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Técnica y crisis de los deseos : una breve aproximación al éticamente deficitario mundo occidental

De Haro Honrubia, Alejandro

Abstract

En este trabajo me ocuparé de analizar algunos de los aspectos más importantes del mundo de la técnica tal y como éste se presenta en la sociedad occidental actual. Atenderé a la notable incidencia de los productos e instrumentos técnicos en la vida del hombre medio y, sobre todo, analizaré la profunda crisis de los deseos que aquél padece curiosamente en un mundo casi técnicamente perfecto, o lo que es igual, rebosante de facilidades y, sobre todo, de posibilidades de índole técnico-material. Para cumplir con mi propósito, recurriré a una serie de autores (Marcuse, Horkheimer, Adorno, Habermas, Sartori y Ortega) que complementan de forma excepcional mis ideas acerca de tan sorprendente hecho.

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Ontology Studies 8, 2008 329 Técnica y crisis de los deseos: una breve aproximación al éticamente deficitario mundo occidental Alejandro de Haro Honrubia Universidad de Castilla-La Mancha Departamento de Filosofía Resumen En este trabajo me ocuparé de analizar algunos de los aspectos más importantes del mundo de la técnica tal y como éste se presenta en la sociedad occidental actual. Atenderé a la notable incidencia de los productos e instrumentos técnicos en la vida del hombre medio y, sobre todo, analizaré la profunda crisis de los deseos que aquél padece curiosamente en un mundo casi técnicamente perfecto, o lo que es igual, rebosante de facilidades y, sobre todo, de posibilidades de índole técnicomaterial. Para cumplir con mi propósito, recurriré a una serie de autores (Marcuse, Horkheimer, Adorno, Habermas, Sartori y Ortega) que complementan de forma excepcional mis ideas acerca de tan sorprendente hecho. Palabras clave: progreso, técnica, hombre medio, deseos, crisis, sobrenaturaleza artificial, realidad virtual. Summary. Technique and crisis of the wishes: a brief outline of the ethically lacking western society In this paper I will try to analyze some of the outstanding aspects concerning the world of technique in the present western society. I will focus on the notable incidence of the technical products and devices upon the life of the common man. Above all, I will pay attention to the deep crisis of the wishes from which he suffers in a world which is almost technically perfect or, in other words, a society plentiful in facilities and specially in technical and material possibilities. In order to achieve this, I will recur to several authors (Marcuse, Horkheimer, Adorno, Habermas, Sartori, and Ortega), who complement exceptionally my ideas about this event. Key words: progress, technique, common man, wishes, crisis, artificial nature, virtual reality. Mundos virtuales y mundos reales En el presente trabajo reflexionaré sobre el peculiar modo de presentarse la técnica en el mundo contemporáneo occidental y, especialmente, he decidido atender a su notable y manifiesta incidencia en el hombre medio europeo actual. Haré un enorme hincapié Ontology Studies 8, 2008 330 (segunda parte de este trabajo) en la profunda e inusitada crisis de los deseos que aquél padece en un mundo casi técnicamente perfecto y, en este sentido, en continuo progreso1. Éste también se mide por sus inherentes claroscuros. He ahí la razón principal de que esta idea de progreso se haya convertido, sin duda alguna, en una de las ideas nucleares del pensamiento filosófico desde la antigüedad clásica hasta nuestros días. Pero, sobre todo, se trata de una de las ideas que mayor debate ha suscitado entre diversos autores representativos tanto del pasado siglo XX como de lo que llevamos de este siglo XXI. Entre ellos cabe destacar, entre otros, a Ortega y Gasset, Manuel García Morente, Karl Mannheim, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Jürgen Habermas, Giovanni Sartori o Francis Fukuyama, por citar a algunos de los autores más representativos al respecto. A continuación, a modo de introducción, daré algunas notas acerca del universo de la técnica desde mi punto de vista, pero siempre como propedéutica del tema principal de este artículo: la crisis de la facultad desiderativa del hombre medio actual en la nueva caverna mundanal que, entre otras cosas, destaca por su alta componente científico-tecnológica. La evolución alcanzada actualmente por la técnica moderna o científica (Internet, la revolución multimedia, digital o cibernética, etc.) ha suscitado la posibilidad de convertir la realidad que define especialmente el mundo occidental en una auténtica y casi irreversible realidad virtual, es decir, en un mundo no del todo real, esculpido este último tecnológicamente. El mundo de la técnica pertenece, de momento, al universo de lo virtual o imaginario, aunque de seguir así las cosas, no dentro de mucho (para algunos ya ha llegado ese esperado día) ese mismo mundo no sólo se superpondrá al mundo real, sino que, sobre todo, adquirirá el estatuto ontológico de auténtica realidad, al menos para la mayoría de nosotros. Ya se ocuparán los Mass Media, que son los nuevos “ontólogos” que dictaminan qué es realidad y qué no, de que así pensemos. Podemos decir que por ahora toda nuestra vida intelectual, y la técnica es fruto de ella, es secundaria a nuestra vida real y auténtica y representa en ésta sólo una dimensión virtual o imaginaria. El mundo científico-técnico pertenece a un orbe intelectual-imaginario en que el hombre actual se encuentra imaginariamente instalado, al tiempo que vive la auténtica y primaria (léase cotidiana) realidad de su vida. El mundo de la técnica es, como diría Ortega, pura invención nuestra, engendro de nuestra fantasía. No lo tomamos, de momento, como realidad natural, sino puramente artificial. Sin embargo, nos ocupamos con sus objetos lo mismo que nos ocupamos con las sencillas cosas del mundo cotidiano exterior, el mundo de la experiencia vivida. Coincidamos con Ortega en que vivimos muchos ratos “ausentes de lo real” (Ideas y creencias, O.C,V, 679)2, por ejemplo 1 Sobrelaideadeprogresomoralycientífico-técnico,ysuevoluciónenlahistoriadelafilosofía, heelaboradountrabajofinalmentepublicadoenlaRevista de Estudios Orteguianos,Madrid, nºs8/92004, pp.185-219.Estetrabajollevaportítulo“Análisisevolutivodelaideadeprogreso:Proyecciónactualde Meditación de la técnica de JoséOrtegayGasset”. 2 LascitasdelasobrasdeJoséOrtegayGassetremiten,salvocuandoseespecifiquelocontrario,a Ontology Studies 8, 2008 331 cuando vemos la televisión, “navegamos” por Internet o hablamos por el teléfono móvil. Este claro y casi continuado desmarque del mundo de la realidad afecta a numerosos contingentes poblacionales del área occidental. El hombre ha ensayado figuras imaginarias de mundos y de su posible conducta en ellos. Entre ellas, aquella que le presenta un mundo cercano a lo técnicamente perfecto le parece idealmente más firme. A eso acabará llamando verdad o auténtica realidad. Es decir, una realidad a la que acabaremos confiriendo el máximo grado ontológico. Pero en este caso lo verdadero, lo técnicamente verdadero, no es sino un caso particular de lo fantástico. El mundo de la técnica, como el mundo de la poesía, brota del don intelectual e imaginativo del hombre. Éste ha transformado el mundo de la experiencia vivida haciendo funcionar a marchas forzadas su aparato intelectual que es, sobre todo, imaginación. El hombre ha creado el mundo técnico, como ha creado el mundo matemático, el mundo político, poético, religioso o ético. Estos mundos, en su mayor parte interiores pero con una notable proyección exterior, tienen figura y son, como afirma Ortega, un orden, un plano. Esos mundos imaginarios son confrontados con el enigma de la auténtica realidad y son aceptados cuando parecen ajustarse a ésta con máxima aproximación. Pero, bien entendido, “no se confunden nunca –dice Ortega en 1940– con la realidad misma (…), quedan esos mundos, tomados en su totalidad, como lo que son, como mundos imaginarios, como mundos que sólo existen por obra y gracia nuestra”(Ideas y creencias, O.C, V, 677 s). Por todos lados se habla del mundo de la técnica. Un mundo que en su mayor porción no lo tomamos, hoy por hoy, como mundo real, sino que lo consideramos un mundo imaginario, puro artificio, aunque con una cada vez mayor presencia material exterior. Un mundo que es fruto u obra de nuestra fantasía e intelecto. Lo fantástico es lo más opuesto a lo real. El mundo técnico es, comparado con la realidad, pura fantasmagoría. Aquél, sin embargo, gobierna y, en multitud de ocasiones, tiraniza nuestras vidas. Acerquémonos un poco más, en el marco de esta introducción, a este nuestro mundo vital técnicamente mediado en que anida la casi totalidad de la humanidad occidental. El innovador mundo de la técnica nos muestra como un hecho, casi indiscutible, que las nuevas fronteras son Internet y el ciberespacio, aunque no todos nosotros disfrutamos de estos últimos de la misma forma. El nuevo lema es –como afirma Giovanni Sartori– ser digitales (Véase Sartori, 1998, pp. 53 y ss). Los chicos y chicas del mundo occidental de hoy serán todos en el futuro cibernautas prácticos, o lo que es lo mismo, seres ultratecnologizados que darán la espalda a la vida real, encerrándose en un mundo plenamente virtual. Estos seres, en muchos casos técnicamente corroídos, corren el riesgo, en multitud de ocasiones, de perder el sentido de lo que por ahora consideramos auténtica realidad, o lo que es igual, los laediciónendiezvolúmenesdeTaurus,Madrid,2004.Altítulodelescritosigueeltomoennúmerosromanosyla(s)página(s)ennúmerosarábigos.LasobrasdeOrtegarelativasalaediciónendocevolúmenes de1983,publicadaenAlianzaEditorial,Madrid,secitaránsituandoelañodepublicaciónjuntoalassiglas Oc(ObrasCompletas),yseguidamenteapareceráeltomoenromanosyla(s)páginas(s)enarábigos. Ontology Studies 8, 2008 332 límites entre lo verdadero y lo falso, entre lo existente y lo imaginario. La facilidad de la era digital representa la facilidad de la droga, capaz de generar una irreversible adicción a un público de eternos niños soñadores que transcurren toda la vida en mundos imaginarios ¿Terminaremos todos –se pregunta Sartori– siendo digigeneracionales y en el cibermundo? ¿Podemos hablar, en consecuencia, de una realidad técnicamente configurada en buena medida como realidad virtual? Considero personalmente que sí. Podríamos también preguntarnos, en este sentido y con la ayuda de Herbert Marcuse (Véase Marcuse, 1984, pp. 185 y ss), si el progreso científico no nos ha conducido, en efecto, a un estadio de la civilización industrial o post-industrial donde la realidad natural se ha metamorfoseado en casi su totalidad en una realidad técnica gobernada por una racionalidad en sí misma científico-tecnológica, pero que, al mismo tiempo, destaca claramente por su alto componente irracional, dominador, reificador y totalizador, por citar algunas de sus características más representativas. Atendamos a la siguiente cita: “La gente (…) –afirma Marcuse en su obra El hombre unidimensional– encuentra su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad (…), en su equipo de cocina (…). Las formas predominantes de control social son tecnológicas en un nuevo sentido” (Marcuse, 1984, p. 39). La moderna barbarie tecnológica facilita, pero sobre todo adormece e instrumentaliza o tecnifica en sumo grado, las relaciones más humanas que definen el mundo práctico de la vida (Lebenswelt) en su más absoluta y esencial cotidianeidad. La tecnológica realidad mundanal ha revolucionado el modo de relacionarse entre sí los individuos en el seno de ese mundo vital anteriormente mencionado. Las relaciones humanas han sucumbido en muchos casos a la técnica. Con la técnica y la tecnología, ha surgido un nuevo estilo de vida y una nueva manera de percibir el mundo y los objetos. El desarrollo tecnológico envuelve nuestras vidas. Las máquinas nos afectan a todas horas y por doquier; su precisión, su velocidad y su eficacia dan lugar a la configuración de un nuevo tipo humano. Y ¿cuáles son los rasgos básicos de este nuevo tipo de hombre? Este modelo humano, que ejemplifica el tipo medio europeo u occidental, se caracteriza por tener un enorme sentimiento de poder, en cuanto con sólo pulsar unos botones consigue comunicarse con lugares remotos, compra un libro que está en una tienda muy lejana o logra que el ordenador le obedezca. Todas estas cuestiones son de suyas llamativas, al menos para toda aquella persona interesada en el devenir tecnológico y humano en el mundo actual. El superávit de productos e instrumentos técnicos contribuye indudablemente al bienestar material o físico, y en muchos casos mental y emocional, del hombre medio actual, pero me pregunto si no lo hace a cambio de un progresivo debilitamiento o empobrecimiento ético y humano del mismísimo mundo occidental en que aquel tipo humano mora: ¿Hemos construido una sociedad con una fortaleza técnica inusitada pero no menos débil o enferma éticamente? Son éstas problemáticas muy presentes y muy siglo XXI. Ocupan un lugar destacado en el debate intelectual y académico actual sobre el devenir técnico y moral de la sociedad contemporánea. Todas estas cuestiones pueden ser analizadas con cierta Ontology Studies 8, 2008 333 profundidad, recurriendo por ejemplo a obras de la importancia filosófica de Meditación de la técnica (1933), La Rebelión de las masas (1930) o La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1947), todas ellas de José Ortega y Gasset. También resultan interesantes las ideas que al respecto de estos temas manifiestan muy elaboradamente Horkheimer y Adorno en su obra conjunta La dialéctica de la ilustración. Especialmente son relevantes para nuestro tema algunos puntos del capítulo que aquellos dos representantes de la que se ha dado en denominar “teoría crítica” de la sociedad, dedican al estudio y análisis de la industria cultural en el seno de la sociedad de masas. Es cuanto menos reconfortante intelectualmente, en cualquier caso, ojear algunas de las páginas que autores como Ortega, García Morente, Karl Mannheim, Marcuse, Horkheimer, Adorno, Habermas, Sartori o Fukuyama dedican a la ciencia y a la técnica modernas, y sus repercusiones en la vida del hombre medio occidental. La técnica occidental europea o el tecnicismo de la técnica moderna es de raíz científica. De esa raíz le viene su carácter específico y la posibilidad de un ilimitado progreso que hace creer al hombre, ingenuamente, que todo aquello a que aspira o desea, en el marco del universo material en que anida, es alcanzable. De ello trataremos, entre otras cosas, a continuación. Técnica, progreso y crisis de los deseos En el resto de este trabajo intentaré dar respuesta y, sobre todo, desarrollar algunas de las más importantes cuestiones que he planteado, de forma explícita o implícita, en el apartado anterior, pero siempre las abordaré en relación al ya mencionado tema central de este artículo: progreso técnico y crisis de los deseos. Dos aspectos, progreso técnicomaterial y crisis desiderativa, que de aquí en adelante y hasta el final de este trabajo se convertirán en el principal hilo conductor de nuestro discurso. Sigamos aproximándonos, para cumplir con nuestro fin, a ese fenómeno de que hemos venido hablando hasta el momento y que presenta una actualidad manifiesta, a saber: el hecho de la técnica moderna y su notable incidencia en el mundo occidental contemporáneo. Me preocupa especialmente el feroz impacto que en el hombre medio europeo y en el ámbito de la cotidianeidad vital o mundanal ha supuesto el inmenso potencial científicotécnico que presenta la tecnológica realidad actual. Atendamos a la siguiente constatación de Ortega en la fecha de 1933 en su importante trabajo Meditación de la técnica: “Uno de los temas que en los próximos años se va a debatir con mayor brío es el del sentido, ventajas, daños y límites de la técnica (…). ¿Cómo es que en el universo existe esa cosa tan extraña, ese hecho absoluto que es la técnica, el hacer técnica el hombre?”(Meditación de la técnica, O.C, V, 553 s). Nuestro tiempo se caracteriza por ser el tiempo de la técnica, esto es, de un fenómeno excepcional localizado espacio-temporalmente. Nuestro tiempo es la edad no de esta o la otra técnica, sino simplemente de la técnica como tal. El hombre, quiera o no, tiene que ser técnico. La técnica pertenece irremisiblemente a la “naturaleza” y cultura del Ontology Studies 8, 2008 334 hombre: ¿Quéhapasadoenlaevolucióndelacapacidadtécnicadelhombre–sepregunta Ortega– para que llegue una época en que, a pesar de haber sido él siempre técnico,merezca conalguna congruenciaserfichada formalmentepor latécnica? Evidentementeestonohapodidoacontecersinoporquelarelaciónentreelhombre ylatécnicasehaelevadoaunapotenciapeculiarísimaqueconvieneprecisar,yesa elevación,asuvez,sólohapodidoproducirseporquelafuncióntécnicamismase hayamodificadoenalgúnsentidomuysustancial”(Meditación de la técnica, O.C, V,588). La técnica actual ocupa un papel sin par en la vida humana. El crecimiento de los actos y resultados técnicos que integran la vida actual es inaudito. Hoy los supuestos técnicos de la vida superan gravemente los naturales, de suerte tal que materialmente el hombre no puede vivir “sin la técnica a que ha llegado. Esto no es una manera de decir, sino que significa una verdad literal” (Meditación de la técnica, O.C, V, 597). La misión principal de la técnica, atenida ésta a unos límites concretos, debiera ser dar franquía al hombre para construir su intransferible proyecto pre-técnico de existencia, es decir, para poder vacar a ser sí mismo en una naturaleza o mundo notablemente hostil. Ella –la técnica– va “a ingeniarse y a ejecutar la tarea que es la vida; va a lograr (…) que el programa humano se realice” (Meditación de la técnica, O.C, V, 574 s). Cierto es también que el hombre deja en muchos casos en manos de la técnica la completa realización de su programa personal de vida. El hombre medio europeo proyecta sobre la técnica muchas de las veces el esfuerzo que está llamado a hacer individualmente en la medida en que aspire a ser persona. Esta es un proyecto de vida, que se acepta o rechaza. La vida personal ha de ser lucha y riesgo, pero también resulta saludable hacer de ella una jovial empresa o aventura. Todos estos atributos de la vida han quedado, sin embargo, en suspenso o, al menos, adormecidos como consecuencia del progresismo que parte y, sobre todo, vertebró en uno de sus haces la modernidad y que todavía sigue plenamente presente en multitud de debates intelectuales actuales sobre la denominada postmodernidad. La idea de progreso (científico y técnico) lideró, con gran brío, el ambiente intelectual de los siglos XVIII, XIX y XX, y también lidera ese mismo ambiente en este nuestro recién inaugurado siglo XXI, a pesar de las innumerables críticas que ha recibido, o quizás por ello. Esa idea tan fecunda no se ha conseguido digerir y eliminar, sino que perdura, como afirma Ortega, “en la mayor parte de las mentes occidentales” (La razón histórica, Oc83, XII, 247). Esa idea suscitó en el hombre una seguridad nunca antes vista. Idea tal cloroformizó al europeo y al americano para esa sensación radical de riesgo que es sustancia del hombre. Ser hombre significa, afirma Ortega, ser viviente problema, absoluta y azarosa aventura, drama, puro peligro y trémulo riesgo. Cada uno de nosotros está siempre en constante peligro de no ser el sí mismo, único e intransferible que es. La mayor parte de los hombres “traiciona de continuo a ese sí mismo Ontology Studies 8, 2008 335 que está esperando ser (...). Se comprende muy bien que Píndaro resumiera su heroica ética en el conocido imperativo: Llega a ser el que eres” (El hombre y la gente, O.c83, VII, 89). Toda la cadena de progresos científico-técnicos, las nuevas tecnologías industriales, militares y médicas, los nuevos medios de transporte y comunicación de masas han revolucionado fundamentalmente nuestras formas de vida y trato social, pero también han cambiado nuestra conciencia del riesgo y afectan incluso a la visión ética que tenemos de nosotros mismos. Todas estas técnicas han invadido impunemente, como afirma Jürgen Habermas, el mundo de vivencias cotidiano, aquel que define nuestro ser en el mundo (Véase Habermas, 1999, p. 6)3. Nuestra vida es nuestro ser. Un ser dinámico y no eleático o estático, cuya noble realización exige un esfuerzo, riesgo y sacrificio constantes. La vida no es sino el ser del hombre. Es el hombre la única realidad que tiene que elegir su propio ser, teniendo que ser en la circunstancia o mundo en que le ha tocado en suerte vivir, arriesgando en la contienda que es vivir su propio ser. Este mundo particular de cada cual se compone de asuntos e importancias, es decir, de prágmata: “El ser de las cosas como prágmata, asuntos o importancias no es la sustancialidad, sino la servicialidad o servidumbre, que incluye su forma negativa, la deservicialidad, el sernos dificultad, estorbo, daño” (El hombre y la gente, O.c83, VII, 129). Nuestro mundo, el de cada cual, está organizado en campos pragmáticos o campos de asuntos e importancias. Cada hombre vive en un enorme ámbito ocupado por campos de asuntos, más o menos localizados en regiones especiales de índole técnica. El hombre medio contemporáneo se encuentra personal y circunstancialmente adscrito a la técnica moderna o científica (a ella recurre en multitud de ocasiones). El hombre de nuestro tiempo es capaz de hacer y ser casi todo lo imaginable en la nueva circunstancia técnicamente perfecta en que anida (el mundo como nueva “caverna tecnológica”). Pero no es menos verdad que en el fondo el hombre medio actual ignora lo que efectivamente es. La técnica, al aparecer como capacidad humana en principio ilimitada, hace que al hombre medio o masa, puesto a vivir de fe en la técnica y sólo en ella, se le vacíe la vida. Porque ser técnico y sólo técnico es poder serlo todo y consecuentemente no ser nada determinado. De puro llena de posibilidades, la técnica es, afirma Ortega, 3 Mi libro La rebelión de las masas–afirmaOrtegaen1933– “vainspirado,entreotras cosas,porlaespantosasospechaquesinceramentesentíaentonces–allápor1927y1928–(...), lasfechasdelaprosperity–dequelamagnífica,lafabulosatécnicaactualcorríaelpeligro ymuybienpodíaocurrirquesenosescurriesedeentrelosdedosydesaparecieseenmucho menostiempodecuantosepuedeimaginar.Hoycincoañosdespués,misospechanohahecho sinoacrecentarsepavorosamente”.Lafacultadsupremaeslaintegralcautela.Lavidahumanay todoenellaesunconstanteyabsolutoriesgo.Todaslasseguridadesquelatécnicaactualsuscita “sonlasqueprecisamenteestánhaciendopeligrarlaculturaeuropea.Elprogresismo(...),ha aflojadolasclavijasdelacautelahumanayhadadolugaraqueirrumpadenuevolabarbarieen elmundo”,sibienesverdadque“nohayhombresintécnica”(Meditación de la técnica, O.C, V,564s). Ontology Studies 8, 2008 336 “mera forma hueca –como la lógica formalista–; es incapaz de determinar el contenido de la vida. Por eso estos años que vivimos, los más intensamente técnicos que ha habido en la historia humana, son de los más vacíos” (Meditación de la técnica, O.C, V, 596). Estos años de los que habla Ortega con cierta pesadumbre, se resumen en la enorme desazón y azoramiento interior del hombre medio actual al no saber verdaderamente qué ser ni qué desear, aun cuando dispone de una realidad (“virtual”) que le ofrece todo lo técnica y materialmente posible de cara a la satisfacción de sus innumerables y superficiales deseos (pseudo-deseos). Nuestra enfermedad es de otra índole. Nuestra civilización puede morir por falta de técnicas morales en un mundo en que vuelve a acontecer la completa plenitud de los tiempos o la madurez de la vida histórica que caracterizó al siglo XIX europeo. Nuestros problemas no son físicos, sino de humanidades. Y lo “humano es lo histórico” (A dos ensayos de historiografía, Oc83, VI, 356). El actual hombre medio europeo, rodeado de una inusitada riqueza tecnológico-material, carece de la imaginación suficiente para inventar el argumento de su propia vida, como asimismo consideran los francfurtianos Horkheimer y Adorno en su obra Dialéctica de la ilustración. Ambos teóricos críticos de la sociedad contemporánea también sostienen que las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología –consumista– mediante la cual se las esclaviza (Véase Horkheimer y Adorno, 2003, p. 178). La tecnológica realidad mundanal, al tiempo que facilita hasta límites insospechados y a través de todos sus magníficos productos, la ya de por sí acomodaticia vida del hombre medio europeo, en el fondo alienta en él una cierta crisis de los deseos (la enfermedad básica de nuestro tiempo), al no saber aquél qué desear y ser verdaderamente en un mundo (¿feliz?, como se preguntaría Aldous Huxley) que, sin duda alguna, le ofrece todo lo materialmente posible para satisfacer al instante sus superficiales, artificiales y crecientes deseos. El poder aspirar a todo lo imaginable abruma, en ocasiones, al hombre medio europeo. Le desconcierta. Pero, aun cuando está saturado de tanto poder desear, al hombre actual lo que le deprime en sumo grado es la no satisfacción inmediata de aquello que tan afanosamente desea. Cuando esto ocurre, el hombre medio se hunde en un estado de suyo depresivo. La no satisfacción de esos deseos materiales y que más que propios son sugeridos social y, sobre todo, mediáticamente, aboca al hombre a la más absoluta represión y miseria emocional y psíquica: a la pura nada (nihilismo). El mundo virtual de la técnica en el que el hombre medio europeo se encuentra sumido buena parte de su tiempo, bien es cierto que, hoy por hoy, satisface en muchas ocasiones sus desorbitados deseos a cambio de un módico precio y también le abre la posibilidad de reducir el esfuerzo y el riesgo humanos a sus mínimas cotas, como nunca antes se había visto en la historia de la humanidad. Seguramente somos más inteligentes que nuestros antepasados –eso casi nadie lo duda– pero si medimos el grado de humanidad del hombre medio actual por su capacidad de esfuerzo y sacrificio, no erraríamos si llegáramos a afirmar que somos menos humanos. Ontology Studies 8, 2008 337 Describamos, a modo de resumen, cuál es la situación en que se encuentra, en mi opinión, el hombre medio europeo actual. Para ello hay que partir diciendo que la nueva conciencia de la técnica moderna o científica ha colocado al hombre por ver primera en una situación vital radicalmente distinta a la que nunca experimentó. La técnica, aun cuando alimenta enormemente nuestra acomodada vida, ha suscitado en muchos de nosotros un preocupante azoramiento e inquietud precisamente por la conciencia de nuestra principal ilimitación: ilimitación en cuanto al superávit de posibilidades inherentes a la técnica material y científica contemporánea. El hombre medio europeo u occidental contemporáneo se siente en muchas ocasiones hastiado, o al menos abrumado, por el simple hecho de poder aspirar a todo lo técnicamente imaginable. Esta situación le desconcierta, le asombra y le deja perplejo, precisamente al observar que puede aspirar a todo ello de un modo eminentemente pasivo, es decir, haciendo uso del mínimo esfuerzo y sacrificio. El hombre medio ya no sabe quién es. Al hallarse capaz de ser y, sobre todo, de disfrutar de todo lo imaginable gracias a su potencial científico-técnico, ya no sabe ni lo que es ni lo que desea ser. La técnica moderna ha producido en el hombre medio europeo una profunda crisis en su facultad desiderativa. Gobiernan nuestra vida un elevado número de pseudo-deseos. Estos últimos han marginado el que debiera ser el auténtico y lujoso deseo radical del hombre, a saber: el deseo de ser sí mismo, de llegar a ser noblemente el que en proyecto es (como exige el imperativo pindárico). Europa, afirma Ortega, padece una extenuación en su facultad de desear. Predominan en el hombre deseos –también necesidades– artificiales, puramente convencionales o superfluos, sin sinceridad ni vigor, en suma, espectros apetitos que alimentan el vacío interior que aquél padece. Todo esto supone una crisis de finalidad de un pensamiento abocado al vacío. Vivimos una época donde predomina el nihilismo, la nada, el absurdo o el vacío existencial, esto es, la falta de imaginación y deseo que inventan y forjan proyectos de vida. Ortega pone como ejemplo la angustia existencial que experimenta el nuevo rico. Tiene en la mano la posibilidad de obtener el logro de sus deseos, pero se encuentra con que no sabe tener deseos. En su secreto fondo, afirma Ortega, advierte que no desea nada, que por sí mismo es incapaz de orientar su apetito y decidirlo entre las innumerables cosas que el contorno le ofrece: “Por eso busca un intermediario que le oriente, y lo halla en los deseos predominantes de los demás (…). Ha encargado a los demás que deseen por él”(Meditación de la técnica, O.C, V, 573 s). Conclusiones finales El hombre, desde antaño, ha inventado diversos modos de enfrentarse a su circunstancia más personal e inmediata. Ha buscado satisfacer toda una serie de deseos y de necesidades vitales, elementales o superfluas. El hombre aspira deseosamente al logro de una vida altamente placentera. Busca convertir la circunstancia que le oprime en un auténtico