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Discurso sobre el método

Nicol, Eduardo

Abstract

Nicol, Eduardo

Full text

DISCURSO SOBRE EL MÉTODO* Edua do NICOL Todos somos enomenólogos. En nues o len- guaje ilosó ico ac ual, la palab a enomenolo- gía designa especialmen e el mé odo y sis ema de Edmundo Husse l. An es de ésa, enemos una enomenología kan iana y una enomeno- logía hegeliana. Y después enemos la eno- menología de Heidegge , que no concue da con la de su maes o, y oda ía o as más. Así he- mos llegado al pun o en que no sabemos bien qué es enomenología y, es o con unde nues as ideas sob e el mé odo. Podemos ex a ia nos en las ami icaciones de la enomenología si no eg esamos a la aíz. Pe o no a la aíz en endida como la esencia común a odas esas a iadas doc inas que os en an el í- ulo de enomenología, sino a la aíz de la pala- b a, que po ahí es posible que descub amos lo adical del asun o. ¿Qué signi ica enome- nología? Es a palab a, ela i amen e ecien e en el o- cabula io de la iloso ía, no la emplea on los pen- sado es en G ecia, pe o se compone de dos é - minos g iegos: phainomenon y logos. Phainome- non designa lo que apa ece, y con iene la aíz de phoos, la luz, lo mismo que el e bo phaino, que quie e deci pone a la luz, mos a , mani es a , expone , e c. Las cosas se mues an a la luz: las cosas son enómenos. Na u almen e, es a isi- bilidad no es p opiedad in ínseca de su se , pues implica o o se capaz de e las. Pe o la isión no bas a, po que es in ans e ible. El ac- o de pone a la luz es el que ejecu a el hom- b e con las cosas cuando habla de ellas. En es o consis e li e almen e la enomeno-logía: e y deci . Deci o nomb a , simplemen e, po que logos no signi ica aquí oda ía azón y ciencia: ciencia del enómeno. Logos es palab a, e bo, lenguaje humano. Todos hablamos de lo que e- mos. Todos hacemos en~menolo~ía. Lo que es o deno a es la o igina ia, pe manen e eunión del logos con la luz. La palab a es i adian e. Cuando algo es á muy cla o, el g iego dice phane ós, o sea e- iden e. Lo que aho a se nos p esen a a noso os con el ca ác e dis in i o de lo phane ós es que el menes e de la iloso- * Tes de la con e encia inaugu al del Segundo Cong eso Nacional de Filoso ía, o gani za pe la Aso- ciación Filosó ica Mexicana, que es po i a e me en aquella ciu a el mes de desemb e del 1983. (No a de l'au o .) ía consis e en ele a al ango de mé odo lo que ya es espon áneamen e ope an e y e ec i o en la exis encia humana: habla del enómeno. Podemos deci que el homb e accede a la au én- ica humanidad cuando empieza a se enome- nólogo. Es cie o que el homb e común no siem- p e e bien lo que es á a la is a, ni habla bien de lo isible; pe o si el lenguaje concep ual y me ódico no siemp e es comp ensible de inme- dia o, en cambio, el ilóso o no aco a una ea- lidad especial o p i ada cuando empieza a ha- bla , su base o pun o de pa ida es el mismo que el del homb e común. Es a e dad elemen al p oduce, sin emba - go, cuando se examina se iamen e, consecuen- cias g a es, pues signi ica que la iloso ía mis- ma no es, po necesidad, sino logos sob e el enómeno. Po no habe econocido es e hecho, puede asegu a se que la iloso ía como ciencia igu osa no ha log ado cons i ui se du an e su his o ia en au én ica, conscien e enomenología. Los pensado es que se llaman enomenólogos se conside an a si mismos como casos de excepción; conside an que el suyo es un mé odo especial, en ez de decla a que la enomenología no es el mé odo mejo , sino el único posible. A es a conclusión p elimina se llega po la ía ápida del análisis lingüís ico. Pueden mos- a se con cla idad las azones po las cuales debemos desca a las enomenologías del si- glo xx. Pe o no siemp e lo cla o y sencillo es lo p e isible. El echazo pa ece ía polémico, y no, jus amen e, enomenológico. No hay nada más p e isible que la polémica en el quehace ac ual de la iloso ía. Lo imp e is o es que am- bién son enomenólogos los ilóso os an e io es a la enomenología, o quienes disc epan de ella; sólo que no lo econocen e in en an mé odos dis in os. Tampoco lo econocen aquellos pen- sado es mode nos que conside an que la e- nomenología es una doc ina especial, que se opone a o as doc inas. La e dade a eno- menología no iene ad e sa ios. En lo que deseo insis i es en que la eno- menología no es una doc ina. Fenomenólogo es el homb e de ciencia. Fenomenólogo es el homb e de la calle. El p ocede enomenológi- co es ine i able, dada la con o mación de nues- o sis ema na u al de conocimien o y de exp e- sión, y la o ma cons i u i a de la ealidad. Lo que se equie e es da cons ancia eó ica al he- cho de esa uni e salidad del p ocede enome- nológico. El ilóso o es enomenólogo po una azón semejan e, pe o más o zosa aún, que la a- zón po la cual odos los ísicos son ma emá i- cos. En los inicios de la época mode na, quienes cul i an la disciplina que oda ía New on lla- ma « iloso ía na u al», descub en que la na u- aleza ino gánica es esencialmen e cuan i icable. El mé odo ma emá ico no ue la ocu encia de unos de e minados cien í icos. La o iginalidad (si es o impo a a) consis ió en econoce que no hay o o mé odo posible de ep esen a los enómenos ísicos. El mé odo ma emá ico no se aplica desde ue a a la ealidad como una ho - ma que pudie a, co iendo el iempo, se sus i- uida Do o a. Lo cie o es aue la na u aleza lle a el núme o en su esencia, po así deci lo en ono pi agó ico. O sea que unciona de acue do con un sis ema de medidas cuan i a i- as cons an es. La ep esen ación de es a ea- lidad sólo puede hace se, como a i ma Galileo, en lenguaje ma emá ico. Pe o no ol idemos que ambién el ísico es enomenólogo. Pues bien: es ho a ya de que la iloso ía e- conozca de mane a o mal y de ini i a lo que sólo ha enido a isbando alguna ez, con pe - miso del acionalismo, a sabe : que ella es de modo eminen e ciencia de los enómenos; que siemp e ha ope ado de hecho enomenológica- men e, incluso en las más agudas o mas del ap io ismo. Si es o implica una e olución p o- unda en la me a ísica, que a su ez es ciencia del mé odo, pues lo sien o mucho. Hab án de esigna se an o los amigos de la me a ísica, a e ados a su adición, cuan o sus enemigos, quienes le niegan la capacidad de eno a se. Digamos de paso que es g o esca la exis encia de ales bandos. Pues se puede se ad e sa io de una doc ina; nadie puede se ad e sa io de una ciencia, omada en bloque. Y la enomeno- logía, siendo de hecho ine i able y común, no da luga a discusiones. És a no es cues ión de opiniones, sino cues ión de hecho. La me a í- sica se cons i uye, po an o, como igu osa ciencia posi i a, en el sen ido li e al de pa i- da ia enca nizada de lo posi i o, de lo dado, de los enómenos. Todos los pensado es e oluciona ios, desde Pla ón, decla an la necesidad de que la iloso- ía enga un solo mé odo. La unidad de una ciencia no depende de la unidad doc inal, pe o sí impone la unidad del mé odo. Siendo así, no se explica que és a sea una ma e ia dispu a a, como decían los clásicos. El mé odo único no puede se in en ado po nadie. Tiene que se dado pa a odos y pa a siemp e. La ciencia de! mé odo es posi i a po que su p opio mé odo es un da o, y no una c eación de eo ía. Cada g an pensado decla a que el mé odo único es el suyo; lo cual signi ica que se ía el único álido. La decla ación en uel e la c í i- ca de los demás mé odos, es deci , su plu alidad. Husse l, po ejemplo, a i ma que su enomeno- logía cons i uye el e dade o y de ini i o mé o- do de una iloso ía como ciencia igu osa. Con palab as igualmen e nobles y con unden es, análogas decla aciones hicie on Desca es y Kan y Hegel. Todos compa ían la ín ima con ic- ción de que no puede ene igencia sino un solo mé odo. Sin emba go, pa a odos esos maes os el mé odo e a lo buscado y lo encon- ado. La di e sidad de los hallazgos e ela que ninguno de esos mé odos e a enomenológico. En e dad, cada uno e a una hipó esis del mé- odo. És e sólo puede se único si es dado. Pe o en onces, ine i ablemen e, es an e io a la búsqueda; o sea que la búsqueda es supe - lua. Reconocemos que es di ícil admi i que la base me odológica de la iloso ía es an e io a la iloso ía: no es algo que ella debe elabo a . Pe o me es oy adelan ando. Imaginemos que oda ía es amos en la ase de las pe plejidades. ¿Po qué la iloso ía no ha sido au én ica y conscien emen e enomenológica? ¿A qué se debe la plu alidad de mé odos? Henlos caído en la cuen a de que no sólo Desca es, sino o- dos los maes os de la his o ia esc iben sus es- pec i os discu sos del mé odo. La consiguien e dispu a del mé odo es un escándalo pa a la a- zón, y plan eaba a la iloso ía ac ual un p o- blema mayúsculo. Hubie a sido un p oblema minúsculo pa a el es udioso, an e el mues a- io de los discu sos clásicos, elegi aquel que pa ecie a más adecuado. Pe o el ap endizaje de la iloso ía no se guía po p e e encias subje- i as; las cuales, además, no e an posibles en es e caso, pues el p oblema mayúsculo e a jus- amen e aquel mues a io, aquella di e sidad de mé odos equi alen es en au o idad, que im- pedía una elección azonable. Así como el ísi- co que empieza sus in es igaciones no debe de- ene se a a e igua p e iamen e qué mé odo debe á emplea pa a lle a las a cabo, me pa- eció que es a a e iguación p e ia e a oda ía menos indicada en iloso ía. Po o a pa e, en nues a disciplina, la cues ión del mé odo iene mayo alcu nia que las eglas y p ocedimien os de abajo y que los p ecep os de la lógica. La unidad de mé odo y sis ema iene ca ác e es uc u al, como e e- mos más adelan e al habla de la dialéc ica. La azón del mé odo es una azón de ondo. Así, la ausencia de un mé odo uni e salmen e acep- ado susci aba dudas sob e nues a capacidad. ¿Es qué la iloso ía con empo ánea, menos dies- a que las an e io es, se e ía p i ada del hono de p esen a un discu so del mé odo o i- ginal, indica i o de nues o ni el his ó ico? Pe o la osadía de in en a un nue o mé odo, equipa- able al de los g andes maes os, acasa ía si u ie a éxi o; pues, en el mejo de los casos no esol e ía el p oblema de la unidad: aumen- a el núme o de los discu sos es ag a a las pe plejidades. Pensé en onces que lo indicado e a supe a la dispu a del mé odo con un dis- cu so sob e el mé odo, es deci , con un análi- sis de la me odología adicional que no die a la azón de ondo de la emba azosa plu alidad de mé odos. Es a e lexión sob e el mé odo desemboca en el ema de la enomenología. Deci que los mé odos son a iados po que ninguno es eno- menológico es ace ado pe o no es explica i o. La coincidencia decisi a en los mé odos adi- cionales de la me a ísica es la de aluación del enómeno. Se supone que hay algo más allá de lo que apa ece. Pe o con10 es o es in isible, po de inición, las ías que pe mi i ían alcanza esa e a igno a son conje u as a iables. Voy a ex- plica me. Decimos que la enomenología consis e en habla de lo que se e. ¿Cómo designa íamos a los ilóso os que nos hablan de lo que no se e? Pues los ha habido, y son casi odos los me a ísicos. Es cie o que hay algo en lo eal que no se e, li e almen e, con los ojos de la ca a. Pe o se e de o o modo, o se e en lo que apa ece. Po ejemplo, las emociones que sien o en mi in e io , los pensamien os que pien- so; y en el plano ex e io , las pa ículas a ó- micas y los ácidos nucleicos son eales y no los eo. En gene al, lo que llamamos la esencia, o sea aquello en que consis e la cosa y la de- ine, muchas eces no es apa en e a p ime a is a. Se equie e un análisis especial pa a dis- ce ni en e el cob e y el o o como mine ales en b u o. Y yo sé muy bien lo que es un pen- samien o, pues o que soy se pensan e po na- u aleza; pe o, en qué consis e el ac o en sí de pensa , es o no lo sé, desde luego, po la sola expe iencia. De sue e que alguna azón debe concede se de an emano a los ilóso os que nos hablan de lo que no se e. Pe o ellos deben econoce po su pa e que siemp e han de pa i de algo que si se e. La p esencia isible es es imonio del se . Ocul a puede es a la esencia; pe o el se y la esencia no se iden i ican. El se de la na anja es á en su piel, en lo que se e y se oca, lo cual me pe mi e dis ingui la de o a u a con piel di e en e, como la manzana. Veo los u os y eo las di e encias y, sin emba go, no eo las espec i as esencias. Da azón de ales di e encias esenciales (no supe iciales) es a ea de la ciencia segunda; a ea, po an o, pos e io a la ap ehensión del se como enó- meno. Lo que ocu e es que los sabios de lo in isi- ble juzgan que lo isible es menos se que lo esencial, po que es o no cambia ni pe ece. Aun- que ya no hubie a manzanas en la ie a, :a idea de lo que es la manzana en sí se ía inmu able y e e na. És a es la cla e de la llamada eo ía de las ideas de Pla ón, cuya in luencia pe i e en oda la his o ia de la me a ísica. El enóme- no no puede albe ga el se . Los mé odos de la me a ísica son caminos hacia el se . Pe o en el ondo adical, no le impo a al me a ísico el se de es o o de lo o o, sino el se en sí, en cuan o se . La cues ión se ía: ¿en qué cunsis- e se ? Es a ya es una cues ión dis in a. Pe o esa p egun a nadie la con es a; nadie puede de- ini lo que es el undamen o de odas las de iniciones. El se es simplemen e la ealidad; es la p opiedad que exhibe inicialmen e odo aquello que decimos que es, cuando oda ía ig- no amos qué es. Mé odo es camino. No hay camino que nos lle e hacia el se . En el se es amos ya, sin mo- e nos, odeados de enómenos. El se no es p oblema. En g iego p oblema signi ica obs ácu- lo: aquello que se opone o se an epone en nues- a ma cha. Nada se in e pone en e noso os se . La dialéc ica nega i a es la ca ac e ís ica del hegelianismo y sus suceso es. El So is a pla ónico es una c í ica de la a- zón. Pla ón no ha dicho nunca que el se y el no-se uesen con a ios. La con adicción es i acional. La e o ma pla ónica de la azón consis e en demos a la ealidad del no-se . Todo lo eal es acional. La elación del no- se con el se no in inge esa acionalidad. En cambio, dos é minos de inidos de an emano como con adic o ios son inde ec iblemen e i e- conciliables. Pe o la dialéc ica mode na no es enomenológica. La consecuencia es que una dia- léc ica e dade amen e enomenológica impli- ca, po necesidad, una c í ica de odas las c í- icas de la azón. La azón es dinámica; el se es dinámico. Ambos dinamismos en añan el no-se y exclu- yen la nega i idad on ológica. Como econocía el p opio Hegel, la negación es la au o-des uc- ción del se . Y así dice que «lo ini o, siendo adicalmen e con adic o io, en uel e su p o- pia au o-sup esión». Sólo que es also que lo ini o sea con adic o io, y es imposible que en el cambio se p oduzca la sup esión de lo cam- bian e. El p oblema de la azón, que es el p oblema del se y el iempo, se des anece en la eno- menología. La sapiencia popula no in inge el p incipio de azón cuando decla a que el hom- b e no es bueno ni malo: es bueno y malo a la ez. A la ez quie e deci : po una ambigüedad mo al, o bien en iempos sucesi os. Pe o la maldad p esen e no sup ime la bondad pasa- da. El cambio es a i mación de se en odo se . El pasado es in ocable. En la his o ia, el p e- sen e no niega el pasado: es «o a cosa», como decía Pla ón. El se del logos que es el homb e lle a la dialéc ica en su seno. La dialéc ica mien a o i- gina iamen e el ac o dialógico, en el cual se e ec úa una oposición. La ealidad es un pa- no ama de in ini as oposiciones, lo mismo ex- e io es que in e io es. La azón cap a la a i- nidad de los opues os. Po es o se dice que el se es dialéc ico, aunque no sea dialógico. Es a au o-conciencia de la azón, es e sabe de su o mal cou enien ia con odo lo eal, es el pun- o culminan e de una c í ica de la azón dialéc- ica. Comp obamos así que no somos eno nenólo- 00s ni somos dialéc icos po decisión eó ica, a. sino po necesidad, po nues o modo de se in a iable. Si las consecuencias que es o p o- duce en la his o ia de la iloso ía les pa ecen es- candalosas, ecue den a Geo ge Be na d Shaw, quien dijo una ez que odas las g andes e - dades comienzan como blas emias.