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Modelos teóricos de industrialización tardía

Waisman, Carlos H.

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Waisman, Carlos H.

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MODELOS TEORICOS IIIE INDUSTRIALIZACION TARDfA Carlos H. Waisman (University of Califwnia, San Diego, USA) El fracaso en institucionab:car la democracia liberal es uno de 10s rasgos fundamentales que distingue: a 10s recién llegados al capitalismo industrial de 10s primeros industrializadores. La difusión de las relaciones se ciales capitalistas no ha estado asociada con la difusión de la democracia liberal. En realidad, la correlación existente entre el orden de acceso al capitalismo industrial y la existencia de instituc:iones democráticas estables es negativa: 10s recientes proc:esss de industrialitación han demostrado una mayor predisposición para establecer regímenes autoritarios y corporativistas más que para institucionalizar la democracia liberal. Uno de 10s faaores esenciales que conducen a la institucionalización de distintos regímenes políticos en las socieclades industriales capitalistas es el modo en que la naciente clase trabajadora fue ii~corporada dentlro del sistema político. Distintas <(soluciones>> a la crisis dle incorporación son posibles y existe una correlación entre la naturaleza del efecto de esta crisis y el tip0 de régimen político que eventualmente se haya establecido. Eil propósito de este articulo es el de explorar la covariación entre diferentes soluciones a la crisis de incorporación y algunas caracteristicas de la estructura social, tales como el momento oportuno de acceso al capitalismo industrial, el grado de dualismo y el sitio de control de 10:; recursos econiimicos. A fin de examinar estas relaciones se analizan algunas propuestas acerca de 10s vínculos entre 10s efectos de la crisis de incorporación de la clasc trabajadora y 10s conceptos estructurales correlativos. Básicamente, estos vínculos están relacinados con la acción política de 10s principales antagonistas de la crisis mencionada: las élites establecidas y las clases trabajadoras emergentes. Papers: Revista de Sociologia 11 (1979) Efectos de la crisis de incorporación de la clase trabajadora Los distintos efectos del proceso de incoq)sraciÓn de la clase trabajadora dentro del sistema política pueden organizarse en una tipologia que se obtiene al combinar dos dimensiones, y arnbas están referidas al sistema político resultante: grado de centralización del poder y grado de legitimidad. Si estas dimensiones se dicotornizan, surgen cuatro tipos ideales. Los llamaremos adaptación, exclusión, cooptación y polarización. Estos tipos indican el éxito o el fracaso de la institucionalización de una <(fórmula políticas para lograr el consenso en una sociedad industrial capitalista y de elevada participación. Existe, por esta misma razón, tal como se ha señalado precedentemente, una estrecha correspondencia entre 10s efectos del proceso de incorporaci6n y 10s regímenes ,políticos que eventualmente se hayan establecido en la sociedad.' La <tadaptaciÓn)> genera tendencias hacia --o mejor aún, constituye un aspecto básico del proceso de desarrollo dela democracia liberal estable, y relaciones semejantes pueden afirmarse entre la polarización y la democracia inestable, la excli~sión y el autoritarismo, y la cooptación y el corporativisalo. Comencemos con una breve referencia a carda una de estas dos dimensiones, centralización del poder y legitimidad. Naturalmente estas dos dimensiones son continuas, pero tiene sentido considerarlas como dicotomías. El grado de centralización del poder será considerado como un atributo cuyos valores son el monismo y el pluralismo. Debido a que nos interesa esta dimensión con específica referencia a la clase trabajadora, el índice es si esta clase participa en la política como un actor político independiente, es decir, si el movimiento obrero y 10s partidos políticos basados en la clase trabajadora, en caso de que existan, son autónomos. Las alternativas para la participación independiente son dos: supresión o restricción de la par1. Excepto, naturalrnente, en aquellas sociedades en que las divisiones étnicas o religiosas son muy evidentes. apapers)): Revista de Sociologia ticipación y participación bajo el control de las clases dominantes o del Estado. Las democracias liberales, tanto las estables como las inestables, constituyen ejemplos de partjcipación independiente y 10s regímenes autoritarios, fascistas y ~orporat;~vistas son casos o bien de exclusión o de participación controlada? En la segunda dimensión, el grado de legitimidad, se pueden distinguir tannbién dos niveles: <talton y <tbajo)>. Lo que quiero significar por legitimidad en este punto es la aceptación generalizada, por parte de la clase trabaiadora, del orden social del capitalismo, más que la aceptación de instituciones políticas, funcionarios o sistemas. En este sentido la legitimidad es una aceptación, <(natural, sin discusión<t (Blondel): de las relaciones sociales básicas que prevalecen en la sociedad y del sistema de clases construido sobre ellas. Este conseriso social generalizado no es compatible con la disidencia con ]:especto a instituciones especificas -incluidas las instituciones políticasy sistemas especííicos. El índice de baja legitimidad podria estar representado por la existencia de un apoyo generalizado de la clase trabajadora hacia 10s movimientos y partidos anticapitalistas, un apoyo que es manifiesto, con10 en las democracias europeas inestables, o bien latente, como en el caso de la mayoría de 10s regímenes autoritarios que existen en aquellas sociedades relativamente industrializadas." Como resultado de la combinación del grado de centralización del poder con el grado de legitimidad, se obtiene la siguiente tipologia sobre 10s efectos de la crisis de incorporación: Centralización del poder Pluralismo Monismo - - 2. La dicotornización de esta variable en monismo y pluralisme constituye una simplificación extrema, no s610 porque 10s estadios intermedios son muy frecuentes sino también debido a ,la imperfecta correlación que existe entre la concesión de 10s derechos sindicales y la extensión de la ciudadanía al nivel politico especificamente. 3. Blondel, J., Comparing Ptolitical Systems (New York i Washington: Praeger, 1972), Cap. 4. 4. Algunas observaciories sobre Sa legitimidad son pertinentes. Primero, la aceptación del capitalismo no implica necesariamente un apoyo activo o consciente. Sim- Modelos teóricos de industrialización tardía El primer modelo, la adaptación, se refiere a la situación en la que se ha producido tanto la incorporación política como la ideológica. Por una parte, 10s sindicatos independier~tes -es decir, 10s que no están controlados por el gobierno o por las clases dominantesy 10s partidos políticos basados en la clase trabajadora, son admitidos por las élites establecidas. Por otra, la clase trabajadora legitima el orden social y, como resultado del proceso, emerge una sociedad de consenso. Esta descripción se ajusta a 10s casos de Gran Bretaña, USA, otras naciones que han recibido la influencia británica y las naciones es can dina va^.^ El segundo tipo, la polarización, se produce cuando a la clase trabajadora se le ha garantizado la participación independiente, pero cuando no se desprende de ella ninguna generalización de 10s valores. En estos casos, 10s sindicatos y bs partidos de la clase trabajadora se transforman en 10s centros institucionalizados de Na disidencia social. Los ejemplos de este modelo 10s constituyen aqudlas democracias industriales que poseen importantes partidos comunistas y otros partidos anticapitalistas, como es el caso de Francia e Italia, y 10s paises en proceso de :cndustrialización, como Chile hasta el derrocarniento de Allende y Uruguay hasta la década de 10s setenta. La Alemania de Weimar, la ttalia prefascista y la República espaiiola también se ajustan a este modelo. Tal vez el c:jemplo ideal sea Francia, ya que este tip0 de efecto ha prevalecido en dicho país desde que comenzara plemente se refiere a 'una situación en la que la na~uraleza de las instituciones económicas no se cuestiona. Segundo, debería remarcarse nuevamente el hecho de que la evaluación de la legitimidad del capitalismo se realiza aquí exdusivamente con respecto a la clase trabajadora. Tercero, nos estamos refiriendo a la aceptación de bs principios fundamentales de la organización social del capitalismcr -bisicarnente, la centraiización del control de 10s medios de ptoducciónmás que a la legitimidad de políticas o prácticas económicas que, en mayor o menor medida, benefician 10s intereses del negocio. En consecuencia, el apoyo a la regulación gubernamentd de la economia, la progresiva fijación de impuestos, etcitera, no es inconsistente con la aceptación de las características centraies del capitalismo. Por Último, la disensión se define simplemente como falta de aceptación, es decir, como creencias anti - statu quo generaiizadas que no implican necesariarnente la defensa de una LLeología elaborada tal como, por ejemplo, el socialismo, que podia suministrar una compleja argumentaci6n contra el capitalismo como asimismo un programa para una forma alternativa de organización económica. 5. Gran Bretaña ofrece el ejeniplo clásico de estc: tipo de incorporaci6n: antes de que las presiones para la participación pudiesen gent-rar una polarización estable, la extensión de 10s privilegios como así también otras políticas incorporativas produjeron gradualmente la adaptación. Alemania Occidentai pettenece también a este tipo: la destitución de 10s Junkers y las políticas aplicadas por 10s poderes de ocupación crearon las condiciones para la adaptación. (<Papers#: Revista de Sociologia la industrialización, exceptuando el breve período de la ocupación y el gobierno provisional de Vich!~. Podemos volver ahora hacia el tercer efecto, es decir, la exclusión. Este modelo implica simplemente la ausencia de incorporación. Se halla tipificado por dos rasgos. En primer lugar, las élites establecidas se rehúsan a aceptar a 10s sindicatos independientes y 10s partidos políticos de la clase trabajadora son declarados ilegales. En segundo lugar, el orden social capitalista es rechazado por la clase trabajadora. La exclusión y la disidencia pueden ser relacionadas causalmente, en cualquier sentido, y también pueden generarse de modo relatiafamente independiente entre ellos. Sin embargo, la disidencia constituye el detonante inmediato de la exclusión. Esto representa una concordancia con la hipótesis de Goode acerca de la correlación entre el valor de la discrepancia que separa a gobernantes y gobernados p la probabilidad del uiso de la fuerza como un medio de control social! Ei resultado es una dictadura exclusionista. Los ejemplos de este modelo son todos 10s regimenes autoritarios que existieron en aquellas sociedades en las que la clase trabajadora constituyó un significativa actor político, incluyendo desde la Pllemania imperial y la Rusia de 10s zares hasta 10s regímenes de Franco y S:dazar, y 10s gobiernos militares actuales que rigen en Argentina, Brasil, Cl~ile y Uruguay? Los regímenes fascistas tam6. W. J. Goade, ctpresidential address: The place of force in human society*, American Sociological Review, 37, 5: 507-519. 7. Es importante distinguir uios tipos de regímenes exclusionistas. El primer0 de &os corresponde al caso en que un sistema político autoritari0 preindustrial fracad en su intento de incorporar a la clase trabajadora --o, en un caso más extremo, tanto a la burguesía como a la dase trabajadora. El poder continúa monopolizado por la élite terrateniente y/o la burocracia y a la movilización se responde con la coerción. En este punto, no se permite ninguna actividad política, o incluso la articulación de intereses inmediatos, especialrnente en 10 que a la dase trabajadora concieme. Este es el tipo de esquema en el que se maximizan las precondiciones para la revolución, a pesar de 10s típicos intentos de Último momento de 10s que detentan el poder por instituir reformas parciales, las clásicas instancias de ctdemasiado poco, demasiado tarde~. La Rusia zarista es el ejemplo dásico de este tip0 de situación. El segundo tip0 de régimen exclusionista corresponde al caso de una democracia inestable en la que el nivel de polarizaci6n es tal que se prodluce una toma del poder revolucionaria, o se vuelve una posibilidad o al menos se pencibe como posible por estarnentos significatives de la élite. Tres instancias dásicas induyen la formación de gobiernos radicales de base obrera --como en Francia y España en 10s años de 1930 y Chile en 10s Gos de 1970de una intensa movilización de la clase trabajadora (como en Italia después de la Primera Guerra Mundial, o tal vez Brasil en 10s primeros años de la década de 1960) y una profunda crisis económica en un país en el que existe una masa de izquierda bien organizada, como en Alemania en 1930. Bajo estas circunstancias, es probable que 10s sectores de la élite y de las clases medias se radicalicen hacia la derecha, y es probable que surja una coalición contra la clase trabajadora, integrada por fracciones Modelos teSricos de industrialización tardía bién debedan incluirse, ya que su carácter exclusionista con respecto a la clase trabajadora es absolutamente clara.' Finalmente, la cooptación se re4iere a una situación en que la clase trabajadora es incluida en la política como un participante heterónomo bajo el control de la clase dominante. La cool~tación es, por 10 tanto, una combinación de la adaptación y la exclusión. Como en el caso de la adaptación, se produce una incorporación tanto po:litica como ideológica. Como en el caso de la exclusión, la clase dominante no reconoce la legitimidad de sindicatos independientes y de partidos politicos de la clase trabajadora. La implementación de la caop1:ación supone una condición previa: la voluntad de la clase trabajadora de ser apropiada. Por último, a diferencia del caso de exclusión, el orden social capitalista no se ve enfrentado por b clase trabajadora: la disidencia haría imposible la cooptación. El corporativismo es el mecanismo polític~ a través del cual se realiza la cooptación, es decir, un sistema de representación de intereses, en d contexto de una sociedad capitalista, en el que las organizaciones representativas se hdan, en término!; de Schmitter, <treconocidas o autorizadas [cuando no creadas] por el Estado y permiten un monopolio representativa deliberado [...I a cambio de li1 observación de ciertos controles en su selección de líderes y en la articulación de demandas y apoyos)>? Esta deíinición de corporativismo es más amplia que aquella fundada en las doctrinas corporativistas clásicas, ya que ella no implica que 10s criterios funcionales sean prevalentes o exclusivos. La r:uÓn estriba en que, mientras el corporativismo doctrinari0 no ha sido totalmente institucionalizado en ninguna parte, el mecanismo más amplio definido más arriba, es decir, el control por el Estado de la representación funcional y política se ha producido, y de hecho florece, a lo largo del Ilam,ado Tercer Mundo." signiiícativas de todas las alases 5oc:iales exceptuando a la clase trabajadora. El resultado es un régimen autoritari0 o fasicista cuyo objeti-~o principal es la desmovilización coercitiva de la dase trabajadora. 8. El fascismo, no obstante, es una instancia uie apropiaci6n desafortunada (el cuarto modelo, que ser6 examinado mis adelante): estos regímenes establecieron un aparato corporativista con el objeto de integrar a la clase trabajadora dentro de un sistema lnonístico de alta participación. Este intento fracasó ya que la dase trabajadora continu6 siendo, tanto en Italia como en Alemania, el sector menos incorporado a la comunidad totalitaria. 9. P. C. Schmitter, ctStilí lihe century of corpor:~tism?>> en la obra de F. B. Pike y T. Stritch (comps.), The New Corporatism (Lonckes: Udversity of Notre Dame Press, 1974), pp. 93-94. 10. Ver el análisis en F. B. Pike y T. Stritch, op. cit.; y tarnbien en la obra de H. J. Wiarda (comp.), Politics and Social Change in Latin America (Amhmt: University of Massachusetts Press, 1974). <<Papers)>: Revista de Sociologia El corporativismo en este sentido no es, por 10 tanto, una pieza de museo, sino un rasgo fundamental dentro de la organización política de las sociedades contemporáneas. Representa la infraestructura institucional de la mayor parte de aquellos regimenes llamados <cpopulistas)>." La referencia al control por medio del Estado de las organizaciones representativas, finalmente, también diferencia el empleo que hago del término de Schmitter, cuya definición se aplica no s610 al corporativismo de <(Estados, sino también a 10 que 41 denomina corporativismo ctsocial)>, es decir, aquellos Estados pluralistas en 10s que: 10s grupos de interés desempeñan un papel institucionalizado en la toma de decisiones, como en el caso de 10s paises escandinavos y en otros paises europees. Es necesario hacer dos ol~servaciones. Primero, deberia subrayarse que estos modelos constituyen tipos ideales. En la vida política real no existen resultados <(puros)>: auri cua.ndo un tip0 prevalezca en algún momento, también pueden encontrarse habitualmente rasgos secundarios pertenecientes a otros modelos. Por 10 tanto, la historia de las leyes electorales en muchas sociedades de acomodación muestra que 10s aspectos exclusionistas han persistido durante mucho tiempo, habihdose percibido ya algunas tendencias hacia la apropiación en otros regímenes exclusionistas. El caso de la zanahoria de Bismarck y las políticas clel garrote contra la clase obrera ilustran la complejidad de regímenes concretos. Sin embargo, tengo la impresión de que siempre puede discernirst: un tip0 dominante. Y en segundo término, 11. El intento más temprano por incorporar a la clase trabajadora dentro del sistema politico bajo el control organizativo del Estado probablemente haya tenido lugar en la Rusia zarista a principios de siglo cuando la dirección de 10s Okhrana en Moscú formó asociaciones bajo control policial --con 10s profesores de la Universidad de Mosaí proyectando 10s estatut:oscon el objeto de organizar demostraciones a favor del Zar y otras funciones tslles como la entonación comunitaria de cánticos patrióticos. Véase la obra de H. Seton-Watson The Decline of Imperial Russia, 1855-1914 (Nueva York: Praeger, 1969), p. 128. He mencionado antes que 10s regímenes fascistas en Italia y Alemania son casos de apropiación desafortunada y 10 mismo puede decirse de 10s regímenes au~toritarios de Franco y Salazar. Son estos cuatro ejemplos de una fachada corporativista que escondia una realidad de exclusión. Por otra parte, un corporativismo positivo .--a mr:nudo bajo un disfraz democrático-liberalha sido implantado exitosamente en muchas naciones latinoamericanas. El régimen de Vargas en Brasil, el gobierno de Perón en la Argentina, y la estructura política que se desarrolló en México con posteric~ridad a 10s acontecimientos comúnmente conocidos como <<la revolucións, son casos de apropiación de la clase trabajadora. En todos estos ejemplos, 10s trabajadores pertenecian a un partido controlado por la &te --que, en el caso de México est6 incluscl organizado según líneas funcionalesy 10s sindicatos se hailaban fuertemente influenciados o controlados por el Estado. Modelos teóricos de industrialización tardía bs modelos varían a 10 largo del tiempo. Los diferentes regímenes políticos han experimentado diferentes tipos de evo1uciÓ.n luego de un primer estadio generalizado en el cua1 la exclusión era domi~iante. La estabilidad de 10s tipos también es variable. En lineas generales, en aquellos paises donde se ha institucionalizado la adaptación, este resultado ha sido bastante estable. Existen, no obstante, algunas instancias en las cuales 10s otros tipos han persistido durante largos periodos: po1ari:zación en Francia, exclusión en Espaiia, cooptación en México. Otros paises, como Alemania o Argentina, han presentado cambios frecuentes. En principio, parecería que tanto en el caso de 10s dos efectos de baja legitimiclad, como asi también en el caso de 10s dos referidos a una elevada centralización, una forma tiende a desviarse hacia la otra: la polarización tiende a un cambio hacia la exdusión y viceversa; la misma tensiiin existe entre la apropiación y la exclusión. Las propuestas acerca de secuencias típicas pcdrían desarrollarse sobre la base del análisis comparativo. Estrategias de la élite, formas de la pcción polit,ica y recursos del sistema Puede esperarse que un proceso tan com,plejo como la incorporación de la clase trabajadora al sistema político se:% el resultado de múltiples causas, y que la importancia de 10s distintos factores que contribuyen a 61 habrán de varia empíricarnente-. El marco conceptual más simple posible para el estudio de la generaciiin de 10s diferentes efectos es aquel que enfoca el análisis de la interacción entre 10s clos antagonistas principales: las clases dominantes, es decir, 10s que detentan el poder económico y poiítico, y 10s extraiios cuya incorporación se encuentra en discusión, es decir, la clase trabajad~ra.~ EI papel de otras clases y estratos sociales, tales como el campesinado, la clase media urbana y la clase intelectual, es también muy significativo, pero su contribucid~n no puede analizarse aqui 12. Podria argumentarse que un modelo de dos antagonistas, ccélite versus clase trabajadora),, es demasiado simple para dar cuenta de 1:i complejidad de la vida política y ell0 se debe a dos razones. Primero, porque en cada caso concreto existen otras fuerzas socides cuyo papel podria ser fundamental. Segundo, porque ninguno de 10s dos antagonistas principales es un actor político homogéneo. Tanto ccélite), como ctclase trabajadoras son denominaciones para agregados heterogéneos integrados por individuos que comparten similares características amblentales pero cuyo grado de unificación política es problemática: la unidad de una clasc social como fuena política no puede suponerse por definición. Estas objeciones son válidas. Sin embargo, las clases y 10s estratos más que la élite y la clase trabajadora deben ser considerados en 10s casos concretos. Además, 10s conceptos que habrán de analizarse aqui parecen adecuados ctPapersn: Revista de Sociologia debido a razones de espacio.':' Además, existen características de la estructura social que no son rasgos de los dos principales antagonistas ni de otras clases sociales, pero que afectan la acción política de 10s principales antagonistas y por 10 tanto ejercen su iní-luencia en la producción del efecto del proceso de incorporación. Estas características pueden conceptualizarse como recursos que incrementan o disminuyen la probabilidad de que se produzcan 10s diferentes efectos. Estos recursos del sistema admiten diversas clasificaciones posibles y varios niveles posibles de especificación. Una simple clasificación de algunos de 10s recursos del sistema que parecen ser operativos en relación a 10s efectos podria ser la siguiente: económicos, referides al excedente económico que existe en la sociedad; políticos, correspondientes al aparato de coc~ción; y culturales, la cultura política y las ideologías que existen en la sociedad. Nuestro interés reside en la cantidad de cada recurso que es apraivechdble y en la distribución de su control entre 10s antagonistas por el poder.14 En relación a 10s dos antagonistas principales, nos encontramos básicamente interesados en aquellos conceptos útiles para el málisis de su acción política mh que en la descripción de características de ambiente que son movitlizadas como recursos e:n la acción política. Un problema en esta conexión es el que se refiere a que 10s mismos conceptos no serían igualmente adecuados para el estudio de la acción política de una minoria organizada, como en el caso de una élite, y aquel referido a una gran colectipara el análisis de gmpos sociales, en diferentes niveles de unificación política. Y, tal como veremos más abajo, la tipología de formas de acción política, que habr6 de emplearse en relación a la clase trabajadora, es especihente útil a iin de dar cuenta de la diversidad política dentro d'e extensos agregados. 13. Estos otros estratos y clases sociales son aprovechables como socios para coaliciones políticas. Los dos mis significativos han sido el campesinado y las clases medias urbanas pero otros grupos, tales como 10s marginales urbanos y las clases medias agrarias, han desempeñado im~portantes papeles en muchas sociedades. Además, las clases medias urbanas raramente constituyen una fuerza social unificada. En diferentes contextos estos estratos pueden :jer divididos en dos o mis fuerzas signiíicativas y puede ocurrir también que s610 fracciones específicas de las clases medias urbanas, tales como la clase intelectual, son actores cuya acción es consecuente en relación al efecto del proceso de incorporarión. El punto aquí es que 10s grupos, nás que las élites o la clase trabajadora, pueden volverse aliados de 10s antagonistas principales, ser sus hegemonizadores o permnnecer bajo su hegemonia. 14. Los recursos podrian clasificarse además en internos y externos. Esta diferenciación es particularmenle implxtante ya que la dotación de recursos que es internamente aprovechable está determinada parcialmente por medio de procesos ex6genos: ayuda económica, intervención o ayuda militar, influencias ideológicas, son adiciones o sustracciones netas de la magnituti del excedente, 10s recursos coercitivos y las prácticas y creencias políticas que son ctútiles,, en una sociedad en un momento dado. Modelos trdricos de industrialización tardía mientras que 10s paises pertenecientes a la tercera ola de industrialización parecen evidenciar una afinidad con la exclusil5n y la apropiación. En este punto será útil aclarar el significado de <<momento de industrializacióna, agrado de dualisme)> y <talienación del control de 10s recursos económicosn. Momento de industrialización y efectos Comencemos con la primera de estas variables. Aquellos paises en 10s que han tenido lugar procesos de industrialización a gran escala --&gamos, pdses en los cuales el porcentaje de la población activa en el sector secundario y el porcentaje del Producto Nacional Bruto originado por fabricación sea al menos del 26 %- pueden agruparse en tres categorías. La primera corresponde a 10s primeros paises industriales y a sus descendientes, tales como Gran Bretaña y sus colonias en duespacios abiertom en Norteamérica y Oceania. El segundo grupo se constiruye con aquellos paises industriales de la segunda ola, es decir aquellas naciones que se transformaron en sociedades industriales en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del xx: Alemania, Rusia, Japón, Italia, España y 'otras naciones del sur y este de Ellropa pertenecientes a esta categoria. La tercera ola de industrializacióxr, por Último, comprende aquellos países que realizaron la transición bacxa la sociedad industrial luego de la depresión. Se trata en su mayor parte de naciones latinoamericanas: Argentina, Uruguay y Chile son 10s casos e11 10s que el proceso se halla más avanzado. Otros paises, como México o Brasil, que disporlen de signiíicativos sectores de manufactura, aun cuando su nivel de industrialización agregado no es elevado, debido a la existencia de discontinuitlades internas, deberían ser incluidos en este grupo. Los criterios especificados más arriba no son totalmente precisos ya que algunos paises no son suscel2tibles de una clasiíicación fácil. Aun cuando en la mayoría de las sociedades la industrialización se produce en chorros, más que como un proceso continuo, podrían introducirse infinitas gradaciones. Sin embargo, la clasificación es útil para nuestros propósitos inmediatos. Consideremos ahora la relación que existe entre el momento de industrialización y 10s efectos de la crisis de inccwporación. Contrariando las expectativas optimistas referida5 a las consecue~~cias políticas del desarrollo económico, 10s paises de industrialización tardía han mostrado una predisposición hacia efectos diferentes a la adaptación. Las democracias industriales estables basadas en el intercambio de pluralisme por legitimidad del orden social del capitalisrno se han establecido en 10s primeros paises <(Papers)>: Revista de Sociologia industrializados y en sus colonias -tal como podremos ver más adelante, este fenómeno tarnbién se ha producido en otros paises en 10s que no se hallaba presente un dualismo <tcualitativo)> importante debido a que no existia una élite terrateniente. precapitalista o habia sido eliminada como antagonista por el poder central. En 10s demás paises de industrialización tardia, por otra parte, la única variedad de democracia que ha sido estable fue la del tip0 <(liberal)> preindustrial, que se demostró incapaz de absorber un alto nivel de participación. Tal como se ha indicado más arriba, 10s paises pertenecientes a la segunda ola de industrialización han mostrado una predisposición hacia la polarización y la exclusión, y en muchos de estos paises -la Alemania anterior a 1945, Italia, Espafla e incluso Francia-- la historia política moderna es runa secuencia de ciclos de ambos efectos. La democracia liberal ha sido institucionalizada en la Alemania de posguerra y en el Japón s610 después de que fuesen eliminadas las formas residuales antidemocráticas preindustriales -tales como las Bites terratenientesmerced a las revoluciones producidas por 10s poderes de ocupación. En todos 10s paises industrializados de la segunda {>la de industrialización, exceptuando a Rusia, 10s regimenes exclusionistas controlaron 10s impulsos revolucionarios generados por la polarización. En cuanto al corporativismo, el rasgo emergente es su retórica más que su realidad en 10s paises industrializados de la segunda ola de industrializactón, al menos en 10 que atañe a la clase trabajadora. Ha sido en 10s paises industrializados de la tercera ola de industrialización donde ha surgido la esencia de la apropiación -muchas veces sin su aspecto retóricojunto con la exclusión y la polarización. Schmitter ha sugerido que existe una ahidad entre la industrialización tarda y el corporativismo.lg Esta hipótesis parects estar sustentada por la evidencia correspondiente a 10s paises industrializados de la tercera ola de indtlstrialización como el caso de M&ico --Lm ejemplo de corporativismo bajo un disfraz democrático {liberaly parcialmente por 10s casos de Argentina y Brasil: la historia de estos dos países desde la industrialización es un contrapunto entre la apropiación y la exclusión. Otros paises industrializados de la tercera hornada, como Chile y quizás Uruguay, se ajustan a un modelo similar a aquel de las sociedadea de la segunda hornada. La razón estriba en que estos paises, especialmente el caso de Chile, han generado una división del valor, y la existencia de una clase trabajadora anticapitalista es incompatible con el corporativismo, del modo en que este concepto ha sido defi19. P. C. Schinitter, ctStill the century of corpor:~tism?)>, op cit.; e Zntercst Conflict un8 Political Change in Brazil (Stanford: Stanford University Press 1971). Modelos t<:Óricos de industrialización tardia nido más arriba. Estas excepcjones aparentes ilustran dos precondiciones para el corporativismo: una periferia burguesa dentro de la clase dominante y la aquiescencia de la clase trabajadora. Cuando la burguesia es hegemónica, preferir6 la adaptación; y cuando la clase trabajadora no es aquiescente se seguirá el camino de :la polarización-~~xclusión. Es interesante observar, en esta conexión, que el umbra1 para la caída de la democracia liberal polarizada es más bajo entre 10s paises industrializados de la tercera ola de industrialización que entre 10s paises de la segunda ola de industrialización. En estos últimos paises en 10s que las democracias polarizadas han dado paso a regimenes exclusionistas durante el periodo de la guerra -Italia, Alernania y España, como así también Franciala existencia de una masa militante de izquierda volvia verosimil la posibilidad de un efecto revolucionaria de polariza~zión. En estos paises la respuesta exclusionista se produjo después de injtancias pasadas o corrientes de movilizaciones extendidas de la clase trabajadora, o incluso sublevaciones, o la toma del poder por la izquierda: una agitación extendida en Italia y Francia, episodios revolucionarios en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial y 10s gobiernos del Frente l'opular en España y Francia. La democracia liberal inestable es más frágil, por otra parte, en 10s paises industrializados de la tercera hornada: el esta1)lecimiento de regimenes exclusionistas en paises como Argentina, Brasil !r Uruguay en las décadas de 10s sesenta y 10s setenta no lnan sido la respuesta a amenazas revolucionaria~ creibles, ya que en estos casos la clase trabajadora a 10 sumo estaba movilizada. Chile, donde la secuencia de polarización -gobierno de izquierday la reacción exclusionista parece ser una respuesta de aquellos casos de la segunda ola de industrialización, tales como España una generación anterior, es naturalmente. otra cuestión. En la mayoría de 10s paises industrializados de la tercera ola de industrial~zación por 10 tanto, las respuestas exclusionistas han sido provocadas por niveles de polarización mucho más bajos que en 10s paises de la segunda hornada. Momento de industrialización, orden de las crisis y antagonistas del poder La relación entre el momento de indust~:ialización y la probabilidad de producción de 10s efectos está mediatizada por las diferencias en las caracteristicas de 10s antagonistas del poder. 110s de estas diferencias que tienen una relación inmediata con el proceso de ir~corporación son: prirnero, el orden de las crisis, es decir, el orden en d cua1 se producen las dos principales crisis de incorporaci6n, aquella relacionada con la burguesía y la <<Papers)>: Revista de Sociologia que se relaciona con la clase trabajadora; segundo, diferencias en la relación de fuerzas entre los antagonistas por el poder. Consideremos en primer termino el orden de las crisis. Tal como ha señalado Germani, en Xos países de industrialización temprana la incorporación de la burguesia ha tendido a preceder, tanto en su inicio como en su solución, a la emergencia de la incorporación de la clase trabajad~ra.~ Por 10 tanto, la primera crisis fue <tsolucionadan -y de un modo que incrementó la legitimidad del orden socialantes de que la segunda crisis alcanzara su nivel máximo dt: intensidad. La crisis de incorporación de la burguesia no existe, por supuesto, en 10s <cespacios abiertow, donde nacieron capitalistas. En 10s paises pertenecientes a la segunda ala de industrialización, por otra parte, ambas crisis tendieron a producirse en un lapso menor, de modo que la disputa por el poder fue realmente un confiicto tripartit0 entre 10s terratenientes, la burguesía industrial y la clase trabajadora. Por último, en 10s paises pertenecientes a la tercera ola de industrialización, las crisis son aún más próximas en el tiempo, pero la crisis de incorporación de la clase trabajadora parece ser mis signikativa. La incorporación de la burguesía podria incluso no ser un problema politico en aquellos casos donde 10s recursos ecortómicos básicos están controlados por agentes externos, y en consecuencia la burguesía nacional no es un antagonista interno que lucha por e1 poder. La segunda diferencia principal señalada más arriba tiene que ver con la relación de fuerzas entre 10s antagonistas del poder. Esta diferencia es especialmente significativa a nivel de las clases superiores. En este sentido pueden hacerse tres generalizaciones: La primera de ellas tiene que ver con el dualismo: el moment0 de industrialización est6 asociado con la fuerza relativa de las clases dominantes preindustriales y, consecuentemente, con la relativa debilidad de la burguesia industrial. Em segundo lugar, el momento de industrialización est8 correlacionado con una creciente relevancia de 10s factores económicos externos que, en 10s paises pertenecientes a la tercera ola de industrialización, pueden transformarse en una fracción central de la clase dominante. Finalmente, el momento de industrialización est6 asociado con una creciente autonomia del Estado enfrentado a 10s grupos de rango superior, es decir, el bonapartisino. Esta autonomia del Estado se manifiesta a si misma como una propensión hacia el monismo burocrático, ya sea civil o militar. La consecuencia común de estas tres 20. G. Germani, Sociologia de la modernización (Buenos Aires: Paidbs, 1969), Cap. 11. Modelos teóricos de industrialización tardfa relaciones es que el momento de industrialización se halla positivamente asociado con una creciente periferalidad de la burguesia nacional. En paises de industrialización temprana, prevalecieron 10s empresarios, al comienzo del proceso, sobre las aristocracias terratenientes -bien como resultado de la fusión o de la confrontación-- y se transformaron en el estrato gobernante más poderoso, tanto económica como políticamente. En 10s paises pertenecientes a la segunda ola de industrialización, por otro lado, las élites agrarias tradicionales so1)revivieron como el componente más poderoso de las clases superiores, reteniendo un significativa poder económico y el control de1 aparato estatal. En estos paises la burguesia industrial se transformó en un socio menor de las élites terratenientes. A medida que avanzó el proceso de industrialización, se produjo un cambio gradual en el equilibri0 del poder, pero las élites terratenientes conservaron durante un largo periodo una considerable capacidad para proteger sus intereses; Rusia es, naturalmente, una excepción puesto que la revolución tuvo lugar cuando la burguesia era aún extremadamente débil. Por último, entre 10s paises de la tercera ola de industrialización, 10s industriales nativos son aún miis periféricos ert su enfrentamiento con las aristocracias tradicionales, el capital extranjera y la burocracia estatal y la burocracia militar en particular. La consecuencia de haber incorporado a la burguesia al sistema politico ha sido solucionada, en la mayoria de estos paises, merced al control del Estado sobre la burguesia, es decir 10 que hemos denominado acooptaciÓn)>. Estas diferencias en las caracteristicas de 10s estratos superiores en las tres olas de industrialización esián relacionadas con las estrategias resultantes de la élite enfrentada con la clase trabajadora. Luego de un estadio inicial en el cual prevalecieron las estrategias exclusionistas en la mayoria de las sociedades, las élites t:n 10s paises de industrialización temprana han tendido a la inclusión; las élites de 10s paises de la segunda ola de industrialización han oscilado entre la inclusión y la exclusión y la mayoria de las élites de la tercera ola han tendido hacia la exclusión o la cooptación. En 10s paises pertenecientes a la segunda y tercera ola de industrialización la elección entre estrategias alternat~vas ha dependido, en gran medida, de las formas de acci6n política de la clase trabajadora. En 10s paises industrializados de la !jegnnda ola, las ins tancias de exclusión han sido la respuesta de la élite a una clase trabajadora que era o bien revolucionaria o bien era percibida como tal, n~ientras que 10s casos de inclusión rehejaban generalmente una relación de fuerzas en la cua1 la polarización era 10 bastante intensa como para hacer que la inclusión sin una generalización del valor aparezca como menos costosa que la exclusión para las clases do- ((Papers*: Revista de Sociologia minantes. Finalmente, en 10s paises de la tercera ola de industrialización, las élites han tendido a implementar una estrategia de apropiación, toda vez que la clase trabajadora era aquiescente, y a recurrir a la exclusión cuando la clase trabajadora se desviaba de la aquiescencia. Estas referencias nos reiniten a la relación que existe entre momento de industrialización y formas de acción política. En principio, parece que el potencial revolucionario de la clase trabajadora varia según un modo curvilineo con el momento de industrialización. En 10s paises pertenecientes 3 la primera ola la clase trabajadora, antes de su inclusión dentro del sistema politico, tiende a la movilización. En el caso de Gran Bretaña en el siglo XIX, un ejemplo tipico de interacción entre inclusión y movilización, la clase trabajadora fue activada en la consecución de su demanda de participación política, e incluso se comprometi6 en un comportamiento de violencia, pero este radicalisme no era un reflejo de una ideologia subyacente anti statu quo. Por otra parte, es en 10s paises pertenecientes a la segunda ola que las formas <treformis~.as)> de acción política han tendido a prevalecer. A pesar de que el apoyo a las ideolsgias revolucionarias raramente ha sido actualizado como comportamiento revolucionario, la existencia de una división del valor en estas sociedades ha producido la inclusión como un efecto infrecuente de la crisis de incocporación. Esta propensión a apoyar una ideologia revolucionaria fue, en parte, el resultado de la conducta exclusionista de las clases dominantes, como fue el caso en el clisico ejemplo de la Alemania de Bismarclr, donde <tel casamiento del hierro y el centena), dejó apenas espacio para la adaptación de la clase trabajadora. En la mayoria de 10s paises industrializados de la tercera ola, por Último, la clase trabajadora ha tendido a la aquiescencia, haciendo posible de este modo la c~optación.~' La aquiescencia ha sido, en parte, una respuesta a la estrategia de las clases dominantes que no s610 incluian a la clase trabajadora dentro del sistema político bajo control gubernamental sino que también implantaban una política de modernización pre-emptive: a la clase trabajadora se le garantizaban beneficios por 10s cuales no debia luchar. El ejemplo de la Argentina peronista ilustra la correspondencia entre cooptación y aquiescencia y demuestra muy bien las limitaciones intrinsecas de este tip0 de solución a la crisis de incorporación de la clase trabajadora: n diferencia de las élites gobernantes en 10s regimenes autoritarios, que apuntan a la desmclvilización, y por 10 tanto a la desorganización, de la clase trabajadora, las élites en 10s regimenes corporativistas 21. Chiie se desvia de este modelo y 10 mismo ocurre con la Argentina, exceptuando la mayor parte del gobierno peronista. Modelos teóricos de industrialización tarclia utilizan a la clase trabajadora como una base de masas y movilizan y organizan el movimiento obrero a fin de incrementar el poder. Esta es la razón por la que la cooptac:ión es vulnerable a las presiones que tienden hacia la polarización o la exclusión: su estabilidad se sustenta en la ausencia de descontento entre la clase trabajadora y ello signiftca, en última instancia, que se necesita alguna forma de redis1:ribución continua. El momento de industriahaación se asocia. también con variaciones en las caracteristicas de dos de 10s recursos del sistema, principalmente 10s económicos y 10s culturales. En primer término, la existencia de un excedente aprovechable para la redistribución a la clase trabajadora se ve afectada por dos factores en aquellos paises de inclustrialización tardfa: el dualismo y la incidencia de factores externos. Estos dos conceptos correlativos del momento de industrialización se analizarán más adelante, pero su efeao sobre la magnitud del excederite puede ser mencionado en este punto. El dualismo incrementa el número de antagonistas por el poder ya que ello sigdca, esencialmente, que 10s estratos sociales no son destruidos por la modernización y que la mayoria de 10s grupos se hallan fragmentados. La consecuencia es una mayor competencia para la utilización del excedente y este hecho afecta la magnitud de esa porción del excedente que las clases dominantes pueden redistribuir entre 10s trabajadores industriales. En segundo término, la magnitud del excedente se ve afectada también por 10s actores económicos externos en aquellos paises de industrialización tardia: comercio, inversión y y~oliticas de ayuda de empresas y gobiernos extranjeros producirán sustracciones o adiciones netas al excedente aprovechable para la redistribución. El impacto de estos actores externos fue mucho menor, o insignificante, en paises de industrialización temprana. Por Último, en relación a 10s factores culturales pueden hacerse tres generalizaciones. En primer lug:ar, la cultura política de 10s paises de industrialización tardia tiende a ser nienos propicia a la adaptación que la cultura política de 10s paises de industrialización temprana. Esto es también una manifestación de dualismo: 10s paises de industrialización tardia es probable que tengan el tip0 de estructura y cultura sociales que sea más resistente tanto a la industrialización como a la democracia. En segundo lugar, la fragmentación de la cultura política es otra consecuencia del dualismo. En aquellos paises de industrialización tardia coexisten diferentes tradiciones políticas y ninguna de ellas es hegemónica. En tercer lugar, la existencia de ideologias relevantes se ve afectada por factores externos: en diferentes olas de industrialización, 10s distintos sistemas de creencias en cuyas estructuras son formulados 10s objetivos de 10s dos principales antagonista~ por el poder -tales como el liberalismo, el nacionalisrno, el fascismo y variedades del socialismo o del populismetenian diferentes grados de ctpapets~: Revista de Sociologia disponibilidad, prestigio y refuerzo material. Una investigación superficial de la historia intelectual a partir de 10s años de 1870 demuestra que el espectro de ideologias relevantes que competian por la provisión de estructuras cognoscitivas y de modelos positivos o negativos de <<la buena sociedad)> variaban en casi tdas las décadas, tanto en términos de su composición como de la influencia relativa de cada ideologia. Estas diferencias en las estrategias de las clases dominantes, en las formas de acción política y en 10s recursos del sistema están reflejadas en la covariación entre el momento de industrialización y 10s efectos del proceso de incorporación. Dualismo y efectos 1 Consideraremos ahora la relación entre las soluciones a la crisis de incorporación y la existencia de una discontinuidad cualitativa o cuantitativa en la estructura social. El primer tip0 de discontinuidad ocasiona el fracaso de las relaciones sociales capitalistas, es decir las relaciones de salarios, en volverse exclusivas en 10s sectores primari0 y secundari0 de la economia. El segundo tip0 de discontinuidad surge cuando se desarrolla un complejo de productividad alta-baja dentro de una sociedad o sector de una sociedad que es estructuralmente capitalista. En 10s pdses de industrialización tardia, 10s estratos sociales precapitalistas han tendido a persistir a pesar del desarrollo d'el capitalismo. Por esta razón, un sector precapitalista de dimensión y composición variables subsiste en la mayoría de 10s paises pertenecientes a la tercera da de industrialización. En muchas ocasiones este sector es el producto de la reversión de áreas previamente desarrolldas hacia la subsistencia agrícola y otras formas sociales tradicionales, mis que una consecuencia de la falta de penetración del capitalismo. Este fenómeno ha sido interpretado o bien como un estadio de tran- , sición en el proceso de modernización, es decir, un reflejo del carácter discontinuo del desarrolio, o como un tip0 especifico de estructura social en la que las relaciones sociales precapitalistas están incr combinadasn con las capitalistas como un componente necesario más que siendo un elemento residual o una anomalia. De sicuerdo con la primera interpretación el dualismo aparece como una consecuencia de la-debilidad evidenciada por el impulso capitalista y/o de la .tesistencia de la estructura social tradicional. En la segunda interpretación, la articulación entre 10s sectores modernos y tradicionales se explica en térlninos funcionales: la existencia de relaciones Modelos teóticos de industrialización tardía sociales precapitalistas contribuiria a la operación del sector capitalista.= Cualquiera de las dos explicaciones puede ser válida en casos particulares pero ninguna es correcta r:n su aspecto general. La combinación de hipótesis es plausible en situaciones en las que un sector capitalista de trabajo intens0 coexiste con uno que funciona como reserva de trabajo: 10s ejemplos típicos son el complejo latifundio-minifundi0 y la coexistencia de la industria moderna y 10s ofit:ios tradicionales. En todos 10s otros casos, el reclamo de complementariedad funcional no parece estar garantizada. En 10 que respecta a la hipóeesis de impulso débil/resistencia fuerte, est6 parcialmente sustentada por el hecho de que existe cierta asociación entre el tip0 de estructura social preindustrial y un sistema polític0 que existia en el país y la probabilidad de que ese país llegase a ser industrializado y se transformara en una sociednd dual. Muchas sociedades dualistas, por ejemplo, se han originado a bien en burocracias agrarias centralizadas, tales como Rusia y Prusia -y la resistencia de estas sociedades a la modernización es bien conocidao bien en paises de América Latina pertenecientes a la tercera ola de industrialización y en 10s que esta se produjo bajo el control de las élites tematenientes o al menos bajo las coerciones impuestas por la necesidad de proteger 10s intereses terratenientes. De hecho es posible que las correlaciones referidas anteriormente entre duaEsma y momento de industrialización, por un lado, y dualismo y efectos del proceso de incorporación, por el otro, son falsos: las tendencias hacia 22. El primer tip0 de conceptualización puede hallarse en Marx, quien, en un famoso pasaje, saludaba el establecimiento del gobierno británico en la India, ya que 8 esperaba que este proceso conduciría a la disolución del tip0 patticulatmente contumaz de relaciones soc:iales precapitalistas que produjeron el .ctModo de producción asiático)>. Véase Karl Marx, Karl Marx on Colonialism and Modernization; compilado por S. Avineri (Garden City: Doubleday, 1969), pp. 88-95. El análisis de Lenin sobre Rusia en términos de ccdesarrollo desigual, también pertenece a esta tradición. En cuanto a la segunda interpretación, el ejemplo más temprano puede hallarse en las observaciones de Trotsky acerca de Rusia en el sentido de ser un caso de sdesarrollo combinado, en el que la modernización se había producido de modo tal que coexistian las formas avanzadas y retrasadas de vida social. Véase L. Trotsky, The Russian Revolution (Garden City: Doubleday, 1959), Cap. I. Los ejemplos contemporáneos son la literatura económica sobre el dualismo, como asi también las conceptualizaciones como las de Organski acerca del ctdesarrollo sincrético)>, y gran parte de la literatura acaciemica e ideológica latinoamericana. Véase A.F.K., Organski, The Stages of Political Development (Nueva York: Knopf, 1968), Cap. V y, para la literatura latinoamericana, 10s trabajos de Furtado y Frank. Véase, por ejemplo, la obra de C. Furtado, ctDevelopment and stagnation in Latin America),, en la obra de I. L. Horowitz (comp.), Masses in Latin America (Nueva York: Oxford Univetsity Press, 1970); y de A. G. Frartk, Capitalism and Underdevelopment in Latin America (Nueva York: Modern ReadelPaperbacks, 1969). <{Papers)>: Revista de Sociologia la industrialización y la demtxracia liberal podrian ser principalmente consiguientes al tip0 de estructura social y de sistema polític0 que existia en el periodo preind~strial.2~ La segunda forma de dualismo mencionada ~más arriba, es decir, una discontinuidad cuantitativa dentro del sector capitalista, existe en alguna medida en todas las sociedades, independientemente de su nivel de desarrollo. La coexistencia de unidades económicas altamente productivas y otras marginales se ha advertido igualmente en sociedades avanzadas y retrasadas y el10 es la causa de la diferenciación de las clases sociales industriales en distintas fracciones. Es en paises pertenecientes a la tercera ola de industrialización, sin eml~argo, donde este tip0 de dualismo se vuelve particularmente intens0 y, en consecuencia, significativo en relación al efecto del proceso de incorporación de la clase trabajadora. En este tip0 de país la discontinuidad entre obreros e industriales <(modernos)> y <ctradicionales), es mayor que en 10s anteriores procesos de industrialización. En la medida en que atafic: a la clase trabaiadora, las diferencias entre fracciones en términos de ingresos y seguridad son amplias. En relación a la burguesia, la discontinuidad tiende a asociarse con el sitio de control: el sector <teficiente)> de la industria es probable que sea controlado por medio de corporaciones multinacionales y sus asociados nacionales, mientras que el sector marginal será manejado por la burguesia nacional. La articulación entre 10s dos sec1:ores puede interpretarse sobre la base de las mismas hipótesis a que hemos hecho referencia más arriba, es decir, la debilidad del impulso de industrialización y la complementariedad funcional. La última interpretación podria sustentarse sobre la hipótesis de que el sector ineficaz es funcional para el manejo del sector altamente productivo merced al suministro de una reserva de trabajo o, en casos en 10s cuales 10s dos sectores compiten, merced al establecimiento de precios más elevados y por 10 tanto suministrando un indice de retorno más alto para el sector eficiente. Como hemos señalado más arriba, existe una asociación entre la exclusividad de las relaciones sociales capitalistas y la frecuencia de adaptación como una solucióm a la crisis de incorporación de la clase trabajadora. Este efecto ha sido institucionalizado en aquellas sociedades en las que la élite terrateniente, cuyo poder estaba basado en la servidumbre u otras relaciones sociales precapitalistas, no existia o habia sido eli1ninada.2~ El dua23. Véase el análisis que hace Moore en su obra Social Origins of Dictatorship and Democracy (Boston: Beacon Press, 1966); y la copiosa literatura acerca de las diferencias entre la Europa oriental y occidental duranre el período feudal. 24. Sobre el tema de la incon~patibilidad entre la supervivencia de una élite