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En favor de los clásicos : una ética para el siglo XXI

Prieto Arciniega, Alberto

Abstract

El siglo XXI ha comenzado con una hegemonía de las ideas nacidas a la sombra del postmodernismo que ha llevado a una crisis de los valores anteriores. Se trata de intentar rescatar los valores éticos antiguos que puedan ayudar a la sociedad actual a mejorar. Se verá el ejemplo de Manuel Laza Palacio.

Full text

Resumen El siglo XXI ha comenzado con una hegemonía de las ideas nacidas a la somb a del pos mode nismo que ha lle ado a una c isis de los alo es an e io es. Se a a de in en a esca a los alo es é i- cos an iguos que puedan ayuda a la sociedad ac ual a mejo a . Se e á el ejemplo de Manuel Laza Palacio. Palab as cla e: his o iog a ía, G ecia an igua, é ica an igua y mode na. Abs ac The ideas bo n in he shadow o Pos mode nism, as a whole hegemonic since he beginning o he new cen u y, led o a c isis in he olde alues. This pape wan s o escue he ancien e hical alues which could help us o make ou p esen socie y be e . We will deal wi h he example o Manuel Laza Palacio. Key wo ds: his o iog aphy, ancien G eece, ancien and mode n e hics. «Escasísima can idad de ob as maes as ienen una ama que jamás se ma chi a. Sus au o es se llaman po excelencia los au o es clásicos, y oda pe sona cul a o que p esume de cul a los comp a, aunque nunca los lea […] Si nada ag adable encuen an en los lib os de unos homb es de gus o e inado, de sensibilidad exqui- si a, cul os y sabios como lo e an g iegos y omanos, menos encan os halla án en los au o es de edades bá ba as que esc ibie on sabiendo poco o nada y si iéndo- se de una lengua du a e in o me»1. Es a isión sob e los clásicos se esc ibió a comienzos del siglo pasado y, según el que i ma la publicación, co espondía a un manusc i o inédi o que encon ó en la biblio eca pe sonal de un supues o Don Augus o Román que había ecibido como he encia. Aunque en el ex o se alaban au o es de o os pe iodos e incluso 1. R. FUENTE (1894), La An igüedad clásica, Pa ís, p. 185 s. Fa en ia 31/1-2, 2009 305-314 En a o de los clásicos: una é ica pa a el siglo XXI Albe o P ie o Uni e si a Au ònoma de Ba celona Depa amen de Ciències de l’An igui a i de l’Eda Mi jana albe o.p ie [email protected] Recepción: 9/1/2009 con empo áneos a su p opia época, más adelan e el au o c i ica la idea de p og eso y de iende, p io i a iamen e, el legado de los clásicos g eco omanos como la base cul u al p incipal de su p opio p esen e. En luga de ese pun o de is a que he comen ado, que, en el ondo, es el de un clasicis a ence ado en su o e de ma il, Alsina ya eco dó que el p eocupa se exclusi amen e po sus p opios «clásicos» e a algo anac ónico y compo aba ale- ja se de los p oblemas i ales de su p opia época, con lo que di ícilmen e pod ía consegui se ace ca los clásicos a cada p esen e2. Decía I alo Cal ino que «los clásicos son esos lib os de los cuales se suele oí deci : “Es oy eleyendo…” y nunca “Es oy leyendo”»3, pe o, sob e odo, «nunca e - minan de deci lo que iene que deci »4. En el sen ido en que lo empleaba el esc i- o i aliano, con ese é mino se pod ía engloba a odas las ob as de la li e a u a uni e sal que han dejado una p o unda huella, no solo en el lec o , sino ambién en la his o ia de la humanidad, y en ese sen ido es como se suele u iliza gene al- men e el é mino clásico. El uso de una palab a de la misma aíz, clasicismo, sí se ha inculado y se incula a la an igüedad clásica, y en ella me quie o cen a en es e abajo —y sob e odo en esca a los « alo es» de la an igüedad g iega y omana, que, sal ando las dis ancias, pod ían ene alguna u ilidad hoy día. Se ha dicho que los alo es, en cuan o di ec ices ideales pa a la conduc a, son los que dan sen ido a la ida humana, an o indi idual como colec i a5. Se ía necesa io desempol a lo que De Romille llamaba «los sabe es ol ida- dos»6y, sob e odo, ecupe a los alo es necesa ios pa a el día al día, ya que sin ellos, esc ibía, no e a ácil i i . No se puede nega que, desde el inal del siglo XX y el comienzo de es e siglo, se han de ec ado unos ala man es sín omas de al a de p incipios que han desembocado en la ac ual c isis que es amos i iendo, que no solo hay que pe cibi la como económica. En el plano cul u al, es os cambios se han elacionado con el p edominio de nue as co ien es de pensamien o que se han si uado den o de lo que se ha dado en llama «pos mode nismo», que, en e o as cosas, de endía la idea de que se enía que c ea una nue a mo al sin ecu i a los, según ellos, caducos sis emas an e- io es7. No es cues ión de desa olla aquí es as eo ías, sino sólo de eco da cómo la ágil si uación ac ual ha ido acompañada de un cambio del compo amien o humano que ha conducido a una pé dida g adual de la é ica, an o pública como p i ada, sin que se hayan c eado, ealmen e, al e na i as con incen es, sino que, en odo caso, se ha implan ado lo que Co ina ha llamado «una des-mo alización como des-ánimo»8. Aunque muchos jus i ican sus ac uaciones en p o de su p o- pia é ica, en ealidad lo que denominan «é ica» se ía, a lo sumo, como e emos 306 Fa en ia 31/1-2, 2009 Albe o P ie o 2. J. ALSINA (1975), Descub imien o del Medi e áneo: Ensayos sob e la cul u a eu opea, Ba celona, p. 92. 3. J. CALVINO (1992), ¿Po qué lee los clásicos?, Ba celona, p. 13. 4. Ibídem,p. 15. 5. M. MARTÍNEZ HUERTA (2000), É ica con los clásicos, México, p. 78. 6. J. DE ROMILLY (1999), El eso o de los sabe es ol idados, Mad id. 7. C . J. FONTANA (2000), La his ò ia dels homes, Ba celona, p. 317. 8. A. CORTINA (200611), É ica mínima: In oducción a la iloso ía p ác ica, Mad id, p. 169. más adelan e, en el mejo de los casos, «una é ica de mínimos», y eso es á lejos del sen ido de lo é ico al que me es oy e i iendo. Hoy día se ha esca ado del pasado el ho aciano ca pe diem (Ho . Od. 11, 8) que la sociedad de consumo ha in e p e ado en un sen ido ulga , muy dis in o de las in enciones más p o undas del poe a omano, quien, con aquellas palab as, lo que aconsejaba e a que se ap o echa a mejo cada día. Es e eco e ac ual de alo- es ha conducido a que sólo se de ienda lo que Co ina9ha llamado «una é ica de mínimos», ya que p opugna la ecupe ación de p incipios más sólidos lo eía imposible, pues o que esa búsqueda sólo se podía de ini como «é ica- icción». Dicha pé dida de alo es ha conducido, asimismo, a que las o mas de compo a- mien o y las me as de los ciudadanos hayan su ido impo an es ans o maciones que han lle ado a un abandono de di e sos p incipios, como la ideología del es ue - zo, el place de ap ende , el espe o po los o os o la mejo a de las o mas bási- cas de con i encia, an o p i adas como públicas. De ese modo, aunque muchos indi iduos esg iman que son muy é icos, en el ondo, ellos mismos saben que la é ica que p edican es á muy lejos del ipo de alo es que se de iende aquí, e inclu- so me a e e ía a a icina que no quie en sabe lo, pues ello signi ica ía pone en en edicho su p opio sis ema de alo es basado en una escala de mínimos. Llegados a es e pun o, es necesa io ecapaci a sob e a qué alo es, mo ales y é icos, nos e e imos. Sánchez Vázquez decía que no hay mo al sin polí ica ni polí- ica sin mo al10; y Fe nández Buey11 se hacía la siguien e p egun a: ¿de qué habla- mos cuando hablamos de é ica?; a con inuación, explicaba las di e encias en e mo al y é ica. La p ime a equi alía a las no mas de compo amien o que solemos acep a como álidas y po é ica en endía la e lexión sob e po qué las conside- amos ú iles12. Asimismo, eco daba cómo se había llegado a la ac ual si uación en la que p edomina una insa is acción mo al p oducida como la consecuencia del alejamien o en e lo público y lo p i ado, que, en e o as cosas, había p opiciado el desa ollo de lo que se ha llamado «la doble mo al». Pa a supe a esa si uación, pa ece ope a i o el uso de lo que denomina «polié ica»13, que sugie e al mismo iempo una plu alidad de é icas y la usión de lo é ico y lo polí ico con lo que la polí ica debe ía de se : la é ica de lo colec i o. Has a aquí he ealizado algunas obse aciones sob e lo que se suele llama «é ica» y la con eniencia de no sepa a lo público y lo p i ado, ya que el indi i- duo es el mismo, po lo que no iene sen ido, o no debe ía de ene lo, que se com- po a a mo almen e de o ma di e sa en cada una de esas es e as. A o o ni el, hay que eco da que, aunque en cada época han exis ido unas ideas dominan es, con ello no se quie e deci que odos piensen y ac úen del mismo modo y, en odo caso, lo que sí exis e es un pun o de is a dominan e impues o, en muchas ocasiones, po la ue za o el miedo. Además, quisie a des aca que, desde inales del siglo En a o de los clásicos: una é ica pa a el siglo XXI Fa en ia 31/1-2, 2009 307 9. Ibídem, p. 284 s. 10. A. SÁNCHEZ VÁZQUEZ (2007), É ica y polí ica, México, p. 15 s. 11. F. FERNÁNDEZ BUEY (2003). Polié ica, Mad id. 12. Ibídem,p. 11. 13. Ibídem, p. 32 s. pasado, p edomina una isión plana del mundo que no iene en cuen a los cam- bios, es deci , las causas po las que han sucedido esas si uaciones y, al mismo iempo, la coexis encia de lo iejo y lo nue o, de opiniones y pun os de is a di e - sos, que es, en suma, lo que ha hecho que la humanidad e olucione. Como se comen ó más a iba, esas nue as ideas es aban in luenciadas po el llamado «pos - mode nismo»14, que, bajo la p omesa de o ece nue as al e na i as, eliminaba las an iguas eo ías po conside a las des asadas. Se ha dicho que se ha c eado una mode nidad líquida15, es deci , una sociedad que, debido a la al a de ilusiones, ac úa sin umbo y lo único que hace es «ap e a el acele ado », de iempo en iem- po, al como se expone en una canción de Sabina. De hecho, aquellos que obedecían a ese manda o no enían una hoja de u a p e ia que les conduje a paso a paso en una di ección de e minada, sino que se pod ía deci que no sabían o no les in e esaba demasiado sabe a donde iban16. Es a al a de pe spec i as es cómoda pa a los que se quie en p esen a como los po a oces de nue os alo es, cuando en ealidad ca ecen de ellos y sólo pueden p e- sumi de habe nacido en una época di e en e, en la que c eían que un guiño de complicidad e a su icien e pa a indica que, en cada si uación, es aban alineados en el bando co ec o. A ese compo amien o, Co ina17 lo ha llamado «una é ica domes icada», ya que sólo se esigna a se como el búho de Mine a, que con- cep ualiza lo que el público ya es á p epa ado pa a oí , con lo que, en el ondo, se pod ía llama «la mo al del camaleón»18. Dado que Rosa A aceli San iago pe enece a mi gene ación y su á ea de cono- cimien o es el g iego, quisie a elaciona , a pa i de aho a, el pasado (helénico) con el p esen e ac ual y e qué aspec os é ico-polí icos de aquellas sociedades, sal ando las dis ancias, pod ían ayuda a la mejo a mo al de nues a ac ual socie- dad. Aho a bien, es oy de endiendo que hab ía que ecupe a los alo es de los an iguos, pe o, ¿qué alo es? No se a a del e o no de los an iguos, sino de esca a de los an iguos los alo es que engan in e és pa a la mejo a de nues o p esen e19. Es cie o que la libe ad y la igualdad no ienen ac ualmen e el mismo sen ido que u ie on en o as ases his ó icas, con lo que es ob io que no se a a simplemen- e de ecoge mimé icamen e ideas del pasado20, sino de ecupe a sólo las que puedan in e esa a la sociedad del p esen e21. Es e iden e que, según las p egun- 308 Fa en ia 31/1-2, 2009 Albe o P ie o 14. L. STONE (1991), «His o y and Pos -mode nism», Pas and P esen 131, p. 217 s.; J. PICÓ (2005), Cul u a y mode nidad: Seducciones y desengaños de la cul u a mode na, Mad id, p. 265 s.; Z. BAUMAN (2005), Mode nidad y ambi alencia, Ba celona, p. 306 s. 15. Z. BAUMAN (2007), Els ep es de l’educació en la mode ni a líquida, Ba celona. 16. C . Z. BAUMAN (2006), Vida líquida, Ba celona, p. 109 s. 17. CORTINA, op. ci ., n. 8, p. 43 s. 18. A. CORTINA (1991), La mo al del camaleón, Mad id. 19. G. CAMBIANO (1988), Il i o no degli an ichi, Roma. 20. C . R. POL DROIT (ed.) (1991), Les g ecs, les omains e nous: L An iqui é es -elle mode ne?, Pa ís, p. 19-164. 21. M. NARCY (1994), «¿Qué modelos, qué polí ica, qué g iegos?», en: B. CASSIN (ed.), Nues os g ie- gos y sus mode nos: Es a egias con empo áneas de ap opiación de la an igüedad, Buenos Ai es, p. 75-85. as que se hagan al pasado, las espues as se án di e sas. «Los es udian es de las sec- ciones de lenguas clásicas», esc ibía Finley, «no se a e en ya a deci lo que se supone que dijo a p incipios del siglo XIX Thomas Gais o d, Dean o Ch is Chu ch y Regius P o esso de g iego de la Uni e sidad de Ox o d: “El g iego nos pe mi- e mi a con desp ecio a los que no pa icipan de los bene icios de su conoci- mien o”»22. En aquella época, el es udio de los clásicos apo aba a los es udiosos de las clases di igen es los alo es que necesi aban como símbolo de p es igio social, ya que daba po sen ado que, en la cul u a g ecola ina, se encon aban los modelos que necesi aban los homb es ci ilizados, pe o no hay que ol ida que los au o es y los pasajes que leían e an los que se adap aban mejo a los in e eses de la clase di igen e, como muy bien desc ibió Finley: ¿Qué au o es an iguos? Cice ón, sin duda; ambién Tucídides y Ti o Li io, espe- cialmen e sus ob as emp anas en Roma, an es de que «degene ase»; Pla ón, ya con cie as ese as. Pe o nunca A is ó anes, po ejemplo, decididamen e nunca. E a un g ose o, licencioso, i e e en e, que desp eciaba sis emá icamen e a la au o i- dad, la negación de un modelo de decencia y hon adez. El doc o A nold, que ini- ció en Rugby, en el siglo XIX, el enacimien o de la public school, no pudo deci- di se a lee a A is ó anes has a la edad de cua en a años. Ju enal no salía mejo pa ado; Pe onio, po supues o, ni siquie a podía menciona se. En suma, no e an los clásicos quienes p opo cionaban alo es, sino los alo- es los que seleccionaban a los clásicos23. Vis o de es a o ma, no se debe ía imi a a la imagen idealizada po cie o cla- sicismo como el de Winckelman, ya que esa isión sólo puede se i pa a pe pe ua un ecue do del pasado que no con ibuye a que enga una u ilidad en el p esen e supe io a la de un exclusi o place pe sonal. A mediados del siglo pasado, Momigliano24 eclamó una descolonización de la ilología clásica de la in luencia eje cida po el his o icismo alemán, pa a que se pudie a sali de una isión idealis a del clasicismo al como esa misma adición ge mánica había es ablecido25. La pos e io descolonización no consiguió cumpli comple amen e con las aspi- aciones del his o iado i aliano, sino que, po el con a io, en su p opio país, y ambién en Alemania, po ejemplo, se p odujo un epliegue hacia un ipo de in es- igación cen ada, sob e odo, en los emas más « écnicos», con lo que se alejaba no o iamen e de los comp omisos que se debe ían de ene con el p opio p esen e26. Como ha eco dado Plácido27, no hay que e el clasicismo como un modelo es á- ico, ya que p ecisamen e la his o ia occiden al, en el plano cul u al, ha man enido En a o de los clásicos: una é ica pa a el siglo XXI Fa en ia 31/1-2, 2009 309 22. M.I. FINLEY (1973), «La c isis en las lenguas clásicas», en: J.H. PLUMB (ed.), C isis en las huma- nidades, Ba celona, p. 16. 23. Ibídem,p. 18. 24. A. MOMIGLIANO (1968), «P ospe i a 1967 della S o ia G eca». Ri is a S o ica I aliana 80, p. 18. 25. L. CANFORA (1980), Ideología de los es udios clásicos, Mad id. 26. Ibídem, p. 237. 27. D. PLÁCIDO (1993), Las cla es del mundo g iego 2700-323, Ba celona, p. 7 s. una cons an e ensión en e el clasicismo y las eacciones con a ias. P ecisamen e ese in en o po osiliza lo es el que impide e cómo se han ido o jando cada una de las isiones, an o del clasicismo como del an iclasicismo. De lo que se a a es de ace ca el pasado al p esen e esal ándose los aspec os que puedan in e esa a los homb es y a las muje es del siglo XXI, no sólo po que el ema sea a ac i o, sino, sob e odo, po que les ayude a mejo a , en odos los sen idos de ese e bo, su p opio p esen e. Se necesi a, en suma, ompe las ba e- as en e ilología clásica e his o ia an igua y en e mundo an iguo y cul u a mode - na28 y, en el e eno de los alo es, es au a , como decía Lledó29, una memo ia de la é ica. En ese sen ido, me pa ecen ú iles las obse aciones de Ve nan 30 sob e cómo los g iegos, según él, concebían la é ica: hab ía que acaba , dice, con la cul u a de la culpa y el debe y en su luga in oduci o os é minos más laicos: la cul u a de la e güenza y el hono . Cuando un g iego ac úa mal no iene el sen imien o de halla se culpable de un peca- do, que se ía como una en e medad in e io , sino el de habe sido indigno de aque- llo que él mismo y los o os espe aban de él […] La é ica no es obediencia a una sujeción, sino un acue do ín imo del indi iduo con el o den y la belleza. En suma, en nues os días, la ecupe ación de de e minados alo es de «los an iguos» nos puede ayuda a mejo a an o la calidad mo al de cada indi iduo como sus elaciones, an o con los o os como con el Es ado. La democ acia a e- niense nos puede se i de ejemplo inal. Es cie o que la democ acia a eniense no iene nada que e con la democ acia mode na y que se han come ido muchos abu- sos cuando se la ha que ido ansplan a mecánicamen e, pe o no es menos cie o que su compa ación, como esc ibió el malog ado Finley, es un ipo de discu so legí imo e incluso uc uoso31. Lo que plan eo no es que se in en e es ablece hoy día los modelos g iegos, sino des aca los aspec os que o ezcan más in e és pa a el mundo ac ual32. Se debe ía eco da an o los aspec os posi i os como los nega i os del pasado, pa a ene los en cuen a en los deba es del p esen e, ya que, como esc ibió Bloch33, sin asoma se al p esen e, es imposible comp ende el pasado; y a la in e sa, di ía Lo aux34, pa a pensa sob e nues o incie o p esen e, «una mi ada lejana» sob e la democ acia a eniense cons i uye un in e esan e obje o de expe imen ación, ya que, en un iaje de ida y uel a, nos puede ayuda a ene un mayo conocimien o de 310 Fa en ia 31/1-2, 2009 Albe o P ie o 28. L. CANFORA (2002), Noi e gli an ichi: Pe ché lo s udio dei G eci e dei Romani gio a all’in elli- genza dei mode ni, Milán, p. 115. 29. E. LLEDÓ (1994), Memo ia de la é ica, Mad id. 30. J.P. VERNANT (2002), En e mi o y polí ica, México, p. 206 s. 31. M.I. FINLEY (1980), Vieja y nue a democ acia, Ba celona, p. 7. 32. Véanse las obse aciones de P. VIDAL-NAQUET (1992), La democ acia g iega, una nue a isión, Mad id; D. MUSTI (2000), Demok a ía: O ígenes de una idea, Mad id. 33. M. BLOCH (1984), Apología de la His o ia, Ba celona, p. 37; ÍDEM (2003), La ex aña de o a: Tes imonio esc i o en 1940, Ba celona, p. 122. 34. N. LORAUX (2008), La ciudad di idida: El ol ido en la memo ia de A enas, Buenos Ai es-Mad id. nues o p opio p esen e. Dado que en es os días se hace bas an e hincapié en la memo ia his ó ica del ecien e pasado español, ald ía la pena eco da el úl imo capí ulo del lib o de Lo aux, i ulado «Y la democ acia a eniense ol idó el k á- os»35. I ia e36, as su edición ancesa37, esc ibió un a ículo en el que eco daba la elación en e el pasado a eniense y el p esen e a a és de lo que denominó «el ol ido como es a egia polí ica». Esa e e encia me pa ece muy de ac ualidad. En la A enas del 403 aC, el bando encedo , que había uel o a es ablece la democ acia, plan eó la necesidad de «ol ida » el pasado más ecien e. Con esa conduc a, in en aba aleja de la ciudad la memo ia cóle a (μ$νις) y su aliado el dolo inol idable (<λαστος πν=ος), po que se podía co e el iesgo de que se llega a a una nue a gue a ci il. Al hilo de ese es udio, I ia e eclamaba «una amnis ía no amnésica», es deci , que el ol ido sólo ue a empo al pa a que no eli- mina a de ini i amen e los aguje os neg os del pasado, que, en el caso español, suponía la ecupe ación de la llamada «Memo ia His ó ica», y en el de Chile, en la echa en que esc ibió ese a ículo, el enjuiciamien o de Pinoche . En un abajo pos e io , I ia e38 ha p o undizado en el comen a io de las eac- ciones su gidas con a la Ley de memo ia his ó ica, sob e odo desde un bando que, as la Gue a Ci il, había ealizado una amplia campaña, du an e oda la dic- adu a, en ecue do de los denominados «Caídos po Dios y po España», mien- as que, pa alelamen e, había in en ado bo a la memo ia de las íc imas epu- blicanas, a las que incluso les había negado «el de echo a se llo adas en público»39. Vol iendo al caso a eniense, Lo aux40 eco daba como el é mino δημοκρατα ue eemplazado po el gené ico πολιτεα, es deci , se aciaba de con enido aquel oca- blo pa a in oduci lo den o de uno más gene al, como e a el de la cons i ución y, inalmen e, se elacionaba con los llamados «mil años de democ acia a eniense, desde Teseo has a Solón», es o es, se que ía e como democ á icas odas las ases polí icas an e io es a la eal apa ición de la democ acia y, no po casualidad, am- bién de la i anía. Con ese juego de manos, democ acia y i anía se empa ejaban y la edad de o o de la democ acia se ijaba en la época de Solón, es deci , la demo- c acia se eliminaba y en su luga se exal aba la oliga quía, y, cu iosamen e, su un- dado , Solón, se con e ía en el p incipal pun o de e e encia no de la oliga quía, sino de la democ acia41. El p incipal a ec ado po esa maniob a his o iog á ica se ía el p opio δ$μος a eniense, que se había con e ido en un δ$μος amnésico, debido a que se lo había o zado a un doble ol ido: el ol ido de la ic o ia a cambio del ol ido del enco . En consecuencia, al mismo bando se le pedía que asumie a las consecuencias de ese doble ol ido y los esul ados más no o ios consis i ían En a o de los clásicos: una é ica pa a el siglo XXI Fa en ia 31/1-2, 2009 311 35. Ibídem,p. 251-273. 36. A. IRIARTE (1999), «El ol ido como es a egia polí ica», Cla es de Razón P ác ica 93, p. 73-76. 37. N. LORAUX (1997), La ci é di isée: L oublie dans la mémoi e d A hènes, Pa ís. 38. A. IRIARTE, p ólogo a N. LORAUX (2008), La gue a ci il en A enas: La polí ica en e la somb a y la u opía, Mad id, p. 5-29. 39. Ibídem, p. 6 s. 40. LORAUX,op. ci ., n. 34, p. 260 s. 41. C. MOSSÉ (1979), «Commen s’élabo e un my he poli ique: Solon, “pè e onda eu ” de la démo- c a ie a heniénne», Annales ESC 3, p. 425-437. en que, con esa ac i ud, la misma democ acia se debili aba y esa misma agilidad a aba de pies y manos a aquel δ$μος eme oso de que se p oduje a una ma cha a ás, ya que había pe dido el ecue do de su p o agonismo en el pasado más ce - cano, debido a que sólo se le eco daba su pasado más oscu o edimensionado exclusi amen e al ecue do de «sus excesos» cuando es u o en el pode . Como se puede obse a , esa ac i ud iene bas an es pa alelos, sal ando las dis ancias, con la his o ia ecien e de España desde la Gue a Ci il has a aho a. Quisie a acaba con un ecue do pe sonal a Manuel Laza Palacios. Pa a muchos se a a de un desconocido, pe o pa a mí y muchos malagueños de mi gene ación ue el mejo p o eso de lenguas clásicas que exis ió en la ciudad de Málaga, al menos en la década de 1960. He de con esa que mis p ime as aducciones de los his o iado es an iguos bajo su a inado aseso amien o me conduje on hacia una as- cinación po la his o ia de la an igüedad clásica de la que nunca me he desp endi- do, pe o eso no es odo. Hace poco, se ha publicado una biog a ía del ilus e p o- eso que explica su d amá ico lado oscu o42. C iado en la malagueña localidad de Vélez-Málaga, que ue ambién la cuna de Ma ía Zamb ano, Manuel Laza se con- i ió en un p es igioso abogado. Discípulo de F ancisco Gine de los Ríos, o mó pa e de la logia masónica Pi ágo as, ue miemb o del pa ido socialis a du an e la Segunda República y pa icipó en los in en os de e o ma ag a ia que se inicia on en la p o incia de Málaga. Acabada la gue a, como uno más de los encidos, pasó po la cá cel du an e es años, se le p ohibió eje ce de abogado y, con el pe mi- so de algunos sec o es de la Iglesia, se le pe mi ió eje ce de p o eso de Le as43 en di e sos colegios p i ados y sob e odo en su p opia casa, donde impa i ía cla- ses pa icula es, en especial de la ín y g iego. Yo mismo, insa is echo con la o - mación en la ín y g iego que ecibía en el colegio donde es udiaba el bachille a o de aquella época, pasé pa e de los e anos de quin o y sex o en su casa mejo an- do mi conocimien o de aquellas lenguas, que se e o za ía en el cu so de p euni- e si a io, en el que, po la p esión de odos los alumnos del p euni e sa io de Le as del colegio de los He manos Ma is as de Málaga (cu so 1960-1961), con- seguimos que ue a nues o p o eso de g iego en un ho a io inusual pa a aquellos años (14:30-15:30), ya que e a el único iempo lib e que nos podía o ece . Has a aquí lo que mi memo ia puede comen a ; pe o lo lamen able, y que no se puede jus i ica , es la e ible humillación a la que aquel homb e ue some ido po los encedo es. Jun o a la p ohibición de eje ce su p o esión de abogado, se le o zó a enega de la masone ía, ac ua como un de o o c is iano y apa en a una ida ejempla según aquellos pos ulados, sin que, al menos públicamen e, pudie a exp e- sa ninguna queja po el miedo a que la ep esión se eje cie a no solo con a el mismo, sino sob e odo con a su muje y sus hijos. Es as líneas an di igidas a las gene aciones u u as con el ánimo de que ap en- dan cómo, a pesa del silencio impues o, del in en o de ol ido, la biog a ía de 312 Fa en ia 31/1-2, 2009 Albe o P ie o 42. F. ARCAS (2006), «His o ia de ‘Juliano’. Manuel Laza Palacio y la Gue a Ci il en Málaga», A eneo de Málaga: Re is a de pensamien o y deba e 9, p. 37-53. 43. La ca e a de Le as la ealizó po lib e du an e es años en la Uni e sidad de G anada y la acabó en 1943. Manuel Laza y de o os muchos homb es y muje es nos impide pasa página mien- as no se les haya colocado en el luga que se me ecen, ya que es imposible de ol- e les no sólo la digna ida que debe ían de habe enido, sino ambién su place po ap ende , no sólo pa a sabe más, sino ambién pa a in en a c ea un mundo más lib e en el que la lec u a de los clásicos con ibuye a a c ea una a mós e a más ole an e y de espe o de unos con o os. Fue des inado a una escuela pública de Rincón de la Vic o ia, ce ca de la cue a del Higue ón, que se con i ió en su p incipal ál ula de escape como a queólogo e his o iado a icionado du an e ce ca de cua en a años44. Cuando se habla de memo ia his ó ica, se quie e de ende la idea de que se ecupe e en odas sus dimensiones la memo ia de aquellos hom- b es. En es e caso, se a a no sólo de un excelen e p o eso de la ín y de g iego, sino de un homb e desplazado de su e dade a ocación y de sus c eencias a la ue za po los encedo es, que no sólo le p ohibie on eje ce su p o esión, sino que lo o za on a cambia de o icio y a i i con un pe enne alien o de e o as sus espaldas. Sé que, pa a muchos de los lec o es, es a desc ipción puede se is a como ue a de luga e incluso pueden pensa que ya no oca, pe o a odos ellos les ecu- e do que el ol ido no implica econciliación ni el ecue do hay que en ende lo como un in en o de enganza. Pe o sí c eo que ya es el momen o de menciona es os hechos, po que de lo que se a a es de no maliza de una ez pa a siemp e el pasado, y ello no se puede hace sin habe ecupe ado debidamen e la memo ia his ó ica de aquellos años, plasmada en una co ec a biog a ía de los encidos, en la que se e lejen los di e sos aspec os de la ep esión exp esada, an o en los usi- lamien os45, como en las pos e io es depu aciones, como ue el caso de los ense- ñan es46; y sob e odo con iene eco da algo in isible, como el pánico co idiano que lo aba en el ambien e, lo cual o zaba a los encidos a man ene un somb ío silencio y una humillan e ac i ud co idiana bajo el con ol de una iglesia47 que, en aquellos años, seguía ielmen e las di ec ices que se con enían en la Ca a colec i a de los obispos españoles a los obispos de odo el mundo con mo i o de la gue a en España, esc i a po el ca denal Gomá. La pos gue a en Málaga se i ió bajo esa angus ia dia ia que imponía el miedo a que cada palab a o cada acción pudie a se malin e p e ada po los encedo es48. En el caso de Manuel Laza, es cie o que pudo ehace su ida po medio de la docencia, pe o el p ecio impues o ue al o, ya que, en e o as cosas, se con i ió (po miedo) en un e o oso c is iano. La con apa ida consis ió en que, al se un hom- b e o mado en la Ins i ución Lib e de Enseñanza, consiguió inculca a sus nume- osos alumnos una pa e de aquellos p incipios, con lo que, más allá de aduci En a o de los clásicos: una é ica pa a el siglo XXI Fa en ia 31/1-2, 2009 313 44. Su ob a pós uma (M. LAZA PALACIO (2005), La Cue a del Higue ón (Dia io de Exca aciones), Málaga) e leja sus inquie udes in elec uales, plasmadas en aquella cue a a la que dedicó di e - sas publicaciones. 45. F. ESPINOSA (2002), Mo i , ma a , sob e i i : La iolencia en la dic adu a de F anco, Ba celona. 46. Mª DEL C. POZO (2001), Depu ación del magis e io nacional en Málaga (1936-1942), Málaga. 47. J. CASANOVA (2001), La Iglesia de F anco, Mad id; CH. CERÓN (2009), «Las elaciones iglesia- es ado en Málaga du an e el anquismo 1936-1975», Bae ica 31, p. 479-491. 48. E. BARRANQUERO (1994), Málaga en e la gue a y la posgue a: El anquismo, Málaga.