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Muerte y supervivencia

Roura-Parella, Joan

Abstract

Roura-Parella, Joan

Full text

MUERTE Y SUPERVIVENCIA* Joan ROURA-PARELLA En ealidad no emp endemos el iaje hacia «la o a ibe a» en el momen o de mo i , sino que nues a ba ca ompe las ama as en el ins- an e mismo en que nacemos. Nues a exis encia oda no es más que un cons an e mo i ; la ida con iene en sí misma el ge men de la mue e. Desde iempos an iquísimos, es e hecho ha sido exp esado en mil o mas di e en es. Especial- men e po omán icos y mís icos. Oigamos a He ácli o, el omán ico: «En el ins an e de nace se disponen a i i y po es a azón a su i la mue e» (Diels, «F agmen e de Vo sok a ike », Be lín, 1922, ol. 1, p. 82. Hay aducción española de Ga cía Bacca de es a ob a). Nadie ha exp esado en o ma más plás ica que Simmel, es e doble mo imien o de la exis encia humana: «Somos como homb es que caminan en un ba co en sen ido con a io a su u a: mien- as andan hacia el su , el suelo en que lo hacen ma cha con ellos hacia el no e» («Lagos», 19 10-1 1, ol. 1, p. 60). Lo cual quie e deci que es e doble mo imien o de e mina en cada mo- men o nues a si uación en la cu a de la exis- encia indi idual. Pe o no sólo nos ace camos cada ez más hacia la mue e, sino que ni nace- mos o almen e en el momen o de eni al mun- do, ni mo i nos cuando cesa de la i nues o co azón. Cons an emen e algo nace y mue e en noso os. En odas las capas del se humano: el o ganismo se enue a cons an emen e, enden- cias y emociones eme gen y se ex inguen en nues a alma, y nues o espí i u mue e y enace en cada una de sus c eaciones. La mue e es, pues, inmanen e a la ida; es su co ela o, la condición del cambio y la a iación. No es la mue e el he mano que iene de lejos a nues- o encuen o, como decía el iejo Faus o, sino que es á en noso os. És a e a una de las bási- cas expe iencias de Rilke. En una ca a esc i a pocos años an es de su mue e y publicada, en 1937, en el Insel-Almanach se exp esa así: «Al igual que la luna, la ida iene una ca a opues a cons an e, que no es su con a ia sino el com- plemen o de su pleni ud, de la es e a de su se ... No quie o deci que deba ama se la mue e, pe o enemos que ama la ida an gene osa- men e, an sin cálculo ni p e e encia, que con- inuamen e enemos que ama la o a mi ad opues a de la ida.. . Ella es nues o mejo amigo.. . y es o no lo en iendo en aquel sen ido omán ico y sen imen al de enunciamien o a la ida.. . ». Así, se comp ende que el modo de se pe - sonal de e mine ambién el ac o de mo i y que cada cual mue a a su modo, si la mue e no so- b e iene en o ma ca as ó ica. «Sólo la mue e silenciosa» -can a Rilke en un sone o a O - eo- «sabe lo que somos y lo que gana cuando nos p es a». Es as palab as son cla as: la o a ida se á an o más ica cuan o más llena sea la p esen e. Nues o u u o, allende la mue e, depende de lo que hayamos sido en nues o án- si o po es e mundo. Pe o si sospechamos que nues a ida p esen e in luye de algún modo en la o a, sabemos de cie o que el u u o desco- nocido iene una g an in luencia en nues o i i ac ual. La mue e modela la ida y nues a exis- encia se ía comple amen e dis in a, si la mue e no nos acompaña a siemp e o si supié amos, po lo menos, qué clase de umbos son aquellos en que la mue e ama a su ba ca. Acaso ninguna o a ue za pe hla con an o ímpe u el es ilo de la pe sonalidad como la mue e. Y ambién la de cul u as en e as. Po que la idea que nos ha- cemos de la mue e de e mina nues a concep- ción del alma y de Dios, así como nues a con- cepción del o igen de las cosas y nues a con- cepción del Uni e so. En es a idea, que es u o de un hondo sen i , hincan sus aíces las c eencias eligiosas. Cada e, cada in e p e- ación del o o mundo, cada ep esen ación de Dios, no son más que a iaciones his ó icas del e e no enigma. Sólo un o gullo demoníaco puede hace nos pensa que nues a imagen es la única e dade a y, po ende, desencadena en nomb e de Dios, pe o con a sus p ecep os, dis- c iminaciones eligiosas y gue as san as. Cla o que en el ondo no exis en ni gue as ni pe se- cuciones eligiosas; lo que exis e es la olun ad de pode unida las más de las eces a la o a- cidad económica dis azada de c eencia eligiosa. La imagen que nos hacemos de la mue e y del o o mundo in luyen has a en los más mínimos de alles en nues a ida p esen e. Las in es iga- ciones de Max Webe sob e es e pun o en su Sociología de la eligión no dejan luga a du- * Aques ex ha es a ex e del da e capí ol del liib e, Tema y a iaciones de la pe sonalidad, UNAM, Mexic, 1950. La edacció ag aeix al senyo Josep Cu- LleU i Ramis que ens l'hagi p opo ciona . [Hem es- pec a I'o og a ia de la publicació o iginal.] das. (Véase el Vol. 11 de su ob a Economía y Sociedad, aducción del au o , México, 1944.) Y es o, conjugado con la disminución de nues- o a án de segu idad, que a unido al sen i- mien o de la mue e. El deseo de segu idad, que an o mo i a la conduc a del indi iduo y de la sociedad, es la eacción psicológica de la an- gus ia que se sien e en el ondo del alma. La o- lun ad se pone en mo imien o, o ganiza los me- dios de de ensa y llega has a la ag esión pa a de ende se con a el pelig o, subje i o o eal, de la mue e. Po que ambién el homb e quie e pe - se e a a oda cos a en su se . Dicho en o ma nega i a: el homb e no quie e mo i se. Y que nadie se engañe: el homb e quie e pe - du a p ima iamen e en su se ísico. Las conse- cuencias de es e cona o de pe du ación (Spino- za) son eno mes. Es e a án de segui siendo supone la p imacía de la pe manencia sob e el cambio, y la p imacía de la segu idad sob e la li- be ad. Cuan o más nos a e amos a la ida, an o menos inde e minación; cuan o más p e- gun amos po segu idad, an o menos libe ad. El cona o de pe du ación conduce a la ine cia. De donde se in ie e que el deseo de segu idad, que p o ege la con inuidad biológica del hom- b e, es echa la ida espi i ual en sus mismas aíces po que ac úa en di ección con a ia a la libe ad. Y la libe ad, como se ha dicho an e- io men e, cons i uye la sus ancia misma de la ida espi i ual. Pe o no hay escape posible. El o ganismo po- d á man ene se en su se más o menos iempo; pod á disminui se la elocidad del ba co que desde el ins an e de nace emp ende el iaje ha- cia la o a ibe a. Aho a bien: <Qué ocu e al mo i ? ¿Qué ida mue e en noso os? ¿Sólo el o ganismo? ¿Hay o a ida además de la bioló- gica? Si es así, (podemos habla de una supe - i encia más allá de la des ucción del o gn- nismo? ¿No se á la mue e el comienzo de o a ida empo al? En ealidad no puede con es- a se a ninguna de es as cues iones pa iendo de una base empí ica, expe iencial. Nadie puede hace la expe iencia de la mue e. Tenemos que enuncia al conocimien o pa a hace si io a la e. Lo que no puede comp en- de se iene que c ee se. Y ambién la e nu e nues o iloso a . Cada cual iene su p opia e, sus p opias c eencias, su isión de la di inidad, y es a e y es as c eencias y es a isión pe i- lan nues a iloso ía y nues a ac uación en el mundo. La supe i encia después de la mue e es asun o de pu a e. Es cie o que si en la o a ibe a hubiese la nada, es a ida no end ía sen- ido. Lo emendo es que no puede demos a se que la ida y el mundo engan sen ido. No queda más salida que la e pa a a on a es e p oblema. En la in eligencia de que es nues a e la que hace nues a iloso ía y no al e és. La c eencia en la inmo alidad es á honda- men e anclada en el alma del homb e. Goe he i ió a o men ado po es a e ible cues ión. No podía acep a su o al des ucción al con e i se en pol o. Algo sob e i e después de la mue e que sigue me amo oseándose en un plano su- pe io . «La con icción de nues a supe i encia -esc ibe- nace en mí del concep o de ac i i- dad. Si ac úo sin descanso has a el in, la na u- aleza es á obligada a asigna me o a o ma de exis encia cuando la p esen e no sea ya capaz de man ene mi espí i u.. . La en elequia ie- ne de lo al o, es un agmen o de e e nidad y el pa de años que es á unida al cue po no la en e- jecen. Sob e i e al cue po»'. Goe he no podía sopo a la idea de que la en elequia pudie a se des uida y de que el espí i u pudie a súbi a- men e desapa ece en la nada. La ida e a pa a él o mación, ans o mación, e e na conse a- ción. Sabido es que el p oblema de la supe i- encia cons i uye el núcleo de odo el pensa- mien o de Unamuno, Su ape i o de inmo alidad le hacía insopo able la idea de que no pasa a nada después de la mue e. Insopo able o no, igno amos si pasa algo o no pasa nada después de la mue e. Tiene azón Kan : <<nadie puede demos a la posibilidad de la inmo alidad del alma aliéndose de p inci- pios especula i os, pe o ampoco nadie puede aduci ninguna objeción dogmá ica álida en su con a» '. La ciencia enmudece y habla la e. Pe mí asenos que la oz de nues a e ponga pun o inal a es e abajo: Respe amos p o undamen e a quienes c een ' En muchos pasajes se exp esa Goe he de un modo análogo sob e la supe i encia de la pe sona, especial- men e en sus son e saciones con Ecke mann en el año 1829. KANT, K i ik de einen Ve nun , p. 761 de la edición Valen ine , ed. que no pasa ~ada después de la mue e. Quizás umbos del más allá seguimos ealizando de al- en el ondo de nues o co azón sen imos no po- gún modo nues a o ma in e io , desa ándose, de pensa como ellos. Pe o la e se a i ma en la en el ondo de una libe ad pu a, odos los a- duda. C eemos que sin la o a ida és a no iene lo es de nues a pe sonalidad. El se coincide en sen ido. Y lo que no iene sen ido en enena cada momen o con el debe se y la empo a- nues o espí i u. C eemos, en in, que en los lidad se disuel e en la e e nidad.