Reseña de: Calvo Maturana, Antonio, Cuando mandan los que obedecen. La clase política e intelectual de la España preliberal (1780-1808), Madrid, Marcial Pons Historia, 2013
Full text
BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA 367 Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 CALVO MATURANA, Antonio, Cuando mandan los que obedecen. La clase política e intelectual de la España preliberal (1780-1808), Madrid, Marcial Pons Historia, 2013, 312 págs. Las décadas finales del siglo XVIII y los años iniciales del XIX hasta el estallido de la Guerra de la Independencia están siendo objeto de una abundante producción historiográfica en los últimos años. Los trabajos de P. Molas, E. La Parra, M. V. López-Cordón, J. P. Luis y otros más son una buena prueba de ello. Se suma ahora la contribución de un joven y brillante historiador, Antonio Calvo, formado en las Universidades de Granada, Complutense y Alicante, del que ya conocemos numerosos trabajos centrados en esta etapa, entre los que destacan sus anteriores estudios: María Luisa de Parma: reina de España, esclava del mito (2007) y “Aquel que manda en las conciencias...”: Iglesia y adoctrinamiento político en la Monarquía hispánica preliberal (2001). En este su tercer libro, acerca de una temática de lo que fue su tesis doctoral, pero que ha seguido abordando en estudios más recientes, Antonio Calvo muestra una sorprendente madurez, que no le ha impedido, de momento, como a tantos otros jóvenes investigadores españoles, tener que emprender el camino de la emigración a otras universidades europeas, obligado por los recortes y por una política cicatera y falta de miras que está cercenando la necesaria renovación generacional en la universidad española. Con un sugerente título, que alude a un texto de Jovellanos de 1795 donde el asturiano expresa sus esperanzas en la renovación de nuestro país que habría de venir cuando gobernaran los formados en instituciones ilustradas, en este libro se aborda el estudio de la elite borbónica entre 1780 y 1808, un grupo que vivió una etapa culminante de la Ilustración española, y que representa un nexo intelectual y político con la España liberal. Pere Molas ha demostrado ya la continuidad y adaptación de la clase política española procedente de la monarquía absoluta al cambio de régimen liberal. En este estudio A. Calvo se propone, y a mi juicio consigue, mostrar: “la identidad cultural y política de un grupo tan heterogéneo que incluye a miembros de la administración, del ejército y de la Iglesia en sus estratos altos y medianos”. Lo que le interesa en este estudio no son los actos ni actuaciones concretas de estos personajes, sino la cultura y mentalidad de este grupo ilustrado. Como ya es generalmente admitido, el estado liberal decimonónico no surgió de la nada, sino que tiene sus antecedentes en la clase dirigente de los reinados anteriores. El lenguaje patriótico de las Cortes de Cádiz ya se venía utilizando desde el absolutismo. Términos como patriotismo, bien público, amor a la patria, ciudadanía, etc. conforman un mensaje que la corona fomentó para reclutar a la oligarquía e incorporarla a la tarea de gobierno. La elite recibió este mensaje y fue creándose al mismo tiempo una identidad propia. Los centros de sociabilidad —Academias, Sociedades Económicas, tertulias, cafés, etc.— fueron
368 BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 estrechando los lazos personales e identitarios y transformando la conciencia de súbditos en la de ciudadanos. Los servidores del rey se transforman en políticos en un marco donde se va consolidando también una incipiente opinión pública. A todos estos procesos se dedica este libro, un valioso estudio que en ocasiones está basado en material inédito de archivo, pero que en la mayoría de los casos obtiene su materia prima en los numerosos textos de los miembros más conspicuos del grupo —Jovellanos, Meléndez, Forner, Cabarrús, Azara, Moratín, Godoy y un largo etcétera—, que hablan con voz propia, por medio de sus obras, escritos, tratados, memorias, diarios, correspondencia... A través de tres amplios capítulos y unas breves conclusiones va desgranando esta temática, con un discurso inteligente y sugestivo, que viene avalado por el uso crítico de la abundante bibliografía producida hasta ahora. El grupo que nos ocupa se articula al servicio del rey. En la segunda mitad del siglo XVIII se produce un cambio de los escritores españoles y de su producción intelectual, de los clérigos y los temas religiosos como más abundantes, se pasa a los laicos (enseñantes, funcionarios, profesiones liberales) y a los temas de humanidades, ciencias sociales y positivas. Abundando en lo ya apuntado por Álvarez Barrientos sobre los escritores de la etapa, que no pueden vivir de su pluma y tienen que simultanear su condición de escritor con un puesto en la administración, se perfila este grupo de “intelectuales orgánicos”, encargados de defender las causas de la corona tanto con la pluma, como con el desempeño de puestos de responsabilidad al servicio del estado. Al mismo tiempo, la monarquía absoluta, hasta entonces con una fundamentación sagrada, a fines del XVIII va buscando una justificación más racional a su poder. Aunque muchos de estos hombres son “voceadores del absolutismo”, algunos irán evolucionando hacia posiciones más liberales, a causa de su bagaje intelectual. En la segunda mitad del siglo XVIII el concepto de patria evoluciona desde un significado local o dinástico a un plano cívico y nacional, al tiempo que el servicio a la patria va desplazando al servicio al rey y el buen ciudadano al buen vasallo. Tras hacer la “travesía intelectual” de términos como patria y patriotismo (de Feijoo a Blanco White), la utilización de fuentes menos conocidas, como los discursos de los presidentes de los Consejos a partir de la década de los 90, le permite señalar el desplazamiento de términos como dios, súbditos, obediencia cristiana, por otros laicos como patria, ciudadanía, bien público... La felicidad pública aparece como objeto principal de la labor de los magistrados, aún en el marco de la monarquía absoluta. Poco a poco se va imponiendo una responsabilidad política al servicio del estado —los afrancesados la esgrimirán para justificar su continuidad en el puesto con la monarquía de José I—, al tiempo que va evolucionando la forma de entenderse las obligaciones de los ciudadanos y de la nobleza. Se va imponiendo un mensaje de conciencia ciudadana y de nobleza de mérito y los reyes guerreros se van convirtiendo progresivamente en protectores del bien común y padres de la patria. El perfil del héroe adquiere
BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA 369 Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 un carácter civil, como puede comprobarse en un género tan frecuente entonces como el de los elogios en las instituciones que representan el dirigismo cultural de la etapa —Academias, Sociedades Económicas, etc.—. Las mujeres también tienen cabida en este programa del bien público. Buen exponente de ello es su presencia en las Sociedades Económicas más importantes. La Junta de Damas de la Matritense conforma un arquetipo oficial femenino a fines del Antiguo Régimen, un modelo a la vez privado y cívico, no reñido con su papel de esposa y madre, pero que representa, al menos para las señoras de las clases altas, una mayor libertad de la que gozarán en el marco del liberalismo burgués decimonónico. En la madurez del programa propagandístico borbónico en los textos se consagra la imagen del rey patriota, un monarca bondadoso y cercano, padre de la patria. Al leer los elogios de Carlos III y Carlos IV podría pensarse que estamos ante la propaganda de un monarca constitucional del siglo XIX. Al abordar el medular tema del estudio, el tratar de definir la identidad de este grupo, A. Calvo presta una especial atención al análisis de la influencia del clientelismo en el reclutamiento de esta clase política. En el sistema corporativo del Antiguo Régimen las redes clientelares tienen una importancia capital en la reproducción de la clase dirigente. Aunque con el acceso de los golillas al poder en la década de los 60 del XVIII el mérito había recibido un fuerte empuje, el clientelismo y el nepotismo siguen estando muy presentes en la etapa que nos ocupa, y, pese a una sensibilidad cada vez mayor contra el favoritismo, se hace muy patente en el reinado de Carlos IV. Es en esta etapa cuando los nombramientos por vía ejecutiva, al margen de las propuestas de la Cámara, se hacen más frecuentes y donde el perfil de las carreras de los cargos administrativos se disloca en comparación con un cursus honorum relativamente estable hasta entonces. Pero A. Calvo, además de llamar la atención en el hecho de que el clientelismo no excluye necesariamente al mérito —Jovellanos, Meléndez o Forner son buenos ejemplos de ello—, reflexiona sobre las caídas de figuras como Floridablanca o Godoy, que gozaron ambos de fuertes redes clientelares. Siguiendo la estela de los planteamientos de J. P. Dedieu en su sugestivo sobre la muerte del letrado, se plantea así mismo el cambio de perfil de los servidores del estado, algunos de los cuales se formaron al margen de las universidades y gozaban de habilidades específicas, y que estaban identificados con los principios del gobierno. A su juicio los cambios de gobierno en el reinado de Carlos IV —de Floridablanca, a Aranda, Godoy, Urquijo, Cevallos/Caballero—, no se deben, como la historiografía tradicional ha explicado, a la corrupción de la corte, sino que son más bien los golpes de timón de un monarca acuciado por la guerra y la crisis económica que proponía un gabinete con un perfil ideológico definido y apoyado por un grupo político y clientelar cohesionado. Todo ello en una clase política que se siente cada vez más fiel al estado que al rey. Todo ello sucede en un marco donde se produce el nacimiento de la opinión pública, aún incipiente y en la prehistoria, como se señala, pero cada vez con
370 BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 más fuerza. Tras algunos atinados apuntes de su concepto y evolución —Feijoo, Isla, Forner, Blanco White, etc.— se centra en las medidas gubernamentales para controlarla, como la creación por Floridablanca de la Comisión reservada, que actuaba en Madrid y Reales Sitios. En un ambiente cada vez más crispado, los reyes no solo respondían con la represión y el espionaje, sino que intentaban influir en la opinión, como demuestran los intentos de influir en la opinión pública en los desafortunados incidentes con el heredero Fernando. Volviendo a los rasgos definitorios de esta generación de intelectuales y políticos, A. Calvo analiza otros aspectos como el deseo de retratarse, las redes de amistad y solidaridad entre ellos —bien patentes en algunos casos, como Jovellanos, Meléndez y Cadalso, por citar una de las más conocidas—, y un cierto esplín generalizado a todos ellos. La melancolía y el desencanto, expresados por esta palabra hoy poco utilizada, se hace patente a final de siglo ante la asfixiante atmósfera política que se vive en los postreros días de la monarquía absoluta y expresa el malestar con que la clase política e intelectual española afrontó los grandes cambios que se sucederían en los años siguientes. Unos cambios políticos de los que ellos serían actores importantes, pero que no se abordan en este libro que, como señalamos al principio, pretende analizar la cultura y mentalidad de este grupo dirigente en la etapa en que aún permanece bajo la égida de la monarquía absoluta. Un interesante e inteligente análisis que viene a hacer más comprensible un periodo bisagra de nuestra historia, cuya lectura es más que recomendable. Inmaculada Arias de Saavedra Alías