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Fundacion Instituto de Historia Social is collaborating with JSTOR to digitize, preserve and extend access to Historia Social. http://www.jstor.org LOS APOYOS SOCIALES A LOS REGÍMENES FASCISTAS Y TOTALITARIOS DE LA EUROPA DE ENTREGUERRAS. UN ESTUDIO COMPARADO Author(s): Francisco Cobo Romero Source: Historia Social, No. 71 (2011), pp. 60-87 Published by: Fundacion Instituto de Historia Social Stable URL: http://www.jstor.org/stable/23228551 Accessed: 09-01-2016 04:07 UTC Your use of the JSTOR archive indicates your acceptance of the Terms & Conditions of Use, available at http://www.jstor.org/page/ info/about/policies/terms.jsp JSTOR is a not-for-profit service that helps scholars, researchers, and students discover, use, and build upon a wide range of content in a trusted digital archive. We use information technology and tools to increase productivity and facilitate new forms of scholarship. For more information about JSTOR, please contact [email protected]. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
-Cl s: co o £ 60 Miembros de Falange durante el traslado de una corona de flores a El Escorial This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
Dossier LOS APOYOS SOCIALES AL FRANQUISMO EN PERSPECTIVA COMPARADA Francisco Cobo y Miguel Ángel del Arco (coords.) LOS APOYOS SOCIALES A LOS REGÍMENES FASCISTAS Y TOTALITARIOS DE LA EUROPA DE ENTREGUERRAS. UN ESTUDIO COMPARADO Francisco Cobo Romero i. Reflexiones introductorias El afán de los historiadores por entender las distintas maneras con que los ciudadanos re sistieron o asumieron la dominación de los Estados totalitarios, fascistas o fascistizados de la Europa de entreguerras se ha unido recientemente al interés por las formas que revistie ron sus opiniones, actitudes y comportamientos frente a las propuestas ideológicas, de transformación social o de profunda regeneración nacional difundidas desde aquellos mis mos regímenes políticos.1 En los últimos años nuestros conocimientos en torno a tan de 1 Véanse, entre otras, las siguientes aportaciones: Antonio Costa Pinto (ed.). Rethinking the Nature of Fas cism. Comparative Perspectives, Palgrave Macmillan, Houndmills, Basingstoke, 2011; Emilio Gentile, Contro Cesare. Cristianesimo e Totalitarismo nell'epoca dei Fascismi, Feltrinelli, Milán, 2010; Michael Geyer y Shei la Fitzpatrick (eds.), Beyond Totalitarianism. Stalinism and Nazism Compared, Cambridge University Press, Cambridge, 2009; Paul Corner (ed.), Popular Opinion in Totalitarian Regimes. Fascism, Nazism, Communism, Oxford University Press, Oxford, 2009; Irina Paperno, Stories of the Soviet Experience. Memoirs, Diaries, Dre ams, Cornell University Press, Londres, 2009; Peter Fritzsche, Life and Death in the Third Reich, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge Mass. & Londres, 2008; Ian Kershaw, Hitler, the Germans, and the Final Solution, Yale University Press, New Haven & Londres, 2008; Götz Aly, Hitler's Beneficiaries. How the Nazis Bought the German People, Verso, Londres, 2007 (edición original en alemán; Hitlers Volksstaat. Historia Social, n.° 71, 2011, pp. 61-87. 61 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
62 cisivas cuestiones han experimentado un indiscutible avance. Dicho avance ha de ser en tendido como una de las más importantes consecuencias del acelerado desgaste experi mentado, desde la década de los sesenta del pasado siglo xx, por los paradigmas interpre tativos clásicos aplicados al desentrañamiento y la caracterización de la naturaleza política del totalitarismo o el fascismo.2 El estudio de las actitudes sociales y la opinión popular en los experimentos políticos totalitarios o fascistas se ha convertido, con demasiada frecuen cia, en una tarea resbaladiza, vaporosa e inasequible, sobre todo por el hermetismo, la opa cidad y la precariedad de las exiguas fuentes archivísticas consultables. Sin embargo, tan embarazoso reto siempre ha suscitado una sincera preocupación entre los historiadores, pues resulta cuando menos estimulante acceder a una comprensión más precisa acerca de cuáles fueron las circunstancias que permitieron a tales regímenes disfrutar de un consen timiento más o menos generalizado entre amplios espectros de las respectivas sociedades sobre las que instalaron su dominio, o cuáles fueron los instrumentos que los capacitaron para abortar o desactivar las expresiones de la disidencia, hasta diluirlas en un desagrega do y difuso conglomerado de manifestaciones atomizadas, desestructuradas o individuali zadas de inocuo malestar, decepción o hastío. De antemano, es preciso adoptar algunas cautelas a la hora de efectuar la consulta de las fuentes archivísticas y los repertorios documentales disponibles para el análisis de las conductas sociales y las actitudes políticas de la población sometida a los mencionados re gímenes. Resulta harto conocida la casi total ausencia de registros demoscópicos, análisis sociológicos, encuestas de opinión o recuentos electorales fiables que nos permitan una inicial aproximación al "estado de ánimo" prevaleciente entre la sociedad, o a las diferen tes sensibilidades suscitadas entre la ciudadanía por las políticas implementadas desde aquellos sistemas de dominación. Las fuentes policiales efectúan una interpretación de los comportamientos sociales tamizada, al tiempo que severamente condicionada, por las in mensas expectativas depositadas por los órganos de gobierno de los regímenes totalitarios o fascistas sobre las fuerzas del orden.3 Son asimismo necesarias las invocaciones hacia el sumo cuidado con que deben ma nejarse términos y conceptualizaciones esenciales como "consenso", "opinión pública" y Raub, Rassenkrieg und nationaler Sozialismus, S. Fischer Verlage GmbH, Frankfurt am Main, 2005); David Priestland, Stalinism and the Politics of Mobilization. Ideas, Power, and Terror in Inter-war Russia, Oxford University Press, Oxford, 2007; Antonio Costa Pinto, Roger Eatwell y Stein Ugelvik Larsen (eds.), Charisma and Fascism in Interwar Europe, Routledge, Londres, 2007; Jochen Hellbeck, Revolution on my Mind: Writing a Diary under Stalin, Harvard University Press, Cambridge Mass., 2006; David D. Roberts, The Totalitarian Experiment in Twentieth-Century Europe. Understanding the poverty of great politics, Routledge, Nueva York & Londres, 2006; Roger Griffin (ed.), Fascism, Totalitarianism and Political Religion. Routledge, Londres & Nueva York, 2005; y Sheila Fitzpatrick (ed.), Stalinism. New Directions, Routledge, Londres & Nueva York, 2000. 2 David D. Roberts, The Totalitarian Experiment, pp. 6-17, 213-227, 279-296 y 346-349; Juan J. Linz, "Regímenes Totalitarios y Autoritarios", en J.J. Linz, Obras Escogidas, vol. 3; Sistemas Totalitarios y Regíme nes Autoritarios, edición a cargo de José Ramón Montero y Thomas Jeffrey Miley, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2009, pp. 65-286, especialmente las pp. 78-83; Juan J. Linz, "El espacio político y el Fascismo como movimiento tardío: las condiciones que condujeron al éxito o al fracaso del Fascismo como movimiento de masas en la Europa de entreguerras", en J.J. Linz, Obras Escogidas, vol. I : Fascismo: Perspec tivas históricas y comparadas, edición a cargo de José Ramón Montero y Thomas Jeffrey Miley, Centro de Es tudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2008, pp. 105-146; Emilio Gentile, "The Sacralisation of Politics: Definitions, Interpretations and Reflections on the Question of Secular Religion and Totalitarianism", Totalita rian Movements and Political Religions, 1, 1 (2000), pp. 18-55, y "Fascism, Totalitarianism and Political Reli gion: Definitions and Critical Reflections on Criticism of an Interpretation", Totalitarian Movements and Politi cal Religions, 5, 3 (2004), pp. 326-375. 3 Paul Corner, "Italian Fascism: Whatever Happened to Dictatorship?", The Journal of Modern History (Contemporary Issues in Historical Perspective), 74 (2002), pp. 325-351, véanse las pp. 329-330. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
"opinion popular" en el análisis de las conductas sociales a las que venimos refiriéndonos. La ausencia de órganos de prensa encargados de la difusión de planteamientos políticos, ideológicos o culturales antagónicos o disyuntivos, o de plataformas aptas para vehiculizar la libre exposición de las opiniones, impediría hablar de la existencia de una auténtica "opinión pública". Asimismo, la inexistencia de una prensa libre o de protocolos social mente legitimados para la regulación del debate público y la ordenada canalización de las controversias suscitadas entre la población por la diferenciada forma en que esta última percibía o padecía los efectos de la práctica política e institucional, descartarían cualquier posible atisbo de actitudes de auténtico "consenso". Sobre todo si entendemos este último como el alcance de posiciones de acercamiento o acuerdo entre las agencias públicas y los poderes que se derivaría del diálogo entre los distintos actores socio-políticos, de la con formación de unas líneas de interpretación de la realidad social sostenidas colectivamente gracias a la acción de unos medios de comunicación libres, o de la reglamentada suscita ción de propuestas y negociaciones entre la sociedad y el Estado.4 En términos generales, puede afirmarse que la omnipresente propagación de ampulo sos postulados ideológicos y el persistente empleo de una variadísima gama de recursos propagandísticos que caracterizó a los regímenes totalitarios o fascistas de la Europa de entreguerras no impidió que, en las más íntimas manifestaciones de la consciencia perso nal, se gestasen permanentes contradicciones entre las formas particularizadas con las que los individuos interiorizaron las propuestas políticas de los Estados dictatoriales y las de mandas y expectativas que esos mismos Estados proyectaban sobre el comportamiento pú blico y privado de los ciudadanos y la sociedad.5 Junto a esto último, es preciso destacar que incluso en una situación de absoluta falta de libertades públicas o individuales, y bajo la espesa coraza policial y represora puesta en pie por los regímenes totalitarios o fascis tas, siempre existieron espacios íntimos, recónditas esferas de sociabilidad o fugaces ám bitos de expresión y manifestación de opiniones individuales o colectivas en los que, pese a la asfixiante presencia de los delatores, los agentes del orden o los servicios de inteligen cia, afloraron soterradamente las revelaciones del desacato o la disidencia provenientes del seno de la sociedad. Estas lábiles manifestaciones de disconformidad o reluctancia desata ron un flujo informal de comunicación entre los Estados totalitarios o fascistas y esos otros ámbitos de la sociedad más impermeables a sus designios, o menos dispuestos a ma nifestar un sumiso acatamiento de los fundamentos ideológicos o programáticos propala dos desde aquéllos. Gracias a esta suerte de negociación informal o velada, los regímenes totalitarios o fascistas redoblaron sus esfuerzos por ganarse el apoyo o la confianza de los más descreídos. Pese a todo, parece probado que, en una significativa proporción, las enfá ticas declaraciones programáticas e ideológicas de los regímenes totalitarios o fascistas, comprometidas con la implantación de un orden político y social radicalmente transgresor de la experiencia liberal precedente, gozaron de las necesarias dosis de credibilidad entre numerosas capas de la población, lo cual les confirió un mínimo grado de estabilidad y perdurabilidad. Cabe considerar, pues, que una proporción nada desdeñable de la pobla ción sometida a los regímenes totalitarios o fascistas que analizaremos supo o pudo com binar, en ocasiones dificultosamente, el rechazo frente a determinadas prácticas represivas, o la ausencia absoluta de libertades, con la exhibición de difusos sentimientos de parcial identificación con los proyectos ultranacionalistas, palingenésicos y revolucionarios soste nidos por aquéllos, auxiliada por la esperanza depositada sobre la supuesta capacidad de esos mismos regímenes políticos para resolver adecuadamente los problemas generados 4 Gabriel Abraham Almond y Sidney Verba, The Civic Culture. Political Attitudes and Democracy in Five Nations, an Analytic Study, Princeton University Press, Princeton, NJ, 1963. 5 Paul Corner, "Introduction", en Paul Corner (ed.). Popular Opinion in Totalitarian Regimes, pp. 1-13. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
64 por una "experiencia liberal y parlamentaria" que fue ampliamente percibida como inefi caz y caduca.6 En consecuencia, se hace necesario establecer la existencia de una más o menos flui da comunicación entre los regímenes totalitarios y fascistas y las sociedades sobre las que aquéllos se instalaron, concibiendo ambos extremos de la ecuación como los contradicto rios integrantes de una permanente dinámica de resolución de constantes y mutuas friccio nes y desavenencias, y confiriendo tanto al Estado como a la sociedad la necesaria ca pacidad de articulación de pactos parciales, respuestas desagregadas e informales y resolu ciones mediatizadas por los contextos específicos en los que se produjo la imposición de las propuestas totalitarias, fascistas o ampliamente fascistizadas. La dificultosa negocia ción en torno al reconocimiento de ámbitos de jerarquizada, reglamentada y supervisada comunicación entre el Estado totalitario y la sociedad se produjo en muchos casos en me dio de una situación caracterizada por la exitosa impregnación de las directrices ideológi cas emanadas del primero entre una abundante mayoría de la población sometida a sus propósitos, hasta lograr el acatamiento por parte de esta última de la expresión sustancial de los principios políticos o los proyectos de regeneración nacional contenidos en su pro yecto totalizador.7 Por último, resulta absolutamente necesario considerar el alto grado de interioriza ción e íntima convicción con el que numerosos integrantes de la población sometida a los regímenes fascistas o totalitarios otorgaron plena credibilidad, en un sentido alentador y cargado de esperanzadoras expectativas, a una considerable porción de los preceptos ideo lógicos y a las premisas políticas sobre los que aquéllos instalaron su particular proyecto antiliberal y antiparlamentario.8 II. Estado y Sociedad en los regímenes fascistas y totalitarios de entreguerras. Un controvertido objeto de estudio La Italia fascista, 1926-1939 1. La dictadura mussoliniana a la luz de los nuevos enfoques teóricos en torno al totalitarismo y el fascismo Desde la década de los sesenta del pasado siglo xx las diferentes perspectivas analíti cas y las percepciones historiográficas ocupadas de diseccionar la naturaleza del régimen fascista mussoliniano y el respaldo social alcanzado por este último entre la población ita liana han experimentado una constante y prolongada transformación. El impacto de la me 6 Jan Plamper, "Beyond Binaries: Popular Opinion in Stalinism", en Paul Corner (ed.), Popular Opinion in Totalitarian Regimes, pp. 64-80; Peter Fritzsche, Rehearsals for fascism. Populism and political mobilization in Weimar Germany, Oxford University Press, Nueva York, 1990, pp. 109-138 y "Weimar Populism and Natio nal Socialism in Local Perspective", en Larry Eugene Jones y James Retallack (eds.), Elections, Mass Politics, and Social Change in Modern Germany. New Perspectives, Cambridge University Press, Cambridge, 1992, pp. 287-306; Ian Kershaw, Hitler, 1889-1936, Peninsula, Barcelona, 2007, pp. 331-335; Rudy Koshar, Social Life, Local Politics, and Nazism. Marburg, 1880-1935, University of North Carolina Press, Chapel Hill, 1986, pp. 150-166; William Brustein, The Logic of Evil. The Social Origins of the Nazi Party, 1925 to 1933, Yale Univer sity Press, New Haven, 1996, pp. 89-109 y 113-119. 7 Detlev J. Κ. Peukert, Inside Nazi Germany. Conformity, Opposition, and Racism in Everyday Life, Yale University Press, New Haven & Londres, 1987. 8 Peter Fritzsche y Jochen Hellbeck, "The New Man in Stalinist Russia and Nazi Germany", en Michael Geyer y Sheila Fitzpatrick (eds.), Beyond Totalitarianism, pp. 302-341. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
moria antifascista, y la enorme relevancia alcanzada tras la Segunda Guerra Mundial por las expresiones "negativistas" o las teorizaciones del marxismo y el liberalismo, impidie ron otorgar la debida importancia a la ideología fascista y a su intrínseca capacidad para estimular el surgimiento de un auténtico fenómeno de política de masas. Los principales teóricos del marxismo y del pensamiento liberal de los años cincuenta y sesenta o bien ca lificaron al fascismo de entreguerras como una honda expresión de irracionalismo que ocultaba las verdaderas pretensiones de dominación económica de una burguesía atrinche rada tras la demagogia de sus vesánicos líderes, o bien menospreciaron la importancia de su específico programa ideológico. En cualquier caso lo consideraron una desviación bas tarda de la perversa psicología de unas masas anómicas o una excrecencia ridicula de la modernidad, surgida de la supuesta "crisis moral" derivada del enfrentamiento entre el materialismo liberal o socialista y el idealismo ultranacionalista.9 Sin embargo, desde aquellos mismos años en que el fascismo italiano sentó las bases de su dominio político, toda una variopinta gama de intelectuales y líderes del movimiento obrero internacional se percató tanto de su rabiosa novedad organizativa y temperamental como de su sorprenden te y versátil potencialidad mitógena y seductora. Fueron estos mismos intelectuales y polí ticos antifascistas quienes, sorprendidos ante su ingente ductilidad de "recién llegado", co menzaron a entenderlo como un fenómeno absolutamente inédito de la política de masas, que intentaba resolver, mediante la apelación a un seductivo proyecto palingenésico de transformación totalitaria, las graves fracturas psicológicas, las severas frustraciones emo cionales y las profundas confrontaciones ideológicas a las que se vio abocada la población europea del periodo de entreguerras. Pese a todo lo anterior, hasta mediados de los años sesenta prevaleció, pues, una in terpretación del fascismo que lo consideraba como una excrecencia espuria de la moderni dad. Según la referida interpretación, el fascismo no dejaría de ser un fenómeno patológi co derivado de la anomia sufrida por una sociedad de masas secularizada y desvertebrada, que habría permitido el ascenso brutal de una minoría de fanáticos desideologizados, au pados por el interés de las burguesías y las clases tradicionalmente dominantes en aplastar el peligro representado por las izquierdas y el comunismo. Hacia fines de la década de los sesenta, una nueva hornada de estudios sobre el fascismo italiano, quizás influida por las primeras apreciaciones vertidas por los intelectuales antifascistas de los años 20 y 30, co menzaba a reconocer que el éxito de aquel experimento político no radicaba únicamente en su demagogia o en la brutalidad desmesurada de su maquinaria represiva, sino en su ca pacidad para interpretar las aspiraciones y los deseos de amplios colectivos sociales, o en su destreza para edificar una visión mítica y sublimada de la Nación que colmaba las espe ranzas y los anhelos de una auténtica multitud de individuos decepcionados con la demo cracia.10 Quizás fuese George L. Mosse11 quien primero sentó las bases para una profunda remodelación de las interpretaciones sobre el fascismo europeo de entreguerras hasta en tonces prevalecientes. Para él, el fascismo no era un fenómeno extraño a la más honda tra dición de la política europea, sino una ideología innovadora y profundamente imbricada en la trayectoria experimentada por el creciente culto a la nación puesto en pie por las reli giones cívicas y los regímenes liberales surgidos tras la Revolución Francesa. Junto a 9 A. James Gregor, Interpretations of Fascism, Transaction Publishers, New Brunswick & Londres, 1997. 10 Detlev J. Peukert, The Weimar Republic. The Crisis of Classical Modernity, Hill and Wang, Nueva York, 1992 (edición original en alemán: Die Weimarer Republik: Krisenjahre der Klassischen Moderne, Suhr kamp, Frankfurt am Main, 1987). 11 George L. Mosse, Masses and Man. Nationalist and Fascist Perceptions on Reality, Howard Fertig, Nueva York, 1980; The Crisis of German Ideology. Intellectual Origins of the Third Reich, Schocken Books, Nue va York, 1981; y The Fascist Revolution. Toward a General Theory of Fascism, Howard Fertig, Nueva York, 1999. 65 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
66 Mosse, merecen ser destacadas las aportaciones de Renzo de Felice,12 entre las que cabría incluir su monumental contribución al conocimiento de la figura de Mussolini, así como las reflexiones dedicadas a la capacidad del régimen fascista italiano para concitar el acuerdo o el respaldo mayoritario entre una extensa porción de la población italiana duran te los años que discurrieron entre 1928 y 1936, aproximadamente. Diversas circunstancias ayudaron en aquel entonces a la conversión de Italia en una potencia internacional con un papel relevante en el concierto diplomático europeo del periodo de entreguerras. Todo ello, unido a las políticas sociales del régimen mussoliniano, a la difusión de una cultura de masas exaltadora de los valores de abnegado servicio a la Nación propalados por el fas cismo, a la potenciación del liderazgo carismàtico de su jefe político, y a una mejora sus tancial de los niveles salariales y de renta que benefició a las clases trabajadoras, pudo configurar una situación de generalizado consenso entre la población italiana con respecto a la naturaleza y la ideología del Estado fascista.13 Posteriores incursiones teóricas, enriquecidas por los aportes de la visión culturalista de los regímenes fascistas, condujeron a uno de los más destacados exponentes de las nue vas interpretaciones sobre el fascismo de entreguerras, Emilio Gentile, a llevar adelante un prometedor esfuerzo de síntesis conceptual, que hermanaba directamente a la dictadura mussoliniana con una nueva y revitalizada teorización sobre el totalitarismo.14 Ha sido so bre todo Gentile15 quien ha definido el fascismo como un "moderno fenómeno político ul tranacionalista y revolucionario", basado en el anti-liberalismo y el anti-marxismo y asen tado sobre la implacable ejecutoria de un partido milicia con una concepción totalizadora de la política y el Estado. Para Gentile la ideología fascista se sustenta sobre una variada gama de mitificaciones exaltadoras de la Nación y su pasado glorioso, que la capacitan para suscitar el concurso generalizado de la sociedad en la realización de un titánico es fuerzo colectivo de regeneración y grandeza, dirigido por un Estado reverencial y sacrali zado al tiempo que dotado de un proyecto transformador y totalitario.16 Además de todo lo anterior, la estrecha vinculación establecida por Gentile entre fas cismo y totalitarismo le llevó a conferir al primero la categoría de expresión particulariza 12 Renzo de Felice, Mussolini il Fascista. La Conquista del Potere, 1921-1925, Einaudi, Turin, 1966; y del mismo autor: Mussolini il Duce. Gli Anni del Consenso, 1929-1936, Einaudi, Turin, 1974; Borden W. Painter, Jr., "Renzo de Felice and the Historiography of Italian Fascism", American Historical Review, 95, 2 (1990), pp. 391-405. 13 Simona Colarizi, L'opinione degli italiani sotto il regime, 1929-1943, Laterza, Bari, 2009 (segunda edi ción), pp. 104-110 y 139-144. 14 Emilio Gentile, La via italiana al totalitarismo. Il partito e lo stato nel regime fascista, La Nuova Italia Scientifica, Roma, 1995; y The Struggle for Modernity. Nationalism, Futurism, and Fascism, Westport, Con necticut, Praeger, Londres, 2003. 15 Emilio Gentile, "Fascism as Political Religion", Journal of Contemporary History, 25, 2-3 (1990), pp. 229-251; "Fascism in Italian Historiography: In Search of an Individual Historical Identity", Journal of Con temporary History, 21, 2 (1986), pp. 179-208; y "Fascism, Totalitarianism and Political...". 16 Mark Neocleous, Fascism, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1997, pp. 53-58; Roger Griffin, "Revolution from the Right: Fascism", en David Parker (ed.). Revolutions and the Revolutionary Tradition in the West 1560-1991, Routledge, Londres, 2000, pp. 185-201; Emilio Gentile, Fascismo. Historia e Interpreta ción, Alianza Editorial, Madrid, 2004, p. 24; Roger Griffin, The Nature of Fascism, Routledge, Londres & Nueva York, 1993, pp. 56-60; Aristotle A. Kallis, Fascist Ideology. Territory and Expansionism in Italy and Germany, 1922-1945, Routledge, Londres & Nueva York, 2000, pp. 28-31; Aristotle A. Kallis, "Fascism, 'Cha risma' and 'Charismatisation': Weber's Model of 'Charismatic Domination' and Interwar European Fascism", Totalitarian Movements and Political Religions, 7, 1 (2006), pp. 25-43, véanse especialmente las pp. 29-30; Aristotle A. Kallis, "Studying Inter-war Fascism in Epochal and Diachronic Terms: Ideological Production, Po litical Experience and the Quest for 'Consensus'", European History Quarterly, 34, 1 (2004), pp. 9-42, véanse especialmente las pp. 19 y 29-30 y del mismo autor; "The 'Regime-Model' of Fascism: A Typology", Europe an History Quarterly, 30, I (2000), pp. 77-104, p. 79. Véase también: Roger Eatwell, "The Concept and Theory of Charismatic Leadership", Totalitarian Movements and Political Religions, 7, 2 (2006). pp. 141-156. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
da del experimento totalitario. En tal sentido, el fascismo es definido como una ideología con una ingente capacidad para suscitar la adhesión de las masas en torno a su proyecto totalitario de transformación integral del Estado liberal, un proyecto comprometido con la conducción de un programa revolucionario que, mediante la completa subordinación de la sociedad al Estado y el partido fascista, hiciese posible la regeneración integral de la Na ción y la construcción de un orden inédito instalado sobre la gestación de un "hombre nue vo". Los estados fascistas, en tanto que particulares expresiones del modelo de domina ción totalitaria, se instalaron sobre una manifestación sacralizada de la política y de su particular proyecto ideológico palingenésico, persiguieron la homogeneización étnica y cultural de la Nación, e impusieron la absoluta subordinación de la sociedad al poder de un Estado encarnado en un partido-milicia, dotado de un programa profundamente antili beral, regenerador y ultranacionalista.17 No obstante, las teorizaciones de Gentile sobre la religión política como elemento clave en la ordenación de los regímenes fascistas y totali tarios de la Europa de entreguerras, y sus sugerentes elucubraciones sobre la ideología re volucionaria fascista, quizás pequen de un exceso de confianza. No cabe duda que Gentile ha puesto el adecuado énfasis en la presentación del fascismo como un fenómeno político radicalmente moderno, revolucionario y con una capacidad excepcional para suscitar la movilización y la adhesión política de las masas. Pero quizás sus valiosísimas reflexiones teóricas se instalen sobre una preocupante falta de comprobación empírica. 2. De regreso al escepticismo Nuevas voces cargadas de escepticismo han vuelto a advertir, sobre todo desde me diados de la década de los noventa, acerca de la necesidad de medir con instrumentos ade cuados el grado de implicación de la sociedad italiana en el proyecto totalitario puesto en marcha por el Estado fascista. No parece que la mera estetización (aestheticization) de la política18 y la construcción denodada de todo un complejo despliegue simbólico, literario, visual, artístico y representacional exaltador de un sentimiento colectivo de pertenencia a la Nación pudiese haber bastado para lograr la configuración de una imaginaria comuni dad firmemente cohesionada. Tampoco conocemos hoy "a ciencia cierta" los efectos pro vocados sobre el estado de ánimo predominante entre la sociedad italiana por los esfuerzos del régimen mussoliniano por mejorar el bienestar, socializar el ocio o proporcionar a la población una amplia gama de servicios y prestaciones sociales que por primera vez habrían permitido el acceso masivo de las clases populares al consumo y el disfrute de distraccio nes, pasatiempos, manifestaciones artísticas o diversiones anteriormente reservadas a las minorías cultas o a las clases privilegiadas.19 Asimismo, las meras elucubraciones acerca del carácter sacralizado del Estado fascista y su ideología palingenésica difícilmente nos ayudan a entender mejor hasta dónde logró llevar el régimen mussoliniano sus pretensio nes de disolución de las pretéritas culturas identitarias y los alineamientos de clase pro 17 Emilio Gentile, Politics as Religion, Princeton University Press, Princeton & Oxford, 2006; Roger Grif fin (ed.), Fascism, Totalitarianism and Political Religion·, Michael Burleigh, Sacred Causes. The Clash of Reli gion and Politics from the Great War to the War on Terror, Harper Collins, Nueva York, 2007; y "National So cialism as a Political Religion", Totalitarian Movements and Political Religions, 1, 2 (2000), pp. 1-26. 18 Simonetta Falasca-Zamponi, Fascist Spectacle. The Aesthetics of Power in Mussolini's Italy, Berkeley, California University Press, Los Angeles y Londres, 1997; Ruth Ben-Ghiat, Fascist Modernities. Italy, 1922 1945, University of California Press, Berkeley, Los Angeles & Londres, 2001; Mabel Berezin, Making the Fas cist Self. The Political Culture oflnterwar Italy, Cornell University Press, Ithaca & Londres, 1997. 19 Victoria de Grazia, The Culture of Consent. Mass Organization of Leisure in Fascist Italy, Cambridge University Press, Cambridge, 1981. 67 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
74 medias protestantes rurales y urbanasentre los sentimientos de sincera identificación ante algunas de las decisiones puestas en marcha por los nazis (especialmente aquellas que se dirigían a fortalecer la economía, a perseguir a los comunistas y los judíos o a realzar el prestigio de la nación en el exterior) y las actitudes de apatía, indiferencia o manifiesta contrariedad que despertaban otras iniciativas políticas (como, por ejemplo, el boicot a los negocios regentados por aquellos judíos con quienes esas mismas clases medias mantenían estrechos lazos comerciales, la persecución de las asociaciones de confesionalidad católi ca, o ciertas medidas de política económica que menoscababan la rentabilidad de las eco nomías campesinas o perjudicaban la sustentabilidad de los modestos establecimientos comerciales). Pese a la señalización de la perdurabilidad de "culturas de clase" y "tradicio nes de protesta" entre los trabajadores industriales más influidos por la socialdemocracia, algunos destacados especialistas en el estudio de las políticas laborales del nazismo acaba ron admitiendo que, aun cuando el régimen del Tercer Reich nunca logró integrar definiti vamente a la clase obrera industrial alemana y hubo de alterar sus planes de apremiante militarización de la economía ante el temor a sus hipotéticas e imprevisibles intolerancias, no es menos cierto que supo enjugar y neutralizar parcialmente, en beneficio propio, las inconveniencias causadas por su acendrada reluctancia. Esto último se debió al éxito par cial alcanzado por los nazis en lo tocante a la relativa desintegración de las "compactas identidades solidarias" esgrimidas por los trabajadores industriales, lograda mediante la racionalización de los procesos productivos, su inserción en una vasta sociedad de consu mo y su generalizado acceso al disfrute de amplios servicios de recreo y ocio.35 Así pues, la señalización de la disidencia colectiva e incluso de la protesta (aun cuando no expresada en su forma superior de oposición política organizada) constituyó un serio avance en la obtención de una visualización más ponderada en torno a las extremas contradicciones que siempre envolvieron las complejas relaciones entre el Estado Nazi y la sociedad alemana de los años treinta.36 3. El protagonismo del individuo y las expresiones del "colaboracionismo" Desde la década de los noventa se fueron haciendo perceptibles nuevas y estimulan tes revelaciones historiográficas en torno a la opinión popular y las actitudes sociales de los alemanes y/o las alemanas37 frente al nazismo. Algunas de ellas se vieron impulsadas 35 Timothy W. Mason, Social Policy in the Third Reich·, Mary Nolan, "The Historikerstreit and Social His tory", New German Critique, 44 (Special Issue on the Historikerstreit) (1988), pp. 51-80; Timothy W. Mason, "The Containment of Working Class in Nazi Germany", en Jane Caplan (ed.), Nazism, Fascism and Working Class. Essays by Tim Mason, Cambridge University Press, Cambridge, 1995. 36 Ian Kershaw, Popular Opinion and Political Dissent in the Third Reich. Bavaria, 1933-1945, Clarendon Press, Oxford University Press, Oxford & Nueva York, 1983; y The "Hitler myth". Image and Reality in the Third Reich, Oxford University Press, Oxford & Nueva York, 1987. 37 Resulta muy controvertida la interpretación historiográfica sobre la actitud o el posicionamiento de las mujeres frente a las políticas nazis. Toda una dilatada y sugestiva tradición de estudios ha oscilado entre el se ñalamiento del papel benefactor cumplido por la mujer en el nazismo -sobre todo a la hora de propiciar la ges tación de un ambiente dulcificado en el hogar que contribuiría a que los perpetradores de las atrocidades impuestas por el régimen se reconciliasen consigo mismos-, hasta la revalorización de la importancia desempe ñada por las asociaciones específicamente femeninas diseñadas por la dictadura nazi y la actividad desarrollada por las mujeres en la esfera pública. Véanse, entre otras muchas aportaciones, las siguientes: Claudia Koonz, Mothers in the Fatherland: Women, the Family and Nazi Politics, Jonathan Cape, Londres, 1987; Adelheid von Saldern, "Victims of Perpetrators? Controversies about the Role of Women in Nazi Germany", en David F. Crew (ed.), Nazism and German Society, 1933-1945, Routledge, Londres & Nueva York, 1994, pp. 141-165; y Jill Stephenson, Women in Nazi Germany, Pearson Education Limited, Harlow, Essex, 2001. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
por el auge de la historia cultural. Otras muchas se sintieron espoleadas y animadas por las teorizaciones que enfatizaron la capacidad contenida en los discursos simbólicos e inter pretativos de la realidad gestados desde las ideologías totalitarias o fascistas para suscitar una particularizada modelación de las conductas individuales, o para forjar cosmovisiones potencialmente inductoras de actitudes personales de sincera adhesión. El interés en as censo por comprender los móviles que inducían a los individuos a incorporar de una ma nera íntima los preceptos ideológicos fundamentales emanados de los regímenes totalita rios o fascistas, condujo a la eclosión de una auténtica oleada de nuevos estudios, que emplearon las fórmulas de la delación y la denuncia practicada por los ciudadanos comu nes contra los considerados "desafectos", como elementos probatorios del alto grado de identificación expresado por muchos de aquéllos con los valores morales y los principios políticos defendidos por los sistemas totalitarios a los que se hallaban sometidos. Puede decirse que desde los años noventa se produjo un nuevo movimiento pendular hacia una reinterpretación de los respaldos sociales disfrutados por la dictadura nazi. Son dignas de destacar las muy esclarecedoras aportaciones de Robert Gellately y Eric A. Johnson acerca de la "relativa descoordinación" y la supuesta ineficacia de las fuerzas po liciales y los servicios de inteligencia nazis, complementadas con el énfasis puesto en el determinante papel cumplido por la colaboración de los ciudadanos comunes en el señala miento y la inculpación de quienes eran reputados como opositores o manifestaban una conducta atentatoria contra el orden moral y político oficialmente establecido. La brillante argumentación que prevalece en sus trabajos quizá incitase al alumbramiento de una nue va exégesis sobre la función desempeñada por los ciudadanos comunes en la cotidiana prestación de una desinteresada y eficaz asistencia al personal profesionalizado de la Ges tapo o las SS, especialmente en todo lo relacionado con la persecución de los judíos, los calificados como "enemigos de la nación alemana", los considerados "asociales" o quie nes eran inculpados de participar activa o pasivamente en la preparación de actos subversi vos y en el sostenimiento de expresiones de pública y manifiesta disidencia.38 Los trabajos reseñados quizás nos ayudaron a pensar que, en alguna medida, durante el periodo de vigencia del régimen nazi la mayoría de los ciudadanos alemanes se espiaba mutuamente. Hasta tal punto que la instrumentación de la sospecha generalizada, en bene ficio de las medidas policiales de vigilancia, generó un amplio consenso entre el común de 38 Robert Gellately, Backing Hitler. Consent and Coercion in Nazi Germany, Oxford University Press, Oxford, 2001; The Gestapo and German society. Enforcing racial policy, 1933-1945, Clarendon Press, Oxford University Press, Oxford & Nueva York, 1990; "Situating the 'SS. State' in a Social-Historical Context: Recent Histories of the SS, the Police, and the Courts in the Third Reich" (Review Article), The Journal of Modern History, 64, 2 (1992), pp. 338-365; "Denunciation in Twentieth-Century Germany: Aspects of Self-Policing in the Third Reich and German Democratic Republic", The Journal of Modern History (Special Issue: Practices of Denunciation in Modern European History, 1789-1989), 68, 4 (1996), pp. 931-967; "Surveillance and Disobe dience: Aspects of the Political Policing of Nazi Germany", en Francis R. Nicosia y Lawrence D. Stokes (eds.), Germans Against Nazism. Nonconformity, Opposition and Resistance in the Third Reich. Essays in Honour of Peter Hoffmann, Berg, Nueva York & Oxford, 1990, pp. 15-36 y "Police Justice, Popular Justice, and Social Outsiders in Nazi Germany. The Example of the Foreign Polish Workers", en Robert Gellately y Nathan Stoltz fus (eds.), Social Outsiders in Nazi Germany, Princeton University Press, Princeton & Oxford, 2001, pp. 256 272; Klaus-Michael Mallmann y Gerhard Paul, "Omniscient, Omnipotent, Omnipresent? Gestapo, Society and Resistance", en David F. Crew (ed.), Nazism and German, pp. 166-196; Robert Gellately, "The Gestapo and German Society: Political denunciation in the Gestapo case files", The Journal of Modern History, 60, 4 (1988), pp. 654-695; Francisco Miguel de Toro Muñoz, "Policía, denuncia y control social: Alemania y Austria durante el Tercer Reich", Historia Social, 34 (1999), pp. 117-134; Eric Arthur Johnson, Nazi Terror. The Gestapo, Jews, and Ordinary Germans, Nueva York, Basic Books, 1999; Saul Friedländer, Nazi Germany and the Jews. The Years of Persecution, 1933-1939, Harper Collins, Nueva York, 1997; Sheila Fitzpatrick y Robert Gellately (comps.), Accusatory practices. Denunciation in Modern European History, 1789-1989, University of Chicago Press, Chicago, 1997. 75 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
76 la ciudadanía en torno a la oportunidad, y el carácter beneficioso, de la colaboración con el régimen en la aplicación estricta de las medidas de excepción y las leyes represivas -espe cialmente las que afectaban a los judíos. La credibilidad en constante ascenso experimentada por la historiografía ensalzadora de la potencialidad de la dictadura nacionalsocialista para suscitar el compromiso o la identificación con sus propuestas de ordenación totalitaria entre la mayor parte de la socie dad alemana propició, a lo largo de los años 90, incluso el socavamiento de la pasada fe profesada al muy fértil concepto de Resistenz. En tal sentido, llegó a invocarse la posibili dad de que las políticas sociales y laborales del nazismo, unidas a las nuevas expectativas de empleo generadas por el impulso de la industria armamentística y la propagación del consumo de masas, se convirtieran en poderosas herramientas empleadas por el régimen del Tercer Reich para lograr una exitosa desactivación de las identidades colectivas y las prácticas conflictivas todavía persistentes entre los trabajadores industriales cualificados. Según estos innovadores puntos de vista, a través del Frente Alemán del Trabajo (DAF) el Tercer Reich habría logrado un apreciable éxito en la difusión entre los obreros de la in dustria de nuevos entramados de valores productivistas entronizados en la potenciación de las cualidades individuales, e instalados sobre la glorificación de la tarea "bien hecha" al servicio de la comunidad nacional, la gratificación selectiva, la racionalización de los pro cesos de trabajo, la modernización técnica, el progreso material y el bienestar individual. De esta manera se habría contribuido, al menos supuestamente, a la atomización de sus pretéritas identidades solidarias, allanando así el camino hacia su integración política y cultural en el seno del nuevo régimen.39 4. Un variopinto panorama de luces y sombras El complaciente paisaje historiográfico pergeñado por las aportaciones de Gellately o Johnson, entre otros, fue sometido a un severo criticismo desde mediados de la década de los noventa. Parece ser que desde entonces los historiadores han querido reflexionar sobre la brillante ejecutoria mostrada por los órganos policiales en la consecución de un clima social de generalizada sumisión al poder del Estado nacionalsocialista, o sobre la eficien cia con que fueron aplicadas las rigurosas medidas de vigilancia implementadas por los servicios de inteligencia o las instancias policiales y sus rotundas repercusiones sobre el aniquilamiento de aquellos comportamientos o actitudes visiblemente desviados de la dis ciplina social impuesta por el Tercer Reich.40 Aun así, las voces que reclaman para el Tercer Reich el reconocimiento de su indis cutida capacidad para suscitar una generalizada actitud de pasivo acatamiento entre la po blación alemana han regresado a la palestra de los debates historiográficos. Debe ponerse 39 Alf Lüdtke, "The 'Honor of Labor': Industrial Workers and the Power of Symbols under National So cialism", en David F. Crew (ed.), Nazism and German, pp. 67-109; Alf Lüdtke, "What Happened to the 'Fiery Red Glow'? Workers' Experiences and German Fascism", en Alf Lüdtke (ed.). The History of Everyday Life. Reconstructing Historical Experiences and Ways of Life, Princeton University Press, Princeton, NJ, 1995, pp. 198-251; Mary Nolan, "Rationalization, Racism, and Resistenz. Studies on Work and the Working Class in Nazi Germany", International Labor and Working-Class History (Review Essay), 48 (1995), pp. 131-151; She lley Baranowski, Strength through Joy. Consumerism and Mass Tourism in the Third Reich, Cambridge Uni versity Press, Cambridge, 2004. 40 Ian Kershaw, "Consensus, Coercion and...", en Paul Corner (ed.), Popular Opinion, pp. 36-37; Mary Nolan. "Antifascism under Fascism: German Visions and Voices", New German Critique, 67 (1996) (Legacies of Antifascism), pp. 33-55; Geoff Eley, "Hitler's Silent Majority? Conformity and Resistance under the Third Reich" (part two), Michigan Quarterly Review, 42, 3 (2003), pp. 550-583. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
kr •2 S R 00 s: I ? o Pilar Primo de Rivera presidiendo el Consejo, 1940 77 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
78 un especia] énfasis en las reveladoras aportaciones de Ian Kershaw en torno a la función desempeñada por los alemanes comunes en la persecución de los judíos, con la consi guiente superación del "relativamente estéril" debate Goldhagen.41 De la misma manera que resulta obligatorio dirigir la mirada hacia la reciente recapitulación hacia posturas his toriográficas mucho más mesuradas, ocupadas en reflexionar acerca del displicente con sentimiento con que los alemanes percibieron la puesta en práctica de los planes de exter minio de los judíos y la pasiva y casi generalizada aquiescencia con que la sociedad germana percibió e interiorizó los excesos provocados por las directrices orientadas hacia su programada y sistemática persecución.42 Parece claro que la mayor parte de la historio grafía reputadamente seria de los últimos años, encargada del estudio de las actitudes mos tradas por los alemanes ante las tareas de exterminio racial desplegadas por los nazis, des tila un amplio acuerdo acerca de la "descuidada complicidad" exhibida por la mayor parte de la población no judía en torno a tales prácticas persecutorias. Pese a todo, la precedente aseveración no ha restado credibilidad a algunas recientísimas aportaciones, que porfían muy documentadamente en el señalamiento del papel activo jugado por numerosos alema nes en la reclamación a las autoridades nazis de una actuación más contundente respecto a la exclusión de los judíos y su absoluta discriminación social y política.43 Sea como fuere, las posiciones últimamente defendidas por los especialistas en la materia sostienen que la machacona insistencia con que los nazis difundieron su particular concepto racial de Na ción y la extremada minuciosidad con la que a lo largo de los años treinta se propagó entre la población un robusto discurso antisemita -inspirado en una larga tradición cultural exal tadora de los fundamentos étnicos y biológicos de la nación germánica y condimentado con seductoras teorizaciones pseudocientíficas-44 contribuyeron a que la mayor parte de la sociedad alemana mostrase una actitud de comedida y relajada indiferencia y complicidad ante las "leyes de Núremberg", el boicot dirigido contra los negocios regentados por los judíos o su persecución y sistemático acoso una vez que se generalizaron, desde 1939 en adelante, las decisiones encaminadas hacia su definitivo y absoluto exterminio.45 Por con siguiente, y pese a que la mayor parte de la población alemana no semita debió conocer con más o menos detalle los actos de programada aniquilación llevados a cabo por el Esta do sobre la comunidad judía, el común de los ciudadanos parece que se mantuvo ajeno a la ejecución de tales prácticas, adoptó una actitud de silencioso consentimiento y se mostró tibiamente conforme con las mismas, sin que esto último significase la exhibición de apa ratosas señales de entusiástico respaldo ni la pública manifestación de una consciente y explícita actitud de auxilio activo o estentóreo aplauso respecto de todas ellas.46 Asimismo, resulta de obligatoria referencia la emergencia, registrada a lo largo de la década de los 90 y en los comienzos del siglo xxi, de toda una plétora de sólidas investiga 41 Gavriel D. Rosenfeld, "The Controversy That Isn't: The Debate over Daniel J. Goldhagen's Hitler's Willing Executioners in Comparative Perspective", Contemporary European History, 8, 2 (1999), pp. 249-273; A. D. Moses, "Structure and Agency in the Holocaust: Daniel J. Goldhagen and His Critics", History and The ory, 37, 2 (1998), pp. 194-219. 42 Daniel Jonah Goldhagen, Hitler's Willing Executioners. Ordinary Germans and the Holocaust, Little, Brown and Company, Londres, 1996; Ian Kershaw, Hitler, the Germans. 43 Otto Dov Kulka, "Popular Opinion in Nazi Germany as a Factor in the Policy of the 'Solution of the Jewish Question': The Nuremberg laws and the Reichskristallnacht", en Paul Corner (ed.), Popular Opinion, pp. 81-106. 44 Alejandro Andreassi Cieri, "Antecedentes del genocidio nazi: una genealogía del pensamiento biopolíti co en la Alemania Guillermina", Historia Social, 66, 1 (2010), pp. 99-117. 45 Omer Bartov, "Defining Enemies, Making Victims: Germans, Jews, and the Holocaust", American His torical Review, 103, 3 (1998), pp. 771-816. 46 Panikos Panayi, "Victims, Perpetrators and Bystanders in a German Town: The Jews of Osnabrück Be fore, During and After the Third Reich", European History Quarterly, 33, 4 (2003), pp. 451-492. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
ciones ocupadas de demostrar el triunfo incuestionable alcanzado por el Estado hitleriano en la forja de un concepto de "comunidad del pueblo" fundamentado sobre la esencia ra cial de la nación germánica, y aquilatado mediante la señalización del carácter letal y ame nazante atribuido al bolchevismo o al judaismo.47 Muchas de las mencionadas investiga ciones se han empeñado en señalar las positivas implicaciones de tan exitosa recreación simbólica sobre las actitudes de colaboracionismo, las muestras de acatamiento expresadas por la mayoría de la población, o los procesos culturales de brutalización experimentados por los soldados al servicio de la Wehrmacht o de los "batallones de exterminio"; resaltan do las consecuencias derivadas de todo ello en lo relacionado con las políticas de aniquila miento de los judíos, o en lo concerniente al expansionismo militarista y la puesta en mar cha de una guerra de exterminio contra los países reputados como "enemigos históricos de la nación alemana".48 Los frecuentes vaivenes dibujados por los enfoques historiográficos sobre las actitu des sociales y la opinión popular de los alemanes bajo el nazismo no han impedido que vuelvan a aflorar visiones más comedidas, instaladas sobre una especie de nuevo escepti cismo que recoloca a los actores sociales y políticos en un lugar más acorde con lo que de bieron ser las auténticas relaciones, siempre conflictuales y contradictorias, entre el Estado Nazi y la sociedad alemana de los años treinta y cuarenta. Se ha hecho hincapié en la difi cultad para medir el auténtico estado de ánimo de la población durante los años de domi nio del Tercer Reich, y desde luego se ha puesto el acento en la existencia de múltiples fo cos de contestación y discrepancia. Véanse, en tal sentido, las recientes aportaciones de Kershaw,49 que contrastan con el equilibrado balance analítico desplegado por Fritzsche.50 Para este último, la capacidad modeladora de las actitudes individuales contenida en el concepto seminal de comunidad del pueblo (Volksgemeinschaft), y la influencia decisiva de las políticas sociales nazis a la hora de forjar toda una vasta amalgama de sentimientos de autoidentificación con los valores éticos y culturales de exaltada germanidad difundi dos por el Estado nazi, acabaron facilitando el desencadenamiento entre multitud de in dividuos de complicados procesos reflexivos, encaminados a la resolución de íntimas con 47 Omer Bartov, "Social Outcasts in War and Genocide", en Robert Gellately y Nathan Stoltzfus, Social Outsiders, pp. 294-318. 48 Michael Burleigh y Wolfgang Wippermann, The Racial State. Germany, 1933-1945, Cambridge Uni versity Press, Cambridge, 1991; Michael Burleigh, The Third Reich. A New History, Hill and Wang, Nueva York, 2000; Claudia Koonz, The Nazi Conscience, Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, Mass., 2003; Omer Bartov, Hitler's Army. Soldiers, Nazis, and War in the Third Reich, Oxford University Press, Oxford, 1992; y del mismo autor: "The Missing Years. German Workers, German Soldiers", en David F. Crew (ed.), Nazism and German, pp. 41-66; "The Conduct of War; Soldiers and the Barbarization of Warfare", The Journal of Modern History (Supplement: Resistance Against the Third Reich), 64 (1992), S32-S45; y "Sol diers, Nazis, and War in the Third Reich", The Journal of Modern History, 63, 1 (1991), pp. 44-60; Alf Liidtke, "The Appeal of Exterminating Others': German Workers and the Limits of Resistance", The Journal of Mo dern History (Supplement: Resistance Against the Third Reich), 64 (1992), pp. S46-S67; Christopher R. Brow ning, Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland, Harper Collins, Nueva York, 1992; Nazi Policy, Jewish Workers, German Killers, Cambridge University Press, Cambridge, 2000; Christopher R. Browning y Lewis H. Siegelbaum, "Frameworks for Social Engineering: Stalinist Schema of Identification and the Nazi Volksgemeinschaft", en Michael Geyer y Sheila Fitzpatrick (eds.). Beyond Totalita rianism, pp. 231-265. 49 Ian Kershaw, Hitler, the Germans: y "Consensus, Coercion and...", capítulo citado, en Paul Corner (ed.), Popular Opinion. 50 Peter Fritzsche, Life and Death in the Third Reich: Andrew Stuart Bergerson, Ordinary Germans in Ex traordinary Times. The Nazi Revolution in Hildesheim, Indiana University Press, Bloomington and Indianapo lis, 2004; John Connelly, "The Uses of Volksgemeinschaft: Letters to the NSDAP kreisleitung Eisenach, 1939 1940", The Journal of Modern History (Special Issue on Practices of Denunciation in Modern European History, 1789-1989), 68, 4 (1996), pp. 899-930. 79 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
80 tradicciones morales e ideológicas. Tales procesos se saldaron, en numerosísimas ocasio nes, mediante la precipitación decantada de recios compromisos de adhesión consciente a las propuestas nacionalsocialistas de engrandecimiento nacional o de profunda regenera ción política y social. Sin embargo, frente al énfasis puesto en la capacidad de seducción y de homogenei zación de los comportamientos y las actitudes sociales atribuible al concepto de Volksge meinschaft., las conclusiones de Fritzsche han sido severamente matizadas. Nuevas voces críticas han sido evocadas gracias a la exhaustiva consulta de ricos y, hasta hace bien poco, relativamente inexplorados repertorios documentales, o recurriendo al empleo de su gerentes enfoques metodológicos. Según algunos de los mencionados planteamientos críti cos, a lo largo de casi todo el periodo de dominio nazi, pero de manera particularizada en medio de las difíciles condiciones de supervivencia derivadas del extenuante esfuerzo bé lico desplegado por el Tercer Reich desde 1939, el campesinado intermedio de numerosas zonas rurales, fuertemente imbuido del tradicional apego a sus inveteradas prácticas de su pervivencia y defensa de la economía familiar, permaneció inmune a las altisonantes so flamas, y a las casi siempre hueras invocaciones al altruismo y el espíritu de la comunidad del pueblo, insistentemente proferidas por los nazis. Ese mismo campesinado mostró de manera reiterada una actitud de abierta desconfianza o rechazo explícito frente a las cons tantes requisas y constricciones al libre mercado llevadas a cabo por las autoridades en de trimento de sus ya muy mermados recursos productivos. Todo parecer indicar que durante casi todo el periodo de dominio del Tercer Reich, la inveterada defensa llevada a cabo por el campesinado familiar de sus tradicionales valores culturales y sus ancestrales fórmulas de supervivencia económica -instaladas sobre el comunitarismo y la solidaridad vecinal lo convirtieron en un particular segmento de la población rural tozudamente renuente a la imposición de las doctrinas ideológicas y los preceptos políticos propalados por la dicta dura hitleriana, a los que juzgaba como absolutamente contrapuestos con la pervivencia de sus más enraizadas prácticas sociales.51 Las más recientes interpretaciones críticas sobre la potencialidad de las políticas nazis para suscitar un alto grado de consentimiento entre la población se han visto perspicazmente sazonadas con los brillantes juicios de Götz Aly, ocupados en desentrañar las consecuencias derivadas de los actos de rapiña y expolio lle vados a cabo por las fuerzas nazis de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial sobre las economías de los países sometidos al dominio militar del Tercer Reich. Dichos actos de expolio generalizado de los recursos y las disponibilidades monetarias y crediticias de las zonas y los países europeos "conquistados" por la "bota nazi" se vieron complementa dos con toda una vasta gama de medidas de ingeniería financiera y presupuestaria, orienta das a garantizar la preservación de elevados niveles de renta y consumo entre la población alemana o a revertir los efectos inflacionarios ocasionados por el desmesurado crecimiento del sector armamentístico alemán sobre las cuentas públicas y los recursos hacendísticos de los Estados despojados. La conformación de un vasto imperio económico de dimensio nes continentales, como el gestionado por las autoridades nazis, arrojó como principal re sultado la conformación de un ingente entramado geográfico de saqueo sistemático de los recursos de buena parte de Europa a beneficio de los soldados de la Wehrmacht y sus más 51 Jill Stephenson, Hitler's Home Front. Württemberg under the Nazis, Hambledon Continuum, Nueva York & Londres, 2006; "Popular Opinion in Nazi Germany: Mobilization, Experience, Perceptions: The View from the Württemberg Countryside", en Paul Corner (ed.), Popular Opinion, pp. 107-121; "Nazism, Modern War and Rural Society in Württemberg, 1939-45", Journal of Contemporary History, 32, 3 (1997), pp. 339 356; "'Emancipation' and his Problems: War and Society in Württemberg, 1939-45", European History Quar terly., 17 (1987), pp. 345-365; y "'Resistance' to 'No Surrender': Popular Disobedience in Württemberg in 1945", en Francis R. Nicosia y Lawrence D. Stokes (eds.), Germans Against Nazism, pp. 351-367. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
directos familiares o allegados. De esta manera se lograba el abastecimiento suficiente de la población alemana, garantizándole, de paso, un más que satisfactorio nivel de vida. Asi mismo, mediante tales estratagemas, el régimen se aseguraba la germinación en el seno de la sociedad alemana de un elevado grado de aprobación en torno a sus políticas expansivas y militaristas.52 La Rusia estalinista, 1928-193953 El arrinconamiento de las viejas concepciones en torno al totalitarismo soviético llegada del "revisionismo " La historiografía en torno al totalitarismo estalinista ha experimentado un decisivo giro hermenéutico a lo largo de las últimas décadas. Han sido progresivamente arrincona das las rancias interpretaciones de "arriba-abajo", que incorporaban acriticamente los pa radigmas en torno a los rasgos del totalitarismo definidos por los analistas políticos anti comunistas de la etapa de la Guerra Fría. Los rígidos planteamientos analíticos y reveladoramente ahistóricos que definieron el totalitarismo como una estructura de poder sistèmica (y no como una experiencia de dominación política históricamente condiciona da), aparecían contenidos de una forma acabada en la clásica obra de Cari J. Friedrich y Zbigniew K. Brzezinski,54 y lo concebían como una sólida estructura estatal monolítica, perenne e inmutable, capaz de perpetuarse indefinidamente e imposibilitada para transfor marse, que sometía brutalmente a la sociedad impidiendo toda expresión de disidencia y que únicamente podía ser aniquilada o destruida mediante el concurso de fuerzas o presio nes externas. Para esta visión inmovilista del totalitarismo (que señalaba a la dictadura so viética como su más depurada y quintaesenciada manifestación), la arrolladora eficacia dictatorial reunida por las devastadoras moles políticas encarnadas en el nazismo y el esta linismo estribaría en el uso implacable que aquellas siempre hicieron de una ideología im pregnada de poderosos componentes quiliásticos, que se hallaba inoculada hasta en los más íntimos rincones de la vivencia social gracias a la acción de un partido único implaca blemente dirigido por un dictador carismàtico.55 Estas interpretaciones arquetípicas postu laban de manera implícita la indisoluble y paralizante incapacidad de la sociedad para arti cular respuestas más o menos organizadas con las que contrarrestar el poder omnímodo de los estados totalitarios bajo los que se hallaba sojuzgada. La sociedad era vista, de acuerdo con tales exégesis, como una víctima atemorizada por el terror impuesto desde el Estado, o como una criatura abnegada, ideológicamente narcotizada o amputada en sus capacida des para reaccionar frente al poder absoluto de las dictaduras fascistas o comunistas. En los años ochenta se inició una etapa de profunda renovación historiográfica en los estudios sobre el largo periodo de dominio estalinista previo a la Segunda Guerra Mun 52 Götz Aly, Hitler's Beneficiaries; Mark Mazower, Hitler's Empire. Nazi Rule in Occupied Europe, Pen guin Press, Nueva York, 2008; Richard J. Evans, The Third Reich at War, 1939-1945, Allen Lane, Nueva York, 2008; y Adam Tooze, The Wages of Destruction. The Making and Breaking of the Nazi Economy, Allen Lane, Londres & Nueva York, 2006. 53 Para una visión panorámica de los cambiantes planteamientos de la historiografía reciente en torno a la opinión popular de la sociedad soviética durante el periodo estalinista previo a la Segunda Guerra Mundial, véa se: Sheila Fitzpatrick, "Popular Opinion in Russia under Pre-war Stalinism", en Paul Corner (ed.), Popular Opi nion, pp. 17-32; y David L. Hoffmann (ed.), Stalinism. The Essential Readings, Oxford, Blackwell Publishing, Maiden, 2003. 54 Carl J. Friedrich y Zbigniew Κ. Brzezinski, Totalitarian Dictatorship and Autocracy, Harvard Univer sity Press, Cambridge, 1956. 55 Enzo Traverso, El Totalitarisme. 81 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
82 dial. Puede hablarse de una posición auténticamente "revisionista", que contradecía las su puestas verdades del discurso predominante de calificación del totalitarismo soviético como una especie de Leviathan, inexorablemente capacitado para llevar a efecto una per manente e indefinida reproducción a la vez que sólidamente construido sobre una granítica estructura de poder centralizado.56 Las investigaciones llevadas a cabo por un nutrido gru po de investigadores como Sheila Fitzpatrick, J. Arch Getty, Roberta T. Manning o Gábor T. Rittersporn (por mencionar tan sólo a unos pocos), ahondaron en una perspectiva más globalizada de la sociedad soviética de los años treinta. Muy atentas a la señalización de los componentes de dinamismo social presentes en la evolución de la economía estalinista sometida a los primeros planes quinquenales puestos en marcha a lo largo de los años treinta, las entonces novedosas miradas dirigidas por Fitzpatrick hacia la emergencia de un nuevo estrato de trabajadores cualificados, especializados y beneficiados por las corrientes de ascenso social que puso en marcha la industrialización forzosa, dibujaron un panorama social muy diferente al bosquejado por las "rancias interpretaciones" de la politologia y la sociología funcionalista provenientes de la etapa de la Guerra Fría.57 Para Fitzpatrick, al igual que para otros destacados especialistas, las necesidades ex perimentadas por el estado soviético para configurar una nueva "intelligentsia" de origen proletario, así como una nueva clase de técnicos, ingenieros y personal cualificado apto para cumplimentar las demandas del nuevo proceso industrializador, generaron un inusita do dinamismo social que estimuló el ascenso, la mejora notable de las condiciones de vida y las expectativas de negociación social de un importante estrato de población joven, urba na y profundamente imbuida de los principios ideológicos del marxismo-leninismo. Esta poderosa corriente de promoción social capacitó a la nueva clase emergente de trabajado res cualificados, y a la pujante "intelligentsia" cuidadosamente educada por el propio régi men, para llevar adelante una suerte de pactada transacción de sus específicas aspiraciones con los órganos del partido bolchevique y los poderes estatales, mermando así la supuesta omnipotencia exhibida por estos últimos en la ejecución de sus ortodoxos principios ideo lógicos.58 Junto a todo lo anteriormente expuesto, las nuevas sensibilidades historiográficas, preocupadas por desentrañar las capacidades atribuibles a los totalitarismos de entregue rras para suscitar entre la población diferentes expresiones de adhesión hacia sus postula dos ideológicos, estimularon el afloramiento de algunas brillantes reflexiones. En el pano rama de los nuevos estudios sobre las actitudes de la población durante la etapa de implantación de la dictadura estalinista cobró una decisiva importancia la atención presta 56 David D. Roberts, The Totalitarian Experiment, pp. 250-261; J. Arch Getty y Roberta T. Manning (eds.), Stalinist Terror: New Perspectives, Cambridge University Press, Cambridge, 1993; J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, The Road to Terror: Stalin and the Self-Destruction of the Bolsheviks, 1931-1939, Yale University Press, New Haven, Connecticut, 1999; J. Arch Getty, '"Excesses Are Not Permitted': Mass Terror and Stalinist Governance in the Late 1930s", Russian Review, 61, 1 (2002), pp. 113-138; Gábor T. Rittersporn, "New Hori zons: Conceptualizing the Soviet 1930s", Kritika: Explorations in Russian and Eurasian History, 2, 2 (2001), pp. 307-318. 57 Sheila Fitzpatrick, Education and Social Mobility in the Soviet Union, 1921-1934, Cambridge Univer sity Press, Cambridge & Nueva York, 1979; y Everyday Stalinism. Ordinary Life in Extraordinary Times: So viet Russia in the 1930s, Oxford University Press, Oxford. 1999. 58 Sheila Fitzpatrick, "Culture and Politics under Stalin: A Reappraisal", en Slavic Review, 35, 2 (1976), pp. 211-231; "Cultural Revolution in Russia, 1928-1932", en The Journal of Modem History, 9, 1 (1974), pp. 33-52; "New Perspectives on Stalinism", en Russian Review, 45, 4 (1986), pp. 357-373; "Revisionism in Re trospect: A Personal View", en Slavic Review, 67, 3 (2008), pp. 682-704 y "Stalin and the Making of a New Elite, 1928-1939", en Slavic Review, 38, 3 (1979), pp. 377-402. Véase también: Sheila Fitzpatrick, "Introduc tion", en Sheila Fitzpatrick (ed.), Stalinism, pp. 1-14; y David Priestland, Stalinism and the Politics, pp. 244 303. This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions
da al contenido de las denuncias, las quejas o las súplicas elevadas por los ciudadanos so viéticos ante las autoridades para dar cuenta de las apremiantes carencias padecidas en la vida cotidiana, inculpar a quienes reputaban como contraventores de la disciplina oficial mente establecida, vituperar a los alejados de la ortodoxia oficial, o delatar a los cuadros dirigentes del bolchevismo o a los responsables de la colectivización agrícola que se com portaban de una manera abusiva y contraria a los principios éticos del comunismo. Si bien una ingente cantidad de actos de delación -o de puesta en conocimiento de irregularidades o abusos practicados desde distintas instancias de la administración políticapuede ser considerada probatoria de la proliferación, entre individuos de diferente condición social, de actitudes de enfervorizado acatamiento a los postulados ideológicos del régimen, no es menos cierto que tales "señales desde abajo" deben ser asimismo identificadas como la particularizada gestación de "fórmulas privilegiadas de comunicación con las esferas del poder", disfrazadas tras una falsa sumisión tendente a la obtención de prebendas o a la in teresada negociación con "los de arriba".59 La incorporación de nuevos utillajes teóricos llevó a una parte de la reciente historio grafía a impregnarse de las nuevas sensibilidades culturalistas y lingüísticas de la historia postsocial, rescatando la importancia de los procesos culturales y sociales de construcción de la identidad personal gestados en las experiencias totalitarias del siglo xx. Esto último, y la apertura de los archivos secretos de la extinta Unión Soviética, inclinó a los nuevos historiadores a centrar su atención en el grado de intensidad o el alcance con que el uni verso simbólico y discursivo construido por el comunismo llegó a impregnar la mentali dad de extensas capas de la población trabajadora, hasta el extremo de hacerlas partícipes del empleo compartido de una particularizada "civilización bolchevique" con la que evo car la realidad y el mundo circundantes. Para estas todavía recientes sensibilidades histo riográficas, el régimen estalinista habría alcanzado logros más que meritorios en sus pre tensiones por afianzar las metas del desarrollo económico mediante el despliegue de una abundante iconografía y un profuso universo simbólico, destinados a ensalzar una utopía revolucionaria, modernizante y aseguradora del progreso y el bienestar entre extensos con juntos de las clases obreras y populares. Mediante la referida estrategia, la dictadura estali nista habría conseguido que buena parte de esas mismas clases trabajadoras interiorizasen tales mensajes en su vida cotidiana, empleándolos como medios seguros y fiables de inter comunicación e interacción con el Estado, o aux iliándose con ellos en la rutinaria escenifi cación de su más o menos franco acatamiento del régimen totalitario.60 Aproximaciones más recientes a la potencialidad contenida en la ideología comunista y los aparatos propa gandísticos de la dictadura estalinista para operar una auténtica reconstrucción de los pro cesos mentales empleados por los individuos en la íntima percepción de la realidad y en la permanente edificación de su propia identidad personal, han llevado a algunos historiado res a marcar las tintas sobre el grado de profunda interiorización con que muchos de aque llos mismos individuos hicieron suyos los preceptos ideológicos oficialmente difundidos desde el poder. Esta subjetiva asunción de los modelos de comportamiento ortodoxamente definidos en el corpus revolucionario que inspiraba la ideología oficial del régimen habría 59 Vladimir A. Kozlov, "Denunciation and its Functions in Soviet Governance: A Study of Denunciations and their Bureaucratic Handling from Soviet Police Archives, 1944-1953", The Journal of Modern History, 68, 4 (1996), pp. 867-898; Sheila Fitzpatrick, "Signals from Below: Soviet Letters of Denunciation of the 1930s", The Journal of Modern History, 68, 4 (1996), pp. 831-866; y "Supplicants and Citizens: Public Letter-Writing in Soviet Russia in the 1930s", en Slavic Review, 55, 1 (1996), pp. 78-105. Véase también: Sheila Fitzpatrick y Robert Gellately (eds.), Accusatory practices. 60 Stephen Kotkin, Magnetic Mountain. Stalinism as a Civilization, University of California Press, Berke ley, Los Angeles & Londres, 1995; y "Modern Times: The Soviet Union and the Interwar Conjuncture", Kriti ka: Explorations in Russian and Eurasian History, 2, 1 (2001), pp. 111-164. 83 This content downloaded from 132.77.150.148 on Sat, 09 Jan 2016 04:07:46 UTC All use subject to JSTOR Terms and Conditions