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Recensions

Ruiz Montero, Consuelo

Abstract

T. HÄGG, The Novel in Antiquity.

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se resaltan en dos niveles fundamentales lo esencial de la mesa redonda: 10s debates intelectuales sobre la problemática de la epigrafia y las conclusiones sobre técnicas y resultados, en tres aspectos: la aportacion sobre la reflexion acerca de la metodologia, la reflexion sobre 10s contenidos de la epigrafia y, por ultimo, la forma de las ediciones, 10s circuitos de informacion y 10s problemas de la armonizacion ante la paradoja, evidente para 10s autores, de no emplear en nuestro tiempo la lengua latina como vehiculo de comunicacion universal de la epigrafia. La vision de conjunt0 que sobre la epigrafia y su problemática actual encontramos en las Actas de esta mesa redonda internacional es verdaderamente completa e interesante, en la cua1 creemos que resaltan con luz propia 10s importan- ' tes logros que aportan 10s métodos filologicos y de análisis de texto aplicados a la epigrafia. José Mariínez Gázquez T. EUGG The Novel in Antiquity Basi1 Blackwell, Oxford 1983, XII + 264 pp. El profesor H5gg es uno de 10s mas serios estudiosos de la novela griega. Su Norrntive Techniqiie in Ancient Greek Romnnces. Estocolrno 1971, constituye la mejor prueba de ello. Asi, el libro que vamos a reseñar cuenta ya con una garantia inicial. La obra que nos ocupa, version inglesa de la edicion sueca original de 1980, est5 destinada a un publico amplio no clasicista y fundamentalmente anglosajon, como el propio autor expone en el prefacio. Se propone trazar un panorama general de la novela en la antigüedad, y por tres razones: por la ignorancia de esta etapa antigua del género por parte de 10s interesados en la novela moderna; por existir un mayor desconocimiento de la novela griega que de la latina de Petronio y Apuleyo, a pesar de que las obras de estos autores son ejemplares aislados frente a las griegas, que'constituyen un auténtico genero cultivado durante siglos; y, finalmente, por el deseo de ofrecer una vision más exacta de las griegas, cuya imagen ha sido a menudo desvirtuada por las obms de Longo, Aquiles Tacio y Heliodoro por ser éstas las más conocidas. Las tres apreciaciones son muy acertadas. El primer capitulo es una breve discusion terminologica en la que el autor defiende el uso del vocablo ((novel>> para calificar a 10s ejemplares que presenta la antigüedad, en lugar del de (<romance* tradicionalrnente empleado. Lo prefiere por ser mas genérico, menos marcado y acomodarse mejor, asi, a la diversidad de especimenes antiguos. Esa eleccion del autor no nos parece objetable, pues, efectivamente, nada impide calificar de anovela~ la obra de Cariton, como dice el propio Hagg. El capitulo segundo esta dedicado a la llamada novela griega idealista (ideal Greek novel), y en él pasa revista al género por orden cronologico, empezando con la novela de Caritón y terminando con las bizantinas. En cada una de ellas realiza una breve introduccion al autor, seguida de un resumen y cornentario de la obra, mcluyendo traducciones de algunos capitulos y destacando unos cuantos rasgos caracterizadores bien elegidos, asi como observaciones sobre sus técnicas narrativa y estilística~. Su division de las novelas griegas en c<presofisticas,,, más adelante llamadas de tip0 popular (p. 161) y so fistic as)>, esto es, influidas por la Segunda Sofistica, es defendible hasta cierto punto, pero la influencia sofistica es dificil de negar en la obra de Canton, cuyo carácter retorico y literari0 esta fúera de duda: las diferencias entre las novelas corren parejas con las diferencias que se observan en el desarrollo de la retórica; y, ademis, 10s dos tipos de novela que distingue Hagg son admisibles sobre todo por diferencias de estructura (Cf. C. Ruiz Montero en Fab~rla 22, 1981, pp. 228-38). Su division esta condicionada por la fecha que asigna a Cariton, el siglo I a.C. 10 que no es más que una hipotesis, y ademas poc0 pmbable (cf. J. Bompaire en REG 90, 1977, pp. 55-68; E.L. Bowie en Erotica Antiqua. Acta of the International Conference on the Ancient Novel, ed. by B.P. Reardon, Bangor 197, p. 94; C. Ruiz Montero, Est Clas 24, 1980, pp. 63-69). Mas chocante resulta su afirmación posterior de que no puede asegurarse si Caritón es el modelo de Jenofonte de Efeso o si es al revés (p. 20), cuando la prioridad de Canton es un hecho generalmente admitido y verosimil desde todos 10s puntos de vista, e igualmente es sorprendente que manifieste ah , alguna duda al fechar a Jenofonte en el siglo I1 d.C. (cf. C. Moreschini en SC0 19/20, 1970-71, pp. 73-75). Ademas, habria que matizar su datación de la novela de Nino en el 100 a.C. y recordar que el nombre de Semiramis no aparece en 10s fragmentos (p. 17). Estas cronologia~ contrastan con la cautela con que trata las de las novelas de Longo, Aquiles Tacio y Heliodoro -por este orden, correcto a nuestro juicio. Con respecto a Heliodoro, no se decide entre el siglo iii o el IV d.C. y su eclecticismo nos parece prudente a la vista de los datos actuales. El capitulo tercer0 trata del contexto social y 10s primeros lectores de la novela, aspectos éstos fundamentales y que carecen de una monografia especializada, por 10 que las paginas que le dedica Hagg resultan muy utiles. Tras una buena introducción al mundo helenistico, pasa a considerar el aspecto social de la novela, que ya antes Perry y Reardon habian enfatizado, pero que ahora recibe un tratamiento mucho mis serio. Hagg admite 10s factores romanticisrno e idealismo, pero, frente a Peny, observa acertadamente que sentimentalismo no implica clase social; y destaca, en cambio, la im- portancia del incremento del nivel de lectura en un publico que pertenecena a la clase alta o media helenizada. Igualmente nos parece acertado subrayar la importancia de 10s escribas y secretarios en la difusion del género, pero no puede descartarse la teoria de 10s stouytellers itinerantes que propuso Scobie, pues sus historias maravillosas no estan tan alejadas de la estructura de la novela como cree Hagg. Del contenido de las novelas deduce la importancia del público femenino, pero no creemos que sentimentalismo implique sexo, y mucho menos que 10s autores de las novelas sean mujeres. En cambio, nos parece correcta su critica de la importancia del público juvenil que preconizara Peny. Y 10 mismo decimos del rechazo del origen oriental del género defendido por Barns y seguido por Reardon: el contenido de las novelas es genuinamente griego, y su origen estaria mas en Asia Menor que en Egipto. Coincidimos también con el autor en admitir que existim varias tradiciones en época helenistica; por eso no acabamos de entender por que da tanto valor a la teoria de la invencion de Perry (p. 90). Son muy plausibles, en cambio, su rechazo de la interpretacion misterica de las novelas y el dar una explicacion social tanto para las religiones mistéricas como para las novelas, opinion expresada ya por Altheim. Finalmente traza un buen panorama de la Segunda Sofistica y la difusión y evolución del génerr, mediante ella, pero en la p. 107 ataca la teoria de Rohde de un origen retórico para el género, que admite, no obstante, para las novelas <<sofisticas,, con 10 que vuelve a minirnizar la importancia de la retorica, bien patente ya en 10s fragmentos de Nino y en Quéreas y Cc~lírroe. En el capitulo siguiente, titulado <<El pedigree literario de la novela*, pasa revista a su relacion con algunos de 10s géneros literarios predecesores y contemporáneos, con 10 que incide en el debatido problema de 10s origenes del género, ya avanzado en el capitulo anterior. El tratamiento del tema es, en general, ponderado y sensato; asi, cuando no admite la equivalencia entre novela y Ciropedin, tradicionalmente defendida, o sehala 10s mutuos influjos entre novela y biografia, o nota que no es preciso ver influencia directa de la poesia erotica en la novela, sino mh bien la utilizacion de las mismas fuentes populares. Su hipotesis del carácter parodico de las Apista de Antonio Diogenes no parece faci1 de admitir. Es consciente de que no trata temas como la influencia de la oratoria, la novelln o el drama, que son importantes. De las relaciones de la novela con el contexto retorico, que es, en nuestra opinion, conditio sine qun non para su formacion como género literario, se ocupa en el capitulo anterior (pp. 106-107) en 10s términos ya expuestos. En el capitulo quinto, ((De la novela historica al "libro popular" medievaln, se ocupa de la Noveln de Alejnndro, calificada de biografia novelesca, con un resumen de su problematica básica y una seleccion de pasajes traducidos. Siguen las Novelas de Troya de Dictis y Dares y la Historia de Apolonio rey de Tiro, de la que destaca su parecido con la obra de Jenofonte y su mezcla de novela y folktale, por 10 que, al igual que en la novela de aquél, discute la teoria tradicional del epitome: efectivamente, en ambas obras se aprecian rasgos de composicion folklórica. No se pronuncia sobre si el original de la Historia fue griego o latino. El capitulo siguiente lo dedica a 10s que llama acertadamente muevos héroes~; esto es, a 10s apostoles, martires y santos, cuyos hechos y vidas contienen elementos de novela y aretalogia. Asi ocum con 10s apócrifos del Nlrevo Tesmmento. Se centra en Pablo y Tecla y postula que su fuente principal pudo ser la novela, y sus lectores 10s mismos que 10s del tip0 popular citado mas arriba. Que su autor hera una mujer por su tendencia feminista nos parece tan improbable como en el caso de las novelas paganas. Pasa luego a 10s escritos pseudoc~lementinos, cuyo núcleo seria una novela, y que estarian dirigidos a un publico mas intelectual, comparable al de las novelas no so fistic as^. Finaliza el capitulo con las novelas hagiográficas, que ejemplifica con Barlaam y Josafat, y concluye que esa obra, como las otras citadas en este capitulo y el anterior, no se origina como composición popular ni como folktale de ningún tipo, sino que es una creacion literaria deliberada. Ahora bien, a partir de la exposicion del autor queda bien patente que las estructuras compositivas de todas estas obras son de tip0 folklorico, como las de las novelas llamadas de tipo popular, pero con rasgos aún mas marcados que las Efesiacas o la Historia de Apolonio. Pudieron tomar motivos prestados de las novelas, pero no el armazón compositivo, que es de origen oral independiente. Nos encontramos, tanto en el caso de las novelas cristianas como en el de las paganas, con un tratamiento literario, retorico, de un material folklorico cuyo origen oral ha dejado claras huellas en su composicion, como son las lagunas, la falta de motivaciones y las incongruencias de todo tip0 que reconoce el propio Hiigg, y 10 mas importante, el esquelet0 de folktale (véase el articulo en Fab~rla antes citado). El capitulo séptimo esta dedicado a la novela comica romana, es decir, al Satiricón de Petronio y las Metamorfosis de Apuleyo, a las que añade el Asno griego. Señala primero su principal diferencia con las griegas, que es la audiencia, minoritaria y culta en el caso de Petronio y Apuleyo, ambos maestros del estilo. Y añade aue su estructura basica es de inspiración griega, a cuyo tipo de novela idealista parodiarian, aunque reconoce que el proposito de Apuleyo es múltiple, y que 10 que empieza como novela cómica ligera no exenta de elementos satiricos acaba en una historia edificante al llegar al libro XI, todo 10 cua1 pa- rece muy correcto: efectivamente, las pruebas de iniciación a 10s misterios de Isis estan anticipadas por el peregrinar de Psique, pero no creemos que esta anilis fabula sea un invento de Apuleyo (p. 182), aunque no se halle contenida en el Asno, pues su origen oral esta bien testimoniado y nada indica que pertenezca al ambito romano (cf. W.F. Hansen, aAn Ancient Greek Ghost story,,, Folklore on two continents: Essays in Honor of Linda Dégh, ed. N. Burlakoff & C. Lindahl, Bloomington 1980, pp. 76-77, n. 10 y 11). A pesar de estar escrit0 en griego, el Asno es incluido en este capitulo por pertenecer al tipo &- mico realista; pero esta obra, como el fragmento de Yolao --que no tiene que ser forzosamente anterior a Petronio, como muy bien nota H&gindica que pudo existir en griego otro tipo de novela distinto al idealista. El autor duda de que haya en el Asno auténtica parodia del tipo citado, y sigue la opinion general que considera la obra como un epitome no mucho mis breve que el original perdido: todo el10 es opinable. No se plantea la cuestion de la autona de la obra, 10 que indica prudencia. EI octavo y ultimo capitulo esta consagrado a la posteridad de la novela, cuyo tipo sofistico tuvo especial éxito en el Renacimiento y el Barmco. Hagg realiza una buena seleccion y síntesis de la materia, aun siendo amplia, con la misma claridad que en 10s capitulos precedentes. Concordamos con el autor al aconsejar que se tenga en cuenta estas novelas a la hora de estudiar las fuentes de 10s dramaturgos modernos y no solo a autores como Euripides o Séneca. Y nos unimos a su alegato en favor del género, que sale siempre malparado precisamente por su confrontacion con el teatro clasico, y 10s prejuicios estéticos de 10s lectores, clasicistas o no. Siguen un suplemento pictorico dedicado a Dafnis y Cloe a 10 largo de distintas épocas, ilustrativo, y un apéndice constituido por una breve introduccion a la crítica textual y observaciones generales sobre las técnicas de traduccion, con las novelas como ejemplo; la necesidad de este apéndice es discutible. La bibliografia comentada que sigue es bastante aceptable, aunque a veces resulta desigual (comparese, por ejemplo, la citada para fechar a Heliodoro con la que menciona a este respecto para 10s demas novelistas) y con claras preferencias de unas lenguas frente a otras, probablemente por el público al que va destinado el libro. Finaliza la obra con una lista de ilustraciones (setenta y nueve en total) y un indice de nombres propios y principales motivos y conceptos. El libro est5 inteligentemente planeado y ejecutado, cuidado hasta en 10s menores detalles de impresion y presentacion; incluso se representa la geografia de 10s viajes de la novela de Jenofonte en sus contraportadas. La amenidad de su lectura se ve aumentada por las frecuentes y bellisimas ilustra- ciones, objeto en el que Hagg se muestra especialmente sensible y por el que hay que felicitarle. El libro es de caracter general, pero no es superficial: hemos visto que el autor no rehúye plantearse problemas de cronologia, composición, concepción o interpretacion. La obra cumple 10s objetivos PRvistos con resultados satisfactorios por 10 que resultara Útil a clasicistas y no clasicistas. C. Ruiz' Montero I.M. PUIG I FERRETJI El cartoral de Santa Maria de Lavaix: el monestir durant els segles XI-XIII. Societat cultural Urgel-litana, La Seu d'Urgell 1984, pp. 153 + 5 il.lustracions. El doctor Ignasi M. Puig i Ferreté, professor de Paleografia i Diplomatica a la Universitat Autonoma de Barcelona, va dur a terme al llarg de la seva curta vida un intens treball de recerca que es materialitzi en una rica producció erudita de la qual ara hom comenFa a veure els fruits, perque les seves obres més importants -encara majoritariament inkdites, pero en avan~at curs de publicacióvan sortint a la llum a poc a poc. Un dels seus treballs més interessants, EI cartoral de Santa Maria de Lavaix: el monestir durant els segles XI-XIII, acaba d'aparkixer publicat per la Societat cultural Urgelalitana -de la qual I'autor era membre i col.laborador assiduamb I'ajuda del Servei d'Arxius del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Que la publicació arribi avalada per aquestes entitats ja és garantia suficient de la qualitat de l'obra, pero, a més, aquesta fou guardonada amb el Premi Prosper de Bofarull concedit el 1978 per ]'Institut dlEstudis Catalans, distinció que ratifica encara més la seva categoria. El treball d'Ignasi M. Puig s'obre amb una nota preliminar del pare Cebria Baraut, que ha tingut cura de I'edició del llibre i ens n'explica les circumstincies. Ve després la bibliografia de les obres citades i tot seguit, com a introducció a I'edició del cartoral de Lavaix, l'estudi dels aspectes diplodtics, histbrics i culturals més remarcables que es desprenen de la documentació aplegada. Ja en aquesta part inicial queden ben paleses les qualitats d'excel-lent investigador del professor Puig i Ferreté, a qui cap tema fonamental deduible de l'analisi dels textos no passa per alt, així com les seves aptituds didactiques reflectides en la manera planera i entenedora com presenta el resultat de les recerques. A la introducció (pp. 11-13) situa geograficament el monestir de Santa Maria de Lavaix, puntualitza que el seu treball parteix de l'obra