Recensions
Abstract
A. GIL ALBARRACÍN, Construcciones romanas de Almería.
Full text
de construcciones sacras. Por otra parte, la resistencia de la legislación romana a admitir enterramientos intraciudadanos, favorece el hacinamiento de sepulcros a la entrada de la ciudad. Roma separa su pasado de su futuro con una línea bien delimitada. Pero la vida exige ocios y 10s circos, teatros y anfiteatros marcan otro de 10s rasgos de la urbe, que habitualmente se conforma con pasear por 10s jardines y pórticos; con pasar un rato en las termas y vivir el ambiente artístic0 que progresa con 10s años, y convierte a Roma en via en 10 que será para nosotros un enorme y admirable museo. Entre tanto, a medida que la ciudad se desarrolla siguiendo 10s cánones de la urbe mítica, canon viviente de las urbes, 10s ciudadanos vivirán la contradicción de sentirse arraigados a su barrio. También esta transformación del alma romana conlcontra su ciudad es objeto de estudio. El incendio de Roma marca el fin de 10 que fue la urbe, pero su definitivo hundimiento 10 acarrean las restauraciones. As1 pues las condiciones urbanísticas, las plazas, la arquitectura religiosa y funeraria, las sedes de espectáculos y de placer, el arte triunfal y las crisis y decadencia de la ciudad son temas que se desarrollan diacrónicamente y se exponen en forma reflexiva y bien fundamentada. Si bien no hay indicaciones al respecto, la bibliografia parece enviar, con algunas excepciones, a las publicaciones de 10s últimos años -en su mayoría francesas o publicadas en frances. En fascículo adjunto, la obra añade una cronologia del urbanismo romano, un Iéxico de términos de arquitectura y un índice de monumentos con referencia a 10s puntos en que han sido comentados. No hay índice de las fuentes referidas a pie de página, s610 una indicación de que se han tomado de la CUF. Es en resumen un texto interesante y útil como obra de consulta para la lectura de textos, finalidad al parecer de la colección ctRealia),. La obra viene recomendada por un breve, pero entusiasta, prefaci0 de P. Grimal. Pedro-Luis Cano Alonso A. GIL ALBARRAC~N Construcciones romanas de Almerh. Biblioteca de temas Almerienses, serie monografias 6, Almeria, 1983, 182 pp. + 8 planos desplegables El libro que aquí se nos presenta constituye ante todo un motivo de reflexión sobre la posibilidad de conservación y utilización de restos arquitectónicos romanos en la actualidad. En efecto, el autor presenta tres conjuntos que dejan atónito al lector y obligan a replantear la cuestión de la romanitación del SE peninsular y de la continuidad de sus infraestructuras a lo largo de 10s períodos subsiguientes, aunque de sobra es sabida la dificultad que entraña la situación cronológica de este tip0 de monumentos aislados sobre la base'de una prospección; se evidencia la necesidad de una revisión en base a 10s datos aportados por A. Gil que de una manera u otra abrirán una polérnica sobre la existencia de estos restos en Almeria que para otras
zonas podriamos también relacionar con épocas más recientes. La obra se divide en tres partes bien diferenciadas que estudian consecutivamente 10s c(a1jibes romanos del Campo de Nijar), (pp. 23-54), las ~~construcciones romanas en Ablas (pp. 57-1 19) y ctlos acueductos de la Rambla de Carcauz, (pp. 123-182). Cada uno de 10s capitulos va acompañado de detallada información gráfica y buenos planos, alzados y secciories elaborados por el propio autor. En el primer apartado se da a conocer fundamentalmente el llamado aljibe Bermejo propuesto como rnonumento histórico-artístic0 y la destrucción del similar aljibe del Jabonero. El primer algibe, en sorprendente estado de conservación, una balsa con bóveda sostenida por arcos fajones, sirve todavia de ocasional depósito de agua; el autor no deja de señalar que su cronologia carece todavia de contexto arqueológico pero propone una datación dentro del s. I d.C. subsiguiente cal vez a la reforma augustea. El segundo capitulo, centrado en torno al municipi0 de Abla, sobre el que se cuenta con una documentación mis importante, se inaugura con una revisión de las fuentes literarias, historiográficas y epigráficas entre las que se identifica el pedestal de L. Alfeno Avitiano (GIL I1 3401) con el existente en la puerta de la ermita de San Antón, hoy desgraciadamente ilegible. Una breve síntesis del papel de ALba > Abla en la organización admin~istrativa romana da paso a la descripción pormenorizada de 10s restos de la ermita de San Sebastián, un edifici0 de planta cuadrada cubierto con bóveda de arista que A. Gil identifica como un posible rnonumento funerari0 junto a la via Cástulo-Malaca, que podria ponerse en relación con otros restos de necrópolis st~ñalados por Madoz. En 10 concernientc: a la cronologia, el horizonte proporcionado por 10s hallazgos epigráficos ) otros arqueológicos similares, permiten al autor apuntar una fecha dentro de la segunda mitad del s. 11 d.C. y 1:~ hipótesis, sugerente aunque arriesgada, de que este mausoleo pudiera torr-sponder a L. Alfeno Avitiano. En el rec~nto del castillo de Abla, dentif fica A. Gil un aljibe como tecnológicamente romano, alimentado mediante un acueducto, amortizado ya en época medieval, en torno al cual no son infrecuentes 10s hallazgos de sigi- /Lata. En el inm-diato Castillejo de Abrucena se recorloce el trazado de una via estrecha en 2arte excavada en la misma roca que el autor señala como una via militar romana que da acceso al Castillejo ut~lizado como zona defensiva en époc:~ musulmana, pero transformando elsmentos romanos preexistentes, de erltre 10s cuales el autor estudia una cisterna actualmente camuflada bajo apariencia de refugio. El Último apartado del segundo capitulo se titula excesivamente <El templo romano de la iglesia parroquial de Abla,>; en é1 el autor aproxima una interesante decoración en ladrillo del paramento suc con la figuración de un templo comano sobre el que A. Gil se pregunta si podria responder en realidad a un edijicio preexistente, interrogante para (:I que toda respuesta es prematura y carente por el momento de bases en que cimentarla. En la últinia parte del libro, dedica-
da a 10s acueductos de la rambla de Carcauz, asistimos a la revelación de la conse~ación del trazado de una instalación hidráulica que con modificaciones e itinerarios alternatives ha permanecido en servicio hasta prácticamente la actualidad; 10s principales desniveles son sorteados mediante tres puentes, de opera caementzcia e incerta. El primer0 -el arco de 10s Poyossalva una profunda vaguada mediante un arco de 10 m de luz sostenido por dos pilares de unos 4 m apoyados sobre la pared rocosa. El segundo quedó por terminar, de 10 cua1 se hizo eco el nombre popular -el puente apor rematar,- y habria servido para evitar un desvio en la conducción; en el plano F el autor propone una reconstrucción como puente de tres niveles con un total de 24 arcadas. El tercer y último puente es el llamado de alos veinte ojos, a causa. de su número igual de vanos, interesante sobre todo por la , disposición de sus arcos en 4 pisos. Este acueducto deposita su caudal en una balsa de acumulación -balsa del Molinero-, depósito descubierto a partir del cua1 las construcciones actuales enmascaran las antiguas a las que sin embargo es Iógico deducir se superponen. La cronologia del conjunto es evidentemente difícil de establecer, aunque parecen distinguirse dos etapas de construcción; de todos modos el autor prefiere, prudentemente, dejar abierta la cuestión hasta no disponer de más datos objetivos. En cambio 10 que sí parece probable es su relación no con un niícleo urbano sino con una explotación agraria (pilla de Casablanca? en Vícar) de regadío; con afán de exhaustividad el autor resena brevemente 10s datos publicados acerca de tres enclaves -la Algaida, Cabriles y Murgisen torno al campo de Dalias en la llanura que se extiende al sur de la peña de Gbdor, cuya entidad y exacta identificación -salvo el enclavamiento de Murgiestá no obstante todavia pendiente y a la espera de una exploración sistemática. La conclusión más evidente que puede deducirse de este libro, además de la necesidad de una comprotación arqueológica, es la posibilidad de rastrear el asentamiento romano en una zona poc0 conocida hasta ahora; hay que pensar que nos hallamos ante una laguna bibliográfica, con la sola excepción para ciertos casos de las descripciones de Madoz y de algunos autores contemporáneos, A. Gil ha empezado a llenar este vacio describiendo con detalle unos restos detectados a raiz de prospecciones para llevar a cabo un estudio de la arquitectura popular de la zona. Es comprensible por el10 que el entusiasmo, no exento de asombro, arrastre en ocasiones al mismo autor a avanzar dentro del campo de las hipótesis que plantean sus descubrimientos -cuyo proceso se relata en primera persona de manera apasionada y apasionantey que ponen de manifiesto la atención que en el futuro se habrá de prestar a las estructuras preislámicas del sudeste español, en este caso quizá comparables en adaptación al clima y en entidad a las existentes en el norte de Africa, como proféticamente ya habia intuido A. Schulten.