Contra la interiorización de la muerte
Abstract
Palop Jonquères, Pilar
Full text
CONTRA LA INTERIORIZACIÓN DE LA MUERTE
Pila
PALOP JONQUERES
DOS ASPECTOS DE LA MUERTE
Poco an es de bebe la cicu a decía Sóc a es
que la iloso ía es, siemp e, una eje ci ación en
el mo i
y
que, po ello, al ilóso o le esul a la
mue e menos eme osa que a o os homb es1.
Spinoza, en cambio, decla aba que «el homb e
lib e en nada piensa menos que en la mue e
y
su sabidu ía no es una medi ación de la mue e,
sino de la ida»2. Su decla ación e a an o más
conmo edo a cuan o que, al igual que Sóc a es,
enía la mue e ce ca.
Es os dos modos, an con a ios, de concebi la
mue e se han sucedido
y
en emezclado a lo la -
go de siglos, c is alizando en dos ac i udes de
semblan e opues o, en dos di e en es igu as de
la conciencia an e la mue e. Una de ellas -en
la que apa ece es a si uado Spinoza- pe cibe la
mue e como algo ex e io a la ida e i econci-
liable con ella, como la negación misma del i-
i , que amenaza desde el ex e io
y
acon ece
siemp e con a la olun ad de los homb es, Ile-
gándoles desde ue a, somb ía e indeseada. Po
ello, los pensamien os sob e la mue e son inú i-
les
y
is es
y
el homb e lib e debe e i a los. Es a
ac i ud suele es a ligada a un sano na u alismo
que a i ma el cue po como depósi o de la ida,
que acep a las pasiones como mani es ación de la
na u aleza i ien e
y
de su ene gía; es una ac i-
ud con encida de que la exis encia p esen e es
el bien más sag ado
y
de que, as ella, odo es
incie o.
La p opia concepción homé ica de la mue e
puede oma se como e e encia de es e modo de
sen i . Cuando Home o desc ibía a euc os
y
a -
gi os ma ándose ecíp ocamen e en un comba e
enca nizado, po que A es, « unes o pa a los
mo ales», les inci aba a la con ienda, la mue e
siemp e so p endía a los gue e os de imp o iso,
como una somb a, como una noche neg a sob e
sus pá pados, como unas inieblas epen inas
que llenaban sus ojos
y
en ol ían su en e de os-
cu idad. Home o compa aba, a eces, la mue e
con el hacha del leñado que aba e, an de gol-
pe, «a la encina, el álamo o el ele ado pino».
Cuando la ida huía de los miemb os del gue e-
o he ido, lo hacía dolien emen e
y
lamen ándo-
se de abandona el cue po igo oso donde an es
habi aba. Vida
y
mue e apa ecían, pues, en
Home o, como p incipios an agónicos: el p ime-
o, su giendo desde den o mismo del homb e,
cuyas ue zas alen aba: el segundo, enido de
ue a
y
siemp e en mala ho a. El cap icho de los
dioses o de su cóle a podían explica , pe o no
jus i ica , la iolencia
y
el dolo de pe de la ida.
También en e nues os poe as hispánicos po-
demos encon a un echazo ai ado de la mue e,
como una mala in usa que in e umpe el ama-
ble cu so de la ida. Las copias del A cip es e de
Hi a a la mue e de T o acon en os son mues a
de esa ac i ud:
¡Ay
Mue e! jmue a seas, mue a
é
malanda i e!
Ma ás eme mi ieja jma asses a mi enan e!
Enemiga del mundo. que non as semejan e
De u memo ia ama ga non se quien non se es-
pan e.
Ty as oda e güenca. des eas e mosu a,
Desadonas la g acia, denues as la mesu a
En laquesces la ue ca, enloquesces co du a,
Lo
dulce ases iel con u mucha ama gu a.
Seño es. non gue ades se amigos del cue o
Temed sus amenasas, non agades su uego.
Pe o hay una concepción en e amen e dis in-
a, que sub aya que la mue e es el p opio ma-
nan ial de la ida, que es un p incipio in e io
que se albe ga en el co azón mismo del homb e,
el cual. desde que nace, ha de econcilia se con
el mo i , pues és e es el des ino que hab á de e-
dimi le de la p isión del cue po
y
del dolo . Es a
es, P.e., la concepción de la mue e que exp esa
Sóc a es en el
Fedón.
F en e a Cebes, que expli-
ci a el sen i saludable del homb e común decla-
ando que «a los sensa os es a quienes cuad a
sen i enojo po mo i ; a los insensa os, en cam-
bio. aleg íad. Sóc a es a gumen a á en de ensa
de la mue e, a ando de es ablece que la ida
es un p oduc o de la nada
y
que a ella debe
ol e 4 e incluso que el i i . con su ca ga de pe-
sadumb e, es un obs áculo pa a la dicha, pues,
«mien as engamos el cue po
y
es é nues a al-
ma abada con semejan e mal, jamás alcanza e-
mos de mane a su icien e lo que deseamos»j. En
un sen ido análogo hay que in e p e a es as pa-
lab as suyas, en la
Apologia,
que ezuman, sin
duda, una g an nos algia po la mue e:
Si no exis e sensación alguna, sino que es co-
mo
el
sueño del homb e que, do mido, no sue-
ña en absolu o nada, admi able ganancia se ía
la mue e.
La mue e apa ece aho a como un des ino de-
seado, como la cesación del dolo , como el epo-
so
y
el bienes a del homb e a igado. Se piensa
en
ella como en una semilla que b o a desde las
aíces mismas de la exis encia
y
cuyo u o hay
que agua da con sosegada espe anza, po que el
ciclo de la ida se ma chi a á de un modo inexo-
able. Po ello, se conside a como la sabidu ía
más al a el econcilia se con la mue e, el acep-
a la como silenciosa acompañan e de la ida
que ha de mani es a se, al in, como su más po-
de osa bienhecho a.
Tal es la sabidu ía que inspi a, P.e., el pensa-
mien o de Séneca en
De la b e edad de la ida,
o en
De la consolación.
En es a úl ima ob a e ie-
e, po cie o, una anécdo a an edi ican e como
sinies a:
¿Cuán o más jus o ue aquél que, dándole
nue as de la mue e de su hijo, p onunció una
sen encia digna de un g an a ón? "Cuando yo
lo engend é, supe que había de mo i "
(...)
No ecibió la mue e de su hijo como nue a
embajada; po que mo i el homb e, cuya ida
no es o a cosa que un iaje a la mue e ¿qué
iene de nue o? "Cuando yo lo engend é, su-
pe que había de mo i ". Después de es o aña-
dió o a cosa de mayo ánimo
y
p udencia, di-
ciendo: "Pa a es o lo c ié''. Todos nacemos pa-
a es o
y
cualquie a que iene a la ida es á des-
inado a la mue e6.
También Mon aigne dedicó uno de sus
Ensa-
yos
a demos a «que iloso a es p epa a se pa a
mo i »'. Dice allí:
No sabemos dónde la mue e nos espe a;
agua démosla en odas pa es. La p emedi a-
ción de la mue e es p emedi ación de libe ad;
quien haya ap endido a mo i ol ida la se i-
dumb e; no hay mal posible en la ida pa a
aquél que ha comp endido bien que la p i a-
ción de la misma no es un mal: sabe mo i nos
lib a de oda sujeción
y
obligaciónb.
Exis en, pues, en la adición occiden al, dos
di e en es modos de sen i
y
de acoge la mue e.
El p ime o de ellos la deplo a como el más ace a-
do mal, po que no concibe o a ida que la del
cue po ni o o bien más allá del inc emen o de la
ida o gánica
y
de su po encia. Ninguna ins an-
cia an e io o pos e io a la exis encia del cue po,
ningún p incipio que desbo de al indi iduo,
puede jus i ica ni salda su desapa ición. El se-
gundo modo, po el con a io, p e ie e asumi la
mue e como un componen e in e no de la ida.
T as es a econciliación con la mue e hay siem-
p e o os alo es que se p e ie en a la ida del
cue po, la cual se concep úa como un episodio
insigni ican e
y
e íme o de o a ealidad más as-
a e impo an e, de o a ida supe io , que no
es á suje a a caducidad, pues sus undamen os se
encuen an en la e e nidad del espí i u, llámese
a és e «Alma», «Idea», «Cul u a», e c.
VICTORIA DE LA MUERTE INTERIOR
Y
SU EXPRESIÓN EN EL
PSICOANÁLISIS FREUDIANO
De es as dos concepciones, la segunda es la
que, según odos los indicios, ha llegado a p e a-
lece en el pensamien o con empo áneo, el cual
ha lle ado a sus úl imas consecuencias la in e ia-
ización de la mue e en a as de la ida cul u al.
En e ec o, los más eminen es pensado es de los
dos úl imos siglos se han ca ac e izado po asu-
mi la mue e has a el lími e máximo, si uándola
en el en amado mismo de la ac i idad espi i ual
y
a ibuyéndole, incluso, i udes sal í icas
y
c eado as.
Un exponen e p i ilegiado de es a econcilia-
ción con la mue e lo cons i uye, en nues o si-
glo, el psicoanálisis eudiano. Po ello oy a e-
e i me p incipalmen e al psicoanálisis, a pa i
de aho a, en la medida en que sus con enidos
aducen muy bien la subo dinación in eg al de
la ida a la mue e. Po que la eo ía eudiana de
la libido, que pa ecía se , o igina iamen e, una
exal ación
del
cue po
y
de
las pasiones
como
i n-
pulso as de la ida en odas sus o mas, llega á a
subsumi se, sin emba go, en el espec o, más
as o, de la mue e
y
de las ue zas aná icas.
La in oducción, en el Psicoanálisis, de los ins-
in os de mue e es ela i amen e a día: da a
-como es sabido- de
1919,
cuando la publica-
ción de
Mas allá delp incz$io delplace .
Se pue-
de a i ma , sin emba go, que la p esencia de una
dualidad ins in i a que mo i a á la dinámica
con adic o ia de la ida psíquica es, en F eud,
un p esen imien o muy an e io
y
que ecibió di-
e en es o mulaciones, has a conc e a se en el
dualismo E os-Tána os.
La his o ia de la e olución de es as oposicio-
nes, que culmina án en el dualismo E os-
Tána os, ha sido muy bien analizada en la ob a
de No man O. B own9: de la an í esis, omada
de los poe as omán icos, en e
hamb e
y
amo ,
F eud ex ae á, según B own, la an í esis en e
ins in o de conse ación e ns in o sexual,
el p i-
me o o ien ado a la supe i encia del indi iduo
y
el segundo a la de la especie. Pe o la e idencia
de que exis e una «libido na cisis a)), que usio-
na ía ambas endencias, hab ía lle ado a F eud a
busca un nue o an agonismo: el de
amo
y
odzo,
ue zas que ya Empédocles, en el s.
V
a
J.C. había e igido en p incipios explica i os del
Uni e so, el cual se ía esul ado de un e e no
con lic o en e el amo
(Filia)
y
la
Disco dza
(Neic0. ).
En e ec o, Empédocles sos u o que
FAZ
y
Neicos
e an los genuinos p incipios que ponían
en mo imien o los cua o elemen os: «el
aego
o
Zeus esplandecien e, la
ie a
dado a de ida o
He a, el
ake
(Edoneo)
y
el agua (Nes is) que con
sus lág imas empapa la en e de los mo ales.»
( agmen o
6
de
Sob e la Na u aleza).
Empédo-
cles iden i icó el amo con A odi a
y
le a ibuyó
e ec os cla amen e des uc i os, ya que, al uni
10
semejan e con lo semejan e, Filía deshace la
mezcla en que consis e el mundo
y
és e se esuel-
e en cua o sus ancias me a ísicas sepa adas,
que nada ienen de común en e sí
y
que emi-
en a un es ado acosmis a en el que el Uni e so
no exis e oda ía o en el que -de acue do con la
concepción cíclica del e e no e o no- el Uni-
e so deja de exisi i .
Es, pues,
Neicos,
el odio -A es, el dios de la
gue a- el p incipio e dade amen e demiú gi-
co de Empédocles, en su unción de p ime mo-
o
y
causa de la mezcla que hace b o a el
Cosmos
lo.
De la oposición Amo /Odio, inspi ada en el
modelo de Empedocles, ob u o F eud una nue-
a an í esis que con aponía el
ins in o sexual
al
ins in o de ag esión.
El ins in o sexual ob a ía,
ambién en el concep o de F eud, hacia la in e-
g ación
y
la unidad (la unión de los aman es en
el éx asis amo oso, la usión con la mad e, e c.),
pe o edunda ía en la quie ud
y
en la pasi idad
ecep i a. El ins in o de ag esión se ía, en cam-
bio, el que impulsa ía la ans o mación ac i a
del mundo. En él se unda ían, en de ini i a, la
cul u a
y
el p og eso.
Pe o F eud c eyó descub i , más a de, que
ampoco amo
y
odio aducían una an í esis
esencial, pues an o el p oblema de la «ambi a-
lencia de los sen imien os» como el enómeno
del sadismo mos aban la con usión de ambos
p incipios, de lo que se deducía que no e an ins-
ancias i econciliables.
Po ello F eud busca á la an í esis en e la
Vi-
da
y
la
Mue e
pa a explica la dinámica de los
ins in os
y,
a pa i de ella, la de la p opia ob a
cul u al.
Y
así, e mina á pos ulando la i educ-
ible pugnma en e
E os,
que a a de conse a
y
en iquece la ida, complicándola
y
pe pe uán-
dola median e una sín esis cada ez más amplia
de los i ien e
y
Tana os,
p incipio de la des uc-
ción
y
de la mue e, cuya misión es, según
F eud, la de hace e o na las unidades i ien es
al es ado de quie ud
y
eposo de lo ino gánico,
consiguiendo de ol e lo animado a lo
inanimado
l l.
La ida es a ía, p esidida así, po una enden-
cia in e na al aniquilamien o. Dicha endencia
end ía, empe o, según F eud, en el o igen, una
que encia po la quie ud in eg al, po la ausen-
cia de pe u baciones
y
de dolo , po el acalla-
mien o de las pulsiones
y
los deseos. En esa me-
dida, Tána os llega ía a se e o mulado como
una de i ación del llamado «p incipio del Ni a-
na».
Aho a, el deseo de mue e es sólo nos algia
po un «es ado más lisonje o», aquel po el que
suspi a Segismundo en su monólogo, an conoci-
do, de
La ida es sue@o:
Yo
sueño
que
es oy
aquíiDe
es as
p isiones
ca gado.
Y soñé que
en
o o
es adoiMás lisonje o
me
í.
En ealidad, ambién E os
y
no solamen e
Tá-
na os, cons i ui ía una de i ación de la búsque-
da del Ni ana, es deci , del acallamien o del
ago de la ida, de la educción de las ensiones
displacen e as
y
de la sa is acción in eg al de las
necesidades.
El E os eudiano cumple, en e ec o. una mi-
sión en e amen e análoga al E os pla ónico que
Sóc a es-Dio ima desc ibe en
El
Banque e:
in-
quie o
y
agabundo, as u o
y
u dido , ese pe-
queño
daimon
se p ome e una sa is acción que
siemp e es á más allá, po que el obje o del deseo
es, en de ini i a, inalcanzable.
Y
es así como la
ue za del anhelo obliga a a anza a la ida as
de la pe pe uación, o o gándole, a pesa suyo,
alguna o ma de e e nidad. E os desempeña,
ambién, el mismo papel del Faus o de Goe he,
como « igu a de la pe pe ua insa is acción», de
«la pe secución inde inida que nunca llega a un
in o a un acabamien o» po que «nunca se colma
su sed de in ini ud»'*. Ese es, ambién, el p opio
des ino del Espí i u, que Hegel desc ibe, en la
Fenomenología, como «el absolu o desga a-
nien o»'3. Po que, an e la inquie a ac i idad de
la conciencia «el in pa a sí es lo uni e sal ca en e
de ida, del mismo modo que la endencia es el
simple impulso, p i ado oda ía de su ealidad
y
el esul ado escue o simplemen e es el cadá e
que la endencia deja as de sí)>I4.
Cons an emen e engañada po las a gucias del
ape i o, la exis encia humana se ía, pues, un
pe pe uo comba e en e la ida
y
la mue e, una
ansacción en e E os
y
Tána os. El descanso que
al homb e le es negado
y
la incesan e necesidad
de goce, o el más mdes o deseo de e i a , sim-
plemen e, el dolo , impulsa ían, según F eud, la
ida hacia adelan e. Si el homb e i e, abaja
y
elabo a los a ilugios de la Ci ilización lo hace
po se un animal insa is echo.
La mue e como amenaza p eside, sin emba -
go, odo el p oceso
y
se albe ga en las en añas
mismas de la cul u a, la cual, ep imiendo los
ins in os e ó icos, a o ece en demasía las ue zas
aná icasl>. El psicoanálisis se se esuel e, así, en
un monismo de la mue e que subo dina al Ni -
ana an o los ins in os ag esi os o des uc i os
como los libidinales
.
EL DELITO DE VIVIR
Y
LA
NOSTALGIA DE LA MUERTE
Al pone en la mue e el o igen, así como el
des ino de la ida, F eud ac ualiza cie as ideas
con enidas ya en la Fenomenología del
Espí i u.
También Hegel apun aba que la ida
y
el p opio
hecho de nace son una in acción que ha de se
saldada. La culpa a ligada a la na u aleza misma
de lo i ien e, en la medida en que la exis encia
ha o o la quie ud es á ica de la esencia inmó il
y
ha in oducido en ella los cambios
y
ans o ma-
ciones del de eni :
Lo que ob a no puede nega el c imen
y
su
culpa; el hecho consis e en pone en mo i-
mien o lo inmó il, en hace que b o e lo que
de momen o se halla ence ado solamen e
en
la
posibilidad, enlazando, con ello, lo inco is-
cien e a lo conscien e, lo que no es al se ''.
Po que:
Sólo es inocen e e1 no ob a , como el se de una
pied a, pe o no lo es ni siquie a el se de un ni-
ño
(.
.
.);
la acción
(.
.
.)
lle a en ella el mo nen o
del deli o".
(Den o de nues a adición hispánica, Cal-
de ón de la Ba ca había pues o la misma idea en
labios de Segismundo:
Po que el deli o mayo del homb e
es
habe
nacido).
La edención de la culpa pa ece exigi , pues, la
cancelación de la ida
y
el es ablecimien o de la
nada o igina ia.
Asomb a, con odo, po pa adójica, esa ex a-
ña isión de la nada como un es ado de quie ud
y
eposo an e io a la ida. Pa ece que no pudie-
a echa se de menos algo que jamás ue expe i-
men ado ni sen ido.
Y
jus amen e la mue e no
ha sido nunca conocida po la conciencia. Nada
más e dade o, en es e sen ido, que la céleb e
sen encia de Epicu o en su ca a a Meneceo: «La
mue e, el más ho endo de los males, nada nos
pe enece; pues mien as noso os i imos no ha
enido ella;
y
cuando ha enido ella, ya no i i-
mos noso os».
Con odo,
y
po mis e ioso que ello sea, se di-
ía que la que encia po la placidez de la mue e
esponde a un sen imien o eal, que ha quedado
exp esado,
a
menudo, en la poesía. Recué dense
aquellas coplas de S a. Te esa:
Venga ya la dulce mue e
el mo i enga lige o
que mue o po que no mue o
Pe o no sólo en la poesía sac a, sino en la po-
pula , hay mues as de ese modo de sen i , como
en la canción que ecoge To ne en su Lín'ca
hispán~ca'~
:
Ven, mue e an escondida
sin que e sien a eni
po que el place de mo i
no me o ne a da la ida
(.
.
.)
Mue e, en a mi clamo
que en
í
mi espe anza anida,
en, acaba con mi ida,
en en silencio p o undo
a lle a me de es e mundo:
en mue e, an escondida.
Es a isión somb ía de la ida, que pone su es-
pe anza
y
su delei e en el acabamien o del mo i
es á, sin duda, ligada al echazo de las pasiones
y
del p opio cue po, así como asociada a la con ic-
ción de que exis e o a ida dis in a, exen a de
deseos: un pa aíso pe dido, sin ape i os insa is e-
chos ni dolo alguno. De ahí que, en el
Fedón,
la
acep ación soc á ica de la mue e como a ándo-
se de un bien sea co ela i a a la a i mación de la
inmo alidad del alma
y
al menosp ecio del cue -
po como pesado las e
y
como ecin o del dolo .
También el c is ianismo, en su cons an e apolo-
gía de la mue e como libe ación «no ha enido
más segu o undamen o humano que el menos-
p ecio de la ida»'').
El p opio Psicoanálisis a pesa de las c í icas di-
igidas po F eud a la eligión, an o en
Elpo e-
ni de zlna iIusión,
como en
To em
y
abú
(don-
de los i os
y
c eencias eligiosas son, incluso,
compa ados a cie as en e medades deli an es, a
las neu osis obsesi as, e c.) es á imp egnado de
con enidos bíblicos, aunque ein e p e ados.
Y
así, del mismo modo que F eud se ió impelido
a p opo ciona , en
To em
y
abú,
una nue a e -
sión del pecado o iginal (la desobediencia del
pad e)
y
de la lucha a icida en e los he manos
(Caín
y
Abel), así ambién buscó una nue a e-
e encia a la idea del pa aíso p imi i o. Cie o
que, como ad ie e Ma cuse20 al pa aíso nunca
ue pos ulado po F eud pa a la p ime a amilia
humana: la ho da p imi i a, some ida al despo-
ismo del pa ia ca. Pe o, en cambio, F eud en-
cuen a un hipo é ico pa aíso en el pasado de ca-
da indi iduo: el pa aíso del ien e ma e no an-
es del nacimien o; el cálido egazo de la mad e,
donde odas las necesidades se hallaban au omá-
icamen e sa is echas, sin dolo
y
sin es ue zo al-
guno.
EL PARAÍSO AHORA
De la exis encia de ese dudoso pa aíso, que o-
dos los humanos año a ían en su inconscien e,
los psicoanalis as pos e io es han sacado amplias
consecuencias: desde el place del sueño noc u -
no al de las ensoñaciones diu nas, que no en-
cuen an esis encia alguna en lo eal; desde el
gus o po los mo imien os í micos o po el ba-
lanceo, has a la que encia po el ab azo o po un
buen baño de agua emplada.
El psicoanálisis ha enido no poco mé i o al
posi i iza has a ese pun o la idea del pa aíso:
debiese habe lle ado esa a i mación has a sus
úl imas consecuencias, a e iéndose a nega , del
odo, cualquie o o es ado pa adisíaco
y
admi-
iendo que esa supues a placidez an e io a la i-
da es sólo, en odo caso, o a nue a quime a.
Po que nunca la mue e ni la nada ue ni se á
un pa aíso pa a el homb e. Ninguna año anza
po la quie ud puede ocul a . has a ese lími e, la
sencilla e dad: que la mue e ca ece de cual-
quie componen e dulce
y
delei oso
y
que pa a
odo homb e es una expe iencia desconocida e
incomp ensible («La u enida is e non se pue-
de en ende » decía nues o A cip es e de Hi a,
inc epando a la mue e que se había lle ado a la
ieja T o acon en os).
La e dade a sabidu ía ha de ci a se, en odo
caso, en ahuyen a la mue e bajo odas sus o -
mas
y
en acep a la ida, con su
pa hos,
con su
ex aña mezcla de ad e sidad
y
de dicha. Es es a
una sabidu ía an igua, po cie o, que Nie zsche
ace ó a ei indica como sabidu ía eminen e-
men e pagana
y
desac alizada. Es la sabidu ía
que ha inspi ado el exis encialismo sa iano de
la p ime a época, en el cual la ía, sin duda, el e-
ma clásico del
caqe diem:
hay que goza del ins-
an e
y
del e íme o p esen e: hay que a apa el
u o del día an es de que llegue la noche. E a
és e un ema enacen is a po excelencia. El de
Ronsa d en
'
'Mignone, allons oi si la ose
. .
.
' '
;
el de Ga cilaso, en su sone o
XXIII:
"Coged de
ues a aleg e p ima e a el dulce u o, an es
que el iempo ai ado..
.".
Es el ema que pe i i-
á, oda ía en Góngo a, cuando ad ie e es i a-
men e
''
;Que se nos a la pascua, mozas!
''.
Es el
que inspi a á a Shakespea e nume osos sone os
en los que p oclama á, al modo del Sóc a es de
El Banque e, la necesidad de pe pe ua la ida
median e la gene ación en la belleza21.
Hab ía que sabe ecupe a esa sabidu ía pa a
el p esen e. Hoy más que nunca necesi amos lo
que Nie zsche llamaba «la idelidad a la ie a»:
esa a iesgada a i mación de la ida, inocen e
y
plena, p opia solamen e de quienes son capaces
ica del supe home se a la possessió de la o-
de man ene ese noble seño ío de la olun ad,
lun a de pode , que es mani es a en una con-
ca ac e ís ico del supe homb e.
duc a ac i a, espon ania
i
c eado a, en on dc
la eac i a
i
negado a, p opia de I'impo en .
i
...I
La plena a i mació de la ida exigeix No a o s els homes és dona d'aspi a a
d'aques ideal humi la mixima iquesa en im- I'ideal del supe home, sinó solamen a les se i-
pulsos
i
la o ca pe egi los. Sense domini de si yo i oles, que no són escla es de la ine cia, de
ma eix no hi ha e i able g andesa. Ca ac e is- les no mes igen s, ni dels pe ills
ex e io ^^^.
NOTAS
1
Fedón,
67-e
2
E iciz,
p op. XXVII (pa e IV)
Fedóíz,
62-e.
i
Ibid., 77-d.
'3
Ibid., 66-b.
"SESECA.
T a ados mo ales.
Lib o IV,
De /a Consola-
ció,,
Cap.
XXX.
T . Ped o Fe nánde Na a e e.
En ajos,
Lib o 1, Cap. XIX. T . Cons an ino Román.
b
Ibid.
9
BKOWN. No maii
O..
E osy Tána os,
T .
F.
Pe ojo. Mé-
xico, Joaquín Mo íz. 1967, pp. 97-107.
'0
C . BGENO.
G..
La Me a zsica p esoc á ica,
Mad id,
O iedo, Pen al a. 1974, p. 298.
'1
Fn~un. S.,
E/
Yo
j
el
Ello.
T . R. A did
y
L. López-
Bales e os, Mad id, Alianza, 1973,
p.
36.
12
SCBIRATS.
E.,
Figz as de /a conciencia desdichada.
Ma-
d id, Tau us, 1979, pp. 52-52.
'3
HEGEL.
Fenomenologia de/
Espí i u.
T .
W.
Roces,
México, F.C.E.. 1966, p. 24.
'"bid
,
p
8.
15
Véanse los pá a os inales de
EliMille n
~iz
la Cz~l ;?
(op. ci .).
'"HEGEL:
Fenomenología del Espín2?~,
op. ci . p. 277
17
Ibid:,
p.
276.
18
TORNER. Edua do M.,
Linca Hispánica,
Mad id,
Gas,,
alia, 1966, p. 399.
1"
MONTAIGSE.
Ensayos,
op. ci .. ol.
1,
p. 131.
20
MARCUSE.
H.,
E os
J
Ci ilización.
T . J. Ga cía Po ice,
México. Joaquín Mo íz, 1965,
p.
73.
21
F om ai es c ea u es we desi e inc caselTha he-
eb y beau y's ose mig ne e dielBu as he ipe should
by ime deceaselHis ende hei migh bea his memo y.
Shakespea e, Sone o
1.
lo cua c o
22
CALSAMIGLIA. Pep, «In oducció» a
La genealogía d
mo al
de Nie zsche, Ba celona, Laia, 1981., p. 18.