar la percepción que se tenía de la práctica médica, sobre todo en las grandes ciudades europeas. El ennoblecimiento de algunos profesionales y el papel relevante de los médicos de la corte no fueron ajenos a este fenómeno(2). A pesar de estos progresos, el recurso al médico continuó siendo un lujo sólo al alcance de una parte de la población. La mayoría de las personas se medicaba ella misma, consultaba a la matrona, escuchaba al charlatán o seguía la cura prescrita por la curandera. Por otro lado, la medicina popular y la medicina univer- (1) ABREU, Brás Luís de. Portugal medico ou monarchia medico-lusitana, historico, practica, symbolica, ethica e politica..., Coimbra, Oficina de João Antunes, 1726, prólogo. (2) Sobre esta cuestión, véase CHAUSSINAND-NOGARET, Guy. Nobles médecins et médecins de Cour au XVIIIè siècle. Annales E. S. C., 1977, 32 (5), 851-857. 211 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. sitaria coincidían con frecuencia, y no eran raros los casos en que una misma persona recurría al médico y al curandero buscando soluciones para sus males(3). En Portugal, puesto que sólo la Universidad de Coimbra ofrecía la posibilidad de realizar estudios de medicina, es relativamente fácil conocer la evolución demográfica de quienes pretendían graduarse de médico durante el periodo considerado. Si se tiene en cuenta las matrículas de los alumnos de todos los cursos, se observa un aumento del número de inscritos entre 1700 (1.610 alumnos) y 1750 (2.546); a pesar de ese crecimiento hubo oscilaciones: en 1717 se llegó al número más bajo de matriculados, 1.555, frente al máximo de 3.041 registrado en 1736(4). Es decir, hubo una tendencia ascendente de efectivos de estudiantes hasta la reforma pombalina, hecho que no puede desligarse del crecimiento general de la población portuguesa(5). De cualquier modo, más importante que las cantidades globales parece ser la comparación entre las diversas facultades, toda vez que nos permite evaluar la influencia de la Universidad en las diversas esferas de poder y de acción. La Universidad continuó formando, especialmente, canonistas (125.672) y, a gran distancia, licenciados en leyes (15.066), seguidos de los médicos (11.317, es decir, un 7% del total de los alumnos) y los teólogos (7.718), cifras que obedecen a las salidas que ofrecía la sociedad de entonces. En Coimbra todavía seguían en vigor los estatutos de 1597, confirmados por Juan IV en 1653. Eran conocidos con el nombre de «Estatu- (3) Sobre esta situación en Francia véase GOUBERT, Jean Pierre. L’art de guérir, médicine savante et médicine Populaire dans la France de 1790. Annales E. S. C., 1977, 32 (5), 908-926. (4) FONSECA, Fernando Taveira da. A Universidade de Coimbra (1700-1771). Estudo social e económico, Coimbra, Acta Universitatis Conimbrigensis, 1995, pp. 31-33. Estos datos difieren ligeramente de los que presenta VASCONZELOS, António de. Estadística das matrículas efectuadas na Universidade de Coimbra durante dois Séculos (1573-1772). In: Escritos vários relativos à Universidade Dionisiana, Coimbra, Coimbra Editora, 1941, vol. 2, p. 121. (5) FERRO, João Pedro. A população portuguesa no final do Antigo Regime (1750-1815), Lisboa, Presença, 1995, p. 32. El número asciende a 871.928 fuegos y 2.345.339 habitantes en el año 1765. 212 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. tos Viejos», en contraposición a los «Estatutos Nuevos», que serían promulgados más adelante, en 1772(6). El elenco de materias de los diferentes cursos ayuda a hacernos una idea de las enseñanzas impartidas por entonces en la Facultad de Medicina: en la cátedra de Prima, se leía a Galeno; en la de Vísperas, a Hipócrates; en la de Avicena se estudiaba la obra de este autor; en cuanto a Anatomía, se leía a Galeno y se enseñaba cirugía. Por lo que respecta a las catedrillas, estaban dedicadas también a la lectura de textos de Galeno(7). Veamos ahora lo que supuso la medicina portuguesa en términos de producción y circulación de textos científicos. El estudio de los libros, de todo tipo, anunciados en la Gazeta de Lisboa entre 1715 y 1750 que hemos llevado a cabo, nos permite apuntar que el número de obras publicadas suma 2.097 títulos, de los cuales 191 son de tema científico, o sea, el 9% del total. Las obras de medicina y farmacia representaban el 4% del total de las obras reseñadas y, a su vez, el 43,4% de los libros de ciencia(8). Por lo que se refiere a la presencia de libros científicos o médicos en las bibliotecas de la época, no se dispone de estudios que permitan (6) El texto de los Estatutos puede verse en: Estatutos de Universidade de Coimbra (1653), edición facsímil, Coimbra, Acta Universitatis Coimbrigensis, 1987. Sobre los estudios médicos antes de la reforma pombalina y sobre las preocupaciones reflejadas en los nuevos estatutos, véase GUERRA, Miller. A reforma pombalina dos estudos médicos. Brotéria, 1983, 116 (2), 194-212. (7) Véase lo que escribió FERNANDES, José da Silva. Discurso apologetico cirurgicomedico, Lisboa Ocidental, Oficina de Miguel Rodrigues, 1729, p. 2, acerca de la práctica de la cirugía: «Los mejores maestros son los que cuando eran discípulos eran los que más argumentaban, porque con los argumentos se obtienen los conocimientos sobre la verdad para seguirlos y dar razones para sus refutaciones. De aquí se sigue que para saber la verdad es preciso argumentar. Por eso como en las aulas de cirugía no permiten el acceso debido a los profesores, que en algún punto quisiesen dudar, por eso es preciso valernos de la Escritura, para con ella consultar los maestros más sabios, pues estos, como dice Damasceno, son los mejores oráculos, como se puede desengañar a quien tuviera alguna duda». (8) BRAGA, Isabel M. R. Mendes Drumond. As realidades culturais. In: Avelino de Freitas de Meneses (coord.), Portugal da Restauração ao Ouro do Brasil, Lisboa, Presença, 2001, vol. 7, pp. 492-495. 213 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. conocer el interés de sus propietarios, ya se tratara de bibliotecas particulares o institucionales, por los mismos. Sirva, no obstante, a título de ejemplo, el estudio realizado por Ana Cristina Araújo de la biblioteca del sargento mayor de batalla, José da Silva Pais. Inventariada en 1757 y compuesta por 437 volúmenes, contaba con 14 títulos de medicina y cirugía frente a 252 de historia, 89 de geometría y trigonometría, 68 de religión y 14 de filosofía. Entre las obras médicas —se incluye en ellas la albeitería— se encontraban autores contemporáneos, como Jean Leclerc, en una traducción de 1725, Jacob de Castri Sarmento (1721 y 1735), Brás Luís de Abreu (1726) y Francisco Henriques (1736)(9). En un nivel diferente, las corporaciones de profesionales no sólo se preocuparon por reunir y estudiar los informes acerca de problemas surgidos en la práctica diaria, sino, incluso, por publicarlos. La Academia de Cirugía de Porto solicitó a todos los cirujanos que le remitiesen las observaciones más notables. Hasta junio de 1748, la institución sólo había recibido 35 respuestas, lo que motivó una nueva llamada, al mismo tiempo que la promesa de imprimir los relatos dignos de ello(10). Literatura 12% Política 8% Religión 59% Ciencia 9% Derecho 3% Historia 9% GRÁFICO 1 MATERIA DE LAS OBRAS ANUNCIADAS EN LA GAZETA DE LISBOA (1715-1750) (9) ARAÚJO, Ana Cristina. Livros de uma vida. Critérios e modalidades de constituição de uma livraria particular no século XVIII. Revista de História das Ideas, 1999, 20, 149-185. (10) Gazeta de Lisboa, n.º 26, 27 de Junio de 1748. 214 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. La preocupación por la adopción de la lengua propia, frente al latín y al castellano, fue una característica de la medicina portuguesa. La vernaculización fue patente durante el siglo XVII —de las 89 obras de medicina de autores portugueses, 68 fueron escritas en latín, 16 en portugués y cinco en castellano— y durante el XVIII no hizo sino acentuarse esta tendencia(11). Así, João Curvo Semedo, médico de la familia real y autor famoso en su época, defendió la utilización del portugués en la redacción de textos científicos. En el prólogo de su Polyanthea Medicinal, obra que fue reeditada en cinco ocasiones por lo menos, la primera de las cuales data de 1697, dice: «En primer lugar, me culparás de escribir en lengua portuguesa un arte tan noble como es la medicina. Respondo que no tienes razón, porque el principal intento de quien escribe una obra es acreditarse a sí mismo y beneficiar a los otros, y para conseguir estos dos fines el mejor medio es escribir en la lengua que todos entiendan». Otros médicos portugueses, como por ejemplo Francisco Morato Roma, fueron del mismo parecer(12). 2. CRÍTICAS A LA MEDICINA Y A LOS MÉDICOS La proximidad, cuando no la similitud, entre los métodos utilizados por los profesionales y por los curanderos y charlatanes fue causa de fuertes críticas a la medicina tal como era practicada en la época. La existencia de remedios comunes y tratamientos tan extraños como, por ejemplo, el que fue propuesto para fortalecer a João V, en 1743, que consistía en introducir al monarca dentro de un buey muerto, constituían motivos de confusión y de perplejidad(13). Por otro lado, téngase (11) CARVALHO, Rómulo de. O Uso da língua latina na redacção dos textos científicos portugueses. In: Actividades Científicas em Portugal no século XVIII, Évora, Universidade de Évora, 1996, p. 73. (12) CARVALHO, nota 11, p. 76. (13) Sobre la enfermedad de este monarca, véase BRAGA, Paulo Drumond. Comportamientos Colectivos perante a doença régia em Portugal nos meados do século XVIII. In: Maria de Lurdes Ferraz; José Francisco Rodrigues e Luís Saraiva (coords.). Anastácio da Cunha 1744-1787. O Matemático e o Poeta. Actas do Colóquio Internacional, Lisboa, Imprensa Nacional Casa da Moeda, 1990, pp. 261-279; y 215 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. en cuenta que la automedicación era una práctica frecuente. Algunos médicos propiciaban esta situación amparándose en presupuestos humanitarios. En 1754 se publicó una obra titulada Atalaya da vida, de João Curvo Semedo, cuya publicación se justificaba porque servía para «socorrer a los pobres enfermos faltos de médicos, o de dinero para llamarlos»(14). La frecuente demanda de sanadores empíricos, que contó con una cierta oposición entre los profesionales de la medicina y que fue motivo de reflexión por parte de las clases letradas, se explica por una serie de realidades cotidianas, entre ellas las numerosas lesiones provocadas por la violencia física, los insuficientes cuidados de higiene, la dieta alimentaria deficiente, las limitaciones del saber médico y el exiguo número de profesionales(15). La dificultad de establecer fronteras claras entre profesionales y empíricos, provocó, entre otras cosas, que los médicos portugueses fuesen mal vistos por los extranjeros que visitaban Portugal, a pesar de que no fuese un hecho exclusivo del país(16). Por otro lado, era frecuente, en algunos textos impresos, la confusión entre las curas recomendadas por los médicos y las prácticas mágico-creenciales de los curanderos y los charlatanes. BRAGA, Paulo Drumond. Doença de D. João V como Tema da Oratória Barroca: O Problema da Cura. In: I Congreso Internacional do Barroco. Actas, Porto, Reitoria a Universidade do Porto-, Governo Civil do Porto, 1991, vol. 1, pp. 167-175. Sobre otra situación semejante, véase BRAGA, Paulo Drumond. Preces Públicas no Reino pela Saúde de D. Maria (1792). Revista da Facultade de Letras, 1994, 11, 215-225. (14) SEMEDO, João Curvo. Atalaya da Vida contra as Hostilidades da Morte; Fortificada, e Guarnecida com tantos Defensores, quantos são os Remedios, que no Decurso de Cincuenta e Oyto annos Experimentou, Lisboa, Oficina de Domingo Gonçalves, 1754, dedicatoria. (15) PAIVA, José Pedro. Práticas e Crenças Mágicas. O Medo e a Necessidade dos Mágicos na Diocese de Coimbra (1650-1740), Coimbra, Minerva, 1992, pp. 78-80; PAIVA, José Pedro. Bruxaria e Superstição num País sem «Caça às Bruxas». 1600-1774, Lisboa, Notícias, 1997, pp. 60-62, 103-112, passim. (16) SANTOS, Piedade Braga; RODRIGUES, Teresa; NOGUEIRA, Margarida Sá. Lisboa Setecentista vista por estrangeiros, Lisboa, Livros Horizonte, 1987, p. 45. 216 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. Bernardo Pereira, médico en Sardoal, en su obra Anacephalosis MedicoTheologica, Magica, Juridica, Moral y Politica, publicada en 1734, pone de manifiesto sus intenciones en el subtítulo al escribir: «obra necesaria para los médicos y muy precisa para los exorcistas por las advertencias que incluye para evitar los innumerables absurdos que se cometen tanto en la aplicación de los remedios mágicos y naturales como en la de los divinos y eclesiásticos, especialmente en los exorcismos»(17). Por otro lado, en unas recetas de 1715, se encuentran oraciones para personas y animales mordidos por perros(18), al mismo tiempo que, en las memorias parroquiales de Aljezur, aparecen referidos los nombres de João y Pedro Galego, que tenían fama de curar personas mordidas por perros rabiosos a través de sus reliquias(19). No olvidemos tampoco los santos y sus virtudes medicinales, siguiendo una lista elaborada por Luis Cardoso en 1723(20), entre los cuales tenemos San Adrián Mártir, San Carlos Borromeo, San Roque y San Sebastián contra la peste; San Albero, Santo Domingo, San Onofre y San Quinino contra las fiebres; San Anastasio contra el demonio, San Avelino contra las apoplejías, San Marculfo contra las escrófulas, entre muchas otras(21), e incluso recetarios (17) PEREIRA, Bernardo. Anacephalosis Medico-Theologica, Magica, jurídica, Moral e Politica..., Coimbra, Oficina de Francisco de Oliveira, 1734. Anteriormente en Gazeta de Lisboa, n.º 47, 22 de Noviembre de 1725, ya anunciaba una obra donde se podían encontrar enseñanzas para exorcizar demonios y deshacer hechizos. (18) Biblioteca Nacional, Lisboa, Cod. 7376. (19) MENDES, Isabel Maria Ribeiro. Aljezur, Borderia, Carrapateira e Odeceixe em 1758. Memórias Paroquiais. Espaço Cultural, 1990, 5, 29-46. (20) La Gazeta de Lisboa, n.º 10, 5 de Marzo de 1733, anunciaba la publicación de este texto. (21) La reproducción de la lista, publicada en CARDOSO, Luís. Receita universal ou Breve Noticia, fue hecha por CARVALHO, Augusto da Silva. O Culto de S. Cosme e S. Damião em Portugal e no Brasil. Història das Sociedades Médicas Portuguesas, Coimbra, Imprensa da Universidade, 1928, pp. 19-20 y por SANTOS, Eugénio dos. O Homem Português perante a Doença no século XVIII: Attitudes e Receituário. Revista da Faculdade de Letras. História (2.ª série), 1984, 1, 199-201. Considerando que tal estado de cosas era ridículo, Cavaleiro de Oliveira escribió: «En Portugal, San Cornelio es el patrón de los animales galhudos. La iglesia del santo situada en los Olivais se ve llena de los más variados tipos de cuernos; son las ofrendas de los fieles. Los capuchinos, bajo cuya jurisdicción está la iglesia, fabrican los cuernos de todas las formas y tamaños y los venden con el nombre de cuernos 217 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. del siglo XVIII en los que se prescribe estiércol de ratón y pene de toro para aliviar los cólicos, jabón para el bazo, bofes de zorro para el asma y cáscara de bagazo para problemas tan diversos como deflujos, flatos, fiebres, viruelas, cólicos, hechizos o demonios(22). También son reveladoras las observaciones apuntadas por Cavaleiro de Oliveira, cuando escribía que: «el mal de ojo consiste en un estado de postración y lasitud acompañado de dolores de cabeza y bostezos repetidos. Los médicos portugueses han abandonado la cura de las molestias a las sanadoras, por lo general pobres e incultas mujeres. El ritual que emplean es tan ridículo como los remedios a los que recurren [...] la santiguadora, después de ahumar al doliente con una mezlca de incienso, ajo, sal, laurel y romero, y persignándose tres veces en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, murmura unas palabras enigmáticas, que sólo ella y nadie más, entiende. La ceremonia se repite tres veces, la virtuosa criatura acaba por atraer el mal hacia ella, por lo que, con el pretexto de tener que ahuyentarla ahora del propio cuerpo, exige la espórtula correspondiente[...]. ¿Se puede creer que tales actos se cometan en una ciudad como Lisboa, en plena Europa, en donde hay colegios, academias, universidades?»(23). En el mismo sentido se insertan las observaciones de Luís García de Cunha, cuando refiere «la creencia que San Cayetano aliviaría de sus afliciones y dolencias a las mujeres que le sacrificasen los cabellos. De ahí que la capilla del santo, situada en Lisboa, pareciese una peluquería...»(24). benditos o cuernecillos de San Cornelio y son propicios para preservar a los animales de males ruines y a los hombres de mal de ojo. Es un comercio como otro cualquiera». OLIVEIRA, Cavaleiro de. Recreação Periodica, prefácio e traduçao de Aquilino Ribeiro. Lisboa, Biblioteca Nacional, 1922, vol. 1, p. 224. (22) SANTOS, nota 16, pp. 192-196. (23) OLIVEIRA, nota 21, vol. 2, pp. 29-31. (24) Instrução Inéditas de D. Luís da Cunha a Marco António de Azevedo Coutinho, revisadas por Pedro de Azevedo y prologadas por Antonio Baião, Coimbra, Imprensa da Universidade, 1929, p. 50. 224 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. permanecería encamado durante mucho tiempo(57). En 1749, tocaba el turno al doctor Clemente Vaz Belo Cidade, domiciliado en la Rua da Oliveira, quien presentaba un remedio para el mal francés, que también podía prescribirse para las hernias(58). Hemorroides y lombrices El tratamiento de las hemorroides parece pertenecer a la órbita de los empíricos, ya que los anuncios encaminaban a los pacientes hacia un tal Manuel Correira Ferrador, que vivía en las Portas de Santo Antão, en Lisboa, el cual indicaba dónde se podía adquirir cierto medicamento, que costaba una moneda de oro(59). Las lombrices fueron objeto de atención por parte del cirujano António Gorjão de Macedo(60). Por su parte, el doctor Gilberto de Latte, médico flamenco examinado por el Físico Mayor del Reino, frecía sus servicios para «curar la mayor parte de las dolencias que muchos médicos dan por incurables, especialmente las dolencias causadas por obstrucciones, por el conocimiento que de ellas le ha dado no sólo su edad sino su experiencia como médico, cirujano y anatomista»(61). Remedios medicinales Buena parte de los anuncios publicados en la Gazeta de Lisboa, cerca del 50%, se dedican a la divulgación de medicamentos específicos para cierta dolencia o, más comúnmente, buenos para casi todos los males. Así, tenemos el agua de Inglaterra —creada inicialmente por el doctor Fernando Mendes— para las fiebres, que se vendía en casa de la viuda (57) Gazeta de Lisboa, n.º 24, 15 de junio de 1719. (58) Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 4, 30 de enero de 1749. (59) Gazeta de Lisboa, n.º 12, 23 marzo de 1724; Gazeta de Lisboa, n.º 18, 4 de mayo de 1724. (60) Gazeta de Lisboa, n.º 25, 24 de junio de 1717. (61) Gazeta de Lisboa, n.º 29, 21 de julio de 1729. 225 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. Ana María de Brito, en la Rua Nova de Lisboa(62); en casa de Martini Evan Heydendael, en la Ruada Calçada de Coimbra y, a partir de 1732, en casa de Fernando María Martins en la misma ciudad(63). En la Rua dos Mouros, podían adquirirse, aparentemente, falsificaciones del mismo producto, o de otros afines(64). También había otro agua para las fiebres, que había fabricado Francisco do Vale Cordeiro, cirujano, que la vendía en la Rua das Gáveas, por 12 dineros(65). Además estaba el «agua de vida» hecha por el conde de Vila Flor, Cristóvão Manuel de Vilhena(66), buena para todos los achaques y también otra útil contra diversos males, tales como «calenturas y fiebres de todas clases excepto tísicas y malignas, para el mal francés, para el de pecho, contra el mal cocimiento de humores, para la melancolía, para la matriz, hígado y pulmones, para la menstruación, piedra, heridas, llagas y flatos; usando dicho remedio en cualquier dolencia con fiebre, no llegarán a experimentar la gravedad de las malignas, ya que usando dicho medicamento una vez que ha comenzado la maligna, la acorta»(67). Aparece también referencia a un «agua simpática» de Estevão Jordão, destinada a enfermedades incurables, vendida a 120 reales cada medida, la cual sería usada «a modo de baño»(68). (62) Gazeta de Lisboa, n.º 35, 31 de agosto de 1719; Gazeta de Lisboa, n.º 1, 4 de enero de 1720; Gazeta de Lisboa, n.º 52, 25 diciembre de 1721; Gazeta de Lisboa, n.º 15, 9 de abril de 1722; Gazeta de Lisboa, n.º 38, 17 de septiembre de 1722; Gazeta de Lisboa, n.º 19, 13 de mayo de 1723; Gazeta de Lisboa, n.º 34, 23 de agosto de 1725; Gazeta de Lisboa, n.º 12, 25 de marzo de 1749; Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 13, 3 de abril de 1749. (63) Gazeta de Lisboa, n.º 41, 8 de octubre de 1722; Gazeta de Lisboa, n.º 9, 4 de marzo de 1723; Gazeta de Lisboa, n.º 30, 24 de julio de 1732. (64) Gazeta de Lisboa, n.º 48, 27 de noviembre de 1721. (65) Gazeta de Lisboa, n.º 38, 18 de septiembre 1721; Gazeta de Lisboa, n.º 43, 26 de octubre de 1724. (66) Gazeta de Lisboa, n.º 42, 19 de octubre de 1719. (67) Gazeta de Lisboa, n.º 19, 9 de mayo de 1720; Gazeta de Lisboa, n.º 20, 16 de mayo de 1720. Otro agua llamada «conservación de la salud» se anunciaba en 1725 para los mismos fines, publicitada por José Cardoso, asistente en Valverde, en el hospicio de los frailes jerónimos. El producto podía adquirirse en la botica de Manuel da Silva Vilela: Gazeta de Lisboa, n.º 23, 7 de junio de 1725. Años después, se anunciaba el producto con otro fin: Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 20, 22 de mayo de 1749. (68) Gazeta de Lisboa, n.º 20, 15 de mayo de 1727. 226 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. La preocupación por la autenticidad del agua de Inglaterra llevó a que, en 1724, se determinase que ninguna persona pudiese vender envases con lacre rojo si no eran los seguidores del doctor Fernando Mendes, bajo pena de una multa de 50 cruzados(69). También se intentó impedir que fuera falsificada otro «agua de Inglaterra», obra del doctor Jacob de Castro Sarmento. Para evitar confusiones, un anuncio dio a conocer tanto el modo de identificar el producto como los diferentes lugares de venta del país: «las auténticas aguas de Inglaterra de dicho doctor Jacob Castro Sarmento se distribuyen en garrafas que llevan el nombre de dicho autor impreso o esculpido en el interior y que sólo se venden en Lisboa en la botica de Pedro Nobre, situada en la Rua Nova do Almada y en la de Jacomo Vallebella, en la esquina de Cordoaria Velha; en Coimbra, en la botica del colegio de la Compañía; en Porto, en la botica de Manuel de Almeida Coutinho; en Faro, en la de Antonio de Castro Ribeiro; en Évora, en la del colegio de la Compañía; en Estremoz, en la de los padres de la Congregación del Oratorio; en Elvas, en casa del doctor João Mendes Saquet Barbosa; en Vila Viçosa, en la de João Antunes Moreira; en Portalegre, en la del doctor Diego Moreno Valejo; en Benavente, en la de Filipa Maria; en Abrantes, en la de José Alves Correia; y en Rio de Janeiro, en la del doctor Mateus Saravia»(70). Los remedios para la tos y para los tísicos podían ser adquiridos en la botica de Félix Vieira, en Sacavém, y en casa de João dos Santos, en el Lagar do Sebo, en Lisboa. Con el medicamento se proporcionaba «un papel impreso que enseña el modo cómo se ha de usar»(71). A partir de 1733, el mismo producto podía adquirirse en la botica de Manuel Jorge de Faria, en el Cunhal das Bolas(72). En la botica de Bartolomeu da Fonseca, que vivía junto a la iglesia de la Magdalena, en Lisboa, podía encontrarse un específico, preparado según una receta inglesa, contra los dolores de cabeza provocados por las piedras en los (69) Gazeta de Lisboa, n.º 34, 23 de agosto de 1725. (70) Gazeta de Lisboa, n.º 52, 31 de diciembre de 1748. (71) Gazeta de Lisboa, n.º 3, 10 de enero de 1730. (72) Gazeta de Lisboa, n.º 28, 9 de julio de 1733. 227 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. riñones(73). Los medicamentos específicos para tumores e inflamaciones de los ojos podían ser adquiridos en casa de Francisco Gonçalves Pereira, cirujano anatómico, que vivía junto a la iglesia de Santo Tomás(74). En casa de Manuel Rodríguez Pereira, situada en la Rua Direita de Valverde(75), se podían adquirir remedios para los dolores de barriga. Los preparados contra el mal francés, tumores y hemorragias postparto o causadas por abortos, eran recomendados por João da Costa Bernardes, cirujano que asistía detrás de la iglesia de São Martinho(76). El análisis de los diversos anuncios publicados nos lleva, necesariamente, a reflexionar acerca del mérito de los métodos de cura propuestos y de la cualidad de los medicamentos reseñados. Resalta la confusión con que eran abordados los asuntos de competencia médica por parte de profesionales y de gente sin ninguna titulación. Si algunos médicos no dejaban de destacar su currículo científico, su experiencia profesional y la autorización que habían recibido del Físico Mayor, otros expertos anunciban las más diversas bondades de sus productos y se proponían atender enfermos en su casa, en el café y en la barbería. Oculistas Los oculistas también marcaron su presencia, aunque algunos trataban otros problemas de salud ajenos a su especialidad. A finales de 1736, un tal Monsieur Daniel, que afirmaba ser caballero de la Orden de San Roque, maestro en artes y en cirugía, oculista, residente en Marsella, cirujano de las galeras del rey de Francia y socio de la Real Academia de Ciencias de Toulouse, apareció en Lisboa, afirmando que sus méritos ya habían sido anunciados en las gacetas de Madrid. Informaba que había llegado «para asistir a la cura de una persona de gran (73) Gazeta de Lisboa, n.º 4, 28 de enero de 1740. (74) Gazeta de Lisboa, n.º 20, 19 de mayo de 1740; Gazeta de Lisboa, n.º 41, 13 de octubre de 1740. (75) Gazeta de Lisboa, n.º 2, 12 de enero de 1745. (76) Gazeta de Lisboa Suplemento, n.º 17, 29 de abril de 1745. 228 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. consideración que padecía una enfermedad en los ojos» y que estaba a disposición de cualquier interesado entre las 8 y las 10 y las 13 y 15,30 horas en su casa de la Rua dos Remolares, junto a la Cruz do Ouro, en Lisboa(77). Cerca de un mes más tarde, el mismo oculista publicó un nuevo anuncio, donde hacía saber que había entrado en contacto con la familia real portuguesa y que partía para España, dando a conocer el itinerario y las fechas de estancia en cada uno de los lugares, bien de Portugal, bien de España, para que sus pacientes pudieran contactar con él. El mismo personaje no dejó de señalar cómo había adquirido gran reputación gracias a las operaciones que venía realizando «con rara destreza y excelente éxito, a juicio de muchos médicos y cirujanos sabios de esta ciudad y entre ellos algunos de la cámara real»(78). Hacia finales de febrero, Monsieur Daniel mandó publicar un tercer y último anuncio. El éxito de su trabajo y sus muchos pacientes habían retrasado su partida, que se hacía ya inminente, dejando a sus pacientes a cargo de otro médico francés, Monsieur Demol, médico de Montpellier, que vivía en Cata-que-Farás. Aprovechó la ocasión para relatar la operación de cataratas realizada el dos de febrero a doña Teresa de Portugal, monja de Santa Clara y hermana del Secretario de Estado, Antonio Guedes Pereira. Según el relato, doña Teresa no sintió dolor y «al instante vio los objetos que se le presentaban y el sábado dieciséis distinguió un alfiler pequeño que se le mostró a la luz de una candela»(79). En 1738, le tocó el turno al oculista inglés John Taylor, médico del rey de Gran Bretaña, autor de diversas obras —aprobadas por los catedráticos de la Universidad de Coimbra— y socio de diversas academias, presentar sus méritos a los portugueses. Taylor tenía fijada su residencia en la Rua das Flores en Lisboa e invitaba a los que tuviesen interés por sus conocimientos a visitarle el día 11 de noviembre, a las 15 horas, para que oyesen «un discurso sobre la naturaleza y ventajas de sus operaciones, lo cual continuará haciendo todos los días que permanezca en esta corte»(80). El mismo informaba también que las personas (77) Gazeta de Lisboa, n.º 51, 20 de marzo de 1748. (78) Gazeta de Lisboa, n.º 5, 31 de enero de 1737. (79) Gazeta de Lisboa, n.º 9, 28 de febrero de 1737. (80) Gazeta de Lisboa, n.º 45, 6 de noviembre de 1738. 229 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. pobres podrían recurrir diariamente a sus servicios, pues a partir de las 8 horas los atendería gratuitamente, puesto que tenía «licencia del físico mayor». Al final de mes, un nuevo anuncio sobresalía entre otras ofertas, dando cuenta del éxito de la presencia de Taylor en Lisboa(81). Años depués, en 1748, fue el licenciado Manuel du Pré, cirujano aprobado en Portugal, oculista del infante don Manuel(82), que vivía en la Rua dos Anjos, el que anunciaba sus aptitudes para tratar dolencias de ojos y «carnosidades de la uretra», según un método probado en Francia(83). Dentistas Parece que fueron frecuentes la limpieza y conservación de los dientes mediante tratamientos diversos, que incluían obturaciones e implantes de prótesis. De ello dan fe anuncios como los que se publicaban en la Gazeta de Lisboa. En 1718, un extranjero con casa en la Rua da Rosa das Partilhas, junto a la Rua dos Fiéis de Deus, en Lisboa, hacía anunciar «un remedio infalible para blanquear los dientes puliéndolos con piedra, fortaleciendo las encías e impidiendo que no se pudran ni corrompan del todo los que ya estuviesen careados»(84). Al año siguiente, un francés, residente en el Chiado, hacía saber que entre sus dotes se contaba «limpiar muy bien los dientes puliéndolos con piedra, dejándolos muy blancos, y que cuando están perforados suelda el agujero o fosa de forma que nunca más vuelven a doler. Y vende un polvo que tiene la propiedad de limpiar los dientes muy negros y de fortalecerlos. También sabe poner dientes artificiales en los lugares en donde faltan, de tal suerte que se fijan con mucha fortaleza en la boca y parecen verdaderamente naturales»(85). Unos polvos cuyo autor se desconoce, (81) Gazeta de Lisboa, n.º 47, 20 de noviembre de 1738. (82) El infante don Manuel (1697-1766) era hijo de Pedro II y de María Sofía y hermano de Juan V. (83) Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 25, 20 de junio de 1748; Gazeta de Lisboa, n.º 30, 23 de julio de 1748; Gazeta de Lisboa, n.º 30, 23 de julio de 1748. (84) Gazeta de Lisboa, n.º 48, 1 de diciembre de 1718. (85) Gazeta de Lisboa, n.º 22, 1 de junio de 1719. 230 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. se vendían autorizados por el Físico Mayor, por un dinero «cada papel» y se utilizaban contra el dolor de dientes. Según el anuncio, «se han de tomar por la nariz como el tabaco, en la forma que indique la misma persona que lo vende». Este producto podía adquirirse en casa de Cristóvão Francisco de Almeida, confitero, residente en la Rua Direita do Loreto(86). En 1725, un francés, Philipe Duquenet, ofrecía igualmente sus servicios y asistía en la Calcetaria al caballero Beltrán y Bureau, enfrente de la casa del secretario de Estado(87). En 1726, un maltés llamado João Bautista Grimaldo, que vivía en la Rua Nova do Almanda, divulgó sus servicios, anunciando la «especial habilidad que tiene para conservar las encías y blanquear los dientes, de extraer sin daño los que duelen, poniendo otros en su lugar, arrancando las raíces con tanta presteza que no se percibe dolor, todo ello sin usar medicamentos»(88). Volvió a Portugal en 1739, demostrando la larga experiencia que había adquirido en varios reinos europeos(89). Otros anuncios insistían en las cuestiones de fortalecer, conservar y limpiar los dientes mediante «una opiata y una quinta esencia», como Diogo Mignard, que trabajaba con el barbero Julião Lamar(90), o de «un polvo de tal calidad que vuelve los dientes blancos como el marfil»(91), como preconizaba João Antonio du Four, dentista del rey de Cerdeña, que vivía en la Rua Direita da Esperança. Este dentista ejerció en Lisboa cerca de cuatro años. Cuando en 1750 anunciaba su retirada, recordaba que mientras no partiese «extrae dientes y raíces con mucha ligereza, puesto que pone dientes artificiales con los cuales se hace mucho uso y que sirven como los que da la naturaleza, que fija los dientes sujetándolos con un hilo de oro y los deja firmes, los limpia con toda la perfección, con instrumentos recién inventados, y tiene un licor contra el escorbuto»(92). El (86) Gazeta de Lisboa, n.º 30, 25 de julio de 1720. (87) Gazeta de Lisboa, n.º 7, 15 de febrero de 1725. En esta fecha, Diego de Mendoça Corte-Real era Secretario de Estado. (88) Gazeta de Lisboa, n.º 35, 29 de agosto de 1726. (89) Gazeta de Lisboa, n.º 20, 14 de mayo de 1739. (90) Gazeta de Lisboa, n.º 12, 21 de marzo de 1737. (91) Gazeta de Lisboa, n.º 3, 18 de enero de 1746. (92) Gazeta de Lisboa, n.º 21, 26 de mayo de 1750. 231 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. más completo y sin duda el más persuasivo fue el anuncio del cirujano dentista Pierre Gay, francés, que: «alinea los dientes con total perfección, tanto los podridos como los caídos a causa de los muchos accidentes de cada día (...). Limpia con presteza los dientes y les quita el sarro, sin dañar su blancura. También arranca molares e incisivos o delanteros y sus raíces con destreza y los suelda con método. Si alguno está agujereado, le impide el progreso del mal. Pone dientes postizos de tal modo que imitan los naturales, que es imposible conocer si es obra de arte. Y a quien faltasen todos los dientes, hará una hilera de ellos, que no sólo servirá como adorno sino también para masticar. Arranca un diente de una boca y lo pone en otra de modo que al cabo de quince días está tan firme como si hubiera nacido en ella. También asegura los que empiezan a moverse. Iguala los dientes y muelas y los salidos para afuera, los superpuestos y disformes. Fortalece las encías. Aconseja que se ponga todo cuidado en la conservación de los dientes molares y delanteros porque de esta práctica depende la salud, puesto que no se puede hacer bien la digestión si no se mastican bien y se deshacen los alimentos, lo cual no se puede conseguir con unos dientes defectuosos o enfermos. Si los dientes molares y delanteros son necesarios para la salud, no lo son menos para la voz y la pronunciación de las palabras. Los que están obligados a hablar en público y los amantes de la música deben igualmente proteger sus dientes, molares y delanteros, pues este modo de proceder favorece la conservación del pecho, porque cuando el aire sale o entra con demasiada precipitación se apura y se seca, lo que se puede evitar con grande cuidado. Los dientes también sirven para sostener las mejillas y los labios. No son de menor importancia para alegrar la cara, como lo muestra la experiencia de los que se hallan faltos de dientes. ¿Con qué trabajos se hallan las señoras que por casualidad han perdido alguna muela o diente delantero? No osan abrir la boca, ni decir una palabra, ni sonreir por no manifestar la imperfección motivada por sus descuidos. Podría relatarse otros muchos defectos que esta negligencia produce: el mal aliento que sale de la boca, el color repugnante y la inmundicia, sin embargo esto basta para persuadir a las personas de uno y otro sexo a valerse de un hombre diestro y sabio para evitar por sus medios la mayoría de las consecuencias que de ellos resultan»(93). (93) Gazeta de Lisboa, n.º 49, 8 de diciembre de 1738. 232 ISABEL M. R. MENDES DRUMOND BRAGA DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. Honorarios Ciertamente, la búsqueda del lucro fácil era uno de los motivos para la invención de tantas medicinas, en una sociedad creyente, pobre y con una práctica médica incapaz de solucionar los problemas de la población. De igual modo algunos afirmaban que el paciente sólo pagaría después de haber obtenido cura. Francisco Luís Vasconcelos, religioso francés, que vivía en el Campo do Curral, propaló una serie de medicamentos para diferentes males: gálico, dolor de dientes, problemas oculares y estomacales, fiebres, etc. Resaltando que en el caso del mal gálico, no pedía satisfacción del valor del remedio, ni de su tratamiento, hasta que el paciente no estuviese curado(94). Baltasar Gisbert, el «químico» valenciano, igualmente conocedor de curas para diversos males, advirtió que no pretendía el pago por la cura de problemas de las vías urinarias, mientras no se hubiese obtenido el efecto que prometía(95). Manuel Antunes Correia afirmaba tener polvos para curar aftas y «no querer satisfacción alguna, antes de que se hubiese obtenido la cura y que tampoco pediría sumas desorbitadas, sino que cobraría al rico como rico y al pobre como pobre»(96). Los licenciados Francisco Gonçalves Pereira(97) y Manuel du Pré asistían a los pobres «por amor de Dios»(98), el segundo trataba dolencias de ojos y de uretra. Ya antes, el doctor Luís Morette, aparentemente especializado en dolencias femeninas, reumáticas y venéreas, hacía lo mismo(99). Un médico, bastante conocido también por su producción científica, el doctor João Curvo Semedo, tenía igualmente preocupaciones caritativas. En 1719, dijo haber revelado sus secretos a su hijo, el reverendo Ignacio Curvo Semedo(100), pero, menos de un año después de la publicación de este anuncio, apareció otro en el cual se aludía a que los dos grandes medicamentos —denominados Espíritu Áureo y El Gran Aceite del (94) Gazeta de Lisboa, n.º 32, 8 de agosto de 1716. (95) Gazeta de Lisboa, n.º 32, 12 de agosto de 1717 (96) Gazeta de Lisboa, n.º 28, 13 de julio de 1719. (97) Gazeta de Lisboa, n.º 20, 19 de mayo de 1740. (98) Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 25, 20 de junio de 1748. (99) Gazeta de Lisboa, n.º 42, 17 de octubre de 1716. (100) Gazeta de Lisboa, n.º 44, 2 de noviembre de 1719. 233 Medicina popular versus medicina universitaria en el Portugal de Juan V (1706-1750) DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2002, 22, 209-233. Espasmo del duque de Florencia— que antes se daban gratis a los pobres en casa del médico fallecido, se ofrecían entonces «con la misma caridad y por amor a Dios en casa de su sobrino Pedro Joaquim Curvo Semedo, residente en Santo António dos Capuchos». Allí también se podía adquirir agua de Inglaterra, un aceite para hernias y muchos otros productos(101). Más exigente era el doctor Clemente Vaz Belo, residente en la Rua da Oliveira, que anunciaba proporcionar medicamentos gratuitamente a los pobres que presentasen un certificado del médico o del párroco que atestiguara su condición de necesitado(102). (101) Gazeta de Lisboa, n.º 38, 19 de septiembre de 1720; Gazeta de Lisboa, n.º 6, 8 de febrero de 1720. (102) Gazeta de Lisboa. Suplemento, n.º 53, 2 de enero de 1749.