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Quaderns de Psicologia, 1982. 11, 5-22 Tomás IBÁÑEZ GRACIA* RESUMEN La tradicional oposición entre aquellos que sitúan los factores semiológicos como determinantes en última instancia de las conductas y los que asignan esta característica a los factores ecotécnicos, es analizada desde el conflicto más fundamental entre las orientaciones «realistas» y las orientaciones a'dealistasu. Se pone el énfasis sobre la necesidad de elaborar una semiologia de las conductas y de desembocar sobre una teorización psicosocial que sea a la vez una teoría de la significación. Se intenta una interpretación de la espiral entre lo semiótico y lo material, a partir del ~constructo teórico» presentado por Foucault bajo el nombre de dispositivo disciplinario*. Tras analizar el papel que las representaciones eidéticas desempeñan en la determinación de los resultados producidos por las investigaciones psicosociales, se concluye sugiriendo una investigación que permita contrastar la hipótesis según la cual variaciones en la relación material que une los sujetos a una misma situación producirán lecturas diferenciadas de dicha situación aunque se *utilice» un mismo sistema de lectura. * Psicología Social. Departamento de Psicología. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Autónoma de Barcelona.
QUADERNS DE PSICOLOGIA ABSTRA CT The traditional opposition between those who belieue that semiological factors are the principal determinants of behavior and those who attribute thzS characteristic to ecotechnical factors, is examined from the point of view of a deeper conflict between .Zdealist» and .realist» orientations. The accent is placed on ¿he necessity of a semiological account of behauior and of a socio~sychological theory which would be at the same time a theory of significance. Simultaneowly, the author points to the impossibility of neglecting material structures when constructing explicatory models of behavior. A tentatiue interí?wetation of the s$iral between semiotic and material elements is prol>osed in terms of Foucault S theoretical construct called «disciplinary disl>ositiue». After analyszitg the effects of «eidetical representations* on the results reached by socio~sychological research, the author concludes by suggestzizg a research design aimed at contrasting the hypothesis that a uariation ziz the material relation which links subjects to a similar situation will produce different weadings» of this situation, euen if the .creading system is the same for al1 subjects. La lógica bivalente impregna con tal fuerza nuestro modo de pensar habitual en el campo de lo cotidiano, que también deja sentir sus efectos en el ámbito del pensamiento científico y, muy especialmente, en el marco de las ciencias humanas y sociales. En efecto, nadie puede negar que las dicotomías tajantes, las oposiciones bipolares, las disyuntivas, las alternativas mutuamente excluyentes brotan como flores en primavera en el mismísimo corazón del discurso psicológico: inneísmo frente a ambientalismo, mentalismo contra conductismo, personalismo versus situacionismo, enfoque clínico contrapuesto al enfoque experimental, comprensión frente a explicación, etc.. . Aquí tenemos un botón de muestra suficientemente ilustrativo al respecto.
Buena parte de la reflexión que ha ido constituyendo paulatinamente a las ciencia.s humanas y sociales ha girado precisamente en torno a una de esas dicotomías: la que opone, por una parte, las determinaciones de la conducta (o, más generalmente, las determinaciones de las características del ser) que provienen de las estructuras «materiales» (fisico-químicas, sociotécnicas.. .), es decir la realidad físico-social, y por otra parte las determinaciones que provienen de la esfera «semiótica», es decir de la representación cognoscitiva de la realidad. Algunos autores pretenden que es en última instancia el significado atribuido por un sujeto a una situación (su elaboración cognoscitiva de esa situación) lo que determinará el tipo de conducta resultante. Bien cierto es, en efecto, que si un sujeto «ve)> como distintas dos situaciones amaterialmente» idénticas, probablemente responderá con comportamientos diferentes y recíprocamente. Otros autores pretenden, por lo contrario, que es, en última instancia, el entramado físico-social en el que está atrapado el sujeto lo que determinará su tipo de conducta. También en este caso proliferan las evidencias a favor de este punto de vista; todos sabemos, por ejemplo, lo fácil que resulta conseguir que la gente beba más refrescos o se quite la chaqueta manipulando la temperatura del local en el que se encuentran. En un brillante artículo de vulgarización titulado «La Psicología social: una situación, una trama y una escenificación en busca de realidad», Ph.G. Zimbardol parecía querer escapar a esta dicotomía recurriendo a un enfoque triádico. Pero al final las fuentes de determinación de la conducta social quedan reducidas a la «situación» y a la «trama», ya que el factor verbal agregado por el autor se limita a intervenir como mediador en la elaboración de las significaciones. Esta oposición entre los efectos del significado o de la «representación de la realidad)) y los efectos del entorno social o material es mucho menos «inocente~ de lo que puede parecer en un primer momento. En efecto, creo poder afirmar que hunde sus raíces en una oposición mucho más general que recorre toda la historia del «pensamiento acerca del pensamiento» desde el tiempo de los griegos. El enfrentamiento básico entre «idealismo» y ~realismo» o entre dos alternativas menos fundamentales como son el (~fenomenismo empiricistan y el «materialismo,, subyace sin duda en la polémica que opone los partidarios de una explicación de las conductas en términos de ' ZIMBARDO, PH. C., .La psychologie sociale: une situation, une intrigue et un scenario en quete de la realité», en MOSCOVICI. S., Introduction a la psychologie sociale, Paris, Larousse, 1972. vol. 1, pp. 85-102.
eventos mentales (la significación) y los partidarios de una explicación en términos de eventos físicos (el entorno). Es probablemente este entronque con la epistemología lo que ha suscitado mi interés por la cuestión que aquí intento discutir. EL PROBLEMA DEL SIGNIFICADO No se puede abordar el tema del significado en psicología social sin mencionar en lugar destacado las aportaciones que se han hecho desde el «interaccionismo simbólico)>. Esta orientación teórica es probablemente la que ha puesto mayor énfasis sobre los procesos hermenéuticos y sobre los procesos de atribución de significado considerados como condiciones de producción de las conductas sociales. No es inútil recordar a este respecto tres de las premisas que caracterizan a esta orientación según una formulación que tomamos libremente del que fuera uno de sus principales exponentes, H. Blumer2: 1 P Los seres humanos actúan hacia las cosas en función del significado que revisten para ellos. 2P El significado de las cosas nace de las interacciones que se fraguan entre el individuo y sus semejantes. 3P Los sujetos (o mejor dicho los «actores») seleccionan, comprueban, suspenden, reagrupan y transforman los significados en función de la situación en la cual se encuentran y en función de la orientación que tienen sus acciones. Para dar un trátamiento satisfactorio al problema del significado no basta, sin embargo, con reconocer su importancia, ni tampoco es suficiente con construir tipologías de significantes. Es indispensable adoptar, además, una perspectiva genética. En efecto, el aspecto más interesante que encierra el enfoque semiológico radica precisamente en los procesos y en los mecanismos «generadores de sentido.. (Cómo se construyen, literalmente, los significados de los actos que uno percibe y que uno emite? ¿Cuáles son los procedimientos a través de los cuales se atribuye un significado a las interacciones sociales? ¿Cuáles son los factores que intervienen en la descodificación o en la hermenéutica de las situaciones sociales? ¿Cuál es la naturaleza del enrejado que el sujeto proyecta sobre su entorno y cuál la naturaleza del tamiz de lectura que aplica a los distintos objetos que se presentan ante su mirada? El presente trabajo no pretende responder, ni siquiera parcialmente, a estas preguntas que constituyen materia para años de investigación; sólo prez BLUMER, H., Symbolic interactionism: Perspective and method. Englewood Cliffs, N. J., Prentice Hall, 1969.
tende contribuir a plantear el problema de una semiología de las conductas3 y a desbrozar el terreno para que se vayan estableciendo paulatinamente las condiciones de posibilidad de un tratamiento semiológico del quehacer social y del entramado social en el que éste se desarrolla. Ferdinand de Saussure sugirió en su tiempo que la ((ciencia de los signos» debía ubicarse de lleno en el seno de la psicología social. No parece que la psicología social haya sacado las consecuencias últimas de esta intuición saussuriana que la hacía depositaria del secreto del significado. Sin embar- . go, no cabe la menor duda de que toda significación nace efectivamente de una interacción que la instituye como tal, y de que, en esta medida, el signo es una entidad psicosocial de par en par. Pero la vinculación de la psicología social con la semiología es aún más profunda. En efecto, no basta con considerar que el signo es justiciable de una aproximación psicosocial; conviene reconocer, además, que es el propio objeto de la psicología social el que conlleva en su propio tejido una dimensión irrenunciablemente semiológica. En cierta medida se puede afirmar que no puede elaborarse una teoría psicosociológica aceptable que no sea a la vez una ((teoría de la significación)), o por lo menos que no esté fuertemente conectada con una teoría de la significación. Esta teoría no puede ser, por supuesto, una teoría semántica, aunque sí pueda nutrirse abundantemente de una teoría de ese tipo. El abismo que separa el discurso verbal y las acciones de tipo no lingüístico es patente y suficientemente elocuente. La diferencia no radica únicamente en el hecho de que el lenguaje está incomparablemente más estructurado que las dimensiones puramente conativas de las interacciones sociales, ni tampoco estriba exclusivamente en el hecho de que las unidades que conforman el Corpus lingüistico son mucho más fácilmente definibles que las eventuales unidades en las que podría descomponerse la interacción social. La diferencia radica básicamente en que el lenguaje, considerado en su dimensión principal, es decir comunicativa, tiene por función explícita vehicular unos significados intencionales y unívocos, mientras que los significados transmitidos por la actuación no lingüística no constituyen usualmente su objetivo explícito y principal. El éxito del intercambio lingüistico está precisamente e'n la coincidencia de los significantes y de los significados para los interlocutores. Toda disparidad entre el mensaje que se pretende emitir (significado para el emisor) y el mensaje efectivamente recibido (significado para el destinatario) es imputable a un disfuncionamiento (ruido, diferenIBAÑEZ, T., «Factores sociales de la percepción: hacia una psicología social del significado», Quaderns de Psicologia, núm. 1, (segona epoca), pp. 71-81, 1979, Barcelona.
cia de código, diferencia en los especificadores contextuales.. .). La situación-tipo es aquella en la cual el significado es idéntico a la salida y a la llegada y donde las significaciones transmitidas involuntariamente por el emisor pueden considerarse como irrelevantes. En la interacción no directamente centrada en la comunicación, el valor de la significación recogida por el sujeto no se puede medir por su grado de adecuación a la significación conscientemente emitida por el actor. La codificación y la descodificación se efectúan en niveles distintos y con parámetros diferentes. El problema no es aquí el de las reglas de correspondencia entre significados y significantes, como es el caso de la semántica; el problema es mucho más complejo, puesto que nos enfrenta con la construcción de significados a partir de la utilización conjunta de distintos códigos que para colmo son, además, de naturaleza distinta. I EL ENTRAMADO MATERIAL El énfasis sobre las determinaciones conductuales provenientes del entorno4 ha corrido por cuenta de las orientaciones de tipo conductista, aunque también los gestaltistas aportaron su grano de arena insistiendo sobre la pregnancia de las ((buenas formas». Es, por supuesto, lógico que las orientaciones que más ahínco pusieron en la investigación de los efectos resultantes del medio fueran precisamente aquellas que mayor importancia concedían a los procesos no cognoscitivos en la configuración de las conductas. La psicología ambiental y la ecopsicología han capitalizado el esfuerzo realizado desde el conductismo, quedando sin duda marcadas por esta herencia pero realizando a la vez una valiosa operación de apertura en dirección a otras plataformas teóricas. De hecho la ecopsicología y la psicología ambiental han ido constituyendo y descubriendo paulatinamente un amplísimo campo de investigación que abarca: - desde la determinación casi automática de las secuencias conductuales y mentales; A nadie escapará que existe una tercera gran fuente de determinación que no se aborda en este planteamiento: las estructuras innatas y las componentes biológicas de las conductas. Esto no significa que no se reconozca la importancia de esta dimensión; todo lo contrario. Consideraremos aquí lo biológico como la base sobre la cual se articulan las restantes determinaciones, pero sin detenernos en su análisis. La importancia y la complejidad del substrato biológico de la conducta social son de tal magnitud, que hemos optado por «neutralizar» esta dimensión, aun con el riesgo de distorsionar nuestro enfoque.
- hasta los más tenues efectos de inflexión de las conductas; - pasando por sutiles pero incisivos y duraderos moldeamientos de la acción y del pensamiento de los sujetos. La interacción entre lo semiótica y lo material La continua referencia a las explicaciones formuladas en términos de significado y a las explicaciones formuladas en términos de presión del entorno no constituye ninguna reedición o reproducción de la vieja polémica entre situacionismo y personalismo, aunque sin duda alguna se pueden notar algunas reminiscencias. La intención que nos anima es precisamente la de sobrepasar ese tipo de polémica y de planteamiento. Las salidas más positivas que han solido tener los enfrentamientos entre opciones tajantemente dicotómicas han consistido en abandonar la línea de fuego y dejar de buscar ((elementos de prueba)) que estableciesen la supremacía de una de las dos posturas en juego. El caso de la polémica «Nature-Nurture)) es realmente ejemplar al respecto. Tras años de buscar intensamente cuál de los dos factores es el más decisivo o de intentar medir el peso respectivo de cada uno de ellos, se impuso la conclusión que siempre termina por imponerse en estos casos: a saber, que la cuestión realmente importante apunta a la ((interacción» entre los factores y el análisis del modo de funcionamiento de cada cual en tanto que se halla posibilitado, condicionado, potenciado, inhibido o anulado por el otro. En el caso que aquí nos preocupa está claro, por ejemplo, que uno de los múltiples factores susceptibles de determinar el «significado para el sujeto. es precisamente el propio contexto material ((desde el cual» éste procede a la lectura de las situaciones. Asimismo, está claro que el contexto material no ejerce los mismos efectos de determinación según sea el tipo de significado que el sujeto le atribuye; baste recordar los resultados obtenidos desde la teoría de la disonancia cognoscitiva para cerciorarse de ello (especialmente elocuentes son los estudios de J. Brehm sobre la sed y los resultados de Ph.G. Zimbardo sobre el control del dolor). La tentativa de sobrepasar un planteamiento dicotómico puede verse facilitada con la ayuda de ciertas herramientas conceptuales elaboradas en terrenos ajenos al interaccionismo simbólico, a la ecopsicología e incluso a la propia psicología social. Estoy refiriéndome en concreto al trabajo teórico desarrollado por Michel Foucault y, más especialmente, a su concepto de «dispositivo disciplinario* entendido como un instrumento de determinación de las mentes y de los cuerpos. En efecto, el concepto de disciplina, tal
y como lo ha elaborado Foucault, constituye un magnífico ejemplo de concepto integrador, de concepto «crisol» en el cual se funden los aspectos materiales y los aspectos semiológicos y en donde el significado se inscribe en la materia a la vez que el juego de la materia'engendra ideología. La espiral entre lo semiótico y lo material: los dispositivos disciplinarios Cuando una ameba se aleja rápidamente de una gota de ácido, parece 1ícito declarar que la ameba ha procesado una información y que ha emitido la conducta que está conectada en su patrimonio genético con ese tipo de información. La cuestión está en saber si también es lícito afirmar que la gota de ácido tiene un asignificado» para la ameba. Me inclino por una respuesta decididamente negativa, salvo en el caso de que consideremos una utilización puramente analógica o metafórica del término «significado». En efecto, hablar de significado en este caso nos conduce a no poder diferenciar las operaciones de atribución de significado, por una parte, y las simples relaciones causa/efecto, o estímulo/respuesta, por otra parte. A nivel filogeníttico (y probablemente también a nivel ontogenético) parece que el ser vivo comience por reaccionar a las informaciones provenientes del medio, o, mejor dicho, a las informaciones provenientes de su interacción cSn el medio, siguiendo unas pautas estrechamente programadas en/por su genoma. Más adelante, en la cadena de la evolución (y probablemente de la maturación) el ser vivo se torna menos dependiente de una estricta determinación genética e incluye cada vez más procesos de tipo hermenéutico. El proceso por medio del cual pasamos de un tratamiento de la informacibn en términos de reconocimiento/elaboración de «señales» a un procesamiento de la información en términos de reconocimiento/elaboración de «significados», constituye ciertamente una operación compleja, de difícil análisis y comprensión, pero que ocupa un lugar central en el proceso de la hominización. Si echamos una rápida mirada a la historia del hombre, y más concretamente a la historia de sus interacciones sociales, podemos ver cómo va aumentando, a medida que remontamos el tiempo, la importancia de las inducciones materiales de tipo estímulo/respuesta o, si se prefiere, de tipo «procesamiento de señales-respuestas genéticamente programadas)). El caso de las relaciones de dominación es particularmente ilustrativo al respecto. Nuestros remotos antepasados se preocupaban probablemente bastante poco de conseguir la obediencia de sus semejantes. La fuerza, la astucia o la
habilidad les servían para conseguir, o intentar conseguir, los bienes que apetecían. Se sometían y abandonaban un bien o desistían de intentar conseguirlo, cuando estas mismas características se presentaban, o parecían presentarse, con mayor peso en el contrincante. Tuvo que transcurrir bastante tiempo antes de que se desarrollara una «tecnología de la obediencia» y que se forjaran nuevos procedimientos para doblegar la voluntad ajena ante la voluntad propia. Con la aparición de este nuevo saber se produjo una revolución en la tecnología del poder y el hombre no cesó ya de perfeccionarla: juego de las amenazas y de las recompensas, sutilmente entremezcladas, recurso a lo sobrenatural, invención de la legitimidad dé1 mando, subyugaciories diversas, etc.. . Las técnicas más rudimentarias empezaron actuando sobre el cuerpo para conseguir del otro lo que se pretendía (suplicios, castigos corporales, caricias refinadas.. .). El perfeccionamiento siguió una línea de creciente semiologización. Los sistemas de creencias, las ideologías, los códigos morales, permitieron actuar sobre la mente sin tener que tocar los cuerpos «...Cuando hayáis formado así la cadena de las ideas en la cabeza de vuestros ciudadanos, podréis entonces jactaros de conducirlos y de ser sus amos. Un déspota imbécil puede obligar a unos esclavos con unas cadenas de hierro, pero un verdadero político ata mucho más fuertemente por la cadena de sus propias ideas. Sujeta el prirner cabo al plano fijo de la razón; lazojtanto más fuerte cuanto que ignoramos su textura y lo creemos obra nuestra; la desesperación y el tiempo destruyen los vínculos de hierro y de acero, pero nada pueden contra la unión habitual de las ideas, no hacen sino estrecharla más; y sobre las flojas fibras del cerebro se asienta la base inquebrantable de los Imperios más sol id os^^. Sin embargo, esta línea de «progreson asentada en la semiología se quiebra en el siglo XVIII y Foucault nos muestra cómo vuelven a aparecer entonces unas técnicas de «inducción material» que aseguran la sujeción de los hombres. Con el adyenimiento de los «dispositivos disciplinarios» las relaciones de poder prescinden de los «signos» y de las ideologías pasando a grabar sus efectos directamente sobre los cuerpos de los sujetos y consiguiendo, de esta forma, moldear sus mentes de forma subrepticia6. Citado por M. FOUCAULT en Vigilar y castigar, México, Siglo XXI, 1976, pp. 107. ~ste- ' fragmento proviene del libro de M. SERVAN, Discours sur l'udministration de lajwtice criminelle, cuyo año de publicación remonta a 1767. Para una magnífica exposición acerca de los «dispositivos disciplinarios,,, ver la obra de M. FOUCAULT: Vigilar y castigar. También se puede encontrar una exposición resumida en T. IBÁNEZ: Poder y Libertad, Barcelona, Ed. Hora, 1982, (en prensa).
20 QUADERNS DE PSICOLOGIA en cuanto a su sistema de lectura, que es en este caso de orden puramente perceptivo-visual. Sean unos mismos objetos estímulos que los sujetos deberán descodificar: dos series de 20 diapositivas cada una. Cada diapositiva presenta con una disposición variable el mismo número de puntos de color, pero en tal cuantía que es imposible contarlos en el tiempo de la exposición. Procedimiento: Una vez que el sujeto está instalado en la situación que le corresponde se le informa de que: 1) se trata de una tarea de ((evaluación perceptivan; 2) debe evaluar lo más exactamente posible, el núhero de puntos que hay en cada diapositiva, sabiendo que éste es invariable en todas ellas; 3) debe transmitir su evaluación al experimentador después de cada diapositiva, por medio de unas teclas numeradas; 4) recibirá en respuesta a \ su evaluación la señal + , - , o bien = , según que la evaluación emitida por otro sujeto presente en la sala contigua sea superior, inferior o idéntica a la suya propia; 5) concluirá la presentación de diapositivas de una serie cuando aparezca el signo = . En realidad, ocurre lo siguiente: Durante la primera serie, D1, el experimentador comunica sistemáticamente al sujeto el signo + , indicándole así que su compañero emite evaluaciones más altas que las suyas. Al final de la serie D1 se comunica al sujeto que ha sobreevaluado el número real de un 10 O/o aproximadamente y en promedio. Al inicio de la segunda serie, D2, se comunica al sujeto que esta serie tiene el mismo número de puntos que la anterior, pero que su compañero ignora este dato. Con ello el sujeto cree saber cuál es aproximadamente el número real de puntos presentados en las diapositivas. El sujeto cree, pues, disponer de la verdad. La serie D2 se presenta de la misma forma que la anterior, es decir, se enB vía sistemáticamente el signo + . Una vez concluida la presentación de la segunda serie se formulan al sujeto las siguientes preguntas: - cuántas series está dispuesto a Seguir visionando; - cuál es su opinión acerca de la finalidad del experimento, dándole a elegir entre: a) medir la capacidad de concentración visual de los sujetos; b) evaluar la resistencia de los sujetos ante la influencia, y c) analizar la manera en que se establece un consenso. - Qué valor conceden al hecho de que una persona defienda lo que estima ser la verdad. (Esta pregunta está destinada a conocer de refilón un aspecto de la teoría de la disonancia).
INTERACCIÓN DE FACTORES EN LA DETERMINACIÓN DE LA CONDUCTA 21 ' Con esto se da por finalizado el experimento. El diseño y las hipótesis son los siguientes: Nuestra variable independiente está constituida por el grado de confort que presenta la situación en la que se coloca al sujeto y tiene dos valores que definen dos tipos de relación material con la situación: una posición en la cual el sujeto desea acabar con la situación y, por otra parte, una posición en la cual el sujeto puede permitirse «esperar» y no apresurar las cosas. Disponemos de cinco variables dependientes: 1. Las evaluaciones emitidas durante D, (búsqueda de una norma común, susceptibilidad a la influencia, situación de-tipo Sherif.. .). 2. Las evaluaciones emitidas durante D2 (grado en que uno está dispuesto a alejarse de «la verdad))). 3. Número de series que el sujeto se declara dispuesto a seguir viendo. - . - -- - - - - - - - . - . - -. - - - - - -- - 4. Elección de una de las respuestas a): b), e). 5. Actitud hacia la «fidelidad a la verdad)). Nuestras hipótesis son las siguientes: 1. En la serie D, las evaluaciones tenderán a aumentar entre el principio y el final de la serie y tendrán una pendiente significativamente más pronunciada para los sujetos de tipo «B» que para los sujetos de tipo «A». 1 20 Diapositivas « D, ))
22 QUADERNS DE PSICOLOGIA 2. En la serie D2 las evaluaciones, supuestamente «acertadas», variarán escasamente a lo largo de la serie en lo que concierne a los sujetos de tipo «A)), mientras que las evaluaciones emitidas por los sujetos «B», estables durante una parte de la serie, experimentarán un brusco despegue: 3. Los sujetos «A» se declararán dispuestos a ver un número de series significativamente más alto que los sujetos «B». 4. Los sujetos del grupo «B» eligirán más respuestas de tipo b que los sujetos del grupo «A», mientras que estos últimos darán más respuestas de tipo c que sus compañeros del grupo «B». 5. Los sujetos del grupo «A» tendrán una actitud más favorable hacia la defensa de la «verdad» que sus compañeros del grupo «B». En el caso de que estas hipótesis no se vieran refutadas por el experimento podríamos seguir afirmando que no vemos ninguna razón para no considerar válida la hipótesis que hemos enunciado. Por supuesto, el auténtico interés de esta hipótesis no radica en la interpretación de situaciones tan triviales como la que hemos descrito, sino en la interpretación de situaciones que conlleven un material de tipo ((ideológico)) y con una carga de elementos «significativos». Sin embargo, lo importante es comenzar a dilucidar los mecanismos por los cuales se elaboran las representaciones eidéticas, y sobre todo analizar la función que desempeñan los aspectos materiales de las situaciones en ese proceso de elaboración.. . Como se ve, el camino por recorrer se anuncia largo. Evaluaciones A B 1 lA serie Diapositivas (< D2)) 20