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La fuerza del destino : ópera en cuatro actos

Piave, Francesco Maria, 1810-1876

Abstract

Sin enc.

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í í . i - ' r j l a FUERZA DEL DESTINO. M ÓPEllá EH CUATRO ACTOS DEL MAESTRO J. VERDI. J j> 5 9 PARA REPRESENTARSE EN EL GRAN TEATRO DEL LICEO FILARHÓ NIC O-DRAMÁTICO BARCELONÉS. BARíKLOH» IMPBKNTAIDE TOMÁS GORCHS, M A D R ID . L ib rería d e lo s Sres, Viuda é D. JOSÉ CUESTA. Calle de! carmen, núm. 38. ^ calle de Carretas, niim. 9 1871. 22 ABRIL 95 o c|»ífl í»Ül¡íl§í 6.^ O O { 0° í l - IM - r C s ñ ) r >S i E 0. . uj —e • P ' T' J . P P • “ - A c t o r e s c UN M U Ln CTi — \l —" co -ipnrgns, ~^ado)-as; Paisanos espai£> —E españoles é italianos de _EReclutas italianos; Frai la. ro - i Ffi i á mediados del siglo XY11I. oj “E ^T E ;í Ln = (Ti' -'J i ACTO PRIMERO. Sevilla. ESCENA PRIMERA. Un salón tapizado de damascos con retratos de familia y armaduras amueblado al estilo del siglo XVIII, pero en mal estado. En el fon do dos balcones: el de la izquierda cerrado y el de la derecha abierto, por el cual se ve un cielo despejado, iluminado por la luna, y las cimas de los árboles. Entre los balcones hay un grande ar mario cerrado, el cual contiene vesiidos, ropa blanca etc., etc. Cada una de las paredes laterales tiene dos puertas. La primera á la derecha del espectador, es la común; la segunda es la de la ha bitación de Curra. A la izquierda en el fondo está la habitación del Marqués, y cerca del proscenio está la de Leonora En medio de la escena, un poco liaría la izquierda, hay una mesita cubierta con un tápele de damasco, y encima de ella una guitarra, jarros para flores, dos candelabros de plata encendidos, con pantalla, flnica luz que alumbra el salón. Un sillón cerca de la mesiti. En tre las dos pueitas de la derecha un mueble con un reloj encima; y entre las dos de la izquierda otro mueble con el Tetrato del Mar qués, de cuerpo entero. El MARQUES de Calatrava, con una luz en la mano, se despide de doña LEONORA, que está pensativa. CUR RA viene por la izquierda. Mar. (abrazando afectuosamente á Leonora) Buenas noches, querida mia. ¡Todavía está abierto aquel balcón!... Leo. (Qué angustia!) Mar. ¿Ni una palabra cariñosa para tu tierno padre?... ¿De qué procede esta tristeza?... (volviendo hácia ella) Lf.o. Padre... Señor... Mar. El aire puro de! campo ha calmado las angustias de tu corazón... Has olvidado a! estranjero indigno £ OO ( O ci'JC s ñ ) J k r & ü iu iíjf s . A c t o r e s BL MARQUÉS de fatórara. . . . D.a LEONORA. . . .i i,::....,.. D, CARLOS de Vargas.. j h,J0SS!!?05 D. ALVARO. . PRECIOS ILLA PADRE GUARDIAN) FRAY MELITON ifraníiiBBfls CURRA, tamalera di D.1 Itoiwra.. . UN ALCALDE. ........ MAESE TRABUCO, arriero. . UN CIRUJANO del ejércilo español. C o r o s y c o m p a r s a s. .1 meros; Labradores y Labradoras; Paisanos espa ñoles é italianos; Soldados españoles é italianos de todas armas; Ordenanzas; Reclutas italianos; Frai les franciscanos; Mendigos. La acción pasa en España y en llalla a mediados det siglo STUI.. ACTO PRIMERO Sevilla. ESCENA PRIMERA. Un salón tapizado de damascos con retratos de familia y armaduras amueblado al estilo del siglo XVIII, pero en mal estado. En el fon do dos balcones: el de la izquierda cerrado y el de la derecha abierto, por el cual se ve un cielo despejado, iluminado por la luna, y las cimas de los árboles. Entre los balcones hay un grande ar mario cerrado, el cual contiene vesiidos, ropa blanca etc., etc. Cada una de las paredes laterales tiene dos puertas. La primera á la derecha del espectador, es la común; la segunda es la de la ha bitación de Curra. A la izquierda en el fondo está la habitación del Marqués, y cerca del proscenio está la de Leonora En medio de la escena, un poco lucia la izquierda, hay una mesita cubierta con un tapete de damasco, y encima de ella una guitarra, jarros para flores, dos candelabros de plata encendidos , con pantalla, tínica luz que alumbra el salón. Un sillón cerca de la mesiti. En tre las dos pueitas de la derecha un mueble con un reloj encima; y entre las dos de la izquierda otro mueble con elTetrato del Mar qués, de cuerpo entero. El MARQUES de Calatrava, con una luz en la mano , se despide de doña LEONORA, que está pensativa. CUR RA viene por la izquierda. Mau. (abrazando afectuosamente á Leonora) Buenas noches, querida raía. ¡Todavía está abierto aquel balcón!... Leo. (Qué angustia!) Mar. ¿Ni una palabra cariñosa para tu tierno padre?... ¿De qué procede esta tristeza?... (volviendo hácia ella) Leo. Padre... Señor... Mar. El aire puro del campo ha calmado las angustias de tu corazón... Has olvidado al estranjero indigno 4de ti... Deja á mi cuidado tu porvenir; fia en tu pa dre, que tanto te ama. Leo. Ah padre! Mar. Qué te aflige?... No llores, yo te idolatro... Leo. (Oh remordimiento!) Mar. Te dejo. Leo. (arrojándose con efusión á los brazos de su padre) Oh pa dre mió! Mar. El cielo te bendiga: á Dios. Leo. A Dios. Mar. (le da un beso, vuelve á coger la luz, y se retira á su aposento.) ESCENA H. CURRA sigue al MARQUÉS , cierra la puerta por donde lia salido, y vuelve á donde está LEONORA que se ha dejado caer en el sillón llorando. Cur. Creia que iba á estarse aquí hasta mañana. Volva mos á abrir el balcón (lo abre); preparémoslo todo , y marchemos. (Saca del armario un saco de noche en el cual mete vestidos y ropa blanca.) Leo. Y un padre tan amoroso habría de oponerse á mis deseos?... Nó, no puedo decidirme. CüR. (alterada) Qué decis ? Leo. Aquellas palabras penetraban en mi corazón como ■ agudos puñales... Si permanece un momento mas, se lo descubro todo. Cur. Para que mañana D. Alvaro cayese bañado en su propia sangre, ó conducido á una cárcel, y quizá después al patíbulo... Leo. CallaCu». Y todo esto porque ama á quien no le corresponde. Leo. Que no le correspondo!... Tú sabes si le amo... No abandono por él á mi padre, á mi familia, á mi pa tria?... Ah! cuán desdichada soy! Un sino inexorable me arranca de los paternos lares, para ir huérfana y errante, á playas extran jeras. Lleno de tristesámágenes y quebrantado por los remordimientos, el corazón de esta desdichada está condenado á eterno llanto... A Dios, querida pa tria mia, te dejo, bañada en lágrimas: á Dios, el dolor que oprime mi pecho no cesará mientras viva. Guk. Ayúdeme, señorita; así acabarémos mas pronto. Leo. Y si no viniese!... (mira al reloj) Es tarde. Han da do ya las doce... (contenta) Ah ! ya no vendrá!... Cuu. Oigo ruido!... pisadas de caballos... Leo. (asomándose al balcón) Es él!... Cur. Si era imposible que no viniese ! Leo. Cielos!... Cur. Ea, fuera temor. ESCENA III. Dichas. D. ALVARO en jubón con mangas anchas y encima una chaqueta de majo, redecilla en la cabeza, botas y espue las, entra por el balcón y se arroja á los brazos de LEO- • NORA. Alv. Oh ángel mió, el cielo nos ha unido para siempre, y en este abrazo se regocija conmigo el universo en tero. Leo. Don Alvaro! Alv. Qué te inquieta? Leo. Se acerca el di a... Alv. Mi! inconvenientes me han impedido llegar antes hasta aquí; pero ya no puede oponerse nada á nues tro puro y santo amor, y Dios mismo ha cambiado nuestra angustia en alegría, (á Curra) Echa por el bal cón esos,;vestidos. Leo. (a curra Detente. Alv. (á ctirra);:Nó, nó. (á Leo.) Sígueme, huye para siem pre de tu prisión. Leo. Cielos! me falta el ánimo. Alv. Los caballos están dispuestos; un sacerdote nos es5 BRSIXARIA 6 pera en el altar... Ven, Dios desde el cielo bendeci rá nuestro amor.. Y cuando el sol, Dios de la India, señor de mi real estirpe, inunde al mundo con sus luminosos rayos, ya nos habrá unido el santo lazo del matrimonio. Leo. La noche eslá muy adelantada... Alv. (a Curra) Date prisa. Leo. (á Curra) Espera... Alv. Leonora ! Leo. M añana... Alv. Qué dices? Leo. Te lo ruego: aguardemos á m añana. Alv. Mañana ! Leo. Si, mañana partiremos. Deseo ver una vez todavía á mi pobre padre, y tú consientes gustoso en ello, no es cierto? Sí, porque me amas, (enternecida) y no puedes oponerte á mi deseo. Oh ! yo te amo tanto I bien lo sabes: en tu amor estriba toda mi felicidad. El gozo rebosa en mi corazón: sí, D. Alvaro, que démonos: te amo! te amo !... (llora.) Alv. El gozo rebosa en tu corazón... y lloras!... Tu ma no está helada como la muerte!... Todo lo compren do, señora... Leo. Alvaro !... Alvaro!... Alv. Leonora!... (larga pausa) Sabré sufrir solo... No permita Dios que sigas mis pasos por debilidad... Rompo tus juramentos... Las antorchas nupciales serian para nosotros señal de muerte... Si no me amas cual yo te amo... Si arrepentida... Leo. Ah nó! soy tuya con el alma y con la vida. Seguir te basta los últimos confines de la tierra, desafiar impávida la guerra de un sino cruel, será para mí el mas sublime placer... Vamos, pues, el destino no podrá sepurarnos jamás. Alv. Aliento , luz y alma de este corazón que te ama , mientras dure mi existencia la dedicaré á satisfacer tus menores deseos. Vamos, el mundo entero no tendrá fuerza bastante para separarnos, (se dirigen al balcón y de repente se oye á la izquierda un rumor de abrir y cerrar puertas.) Leo. Qué rumor es ese? Cuit. (escuchando) Se oye subir la escalera. Alv. Pronto, marchemos. Leo. Es tarde. Alv. Entonces es preciso .tener calma. Cur. Virgen santa! Leo. (á D. Alvaro) Escóndete ahí. Alv. Nó, me toca defenderte (sacando una pistola.) Leo. Guarda esta arm a... ¿querrías emplearla eohlra mi padre?... Alv. Nó, contra mí mismo, (guarda la pistola.) Leo. Qué horror! ESCENA IV. Ábrese con estrépito la puerta del fondo de la izquierda, y entra furioso el MARQUES de Calatrava, blandiendo una espada y seguido de los criados con luces. Mar. Vil seductor!... Hija infam e!... Leo. (arrojándose á sus piés) Nó, padre mió... Mar. Yo no soy ya tu padre... (la rechaza.) Alv. (al Marqués) Solo yo soy culpable; herid, vengaos... (presentándole el pecho.) Mar. (áD. Alvaro) Nó, vuestro proceder revela vuestro abyecto origen. Alv. (resentido) Señor Marqués... Mar. (á Leonora) Aparta... (á los criados) Arrestad al infa me. Alv. (cacando la pistola) Ay del que se atreva á acercarse. Leo. (corriendo hácia él) Alvaro, qué vas á hacer?... Alv. (al Marqués) Solo á vos me entrego, herid. Mar. Morir por mi mano!... Has de morir á manos del verdugo. Alv. Señor de Calatrava!... Vuestra hija es tan pura como un ángel, os lo juro; solo yo soy el culpable. 7 x 16 ESCENA VII. Doña LEONORA sola. Y si me rechazase!... Nó, tiene fama de compasivo, y me protegerá... Virgen santa, asistidme. ESCENA VIII. Doña LEONORA, el P. GUARDIAN, Fray MELITON. Guau. Quién pregunta por mi? Leo. Soy yo, padre. Guar. Qué se os ofrece? Leo. Es un secreto. Guau. Idos, Meliton. Mel. (yéndose) (Siempre secretos!... Y solo estos santos lian de saberlos! Nosotros somos unos mastuerzos.) Guau. Qué murmuráis, hermano? Mel. Nada : digo para mí que la puerta es muy pesada y que hace ruido... Guar. Obedeced. Mel. (Qué tono de superioridad!) (vuelve ñ entrar en el convento entornando la puerta.) ESCENA IX. Doña LEONORA y el P. GUARDIAN. Guar. Ya estamos solos... Leo. Soy una m ujer. Guar. Gran Dios! Una mujer á estas horas!... Leo. Sí, una infeliz mujer, que engañada, despreciada y maldecida por el cielo y la tierra, os pide, postra da á vuestras plantas, que la salvéis del infierno. Guar. Y cómo puede hacerlo un pobre fraile? Leo. Habéis recibido una carta del P. Cleto? Guar. Es él quien os énvia? Leo. Sí. Guar. (sorprendido) Entonces vos sois Leonora de Vargas? Leo. Os estrem ecéis?... Guar. Nó, acudid confiada al pié de la cruz; allí os ins pirará la voz del cielo. Leo. (se hinca al pié de la cruz, la besa, y luego vuelve mas tranquila hacia el P. Guardian) Ahí desde que piso este santo suelo, siento que mi alma se tranquiliza, y no turban mi razón las fantasmas que la oprimian. Ya no veo levantarse ante mí la sombra ensangrentada de mi padre, ni oigo resonar en mi oido la maldi ción que lanzó sobre su hija. Guar. En este sitio se ha estrellado siempre el poder de Satanás. Leo. Por esto deseo acabar mis dias entre las peñas en que vivió otra mujer. Guar. Y q u é!... vos sabéis?... Leo. Me lo reveló el P. Cleto. Guar. Y vos queréis?... Leo. Consagrarme á Dios. Guar. Ay de aquel que se deja alucinar por un momen to de delirio ! Siendo tan joven, seria mas fatal para vos el orrepentiros de haber tomado tal resolución. Quién es capaz de leer en el porvenir, y saber si vuestra resolución será inmutable? Y vuestro amante? Leo. Fué involuntariam ente el asesino de mi padre. Guar. Y vuestro hermano? Leo. Juró darme la muerte por su propia mano. Guar. Mejor seria para vos encerraros en un claustro. Leo. En un claustro?... jamás. Si os negáis á acoger á esta arrepentida, iré pidiendo socorro y asilo á ios montes, alimento á las selvas, y hasta las fieras me compadecerán. Aquí he oido la voz del cielo que me ha dicho: «Acógete á la sombra de esta cruz...» En vano me rechazaréis; este es el puerto de mi salva ción, y nadie podrá quitarme este consuelo, («orre a abrazarse con la cruz.) 17 2 Guar. (Gloria á tí, Dios de clemencia, Padre omnipoten te de los desgraciados, á quien sirven de escabel las esferas!... Tu voluntad será cumplida!) Es firme vuestra resolución? Leo; Firmísim a. Guar. Acójaos, pues, el Señor. Leo. Bondad divina ! Guau. Solo yo sabré quien sois... Estaréis en una cueva entre las peñas, donde cada siete dias os llevaré yo mismo un escaso alimento, que depositaré junto á un arroyo. Leo. Vamos... Guar. (dirigiéndose hácia ia puerta) Meliton?.,.. (á Meliton que comparece) Decid á todos los hermanos que acu dan al altar mayor con cirios encendidos. (Meliton vuelve á entrar en el convento) Ai amanecer os dirigi réis sola á vuestra agreste morada; mas antes debe réis confortar vuestra alma con el pan de los ánge les. Id á vestir el santo hábito, y fortificad vuestro corazón. El Señor os sostendrá en el nuevo camino que emprendéis. Leo. ,'consolada) Eterno Dios , tú concedes tu gracia á la infeliz! Un gozo insólito me anuncia tu bendición! Siento que mi corazón recobra una nueva vida.... Entonad cánticos de alabanza, coros angelicales, el Señor me ha perdonado, (entran en la habitación del portero.) ESCENA N. Abrese la puerta principal de la iglesia. En el fondo se ve el altar mayor iluminado. Por los lados del coro marchan dos largas filas de frailes con cirios encendidos. Luego el P. GUAR DIAN precediendo á LEONORA con hábito de fraile , el cual la conduce fuera de la iglesia : los frailes la rodean en fila. Leonora se hinca ante el P. Guardian, y este extendien do solemnemente las manos sobre su cabeza, entona : Guar. Bendito sea el nombre del Señor. Todos. Bendito sea. 18 Guau. Una alma arrepentida viene á llorar su error en tre estas breñas-.. Nos le abrimos la santa cueva... Sabéis el sitio donde se halla? Tooos. Lo sabemos. Guar. Nadie se atreva á acercarse á aquel asilo sagrado é inviolable... Todos. Seréis obedecido. Guau. El breve espacio que nos separa de él, nadie lo traspase. Todos. No lo traspasaremos. Guau. Sobre el que se atreva á quebrantar esta órden) caiga la maldición del cielo. Todos. Caiga sobre él la maldición del cielo, y reduzca á ceniza al imp-'o mortal que se atreva á quebran tarla... Y llévese el viento sus inm undas cenizas. Guau, (á Leonora) Levantaos, y marchad. No volveréis á ver á ningún viviente. Si os amenazare algún pe ligro ó se acercare vuestra última hora, avísenoslo la campana de la cueva, y todos volarémos á daros los auxilios espirituales.—Cúbraos con su manto la Virgen de los áugeles, y vele sobre vos el ángel san to del Señor. Todos, (repiten la última frase.) Leo. (después de besar la mano al P. Guardian, se encamina sola i la ermita. El P. Guardian extendiendo los brazos bkcia ella la bendice). (Cae el telón). 19 FIN DEL ACTO SEGUNDO. 20 ACTO TERCERO. En Italia , cerca de Velletri. ESCENA PRIMERA. Bosque, noche oscurísima. DON ALVARO en uniforme de capitán de granaderos de la guardia Real, se adelanta lentamente desde el fondo. Se oyen voces internas á la derecha. Voces. 4.° Atención, juego... Un as á la derecha. 2.° He ganado. L” Un tresá la derecha... Un cinco á la izquierda. 2.a He perdido. Alv. (que se habrá adelantado) La vida es un infierno para el desgraciado... En vano busco la muerte!.. Sevilla!.. Leonora!.. Oh recuerdos!., oh noche queme robaste toda mi dicha!... Escrito está que he de ser eterna mente desdichado. Mi padre quiso sacudir el yugo que oprimía su pais natal, y esperó ceñir la corona de los Incas uniéndose á la hija del último de aque llos reyes. La empresa salió fallida... Nací en una cárcel y me eduque en el desierto, y solo conservo la vida porqué se ignora mi estirpe real!... Mis pa dres soñaron con un trono y les dispertó el hacha del verdugo!.. Cuándo tendrán tin mis desventuras!.. Oh .tú que subiste á la mansión de los ángeles, pura, hermosa y sin taclla, no te olvides de echar una ojeada á este infeliz, que desterrado y sin esperanza pugna con el destino para hallar la muerte... Socór reme, Leonora, ten compasión de mis sufrimientos. 2 \ Una voz. (de dentro) Ai traidor! Voces. Muera... Alv. Qué voces son estas? Una voz. Socorro... Alv. Socorrámosle, (acude al lugar donde se oyen las voces. Percíbese ruido de espadas; algunos oficiales atraviesan la escena huyendo en desórden.) ESCENA II. DON ALVARO vuelve con DON CARLOS. Ai.v. Huyeron ! Estáis herido? Car. No, os debo la vida. Alv. Quién eran? Cau. Asesinos. Alv. Tan cerca del campamento? Car. Os lo diré con franqueza: hubo un altercado en el juego... Alv. Entiendo: allí, á la derecha! Car. Precisamente. Alv. Mas cóm o, con tan noble continente, os bajasteis á jugar con aquella canalla? Car. Soy recien venido. Ayer llegué al campamento con órdenes del general: á no ser por vos, seria muerto. Decidme, pues, á quién soy deudor de la vida. Alv. Al acaso. , . Car. Em pezaré por deciros mi nom bre (no el verdadero). D. Félix de Bornos, ayudante del general. Alv. Yo soy D. Federico H erreros, capitán de grana deros. Car. La gloria del ejército. Alv. S eñor... Car. Cuya amistad anheleba, y ahora la solicito y espero. Alv. Yo estaré orgulloso con la vuestra, (se ■ estrechan las manos) <1 2. El mundo nos verá amigos en vida y en muerte, y nuestra unión durará tanto como nuestra existencia. Voces (dentro á la izquierda y toque de clarines) A litó a r mas ! 22 á 2. Corramos á las armas! C*r. Ah! esto sonido me es ahora mucho mas gralo, pues ' podré ser vuestro émulo en el campo del honor. Ai.v. Testigo de vuestro ^ valor, podré admirar vuestras hazañas, (corre hacia la izquierda.) ESCENA III. lis de mañana. Sala en la habitación de un oficial superior del ejército español en Italia, no lejos de Velletri. En el fondo hay dos puertas: la de la izquierda conduce al cuarto de dormir: la de la derecha es la de entrada. A la izquierda, cerca del prosce nio, hay una ventana. Óyese el rumor de la batalla que tiene lugar cerca de alü. Un CIRUJANO de ejército y algunos ordenanzas entran y cor ren á la ventana. Ord. La batalla es encarnizada. Cin. (mirando con anteojo) Valientes granaderos ! Ord. Los manda Herreros. Cir. Cielos! ha cuido herido ó muerto!... Los suyos se desbandan... El ayudante los reúne... y los conduce al ataque... Ya huyen los alemanes... Los nuestros han vencido! Aquí traen al capitán. Ord. Herido (corren A recibirle) Voces, (de fuera) Gloria por España I Otras. Viva Italia!... Todos. Victoria! victoria! ESCENA IV. Don ALVARO herido y desmayado en una litera llevada por cuatra granaderos. En un lado está el CIRUJANO y en el • Otro D. CARLOS, cubierto de polvo,y consternado’ ün sol dado deja una maleta sobre una mesa. La litera es colocada casi en medio de la escena. Car. Od|adlo aquí con mucho cuidado, y preparad mi Cáttaft. 23 Cir . Silencio! Car. Hay peligro? Cir . La bala qu.e tiene en el pecho me da mucho cuidado. Car. Salvadle, por Dios. Alv. (volviendo en si) Dónde estoy? Ca.r. Junto á tu amigo. Alv. Dejadme m orir. Car. Nuestros cuidados os salvarán... y esta batalla os valdrá la cruz de Calatrava. Alv. (sobresaltado) De Calatrava!... nó, jam ás!... Cir . Calmaos. • Car. (Qué es esto? se ha horrorizado al oir el. nom bre de C alatrava!...) Alv. Amigo... Cir . Si habíais... Alv. Solo una palabra... Car. (al cirujano). Dejadnos solos un momento, os lp rue go. ( el cirujano se retira al fondo). , Alv.. (hace seña &.D. Cirios que se le acerque) Quiero,que en esta hora solemne me juréis cum plir un votp, que tengo hecho. Car. (conmovido) Lo juro. Alv. Buscad sobre mi corazón... Car. (lo hace) Una llave?... Alv. (señalando la maleta) Con ella sacaréis un pliego oculto... lo, ño á vuestro honor... Hay en él un mis terio que ha de m orir conmigo. Cuando haya, espi rado , quemadlo al momento. Car. Así lo haré, os lo juro, Alv. Ahora muero tranquilo ...... os estrecho contra, mi corazón. Car. (le abraza muy conmovido) Amigo mió, confiad en el cielo... Adiós. Alv. Adiós. (El cirujano y los ordenanzas trasportan al herido al cuarto de dormir). u DON CARLOS, y luego el CIRUJANO. Car. Morir!... cosa terrible!... Tan intrépido, lan va liente, y va á morir!... Hombre singular!... Al oir el nombre de Calatrava se estremeció!... Si habrá llegado á su noticia el deshonor?... Cielos!... qué rayo dé luz!... Si luese él el seductor!... Está en mi poder y vive todavía!... Mas si me engañase!... dígalo está llave, ( abre convulsamente la maleta, y saca de ella un pliego cerrado J Este es el pliego (va á abrirlo) qué intento? (se detiene) Y mi juramento?... Y esta vida que debo á su valor!... También yo le he sal vado!... Y si fuese aquel maldecido indio que man chó mi sangre?... (resueltamente, Rómpase el sello ; nadie aquí me ve. (va á romper el sello y se detiene ) Nó?... Me ve mi con ¡encía, (arroja el pliego, y se ale ja de él con horror). Urna fatal de mi destino, aléjate de mí, en vano1 me tientas; vine aquí para limpiar mi honor, y no quiero mancharle con otra nueva afrenta. Para un hombre de honor un juramento es sagrado ; guarde aquel papel su misterio... Desvanézcase el mal pen samiento que rae incitó á cometer un acto indigno dé mí. Y si pudiese encontrar otra prueba? Veamos, (vuelve á buscaren la maleta y encuentra un estuche) Aquí hay un retrato... no está sellado, no me habló de él, y nada prometí. Descúbrase, pues, (lo abre) Cielos! Jxoñora ! Don Alvaro es el herido !... (con exaltación) Viva ahora, para morir luego á mis manos. Cir. (se presenta risueño k la puerta de la estación) Buenas noticias!... Está salvado, (vüelve á entrar en la cámara) Car. Oh gozo! Está salvado!... Siento que la alegría inunda mi corazón, pues al fin podré satisfacer mi venganza sobre el infame. Y tú , Leonora, dónde te ESCENA V. esconderás? habrás seguido en el campo al que sae picó tu rostro con la sangre de tu padre? Ab! mi dicha seria completa si de un solo golpe pudiese consagraros á entrambos al dios del Averno. (Parte rápidamente). ESCENA VI. Campamento militar cerca de Velletri. En primer término de la escena hay una lienda de ropavejero: á la derecha otra ,5-donde se venden comestibles, bebidas y frutas, Al rededor tiendas militares, barracas de revendedores, etc., etc. Es de nocde: la escena está desierta. Una patrulla entra cautelosamente en escena, explorando el campo. Coro. Compañeros, detengámonos á explorar el campo;, no se oye ningún ruido, ni se percibe ninguna luz: todo el mundo está sepultado en profundo sueño. Vámonos internando , pues pronto se oirá el loque de diana. ESCENA VII. Va despuntando el alba. Entra DON ALVARO pensativo. Ai.v. Ni siquiera me es dado tener una hora de descan so, pues una lucha cruel quebranta mi alma. En vano pido al cielo paz y olvido. ESCENA VIII. Dicbo y DON CARLOS. Car. Capitán... At-v. Quién me llama? (acercándose y reconociendo ácárlos le dice afectuosamente) Sois vos, que tantos cuidados me habéis prodigado? • Car. Está completamente curada vuestra herida? Ai/v. Sí. 25 ACTO CUARTO Cercanías de Hornaehuelos. ESCENA PRIMERA. Interior del convento de Ntra. Sra. de los Angeles. Un mezquino pór tico al rededor de un patlnejo con naranjos, adelfas y jazmines. A la izquierda del espectador la puerta de la calle: & la dere cha oirá puerta encima de la cual se lee: Clausura. El p. GUARDIAN se pasea gravemente rezando en el breviario. Po-r la izquierda entran muchos mendigos de todas edades y de ambos sexos, con tazas rústicas, ollas y platos en la mano. Cono. Distribuid Ja sopa; hace una hora que esperamos, y tenemos que marcharnos... Por caridad, distri buidla pronto. ESCENA II. Dichos y fray MELITON que viene por la derecha con ancho delantal blanco, y, ayudado por otro lego, trae una gran caldera que colocan en el centro: el lego distribuye. Mel. Eli! Os figuráis estar en algún mesón?... Quietos... (empieza á distribuir la sopa con un cucharon.) Mujeres, (empujándose) A mí, á mí primero. Viejo s . Qué porciones para ellas! Otros. Todo lo querrían para sí. Todos. María ha tenido ya tres. Una. (á Meliton) Cuatro á m í... Todos. Cuatro á ella!... La misma. Sí, porque tengo seis chiquillos. Mel. Y por qué teneis seis? La misma. Porque Dios me los ha dado. Mel. Si, si, Dios... no los tendríais si como yo os hubie seis sacudido las espaldas con ásperas disciplinas, y hubieseis pasado las noches rezando el rosario y el miserere. Guau. Hermano! Mel. Estos mendigos tienen una fecundidad verdadera mente asombrosa. Guau. Tened caridad... Viejos. Dadnos un poco mas de esa escoria. Mel. Bribones, á la gracia de Dios llamáis escoria? Algunos. A mí, padre... (presentando Las tazas) Otuos. A mí... (id.) Mel. id en hora mala, ú os santiguo con el cucharon... Ya me falta la paciencia... Guau. Caridad, herm ano... Mujeres. El P. Rafael usaba mas caridad con nosotras. Mel. Sí, sí, pero en ocho dias se hartó de pobres y de sopa, y se quedó en su celda, echando la carga á Meljton... Además, con esa canalla no se puede ir por las buenas. Guau. Los pobres sufren tanto!... la caridad es un deber. Mel. Caridad con estos que lo hacen por oficio? que po drían derribar un campanario con una puñada?... que llaman escoria á la gracia de Dios?... Bribones! Algunos. Oh ! el padre Rafael... Otros. Era un ángel. Otros. Era un santo. Todos. Si el padre Rafael... Mel. No me fastidiéis mas! (distribuye con presteza el resto diciendo:) Lo que queda tomarlo vosotros mismos: no quiero gastar mas saliva... (hace rodar la caldera de un puntapié) Fuera de aquí, dejadme... ea, al sol, al sol.. Mas apestosos que Lázaro, sacos de malicia... Andad al diablo, bribones, salid pronto de aquí, (los echa dándoles con el delantal que se ha quitado , y cierra la ~ puerta, lleno de cólera, y fatigado). 33 3 ESCENA III. El Padre GUARDIAN y fray MEL1T0N. Mel. (Secándose el sudor con un pañuelo blanco que saca de la manga.) Uf! no hay paciencia que baste. Guar. El Señor no os ha concedido mucha. Haciendo li mosna se cumple con un deber de que tendría or gullo un ángel. Mel. (sorbiendo un polvo) Que si estuviese en mi lugar, en tres dias acabaria por distribuir bofetones. Guar. Callad : sed humilde, Meliton , y no toméis á mal que prefieran á Rafael. Mel. Yo? ni por pienso. Soy amigo de Rafael; pero tiene un gesto... unos ojos... siempre hablando solo... Guar. Son las oraciones, los ayunos... Mel. Ayer estaba trabajando en el huerto, mirando tan atravesado, que chanceando le dije : Padre, parecéis un mulato. Miróme de reojo, apretó los puños, y... Guaii. Y qué? Mel. Cuando cayó el rayo en el campanario, y sali du rante la tempestad, le grité: parece un indio salva je... lanzó un rugido que me heló de horror. Guar Qué queréis decir con esto? Mel. Nada; pero al mirarle me acuerde de lo que nos contaste que el diablo estuvo aquí un tiempo en há bito de fraile... y pienso que quizá el padre Rafael sea alguno de sus parientes. Guar. Juicios temerarios... Yo referí la verdad... pero fué el P. superior el que tuvo en aquella época la revelación, no yo. Mel. Es cierto!... Pero por qué razón es tan extraño el padre? Guar. Los desengaños del mundo , la asidua penitencia, las vigilias, la abstinencia, todo habrá contribuido á conturbar su alma. Mel. Serán, ¡mes, los desengaños, la asidua penitencia, F las vigilias y la abstinencia los que le han trastor nado la cabeza. (Se oye sonar fuertemente la campana de la puerta.) Guau. Alguno llam a... abrid... (vase) ESCENA IV. Fray MELITON y DON CARLOS que embozado en una an cha capa entra con desenvoltura. Car. (con altanería) Sois vos el portero? Mel. (Qué finchado está el caballero!) Si os he abierto la puerta, me parece... Car. El padre R afael! Mf,i,. (O tro!) Hay dos en casa; el uno gordo como un cerdo, sordo como una tapia; el otro seco, moreno, ojos... (cielos qué ojos!) por cuál preguntáis? Car. Por el del infierno. Mel. (Es él.) Y á quién le anuncio? Car. Un caballero. Mel. (Qué orgullo! no lo parece por el traje), (vaso) ESCENA V. DON CARLOS y luego DON ALVARO en hábito de fraile. Car. En vano, Alvaro, te ocultaste al mundo y escudaste tu vileza con el hipócrita sayal. El odio y la sed de venganza me señalaron el camino del claustro en que te escondes: aqní no habrá nadie que nos sepa re, y podré lavar con tu sangre el ultraje que m an chó mi honor: y juro al cielo que la derram aré has ta la últim a gota. Alv. H erm ano... Car. Me conoces!... Alv. Don C arlos! Vos aquí 1 * Car. Hace un lustro que te ando buscando; por tm te hallé!... La infam ia y el delito solo se borran con sangre, y está escrito que has de recibir el cas3o tigo por mi mano. Fuiste guerrero, ahora fraile ..... aquí no tendrás armas, y como lie de derramar lu sangre, he traído dos espadas. Escoge una. Alv. Viví en el mundo, es cierto; pero este hábito y la soledad en que vivo dicen que estoy expiando mis faltas... Ah ! no se hable mas de sangre! Dejadme. Car. Ni el sayal ni el desierto pueden defenderte, co barde... Alv. (estremeciéndose) Cobarde!... Esta palabra... (refre nándose) (Asistidme Dios mió!) Llévese el viento las amenazas y las palabras injuriosas... Perdonadme... Por qué ofendéis tanto al que solo fué desgraciado?... Inclinemos la frente ante el destino. Hermano, pie dad, piedad ! Cak. No profanes este nombre... Engañaste á mi hermina dejándola abandonada á la infamia y al deshonor. Alv. Nó, no fué deshonrada; os lo jura un sacerdote; la he adorado en la tierra cual se puede amar en el cielo... La amo todavía, y si ella me ama también, mi corazón ve colmados todos sus deseos. Car. Mi furor no se aplaca con falaces palabras; empuña el acero, y vamos á batirnos. Alv. Si mi rem ordimiento y mis lágrimas no logran convenceros, vedme á vuestros piés, cual nunca me vio hom bre alguno. Car. Con este acto pruebas la bajeza de tu eslirpe. Alv. (poniéndose en pié furioso) Mi estirpe es mas lim pia que el mas fino brillante. Car. Pero la m ancha sangre de mulato. Alv. (no pudiendo refrenarse mas) Mentís mil veces. Dad me una espada; (se la arranca de la mano) salgamos. Car. Por fin... (siguiéndole) Alv. (moderándose) Nó, no triunfe el infierno... Vete, vuélvete, (arroja la espada) Car. Con que te burlas de mí?... Si te falta corazón para medirte conmigo, te consagro al deshonor... (le da una bofetada) 36 Alv. (furioso) Ah! has firmado tu sentencia. Muerte para entrambos... (recoge la espada) Car. Muerte para entrambos. á 2. P or fin quedará satisfecha la ira , y.el infierno te engullirá, (salen corriendo por la izquierda) ESCENA VI. Valle entre rocas inaccesibles, atravesado por nn arroyuelo. En el rondo, á la izquierda del espectador, hay una cueva; y encima una campana que puede tocarse desde dentro. Es la puesta del sol. La escena se oscurece lentamente; la luna aparece brillantísima. Doña LEONORA pálida, desfigurada, sale de la cueva en la mayor agitación. Paz, paz, Dios mió ! Una terrible desgracia me obliga á sufrir hace tantos años, lo mismo boy que el primer dia. Le amé ! es verdad; pero Dios le pro digó tanta belleza y tanto valor, que todavía le amo, y no puedo borrar su imagen de mi corazón. Oh fatalidad ! un delito nos ha separado acá en la tier ra ; pero yo te amo, Alvaro, y en el cielo está escri to : ya no le verás mas! Olí Dios mió ! envíame la muerte, pues solo ella puede darme la suspirada calma; inútilmente la espera mi alma, presa por lar go tiempo de los mas acerbos dolores, (se llega á una roca donde se hallan algunas provisiones que^ ha llevado allí el padre Guardian). Miserable pan!... tu vienes á prolongar mi desconsolada vida... Mas quién llega? Quién se atreve á profanar este sagrado lugar ! ...... M aldición!... M aldición!... (vuelve rápidamente á la cueva y se encierra dentro). ESCENA VIL Se oye dentro de la escena ruido de espadas. Car. (desde dentro) Muerto soy!... confesión!... salvad el alma. 37 Alv. (entra en la escena con la espada desnuda) Otra vez san gre de un Vargas.... Car. (siempre desde dentro) Padre... confesión... Alv. (arroja la espada) Soy maldito; pero aquí cerca está un ermitaño... (corre hacia la cueva y llama á la puer ta) Corred á asistir á un hombre que se está mu riendo ..... Leo. (desde dentro) No puedo. Alv. Hermano, en nombre del Señor... Leo. No puedo. Alv. (llamando con mas fuerza) Es preciso. Leo. (desde dentro, tocando la campana) Socorro ! socorro! Alv. Venid, por Dios. ESCENA VIII Dicho y LEONORA que se presenta en el umbral de la puerta. Leo. Temerarios, huid de la ira del cielo! Alv. Una m ujer... qué voz!... ah nó... es un espectro... Leo. (reconociendo áD. Alvaro) Qué. veo? Alv. Leonora! ^ Leo. Es él... (acercándose áD. Alvaro) Vuelvo á verte!... Alv. Aparta, aléjate de mí, mis manos brotan sangre! Leo. Qué es lo que dices? Alv. (señalando) Allí yace un hom bre.-. Leo. Tú le has muerto? Alv. Hice cuanto pude para evitar la lucha. Me encerré en un claustro; en él vino á encontrarme: me in sultó, y le he muerto. Leo. Y era? Alv. Tu hermano. Leo. G ran Dios! (corre anhelaute hácia el bosque). Alv. Destino adverso! cómo te burlas de mí... Leonora vive, y vuelvo á encontrarla cuando acabo de derra mar !á sangre de su hermano! LEO. (arrojando un grito desde dentro) Ah ! Alv. Que grito !... qué habrá sucedido?... 38 39 e s c e n a IX. LEONORA entra herida, sostenida por el padre GUARDI N, y dicho. Alv Ella .. herida!..* Leo' (moribunda.) En sus últimos momentos no pudo per donar y vengó la infam ia con m i sangre... Alv. No estás todavía satisfecha, venganza de D ios!.... G-u.uf (en tono solemne) No blasfeméis; humillaos ante el Justo y Santo... que conduce á la eterna bienaven turanza por un camino de am arguras... No profi ráis palabras de ira y de furor sacrilego, mientras este ángel vuela al seno del Señor... Leo. (con voz apagada) S i!... llora, y ruega. Alv. Soy un réprobo, un maldito.... Un rio de sangre se atraviesa entre nosotros.... Leo. Yo te prometo el perdón de Dios... Guau. Póstrate! Leo. Alvaro.... Alv. No puedo resistir á tus palabras (arrojándose á los piés de Leonora) Leonora, estoy redimido; el cielo me ha perdonado!... Leo. y Guar. Bendito seáis, Señor. Leo (á Alv ) Ahora puedo ya precederte á la tierra pro7 m etida... alli cesará la guerra, y nuestro amor sera Alv.ST ú me condenas á vivir, y me abandonas!... Solo el reo quedará impune! Guar Santificada por su m artirio, sube a la celestial m orada: sea para ti su muerte ejemplo de fe y de LEO PYodate precedo al cielo, Alvaro, donde te espero. A diós!... (muere) Alv. H a m uerto !••• Guar Ha subido al cielo ! (Cae lentamente el telón.) FIN. V