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La Historia como categoría fundamental de las ciencias humanas

Gagey, Jacques

Abstract

Gagey, Jacques; Durán, Juan,; Pérez, Isabel,

Full text

&A IP1(81'QPBIIf1 (:ORIO (~fl'l'I3GOEtlA Jr 1, 1)1I LAS Prof. Jacques GAÜEY Directeur de 1'U.E.R. des Sciences Humaines cliniques. Universidad de la Sorbona (Paris VII) . / Trad. Juan Duran. Isabel ~érez. En la presente conferencia vimos a hacer una reflexión sobre el tema de la epistemología de las Ciencias Humanas. Se tra ta de una reflcxibii libre, ya que no he venido a oneefiarloe, sino a hacerles ~atfcipes de mis preocupaciones. Mi propósito empieza por una consideración que nos pug de ser combn: el infortunio de las Ciencias Humanas. No podeinos esconder este infortunio. Las Ciencias Humanas son criticadas des de fuera. Tomemos dos cjexplos para evidenciar este infortunio: - ou@ esperaiizac cuando alrededor de 1925-26 la psicometrza nacite se apunta sus primeros resultadosi. fQu6 decepción cuando cuarenta años después nos damos cuenta del poco partido que se puede sacar de los resultados obtenidos en esta empresaiCuantas esperanzas no hemos puesto a prinzipios de siglo en la intervención psicoterapéutica sobre las enfermedades nientales; después de cincuenta años de esfuerzo y búsqueda el panorama no está claro, la fe no £altalpero las incertidumbres permanecen y se acumulan. Las Universidades francesas han cambiado el nombre de Facultad de Letras por el de Facultad de Ciencias Humanas, y los colegas físicos y químicos inscribían, al mismo tiempo, en el fro~ ' tispicio de sus facultades, Facultades de Ciencias Cientfficas. Si observamos la historia de las Ciencias Humanas en los dos Gltimos sigloa, concretamente de la ~sicologfa y la Socio logia: IQU& cantidad de conflictos te6ricosf. ~~uhntas reflexiones filosóficasi. iCuántos esfuerzos para fundar al fin la Psicc logía y la Sociologíai. Es a partir Je Durkheim que se considera a los fen6mg nos sociol6gicos como "cosas" (hechos) y la Sociologfa se corist-; tuye en Ciencia. Ha sido necesario lanzarse a una Psicolcgía sln alma, para vislumbrar la posibilidad de que la PsicologSn sea una Ciencia. Sin embargo, cuando miramos el nivel de operatividad ig telectual al que acceden nuestros colegas físicos y lo comparamos al nivel de operatividad alcanzado en los estudios de Psicologfa o Sociología, el desnivel es extraordinariamente importante y crea un malestar. Yo quiero partir de este malestar histórico y vivido. Este malestar no excluye ni nuestra fe, ni nuestra esperanza. Es iiecesario reconocerlo y tratar de salirse de él. Para ello se abren do3 vias. La primera, seguida por la mayor parte de nuestros colegas, consiste en buscar una.aprobaci6n del lado de la es tadlstica.. Es verdad que el 6xito de la Biometría, de donde todos sabemos que ha nacido la estadística, ha hecho pensar a los psic6Logos que ara pouible niedir los cuontecirniontoe psfqulco~, desde el momento en que se toma una teoría de La medida distinta que la de los físicos, y que se conktruye un aparato estadfstico para introducir la medida donde individualmente no es pocible,pe ro que se hace posible si se toman grandes conj~ntos. Todas nuez tras enseñanzas de Psicología y Sociología están fundadas en la Estadística y en el empleo de instrumentca cstadlsticos. Es incon tcstable que un éxito parcial se obtiene desde esta perspectiva. La cuestión a preguntarnos es la de si debemos contentarnos con ec te éxito parcial, ¿si las Ciencias Humanas deben ser parciales o si debemos ir más lejos?. Si queremos ir más lelos es necesario poner en cuestión el modelo de cientificismo que nos ha sido daao por las Ciencias de la Naturaleza, y que ha operado un cambio epis temol6gic0, y es de esto que quiero hablar. El infortunio de las Ciencias Humanas no puede ser re montado más que de una manera marginal y lateral, m55 que atreviep donos a preguntarnos sobre la pertinencia del modelo de cientificismo tal y como nos lo dan las Ciencias de la Natural.eza, una vez que lo han ido estableciendo progresivamente. En otros terminos: hay que pasar a la epistemologla. Y pasar a la epistemología es interrogarse sobre la actividad científica, es decir, poner en curs ti6n la concepción más ordinaria que existe entre nosotros: la coz cepci6n positivista. Si bien es Auguste Compte, qugen, entre 1820-50, defL ne los grandes ejes del pensamiento~experirnental, Descartes hizo anteriormente un trabajo nada despreciable -que en principio no tendrra relación con el pensamiento experimental-. Descartes fue el apostol de la mecánica te6rica, la cual, y desde ~rquimedes, había proseguido su actividad de forma subterrdnea, ya que era re pudiada por la filosoffa del ambiente. Con Descartes estos traba jos son "puestos en escena". E1 explicita las posibilidades intc lectuales de la mecánica, pero no los de la ffsica experimental. Existen en las cartas de Descartes textos en donde dice que para hacer Ffsica hay que encerrarse en la habitación, correr las cortinas, y es en esta situación donde nace la ~fsica. Sin embargo, en contra de lo que podía opinar Descartes, las ciencias ffsicas se han desarrollado en los siglos XVIIT y XIX en su vertiente expcriniontal . El nudo de la historia de las ciencias está en el ng Cimiento ,de la ElectrOdinámica, a fines del XVIII -principios del XIXen torno a la escuela Politécnica, fundada por la Revolución Francesa en 1798. Cotngte, uno de los primeros discípulos de esta cccucla, dedica su vida a pensar en la forma en que se cbnstruye la ciencia, y da su famoso curso de filosofla positiva, una descripción que ha narcado la evolución de la Ciencia en el siglo XIX. Esta noci6n de la Ciencia es la de que en el fondo te1 trabajo cientffico consiste en objetivar. Es la objetivacm lo que ca-. ' 'racterizael pensamiento cientlfico. tirém monos' un momento en es ta palabra para estar seguros de que la entendemos biey. En la perspectiva anterior a Compte, la Ciencia es descubierta desde un objeto que existe, es decir, se trata de ver una reaiidad til. cual es. Conocer es ver, Conocer es contemplar. La palabra ver (en latín intuieri, intuición) ocupa un lugar extraordinario en : la obra de Platón y en la de Descartes. Hablar de objetivación es subrayar que. las representaciones científicas son construidas, y que por 10 tanto no son adecuadas a lo que ellas quieren representar. Hay una articulaci6n de Las rep~escnt~ciones cicntfficas sohre la realidad, pero las representaciones cientfficas no son en absol.uto ciertas, son operativas, es decir, quc! eilcuadran y di rigen la acciBn y permiten calcular acciones, algunas acciones, y no son por tanto representación adecuada de la realidad. Lo que conduce a Compte a esta iea, es que las cie~ cids pueden coexistir, aunque sus conceptos no sean compztibles. Las operaciones intelectuales diversas son posibles aunque se do 1 1 sarrollen en climas tebricos divergentes, y son váliZas unas y , otras. Hay contradicciones en el seno del djscurso cientffico y no por ello le impiden ser cientffico, en tanto que se arti-ulan en I niveles de operatividad distintos. Caber es siempre saber hacer, y los saber-hacer estsn elaborados en un contexto intelec tual. Pueden existir pluralidad de contextos intelectuales diver gentes. Hay una pluralidad de Ciencias. La Ciencia no es cierta. No descubre los objetos. Crea procesos operativos o procesos de objetivacibn. Debemos de subrayar el paso extraordinario de A.Comp te al avanzar la nocidn de operatividad, esto se tradlice, desde al punto de. viatn filosbfioo, en la disoluc~dn da la idea de vcrdad. Ld Ciencia no tiene por objeto lo verdadero. La Ciencia tlg ne por objeto la construcci6n de operatividaden mí~ltiples. Las g peratividades, de hecho, no se sintebizan, se trata de unirlas en Un conjunto coherente que constituirfa el cisterna fie la ciencia. Compte lo explica diciendo que no puede ser más que subjet lJd, lanas objetiva. Esta postura positivista define lo que se pliede llanas el punto de vista epistemolbgico. Si la ciencia como objetivo des Yela la verdad, entonces la Gnica función de la filosoíla es la de describir las metodologfas cientfficas, de apreciar los prücesos cientlficos en sus divergencias, en sus brotes; es decir que el único trabajo posible es el de tomar en cuenta la discursividad, el progreso del discarso humano, la operatividad en t~das sus dimensiones. Creo que si tomamos en serio esta noción de ujjjetiTaciÓn podemos preguntarnos sino representa un impulso para ir inás lejos. En cuanto se habla de objetivación admitiremos un cierto pluralismo de actitudes cientlficas, ya que hay procesos divergetes segGn los cua.les se crean objetos, es decir, operaciones cien tlficas; y Lno existe la posibilidad de concebir un proceso cientPfico que no consista en la creación de un objeto, pero que ~cdzía consi~tir en e1 l'ocompañamiento" de una historia?. Letc conatituye el núcleo-d,e mi propósito. ¿De quk hablamos nosotros, sobre qu6 nos propor.eiiios discutir los que nos interesamos por las ciencias humanas?. Ci.r? so no nos proponems discutir sobre una "cosa" que es el hombre. es decir, G, 5; individual o colectivo, y de lo cual puedo hablar desde Eiicra -como alguien que te mira y te objetiviza?. Efectivamente puedo hablar de ti como una "cosa", es suficiente que te anestesie, entonces no eres más que un cuerpo al que pus do tratar como a una "cosa", y sobre la cual puedo hacer operaciories perfectamente significativas. Es el caso del cirujano que te transforma provisionalmente en cadáver, y que como ser PO-Psfquico,puede operar significativamente. Pero cuando hago el'discurso cientffico en ciencias humanas ¿estoy obligado a ha cer tal operación, es decir, a alejarme de ti a una tal distac cia que tú no seas 1115s que un cuerpo, que un objeto, que alguien a, quíeri no oigo hablar, alguien que no me habla? o Les qiie aproximándome a tí es posible el tener un discurso científico, en tanto que eres alguien que me habla?. Hay una elección a hacer entre una posición de objetivación, con las dificultades y 1-fm' tes que hay reconocer, y uria posición de aproximacibn no ob jetivizando al otro; y de estl aproximacióri no ol->jetivizaiite no se ha dicho que 'no se pueda decir algo; que no se p~eda tener un discurso que sea cientlfico. Todos los contextos psicoterapéuticos se constituyen en la categoría de relación que acabamos de describir: en primer lugar está bien claro que en la relación psicoterapéutl ca al psiquismo del otro estS presente, aue tú me hablas; en segundo lugar, es evidente que debe suceder algo, que existe una operatividad psicoterapéutica, que hay una operacidn que produce efectos; y finalmente, que el psicoterapeuta es alguien que pretende un cierto grado de cientificismo.. Esta cientificidad se basa en el coriocimiento objetivo que tomarfa de su cliente. Tiende a las reglas y al "savoir faire" que son suyos, en lo que concierne al desarrollo de la interlocución. No es el conociiriien to del otro en tanto que objeto, a partir de lo que dice o hace, lo que esth en cuestión. iblenudo "asunto" para el enfermo el que yo sepa cosas de 61;. Esto no lo "curará". Y en cuanto a lo de creer que mi saber-soLre, y al transmitirle mi saber sobre 61, le voy a hacer de alguna manera un bien, es, sin lugar a dg das, una ilusión considerable. En el desarrollo de la eptrevis ta, de la relación psicoterapéutica, no hay una bGsqueda de un sdber objetivizante sobre el otro. La cientificidad del psicoterapeuta no conduce al hecho de que se construya una representa c~Gn adecuada de su cliente, en el mejor de los casos, serfa una cientif icidad.de diagnbstico y no una cicntif icidad de terap~ytal a la cual no se llegaría por esta lfnca. La cientificidad del psicoterapéuta se basa en la regulacibn, que juega en el curso de la entrevista, el desenvolvimiento de la interlocución, de modo que la entrevista, a lo largo del tiempo, deviensc"a1g~ na cosa". ~quf tenemos, pués, el modelo de historiala dos, de microhistoria, historia de un acontecimiento de nos-ha-llegado- -a-los-dos. Eri ocdsiones, ésta cura. La cuestibn que propongo, y la que os someto, es la de saber si esta historia, esta intuición de una historicidad ¿no nos pone sobre el camino del descubrimiento de la categoría, de aquello que podría ser la categoría fundamental de las cierrcias humanas, en tanto que se ligan a su cientificidad propia:. Dado que existen esfuerzos cientfficos que tienden a la obj~tnua ci6n del hombre, podemos decir que entonces ya no estamos en el terreno de las ciencias liumanas en tanto que humanas. Recordemos aquí algunos elementos de cultura sobre la historia de la Historia. Parece ser que sl pueblo judío fue el primero que cincel6 el concepto de Historia en el Mediterrdneo. Existe toda una cultura mediterránea; la cultura judía, que a partir de los siglos IV, V, VI1 de nuestra era, comienza a articular la nociGn de "alguna cosñ" que pasa a través del tiempo; de una evoluci6n cualitativa a lo largo del tiempo. Pa ralelamente la civilización griega se bate por la eliminación de la nocidn historia. Haciendo un estudio comparado de los pueblos del Meditarráneo, veremos que por destacable que sea la presencia de un sentimiento de historicidad en la tradición del pueblo jg dio, .&te, existe también en ciertas mitologfas vecinas. El racionalismo griego, que se desenvuelve desde el siglo VI1 a.J.C., hasta el siglo V a.J.C., se constituye por la eliminación de las categorías de la Historia. El modelo de es el de la rotación de la gran bola de marmol sobre ella misma (si cogemos una bola de narmol bien pulida, y la hacemos girar, dsta dará vueltas durante mucho tiempo, constituyendo el movimiento inmovil, porque a cada instante, cada punto de la esfera viene a ocupar, en su movimiento, la plaza dejada vacante por otro punto de la esfera, es decir, todos los puntos de la esfera cambian a cada instante, pero sin ocupar nuevas plazas, no existe, por tanto, progreso cualitativo a travgs de la temporalidad). De hecho, los griegos ganaron en la concurrencia cultural'del Me diterrdneo. Ganaron en particular sobre los judlos, ya que un judfo llamado Filón, en el siglo 00 a.J.C., crea una reformulaci6n de la cultura judía en donde la historicidad ha estado eliminada, y la tradición judeo-cristiana, fuertemente marcada por el racionalismo griego apela a una esencia de la historicidad. En la Edad Media no hay sentimiento de la Historia. Este es un punto a destacar. Es a partir del siglo XVIII y en la cultura fzancega cuando reaparece este sentido. En un libro de Condorcet, que se llama "Esquis d'un tableau du progres humain", que la nocidn de historicidaa comienza a tratarse de nuevo. A partir de este momento La encontremoe desarrollada en la fiilosoffa Alemana, naturalmente en Hegel y Marx. Después es la invasión de la hi stor ic idad. Hasta aqul hemos reflexionado suficientemente sobre lo que significa historicidad. Significa una evolución cualitativa, un cambio cualitativo a través del tiempo, aunque no es tan s610 este cambio cualitativo. En efecto un cambio cualitativo a través del tiempo bien puede ser una evolución, y es necesario ha cer una distinci6n entre evolucidn e historicidad. Lo que carac teriza la evoluci6n es que se trata de un cambio cualitativo muy regulado, obedeciendo a regulaciones, a predeterminaciones. La antogénesis de un embribn es el prototipo de una evolucidn y no de una historicidad. La filogénesis es una-importante cuesti6n sobre la cual se debaten los biblogos. Lo propio de los biblogos es captar la filog6nesis, es decir, la aparición de las especies a través del tiempo, respondiendo a regulaciones. (En la Historia no existen regulaciones, hay ruptura). Si hay ruptura, la Historia es imprevisible y de una cierta manera la Historia no se objetiva. No hay leyes históricas. La búsqueda de leyes hist6ricas es necesariamente limitada y consagrada a cambios parciales. De aquí que una cientificidad de la Historia que quisiera tratarla como un objeto, llegaría necesari~iente a negar la realidad misma de.la Historia. Si la Historia existe, si hay una historificación, es decir, un proceso por el cual el individuo se da un espacio de desenvolvimiento cualitakivo, esta mos entorices abandonados a la simple constatación de las emeraco cias históricas y no hay medio de favorecer, de mediatizar, de aco~pañar, de instaurar, aquello que los alemanes llamarfan "mitt verden" ("devenir avec"). LES que no existe una posibilidad, en consecuencia, de una presencia en este proceso de liistorificacjón?. Creo que si miramos atentamente el proceso psicoterapéutico, apercibimos que es ininteligible es su eficscia. Si no adniitimos, que en laipalabra que el paciente pronuncia sobre si iii.15 ino existe un proceso de autoostructuraci6n, qua p~e(Ie ser avcnt~ii~i mente mediatizado o canalizado por la presencia del psicot-rapeuta. Este no es nadie que induce una historia, 61 se defieade, rio propone.. ningGn valor, no da nincjGn consejo. Sus iiitei:pretaclc>nes, cuando las da, son sugeriaas, son elementos hechos pra "relanz'ir" la palabra del paciente y no para haczr creer que 1.a palabra del paciente encuentra en la' interpretación del arialista su reposo. Toda la estrategia psicoterapéatica consiste en un. "relanzamien - to" de la palabra del otro, y ¿para que este "relanzaniento"?, sino para que la intuición de la palabra que el paciente ptonuncia sobre sí, construya en un proceso autoestructurante, o reestructurante. La palabra que pronunciamos sobre nosotros rbisaos no es historificante. Lo que decimos de nosotros es s61o aquello ' que atestigua nuestra propia 'historicidad, más exactmente,aque110 que constituye nuestra propia historicidad. Y si la expresa m0.s así, es que en este "escoger" ,de la interlocucibn, en la interlocucibn, estd en relación con el lenguaje del otro .y defi ne un proceso operatorio. El concepto de Historia es inasirnllakle a las cien cias ohjetivas, o entonces pasamos de la Historia a la EvoiuciEri, lo que no es la misma cosa. El concepto de Historia es diflcil de mznipular. YO lo propongo como una categoría fundamental da las ciencias humanas, en tanto que humanas, y a partir de aquí podemos ver que rechaza el diagnbstico, rechaza de encerrar al 9 tro en estructuras, se propone ver al otro en-su dindmica autoes tructurante,, que es su lenguaje, su palabra. Conquistar su pala bra. ~ue hable su deseo, ~ntrar en la palabra de su deseo, es entrar en este proceso de autoestructuraci6n, en estos procesos que son los procesos psfquicos. Lenguaje, Historicidad, Psique, son tres categorfas inseparables las unas de las otras, y creo que instaldndonos en la-confluencia de estas tres categorías somos susceptibles de afirmar nuestra propia identidad en tanto que especialistas de las cieilcias humanas, y atestiguar nuestra cientificidad, que es otra que la cientificl3ad de las ciencias de la naturaleza. CConferencia dictada por el prof. J. Gagey en el Departamento de Psicología de la U.A.B., el dfa 5 de diciembre de 1974 ).