Cerebro y simbolización
Abstract
Barraquer i Bordas, Lluís
Full text
CEREBRO Y SIMBOLIZACION LUIS BARRAQUER BORDAS Facullad dc Mrdx tnr. Nrut01opl;l. Lln#verrbdad de Navarra Facultad de Medrc~nn. F,<~ologm Unlverwdad Autbnomn de Rarwbna Evuela de Neurologia - 1882 Ho~pilnl 'Ir la Sm. Crur y S. Pablu
BIOLOGIA E INTELIGENCIA . .. . . Partiremos aqui uumu fundamento del rotunda aserto filosofico de ZUhiri,. quien en su visión dc ontologia antropológica afirmo que.;ren.el hombre, todo lo biolópico es mental y iodo 10 mental es biológico~~. Zubiri llarno habitud al modo primario de habersclas con las cosas y consigo mismo, anterior a sus posihles situaciones y respuestas, que todo ser vivientc tiene. AI ir en busca dr la habitud radical del hombre. Z~biri desarrolla su concepción dc lo que él cnlifica de formnlizacih. Esta es para el aquclla funcidri en virtud.de la cual las impresiones y estimulo3 que 1legan:al animal de su rmrdio extern0 e interno, scarticulan formando, en cicrto modo. recortes dc unidades autónomas frente a las cuales tal animal se comporta unitariamentr. Asi p. ej., la Fonnalización motriz cs la responsablede la diversidad dc movimientos, adaptados unos. aprendidos otros, etc.. que el animal puede realizar. ... , . A medida que la formalizaci6n progresa, unos mismos estímulos elemenlales ofrrcen un carActer completarncnte distinto para el animal. De tal suerte quc un elenco relativarnente modesto de estimulo originarios produce, se@n la riquuza formalizadora del sistema nervioso de tal o cual animal, situaciones cornpletamenre diversas para el. , . Así entendida, la formalización es para'zubiri una funci6n estrictarnente fisiológica. Y la hnción csencial del cerebra estriba en ser el drgmo por exce. lencia de la formnlizacid;l, función en virtud de la cua1 SC crea la enorme variedad de situaciones con que cl animal tiene que habérselas. ' Y. El animal alcanza asi la lnción que Zuhiri calilica de sentir. la cual creu una independencia respecto al medio, bien distinta de la que posee el vegrtal. El animal es por el10 mucho mas independientr, mucho mas esuyon, si se quiere decir asi, que rl vegetal. Sin embargo, por muy rica'que sea su vida, esta cstá siempre constitutivamente uenclasadaa. El hombre, en camhio, posee una habitud diferencial. aPosee.ciertmcntc -afirma Zubirilas mismas estructuras nerviosas que el animal, pero su ccrebro se encuentra cnormcmente mas formalizado, yo diria -precisa 61hiperformalirado. De aqui resulta que, en ciertos niveles cl clenco de respuesras que unos mismns estímulos podrian provocar en el hombre queda prácticamente indeteminado, o, lo que es lo mismo, las propias estructuras som6ticas no garantizan ya, dentro dc la viabilidadnormal, la indolc.de la respucsta alcanzada ... En cambio -prosigue lnego Zubiri-, precisarnente pur ser un animal hiperfnrmalizado, por ser una sustantividad hiperanimal, cl
G Luis Barraquer hombre erha mano de una función cornpletaroente distinta de la función de sentir: hacerse cargo de la situación estimulante como una situación y una estimulación reales. La estimulación ya no se agota entonces en s11 mera arec. ción dcl organisrnu, sino que, independientemente de ella, poscc una estructu. ra de suyo: es renlidad. Y la capacidad de habérselas con las cosas como realidades es, a mi rnodo de ver -va concluyeodo Zubiri-, lo que formallnente constituys la inteligencia. Es la habitud radical y específica del hombre.. La inielipencia es, por tanto, para este filosofo, simple y radicalmente la capa. cidad para aprehender Iac cosas, no como pums estímulos, sino como realidades. Toda la ulterior actividad iotelectiva es, para 81, un mero desmollo de 6sta su índole formal. =La primera función de la inteligencia es ~oncluye rotundamente Zubiriestrictamente biológica: hacerse cargo de la situación para excogitar una respuesta adecuada. Pero esta modesta función -afiadenos deja situados en el piédalo de la realidad en si misma y por si misma, sea cual fuere su contenido: con 10 cual, a diferencia de 10 que acontece en el animal, la vida del hombre no es una vida enclasada, sino constitutivamente abierta.. El cerebm no sólo manfiene al hombre en vilo. -despierton, y le exige, le .hace tener que. inteligir, sino que, ademas, dentro de ciertos limites, perfila y acircunscribe el tipom de posible intelección. Por todo ello, a pesar de que la senribilidad o habitud del puro sentir estímulos de 10s otros animales, y la inteligencia o habitud de inteligirlov,como realidades, sean irrcductibles. constituyen, sin embargo, una estructura protundamente unitaris, aunque la actividad del hombre no queda determinada solamcnte por el contenido de las cosas, sino por lo que cl hombre quiere hacer crealmente. de ellas y de si mismo. Tal es la liberiad humana, que Zubiri califica de rdeterminación de un acto por razón de la realidad queridas. Como vemos. la antropologia de Zubiri, siendo en todo momento una nfilosofia primera., presta una atención extraordinaria a la realidad sometica en general y neural en particular del ser humano. Es por ello por lo que nos sirve muy Útilmente para abrir el pórtico de este trabajo, haciéndonos ver la significación biológica de la inteligencia humana. Es evidente que el ser humano al nacer, aunque posee en potencia la hahitud de la inteligencia, no la posee en acto. Y su ejercicio no va a alcanzarlo en un momento, sino de una manera lenta y graduada, trabajosa y escalonada. Es este proceso el que estudia la psicologia genetica, iluminada singularmente por los estudios de Piaget y el que vamos a ver ahora de una manera sumamente esquematica. Aunque nuestro interes se centra esencialmente en la udquisicidn de la Iunción simbólica, vamos a ver por un momento 10s procesos que la preceden. Piaget denomina periodo asensorio-motrizn al que precede a la formación
Cerrbro y ~i,pb,olizacidn 7 de;lafuncióni simb4lica, perlqdo que $+ extiende-a 10, La<go.+l. pqimer.afia,y mcdio dc vi(la.~Dtuantc .esta [as* cl .nifi.o nopuede,iigar ?us, actiuida.des usiI. cológicas~ arepresent+ciopes,que le permitan evocjxr las p.ersonas.p 10s objetos. en, s.u,3vsencia..& int~ligencia que se .plabor+ ,durante, este~.prri?do cs .escn: cialniente prbclica y se dirigiria en gran part? a la resoluci~n~de una.,s+e.de,.. proble~uas de accibn mediante la construcción deun ,siste,ma complejode ccqrlcrnas dc asimilación, los cuales se montan sobre un~.coordinación.sen-, sod-motriz de las acciones. Por nsitnilnción entiende Piaget el pr~+sp se* elcual una conducta es reproducida activamente y se integra a nuevos objetos. iulrdiante,esle conceptp este autor quiere destacar la actividad, organizadora que el sujeto ejerce sobre los estirnulos, al propio tiempo que &tosact+p sobre.él,de. tal manera que Iodo nuevo nexo resulta ari intcgrado en una estructura anterior. . , En el curso de la elaboración de su auniverso prácticoa, el niño se.man. tienc al principio en relaci6n cofi un mundo sin objetos qua persisten,-limitado a,cuadros inconsistentes, que aparecen para reabsorberse totalmente,~sea sin volver ya, sea reapareciendo en forma análoga o modificada., .. .. T~.a.sÓlo cuando $1 niño empieza a buscar un objeto que ha sidQ cvbierto cqn.cualquier -pantalla? (lienzo. etc.), se situa en la senda que le llevar6 a consthlir el concepto de nobjeto permanentem. Hacia las 9-10 mese, el vbjeto escondida es buscadoya en Iunción de sus desplazamientos pceyiarnene visibles. La,co.nstrucción dcl esquema del objeto.permanente, es. solidaria de rada, la organizaci6n espacio-temporal del univcrso prictico. La decent&ón cognitiva que implica la genesis de.esta nocidn de la permanencia &t.objqo. espalalela y correlativa a la demntracibn afectiva constituida pok.la .gesis I de Las primeras relaciones objetales (R. Spitz), es decir. por ,el establecimiento de una relacj6n emocional finne y significativa con la madre rcomo objeto total.. en el' sentido psicodin8mico. Ambas se cogendran, scd.n Piaget. ,=en I íwcnciinde un mismo proceso de conjuntos. . . . . ,. Por el juego de las asimilaciones simples y, reciprocas, las, formar.. ele-. mentales de .coordinació-n (relaciones deorden, encajamientos, etc.), permiten, desde el nivel sensorio-motriz,.anterior al lenguaje, cla constituci6i1 dema$ ciertas estructuras equilibradas* cuyas regulaciones aseguran ya un cierto grado de reversibilidad (Piaget). Los dos tipos 1716s destacados en este sentido son: por un lado, el grnpo prictico de los~desplazamientns, con lapermanescix de los objetos (que constituye su invan'ante) que pueden ser reencontrados una:vez. hansalido del campo perceptivo mediante la recoqstmfci6a,,de; sus dssplazamientos, y, de otro lado, xaquella forma dc causalidad-objetivsda'y: especializada que intemiene. cn las conductas instrumentalesm (como es tirar hacia,si,loq.obje%os.ut~izando un soporte o bast6n, etc.): Pero ,todas;estas formas de~.inteligencia.sensoriamotriz casecen de representaci6n y.estAn esek cialmente ligadas a la acci6n y a sus coordinaciones. En cambio~ lopqqph.de la,jnteligencia, como autentica característica humaoa,.cs elvalersa dc:.la re presentación. Esta se alcanza tan sólo.con cl florecimiento de la £unciór.simbólica. .; . , . , ., . . .. . . .. .
En cfecto, cntre el año y mcdio y los dos años aparece en el ~liilu una funcihn fundamental par3 la evolucibn de las conductas ulteriores: la .fum ción simblican u <,funciÓn sc#lMticnr, cnnsistcnte en la capacidad de frprc ssnlar algurla cosa (objclu, acuntecimiento etc.), lo *significado.., mediallte un csigntficnirfen diterenciarlv y cspccifico. La función simbólica resulta, pues, de una diferencincibn entre los signiÍicantes y sus significados. Los S~II~~UIVS y 10s signos (si~nificantes) una vez difdrenciados dc sus significados, perrrlitun evocar 10s objetns o situaciones acfualmente no percibidas. 10 que constituyc el inicio de la reprcscntación. EI dcsarrallo de esta función perniite interioriza~. cada vez mis las acciones^ Piagct c Inhclder distinguen, al menos, cinco corlductas en el seno de la Íuncihn simb6lica: a) la imitación diferida, b) el pego ,irrtbúlico (o juegn de licción), c) el dih~~jo (o imagen grafica), d) la imagen merlla1 (caracterirada por Piaget como uimitación interiorizada.) y, finalmente, e) el lcnguaje (que pcrmite la evocacihn verbal). .Desde que la funci6n simbblica permite la evocaci6n de las situaciunes no prrsibidas aclualmente, es dccir, la representación o el pensamiento -aIirma Piagrt-. asistimos a unas primcras abstracciones reflexivas que consi~lcn en hacer derivar de 10s esquemas scnsorio-motrices uno ciertos nexos que. entonces, son mreflejadusn (en el sentido fisico) en el nuevo plano, que es el del pensamiento, y elaboradus en formn de cnndrlctas distintas y de estructuras conceptual es.^ Las relaciones de orden, verhigracia --ejemplifica tal autor-, que, en el plano sen5ori~motriz permaneclan inscrtas en cualquier esquema articulado son desprendida, de el pam dar lugar a una conducta cspccific?. la de colocar u ordenar. INTELIGENCIA Y REALIDAD Ha quedado %entada ya la significación que tiene la inteligrncia para Zubiri como habitud radical y especifica del hombre y hemos visto larnbien cúmo el niñu accede a su ejercicio, dcscollando la importancia crucial de la adquisición de la Iunciún simbblica q11c abre el paso a la interiorización pro. gresiva de las acciories y al pensamiento. Ahora, antes de pasar de inmediato a referirnos al lenguajc, intentaremos precisar on poc0 mis las caracteristicas de la función intelectiva en rus relaciones con la rcalidad. Según Piaget, mientras que el juego simbólico transforma la realidad por asimilacibn mis o menos pura de las necesidades del yo, la imitaci6n (cuando no constituye un fin por si misma) es una acomodacibn m4s o menos pura de 10s modelos exteriores, residiendo la inteligencia en el eqrlilibrio entre el esiucrzo de asiirrilar la realidad y el de udaptarse a ella. Aprchcnder las cosas como realidades, aprehender, pues, la realidad en cuanto a tal, es la dcfinición ontológica, muy atenta a Iu biolúgico quc Zubiri propone para la intcligcncia. Y esta floreceria psicoiógicamente, se estntcturaria genéticamente, para Piaget, a través de un equilibrio entre la asimilacibn
Cercbro y simbolizaci6r1 9 de la realidad y la ad.aptaci6n a ella. Cuanto mejor sea este equilibrio mas lograda seria aquella aprehensión que el filosofo precisa. Rol Carballu ha cornentado la posición dc Zuhiri en un párrafo que, al mismo ticmpo que pucde evocar la signifiwción resultante de la visión gené. fica dc Piaget, también puede ser entroncado con la concepción de Freud accrca de un "principio de realidadn. uEl hombre dscribr Rof-si puede llcgar a xhacerse cargo de la realidads, es gracias a que 10s demás le han !>odido demostrar constantemente que se está equivocando y ha de rectificar a cada paso la idea que de ella tienen. Este es, por lo demás, el significado primari0 y radical de un tratarniento psicoanalítlco bien ilevailo. . , Para Freud el dominio del nprincipio de la realidadn preside 1a;elaboración del proceso psiquico que el califica de secundario, ligado a la vida consciente, mientras que el mundo del ir~consciente o aproceso primarion está regidopor el *principio dcl placcrn. Y este informa no solarnente la actividad mental del, i'ecién nacido, sino también el curso de las procesos inconscicntes a 10 largo de toda la vida. Teniendo en cuenta que la instauraci6n de la función simbólica modifica el contenidn de las ensueiios. a travis de las que el inconscicnle se expresa, .4. Bourgignon ha propucsto todavil otra distinción: Existiria un procero npmprimarion cn cl inconsciente del Iactante, el cual dirigirá la satisfacción puk y .cimple, directa, del deseo, cual es la alucinación de succionar el pecho ma-.' terna en el curso de 10s ensueños. Esta alucinación directa seria sustituída por una forma simbolizada dr realización de deseos en 10s ensueños ulteriores al acceso a la simbolización. Neurofisiológicamente. la fase de conciencia no vigil en que discurren 10s' ensuefius es la denominada de .suefio paradójicon, regida por la formación rcticulada'baja de la calota pantina (región del locus coeruleus, de potente actividad noradrenalínica), mientras que el auténtico sueño o suefio de reposo est& dirigida por la actividad inhibidora del telencefalo y de 10s núcleos del' rate del tronco encef6lic0, ricos en serotonina. E imporla resaltar que el recién nacido posee una riquera &antitativa mucho mayor -horas por diade sucño paradójico, conquistándose la vigilia despierta a expensas de una reducción de dicho sueño paradójico lo que viene a querer decir, en términos, psicológicos, que el proceso secundaria va elabor&ndose a expensas del proceso. prirnario o, en la visión de Bourgignon, que el proceso preprimario original I I'R a dar lugar, por una parte, a esta suerte de vigilia interior, abierta al inconsciente, que es el sueño paradójico con sus ensueños simbolizados y, por otra, a la situación de vigilia despierta al mundo de lo real que es la vida ! consciente. . . Digamos solo de paro, como nota explicativa, que el sueño paradirJico toma esta calificacibn'del trazado bioel&ctrico desincronizado que durante el 'mues. tra la corteza de la convexidad cerebral, el cual contrasta con el trazado mbs o menos lentificado que es propio del sueño de reposo, acercPndose al de la situación de vigilancia exterior. Si por un lado. Bourgignon ha completada la noción de un proceso pri-
10 Luis Darruquer rnariU con su refcrencia r un estado prcprimario, por cl ntm. Marcuse, bsshrl-. doss en considnracioncs psico-socio-Iilosofic.as, ha querido resaltar cúrllo la noLidn de rcaiidad que muchas veces nos es impuesta no corresponde a lo que realmcnte es, si110 a lo que a determinados cstamentos les irlleresa que parcrca scr o qur convenga que sea, en beneficio de su situaciún ds pl.ivilegio. Ello daria Iugu al establec.imie.nto de un uprincipio de rendrmiettton que distorsionaria la autentica realidad, nlicnando las relaciorles con esta del hombre ;:I cuzi al: lc miponc. Terlnlnaremos estc apartadrr señalandu lir olros~ci6n existentc entre aquc. lios que han estudiado Únicamente el terrenu acabado de la inteligencia adulta y aquellos otros que han procurado analirrr la génesis que conduce a su establecimiento. En efecto, rnientras que Fara K. Buhler y su grupo de la npsicologia del pensamientor, sc impone la sumlusión de que el apensamiento cs el espejo de la logican, para Piaget, a treves de EU personal visión de la npsicologla genétican. resultaria ser cabalmenle 10 contrario. Esperemos que una psicologia ontologica, firmcmente enrairada en 10 fenomenológico y en lo vital, sepa superar en una sintesis este planteamiento dialéctico. EL LENGUNE, EL GEST0 Y LA SIGNIFICACION ESPECIFICA DE LAS PERCEPCIONES De las varias formas de conducta dcsarrolladas en el seno de la Iuncion simbúlisa que, como hemos visto mis arriba, menciona Piagel, cabe destacar una de ellas, tanto por su descollantc valor hurnano general, co~no por la impurtancia teórica y practica que ticne en fisiologia cerebral y en Clinica neurol4aica. Nos referimos al lenguaje. Y es tradicional agrupar junta al lenguaje, otra; formas de rendimicntoce~ebral especializado y de orden m6s o menos elevado: la nlanificacibn de 10s eestos intencionales o uravias v el reconori7 miento de la significacibn especifica de las sensaciones o gnosias. Lenguajc, praxias y gnosias estin entre las funciones nerviosas mis difersnciadas y muchas vecos ,e las a@upa conjuntamente como si todas ellas. en todas sus variantes, se situasen en el mismo nivel jerirqolco y. a6n mis, se las distingue con el titulo de =funciones simbólicasn o, mas prudentemente. ric nfunciones llamadas simbólicasn. Nada de ella, no obstante, es totalments cxacto.En etccto, ni todos 10s gestos que adsrribimos a las pr.axias son simh61icos, ni Lodas las significaciones espccificas de la percepciones lo son tampvco (si la palabra cesignificaciónn no cs degradada --cornu ocurre a ve-. ce,- a un nivel de simple sefial, aunque especifica, carente de valor -semi& licon), ni las praxias ni las gnosias pueden situarse glubaln~ente al mismo nivel dei lenguaje, ni este nivcl es el que marca al hilu tuas elevado del desa, rrollo neuro-psicolbgico. 1.a cuestión. es pues, muchisimo mas compleja de lo que a veces aparenta. El dcsarrolio de la representasiúrl y del pensa~niento va ligado a la funcibn scmiótica o sirnb6lica en general y no solamente al lenguaje, como insiste
Cerebro y ~Onbolizacidn 11 justamenlc Piagcl. Ahora bicn, lambi611 tal auior concedc quc si bien el Ien. guaje ploccdc de una inteligencia parcialmente estructurada, el mismo la es1ruchIra a SU vez. Una discipula de Piaget. H. Sinclair de Zwaart ha estudiado las interacciones existentes entre la adquisicion del lenguajc y el desarrollo del pensamiento. Para esta ultima dimensión, hay que partir de un previo conocimiento dc la noción de operativrdad, Por tal entiende Piaget, la capacida3 para repre sentarse las acciones virtuales y reversibles sobre 10s objetos y es una funci6n derivada de la simbolización, mediante un proceso de interiorizaci6n. Las operaciones, según Fiaget, son acciones, escogida5 cntre las mis generales. interiorizablcs y rcvcrsibles, coordinables en sistemas de conjunta, comunes a todos los individuos de un n~isrno nivel mental, isomorfas a las que se sirve cada individuo por si mismo. Consisten en transformaciones reversibles, cuya. rcversibilidad purdc consistir bien en inversiones hien en reciprocidad. Vistas bajo la metodologia estructuralista, aunada a un punto de vista cibernktico (por tanto, de la ciencia de la regulación), las operaciones, dice Piaget, son unas regulaciones -perIeclasn. 10 que significa que no se limitana corregir 10s errorcs a la vista de las resultados de 10s actos, sino que constituyen una precorrección de ellos gracias a medios internos de control. De 10s trabajos de Sinclair, parece desprenderse que la estructura operatoria avanza y determina la estructura lingiiistica para apoyarse en seguida en ella. . Sen como sea, el lenguaje, n medida que va adquirikndose, va fijando su organizacidn funcional en ciertas zonas del cerebro. Tales zonas, inicialmente . menos precisas -respecto a su alcance y respecto a su lateralización en uno u otro hemisferio-- ouedan definitivamente situadas, no con total exclusividad. pero si muy preferentemente, en el seno de unas deteminadas Areas del hemisferio cerebral izquierdo, tratindose de sujetos manidextros. Es asi que puede hablarse, ya que no de unos acentros del lenguajen, si de una azona luncionaln (Hecaen y Angelergues) del mismo. =Una zona se muestra realmente como central -van precisando estos mismos autores-: la zona conocida tradicionalmente como zona de Wernicke. cuya afectaci6n determina la alteración de todas las modalidades del lenguaje. incluso de sus elementos motores. Rodeando a esta zona central, pueden ser identificados un cierto número de polos: un polo anterior motor, que parece' estar localizado hacia la varte inferior de la circunvolución rol6ndica. tanto en su parte frontal, como en su parte parietal ... ; un polo posterior, interesando la lectura, que pucdc scr subdividido a su vez en dos polos, un0 de 10s cuales (el giro lingual) es mis visuoverbal, mientras que el otro (giro anplat.) es m6s visuografico; un polo superior (16bulo parietal), que parece sobreafiadido a las estructuras nerviosas que proveen las actividades práxi. cas.. Tdo ello en el hemisferio izquierdo. La lateralización funcional hemisf4rica. queda asl, por tanto, claramente. expresada por vez primera en el curso de la presente exposicidn. En seguida volveremos sobre ella.
palpados con una mano dcterminada En tales sindrunles se aprecia crim0 la lesirin callosa al bloquear la transferencia iulerkremisfkrica de informaci6n plredo imprdir el acceso a Is sirnholiwciún, u, en general, a un determinada nivel superior en el scno de tal o cua1 estel-a tuncional, aunque no intcrficre, desde luego, en ningiln caso, el prucrso que sustenta la simbolizacirin en si misJl1a.