Reinventar el Mare Nostrum : el Mediterráneo como espacio de cooperación y seguridad
Abstract
En noviembre de 1995 se va a celebrar una conferencia euromediterránea. El interés de los europeos por la estabilidad en el Mediterráneo ha dado lugar, en los últimos cinco años, a una multiplicación de foros políticos y de marcos de cooperación. La Unión Europea, junto a la UEO y la OTAN, están implicadas en este proceso.
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Papers 46, 1995 9-23 Reinventar el Mare biostrum: el Mediterráneo como espacio de cooj eración y seguridad Esther Barbé 1 Cateddtica de Relaciones Internacionales Directora del Centre &Estudis sobre lla Pau i el Desarmament Universitat Autbnoma de Barcelona. 08 193 Bellaterra (Barcelona). Spain Resumen En noviembre de 1995 se va a celebrar una conferencia euromediterránea. El interts de 10s europeos por la estabilidad en el Illediterráneo ha dado lugar, en 10s últimos cinco atíos, a una multiplicación de foros políticos y de marcos de cooperación. La Unión Europea, junto a la UEO y la OTAN, están implicadas en este proceso. Palabras dave: política mediterráne;l? Unión Europea, diplomacia espaiiola, Mediterráneo occidental, OTAN, UEO. Abstract. Rethinking the Mare Nost~urn: the Mediterranean as an area for cooperatin and securi9 A Euromediterranean conference is going to take place in november 1995. European interest in Mediterranean stability has ~rroduced, during the last five years, a great number of political forums and frameworks for cooperation. The European Union, dong with the WEU and NATO, are involved in ~:his process. Key words: Mediterranean politics, European Union, Spanish diplomacy, Western Mediterranean, NATO, WEU. 1 Sumario Introd~ucción Diáiogo politico: la mirada Dos orilias, un clestino al sur de la UEO y la OTAN Imaginación diplomática: el uso A modo de conclusión: Barcelona 95 de la geometria VY Bibliogrdía citada Un nuevo mundo: la riv idad Este-Sur en la Unión Europea
10 Papers 4G, 1995 Esther Barb.! La regidn mediterránea se caracteriza por ese eterno dilema entre unidad de concepto y diversidad de hecho. Francisco IFernández Orddfiez, 1990 Durante el mes de noviembre de 1995 la presidencia espafiola de la Unión Europea convertirá la ciudad de Barcelona en escenari0 de una conferencia euromediterránea. Acordada por el Consejo Europeo de Essen (9 y 10 de diciembre de 1994), esta ((conferencia deberia alcanzar un acuerdo sobre una serie de orientaciones económicas y políticas para la cooperación euromediterránea de cara al sigla XXI e instaurar un diálogo permanente y regular sobre todos 10s temas de interés comúnn. A lo que 10s (todavía) Doce suman 10 siguiente: (cel Consejo Europeo ha expresado su inquietud frente al progreso de las fuerzas extremistas e integristas en varios paises del norte de &rica))'. La convocatoria de esta conferencia parte, pues, de una inquietud entre 10s paises europeos. Una inquietud que tiene mucho que ver con 10 que López Garcia y Núiíez Villaverde (1994:140) han denominado el ccmito que asocia el Islam con el fanatismor). Mito al que 10s autores citados suman otro mis, el ccmito de la invasión),, derivado de la connparación entre las proyecciones demográficas en las dos orillas del Mediterráneo. Es decir, el vuelco demográfico en el Mediterráneo que recogen las cifras: si la relación en 1960 era de 1 habitante en el Sur por cada 4,7 en el Norte, en el período 1990-2000 esta relación se calcula en 1 a 2 y de cara al afio 2025 se prevé una cifra similar en las dos orillas, de alrededor de 170 millones de personas (Safir, 1993: 81). Los dos mitos apuntados por el ccojo europea)) que aborda el análisis de la región mediterdnea no son sino manifestaciones de dos gaandes fracturas del sistema internacional: En primer lugar, el Mediterráneo se ajusta, en términos económicos, a la fractura Norte-Sur. De ahi que sea calificado de ((frontera entre el mundo industrialirado y el Tercer Mundo)) (Tovias 1994: 7). Sin ir más lejos, en 1992 la renta per cápita de un espafiol era trece veces superior a la de su vecino marroquí. La proximidad geográfica contrasta, pues, con la lejania económica. En segundo lugar, siguiendo la fractura más destacada en la posguerra Eria -el choque entre civilizaciones (Huntington 1993)-, el Mediterráneo constituye la frontera entre el mundo musulmán y el mundo cristiano. Términos como ((reinventar)) --recogido en el titulo de este articuloo ((repensar)) son habituales entre 10s analistas de las relaciones internacionales 1. (Consei1 Européen. Réunion des 9 et 10 décembre 1994 A Essen. Conclusions de la présidence)) en Europe, núm. 6376, 1 1, diciembre de 1994, p. 1 1.
El Mediterrhneo como espacio de cooperac/i6n y seguridad Papers 46, 1995 I I en 10s últimos aííos. La desaparición del muro de Berlin ha desencadenado un proceso de cambios a nivel inr rnacional que ha afectado de manera directa 7 (negociaciones de paz árabe-israelies, guerra del Golfo) o indirecta (programa de reconstrucción económical para el este de Europa) a la orilla sur del Mediterráneo. Tanto es asi que 1 Mare Nostrum ha dado lugar a nuevos plan7 teamientos teóricos, combinados con programas de actuación. Este articulo centra su interés, justamente, ed 10s mencionados programas de actuación. LO que nos obliga a revisar, sucesiJamente, 10s presupuestos teóricos de partida, la voluntad política de las pardes y 10s instrumentos de actuación. En otras palabras, Barcelona 95 como re ultado de una visión global del Mediterráneo i en la que las instituciones europeas hacen frente a riesgos sociales, económicos y políticos latentes en la orilla rbr del Mare Nostrum. Dos orillas, un destino ~ ¿Eniste una región mediterránka? ¿Se puede hablar de una zona de interés global? Durante largos afios la global del Mediterráneo estuvo ligada, más aüá de la evidencia mar), a la geoesuategia mundial (Barbé, 1984). De tal de una región mediterránea venia determinada por la estrategia de la; dos superpotencias que en ella desplegaban, frente a frente, sus flotas navales y aéreas. El reduccionismo geoestratégico ha dado paso a un enfoque más complejo del Mediterráneo, en el que 1 termino de globalidad desempefia un papel central. Tanto es así que 10s anal'stas de la seguridad han tomado el caso medi-. terráneo como paradigmático p I ra aplicar 10s nuevos enfoques de la seguridad global2. Estos enfoques tratan, junt0 a 10s temas tradicionales de la seguridad como las materias estratégicas o 10s conflictos armados, 10s problemas medioambientales o las cuestiones socioculturales. El Mediterráneo, mar militarizado, polucionado y cuna de la ivilización, goza de todos 10s atributos para F atraer el interés del analista de la seguridad global. La visión multidimensionail 'de la seguridad global (defensa, ecologia, economia, migraciones, derechos hkmanos, etc.) plantea de nuevo la pregunta de partida: 2Mediterráneo o ~edirbrráneos? Es decir, la voluntad prescriptiva del analista de la seguridad globd Lonformar un espacio de cooperación en el Mediterraneose ha de preguktar si existen suficientes elementos en común para abordar la región en su codjunto. Esta cuestión ha sido abordaha por un gran número de obras en 10s últimos afios. Paradójicamente, Xa nocikn de globalidad está vinculada a la idea del Mediterráneo como zona de frdntera (fractura o división). Asi 10 recoge, por ejemplo, un informe de la Fu~nQaciÓn Bertelsmann: ((El Mediterráneo es más 2. Vkase, en estas páginas, el articulo be Rafael Grasa sobre ((El Mediterráneo desde una perspectiva globalizadora de la seguridbdr.
112 Papers 46, 1995 Esther Barb6 (que un mar común a 10s paises que 10 rodean. De hecho es una red densa, formada por una diversidad de líneas divisorias. Esto es, líneas divisorias entre sistemas económicos y de seguridad diferentes, entre sistemas políticos y culturas políticas diferentes, y entre diferentes lenguajes, formas de expresión y cienominaciones religiosas)) (Weidenfeld, 199 1 : 7). Esta red -productora, en principio, de conflictos y de tensiónpuede j~ugar las veces de ccunificadora)) del espacio mediterráneo. Esta es la conclusión que se puede extraer de Xa guerra del Golfo, en la que las sociedades de la iribera sur del Mediterráneo desempefiaron la función de: cccorrea de transmisión)) entre la zona de conflicto y la seguridad europea. En efecto, el ccsentimiento cm dichas sociedades de pertenencia a una comunidad árabe-musulmana (per- :;as, beréberes o cristianos no tienen por qué excluirse, dado que pueden idenitificarse con uno u otro de 10s caracteres comunitarios) convierte el espacio geográfico que se extiende entre Irán (algunos apuntan hasta Pakistán) y ,Mauritania en un espacio permeable^ (Barbi, 199 1 : 57). Sami NaYr (1 99 1) ha lhablado de ccunidad y profunda imbricación del conjunt0 de 10s problemas (que se plantem en la vertiente sur del Mediterráneo)). De ahí que Barry Buzan l(1991: 190) haya definido el mundo árabe-musulmán como un complejo de seguridad, entendiendo por tal ccun grupo de estados cuyas preocupaciones lbásicas en materia de seguridad 10s vinculan entre sí, a tal extremo que es impo- :sible considerar sus seguridades nacionales las unas al margen de las otras3. Este complejo de seguridad ha sido verificado durante 10s largos afios del coniflicto árabe-israelí. La existencia del complejo de seguridad árabe-musulmán, por una parte, .y la adopción por parte de las diplomacias europeas de una concepción mulitidimensional de la seguridad4, por otra, han favorecido 10s planteamientos globalizadores del Mediterráneo, en términos temáticos y geográficos. Lo que no comporta, a priori, ni conflicto ni cooperación. Basándose en Fernand Braudel, Roberto Aliboni (1 99 1: 2) nos recuerda que (cel Mediterráneo es una {encrucijada, abierta a las infllrencias y a 10s intercarnbios, y por tanto a la cooperación y a la seguridad tanto como al conflicto y a las tensiones; una encrucijada, sin embargo, que aún divide diferentes partes del Mediterráneo. El10 ,significa que la cooperación y la seguridad son posibles, pero no se pueden (dar por asumidas. Requieren un esfuerzo de voluntad y comportamientos adecuadosu. 3. Las otras zona del mundo que constituyen complejos de seguridad son: America Latina, África Austral, sur de Asia y Sudeste asikico. ,4. La concepción multidimensional de la seguridad es adoptada, de manera tardia, incluso por la OTAN: (Ahora es posible sacar todas las consecuencias de 10s elementos políticos, de seguridad y estabilidad y de sus dimensiones económicas, sociales y medioambientales, además de la indispensable dimensión defensiva. Ante 10s distintos retos con que se enfrenta la Alianza se impone una concepción amplia de la seguridadn, en Nuevo concepto estrathgico de la Alianza (aprobado por 10s jefes de estado y de gobierno en la reunión del Consejo del Atlántico Norte, celebrada en Roma del 7 al 8 de noviembre de 1991).
El Mediterráneo como espacio de cooperaci6n y seguridad Papers 46, 1995 13 Eso es 10 que lleva a pregulitarnos por la voluntad política mostrada y por 10s comportamientos adoptadlos en 10s últimos afios en 10 que se refiere a la creación de un espacio de para el Mediterráneo. Preguntémonos, pues, por Imaginación diplomática: el liso de la geometria variable La idea de crear un espacio de cooperación y seguridad en el Mediterráneo no es nueva. Antes de la caida del muro de Berlin el tema habia generado dos tipos de propuestas. En primer lugar, las propuestas de carácter global y multilateral --capitulo en el Acta Final de Helsinki (1975), propuestas de la Unión SoviCtica (1986) y de 10s no alineados (1987), resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas (1982)- que tuvieron un efecto muy limitado, dados 10s constrefiimientos de 1 bipolaridad. En segundo lugar, hay que hacer r mención de otro tip0 de prop estas, más vinculadas a Europa Occidental y con objetivos temáticos o geo$áficos limitados. En era política de petitspas destaca el papel desempefiado por Francia. En la política de petitspas se suman proyectos que no ven la luz -la propuesta del presidente Mitterrand ante el ~arlamento marroquí, en enero de 1983, de convocar una conferelicia del Mediterráneo occidentaipor su carácter prematuro, con iniciativas puntudes, entre otras: 10s encuentros culturales de Hydra, organizados por Jack Lang en 1982; el seminari0 económico de Gredos, de 1986; la iniciativa Bersani del Intergrupo Mediterráneo del Parlamento Europeo, de 1987, y el lanzamiento del Foro Mediterdneo, organizado por primera vez en MI sella en 1988. Jacques Huntzinger (1 989: 5), i responsable del proyecto del Foro Mediterráneo irnpulsado por el Quai d'Orsay, abordaba el tema de la cooperdión en la región en 10s siguientes térrninos: uel establecimiento de una cooperación mediterránea no debe dar lugar, a medio plazo, ni a una construcción pollitica grandiosa y ambiciosa, ni a un pacto estratégico, ni a una organización internacional más. La perspectiva debe ser concreta, pragrnática, flexible y operativa)). Las transformaciones del sistema internacional, a partir de la caída del muro de Berlin y la descomposición del bloque del Este, van a resituar el tema de la cooperación y la seguridad en 1 Mediterráneo. En efecto, las primeras apree ciaciones sobre el tema están d~i ectarnente vinculadas a 10s cambios en Europa T del Este. A finales de 1989, el p esidente González, en una visita a Marruecos, advertia del peligro de 10s unuelos vecinos)). Es decir, que 10s vecinos del Este ocuparan en la agenda comunitaria un espacio antes reservado a 10s paises de la ribera sur del Mediterráneo, desplazándolos asi en el terreno financiero. En otras palabras, el Este se convierte en una rival para el Sur, 10 que genera reacciones entre 10s países árabes ;afectados, como es lógico, pero también entre 10s rniembros mediterráneos de la Comunidad. El activismo tradicional de Francia en materia mediterránea va a solaparse, en este caso, con la diplomacia espafiola. El motor hispano-francés parte, sin embargo, con una disfuncionaiidad que 10s aííos van a corregir. En efecto, las estrategias propuestas por
14 Papers 4G, 1995 Esther Barb6 Francia y por Espafia son, en un primer momento, diferentes. Asi, Francia mantiene la concepción desarrollada en 10s últimos afios de la guerra fría, centrada en el Mediterráneo Occidental y altamente pragmática. Esparia, por su parte, se lanza a un proyecto de ingeniería diplomática mucho más complejo, para el que va a contar con el apoyo italiana. En el primer semestre de 1990, Fernández Ordófiez hacia mención a las propuestas espafiolas para el Mediterdneo, basadas en la experiencia de la CSCE5. El ministro espafiol se preguntaba: ((¿Por qué no aplicar a la región mediterránea el mismo modelo que ha dado tan buenos resultados en Europa? ¿Por qué no desarrollar un sistema global para promover la estabilidad, garantizar la seguridad y prevenir las crisis? Un sistema que tenga en cuenta, con una visión global y equilibrada, todos 10s aspectos de la seguridad, que favorezca el desarrollo económico y estimule el didogo intercultural. En suma,.¿por qué no convocar una Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperac~ón en el Mediterráneov (Fernández Ordófiez, 1990: 910). El proyecto de la CSCM ve la luz pública bajo la forma de proyecto hispano-italiano, presentado en la reunión de la CSCE sobre problemas ecológicos en el Mediterráneo, celebrada en Palma de Mallorca (setiembre de 1990). Este proyecto tuvo que convivir con un backgoundmuy especial -la crisis y, finalmente, la guerra del Golfoque, sin duda, incidió en su destino. Para empezar, la CSCM, recogida en 1991 en un documento conjunt0 de Espaíía, Italia, Francia y Portugal, pasa a definirse como ccparaguas)) o ((estructura de acompafiamiento a 10s arreglos poscrisis del Golfo y a la resolución de la cuestión 10 que nos permite pensar en términos de complementariedad y no de aiternativas excluyentes. Aspecto importante, como veremos más adelante. A la idea de complementariedad se suman otras dos, que inciden plenamente en temas y problemas ya planteados aquí. Nos referimos a 10s dos grandes criterios que deberian articular la CSCM: globalidad y progresividad. El criterio de globaiidad se refiere al ámbito (la región mediterránea en sentido amplio, incluyendo Oriente Medio y el Golfo), a la participación (paises de la región o con intereses en la región) y al contenido (todos 10s temas que afecten a la cooperación y a la seguridad, siguiendo la lógica de una agenda globaiista). El criterio de progresividad comporta el cadcter selectivo y la naturaleza expansiva del proceso. Lo que permite, de entrada, dejar fuera de la agenda 10s temas adisruptivos)) por definición. La metodologia CSCM muestra, en un principio, una opción divergente respecto de la política francesa, ya mencionada. Se puede decir que la metodologia francesa (ámbito limitaclo a la zona del Mediterrineo occidental y agenda de trabajo técnico-funcional) subyace en el proceso Cuatro (Espafia, Francia, 5. Vease, en este mismo número, el articulo de Nora Sainz titulado sLa dimensión mediterrLnea de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa: de región limítrofe a campo de aplicaciónr. 6. <Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en el Mediterrineo)) (documento conjunto de España, Francia, Italia y Portugal). Madrid: Oficina de Información DiplornLtica, 1991, p. 2.
El Mediterrineo como espacio de coopera46n y seguridad Papers 4G, 1995 15 Un nuevo mundo: la rivdidad ste-§ur en la Unión Europea P por su homogeneidad, y 10s lazos históricos, culturales y de roda indole existentes entre fiola sigue convencida cuenca mediterránea Mediterráneo no es o dividir)). ((El primer circulo de la CEE es la propia CEE. El segundo circulo son 10s países del Sur: 10s paises ACP y 10:; árabes, y entre estos últimos, 10s paises árabes del Mediterráneo Sur)) ( ader, 1992: 177). Esta afirmación, válida P durante muchos Gos, entra en c isis a finales de 10s afios ochenta. La puesta en F marcha del Plan Phare, en julio pe 1989, o del BERD, en enero de 1990, son evidencias de una opcibn pol'tica: la voluntad y 10s recursos de Europa t Occidental en la posguerra fria se centran en la recuperación económica de 10s paises de Europa Central y ~riintal (Pecos). Lo que, en términos de coopeLa evolución de 10s Argelia, lentitud del proceso dt: de la CSCM en el terreno de 1%; del Atlántico Norte (febrero de diálogo mediterráneo impulsaalo por Egipto, cuya primera reunión a nivel ministerial tuvo lugar el 4 de ju io de 1994 en Alejandría. El diáiogo, limitaI do por el número de participant s (10s Cuatro más Egipto, Marruecos, Argelia, e Túnez, Grecia y Turquia), ha mpstrado rápidamente la división entre el enfoque francés más orientado a problemas concretos y el ambiente general, deseoso ante todo de mantener un cahal de comunicación política abierto. El marco Cinco más Cinco se ha visto afectado por 10s problemas antes mencionados (Libia, Argelia) . El10 nos lleva, en materia de En efecto, a diferencia del se han encargado multiforme entre 10s núcleos duros y las relaciones acontec'mientos (aislamiento de Libia, guerra civil en paz en Oriente Medio) ha dejado el proyecto referencias simbólicas, como la de la Asamblea 1993), o ha ((revividon, simbólicamente, en el
16 Papers 4G, 1995 Esther Barb6 ración, comporta que en el periodo 1992-1996 la Comunidad haya dedicado cinco veces más recursos al Este que al Mediterráneo. La voluntad de corregir dicha política ha partido, como no podia ser menos, del lobby mediterráneo en el marco de la Unión Europea. La idea de una política mediterránea de la Comunidad tom6 cuerpo, por primera vez, en la cumbre de jefes de estado y de gobierno de 10s entonces Seis, celebrada en París en 1972. A iniciativa del presidente Pompidou, la Comunidad unió a la mecánica bilateral seguida hasta ese momento una lógica global, que pretendia aplicar un mismo esquema (acuerdos de cooperación) a todos 10s paises del Magreb y del Machrek. Esquema que reflejaba (cel sentido de misión y de intereses propios de la Comunidad en el mundo mediterráneo)) (Girasberg, 1989: 117). Dichos acuerdos preveian esencialmente preferencias comerciales, cooperación financiero-técnica y contactos institucionales. Esta politica, tildada de grandilocuente (Dinan, 1994: 459), obtuvo escasos resultados. Al resultado negativo per se se sumó el ingreso, en 10s aiíos ochenta, de Espaiía, Grecia y Portugal a la Comunidad, con la consiguiente merma para las ventajas de 10s paises terceros del Mediterdneo en el terreno comercial (Tovias, 1990; Khader, 1992). En 10 que respecta al diálogo politico -comprendido en la lógica de una política global-, 10s Nueve pusieron en marcha a través de la Cooperación Política Europea, y como resultado de la guerra del 73, el Diálogo ~uro-Árabe, teniendo como interlocutor a la Liga Árabe (10 que ampliaba geográficamente la lógica mediterránea). En este caso, nos hallamos ante un nuevo fracaso (Aliboni, 1990: 156), ya que en ningún momento se llegó a establecer, con todas sus consecuencias, el trade-ofdeseado por el Inundo árabe como base para el éxito del diálogo; es decir, la garantia del petróleo árabe a cambio de apoyo europeo pleno en el conflicto árabe-israelí. A finales de 1980, momento en el que se transformaron las condiciones globales del sistema internacional, las relaciones entre la Comunidad y sus socios mediterráneos están claramente desequilibradas a favor de la primera (Khader, 1992: 206). Se ha creado una situación de dependencia o de asimetria (López Garcia y Núfiez Villaverde, 1994: 129) reflejada en 10s déficit comerciales de 10s paises mediterráneos respecto de la CE. Los paises árabes del Mediterdneo, en general, y el Magreb, de manera particular, van a atraer nuevamente la atención de la Comunidad, una vez superado el ccespejismou de la Europa del Este. Las migraciones hacia la Comunidad, desde el Magreb y Turquia, sumadas a la tensión creada por la guerra del Golfo, explican el ((redescubrimiento)) del Mediterráneo por parte de 10s Doce. Remy Leveau (1992: 204) elabora un diagnóstico de la situación social que nos puede ayudar a ((situar)) la política mecliterránea de 10s Doce en 10s afios noventa: ((El Estado providencia y las imágenes de las televisiones europea5 proyectadas hoy directarnente a millones de telespectadores del Magreb o de Turquia crean, a la vez, una fascinación y una frustración que se traducen en un deseo de otros lugares, en una voluntad de partida que afecta sobre todo a 10s jóvenes. Pero las imágenes transportan también la percepción de una sociedad inaccesible que 10s rechaza y justifica un repliegue de identidad
El Meditcrránco como espacio de coopera,ti6n y ~e~uridad Papers 46,1995 17 que favorece 10s movimientos is~amistas. A corto plazo, esta evolución se traduce también por un nuevo 6:odo de clases medias de formación moderna que no encuentran hoy su puesto en las sociedades magrebiesn. Todo el10 lleva a caracterizar, como indican algunos analista con preocupación (Lorca, 1992: 9), a 10s vecinos del Sur como ((zona de fricción)), frente a un Este considerado ((zona de c-ooperación)). En cuaiquier caso, 10 cierto es que las presiones del lobby mediterrá-deo en la Comunidad (Espaiía, Francia e Itaiia) van a impulsar un nuevo enfocjue de las relaciones con 10s paises del Mare Nostrum. La Política Mediterrilnea Renovada (PMR), adoptada en diciembre de 1990, se caracteriza por dos cosas: 1) un aumento de 10s montantes financieros para el periodo 1992-1 996, y 2) el Consejo avanza por la via del diáiogo politico, al hacer referencia., por primera vez, al respeto de 10s derechos humanos y a k promoci6n de 14s valores democráticos. El aumento de la contribuc116n financiera para el periodo 1992-1 996, que pdcticamente se triplicó respecto del periodo anterior (1 987199 l), merece, sin embargo, algunas críticas datia su composición: ((un mayor peso de 10s pr6tamos del BEI, en detriment0 tie la parte correspondiente a 10s donativos y a las subvenciones)) (Khader, 19912: 221). En 10 que respecta a 10s del chos humanos, el tema planteó muy pronto diferencias de interpretación el-$re las instituciones comunitarias. Destaca la actitud del Parlamento Europe.6, que en febrero de 1992 no aprobó la aplicación de 10s cuartos protocolos financieros, previstos en la PMR, para Marruecos, a causa del estado de 10s derechos humanos en dicho pais7. Esta actitud del Parlamento dio lugar a una contraofensiva diplomática del comisario encargado del Mediterráneo, el espaiíol Abel Matutes, y del mismo gobierno español. El ((mar de fondo)) -la presidn marroquí en torno a 10s acuerdos de pescase convierte en un acicate para (( reinventarn una salida dentro de la PMR. Vistas las dificultades en 1992 de seguir adelante con el proceso Cinco mh Cinco (a causa de Argelia y de Libia), la via comunitariaper se sigue siendo la mh interesante para todas las partes (legitimidad, marco institucional, recursos). No olvidemos que Marruecos habia presentado, en 1987, su solicitud de ingreso a la Comunidad, rechazada por el carácter no europeo del país8. De ahí que la propuesta surgida del Consejo, en marzo de 1992, de explorar la posibilidad de una zona de libre cambio para Marruecos (e incluso para Argelia y Túnez), sea capaz de desactivar la ((bomba de relojerian puesta en marcha por el Parlamento Europeo. El reaiismo de la diplomacia espaiíola, cuyos intereses son 10s mis directamente afzctados en el tema pesquero, conduce ai Consejo hacia una nueva etapa en las relaciones de la ~ollbunidad con el Magreb. Una etapa que ahon7. Vease el tema en detalle, en este: número, en el articulo de Águeda Urruela sobre ((El Parlamento Europeo frente al coaflicto del Sáhara Occidental.. 8. En el mismo 1987, Turquia present6 su solicitud de ingreso, rechazada en 1989. En 1990, Malta y Chipre presentaron sus pe~ici0neS de ingreso.