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Contestación al informe que la Junta Local de Granada remite a la Provincial de Primera Enseñanza de la misma sobre el estado en que se hallan las escuelas públicas de la capital / [Agustín Rodríguez Lecea]

Rodríguez Lecea, Agustín

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CONTESTACION AL INFORME QUE LA JUNTA LOCAL DE GRANADA R EM ITE A LA PROVINCIAL DE l.'ENSEÑANZA DE LA MISMA. •SOBRE EL ESTADO EN QUE SE HALLAN LAS ESCUELAS PÚBLICAS DE LA CAPITAL, POR EL di; la f e u e t a yntcíica DE LA NORMAL DE MAESTROS. GRANADA. Im pre nt a de P aulino V e n t u ra y S ab a te l, Plaza de B ib-ra m ula . 1874. -O-a ;v CONTESTACION AL INFORME QUE LA S I 1 ® ! jfs®! jj|T| y p (gf^ pg| j=| DE GRANADA R EM ITE Á L A. PROVINCIAL DE 1.a ENSEÑANZA DE LA MISMA, SOBEE EL ESTADO EN QUE SE HALLAN LAS ESCUELAS PÚBLICAS DE LA CAPITAL, POR EL J L v g i’ nti! tic la (Buuth prá ctica DE LA NORMAL DE MAESTROS. n a ? GRANADA. Im p r e n ta d e -Paulino V e ntu ra yS ^ b a te l , Plaza de Bib-ba m bla. 1874. 25 ÍGOS 94 V CONTESTACION AL INFORME QUE LA DEGRANADA R E M ITE A LA PROVINCIAL DE i.' ENSEÑANZA DE LA MISMA, SOBRE EL ESTADO EN QUE SE HALLAN LAS ESCUELAS PÚBLICAS DE LA CAPITAL, POR EL ^ c jjín f e de la ($¡ ü c m \ r práctica DE LA. NORMAL DE MAESTROS. ? GRANADA. Im p r e n ta de-Paulino V e n t u r a y S aba tel, Plaza de Bib-b a m b l a . 1874. Dig nísim a J u n ta local de 1 .a E n señ a n za . Pa r a formar acertadamente un juicio comparativo entre el concepto que á V. S. merece mi escuela, en su ilustrado in forme sobre el estado de las escuelas públicas de esta Capital, y el que dicha escuela mereció á la Comision de su seno, co mo aparece en la comunicación que V. S. se sirvió dirigirme á consecuencia de la visita girada á la misma, y exámenes verificados en ella en Junio último, trascribo literalmente di cho documento, y dice así:—«En la visita girada en el mes «anterior, y exámenes verificados de los alumnos de esa Es- »cuela, 1a. Junta Local ha formado el juicio siguiente por los «resultados que arrojaron sus observaciones.—Con superior «asistencia á las hasta ahora juzgadas, es completo el cuadro »de asignaturas que en ella se enseñan, y de las cuales solo «algunas fueron objeto de prueba. Tampoco en otras se ha- «bia visto figurar el Código político entre las enseñanzas, y «es muy extensa la de Geografía, Aritmética y Gramática.— «Escuela en que se ve aplicada la Pedagogía moderna con «todos sus preceptos, y en lo que se observa la buena ten d en c ia de que la razón discurra por sí con libre y original «sentido, profundizando en los motivos de cada respuesta, y «estableciendo verdaderos gimnasios para la inteligencia, lo «que hará del niño de hoy el hombre que mañana se alimen- »te de ideas propias y seguras sin vestirse con plumas age- «nas, ni andar vacilante opinando con el último que escucha, «como si perturbaran su cerebro los vapores á muchos y mal «dirigidos conocimientos.—Siendo esta Escuela el modelo »que han de copiar los que al Profesorado aspiren, y siendo »grande y merecida la fama del Sr. Lecea, no es de extrañar »que la Junta desee ver empleada toda la asiduidad de que »es capaz dicho señor, haciéndose cada vez más digno de su »nombre, y superior al aparente descuido en que pudiera »creérsele.—Y se trascribe á V. para su conocimiento y efec- »tos consiguientes.—Dios guarde á V. muchos años. Grana— »da 12 de Junio de 1874.—El Presidente, Julián Saenz.— »Hay una rúbrica. —Sr. Director de la Escuela Práctica Nor- »mal.» — 4 — Cuatro años de estudios académicos en las Escuelas Nor males de Córdoba, Granada y Madrid con nota de Sobresa liente en todos ellos; veinte de práctica, estudios especiales, ensayos y experiencia en la primera enseñanza; un sistema y métodos especiales inventados por mí para dirigir mi es cuela é instruir mis discípulos; tres oposiciones á Escuelas elementales y cuatro á superiores en las capitales de provin cia Córdoba, Jaén y Granada, obteniendo el primer lugar en tres de dichas oposiciones, al segundo en otras tres, y al ter cero en una; varios premios obtenidos por los resultados que lie dado en la enseñanza; y finalmente, la categoría que ocu po en mi modesta clase de Maestro público, parecen títulos suficientes para poder contestar á las apreciaciones desfavo rables que Y. S. tiene á bien consignar en el ilustrado infor me que dirige á la Junta de Instrucción pública de la pro vincia, sobre el estado de todas las escuelas públicas de la capital, y del cual Y. S. ha tenido la atención de remitirme un ejemplar. Leido con el consiguiente interés, encuentio nada conforme el juicio que en él le merece mi escuela, así como también mi humilde persona, como maestro, con el que V. S. consigna en la preinserta comunicación que se sirvió dirigirme en Junio último, por consecuencia de la v:sita que giró á mi escuela. Dicho informe, con su belleza literaria, su elegante estilo, y el leve perfume del poco incienso que por cortesanía, in herente á tan digna Oorporacion, ofrece á estos Maestrospú- - 5 - blicos, contiene el veneno de la censura que amarga por pri mera vez mi corazon, cuando mi conciencia me dice, y puedo acreditar con hechos que, á pesar de tan funesta y calamitosa época para la primera enseñanza, tengo mi escuela á la altura que mi escasa capacidad acaso no pudiera haberla colocado; pero que sí lo han conseguido mi zelo y actividad, sin embar go de tantos embates como ha sufrido desde el momento en que de ella tomé posesion. Incluso yo en las desfavorables apre ciaciones de Y. S., y teniendo su ilustrado informe la popula ridad que da la prensa á tales documentos, V. S. 110 descono cerá que mi situación es crítica; y no puedo dejar de contestar á aquellas con igual publicidad, para que mi reputación de Maestro público, á tanta costa creada, quede para V. S. y para las personas que conocen de estos hechos en el puesto que le compete; ó si resultase prueba en contrario por parte de Y. S. ó de quien crea que puede acreditarlo, renunciar in mediatamente una escuela que por ningún concepto debería seguir desempeñando. Mi mutismo ante las acusaciones de V. S. seria interpreta do, ó de crasa ignorancia sobre los fundamentos científicos en que basa su informe V. S., ó de verdadera y punible falta en el cumplimiento de mi deber. Respecto á lo primero, no me compete hacer mi misma apología; mas de lo segundo, sí protesto, que por mi temperamento, educación, respeto á mi inmediato Jefe, y más que todo, por mi conciencia propia (sentimiento para mí anterior á todos mis Superiores gerárquicos), he procurado s'empre llenar mi deber cual si las cir cunstancias fuesen tan normales como en tiempos más felices para la primera enseñanza. Ruego á V. S. que 110 interprete mi contestación como re sultado de un sentimiento de soberbia, según indica en un párrafo de su informe; porque si así fuese, hubiera empezado por renunciar mi escuela, lo cual equivaldría á salirme de la esfera en que debe girar mi defensa, siendo entonces esta in oportuna y hasta inconveniente. Es única y exclusivamente por el deber que V. S. 110 desconoce tiene el hombre de ha cer frente á los ataques que afectan su reputación, cuando son dirigidos colectivamente, y no se ve exceptuado de ellos, juzgándoseexentodecensura. Loy principio á mi vindicación. — 12 — primaria?» Y la digna Junta se lamenta contestándose nega tivamente. Para demostrar á V. S. que la educación é instrucción van en mi escuela en completo consorcio, trascribo literalmente la definición que de la primera da en su tercera acepción el Doctor en Teología y Filosofía, J. Ii. C. Schwarz, y que es la genuina y propia de las escuelas, y asimismo la de la segun da. Dice, que en sentido estricto ó especialísimo, «Educar sig nifica dirigir intencional y metódicamente al niño, de modo que se desarrollen sus calidades físicas y morales lo más'per fectamente posible. Tomada en esta acepción, dice el mismo autor, se contrapone á la instrucción; por la cual entendemos la continuidad de acción influyente que ejerce un hombre so bre otro, con el fin de ensanchar la esfera de sus conocimien tos, y de adiestrar sus facultades físicas ó intelectuales, para que las pueda aplicar debidamente d las ciencias y á las ar tes.» De ambas definiciones surge inmediatamente la corre lación que existe entre la educación é instrucción; de la cual se deduce, que educando se instruye, porque hay trasmisión de conocimientos; é instruyendo se educa, porque existe des envolvimiento en las facultades intelectuales. Luego si en mi escuela halló V. S. poca ó mucha instrucción en mis discí pulos, forzosamente corre pareja con esta la educación, y por consecuencia, una y otra no se hallan en el divorcio que V. S. lamenta. Pero inmediatamente observo que Y. S. hace otra pregunta que dice: Quién no ve el poco respeto á los monumentos que se afean sin piedad, hollando los sagrados derechos del domi nión» Por esta pregunta veo que el sentido estricto que V. S. quiere dar á la palabra educación es el de cultura, civiliza ción, cortesanía; en una palabra, urbanidad. En este supuesto, V. S. se queja de que la urbanidad y cul tura no corren parejas en mi escuela con la instrucción; y por consecuencia, que mis discípulos están confundidos con esas turbas de vagabundos de todas edades, de los que ase guro á V. S. que, no solo no son discípulos mios (ni con se guridad de ninguna escuela pública), sino que ninguno de mis alumnos se roza jamás con esos seres desgraciados, y que son ciertamente los factores de esos abusos que soy el - 1 3 - primero en lamentar. Y. S. sabe muy bien el medio eficací simo de corregir ese gravísimo mal; y por lo mismo, creo estar exento de tan dura inculpación como V. S. me dirige. Parece que esta vez, como otras muchas, toca al profesorado de primera enseñanza hacer el lastimoso papel del asno de la fábula de Los animales con peste. El mejor comprobante de que mis discípulos están bien di rigidos teórica y ejemplarmente, creo lo halló la digna Co misión de su seno en el respeto, órden y compostura que ob servó en la escuela durante la visita, á pesar del largo tiem po que llevaban de permanencia en la clase. Y aunque esto parezca natural, no lo es si no tuviesen adquiridos hábitos de subordinación, respeto, atención, compostura, etc., lo que Y. S. comprenderá que no se consigue sin la enseñanza teó rica y práctica de la Moral y Urbanidad social, cuyo benéfico influjo hace que mis discípulos huyan de esos desgraciados de quienes V. S. se queja, y los miren con conmiseración. Asimismo no vió tampoco la Comision ni en el edificio, ni en el salón, ni en el menaje de las clases el más leve indicio de dibujos, grabados ni inscripciones que desfigurasen y afea sen por una parte estos objetos, y por otra desprestigiasen el buen nombre y la institución de esta escuela, con sus gro tescas formas ó inmorales alegorías. Esto, pues, revela del mismo modo el cumplimiento de mi deber en este punto tan esencial y de que Y. S puede cerciorarse, ejerciendo su ins pección cuando lo juzgue conveniente. Si á Y. S. le constase que todos los niños de la capital es taban en sus respectivas escuelas, y que á pesar de ello se verificaban dichos abusos, con justísima razón me cabria mi tanto de culpa en el cargo que sobre este punto V. S. dirige á este profesorado, y procuraría corregirlo en cuanto estu viese de mi parte. Puedo asegurar á V. S. que en la vida in terior de mi escuela no hay que lamentar lo más mínimo de cuanto V. S. se queja respecto á moles, ponerse unos á otros en ridículo, etc., etc.; y en cuanto á la vida exterior, jamás dejo de corregir con mayor ó menor severidad cualquiera fal ta ó exceso que se me denuncie hayan cometido mis alum nos. Termino este punto, haciendo saber á V. S. que los sába dos los dedico á trabajos de Religión, Moral y Urbanidad, — 14único medio de dirigir el tierno é impresionable corazon de los niños por el proceloso océano de horrores que nos en vuelve. En otro lugar de esta parte del informe de V. S. dice, que considera abusiva é inconveniente la distribución de 'premios en masa. De este cargo animismo creo me hallo exento, ya va ya dirigido sobre los que yo pueda dar en mi escuela, ó sobre los que V. S. ha adjudicado á la misma por mi iniciativa. Ningún abuso ni inconveniencia puede caber sobre este pun to en una escuela donde se carece en absoluto de material, y por lo mismo, de objetos de premio. Y. S. puede conven cerse de que el sistema de premios y castigos adoptado en mi escuela se presta poco á abuso ni inconveniencia, porque está reducido únicamente á ocupar puestos de preferencia en las secciones los niños que á ellos se hacen acreedores, á elo gios y reprensiones: esto es bajo el primer concepto de los dos indicados. Con respecto al segundo, no olvide V. S. que ni aun por incidencia me preguntó la Comision quiénes ni cuántos alum nos pudieran ser premiados en mi escuela; y que ignoré los agraciados, hasta el dia en que se me remitió la nota de ellos. Estoy también exento de esta inculpación por cuanto ni fui consultado, ni tampoco solicité nada para mis discípulos. Soy tan partidario de la parquedad en los premios, y déla equidad y justicia en su adjudicación, que si la Comision me hubiese consultado, como otras veces lo he sido por la mis ma, quizá mi escuela hubiese obtenido menos premios, y ad judicados á distintos alumnos de los que los obtuvieron, ha biéndose dignado oir la Comision las razones que yo hubiese expuesto, y que con seguridad no las habría desatendido. Termina V. S. tratando de las relaciones que debo sostener con los padres de los niños, y que debo cumplir este deber aunque el éxito sea nulo y aun perjudicial. Este deber lo lleno, como todos, hasta donde la imperfec ción humana lo permite; dispensándome Y. S. le asegure, que nadie cumple sus deberes hasta el extremo de serle perjudi ciales, como V. S. quiere exigir de los Maestros. Más de un disgusto he soportado y más de un grave compromiso corri do en cumplimiento de este deber, á consecuencia de las in - i n  conveniencias de muchos padres, las que unas veces pueden sobrellevarse, y otras no pueden sufrirse ni aun por el hom bre de mayor longanimidad. Así que, desde luego es la reco mendación muy edificante en teoría; pero imposible su prác tica en absoluto, al menos por mi parte, so pena de incurrir en hipocresía, si asegurase que cumplía mi misión tal como Y. S. prescribe. Como síntesis de lo expuesto en mi contestación á su ilus trado informe, puede V. S. tener por cierto, que mi cargo lo desempeño con igual integridad que en las épocas normales para la primera enseñanza; que despleg'o toda la actividad de que es susceptible mi temperamento; que mi prurito prin cipal se cifra en que la Moral y buenas costumbres de mis discípulos se echen de ver en todos sus actos privados y pú blicos; que si hay algún vacío que llenar, no está en mis fa cultades remediarlo. Y por último, que mi escuela no creo está ni aun ligeramente desatendida, no obstante de tener que buscar eu la misma enseñanza, pero en otra esfera, el sus tento de mis hijos: derecho del que no creo pueda privarse á un padre de familia, que no posee ni espera otro patrimonio que su trabajo, y este no se le retribuye en el puesto oficial que obtuviera á costa de tantos dispendios y tan grandes sa crificios. Granada 15 de Agosto de 1874.