Estadocentrismo, sociocentrismo y estatismo en la construcción de paz posbélica
Abstract
Este artículo cuestiona la interpretación según la cual el consenso sobre la paz liberal estaría constituido por un discurso liberal-conservador estadocéntrico y uno transformador sociocéntrico. Sostiene que el distinguir entre estadocentrismo y estatismo revela una predisposición estatista compartida por las visiones conservadora, liberal y transformadora de la construcción de paz, al tiempo que esclarece ciertos aspectos del giro a la construcción del Estado. También se relaciona el "sociocentrismo estatista" de la construcción de paz transformadora a una herencia marxista instrumentalista, y se clasifica las nuevas críticas a la paz liberal dentro de un sociocentrismo post-liberal o un estadocentrismo crítico.
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▓▒░ «postbélica» POST n.º1 Estadocentrismo, sociocentrismo y estatismo en la construcción de paz posbélica Resumen Este artículo cuestiona la interpretación según la cual el consenso sobre la paz liberal estaría constituido por un discurso liberal-conservador estadocéntrico y uno transformador sociocéntrico. Sostiene que el distinguir entre estadocentrismo y estatismo revela una predisposición estatista compartida por las visiones conservadora, liberal y transformadora de la construcción de paz, al tiempo que ciertos aspectos del giro a la construcción del Estado. También se relaciona el “sociocentrismo estatista” de la construcción de paz transformadora a una herencia marxista instrumentalista, y se clasifica las nuevas críticas a la paz liberal dentro de un sociocentrismo postliberal o un estadocentrismo crítico. Abstract This paper questions the depiction of the liberal peace consensus as one constituted by a liberalconservative, state-centric discourse and an emancipatory, socio-centric one. It contends that making a distinction between state-centrism and statism reveals a shared statist predisposition of conservative, liberal and emancipatory peacebuiding, while it sheds light on some aspects of the shift from peacebuilding to statebuilding. It also attributes emancipatory peacebuilding's “statist sociocentrism” to a Marxist-instrumentalist heritage, and caracterizes new critiques of liberal peace as proponents of either a post-liberal sociocentrism or a critical statecentrism. Eneko Sanz, julio de 2010
Escola de Cultura de Pau MRA, Universitat Autònoma de Barcelona 08193 Bellaterra, España Tel. (+34) 93 586 88 48 Fax. (+34) 93 581 32 94 [email protected] Eneko Sanz investigador de la ECP doctorando de Relaciones Internacionales por la UAB [email protected] POSTs es una serie de documentos para la discusión del proyecto «postbélica» de la Escola de Cultura de Pau. Envía tus comentarios a la dirección electrónica del autor o compártelos en postbelica.org Contenido Introducción: El consenso liberal sobre la construcción de paz y del Estado........................3 Estadocentrismo, sociocentrismo y estatismo........................................................................5 Sociocentrismo en las teorías del Estado de la paz liberal....................................................6 La herencia marxista-instrumentalista de la paz transformadora.................................8 Giro al estadocentrismo: Convergencia de la construcción de paz y la construcción del Estado...................................................................................................................................10 El giro liberal-conservador: IBL y NCW......................................................................10 ¿El giro transformador?: R2P ....................................................................................11 Alternativas críticas...............................................................................................................11 El sociocentrismo postliberal......................................................................................11 El estadocentrismo crítico...........................................................................................12 Temas comunes, posible divergencia y síntesis........................................................13 Referencias bibliográficas.....................................................................................................15
Introducción: El consenso liberal sobre la construcción de paz y del Estado.1 Es rutinario distinguir dos períodos en la teoría y la práctica de la construcción y consolidación de la paz tras la Guerra Fría. El primero es oficialmente inaugurado con Un programa de paz de Boutros Boutros-Ghali. La transición al segundo período, que hace efectivo el giro a la construcción del Estado y que se prolonga hasta el momento, es provocada por los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York (en lo sucesivo, 11S). La doctrina tras el programa de construcción de paz —revelada como una nueva versión de la paz liberal o democrática por autores como Mark Duffield, Roland Paris y David Chandler—,2 ha sido convincentemente interpretada como un consenso alrededor de un modelo integrado por diversos discursos que, según el concepto de paz utilizado, van desde un polo conservador a uno transformador (ver Tabla 1). Tabla 1. Consenso sobre la paz liberal y conceptos de paz GradaciónConservadora Ortodoxa Transformadora Concepto de paz Paz constitucional Fuerza y diplomacia, orden Paz constitucional e institucional Gestión de conflictos Paz civil Justicia social Actores característicos EEUU, ONU ONU, OIs, IFIs, ONGs ONGs, investigación para la paz A partir de O. Richmond, “The problem of peace” y Peace in International Relations y J. Heathershaw, “Unpacking the liberal peace”. Consultar ambos para mayor detalle en la clasificación de actores, metodologías, naturalezas y ontologías de la paz. Estos discursos serían, en última instancia, incompatibles entre sí. Una de las principales razones para tal discordancia, según la interpretación de Oliver Richmond y John Heathershaw, es la función del Estado. Nos encontramos ante un modelo estadocéntrico dado que el acercamiento a la construcción de paz de los principales actores implicados, conservador y ortodoxo, es por lo habitual “desde arriba” (top-down). Se crea así una contradicción con el componente transformador, que tiene una perspectiva decididamente “desde abajo” (bottom-up). Esta tensión se va haciendo patente a lo largo de la década de los noventa, período de mayor influencia de la paz transformadora y, en cierta manera, se resuelve en su contra con el giro hacia la construcción del Estado. Aquí rechazo esta interpretación, que es resultado del intento de dar explicación a ciertas contradicciones, del todo reales, entre el discurso y la práctica de la paz liberal. No creo que la tensión haya venido dada porque la paz liberal esté constituida por dos vertientes encontradas, una estadocéntrica (conservadora, ortodoxa) y una sociocéntrica (transformadora) con sus respectivos momentos de auge. Y mucho menos que sea sostenible la narrativa asociada según la cual durante el primer período de la construcción de la paz liberal el Estado weberiano-westfaliano habría dejado de ser el marco fundamental de la política internacional y doméstica (¿y precisamente por el impulso de un tendencia progresista?). 1Una versión anterior de este artículo fue presentada en el VII Congreso Vasco de Sociología y Ciencia Política, Sociedad e Innovación en el Siglo XXI (Grupo de Trabajo 14: Conflictos, Desarrollo y Cooperación Internacional), Bilbao, 10-12 de febrero de 2010. 2Duffield, Global Governance and the New Wars; Paris, At War's End; Chandler, “The Responsibility to Protect?”. 3
Si se distingue entre estadocentrismo y estatismo en las teorías del Estado subyacentes, se puede ofrecer una interpretación alternativa del proceso: En un principio existió un consenso simultáneamente sociocéntrico y estatista, paralelo al y constitutivo del de la paz liberal. El giro posterior hacia la construcción posbélica del Estado implicó una transformación también común de los discursos que componen la paz liberal. En el caso de la paz transformadora, el giro a la construcción del Estado ciertamente ha puesto de relieve y agudizado las contradicciones propias a las que se enfrenta esta postura, animando la aparición de actitudes críticas con el modelo liberal en general. A lo largo de ese primer período, el consenso sobre la paz liberal es liberal en dos sentidos. Uno, porque sostiene que la fórmula para lograr la paz duradera es el establecimiento de democracias de mercado (es decir, el régimen que combina democracia liberal, economía de mercado y pluralismo ético-cultural). Y dos, porque la estrategia para lograr ese fin es la de la “liberalización”, la familiar receta compuesta por democratización, celebración de elecciones, fomento de las libertades y derechos civiles, mercantilización, privatización y limitaciones del poder del Gobierno en general.3 Durante el segundo período, aunque el objetivo sigue siendo el mismo—la democracia de mercado —, la prescripción ya no será la liberalización, sino la institucionalización (ver Diagrama 1). Diagrama 1. De la liberalización a la institucionalización Este artículo no busca tanto insistir en las contradicciones internas del consenso sobre la paz liberal como exponer las experimentadas por una de sus partes constitutivas, la paz transformadora. El enfoque es resueltamente discursivo. No se plantea, por ejemplo, que tras el 11S se diera un giro de 180 grados en la “práctica” política (policy) de construcción y consolidación de la paz. Por descontado que las continuidades entre los dos períodos mencionados, así como con los previos, son más numerosas que las rupturas. De hecho, la tesis principal es que existen unas continuidades (el estatismo ontológico, la democracia de mercado como fin) que han transitado a través de una retórica cambiante. Sí sostengo sin embargo que ese aparato discursivo de la comunidad internacional ha sufrido modificaciones cruciales, algunas de carácter más profundo que otras y con una mayor o menor influencia sobre el discurso mayoritario.4 Posiblemente sean éstas las que más afecten a las perspectivas transformadoras y críticas de la paz. 3Paris, óp.cit. 4Dejo de lado el debate sobre la relación entre aparato discursivo y práctica política, en sí misma una distinción más que objetable. 4
Estadocentrismo, sociocentrismo y estatismo Intentemos aclarar primero las diferencias entre estadocentrismo, sociocentrismo y estatismo en este contexto. Los términos de estadocentrismo y sociocentrismo se refieren a dos enfoques metodológicos contrapuestos a la hora de enfrentarse al análisis descriptivo y normativo de la realidad social. Según el estadocentrismo, dado que el poder político emana del Estado y que éste perdura más allá de individuos, grupos y clases, dando cohesión y continuidad (produciendo y reproduciendo—determinando—la estructura social), la mejor manera de enmarcar, comparar, historiar y explicar la experiencia política es a partir del Estado y sus instituciones (por ejemplo, la naturaleza de las leyes, las características de los procesos políticos, los programas educativos, la actuación de los ejércitos). Esta perspectiva es común en los análisis estatistas, elitistas, marxistas estructuralistas, e institucionalistas, entre otros. Por contra, desde una mirada sociocéntrica lo primordial es explicar y actuar sobre las sociedades. La encontramos en los análisis pluralistas y liberales en general, la teoría social crítica, el marxismo intrumentalista y la literatura sobre acción colectiva. Defiende la independencia y preponderancia de las personas sobre el Estado, basándose en ciertos principios teóricos (no siempre dejando clara la distinción entre aquellos normativos y explicativos) que podrían sintetizarse del siguiente modo: −La agencia de las personas impera sobre la forma y estructura del Estado. La unidad política primordial son las personas, actuando como individuos o en grupos (bien sean entendidos como consumidores, o sociedad civil, masas, grupos de presión, etc.).5 −El Estado es heterónomo (dependiente, subordinado), un reflejo neutro y pasivo de la realidad social. Es el canal o instrumento del que se sirven los grupos o personas dominantes en la sociedad para lograr sus fines. Se considera el Estado un ruedo político, o un campo de batalla. −En consecuencia, el poder político no reside en las instituciones estatales en sí mismas, sino en las personas que operan a través de ellas. El control sobre los recursos económicos, sociales y culturales otorga el poder al personal que compone el Estado. Dicho de otra manera: para el estadocentrismo, quien controla el Estado, controla la sociedad; para el sociocentrismo, quien controla la sociedad, controla el Estado. −No existe, asimismo, un núcleo de poder unificado: la soberanía está fragmentada y descentralizada. Hasta aquí el (escueto) resumen de las características más notables de estadocentrismo y sociocentrismo. El estatismo pertenece a otra categoría. No se trata de un enfoque alternativo a aquellos, sino de una premisa ontológica-epistemológica. Refleja la incapacidad de concebir el orden político y social (y, por ende, la paz y la seguridad) sin el Estado. Jens Bartelson lo achaca a que: We simply seem to lack the intellectual resources necessary to conceive of a political order beyond or without the state, since the state has been present for 5Queda claro que no utilizo “sociocentrismo” en el sentido que a veces se le da y que contrasta con “individualismo”. 5
long enough for the concept to confine our political imagination. Thus, what might lurk beyond it is not simply unknown to us, but also effectively hidden by our statist intellectual predispositions.6 A diferencia de estadocentrismo y sociocentrismo, el estatismo suele quedar implícito. Se encuentra a un nivel más profundo y, por lo tanto, no es contradictorio hablar de un estatismo sociocéntrico y viceversa. La relevancia que se le da a la sociedad civil o al individuo no excluye la aceptación del modelo estatal, como no lo hace necesariamente cualquier juicio negativo sobre la actividad del Estado. De hecho, la mayoría de las críticas dirigidas contra el Estado no hacen sino presuponer de manera tácita su existencia y reproducir su autoridad. No es lo mismo pensar contra el Estado que sin o más allá del Estado. Cuando se opera la distinción sociedad/Estado, ya sea para enfatizar la importancia de las instituciones civiles respecto a las estatales, se está mostrando la predisposición estatista. La incoherencia entre lo que se afirma explícita e implícitamente en estos casos es descrita en esta extensa cita de Bartelson: While most modern political thought explicitly affirms constituted authority by justifying the authority of the modern state in terms of popular sovereignty and national identity,(...) the actual place and function of the state concept within crucial parts of modern political discourse indicate that this discourse nevertheless implicitly embraces a notion of authority as being constituting. By presupposing the presence of the state, this discourse tacitly affirms a symbolic authority that structures questionability and conditions the terms of further criticism. Put somewhat differently, a fair share of modern political discourse tacitly implies that the exceptional moment of sovereignty is prior to the rule of law, while the opposite case is defended explicitly by most theories of the state.(...) The critique of the state amounts to a reproduction of that constituting authority.7 Es decir, a menudo se explica la existencia del Estado como consecuencia de una intención social (con lo cual, automáticamente, su autoridad queda legitimada, “constituida”). Pero si a posteriori se critica esa autoridad rara vez se cuestiona la presencia del Estado, con lo que tácitamente se está admitiendo que su poder es previo a su legitimidad (“constituyente”). 6Bartelson, The Critique of the State, pp. 1-2. 7Íbid., p. 7. 6
Sociocentrismo en las teorías del Estado de la paz liberal También es necesario establecer a qué nos referimos con estrategias “desde arriba” y “desde abajo”. Hay que ser cautos y no identificar lo suprainternacional con el “desde arriba” y lo local o micro con el “desde abajo”. A nivel local hay relaciones “desde arriba” y a nivel global se pueden dar relaciones “desde abajo”. Sólo desde una falsa contraposición a lo local que funde lo nacional y lo supranacional, lo gubernamental e intergubernamental, la paz liberal de los años noventa podría considerarse estadocéntrica. Sería más correcto afirmar que durante aquel “interregno”8 la comunidad internacional se situó—discursivamente, insisto—en el “desde abajo” y “desde fuera” del Estado westfaliano, allá desde donde, según Mary Kaldor, “parecían posibles utopías como la sociedad civil global, los derechos humanos, un Estado de derecho global o la justicia social global”.9 Ese sociocentrismo cosmopolita, en cualquier caso, continuaba siendo ontológicamente estatista, ya que no hacía sino redimensionar las características del modelo del Estadonación.10 Esto explica el contraste durante la década de los noventa entre una retórica de la comunidad internacional eminentemente sociocéntrica (“desde abajo”) y la perduración de esquemas fundamentalmente estatistas. Aceptadas estas distinciones previas, no puede decirse en rigor que la primera formulación del programa de construcción de paz fuera estadocéntrica, ni en su versión más conservadora. Inducidas por el apogeo del discurso sobre la globalización, las teorías políticas implícitas en la paz liberal invitaban a ignorar el Estado. Aunque sólo desarrollaré brevemente el vínculo entre la paz transformadora y el marxismo instrumentalista, es posible mostrar que la perspectiva sociocéntrica era común a todos los discursos dentro de la paz liberal haciendo uso tentativo de una clasificación complementaria que se apoya en la identificación de las tradiciones de la teoría del Estado implícitas en las ideologías de la paz liberal (Tabla 2). Tabla 2. Teorías del Estado implícitas en la construcción de paz liberal Gradación de paz liberal Teoría del Estado e ideología afín Conservadora Elección pública (Public/rational choice), neoliberalismo Ortodoxa Pluralismo (funcionalismo, conductismo), liberalismo Transformadora Instrumentalismo, marxismo idealista Los orígenes del sociocentrismo en la paz liberal son por tanto diversos, dependiendo de las posturas tomadas respecto al Estado en lo referente tanto a su relevancia explicativa como a su conveniencia normativa. En cualquier caso, se trata de un consenso operativo. Por eso he afirmado antes que el sociocentrismo es parte constitutiva del consenso liberal. Es uno de los elementos aglutinantes que en un momento dado lograron crear y mantener un consenso improbable. Por ejemplo, la OCDE sería capaz de combinar el neoliberalismo económico, la gobernanza liberal y la preocupación por los derechos humanos en su guía Participatory Development and Good Governance, acusando a los Estados de desempeñar lo que considera un “excesivo” papel en la economía, siendo causa principal de la corrupción política, al tiempo que lo critica como “ineficiente” e “injusto” ante su deber de defender los derechos humanos.11 8Kaldor, La sociedad civil global, p. 193. 9Íbid. 10 Ver contribuciones en Baker y Bartelson, The Future of Political Community, y Hehir y Robinson, State-Building. 11 OECD/DAC, Participatory Development and Good Governance. 7
Es indudable que no tiene sentido calificar de “estadocéntrica” a la paz liberal durante un período en que tuvo tanta preponderancia la ideología neoliberal para la cual el Estado es, como mínimo, ineficiente y, a la larga, peligroso para el bienestar de las personas. La percepción del pluralismo liberal sobre el Estado combina la desconfianza con el menosprecio, pero su prescripción también aboga por una decidida limitación de su papel.12 La paz transformadora comparte la visión negativa de la actividad estatal y la convicción de que puede ser contrarrestada por la acción social o individual. Estas premisas sobre la naturaleza de la relación Estado-sociedad se encuentran en el origen de las estrategias clásicas de construcción de paz liberal. La creencia en la agencia de los grupos sociales y la heteronomía del Estado, por ejemplo, animan a apoyar el desarrollo y fortalecimiento de la sociedad civil, la esfera pública y formas de democracia deliberativa, de políticas de apoderamiento de diferentes sectores de la población y la lucha contra la corrupción de determinadas élites. Igualmente, se reconoce y promueve el papel desempeñado por actores no estatales como las ONGs o el sector privado y se proponen estrategias acordes, por ejemplo, la diplomacia ciudadana o la microfinanciación. La fragmentación de la soberanía justifica el fomento de la descentralización administrativa, la gobernanza multinivel y el desarrollo de capacidades locales, mientras que la localización del poder fuera de lo “expresamente político” facilita que en el análisis de las causas de los conflictos tome preponderancia la distribución de los recursos económicos, sociales y culturales (codicia, “ethnic entrepreneurs”, etc.) en detrimento de los políticos (de unas ideologías clásicas que se consideran tan estadocéntricas como obsoletas). Cuando está presente el objetivo de la distribución justa de esos recursos también se llevará a cabo de manera independiente del Estado, ya sea de modo participativo o a través del mercado. Pero recordemos de nuevo que el sociocentrismo de la paz liberal no deja de ser un enfoque metodológico en el amplio sentido de la palabra. Aunque el Estado se encuentre fuera del campo visual, no deja de existir y de desempeñar un papel fundamental para estas ideologías. Esto queda ilustrado por la prudente ambigüedad de Un programa de paz que, a pesar de celebrar la nueva era de la globalización y el fin de la “soberanía absoluta y exclusiva”, rechaza la fragmentación “sin fin” y, ante la exigencia de defender la seguridad humana, afirma que “la piedra angular de esta labor es y debe seguir siendo el Estado”.13 Al fin y al cabo, tanto el mayor impulsor y garante de la paz liberal—el sistema de las Naciones Unidas—, como la tradición kantiana de la paz democrática, asumen y requieren un orden internacional basado en el Estado-nación moderno. Por ello, y de nuevo, el giro posterior a la construcción del Estado no constituiría una auténtica revolución en el pensamiento sobre la construcción de paz. La herencia marxista-instrumentalista de la paz transformadora En esta sección haré una pequeña digresión para mostrar cómo la paz transformadora puede ser en apariencia crítica con el Estado pero no llegar a las últimas consecuencias e, incluso, servir de legitimación de éste. La paz transformadora (o emancipadora, civil, “paz como justicia”) tiene su origen en la investigación sobre la paz de la década de los sesenta, en especial el trabajo de Johan Galtung sobre la paz negativa y positiva y las subsiguientes investigaciones sobre la construcción de paz (peacebuilding en su sentido original).14 A pesar de la influencia en sus orígenes del estructuralismo en Relaciones Internacionales, el enfoque resultante es 12 Para la relación entre construcción de paz y liberalización ver Barnett et ál., “Peacebuilding”, pp. 50-51. 13 Boutros-Ghali, Un programa de paz, §16-17. 14 Ver, p.ej., Galtung, Essays in Peace Research. 8
sociocéntrico. Esto es ilustrado por el caso de la doctrina de la seguridad humana, que surgiría del interés por las causas últimas de los conflictos (estructurales), fundamentadas finalmente alrededor de las necesidades básicas de las personas.15 En palabras del PNUD: La seguridad humana está centrada en el ser humano [people-centered]. Se preocupa por la forma en que la gente vive y respira en una sociedad, la libertad con que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales, y la vida en conflicto o en paz.16 Quizá a riesgo de utilizar un término tan simplista como anacrónico, la paz transformadora, en tanto que parte de la paz liberal y desde el punto de vista de la teoría del Estado, muestra una tendencia instrumentalista en el sentido en que se contrapone marxismo instrumentalista y estructuralista.17 Esta interpretación ofrece la oportunidad de resaltar lo particular del acercamiento sociocéntrico y las implicaciones para propuestas progresistas. Según el instrumentalismo menos sofisticado, el Estado es un instrumento de coerción y administración utilizado y manipulado por la clase dominante. Pero, a pesar de esa denuncia, al separar al Estado de la sociedad y considerarlo un ente pasivo y neutral, mantiene la esperanza de que sea pueda ser utilizado para bien. No en vano, el instrumentalismo ha servido históricamente como fundamento para el posibilismo de movimientos socialdemócratas y eurocomunistas dentro de democracias de mercado.18 Siendo el Estado un reflejo de la sociedad, es la sociedad la que ha de ser transformada. La investigación para la paz comparte estas raíces y en el programa transformador de la construcción de paz el instrumentalismo se ha traducido, por ejemplo, en la falta de problematización del modelo de Estado (re)construido en el postconflicto. La arquitectura de la democracia de mercado se asume neutra, incluso potencialmente benigna. El énfasis (la responsabilidad) recae en el personal que compone el Estado, en los individuos como agentes. Por ejemplo, la mala gobernanza se interpreta en clave de élites corruptas, lobbies y otros intereses particulares (incluidos los actores internacionales) que manipulan la administración del Estado. Por consiguiente, la solución que se ofrece es participación democrática y legitimadora, apropiación local por parte de individuos o grupos representativos, etc. Una visión alternativa, estructuralista para no ir más lejos, afirmaría que el Estado crea un tipo concreto de sociedad. Por lo tanto, la forma y estructura de las instituciones constituyentes tienen una influencia directa en la viabilidad del sistema. En el caso que se comenta, se plantearía si la estructura del Estado es la que, por ejemplo, fomenta y se alimenta de la corrupción, o si ésta es inherente y necesaria a un proceso formación de Estado.19 15 Y, a su vez, en la identificación entre desarrollo y paz que convergerá con otras concepciones en el complejo de la paz liberal. Ver Duffield, óp.cit. 16 PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 1994, p. 26. 17 Miliband, The State in Capitalist Society; Poulantzas, Political Power and Social Classes. Para resúmenes del debate ver Hay “(What's Marxist about) Marxist state theory?” o Jessop, The Capitalist State. 18 Jessop, óp.cit. 19 Goodhand, “Corrupting or consolidating the peace?”. 9
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