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Contra la interiorización de la muerte

Palop Jonquères, Pilar

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Palop Jonquères, Pilar

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CONTRA LA INTERIORIZACIÓN DE LA MUERTE Pila PALOP JONQUERES DOS ASPECTOS DE LA MUERTE Poco an es de bebe la cicu a decía Sóc a es que la iloso ía es, siemp e, una eje ci ación en el mo i y que, po ello, al ilóso o le esul a la mue e menos eme osa que a o os homb es1. Spinoza, en cambio, decla aba que «el homb e lib e en nada piensa menos que en la mue e y su sabidu ía no es una medi ación de la mue e, sino de la ida»2. Su decla ación e a an o más conmo edo a cuan o que, al igual que Sóc a es, enía la mue e ce ca. Es os dos modos, an con a ios, de concebi la mue e se han sucedido y en emezclado a lo la - go de siglos, c is alizando en dos ac i udes de semblan e opues o, en dos di e en es igu as de la conciencia an e la mue e. Una de ellas -en la que apa ece es a si uado Spinoza- pe cibe la mue e como algo ex e io a la ida e i econci- liable con ella, como la negación misma del i- i , que amenaza desde el ex e io y acon ece siemp e con a la olun ad de los homb es, Ile- gándoles desde ue a, somb ía e indeseada. Po ello, los pensamien os sob e la mue e son inú i- les y is es y el homb e lib e debe e i a los. Es a ac i ud suele es a ligada a un sano na u alismo que a i ma el cue po como depósi o de la ida, que acep a las pasiones como mani es ación de la na u aleza i ien e y de su ene gía; es una ac i- ud con encida de que la exis encia p esen e es el bien más sag ado y de que, as ella, odo es incie o. La p opia concepción homé ica de la mue e puede oma se como e e encia de es e modo de sen i . Cuando Home o desc ibía a euc os y a - gi os ma ándose ecíp ocamen e en un comba e enca nizado, po que A es, « unes o pa a los mo ales», les inci aba a la con ienda, la mue e siemp e so p endía a los gue e os de imp o iso, como una somb a, como una noche neg a sob e sus pá pados, como unas inieblas epen inas que llenaban sus ojos y en ol ían su en e de os- cu idad. Home o compa aba, a eces, la mue e con el hacha del leñado que aba e, an de gol- pe, «a la encina, el álamo o el ele ado pino». Cuando la ida huía de los miemb os del gue e- o he ido, lo hacía dolien emen e y lamen ándo- se de abandona el cue po igo oso donde an es habi aba. Vida y mue e apa ecían, pues, en Home o, como p incipios an agónicos: el p ime- o, su giendo desde den o mismo del homb e, cuyas ue zas alen aba: el segundo, enido de ue a y siemp e en mala ho a. El cap icho de los dioses o de su cóle a podían explica , pe o no jus i ica , la iolencia y el dolo de pe de la ida. También en e nues os poe as hispánicos po- demos encon a un echazo ai ado de la mue e, como una mala in usa que in e umpe el ama- ble cu so de la ida. Las copias del A cip es e de Hi a a la mue e de T o acon en os son mues a de esa ac i ud: ¡Ay Mue e! jmue a seas, mue a é malanda i e! Ma ás eme mi ieja jma asses a mi enan e! Enemiga del mundo. que non as semejan e De u memo ia ama ga non se quien non se es- pan e. Ty as oda e güenca. des eas e mosu a, Desadonas la g acia, denues as la mesu a En laquesces la ue ca, enloquesces co du a, Lo dulce ases iel con u mucha ama gu a. Seño es. non gue ades se amigos del cue o Temed sus amenasas, non agades su uego. Pe o hay una concepción en e amen e dis in- a, que sub aya que la mue e es el p opio ma- nan ial de la ida, que es un p incipio in e io que se albe ga en el co azón mismo del homb e, el cual. desde que nace, ha de econcilia se con el mo i , pues és e es el des ino que hab á de e- dimi le de la p isión del cue po y del dolo . Es a es, P.e., la concepción de la mue e que exp esa Sóc a es en el Fedón. F en e a Cebes, que expli- ci a el sen i saludable del homb e común decla- ando que «a los sensa os es a quienes cuad a sen i enojo po mo i ; a los insensa os, en cam- bio. aleg íad. Sóc a es a gumen a á en de ensa de la mue e, a ando de es ablece que la ida es un p oduc o de la nada y que a ella debe ol e 4 e incluso que el i i . con su ca ga de pe- sadumb e, es un obs áculo pa a la dicha, pues, «mien as engamos el cue po y es é nues a al- ma abada con semejan e mal, jamás alcanza e- mos de mane a su icien e lo que deseamos»j. En un sen ido análogo hay que in e p e a es as pa- lab as suyas, en la Apologia, que ezuman, sin duda, una g an nos algia po la mue e: Si no exis e sensación alguna, sino que es co- mo el sueño del homb e que, do mido, no sue- ña en absolu o nada, admi able ganancia se ía la mue e. La mue e apa ece aho a como un des ino de- seado, como la cesación del dolo , como el epo- so y el bienes a del homb e a igado. Se piensa en ella como en una semilla que b o a desde las aíces mismas de la exis encia y cuyo u o hay que agua da con sosegada espe anza, po que el ciclo de la ida se ma chi a á de un modo inexo- able. Po ello, se conside a como la sabidu ía más al a el econcilia se con la mue e, el acep- a la como silenciosa acompañan e de la ida que ha de mani es a se, al in, como su más po- de osa bienhecho a. Tal es la sabidu ía que inspi a, P.e., el pensa- mien o de Séneca en De la b e edad de la ida, o en De la consolación. En es a úl ima ob a e ie- e, po cie o, una anécdo a an edi ican e como sinies a: ¿Cuán o más jus o ue aquél que, dándole nue as de la mue e de su hijo, p onunció una sen encia digna de un g an a ón? "Cuando yo lo engend é, supe que había de mo i " (...) No ecibió la mue e de su hijo como nue a embajada; po que mo i el homb e, cuya ida no es o a cosa que un iaje a la mue e ¿qué iene de nue o? "Cuando yo lo engend é, su- pe que había de mo i ". Después de es o aña- dió o a cosa de mayo ánimo y p udencia, di- ciendo: "Pa a es o lo c ié''. Todos nacemos pa- a es o y cualquie a que iene a la ida es á des- inado a la mue e6. También Mon aigne dedicó uno de sus Ensa- yos a demos a «que iloso a es p epa a se pa a mo i »'. Dice allí: No sabemos dónde la mue e nos espe a; agua démosla en odas pa es. La p emedi a- ción de la mue e es p emedi ación de libe ad; quien haya ap endido a mo i ol ida la se i- dumb e; no hay mal posible en la ida pa a aquél que ha comp endido bien que la p i a- ción de la misma no es un mal: sabe mo i nos lib a de oda sujeción y obligaciónb. Exis en, pues, en la adición occiden al, dos di e en es modos de sen i y de acoge la mue e. El p ime o de ellos la deplo a como el más ace a- do mal, po que no concibe o a ida que la del cue po ni o o bien más allá del inc emen o de la ida o gánica y de su po encia. Ninguna ins an- cia an e io o pos e io a la exis encia del cue po, ningún p incipio que desbo de al indi iduo, puede jus i ica ni salda su desapa ición. El se- gundo modo, po el con a io, p e ie e asumi la mue e como un componen e in e no de la ida. T as es a econciliación con la mue e hay siem- p e o os alo es que se p e ie en a la ida del cue po, la cual se concep úa como un episodio insigni ican e y e íme o de o a ealidad más as- a e impo an e, de o a ida supe io , que no es á suje a a caducidad, pues sus undamen os se encuen an en la e e nidad del espí i u, llámese a és e «Alma», «Idea», «Cul u a», e c. VICTORIA DE LA MUERTE INTERIOR Y SU EXPRESIÓN EN EL PSICOANÁLISIS FREUDIANO De es as dos concepciones, la segunda es la que, según odos los indicios, ha llegado a p e a- lece en el pensamien o con empo áneo, el cual ha lle ado a sus úl imas consecuencias la in e ia- ización de la mue e en a as de la ida cul u al. En e ec o, los más eminen es pensado es de los dos úl imos siglos se han ca ac e izado po asu- mi la mue e has a el lími e máximo, si uándola en el en amado mismo de la ac i idad espi i ual y a ibuyéndole, incluso, i udes sal í icas y c eado as. Un exponen e p i ilegiado de es a econcilia- ción con la mue e lo cons i uye, en nues o si- glo, el psicoanálisis eudiano. Po ello oy a e- e i me p incipalmen e al psicoanálisis, a pa i de aho a, en la medida en que sus con enidos aducen muy bien la subo dinación in eg al de la ida a la mue e. Po que la eo ía eudiana de la libido, que pa ecía se , o igina iamen e, una exal ación del cue po y de las pasiones como i n- pulso as de la ida en odas sus o mas, llega á a subsumi se, sin emba go, en el espec o, más as o, de la mue e y de las ue zas aná icas. La in oducción, en el Psicoanálisis, de los ins- in os de mue e es ela i amen e a día: da a -como es sabido- de 1919, cuando la publica- ción de Mas allá delp incz$io delplace . Se pue- de a i ma , sin emba go, que la p esencia de una dualidad ins in i a que mo i a á la dinámica con adic o ia de la ida psíquica es, en F eud, un p esen imien o muy an e io y que ecibió di- e en es o mulaciones, has a conc e a se en el dualismo E os-Tána os. La his o ia de la e olución de es as oposicio- nes, que culmina án en el dualismo E os- Tána os, ha sido muy bien analizada en la ob a de No man O. B own9: de la an í esis, omada de los poe as omán icos, en e hamb e y amo , F eud ex ae á, según B own, la an í esis en e ins in o de conse ación e ns in o sexual, el p i- me o o ien ado a la supe i encia del indi iduo y el segundo a la de la especie. Pe o la e idencia de que exis e una «libido na cisis a)), que usio- na ía ambas endencias, hab ía lle ado a F eud a busca un nue o an agonismo: el de amo y odzo, ue zas que ya Empédocles, en el s. V a J.C. había e igido en p incipios explica i os del Uni e so, el cual se ía esul ado de un e e no con lic o en e el amo (Filia) y la Disco dza (Neic0. ). En e ec o, Empédocles sos u o que FAZ y Neicos e an los genuinos p incipios que ponían en mo imien o los cua o elemen os: «el aego o Zeus esplandecien e, la ie a dado a de ida o He a, el ake (Edoneo) y el agua (Nes is) que con sus lág imas empapa la en e de los mo ales.» ( agmen o 6 de Sob e la Na u aleza). Empédo- cles iden i icó el amo con A odi a y le a ibuyó e ec os cla amen e des uc i os, ya que, al uni 10 semejan e con lo semejan e, Filía deshace la mezcla en que consis e el mundo y és e se esuel- e en cua o sus ancias me a ísicas sepa adas, que nada ienen de común en e sí y que emi- en a un es ado acosmis a en el que el Uni e so no exis e oda ía o en el que -de acue do con la concepción cíclica del e e no e o no- el Uni- e so deja de exisi i . Es, pues, Neicos, el odio -A es, el dios de la gue a- el p incipio e dade amen e demiú gi- co de Empédocles, en su unción de p ime mo- o y causa de la mezcla que hace b o a el Cosmos lo. De la oposición Amo /Odio, inspi ada en el modelo de Empedocles, ob u o F eud una nue- a an í esis que con aponía el ins in o sexual al ins in o de ag esión. El ins in o sexual ob a ía, ambién en el concep o de F eud, hacia la in e- g ación y la unidad (la unión de los aman es en el éx asis amo oso, la usión con la mad e, e c.), pe o edunda ía en la quie ud y en la pasi idad ecep i a. El ins in o de ag esión se ía, en cam- bio, el que impulsa ía la ans o mación ac i a del mundo. En él se unda ían, en de ini i a, la cul u a y el p og eso. Pe o F eud c eyó descub i , más a de, que ampoco amo y odio aducían una an í esis esencial, pues an o el p oblema de la «ambi a- lencia de los sen imien os» como el enómeno del sadismo mos aban la con usión de ambos p incipios, de lo que se deducía que no e an ins- ancias i econciliables. Po ello F eud busca á la an í esis en e la Vi- da y la Mue e pa a explica la dinámica de los ins in os y, a pa i de ella, la de la p opia ob a cul u al. Y así, e mina á pos ulando la i educ- ible pugnma en e E os, que a a de conse a y en iquece la ida, complicándola y pe pe uán- dola median e una sín esis cada ez más amplia de los i ien e y Tana os, p incipio de la des uc- ción y de la mue e, cuya misión es, según F eud, la de hace e o na las unidades i ien es al es ado de quie ud y eposo de lo ino gánico, consiguiendo de ol e lo animado a lo inanimado l l. La ida es a ía, p esidida así, po una enden- cia in e na al aniquilamien o. Dicha endencia end ía, empe o, según F eud, en el o igen, una que encia po la quie ud in eg al, po la ausen- cia de pe u baciones y de dolo , po el acalla- mien o de las pulsiones y los deseos. En esa me- dida, Tána os llega ía a se e o mulado como una de i ación del llamado «p incipio del Ni a- na». Aho a, el deseo de mue e es sólo nos algia po un «es ado más lisonje o», aquel po el que suspi a Segismundo en su monólogo, an conoci- do, de La ida es sue@o: Yo sueño que es oy aquíiDe es as p isiones ca gado. Y soñé que en o o es adoiMás lisonje o me í. En ealidad, ambién E os y no solamen e Tá- na os, cons i ui ía una de i ación de la búsque- da del Ni ana, es deci , del acallamien o del ago de la ida, de la educción de las ensiones displacen e as y de la sa is acción in eg al de las necesidades. El E os eudiano cumple, en e ec o. una mi- sión en e amen e análoga al E os pla ónico que Sóc a es-Dio ima desc ibe en El Banque e: in- quie o y agabundo, as u o y u dido , ese pe- queño daimon se p ome e una sa is acción que siemp e es á más allá, po que el obje o del deseo es, en de ini i a, inalcanzable. Y es así como la ue za del anhelo obliga a a anza a la ida as de la pe pe uación, o o gándole, a pesa suyo, alguna o ma de e e nidad. E os desempeña, ambién, el mismo papel del Faus o de Goe he, como « igu a de la pe pe ua insa is acción», de «la pe secución inde inida que nunca llega a un in o a un acabamien o» po que «nunca se colma su sed de in ini ud»'*. Ese es, ambién, el p opio des ino del Espí i u, que Hegel desc ibe, en la Fenomenología, como «el absolu o desga a- nien o»'3. Po que, an e la inquie a ac i idad de la conciencia «el in pa a sí es lo uni e sal ca en e de ida, del mismo modo que la endencia es el simple impulso, p i ado oda ía de su ealidad y el esul ado escue o simplemen e es el cadá e que la endencia deja as de sí)>I4. Cons an emen e engañada po las a gucias del ape i o, la exis encia humana se ía, pues, un pe pe uo comba e en e la ida y la mue e, una ansacción en e E os y Tána os. El descanso que al homb e le es negado y la incesan e necesidad de goce, o el más mdes o deseo de e i a , sim- plemen e, el dolo , impulsa ían, según F eud, la ida hacia adelan e. Si el homb e i e, abaja y elabo a los a ilugios de la Ci ilización lo hace po se un animal insa is echo. La mue e como amenaza p eside, sin emba - go, odo el p oceso y se albe ga en las en añas mismas de la cul u a, la cual, ep imiendo los ins in os e ó icos, a o ece en demasía las ue zas aná icasl>. El psicoanálisis se se esuel e, así, en un monismo de la mue e que subo dina al Ni - ana an o los ins in os ag esi os o des uc i os como los libidinales . EL DELITO DE VIVIR Y LA NOSTALGIA DE LA MUERTE Al pone en la mue e el o igen, así como el des ino de la ida, F eud ac ualiza cie as ideas con enidas ya en la Fenomenología del Espí i u. También Hegel apun aba que la ida y el p opio hecho de nace son una in acción que ha de se saldada. La culpa a ligada a la na u aleza misma de lo i ien e, en la medida en que la exis encia ha o o la quie ud es á ica de la esencia inmó il y ha in oducido en ella los cambios y ans o ma- ciones del de eni : Lo que ob a no puede nega el c imen y su culpa; el hecho consis e en pone en mo i- mien o lo inmó il, en hace que b o e lo que de momen o se halla ence ado solamen e en la posibilidad, enlazando, con ello, lo inco is- cien e a lo conscien e, lo que no es al se ''. Po que: Sólo es inocen e e1 no ob a , como el se de una pied a, pe o no lo es ni siquie a el se de un ni- ño (. . .); la acción (. . .) lle a en ella el mo nen o del deli o". (Den o de nues a adición hispánica, Cal- de ón de la Ba ca había pues o la misma idea en labios de Segismundo: Po que el deli o mayo del homb e es habe nacido). La edención de la culpa pa ece exigi , pues, la cancelación de la ida y el es ablecimien o de la nada o igina ia. Asomb a, con odo, po pa adójica, esa ex a- ña isión de la nada como un es ado de quie ud y eposo an e io a la ida. Pa ece que no pudie- a echa se de menos algo que jamás ue expe i- men ado ni sen ido. Y jus amen e la mue e no ha sido nunca conocida po la conciencia. Nada más e dade o, en es e sen ido, que la céleb e sen encia de Epicu o en su ca a a Meneceo: «La mue e, el más ho endo de los males, nada nos pe enece; pues mien as noso os i imos no ha enido ella; y cuando ha enido ella, ya no i i- mos noso os». Con odo, y po mis e ioso que ello sea, se di- ía que la que encia po la placidez de la mue e esponde a un sen imien o eal, que ha quedado exp esado, a menudo, en la poesía. Recué dense aquellas coplas de S a. Te esa: Venga ya la dulce mue e el mo i enga lige o que mue o po que no mue o Pe o no sólo en la poesía sac a, sino en la po- pula , hay mues as de ese modo de sen i , como en la canción que ecoge To ne en su Lín'ca hispán~ca'~ : Ven, mue e an escondida sin que e sien a eni po que el place de mo i no me o ne a da la ida (. . .) Mue e, en a mi clamo que en í mi espe anza anida, en, acaba con mi ida, en en silencio p o undo a lle a me de es e mundo: en mue e, an escondida. Es a isión somb ía de la ida, que pone su es- pe anza y su delei e en el acabamien o del mo i es á, sin duda, ligada al echazo de las pasiones y del p opio cue po, así como asociada a la con ic- ción de que exis e o a ida dis in a, exen a de deseos: un pa aíso pe dido, sin ape i os insa is e- chos ni dolo alguno. De ahí que, en el Fedón, la acep ación soc á ica de la mue e como a ándo- se de un bien sea co ela i a a la a i mación de la inmo alidad del alma y al menosp ecio del cue - po como pesado las e y como ecin o del dolo . También el c is ianismo, en su cons an e apolo- gía de la mue e como libe ación «no ha enido más segu o undamen o humano que el menos- p ecio de la ida»''). El p opio Psicoanálisis a pesa de las c í icas di- igidas po F eud a la eligión, an o en Elpo e- ni de zlna iIusión, como en To em y abú (don- de los i os y c eencias eligiosas son, incluso, compa ados a cie as en e medades deli an es, a las neu osis obsesi as, e c.) es á imp egnado de con enidos bíblicos, aunque ein e p e ados. Y así, del mismo modo que F eud se ió impelido a p opo ciona , en To em y abú, una nue a e - sión del pecado o iginal (la desobediencia del pad e) y de la lucha a icida en e los he manos (Caín y Abel), así ambién buscó una nue a e- e encia a la idea del pa aíso p imi i o. Cie o que, como ad ie e Ma cuse20 al pa aíso nunca ue pos ulado po F eud pa a la p ime a amilia humana: la ho da p imi i a, some ida al despo- ismo del pa ia ca. Pe o, en cambio, F eud en- cuen a un hipo é ico pa aíso en el pasado de ca- da indi iduo: el pa aíso del ien e ma e no an- es del nacimien o; el cálido egazo de la mad e, donde odas las necesidades se hallaban au omá- icamen e sa is echas, sin dolo y sin es ue zo al- guno. EL PARAÍSO AHORA De la exis encia de ese dudoso pa aíso, que o- dos los humanos año a ían en su inconscien e, los psicoanalis as pos e io es han sacado amplias consecuencias: desde el place del sueño noc u - no al de las ensoñaciones diu nas, que no en- cuen an esis encia alguna en lo eal; desde el gus o po los mo imien os í micos o po el ba- lanceo, has a la que encia po el ab azo o po un buen baño de agua emplada. El psicoanálisis ha enido no poco mé i o al posi i iza has a ese pun o la idea del pa aíso: debiese habe lle ado esa a i mación has a sus úl imas consecuencias, a e iéndose a nega , del odo, cualquie o o es ado pa adisíaco y admi- iendo que esa supues a placidez an e io a la i- da es sólo, en odo caso, o a nue a quime a. Po que nunca la mue e ni la nada ue ni se á un pa aíso pa a el homb e. Ninguna año anza po la quie ud puede ocul a . has a ese lími e, la sencilla e dad: que la mue e ca ece de cual- quie componen e dulce y delei oso y que pa a odo homb e es una expe iencia desconocida e incomp ensible («La u enida is e non se pue- de en ende » decía nues o A cip es e de Hi a, inc epando a la mue e que se había lle ado a la ieja T o acon en os). La e dade a sabidu ía ha de ci a se, en odo caso, en ahuyen a la mue e bajo odas sus o - mas y en acep a la ida, con su pa hos, con su ex aña mezcla de ad e sidad y de dicha. Es es a una sabidu ía an igua, po cie o, que Nie zsche ace ó a ei indica como sabidu ía eminen e- men e pagana y desac alizada. Es la sabidu ía que ha inspi ado el exis encialismo sa iano de la p ime a época, en el cual la ía, sin duda, el e- ma clásico del caqe diem: hay que goza del ins- an e y del e íme o p esen e: hay que a apa el u o del día an es de que llegue la noche. E a és e un ema enacen is a po excelencia. El de Ronsa d en ' 'Mignone, allons oi si la ose . . . ' ' ; el de Ga cilaso, en su sone o XXIII: "Coged de ues a aleg e p ima e a el dulce u o, an es que el iempo ai ado.. .". Es el ema que pe i i- á, oda ía en Góngo a, cuando ad ie e es i a- men e '' ;Que se nos a la pascua, mozas! ''. Es el que inspi a á a Shakespea e nume osos sone os en los que p oclama á, al modo del Sóc a es de El Banque e, la necesidad de pe pe ua la ida median e la gene ación en la belleza21. Hab ía que sabe ecupe a esa sabidu ía pa a el p esen e. Hoy más que nunca necesi amos lo que Nie zsche llamaba «la idelidad a la ie a»: esa a iesgada a i mación de la ida, inocen e y plena, p opia solamen e de quienes son capaces ica del supe home se a la possessió de la o- de man ene ese noble seño ío de la olun ad, lun a de pode , que es mani es a en una con- ca ac e ís ico del supe homb e. duc a ac i a, espon ania i c eado a, en on dc la eac i a i negado a, p opia de I'impo en . i ...I La plena a i mació de la ida exigeix No a o s els homes és dona d'aspi a a d'aques ideal humi la mixima iquesa en im- I'ideal del supe home, sinó solamen a les se i- pulsos i la o ca pe egi los. Sense domini de si yo i oles, que no són escla es de la ine cia, de ma eix no hi ha e i able g andesa. Ca ac e is- les no mes igen s, ni dels pe ills ex e io ^^^. NOTAS 1 Fedón, 67-e 2 E iciz, p op. XXVII (pa e IV) Fedóíz, 62-e. i Ibid., 77-d. '3 Ibid., 66-b. "SESECA. T a ados mo ales. Lib o IV, De /a Consola- ció,, Cap. XXX. T . Ped o Fe nánde Na a e e. En ajos, Lib o 1, Cap. XIX. T . Cons an ino Román. b Ibid. 9 BKOWN. No maii O.. E osy Tána os, T . F. Pe ojo. Mé- xico, Joaquín Mo íz. 1967, pp. 97-107. '0 C . BGENO. G.. La Me a zsica p esoc á ica, Mad id, O iedo, Pen al a. 1974, p. 298. '1 Fn~un. S., E/ Yo j el Ello. T . R. A did y L. López- Bales e os, Mad id, Alianza, 1973, p. 36. 12 SCBIRATS. E., Figz as de /a conciencia desdichada. Ma- d id, Tau us, 1979, pp. 52-52. '3 HEGEL. Fenomenologia de/ Espí i u. T . W. Roces, México, F.C.E.. 1966, p. 24. '"bid , p 8. 15 Véanse los pá a os inales de EliMille n ~iz la Cz~l ;? (op. ci .). '"HEGEL: Fenomenología del Espín2?~, op. ci . p. 277 17 Ibid:, p. 276. 18 TORNER. Edua do M., Linca Hispánica, Mad id, Gas,, alia, 1966, p. 399. 1" MONTAIGSE. Ensayos, op. ci .. ol. 1, p. 131. 20 MARCUSE. H., E os J Ci ilización. T . J. Ga cía Po ice, México. Joaquín Mo íz, 1965, p. 73. 21 F om ai es c ea u es we desi e inc caselTha he- eb y beau y's ose mig ne e dielBu as he ipe should by ime deceaselHis ende hei migh bea his memo y. Shakespea e, Sone o 1. lo cua c o 22 CALSAMIGLIA. Pep, «In oducció» a La genealogía d mo al de Nie zsche, Ba celona, Laia, 1981., p. 18.