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Para una historia de la ciencia política

Graziano, Luigi

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Graziano, Luigi

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PARA UNA HISTORIA DE LA CIENCIA POLfTICA * Introducción al volumen La scienza politica in Itltlia, edición de Luigi Graziano, Milán, Angeli 1986 La idea de un balance de la disciplina favorecida por el Congreso del que hoy se entregan las Actas y por las demás iniciativas que 10 han acompañado, nacía de la obvia constatación del notabilísimo desarrollo que la ciencia política italiana había conocido después de decenios de abandono, durante y después del fascismo. No faltaba la conciencia de lagunas, ni la búsqueda --común a 10s demás estudiosos de 10s otros paises (Easton, 1985)- de nuevas perspectivas de análisis y de nuevos paradigmas (Pasquino, 1984). Pero, por encima de todo, dominaba el convencimiento de que la ctciencia política italiana había realizado pasos notables)> (Von Beyme en este volumen) y que el camino recorrido en 10s últimos veinte o treinta aiios había sido, como dice Sartori en su aportación a esta selección, <tmuy grande y fecundon. Los indicios de este desarrollo y las razones de este relativo optimisma eran múltiples. Por un lado, la ciencia pelítica, que a finales de 10s años sesenta tenia aún escasa presencia en la universidad italiana, y contaba con pocos profesores y prácticamente ninguna cátedra (salvo la de Sartori en Florencia), había alcanzado en 10s últimos 15 o 20 años una presencia propia y una consistencia en la estructura universitaria. La organización de la profesión había recibido un impulso notable con la fundación ai 1981 de la Sociedad Italiana de Ciencia Política, organismo mucho más * Traducci6 #Assumpta Camps. ctPapersa: Revista de Sociologia profesional y profesionalizante que la anterior asociación.' La cantidad, asi como la calidad, de 10s estudios y de las investigaciones, había crecido enormemente como demuestran 10s materiales preparatorios para el Congreso (La scienza política in Italia, 1984) y, rnás recientemente, 10s repertorios en apéndice a este volumen. Por último, aspecto aún más importante quizá de 10s inciertos primeros inicios (y ostracismos), la ciencia política había obtenido significativos reconocimientos dentro de la cultura italiana, académica o no, y a 10s politólogos se les pedia cada vez más a menudo que aportaran su propia contribución a la solución de 10s problemas políticos y sociales del país --de las reformas institucionales a 10s diferentes problemas que tenían origen en la crisis del Welfare State. Junto al <céxito)> debía explicarse su retraso. Lo que hacía falta explicar era tanto este notable desarrollo como el hecho de que éste se hubiera producido tan tarde, mucho mis tarde, por ejemplo, que en Alemania (Von Beyme, 1982; Kastendiek, 1985), la Gran Bretaña (Hayward, 1982) y Francia, país éste donde la disciplina había tenido que superar obstáculos no del todo diferentes a 10s que halló en Italia (Leca, 1982; Favre, 1982), por no hablar de 10s Estados Unidos. ¿Cóm0 y de qué modo se produjo el desarrollo? ~Qué barreras, culturales e institucionales, se habían tenido que salvar? ¿Y qué condiciones habían incidido positivamente en el cambio, hasta el punto de permitir que la disciplina adquiriera legitimidad cultural y una mis sólida identidad científica? Estos eran algunos interrogantes que se le planteaban a todo aquél que quisiera intentar reconstruir 10s avatares de la ciencia política y de su desarrollo en la Italia de la postguerra. Junto a estos problemas había otros. Un balance no exige un trabajo tan s610 de reconstrucción histórica, sino de valoración de 10s resultados, pautas de juicio sobre cuya base medir el desarrollo completo de un campo del saber. ¿Cóm0 valorar -y sobre la base de qué criterios10s progresos alcanzados más allá del desarrollo cuantitativo, que es indudable? (Cómo se ha planteado, por ejemplo, en el ámbito de la difusión de estos estudios el problema de la relación entre teoria e investigación, elaboración teórica e investigaciones empiricas? ~Dónde, en qué sectores y temas de investigación se ha concentrado la atención de 10s investigadores? Por último, (de qué modo ha incidido la institucionalización académica de la ciencia política en la redefinición del campo, y paralelamente en la relación entre <(discurso culto)> (de la cultura en general, no especializada) y <(&scurso académico)> ? 1. Antes de 1981, 10s politólogos se agrupaban en la Asociación Italiana de Ciencias Politicas y Sociales, dentto de la cua1 habían promovido, en 10s años setenta, una sección de ciencia política. I Para una historia de la ciencia política A algunos de estos problemas se ha intentado dar respuesta mediante un reconocimiento del estado de 10s estudios, que ha evidenciado qué sectores y temáticas se han visto cultivados más intensamente, y cuáles relativamente marginados. No es sorprendente que, debido al impacto de la corriente conductista y de la naturaleza de la crisis italiana, entre otros motivos, 10s sectores más explotados hayan sido 10s de 10s partidos, las elecciones, el gobierno local, 10s valores y las actitudes, mientras que resultan netamente infrarrepresentados 10s estudios en materia de public policy y relaciones internacionales y 10s estudios comparados (cf. La scienza politica in Italia, 1984 y Apéndice). Por el contrario, en otros aspectos faltaban niterios precisos. Muchos de 10s análisis del <testado del arten, algunos de gran rigor y que han desempeñado un papel de primer plano en la fase de <trenacimiento)> de la disciplina (v. infra), se remontaban a 10s años sesenta, cuando el problema se entrdazaba estrechamente con el de la autonomia disciplinaria, en el cuadro de 10s debates -por aquel entonces actualísimossobre la reordenación de las facultades de ciencias políticas y su lugar en la <(ciencia política)> (cf. Leoni, 1960, 1962; Bobbio, 1961, 1963; Sartori, 1961, 1965, 1967). Dichos análisis eran en todos 10s casos anteriores a la intensa fase de reanudación de 10s estudios a que hemos asistido en decenios sucesivos. Una vez producido el <tdespegue)>, el discurso sobre 10s criterios de valoración me parece perjudicial. Y de este punto pretendo partir, advirtiendo que se trata de un primerísimo esbozo en torno a un tema complejo, antes de pasar a algunos avatares y trayectorias del <trenacimienton. I. SOBRE ALGUNOS CRITERIOS DE VALORACI6N PARA UNA HISTORIA DE LA CIENCIA POLfTICA Un primer criteri0 es el grado de institucionalización académica. El concepto de institucionalización nos lleva al de división del trabajo científico: al lugar donde la disciplina se origina dentro del trabajo cognoscitivo, obteniendo <tespacios)> en la estructura institucional -sobre todo la universidadsobre la base de un ideal mis o menos compartido de la ciencja. Con el fin de que este proceso pueda consolidarse, toda disciplina debe madurar una identidad cultural, pero también una identidad operativa: 10s que la cultivan deben saber qué es legitimo hacer y qué no 10 es, qué campos y métodos es legitimo cultivar, para cualificarse -a 10s ojos de la comunidad científicaprecisamente como <tcultivadores%. Toda disciplina se plantea operativamente un objeto, especificando las <(Papers)): Revista de Sociolbgia variables por las que se interesa. Como escribe Sartori (1970, 13), que ha aportado una contribución fundamental a este problema de definición de <tlimitesn (diferenciando ciencia política y sociologia política, etc.), a la <tluz de esta estrategia toda disciplina desecha un altísimo número de variables descartándolas como "presupuestos", es decir, como factores dados genéricamente por conocidos (o por desconocidos)s. El punto, que arroja luz sobre la naturaleza de la operación, es doble: por un lado, todo <(corte)> con el propósito de especificar el objeto es al menos en parte opinable y en cualquier caso revisable: no se da nunca de una vez por todas. Por otra parte, todo corte es por naturaleza selectivo y restrictivo. Y, efectivamente, la institucionalización de la disciplina comporta siempre un trade-ojf, la refuerza, pero sobre la base de una restricción-selección de campo y métodos, de una redeíinición del <<discurso cultos y el <(discurso académico)>, cultura y ciencia, de modo que no todo 10 que resulta admitido, aunque estimado en el primer ámbito, es reconocido como pertinente para el segundo (discurso que se puntualiza luego en aquél, sólo aparentemente burocrático, de 10s criterios de <(aferencia)> en las oposiciones universitarias). Una vez precisado el concepto -y las elecciones que éste implica-, es necesario decir que bajo este aspecto se ha producido un desarrollo importante. De ser un grupo desaparecido (en 10s aiíos sesenta habia sólo dos escuelas politológicas: la de Sartori en Florencia y -por encargola de Bobbio en Turin), la <tcorporaciÓn)> ha pasado a contar hoy con una cierta presencia numérica en la estructura universitaria (aunque es todavia débil en las sedes donde se deciden 10s fondos para la investigación, como el CNR), una relativa homogeneidad de orientaciones metodológicas y substantivas, y reconocimiento externo. La reciente botadura de un programa de doctorado en ciencia política, actualmente en el segundo ciclo, que afecta a seis sedes universitarias, y cerca de 15 doctorandos y de un doctorado de relaciones internacionales, constituye un paso más en esta dirección, abordando el sector, decisivo para la institucionalización, de la formación de 10s futuros docentes. Otros criterios de valoración han sido sugeridos por 10s estudios de historia de la sociologia y de sociologia histórica (Barbano y Sola, 1985; Barbano, 1985). Barbano propone, entre otros, 10s siguientes: periodicidad; duración; y la distinción, que me parece fecunda en resultados, entre dijusión y desmollo de una disciplina; donde por desarrollo se entiende <(a) el aumento teórico-critico que produce la teoria substantiva y la crítica socio2. Las cifras son las siguientes: la disciplina hoy en dia cuenta con treinta profesores titulares en materias politológicas, unos cuarenta profesores agregados (una vez cumplimentados 10s concursos pendientes en 1986) y aproximadarnente otros tantos investigadores confirmados. Para una historia de la ciencia politica lógica, y b) el descubrimiento y el afinamiento de 10s métodos y de las; técnicas de investigacións; por difusión, la difusión cultural de un campo del saber, comprendida su eventual institucionalización dentro de la división del trabajo científic0 (Barbano, 1985, p. 15; Sola sugiere útiles indicadores del <tdesarrollo)>, en Barbano y Sola, 1985, pp. 141 y s~.). En el. ámbito de la relación entre difusión y desarrollo, se plantea, por otra parte, la que existe entre teoria e investigación: el <tdesarrollo)>, en la acepción antes dada, exige ambas, no puede consistir tan s610 en la acumulación de investigaciones empíricas. La distinción entre difusión y desarrollo pone en guardia ante la confusión entre la acumulación de la investigación y el desarrollo de la disciplina. Permite, por otra parte, observar mejor algunas peculiaridades en las vicisitudes históricas de la ciencia política en Italia, incluso en relación con otras disciplinas como la sociología. El caso que Barbano ha estudiado particularmente, y del cua1 ha extraido la distinción entre 10s términos, es el de la sociologia italiana en la época del positivismo que 61 analiza como, un caso de difusión sin desarrollo. La tesis afirma que hubo en aquellos años un impnente aumento de la investigación social en función de 10s problemas y necesidades más dispares de la sociedad (cf. la bibliografia de Sola para 10s años 1860-1890, en Barbano y Sola, 1985), sin que ell0 se tradujera, sin embargo, ni teóricamente (es decir, en cuanto a desarrollo de teorías) ni académicamente, en verdadera sociologia. Y como confirmación de que 10s precedentes <(peSan)>, desarrollos del mismo tip0 abordaroll la sociología en 10s años del ctrenacimientos, más atento al análisis de 10s lazos que la sociedad italiana iba madurando en el cambio (redescubrimiento de términos meridionalistas e investigaciones sobre el Sur, industrialización, emigración, etc.), que a desarrollos teóricos (Barbano, 1985, caps. I11 y IV; cf. Quaderni di Sociologia, 1985). Los avatares de la ciencia política han sido, al menos en parte, diferentes. Ante todo, la tradición de estudios era diferente; la disciplina había contado con investigadores como Mosca y Pareto, <tpadres fundadores), que habian dado a la ciencia política teorías substantivas --com las de la élite-, pero también un fundamento teórico-metodológico más general. Como ha escrito Giorgio Sola en una atenta reconstrucción del estado de las ciencias sociales en Italia muy a finales del 800: <(la ciencia politica positiva se caracteriza, además de por la elección del campo de estudio,. por el tip0 de perspectivas a través de las cuales orienta el análisis de 10s fenómenos polític os^>, perspectivas que Sola especifica en la distinción entre sociedad civil y sociedad politica (entendida ésta como esfera reservada al ejercicio de la fuerza y la institucionalización de las relaciones de poder), <{Papers*: Revista de Sociologia y en una concepción empirico-realista de la política, frente a la filosofia y al derecho (Sola, en Barbano y Sola, 1985, p. 155). Existia, en resumen, a diferencia de la sociologia, una enseñanza teórico-metodológica importante y habia de ser mérito de Bobbio volverla a proponer en 10s años cincuenta y sesenta a la atención de 10s investiga- .dores (v. infrrs), con el propósito de <<enganchar)> la reanudación de 10s estudios. El aspecto mis conocido de esta enseñanza -aunque no el más importante, al menos por 10 que se refiere a Pareto (v. infra)- era la teoria .de la élite (O de la clase política), reconocida incluso internacionalmente como aportación relevante de Italia a la tradición de 10s estudios políticos. Y es significativo que la primera salida internacional rigurosa de la renaciente politologia italiana de la postguerra --después de decenios de casi total ausenciase produjera con este tema. En 1959, en el ámbito del IV Congreso Mundial de Sociologia (Milán-Stresa), tuvo lugar una importante sesión sobre las élites políticas coordinada por Alessandro Passerin d'Entrkves, todavía de grandísimo interés hoy (Le elite politiche, 1961), con la participación de investigadores como Bobbio, Sartori, Catlin, Meisel y otros, sobre un tema en el que Italia había precisamente descollado, colocándose por una vez como centro en el entramado de la ciencia política internacional. La segunda característica típica de la politologia, conectada con la anterior en 10s desarrollos que han marcado el <trenacimiento)>, ha sido la insistencia sobre el método, en la doble acepción de procedimientos que connotan un saber cientifico aplicado a la política, y de metodologia de la investigación científica. Arnold Brecht (1959, p. 5), en el que sigue siendo, aún hoy, uno de 10s más lúcidos análisis de la consolidación del método cientifico en las ciencias sociales, ha escrit0 que <<no es decir demasiado que el nuestro sea el siglo metodológico en las ciencias socialesn. En este sentido, 10s desarrollos en Italia han estado en consonancia con 10s de la ciencia social internacional. Como veremos, en la enseñanza de 10s clásicos, especialmente de Pareto, Bobbio evidenciaria sobre todo la estructura metodológica, fundarnento de una ciencia positiva de la sociedad. .Otros autores, como Bruno Leoni, subrayarian también 10 esencial del método. Leoni (1960, p. 36), en un conocido articulo sobre el atraso de 10s estudios en Italia, después de haber enumerado 10s <(ternas)> que deberian formar parte de la disciplina -y entre ellos la metodologia-, añadía que <tes precisamente esta la que hace de un conocimiento una "ciencia")>. En otros escritos sobre 10s que volveremos, el mismo autor (Leoni, 1962) insistiria con fuerza en la necesidad de una orientación teórica. Por último, y sobre todo en el cincuenta y nueve, saldrían publicados en forma litografiada aquellos fascículos florentinos de Giovanni Sartori (1959), so- Para una historia de la ciencia politica bre 10s que tendremos tiempo de volver ampliamente, que ya en el título -Questjoni de metodo ili. scienza politicaindicaban uno de 10s temas fundamentales de la entera obra sartoriana. Dicho esto, se debe añadir, además, que a esta fase de reflexión metodológica le ha sucedido s610 un limitado desarrollo de elaboraciones teóricas. La teoria de la élite no ha contado, a nivel de investigación, con verdaderos continuadores, excepción hecha del trabajo de Maranini (1967) sobre la historia del poder en Italia, de enfoque declaradamente mosquiano; la investigación dirigida por Sartori sobre el Parlamento italiano, que se proponía trazar el <(perfil completo de la "circulación de las élites" parlamentaria~)> a partir de la Cámara de 1909 (Samogyi et al., 1983, p. 3), la de Farneti (1971, parte 11) y pocas mis, de investigadores más jóvenes. Mis en general, el desarrollo se ha producido por influencia también del conductismo, en el sentido de la investigación empírica --elección ((s de elección consciente se trató) no carente de lógica como estrategia de concentración de 10s esfuerzos en 10s breves años que comprenden estos desarrollos. La invocación, en varias ocasiones, a 10s Ccpadres fundadoresa contiene implicitamente una referencia al criterio de la periodicidad. Del misnio modo que se distinpe un <cantes)> respecto a la nueva sociología, se intenta distinguir una <(primera)> ciencia política de la politologia de 10s años del <trenacimiento)>, y sobre todo indagar sobre las relaciones de continuidad/discontinuidad que enlazan las dos tradiciones de estudios. La impresión, como ya he dicho, es que 10s clásicos han desempeñado un papel más importante en la relegitimación de la disciplina que como inspiradores de problemáticas y de modos de afrontarlas. Es de Runciman (1969, capitulo 11) -para poner un ejemplo entre tantosla observación según la cua1 la teoria mosquiana de la <(defensa jurídica)> contiene en esencia ulla teoria del pluralismo social -del papel del control ejercido por grupos influyentes en la sociedad sobre 10s gobernantes como indispensable complemento del control electoral-, punto que no ha tenido desarrollos ni teóricos ni tampoc0 en el campo de la investigación, como demuestra la pobreza de estudios sobre 10s grupos en Italia (v. Apéndice). Una línea de continuidad entre <(primera)> y nueva ciencia política puede verificarse a propósito de la funcidn social de la ciencia. Ya sea en un caso u otro, la politologia nace como ciencia reactiva a un estado de la cultura y de la sociedad, frente al cua1 se es crític0 y que se quiere cambiar. La disciplina y 10s que la cultivan no operan, como en el caso de la ciencia política americana por ejemplo, dentro de un sistema democrático ampliamente compartido que la ciencia tiene la obligación de confirmar y enraizar a través de la enseñanza masiva. El realismo propiciado por la nueva ciencia <{Papers)>: Revista de Sociologia se presenta ya sea en la forma de realismo conservador (Mosca) y a veces reaccionari0 (Pareto), o bajo el hábito --durante 10s años del ctrenacimiento)> en muchos, si no en todos 10s autoresde realismo reformista. Mucho más rar0 será, en 10s que la cultivan, el tercer tip0 de realismo subrayado por Bobbio (*1969), el que está en función de un cambio radical de la sociedad. Según Mosca, la <cmisión de la ciencia politica)> consistia en preparar las defensas contra el advenimiento de la <(demorracia social)>, gran fermento histórico que amenazaba con destruir la sociedad; mal letal, ya que el nuevo credo no hacía más que ensanchar, a juicio de Mosca, y convertir en dramático el surco entre <(fórmula política)> y leyes de la política, con todas las posibilidades de manipulación de las masas que ello comportaba. Contra este mal era necesario proceder de modo que se opusiera <(a todo ivn sistema metafísic0 (la metafísica democrático-socialista) todo un sistema positivo)> (Mosca, 1982 b, p. 925), precisamente el sistema científic0 de cuya elaboración Mosca y otros se ocupaban por aquellos años. Una condición para esta renovación era la renovaci6n de la élite, sobre todo un mayor papel de la clase media económicamente autónoma. El problema de la élite y de su reforma ser6 el centro de 10s trabajos de 10s <telitistas democráticosn (Dorso, Burzio, Gobetti, cf. Bobbio, 1969), y volverá en la segunda posguerra, de modo explicito en Sartori. Para Sartori (1970), el problema político, a cuya solución la ciencia política podia aportar una importante contribución, era el del mal gobierno, es decir, la necesidad de <cimpedir ese "mal común" que consiste en estar (. . .) gobernados por una clase política de bajo nivd, por políticos ineptos e incompetentes)>. El problema era introducir una <(medida de competencia)> en una práctica de gobierno tradicionalmente dominada por la ideologia y la improvisación, a través de una reforma de la cultura política de las élites que precisamente propiciara el discurrir empirico y pragmático de la nueva ciencia. Para otros, incluso, d problema estribaba en una reforma que actualizara el potencial democrático del nuevo régimen republicano. Una última anotación en materia de continuidad, en conexión también con el tema de las élites. Un tema que es recurrente y que no encuentra solución adecuada -en la historia política del país, antes incluso que en las teorizaciones de 10s investigadoreses el de la oposición politica. El problema del cambio de la clase política se halla, como es sabido, en el centro de las preocupaciones tanto de Mosca como de Pareto, pero ninguno de 10s dos lo aborda de modo que exponga un esquema de alternancia de fuerzas distintas. La élite política o es una o no es. Pluralizar el concep to, como se ha observado (Le elite politiche, 1961), significa privar10 en gran parte de su fuerza analítica (la unión hace la fuerza). Mosca traza, Para una historia de la ciencia politica sin embargo, una distinción importante entre élites políticas y grupos en la sociedad, donde 10s segundos están en función de contrapoder de las pimeras (Mosca, 1982, espec. p. 693); pero, en cuanto al cambio de personal político, el suyo es un modelo de cooptación (Pizzorno, 1972). Por 10 que respecta a Pareto --de 10s dos, sin lugar a dudas el menos <(pluralista>>--, el cambio se produce <cya sea por infiltraciones (circulación de las clases elegidas), ya sea por saltos, con las revoluciones>> (Pareto, 1964, par. 2227). Tertium non datur. El problema de la oposición vuelve a aparecer, como es sabido, como núcleo central de la teoria sartoriana del pluralismo polarizado, dentro de una experiencia histórica de gobierno que parece moverse entre transformaciones de diferente tip0 e imposibilidad o dificultad de una oposiciitn política en el sistema. Es mejor concluir sobre este punto. El sentido de este somero ejercicio sobre posibles criterios de valoración aptos para determinar la evoluci6n y las caracteristicas que connotan la historia de la disciplina, es sencillamente el de llamar la atención sobre la importancia de pautas de juicio que permitan que la disciplina tenga una más exacta conciencia del camino recorrido y de las modalidades de su desarrollo. El discurso es mis ejemplarizador que sistemática, y ni mucho menos exhaustivo. Sin embargo, me parece que alguno de 10s criterios subrayados -institucionalización académica; desarrollo y difusión de la disciplina; periodicidad y continuidatd temiticas; función social de la ciencia-, oportunamente pulimentados pueden servir de norte para identificar tradiciones y evoluciones nacionales, y como posible entramado para el análisis comparado de la disciplina en diferentes contextos nacionales. II. LOS AROS DEL <(RENACIMIENTOs Una reconstrucción histórica de 10s acontecimientos que han conducid!~ al <trenacimiento)> de 10s estudios politológicos en Italia a partir de los años cincuenta y sesenta debería fijarse, a mi modo de ver, en cuatro grilpos de factores que se manifiestan todos ellos, con diferente intensidad, en aquel espacio de tiempo. El primer factor debe interpretarse según el esfuerzo consciente de algunos investigadores de prestigio, encaminado a rescatar esta tradicibn de estudios del declive que la afectaba, y a constituir la ciencia política en disciplina autónoma, metodológicamente y substantivmente distinta de disciplinas más consolidadas como el derecho público, la historiografia y la filosofia política. <<Papers)>: Revista de Sociologia debido ser en cuanto al objeto y al método, Bruno Leoni (1960) destacaba seis sectores de investigación de la ciencia política entendida como <(ciencia observadora y experimental)>: 1) sistema parlamentario; 2) sistema administrativo y burocracia; 3) partidos políticos; 4) grupos de presión; 5) sistemas electorales y motivaciones de voto; 6) metodologia, aííadiendo -a propósito de ésta últimaque <tes precisamente la que convierte un conocimiento en "ciencia")> (Leoni, 1960, 33, 36, 37). La lista de las materias era muy parecida a la propuesta por Bobbio en el artículoreseña de 1961 (Bobbio, 1961), salvo que Leoni aiiadia el tema capital de la administración pública. Leoni habria de volver sobre estos temas, con significativas profundizaciones, en una comunicación para un congreso sobre la ciencia política organizado por d Centro de Estudios Metodológicos de Turin {(octubre de 1982), congreso que marca una etapa importante en la evolución de la disciplina. Organizado por Bobbio, entonces presidente del {Centro (19611962), el encuentro era presentado por el boletin del Centro como <(un primer intercambio de opiniones en torno al método y al objeto de la ciencia política y a 10s criterios de su enseñanza en nuestras universidades)> (Centro de Estudios Metodológicos, 1963, p. 4). Las comunicaciones básicas fueron confiadas a Leoni ~(<tObjeto y límites de la ciencia política)>), comunicación más tarde publicada en Il Politico (Leoni, 1962), y a Sartori ,(<tMetodología de la ciencia politica)>), comunicación que no me consta que haya sido publicada. El texto de Leoni, agudo como muchos otros trabajos de este autor, insistia sobre estos puntos que sorprenden por su actualidad: 1) tesis de la racionalidad como 10 que mejor permite elaborar una teoria reconstructiva de la acción política (análogamente a la economia); 2) heterogeneidad de las fuentes (divididas en: textos documentales relativos a las decisie nes políticas; actividad de 10s grupos; factores y motivaciones del comportamiento electoral); 3) papel de la teoria; 4) aproximación al <tintercarnbio de poderes)> como a 10 más idóneo (respecto a otras aproximaciones examinadas: grupo, poder, decision-making, etc.) para captar 10 específic0 del político. Que el clima continuaba siendo en su conjunt0 hostil y las reservas eran difíciles de eliminar quedaba demostrado no s610 por la evolución del debate en el Congreso de Turín y la actitud que alli asumieron historiadores, juristas y sociólogos (cf. el testimonio de Meynaud, 1963), sino también por otros encuentros, cada vez mis numerosos por aquellos años, a medida que la idea de la reordenación de las facultades de ciencias politicas ganaba terreno. Dos momentos me parecen importantes. El primer0 fue el debate desarrollado en el seno del tercer Congreso nacional de la Para una historia de la ciencia politica Asociación Italiana de Ciencias Políticas y Sociales (Roma, marzo de 1964), sobre el tema de 10s <testudios políticos y sociales en Italia)>. La comunicación introductoria general, confiada al profesor Ciasca, planteaba una propuesta de i{reordenación de las facultades de ciencias políticas)> que, como ya he recordado, no preveia, ni entre las materias fundamentales ni entre las optativas, la eciencia política)>. Pero, en su conjunto, el clima del Congreso --que gravitaba en torno al problema de la autonomización de 10s cursos de la licenciatura en ciencias políticas respecto a las facultades de derecho y la transformación de las facultades de ciencias políticas en facultades de ciencias políticas y socialesdebía demostrar que, exceptuando a algunos sociólogos, la posición de 10s defensores de la disciplina (pocos; en la práctica, Sartori, que present6 una comunicación sabre la enseñanza de la ciencia política) quedaba en esencia aislada. Quizá la objeción más insidiosa que surgió del Congreso de Roma de 1964, además de aquella otra más general mencionada arriba (que la tradición italiana era de gciencias políticas)> en plural, más sintética que especializada)? la apunt6 Vito en términos de predictividad (<(El motivo principal para dudar de que se pueda llegar a construir una ciencia de la política en sentido nomotécnico estriba en que para alcanzar este resultado es necesario estar en condiciones de hacer un mínima de previsión),, Gli studi politici e sociali in Italia, 1965, p. 162). La segunda objeción, promovida por Miglio, atañia al problema, no menos importante, de la imposibilidad de valovación: el modo mis seguro para que la ciencia política se mantuviera objetiva era, se& Miglio, que coincidiera con la enseñanza de las doctrinas políticas, que <((se) detuviera en el análisis histórico de las ideologías)> (Gli studi politici e sociali in It~lia, 1965, p. 146). Se trataba de problemas de gran alcance, a 10s que Sartori responderia en el curso del debate que sucedió a las comunicaciones, ya fuera de modo directo (observando, por ejemplo, que lejos de perseguir un ideal arcaic0 naturalista -la formulación de <tleyes)>-, la nueva ciencia se limitaba a formular proposiciones del tipo: si ... entonces), ya fuera remitiendo a otras intervenciones suyas y a otros momentos de discusi6n. La defensa de Sartori tenia que surtir el efecto no secundari0 de provocar la inserción en la moción general del Congreso de la cláusula -que de hecho colocaba en primer plano las orientaciones iniciales de 10s organizadoresen la que se subrayaba <(la importancia (. . .) de las materias de índole sociológica, en 3. Es preciso observar que la posición de Vito se vuelve a encontrar en una importante resefia sobre 10s estudios politológicos, editada por el propio Vito dentro del marco de una bibliografia internacional promovida por el IPSA (cf. Gli stadi politici in Italia, 1984). Vito era por aquel entonces presidente de la Asociación Italiana de Ciencias Políticas y Sociales y uno de 10s vicepresidentes del IPSA. <<Papers,: Revista de Sociologia particular de la Sociologia, de la Ciencia Política y de las demás enseñanzas que son necesarias para un pleno desarrollo de las materias mencionada~ arriba)> (GCi studi politici e sociali in Italia, 1965, p. 203). Hay que registrar una última intervención en este rápido excursus a través de la historia institucional de la disciplina en la fase de la aelegitimación)>: la intervención, también de Sartori, en el grupo de estudio sobre aciencias sociales, reforma universitaria y sociedad italiana)> promovido por la Administración provincial de Milán y por el Centro Nacional de Defensa y Prevención Social (Milán, 17-19 de noviembre de 1967), donde se perfilaba uno de 10s temas preferidos de Sartori sobre la función de la ciencia politica como saber aplicado. La intervención de Sartori (1967) partia también de una amarga constatación respecto al papel reconocido a 10s estudios politológicos -<(Para nosotros el año de gracia de 1967 es todavia el año cero, o poc0 menes), (Sartori, 1967, p. 4)-, para detene~se en tres puntos: las ramas de fundamento de la disciplina, donde distinguia las relaciones internacionales, la ciencia de la administración y la política comparada; las funciones de la ciencia, y sus usufructuarios. En cuanto a la función social de la ciencia política, Sartori la hacía coincidir con el esfuerzo encaminado a <tsensibilizar la opinión (...) respecto a la existencia de una pauta de medida y de comparación>>, añadiendo que <(una ciencia política "reconocida" y afianzada (. . .) estsi siempre en condiciones de incidir eficazmente sobre el "hábito" y el "planteamiento" del debate política)>. Los potenciales usufructuarios iban desde 10s politicos -que se trataba no tanto de <(formar)> (<tel hombre politico es un "accidente"; surge quién sabe de dónde, y alcanza éxito por motivos que tienen bien poc0 que ver con una competencia cognoscitiva)>, ibid., p. 14), como de <trodear)> de una cultura política pragmática que le condicionara en su comportamientoa la clase burocrática administrativa y a 10s especialistas en ciencia política. Con el año 1970 se cierra, tanto a nivel de la elaboración de 10s fundarnentos teórico-metodológicos de la disciplina como a nivel institucional, el ciclo que he llamado del <trenacimienton. Por un lado, aparece en ese año la Antologia di scienza politica en edición de Sartori (1970), primera exposición sistemática de la ciencia política mainstream (esencialmente americana) al públic0 italiano. La importante introducción de Sartori, con el titulo de <{Para una definición de la ciencia política)>, proporcionaba la definición operativa que iba a servir de guia a una generación de politólogos. Planteada, si es que no ganada, la batalla con las disciplinas más tradicionales, quedaba por definir el objeto en relación con aquella ciencia. social que había conocido un desarrollo mayor, la sociología. Sartori cifraba la diferencia entre sociologia y ciencia política en que <tl) en gran medi- Para una historia de la ciencia politicri da, las variables independientes (causales, o explicativas) del sociólogo no son las variables independientes (.. .) del politólogo; 2) y que, en todos 10:; casos, las variables independientes de uno se transforman en las variables dependientes del otron (Sartori, 1970, p. 15). Definición ciertamente restrictiva, como se ha subrayado recientemente (Sapelli, 1985), ciertamente no inmutable, antes al contrario, es preciso adaptarla a las siempre cambiantes relaciones entre sociedad y Estado, pero ha fijado una orientación operativa sin la que la ciencia política difícilmente se hubiera institucionalizado y habría conocido el desarrollo que la ha caracterizado. 1970 es también el año en el que de modo significativo se pone en marcha el primer concurso universitari0 de cátedras en ciencia política, completándose de este modo un ciclo de maduración e institucionalizació~~ iniciado diez años antes. Ciencia y f~nción de la ciencia en la enseñanza! sawtoriana Hasta el momento he tratado algunos aspectos del proceso de reacreditación de la disciplina, deteniéndome en la aportación de aquellos investigadores que han contribuido a conferirle identidad y autonomia dentro del debate cultural y académico italiano, en concreto Bobbio, Leoni y Sartori. El significado y el alcance de la obra de Sartori son, por otra parte, de tanta envergadura, que no pueden agotarse en breves anotaciones como las que yo le he dedicado. Exige una profundización. De la producción sartoriana tomaré aquí en consideración -1imitándome a algunos aspectos útiles para mi temas610 aquellos trabajos en 10s que Sartori ha concentrado sus principales aportaciones metodológicas y de definición del campo de estudio, aportaciones actualmente reunidas principalrnente en el volumen La politica. Logica e metodo in scienze sociali (Sartori, 1979). (El volumen recoge esencialmente 10s fascículos de 1959, v. supra, con pocos añadidos y modificaciones; la voz <<La ciencia politica)>, aparecida en la Storia delle idee poliiiche, economiche e sociali en edición de Firpo, 1972; y el ensayo con el que Sartori inauguraba la <<Rivista italiana di scienza politica>>, fundada en 1971, con el titulo: La política comparada: premisas y problemas.) Queda, por tanto, fuera de nuestra discusión Democrazia e definizioni y teorias substantivas como la del pluralismo polarizado (Sartori, 1982), que han influido ampliamente en el curso de 10s estudios politológicos en Italia, y otros trabajos (cf. Sartori, 1984) que deberían incluirse en un tratamiento mis sistenático de la contribución sartoriana. <<Papers)>: Revista de Sociologia La concepción sartoriana de la politica --como actividad y como cienciapuede ser reconstruida a partir de estos puntos: 1) concepción del hombre como <{animal simbólico~> que reacciona no a hechos, sino a la interpretación y la valoración de 10s hechos; 2) definición de las ciencias sociales como ciencias que no pueden repetir -por lo dicho en el apartado 110s métodos y el tip0 de explicación propio de las ciencias naturales; 3) condición central del discurso política y del lenguaje para definir 10s diferentes tipos de saber; entre ellos, 4) una ciencia empírica de la política se configura como saber aplicado, a diferencia de la filosofia (que es un saber metapráctico) y del discurso ordinari0 (que no es ciencia); 5) un saber aplicado (<(instrumento para intervenir en la realidad)>) plantea el problema de las relaciones entre teoria y práctica como algo central; en particular; 6) el de la naturaleza de la teoria y su eficacia en la sociedad; y 7) las caracteristicas de una acción llevada a cabo según 10s cánones de la nueva ciencia, que Sartori llama acción razonablements llevada a cabo. No seria posible ni útil repetir aquí todos 10s pasajes de esta compleja argumentación. Tan s610 me urge detenerme sobre algunos rasgos caracteristicos del planteamiento sartoriano y sobre algunos problemas que nacen de la idea de ciencia aplicada, ya sea en relación con sus canales de intervención en la sociedad, o en rdación con la objeción de 10s teóricos de la sociologia del conocimiento -el hecho1 de que el pensamiento politico esté ideológicamente condicionado-, objeción que se deberia rebatir en primera instancia para que pudiera afianzarse un punto de vista cientifico. De este examen surgirán elementos de discontinuidad respecto a 10s clásicos, Pareto en concreto, sobre todo en materia de concepción de la ciencia, pero también algunos caracteristicos puntos de contacto con la <ctradición>>. El punto de partida es la idea del hombre como <(animal simbÓlico)> que <(no reacciona ante acontecimientos, ante cosas que efectivamente OCUren y han ocurrido, sino ante "expectativas de acontecimientos")> (Sartori, 1979, p. 53). El hombre, observa sutilmente Sartori, puede crear -mediante sus propias representaciones simbólicaslas causas de su comportamiento con una inversibn en las relaciones de causa-efecto, de modo que esto impide toda significativa asimilación de las ciencias sociales a las ciencias naturales, La relación de causa, en las primeras, no puede ser probabilista e <{indeterminada)>. Esto comporta un concepto de ciencia radicalmente diferente del modelo naturalista de Pareto, más ambicioso en sus posibilidades de aplicación práctica, ya que la intromisión de la <(voluntad)> y de la <trazÓn)> como principio activo del comportamiento (y no, substancialmente, autoengaíío, como en Pareto), si bien actúa como Para una historia de la ciencia politicrb obstáculo ante la aparición de una ciencia exacta de la política, es tambiér~ Ia base de su posible influencia en la sociedad (v. infra). La actividad simbólica se expresa a través del lenguaje, <(atributo fundamental t...) que caracteriza al hombre), (a. 7): El hombre esti <<instituidon, no por una mezcla de inclinaciones naturales y de ideologia como pensaba Pareto, ni tampoco --en última instanciapor sus intereses, como quería Marx; <<el hombre está instituido por la conversación que recibe y pol: la conversación que emite)> (p. 7), punto capital de la concepción sartorians de la política (la política como discurso político), pero que no ha sida sametido -por lo que yo conozcoal análisis en profundidad que merecería. En cualquier caso, en el dismrso politico --originado, a diferencia, por ejemplo, del discurso de la física, no como lenguaje especializado, sino como un discurrir en torno a un objeto de interés comúnconfluyen tres tipos de discurso, que en aras a la brevedad resumo en el esquema de la! página siguiente. Este esquema requiere algunas observaciones. En primer lugar, la ciencia empírica de la política ha sido la última en nacer en un discurso que cuenta, como polos históricos, con el discurso metapráctico y especulativa de la filosofia, por un lado, y el discurrir común a la política, por el otro; debe desprenderse -creando su propio lenguaje secundario, sus propios conceptos y métodos de anilisis-- de las argumentaciones normativas y las disputas ideológicas. En segundo lugar, Sartori tiene especial cuidado al decir y repetir que dentro del conocimiento especializado no hay jerarquia sino complementariedad: filosofia y ciencia son niudes de verd& que responden a exigencias cognoscitivas diferentes (la esencia última de la realidad, por un lado; la realidad efectiva y su <<funcionamiento)>, por el otro)~. Además: si no se situara fuera de la ciencia empírica, si no accediera a aquel nivel de problematización propio del discurso filodfico, la ciencita empírica seria ciega o se demoraria en problemas inesenciales. En tercer lugar y por encima de todo, 10s tres típos de discurso espe:- cificados son tipos de conocimiento (en sentido lato) pero también referentes simbólicos de Ira acción, guia para la acción política concreta. La acción del hombre que se inspira para su propia conducta en planteamientos filosóficos, es diferente de la de aquél que se ha acogido a los cánones de una ciencia empírica de la política, y también diferente de la conducta dd hombre de la calle que habla de política. Una parte importante del trabajo de Sartori (1979, cap. V; cf. Sartori, 1958) en la que no puedo detenerme aquí, apunta a perfilar 10s trazos de un acriterio política)> inspirado en una pauta empírica, <(criterio)> que Sartori define como el que da menta de1 4. Cuando no se especifica de otro modo, nos referimos siempre a Sartori, 1959. 47 Tipos de discurso politico w R m Tipos de lenguaje Filosofia política Ciencia politica Discurso comh " . . P Uso del lenguaje Uso lógico Uso lógico Uso emotivo-ideológico 3. ", Uso y especialización de 10s términos Especializado Especializado Irreflexivo Método de formación de 5 O. 10s conceptos Conceptos especulatives Conceptos descriptivo-obserImitativos (receptivos del 9. vativos lenguaje culto) 2 E' Finalidad Conocimiento Último de las Conocimiento causal de 10s Finalidad comunicativa cosas hechos Relación saber/práctica Conocimiento no susceptible Conocimiento susceptible de Persuasión respecto a la de aplicación aplicación acción Para una historia de la ciencia pollti,ca cálculo de lm medios (medios adecuados al fin), y de la posibilidad -sietnpre presente en materia de conductas socialesde resultados imprevistos y contraproducentes. De modo que, escribe Sartori (pp. 8-9), <{a la pregunta " qui es la política" ( . . . ) pretendo responder enumerando las principales "matrices simbólicas" donde se originan nuestras conscientes actitudes políticas)>. Veamos mis de cerca qué significa saber aplicado y qué criterios de verdad le corresponden. Ante todo, en la base de este tip0 de conocimiento, hay un problema de lenguaje, de términos y formación de conceptos sobre 10s que Sartori no se cansa de insistir: en la relación entre termino y objeto que dehe el significado de una palabra, el referente debe ser algo real, observable, descriptible (no un concepto carente de referente empírico); las palabras deben significar 10 que representan, reflejar con precisión la realidad diferenci~da que connotan, deben diferenciarse de 10s tirminos especulativos de la filosofia, que Sartori llama <(ultrarrepresentativosa, porque recogen todas las manifestaciones posibles de un fenómeno cuyo significado <tÚltimon quieren penetrar. Este lenguaje adherente a la realidad permite responder al problema, propio del conocimiento empírico, de cómo funciona y se transforma la realidad allí donde la filosofia se interroga sobre el por qué sin finalidades de aplicación inmediata. El conocimiento empírico se produce, por 10 tanto, para ser aplicado -al menos en un principioa la sociedad: interesa --&ce Sartori (p. 54)- <(de que' modo una determinada realidad funciona porque me urge operar sobre esta realidad,. El canon de verdad de una proposición empírica ya no es sencillamente, como en Pareto, la correspondencia con 10s hechos: el criteri0 de verdad estriba en verscar si, aplicada a la práctica, una determinada teoria funciona y produce efectos en correspondencia con la finalidad, según un clásico canon del pragmatismo (es verdad todo 10 que funciona). Todo el10 implica una relación muy estrecha entre teoria y práctica (que efectivamente es tema central en Sartori), en el doble sentido de que el conocimiento científic0 debe poder convertirse -al menos en un principioen saber común y hallar 10s canales para hacerlo; y en el sentido de que la ciencia debe contar con la aprobación de la objetividad y la imparcialidad para ser aceptada por 10s diferentes grupos de la sociedad como verdad de expertos y no verdad parcial. Sartori tropieza aquí con 10s problemas que ya Pareto había encontrado y resuelto del modo escéptico que he mencionado más arriba (el saber cientifico no puede nada sobre la conducta de 10s hombres, ya que ésta se encuentra dominada por ideologias y pasiones), y 10s problemas no menos espinosos planteados por la sociología del conocimiento en materia de la <<Papers)): Revista de Sociologia objetividad de la ciencia. El autor reconoce lúcidamente el dilema cuando se pregunta (p. 65): ct¿Cómo especializar, hasta el punto de hacerlos inaccesibles a 10s profanos, el conocimiento y la ciencia política? Especialmente cuando vivimos en un sistema democrático, dqué sentido tiene tratar el tema politico aisladamente, en términos incomunicables a 10s no especialista~?)> El abismo entre la ciencia y su públic0 se amplia aún rnás cuando se piensa en la diferente naturaleza del discurso científico respecto al común (v. supra). NO queda -concluye Sartori (p. 67)- rnás que resignarse al camino rnás largo, rechazando pactar con el discurso ideológico; y por el contrario, {(actuar sobre las matrices culturales donde se originan las ideologia~)> (p. 67). Queda por saber cómo y a través de qué canales. Sartori (1959, pp. 77-83) discute sobre Pareto a propósito de 10s autores que en materia de comportamiento social han establecido una radical discontinuidad entre teoria y práctica. Pareto (1964, par. 1788) se habia expresado sobre este punto con su habitual nitidez: <<La prdctica es mejor cuanto más práctica es; la teoria, cuanto rnás teórica es. Pésimas, en general, son la prhctica teórica y la teoria pr6ctica.n Mucho mejor era para Pareto un sencillo empirisme, como aquél del que habian dado prueba admirable en otros campos 10s artesanos de la Edad Media (par. 1785). Para esta posición se presentaban dos motivaciones, una contingente: el persistente estado de atraso de las ciencias sociales; una rnás de fondo: referente al hecho de que 10s principios Iógico-experimentales (el discurso científico) no cuentan con ningún asidero en ese amasijo de fe, sentimiento e ideologia que mueve al hombre y el discurso comunes. Lo que es vudad no es necesariamente persu~sivo ni útil para la sociedad. Según Sartori, el error de Pareto había sido confundir un resultado de hecho (la ineficacia práctica de las teorias) con una cuestión de principio (la imposibilidad de una ciencia aplicada de la sociedad), mientras que 10s dos aspectos se mantenían separados y debían examinarse particularmente. El verdadero punto era saber si <tes verdad o no que alguien predica biens (p. 79). Ahora bien, sobre este punto el sociólogo-economista no se había mostrado tan <tconfuso)> como coherentemente elitista, como se reivindica en este pasaje importante del Trattato (par. 1786), que precede en poc0 al citado por Sartori, donde Pareto lleva a cabo una explícita conexión entre su teoria del conocimiento y la teoria de la élite: <<No topamos sólo con la dificultad de la materia que {nos) aleja (de la posibilidad de que la teoria no dé útiles prescripciones), sino incluso con la invasión de la metafísica (. . .) y con el hecho singular de que tal invasión tiene su aspecto útil, ya que e1 razonamiento con derivaciones metafísicas (. . .) es el único que muchos hombres son capaces de hacer y de comprender. Aquí se hace bien patente el Para una historia de la ciencia política contraste entre el conocer y el operar (. . .) Aquí surge también un fenómeno importante, es decir, el de la eficacia, para deshacer tal contraste, de la división de la colectividad en dos partes, donde una, en la que prevalece el saber, rige y dirige a la otra, donde prevalecen 10s sentimientos; de modo que, en conclusión, el operar se halla bien dirigido y es fuerte.)> La imposibilidad de una ciencia aplicada era pues, en Pareto, relativa, no absoluta: se referia al vulgo y a 10s indoctes, no a la élite. Para ir mis allá del planteamiento elitista paretiano, es necesario criticarle la concepción de la naturaleza humana y de la naturaleza de la <tvoluntad)> (se ha dicho justamente que la sociologia paretiana contiene una teoria de la acción, pero una teoria NO uolurztarista de la acción: Stark, 1965, p. 54). Y ésta es la dirección en la que parece moverse Sartori, que se sitúa entre una concepción intelectualista de la voluntad (la voluntad sigue 10 que la razón manda) y la concepción antiintelectualista de Pareto (la voluntad es rebelde a la razón), postulando la posibilidad de una conducta racional en la que la ciencia tenga donde agarrarse. Otros elementos sobre la intervención de la ciencia en la sociedad y las modalidades de esta influencia se extraen de la critica sartoriana de Mannheim. Mannheim (1957) veia en la práctica política dos caracteristicas básicas que explicaban por qué -de una de las actividades fundamentales del hombreno habia surgido nunca una ciencia de la politica. La primera dificultad nada del hecho de ser la práctica política <tactividad creadora)>, proceso ctdonde cada momento da lugar a una situación irrepetible y donde (la ciencia) intenta aislar algo que tenga un valor permanente)> (Mannheim, 1957, p. 126). En este aspecto la política se contraponía netamente a 10 que Mannheim llama <t administración)>, entendida ésta como actividad reguladora que opera sobre la base de reglas preestablecidas y compartidas, ámbito de la prwisibilidad y de la <tracionalidad>>, y por 10 tanto, posible objeto de ciencia. El segundo obstáculo, en relación con éste, era que la clase política se nutre de lucha y de fuerza, elementos a cuyo alrededor <(se acumulan aquellos otros profundos elementos irracionales que nosotros habitualmente llamamos emociones)> (Mannheim, 1957, p. 127). Si bien es difícil sentirse emotivamente <tcomprometidos)> en un acto de la administración, dondi: 10s resultados están preconstituidos (y en cualquier caso previstos), es difícil no estar10 en una lucha abierta como la lucha política. De ahí el compromiso del observador y la <tley>> --que Sartori llama aley de Mannheim)>- según la cua1 <(las ciencias cualitativas se corresponden más o menos estrechamente con la situación social e histórica de 10s grupos en que se subdividen las clases sociales)> (cit. por Sartori, 1959, p. 127).