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Los gustos y las opiniones de Karl Marx sobre cuestiones literarias y artísticas

Fernández Buey, Francisco

Abstract

Fernández Buey, Francisco

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LOS GUSTOS Y LAS OPINIONES DE KARL MARX SOBRE CUESTIONES LITERARIAS Y ARTISTICAS F. FERNÁNDEZ BUEY* Según es imonios di e sos, Ka l Ma x ue Un no able lec o de ob as li e a ias en g iego, la ín, inglés, español, ancés, i aliano y uso, además de en si p opia lengua. He aquí algu- nos de es os es imonios. Eleano Ma x-E eling: Ma x leia una y o a ez a Wd e Sco ; e a un admi ado suyo y lo conocía casi an bien como a Balzac y a Fielding 1.. .1 Me leyó odo Ho- me o, el Can o de los Nibelungos, la Saga de Gud un, Don Quijo e y Las mi¡ y una noches. Shakespea e e a nues a biblia amilia . W. Liebknech : Ma x concedía un ex ao dina io alo a la exp esión pu a. Y con Goe he, Les- sing, Shakespea e, Dan e y Ce an es -a quie- nes leia casi a dia io- habia elegido a los me- jo es maes os posibles. [. . .] Le gus aba decla- ma la gos pasajes de la Di ina Comedia, que se sabia casi en e a. P. La a gue: Conmia de me- mo ia a Heine y a Goe he, a los que ci aba a menudo en sus con e saciones. Leía con inua- men e poe as escogidos de odas las li e a u as - eu opeas. Cada año leia a Esquilo en el ex o o iginal g iego. A Shakespea e, al que p o esaba una admi ación sin limi es, lo habia hecho obje- o de p o undos es udios, conociendo incluso a los pe sonajes más insigni ican es. [ . . . 1 Su ad- mi ación po Balzac e a an eno me que quiso esc ibi una c i ica ace ca de la ob a de aquél, La Comédia humaine, an p on o como hubie a inalizado su o b a económica 1 . . . 1 Ma x leía en odas las lenguas eu opeas. Al cabo de seis me- ses de habe empezado a ap ende uso lo do- minaba ya has a el pun o de pode ec ea se en la lec u a de los poe as y no elis as usos que más ap eciaba: Pushkin, Gogol, Sched in. An- selmo Lo enzo: Me habló de li e a u a españo- la, que conocía de allada y p o undamen e, cau- sándome asomb o lo que dijo de nues o ea- o an iguo cuyo his o ia, icisi udes y p og e- sos dominaba pe ec amen e».' También ue al * Nascu en el 1943, és ca ed a ic in e í de me o- dología de les ciencies socials a la Facul a d'Econb- miques de Valladolid. Ha publica : Ensayos sob e G amsci, Ba celona, 1977; In oducción a la ob a de Lenin, Ba celona, 1978; Con ibución a la c i ica del ma xismo cien i icis a, Ba celona, 1984. H. M. ENZENSBERGER, Con e saciones con Ma x y Engels, 2 olúmenes, ad. cas ellana: Ba celona, Ana- g ama, 1974. pa ece un buen a icionado a la músi~a.~ Pe o el conjun o de sus e lexiones sob e e- mas li e a ios y a ís icos ocupa sólo un peque- ño espacio en una ob a, como se sabe, más bien ex ensa. Si se descuen an los ex ac os oma- dos de la Es é ica de F ied ich Theodo Vische a la cual dedicó cie o iempo en e 1857 y 1858 y a los que no añadió ningún comen a io c í ico que se cono~ca,~ el olumen o al de su p oducción esc i a sob e emas de es é ica y poé- ica apenas suma un cen ena de páginas ag- men a iamen e dis ibuidas en ensayos económi- cos, his ó icos o sociológicos, así como en la co- espondencia con amigos, compañe os y cole- gas de la época. De esos agmen os el más la - go, po lo demás, es á dedicado a comen a un d ama his ó ico-li e a io de Fe dina d Lassalle de nulo elie e en la his o ia de la li e a u a ale- mana. A endiendo a es os hechos, se comp en- den, po an o, las ese as exp esadas po algu- nos c í icos sob e la legi imidad de basa ahí una «es é ica ma xis a». Po ello es p e e ible a odos los e ec os habla de eo ía o e lexión ma xiana sob e a e y li e a u a o, aún más sen- cillamen e, de las opiniones de Ma x al espec o. De su in e és po Bach da cuen a F anziska Ku- gelman: «Po aquel en onces nos encon ábamos en los p ime os días de Semana San a y mis pad es le oga on que el Vie nes San o escucha a con eiios la Pasión seg ín San Ma eo, de Bach. Ma x lamen ó no pode asis i a la audición, a pesa de que e a un g an en usias a de la música en gene al y de Bach en pa - icula , pe o el Jue es San o a más a da debía p ose- gui iajen. De cie o p u i o nacionalis a en sus p e- e encias musicales in o ma W. Liebknech : «Ma x sol ó unas pa a adas de en usias a alabanza a la ciencia y la música alemanas, a i mando que ningún o o país había sido capaz de engend a músicos como Bee ho- en, Moza , Handel y Haydn; que los ingleses, los cuales no enían música, se encon aban en el ondo muy po debajo de los alemanes, e c.». El es imonio es de ab il de 1854. Luego la opinión de Ma x debió cambia algo, a juzga po sus e e encias despec i as a Wagne y al público alemán que lo aclamaba cada año. Los es imonios de la Kugelmann y de Liebk- nech es án ambién en la ob a ci ada de H. M. En- zensbe ge . G. Lu~Ács, «Ka l Ma x y F ied ich Theodo Vis- che », en Apo aciones a la his o ia de la es é ica, ad. cas ellana. México, G ijalbo, 1965. An es de Lukács había llamado la a ención sob e es e pun o M. A. Li - schi z. En la o mación del jo en Ma x que en 1835 deja T é e is pa a inicia los es udios uni e si- a ios en Bonn se supe ponen las in luencias de la cul u a ilus ada alemana y emas p opios del oman icismo en auge. De en e los in é p e es de Ka l Ma x p obablemen e ha sido Hen i Le- kb e quien más ha esal ado los mo i os o- mán icos de su ob a ju enil as eándolos luego en los esc i os de madu ez. No es casual, po an o, que el olumen p ime o de la an ología que Le kb e p epa ó conjun amen e con No - be Gu e man pa a Gallima d en 1963 -es o es, en un momen o en el que los e o nos al o- man icismo no e an la moda del día- se ab a con el ó ulo de «Élan oman ique». Bajo és e se incluye la céleb e ca a esc i a po Ma x a su pad e en no iemb e de 1837. Po ella -y po o os ex os agmen a ios de en onces que se han conse ado- sabemos de la pasión idea- lis a del jo en es udian e uni e si a io quien, no obs an e, ya a inales de 1837 se e a sí mis- mo como un indi iduo en si uación de ánsi o, como un homb e aún impulsado po la sensibi- lidad lí ica pe o al mismo iempo insa is echo del a o con las musas y au oc í ico espec o de sus p opios in en os de cons ui un sis ema ilosó ico-dialéc ico cuya úl ima p oposición -según econoce allí- no e a sino el comien- zo del sis ema hegelian~.~ Du an e aquellos años uni e si a ios el jo en Ma x dedicó cie o iempo a la his o ia de la li e a u a, a la eo ía li e a ia y a la c eación poé ica. En el o oño de 1835, en Bonn, asis ió a las con e encias de Augus Wilhelm Schlegel sob e his o ia de la li e a u a an igua; se in e e- só po la mi ología g iega; adop ó la cos umb e -que ya no abandona ía- de esc ibi amplios ex ac os de ob as que iban a con o ma sus gus os: Laoocon e de Lessing, E wing de Sol- ge , la His o ia del a e an iguo de Winckel- mann; eleyó a Home o y a Eu ípides, se ace có a O idio y -p obablemen e du an e el e ano K. MARX, Oeu ~es choisies (ed. N. G~l e man y H. Le eb e), omo 1, Pa ís, Gallima d, 1963, pág. 11 y SS. La aducción que apa eció en aquella edición ancesa es agmen a ia. C . C. MARX y F. ENGELS, Ob as undamen ales (ed. de W. Roces). Esc i os de ju en ud: México, FCE, 1982, pág. 5-13. de 1837- es udió la Es é zca de Hegel.' Hegel e a pa a el en onces idealis a ich iano Ma x «el enemigo», omán icamen e odiado po la pesada melodía de un sis ema que epele al jo en i me- men e de e minado a undi ciencia y a e y a saca la pe la pu a a la luz del sol. Pa a es e Ma x, que aún no ha cumplido los ein e años, la ida en gene al es subje i idad apasionada, exp esión de la ac i idad in elec- ual, a i mación de la p opia pe sonalidad. Y su es ado anímico el de un jo en a do oso que aca- ba de descub i un mundo nue o, el mundo del amo po Jenny on Wes phalen, emb iagado de nos algias pe o -en la medida en que la mu- je amada queda lejos- acío de espe anzas. La na u aleza, la ac i idad u bana, las mismas ma- ni es aciones a ís icas le pa ecen melancólica- men e ex e io idades ías y is es: ni siquie a el a e e a an bello como Jenny. Es e en usias- mo amo oso encon ó su exp esión p ime a, co- mo suele ocu i , en la poesía lí ica. Mues as suel as de los poemas esc i os po Ka l Ma x a Jenny on Wes phalen du an e el pe íodo be linés, en 1836-1837, han llegado has a noso os; ambién se han conse ado ag- men os de un ela o sa í ico i ulado Esco pión y Félix y de un d ama an ás ico inacabado, Ou- lalzem. Pe o buena pa e de esos an eos li e a- ios ue p on o des uida po el p opio au o , según cons a en la ci ada ca a al pad e.6 El as- go común de aquellas c eaciones -a juzga po lo que se ha publicado, po los comen a ios dis- pe sos de Ma x y po algunos es imonios indi- ec os- es la exal ación idealizada y desmedida de los sen imien os con o mas y mo i os habi- uales del ambien e omán ico alemán de en on- ces: la negación y )huida del p esen e en endidas como exp esión de la audacia indi idual, la aspi- ación a la libe ad abs ac a e ilimi ada, la en- soñación, la a acción po una na u aleza desen- cadenada y an opomo izada, la isión del des- j F. LIFSCHITZ, La iloso ía del a e en Ka l Ma x, Ba celona, Fon ama a, 1982, pág. 13 y SS. La ci ada edición de ROCES de los Esc i os de ju en ud ep oduce una no a de Eleano Ma x-E e- ling publicada en la Neue Zei (año 16, . 1, n.O 1, co espondien e a 1897), en la que decla a ene en su pode es cuade nos de poesías de Ma x echados en 1836. Hay aducción cas ellana de los agmen os de Esco pión y Félix (Ba celona, Tusque s, 1971) y de Oulanem (en El desconocido Ka l Ma x, ed. de R. Pay- ne: Ba celona. B ugue a, 1975, págs. 73-102). ino humano en lucha cons an e con ue zas mis e iosas, e c. Así en el siguien e agmen o de un poema de- dicado a Jenny: «En uel o audaz en es idu as de uego iluminado el o gulloso co azón dominan e, lib e de yugo y a adu a, a anzo po amplios salones con i me paso, a ojo an e u az mi dolo y como á bol de la ida nacen los sueños.» O en es e o o i ulado El iolinis a: «Toco pa a el ma emb a ecido que se es ella con a el acan ilado pa a cega mis ojos y que a da mi co azón y que mi alma esuene en el ondo del [In ie no.» O en es e pasaje de Oulanem: «Noso os somos simios de un dios [indi e en e. Tengo que a a me a una ueda en llamas y baila gozoso en el cí culo de la e e nidad. Si exis e algo que de o a sal a é a su seno aunque des uya el mundo, des oza é con pe manen es maldiciones el mundo que se in e pone en e mí mismo y el Abismo.» Se ha que ido e en es as composiciones del jo en Ma x ecos y suge encias, más o menos amo iguados, del jo en Schille , de Goe he, de Ho mann, de No alis.' Y desde luego, no es nada imp obable que aquel uni e si a io ena- mo ado que esc ibe con desmesu ado alien o omán ico se impusie a an al os, y aun dis an- es, modelos. Lo que log a, en cambio, son e - sos -como esc ibie a Meh ing hace ya iem- po- omán icos en el ono sin la magia p opia del oman icismo; aunque ambién -se ha aña- dido- sin el mis icismo, el gus o medie alizan- e y el nacionalismo que ca ac e iza on, como implicaciones ideológico-polí icas, al oman icis- mo alemán de en onces. En cualquie caso, en Esco pión y Félix y en Ozllanem es posible as- ea las lec u as que deja on huella en el jo en Ma x: el in e és po Shakespea e, u ilizado com- Da id MCLELLAN, Ka l Ma x. Su ida y sus ideas, Ba celona, C í ica, 1977, pág. 30 y SS. pa a i amen e y en un sen ido humo ís ico; el a o con los emas de la His o ia del a e an i- guo de Winckelmann; el conocimien o de los T is ia de O idio; y, sob e odo, la a acción po el ema de Faus o. Y jun o a ellas, los ó- picos p opios de la sensibilidad de época: la idea de que no se puede ya poe iza pa a c ea una epopeya, la idealización de I alia, las i o- nías sob e el ilis eísmo: «Escuchad: soy un seco y seden a io íilis eo, un homb e que llama a las cosas po su nomb e y se acues a odas las noches pa a despe a cuando uel e la mañana, y que cuen a las [ho as has a que llegue la úl ima y el eloj se [de enga. Pe o sabed que yo, un ilis eo au odidac a engo ideas p opias y colecciono pensamien os como os pod íais colecciona pied as o a ena, y se me ocu e que quien no conoce su o igen puede descub i que iene o o.» La ensión in e io que al jo en Ma x le p o- dujo la búsqueda del e dade o eino de la poe- sia y, jun o a ella, la cap ación del pun o de is a de la concepción cien í ica (es o es, ilosó- ica) del momen o, con la consiguien e endición in elec ual an e «el enemigo» (el sis ema hege- liano), acabó en una c isis dep esi a du an e al- gunos meses de 1837. Al sali de ella Ma x e a ya, como se ha dicho, bas an e au oc í ico es- pec o de las p opias ap i udes poé icas: e sus en a i as en es e campo como la ma e ializa- ci6n de cie o calo emo i o, no exen o de exu- be ancia, pe o sus poemas p ime os le pa ecen inmode ados y sin o ma, alsamen e espon á- neos e in elec ualis as, e ó icos. Con odo, o- da ía en la ca a al pad e, cuando na a su p o- pia c isis ju enil, no ha acabado de acep a en su ue o in e no la decisión de abandona el a- o con las musas; y el hecho de que en 1841 busca a y consiguie a la publicación de un pa de aquellos poemas en una e is a be linesa mues a la con inuidad de un in e és que en ese espacio de iempo se ha ido decan ando cada ez más hacia la i onía y la exp esión sa cás- ica en cie o modo co ec o a de la desmesu a. Pod ía deci se, pues, que en esos años que an de 1838 a 1841 se con o ma ya de ini i a- men e el alan e épico de Ma x y su dis ancia- mien o espec o de la lí ica omán ica. Sin o- má icamen e, el Club de los Doc o es ha sus i- uido en su ida al Club de los Poe as del que o mó pa e en Bonn. A ello debió con ibui , además de la consciencia de las p opias limi a- ciones poé icas, la p esión pa e na y la o mali- zación del comp omiso con Jenny en la medida en que ambas cosas equilib a on la pasión amo- osa del uni e si a io. A p incipios de los años cua en a el in e és de Ma x po el oman icismo es p incipalmen e el del es udioso. Luego, en la época de la Gace a Renana él mismo con ibui- ía a po encia un nue o ipo de lí ica, la lí ica polí ica cuya exp esi idad dejó su huella en los momen os, ya más espo ádicos, en que el Ma x adul o uel e al ema del amo , de su amo po Jenny on Wes phalen. En es as piezas de la co espondencia con Jenny -algunas de ellas muy he mosas- es posible eencon a a un Ma x muy apasionado en el que la desmesu a de la exp esión ju enil ha sido pasada po el a- miz de la au oi onía con o mas que hacen e- co da el a o con Heine: Re elado a de la con igu ación de es e alan- e épico de Ma x es la o ma en que hizo en e al u u o de la «mise ia alemana» en 1843, una ez p ohibida po el gobie no la publicación de la Nue a Gace a Renana. A nold Ruge le esc i- be en onces eco dando las palab as de Hol- de lin en el lype ion: Resul a du o, pe o hay que deci lo, po que es e dad: no conozco pue- blo alguno an desquiciado como el alemán. Ves a esanos, pe o no es homb es; pensado es, pe o no homb es; seño es y sie os, jó enes y pe sonas madu as, pe o no homb es. Es como un campo de ba alla, en que encon amos, ampu- ados y e uel os, manos, b azos y oda clase de miemb os, con la sang e de amada, cuajándose en e la a ena. Ahí basaba Ruge una isión pe- simis a, desespe anzada, del u u o e oluciona- io en Alemania. Ma x, que acababa de comu- nica su in ención de casa se y que, sin cae en «El mundo also y co up o concibe los ca ac e- es de odos los homb es igual de alsos y co up os. ¿Quién de mis muchos amigos calumniado es y con lengua de se pien e pudo jamás acusa me de posee ocación pa a ep esen a el p incipal papel de aman e en un ea o de segunda clase? Y, sin emba go, es e dad. De habe enido una pizca de ingenio, esos in elices hab ían pin ado a un lado "las elaciones de p oducción e in e cambio" y a o o a mí mismo de odillas an e i.. .» el oman icismo, asegu a que es á enamo ado de pies a cabeza y con la mayo se iedad del mun- do, le con es a en un ono comple amen e dis- in o, an alejado de la lamen ación como del op imismo ingenuo. Pasa po al o la ci a de Hol- de lin, pe o no po que echace aquella e dad (su ca a, mi que ido amigo, es una buena ele- gia, un can o une al que le qui a a uno el es- pi o), sino po que piensa que la elegía no es la o ma en que hay que hace en e al u u o: Dejad que los mue os en ie en a sus mue os y los llo en. Es una sue e en idiable la de los p ime os que pene an en la nue a ida; esa sue e se á la nues a. Es e pun o de is a que consis e en i a la aíz de las cosas -po lo que hace al caso: a la aíz de la «mise ia alemana»-, en p o undiza la c í ica adical de lo dado, de lo exis en e, pa- a desde ella encon a las azones que pe mi- en ebasa la angus ia exis encial, el pesimismo desespe anzado, es obse able ya en la c udeza con que aquel Ma x, que es á abandonando a un iempo la c eación li e a ia y la posibilidad mis- ma de dedica se a la ida académica, echaza la conclusión polí ica de Ruge. En e ec o, el can o une a io inspi ado en la in uición lí ica de Hol- de lin, la elegía que le qui a a uno la espi a- ción es, sin emba go, «absolu amen e nada» des- de la 6p ica que Ma y ha empezado a adop a , es o es, desde la pe spec i a de la lucha po la ans o mación polí ica y social. Así, de la mis- ma mane a que un año an es le pa ecía inadmi- sible y has a inmo al el a amien o angencia1 de la nue a o ma de e el mundo, del socia- lismo y del comunismo, po pa e de los li e a- os de endencias libe a ias que colabo aban en la Nue a Gace a Renana y exigía en consecuen- cia un es udio comple amen e dis in o y más a ondo del comuni~mo,~ c ee aho a que hay que dis ingui en e el can o une a io del iejo mundo y el es udio pa icula izado de las condi- ciones que han de conduci al nue o. Es e pun- o de is a, di ec amen e elacionado con las co- nocidas esis sob e Feue bach, iene implicacio- nes pa a la conside ación ma xiana de la poesía del u u o y eapa ece casi li e almen e en El 18 B uma io de Luis Bonapa e: Ca as a A nold Rune del 30-XI-1842 de ma o de 1843, en Esc i os de- ju en ud, ed. ~i .,'~á~s. 445 y 687. «La e olución social del siglo XIX no pue- de oma su poesía del pasado, sino sólo del u u o. No puede empeza consigo misma sino una ez sup imidas odas las supe s icio- nes que a an al pasado. Las an e io es e o- luciones necesi a on odas una ememo ación his ó ico-uni e sal pa a pode engaña se ace - ca de su p opio con enido. La e olución del siglo XIX iene que deja que los mue os en ie en a los mue os con obje o de pode ella llega a su p opio con enido.» Esos pasos nos si úan ya an e la concepción del Ma x adul o. El pun o de is a his ó ico-ma e ialis a en la comp ensión de las mani es aciones a ís icas y li e a ias iene, en p ime luga , una pun a po- lémica exp esamen e di igida con a la enden- cia a conside a la ob a a ís ica como un p o- duc o au ónomo de la consciencia, es o es, inde- pendien emen e de su inculación a cie as o - mas del desa ollo social. A esa endencia, ca- ac e ís ica de los sis emas idealis as en las dis- in as a ian es en onces conocidas, alude Ma x cuando se p egun a e ó icamen e si acaso Aqui- les es compa ible con la pól o a y el plomo, y la Iliada con la p ensa y la máquina de esc ibi . Pe o ya años an es, en la Ideologia alemana y en el con ex o de la c í ica a las exage aciones de S i ne sob e la indi idualidad única del a - is a, había esbozado su icien emen e el ema. En e ec o, después de e e i se al hecho de que muy pocos de los escos de Ra ael ue on «ejecu ados» exclusi amen e po el p opio a is- a Ma x añade: ~[S i ne l se igu a aue Ra ael ~in ó sus cuad os independign em;n e de la diiisión del abajo que en su iempo exis ía en Roma [. . .I Pe o Ra ael, ni más ni menos que cual- quie o o a is a, se hallaba condicionado po los p og esos écnicos del a e log ados an es de él, po la o ganización de la sociedad y la di isión del abajo den o de su localidad, y inalmen e, po la di isión del abajo en o- dos los países con los que su localidad man e- nía elaciones de in e cambio. El que un indi- iduo como Ra ael desa olle su alen o de- pende en e amen e de la demanda, la cual, a su ez, depende de la di isión del abajo y d las condiciones de cul u a de los homb es que de ello se de i an.» 'O Como an os o os apun es de Ma x dedica- dos a la explicación de enómenos a los que se suele llama sob es uc u ales, ambién és e es á muy lejos de oma a la economía como Deus ex machina del análisis. Pues el condicio- namien o que en el caso de Ra ael ep esen a la o ganización social y la di isión local y egio- nal del abajo en su época se encuen a me- diado po o os ac o es, como son an e odo los p og esos de la écnica a ís ica y las condiciones de cul u a de sus con empo áneos. Si po lo ge- ne al cuando se a a de la explicación de un e- n6meno polí ico Ma x solía de ene se en la es- imación de las ins ancias sob es uc u ales an- es de apela a los ac o es socioeconómicos más básicos," en el caso de las mani es aciones a is- icas n.o sólo ue cau o en la aplicación del mé- odo sino además muy explíci amen e an imeca- nicis a en cuan o a las o mulaciones me odoló- gicas de ipo gene al. De modo que la a i mación del concep o de que el modo de p oducción de la ida ma e ial condiciona el p oceso de la ida espi i ual no puede oma se sino como una di- lucidación p elimina , de o den gené ico, de la cual se segui á la posibilidad de un mejo cono- cimien o global del pasado y del p esen e de los homb es si y sólo si en el análisis conc e o del enómeno de que se a e se cuen a con la base empí ica, la documen ación y los conoci- mien os más ap opiados al caso. Con iene no da po supues o es o úl imo, ya que p ecisa- men e su suposición -y co espondien e ol i- do- es una de las causas de la u ilización del mé odo como pasapo e pa a odas las especu- laciones en o no a la economía y la sociedad en que lo ecie on ob as a ís icas, sin llega a o- za siquie a la na u aleza de es as úl imas. Y ni 'O K. MARX/F. ENGELS, La ideología alemana. ad. cas ellana: Ba celona, G ijalbo, 1970, págs. 468- 469. l1 En ese sen ido a la obse ación de M. Sac is- án sob e los a ículos dedicados po Ma x a los acon- ecimien os polí icos de España: K. MARX/F. ENGELS, Re olución en España, ad. cas ellana: Ba celona, A iel, 1970 (3.= ed.). La obse ación de M. S. es á en el p ólogo, pág. 14. Lo mismo podiía deci se del mé- odo pues o en p ác ica po MARX en El 18 B uma io de Luis Bonapa e. qué deci iene que no exis e ninguna azón de peso pa a pensa que el uso indisc iminado de un pasapo e al ayude a gus a la ob a li e a ia o a ís ica en mejo es condiciones que las que puede p opo ciona el in e nalismo adicional, la c í ica que se ocupa exclusi amen e de o mas y écnicas o la compene ación simpá ica con el espí i u del a is a. Dejando a un lado, pues, el hecho de que ambién en e quienes compa en el pun o de is a del ma e ialismo his ó ico en la conside a- ción del a e y de la li e a u a cada cual es cada cual -con su o mación, sus igno ancias, sus conocimien os écnicos y sus gus os-, hay que añadi que pa a Ma x la ubicación sociológica del hecho a ís ico cons i uye una di icul ad me- no . Incluso el ema gene al de la elación de- sigual en e el desa ollo de la p oducción ma e- ial y el desa ollo de la p oducción a ís ica no le pa ece especialmen e di ícil de ap ehende . Tal ez po eso luego de enume a en la In o- ducción a los G und isse una lis a de pun os que «no deben se ol idados» en la in es iga- ción p epa a o ia del Capi al, lo elige pa a se abo dado inmedia amen e en el apun e que si- gue a es a enume ación. Se a a del céleb e agmen o sob e el a e g iego y la sociedad mode na. Se plan ea allí el p oblema de que de- e minadas épocas de lo ecimien o del a e no gua dan elación con el undamen o ma e ial de la sociedad. Es el caso de los g iegos o de Sha- kespea e compa ados con los mode nos. El a- zonamien o de Ma x en ese paso es como en e- co ado y queda además sin conclui : se dice que a a habla se del a e g iego y luego de Sha- kespea e en su elación con la Ápoca del p opio Ma x, pe o en ealidad la a gumen ación se li- mi a a los g iegos sin da ninguna o a explica- ción. Pese a ello, hay ahí un pa de e lexiones a las que con iene a ende . Una de es as e lexiones es de o den me odo- lógico y iene a deci que la di icul ad que plan- ea la desp opo ción men ada consis e sólo en la o mulación gene al de las con adicciones: pues o que suele admi i se con acilidad que cie os géne os a ís icos sólo son posibles sob e la base de un es udio no e olucionado del desa- ollo a is ico, no hay azón de ondo pa a ex- aña se de que exis a desp opo ción en e el conjun o de la es e a a ís ica y el desa ollo ge- ne al de la sociedad. La explicación de es e ú1- imo hecho no exige o a cosa que una delimi- ación de planos. Po eso -a gumen a Ma x- an p on o como aquellas con adicciones son es- peci icadas, ya han sido acla adas. Pa a el es u- dioso mode no que sabe delimi a los planos del análisis, la especi icación en el caso conc e o del a e g iego es sencilla: la mi ología g iega ue, además del a senal de aquel a e, su e e- no p opio, su ma e ial; pe o la isión de la na- u aleza y de las elaciones sociales que si e de base a la an asía g iega y a su mi ología no es ya posible en la sociedad capi alis a con sus máquinas de hila au omá icas, e oca iles, lo- como o as y elég a os eléc icos, de mane a que con el maquinismo y la semiau oma ización -concluye, aunque de o ma in e oga i a, ese paso- desapa ecen las condiciones pa a la poe- sía épica. Sin emba go, la delimi ación me ódica del p oblema y la especi icación sociológica de que el a e y la épica g iegos se hallan inculados a cie as o mas de desa ollo social no esuel en la di icul ad p incipal, a sabe : que aquéllos si- gan p opo cionando goce a ís ico y se les con- inúe eniendo como modelos. De es a obse a- ción a anca un segundo apun e, muy b e e, de ca ác e psicosociológico cuya sus ancia es la si- guien e. El dis u e del homb e madu o con la ingenuidad del niño le lle a ía a a a de ep o- duci en un plano más ele ado su e dad. Es el esquema explica i o his ó ico~dialéc ico habi ual en Ma x, el mismo esquema po el cual la aspi- ación al comunismo y a la igualdad del homb e con empo áneo enlaza con el ecue do del comu- nismo p imi i o. Pe o de la misma mane a que en el ámbi o de la sociedad en gene al cons i u- ye una ingenuidad el deseo de ep oduci sin más una in eg ación social p opia de o as condi- ciones socioeconómicas, ambién en el plano del a e se ía me o in an ilismo el que el hom- b e madu o p e endie a con e i se de nue o en niño. No sólo: incluso en el dis u e con la in- genuidad del niño, es o es, en el place es é ico que le p opo ciona al homb e con empo áneo la comp ensión de la in ancia de la humanidad cuen an, po así deci lo, las a inidades elec i- as. Ma x p e ie e los niños no males a los ma- leducado~ y a los niños p ecoces, y a ándose de pueblos conside a que los g iegos pe enecen p ecisamen e a la p ime a ca ego ía.'* Tal es el p ocede habi ual en Ma x. No obs- an e, ol iendo aho a al ex o de la In oduc- ción a los G und isse, se puede suge i la hipó- esis de que el inespe ado excu so ace ca del a - e g iego y la sociedad mode na al ez se deba a que es á esc i o sólo un pa de meses después de que se le pidie a un a ículo (que no llegó a edac a como al) sob e es é ica pa a New Ame ican Cyclopaedia, momen o en el cual Ma x consul a la Es é ica de Vische y uel e de paso sob e uno de los p oblemas que más pa ecen habe le p eocupado: l3 el de la o ma de su p opia ob a económica. El hecho, en cam- bio, de que anuncia a allí mismo un apun e pa- alelo ela i o a Shakespea e y los mode nos, y luego no lo esc ibie a, es más di ícil de explica si se iene en cuen a no sólo la a ición de Ma x po oda la ob a de Shakespea e sino ambién sus e e encias a és e en o os luga es. (Hay que pensa que in e umpió su discu so en los g iegos po que el a amien o de la elación de los mode nos con Shakespea e hubie a compli- cado su explicación de la pe manencia del goce es á ico a pa i de la a acción del homb e ma- du o po la in ancia his ó ica de la humanidad? Sea de ello lo que ue e, pa ece cla o: 1 .O que pa a Ma x el ema de la conexión en e p oduc- ción ma e ial y p oducción in elec ual es un asun o complejo cuyo a amien o exige en oca la p oducción ma e ial bajo una o ma his ó ica especí ica, condición gene al és a que esul a á pa icula men e di ícil y, po an o, necesi ada de la mayo conc eción cuando se a a de ma- ni es aciones a ís icas y li e a ias; 2." que la endencia a alo a posi i amen e las ob as a - l2 K. MARX, Lineas undamen ales de la c i ica de la economía polí ica, Ín oducción, OME-21, págs. 34-36. l3 In o ma sob e es o G. LUKÁCS en Apo aciones a la his o ia de la es é ica, ci ., págs. 264-265. Más da os al espec o en M. RUBEL, Ch onologie de Ma x, Pa ís, Gallima d, 1963 (hay aducción cas ellana: Ba - celona, Anag ama, 1972). La pe ición de Ch. Dana consis ía en que Ma x esc ibie a la oz «Es é ica» de la New Ame ican Cyclopaedia en una página. En ju- nio de 1857 Ma x consul aba la Es é ica de Vische . De una ca a de Ma x a Engels en esas echas se de- duce que el p ime o conside ó imposible desa olla el ema en una página. En agos o, esc ibía, en cambio, la In oducción a los G und isse que e mina con el apun e sob e el a e g iego. ís icas y li e a ias p e é i as cons i uye un e- nómeno social explicable desde la sociedad ca- pi alis a y en su ma co, es o es, como conse- cuencia de los e ec os mo ales de la base ma e- ial de dicha sociedad, pe o que es e explicable deseo de e o na al pasado iene p ecisamen e en sus mani es aciones li e a ias y a ís icas as- pec os con adic o ios que han de alo a se apa e; 3." que po mo i os a ios, aún po di- lucida su icien emen e, Ma x elacionó en dis- in as ocasiones y de mane a nada ob ia la e- lexión sob e emas a ís icos y li e a ios con la p eocupación po la o ma que había de da a la ob a de su ida, cuya emá ica económica (o si se p e ie e: económico-sociológico-his ó ica) no pa ece en p incipio jus i ica semejan e cone- xión. Y, sin emba go, hay a ios es imonios ine- quí ocos de que esa conexión exis ió y de que Ma x concedió a la misma una impo ancia na- da anecdó ica. Po consiguien e, se puede acla- a algo de cada uno de los pun os an e io es empezando po ella. Es ya sin omá ico que al pone se a es udia la Es é ica de Vische , Ma x p es a a mucha a ención a la es uc u a de la ob a ano ando con cuidado da os ela i os a la o ma de la misma, a su composición y a la ma- ne a en que ue p esen ada al público lec o . En una ca a di igida a Lassalle con echa 22/21 1858 acla a que es e in e és iene que e con la o ma a da pa a su publicación a lo que luego se ia el Capi al. En p incipio el modelo de cua- de nillos en que ue apa eciendo la Es é ica de Vische le pa ece, en ese momen o, a Ma x la o ma más ap opiada pa a acili a la búsque- da de edi o pa a la p opia ob a. Pe o no se a- a sólo del p oblema ma e ial del esc i o que opa con obs áculos pa a da a conoce su pen- samien o. La di icul ad de Ma x en esa época es de mayo en idad: la en ega de su manus- c i o se e asa p ime o po una en e medad, luego po que iene que dedica se a o os a- bajos pa a gana se la ida, y, sob e odo y un- damen almen e, )po que no acaba de encon a la o ma ap opiada pa a el inmenso ma e ial que ha ido acumulando. Así se lo comunica nue a- men e a Lassalle el 11/11/1858: Pe o la e - dade a causa es és a: enía an e mi el ma e ial; no se a aba ya más que de la o ma. Pe o en odo lo que esc ibía el es ilo me dejaba sabo a en e medad hepá ica. Y engo mo i o doble pa- a no pe mi i le a es e esc i o es opea se po causas médicas [ . . . l. Da o ma al ma e ial. La p eocupación no es anecdó ica ni pasaje a. Cuando un año después apa ece El o igen de las especies de Da win, Ma x que an posi i amen e alo ó, como se sabe, el con enido de la ob a no deja de ano a c í icamen e la osca mane a inglesa de su ex- posición; l4 y cuando en 1873 pasa e is a a las c í icas que desde su apa ición se hicie on al p ime olumen del Capi al dedica los más du os epí e os a los p o eso es alemanes de eco- nomía que se me ie on con su es ilo. La indigna- ción de que da mues as en ese caso no sólo le impulsa a llama «bocazas y pa os eales» a los ep esen an es de la li e a u a «p o eso al ge - mano-nacional-libe al» de en onces, sino a con- apone a és a -y a pone lo po esc i o, cosa muy poco ecuen e en Ma x- las opiniones elogiosas ace ca de la o ma de su ob a exp esa- das po o os especialis a^.'^ En un cien í ico que en ese mismo con ex o ha decla ado que nadie condena á más se e amen e que yo mis- mo los de ec os li e a ios de El Capi al pa ece e iden e que la mani es ación de indignación y o gullo se debe a algo que le ha ocado p o- undamen e el alma. Ese algo es sin duda la sub- es imación de los es ue zos y de los su imien os que le ha cos ado da o ma a su ma e ial. Pues bien, si se jun a el in e és po la es- uc u a o mal de la Es é ica de Vische y la con esión hecha a Lassalle sob e la e dade a causa del e aso en la en ega del manusc i o de su ob a con la doble c í ica, a la mane a in- glesa de Da win y a la o ma ge mánica de los p o eso es de economía ulga , se iene ya una p ime a ap oximación, po ía posi i a y ne- ga i a, de lo que buscaba Ma x en cuan o a la o ma de su ob a, y que en 1865 comunicó del modo más cla o a Engels: No puedo, sin em- El 19/12/1860 Ma x esc ibe a Engels: «Po más que exp esado oscamen e a la inglesa he aquí el lib o que con iene los undamen os his ó ico-na u ales de nues a mane a de e ». Y el 16/1/1361 a Lassalle: «La ob a de Da win es muy impo an e y pa a mí es ap a como base en las ciencias na u ales de la his o ia de la lucha de clases. Na u almen e, hay que deja a un lado la osca mane a inglesa de exposición». Las dos ca as epi en casi li e almen e una ap eciación an- e io de Engels (ca a a Ma x del 12/12/1859). 15 K. MARX, El Capi al, OME-40, pág. 16 (Epílo- go a la segunda edición). ba go, en ia lo que sea en an o que no enga an e mi odo el abajo e mznado. Cualesquie a que sean las insu iciencias de mis esc i os, ie- nen el mé i o de cons i ui un odo a ís ico comple o, y no llego a ella más que no publi- cando nunca nada que no es é en e amen e e - ;: inado en mi mesa.16 De la p eocupación po da o ma al ma e- ial a la búsqueda del odo a ís ico comple o. Se comp ende que, con un pun o de is a así, El Capi al queda a sin e mina (aunque hubo ambién o as azones coadyu an es); pe o eso mismo in i a a ela i iza o as opiniones so- b e la escasa a ención que Ma x p es ó a la o ma de las mani es aciones ideológicas. Segu- amen e Paul La a gue exage aba un poco al de- ci que Ma x comp endía las cosas al modo del dios de Vico; pese a lo cual, cap ó muy bien la in e elación exis en e en él en e pene ación analí ica y búsqueda de la o ma a ís ica. Su desc ipción co esponde, en e ec o, a lo que es habi ual al habla del abajo del a is a: Nunca es aba [Ma x] con en o con su abajo, lo mo- di icaba con inuamen e y siemp e le pa ecia que lo que plasmaba quedaba muy po de ás de la idea. El es udio psicológico de Balzac. Le che d'oeu e inconnu, po cie o plagiado po Zola, causó en él honda imp esión po que desc ibía sen imien os que el mismo Ma x habia expe i- men ado. En es a ob a un pin o genial se a o - men a de al o ma po el deseo de ep oduci las cosas an exac amen e como se e lejan en su men e, que pule y e oca su cuad o una y o a ez has a que al in esul a que no ha c eado sino una masa in o me de colo es, la cual sin l6 Ca a a Engels del 31/7/1865, ep oducida pa - cialmen e en K. MARX-F. ENGELS, Tex os sob e la p o- ducción a is ica, Mad id, A. Co azón, 1976, pág. 43. La ca a, además de exp esa la angus ia de Ma x po su si uación económica, mues a una ez más que la p eo- cupación po la o ma es muy cen al. En ella Ma x hace un balance op imis a de su p opio abajo cien í- ico: «Me quedan po esc ibi es capí ulos pa a ha- liza la pa e eó ica; después de lo cual end é que esc ibi el cua o lib o, la his o ia de la li e a u a, lo que es ela i amen e la pa e más ácil, pues o que odos los p oblemas son esuel os en los es p ime- os lib os, siendo el cua o más bien una epe ición de los o os bajo una o ma his ó ica». Pese a lo cual, si- gue e asando la publicación, p ecisamen e po que bus- ca el « odo a ís ico». Sob e es o ambién M. RUBEL, Ch onologie de Ma x, ci . emba go ep esen a a SUS ojos elados la más pe ec a ep oducción de la ealidad." En suma, ya es as pocas no as sob e la p u- dencia en la aplicación del mé odo a las mani- es aciones espi i uales, la complicación del ínculo en e la base ma e ial de la sociedad y los p oduc os a ís icos, y la búsqueda del odo a ís ico pa a el modo de expone las in es iga- ciones cien í icas, sugie en que las an as eces ci adas ca as del iejo Engels,la cuyo obje o es comba i el economicismo y el mecanicismo, han de en ende se más como p ecisiones que como ec i icaciones de un mé odo; o, si así se p e ie- e, como ec i icaciones de la ulga ización de un pun o de is a, el de Ma x, po discípulos poco cau os, mal in o mados o p es os a eem- plaza el siemp e penoso abajo de la in es i- l7 La desc ipción p ocede de los ecue dos pe so- nales de Paul La a gue publicados po Die Neue Zez en 1891. C . K. MARX/F. ENGELS, Tex os sob e la p o- ducción a is ica, ci ., Apéndices, pág. 195. También 11. M. ENZENSBERGER, Con e saciones con Ma x y En- gels, ed. ci . omo 1, pág. 277. El ela o de Balzac pa- ece, e ec i amen e, habe imp esionado a Ma x pues o que él mismo ecomienda su lec u a -y la de Melmo h éconcilié- en una ca a a Engels del 25 de eb e o de 1867 con es e comen a io: «Son dos pequeñas che s d'oeu e, plenas de una deliciosa i onía». la A. C. Schmid (27/10/1890): «Po an o, si Ba h c ee que negamos odas y cada una de las epe - cusiones de los e lejos polí icos, e c. del mo imien o económico, lucha con a molinos de ien o». A. J. Bloch (21/9/1890): «Según la concepción ma e ialis a de la his o ia, el ac o que en úl ima ins ancia de e mina la his o ia es la p oducción y la ep oducción de la ida eal. Ni Ma x ni yo hemos a i mado nunca más que es o. Si alguien lo e gi e sa diciendo que el ac- o económico es el único de e minan e con e i á aquella esis en una ase acía, abs ac a, absu da». A F. Meh ing (14/7/1893): «Todos noso os hemos ca gado po de p on o el acen o -y no u imos más emedio que ca ga lo- sob e la de i ación de las e- p esen aciones ideológicas polí icas, ju ídicas y de o a na u aleza, así como de las acciones mediadas po es- as ep esen aciones, a pa i de los hechos económi- cos básicos. Al hace lo así descuidamos el aspec o o - mal po el del con enido: descuidamos el modo cómo se o iginan esas ep esen aciones, e c.» Ya Lukács, al comen a la ca a de Engels a Meh ing, hablaba de «au- oc í ica in undada» y de «delicada c í ica al p opio Meh ing es ida de au oc í ica» (Apo aciones a la his- o ia de la es é ica, ci . pág. 450). gación pa icula izada po la mala abs acción que se legi ima a sí misma con e e encias cons- an es a la lla e maes a. La his o ia de siemp e. La his o ia de siemp e -como ecue da En- gels en una de es as ca as que se acaban de men- ciona - es que en los comienzos de un pensa- mien o nue o se descuida la o ma pa a a en- de al con enido. También pod ía habe se dicho de o a mane a y con igual e dad a ándose de Ma x: en los comienzos se in en a da espues- a a emas o p oblemas conside ados esenciales y, como no se puede deci odo de odo, se de- jan a un lado emas ya a ados po o os o di- ícilmen e abo dables sin es udios pa icula es. La o a pa e de la his o ia de siemp e es que los he ede os, con inuado es o discípulos del pensado eno ado ienden, como es na u al, a amplia el pun o de is a de és e p ecisamen- e a aquellos ámbi os poco o nada ocados, y en ese es ue zo de ampliación piden a eces al maes o espues as a p egun as que po mo- des ia cien í ica, desconocimien o o al a ma e- ial de iempo aquél no pudo sino esboza o a a ma ginalmen e.19 En lo que hace a nues o ema hay oda ía un pa de pun os muy elacionados en e sí a los que Ma x dedicó cie a a ención, siemp e en el ma co de su in es igación económica y so- ciológica. El p ime o es el de la especi icación del ca ác e de la p oducción li e a ia y a ís- ica en el capi alismo, de acue do con el p inci- pio que c i ica la abs acción especula i a y exi- ge conc eción his ó ica. El segundo se e ie e a algunos aspec os de la isión omán ica del mun- do -señaladamen e a la nos algia ,po la pleni- ud pe dida- en an o que o ma de mani es- l9 El p oblema se complica cuando el pensado eno ado es a la ez undado de un mo imien o socio- polí ico, aunque lo sea pa cialmen e en con a de su o- lun ad. Yendo al caso: se pide a Ma x una poé ica sis ema izada en unción de los in e eses cul u ales de la clase ob e a. Pe o es o -po azones a ias, en e ellas la que más cuen a: no e a ema cen al pa a él- no es u o a su alcance. La opinión sob e el F anz on Sickingen de Lassalle pe mi e hace se una idea ela i a a los c i e ios gene ales de Ma x ace ca de la age- dia, pe o no gene aliza ; po o a pa e, Ma x p o- yec ó esc ibi de enidamen e sob e Balzac pe o no llegó a hace lo. De ahí que aquella pe ición conlle- a el iesgo de con e i en poé ica desa ollada al- gunos de los a gumen os acla a o ios de cie as p e- e encias es é icas, conside adas como las más ade- cuadas pa a las necesidades po sa is ace .